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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 2: La Búsqueda __









71.
Las condiciones de Alvion

—Le expliqué tu situación, los motivos por los que te abstenías a volver, y Alvion los consideró, créeme —le contó Denzel a su viejo amigo—. Aunque ya sabes que después de lo que has hecho, habrá que hacer cambios.

Ambos se habían reunido en el Yoho Pub, mismo lugar donde Lao se reunió con Neuval para contarle lo de Kyo el otro día. El local se había convertido en un antro al paso de los años. Antes era un lugar con un ambiente más animado y limpio, y ahora asomaba la roña por todas partes, sobre todo en el viejo, corpulento y amargado dueño, que seguía limpiando vasos detrás de la barra con el paño que nunca lavaba.

Esa taberna siempre había sido el lugar favorito de reuniones de Neuval, de Pipi, de Lao, de los otros Líderes de las RS aliadas y otros viejos camaradas, cuando la KRS estaba en su mejor época. Pese a haberse desperdiciado tanto ese lugar durante los últimos siete años, este seguía siendo un buen sitio para hablar de cosas confidenciales, seguras de no llegar a oídos ajenos poco apropiados. El dueño era otro caso, daba igual lo que oyese, todo le importaba un pito.

Neuval bajó la mirada hacia su copa, imaginándose qué le habría dicho Alvion a Denzel. Sin embargo, permaneció en silencio, esperando a que se lo contase todo.

—Alvion sabe bien cómo debes sentirte —prosiguió el taimu, recolocándose las gafas negras sobre la nariz—. Pero está decidido a tomar medidas contigo. No te estoy hablando de un trato, una tregua o un favor, sino de órdenes directas, que tendrás que acatar te guste o no. Comprende que debe hacerlo por el bien de la Asociación. Estando tú fuera, aún con tu iris, hay más riesgo de que el Gobierno tenga las cosas más fáciles para cazaros, sobre todo después de... tu incidente de hace unos días. No me sorprendería que el simpático de Hatori Nonomiya ya esté al tanto de las muertes que provocaste, estoy seguro de que sospecha de algún iris como el causante; conociéndole, debe de estar manos a la obra con una investigación. Alvion lo sabe, por eso me ha dicho que te diga que no vas a tener más remedio que volver, ya que así te tendrá controlado y evitará más incidentes de estos. Esa es la primera opción que te da.

—¿Hay una segunda? —preguntó Neuval, levantando la cabeza por fin.

—Sí —asintió, apoyando los codos sobre la mesa—. La segunda opción es... despedirte de la Asociación completamente, lo que también supone tener que despedirte de tu iris para siempre, y modificar tu memoria para que no recuerdes nada de todo lo que has vivido siendo un iris. Te informo que extraerle el iris a una persona que aún no se ha vengado es muy arriesgado tanto para Alvion como para la persona. Sólo se hace en casos extremos. Pero a Alvion le supone un gasto de energías excesivo.

Neuval abrió los ojos con cierto asombro ante la declaración, y volvió a desviar la mirada, en silencio, reflexivo.

—Olvidar todo lo que he vivido siendo iris... —murmuró—. Es como olvidar toda mi vida, todo mi ser. Desde que Lao me adoptó y me llevó al Monte Zou... ese fue el auténtico comienzo de mi vida.

—Lo cierto es que... —sonrió Denzel—. Vi en la cara de Alvion cierto resentimiento ante la segunda opción, se ve que no quiere despedirte de la Asociación.

—Ya... —masculló—. No sé qué tiene de diferencia haber dejado de trabajar para él aún conservando el iris con que me despida y me quite el iris.

—Creo que siempre ha tenido una esperanza de que volvieras.

—Sí... Lo que estaba esperando era una ocasión para obligarme a volver y para restregarme por la cara su superioridad.

—Eras y sigues siendo su peón más poderoso.

—¡Sí! Y yo soy muy feliz de haber nacido para ser el peón de alguien —dijo con el sarcasmo y la sonrisa feliz más falsa que pudo expresar.

—Qué cabezota eres, Neuval. ¿Te crees que me engañas? —se rio—. Te encanta el trabajo de iris. Vale que no te gusta tener a alguien por encima dándote órdenes, pero deja ya de hacerte el duro conmigo, sé perfectamente que le guardas a Alvion un profundo respeto y afecto en secreto.

—¿Sabes? Eras menos tocapelotas cuando no podías ver.

—Porque ahora que puedo ver, ser tocapelotas con la gente y ver sus caras de tontos resulta de lo más placentero —seguía sonriendo—. Tienes suerte de que te haya tocado a Alvion como Señor, Neuval —comentó, tomando un trago de su copa.

—Siempre pensé que habría tenido más suerte si me hubiera tocado a su padre. Se dice que Dorian Zou era todo un bromista. Es una pena, ni siquiera Lao llegó a conocerlo. Se supone que Dorian murió hacia el mismo año en que nació Lao.

—Dorian era más divertido y bienhumorado, sí. Pero creo que te habría resultado más duro estar bajo sus órdenes y de las de todos los demás Zou que bajo las de Alvion.

—Sé que Alvion hace las cosas un poco distintas respecto a sus antepasados, pero ¿cómo de diferente puede ser?

—Alvion es el único Zou que ha marcado la diferencia en todo su linaje, sin duda —le aseguró Denzel—. He conocido a todos los Zou anteriores a él. Excepto al fundador de la Asociación, que ya murió antes de que yo llegara al Monte Zou y conociera a su hijo Leander. Desde Leander hasta Dorian, todos los Zou han sido casi idénticos en su modo de dirigir la Asociación, de pensar, de sentir y de ver el mundo y a la humanidad.

»La diferencia con Alvion, es que sus antepasados eran más radicales. En su lucha contra el mal, los Zou de antaño tendían a hacer una justicia más estricta, a condenar a muerte a cualquier criminal al instante, sin vacilación ni perdón, pues el olor del mal les ahogaba. A Alvion también le ahoga, aborrece el mal con toda su alma. Pero él… es el único Zou que prefiere intentar otro camino, el de arreglar el mal de una persona antes que matarla sin más como solución. Tú has sido testigo muchas veces de que Alvion no sólo cuida de los iris, sino también de todos los humanos en general, sean buenos o malos.

