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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 2: La Búsqueda __









82.
Leche de pantera

El joven Zou se puso al lado de su amigo y observó de nuevo cómo el rubio llenaba el tercer vaso de vodka y se lo bebía a palo seco.

—¿Qué estás haciendo?

—Beber. ¿O a ti qué te parece? —contestó Raijin, claramente con aire molesto.

—A mí me parece que sí, que estás bebiendo. Pero bebiendo como un humano —le dijo, cruzándose de brazos.

—Entonces, por fin hago algo “normal”, ¿no? Me mimetizo, haciendo lo que aquí todos estos humanos hacen —se llevó el cuarto vaso a los labios, pero Yako lo frenó, bajándole el brazo, sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos.

—Nadie aquí está bebiendo ahora como si anhelase perder el conocimiento para huir de algún conflicto emocional irresoluto.

—Basta. No hagas eso —le advirtió Raijin, esta vez mirándolo a los ojos, alterado—. No me analices. Si renunciaste a ser un Zou, no me analices como si fuera uno de tus iris.

—¡Raijin! —protestó Yako.

El rubio se quedó callado, dándose cuenta de lo irracional que se estaba comportando. La verdad, no estaba llevando una buena noche desde lo del beso. Se frotó los ojos, fatigado.

—Raijin, eres mi “hermano”.

—Perdóname. Tienes razón —acabó dejando esa cuarta copa de vodka en la encimera—. Estoy… sólo estoy un poco… confuso.

—¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?

—No. No sé…

—¿Tiene que ver con Cleven?

Raijin volvió a levantar la mirada hacia él.

—¿Lo sabes?

—Ella ya me ha contado… que habéis tenido un momento especial antes, junto al estanque. Una conexión que habéis sentido el uno por el otro.

—Sí… algo así… —bajó la mirada de nuevo, e hizo un pequeño ademán de mirar a Cleven de reojo, allá sentada en la isla central, pero no se atrevió—. Es que…

—No hace falta que me expliques nada, Rai —le sonrió, sujetándolo de los brazos—. Lo que estás sintiendo en ella es totalmente comprensible, es lo esperado.

—¿Tú… esperabas que esto empezase a pasar? —se sorprendió.

—Estás generando sentimientos naturales por ti mismo. Estás sintiendo de forma natural como haría cualquier humano o iris común. Sabes que esto solamente te ocurre con las personas que empiezan a importarte mucho. Por eso, estás confuso, porque tu iris se empeña en darle una razón lógica a esto que estás sintiendo.

—Pero es que tiene que haberla, y no logro hallarla.

—Tu iris te está tratando de convencer de que esa chica aún es una extraña cuando en realidad se está haciendo muy cercana a ti, e importante. Lo sé, lo he notado estos días entre vosotros. Por eso, esta vez tienes que abrir más tu corazón y cerrar un poquito la racionalidad de tu iris, y verás que dejarás de sentirte confuso.

Raijin puso una mueca dubitativa.

—Escucha. No te preocupes, Rai —le sonrió Yako con más candor—. Estás descubriendo lo que se oculta dentro de Cleven y lo que se oculta dentro de ti. Estás a punto de averiguar el misterio, de confirmar esta corazonada que tienes. Tu conexión con ella es real. Tenéis una conversación pendiente… para que la verdad salga a la luz.

Raijin no dijo nada por un rato. Sabía que Yako tenía razón, tenía que aclarar sus sentimientos con Cleven, confirmarlos, y no dejarlos al aire sin resolver. Lo que le sorprendía un poco era ver que Yako parecía estar deseando que esto ocurriera entre él y Cleven. Yako sabía que Raijin siempre prefería salir con chicas de su edad o mayores, porque para Raijin era crucial salir con alguien que tuviera una alta madurez y que no fuera demasiado infantil o ilógico.

A pesar de que Cleven había demostrado estar un poco loca a veces, las conversaciones importantes que había tenido con ella, aunque pocas, habían llegado a sorprender mucho a Raijin. Aunque Cleven fuese cuatro años más joven, había notado que, bajo esa fachada de loca glotona y a veces caprichosa e inmadura, había en realidad una humana que sabía observar, entender, ponerse seria cuando era necesario y dar importancia a las cosas que lo merecían. Y eso atraía a Raijin enormemente. Eso, y más cosas. En especial, esa misteriosa energía que no paraba de detectar emanando de ella.

También, Yako sabía que Raijin tenía la misma barrera que habían tenido él y Sam respecto a recordar quién era Cleven, que la conocían de hace muchos años, que era una amiga de ellos en el pasado, pero que Fuujin les había modificado la memoria a todos en un intento de evitar reconocerse o recordarse a través del nombre y del aspecto. Yako quería que esa nube puesta en la memoria de Raijin, al igual que había sucedido con él y con Sam, se disipase, pero de forma natural. Que la propia Cleven se la disipase, teniendo con ella esa conversación pendiente para aclarar todo.

No obstante, Cleven tenía razón en algo, y es que seguía habiendo una persona que Raijin no conseguía quitarse de la cabeza. Yue seguía en su mente, constantemente; y con ella, un persistente sentimiento de tristeza y de culpabilidad que dificultaba su capacidad de tomar decisiones cuando se trataba de amar a alguien nuevo.

Por eso, se vio que Raijin todavía necesitaba un poco más de tiempo, cuando, sin previo aviso, dio media vuelta y se marchó de la cocina, pasando junto a la isla del centro sin mirar a Cleven. Se perdió de vista ente el gentío y la música del salón. Cleven se quedó mirando hacia esa dirección, pensativa.

—Lo siento —se acercó Yako a ella—. He intentado ayudar.

—Creo que lo has hecho —afirmó ella—. No quiere hablar conmigo ahora mismo, pero creo que está más dispuesto que antes a considerarlo. Lo dejaré en paz un rato, no quiero presionarlo. Iré yo misma a hablar con él, más tarde. Si es que él quiere.

—¿No estás enfadada o molesta con él por su tozudez y empeñarse en ignorarte e incluso evitar mirarte a la cara?

