1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 2: La Búsqueda __
—... había un sauce llorón entre la hilera de abetos, pero él no había caído, así que lo conduje hacia allá intencionadamente y ¡sshuuu! Alargué el brazo y guie una de las ramas, que ya sabéis que son como cuerdas, amordazándole cuello, muñecas y tobillos —contaba Yako, detrás de la barra de su cafetería, utilizando un vaso y un paño sucio en representación de él mismo y del Líder de la MRS respectivamente—. Ah, que él ya me había herido antes clavándome las púas de las zarzas que bordeaban el templo, mirad —les enseñó a Drasik y a Kyo los numerosos pero leves cortes en brazos y manos, y se subió la camiseta y el delantal para enseñarles el gran arañazo que tenía en el pectoral, viéndose también su tatuaje de la KRS en el vientre.
—¿No te duele? —preguntó Drasik, alucinado.
—No, al volver a casa me apliqué una cataplasma de raíz de lirio y leche de malvarrosa, evita la infección, inflamación e hinchazón, ¿no veis que está todo cicatrizado? —sonrió.
—Claro, conociendo todas las plantas medicinales del mundo... —dijo Kyo—. ¿Cómo haces para que tus heridas siempre sanen tan rápido? Otros iris usan los mismos remedios vegetales que tú, pero tardan en curarse más que tú. Por no hablar de que tus cicatrices al final acaban desapareciendo con el tiempo —añadió, dándole un sorbo a su taza de chocolate hirviendo—. Por ejemplo, ¿dónde está la cicatriz que te quedó del profundo corte que sufriste hace cinco años ahí en tu hombro derecho? —señaló su hombro—. Recuerdo que te quedó una cicatriz muy vistosa dos años después de hacértela. Y ahora, ¿ves?, ni rastro de ella.
—Eso es obviamente otro privilegio de la genética Zou —le dijo Drasik—. Se regeneran superrápido de sus heridas. Recuerdo de pequeño esa imagen de Alvion con su pierna fracturada en tres partes porque le cayó un edificio encima en una de esas misiones privadas que solía hacer por el mundo, en países con conflictos armados. Los médicos del Monte le pusieron los huesos en su sitio como pudieron. 24 horas después, Alvion ya tenía los huesos unidos y la pierna como nueva.
—Se le curó en 52 horas, no en 24 —le corrigió Yako.
Tanto Kyo como Drasik se lo quedaron mirando con caras de mosqueo, preguntándose si de verdad Yako creía que eso hacía alguna diferencia, teniendo en cuenta que un hueso roto en una persona, incluso en un iris, tardaba entre 1 y 2 meses en sanar como mínimo. Yako se dio cuenta de sus caras y leyó perfectamente en sus miradas un "tú cállate, privilegiado".
—Vale, en fin —concluyó Yako—. Respecto a los demás, no vi lo que hizo Raijin con la chica y el otro, la Ka-chan y el Suijin-san, así que eso es todo lo que puedo contaros —dio un bostezo—. Aah... Qué pena que estuviese obligado a abrir la cafetería tan pronto. Ojalá ahora estuviese en mi cama, apenas he dormido.
—Hey, Sam —lo llamó Drasik cuando este pasó al lado de Yako llevando un par de batidos preparados—. ¿Cómo te lo montaste con el otro Dobutsujin-san?
—Hmm... —contestó Sam sin más, sirviendo el pedido a una pareja que se sentaba en una mesa cercana.
—Está agotado —les explicó Yako, apoyando la cabeza en una mano, somnoliento—. Le dije que no hacía falta que viniese hoy a trabajar, que podía quedarse durmiendo si quería, pero se abstuvo. Él no quiere hacerlo saber, pero en realidad ha venido porque le parece injusto que yo tenga que trabajar por narices y él pueda descansar. Lo hace por mí —sonrió divertido—. Sammy es un encanto.
—Lo hago por el sueldo —discrepó Sam, volviendo a meterse a la cocina.
—Mentira —les susurró Yako a los otros dos, risueño—. Yo recuerdo que vi al Dobutsu de la MRS, después de que yo acabara con el Líder, con cinco mordiscos en brazos y piernas. Debieron luchar como lobos, ¡uf! Qué pena que me lo perdí. Bueno, Sam también tiene marcados en el hombro los colmillos de su oponente, ambos estaban muy igualados.
—Buah, ha sido una batalla fácil —opinó Drasik, tomando un sorbo de su zumo y pegándole un bocado a su cruasán—. ¡Por cierto! Sam nos ha comentado antes que Raijin, él y tú os encontrasteis con nuestro Señor.
—Ah, sí... —vaciló Yako—. Nos encontramos con Alvion en el puente.
—¿Hacía mucho que no lo veías? —se interesó Drasik—. ¿Fue antipático contigo otra vez? ¿Volvió a recriminarte lo de que no quieres sucederle? La verdad, Yako, me encantaría que te convirtieras en nuestro próximo Señor.
