1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 2: La Búsqueda __
Tras despedirse de Kyo, Nakuru se metió en la cafetería y se reunió con su amiga en medio del local, pues esta seguía a la búsqueda de alguna mesa libre donde sentarse. Cleven le había pedido que fuera con ella allí a desayunar, porque quería presentarle a Yako y a los demás. Obviamente, Nakuru tenía que seguirle el juego.
—¡Princesaaaa...!
Como una avalancha de corazones, Drasik saltó de su taburete desde la barra, eufórico, con los brazos en alto y corriendo hacia Cleven.
—¡Nooo! —gritó ella, estirando el brazo automáticamente y le dio de lleno en la cara.
—¡Ugh! —Drasik se detuvo al recibir el golpe, llevándose las manos a la nariz—. ¡Qué novia más cruel tengo!
—¡Que no soy tu novia, idiota! —estalló—. ¿¡Qué haces tú aquí!? ¿¡De dónde sales!? ¡No puede ser!
—Cleven, tranquila... —intentó calmarla Nakuru, sujetándola para que no fuese a devorar al chico.
«Mierda, si hubiese sabido que Drasik estaba aquí también...» se lamentó Nakuru.
—¿Qué pasa aquí? —apareció Yako con una bandeja en la mano, y miró a Nakuru—. ¡Oh, Na...!
Nakuru le hizo todo tipo de gestos con las manos para que no dijese su nombre, y le señaló a Cleven varias veces mientras esta observaba a Yako alegremente.
—¡Na... Na...! —titubeó Yako, empezando a descifrar los gestos de Nakuru hasta que cayó en la cuenta—. ¡Na... Nadie me había dicho que hoy recibiría tan grata visita, Cleven! —concluyó.
—Heheh, pero ¿qué dices, Yako? Llevo todos los días viniendo aquí, es normal que hoy también, ¿no?
—Sí, claro —sonrió, viendo a Nakuru suspirando una y otra vez con alivio.
—Yako, te presento a mi mejor amiga, Nakuru.
Yako miró a la aludida con confusión, pero cuando esta le guiñó disimuladamente un ojo, supo qué pasaba.
—Encantado, Nakuru —dijo, inclinándose levemente.
—Lo mismo digo —sonrió nerviosamente—. Cl... Cleven me ha hablado mucho de ti...
—Ah, qué guay... —también sonrió, nervioso.
Silencio incómodo.
—¿Pero qué carajos hacéis? —irrumpió Drasik—. Si ya os cono... ¡Ah!
Nakuru le dio un pisotón para callarlo, y por suerte Cleven no se dio cuenta.
—Bueno, ¿vais a tomar algo? —preguntó Yako.
—¡Jejey! —saltó Drasik—. ¡Vamos, princesa, vamos a desayunar! —la agarró de un brazo y la llevó a sentarse a una mesa vacía, cerca de la barra.
—¿¡Qué haces, pulpo!? —se enfadó Cleven.
—Si Drasik ya ha desayunado... —murmuró Yako.
—Yako —lo llamó Nakuru, ahora que Cleven y Drasik no los oían.
—Sí, Nakuru, acabo de acordarme —la interrumpió—. Anoche, que nos reunimos todos fuera de la cafetería para que Raijin nos diese las órdenes de actuar, una vez Drasik y tú descubristeis a los elementos de la MRS que andaban por Tokio. Nos dijiste que no entráramos porque tu amiga estaba dentro y no podía verte con nosotros.
—Eso es —asintió—. Dime, ¿por casualidad Cleven no te trae algún recuerdo lejano a la mente?
—Ahora que lo dices, lo cierto es que sí... —titubeó—. Desde que la vi en el bus, me resulta muy familiar y no consigo saber por qué.
«Me lo esperaba. Tengo que decirle quién es Cleven y que tenga cuidado» pensó la joven.
—¡Eh, Nakuru, no me dejes sola con este pervertido! —exclamó Cleven, intentando resistirse a que Drasik la sentase en la silla.
—Yako, luego he de decirte algo con respecto a Cleven, ¿vale? Ahora tengo que hacer como que no os conozco.
—Mm, está bien. Supongo que haces esto porque Cleven es una humana y por eso no debe saber lo que somos.
