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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 2: La Búsqueda __









88.
Raijin y Fuujin

El rubio conservó la calma como pudo, porque sabía que no había hecho nada malo de lo que Neuval lo acusaba, y confiaba en que podía razonar con él. O al menos, eso esperaba, porque cuando se trataba de Cleven, Neuval se volvía ferozmente protector.

—¡Otra vez te está dominando un majin! ¡Desaparece de Brey! ¿¡Me oyes, maldito majin!?

—¿Qué? —saltó Raijin—. Neuval, no me está dominando un majin, nadie me ha contagiado ninguno en años. Te estás equivocando con esta situación. ¡Soy yo mismo!

—¡No me lo creo! Sé que Cleven ha estado contigo todo este tiempo, ¡y no me has llamado de inmediato para informarme! ¿¡Por qué me lo has ocultado!? Tenías algún propósito, ¿no? Los majin sólo tienen uno y es el puro beneficio propio. ¡Te prohibí acercarte a mis hijos! ¡Eres un peligro!

—¡Basta! —saltó Raijin, apretándole el brazo que agarraba el cuello de su chaqueta—. ¡No soy más peligroso de lo que eres tú, Neuval! Te digo que no tengo ningún majin ahora mismo, ¡pero lo tendré si tú acabas contagiándome el tuyo! ¡Lo despertarás si sigues alterándote de esta manera irracional! Y no puedo permitir que vuelva a pasar... —masculló, dejando entrever en su severa mirada un sentimiento auténtico de rabia y miedo—. No puedo dejar que nadie me contagie esa mierda de nuevo... No ahora que tengo a Daisuke y a Clover...

—¡Basta! ¡No intentes persuadirme o distraerme! Los majin son expertos en eso... ¿Qué le has hecho a mi hija? ¿¡Qué le has hecho!?

—¡Neuval! ¡Cálmate de una vez, ¿quieres?!

—¿¡Que me calme!? No podré ir tras ella hasta que me haya asegurado de que no eres una amenaza. ¡Te vas a enterar por lo que quiera que le hayas hecho para que ella saliera corriendo y llorando! ¡Y por no haberme dicho que ella ha estado contigo todo este tiempo!

—¡Te lo habría dicho si hubiese sabido que ella era Cleven! ¡Acabo de descubrir quién es!

Neuval apretó los dientes y su ojo izquierdo desprendió un destello blanco, perdiendo la paciencia. Apuntó a Raijin con una mano y lo elevó unos metros sobre el suelo, haciendo que el aire lo presionara contra la pared del edificio que tenían justo al lado, y lo sostuvo ahí. El edificio estaba vacío porque estaba en obras, por lo que por ahora estaban a salvo de testigos. Raijin, notando esa presión contra su cuerpo y que le dificultaba respirar, arqueó los dedos de las manos y generó pequeñas pero potentes corrientes eléctricas. No dudaría en descargar un rayo contra él si veía que se pasaba de la raya y peligraba su vida. Pero por eso debía tener cuidado de no lanzárselo precipitadamente, podía acabar despertando el majin de Neuval por completo.

Por su parte, Neuval vio esa advertencia, y le hizo darse cuenta de que no debía extralimitarse, por muy enfadado que estuviera. Pero lo mantuvo ahí arriba.

—Dime... qué le has hecho —repitió lentamente.

—Sí... —dijo Raijin—. He estado todo este tiempo con ella, eso es cierto. Pero, hasta ahora, yo no tenía ni idea de que ella era Cleven. Y ella tampoco tenía idea de quién era yo. Apareció hace una semana en la cafetería de Yako, acompañada por él. Coincidieron en el autobús. Yako la trajo a la cafetería, él tampoco sabía que ella era Cleven. Ni siquiera yo me acordaba de su aspecto, Neuval, ni se me pasó por la cabeza que podía ser ella, ¡ni su nombre! ¿Me metiste una nube en la cabeza?

—Lo hice con todos. Excepto con Nakuru y Kyo por razones particulares. Para evitar cualquier conexión, para que en caso de volver a veros, os vierais como desconocidos y pasarais de largo.

—Pues ya me has oído, eso fue lo que pasó.

—¿¡Qué probabilidades había!? —rechistó Neuval con fastidio—. ¿¡En un autobús!? ¿¡Y justo coinciden y se ponen a hablar y a ser amigos!?

—¿Te jode no poder controlar las casualidades de la vida? ¡Ponte a la cola! —le espetó Raijin.