—¿Por qué? ¿Piensas que así podrías aprovecharte de nuestra amistad para hacer lo que te venga en gana con las normas? —se rio Yako felizmente, pero de pronto puso una cara totalmente distinta, muy seria y con una intensa mirada de sus ojos dorados—. Si yo me convirtiera en Señor, te estaría vigilando a ti más que a nadie, incluso mientras duermes.
Se lo dijo con un tono tan siniestro que Drasik casi se cagó encima, sin saber si estaba hablando en serio o no.
—Heheh... —Yako recuperó su cara risueña e inofensiva—. Es broma, hombre.
—Jo, Yako, tú sí que sabes dar miedo —respiró Drasik
—Por supuesto. Me viene de familia —se encogió de hombros, apoyando los codos sobre la barra—. Gracias por el halago, Dras, pero yo ahora soy un iris que se convirtió igual que vosotros y, como tal, sólo me interesa luchar junto a vosotros en las misiones contra criminales e injusticias. Y trabajar en esta cafetería, donde puedo conocer nuevos humanos y nuevos iris cada día, charlar con ellos de igual a igual... Y seguir con mis estudios de Derecho. Si me convirtiera en Señor, estaría con los dioses encima de mí todo el tiempo y tendría que tratar con ellos de vez en cuando.
—¿Y eso es un gran problema? Alvion parece llevarlo bien.
—Ya. Pero es que yo odio a los dioses —dijo sin borrar su bonita sonrisa de siempre—. Con toda mi alma. Y si estuviera en mi mano, los exterminaría a todos junto con todos los malos humanos.
Tanto Drasik como Kyo se quedaron un poco acongojados por esas palabras. Pero no les sorprendió demasiado, Yako solía mostrar a veces una actitud muy radical con ese tema y ya se habían acostumbrado hace tiempo. Pero a la gente que no lo conocía demasiado les chocaba mucho, ya que como la mayor parte del tiempo él se mostraba tan pacífico, amable y alegre, unas palabras como esas tan radicales era lo último que se esperaban oír de su boca.
Sin embargo, tenía razón, lo llevaba en la sangre, era un instinto propio de los Zou, no lo podía evitar. Porque cuando los iris tenían una misión en la que se les había encargado matar a los peores criminales de alguna banda que habían entrado en la Lista de Condenados, Yako era el más cruel y sanguinario de todos. Todo había que decirlo. Sus compañeros de la KRS ya lo aprendieron hace tiempo. Si eres una persona medianamente buena e inocente, Yako iba a ser contigo el ser más amable y servicial del mundo, tu mejor amigo. Pero si eres una mala persona o un criminal, mejor no te acerques a él.
—¿Y qué está haciendo Alvion aquí en Tokio? —quiso saber Kyo.
—Ah, pues... —recordó Yako—. Parece ser que está buscando a Fuujin.
—¡Pff...! —Drasik se atragantó con el zumo—. ¿¡Por qué lo busca!? ¿¡Qué ha hecho!? ¿¡Le ha pasado algo a Fuujin!?
—No tengo ni idea, Alvion no nos dijo nada más.
Entonces, Yako y Drasik giraron sus cabezas y se quedaron mirando a Kyo.
—Qué —dijo este, confuso, pero luego comprendió—. No, yo tampoco tengo ni idea. Al menos, mi abuelo no me ha comentado nada de que Fuujin esté en problemas o no, no sé nada del asunto. Y yo no he visto a Fuujin desde hace un año, desde antes de irme al Monte Zou a iniciar mi entrenamiento. Pero que Alvion salga del Monte para buscar a Fuujin no es algo nuevo, ¿no? Ya lo ha hecho un par de veces antes en estos últimos siete años, ya que Fuujin es el único iris que Alvion no puede localizar a distancia y sólo puede verlo buscándolo él en persona. Y el motivo siempre ha sido el mismo, tratar algún problema de autocontrol, ¿no? Como hace con otros iris.
«Aun así, espero que el tío Neu no tenga problema en reunirse conmigo hoy» se dijo Kyo para sus adentros. «Tengo que hablar con él sobre lo que vi, es muy importante».
—Mmm... espero que de verdad se trate de atender un problema puntual sobre el estado de su iris, y no se trate de ningún problema gordo —dijo Yako—. De verdad, tener la enfermedad del majin es un auténtico fastidio. Es muy injusto. Odio que haya iris que tengan que sufrirla. Ojalá que Fuujin pueda cumplir su venganza algún día, de una vez por todas. Esto es lo único que elimina el majin en los iris que lo padecen.
Se formó un silencio entre los tres. Era un silencio normal, pero contenía una pizca de incomodidad. Yako y Kyo se dieron cuenta. Provenía de Drasik. El chico con pelos de loco estaba muy callado, aparentemente muy concentrado en terminar de comerse su cruasán. Yako y Kyo se percataron de que este seguía siendo un tema un poco delicado para Drasik. De hecho, ambos temas, tanto el de Fuujin como el de la enfermedad del majin. Uno, porque Drasik seguía lidiando con su pena, de lo mucho que añoraba a Fuujin; y el otro, porque él también tenía problemas de majin. El grado de sus síntomas era bajo, y muchas veces Drasik insistía en que ya no tenía síntoma alguno, pero la historia de Drasik con su majin había sido un tema de preocupación para sus compañeros desde que era pequeño, y él odiaba esto.