—No es así del todo, luego te explico —le dijo, yéndose a socorrer a su amiga.
Cinco minutos después, ya estaban Cleven, Nakuru y Drasik sentados en la mesa. Cleven miraba molesta a este, masticando lenta y desafiantemente sus tortitas; Nakuru miraba a uno y a otro, rezando para que Drasik no la cagase; y el chico, comiéndose su tercer cruasán de la mañana tan feliz de la vida, sin quitarle el ojo a Cleven de encima. Cleven al final había desistido de echarle, Drasik podía con ella, era insoportable.
En ese momento, Cleven vio a Sam pasando por allí, sirviendo unos cafés en la mesa de al lado.
—¡Sam, Sam! —lo llamó.
El joven se dio la vuelta, y al ver ahí a esos tres puso una cara insegura. Se acercó a Cleven.
—Hola —la saludó, aunque estaba mirando a los otros dos con extrañeza.
—Sam, quiero presentarte a Nakuru, mi mejor amiga —sonrió Cleven felizmente.
Nakuru aprovechó que su amiga no la miraba para hacerle los mismos gestos a Sam, el cual los captó al instante, acordándose enseguida de lo que les dijo Nakuru la noche anterior.
—Ah, encantado —la saludó tan sereno.
—Lo mismo digo —sonrió Nakuru—. Vas a tercero, ¿verdad? En nuestro instituto.
—Así es.
—Sam trabaja con Yako aquí —le explicó Cleven—. Es muy amable, ¿y a que es guapo?
Nakuru se rio por el comentario, pues Sam, tras oír el piropo, se quedó algo cortado, rascándose la nuca con cierta vergüenza. Mientras Cleven se ponía a conversar con Sam animadamente, Drasik, con cara de recelo, tiró de la manga de Nakuru.
—¿Qué está pasando aquí, Nak? —le preguntó.
—Cleven no debe saber la relación que tengo con todos vosotros, Drasik —le susurró—. ¿Es que no lo recuerdas? Por favor te pido que le sigamos la corriente, no la cagues.
—No me has dicho nada sobre lo que pasó ayer.
—Ah, es verdad...
—Tranquila, después de ver la actitud de la princesa, supongo que al final no lo recuerda. Le diste un buen golpe.
—No es eso, lo recuerda todo, pero cree que fue un sueño. Así que estamos a salvo, Drasik. Ya no tenemos que preocuparnos por lo de anoche.
Drasik levantó las cejas, comprendiendo, y volvió con su desayuno tranquilamente. Nakuru vio cómo el chico miraba a Cleven, que seguía conversando con Sam. Era una mirada intensa, que decía más de lo que aparentaba. Lo cierto es que empezó a pensar que Drasik no se enfrentó a Kaoru anoche sólo porque lo odiaba; empezó a pensar que si Cleven no hubiese estado allí, Drasik no habría tenido interés en pelear contra Kaoru. «No te enamores de ella, Drasik... No otra vez. Ella ya sufrió bastante» pensó Nakuru, preocupándose.
Pasaron toda la mañana ahí metidos, charlando de varias cosas. Cleven también le presentó a su amiga a Kain y a MJ. Nakuru ya los conocía de antes, por eso tuvo que hacer con esos dos lo mismo que con Sam y Yako. Todo fue bien, Cleven no se había percatado de nada raro, por lo que Nakuru pudo relajarse del todo y disfrutar de la mañana, aunque Drasik y Cleven estuviesen picándose constantemente.
—Ah, ¿dónde está Kyo? —preguntó Drasik de repente, mirando a la calle por la cristalera—. Al final se ha pirado, y sin decir nada, el muy... —masculló, levantándose de la silla—. Bueno, me voy a buscarlo. Siento tener que irme, princesa, pero no llores, volveremos a vernos.
—¡Púdrete! —replicó Cleven, haciéndole un corte de manga.
—¡Yo también te quiero! ¡Mua! —dijo, lanzándole un beso mientras salía del local.
—¡Ay! —apareció Yako junto a ellas—. ¡Que me ha vuelto a hacer un simpa!
—Tranquilo, ya pago yo por él —dijo Nakuru, sacando su cartera.
