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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 2: La Búsqueda __









83.
Seres distintos

Mientras tanto, en la casa, MJ acabó acorralando a Yako en el pasillo del piso de arriba. El chico se quedó entre ella y la pared, sin ver por dónde más huir, ya que había mucha gente por ahí pasando de un lado a otro con sus conversaciones y risas.

—Vamos, MJ, perdóname, te lo tomas muy en serio —le sonrió Yako con inocencia, haciendo gestos temerosos con las manos.

—Hm… —refunfuñó ella, y se aproximó a él para mirarlo a los ojos bien de cerca, clavándole un dedo en el pecho—. Está bien. Pero que no vuelva a pasar, o mañana no iré a trabajar a la cafetería para hacer esos sándwiches que todos los clientes piden.

—Pero si yo los hago igual…

MJ puso cara de asesina y fue a darle un pellizco de los fuertes en el brazo.

—¡Ay, ay, ay! ¡Vale, era broma, tú los haces mejor, eres imprescindible para la cafetería! Ma basta, per favore! —sollozó, resistiéndose a los intentos de la otra por pellizcarle por todos lados.

MJ paró, pero pronto sonrió y no pudo evitar reírse. Yako también se rio por la tonta escenita. Pero luego se calmaron y se quedaron mirándose el uno al otro. MJ se ruborizó un poco, y él también, y al darse cuenta, ella miró a otro lado con disimulo. Después, observó tras ella, donde estaban las escaleras, que al pie de estas había una pareja muy unida susurrándose cosas al oído y disfrutando de la fiesta, un chico y una chica que ellos conocían.

—¿Te has enterado? —le preguntó MJ, sin dejar de mirar a esos dos—. Mitsuki, la chica con la que saliste unos meses en primer año de carrera, y Tora, el chico con el que yo salí una vez, han acabado juntos.

—Oh… —se sorprendió Yako al divisarlos—. Caray, tienes razón, míralos… Fuff… Menos mal que Mitsuki no me persigue como las otras y ha encontrado a alguien que de verdad le corresponde. Me alegro por ellos.

—Van juntos a todas partes, en la universidad no se despegan el uno del otro. Están muy enamorados, y eso que son de personalidades muy distintas, todo un misterio. Y pensar que los presentamos nosotros…

—Los humanos sois muy impredecibles —sonrió Yako—. Por eso me gustáis.

MJ volvió a mirarlo a los ojos, poniéndose seria, pero, al mismo tiempo, reflexiva.

—Hay algo que no me cuadra, Yako.

—¿Eh?

—Verás, sé que el caso de la chica que te perseguía antes también te pasa con otras dos de tu época de instituto, pero… luego está el caso de Mitsuki, y el de Vanessa el año pasado, y el de Kannai después… Yo las he conocido porque son de nuestra uni, y realmente eran buenas chicas, sin cosas raras, ni locuras obsesivas ni nada. Y nunca duraste más de cinco meses con ninguna de ellas. Yo sé que ellas llegaron a gustarte de verdad, estuviste enamorado. Pero acabaste alejándolas de ti por algún motivo que aún no me has explicado. Y ya sabes… que tú siempre me hablas de cualquier cosa —miró al suelo mientras se pasaba un mechón de pelo tras la oreja.

—Ahm… —titubeó Yako, mirando para los lados—. ¿Cu… cuál es tu pregunta exactamente…?

—Yako —lo interrumpió, poniéndose severa, y el chico se estremeció un poco—. Sabes perfectamente cuál es mi pregunta. Has nacido con ese poder.

—Sinceramente, MJ, puedo leer a casi cualquier persona de este mundo, pero… la verdad es que contigo a veces no me resulta tan fácil saber en qué piensas —sonrió inocente, rascándose la cabeza, y la otra lo miró incrédula—. No sé qué me pasa contigo, que no siempre te veo tan evidente y predecible como los demás… a veces eres un misterio para mí.

MJ no se esperaba oír algo así y volvió a ponerse roja, pero no terminaba de entenderlo ni de creerlo, porque ella se consideraba la humana más normal y común del mundo, y a ojos de un Zou debía de ser la criatura más evidente y predecible y simple de todas. Pensó que Yako le estaba tomando el pelo o algo así. Volvió a ponerse seria.

—¿Acabas alejando a esas chicas de ti porque crees que debes hacerlo, a pesar de que por dentro no deseas hacerlo?

La sonrisa de Yako se apagó un poco, y sus ojos dorados miraron distraídamente a otro lado. No respondió nada.

—¿Por qué te haces eso a ti mismo? —insistió MJ, con un tono más suave y entristecido—. Dime, ¿te da miedo que una humana no pueda soportar que seas un iris?