—En fin, Kyo —dijo Yako, trayendo su sonrisa de nuevo—. Gran idea lo de hacer la réplica, ¿se te ocurrió a ti solo?
—No veía qué más podía hacer —se encogió de hombros—. Fue lo primero que se me ocurrió para obtener ventaja. Los que me perseguían estaban pisándome los talones.
—Vas a ser un gran iris —rio, revolviéndole el pelo—. No sabes cómo me alegro de que estés con nosotros en la KRS.
—Le falta experiencia —terció Drasik, con tono orgulloso—. Hemos peleado tres veces desde que empezamos el curso, y le gané en todas.
—Te pasaste un poco conmigo —se picó Kyo—. Yo soy el tipo de iris más fuerte, pero tú eres el tipo de iris más ágil.
—Venga, no seáis así —los calmó Yako—. Ah, voy a atender a los clientes de esa mesa.
Cuando Yako se fue, Kyo entonces notó que le vibraba el móvil en el bolsillo del pantalón. Dejó su chocolate ardiente y miró a ver quién era.
—Anda, es mi abuelo. Me estaba llamando.
—¿Qué querrá Lao ahora? —protestó Drasik, acabándose su zumo.
—Voy fuera un momento, aquí hay mucho ruido —le dijo, bajándose del taburete y saliendo de la cafetería para hacer la llamada.
Como estaba mirando la pantalla de su móvil, no veía por dónde iba y se chocó con Nakuru justo cuando esta y Cleven iban a pasar dentro.
—¡Oh! ¡Nakuru! —exclamó alegremente.
—¡Hey, Kyo! —saltó esta, y se dieron un abrazo.
Cleven los observó confusa. «¡Eh, pero si es...!» reconoció al chico, y se quedó perpleja. «Es ese chico, el que vi hace unos días en la sala de profesores recibiendo una bronca del director. Y después, en el vagón del metro, que salió corriendo y parecía que le perseguía un grupo de gente extraña encapuchada...».
La escena que tenía ahora ante sus ojos descolocó mucho a Cleven, porque en esas dos ocasiones recientes en que vio a ese chico, y la escasa atención que le había prestado en clase los pocos días que llevaban de curso, tuvo una primera impresión de él de ser un chico problemático y serio, quizá distante y frío. Pero era sin duda una primera idea, muy insustancial y bastante equivocada, porque lo que estaba presenciando ahora ante ella era a un chico con una sonrisa muy cálida, con unos ojos negros que transmitían calma y confianza, y hablaba a Nakuru con una voz suave y grave. Su piel era ligeramente morena, y tenía un cabello negro corto pero abundante, algo desordenado, y le tapaba ligeramente los ojos.
Cleven se sonrojó un poco sin darse cuenta. De repente, una parte de ella sentía como si estuviera al lado de una reconfortante hoguera en un día frío de invierno. Cuando Kyo la miró, se puso algo nerviosa. Tuvo una extraña sensación familiar, pero no reparó en ello, ya que para ella no tenía sentido.
—Cleventine Vernoux, ¿verdad? —saludó él.
—Sí... —murmuró—. Tú eres Kyosuke Lao, ¿no?
—Exacto, estamos en la misma clase este año, mucho gusto —se inclinó levemente, y Cleven se apuró y le imitó.
—Lo mismo digo —sonrió, y miró a Nakuru—. ¿Os conocíais de antes?
—Ehm... sí —contestó su amiga—. Kyo es... estuvo en mi clase en primaria.
—Ah —entendió.
Al menos esa excusa era cierta, porque Nakuru no le podía contar a Cleven por qué se conocían realmente.
—Uf, qué llena está la cafetería... —observó Nakuru a través de los ventanales—. Cleven, porfa, mira a ver si puedes pillar una mesa que haya libre antes de que nos la quiten.
—Ah, tienes razón... Esto... —miró a Kyo otra vez—. No sé si ya te estás marchando, pero si es así, ya nos veremos.
—Claro, ya nos veremos —sonrió Kyo.
Cuando Cleven se metió en la cafetería y Kyo y Nakuru se quedaron solos, el chico borró su sonrisa y se quedó cabizbajo. Ella adivinó en dos segundos lo que se le pasaba por la cabeza.
—Lo siento, Kyo. Debe de sentirse raro todavía.
—Bueno, ya estoy acostumbrado. Son siete años fingiendo que no la conozco o que no tengo relación alguna con ella. Este año va a ser algo más difícil, ya que por primera vez en siete años nos han puesto en la misma clase.
—No te preocupes, podéis trataros como amigos ahora. De hecho, llevas tantos años sin tener relación o contacto alguno con Cleven, que se ha vuelto prácticamente una desconocida para ti. Ya no tenemos 9 años. Ahora puedes volver a conocerla y haceros amigos si quieres.