Neuval apretó los dientes, rabioso. Hace siete años, no sólo borró la memoria de Cleven, modificó la de algunas personas más. La Técnica de Denzel de Borrado de Memoria, a pesar del nombre, en realidad no podía borrar recuerdos. Lo que hacía era sepultarlos, taparlos. Podía hacerlo en mayor o menor grado, parcialmente o por completo. Neuval no llegó a ver justo ni llegó a ser capaz de sepultar en las mentes de Yako y de los demás todos los recuerdos del pasado que tenían de Cleven y de Yenkis por completo –de Lex no, porque él tenía una situación diferente–. Creyó suficiente con poner una “nube”, o así era como llamaban a tapar un recuerdo de manera parcial. El peligro de la nube, es que podía evaporarse si alguien o algo les ayudaba a recordar, de forma específica, intencionada, como Nakuru decidió hacer con Yako y con Sam.

En verdad, a Neuval no le habría importado mucho el caso de Yako y de Sam. Los casos que sí le importaban mucho eran los de Raijin y de Drasik. A Raijin le puso más que una nube, le puso un muro, para hacer aún más difícil que recordara a Cleven en caso de volver a verla en algún futuro por la calle u oír su nombre repetidas veces.

Pero no había contado con una circunstancia así, en la que Cleven se fugaría de casa para buscar a su tío por un capricho o un anhelo inexplicable, en la que acabaría conociendo a Yako de casualidad, y en la que terminaría entablando relación y amistad con esos iris y ellos con ella. Jamás habría esperado que ocurriese lo contrario a sus intenciones. Era como si el destino se hubiera burlado de él.

—¿Por qué estaba huyendo de ti? —siguió mirando al rubio con frialdad.

Raijin cerró los ojos y respiró con calma, aún suspendido en el aire.

—Se ha enamorado de mí —confesó. Tenía que hacerlo, lo prefería antes de que Neuval decidiese leerle la mente y descubrirlo todo.

—¿Qué estás diciendo?

—Que se enamoró de mí, me lo ha declarado. Obviamente ella confunde el amor con la atracción, como todos los humanos, sobre todo de su edad. Es interés por mi misterio y atracción por mi físico lo que ella siente por mí, y yo esto lo sé porque soy un iris, pero ella no tiene nuestra mente, Neuval. Para ella es amor, para ella es importante. Y por eso le afecta tanto, porque acaba de descubrir que no soy un chico cualquiera con quien podría iniciar una relación sentimental. Ahora que ha descubierto quién soy y que es impensable una relación así… es obvio que se le ha partido el corazón.

—Maldito seas… —masculló.

—¡No es culpa mía, joder! —saltó, apretando los puños con rabia.

Neuval volvió a bajarlo al suelo, para agarrarlo del cuello de la chaqueta una vez más y empujarlo contra la pared del edificio.

—¡Podrías haberle quitado esos absurdos sentimientos, podrías haberle dicho desde el primer minuto que no se hiciera ilusiones contigo!

—¿De verdad crees que eso habría servido para algo? ¡Neuval! —se soltó de él por fin, dándole una sacudida en el brazo—. ¡He pasado siete años sin verla ni recordarla, pero ahora recuerdo bien cómo era ella en el pasado! ¡Y lo que le pasa a Cleven es que es igual que tú! ¡Se le mete un capricho en la cabeza y remueve cielo y tierra hasta satisfacerlo! ¡Te recuerdo que esto mismo es lo que te pasó a ti cuando conociste a mi hermana!

—¿¡Qué dices!?

—¡Te encaprichaste con ella nada más verla y proclamaste amor a primera vista, y daba igual lo mucho que ella te odiara y rechazara, pasaste un año entero yendo tras ella incansablemente y haciendo lo imposible por ganarte su corazón! Todos te decían que tirases la toalla, que era imposible. ¿Eso te detuvo?

Neuval se quedó callado. Se sonrojó un poco, pero mantuvo su expresión seria.

—Siempre presumías de que nadie puede controlarte ni frenarte, como un huracán —continuó Raijin—. Pero eso ya no te agrada cuando te das cuenta de que tu hija es igual. Y no hablo de lo de ahora, sino también de las cosas inexplicables que ella hacía en el pasado. Se ha fugado de casa, porque tú te has olvidado de cómo es ella realmente. Igual que tú te has olvidado de ti mismo.

—¿Y tú? —le interrumpió enseguida, pues no quería oír más de eso—. ¿Tú sentías algo por ella? ¿¡Qué habéis hecho hasta ahora!?

—Nada que te dé razones para descuartizarme ahora mismo —mintió—. Creo que debes dejarme a mí ir a hablar con ella ahora. Creo que es mejor que tú te mantengas al margen por ahora. En tu estado emocional actual, empeorarás el de ella. Por lo que puedo ver… no has mejorado tu problema de majin.

—Cuidado con lo que dices —le advirtió Neuval, apuntándole con un dedo—. Estás loco si crees que voy a dejarte acercarte a ella.