Yako siguió callado. Realmente estaba ahí contra la pared, acorralado por MJ, mucho más por esa conversación que por su cuerpo bloqueando el paso. Parecía estar pensando qué decir, y finalmente la miró de nuevo a los ojos.

—Supongo que la llevo en los genes, la necesidad de proteger a todos los buenos humanos por igual. No puedo cambiar lo que soy. El hecho de que tenga que preocuparme por una sola humana con más atención que por los demás… lo siento injusto.

—No estás hablando de ser un iris, ¿verdad? —se percató MJ—. Hahh… —suspiró—. Desertaste, Yako.

—Desertar cambia mi vida, pero no me cambia a mí. Lo que soy y nací siendo. Una parte de mí es iris, sí, que quiere proteger a los humanos inocentes que me rodean, de los peligros, crímenes e injusticias. Pero, en el fondo… soy alguien que quiere proteger a todos los humanos e iris de este planeta… a todo un mundo de seres que no son como yo… de amenazas y problemas que hay por encima del mundo humano.

—¿A qué te refieres? ¿A los dioses? —creyó entender, y esto la preocupó—. ¿Necesitamos protección... ante...?

—¡Oh, no! No, no… —negó rápidamente, viendo que estaba hablando demasiado, de temas que los humanos no deberían oír—. Oye, no hay nada de eso que deba preocuparte… —sonrió, alargando una mano hacia su rostro como consuelo.

—No —MJ apartó su mano—. No hagas eso conmigo, Yako. No me hables como a una inocente y pobre humana que no debe saber nada ni preocuparse de nada sobre los asuntos de seres superiores. Sólo quiero saber por qué no te permites a ti mismo ser libre y feliz. Conseguiste cambiar tu vida, estudiar la carrera que querías, trabajar como un iris en la KRS, llevar la cafetería de tu padre, relacionarte con todos de igual a igual, hacer amigos, hacer fiestas en casa… —señaló a su alrededor—. Pero hay algo… que aún no consigues hacer. Algo que aún no te permites a ti mismo tener.

—¿Por qué le das tanta importancia?

—Porque si lo haces por un motivo estúpido, tengo que gritártelo a la cara, que es un motivo estúpido. Es lo que hacen los amigos, se dicen mutuamente cuándo están haciendo algo estúpido.

—Hahaha… es verdad que tú me has salvado de varias estupideces. Pero… MJ… —cambió a un tono más serio, mirándola a los ojos—. Sé que te da rabia que esta parte de la vida sea complicada para mí, pero eso no hace que deje de serlo. Enamorarse de una persona es protegerla, preocuparse por ella, verla más importante que al resto. Siento que yo no podría descuidar a los demás por cuidar más de una. Dividir la preocupación. No puedo tener… a una persona que sea más importante que el resto del mundo.

MJ no dijo nada por un rato. Fue ahí cuando se dio cuenta de lo que realmente pasaba. Él no estaba siendo del todo sincero, estaba omitiendo el auténtico motivo. Yako, además de otras cosas, era un iris, y eso significaba que tenía un trauma, un trauma sin resolver aún, que lo había acompañado desde que era un niño muy pequeño.

MJ conocía su historia de cómo vio morir a su padre. Y sabía lo aterrorizado que Yako seguía estando casi dos décadas después. Su caso era el mayor misterio, y él lo consideraba un caso casi imposible de resolver. Pero no imposible de no tener suficiente capacidad o recursos, sino imposible de que de verdad no le convenía intentar averiguarlo. Yako temía mucho descubrir tras el misterio del asesinato de su padre algo que no debería descubrir, y no temía por él, sino por todo el mundo. Daba igual lo que dijeran los demás, él estaba absolutamente convencido de que la cosa que mató a su padre era un ser diferente, diferente a los humanos, a los iris o arki, a los Knive, a los taimu e incluso a los dioses.

Ella conocía a Yako lo suficiente para saber qué tipo de preguntas lo atormentaban. “La misma criatura que mató a mi padre, ¿vendrá a por mí algún día? Si logró matar a mi padre tan fácilmente, ¿significa que se trata de un ser superior a los Zou y por tanto algo que yo no puedo vencer? Si trato de averiguar qué o quién era, ¿se enfadará y atacará a más personas? Si hago algo que esa criatura pueda ver como una molestia o una amenaza hacia el secreto de su existencia, ¿me obligará a parar, secuestrando, amenazando o haciendo daño a las personas que más me importan?”.

Sinceramente, MJ comprendía estos temores de Yako. No se permitía a sí mismo enamorarse o estar demasiado tiempo con una humana porque así la convertiría en la persona más importante para él, por tanto, en su punto más débil, y por tanto, en el primer blanco fijo de seres divinos o seres desconocidos.