—¡No! —exclamó sorprendida, y luego sonrió—. Claro que no, ¿por qué me iba a enfadar con él? Yo lo que veo en él es que está tenso, y agobiado, y frustrado, y mal… Lo único que quiero de él es que deje de sentir cosas malas y sienta cosas buenas. Si consigo averiguar el modo de ayudarlo a sentirse mejor… Quiero verlo sonreír por una vez…

Cleven suspiró y apoyó la barbilla en una mano, mirando hacia allá, hacia el gentío. A Yako, a su lado, se le formó una sonrisa cálida en la cara tras escucharla decir eso. Hacía siete años que no le pasaba esto, pero no era la primera vez, y es que, en aquel lejano tiempo de sus infancias, a veces sentía una extraña fascinación por Cleven por cosas que hacía o decía.

Le vinieron a la memoria algunas ocasiones del pasado en que ella le evocaba esta rara fascinación. Curiosamente, a Alvion también le ocurría, sentir hacia la pequeña Cleven de aquel entonces una atracción especial. Le estaba volviendo a pasar ahora a Yako. Y estaba convencido de que era debido a que Cleven poseía una alta cantidad de energía Yang. Y los Zou adoraban todo lo que contuviese una enorme cantidad de esta energía. Como los iris.

De pronto, se oyó a alguien exclamar el nombre de Yako. Ambos vieron a una chica muy bien vestida y bastante guapa abriéndose paso entre la gente del salón, dirigiéndose a la zona de la cocina, sin parar de agitar el brazo para llamar la atención de Yako. Cleven miró a este, preguntándose si era otra buena amiga suya, pero encontró al chico con una cara un poco espantada, que rápidamente trató de disimular con una sonrisa nerviosa.

—Aeh… disculpa, Cleven, tengo que… —no sabía qué decir, y aquella chica ya estaba a punto de llegar hasta ellos—. Luego te veo —concluyó Yako, se marchó corriendo de allí, huyendo.

—¡Yako, vamos, por favor, cariño…! —rogaba esa chica, intentando seguirlo, difícilmente con tanta gente por medio—. ¡Sólo te pido una vez, sólo una vez más…! ¡Esta noche tan estupenda nos lo está poniendo en bandeja…!

—¿Pero qué carajos…? —Cleven observaba aquello, sin entender nada—. ¿Qué le pasa a esa?

—Es una de sus exnovias —le respondió una voz al lado.

Cleven pegó un bote sobre el taburete, dándose un susto, y al girarse, encontró a MJ ahí cruzada de brazos y con cara de muy malas pulgas.

—¡Contra! MJ, qué susto… —suspiró Cleven—. Espera, ¿qué? ¿Esa chica es una ex de Yako?

—Sí —gruñó—. Siempre están igual. Cada vez que ven la ocasión, lo persiguen. Siempre con lo mismo…

—Oh… ¿En plural?

—Menudos pulpos… —siguió refunfuñando MJ, mientras se ponía a comer un sándwich tras otro, como si estuviera enfadada con los sándwiches—. No se enteran… Si Yako cortó con ellas, significa que no quiere, y si él no quiere, pues no quiere… pero ellas no pillan el mensaje, y no paran de molestarlo…

—Ahm… —Cleven empezó a entender lo que estaba diciendo MJ, y de repente sintió una enorme curiosidad por la vida amorosa de Yako—. ¿Yako tiene muchas ex?

—No muchas. Él no es de salir con cientos de chicas, él es más de entablar relaciones sanas y estables y duraderas… pero cuando dejan de ir bien, pues se acaban.

—¿Por qué Yako cortó con ellas?

—No le dejaban más remedio. Cada vez que Yako sale con una nueva chica, al principio todo está bien, pero al paso de los meses, se acaban volviendo… demasiado fanáticas, ¿sabes lo que te quiero decir? Se obsesionan con Yako hasta un punto en que dejan de tratarlo como a su pareja y comienzan a tratarlo como si fuera un dios… A ver, no digo que no lo entienda —MJ empezó a sonrojarse mientras cogía un cuenco de patatas fritas y se las comía a puñados—, porque es cierto… él es perfecto… es… increíble… y…

Ahora Cleven tenía los ojos absortos en MJ, triplicando su curiosidad en ella.

—Lo que quiero decir es… que ellas no terminan de entender que Yako ya no quiere nada con ellas, ¿sabes?

—Sé, sé —asintió Cleven, comiendo también patatas fritas de su bol—. Cuéntame más.

—Lo que me molesta es que Yako ya no sabe cómo hacérselo entender, dice que ya ha hablado con ellas todo lo que ha podido e intentado ser lo más claro posible, pero es que yo le digo que tiene que ponerse más serio, ser más estricto, más tajante… pero no, es que no es capaz, es demasiado amable y le cuesta muchísimo ser más tajante.

—Sí, pareces muy pero que muy molesta —asintió Cleven, atrapada en este pequeño culebrón—. ¿Te da celos?

—¿Celos? —se puso más roja—. ¡Oh, no, no! Es que… Yako es mi mejor amigo, ¿sabes? Hace ya tres años que lo conozco, y… Yo lo ayudé a reformar y a resucitar la cafetería, porque había estado cerrada quince años desde la muerte de su padre y a Yako le costaba mucho volver a entrar en ese lugar, pero al mismo tiempo lo deseaba mucho, reabrir la cafetería de su padre, y desde entonces hemos estado muy unidos… y me preocupo por él, nada más.

—Ajá, claro, claro. ¿Te da miedo que esas exnovias, después de tanto pedirle a Yako volver juntos, logren convencerlo?

—¿Qué? No, ellas no le… —MJ empezó a tartamudear un poco—. Volver a salir juntos no es… lo que ellas le piden.

—¿Eh?

—Ellas ya entendieron hace tiempo que no tenían posibilidad de que Yako aceptara volver a salir con ellas.

—¿Entonces? ¿Qué es lo que le piden cuando lo persiguen? ¿Qué le estaba pidiendo esa chica de antes con lo de “sólo una vez más”?

De repente la cara de MJ se volvió tan roja que parecía incandescente, y miraba a la mesa fijamente. Cleven no lo estaba entendiendo en ese momento, pero estaba disfrutando de descubrir esta faceta de MJ. En la cafetería siempre la había visto comportarse diligentemente, seria, responsable… nada que destacase por encima de lo normal. No sabía por qué, pero ahora le parecía adorable verla tan evidentemente celosa.

