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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 2: La Búsqueda __









64.
Ángel caído (3/5)

[ AVISO: este capítulo contiene abuso infantil ]

«Ya había caído la noche en Hong Kong, eran casi las diez y había comenzado a llover un poco, pero era por la gradual llegada de un monzón, por lo que el tiempo iba a empeorar. Por eso, a pesar de que le dijo que iría a verlo mañana de nuevo, Lao se preocupó por el niño del callejón y decidió acercarse esa noche para traerle más ropa de abrigo, un impermeable, un palé de madera sobre el que sentarse para no tocar el suelo mojado y una lona que pudiera colocar como techo en su rincón de los cartones; todo esto, en caso de que el niño siguiera negándose a irse o a pasar la noche en otro sitio.

También, el muchacho podría haber decidido por sí mismo buscarse otro rincón más resguardado de la ciudad al ver que comenzaba a llover, pero como Lao le había rogado que no abandonara el callejón por sí solo, no sabía si el niño de verdad cumpliría ese ruego a rajatabla y estaba dispuesto a quedarse en el callejón aunque fuera bajo la lluvia.

Solamente quería asegurarse de que estaba bien y ver cómo iba a pasar la noche, nada más. Pero no venía solo. Junto a Lao caminaba otro hombre joven, de veintitantos. Era occidental, su cabello era negro y corto pero tenía tres mechones blancos, y vestía con ropa casual, como Lao, con chaqueta y bufanda. A pesar de que iba todo el tiempo con los ojos cerrados, caminaba con seguridad, como si sus otros cuatro sentidos detectasen los obstáculos sin problema, tras siglos de práctica, claro. En una mano sujetaba el palé de madera, haciéndole el favor a Lao de llevarlo él, y en la otra un paraguas con el que cubría a ambos, mientras Lao tenía las manos ocupadas con la lona y la bolsa con ropa de abrigo.

—De verdad, gracias por venir, Denzel —le decía Lao—. Podía cargar yo con todas estas cosas sin problema, pero no habría podido tener suficientes manos para hacer lo más importante, que es protegerme de la lluvia con un paraguas.

—Sé que los iris de tu tipo lo pasan muy mal bajo la lluvia, y te recuerdo que ayudar a los iris es mi trabajo.

—Ayudarme a no mojarme y a llevar estas cosas no es tu trabajo, es un favor que no has podido resistirte a hacerme porque eres una buena persona y punto —sonrió socarrón.

—También porque me saca del aburrimiento —se encogió de hombros—. Además, me puede la curiosidad sobre ese niño del que me has hablado.

—Te dije que podías venir mañana a conocerlo, cuando no lloviera y a la luz del día.

—Kei Lian. Soy inglés y soy ciego, me da igual la lluvia y la luz del día. ¿Y dices que ha estado siete meses con el iris sin que Alvion lo haya detectado?

—¿Ha pasado alguna vez antes, con Alvion o algún otro Zou, que no hayan podido captar el nacimiento de un iris?

—Sí… bueno, los Zou no siempre detectan el nacimiento de un iris al momento —le explicó el taimu—. Unas veces los detectan al momento, sobre todo a los más cercanos geográficamente, y al resto pueden tardar en detectarlos a veces unas horas, unos días, unas semanas… incluso un mes ocurrió alguna vez. Pero siete meses… es mucho tiempo, sin precedentes.

—¿Alguna idea de cuál podría ser la causa? —quiso saber Lao.

—Depende. ¿Este niño tiene más rarezas?

—Hum… Define “rarezas” para los iris —le pidió Lao.

—Manifestaciones energéticas fuera lo común, comportamientos fuera de lo común, historia de conversión fuera de lo común…

—Veamos —caviló Lao—. Manifestaciones energéticas no he notado ninguna. Comportamientos fuera de lo común… estar demasiado cuerdo para los meses que lleva siendo un iris sin tratar —aseveró—. A veces, en situaciones de estrés, tiene las típicas convulsiones o tics raros como señal de que su mente le da fogonazos, pero son muy leves y breves comparadas con las que sufrimos comúnmente los iris antes del entrenamiento. Historia de origen fuera de lo común… supongo que algo debe de afectarle el hecho de que atacó a su creador después de presenciar la injusticia, y ha estado siete meses sin saber si lo dejó muerto o si lo dejó con vida.

—Caray… —no pudo ocultar su sorpresa, y se paró en mitad de la calle, con sus ojos cerrados apuntando al suelo, meditabundo. Lao lo miró expectante—. No haber sucumbido a la locura después de siete meses portando un iris sin tratar ya dice mucho de él. Tiene una energía mental poderosa. Pero, si bien esta no se manifiesta visiblemente, sí que parece tener un efecto, como impedirle o dificultarle a un Zou el poder detectarla, como si la mente protegiera por sí sola a su dueño de ser detectado.

Volvieron a emprender la marcha.

—Ahora, la causa de tener una energía mental tan poderosa… No sé… Si él supiera con seguridad que sí llegó a matar a su creador y, por tanto, que cumplió su venganza nada más convertirse, eso en teoría podría haber subsanado gran parte del trauma de su iris y hacerlo un iris más sano y cuerdo a pesar de no haber recibido entrenamiento. Si, por el contrario, él supiera con certeza que no llegó a matarlo, debería tener el mismo caso que el resto de iris en general, tener una ferviente sed de venganza, ira, rabia, locura. Pero me dices que él no sabe si su creador está vivo o muerto. Luego, hay una incertidumbre, y la incertidumbre debería hacer aún más inestable su energía mental. Y no lo está.

—Y… ¿podría tener algo que ver tener mucha inteligencia?

—¿De cuánta inteligencia estamos hablando?

—Como la de un Zou.

Denzel volvió a detenerse y apuntó con su cabeza hacia Lao, con las cejas levantadas.

—Kei Lian. No hay nadie tan inteligente como un Zou. Ni siquiera los taimu, y nos acercamos.

—Lo sé, pero… no sé cómo explicarlo. Leerse cientos de páginas en cuestión de pocos minutos, resolver rompecabezas de lógica avanzada y de matemáticas en cuestión de segundos, hablar varios idiomas aprendidos sobre la marcha durante pocas semanas… idear y crear cosas a nivel de ingeniería…

—Bueno, una persona puede ser superdotada, muchas lo son.

—No sé… Es diferente —insistió Lao, sin saber cómo explicarlo—. Tiene algo más. No sé por qué, pero es que me recuerda un poco a Yeilang.

—¿A Yeilang? El hijo de Alvion apenas tiene 6 años.

—Pero Yeilang también lee libros a una velocidad inhumana, y entiende sobre Química, energía e idiomas a un nivel superior.

—Dudo que un niño francés de 10 años que ha emergido de una vida mediocre y que te has encontrado vagabundeando por este país tenga una inteligencia equiparable a la de un Zou de 6 años. Mi inteligencia sí que se equipara a la del pequeño Yeilang, y soy un medio humano de 358 años.