—Has venido aquí a evitar que un majin se acerque a tu hija, ¿no? Es el tuyo del que debes preocuparte, no del mío.

—¿Estás diciendo… que yo soy un peligro para mi propia hija?

Raijin no dijo nada, pero le respondió con un gesto obvio de las cejas. Eso sí que enfureció a Neuval y, con un impulso descontrolado, blandió un puñetazo hacia su cara. Sin embargo, Raijin era, por norma, el ser más veloz del mundo, y lo esquivó en una centésima de segundo. El puño de Neuval acabó chocando contra el muro del edificio y, además de un cráter, formó enormes grietas que llegaron hasta la azotea. Raijin siguió actuando rápido, de forma seria y controlada, y puso su mano contra el pecho de Neuval, propinándole una descarga eléctrica que lo derribó al suelo. Neuval se incorporó, pero no pudo levantarse, tenía los músculos agarrotados. Raijin lo miró en silencio, de pie, frente a él.

—Tranquilízate —le dijo el rubio—. Tienes que calmarte ya. Coge las riendas.

Neuval respiraba muy deprisa, pero no por la descarga, sino por la ansiedad. Cuando un iris enfermo empezaba a tener síntomas de majin, aquí se producía una división de la personalidad intermitente, y por ello, era un estado que dejaba al iris muy confuso, aturdido, caminando sobre el filo entre el control y el descontrol. Neuval empezó a recuperar su “yo” real poco a poco, mientras Raijin lo vigilaba. Finalmente, el parisino se puso en pie y siguió recuperando el aliento.

—¿Todavía quieres acercarte a Cleven así? —preguntó el rubio.

—Cállate… —suspiró.

—Por eso Alvion te andaba buscando estos días, ¿verdad? —adivinó, y no pudo ocultar una expresión apesadumbrada. Tenía serios roces con Neuval desde hace muchos años, pero nunca era agradable ver a un iris padecer esta enfermedad—. ¿Qué has hecho?

—Cállate. No es asunto tuyo.

—Lo es, si eso significa proteger a mi sobrina de tus problemas de control.

—¡Alvion ya está en camino de encargarse de eso, ¿vale?!

—¡Razón de más por la que tengo que ir yo a hablar con Cleven ahora!

—¿Y qué pretendes decirle?

—Tengo que hablar con ella sobre lo que nos ha ocurrido.

—No… No… Lo que tienes que hacer es llevarla a mi casa, que es donde debe estar, ¡y no volver a verla!

—¿Sabes por qué se fue de casa? —le interrumpió—. Porque estaba harta de vivir allí. Quiere vivir conmigo.

—Si ni siquiera te conoce. Tuve que borrarle la memoria, ¡no te recuerda!

—No importa. Ya es mayor como para que decidas todo por ella, Fuujin. Tienes que dejarla decidir por ella misma qué es lo que quiere hacer.

—¡No puedo hacer eso!

—¡Debes! —exclamó, dando un paso hacia él—. La has tenido encerrada en una mentira desde que Katya murió. Cleventine tiene que saber qué es lo que pasa, tiene que saber la verdad.

—De ser así, estaría en peligro.

—Pues entonces, al menos, déjala decidir qué hacer con su vida con lo poco que tiene ahora. Si la llevas de vuelta a casa, destrozarás su ilusión. La ahogarás del todo. ¡Volverá a escaparse! Sabes tan bien como yo que los humanos son extremadamente frágiles en estas situaciones. ¿Es eso lo que quieres?

—¿Cómo esperas que te la confíe a ti? ¡Todavía eres un crío, sólo tienes 20 años, acabas de cumplir la mayoría de edad!

—¡Ya no soy un niño, Neuval! —gruñó Raijin—. ¡Y mucho menos soy un ignorante en este campo! No finjas que no lo sabes, seguro que ya te enteraste desde el principio. ¡Todo el mundo se enteró! —alzó las manos con fastidio.

—¿¡Y qué!? ¿¡Después de cinco años cambiando pañales ya te crees un padre experto!?

—¡Más experto que tú a mi edad, loco chiflado!

—¿Qué te has creído, criajo? Tus gemelos todavía son pequeños, es fácil vigilarlos.

—¡Son mellizos!

—Pero Cleven ya no es pequeña, no será tan fácil de vigilar, Brey, ¡con una adolescente no es tan fácil como crees!

—¿Con quién te crees que estás hablando? —masculló Raijin, harto—. Soy un maldito iris de nacimiento, Neuval. ¡Llevo cinco años siendo padre! ¡Con la madre de mis hijos muerta tras el parto! ¡Y llevo siete años cuidando de la KRS, tu KRS, porque con tu exilio y tu depresión nos dejaste huérfanos! —acabó gritando con todas sus fuerzas, sintiendo puras emociones contenidas dentro durante años—. ¿¡No se te ocurrió pensar que la muerte de Katya me destrozó a mí también!?

