Seguidores

1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 2: La Búsqueda __









73.
El motivo emocional

Drasik salió por la puerta de su casa, aún con el pijama, arrastrando los pies rápidamente por el rellano hacia la puerta de la otra punta, la puerta C. Llamó tres veces seguidas al timbre. Tras unos segundos abrió Mei Ling, tal como esperaba.

—Buenos días, mujer de Venus, que desea explorar Marte para deslumbrar el corazón de los hombres incultos —la saludó con voz cantarina.

Mei Ling se lo quedó mirando como una serpiente. No sabía cómo lo hacía, pero Drasik siempre ingeniaba un absurdo saludo distinto cada vez que la veía, que era casi todos los días.

—Soy ingeniera aeroespacial. No la Virgen María —contestó ella, cansina. Entonces se percató del vendaje que llevaba el chico en el antebrazo derecho—. ¿Qué te ha pasado ahí, Drasik?

—Ah, nada —sonrió felizmente, escondiendo el brazo tras la espalda.

—¿Nada? —se extrañó—. Ahí es donde tienes el tatuaje de la KRS.

—¿Está Kyo despierto? —cambió de tema.

Mei Ling abrió la puerta del todo y le indicó que pasase. Drasik se fue derechito al piso de arriba mientras la mujer se metía en la cocina a hacer desayuno para tres personas. Drasik se adentró en la habitación de su amigo y su ojo brilló al instante de su luz azul claro por lo oscura que estaba. Se fue hacia una de las ventanas y subió las persianas, dejando pasar de golpe la luz del día.

Vio a Kyo frito en su cama, hecho una pelota entre las sábanas, y se acercó a él con malicia. Comenzó a realizar movimientos en el aire con su mano izquierda sobre Kyo, y no tardaron en formarse y juntarse moléculas de agua hechas con el hidrógeno y el oxígeno del propio aire. De una sacudida de su mano, la masa acuosa se estampó sobre Kyo, empapándole bien, lo que le despertó con susto. Dirigió una mirada fiera hacia Drasik. Lo cierto es que este le había despertado tantas veces con sus tropelías que ya le daba igual. Sólo se limitó a aumentar la temperatura de su cuerpo para evaporar el agua y secarse.

—Feliz díaaa —canturreó el Sui.

—¿Por qué feliz? —bostezó Kyo, despegándose lenta y costosamente de la cama hasta sentarse.

—No sé... —sonrió—. Porque no hay clase. Y mañana tampoco.

—Ya... Oye, ayer te estuve buscando.

—¡Anda, qué casualidad! —saltó Drasik con sarcasmo—. ¿A dónde te fuiste tú ayer? Saliste de la cafetería para llamar a tu abuelo y no regresaste.

—A… no puedo decírtelo. Necesito pedirte una cosa.

—¡Claro! —brincó Drasik alegremente—. ¿Qué número de Playboy quieres?

—Bromas aparte... —negó Kyo, levantándose y yendo hacia la silla de su escritorio, abarrotada de ropa, para ponerse una camiseta por encima—. ¿Qué te ha pasado en el brazo?

—Mm… —murmuró—. Un pequeño esguince... Bueno, ¿qué es lo que quieres pedirme?

Kyo se volvió hacia él con reproche, esa respuesta no le había convencido mucho, pero tenía un asunto importante rondando por su cabeza.

—Vamos a desayunar algo, me muero de hambre.

Drasik asintió y lo siguió por detrás, fijándose antes de salir en unos cuantos lienzos que había en un rincón del cuarto cubiertos cada uno con un paño o sábana, dando una imagen de abandono.

—¿Cuánto hace que no pintas? —quiso saber Drasik mientras bajaban las escaleras.

—No ando muy inspirado últimamente —contestó, viendo a su hermana pasar por el salón.

—Tenéis el desayuno en la cocina —les indicó la mujer antes de salir al balcón a disfrutar de las vistas.

—Gracias, Mei —dijo Kyo.