Entonces, Cleven terminó descifrando ese silencio acalorado y abochornado de MJ, y se le abrieron los ojos como platos. Cleven nunca se había fijado en Yako de esa manera porque ella sólo tenía ojos para Raijin, pero al parecer el joven Zou tenía… otras muy buenas cualidades, aparte del carácter amable y su bello rostro risueño y angelical. Hasta el punto de que aquella exnovia viniera a perseguirlo para suplicarle “una vez más”… Ahora fue Cleven la que se sonrojó, porque no esperaba aprender este dato de Yako. Las dos se quedaron calladas un rato.


Más tarde, a eso de medianoche, en un momento más relajado de la fiesta y a salvo de exnovias locas, Yako, MJ, Cleven, Kain y su prometida se encontraban sentados en una mesa del jardín trasero, disfrutando de la noche y el ruido de fondo. Estaban cerca de la piscina, una piscina no muy grande que sólo ocupaba un tercio del terreno. Estaba iluminada con focos de luz sumergidos, por lo que el jardín estaba medio alumbrado por esa azulada luz, creando un ambiente agradable. Había más gente por el jardín, hablando, riendo, bailando y bebiendo. La música se oía más dentro de la casa y no tanto aquí fuera.

Durante la hora anterior, como Cleven había perdido el ala protectora de Yako porque este tuvo que huir de aquella ex y MJ se había acabado yendo detrás de él para ayudarlo, se había quedado sola, pero como ya no tenía ninguna preocupación o miedo de poder moverse por allí por su cuenta, se puso a socializar un poco. Había encontrado a Kain y a su prometida por ahí charlando con unos compañeros de universidad de Yako, y Kain la había invitado a unirse para ayudarlo a ganar un debate sobre cuál era la correcta pronunciación de unas palabras en francés.

Después de unas risas y hablando de anécdotas, Cleven acabó con mucha sed y fue a buscar algo de beber. Fue a una mesa del salón principal que estaba en una esquina, donde reposaban vasos, botellas de alcohol, botellas de refrescos o sodas, cubiteras de hielo, frutas cortadas muy apetecibles y un par de jarras de cristal que contenían un líquido blanco. Estas llamaron la atención de Cleven, porque pensó que era leche, leche de vaca normal y corriente. Y se preguntó por qué demonios había leche en jarras en una fiesta universitaria. «Quizá sea para hacer una mezcla con otras bebidas» pensó en aquel momento, acercando la nariz a una de esas jarras para olisquear. «Mmm… Esto no huele a leche, huele muy dulce. ¿Será como una horchata? ¡Oh! Capto olor a canela. Seguro que es un batido de leche con alguna fruta o con azúcar… Sí… huele a batido dulce. Me apetece mucho algo dulce. Le prometí a Yako que no bebería más alcohol, así que beberé este batido».

Sedienta, Cleven cogió un vaso y lo llenó hasta arriba de esa bebida. Se puso una pajita y lo probó. «¡Woooh! ¡Qué rico! Sabe a leche condensada y a canela… y también un poco a menta. ¡Qué bueno está!».

La pobre Cleven, ignorando que aquello en realidad era leche de pantera y que llevaba bastantes grados de alcohol, tapados bajo ese sabor dulce, se bebió tres vasos durante aquella hora. Y por eso, ahora, en el jardín, ya estaba empezando a mostrar síntomas de ebriedad, a ver borroso y a tener las mejillas rojas y una sonrisilla boba en la cara.

—Hey, Cleven, ¿te encuentras bien? —se percató Yako, cortando su conversación con los otros un momento.

—¿Yo? De maravilla —sonrió de nuevo como una boba, medio atolondrada.

—Se ha empachado de bocadillos —apuntó Kain—. La he visto comer kilos de bocadillos. Es increíble. Esta chica tiene un agujero negro en el estómago.

—Es que los bocadillos de Yako están demasiado buenos… —se defendió Cleven—. Especialmente los de pollo al curry con esa extraña mezcla de yogur agrio y cebollino… ¡Esos son mis favoritos, estaban espectaculares!

—¡Hahah! —se rio Yako, y miró a MJ, que en ese momento agachó la cabeza y se sonrojó—. Esos los ha hecho MJ. Es uno de los nuevos rellenos que se ha inventado.

—¡MJ, ¿qué?! —Cleven se abalanzó hacia ella, agarrándola de un brazo, dándole un susto de muerte—. Pues que sepas que son los mejores sándwiches que he probado… —se interrumpió un momento porque le dio hipo—. Eres una diosa de la cocina, MJ…

—¿Ves? —le dijo Yako a su compañera de clase—. Te dije que esa receta tuya iba a triunfar. Hace una hora que se acabaron esos sándwiches, se acabaron antes que los demás.

—Bueno… —MJ se rascó la mejilla con una sonrisa tímida.

—Perdona, Kain, ¿me estabas diciendo que finalmente has decidido dejar la cafetería? —reanudó Yako su conversación con el otro.

—Sí, así es —le decía el hombre, sentado junto a su prometida y agarrando su mano—. Dentro de dos meses, cuando ya hayamos celebrado la boda y todo, estaré demasiado ocupado terminando los últimos exámenes de mi carrera y buscando con mi mujer una nueva vivienda, donde iremos formando una familia en un futuro próximo. Por lo que ya no dispondré de tiempo para seguir trabajando en la cafetería. A pesar de que adoro ese trabajo. Espero que no te importe.

—¡Para nada! —sonrió Yako—. Me parecen fantásticos esos proyectos que tienes en mente. Te echaremos de menos en la cafetería, eso sin duda, pero te espera el inicio de una vida muy feliz y no puedo desear otra cosa. Por favor, Kain, acepta esa paga especial que ya te mencioné. Déjame despedirte de la cafetería con esa paga extra, para la boda, o lo que quieras…

—¡Yako, ya me has dado tres “pagas especiales” este año! Lo que estás haciendo es regalarme dinero, según tú “por ser tan buen humano”. No puedo aceptar tantos regalos de ti, eres demasiado generoso. Reserva ese dinero para cosas más importantes, por si algún día se rompe algo de la cafetería, o dáselo de sueldo a otro empleado.