—Yako, ¿sabes si Raijin va a venir? —le preguntó Cleven con cara tristona.
—Mm, ni idea, no sé dónde anda. Probablemente sigue durmiendo, duerme como un oso.
—Cleven, ya es casi la hora de comer —intervino Nakuru, levantándose de la silla—. ¿Te parece que comamos por ahí y vayamos de compras al Yunion?
—¡Vale! —se animó.
—Voy un momento al baño. Espérame fuera, porfi, no tardo.
Cleven asintió alegremente y salió a la calle después de despedirse de Yako. Entonces, Nakuru le indicó al chico que la acompañase a la cocina, donde sabía que Sam estaba en ese momento también.
—Escuchad, tengo que hablar con vosotros dos —les dijo, una vez solos en la cocina—. Lo primero de todo, Sam. ¿Conocías a Cleven de antes?
—¿Eh? —se extrañó, mirando al techo, reflexivo—. Pues la verdad es que su apellido, Vernoux, me es muy familiar.
—Vernoux... —murmuró Yako, entornando los ojos—. Sí que me suena…
—Vale —declaró, poniéndose seria—. Neuval Vernoux, ¿recordáis?
—¡Ah! Pues claro, Nak —sonrió Yako—. ¿Cómo no me iba a acordar del maestro Fuujin? Pero Vernoux es su apellido biológico. Claro que... ahora recuerdo que lo mantiene por motivos de seguridad ante el Gobierno. Pero nosotros lo conocemos más como Neuval Lao, por eso no sabía muy bien de qué estabas hablando, y... —se quedó mudo por unos segundos, y miró a Nakuru boquiabierto; Sam también pareció haber caído—. Nooo...
—Sí —afirmó la joven.
—Noo... —repitió Yako, incrédulo.
—Es... ¿¡la hija de Fuujin!? —concluyó Sam, sorprendido, y se llevó una mano a la frente, mirando a los lados—. Claro... Cleventine...
—¡Sí, ya me acuerdo! —saltó Yako—. ¡Cleventine, la hija de Fuujin y de Ekaterina! ¡Sí que ha crecido, no la he reconocido! ¡Es que han pasado siete años!
—¡Sí, yo también me acuerdo de ella! —saltó Sam con el mismo asombro—. Es cierto, es Cleven, casi me había olvidado de ella…
De repente Yako y Sam se miraron el uno el otro con ojos como platos, y ambos pusieron la misma postura alzando un poco las manos.
—¡Es Cleven! —exclamaron al unísono—. ¡Mierda, Sam, pero si la conocemos desde la infancia! ¡En el colegio siempre nos cantaba canciones en los recreos cuando estábamos desfallecidos tras una dura misión para animarnos! —exclamó Yako—. ¡Joder, la hija del maestro, era nuestra amiga! ¡Cantaba peor que una gaviota atragantada, pero siempre jugaba con nosotros! —exclamó Sam—. ¡Estaba siempre con nosotros! —volvieron a decir a dúo.
Los dos chicos se quedaron entonces en silencio, mirando cada uno a un lado, navegando por los recuerdos. Nakuru les dejó un rato para que pensaran, sonriendo con cierta pena. Las caras de Yako y de Sam se habían vuelto algo taciturnas.
—La eché de menos cuando se separó de nosotros —murmuró Yako—. Creía que jamás volvería a verla. Es como si una nube me hubiera tapado su recuerd-... —de pronto Yako levantó la cabeza y miró a su compañera con ojos abiertos de desconcierto—. Nak...
—Tranquilo —se anticipó ella—. Sí. Fuujin os puso esa "nube". Y lo hizo con vuestro consentimiento.
—Mierda... es cierto... —murmuró Sam—. Para mantener la seguridad de su familia necesitó cortar los lazos. Nos lo explicó y lo entendimos.
—Tan sólo os difuminó su nombre y su aspecto. No tocó vuestros recuerdos con ella —les explicó la Suna—. Precisamente, para que no la reconocierais si algún día os la cruzabais y así asegurar cero contacto. Pero... —inspiró hondo y resopló con resignación—... ya habéis visto lo que ha pasado.
—Oh, no, ¡es culpa mía! —se apuró Yako—. No tenía ni idea de que... Yo simplemente la vi en el autobús y le ofrecí el asiento de mi lado... Y empezamos a hablar, y me cayó bien...