Se produjo un silencio en toda la calle. Neuval no fue capaz de responder.

—Procuré seguir protegiendo y cuidando de todos, de nuestra KRS, a pesar de que tú creías que yo ya no era de fiar porque tuve aquel brote de majin aquella vez, sólo aquella única vez… —continuó Raijin—. Seguí cumpliendo con mi deber… a pesar de que ya no me quedaba familia alguna… Mis padres… Mi hermana… Izan… Mis sobrinos… Tú…

Neuval cerró los ojos, afligido.

—Hace apenas dos días, rescaté a tu sobrino de un problema, ¿lo sabías? —añadió Raijin.

—Te enteraste un poco tarde, de que Kyo tenía un problema —intentó desdeñar Neuval, terco, con tal de no darle la razón—. Te llamó Lao informándote…

—Si he aprendido algo estos siete años —le interrumpió el chico, tajante y sereno—, es que soy jodidamente más fuerte de lo que esperaba, y que me merezco con creces tu confianza. Y tu maldita gratitud.

Raijin sabía que no oiría de Fuujin palabras de gratitud, por esta relación difícil y distante que había habido entre ellos, pero al menos podía oír, precisamente en su silencio, que eso no se lo podía negar. Neuval eso lo reconocía. Incluso por un pequeño error de enterarse tarde de un problema con un miembro de la KRS, eso no le quitaba ningún mérito a todo lo demás con lo que Raijin había estado cargando sobre su espalda. El viejo Lao, cuando habló con él en el pub sobre la desaparición de Kyo, igualmente defendió a Raijin, diciéndole a Neuval que él también tenía una vida muy complicada. Y Neuval lo sabía, que el pequeño hermano de Katya había acabado cargando con todo y más durante esos siete años, y por eso no tenía ni tiempo para dormir ni para jugar siquiera con sus propios hijos de 5 años.

—Así que déjame ir con Cleven —concluyó Raijin—. Por una vez en tu vida, dale un voto de confianza a ella también. No es un frágil trozo de cristal. No la podrás proteger y alejar de este mundo y sus peligros eternamente. Sólo consigues ahogarla. Sé que para ti ella lo es todo, así que, si eso es verdad, déjala vivir de una vez como una persona libre. No puedes estar siempre teniendo miedo de perder a alguien más. Que a Katya le llegara a pasar aquello, no quiere decir que también le vaya a pasar a Cleven. Tú mismo lo has dicho, ella ya no es pequeña. Tienes que aceptar que ya es hora de dejarla tener su propia vida.

Neuval entornó los ojos, sin saber qué decir. Claro que deseaba la felicidad de su hija, por encima de todo. Y tras oír lo que le había dicho Raijin, tenía que contemplar definitivamente esa opción. Tenía razón, le daba pavor la sola idea de que le pasara algo malo a Cleven. Y ese pavor se intensificó cuando murió Katya, desde entonces Neuval fue incapaz de perder de vista a Cleven un solo segundo, y por ese miedo de perderla también a ella, la sobreprotegía hasta un punto que ya llegaba a ser excesivo.

Tenía que aceptar que ella no iba a ser su pequeña para siempre, y que debía dejarla empezar a tener su propia vida y sus propias decisiones. Neuval bajó la mirada con tristeza. Al parecer, no tenía más remedio, ya era tarde para hacer como si nada hubiera pasado. Le dolía reconocer que los hijos crecían, y que todos vivían en el mismo mundo, y por eso todos tenían derecho a conocer el mundo en el que vivían, tanto con sus cosas buenas como con sus cosas malas. Esas cosas malas siempre iban a estar ahí. Sólo podía confiar en que Cleven, como toda persona libre, aprendería a tomar su camino y enfrentarse por sí sola a lo que le deparase el futuro.

El rubio, leyendo en el suspiro agotado de su cuñado una ligera conciliación, se preguntó si esto significaba que Neuval había entrado en razón al final y le daba permiso para ir tras Cleven, porque el Fuu aún no parecía del todo convencido, la expresión de su rostro aún denotaba cierto conflicto y duda. Lo que le sorprendió a Raijin fue notar que, aparte de esos dos sentimientos, Neuval estaba padeciendo un gran peso de culpa consigo mismo. Una vez más.

Inesperadamente, se produjo un destello de luz junto a ellos, y aparecieron de la nada Denzel con Alvion y dos de sus guardianes vestidos con traje y corbata. Raijin se quedó perplejo al ver al anciano, y rápidamente adoptó una postura firme y respetuosa. Neuval, por su parte, cerró los ojos y protestó con fastidio.