—¿Y si esa persona supiera protegerse a sí misma lo suficiente para que no tuvieras que preocuparte tanto de ella? —sugirió MJ—. Cualquier chica iris de la Asociación ya sabe quién eres, ya está metida en tu mundo, por lo que no hay nada que ocultarle, y sabe luchar. ¿Por qué nunca has probado a tener una relación con alguna? No sé… —titubeó, algo arrepentida de sus propias palabras de ahora—. Sería lo idóneo… para ti.

—Hm —Yako cerró los ojos un momento—. Verás… No es que yo tenga algún problema con eso. Pero ellas sí. —MJ lo miró sin entender—. Ninguna iris querría jamás estar conmigo. Y si lo quisieran, nunca lo harían.

—¿Por qué?

—Kain y tú sois los únicos humanos fuera de la Asociación a los que he confiado el secreto de esta. Vosotros dos y mis compañeros de la KRS me veis como un amigo, como a un igual, que es lo que yo deseaba. Para vosotros soy un iris Shokubutsu o bien un compañero de clase o un camarero como otro cualquiera. Pero… para el resto de la Asociación… sigo siendo el Zou. Y no se puede evitar porque, me guste o no, eso siempre estará por encima de mi iris. De modo que… —suspiró con pesar—… ser un Señor de los Iris, para todas las chicas iris, es sinónimo de “jefe intocable”, “ser superior”, “hombre fuera de su alcance”, “máximo respeto”, etcétera. Jamás se atreverían a plantearse una relación conmigo. Ninguna estaría nunca cómoda con alguien que puede controlar sus mentes o su alma, por así decirlo. Tampoco sería cómodo para mí. Incluso… —casi rio, pasándose una mano por el pelo—… cuando era más pequeño, había una iris que me gustaba, de una RS de Corea del Sur. Pero ¿sabes qué me dijo ella? Que igual que un humano no puede casarse con Dios, un iris no puede casarse con un Zou.

—Pero eso sólo son creencias y supersticiones que tienen los iris

—Ya te lo he dicho, es complicado. Ese tipo de relación nunca funcionaría. Por eso todos mis antepasados se han casado con humanas, y tanto a ellas como a ellos les funcionó perfectamente. Lo que pasa… —bajó la mirada—… es que a mí no me resulta tan fácil como a mis antepasados.

MJ volvió a quedarse pensativa.

—Y… ¿Y una cooperadora? —preguntó entonces, y Yako la miró confuso—. A lo mejor con una almaati puede resultar menos complicado… no sé… sería una humana entrenada casi como un iris, por lo tanto, lo suficientemente fuerte para protegerse a sí misma, y sin necesidad de que su mente, su alma o lo que sea esté atada o conectada a tu control de Zou. Sabría todo sobre la Asociación, sobre ti, sin secretos… no sé… Reuniría todos los factores favorables.

Yako frunció el ceño al principio, le sorprendía su insistencia. Pero luego torció una sonrisa socarrona.

—¿Qué pasa, MJ? ¿Es que conoces a alguna almaati con la que quieres emparejarme? ¿Me ves muy solo o qué?

—¡N… no, no! —se apuró, agitando las manos—. Además, de “solo” nada, que veo constantemente a chicas yendo tras de ti y flirteando contigo en la cafetería —refunfuñó.

—¿Sí? —sonrió—. ¿Espías mi vida privada por alguna razón?

—¡Q… No! —volvió a agitar las manos, y su cara pasó a color rojo—. ¡Para nada, yo no hago eso! Bueno… a veces vigilo que ninguna arpía se te acerque. Pero porque tú también haces eso conmigo, cada vez que me persigue algún chico con malas intenciones. Como aquel de la uni, que me acorraló en el aparcamiento. Te lanzaste sobre él como una fiera.

—Claro. Porque olían mucho a Yin —se rio, dándose toques en la nariz.

—Lo mordiste en un hombro.

—Oh, sí… —recordó Yako—. Fíjate que eso de morder es un ataque muy infantil, instintivo, pero cada vez que me cruzo con un criminal de los peores, no sé por qué lo primero que se me pasa por la cabeza es morderlo…

—Fue la primera vez que conocí tu faceta furiosa. Pero no digo que me desagrade, hehe… —le sonrió—. Fue bastante guay.

Yako no estaba muy orgulloso de ceder a esos comportamiento o ataques que él llamaba “infantiles” o “instintivos”, pero ver cómo MJ lo consideraba algo que le gustaba de él, le extrañó un poco y le hizo torcer una sonrisa. Verdaderamente MJ a veces le parecía una chica peculiar, diferente. Su afecto por ella era enorme. Pero, precisamente porque Yako se obligaba a sí mismo a ponerse esa barrera, no se daba cuenta de que lo que él llamaba “afecto” hacia MJ era en realidad algo más. Por eso, ni él mismo notó sus propias mejillas algo sonrojadas mientras la miraba.