Los dos chicos se pusieron el desayuno en la mesa de comedor junto al salón. Drasik empezó a engullir sin reservas, y Kyo observó a su hermana, que se había apoyado en la barandilla de la terraza con su tostada y su café, contemplando la ciudad tranquilamente. Luego miró hacia su plato, y después a Drasik, el cual estaba aplastando el arroz con los palillos al mismo tiempo que con la otra mano cogía trozos de tortilla y se los metía en la boca de lleno.

—Ayer volví a casa pronto para ver si volvías tú a la tuya —le comentó Kyo—. Volviste muy tarde.

—Sí... —masculló con la boca llena—. Desgraciadamente me encontré con Sakura por la calle y me obligó a acompañarla a su casa. Qué pesada es, me estuvo reteniendo un buen rato. Va y me dice: “Uish, Drasik, pues creo que hacemos buena pareja tú y yo, ¿sabes?” —la imitó poniendo voz aguda y acento esnob—. “Ambos somos Sui, deberíamos estar juntos, nos entendemos...”. Pfff, no sé qué le ha dado a Sakura de repente, llevamos toda la vida trabajando juntos con su SRS y nunca se había puesto tan pegajosa conmigo. Vale que sea la única chica Sui que conozco por aquí y la única que me comprende cuando digo que 18 grados centígrados me parecen un infierno sofocante dentro de una habitación, pero... eso no significa que quiera rollo con ella —seguía hablando sin parar, como siempre—. Es que así no tiene gracia, es más divertido ligar con humanas, te puedes adelantar siempre a lo que van a pensar o sentir… Jo, macho —se abanicó con el cuello de la camiseta—. Sé que eres un Ka, pero menudo calor tenéis aquí. Con Yousuke también teníais la casa ardiendo, macho, y ahora eres tú, ¿por qué no se te ocurrió elegir otro elemento más fresquito? Sé que eso depende de la compatibilidad de tu mente, pero es que los Lao tenéis ya mucho fuego en la familia, macho, no sé cómo la pobre Mei Ling lo soporta.

Ya. Drasik por fin se calló para seguir comiendo tranquilamente. Kyo apenas se dio cuenta, se le había ido la mente a otra parte a la séptima u octava palabra, pero vio que ahora podría aprovechar a dejarlo caer, con disimulo.

—Mm… —asintió con la cabeza para indicarle a Drasik que lo que quiera que haya estado diciendo lo apoyaba totalmente—. Necesito que me prepares un opuritaserum.

Drasik se atragantó con los cinco trozos de tortilla que tenía en la boca, tosió y se apresuró a beber de su zumo. Tras desatragantarse, se quedó observando a su amigo con cara de loco.

Excuse me?

—Necesito un opuritaserum —repitió Kyo, sin levantar la mirada de su plato.

Entonces Drasik se levantó de golpe, volcando la silla, y le apuntó con el dedo de su mano izquierda. Luego dejó de apuntarle y se rascó la cabeza, desviando la vista, y finalmente le señaló otra vez con más cara de loco.

—¡Qué buena! —carcajeó—. Aunque es una broma un tanto pesada.

Kyo lo miró en silencio un momento. Se había esperado una reacción similar.

—Hablo en serio.

—¿¡Pero cómo sabes tú lo del opurita!? —exclamó, agarrándose de los pelos—. ¿Te lo ha dicho Denzel? —se alarmó, y nada más ver que Kyo seguía mirándolo de aquella forma, lo pilló—. ¿¡Has estado con Fuujin!?

—Ssh... No grites —lo tranquilizó, mirando a su hermana en la terraza con apuro.

—¡Serás...! —vociferó Drasik, consternado, y empezó a dar vueltas de aquí para allá—. Damn... can’t believe it... the motherfucker's met Fuujin... —murmuraba rápidamente.

A Kyo no le sorprendía, Fuujin ya le advirtió que Drasik se exaltaría.

—¿Qué te sorprende tanto? —se extrañó Kyo—. Es mi tío.