88.
Raijin y Fuujin

El rubio conservó la calma como pudo, porque sabía que no había hecho nada malo de lo que Neuval lo acusaba, y confiaba en que podía razonar con él. O al menos, eso esperaba, porque cuando se trataba de Cleven, Neuval se volvía ferozmente protector.

—¡Otra vez te está dominando un majin! ¡Desaparece de Brey! ¿¡Me oyes, maldito majin!?

—¿Qué? —saltó Raijin—. Neuval, no me está dominando un majin, nadie me ha contagiado ninguno en años. Te estás equivocando con esta situación. ¡Soy yo mismo!

—¡No me lo creo! Sé que Cleven ha estado contigo todo este tiempo, ¡y no me has llamado de inmediato para informarme! ¿¡Por qué me lo has ocultado!? Tenías algún propósito, ¿no? Los majin sólo tienen uno y es el puro beneficio propio. ¡Te prohibí acercarte a mis hijos! ¡Eres un peligro!

—¡Basta! —saltó Raijin, apretándole el brazo que agarraba el cuello de su chaqueta—. ¡No soy más peligroso de lo que eres tú, Neuval! Te digo que no tengo ningún majin ahora mismo, ¡pero lo tendré si tú acabas contagiándome el tuyo! ¡Lo despertarás si sigues alterándote de esta manera irracional! Y no puedo permitir que vuelva a pasar... —masculló, dejando entrever en su severa mirada un sentimiento auténtico de rabia y miedo—. No puedo dejar que nadie me contagie esa mierda de nuevo... No ahora que tengo a Daisuke y a Clover...

—¡Basta! ¡No intentes persuadirme o distraerme! Los majin son expertos en eso... ¿Qué le has hecho a mi hija? ¿¡Qué le has hecho!?

—¡Neuval! ¡Cálmate de una vez, ¿quieres?!

—¿¡Que me calme!? No podré ir tras ella hasta que me haya asegurado de que no eres una amenaza. ¡Te vas a enterar por lo que quiera que le hayas hecho para que ella saliera corriendo y llorando! ¡Y por no haberme dicho que ella ha estado contigo todo este tiempo!

—¡Te lo habría dicho si hubiese sabido que ella era Cleven! ¡Acabo de descubrir quién es!

Neuval apretó los dientes y su ojo izquierdo desprendió un destello blanco, perdiendo la paciencia. Apuntó a Raijin con una mano y lo elevó unos metros sobre el suelo, haciendo que el aire lo presionara contra la pared del edificio que tenían justo al lado, y lo sostuvo ahí. El edificio estaba vacío porque estaba en obras, por lo que por ahora estaban a salvo de testigos. Raijin, notando esa presión contra su cuerpo y que le dificultaba respirar, arqueó los dedos de las manos y generó pequeñas pero potentes corrientes eléctricas. No dudaría en descargar un rayo contra él si veía que se pasaba de la raya y peligraba su vida. Pero por eso debía tener cuidado de no lanzárselo precipitadamente, podía acabar despertando el majin de Neuval por completo.

Por su parte, Neuval vio esa advertencia, y le hizo darse cuenta de que no debía extralimitarse, por muy enfadado que estuviera. Pero lo mantuvo ahí arriba.

—Dime... qué le has hecho —repitió lentamente.

—Sí... —dijo Raijin—. He estado todo este tiempo con ella, eso es cierto. Pero, hasta ahora, yo no tenía ni idea de que ella era Cleven. Y ella tampoco tenía idea de quién era yo. Apareció hace una semana en la cafetería de Yako, acompañada por él. Coincidieron en el autobús. Yako la trajo a la cafetería, él tampoco sabía que ella era Cleven. Ni siquiera yo me acordaba de su aspecto, Neuval, ni se me pasó por la cabeza que podía ser ella, ¡ni su nombre! ¿Me metiste una nube en la cabeza?

—Lo hice con todos. Excepto con Nakuru y Kyo por razones particulares. Para evitar cualquier conexión, para que en caso de volver a veros, os vierais como desconocidos y pasarais de largo.

—Pues ya me has oído, eso fue lo que pasó.

—¿¡Qué probabilidades había!? —rechistó Neuval con fastidio—. ¿¡En un autobús!? ¿¡Y justo coinciden y se ponen a hablar y a ser amigos!?

—¿Te jode no poder controlar las casualidades de la vida? ¡Ponte a la cola! —le espetó Raijin.