—¡Hah! Es por eso que deberías conocerlo en persona antes de hablar —se rio Lao con un bufido—. Ya verás a qué me refiero. Cuando hables con él y estés con él un tiempo, notarás algo especial y…

En ese momento habían entrado en el callejón, y lo primero que hizo que Lao cortara su frase fue divisar sobre los cartones donde el niño solía dormir, detrás del contenedor de basura, sus cuadernos de kanjis chinos y de francés, abiertos por la mitad y mojándose y estropeándose con la llovizna. Además, no había ningún gato.

—¿Qué pasa? —preguntó Denzel.

—¿Neuval? —lo llamó Lao, adentrándose en el callejón con aire desconfiado, mirando analizadoramente todos los rincones—. He traído cosas para protegerte de la lluvia. Y a un amigo. ¿Estás aquí?

Cuando Lao llegó hasta donde los cartones y vio que no había rastro del niño, ni siquiera bajo el montón de maderas y papeles de periódico, se quedó muy callado, tan callado que Denzel oyó el ruido de los engranajes de su mente y se acercó hasta él, volviendo a cubrirlo con el paraguas.

—Se ha ido a cobijar a otro sitio. Ya lo habías previsto.

—No… —murmuró Lao.

—A ver, iris. ¿Qué no encaja? —comprendió Denzel que Lao estaba viendo cosas que no le cuadraban.

—Ha dejado aquí abandonados mis cuadernos de apuntes de francés y kanjis chinos. Se los presté porque quería estudiarlos. Y los ha dejado aquí en el suelo abiertos. Se están mojando.

—¿Y? Se le habrá olvidado o no ha tenido cuidado.

—Eso es lo que no encaja. Cuando a Neuval le das algo, cualquier cosa, ya sea prestada o regalada, la trata como si fuera un tesoro. Para él, hacerle un obsequio tiene un gran valor y lo recibe con un gran agradecimiento. Él no descuidaría nada de lo que le he dado o prestado.

—Es una suposición muy grande para los pocos días que has estado conociéndolo.

—Es una observación certera para la cantidad de años de experiencia que tengo como iris.

—Bueno, también es verdad. Pero esto no nos indica lo que nos interesa, que es saber dónde está el niño.

—Para eso, primero hay que empezar por preguntarse por qué no está —inquirió Lao, y generó dos grandes bolas de fuego en sus manos para iluminar mucho mejor el callejón y observar con detalle cualquier rastro—. Y sé que la lluvia no es la razón. Para mí, los cuadernos aquí abandonados de esta forma es una señal de que la razón es otra y de que apunta a una urgencia.

—Le ha podido asustar algo y habrá salido corriendo.

Lao emitió una especie de murmullo inconforme tras esa posibilidad mencionada por el taimu. Era una idea bastante probable, que Neuval se hubiese alarmado por algo y hubiese salido por sí mismo del callejón a toda prisa y se hubiese resguardado en cualquier otro rincón de la ciudad. Pero entonces, Lao localizó el otro detalle que no encajaba. Vio aquel melocotón tirado en el suelo, cerca de la pared de cemento del fondo del callejón. Se acercó hasta allí y se agachó donde esta fruta, observándola. Tenía un lateral totalmente aplastado, con la pulpa hecha papilla.

—Huelo a melocotón por aquí —comentó Denzel, poniéndose a su lado.

—Es uno de los melocotones que le di esta mañana para que los merendara mientras estudiaba. Son los que Hideki suele traerme desde Japón. Muy dulces y blandos. Este melocotón está bastante espachurrado por un lado, y el otro lado está intacto, así que no ha sido pisado. Es el tipo de daño resultado por un fuerte impacto. No ha podido caérsele al suelo, pues para que se aplaste la mitad de esta manera, ha debido de caer por lo menos de 8 o 10 metros de altura. Aquí no hay nada a esa altura sobre lo que él haya podido subirse y desde donde se le haya caído el melocotón.

—Vale. Lo ha lanzado él. ¿Y qué?

—¿Y a dónde, y por qué? —le corrigió Lao. Estaba tan centrado en seguir la pista de lo sucedido que ya se le habían mojado sus cabellos negros y goteaban por su cara, y por eso comenzó a envolverle una pequeña capa de vapor, porque las gotas en contacto con su piel se evaporaban—. No lo ha lanzado contra las paredes laterales del callejón, no hay distancia suficiente entre ambas para un lanzamiento tan abierto. Así que lo ha lanzado contra la pared del fondo. Tiene fuerza suficiente, y al menos desde una distancia de entre 6 y 10 metros, puede causar este daño en el melocotón. Ha podido lanzarlo… —volvió a erguirse y miró hacia atrás—… desde su sitio de los cartones, donde estaba estudiando.

—¿Probando su fuerza? ¿Jugando simplemente con la comida? ¿Arrebato de ira espontáneo, como sería de esperar de su iris sin tratar?

—No, nada de eso —aseguró Lao—. Si antes te dije que él valora los objetos obsequiados como un tesoro, con la comida es aún más estricto. Él jamás desperdiciaría una miga de comida, aunque ya haya comido hasta llenarse y aunque tenga a mano suficiente de ella. Está acostumbrado a regirse por el principio de “nunca se sabe”, por lo que siempre es muy previsor con estas cosas. Incluso se come los corazones de las manzanas hasta no dejar ni el tallo. Por no hablar de que cuando se comió el otro melocotón esta mañana, realmente parecía ser el mayor de los manjares para él. Desperdiciar este melocotón de esta manera lo ha tenido que hacer por una razón de peso. No obstante… —se frotó la barbilla, dándole vueltas sin parar—… no puedo descartar tu idea del arrebato de ira espontáneo, sería poco profesional por mi parte no creer que su iris haya podido al fin darle un brote de descontrol, a pesar de la admiración que siento por él por el control que ha estado manteniendo hasta ahora.

—¿Cómo descartarás entonces la hipótesis del arrebato espontáneo? —lo ayudó Denzel, sonriendo astuto.

—Encontrando una razón lógica por la que él haya lanzado el melocotón. Si no hay una razón lógica, quedará la razón ilógica, es decir, el arrebato de locura sin razón.

De repente Lao se puso a escudriñar la pared de cemento del fondo del callejón con sus dos esferas de fuego sobre las manos.

—¿Qué te dice esa pared? —se extrañó Denzel.

—Miles de cosas. Si pudieras verla, alucinarías. Aquí el niño ha estado garabateando sus ideas y pensamientos derivados de los rompecabezas que le presté. Dibujos, cálculos, ecuaciones, anotaciones…

—Vale, eso es interesante —reconoció el taimu—. El niño, que jamás desperdiciaría una miga de pan, lanza su manjar favorito contra una pared llena de palabras y dibujos y desaparece misteriosamente.