—¿Tanto te preocupa que yo algún día encuentre a alguien y sea feliz, Momoki?

Esta vez, ella no se enfadó por llamarla por su nombre. A MJ sólo le cabreaba que lo hicieran delante de los demás. Pero cuando estaba sola con Yako y él pronunciaba su nombre sin nadie más cerca, le recorrían cosquilleos desde los oídos hasta los pies.

—Yo… sólo digo… —la chica agachó la cabeza con vergüenza—… que no te tienes que maltratar tanto a ti mismo. No tengas tanto miedo de permitir a alguien acercarse a ti… es decir, de acercarse de verdad a ti, a lo que eres, a lo que realmente sientes, haces o piensas, en vez de acercarse sólo a esa minúscula parte de ti mismo que muestras al exterior. No tengas tanto miedo de lo que pueda pasar. Si tienes tanto miedo a sufrir, significa que tienes miedo a vivir.

Yako abrió los ojos con asombro. Nunca lo pensó de esa manera.

—A-además… —hizo aspavientos—. Ya sé que tu abuelo te da mucho la lata con lo de casarte ya con alguien, eso de cumplir la tradición familiar de casarse a los 20 años es algo muy anticuado. Tienes 21 años y vives en el siglo XXI, hombre, tú disfruta todo lo que puedas… y ya en algún futuro, cuando sea el momento… dejarás de tener miedo… y encontrarás a alguien que te llene de verdad. Somos jóvenes, ¿no? —sonrió—. Dejemos de preocuparnos tanto por esto. No hay razón para precipitarse.

—Me extraña que lo digas tú, siendo la que ha sacado el tema —se rio.

—Bu-bueno, pero sólo era para decirte que… bueno… —miró para los lados, sin saber qué decir—. Que tal vez puedas ser por fin feliz con alguien lejos de las complicaciones de ser Zou, iris, humano y todas esas cosas que… en fin, que no tengas tanto miedo por esas cosas, y… y que si una almaati podría tener más posibilidades, pues… —empezó a hablar cada vez más bajo, murmurando—… porque yo llevo tiempo planteándome convertirme en almaati, y… —siguió mascullando cosas hasta el punto de que ya no se la entendía.

—¿Qué? MJ, no te oigo…

—¡Nada, nada! —brincó, nerviosa—. No tiene importancia. Bueno, yo… Me voy ya a casa, Yako. Mañana muy temprano tengo la presentación del trabajo de Derecho Penal, a ver si por fin me aprueban.

—Oh, claro. Había olvidado que cogiste ese turno de presentación. Te veo mañana, entonces, en la cafetería a las doce, y luego podemos ir juntos a la clase de Derecho Mercantil de la tarde. Con tanto viaje de ida y vuelta, te llevo yo en coche.

—Está bien. Perfecto —levantó los pulgares, disimulando sus nervios mientras iba bajando las escaleras—. Gracias por la fiesta, lo he pasado genial. Hasta mañana.

Y se perdió de vista. Yako se rascó la cabeza. Después dejó salir un largo suspiro, y se quedó sorprendido, porque sintió un inesperado y pequeño alivio. Era como si hubiese dejado salir un peso de dentro. Luego miró hacia el lugar donde MJ se había marchado.

Yako tenía cientos de amigos. Y siempre estaba demasiado ocupado intentando complacerlos, servirles, atenderlos. Siempre preguntaba a los demás qué necesitaban, y los demás no solían preguntárselo a él porque Yako siempre se mostraba como alguien que no necesitaba nada, que siempre estaba bien. MJ era la única persona que le sacaba de esa zona de confort de vez en cuando y le hacía hablar de cosas que él prefería callarse por miedo. Luego descubría que ese miedo se le evaporaba cuando hablaba con ella, y que, a pesar de hablar de cosas difíciles, el confort seguía ahí.

Con Raijin también se sentía cómodo hablando de cosas difíciles, pero Raijin, la diferencia que tenía con MJ, es que trataba a Yako con más delicadeza, porque, para él, Yako era un ser de pura luz que merecía todo lo bueno y era lo suficientemente poderoso e inteligente para hablar de las cosas cuando él quisiese y como él quisiese. MJ, por el contrario, prefería ser más directa y obligarlo a hablar de sus problemas con un tirón de oreja si hacía falta.

A pesar de que el tema sobre el que él y MJ acababan de hablar no había terminado con una solución, Yako se sentía mejor, simplemente por haber hablado de ello.