—Es que es tan entrañable ver a un hombre tan bruto ser tan dulce con los clientes, que te mereces lo mejor… —sollozó Yako, emocionado, llevándose un pañuelo de papel a los ojos.

MJ, Cleven y la prometida de Kain no pudieron evitar reírse con ganas. A Cleven le sorprendió un poco oír a MJ reírse también así. Estaba acostumbrada a verla siempre tranquila y seria, pero al parecer estas pequeñas bobadas de Yako la hacían sucumbir. Y en especial por esa mirada. Esa mirada que, después de reírse, MJ no podía apartar de él, y dejó en su cara una sonrisa duradera y hermosa.

—Oh, por Dios… —Cleven se llevó las manitas a las mejillas, extremadamente enternecida con esta particular situación entre MJ y Yako, donde claramente ella estaba colada hasta los huesos y él parecía no darse ni cuenta—. Sois tan monos como un K-drama…

—¿Eh? —brincó MJ, mirándola sin entender.

—Uy, Cleven… ¿Seguro que no has bebido más alcohol? —empezó a sospechar Yako de su actitud atontada.

—¡Ja! Mira que eres aburrido con eso, Yako, aquí todo el mundo bebe menos tú —se rio Kain.

—Es verdad, Yako —corroboró su prometida—. ¿Por qué no bebes nada? Tienes que disfrutar tú también.

—He de estar sobrio para poder estar atento y poner orden si ocurre algún incidente —se defendió Yako. «Y porque necesitaría cinco botellas de vodka para siquiera empezar a estar un poco ebrio y es una pérdida de dinero» pensó para sus adentros—. Además, Momoki tampoco ha bebido nada.

De repente Yako se tapó la boca, mirando a MJ con sobresalto. Los otros tres vieron cómo esta le lanzó una mirada asesina.

—¡Serás...!

—¡Lo siento! —se apuró Yako—. ¡Se me ha escapado!

—¡Yo te mato! —rugió la chica.

—¡Mamááá! —se asustó y salió pitando.

—¡No huyas, te voy a dar una somanta de...!

No se escuchó lo último que dijo, los dos se perdieron de vista al interior de la casa.

—Pero ¿qué acabba de pasar? —rio Cleven.

—Hahaha… Yako ha dicho el nombre de MJ cuando ella nos lo tiene prohibido —contestó Kain.

—¿MJ se llama Momoki? Sé que a algunos les parece un poco cursi llamarse “melocotonero”, pero ¿qué tiene de malo?

—Es que la madre de MJ, cuando era joven, tenía de mascota una gatita naranja llamada Momoki a la que adoraba, y cuando murió y nació MJ, pues le puso ese mismo nombre. A MJ no le hace mucha gracia llevar el nombre que su madre le puso a su gata.

—Buah... pueds a mí me parece un… nombre muy bonito —a Cleven ya le estaba empezado a fallar la vocalización de toda la leche de pantera que se había bebido por error.

—Hahah… qué pedo tiene esta chica —carcajeó Kain.

—Pero una cosa... ¿Yako y MJ tienen algo entre ellos? —quiso saber Cleven.

Kain y la otra negaron con la cabeza, sonrientes.

—¿Pero ella...?

—Es un tema más complicado de lo que parece —le explicó Kain—. Que una chica mantenga una relación sentimental con Yako es… bastante complicado.

—¿Es porque acaban obsesionándose con él? MJ me… hip… —le dio hipo—… me contó antes lo de sus exnovias.

—No es sólo por eso —suspiró Kain, y por primera vez en la noche se mostró un poco apenado—. Yako es un ser… Yako es una persona diferente. Y tiene que tener cuidado.

Cleven arrugó el ceño y ladeó la cabeza, sin entender bien eso.

—Por cierto —les dijo Cleven—. Yako me dijo que es chino, y habla japonés muy bien. Pero desdde que lo conozco… hip… le he oído pronunciar a veces algunas palabras en otro idioma.

—Hahah, ¡seguro! Yako habla 11 idiomas —se rio Kain.

Quoi? —Cleven se quedó pasmada ante ese dato. Eso le recordaba a su padre, el cual, que ella supiera, hablaba más de quince idiomas—. ¿Por qué habla tantos idiomas? ¿Es un hobby?

—No, él simplemente habla sus idiomas maternos.

—¿Cómo puede… hip… tener 11 idiomas mateddnos?

—Bueno, Yako, aparte de chino, habla italiano porque es medio italiano, por parte de madre. También habla árabe, por parte de su abuela paterna. Y coreano, por parte de su bisabuela paterna. Y alemán, por parte de su tatarabuela…

Cleven escuchó anonadada esa lista de antepasadas de Yako. Creyó recordar que Kain enumeró como 17 antepasadas y 11 de ellas provenían de diferentes países del mundo y el resto eran de China. Incluso había una tatarabuela turca, otra japonesa y otra africana de Nigeria.

—¡Yako tiene genética de todo el planeta! ¡Guau! Ezs… espera, pero ¿cómo sabes toddo eso…? Hip… O sea, ¿cómo es que sabes su árbol genealógico?

—Bah, no es ningún secreto para sus amigos cercanos… y para tres millones de iris —añadió Kain en voz baja y disimuló mientras tomaba un sorbo de su lata de cerveza.

—Increíble, Yako de verddad es… hip… una persona fascinante. Pero me pregunto… bueno… espero no estar preguntando algo… hip… muy personal… pero me preguntaba… O sea, él ya me dijo que su padre murió cuando él tenía unos 4 años, pero ¿qué pasó con su madre?

—Me temo que también murió —lamentó Kain—, cuando él todavía era un bebé. Su madre era joven, pero enfermó de leucemia. Se llamaba Juno Moretti, y dicen que solía ser una mujer muy alegre, vivaz y generosa. Prácticamente como Yako. Yako no se acuerda de ella, obviamente, pero su padre siempre le hablaba de ella y le enseñó a hablar italiano por ella.

—Entonces... —murmuró Cleven con pena—. ¿Yako está solo? ¿No tiene familia?

—Tiene un abuelo paterno. Pero su abuelo... —titubeó, sin saber qué decir—… es… una persona aún más complicada.