Denzel esperó, pues, a que Lao terminase de escudriñar la pared centímetro a centímetro para averiguar en qué punto exacto había impactado el melocotón, buscando restos de pulpa en su superficie porosa.

—Un Dobutsu ya lo habría encontrado en dos segundos —suspiró el taimu.

—Bueno, pues yo soy un Ka y no tengo el fino olfato de un Dobutsu y no hay ningún Dobutsu ahora por aquí —refunfuñó Lao, molesto, pero no por el comentario de Denzel, sino por sentirse cada vez más preocupado por Neuval—. ¿No es irónico que un taimu sea impaciente?

—¿Y que un iris de nivel ejemplar esté perdiendo la calma tan pronto? —replicó el inglés, sonriendo tranquilamente—. Este asunto es especialmente personal para ti, ¿verdad, niño? Tu preocupación es más emocional que profesional.

—Mi trabajo es proteger a iris y a humanos inocentes, sobre todo si son niños. Así que, no poder cumplir con mi deber es motivo de preocupación y vergüenza para mí.

—Te has encariñado con él —concluyó Denzel.

Lao no dijo nada, siguió revisando la parte baja de la pared tras terminar con la parte alta.

—Comentaba lo del Dobutsu para aconsejarte —siguió diciéndole Denzel.

—¿Aconsejarme qué?

—Que llames a tu equipo.

—¿Que llame a la SRS aquí? No creo que sea necesaria tanta… ¡Ah! ¡Aquí! —exclamó de pronto, encontrando unos pequeños trozos de melocotón pegados a una parte de la pared—. Ha impactado aquí.

—¿Palabra, dibujo o en blanco?

Lao tardó en contestar. Se irguió de nuevo y dio unos pasos atrás para verlo mejor. Los restos de melocotón estaban justo donde Neuval había rayado con la piedra la palabra en francés abduction. En ciencia, el concepto de abducción era un concepto de lo más simple, es como se le llama al movimiento de una parte de un objeto o de una extremidad del cuerpo cuando se separa del eje principal del mismo. Neuval lo había empleado para explicar el movimiento de una de las piezas de su versión avanzada del cubo de Rubik. Pero, al mismo tiempo, en el campo del lenguaje, la palabra “abducción” era un sinónimo de “secuestro”.

Lao apretó los puños con tanta fuerza que se le hincharon las venas. Estaba muy quieto y callado. Denzel sintió su tensión y se acercó a él, y le puso una mano en el hombro.

—Llama a tu RS —le sugirió con calma una vez más.

—¿Tú sabías…?

—Me lo olía. Y tú también.

Lao estaba haciendo un esfuerzo tan grande por contener su ira y tenía la mandíbula tan apretada que la nube de vapor a su alrededor aumentó de tamaño, al aumentar el calor ardiente de su cuerpo y evaporar las gotas de la llovizna antes de que lo alcanzaran.

No perdió ni un segundo y se levantó el jersey y la camiseta, destapando el tatuaje que tenía en el costado izquierdo. Colocó una mano sobre su tatuaje y emitió varios impulsos de energía, como si fuera código morse. A falta de teléfonos cerca, y de teléfonos móviles, que en esa fecha no existían, los iris tenían el tatuaje para comunicarse sensorialmente con los miembros de su RS a distancias internacionales.

Si Denzel le había sugerido convocar a su RS, cuya mayoría de miembros vivían en Tokio, es que también estaba dispuesto a hacerle el favor de traerlos él mismo mediante el teletransporte, ya que, de no disponer del poder taimu, Lao tendría que esperar al menos una hora hasta que sus compañeros llegasen en un jet. Por eso, Lao les había transmitido el mensaje de reunirse todos en un punto en concreto de Tokio, un punto de referencia que en estos casos servía para que un taimu pudiera teletransportar a una RS entera cuando era necesario. Ahora, Lao tenía que esperar unos minutos hasta que su Líder, su Segunda u otro de sus compañeros le avisara de que ya estaban todos reunidos en ese punto.

—Gracias —murmuró Lao, cabizbajo.

—No me cuesta nada echaros una mano. Pero tienes que hacerme un favor a cambio. Tienes que intentar tranquilizarte —le advirtió Denzel, notando a distancia la rabia contenida del Ka.

—Es que sé quiénes han sido…

—Y eso ya es una ventaja.

—Llevo un mes entero siguiéndoles la pista por mi cuenta… Traficantes de niños… Hace una semana ya desaparecieron tres niños de la lista de víctimas potenciales que realicé. Le dije a Neuval que no saliera solo de este callejón hasta que yo me encargara de limpiar esta ciudad de esa escoria… y lo han atrapado justo aquí, mientras estudiaba…

—Y gracias a él, tú ahora sabes esto, sabes lo que le ha pasado. El niño ha sido muy listo dejándote este mensaje. Lo ha dejado para ti porque sabía que tú entenderías esta escena.

—Le he fallado…

—Kei Lian…

—¡Tenía que evitar que pasara! ¡Debí regirme más por la razón y menos por mis sentimientos, debí sacarlo de este callejón a la fuerza el primer día aunque él se resistiera, y llevarlo directamente al Monte Zou, donde habría estado a salvo y habrían empezado a tratar su iris! —gritaba con rabia, tapándose la cara con las manos.

—Kei Lian, déjate de lamentos. Sabes perfectamente que lo rescatarás. Por fin tienes una prueba de que ellos han estado físicamente en este lugar, y de que el niño ha sido secuestrado en este lugar, lo que significa que por fin tienes la garantía de que las personas que andas buscando han dejado aquí un rastro de olor. Vuestro Dobutsu podrá seguir el rastro desde este punto de partida. Ahora es una misión de lo más fácil.

—En el tiempo que tardemos en rescatarlo, incluso si son pocas horas, ya le han podido hacer cosas horribles… No quiero ni imaginarlo… Podría haberle pasado a mi propio hijo Sai… podría haberle pasado a… —no terminó la frase.

—¿A tu hermano? ¿A ti mismo? —adivinó Denzel—. Todo aquel que no es taimu está obligado a mirar siempre hacia delante, Kei Lian. No hacia el pasado o hacia pasados alternativos.

—¿Tú cómo lo aguantas, Denzel? —lo miró fijamente—. Fuiste tú quien me encontró a mí en un callejón cuando era niño… llorando sobre el cuerpo ensangrentado y sin vida de mi hermano… Te rompí la nariz de un puñetazo cuando intentaste cogerme en brazos y separarme de él. ¿Cuántas veces has tenido que recoger a iris en lugares terribles y en situaciones terribles? Y no me digas que ser ciego te salva de ver escenas horribles y así no puedes recordar las imágenes en tu mente, pues sé que no hace falta tener ojos videntes para sufrir las cosas malas que haya o sucedan delante de ti.