—Claro, para ti es normal, antes de irte al Monte lo veías de vez en cuando durante estos siete años como lo ve Lao y como lo ve Mei Ling… ¡Pero para nosotros es una utopía! Yako, yo y los demás llevamos siglos sin verlo. ¿¡Cómo está!? —preguntó de repente, sonriendo.

—Drasik, por favor, lo necesito cuanto antes —se impacientó.

De pronto el chico con pelos de loco corrió hacia él dando un manotazo en la mesa con la mano izquierda y clavándole la mirada, soltando chispas.

—¿¡Que lo necesitas!? ¿¡Que tú necesitas mi opurita!? ¿¡Cuándo te has encontrado con Ichi!?

«Pues sí que sabe» pensó Kyo con sorpresa.

—No puedo decírtelo —contestó manteniendo la calma—. Tú hazlo.

—¡No pienso hacerlo hasta que no me expliques...!

—Es una orden de Fuujin. Ambas... son órdenes de Fuujin.

Al oír eso, Drasik calló por completo. Cerró la boca, pero siguió mirándolo, ofuscado. Entonces acabó por sentarse de nuevo en la silla después de haberla recogido del suelo, y se quedó meditabundo.

—¿Es grave?

—No, por ahora no —sonrió Kyo.

—Bien —murmuró, y se quedó unos segundos en silencio—. Vale. Ahora cuando vaya a casa te lo prepararé.

«No ha sido tan difícil convencerlo» se dijo Kyo. Nada más decirle que era una orden de Fuujin, y ¡fus!, todo arreglado. Luego cayó en la cuenta. Para los miembros de la KRS, Fuujin era como un ídolo, siempre lo había sido, tanto en el trabajo de la Asociación como en sus vidas cotidianas. Pero para Drasik lo era, quizá, de una manera incluso más intensa. Fuujin había sido para él lo más parecido a una figura paterna cuando más lo necesitó, durante su temprana infancia.

Kyo siempre había observado que la relación que había entre Fuujin y Drasik en el pasado siempre fue bastante estrecha y tuvo algo especial. Tal vez fuera porque Drasik era el iris más joven de la historia en convertirse y, por tanto, el que más atención necesitaba, por lo que Fuujin gastaba algo más de tiempo con él, en enseñarle, aconsejarle y guiarle, cuando ningún otro Líder ni ninguna otra RS habían querido acogerlo en su grupo al ser demasiado pequeño y además propenso al majin.

Drasik jamás olvidaría la noche en que el poderoso y famoso Fuujin vino a conocerlo y a aceptarlo como miembro de su RS. Todos esos recuerdos y enseñanzas que recibió de él los guardaba como un tesoro. Pero le dolía que aquello se hubiera terminado hace años, y aún no quería asumirlo, quería seguir teniendo la esperanza de recuperar a ese guía, a ese Líder, algún día. Drasik era el único de la Asociación que jamás había dejado de creer que Neuval regresaría, por una u otra razón, sin importar cuánto tiempo pasase.


Fuujin empezó a ser mundialmente conocido hace 25 años cuando se descubrió que había alcanzado un nuevo nivel máximo nunca antes visto en un iris. Fue el primero y único hasta la fecha en convertirse en lo que se denominó un “dios iris”, el rango de -sama. Fue algo sin precedentes, e inequívoco, porque este máximo nivel consistía en poder hacer algo que nadie más, excepto los Zou, había hecho nunca: convertirse a uno mismo en su elemento. Su propio cuerpo, físicamente, transformado en aire, conservando la consciencia, haciéndose a sí mismo un elemento natural vivo.

Esto confirmó la teoría que los Zou habían estado sosteniendo desde hace siglos de que el iris era una energía arraigada a la mente, o al alma –misma cosa para los Zou–, y no al cuerpo, porque cuando Fuujin se transformaba a sí mismo en aire, podía seguir pensando, viendo, oyendo, sintiendo y actuar conforme a la razón. Era un elemento consciente, un elemento con alma.