—No sé qué opinaría Fuujin sobre eso...
—El maestro no pondrá objeciones a algo así, Kyo, entablar una amistad simple con Cleven es inofensivo para ella. Lo que Fuujin no quiere es que la involucremos en algún asunto iris y que la pongamos en peligro y esas cosas.
Kyo entonces miró a su compañera con una mueca torcida y una ceja arqueada.
—¿Y entonces qué carajos hace viniendo a la cafetería de Yako? —señaló con el pulgar a sus espaldas.
—Aaah... hahah... bueno, es que... —rio Nakuru, nerviosa, rascándose la nuca—. Verás, eso se me ha ido un poco de control... No me esperaba para nada que Cleven tuviera intenciones de fugarse de casa... y que conociera a Yako de pura casualidad durante un trayecto en autobús y se hicieran amigos...
—¿¡Qué!? ¿¡Me tomas el pelo!?
—Ojalá.
—¿¡Por qué Yako la trajo consigo a la cafetería!?
Nakuru dejó de frotarse la nuca y miró a Kyo con aprensión.
—Oh, espera... —el chico cayó en la cuenta rápidamente, acordándose—. Joder, es cierto... lo había olvidado... Los demás también tienen las memorias modificadas, ¿verdad? No es solamente Drasik. Yako, Sammy, Raijin también...
—Sí, así es —suspiró ella—. Bueno, en el caso de Drasik son muchas más cosas. Pero en el caso de los demás, solamente es el nombre y el aspecto. Por eso no reconocen a Cleven, no pueden relacionarla con la Cleven del pasado, a no ser que alguien los ayude a recordar con datos específicos. Tú y yo somos los únicos que conservamos todos los recuerdos de ella. Fuujin no quiso cortar mi amistad y mi relación con ella, y también, necesitaba a alguien como yo que cuidara de Cleven.
—Mis hermanos y yo sí tuvimos que cortar relación con ella y sus hermanos. Y no se nos borró nuestra memoria para ello.
—Es un caso muy diferente, Kyo, tú y tus hermanos sois la familia de Fuujin, y por tanto, también de Cleven y de sus hermanos. No pudisteis mantener la relación y el contacto porque era el único modo de mantener a ambas familias protegidas y a salvo, después de la tragedia de Katya... Pero, aun así, para Fuujin era impensable tocar vuestras memorias. Ya le dolió tener que hacerlo con Cleven y con Lex, así que... —se encogió de hombros—. Lo de conocer a Yako y a los demás es un tema que estoy... digamos... viendo qué tal evoluciona. Por ahora, no parece suponer un problema o un peligro para Cleven, por lo que estoy dejándolo pasar, pero al mismo tiempo estoy alerta. Si veo que esto que Cleven está haciendo se tuerce, ahí intervendré y lo frenaré.
—Y... ¿qué es "esto" que Cleven está haciendo exactamente? —frunció el ceño.
—Pues... —respiró hondo, sabiendo que le iba a chocar—... buscar a su tío. Para conocerlo.
Kyo, en efecto, se quedó inmóvil unos segundos, con esa misma mueca torcida de gran confusión.
—Cleven tiene tres tíos, y uno de ellos es mi difunto padre. Y, que yo sepa, se supone que ella no debería recordar a ninguno de ellos. Nakuru... ¿a qué tío está buscando Cleven?
—A Brey.
—¿Me estás diciendo... —Kyo le hizo un gesto apaciguador con la mano, intentando evitar que le diera un infarto cerebral—... que Cleven lleva unos días relacionándose con nuestros compañeros en la cafetería... y que "todavía" está buscando a su tío... a Brey...? —Nakuru se mordió los labios y asintió con una sonrisilla inocente—. ¿¡No le has dicho nada!? —se escandalizó Kyo.
—Por favor, baja la voz. Escucha, ya te he dicho que es un asunto complicado y que estoy intentando tratarlo con cuidado, ¿vale? No puedo ir revelándole las cosas a Cleven así como así, debo tener cuidado con el estado de su memoria y al mismo tiempo tengo que hacer malabares ocultándole nuestras identidades iris y todas esas cosas.
—Nakuru, se va a liar la gorda...
—Ten un poco de fe, "hermanito", Cleven realmente necesita esto, y yo quiero ayudarla lo mejor posible. Por favor, no le digas nada a nadie, ni siquiera se lo cuentes a tu hermana, ni a tu madre, ¡ni a tu abuela Ming Jie! Y mucho menos le digas nada a Lao o a Fuujin, por favor te lo pido.
—Vale, tranquila, haré como si no supiera nada sobre este asunto. Pero espero que sepas lo que estás haciendo, Nak. Por favor, pase lo que pase, no dejes que mi prima acabe lamentándolo.
—Confía en mí.
—De acuerdo. Bueno... tengo que hacer una llamada —le mostró el móvil.
—Me alegro de que estés de vuelta y que estés bien, buen trabajo protegiendo el pergamino —lo abrazó Nakuru, y él también la abrazó, sonriendo.