Denzel se quedó un momento en silencio. Cerró el paraguas y lo apoyó en el suelo, con las dos manos sobre el mango con postura elegante. Con el calor que Lao emitía alrededor de ellos, las gotas de lluvia ya no les caía. El taimu abrió un poco sus ojos tenebrosos y apuntó hacia donde estaba él.

—Mi trabajo no es fácil —asintió el inglés—. Sobre todo cuando un niño te parte la nariz mientras intentas ayudarlo —añadió, frotándose la nariz, y Lao lo miró con una mueca de disculpa una vez más, después haberse disculpado ya muchas veces años atrás—. Pero tampoco el tuyo es fácil, ni el de Alvion, ni el de nadie. No importa lo sobrehumano o inhumano que seas, en este mundo nada es fácil y, por si fuera poco, hemos sido creados para aguantarlo muy mal.

»Nos cuesta ser fuertes constantemente. Sufrimos mucho tanto por una nariz rota como por ver o experimentar continuas injusticias atroces a nuestro alrededor. Y algunos dicen que, de tantas veces, o con el tiempo, uno puede acabar acostumbrándose. Pero quien dice haberse acostumbrado a los horrores de esta vida, no es porque ese alguien de verdad se haya acostumbrado, es porque ese alguien ya está roto.

»Tú jamás aspires a acostumbrarte a estos males, Kei Lian, jamás desees dejar de sentir y de sufrir. Es lo que te mantiene inconforme, y lo que te mantiene inconforme te mantiene activo y de una pieza. Neuval será salvado… porque tú sufres por él.

Lao se quedó en silencio. Denzel había vivido demasiado tiempo en este mundo. Cuando las personas normales con su corta esperanza de vida se la pasaban entera deseando hacerse inmunes al dolor por las cosas malas que saben que sufrirán inevitablemente, Denzel pasó por ese mismo deseo una vez porque hubo un periodo de su vida en que él llegó a romperse en mil pedazos, pero con el paso de más años y décadas… se dio cuenta de que le daba más miedo dejar de sentir dolor que el propio dolor.

—Por eso, yo sigo haciendo mi trabajo, y lo seguiré haciendo una y otra vez —concluyó el taimu—. No porque no sufra al hacerlo, sino todo contrario. La única forma de paliar el dolor no es obligándote a dejar de sentirlo, sino combatiéndolo haciendo algo bueno. ¿Quieres dejar de sentirte tan mal? Deja de lamentarte por cosas que ya pasaron, o que nunca pasaron, o que aún no han pasado, y actúa en el tiempo presente. Rescata a ese niño. No hay más.

A Lao siempre le había asombrado la capacidad de Denzel de adelantarse a las cosas. Obviamente, quien había vivido mucho tiempo, podría decirse que ya había aprendido un patrón de comportamiento que década tras década o siglo tras siglo seguía repitiéndose en las personas, y por eso, para Denzel, a veces era muy fácil predecir lo que alguien iba a decir, o lo que iba a hacer o lo que necesitaba oír.

Lao fue a decirle algo, pero entonces sintió por fin aquel impulso energético en el tatuaje de su costado, y como le pilló desprevenido, emitió una leve exclamación. Al oírla, Denzel la supo entender y no tardó ni un segundo en desaparecer del callejón, dejando a Lao con la palabra en la boca. Cuando se vio ahí solo, miró una vez más el muro lleno de rayajos y garabatos de ideas increíbles. Suspiró. Qué pequeña mente más maravillosa, pensaba Lao. Se acercó al cartón junto al contenedor y recogió los cuadernos, poniéndolos en un rincón protegidos de la lluvia. Seguro que Neuval querría seguir estudiándolos cuando lo trajera de vuelta.

Tres segundos después, se produjo un pequeño destello silencioso en el callejón. Lao miró hacia atrás, hacia el fondo, y vio varias sombras, acompañadas por unas pequeñas luces de colores en la oscuridad. Denzel estaba junto a ellas.

—Gracias por venir —les dijo Lao, hablándoles en japonés—. Siento haberos llamado con tan poca antelación.

—¿Y perdernos la oportunidad de masacrar a toda una organización de trata y corrupción de menores? —sonrió una mujer rubia de ojos verdes, agarrada del brazo de un hombre de largo cabello rojo oscuro, ojos azules y gafas.

—Creía que ibas a esperar a que Alvion descartara su posible extensión internacional y te diera luz verde para atacarlos —dijo el pelirrojo de las gafas—. Pero ha ocurrido algo… por lo que no quieres esperar más tiempo —adivinó, y echó un vistazo a esos cartones y a una sudadera pequeña ahí en el rincón—. Se han llevado a tu chico —comprendió.

—¿El niño iris solitario del que nos hablaste antes de ayer por teléfono? —preguntó la rubia, dando un respingo—. Oh, no, pobre criatura.

—Kei Lian, ¿por qué te tomas este rapto como algo personal y urgente y no los raptos de los otros niños de días atrás? —le preguntó otra mujer de los allí presentes, su compañera Dobutsu—. Es raro en ti precipitarte. Alvion te dijo que primero había que descartar si este grupo criminal tiene extensión internacional. Sabes que si la tiene y tú atacas a los que están en Hong Kong, alertarás a sus posibles cooperadores y se esconderán en otros países, y la trata de niños continuará en otros lugares.

—No puedo esperar más, descubrir los secuestros de los otros niños durante este mes y no hacer nada ya ha sido bastante tortura —dijo Lao—. Megumi, por favor —cogió de los cartones la sudadera que el otro día le dio a Neuval—, encuentra su rastro. Juro que si este grupo criminal tiene más colaboradores en otros lugares del mundo, los encontraré a todos y los eliminaré. Pero esos niños nos necesitan ¡ya!

La Dobutsu suspiró y miró a su Líder, el pelirrojo con gafas, buscando su autorización, y este asintió con la cabeza. Entonces, la Dobutsu se acercó a Lao, le cogió la prenda y la olfateó en profundidad. Ni siquiera la lluvia era un impedimento para una Dobutsu de muy alto nivel para percibir la dirección que el olor de Neuval había tomado.

—Qué ganas tengo de retorcer cabezas… —sonrió la mujer rubia junto al pelirrojo, crujiéndose los nudillos, y le salieron varias espinas verdes en el dorso de los brazos y de la mandíbula, como las de un rosal.

—Emiliya, cariño, no te excedas mucho, que todavía no hay Condenados asignados —le pidió el pelirrojo.

—Oh, Hideki, amor mío, no te preocupes por mí —le acarició la mejilla—. Si Alvion se enfada, te echaré la culpa a ti.

—¿¡Eh!?

—¡En marcha! —exclamó la Dobutsu allá en la salida del callejón, llamándolos a todos, y la SRS se puso en movimiento.»