82.
Leche de pantera

El joven Zou se puso al lado de su amigo y observó de nuevo cómo el rubio llenaba el tercer vaso de vodka y se lo bebía a palo seco.

—¿Qué estás haciendo?

—Beber. ¿O a ti qué te parece? —contestó Raijin, claramente con aire molesto.

—A mí me parece que sí, que estás bebiendo. Pero bebiendo como un humano —le dijo, cruzándose de brazos.

—Entonces, por fin hago algo “normal”, ¿no? Me mimetizo, haciendo lo que aquí todos estos humanos hacen —se llevó el cuarto vaso a los labios, pero Yako lo frenó, bajándole el brazo, sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos.

—Nadie aquí está bebiendo ahora como si anhelase perder el conocimiento para huir de algún conflicto emocional irresoluto.

—Basta. No hagas eso —le advirtió Raijin, esta vez mirándolo a los ojos, alterado—. No me analices. Si renunciaste a ser un Zou, no me analices como si fuera uno de tus iris.

—¡Raijin! —protestó Yako.

El rubio se quedó callado, dándose cuenta de lo irracional que se estaba comportando. La verdad, no estaba llevando una buena noche desde lo del beso. Se frotó los ojos, fatigado.

—Raijin, eres mi “hermano”.

—Perdóname. Tienes razón —acabó dejando esa cuarta copa de vodka en la encimera—. Estoy… sólo estoy un poco… confuso.

—¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?

—No. No sé…

—¿Tiene que ver con Cleven?

Raijin volvió a levantar la mirada hacia él.

—¿Lo sabes?

—Ella ya me ha contado… que habéis tenido un momento especial antes, junto al estanque. Una conexión que habéis sentido el uno por el otro.

—Sí… algo así… —bajó la mirada de nuevo, e hizo un pequeño ademán de mirar a Cleven de reojo, allá sentada en la isla central, pero no se atrevió—. Es que…

—No hace falta que me expliques nada, Rai —le sonrió, sujetándolo de los brazos—. Lo que estás sintiendo en ella es totalmente comprensible, es lo esperado.

—¿Tú… esperabas que esto empezase a pasar? —se sorprendió.

—Estás generando sentimientos naturales por ti mismo. Estás sintiendo de forma natural como haría cualquier humano o iris común. Sabes que esto solamente te ocurre con las personas que empiezan a importarte mucho. Por eso, estás confuso, porque tu iris se empeña en darle una razón lógica a esto que estás sintiendo.

—Pero es que tiene que haberla, y no logro hallarla.

—Tu iris te está tratando de convencer de que esa chica aún es una extraña cuando en realidad se está haciendo muy cercana a ti, e importante. Lo sé, lo he notado estos días entre vosotros. Por eso, esta vez tienes que abrir más tu corazón y cerrar un poquito la racionalidad de tu iris, y verás que dejarás de sentirte confuso.

Raijin puso una mueca dubitativa.

—Escucha. No te preocupes, Rai —le sonrió Yako con más candor—. Estás descubriendo lo que se oculta dentro de Cleven y lo que se oculta dentro de ti. Estás a punto de averiguar el misterio, de confirmar esta corazonada que tienes. Tu conexión con ella es real. Tenéis una conversación pendiente… para que la verdad salga a la luz.

Raijin no dijo nada por un rato. Sabía que Yako tenía razón, tenía que aclarar sus sentimientos con Cleven, confirmarlos, y no dejarlos al aire sin resolver. Lo que le sorprendía un poco era ver que Yako parecía estar deseando que esto ocurriera entre él y Cleven. Yako sabía que Raijin siempre prefería salir con chicas de su edad o mayores, porque para Raijin era crucial salir con alguien que tuviera una alta madurez y que no fuera demasiado infantil o ilógico.

A pesar de que Cleven había demostrado estar un poco loca a veces, las conversaciones importantes que había tenido con ella, aunque pocas, habían llegado a sorprender mucho a Raijin. Aunque Cleven fuese cuatro años más joven, había notado que, bajo esa fachada de loca glotona y a veces caprichosa e inmadura, había en realidad una humana que sabía observar, entender, ponerse seria cuando era necesario y dar importancia a las cosas que lo merecían. Y eso atraía a Raijin enormemente. Eso, y más cosas. En especial, esa misteriosa energía que no paraba de detectar emanando de ella.

También, Yako sabía que Raijin tenía la misma barrera que habían tenido él y Sam respecto a recordar quién era Cleven, que la conocían de hace muchos años, que era una amiga de ellos en el pasado, pero que Fuujin les había modificado la memoria a todos en un intento de evitar reconocerse o recordarse a través del nombre y del aspecto. Yako quería que esa nube puesta en la memoria de Raijin, al igual que había sucedido con él y con Sam, se disipase, pero de forma natural. Que la propia Cleven se la disipase, teniendo con ella esa conversación pendiente para aclarar todo.

No obstante, Cleven tenía razón en algo, y es que seguía habiendo una persona que Raijin no conseguía quitarse de la cabeza. Yue seguía en su mente, constantemente; y con ella, un persistente sentimiento de tristeza y de culpabilidad que dificultaba su capacidad de tomar decisiones cuando se trataba de amar a alguien nuevo.

Por eso, se vio que Raijin todavía necesitaba un poco más de tiempo, cuando, sin previo aviso, dio media vuelta y se marchó de la cocina, pasando junto a la isla del centro sin mirar a Cleven. Se perdió de vista ente el gentío y la música del salón. Cleven se quedó mirando hacia esa dirección, pensativa.

—Lo siento —se acercó Yako a ella—. He intentado ayudar.

—Creo que lo has hecho —afirmó ella—. No quiere hablar conmigo ahora mismo, pero creo que está más dispuesto que antes a considerarlo. Lo dejaré en paz un rato, no quiero presionarlo. Iré yo misma a hablar con él, más tarde. Si es que él quiere.

—¿No estás enfadada o molesta con él por su tozudez y empeñarse en ignorarte e incluso evitar mirarte a la cara?