83.
Seres distintos

Mientras tanto, en la casa, MJ acabó acorralando a Yako en el pasillo del piso de arriba. El chico se quedó entre ella y la pared, sin ver por dónde más huir, ya que había mucha gente por ahí pasando de un lado a otro con sus conversaciones y risas.

—Vamos, MJ, perdóname, te lo tomas muy en serio —le sonrió Yako con inocencia, haciendo gestos temerosos con las manos.

—Hm… —refunfuñó ella, y se aproximó a él para mirarlo a los ojos bien de cerca, clavándole un dedo en el pecho—. Está bien. Pero que no vuelva a pasar, o mañana no iré a trabajar a la cafetería para hacer esos sándwiches que todos los clientes piden.

—Pero si yo los hago igual…

MJ puso cara de asesina y fue a darle un pellizco de los fuertes en el brazo.

—¡Ay, ay, ay! ¡Vale, era broma, tú los haces mejor, eres imprescindible para la cafetería! Ma basta, per favore! —sollozó, resistiéndose a los intentos de la otra por pellizcarle por todos lados.

MJ paró, pero pronto sonrió y no pudo evitar reírse. Yako también se rio por la tonta escenita. Pero luego se calmaron y se quedaron mirándose el uno al otro. MJ se ruborizó un poco, y él también, y al darse cuenta, ella miró a otro lado con disimulo. Después, observó tras ella, donde estaban las escaleras, que al pie de estas había una pareja muy unida susurrándose cosas al oído y disfrutando de la fiesta, un chico y una chica que ellos conocían.

—¿Te has enterado? —le preguntó MJ, sin dejar de mirar a esos dos—. Mitsuki, la chica con la que saliste unos meses en primer año de carrera, y Tora, el chico con el que yo salí una vez, han acabado juntos.

—Oh… —se sorprendió Yako al divisarlos—. Caray, tienes razón, míralos… Fuff… Menos mal que Mitsuki no me persigue como las otras y ha encontrado a alguien que de verdad le corresponde. Me alegro por ellos.

—Van juntos a todas partes, en la universidad no se despegan el uno del otro. Están muy enamorados, y eso que son de personalidades muy distintas, todo un misterio. Y pensar que los presentamos nosotros…

—Los humanos sois muy impredecibles —sonrió Yako—. Por eso me gustáis.

MJ volvió a mirarlo a los ojos, poniéndose seria, pero, al mismo tiempo, reflexiva.

—Hay algo que no me cuadra, Yako.

—¿Eh?

—Verás, sé que el caso de la chica que te perseguía antes también te pasa con otras dos de tu época de instituto, pero… luego está el caso de Mitsuki, y el de Vanessa el año pasado, y el de Kannai después… Yo las he conocido porque son de nuestra uni, y realmente eran buenas chicas, sin cosas raras, ni locuras obsesivas ni nada. Y nunca duraste más de cinco meses con ninguna de ellas. Yo sé que ellas llegaron a gustarte de verdad, estuviste enamorado. Pero acabaste alejándolas de ti por algún motivo que aún no me has explicado. Y ya sabes… que tú siempre me hablas de cualquier cosa —miró al suelo mientras se pasaba un mechón de pelo tras la oreja.

—Ahm… —titubeó Yako, mirando para los lados—. ¿Cu… cuál es tu pregunta exactamente…?

—Yako —lo interrumpió, poniéndose severa, y el chico se estremeció un poco—. Sabes perfectamente cuál es mi pregunta. Has nacido con ese poder.

—Sinceramente, MJ, puedo leer a casi cualquier persona de este mundo, pero… la verdad es que contigo a veces no me resulta tan fácil saber en qué piensas —sonrió inocente, rascándose la cabeza, y la otra lo miró incrédula—. No sé qué me pasa contigo, que no siempre te veo tan evidente y predecible como los demás… a veces eres un misterio para mí.

MJ no se esperaba oír algo así y volvió a ponerse roja, pero no terminaba de entenderlo ni de creerlo, porque ella se consideraba la humana más normal y común del mundo, y a ojos de un Zou debía de ser la criatura más evidente y predecible y simple de todas. Pensó que Yako le estaba tomando el pelo o algo así. Volvió a ponerse seria.

—¿Acabas alejando a esas chicas de ti porque crees que debes hacerlo, a pesar de que por dentro no deseas hacerlo?

La sonrisa de Yako se apagó un poco, y sus ojos dorados miraron distraídamente a otro lado. No respondió nada.

—¿Por qué te haces eso a ti mismo? —insistió MJ, con un tono más suave y entristecido—. Dime, ¿te da miedo que una humana no pueda soportar que seas un iris?