Neuval apretó los dientes, rabioso. Hace siete años, no sólo borró la memoria de Cleven, modificó la de algunas personas más. La Técnica de Denzel de Borrado de Memoria, a pesar del nombre, en realidad no podía borrar recuerdos. Lo que hacía era sepultarlos, taparlos. Podía hacerlo en mayor o menor grado, parcialmente o por completo. Neuval no llegó a ver justo ni llegó a ser capaz de sepultar en las mentes de Yako y de los demás todos los recuerdos del pasado que tenían de Cleven y de Yenkis por completo –de Lex no, porque él tenía una situación diferente–. Creyó suficiente con poner una “nube”, o así era como llamaban a tapar un recuerdo de manera parcial. El peligro de la nube, es que podía evaporarse si alguien o algo les ayudaba a recordar, de forma específica, intencionada, como Nakuru decidió hacer con Yako y con Sam.

En verdad, a Neuval no le habría importado mucho el caso de Yako y de Sam. Los casos que sí le importaban mucho eran los de Raijin y de Drasik. A Raijin le puso más que una nube, le puso un muro, para hacer aún más difícil que recordara a Cleven en caso de volver a verla en algún futuro por la calle u oír su nombre repetidas veces.

Pero no había contado con una circunstancia así, en la que Cleven se fugaría de casa para buscar a su tío por un capricho o un anhelo inexplicable, en la que acabaría conociendo a Yako de casualidad, y en la que terminaría entablando relación y amistad con esos iris y ellos con ella. Jamás habría esperado que ocurriese lo contrario a sus intenciones. Era como si el destino se hubiera burlado de él.

—¿Por qué estaba huyendo de ti? —siguió mirando al rubio con frialdad.

Raijin cerró los ojos y respiró con calma, aún suspendido en el aire.

—Se ha enamorado de mí —confesó. Tenía que hacerlo, lo prefería antes de que Neuval decidiese leerle la mente y descubrirlo todo.

—¿Qué estás diciendo?

—Que se enamoró de mí, me lo ha declarado. Obviamente ella confunde el amor con la atracción, como todos los humanos, sobre todo de su edad. Es interés por mi misterio y atracción por mi físico lo que ella siente por mí, y yo esto lo sé porque soy un iris, pero ella no tiene nuestra mente, Neuval. Para ella es amor, para ella es importante. Y por eso le afecta tanto, porque acaba de descubrir que no soy un chico cualquiera con quien podría iniciar una relación sentimental. Ahora que ha descubierto quién soy y que es impensable una relación así… es obvio que se le ha partido el corazón.

—Maldito seas… —masculló.

—¡No es culpa mía, joder! —saltó, apretando los puños con rabia.

Neuval volvió a bajarlo al suelo, para agarrarlo del cuello de la chaqueta una vez más y empujarlo contra la pared del edificio.

—¡Podrías haberle quitado esos absurdos sentimientos, podrías haberle dicho desde el primer minuto que no se hiciera ilusiones contigo!

—¿De verdad crees que eso habría servido para algo? ¡Neuval! —se soltó de él por fin, dándole una sacudida en el brazo—. ¡He pasado siete años sin verla ni recordarla, pero ahora recuerdo bien cómo era ella en el pasado! ¡Y lo que le pasa a Cleven es que es igual que tú! ¡Se le mete un capricho en la cabeza y remueve cielo y tierra hasta satisfacerlo! ¡Te recuerdo que esto mismo es lo que te pasó a ti cuando conociste a mi hermana!

—¿¡Qué dices!?

—¡Te encaprichaste con ella nada más verla y proclamaste amor a primera vista, y daba igual lo mucho que ella te odiara y rechazara, pasaste un año entero yendo tras ella incansablemente y haciendo lo imposible por ganarte su corazón! Todos te decían que tirases la toalla, que era imposible. ¿Eso te detuvo?

Neuval se quedó callado. Se sonrojó un poco, pero mantuvo su expresión seria.

—Siempre presumías de que nadie puede controlarte ni frenarte, como un huracán —continuó Raijin—. Pero eso ya no te agrada cuando te das cuenta de que tu hija es igual. Y no hablo de lo de ahora, sino también de las cosas inexplicables que ella hacía en el pasado. Se ha fugado de casa, porque tú te has olvidado de cómo es ella realmente. Igual que tú te has olvidado de ti mismo.

—¿Y tú? —le interrumpió enseguida, pues no quería oír más de eso—. ¿Tú sentías algo por ella? ¿¡Qué habéis hecho hasta ahora!?

—Nada que te dé razones para descuartizarme ahora mismo —mintió—. Creo que debes dejarme a mí ir a hablar con ella ahora. Creo que es mejor que tú te mantengas al margen por ahora. En tu estado emocional actual, empeorarás el de ella. Por lo que puedo ver… no has mejorado tu problema de majin.

—Cuidado con lo que dices —le advirtió Neuval, apuntándole con un dedo—. Estás loco si crees que voy a dejarte acercarte a ella.