—Es que tú hablas con todo el mundo, Yako, no tienes culpa de nada —dijo Nakuru—. Fue una casualidad... que ya no podemos remediar, ¿entendéis? Por eso os lo he tenido que revelar y quitaros esa "nube". Porque debéis tener cuidado con Cleven, y para eso necesitabais entender por qué. Ya no se puede persuadir a Cleven de que se olvide de vosotros y no vuelva a veros ni a venir aquí. Ahora, no queda más remedio que tratar con la situación presente. Cleven no es una humana cualquiera que se ha hecho vuestra simple amiga y a la que veis de vez en cuando como si tal cosa. Ella es... Cleven —hizo un gesto tajante con las manos—. Y no podemos dejar que se involucre en asuntos iris, ni siquiera por accidente, por eso con ella tenemos que tener más cuidado que con cualquier otro humano inocente.
—Tienes razón —dijeron los otros dos—. Pero un momento... ¿Fuujin sabe que Cleventine ahora se relaciona con nosotros?
—No, y ahí está el problema principal —apuntó Nakuru.
—Bueno, tampoco es un gran problema... Sólo tenemos que contactar con Fuujin y contarle la situación y... —dijo Sam.
—No, no, no, ese no es el problema principal, chicos. Lo que pasa es que Cleven se ha escapado de casa y Fuujin la anda buscando.
—¿¡Que ha hecho qué!? —exclamó Sam.
—¡Por eso iba buscando un hotel donde alojarse! —Yako se dio una palmada en la frente—. Vale, pero eso tampoco es un gran problema, igualmente podemos ir a informar a Fuujin de que Cleven está bien y de dónde está...
—Nooo, no, no, no. ¡Ese tampoco es el problema, chicos! —se exasperó Nakuru.
—¿¡Qué está pasando, Suna-chan!? —se exasperaron los dos chicos también.
—¡El motivo por el que Cleven se ha escapado, es para buscar a su tío, y poder conocerlo, y pedirle irse a vivir con él si es posible!
—¿¡A cuál de sus tíos se supone que está buscando!?
—¡A Brey!
De repente, Yako y Sam se quedaron más pálidos que un fantasma. Sam vio la necesidad de ir a sentarse en una silla de la cocina, para replantearse su existencia en el mundo, y Yako se fue a la nevera a beber un trago de agua de una botella, porque se estaba ahogando y mareando.
—¿Puede existir... —murmuró el joven Zou, apoyándose en la nevera—... una situación... más irónica... ridícula... y disparatada que esta? ¿¡Qué vamos a hacer, Nakuru!? —se giró hacia ella con cara apocalíptica.
—Caaalma, "hermanos", calma —apaciguó ella con las manos—. Sé que todo esto es un entuerto bastante... complejo y surrealista. Pero os he contado esto precisamente porque lo único que quiero que hagáis es eso, lo de tener cuidado en no involucrar a Cleven en asuntos iris y tener cuidado de no hablar de temas iris delante de ella y esas cosas.
—¿Qué? ¿Sólo quieres que sigamos haciendo lo mismo que estos días? —dijo Sam.
—Necesito teneros de cómplices, para que me ayudéis.
—¿Por qué?
—Porque quiero que Cleven encuentre a su tío —sonrió.
Yako y Sam la miraron en silencio. Viendo la expresión que Nakuru tenía en la cara, comprendieron enseguida lo que quería decir.
—¿Estás segura de querer que pase? —dudó Sam—. Fuujin...
—Repasad de nuevo vuestros recuerdos. Las cosas que sabéis que hemos vivido, y sufrido, y superado... Las cosas que sabéis sobre Cleven, y su familia, y nuestra KRS. Chicos... —los miró con una sonrisa triste—. Cleven ha sido muy infeliz desde que Katya se fue. Quiero concederle esto, al menos. Quiero a Fuujin como a un segundo padre, y lo respeto, y le soy leal hasta la médula... pero... en esto, quiero anteponer la necesidad de Cleven por encima de las órdenes de Fuujin. Solamente en esto.
Ambos chicos cruzaron una mirada y asintieron con la cabeza, serios.