64.
Ángel caído (3/5)

[ AVISO: este capítulo contiene abuso infantil ]

«Ya había caído la noche en Hong Kong, eran casi las diez y había comenzado a llover un poco, pero era por la gradual llegada de un monzón, por lo que el tiempo iba a empeorar. Por eso, a pesar de que le dijo que iría a verlo mañana de nuevo, Lao se preocupó por el niño del callejón y decidió acercarse esa noche para traerle más ropa de abrigo, un impermeable, un palé de madera sobre el que sentarse para no tocar el suelo mojado y una lona que pudiera colocar como techo en su rincón de los cartones; todo esto, en caso de que el niño siguiera negándose a irse o a pasar la noche en otro sitio.

También, el muchacho podría haber decidido por sí mismo buscarse otro rincón más resguardado de la ciudad al ver que comenzaba a llover, pero como Lao le había rogado que no abandonara el callejón por sí solo, no sabía si el niño de verdad cumpliría ese ruego a rajatabla y estaba dispuesto a quedarse en el callejón aunque fuera bajo la lluvia.

Solamente quería asegurarse de que estaba bien y ver cómo iba a pasar la noche, nada más. Pero no venía solo. Junto a Lao caminaba otro hombre joven, de veintitantos. Era occidental, su cabello era negro y corto pero tenía tres mechones blancos, y vestía con ropa casual, como Lao, con chaqueta y bufanda. A pesar de que iba todo el tiempo con los ojos cerrados, caminaba con seguridad, como si sus otros cuatro sentidos detectasen los obstáculos sin problema, tras siglos de práctica, claro. En una mano sujetaba el palé de madera, haciéndole el favor a Lao de llevarlo él, y en la otra un paraguas con el que cubría a ambos, mientras Lao tenía las manos ocupadas con la lona y la bolsa con ropa de abrigo.

—De verdad, gracias por venir, Denzel —le decía Lao—. Podía cargar yo con todas estas cosas sin problema, pero no habría podido tener suficientes manos para hacer lo más importante, que es protegerme de la lluvia con un paraguas.

—Sé que los iris de tu tipo lo pasan muy mal bajo la lluvia, y te recuerdo que ayudar a los iris es mi trabajo.

—Ayudarme a no mojarme y a llevar estas cosas no es tu trabajo, es un favor que no has podido resistirte a hacerme porque eres una buena persona y punto —sonrió socarrón.

—También porque me saca del aburrimiento —se encogió de hombros—. Además, me puede la curiosidad sobre ese niño del que me has hablado.

—Te dije que podías venir mañana a conocerlo, cuando no lloviera y a la luz del día.

—Kei Lian. Soy inglés y soy ciego, me da igual la lluvia y la luz del día. ¿Y dices que ha estado siete meses con el iris sin que Alvion lo haya detectado?

—¿Ha pasado alguna vez antes, con Alvion o algún otro Zou, que no hayan podido captar el nacimiento de un iris?

—Sí… bueno, los Zou no siempre detectan el nacimiento de un iris al momento —le explicó el taimu—. Unas veces los detectan al momento, sobre todo a los más cercanos geográficamente, y al resto pueden tardar en detectarlos a veces unas horas, unos días, unas semanas… incluso un mes ocurrió alguna vez. Pero siete meses… es mucho tiempo, sin precedentes.

—¿Alguna idea de cuál podría ser la causa? —quiso saber Lao.

—Depende. ¿Este niño tiene más rarezas?

—Hum… Define “rarezas” para los iris —le pidió Lao.

—Manifestaciones energéticas fuera lo común, comportamientos fuera de lo común, historia de conversión fuera de lo común…

—Veamos —caviló Lao—. Manifestaciones energéticas no he notado ninguna. Comportamientos fuera de lo común… estar demasiado cuerdo para los meses que lleva siendo un iris sin tratar —aseveró—. A veces, en situaciones de estrés, tiene las típicas convulsiones o tics raros como señal de que su mente le da fogonazos, pero son muy leves y breves comparadas con las que sufrimos comúnmente los iris antes del entrenamiento. Historia de origen fuera de lo común… supongo que algo debe de afectarle el hecho de que atacó a su creador después de presenciar la injusticia, y ha estado siete meses sin saber si lo dejó muerto o si lo dejó con vida.

—Caray… —no pudo ocultar su sorpresa, y se paró en mitad de la calle, con sus ojos cerrados apuntando al suelo, meditabundo. Lao lo miró expectante—. No haber sucumbido a la locura después de siete meses portando un iris sin tratar ya dice mucho de él. Tiene una energía mental poderosa. Pero, si bien esta no se manifiesta visiblemente, sí que parece tener un efecto, como impedirle o dificultarle a un Zou el poder detectarla, como si la mente protegiera por sí sola a su dueño de ser detectado.

Volvieron a emprender la marcha.

—Ahora, la causa de tener una energía mental tan poderosa… No sé… Si él supiera con seguridad que sí llegó a matar a su creador y, por tanto, que cumplió su venganza nada más convertirse, eso en teoría podría haber subsanado gran parte del trauma de su iris y hacerlo un iris más sano y cuerdo a pesar de no haber recibido entrenamiento. Si, por el contrario, él supiera con certeza que no llegó a matarlo, debería tener el mismo caso que el resto de iris en general, tener una ferviente sed de venganza, ira, rabia, locura. Pero me dices que él no sabe si su creador está vivo o muerto. Luego, hay una incertidumbre, y la incertidumbre debería hacer aún más inestable su energía mental. Y no lo está.

—Y… ¿podría tener algo que ver tener mucha inteligencia?

—¿De cuánta inteligencia estamos hablando?

—Como la de un Zou.

Denzel volvió a detenerse y apuntó con su cabeza hacia Lao, con las cejas levantadas.

—Kei Lian. No hay nadie tan inteligente como un Zou. Ni siquiera los taimu, y nos acercamos.

—Lo sé, pero… no sé cómo explicarlo. Leerse cientos de páginas en cuestión de pocos minutos, resolver rompecabezas de lógica avanzada y de matemáticas en cuestión de segundos, hablar varios idiomas aprendidos sobre la marcha durante pocas semanas… idear y crear cosas a nivel de ingeniería…

—Bueno, una persona puede ser superdotada, muchas lo son.

—No sé… Es diferente —insistió Lao, sin saber cómo explicarlo—. Tiene algo más. No sé por qué, pero es que me recuerda un poco a Yeilang.

—¿A Yeilang? El hijo de Alvion apenas tiene 6 años.

—Pero Yeilang también lee libros a una velocidad inhumana, y entiende sobre Química, energía e idiomas a un nivel superior.

—Dudo que un niño francés de 10 años que ha emergido de una vida mediocre y que te has encontrado vagabundeando por este país tenga una inteligencia equiparable a la de un Zou de 6 años. Mi inteligencia sí que se equipara a la del pequeño Yeilang, y soy un medio humano de 358 años.