»Después de un merecido castigo, por supuesto, lo has visto miles de veces intentando ayudar a horribles criminales a cambiar a mejor. Y lo ha conseguido con miles. A los que no podía cambiar y eran irremediablemente malos, no le quedaba otra opción y los ponía en su Lista de Condenados para que fueran ejecutados. Y aunque él no lo haga notar, aunque finja ser muy severo y frío, y aunque sea un ser que se asfixia hasta con el más mínimo olor del mal, siempre se entristece y se culpa a sí mismo cuando no consigue que una mala persona cambie a mejor. Odia el mal, pero odia mucho más tener que matarlo cuando no puede arreglarlo o transformarlo en algo mejor. Y… esa es una ideología que, curiosamente, tú también has manifestado en muchas ocasiones, en contra del sistema tradicional de la Asociación. Desde que te conozco, al menos.

—Desde que nací, más bien —le corrigió Neuval—. La forma de pensar de Alvion se asemeja mucho a la que mi hermana me inculcó desde pequeño. Pero Alvion quiere llevar este camino diferente poco a poco, despacio, para no volcar de repente el modo de actuar tradicional que la Asociación lleva sosteniendo con éxito cuatro siglos. Y por eso… me cuesta mucho ser un iris obediente. El método tradicional y más radical de los anteriores Zou… no encaja conmigo.

—¿Y por eso tienes que andar martirizando al pobre Alvion todo el tiempo?

—A ver, Denzel. Entiéndelo —se encogió de hombros, defensivo—. Es que ese vejete es la víctima idónea para mis bromas, eso nunca cambiará —sonrió con malicia—. Me encanta hacerle la vida imposible, no puedo evitarlo. Me parece una compensación muy justa a cambio de la tortura que es para mí que alguien me dé órdenes. Cuando yo estaba en la SRS, ¡ni siquiera soportaba que mi maestro Hideki me diera órdenes! “Neuval, inspecciona la ciudad; Neuval, encárgate de estos criminales; Neuval, entrena más duro; Neuval, deja de pelearte con Pipi; Neuval, no te acuestes con mi hija; Neuval, no te cases con mi hija…” etcétera, etcétera. Ay... —suspiró con tristeza—. Echo de menos a Hideki y a Emiliya. Me acuerdo de ellos muchas veces, sobre todo de Hideki cuando miro a Lex. Lex se parece mucho a él, tiene sus mismos ojos.

—Debes de ser el único hombre del mundo que echa de menos a su suegro, yo al mío no lo soportaba, menos mal que murió hace dos siglos —se rio Denzel, y ambos tomaron un trago de su copa, vieja costumbre cuando recordaban a iris grandiosos muertos en combate—. Bueno, el caso es ese. Tú decides qué hacer.

—¿Qué pasa si decido volver? —quiso saber.

—Pues... que volverás a trabajar para Alvion como hace siete años, volviendo a tu cargo de Líder y aceptando de nuevo todas las responsabilidades que eso conlleva. Y…

—¿Y? —arqueó una ceja, viendo que el joven profesor vacilaba.

—Y exige que no vuelvas a usar nunca más tu Técnica de Desvío. Ya sabes, la Técnica que tú mismo creaste para que Alvion no te controle ni sepa dónde andas, la que rompe tu conexión con él.

—¡Sí, bueno! —protestó.

—No me extraña que te exija una cosa así, Neu. Eres el único iris de toda la historia de la Asociación que ha osado crear semejante Técnica que para cualquier Zou es una completa humillación.

—Ogh… Me halagas… —le sonrió ruborizado, haciéndole un gesto modesto y afeminado con la mano.

—Qué payaso eres… —suspiró Denzel, con una sonrisa resignada—. En fin, niño. O vas al Monte Zou a que te extraigan el iris con el que has vivido 35 años y te conviertes en un ciudadano humano normal y corriente, o vas al Monte Zou a que te dicten de nuevo tus derechos y tus cargos, te vuelvan a nombrar Líder de la KRS que fundaste, te planten otra vez tu tatuaje y te despojes de tu Técnica que tanto molesta a Alvion. También volverás con los tuyos, volveréis a ser la familia de antes, y la mejor RS del mundo, dándoles su merecido a los malos humanos y teniendo bajo control tu problemilla. ¿Qué decides?

Neuval no dijo nada, seguía sin estar seguro, cavilando sobre las consecuencias de cada opción. Casi sonrió al darse cuenta de que Denzel había mostrado con el énfasis de sus palabras que también le gustaría que volviese. Entonces se acordó de Izan, y eso provocó un desequilibrio en su decisión final.

—También, no sé si has visto las noticias —añadió Denzel—. Está lo del nombramiento del nuevo ministro de Interior.

—¿Qué? —se sorprendió—. ¿Takeshi Nonomiya se jubila ya?

—Así es. Si Agatha también se ha enterado de las noticias, debe de pensar como yo. Seguro que su hijo, Hatori Nonomiya, saldrá elegido, o si no, Norie Saitou, sería evidente. Uno de ellos dos será el nuevo ministro o ministra. Las cosas se van a complicar para las RS si Hatori acaba en el cargo. Sabemos que hasta ahora sólo ha sido el jefe de Policía y su padre nunca le ha dejado participar en el caso de los iris, pero Hatori ya ha hecho cosas por su cuenta en los últimos años. Ese humano no es moco de pavo, Neuval, ese Hatori tiene increíbles aptitudes.

—Si no es más que un niño, demasiado joven para llevar un cargo así —increpó Neuval con fastidio—. ¿Qué debe de tener, la edad de mi hijo Lex?

—No, más. Tiene 30 años, pero no podemos subestimarlo sólo porque sea joven. En estos años de tu exilio no habrás podido verlo, pero él solito ha estado limpiando las calles de criminales tanto como los iris. Hatori puede ser una verdadera amenaza para nosotros, más de lo que fue su padre.

Reinó un buen rato de silencio. Sólo se oyó toser levemente a un vagabundo que se sentaba al otro extremo del bar, dormitando sobre una mesa con una copa de whisky a medio acabar en una mano. Denzel observó la cara de Neuval, no le sorprendía verle comiéndose el coco.

—Piénsalo bien, Neu. No hace falta que me lo digas a mí, tienes hasta pasado mañana, viernes, para decidirlo y reunirte con Alvion a mediodía en el Templo Meiji de Shibuya. Digas lo que le digas, irás inmediatamente al Monte Zou para el juicio, y después del juicio, ya sabes, o te extraen el iris y tus memorias con él, o te reinsertas en tu puesto.

—Me sorprende que me deje tanto tiempo para decírselo.