Hasta entonces, solamente los Zou habían sido las únicas “criaturas” del mundo en hacer algo así. Por eso, Fuujin se convirtió en un ejemplo para miles de iris que, estando en el nivel -san, no sabían que podían lograr subir un peldaño más. Sin embargo, casi todos los que lo intentaron, esforzándose más, haciendo el triple de entrenamientos físicos y mentales, usando el iris de manera continua, se toparon con un objetivo que parecía imposible. Pero imposible no era, simplemente era extremadamente difícil, y no sólo dependía del entrenamiento y el esfuerzo, sino también de un motivo.

El motivo emocional. Muchos olvidaron que el iris, siempre, siempre, se sostenía en un motivo emocional. Olvidaron que, precisamente, se convirtieron en iris por un motivo emocional. El iris no era un fenómeno físico, biológico, material… era una energía inmaterial, igual que el alma. E igual que el alma no podía existir si no estaba hecha de recuerdos y experiencias, de pensamientos y emociones, el iris tampoco.

El entrenamiento o usar mucho el poder del iris en misiones ayudaba, pero eso tenía que venir acompañado por un motivo emocional para despertar un nuevo nivel. Y no era igual para todos, por supuesto. Las personas son diferentes, cada una reacciona de una forma ante algún suceso, y no a todas les afectaba algo con la misma intensidad. Por ejemplo, para Pipi, el nacimiento de su hija Álex le produjo una enorme felicidad que alimentó a su iris de más poder. Pero, para Neuval, el nacimiento de su primer hijo fue el acontecimiento más significativo de toda su vida. Porque Neuval, a diferencia de Pipi, tenía un cierto pasado, y tenía un cierto trauma con su padre biológico, y una historia detrás de lo que era para él tener una familia, formar parte de una, y en ella, tener el papel de hijo, de hermano, de marido, de tío, y de padre.

Pipi venía de una familia complicada, pero normal, en la que siempre había tenido a sus padres, a sus abuelos, a tíos abuelos, a sus dos hermanos, varios tíos, muchos primos, varios sobrinos… y en la que siempre había habido cosas buenas y cosas malas, las típicas en las familias. Pipi venía de una familia enorme, y conocía tan bien el papel de cada uno en ella y había visto lo mismo una y otra vez, que había acabado saturado de ella. Y quizá, por eso, tener un nuevo hermano, o un nuevo primo, o sobrino… como que le alegraba pero como que ya no era tan importante. Tener a su hija fue el mayor motivo de felicidad que había tenido nunca, eso sin duda. Pero no llegó a ser “el motivo clave” para su iris para alcanzar el máximo nivel porque no tenía un trauma relacionado con eso.

Neuval, por el contrario… tenía unos orígenes bien diferentes, y para él, el nacimiento de Lex fue lo que dio sentido a todo: a su pasado, a su presente, a su futuro, a sí mismo, a su vida y a todo por lo que luchaba en ese mundo. Para él, fue motivo de sobra para que su iris rebosase de la mayor dicha, y despertara su mayor nivel de poder. Y de Fuujin-san, pasó a ser Fuujin-sama, estrenando nuevo nivel en la Asociación.

Pues por eso lo de “casi todos”. En los años siguientes, el ejemplo de Neuval sí sirvió, al menos, para un par de iris más en el mundo. Al ser un nivel tan excepcional, cabía esperar que apenas nadie más lo lograra. La siguiente fue una mujer en Estados Unidos, una iris Sui.

Aquí, había que apuntar una excepción. Los Sui eran los únicos iris en los que sí era normal convertir su cuerpo en agua si alcanzaban un nivel -san alto, por la única e indiscutible razón de que el agua era el mayor componente básico del cuerpo humano. Sin embargo, no podían durar mucho tiempo, ni hacer muchos movimientos efectivos, porque se evaporaban, y si se evaporaban, significaba que pasaban a convertirse de agua a aire, y si se convertían en aire… era básicamente como morir, ya que era el estado donde su elemento dejaba de ser su elemento. Si un Sui se convertía en agua y a causa de un fuego o de un calor abrasador se evaporaba parte de su masa, al recuperar su cuerpo de carne y hueso podían aparecer sin un dedo, o sin un pie… dependiendo de cuánta agua hubiesen perdido.