—¡Hah! Es por eso que deberías conocerlo en persona antes de hablar —se rio Lao con un bufido—. Ya verás a qué me refiero. Cuando hables con él y estés con él un tiempo, notarás algo especial y…

En ese momento habían entrado en el callejón, y lo primero que hizo que Lao cortara su frase fue divisar sobre los cartones donde el niño solía dormir, detrás del contenedor de basura, sus cuadernos de kanjis chinos y de francés, abiertos por la mitad y mojándose y estropeándose con la llovizna. Además, no había ningún gato.

—¿Qué pasa? —preguntó Denzel.

—¿Neuval? —lo llamó Lao, adentrándose en el callejón con aire desconfiado, mirando analizadoramente todos los rincones—. He traído cosas para protegerte de la lluvia. Y a un amigo. ¿Estás aquí?

Cuando Lao llegó hasta donde los cartones y vio que no había rastro del niño, ni siquiera bajo el montón de maderas y papeles de periódico, se quedó muy callado, tan callado que Denzel oyó el ruido de los engranajes de su mente y se acercó hasta él, volviendo a cubrirlo con el paraguas.

—Se ha ido a cobijar a otro sitio. Ya lo habías previsto.

—No… —murmuró Lao.

—A ver, iris. ¿Qué no encaja? —comprendió Denzel que Lao estaba viendo cosas que no le cuadraban.

—Ha dejado aquí abandonados mis cuadernos de apuntes de francés y kanjis chinos. Se los presté porque quería estudiarlos. Y los ha dejado aquí en el suelo abiertos. Se están mojando.

—¿Y? Se le habrá olvidado o no ha tenido cuidado.

—Eso es lo que no encaja. Cuando a Neuval le das algo, cualquier cosa, ya sea prestada o regalada, la trata como si fuera un tesoro. Para él, hacerle un obsequio tiene un gran valor y lo recibe con un gran agradecimiento. Él no descuidaría nada de lo que le he dado o prestado.

—Es una suposición muy grande para los pocos días que has estado conociéndolo.

—Es una observación certera para la cantidad de años de experiencia que tengo como iris.

—Bueno, también es verdad. Pero esto no nos indica lo que nos interesa, que es saber dónde está el niño.

—Para eso, primero hay que empezar por preguntarse por qué no está —inquirió Lao, y generó dos grandes bolas de fuego en sus manos para iluminar mucho mejor el callejón y observar con detalle cualquier rastro—. Y sé que la lluvia no es la razón. Para mí, los cuadernos aquí abandonados de esta forma es una señal de que la razón es otra y de que apunta a una urgencia.

—Le ha podido asustar algo y habrá salido corriendo.

Lao emitió una especie de murmullo inconforme tras esa posibilidad mencionada por el taimu. Era una idea bastante probable, que Neuval se hubiese alarmado por algo y hubiese salido por sí mismo del callejón a toda prisa y se hubiese resguardado en cualquier otro rincón de la ciudad. Pero entonces, Lao localizó el otro detalle que no encajaba. Vio aquel melocotón tirado en el suelo, cerca de la pared de cemento del fondo del callejón. Se acercó hasta allí y se agachó donde esta fruta, observándola. Tenía un lateral totalmente aplastado, con la pulpa hecha papilla.

—Huelo a melocotón por aquí —comentó Denzel, poniéndose a su lado.

—Es uno de los melocotones que le di esta mañana para que los merendara mientras estudiaba. Son los que Hideki suele traerme desde Japón. Muy dulces y blandos. Este melocotón está bastante espachurrado por un lado, y el otro lado está intacto, así que no ha sido pisado. Es el tipo de daño resultado por un fuerte impacto. No ha podido caérsele al suelo, pues para que se aplaste la mitad de esta manera, ha debido de caer por lo menos de 8 o 10 metros de altura. Aquí no hay nada a esa altura sobre lo que él haya podido subirse y desde donde se le haya caído el melocotón.

—Vale. Lo ha lanzado él. ¿Y qué?

—¿Y a dónde, y por qué? —le corrigió Lao. Estaba tan centrado en seguir la pista de lo sucedido que ya se le habían mojado sus cabellos negros y goteaban por su cara, y por eso comenzó a envolverle una pequeña capa de vapor, porque las gotas en contacto con su piel se evaporaban—. No lo ha lanzado contra las paredes laterales del callejón, no hay distancia suficiente entre ambas para un lanzamiento tan abierto. Así que lo ha lanzado contra la pared del fondo. Tiene fuerza suficiente, y al menos desde una distancia de entre 6 y 10 metros, puede causar este daño en el melocotón. Ha podido lanzarlo… —volvió a erguirse y miró hacia atrás—… desde su sitio de los cartones, donde estaba estudiando.

—¿Probando su fuerza? ¿Jugando simplemente con la comida? ¿Arrebato de ira espontáneo, como sería de esperar de su iris sin tratar?

—No, nada de eso —aseguró Lao—. Si antes te dije que él valora los objetos obsequiados como un tesoro, con la comida es aún más estricto. Él jamás desperdiciaría una miga de comida, aunque ya haya comido hasta llenarse y aunque tenga a mano suficiente de ella. Está acostumbrado a regirse por el principio de “nunca se sabe”, por lo que siempre es muy previsor con estas cosas. Incluso se come los corazones de las manzanas hasta no dejar ni el tallo. Por no hablar de que cuando se comió el otro melocotón esta mañana, realmente parecía ser el mayor de los manjares para él. Desperdiciar este melocotón de esta manera lo ha tenido que hacer por una razón de peso. No obstante… —se frotó la barbilla, dándole vueltas sin parar—… no puedo descartar tu idea del arrebato de ira espontáneo, sería poco profesional por mi parte no creer que su iris haya podido al fin darle un brote de descontrol, a pesar de la admiración que siento por él por el control que ha estado manteniendo hasta ahora.

—¿Cómo descartarás entonces la hipótesis del arrebato espontáneo? —lo ayudó Denzel, sonriendo astuto.

—Encontrando una razón lógica por la que él haya lanzado el melocotón. Si no hay una razón lógica, quedará la razón ilógica, es decir, el arrebato de locura sin razón.

De repente Lao se puso a escudriñar la pared de cemento del fondo del callejón con sus dos esferas de fuego sobre las manos.

—¿Qué te dice esa pared? —se extrañó Denzel.

—Miles de cosas. Si pudieras verla, alucinarías. Aquí el niño ha estado garabateando sus ideas y pensamientos derivados de los rompecabezas que le presté. Dibujos, cálculos, ecuaciones, anotaciones…

—Vale, eso es interesante —reconoció el taimu—. El niño, que jamás desperdiciaría una miga de pan, lanza su manjar favorito contra una pared llena de palabras y dibujos y desaparece misteriosamente.