—Eso es porque le conté que estás buscando a tu hija —señaló con cierta mofa—. Después de descifrar en su desaprobadora mirada un “irresponsable hasta con sus hijos”, aceptó darte un margen de tiempo. Así que más vale que encuentres a Cleven antes del viernes al mediodía. En estos días de fiesta, al no haber clase, yo no la he vuelto a ver.

—Ya —resopló con desánimo.

—Según me has contado, Nakuru está cuidando de ella esté donde esté, no hay de qué preocuparse, pues —le sonrió—. Podrías pedirle ayuda a alguien para buscarla que no sea Nakuru. Has hecho bien en no pedirle a Nak que la delate, Cleven no se lo habría perdonado.

—Prefiero buscarla yo, no debo meter a nadie más en esto, es familiar y personal. No sé por qué tengo la impresión de que puede andar cerca de cierto... hombre.

Hubo una pequeña pausa. Denzel supo a quién se refería, pero la cosa no iba con él.

Finalmente, tras mirar el nuevo mensaje que había recibido en su móvil, Denzel se levantó de su silla.

—En fin, he de irme, jovencito. Nuevo mensaje de nuestro Zou gruñón. Ha percibido un nuevo iris recién convertido en Puerto Rico y tengo que ir a recogerlo.

—Bien. Ah, una cosa más, Denzel —lo detuvo del brazo—. Es que... Bueno, quizá sea una pregunta rara, pero... ¿Por casualidad no sabrás si los Dioses del Yin han comentado últimamente algo sobre la existencia de un arki en la actualidad?

—¿Cómo? —se sorprendió, sonriendo escéptico—. Neu, hace décadas que no se detecta la existencia de arki.

—Ya, pero hablo de un caso muy reciente, no sé, uno que haya pasado desapercibido.

—Ay, Dios mío, estás hablando de Ichi —el taimu fue capaz de adivinarlo enseguida, y volvió a sentarse. Neuval puso una mueca defensiva—. ¿Por qué sacas el tema de Izan tan de repente, después de tantos años? ¿Ha pasado algo?

—Sólo es una suposición —mintió—. Sólo quería saber si hay alguna novedad, si los Dioses del Yin te han podido comentar algo a ti sobre eso. Como Agatha y tú sois quienes investigáis asuntos así de su parte...

—Te aseguro que mis amos no me han dicho nada de eso. De hecho, mis amos me hacen a mí el mismo caso que le hacen a una mota de polvo. Para ellos el tiempo pasa incluso más lento que para mí, llevo casi veinte años sin recibir ningún nuevo recado de ellos. Supongo que se conforman con el trabajo que ya hago en la Asociación bajo la supervisión de Alvion. No te preocupes, Neu, porque si de verdad Izan, dondequiera que esté, se ha convertido en un arki, mis amos ya lo habrían alertado.

—Hmm... —Neuval acabó suspirando, todavía no muy conforme, pero vio que el taimu tenía prisa—. Está bien, olvídalo, no importa. Tráeme algo bonito de Puerto Rico.

—Claro —sonrió Denzel campechanamente, apoyando la barbilla en una mano y tendiendo la otra hacia él—. Dame dinero y te traeré todo lo que quieras.

—¿En serio? —rezongó—. ¿En serio, anciano? ¿Quién te hizo esas gafas para otorgarles el sentido de la vista a tus escalofriantes ojos?

—He sido tu niñera durante tu adolescencia cada vez que te metías en líos, que era básicamente cinco veces a la semana —siguió sonriéndole, con la mano tendida—. Y no hay nada peor en este mundo que haber sido tu niñera de adolescente.

—Bueno. Vale. Eso es verdad —refunfuñó Neuval—. ¿Pero dónde están tus ahorros de cuatrocientos años?

—Fuujin. Ahora mismo soy profesor de instituto —continuó mirándolo sin borrar esa sonrisa y sin apartar la mano—. Mi sueldo da pena.

—Caray... Si me lo dices así... me das pena hasta a mí —rezongó de nuevo, sacando de su bolsillo un montón de billetes—. Toma, 100 mil yenes. Cómprate tú algo bonito. Yo me conformo con un puñado de mampostiales puertorriqueños, los que venden en la tienda de Mami Rolita, en Ponce, en la calle Méndez Vigo.

—Neuval... —Denzel miró un momento ese fajo de billetes en su mano y luego a él—. ¿Tanto te sobra el dinero?

—Perdona. Tengo un cociente intelectual de 285. ¿Te sorprende que un superdotado dedicado a la tecnología y a la ciencia de la Física que piensa en diecisiete ecuaciones diferentes de mecánica cuántica mientras charla y se toma una copa contigo gane una millonada al año?

—Niño. Tú me sorprendes constantemente desde que Kei Lian te trajo a la Asociación —cogió el dinero de su mano y se dispuso a marcharse, alisándose las arrugas de su chaqueta.

—Oye —le sonrió entonces, más tranquilo—. Gracias por todo, una vez más. De verdad —le dijo, y sacó su móvil.

—¿Qué vas a hacer tú ahora? —preguntó mientras se dirigía a la salida.

—Llamar al Hotel Excel Tokyu.

Denzel asintió con la cabeza y se marchó, dejándolo solo con el dueño del antro y con el vagabundo, llamando a dicho lugar. A los pocos segundos colgó y entornó los ojos con fastidio. No había línea en el hotel, porque este había tenido un problema eléctrico. Tendría que llamar mañana.

Se quedó un largo rato cavilando sobre qué hacer con respecto a las opciones de Alvion. Tenía la oportunidad de tener una vida normal y corriente, como la de cualquier persona, tranquila y rutinaria, o bien volver a lo que se había dedicado durante años con tanto afán, volver a su real vida, volver a reunirse con sus jóvenes camaradas y luchar contra las injusticias del mundo.

La primera opción solucionaba todos sus problemas y preocupaciones; pero la segunda le brindaba la ocasión de volver a esa vida, que no era mala para nada, aunque con sus problemillas. Ambas tenían sus ventajas y desventajas, pero una tenía más ventajas que desventajas. Necesitaba un empujón, un motivo sólido que le ayudase a decidirse. Lo que le extrañaba es que estuviese dudando tanto, el Neuval de los últimos siete años elegiría una vida normal sin dudarlo. Sin embargo, había algo... que no le dejaba.