Yako siguió callado. Realmente estaba ahí contra la pared, acorralado por MJ, mucho más por esa conversación que por su cuerpo bloqueando el paso. Parecía estar pensando qué decir, y finalmente la miró de nuevo a los ojos.

—Supongo que la llevo en los genes, la necesidad de proteger a todos los buenos humanos por igual. No puedo cambiar lo que soy. El hecho de que tenga que preocuparme por una sola humana con más atención que por los demás… lo siento injusto.

—No estás hablando de ser un iris, ¿verdad? —se percató MJ—. Hahh… —suspiró—. Desertaste, Yako.

—Desertar cambia mi vida, pero no me cambia a mí. Lo que soy y nací siendo. Una parte de mí es iris, sí, que quiere proteger a los humanos inocentes que me rodean, de los peligros, crímenes e injusticias. Pero, en el fondo… soy alguien que quiere proteger a todos los humanos e iris de este planeta… a todo un mundo de seres que no son como yo… de amenazas y problemas que hay por encima del mundo humano.

—¿A qué te refieres? ¿A los dioses? —creyó entender, y esto la preocupó—. ¿Necesitamos protección... ante...?

—¡Oh, no! No, no… —negó rápidamente, viendo que estaba hablando demasiado, de temas que los humanos no deberían oír—. Oye, no hay nada de eso que deba preocuparte… —sonrió, alargando una mano hacia su rostro como consuelo.

—No —MJ apartó su mano—. No hagas eso conmigo, Yako. No me hables como a una inocente y pobre humana que no debe saber nada ni preocuparse de nada sobre los asuntos de seres superiores. Sólo quiero saber por qué no te permites a ti mismo ser libre y feliz. Conseguiste cambiar tu vida, estudiar la carrera que querías, trabajar como un iris en la KRS, llevar la cafetería de tu padre, relacionarte con todos de igual a igual, hacer amigos, hacer fiestas en casa… —señaló a su alrededor—. Pero hay algo… que aún no consigues hacer. Algo que aún no te permites a ti mismo tener.

—¿Por qué le das tanta importancia?

—Porque si lo haces por un motivo estúpido, tengo que gritártelo a la cara, que es un motivo estúpido. Es lo que hacen los amigos, se dicen mutuamente cuándo están haciendo algo estúpido.

—Hahaha… es verdad que tú me has salvado de varias estupideces. Pero… MJ… —cambió a un tono más serio, mirándola a los ojos—. Sé que te da rabia que esta parte de la vida sea complicada para mí, pero eso no hace que deje de serlo. Enamorarse de una persona es protegerla, preocuparse por ella, verla más importante que al resto. Siento que yo no podría descuidar a los demás por cuidar más de una. Dividir la preocupación. No puedo tener… a una persona que sea más importante que el resto del mundo.

MJ no dijo nada por un rato. Fue ahí cuando se dio cuenta de lo que realmente pasaba. Él no estaba siendo del todo sincero, estaba omitiendo el auténtico motivo. Yako, además de otras cosas, era un iris, y eso significaba que tenía un trauma, un trauma sin resolver aún, que lo había acompañado desde que era un niño muy pequeño.

MJ conocía su historia de cómo vio morir a su padre. Y sabía lo aterrorizado que Yako seguía estando casi dos décadas después. Su caso era el mayor misterio, y él lo consideraba un caso casi imposible de resolver. Pero no imposible de no tener suficiente capacidad o recursos, sino imposible de que de verdad no le convenía intentar averiguarlo. Yako temía mucho descubrir tras el misterio del asesinato de su padre algo que no debería descubrir, y no temía por él, sino por todo el mundo. Daba igual lo que dijeran los demás, él estaba absolutamente convencido de que la cosa que mató a su padre era un ser diferente, diferente a los humanos, a los iris o arki, a los Knive, a los taimu e incluso a los dioses.

Ella conocía a Yako lo suficiente para saber qué tipo de preguntas lo atormentaban. “La misma criatura que mató a mi padre, ¿vendrá a por mí algún día? Si logró matar a mi padre tan fácilmente, ¿significa que se trata de un ser superior a los Zou y por tanto algo que yo no puedo vencer? Si trato de averiguar qué o quién era, ¿se enfadará y atacará a más personas? Si hago algo que esa criatura pueda ver como una molestia o una amenaza hacia el secreto de su existencia, ¿me obligará a parar, secuestrando, amenazando o haciendo daño a las personas que más me importan?”.

Sinceramente, MJ comprendía estos temores de Yako. No se permitía a sí mismo enamorarse o estar demasiado tiempo con una humana porque así la convertiría en la persona más importante para él, por tanto, en su punto más débil, y por tanto, en el primer blanco fijo de seres divinos o seres desconocidos.