—¡No! —exclamó sorprendida, y luego sonrió—. Claro que no, ¿por qué me iba a enfadar con él? Yo lo que veo en él es que está tenso, y agobiado, y frustrado, y mal… Lo único que quiero de él es que deje de sentir cosas malas y sienta cosas buenas. Si consigo averiguar el modo de ayudarlo a sentirse mejor… Quiero verlo sonreír por una vez…

Cleven suspiró y apoyó la barbilla en una mano, mirando hacia allá, hacia el gentío. A Yako, a su lado, se le formó una sonrisa cálida en la cara tras escucharla decir eso. Hacía siete años que no le pasaba esto, pero no era la primera vez, y es que, en aquel lejano tiempo de sus infancias, a veces sentía una extraña fascinación por Cleven por cosas que hacía o decía.

Le vinieron a la memoria algunas ocasiones del pasado en que ella le evocaba esta rara fascinación. Curiosamente, a Alvion también le ocurría, sentir hacia la pequeña Cleven de aquel entonces una atracción especial. Le estaba volviendo a pasar ahora a Yako. Y estaba convencido de que era debido a que Cleven poseía una alta cantidad de energía Yang. Y los Zou adoraban todo lo que contuviese una enorme cantidad de esta energía. Como los iris.

De pronto, se oyó a alguien exclamar el nombre de Yako. Ambos vieron a una chica muy bien vestida y bastante guapa abriéndose paso entre la gente del salón, dirigiéndose a la zona de la cocina, sin parar de agitar el brazo para llamar la atención de Yako. Cleven miró a este, preguntándose si era otra buena amiga suya, pero encontró al chico con una cara un poco espantada, que rápidamente trató de disimular con una sonrisa nerviosa.

—Aeh… disculpa, Cleven, tengo que… —no sabía qué decir, y aquella chica ya estaba a punto de llegar hasta ellos—. Luego te veo —concluyó Yako, se marchó corriendo de allí, huyendo.

—¡Yako, vamos, por favor, cariño…! —rogaba esa chica, intentando seguirlo, difícilmente con tanta gente por medio—. ¡Sólo te pido una vez, sólo una vez más…! ¡Esta noche tan estupenda nos lo está poniendo en bandeja…!

—¿Pero qué carajos…? —Cleven observaba aquello, sin entender nada—. ¿Qué le pasa a esa?

—Es una de sus exnovias —le respondió una voz al lado.

Cleven pegó un bote sobre el taburete, dándose un susto, y al girarse, encontró a MJ ahí cruzada de brazos y con cara de muy malas pulgas.

—¡Contra! MJ, qué susto… —suspiró Cleven—. Espera, ¿qué? ¿Esa chica es una ex de Yako?

—Sí —gruñó—. Siempre están igual. Cada vez que ven la ocasión, lo persiguen. Siempre con lo mismo…

—Oh… ¿En plural?

—Menudos pulpos… —siguió refunfuñando MJ, mientras se ponía a comer un sándwich tras otro, como si estuviera enfadada con los sándwiches—. No se enteran… Si Yako cortó con ellas, significa que no quiere, y si él no quiere, pues no quiere… pero ellas no pillan el mensaje, y no paran de molestarlo…

—Ahm… —Cleven empezó a entender lo que estaba diciendo MJ, y de repente sintió una enorme curiosidad por la vida amorosa de Yako—. ¿Yako tiene muchas ex?

—No muchas. Él no es de salir con cientos de chicas, él es más de entablar relaciones sanas y estables y duraderas… pero cuando dejan de ir bien, pues se acaban.

—¿Por qué Yako cortó con ellas?

—No le dejaban más remedio. Cada vez que Yako sale con una nueva chica, al principio todo está bien, pero al paso de los meses, se acaban volviendo… demasiado fanáticas, ¿sabes lo que te quiero decir? Se obsesionan con Yako hasta un punto en que dejan de tratarlo como a su pareja y comienzan a tratarlo como si fuera un dios… A ver, no digo que no lo entienda —MJ empezó a sonrojarse mientras cogía un cuenco de patatas fritas y se las comía a puñados—, porque es cierto… él es perfecto… es… increíble… y…

Ahora Cleven tenía los ojos absortos en MJ, triplicando su curiosidad en ella.

—Lo que quiero decir es… que ellas no terminan de entender que Yako ya no quiere nada con ellas, ¿sabes?

—Sé, sé —asintió Cleven, comiendo también patatas fritas de su bol—. Cuéntame más.

—Lo que me molesta es que Yako ya no sabe cómo hacérselo entender, dice que ya ha hablado con ellas todo lo que ha podido e intentado ser lo más claro posible, pero es que yo le digo que tiene que ponerse más serio, ser más estricto, más tajante… pero no, es que no es capaz, es demasiado amable y le cuesta muchísimo ser más tajante.

—Sí, pareces muy pero que muy molesta —asintió Cleven, atrapada en este pequeño culebrón—. ¿Te da celos?

—¿Celos? —se puso más roja—. ¡Oh, no, no! Es que… Yako es mi mejor amigo, ¿sabes? Hace ya tres años que lo conozco, y… Yo lo ayudé a reformar y a resucitar la cafetería, porque había estado cerrada quince años desde la muerte de su padre y a Yako le costaba mucho volver a entrar en ese lugar, pero al mismo tiempo lo deseaba mucho, reabrir la cafetería de su padre, y desde entonces hemos estado muy unidos… y me preocupo por él, nada más.

—Ajá, claro, claro. ¿Te da miedo que esas exnovias, después de tanto pedirle a Yako volver juntos, logren convencerlo?

—¿Qué? No, ellas no le… —MJ empezó a tartamudear un poco—. Volver a salir juntos no es… lo que ellas le piden.

—¿Eh?

—Ellas ya entendieron hace tiempo que no tenían posibilidad de que Yako aceptara volver a salir con ellas.

—¿Entonces? ¿Qué es lo que le piden cuando lo persiguen? ¿Qué le estaba pidiendo esa chica de antes con lo de “sólo una vez más”?

De repente la cara de MJ se volvió tan roja que parecía incandescente, y miraba a la mesa fijamente. Cleven no lo estaba entendiendo en ese momento, pero estaba disfrutando de descubrir esta faceta de MJ. En la cafetería siempre la había visto comportarse diligentemente, seria, responsable… nada que destacase por encima de lo normal. No sabía por qué, pero ahora le parecía adorable verla tan evidentemente celosa.