De pronto se dio cuenta de que el viejo, sucio y corpulento dueño del local lo estaba mirando fijamente mientras limpiaba unos vasos. Neuval lo vio de reojo justo cuando iba a tomar un trago de su copa, pero giró la vista completamente hacia él, lentamente. Con la penumbra del ambiente, su ojo izquierdo emitió un breve destello de luz blanca. El camarero dejó de limpiar y siguió observándolo con aire amenazante.

—¿Tú qué coño miras, gordinflón? —le preguntó Neuval.

—Un monstruo que tiene una bombilla por ojo —contestó el sucio viejo con desdén.

Neuval dibujó una sonrisa fría.

—Tu cara sí que es monstruosa, Ogu —replicó, volviendo a mirar al frente para tomar un trago de su copa.

—Al menos yo pertenezco a la raza humana —escupió Ogu.

—Sí, en especial a la raza que alguna vez se dedicó a vender drogas a los niños en las puertas de sus colegios y uno de ellos murió intoxicado por un producto mal mezclado —volvió a mirarlo—. Si ahora mismo estás aquí y no en una cárcel con cinco rinocerontes embadurnándote el culo con vaselina y jugando a indios y vaqueros a cuatro patas, es porque te pillé, pediste perdón, te perdoné, y te dejo tener una segunda oportunidad para comportarte como un humano debe comportarse. Tu casa, tus clientes y tu honrado trabajo, y respetando las leyes. Lo más importante, respetando a las personas. Más te vale seguir siendo bueno, Ogu. Y eso incluye el no contar a nadie las conversaciones que oyes aquí dentro.

—Este local es mío, por lo tanto, las palabras que floten en su aire, también. ¿Qué pasa si digo algo?

—Feliz y sencillamente, te partiré el cuello, mon ami.

—Si al menos me pagaseis lo que consumís... —gruñó—. Siempre venís aquí, una copita de whisky para el señorito, otra de coñac para el otro señorito —puso un tono de burla—. Y los señoritos no pagan.

—¿Qué quieres, dinero, o una bala entre las cejas, que es lo que en realidad mereces? —replicó Neuval—. Tus servicios y hospitalidad a cambio de tu libertad y de tu vida. Si te he dado una segunda oportunidad, es para que aprendas a apreciar más tu vida y la vida de los demás antes que el dinero. ¿Y qué es eso que he oído, que las palabras que floten en este aire son tuyas?

El camarero le hizo un gesto de asentimiento y desafío con la cabeza.

—El aire es mío, Ogu —le aclaró Neuval—. El aire de este local, el aire que respiras, el aire que envuelve todo este planeta, es mío. Y lo que flote en él, también. Soy el dueño del viento, y si cuentas por ahí lo que no debes contar, el viento arrastrará tus palabras de traición hasta mis oídos, estés donde estés. Y entonces el lobo soplará y soplará, y la casita de madera volará, y su feo y malvado dueño morirá —dijo, mirando el local, y luego a él.

Ogu era lo suficientemente listo y conocía a esa gente lo suficiente para saber que aquello no era ningún tipo de amenaza vacía. Palideció un poco, y tuvo que apartar la mirada de los ojos grises de aquel ser. Nervioso, el camarero se limitó a seguir limpiando los vasos, pero le seguían recorriendo escalofríos. Entonces, Neuval volvió con sus pensamientos.

«¿Qué he de hacer?» se preguntó, ensimismado, carcomido por dentro. El motivo por el que había perdurado tanto tiempo en la Asociación era porque le gustaba, sí. Y la conversación que había tenido con su madre esa mañana le había hecho reconocerlo.

La gran mayoría de los iris habían seguido dentro de la Asociación aun después de haber cumplido con su venganza porque no podían dejarla, les gustaba su trabajo y lo que podían hacer, mientras que otros, la minoría, preferían volver a una vida normal, satisfechos con su venganza y liberados de ese sentimiento. Una vez que uno cumplía con su venganza, tenía derecho a dejar la Asociación.

Recordó entonces la razón por la que se hizo iris, recordó el día en que conoció a Lao en un callejón de Hong Kong, y la causa del inicio de toda esa vida: Jean.

Jean seguía vivo en la actualidad. Sólo de pensarlo le ponía enfermo. Ese hombre había sido el culpable de todo. Lo cierto es que Neuval llegó una vez a olvidar lo que sucedió en París por completo; llegó a sentirse liberado de su agonía, libre de todo, feliz. Fue en la época cuando se casó con Katya y nació Lex, cuando creó la KRS y el comienzo de un nuevo proyecto de vida. No necesitaba ya nada, lo tenía todo, todo lo que quería, así que su agonía quedó enterrada junto a Jean bajo tierra.

Se olvidó de su venganza y del objetivo que se propuso firmemente a los 12 años. ¿Para qué?, se dijo entonces, no necesito vengarme. Ya estás curado, le decía Katya. No obstante, al final todo se derrumbó. Primero murió su querido hermanastro, Sai, y después Katya. Todo ello volvió a abrir las puertas hacia las tinieblas, la soledad, el odio y la rabia. Neuval pensó, pues, que todo, absolutamente todo lo malo que le pasaba era únicamente por culpa de Jean.

Entonces su odio se hizo más grande, y finalmente se hizo sólido aquella noche de fin de año, hacía apenas unas semanas, cuando Ming Jie se le acercó para hablar a solas durante la cena de la empresa, informándole de que Jean había sido puesto en libertad, que ya había salido de la cárcel. Desde entonces, no podía soportar la idea de imaginarse a ese despreciable hombre caminando libre y tranquilamente por las calles, disfrutando de su libertad, de la vida que le quedaba. «No tiene derecho a vivir» pensaba Neuval, «No se lo merece».

De pronto se preguntó que, si escogía la segunda opción, y consciente de cómo se sentía respecto a este asunto, ¿al final iba a llegar el día en que cumpliese su venganza? ¿Sería capaz de hacerlo? ¿Después de tantos años? ¿De verdad que así conseguiría librarse de su enfermedad del majin de una vez, con la cual había vivido durante casi toda su vida? No lo iba a saber hasta que no lo hiciese, se dijo.

Una cosa estaba clara. Estaba harto de sufrir por los recuerdos, pero aun así no quería olvidarlos. Quería hacer algo por ellos.

Siguió pensando en todas las consecuencias que abarcaban cada una de las dos opciones, considerando las que le aportaban mayor beneficio antes que las que no. «¿Qué debo hacer?» se repitió. Necesitaba algo. Un motivo más. Siguió cavilando y cavilando... hasta que se le vino ese nombre a la cabeza una vez más. «Izan».