—¿Y si esa persona supiera protegerse a sí misma lo suficiente para que no tuvieras que preocuparte tanto de ella? —sugirió MJ—. Cualquier chica iris de la Asociación ya sabe quién eres, ya está metida en tu mundo, por lo que no hay nada que ocultarle, y sabe luchar. ¿Por qué nunca has probado a tener una relación con alguna? No sé… —titubeó, algo arrepentida de sus propias palabras de ahora—. Sería lo idóneo… para ti.

—Hm —Yako cerró los ojos un momento—. Verás… No es que yo tenga algún problema con eso. Pero ellas sí. —MJ lo miró sin entender—. Ninguna iris querría jamás estar conmigo. Y si lo quisieran, nunca lo harían.

—¿Por qué?

—Kain y tú sois los únicos humanos fuera de la Asociación a los que he confiado el secreto de esta. Vosotros dos y mis compañeros de la KRS me veis como un amigo, como a un igual, que es lo que yo deseaba. Para vosotros soy un iris Shokubutsu o bien un compañero de clase o un camarero como otro cualquiera. Pero… para el resto de la Asociación… sigo siendo el Zou. Y no se puede evitar porque, me guste o no, eso siempre estará por encima de mi iris. De modo que… —suspiró con pesar—… ser un Señor de los Iris, para todas las chicas iris, es sinónimo de “jefe intocable”, “ser superior”, “hombre fuera de su alcance”, “máximo respeto”, etcétera. Jamás se atreverían a plantearse una relación conmigo. Ninguna estaría nunca cómoda con alguien que puede controlar sus mentes o su alma, por así decirlo. Tampoco sería cómodo para mí. Incluso… —casi rio, pasándose una mano por el pelo—… cuando era más pequeño, había una iris que me gustaba, de una RS de Corea del Sur. Pero ¿sabes qué me dijo ella? Que igual que un humano no puede casarse con Dios, un iris no puede casarse con un Zou.

—Pero eso sólo son creencias y supersticiones que tienen los iris

—Ya te lo he dicho, es complicado. Ese tipo de relación nunca funcionaría. Por eso todos mis antepasados se han casado con humanas, y tanto a ellas como a ellos les funcionó perfectamente. Lo que pasa… —bajó la mirada—… es que a mí no me resulta tan fácil como a mis antepasados.

MJ volvió a quedarse pensativa.

—Y… ¿Y una cooperadora? —preguntó entonces, y Yako la miró confuso—. A lo mejor con una almaati puede resultar menos complicado… no sé… sería una humana entrenada casi como un iris, por lo tanto, lo suficientemente fuerte para protegerse a sí misma, y sin necesidad de que su mente, su alma o lo que sea esté atada o conectada a tu control de Zou. Sabría todo sobre la Asociación, sobre ti, sin secretos… no sé… Reuniría todos los factores favorables.

Yako frunció el ceño al principio, le sorprendía su insistencia. Pero luego torció una sonrisa socarrona.

—¿Qué pasa, MJ? ¿Es que conoces a alguna almaati con la que quieres emparejarme? ¿Me ves muy solo o qué?

—¡N… no, no! —se apuró, agitando las manos—. Además, de “solo” nada, que veo constantemente a chicas yendo tras de ti y flirteando contigo en la cafetería —refunfuñó.

—¿Sí? —sonrió—. ¿Espías mi vida privada por alguna razón?

—¡Q… No! —volvió a agitar las manos, y su cara pasó a color rojo—. ¡Para nada, yo no hago eso! Bueno… a veces vigilo que ninguna arpía se te acerque. Pero porque tú también haces eso conmigo, cada vez que me persigue algún chico con malas intenciones. Como aquel de la uni, que me acorraló en el aparcamiento. Te lanzaste sobre él como una fiera.

—Claro. Porque olían mucho a Yin —se rio, dándose toques en la nariz.

—Lo mordiste en un hombro.

—Oh, sí… —recordó Yako—. Fíjate que eso de morder es un ataque muy infantil, instintivo, pero cada vez que me cruzo con un criminal de los peores, no sé por qué lo primero que se me pasa por la cabeza es morderlo…

—Fue la primera vez que conocí tu faceta furiosa. Pero no digo que me desagrade, hehe… —le sonrió—. Fue bastante guay.

Yako no estaba muy orgulloso de ceder a esos comportamiento o ataques que él llamaba “infantiles” o “instintivos”, pero ver cómo MJ lo consideraba algo que le gustaba de él, le extrañó un poco y le hizo torcer una sonrisa. Verdaderamente MJ a veces le parecía una chica peculiar, diferente. Su afecto por ella era enorme. Pero, precisamente porque Yako se obligaba a sí mismo a ponerse esa barrera, no se daba cuenta de que lo que él llamaba “afecto” hacia MJ era en realidad algo más. Por eso, ni él mismo notó sus propias mejillas algo sonrojadas mientras la miraba.