—... había un sauce llorón entre la hilera de abetos, pero él no había caído, así que lo conduje hacia allá intencionadamente y ¡sshuuu! Alargué el brazo y guie una de las ramas, que ya sabéis que son como cuerdas, amordazándole cuello, muñecas y tobillos —contaba Yako, detrás de la barra de su cafetería, utilizando un vaso y un paño sucio en representación de él mismo y del Líder de la MRS respectivamente—. Ah, que él ya me había herido antes clavándome las púas de las zarzas que bordeaban el templo, mirad —les enseñó a Drasik y a Kyo los numerosos pero leves cortes en brazos y manos, y se subió la camiseta y el delantal para enseñarles el gran arañazo que tenía en el pectoral, viéndose también su tatuaje de la KRS en el vientre.
—¿No te duele? —preguntó Drasik, alucinado.
—No, al volver a casa me apliqué una cataplasma de raíz de lirio y leche de malvarrosa, evita la infección, inflamación e hinchazón, ¿no veis que está todo cicatrizado? —sonrió.
—Claro, conociendo todas las plantas medicinales del mundo... —dijo Kyo—. ¿Cómo haces para que tus heridas siempre sanen tan rápido? Otros iris usan los mismos remedios vegetales que tú, pero tardan en curarse más que tú. Por no hablar de que tus cicatrices al final acaban desapareciendo con el tiempo —añadió, dándole un sorbo a su taza de chocolate hirviendo—. Por ejemplo, ¿dónde está la cicatriz que te quedó del profundo corte que sufriste hace cinco años ahí en tu hombro derecho? —señaló su hombro—. Recuerdo que te quedó una cicatriz muy vistosa dos años después de hacértela. Y ahora, ¿ves?, ni rastro de ella.
—Eso es obviamente otro privilegio de la genética Zou —le dijo Drasik—. Se regeneran superrápido de sus heridas. Recuerdo de pequeño esa imagen de Alvion con su pierna fracturada en tres partes porque le cayó un edificio encima en una de esas misiones privadas que solía hacer por el mundo, en países con conflictos armados. Los médicos del Monte le pusieron los huesos en su sitio como pudieron. 24 horas después, Alvion ya tenía los huesos unidos y la pierna como nueva.
—Se le curó en 52 horas, no en 24 —le corrigió Yako.
Tanto Kyo como Drasik se lo quedaron mirando con caras de mosqueo, preguntándose si de verdad Yako creía que eso hacía alguna diferencia, teniendo en cuenta que un hueso roto en una persona, incluso en un iris, tardaba entre 1 y 2 meses en sanar como mínimo. Yako se dio cuenta de sus caras y leyó perfectamente en sus miradas un "tú cállate, privilegiado".
—Vale, en fin —concluyó Yako—. Respecto a los demás, no vi lo que hizo Raijin con la chica y el otro, la Ka-chan y el Suijin-san, así que eso es todo lo que puedo contaros —dio un bostezo—. Aah... Qué pena que estuviese obligado a abrir la cafetería tan pronto. Ojalá ahora estuviese en mi cama, apenas he dormido.
—Hey, Sam —lo llamó Drasik cuando este pasó al lado de Yako llevando un par de batidos preparados—. ¿Cómo te lo montaste con el otro Dobutsujin-san?
—Hmm... —contestó Sam sin más, sirviendo el pedido a una pareja que se sentaba en una mesa cercana.
—Está agotado —les explicó Yako, apoyando la cabeza en una mano, somnoliento—. Le dije que no hacía falta que viniese hoy a trabajar, que podía quedarse durmiendo si quería, pero se abstuvo. Él no quiere hacerlo saber, pero en realidad ha venido porque le parece injusto que yo tenga que trabajar por narices y él pueda descansar. Lo hace por mí —sonrió divertido—. Sammy es un encanto.
—Lo hago por el sueldo —discrepó Sam, volviendo a meterse a la cocina.
—Mentira —les susurró Yako a los otros dos, risueño—. Yo recuerdo que vi al Dobutsu de la MRS, después de que yo acabara con el Líder, con cinco mordiscos en brazos y piernas. Debieron luchar como lobos, ¡uf! Qué pena que me lo perdí. Bueno, Sam también tiene marcados en el hombro los colmillos de su oponente, ambos estaban muy igualados.
—Buah, ha sido una batalla fácil —opinó Drasik, tomando un sorbo de su zumo y pegándole un bocado a su cruasán—. ¡Por cierto! Sam nos ha comentado antes que Raijin, él y tú os encontrasteis con nuestro Señor.
—Ah, sí... —vaciló Yako—. Nos encontramos con Alvion en el puente.
—¿Hacía mucho que no lo veías? —se interesó Drasik—. ¿Fue antipático contigo otra vez? ¿Volvió a recriminarte lo de que no quieres sucederle? La verdad, Yako, me encantaría que te convirtieras en nuestro próximo Señor.