71.
Las condiciones de Alvion

—Le expliqué tu situación, los motivos por los que te abstenías a volver, y Alvion los consideró, créeme —le contó Denzel a su viejo amigo—. Aunque ya sabes que después de lo que has hecho, habrá que hacer cambios.

Ambos se habían reunido en el Yoho Pub, mismo lugar donde Lao se reunió con Neuval para contarle lo de Kyo el otro día. El local se había convertido en un antro al paso de los años. Antes era un lugar con un ambiente más animado y limpio, y ahora asomaba la roña por todas partes, sobre todo en el viejo, corpulento y amargado dueño, que seguía limpiando vasos detrás de la barra con el paño que nunca lavaba.

Esa taberna siempre había sido el lugar favorito de reuniones de Neuval, de Pipi, de Lao, de los otros Líderes de las RS aliadas y otros viejos camaradas, cuando la KRS estaba en su mejor época. Pese a haberse desperdiciado tanto ese lugar durante los últimos siete años, este seguía siendo un buen sitio para hablar de cosas confidenciales, seguras de no llegar a oídos ajenos poco apropiados. El dueño era otro caso, daba igual lo que oyese, todo le importaba un pito.

Neuval bajó la mirada hacia su copa, imaginándose qué le habría dicho Alvion a Denzel. Sin embargo, permaneció en silencio, esperando a que se lo contase todo.

—Alvion sabe bien cómo debes sentirte —prosiguió el taimu, recolocándose las gafas negras sobre la nariz—. Pero está decidido a tomar medidas contigo. No te estoy hablando de un trato, una tregua o un favor, sino de órdenes directas, que tendrás que acatar te guste o no. Comprende que debe hacerlo por el bien de la Asociación. Estando tú fuera, aún con tu iris, hay más riesgo de que el Gobierno tenga las cosas más fáciles para cazaros, sobre todo después de... tu incidente de hace unos días. No me sorprendería que el simpático de Hatori Nonomiya ya esté al tanto de las muertes que provocaste, estoy seguro de que sospecha de algún iris como el causante; conociéndole, debe de estar manos a la obra con una investigación. Alvion lo sabe, por eso me ha dicho que te diga que no vas a tener más remedio que volver, ya que así te tendrá controlado y evitará más incidentes de estos. Esa es la primera opción que te da.

—¿Hay una segunda? —preguntó Neuval, levantando la cabeza por fin.

—Sí —asintió, apoyando los codos sobre la mesa—. La segunda opción es... despedirte de la Asociación completamente, lo que también supone tener que despedirte de tu iris para siempre, y modificar tu memoria para que no recuerdes nada de todo lo que has vivido siendo un iris. Te informo que extraerle el iris a una persona que aún no se ha vengado es muy arriesgado tanto para Alvion como para la persona. Sólo se hace en casos extremos. Pero a Alvion le supone un gasto de energías excesivo.

Neuval abrió los ojos con cierto asombro ante la declaración, y volvió a desviar la mirada, en silencio, reflexivo.

—Olvidar todo lo que he vivido siendo iris... —murmuró—. Es como olvidar toda mi vida, todo mi ser. Desde que Lao me adoptó y me llevó al Monte Zou... ese fue el auténtico comienzo de mi vida.

—Lo cierto es que... —sonrió Denzel—. Vi en la cara de Alvion cierto resentimiento ante la segunda opción, se ve que no quiere despedirte de la Asociación.

—Ya... —masculló—. No sé qué tiene de diferencia haber dejado de trabajar para él aún conservando el iris con que me despida y me quite el iris.

—Creo que siempre ha tenido una esperanza de que volvieras.

—Sí... Lo que estaba esperando era una ocasión para obligarme a volver y para restregarme por la cara su superioridad.

—Eras y sigues siendo su peón más poderoso.

—¡Sí! Y yo soy muy feliz de haber nacido para ser el peón de alguien —dijo con el sarcasmo y la sonrisa feliz más falsa que pudo expresar.

—Qué cabezota eres, Neuval. ¿Te crees que me engañas? —se rio—. Te encanta el trabajo de iris. Vale que no te gusta tener a alguien por encima dándote órdenes, pero deja ya de hacerte el duro conmigo, sé perfectamente que le guardas a Alvion un profundo respeto y afecto en secreto.

—¿Sabes? Eras menos tocapelotas cuando no podías ver.

—Porque ahora que puedo ver, ser tocapelotas con la gente y ver sus caras de tontos resulta de lo más placentero —seguía sonriendo—. Tienes suerte de que te haya tocado a Alvion como Señor, Neuval —comentó, tomando un trago de su copa.

—Siempre pensé que habría tenido más suerte si me hubiera tocado a su padre. Se dice que Dorian Zou era todo un bromista. Es una pena, ni siquiera Lao llegó a conocerlo. Se supone que Dorian murió hacia el mismo año en que nació Lao.

—Dorian era más divertido y bienhumorado, sí. Pero creo que te habría resultado más duro estar bajo sus órdenes y de las de todos los demás Zou que bajo las de Alvion.

—Sé que Alvion hace las cosas un poco distintas respecto a sus antepasados, pero ¿cómo de diferente puede ser?

—Alvion es el único Zou que ha marcado la diferencia en todo su linaje, sin duda —le aseguró Denzel—. He conocido a todos los Zou anteriores a él. Excepto al fundador de la Asociación, que ya murió antes de que yo llegara al Monte Zou y conociera a su hijo Leander. Desde Leander hasta Dorian, todos los Zou han sido casi idénticos en su modo de dirigir la Asociación, de pensar, de sentir y de ver el mundo y a la humanidad.

»La diferencia con Alvion, es que sus antepasados eran más radicales. En su lucha contra el mal, los Zou de antaño tendían a hacer una justicia más estricta, a condenar a muerte a cualquier criminal al instante, sin vacilación ni perdón, pues el olor del mal les ahogaba. A Alvion también le ahoga, aborrece el mal con toda su alma. Pero él… es el único Zou que prefiere intentar otro camino, el de arreglar el mal de una persona antes que matarla sin más como solución. Tú has sido testigo muchas veces de que Alvion no sólo cuida de los iris, sino también de todos los humanos en general, sean buenos o malos.