Esta Sui de Estados Unidos alcanzó el máximo nivel cuando demostró ser capaz de, no sólo convertirse en agua, sino también en hielo, el más puro y frío hielo, y adoptar formas y moverse sin problema. El hielo era el estado del agua más estable y seguro, significaba que estaba mucho más lejos del estado de evaporarse, por lo que, para un Sui, ser hielo era el mayor nivel de su elemento, su estado más perdurable.

El siguiente, fue un iris Shokubutsu de Europa. Consiguió transformarse enteramente a sí mismo en planta, es decir, sustituir todas las células animales de su cuerpo humano en células vegetales, y de ahí, poder tener un cuerpo de dura madera, o de flexible fibra, extenderse, moverse sobre la tierra o bajo ella, y bajo el agua, si adquiría la composición celular de una planta acuática, etc.

Oficialmente, el siguiente en alcanzar el máximo nivel fue Raijin con su elemento Den. Extraoficialmente, fue Izan con su elemento Yami, pero como Izan había estado desaparecido siete años, no se contaba.


A partir de aquel momento en que Fuujin logró convertirse en un Dios del Viento a sus 21 años, su fama siguió creciendo, y no sólo por sus hazañas, sino por cómo ejecutaba sus hazañas. Y no sólo por el método, sino también por su disposición. Fuujin era un iris que siempre estaba ahí cuando alguien lo necesitaba, y cuando no lo necesitaban también. Nunca negaba un favor, nunca rechazaba una petición o una colaboración, ni aunque tuviera que irse a otro país o al otro lado del globo. Si alguna vez se negó por aquellos años, era porque priorizó cuidar de Lex, ocuparse de él y dedicarle todo el tiempo que merecía, por encima del trabajo de la Asociación.

Se ganó la envidia de algunos, el respeto de muchos y la amistad de muchísimos más. Por eso, a nadie le sorprendió cuando corrió la voz de que Fuujin iba a dejar la SRS de Hideki porque quería crear la suya propia. Se supone que esto iba en contra de las normas. Un iris no podía fundar una RS por su cuenta y sin permiso y con ello autoproclamarse Líder así por las buenas. Las RS las fundaban y autorizaban Alvion y los monjes de Administración, y se obtenía el título de Líder, o bien mediante la autorización del anterior Líder tras haber pasado con éxito su aprendizaje privado, o bien mediante una prueba supervisada por los monjes durante un mes.

Pero Neuval ya tenía en ese entonces arrogancia de sobra para autoproclamarse Líder de su nueva KRS de Tokio e ir reclutando en ella a quien él quisiese, desoyendo las quejas de Alvion y de los monjes de que debía cumplir las normas como todos. Y es que había algo que Neuval había estado años observando y que ya no aguantaba ver, y era la tendencia mayoritaria de las RS del mundo de acoger siempre a jóvenes y adultos, ignorando a los iris que tenía menos de 15 años y mucho más a los menores de 10.

No sólo fundó la KRS por capricho, sino también para predicar con el ejemplo. Con su propia iniciativa, impulsó a muchos Líderes de la Asociación a darles a los iris más pequeños y jóvenes la oportunidad que merecían. Y si no había RS o vacantes suficientes, que se creasen nuevas RS de una vez, sin más demora y burocracia y tonterías, donde nuevos Líderes pudieran tener la oportunidad de liderar y donde los iris más jóvenes tuvieran también su oportunidad de hacer aquello para lo que fueron entrenados y que su iris interior les pedía a gritos. Ser útiles, hacer cosas importantes, salvar a la gente, luchar contra el mal.