—¿Por qué? ¿Piensas que así podrías aprovecharte de nuestra amistad para hacer lo que te venga en gana con las normas? —se rio Yako felizmente, pero de pronto puso una cara totalmente distinta, muy seria y con una intensa mirada de sus ojos dorados—. Si yo me convirtiera en Señor, te estaría vigilando a ti más que a nadie, incluso mientras duermes.
Se lo dijo con un tono tan siniestro que Drasik casi se cagó encima, sin saber si estaba hablando en serio o no.
—Heheh... —Yako recuperó su cara risueña e inofensiva—. Es broma, hombre.
—Jo, Yako, tú sí que sabes dar miedo —respiró Drasik
—Por supuesto. Me viene de familia —se encogió de hombros, apoyando los codos sobre la barra—. Gracias por el halago, Dras, pero yo ahora soy un iris que se convirtió igual que vosotros y, como tal, sólo me interesa luchar junto a vosotros en las misiones contra criminales e injusticias. Y trabajar en esta cafetería, donde puedo conocer nuevos humanos y nuevos iris cada día, charlar con ellos de igual a igual... Y seguir con mis estudios de Derecho. Si me convirtiera en Señor, estaría con los dioses encima de mí todo el tiempo y tendría que tratar con ellos de vez en cuando.
—¿Y eso es un gran problema? Alvion parece llevarlo bien.
—Ya. Pero es que yo odio a los dioses —dijo sin borrar su bonita sonrisa de siempre—. Con toda mi alma. Y si estuviera en mi mano, los exterminaría a todos junto con todos los malos humanos.
Tanto Drasik como Kyo se quedaron un poco acongojados por esas palabras. Pero no les sorprendió demasiado, Yako solía mostrar a veces una actitud muy radical con ese tema y ya se habían acostumbrado hace tiempo. Pero a la gente que no lo conocía demasiado les chocaba mucho, ya que como la mayor parte del tiempo él se mostraba tan pacífico, amable y alegre, unas palabras como esas tan radicales era lo último que se esperaban oír de su boca.
Sin embargo, tenía razón, lo llevaba en la sangre, era un instinto propio de los Zou, no lo podía evitar. Porque cuando los iris tenían una misión en la que se les había encargado matar a los peores criminales de alguna banda que habían entrado en la Lista de Condenados, Yako era el más cruel y sanguinario de todos. Todo había que decirlo. Sus compañeros de la KRS ya lo aprendieron hace tiempo. Si eres una persona medianamente buena e inocente, Yako iba a ser contigo el ser más amable y servicial del mundo, tu mejor amigo. Pero si eres una mala persona o un criminal, mejor no te acerques a él.
—¿Y qué está haciendo Alvion aquí en Tokio? —quiso saber Kyo.
—Ah, pues... —recordó Yako—. Parece ser que está buscando a Fuujin.
—¡Pff...! —Drasik se atragantó con el zumo—. ¿¡Por qué lo busca!? ¿¡Qué ha hecho!? ¿¡Le ha pasado algo a Fuujin!?
—No tengo ni idea, Alvion no nos dijo nada más.
Entonces, Yako y Drasik giraron sus cabezas y se quedaron mirando a Kyo.
—Qué —dijo este, confuso, pero luego comprendió—. No, yo tampoco tengo ni idea. Al menos, mi abuelo no me ha comentado nada de que Fuujin esté en problemas o no, no sé nada del asunto. Y yo no he visto a Fuujin desde hace un año, desde antes de irme al Monte Zou a iniciar mi entrenamiento. Pero que Alvion salga del Monte para buscar a Fuujin no es algo nuevo, ¿no? Ya lo ha hecho un par de veces antes en estos últimos siete años, ya que Fuujin es el único iris que Alvion no puede localizar a distancia y sólo puede verlo buscándolo él en persona. Y el motivo siempre ha sido el mismo, tratar algún problema de autocontrol, ¿no? Como hace con otros iris.
«Aun así, espero que el tío Neu no tenga problema en reunirse conmigo hoy» se dijo Kyo para sus adentros. «Tengo que hablar con él sobre lo que vi, es muy importante».
—Mmm... espero que de verdad se trate de atender un problema puntual sobre el estado de su iris, y no se trate de ningún problema gordo —dijo Yako—. De verdad, tener la enfermedad del majin es un auténtico fastidio. Es muy injusto. Odio que haya iris que tengan que sufrirla. Ojalá que Fuujin pueda cumplir su venganza algún día, de una vez por todas. Esto es lo único que elimina el majin en los iris que lo padecen.
Se formó un silencio entre los tres. Era un silencio normal, pero contenía una pizca de incomodidad. Yako y Kyo se dieron cuenta. Provenía de Drasik. El chico con pelos de loco estaba muy callado, aparentemente muy concentrado en terminar de comerse su cruasán. Yako y Kyo se percataron de que este seguía siendo un tema un poco delicado para Drasik. De hecho, ambos temas, tanto el de Fuujin como el de la enfermedad del majin. Uno, porque Drasik seguía lidiando con su pena, de lo mucho que añoraba a Fuujin; y el otro, porque él también tenía problemas de majin. El grado de sus síntomas era bajo, y muchas veces Drasik insistía en que ya no tenía síntoma alguno, pero la historia de Drasik con su majin había sido un tema de preocupación para sus compañeros desde que era pequeño, y él odiaba esto.