»Después de un merecido castigo, por supuesto, lo has visto miles de veces intentando ayudar a horribles criminales a cambiar a mejor. Y lo ha conseguido con miles. A los que no podía cambiar y eran irremediablemente malos, no le quedaba otra opción y los ponía en su Lista de Condenados para que fueran ejecutados. Y aunque él no lo haga notar, aunque finja ser muy severo y frío, y aunque sea un ser que se asfixia hasta con el más mínimo olor del mal, siempre se entristece y se culpa a sí mismo cuando no consigue que una mala persona cambie a mejor. Odia el mal, pero odia mucho más tener que matarlo cuando no puede arreglarlo o transformarlo en algo mejor. Y… esa es una ideología que, curiosamente, tú también has manifestado en muchas ocasiones, en contra del sistema tradicional de la Asociación. Desde que te conozco, al menos.

—Desde que nací, más bien —le corrigió Neuval—. La forma de pensar de Alvion se asemeja mucho a la que mi hermana me inculcó desde pequeño. Pero Alvion quiere llevar este camino diferente poco a poco, despacio, para no volcar de repente el modo de actuar tradicional que la Asociación lleva sosteniendo con éxito cuatro siglos. Y por eso… me cuesta mucho ser un iris obediente. El método tradicional y más radical de los anteriores Zou… no encaja conmigo.

—¿Y por eso tienes que andar martirizando al pobre Alvion todo el tiempo?

—A ver, Denzel. Entiéndelo —se encogió de hombros, defensivo—. Es que ese vejete es la víctima idónea para mis bromas, eso nunca cambiará —sonrió con malicia—. Me encanta hacerle la vida imposible, no puedo evitarlo. Me parece una compensación muy justa a cambio de la tortura que es para mí que alguien me dé órdenes. Cuando yo estaba en la SRS, ¡ni siquiera soportaba que mi maestro Hideki me diera órdenes! “Neuval, inspecciona la ciudad; Neuval, encárgate de estos criminales; Neuval, entrena más duro; Neuval, deja de pelearte con Pipi; Neuval, no te acuestes con mi hija; Neuval, no te cases con mi hija…” etcétera, etcétera. Ay... —suspiró con tristeza—. Echo de menos a Hideki y a Emiliya. Me acuerdo de ellos muchas veces, sobre todo de Hideki cuando miro a Lex. Lex se parece mucho a él, tiene sus mismos ojos.

—Debes de ser el único hombre del mundo que echa de menos a su suegro, yo al mío no lo soportaba, menos mal que murió hace dos siglos —se rio Denzel, y ambos tomaron un trago de su copa, vieja costumbre cuando recordaban a iris grandiosos muertos en combate—. Bueno, el caso es ese. Tú decides qué hacer.

—¿Qué pasa si decido volver? —quiso saber.

—Pues... que volverás a trabajar para Alvion como hace siete años, volviendo a tu cargo de Líder y aceptando de nuevo todas las responsabilidades que eso conlleva. Y…

—¿Y? —arqueó una ceja, viendo que el joven profesor vacilaba.

—Y exige que no vuelvas a usar nunca más tu Técnica de Desvío. Ya sabes, la Técnica que tú mismo creaste para que Alvion no te controle ni sepa dónde andas, la que rompe tu conexión con él.

—¡Sí, bueno! —protestó.

—No me extraña que te exija una cosa así, Neu. Eres el único iris de toda la historia de la Asociación que ha osado crear semejante Técnica que para cualquier Zou es una completa humillación.

—Ogh… Me halagas… —le sonrió ruborizado, haciéndole un gesto modesto y afeminado con la mano.

—Qué payaso eres… —suspiró Denzel, con una sonrisa resignada—. En fin, niño. O vas al Monte Zou a que te extraigan el iris con el que has vivido 35 años y te conviertes en un ciudadano humano normal y corriente, o vas al Monte Zou a que te dicten de nuevo tus derechos y tus cargos, te vuelvan a nombrar Líder de la KRS que fundaste, te planten otra vez tu tatuaje y te despojes de tu Técnica que tanto molesta a Alvion. También volverás con los tuyos, volveréis a ser la familia de antes, y la mejor RS del mundo, dándoles su merecido a los malos humanos y teniendo bajo control tu problemilla. ¿Qué decides?

Neuval no dijo nada, seguía sin estar seguro, cavilando sobre las consecuencias de cada opción. Casi sonrió al darse cuenta de que Denzel había mostrado con el énfasis de sus palabras que también le gustaría que volviese. Entonces se acordó de Izan, y eso provocó un desequilibrio en su decisión final.

—También, no sé si has visto las noticias —añadió Denzel—. Está lo del nombramiento del nuevo ministro de Interior.

—¿Qué? —se sorprendió—. ¿Takeshi Nonomiya se jubila ya?

—Así es. Si Agatha también se ha enterado de las noticias, debe de pensar como yo. Seguro que su hijo, Hatori Nonomiya, saldrá elegido, o si no, Norie Saitou, sería evidente. Uno de ellos dos será el nuevo ministro o ministra. Las cosas se van a complicar para las RS si Hatori acaba en el cargo. Sabemos que hasta ahora sólo ha sido el jefe de Policía y su padre nunca le ha dejado participar en el caso de los iris, pero Hatori ya ha hecho cosas por su cuenta en los últimos años. Ese humano no es moco de pavo, Neuval, ese Hatori tiene increíbles aptitudes.

—Si no es más que un niño, demasiado joven para llevar un cargo así —increpó Neuval con fastidio—. ¿Qué debe de tener, la edad de mi hijo Lex?

—No, más. Tiene 30 años, pero no podemos subestimarlo sólo porque sea joven. En estos años de tu exilio no habrás podido verlo, pero él solito ha estado limpiando las calles de criminales tanto como los iris. Hatori puede ser una verdadera amenaza para nosotros, más de lo que fue su padre.

Reinó un buen rato de silencio. Sólo se oyó toser levemente a un vagabundo que se sentaba al otro extremo del bar, dormitando sobre una mesa con una copa de whisky a medio acabar en una mano. Denzel observó la cara de Neuval, no le sorprendía verle comiéndose el coco.

—Piénsalo bien, Neu. No hace falta que me lo digas a mí, tienes hasta pasado mañana, viernes, para decidirlo y reunirte con Alvion a mediodía en el Templo Meiji de Shibuya. Digas lo que le digas, irás inmediatamente al Monte Zou para el juicio, y después del juicio, ya sabes, o te extraen el iris y tus memorias con él, o te reinsertas en tu puesto.

—Me sorprende que me deje tanto tiempo para decírselo.