—Has venido aquí a evitar que un majin se acerque a tu hija, ¿no? Es el tuyo del que debes preocuparte, no del mío.

—¿Estás diciendo… que yo soy un peligro para mi propia hija?

Raijin no dijo nada, pero le respondió con un gesto obvio de las cejas. Eso sí que enfureció a Neuval y, con un impulso descontrolado, blandió un puñetazo hacia su cara. Sin embargo, Raijin era, por norma, el ser más veloz del mundo, y lo esquivó en una centésima de segundo. El puño de Neuval acabó chocando contra el muro del edificio y, además de un cráter, formó enormes grietas que llegaron hasta la azotea. Raijin siguió actuando rápido, de forma seria y controlada, y puso su mano contra el pecho de Neuval, propinándole una descarga eléctrica que lo derribó al suelo. Neuval se incorporó, pero no pudo levantarse, tenía los músculos agarrotados. Raijin lo miró en silencio, de pie, frente a él.

—Tranquilízate —le dijo el rubio—. Tienes que calmarte ya. Coge las riendas.

Neuval respiraba muy deprisa, pero no por la descarga, sino por la ansiedad. Cuando un iris enfermo empezaba a tener síntomas de majin, aquí se producía una división de la personalidad intermitente, y por ello, era un estado que dejaba al iris muy confuso, aturdido, caminando sobre el filo entre el control y el descontrol. Neuval empezó a recuperar su “yo” real poco a poco, mientras Raijin lo vigilaba. Finalmente, el parisino se puso en pie y siguió recuperando el aliento.

—¿Todavía quieres acercarte a Cleven así? —preguntó el rubio.

—Cállate… —suspiró.

—Por eso Alvion te andaba buscando estos días, ¿verdad? —adivinó, y no pudo ocultar una expresión apesadumbrada. Tenía serios roces con Neuval desde hace muchos años, pero nunca era agradable ver a un iris padecer esta enfermedad—. ¿Qué has hecho?

—Cállate. No es asunto tuyo.

—Lo es, si eso significa proteger a mi sobrina de tus problemas de control.

—¡Alvion ya está en camino de encargarse de eso, ¿vale?!

—¡Razón de más por la que tengo que ir yo a hablar con Cleven ahora!

—¿Y qué pretendes decirle?

—Tengo que hablar con ella sobre lo que nos ha ocurrido.

—No… No… Lo que tienes que hacer es llevarla a mi casa, que es donde debe estar, ¡y no volver a verla!

—¿Sabes por qué se fue de casa? —le interrumpió—. Porque estaba harta de vivir allí. Quiere vivir conmigo.

—Si ni siquiera te conoce. Tuve que borrarle la memoria, ¡no te recuerda!

—No importa. Ya es mayor como para que decidas todo por ella, Fuujin. Tienes que dejarla decidir por ella misma qué es lo que quiere hacer.

—¡No puedo hacer eso!

—¡Debes! —exclamó, dando un paso hacia él—. La has tenido encerrada en una mentira desde que Katya murió. Cleventine tiene que saber qué es lo que pasa, tiene que saber la verdad.

—De ser así, estaría en peligro.

—Pues entonces, al menos, déjala decidir qué hacer con su vida con lo poco que tiene ahora. Si la llevas de vuelta a casa, destrozarás su ilusión. La ahogarás del todo. ¡Volverá a escaparse! Sabes tan bien como yo que los humanos son extremadamente frágiles en estas situaciones. ¿Es eso lo que quieres?

—¿Cómo esperas que te la confíe a ti? ¡Todavía eres un crío, sólo tienes 20 años, acabas de cumplir la mayoría de edad!

—¡Ya no soy un niño, Neuval! —gruñó Raijin—. ¡Y mucho menos soy un ignorante en este campo! No finjas que no lo sabes, seguro que ya te enteraste desde el principio. ¡Todo el mundo se enteró! —alzó las manos con fastidio.

—¿¡Y qué!? ¿¡Después de cinco años cambiando pañales ya te crees un padre experto!?

—¡Más experto que tú a mi edad, loco chiflado!

—¿Qué te has creído, criajo? Tus gemelos todavía son pequeños, es fácil vigilarlos.

—¡Son mellizos!

—Pero Cleven ya no es pequeña, no será tan fácil de vigilar, Brey, ¡con una adolescente no es tan fácil como crees!

—¿Con quién te crees que estás hablando? —masculló Raijin, harto—. Soy un maldito iris de nacimiento, Neuval. ¡Llevo cinco años siendo padre! ¡Con la madre de mis hijos muerta tras el parto! ¡Y llevo siete años cuidando de la KRS, tu KRS, porque con tu exilio y tu depresión nos dejaste huérfanos! —acabó gritando con todas sus fuerzas, sintiendo puras emociones contenidas dentro durante años—. ¿¡No se te ocurrió pensar que la muerte de Katya me destrozó a mí también!?