Entonces, Cleven terminó descifrando ese silencio acalorado y abochornado de MJ, y se le abrieron los ojos como platos. Cleven nunca se había fijado en Yako de esa manera porque ella sólo tenía ojos para Raijin, pero al parecer el joven Zou tenía… otras muy buenas cualidades, aparte del carácter amable y su bello rostro risueño y angelical. Hasta el punto de que aquella exnovia viniera a perseguirlo para suplicarle “una vez más”… Ahora fue Cleven la que se sonrojó, porque no esperaba aprender este dato de Yako. Las dos se quedaron calladas un rato.


Más tarde, a eso de medianoche, en un momento más relajado de la fiesta y a salvo de exnovias locas, Yako, MJ, Cleven, Kain y su prometida se encontraban sentados en una mesa del jardín trasero, disfrutando de la noche y el ruido de fondo. Estaban cerca de la piscina, una piscina no muy grande que sólo ocupaba un tercio del terreno. Estaba iluminada con focos de luz sumergidos, por lo que el jardín estaba medio alumbrado por esa azulada luz, creando un ambiente agradable. Había más gente por el jardín, hablando, riendo, bailando y bebiendo. La música se oía más dentro de la casa y no tanto aquí fuera.

Durante la hora anterior, como Cleven había perdido el ala protectora de Yako porque este tuvo que huir de aquella ex y MJ se había acabado yendo detrás de él para ayudarlo, se había quedado sola, pero como ya no tenía ninguna preocupación o miedo de poder moverse por allí por su cuenta, se puso a socializar un poco. Había encontrado a Kain y a su prometida por ahí charlando con unos compañeros de universidad de Yako, y Kain la había invitado a unirse para ayudarlo a ganar un debate sobre cuál era la correcta pronunciación de unas palabras en francés.

Después de unas risas y hablando de anécdotas, Cleven acabó con mucha sed y fue a buscar algo de beber. Fue a una mesa del salón principal que estaba en una esquina, donde reposaban vasos, botellas de alcohol, botellas de refrescos o sodas, cubiteras de hielo, frutas cortadas muy apetecibles y un par de jarras de cristal que contenían un líquido blanco. Estas llamaron la atención de Cleven, porque pensó que era leche, leche de vaca normal y corriente. Y se preguntó por qué demonios había leche en jarras en una fiesta universitaria. «Quizá sea para hacer una mezcla con otras bebidas» pensó en aquel momento, acercando la nariz a una de esas jarras para olisquear. «Mmm… Esto no huele a leche, huele muy dulce. ¿Será como una horchata? ¡Oh! Capto olor a canela. Seguro que es un batido de leche con alguna fruta o con azúcar… Sí… huele a batido dulce. Me apetece mucho algo dulce. Le prometí a Yako que no bebería más alcohol, así que beberé este batido».

Sedienta, Cleven cogió un vaso y lo llenó hasta arriba de esa bebida. Se puso una pajita y lo probó. «¡Woooh! ¡Qué rico! Sabe a leche condensada y a canela… y también un poco a menta. ¡Qué bueno está!».

La pobre Cleven, ignorando que aquello en realidad era leche de pantera y que llevaba bastantes grados de alcohol, tapados bajo ese sabor dulce, se bebió tres vasos durante aquella hora. Y por eso, ahora, en el jardín, ya estaba empezando a mostrar síntomas de ebriedad, a ver borroso y a tener las mejillas rojas y una sonrisilla boba en la cara.

—Hey, Cleven, ¿te encuentras bien? —se percató Yako, cortando su conversación con los otros un momento.

—¿Yo? De maravilla —sonrió de nuevo como una boba, medio atolondrada.

—Se ha empachado de bocadillos —apuntó Kain—. La he visto comer kilos de bocadillos. Es increíble. Esta chica tiene un agujero negro en el estómago.

—Es que los bocadillos de Yako están demasiado buenos… —se defendió Cleven—. Especialmente los de pollo al curry con esa extraña mezcla de yogur agrio y cebollino… ¡Esos son mis favoritos, estaban espectaculares!

—¡Hahah! —se rio Yako, y miró a MJ, que en ese momento agachó la cabeza y se sonrojó—. Esos los ha hecho MJ. Es uno de los nuevos rellenos que se ha inventado.

—¡MJ, ¿qué?! —Cleven se abalanzó hacia ella, agarrándola de un brazo, dándole un susto de muerte—. Pues que sepas que son los mejores sándwiches que he probado… —se interrumpió un momento porque le dio hipo—. Eres una diosa de la cocina, MJ…

—¿Ves? —le dijo Yako a su compañera de clase—. Te dije que esa receta tuya iba a triunfar. Hace una hora que se acabaron esos sándwiches, se acabaron antes que los demás.

—Bueno… —MJ se rascó la mejilla con una sonrisa tímida.

—Perdona, Kain, ¿me estabas diciendo que finalmente has decidido dejar la cafetería? —reanudó Yako su conversación con el otro.

—Sí, así es —le decía el hombre, sentado junto a su prometida y agarrando su mano—. Dentro de dos meses, cuando ya hayamos celebrado la boda y todo, estaré demasiado ocupado terminando los últimos exámenes de mi carrera y buscando con mi mujer una nueva vivienda, donde iremos formando una familia en un futuro próximo. Por lo que ya no dispondré de tiempo para seguir trabajando en la cafetería. A pesar de que adoro ese trabajo. Espero que no te importe.

—¡Para nada! —sonrió Yako—. Me parecen fantásticos esos proyectos que tienes en mente. Te echaremos de menos en la cafetería, eso sin duda, pero te espera el inicio de una vida muy feliz y no puedo desear otra cosa. Por favor, Kain, acepta esa paga especial que ya te mencioné. Déjame despedirte de la cafetería con esa paga extra, para la boda, o lo que quieras…

—¡Yako, ya me has dado tres “pagas especiales” este año! Lo que estás haciendo es regalarme dinero, según tú “por ser tan buen humano”. No puedo aceptar tantos regalos de ti, eres demasiado generoso. Reserva ese dinero para cosas más importantes, por si algún día se rompe algo de la cafetería, o dáselo de sueldo a otro empleado.