—Eso es porque le conté que estás buscando a tu hija —señaló con cierta mofa—. Después de descifrar en su desaprobadora mirada un “irresponsable hasta con sus hijos”, aceptó darte un margen de tiempo. Así que más vale que encuentres a Cleven antes del viernes al mediodía. En estos días de fiesta, al no haber clase, yo no la he vuelto a ver.

—Ya —resopló con desánimo.

—Según me has contado, Nakuru está cuidando de ella esté donde esté, no hay de qué preocuparse, pues —le sonrió—. Podrías pedirle ayuda a alguien para buscarla que no sea Nakuru. Has hecho bien en no pedirle a Nak que la delate, Cleven no se lo habría perdonado.

—Prefiero buscarla yo, no debo meter a nadie más en esto, es familiar y personal. No sé por qué tengo la impresión de que puede andar cerca de cierto... hombre.

Hubo una pequeña pausa. Denzel supo a quién se refería, pero la cosa no iba con él.

Finalmente, tras mirar el nuevo mensaje que había recibido en su móvil, Denzel se levantó de su silla.

—En fin, he de irme, jovencito. Nuevo mensaje de nuestro Zou gruñón. Ha percibido un nuevo iris recién convertido en Puerto Rico y tengo que ir a recogerlo.

—Bien. Ah, una cosa más, Denzel —lo detuvo del brazo—. Es que... Bueno, quizá sea una pregunta rara, pero... ¿Por casualidad no sabrás si los Dioses del Yin han comentado últimamente algo sobre la existencia de un arki en la actualidad?

—¿Cómo? —se sorprendió, sonriendo escéptico—. Neu, hace décadas que no se detecta la existencia de arki.

—Ya, pero hablo de un caso muy reciente, no sé, uno que haya pasado desapercibido.

—Ay, Dios mío, estás hablando de Ichi —el taimu fue capaz de adivinarlo enseguida, y volvió a sentarse. Neuval puso una mueca defensiva—. ¿Por qué sacas el tema de Izan tan de repente, después de tantos años? ¿Ha pasado algo?

—Sólo es una suposición —mintió—. Sólo quería saber si hay alguna novedad, si los Dioses del Yin te han podido comentar algo a ti sobre eso. Como Agatha y tú sois quienes investigáis asuntos así de su parte...

—Te aseguro que mis amos no me han dicho nada de eso. De hecho, mis amos me hacen a mí el mismo caso que le hacen a una mota de polvo. Para ellos el tiempo pasa incluso más lento que para mí, llevo casi veinte años sin recibir ningún nuevo recado de ellos. Supongo que se conforman con el trabajo que ya hago en la Asociación bajo la supervisión de Alvion. No te preocupes, Neu, porque si de verdad Izan, dondequiera que esté, se ha convertido en un arki, mis amos ya lo habrían alertado.

—Hmm... —Neuval acabó suspirando, todavía no muy conforme, pero vio que el taimu tenía prisa—. Está bien, olvídalo, no importa. Tráeme algo bonito de Puerto Rico.

—Claro —sonrió Denzel campechanamente, apoyando la barbilla en una mano y tendiendo la otra hacia él—. Dame dinero y te traeré todo lo que quieras.

—¿En serio? —rezongó—. ¿En serio, anciano? ¿Quién te hizo esas gafas para otorgarles el sentido de la vista a tus escalofriantes ojos?

—He sido tu niñera durante tu adolescencia cada vez que te metías en líos, que era básicamente cinco veces a la semana —siguió sonriéndole, con la mano tendida—. Y no hay nada peor en este mundo que haber sido tu niñera de adolescente.

—Bueno. Vale. Eso es verdad —refunfuñó Neuval—. ¿Pero dónde están tus ahorros de cuatrocientos años?

—Fuujin. Ahora mismo soy profesor de instituto —continuó mirándolo sin borrar esa sonrisa y sin apartar la mano—. Mi sueldo da pena.

—Caray... Si me lo dices así... me das pena hasta a mí —rezongó de nuevo, sacando de su bolsillo un montón de billetes—. Toma, 100 mil yenes. Cómprate tú algo bonito. Yo me conformo con un puñado de mampostiales puertorriqueños, los que venden en la tienda de Mami Rolita, en Ponce, en la calle Méndez Vigo.

—Neuval... —Denzel miró un momento ese fajo de billetes en su mano y luego a él—. ¿Tanto te sobra el dinero?

—Perdona. Tengo un cociente intelectual de 285. ¿Te sorprende que un superdotado dedicado a la tecnología y a la ciencia de la Física que piensa en diecisiete ecuaciones diferentes de mecánica cuántica mientras charla y se toma una copa contigo gane una millonada al año?

—Niño. Tú me sorprendes constantemente desde que Kei Lian te trajo a la Asociación —cogió el dinero de su mano y se dispuso a marcharse, alisándose las arrugas de su chaqueta.

—Oye —le sonrió entonces, más tranquilo—. Gracias por todo, una vez más. De verdad —le dijo, y sacó su móvil.

—¿Qué vas a hacer tú ahora? —preguntó mientras se dirigía a la salida.

—Llamar al Hotel Excel Tokyu.

Denzel asintió con la cabeza y se marchó, dejándolo solo con el dueño del antro y con el vagabundo, llamando a dicho lugar. A los pocos segundos colgó y entornó los ojos con fastidio. No había línea en el hotel, porque este había tenido un problema eléctrico. Tendría que llamar mañana.

Se quedó un largo rato cavilando sobre qué hacer con respecto a las opciones de Alvion. Tenía la oportunidad de tener una vida normal y corriente, como la de cualquier persona, tranquila y rutinaria, o bien volver a lo que se había dedicado durante años con tanto afán, volver a su real vida, volver a reunirse con sus jóvenes camaradas y luchar contra las injusticias del mundo.

La primera opción solucionaba todos sus problemas y preocupaciones; pero la segunda le brindaba la ocasión de volver a esa vida, que no era mala para nada, aunque con sus problemillas. Ambas tenían sus ventajas y desventajas, pero una tenía más ventajas que desventajas. Necesitaba un empujón, un motivo sólido que le ayudase a decidirse. Lo que le extrañaba es que estuviese dudando tanto, el Neuval de los últimos siete años elegiría una vida normal sin dudarlo. Sin embargo, había algo... que no le dejaba.