Denzel esperó, pues, a que Lao terminase de escudriñar la pared centímetro a centímetro para averiguar en qué punto exacto había impactado el melocotón, buscando restos de pulpa en su superficie porosa.

—Un Dobutsu ya lo habría encontrado en dos segundos —suspiró el taimu.

—Bueno, pues yo soy un Ka y no tengo el fino olfato de un Dobutsu y no hay ningún Dobutsu ahora por aquí —refunfuñó Lao, molesto, pero no por el comentario de Denzel, sino por sentirse cada vez más preocupado por Neuval—. ¿No es irónico que un taimu sea impaciente?

—¿Y que un iris de nivel ejemplar esté perdiendo la calma tan pronto? —replicó el inglés, sonriendo tranquilamente—. Este asunto es especialmente personal para ti, ¿verdad, niño? Tu preocupación es más emocional que profesional.

—Mi trabajo es proteger a iris y a humanos inocentes, sobre todo si son niños. Así que, no poder cumplir con mi deber es motivo de preocupación y vergüenza para mí.

—Te has encariñado con él —concluyó Denzel.

Lao no dijo nada, siguió revisando la parte baja de la pared tras terminar con la parte alta.

—Comentaba lo del Dobutsu para aconsejarte —siguió diciéndole Denzel.

—¿Aconsejarme qué?

—Que llames a tu equipo.

—¿Que llame a la SRS aquí? No creo que sea necesaria tanta… ¡Ah! ¡Aquí! —exclamó de pronto, encontrando unos pequeños trozos de melocotón pegados a una parte de la pared—. Ha impactado aquí.

—¿Palabra, dibujo o en blanco?

Lao tardó en contestar. Se irguió de nuevo y dio unos pasos atrás para verlo mejor. Los restos de melocotón estaban justo donde Neuval había rayado con la piedra la palabra en francés abduction. En ciencia, el concepto de abducción era un concepto de lo más simple, es como se le llama al movimiento de una parte de un objeto o de una extremidad del cuerpo cuando se separa del eje principal del mismo. Neuval lo había empleado para explicar el movimiento de una de las piezas de su versión avanzada del cubo de Rubik. Pero, al mismo tiempo, en el campo del lenguaje, la palabra “abducción” era un sinónimo de “secuestro”.

Lao apretó los puños con tanta fuerza que se le hincharon las venas. Estaba muy quieto y callado. Denzel sintió su tensión y se acercó a él, y le puso una mano en el hombro.

—Llama a tu RS —le sugirió con calma una vez más.

—¿Tú sabías…?

—Me lo olía. Y tú también.

Lao estaba haciendo un esfuerzo tan grande por contener su ira y tenía la mandíbula tan apretada que la nube de vapor a su alrededor aumentó de tamaño, al aumentar el calor ardiente de su cuerpo y evaporar las gotas de la llovizna antes de que lo alcanzaran.

No perdió ni un segundo y se levantó el jersey y la camiseta, destapando el tatuaje que tenía en el costado izquierdo. Colocó una mano sobre su tatuaje y emitió varios impulsos de energía, como si fuera código morse. A falta de teléfonos cerca, y de teléfonos móviles, que en esa fecha no existían, los iris tenían el tatuaje para comunicarse sensorialmente con los miembros de su RS a distancias internacionales.

Si Denzel le había sugerido convocar a su RS, cuya mayoría de miembros vivían en Tokio, es que también estaba dispuesto a hacerle el favor de traerlos él mismo mediante el teletransporte, ya que, de no disponer del poder taimu, Lao tendría que esperar al menos una hora hasta que sus compañeros llegasen en un jet. Por eso, Lao les había transmitido el mensaje de reunirse todos en un punto en concreto de Tokio, un punto de referencia que en estos casos servía para que un taimu pudiera teletransportar a una RS entera cuando era necesario. Ahora, Lao tenía que esperar unos minutos hasta que su Líder, su Segunda u otro de sus compañeros le avisara de que ya estaban todos reunidos en ese punto.

—Gracias —murmuró Lao, cabizbajo.

—No me cuesta nada echaros una mano. Pero tienes que hacerme un favor a cambio. Tienes que intentar tranquilizarte —le advirtió Denzel, notando a distancia la rabia contenida del Ka.

—Es que sé quiénes han sido…

—Y eso ya es una ventaja.

—Llevo un mes entero siguiéndoles la pista por mi cuenta… Traficantes de niños… Hace una semana ya desaparecieron tres niños de la lista de víctimas potenciales que realicé. Le dije a Neuval que no saliera solo de este callejón hasta que yo me encargara de limpiar esta ciudad de esa escoria… y lo han atrapado justo aquí, mientras estudiaba…

—Y gracias a él, tú ahora sabes esto, sabes lo que le ha pasado. El niño ha sido muy listo dejándote este mensaje. Lo ha dejado para ti porque sabía que tú entenderías esta escena.

—Le he fallado…

—Kei Lian…

—¡Tenía que evitar que pasara! ¡Debí regirme más por la razón y menos por mis sentimientos, debí sacarlo de este callejón a la fuerza el primer día aunque él se resistiera, y llevarlo directamente al Monte Zou, donde habría estado a salvo y habrían empezado a tratar su iris! —gritaba con rabia, tapándose la cara con las manos.

—Kei Lian, déjate de lamentos. Sabes perfectamente que lo rescatarás. Por fin tienes una prueba de que ellos han estado físicamente en este lugar, y de que el niño ha sido secuestrado en este lugar, lo que significa que por fin tienes la garantía de que las personas que andas buscando han dejado aquí un rastro de olor. Vuestro Dobutsu podrá seguir el rastro desde este punto de partida. Ahora es una misión de lo más fácil.

—En el tiempo que tardemos en rescatarlo, incluso si son pocas horas, ya le han podido hacer cosas horribles… No quiero ni imaginarlo… Podría haberle pasado a mi propio hijo Sai… podría haberle pasado a… —no terminó la frase.

—¿A tu hermano? ¿A ti mismo? —adivinó Denzel—. Todo aquel que no es taimu está obligado a mirar siempre hacia delante, Kei Lian. No hacia el pasado o hacia pasados alternativos.

—¿Tú cómo lo aguantas, Denzel? —lo miró fijamente—. Fuiste tú quien me encontró a mí en un callejón cuando era niño… llorando sobre el cuerpo ensangrentado y sin vida de mi hermano… Te rompí la nariz de un puñetazo cuando intentaste cogerme en brazos y separarme de él. ¿Cuántas veces has tenido que recoger a iris en lugares terribles y en situaciones terribles? Y no me digas que ser ciego te salva de ver escenas horribles y así no puedes recordar las imágenes en tu mente, pues sé que no hace falta tener ojos videntes para sufrir las cosas malas que haya o sucedan delante de ti.