Tras despedirse de Kyo, Nakuru se metió en la cafetería y se reunió con su amiga en medio del local, pues esta seguía a la búsqueda de alguna mesa libre donde sentarse. Cleven le había pedido que fuera con ella allí a desayunar, porque quería presentarle a Yako y a los demás. Obviamente, Nakuru tenía que seguirle el juego.
—¡Princesaaaa...!
Como una avalancha de corazones, Drasik saltó de su taburete desde la barra, eufórico, con los brazos en alto y corriendo hacia Cleven.
—¡Nooo! —gritó ella, estirando el brazo automáticamente y le dio de lleno en la cara.
—¡Ugh! —Drasik se detuvo al recibir el golpe, llevándose las manos a la nariz—. ¡Qué novia más cruel tengo!
—¡Que no soy tu novia, idiota! —estalló—. ¿¡Qué haces tú aquí!? ¿¡De dónde sales!? ¡No puede ser!
—Cleven, tranquila... —intentó calmarla Nakuru, sujetándola para que no fuese a devorar al chico.
«Mierda, si hubiese sabido que Drasik estaba aquí también...» se lamentó Nakuru.
—¿Qué pasa aquí? —apareció Yako con una bandeja en la mano, y miró a Nakuru—. ¡Oh, Na...!
Nakuru le hizo todo tipo de gestos con las manos para que no dijese su nombre, y le señaló a Cleven varias veces mientras esta observaba a Yako alegremente.
—¡Na... Na...! —titubeó Yako, empezando a descifrar los gestos de Nakuru hasta que cayó en la cuenta—. ¡Na... Nadie me había dicho que hoy recibiría tan grata visita, Cleven! —concluyó.
—Heheh, pero ¿qué dices, Yako? Llevo todos los días viniendo aquí, es normal que hoy también, ¿no?
—Sí, claro —sonrió, viendo a Nakuru suspirando una y otra vez con alivio.
—Yako, te presento a mi mejor amiga, Nakuru.
Yako miró a la aludida con confusión, pero cuando esta le guiñó disimuladamente un ojo, supo qué pasaba.
—Encantado, Nakuru —dijo, inclinándose levemente.
—Lo mismo digo —sonrió nerviosamente—. Cl... Cleven me ha hablado mucho de ti...
—Ah, qué guay... —también sonrió, nervioso.
Silencio incómodo.
—¿Pero qué carajos hacéis? —irrumpió Drasik—. Si ya os cono... ¡Ah!
Nakuru le dio un pisotón para callarlo, y por suerte Cleven no se dio cuenta.
—Bueno, ¿vais a tomar algo? —preguntó Yako.
—¡Jejey! —saltó Drasik—. ¡Vamos, princesa, vamos a desayunar! —la agarró de un brazo y la llevó a sentarse a una mesa vacía, cerca de la barra.
—¿¡Qué haces, pulpo!? —se enfadó Cleven.
—Si Drasik ya ha desayunado... —murmuró Yako.
—Yako —lo llamó Nakuru, ahora que Cleven y Drasik no los oían.
—Sí, Nakuru, acabo de acordarme —la interrumpió—. Anoche, que nos reunimos todos fuera de la cafetería para que Raijin nos diese las órdenes de actuar, una vez Drasik y tú descubristeis a los elementos de la MRS que andaban por Tokio. Nos dijiste que no entráramos porque tu amiga estaba dentro y no podía verte con nosotros.
—Eso es —asintió—. Dime, ¿por casualidad Cleven no te trae algún recuerdo lejano a la mente?
—Ahora que lo dices, lo cierto es que sí... —titubeó—. Desde que la vi en el bus, me resulta muy familiar y no consigo saber por qué.
«Me lo esperaba. Tengo que decirle quién es Cleven y que tenga cuidado» pensó la joven.
—¡Eh, Nakuru, no me dejes sola con este pervertido! —exclamó Cleven, intentando resistirse a que Drasik la sentase en la silla.
—Yako, luego he de decirte algo con respecto a Cleven, ¿vale? Ahora tengo que hacer como que no os conozco.
—Mm, está bien. Supongo que haces esto porque Cleven es una humana y por eso no debe saber lo que somos.