Antes no había una KRS de Tokio, había la de otros colores en la capital, siendo la más famosa la SRS de Hideki. Neuval hizo la KRS de Tokio. Y el primero en seguir su iniciativa fue Pipi, cuando Hideki murió y la SRS pasó a ser suya. La muerte de Hideki y de Emiliya afectó a los anteriores miembros tanto que muchos de ellos se fueron a otras, o bien, cumplieron su venganza y decidieron dejar la Asociación y volver a ser humanos. Por eso, la SRS se quedó con varias vacantes, y Pipi fue al Monte Zou a buscar, directamente, a iris pequeños que llevaban ya tiempo postulando, siendo rechazados y esperando ser aceptados en alguna RS.

Después, esta iniciativa se expandió hacia muchos más Líderes de Japón, y de ahí, a otros cuantos Líderes del resto del mundo. La cola de niños iris haciendo espera en el Monte Zou por entrar en alguna RS, que se estuvo haciendo larga hasta entonces, disminuyó casi por completo, y las cosas se equilibraron más justamente en esta situación.

Neuval siempre quiso a su padre como su mano derecha, por lo que Lao fue el primer miembro que tuvo. Y junto a él, Izan, y también Raijin, los cuales no fueron “niños marginados” pero Neuval los acogió por ciertas razones especiales. Después, ya fue integrando a los demás que sí eran “niños marginados”: a Sarah, a Sam, a Nakuru y a Drasik. Y, especialmente, al niño iris más rechazado del mundo. Yako.

Yako fue, de hecho, el primer “niño marginado” que acogió en la KRS, quien entonces tenía 5 años y apenas dos años antes había perdido a su padre, el hijo de Alvion, y se convirtió.

Nunca antes un Zou se había convertido en iris, era algo insólito. Pero porque nunca antes un Zou había presenciado la injusta y trágica muerte de un familiar o ser querido. Y no es que nadie quisiera acogerlo en su RS por ser pequeño, sino por ser un Zou. Los Líderes sabían que Alvion quería someterlo a la preparación para ser el siguiente Señor de los Iris, a pesar de su conversión, así que era intocable. Pero el niño no quería hacerlo, quería ser como los demás iris. Y un día, Neuval fue otra vez al Monte Zou y, tranquilamente, secuestró a Yako y se lo llevó a Tokio, para salvarlo de las ataduras de su abuelo y cumplir su deseo de ser un iris más.

Drasik fue el siguiente “niño marginado” después de Yako. Era, para ser más exactos, el primer “niño marginado desconocido” que acogió, es decir, que Neuval no lo conocía de antes en absoluto. Pero fue el único de todos que no era sólo rechazado por su cortísima edad récord de 4 años, sino porque ya se rumoreaba que ya estaba enfermo de majin.

Pequeño, desconocido, ignorado, don nadie y además con la mente sensible a las malas emociones y propensa al descontrol… y con un extraordinario e intrigante potencial oculto… Neuval nunca antes se había sentido tan identificado con alguien.


Kyo y Drasik acabaron su desayuno en silencio, y después se levantaron para recoger los platos. Kyo observó que Drasik volvía a hacer uso de su brazo izquierdo para llevar el plato y el vaso. Ya se había estado fijando antes en cómo su amigo evitaba mover el otro brazo, y eso no le cuadraba.

—¿Es un esguince de muñeca, dijiste? —le preguntó en la cocina.

Drasik se miró el brazo con indiferencia.

—Sí, ya sabes que no tengo mucho cuidado.

—¿Y por qué llevas vendado el antebrazo entero si se trata de la muñeca? —se extrañó, y luego frunció el ceño—. ¿No es ahí donde tienes el tatuaje?

—Tío, qué pesado —protestó—. Me di un golpe ayer cuando iba con Sakura, ¿vale?

—Vale, vale... —se estremeció, sorprendido por su repentina actitud.

—Que tenga el tatuaje ahí es pura casualidad, no pienses lo que no es —gruñó, dándole la espalda un momento, apoyando las manos sobre una de las repisas, y luego se volvió hacia él de nuevo y fue a salir de la cocina—. Claro, como tú lo tienes en el cuello, nadie tiene por qué preguntarte por qué lo tienes vendado, ya que el cuello no se venda.