—En fin, Kyo —dijo Yako, trayendo su sonrisa de nuevo—. Gran idea lo de hacer la réplica, ¿se te ocurrió a ti solo?
—No veía qué más podía hacer —se encogió de hombros—. Fue lo primero que se me ocurrió para obtener ventaja. Los que me perseguían estaban pisándome los talones.
—Vas a ser un gran iris —rio, revolviéndole el pelo—. No sabes cómo me alegro de que estés con nosotros en la KRS.
—Le falta experiencia —terció Drasik, con tono orgulloso—. Hemos peleado tres veces desde que empezamos el curso, y le gané en todas.
—Te pasaste un poco conmigo —se picó Kyo—. Yo soy el tipo de iris más fuerte, pero tú eres el tipo de iris más ágil.
—Venga, no seáis así —los calmó Yako—. Ah, voy a atender a los clientes de esa mesa.
Cuando Yako se fue, Kyo entonces notó que le vibraba el móvil en el bolsillo del pantalón. Dejó su chocolate ardiente y miró a ver quién era.
—Anda, es mi abuelo. Me estaba llamando.
—¿Qué querrá Lao ahora? —protestó Drasik, acabándose su zumo.
—Voy fuera un momento, aquí hay mucho ruido —le dijo, bajándose del taburete y saliendo de la cafetería para hacer la llamada.
Como estaba mirando la pantalla de su móvil, no veía por dónde iba y se chocó con Nakuru justo cuando esta y Cleven iban a pasar dentro.
—¡Oh! ¡Nakuru! —exclamó alegremente.
—¡Hey, Kyo! —saltó esta, y se dieron un abrazo.
Cleven los observó confusa. «¡Eh, pero si es...!» reconoció al chico, y se quedó perpleja. «Es ese chico, el que vi hace unos días en la sala de profesores recibiendo una bronca del director. Y después, en el vagón del metro, que salió corriendo y parecía que le perseguía un grupo de gente extraña encapuchada...».
La escena que tenía ahora ante sus ojos descolocó mucho a Cleven, porque en esas dos ocasiones recientes en que vio a ese chico, y la escasa atención que le había prestado en clase los pocos días que llevaban de curso, tuvo una primera impresión de él de ser un chico problemático y serio, quizá distante y frío. Pero era sin duda una primera idea, muy insustancial y bastante equivocada, porque lo que estaba presenciando ahora ante ella era a un chico con una sonrisa muy cálida, con unos ojos negros que transmitían calma y confianza, y hablaba a Nakuru con una voz suave y grave. Su piel era ligeramente morena, y tenía un cabello negro corto pero abundante, algo desordenado, y le tapaba ligeramente los ojos.
Cleven se sonrojó un poco sin darse cuenta. De repente, una parte de ella sentía como si estuviera al lado de una reconfortante hoguera en un día frío de invierno. Cuando Kyo la miró, se puso algo nerviosa. Tuvo una extraña sensación familiar, pero no reparó en ello, ya que para ella no tenía sentido.
—Cleventine Vernoux, ¿verdad? —saludó él.
—Sí... —murmuró—. Tú eres Kyosuke Lao, ¿no?
—Exacto, estamos en la misma clase este año, mucho gusto —se inclinó levemente, y Cleven se apuró y le imitó.
—Lo mismo digo —sonrió, y miró a Nakuru—. ¿Os conocíais de antes?
—Ehm... sí —contestó su amiga—. Kyo es... estuvo en mi clase en primaria.
—Ah —entendió.
Al menos esa excusa era cierta, porque Nakuru no le podía contar a Cleven por qué se conocían realmente.
—Uf, qué llena está la cafetería... —observó Nakuru a través de los ventanales—. Cleven, porfa, mira a ver si puedes pillar una mesa que haya libre antes de que nos la quiten.
—Ah, tienes razón... Esto... —miró a Kyo otra vez—. No sé si ya te estás marchando, pero si es así, ya nos veremos.
—Claro, ya nos veremos —sonrió Kyo.
Cuando Cleven se metió en la cafetería y Kyo y Nakuru se quedaron solos, el chico borró su sonrisa y se quedó cabizbajo. Ella adivinó en dos segundos lo que se le pasaba por la cabeza.
—Lo siento, Kyo. Debe de sentirse raro todavía.
—Bueno, ya estoy acostumbrado. Son siete años fingiendo que no la conozco o que no tengo relación alguna con ella. Este año va a ser algo más difícil, ya que por primera vez en siete años nos han puesto en la misma clase.
—No te preocupes, podéis trataros como amigos ahora. De hecho, llevas tantos años sin tener relación o contacto alguno con Cleven, que se ha vuelto prácticamente una desconocida para ti. Ya no tenemos 9 años. Ahora puedes volver a conocerla y haceros amigos si quieres.