—No es así del todo, luego te explico —le dijo, yéndose a socorrer a su amiga.
Cinco minutos después, ya estaban Cleven, Nakuru y Drasik sentados en la mesa. Cleven miraba molesta a este, masticando lenta y desafiantemente sus tortitas; Nakuru miraba a uno y a otro, rezando para que Drasik no la cagase; y el chico, comiéndose su tercer cruasán de la mañana tan feliz de la vida, sin quitarle el ojo a Cleven de encima. Cleven al final había desistido de echarle, Drasik podía con ella, era insoportable.
En ese momento, Cleven vio a Sam pasando por allí, sirviendo unos cafés en la mesa de al lado.
—¡Sam, Sam! —lo llamó.
El joven se dio la vuelta, y al ver ahí a esos tres puso una cara insegura. Se acercó a Cleven.
—Hola —la saludó, aunque estaba mirando a los otros dos con extrañeza.
—Sam, quiero presentarte a Nakuru, mi mejor amiga —sonrió Cleven felizmente.
Nakuru aprovechó que su amiga no la miraba para hacerle los mismos gestos a Sam, el cual los captó al instante, acordándose enseguida de lo que les dijo Nakuru la noche anterior.
—Ah, encantado —la saludó tan sereno.
—Lo mismo digo —sonrió Nakuru—. Vas a tercero, ¿verdad? En nuestro instituto.
—Así es.
—Sam trabaja con Yako aquí —le explicó Cleven—. Es muy amable, ¿y a que es guapo?
Nakuru se rio por el comentario, pues Sam, tras oír el piropo, se quedó algo cortado, rascándose la nuca con cierta vergüenza. Mientras Cleven se ponía a conversar con Sam animadamente, Drasik, con cara de recelo, tiró de la manga de Nakuru.
—¿Qué está pasando aquí, Nak? —le preguntó.
—Cleven no debe saber la relación que tengo con todos vosotros, Drasik —le susurró—. ¿Es que no lo recuerdas? Por favor te pido que le sigamos la corriente, no la cagues.
—No me has dicho nada sobre lo que pasó ayer.
—Ah, es verdad...
—Tranquila, después de ver la actitud de la princesa, supongo que al final no lo recuerda. Le diste un buen golpe.
—No es eso, lo recuerda todo, pero cree que fue un sueño. Así que estamos a salvo, Drasik. Ya no tenemos que preocuparnos por lo de anoche.
Drasik levantó las cejas, comprendiendo, y volvió con su desayuno tranquilamente. Nakuru vio cómo el chico miraba a Cleven, que seguía conversando con Sam. Era una mirada intensa, que decía más de lo que aparentaba. Lo cierto es que empezó a pensar que Drasik no se enfrentó a Kaoru anoche sólo porque lo odiaba; empezó a pensar que si Cleven no hubiese estado allí, Drasik no habría tenido interés en pelear contra Kaoru. «No te enamores de ella, Drasik... No otra vez. Ella ya sufrió bastante» pensó Nakuru, preocupándose.
Pasaron toda la mañana ahí metidos, charlando de varias cosas. Cleven también le presentó a su amiga a Kain y a MJ. Nakuru ya los conocía de antes, por eso tuvo que hacer con esos dos lo mismo que con Sam y Yako. Todo fue bien, Cleven no se había percatado de nada raro, por lo que Nakuru pudo relajarse del todo y disfrutar de la mañana, aunque Drasik y Cleven estuviesen picándose constantemente.
—Ah, ¿dónde está Kyo? —preguntó Drasik de repente, mirando a la calle por la cristalera—. Al final se ha pirado, y sin decir nada, el muy... —masculló, levantándose de la silla—. Bueno, me voy a buscarlo. Siento tener que irme, princesa, pero no llores, volveremos a vernos.
—¡Púdrete! —replicó Cleven, haciéndole un corte de manga.
—¡Yo también te quiero! ¡Mua! —dijo, lanzándole un beso mientras salía del local.
—¡Ay! —apareció Yako junto a ellas—. ¡Que me ha vuelto a hacer un simpa!
—Tranquilo, ya pago yo por él —dijo Nakuru, sacando su cartera.
—Yako, ¿sabes si Raijin va a venir? —le preguntó Cleven con cara tristona.