Denzel se quedó un momento en silencio. Cerró el paraguas y lo apoyó en el suelo, con las dos manos sobre el mango con postura elegante. Con el calor que Lao emitía alrededor de ellos, las gotas de lluvia ya no les caía. El taimu abrió un poco sus ojos tenebrosos y apuntó hacia donde estaba él.

—Mi trabajo no es fácil —asintió el inglés—. Sobre todo cuando un niño te parte la nariz mientras intentas ayudarlo —añadió, frotándose la nariz, y Lao lo miró con una mueca de disculpa una vez más, después haberse disculpado ya muchas veces años atrás—. Pero tampoco el tuyo es fácil, ni el de Alvion, ni el de nadie. No importa lo sobrehumano o inhumano que seas, en este mundo nada es fácil y, por si fuera poco, hemos sido creados para aguantarlo muy mal.

»Nos cuesta ser fuertes constantemente. Sufrimos mucho tanto por una nariz rota como por ver o experimentar continuas injusticias atroces a nuestro alrededor. Y algunos dicen que, de tantas veces, o con el tiempo, uno puede acabar acostumbrándose. Pero quien dice haberse acostumbrado a los horrores de esta vida, no es porque ese alguien de verdad se haya acostumbrado, es porque ese alguien ya está roto.

»Tú jamás aspires a acostumbrarte a estos males, Kei Lian, jamás desees dejar de sentir y de sufrir. Es lo que te mantiene inconforme, y lo que te mantiene inconforme te mantiene activo y de una pieza. Neuval será salvado… porque tú sufres por él.

Lao se quedó en silencio. Denzel había vivido demasiado tiempo en este mundo. Cuando las personas normales con su corta esperanza de vida se la pasaban entera deseando hacerse inmunes al dolor por las cosas malas que saben que sufrirán inevitablemente, Denzel pasó por ese mismo deseo una vez porque hubo un periodo de su vida en que él llegó a romperse en mil pedazos, pero con el paso de más años y décadas… se dio cuenta de que le daba más miedo dejar de sentir dolor que el propio dolor.

—Por eso, yo sigo haciendo mi trabajo, y lo seguiré haciendo una y otra vez —concluyó el taimu—. No porque no sufra al hacerlo, sino todo contrario. La única forma de paliar el dolor no es obligándote a dejar de sentirlo, sino combatiéndolo haciendo algo bueno. ¿Quieres dejar de sentirte tan mal? Deja de lamentarte por cosas que ya pasaron, o que nunca pasaron, o que aún no han pasado, y actúa en el tiempo presente. Rescata a ese niño. No hay más.

A Lao siempre le había asombrado la capacidad de Denzel de adelantarse a las cosas. Obviamente, quien había vivido mucho tiempo, podría decirse que ya había aprendido un patrón de comportamiento que década tras década o siglo tras siglo seguía repitiéndose en las personas, y por eso, para Denzel, a veces era muy fácil predecir lo que alguien iba a decir, o lo que iba a hacer o lo que necesitaba oír.

Lao fue a decirle algo, pero entonces sintió por fin aquel impulso energético en el tatuaje de su costado, y como le pilló desprevenido, emitió una leve exclamación. Al oírla, Denzel la supo entender y no tardó ni un segundo en desaparecer del callejón, dejando a Lao con la palabra en la boca. Cuando se vio ahí solo, miró una vez más el muro lleno de rayajos y garabatos de ideas increíbles. Suspiró. Qué pequeña mente más maravillosa, pensaba Lao. Se acercó al cartón junto al contenedor y recogió los cuadernos, poniéndolos en un rincón protegidos de la lluvia. Seguro que Neuval querría seguir estudiándolos cuando lo trajera de vuelta.

Tres segundos después, se produjo un pequeño destello silencioso en el callejón. Lao miró hacia atrás, hacia el fondo, y vio varias sombras, acompañadas por unas pequeñas luces de colores en la oscuridad. Denzel estaba junto a ellas.

—Gracias por venir —les dijo Lao, hablándoles en japonés—. Siento haberos llamado con tan poca antelación.

—¿Y perdernos la oportunidad de masacrar a toda una organización de trata y corrupción de menores? —sonrió una mujer rubia de ojos verdes, agarrada del brazo de un hombre de largo cabello rojo oscuro, ojos azules y gafas.

—Creía que ibas a esperar a que Alvion descartara su posible extensión internacional y te diera luz verde para atacarlos —dijo el pelirrojo de las gafas—. Pero ha ocurrido algo… por lo que no quieres esperar más tiempo —adivinó, y echó un vistazo a esos cartones y a una sudadera pequeña ahí en el rincón—. Se han llevado a tu chico —comprendió.

—¿El niño iris solitario del que nos hablaste antes de ayer por teléfono? —preguntó la rubia, dando un respingo—. Oh, no, pobre criatura.

—Kei Lian, ¿por qué te tomas este rapto como algo personal y urgente y no los raptos de los otros niños de días atrás? —le preguntó otra mujer de los allí presentes, su compañera Dobutsu—. Es raro en ti precipitarte. Alvion te dijo que primero había que descartar si este grupo criminal tiene extensión internacional. Sabes que si la tiene y tú atacas a los que están en Hong Kong, alertarás a sus posibles cooperadores y se esconderán en otros países, y la trata de niños continuará en otros lugares.

—No puedo esperar más, descubrir los secuestros de los otros niños durante este mes y no hacer nada ya ha sido bastante tortura —dijo Lao—. Megumi, por favor —cogió de los cartones la sudadera que el otro día le dio a Neuval—, encuentra su rastro. Juro que si este grupo criminal tiene más colaboradores en otros lugares del mundo, los encontraré a todos y los eliminaré. Pero esos niños nos necesitan ¡ya!

La Dobutsu suspiró y miró a su Líder, el pelirrojo con gafas, buscando su autorización, y este asintió con la cabeza. Entonces, la Dobutsu se acercó a Lao, le cogió la prenda y la olfateó en profundidad. Ni siquiera la lluvia era un impedimento para una Dobutsu de muy alto nivel para percibir la dirección que el olor de Neuval había tomado.

—Qué ganas tengo de retorcer cabezas… —sonrió la mujer rubia junto al pelirrojo, crujiéndose los nudillos, y le salieron varias espinas verdes en el dorso de los brazos y de la mandíbula, como las de un rosal.

—Emiliya, cariño, no te excedas mucho, que todavía no hay Condenados asignados —le pidió el pelirrojo.

—Oh, Hideki, amor mío, no te preocupes por mí —le acarició la mejilla—. Si Alvion se enfada, te echaré la culpa a ti.

—¿¡Eh!?

—¡En marcha! —exclamó la Dobutsu allá en la salida del callejón, llamándolos a todos, y la SRS se puso en movimiento.»





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