Se produjo un silencio en toda la calle. Neuval no fue capaz de responder.

—Procuré seguir protegiendo y cuidando de todos, de nuestra KRS, a pesar de que tú creías que yo ya no era de fiar porque tuve aquel brote de majin aquella vez, sólo aquella única vez… —continuó Raijin—. Seguí cumpliendo con mi deber… a pesar de que ya no me quedaba familia alguna… Mis padres… Mi hermana… Izan… Mis sobrinos… Tú…

Neuval cerró los ojos, afligido.

—Hace apenas dos días, rescaté a tu sobrino de un problema, ¿lo sabías? —añadió Raijin.

—Te enteraste un poco tarde, de que Kyo tenía un problema —intentó desdeñar Neuval, terco, con tal de no darle la razón—. Te llamó Lao informándote…

—Si he aprendido algo estos siete años —le interrumpió el chico, tajante y sereno—, es que soy jodidamente más fuerte de lo que esperaba, y que me merezco con creces tu confianza. Y tu maldita gratitud.

Raijin sabía que no oiría de Fuujin palabras de gratitud, por esta relación difícil y distante que había habido entre ellos, pero al menos podía oír, precisamente en su silencio, que eso no se lo podía negar. Neuval eso lo reconocía. Incluso por un pequeño error de enterarse tarde de un problema con un miembro de la KRS, eso no le quitaba ningún mérito a todo lo demás con lo que Raijin había estado cargando sobre su espalda. El viejo Lao, cuando habló con él en el pub sobre la desaparición de Kyo, igualmente defendió a Raijin, diciéndole a Neuval que él también tenía una vida muy complicada. Y Neuval lo sabía, que el pequeño hermano de Katya había acabado cargando con todo y más durante esos siete años, y por eso no tenía ni tiempo para dormir ni para jugar siquiera con sus propios hijos de 5 años.

—Así que déjame ir con Cleven —concluyó Raijin—. Por una vez en tu vida, dale un voto de confianza a ella también. No es un frágil trozo de cristal. No la podrás proteger y alejar de este mundo y sus peligros eternamente. Sólo consigues ahogarla. Sé que para ti ella lo es todo, así que, si eso es verdad, déjala vivir de una vez como una persona libre. No puedes estar siempre teniendo miedo de perder a alguien más. Que a Katya le llegara a pasar aquello, no quiere decir que también le vaya a pasar a Cleven. Tú mismo lo has dicho, ella ya no es pequeña. Tienes que aceptar que ya es hora de dejarla tener su propia vida.

Neuval entornó los ojos, sin saber qué decir. Claro que deseaba la felicidad de su hija, por encima de todo. Y tras oír lo que le había dicho Raijin, tenía que contemplar definitivamente esa opción. Tenía razón, le daba pavor la sola idea de que le pasara algo malo a Cleven. Y ese pavor se intensificó cuando murió Katya, desde entonces Neuval fue incapaz de perder de vista a Cleven un solo segundo, y por ese miedo de perderla también a ella, la sobreprotegía hasta un punto que ya llegaba a ser excesivo.

Tenía que aceptar que ella no iba a ser su pequeña para siempre, y que debía dejarla empezar a tener su propia vida y sus propias decisiones. Neuval bajó la mirada con tristeza. Al parecer, no tenía más remedio, ya era tarde para hacer como si nada hubiera pasado. Le dolía reconocer que los hijos crecían, y que todos vivían en el mismo mundo, y por eso todos tenían derecho a conocer el mundo en el que vivían, tanto con sus cosas buenas como con sus cosas malas. Esas cosas malas siempre iban a estar ahí. Sólo podía confiar en que Cleven, como toda persona libre, aprendería a tomar su camino y enfrentarse por sí sola a lo que le deparase el futuro.

El rubio, leyendo en el suspiro agotado de su cuñado una ligera conciliación, se preguntó si esto significaba que Neuval había entrado en razón al final y le daba permiso para ir tras Cleven, porque el Fuu aún no parecía del todo convencido, la expresión de su rostro aún denotaba cierto conflicto y duda. Lo que le sorprendió a Raijin fue notar que, aparte de esos dos sentimientos, Neuval estaba padeciendo un gran peso de culpa consigo mismo. Una vez más.

Inesperadamente, se produjo un destello de luz junto a ellos, y aparecieron de la nada Denzel con Alvion y dos de sus guardianes vestidos con traje y corbata. Raijin se quedó perplejo al ver al anciano, y rápidamente adoptó una postura firme y respetuosa. Neuval, por su parte, cerró los ojos y protestó con fastidio.





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