—No sé qué opinaría Fuujin sobre eso...
—El maestro no pondrá objeciones a algo así, Kyo, entablar una amistad simple con Cleven es inofensivo para ella. Lo que Fuujin no quiere es que la involucremos en algún asunto iris y que la pongamos en peligro y esas cosas.
Kyo entonces miró a su compañera con una mueca torcida y una ceja arqueada.
—¿Y entonces qué carajos hace viniendo a la cafetería de Yako? —señaló con el pulgar a sus espaldas.
—Aaah... hahah... bueno, es que... —rio Nakuru, nerviosa, rascándose la nuca—. Verás, eso se me ha ido un poco de control... No me esperaba para nada que Cleven tuviera intenciones de fugarse de casa... y que conociera a Yako de pura casualidad durante un trayecto en autobús y se hicieran amigos...
—¿¡Qué!? ¿¡Me tomas el pelo!?
—Ojalá.
—¿¡Por qué Yako la trajo consigo a la cafetería!?
Nakuru dejó de frotarse la nuca y miró a Kyo con aprensión.
—Oh, espera... —el chico cayó en la cuenta rápidamente, acordándose—. Joder, es cierto... lo había olvidado... Los demás también tienen las memorias modificadas, ¿verdad? No es solamente Drasik. Yako, Sammy, Raijin también...
—Sí, así es —suspiró ella—. Bueno, en el caso de Drasik son muchas más cosas. Pero en el caso de los demás, solamente es el nombre y el aspecto. Por eso no reconocen a Cleven, no pueden relacionarla con la Cleven del pasado, a no ser que alguien los ayude a recordar con datos específicos. Tú y yo somos los únicos que conservamos todos los recuerdos de ella. Fuujin no quiso cortar mi amistad y mi relación con ella, y también, necesitaba a alguien como yo que cuidara de Cleven.
—Mis hermanos y yo sí tuvimos que cortar relación con ella y sus hermanos. Y no se nos borró nuestra memoria para ello.
—Es un caso muy diferente, Kyo, tú y tus hermanos sois la familia de Fuujin, y por tanto, también de Cleven y de sus hermanos. No pudisteis mantener la relación y el contacto porque era el único modo de mantener a ambas familias protegidas y a salvo, después de la tragedia de Katya... Pero, aun así, para Fuujin era impensable tocar vuestras memorias. Ya le dolió tener que hacerlo con Cleven y con Lex, así que... —se encogió de hombros—. Lo de conocer a Yako y a los demás es un tema que estoy... digamos... viendo qué tal evoluciona. Por ahora, no parece suponer un problema o un peligro para Cleven, por lo que estoy dejándolo pasar, pero al mismo tiempo estoy alerta. Si veo que esto que Cleven está haciendo se tuerce, ahí intervendré y lo frenaré.
—Y... ¿qué es "esto" que Cleven está haciendo exactamente? —frunció el ceño.
—Pues... —respiró hondo, sabiendo que le iba a chocar—... buscar a su tío. Para conocerlo.
Kyo, en efecto, se quedó inmóvil unos segundos, con esa misma mueca torcida de gran confusión.
—Cleven tiene tres tíos, y uno de ellos es mi difunto padre. Y, que yo sepa, se supone que ella no debería recordar a ninguno de ellos. Nakuru... ¿a qué tío está buscando Cleven?
—A Brey.
—¿Me estás diciendo... —Kyo le hizo un gesto apaciguador con la mano, intentando evitar que le diera un infarto cerebral—... que Cleven lleva unos días relacionándose con nuestros compañeros en la cafetería... y que "todavía" está buscando a su tío... a Brey...? —Nakuru se mordió los labios y asintió con una sonrisilla inocente—. ¿¡No le has dicho nada!? —se escandalizó Kyo.
—Por favor, baja la voz. Escucha, ya te he dicho que es un asunto complicado y que estoy intentando tratarlo con cuidado, ¿vale? No puedo ir revelándole las cosas a Cleven así como así, debo tener cuidado con el estado de su memoria y al mismo tiempo tengo que hacer malabares ocultándole nuestras identidades iris y todas esas cosas.
—Nakuru, se va a liar la gorda...
—Ten un poco de fe, "hermanito", Cleven realmente necesita esto, y yo quiero ayudarla lo mejor posible. Por favor, no le digas nada a nadie, ni siquiera se lo cuentes a tu hermana, ni a tu madre, ¡ni a tu abuela Ming Jie! Y mucho menos le digas nada a Lao o a Fuujin, por favor te lo pido.
—Vale, tranquila, haré como si no supiera nada sobre este asunto. Pero espero que sepas lo que estás haciendo, Nak. Por favor, pase lo que pase, no dejes que mi prima acabe lamentándolo.
—Confía en mí.
—De acuerdo. Bueno... tengo que hacer una llamada —le mostró el móvil.
—Me alegro de que estés de vuelta y que estés bien, buen trabajo protegiendo el pergamino —lo abrazó Nakuru, y él también la abrazó, sonriendo.
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