—Mm, ni idea, no sé dónde anda. Probablemente sigue durmiendo, duerme como un oso.
—Cleven, ya es casi la hora de comer —intervino Nakuru, levantándose de la silla—. ¿Te parece que comamos por ahí y vayamos de compras al Yunion?
—¡Vale! —se animó.
—Voy un momento al baño. Espérame fuera, porfi, no tardo.
Cleven asintió alegremente y salió a la calle después de despedirse de Yako. Entonces, Nakuru le indicó al chico que la acompañase a la cocina, donde sabía que Sam estaba en ese momento también.
—Escuchad, tengo que hablar con vosotros dos —les dijo, una vez solos en la cocina—. Lo primero de todo, Sam. ¿Conocías a Cleven de antes?
—¿Eh? —se extrañó, mirando al techo, reflexivo—. Pues la verdad es que su apellido, Vernoux, me es muy familiar.
—Vernoux... —murmuró Yako, entornando los ojos—. Sí que me suena…
—Vale —declaró, poniéndose seria—. Neuval Vernoux, ¿recordáis?
—¡Ah! Pues claro, Nak —sonrió Yako—. ¿Cómo no me iba a acordar del maestro Fuujin? Pero Vernoux es su apellido biológico. Claro que... ahora recuerdo que lo mantiene por motivos de seguridad ante el Gobierno. Pero nosotros lo conocemos más como Neuval Lao, por eso no sabía muy bien de qué estabas hablando, y... —se quedó mudo por unos segundos, y miró a Nakuru boquiabierto; Sam también pareció haber caído—. Nooo...
—Sí —afirmó la joven.
—Noo... —repitió Yako, incrédulo.
—Es... ¿¡la hija de Fuujin!? —concluyó Sam, sorprendido, y se llevó una mano a la frente, mirando a los lados—. Claro... Cleventine...
—¡Sí, ya me acuerdo! —saltó Yako—. ¡Cleventine, la hija de Fuujin y de Ekaterina! ¡Sí que ha crecido, no la he reconocido! ¡Es que han pasado siete años!
—¡Sí, yo también me acuerdo de ella! —saltó Sam con el mismo asombro—. Es cierto, es Cleven, casi me había olvidado de ella…
De repente Yako y Sam se miraron el uno el otro con ojos como platos, y ambos pusieron la misma postura alzando un poco las manos.
—¡Es Cleven! —exclamaron al unísono—. ¡Mierda, Sam, pero si la conocemos desde la infancia! ¡En el colegio siempre nos cantaba canciones en los recreos cuando estábamos desfallecidos tras una dura misión para animarnos! —exclamó Yako—. ¡Joder, la hija del maestro, era nuestra amiga! ¡Cantaba peor que una gaviota atragantada, pero siempre jugaba con nosotros! —exclamó Sam—. ¡Estaba siempre con nosotros! —volvieron a decir a dúo.
Los dos chicos se quedaron entonces en silencio, mirando cada uno a un lado, navegando por los recuerdos. Nakuru les dejó un rato para que pensaran, sonriendo con cierta pena. Las caras de Yako y de Sam se habían vuelto algo taciturnas.
—La eché de menos cuando se separó de nosotros —murmuró Yako—. Creía que jamás volvería a verla. Es como si una nube me hubiera tapado su recuerd-... —de pronto Yako levantó la cabeza y miró a su compañera con ojos abiertos de desconcierto—. Nak...
—Tranquilo —se anticipó ella—. Sí. Fuujin os puso esa "nube". Y lo hizo con vuestro consentimiento.
—Mierda... es cierto... —murmuró Sam—. Para mantener la seguridad de su familia necesitó cortar los lazos. Nos lo explicó y lo entendimos.
—Tan sólo os difuminó su nombre y su aspecto. No tocó vuestros recuerdos con ella —les explicó la Suna—. Precisamente, para que no la reconocierais si algún día os la cruzabais y así asegurar cero contacto. Pero... —inspiró hondo y resopló con resignación—... ya habéis visto lo que ha pasado.
—Oh, no, ¡es culpa mía! —se apuró Yako—. No tenía ni idea de que... Yo simplemente la vi en el autobús y le ofrecí el asiento de mi lado... Y empezamos a hablar, y me cayó bien...