—¿Tanto te preocupa que yo algún día encuentre a alguien y sea feliz, Momoki?

Esta vez, ella no se enfadó por llamarla por su nombre. A MJ sólo le cabreaba que lo hicieran delante de los demás. Pero cuando estaba sola con Yako y él pronunciaba su nombre sin nadie más cerca, le recorrían cosquilleos desde los oídos hasta los pies.

—Yo… sólo digo… —la chica agachó la cabeza con vergüenza—… que no te tienes que maltratar tanto a ti mismo. No tengas tanto miedo de permitir a alguien acercarse a ti… es decir, de acercarse de verdad a ti, a lo que eres, a lo que realmente sientes, haces o piensas, en vez de acercarse sólo a esa minúscula parte de ti mismo que muestras al exterior. No tengas tanto miedo de lo que pueda pasar. Si tienes tanto miedo a sufrir, significa que tienes miedo a vivir.

Yako abrió los ojos con asombro. Nunca lo pensó de esa manera.

—A-además… —hizo aspavientos—. Ya sé que tu abuelo te da mucho la lata con lo de casarte ya con alguien, eso de cumplir la tradición familiar de casarse a los 20 años es algo muy anticuado. Tienes 21 años y vives en el siglo XXI, hombre, tú disfruta todo lo que puedas… y ya en algún futuro, cuando sea el momento… dejarás de tener miedo… y encontrarás a alguien que te llene de verdad. Somos jóvenes, ¿no? —sonrió—. Dejemos de preocuparnos tanto por esto. No hay razón para precipitarse.

—Me extraña que lo digas tú, siendo la que ha sacado el tema —se rio.

—Bu-bueno, pero sólo era para decirte que… bueno… —miró para los lados, sin saber qué decir—. Que tal vez puedas ser por fin feliz con alguien lejos de las complicaciones de ser Zou, iris, humano y todas esas cosas que… en fin, que no tengas tanto miedo por esas cosas, y… y que si una almaati podría tener más posibilidades, pues… —empezó a hablar cada vez más bajo, murmurando—… porque yo llevo tiempo planteándome convertirme en almaati, y… —siguió mascullando cosas hasta el punto de que ya no se la entendía.

—¿Qué? MJ, no te oigo…

—¡Nada, nada! —brincó, nerviosa—. No tiene importancia. Bueno, yo… Me voy ya a casa, Yako. Mañana muy temprano tengo la presentación del trabajo de Derecho Penal, a ver si por fin me aprueban.

—Oh, claro. Había olvidado que cogiste ese turno de presentación. Te veo mañana, entonces, en la cafetería a las doce, y luego podemos ir juntos a la clase de Derecho Mercantil de la tarde. Con tanto viaje de ida y vuelta, te llevo yo en coche.

—Está bien. Perfecto —levantó los pulgares, disimulando sus nervios mientras iba bajando las escaleras—. Gracias por la fiesta, lo he pasado genial. Hasta mañana.

Y se perdió de vista. Yako se rascó la cabeza. Después dejó salir un largo suspiro, y se quedó sorprendido, porque sintió un inesperado y pequeño alivio. Era como si hubiese dejado salir un peso de dentro. Luego miró hacia el lugar donde MJ se había marchado.

Yako tenía cientos de amigos. Y siempre estaba demasiado ocupado intentando complacerlos, servirles, atenderlos. Siempre preguntaba a los demás qué necesitaban, y los demás no solían preguntárselo a él porque Yako siempre se mostraba como alguien que no necesitaba nada, que siempre estaba bien. MJ era la única persona que le sacaba de esa zona de confort de vez en cuando y le hacía hablar de cosas que él prefería callarse por miedo. Luego descubría que ese miedo se le evaporaba cuando hablaba con ella, y que, a pesar de hablar de cosas difíciles, el confort seguía ahí.

Con Raijin también se sentía cómodo hablando de cosas difíciles, pero Raijin, la diferencia que tenía con MJ, es que trataba a Yako con más delicadeza, porque, para él, Yako era un ser de pura luz que merecía todo lo bueno y era lo suficientemente poderoso e inteligente para hablar de las cosas cuando él quisiese y como él quisiese. MJ, por el contrario, prefería ser más directa y obligarlo a hablar de sus problemas con un tirón de oreja si hacía falta.

A pesar de que el tema sobre el que él y MJ acababan de hablar no había terminado con una solución, Yako se sentía mejor, simplemente por haber hablado de ello.





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