De pronto se dio cuenta de que el viejo, sucio y corpulento dueño del local lo estaba mirando fijamente mientras limpiaba unos vasos. Neuval lo vio de reojo justo cuando iba a tomar un trago de su copa, pero giró la vista completamente hacia él, lentamente. Con la penumbra del ambiente, su ojo izquierdo emitió un breve destello de luz blanca. El camarero dejó de limpiar y siguió observándolo con aire amenazante.

—¿Tú qué coño miras, gordinflón? —le preguntó Neuval.

—Un monstruo que tiene una bombilla por ojo —contestó el sucio viejo con desdén.

Neuval dibujó una sonrisa fría.

—Tu cara sí que es monstruosa, Ogu —replicó, volviendo a mirar al frente para tomar un trago de su copa.

—Al menos yo pertenezco a la raza humana —escupió Ogu.

—Sí, en especial a la raza que alguna vez se dedicó a vender drogas a los niños en las puertas de sus colegios y uno de ellos murió intoxicado por un producto mal mezclado —volvió a mirarlo—. Si ahora mismo estás aquí y no en una cárcel con cinco rinocerontes embadurnándote el culo con vaselina y jugando a indios y vaqueros a cuatro patas, es porque te pillé, pediste perdón, te perdoné, y te dejo tener una segunda oportunidad para comportarte como un humano debe comportarse. Tu casa, tus clientes y tu honrado trabajo, y respetando las leyes. Lo más importante, respetando a las personas. Más te vale seguir siendo bueno, Ogu. Y eso incluye el no contar a nadie las conversaciones que oyes aquí dentro.

—Este local es mío, por lo tanto, las palabras que floten en su aire, también. ¿Qué pasa si digo algo?

—Feliz y sencillamente, te partiré el cuello, mon ami.

—Si al menos me pagaseis lo que consumís... —gruñó—. Siempre venís aquí, una copita de whisky para el señorito, otra de coñac para el otro señorito —puso un tono de burla—. Y los señoritos no pagan.

—¿Qué quieres, dinero, o una bala entre las cejas, que es lo que en realidad mereces? —replicó Neuval—. Tus servicios y hospitalidad a cambio de tu libertad y de tu vida. Si te he dado una segunda oportunidad, es para que aprendas a apreciar más tu vida y la vida de los demás antes que el dinero. ¿Y qué es eso que he oído, que las palabras que floten en este aire son tuyas?

El camarero le hizo un gesto de asentimiento y desafío con la cabeza.

—El aire es mío, Ogu —le aclaró Neuval—. El aire de este local, el aire que respiras, el aire que envuelve todo este planeta, es mío. Y lo que flote en él, también. Soy el dueño del viento, y si cuentas por ahí lo que no debes contar, el viento arrastrará tus palabras de traición hasta mis oídos, estés donde estés. Y entonces el lobo soplará y soplará, y la casita de madera volará, y su feo y malvado dueño morirá —dijo, mirando el local, y luego a él.

Ogu era lo suficientemente listo y conocía a esa gente lo suficiente para saber que aquello no era ningún tipo de amenaza vacía. Palideció un poco, y tuvo que apartar la mirada de los ojos grises de aquel ser. Nervioso, el camarero se limitó a seguir limpiando los vasos, pero le seguían recorriendo escalofríos. Entonces, Neuval volvió con sus pensamientos.

«¿Qué he de hacer?» se preguntó, ensimismado, carcomido por dentro. El motivo por el que había perdurado tanto tiempo en la Asociación era porque le gustaba, sí. Y la conversación que había tenido con su madre esa mañana le había hecho reconocerlo.

La gran mayoría de los iris habían seguido dentro de la Asociación aun después de haber cumplido con su venganza porque no podían dejarla, les gustaba su trabajo y lo que podían hacer, mientras que otros, la minoría, preferían volver a una vida normal, satisfechos con su venganza y liberados de ese sentimiento. Una vez que uno cumplía con su venganza, tenía derecho a dejar la Asociación.

Recordó entonces la razón por la que se hizo iris, recordó el día en que conoció a Lao en un callejón de Hong Kong, y la causa del inicio de toda esa vida: Jean.

Jean seguía vivo en la actualidad. Sólo de pensarlo le ponía enfermo. Ese hombre había sido el culpable de todo. Lo cierto es que Neuval llegó una vez a olvidar lo que sucedió en París por completo; llegó a sentirse liberado de su agonía, libre de todo, feliz. Fue en la época cuando se casó con Katya y nació Lex, cuando creó la KRS y el comienzo de un nuevo proyecto de vida. No necesitaba ya nada, lo tenía todo, todo lo que quería, así que su agonía quedó enterrada junto a Jean bajo tierra.

Se olvidó de su venganza y del objetivo que se propuso firmemente a los 12 años. ¿Para qué?, se dijo entonces, no necesito vengarme. Ya estás curado, le decía Katya. No obstante, al final todo se derrumbó. Primero murió su querido hermanastro, Sai, y después Katya. Todo ello volvió a abrir las puertas hacia las tinieblas, la soledad, el odio y la rabia. Neuval pensó, pues, que todo, absolutamente todo lo malo que le pasaba era únicamente por culpa de Jean.

Entonces su odio se hizo más grande, y finalmente se hizo sólido aquella noche de fin de año, hacía apenas unas semanas, cuando Ming Jie se le acercó para hablar a solas durante la cena de la empresa, informándole de que Jean había sido puesto en libertad, que ya había salido de la cárcel. Desde entonces, no podía soportar la idea de imaginarse a ese despreciable hombre caminando libre y tranquilamente por las calles, disfrutando de su libertad, de la vida que le quedaba. «No tiene derecho a vivir» pensaba Neuval, «No se lo merece».

De pronto se preguntó que, si escogía la segunda opción, y consciente de cómo se sentía respecto a este asunto, ¿al final iba a llegar el día en que cumpliese su venganza? ¿Sería capaz de hacerlo? ¿Después de tantos años? ¿De verdad que así conseguiría librarse de su enfermedad del majin de una vez, con la cual había vivido durante casi toda su vida? No lo iba a saber hasta que no lo hiciese, se dijo.

Una cosa estaba clara. Estaba harto de sufrir por los recuerdos, pero aun así no quería olvidarlos. Quería hacer algo por ellos.

Siguió pensando en todas las consecuencias que abarcaban cada una de las dos opciones, considerando las que le aportaban mayor beneficio antes que las que no. «¿Qué debo hacer?» se repitió. Necesitaba algo. Un motivo más. Siguió cavilando y cavilando... hasta que se le vino ese nombre a la cabeza una vez más. «Izan».





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