—Es que tú hablas con todo el mundo, Yako, no tienes culpa de nada —dijo Nakuru—. Fue una casualidad... que ya no podemos remediar, ¿entendéis? Por eso os lo he tenido que revelar y quitaros esa "nube". Porque debéis tener cuidado con Cleven, y para eso necesitabais entender por qué. Ya no se puede persuadir a Cleven de que se olvide de vosotros y no vuelva a veros ni a venir aquí. Ahora, no queda más remedio que tratar con la situación presente. Cleven no es una humana cualquiera que se ha hecho vuestra simple amiga y a la que veis de vez en cuando como si tal cosa. Ella es... Cleven —hizo un gesto tajante con las manos—. Y no podemos dejar que se involucre en asuntos iris, ni siquiera por accidente, por eso con ella tenemos que tener más cuidado que con cualquier otro humano inocente.
—Tienes razón —dijeron los otros dos—. Pero un momento... ¿Fuujin sabe que Cleventine ahora se relaciona con nosotros?
—No, y ahí está el problema principal —apuntó Nakuru.
—Bueno, tampoco es un gran problema... Sólo tenemos que contactar con Fuujin y contarle la situación y... —dijo Sam.
—No, no, no, ese no es el problema principal, chicos. Lo que pasa es que Cleven se ha escapado de casa y Fuujin la anda buscando.
—¿¡Que ha hecho qué!? —exclamó Sam.
—¡Por eso iba buscando un hotel donde alojarse! —Yako se dio una palmada en la frente—. Vale, pero eso tampoco es un gran problema, igualmente podemos ir a informar a Fuujin de que Cleven está bien y de dónde está...
—Nooo, no, no, no. ¡Ese tampoco es el problema, chicos! —se exasperó Nakuru.
—¿¡Qué está pasando, Suna-chan!? —se exasperaron los dos chicos también.
—¡El motivo por el que Cleven se ha escapado, es para buscar a su tío, y poder conocerlo, y pedirle irse a vivir con él si es posible!
—¿¡A cuál de sus tíos se supone que está buscando!?
—¡A Brey!
De repente, Yako y Sam se quedaron más pálidos que un fantasma. Sam vio la necesidad de ir a sentarse en una silla de la cocina, para replantearse su existencia en el mundo, y Yako se fue a la nevera a beber un trago de agua de una botella, porque se estaba ahogando y mareando.
—¿Puede existir... —murmuró el joven Zou, apoyándose en la nevera—... una situación... más irónica... ridícula... y disparatada que esta? ¿¡Qué vamos a hacer, Nakuru!? —se giró hacia ella con cara apocalíptica.
—Caaalma, "hermanos", calma —apaciguó ella con las manos—. Sé que todo esto es un entuerto bastante... complejo y surrealista. Pero os he contado esto precisamente porque lo único que quiero que hagáis es eso, lo de tener cuidado en no involucrar a Cleven en asuntos iris y tener cuidado de no hablar de temas iris delante de ella y esas cosas.
—¿Qué? ¿Sólo quieres que sigamos haciendo lo mismo que estos días? —dijo Sam.
—Necesito teneros de cómplices, para que me ayudéis.
—¿Por qué?
—Porque quiero que Cleven encuentre a su tío —sonrió.
Yako y Sam la miraron en silencio. Viendo la expresión que Nakuru tenía en la cara, comprendieron enseguida lo que quería decir.
—¿Estás segura de querer que pase? —dudó Sam—. Fuujin...
—Repasad de nuevo vuestros recuerdos. Las cosas que sabéis que hemos vivido, y sufrido, y superado... Las cosas que sabéis sobre Cleven, y su familia, y nuestra KRS. Chicos... —los miró con una sonrisa triste—. Cleven ha sido muy infeliz desde que Katya se fue. Quiero concederle esto, al menos. Quiero a Fuujin como a un segundo padre, y lo respeto, y le soy leal hasta la médula... pero... en esto, quiero anteponer la necesidad de Cleven por encima de las órdenes de Fuujin. Solamente en esto.
Ambos chicos cruzaron una mirada y asintieron con la cabeza, serios.
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