—Es que es tan entrañable ver a un hombre tan bruto ser tan dulce con los clientes, que te mereces lo mejor… —sollozó Yako, emocionado, llevándose un pañuelo de papel a los ojos.

MJ, Cleven y la prometida de Kain no pudieron evitar reírse con ganas. A Cleven le sorprendió un poco oír a MJ reírse también así. Estaba acostumbrada a verla siempre tranquila y seria, pero al parecer estas pequeñas bobadas de Yako la hacían sucumbir. Y en especial por esa mirada. Esa mirada que, después de reírse, MJ no podía apartar de él, y dejó en su cara una sonrisa duradera y hermosa.

—Oh, por Dios… —Cleven se llevó las manitas a las mejillas, extremadamente enternecida con esta particular situación entre MJ y Yako, donde claramente ella estaba colada hasta los huesos y él parecía no darse ni cuenta—. Sois tan monos como un K-drama…

—¿Eh? —brincó MJ, mirándola sin entender.

—Uy, Cleven… ¿Seguro que no has bebido más alcohol? —empezó a sospechar Yako de su actitud atontada.

—¡Ja! Mira que eres aburrido con eso, Yako, aquí todo el mundo bebe menos tú —se rio Kain.

—Es verdad, Yako —corroboró su prometida—. ¿Por qué no bebes nada? Tienes que disfrutar tú también.

—He de estar sobrio para poder estar atento y poner orden si ocurre algún incidente —se defendió Yako. «Y porque necesitaría cinco botellas de vodka para siquiera empezar a estar un poco ebrio y es una pérdida de dinero» pensó para sus adentros—. Además, Momoki tampoco ha bebido nada.

De repente Yako se tapó la boca, mirando a MJ con sobresalto. Los otros tres vieron cómo esta le lanzó una mirada asesina.

—¡Serás...!

—¡Lo siento! —se apuró Yako—. ¡Se me ha escapado!

—¡Yo te mato! —rugió la chica.

—¡Mamááá! —se asustó y salió pitando.

—¡No huyas, te voy a dar una somanta de...!

No se escuchó lo último que dijo, los dos se perdieron de vista al interior de la casa.

—Pero ¿qué acabba de pasar? —rio Cleven.

—Hahaha… Yako ha dicho el nombre de MJ cuando ella nos lo tiene prohibido —contestó Kain.

—¿MJ se llama Momoki? Sé que a algunos les parece un poco cursi llamarse “melocotonero”, pero ¿qué tiene de malo?

—Es que la madre de MJ, cuando era joven, tenía de mascota una gatita naranja llamada Momoki a la que adoraba, y cuando murió y nació MJ, pues le puso ese mismo nombre. A MJ no le hace mucha gracia llevar el nombre que su madre le puso a su gata.

—Buah... pueds a mí me parece un… nombre muy bonito —a Cleven ya le estaba empezado a fallar la vocalización de toda la leche de pantera que se había bebido por error.

—Hahah… qué pedo tiene esta chica —carcajeó Kain.

—Pero una cosa... ¿Yako y MJ tienen algo entre ellos? —quiso saber Cleven.

Kain y la otra negaron con la cabeza, sonrientes.

—¿Pero ella...?

—Es un tema más complicado de lo que parece —le explicó Kain—. Que una chica mantenga una relación sentimental con Yako es… bastante complicado.

—¿Es porque acaban obsesionándose con él? MJ me… hip… —le dio hipo—… me contó antes lo de sus exnovias.

—No es sólo por eso —suspiró Kain, y por primera vez en la noche se mostró un poco apenado—. Yako es un ser… Yako es una persona diferente. Y tiene que tener cuidado.

Cleven arrugó el ceño y ladeó la cabeza, sin entender bien eso.

—Por cierto —les dijo Cleven—. Yako me dijo que es chino, y habla japonés muy bien. Pero desdde que lo conozco… hip… le he oído pronunciar a veces algunas palabras en otro idioma.

—Hahah, ¡seguro! Yako habla 11 idiomas —se rio Kain.

Quoi? —Cleven se quedó pasmada ante ese dato. Eso le recordaba a su padre, el cual, que ella supiera, hablaba más de quince idiomas—. ¿Por qué habla tantos idiomas? ¿Es un hobby?

—No, él simplemente habla sus idiomas maternos.

—¿Cómo puede… hip… tener 11 idiomas mateddnos?

—Bueno, Yako, aparte de chino, habla italiano porque es medio italiano, por parte de madre. También habla árabe, por parte de su abuela paterna. Y coreano, por parte de su bisabuela paterna. Y alemán, por parte de su tatarabuela…

Cleven escuchó anonadada esa lista de antepasadas de Yako. Creyó recordar que Kain enumeró como 17 antepasadas y 11 de ellas provenían de diferentes países del mundo y el resto eran de China. Incluso había una tatarabuela turca, otra japonesa y otra africana de Nigeria.

—¡Yako tiene genética de todo el planeta! ¡Guau! Ezs… espera, pero ¿cómo sabes toddo eso…? Hip… O sea, ¿cómo es que sabes su árbol genealógico?

—Bah, no es ningún secreto para sus amigos cercanos… y para tres millones de iris —añadió Kain en voz baja y disimuló mientras tomaba un sorbo de su lata de cerveza.

—Increíble, Yako de verddad es… hip… una persona fascinante. Pero me pregunto… bueno… espero no estar preguntando algo… hip… muy personal… pero me preguntaba… O sea, él ya me dijo que su padre murió cuando él tenía unos 4 años, pero ¿qué pasó con su madre?

—Me temo que también murió —lamentó Kain—, cuando él todavía era un bebé. Su madre era joven, pero enfermó de leucemia. Se llamaba Juno Moretti, y dicen que solía ser una mujer muy alegre, vivaz y generosa. Prácticamente como Yako. Yako no se acuerda de ella, obviamente, pero su padre siempre le hablaba de ella y le enseñó a hablar italiano por ella.

—Entonces... —murmuró Cleven con pena—. ¿Yako está solo? ¿No tiene familia?

—Tiene un abuelo paterno. Pero su abuelo... —titubeó, sin saber qué decir—… es… una persona aún más complicada.





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