—Tranquilo, no he dicho nada —se apuró Kyo, preocupado, siguiéndolo hasta la puerta.

—Pero lo piensas. Olvídalo, ¿quieres? Ven a ayudarme a preparar el opurita.

Kyo se quedó un momento quieto en la puerta mientras Drasik se dirigía a su casa echando humos y refunfuñando. «¿Por qué se ha puesto así? Se ha puesto nervioso» pensó. Finalmente cerró la puerta tras él y se fue hacia la casa de su vecino. Le había dejado un mal sabor de boca, aunque en realidad sí que pensaba lo que Drasik creía que pensaba.

Sólo vio un caso similar en Fuujin, en el pasado, y había oído de otros casos así en otros iris que compartían con ellos dos una característica común, que es tener una sensibilidad especialmente alta, es decir, conservar todavía mucha parte humana emocional, con la que sus iris a veces les costaba lidiar y apaciguar con la razón y la lógica, y de esa dificultad solía generarse una enfermedad que la Asociación llamaba majin. Por tanto, esta sólo aparecía en los iris más emocionales y propensos a perder el autocontrol, tal como le había pasado a Fuujin recientemente con esa docena de maleantes que había matado.

Había varios grados de majin, clasificados del uno al siete, siendo el uno de lo más insignificante y el siete de lo más alarmante. Se estimaba que la mitad de los iris no tenían ningún ápice de majin y que además eran inmunes, y que la otra mitad sí tenían, pero en su mayoría de grados bajos. Eran pocos los que desarrollaban grados altos y dependía de lo “sensible” que fuera el iris. Fuujin, por ejemplo, tenía el preocupante grado VI desde hace muchos años.

Antes del exilio, Neuval también tuvo una época de ponerse un parche en una parte específica del tatuaje de su espalda, para ocultar una señal concreta de que estaba teniendo problemas con su enfermedad del majin. Viniendo de él, no era de sorprender, porque el alto majin de Neuval ya llevaba muchos años siendo algo conocido.

Lo que a Kyo le estaba preocupando es que Drasik se estuviera vendando el tatuaje por la misma razón, lo cual sí sería de sorprender, porque, aunque todos sabían que Drasik tenía un majin, se supone que tenía uno de muy bajo grado, y ese síntoma específico que el tatuaje solía delatar y que preocupaba a Kyo aparecía cuando el majin estaba empezando a ser alto.

Kyo entonces recordó que de pequeño conoció el peor caso. Ocho años atrás, llegó a ver en un puñado de ocasiones cómo Izan se cubría la parte derecha del pecho con una venda o una gasa. Siempre lo hacía a escondidas, pero en ese entonces, el pequeño Kyo humano de 8 años pensaba que simplemente se estaba tratando alguna herida obtenida en alguna misión iris, lo más normal para ellos. Y lo siguiente que ocurrió es que un día Izan acabó marchándose, desapareciendo sin explicaciones, acompañado de rumores de haberse convertido oficialmente en el único iris de la época actual cuyo majin presuntamente había alcanzado el último y séptimo grado, aunque Denzel y Alvion no lo creyeran posible, ya que, de ser así, los Dioses del Yin habrían avisado a la Asociación, tal como Denzel le dijo antes a Neuval. Sin embargo, Neuval no se equivocaba en su mal presentimiento. Creía que Izan sí había llegado al último grado, por el cual el iris se convertía en arki. Y si los Dioses del Yin no lo habían alertado, sería por algo.









73.
El motivo emocional

Drasik salió por la puerta de su casa, aún con el pijama, arrastrando los pies rápidamente por el rellano hacia la puerta de la otra punta, la puerta C. Llamó tres veces seguidas al timbre. Tras unos segundos abrió Mei Ling, tal como esperaba.

—Buenos días, mujer de Venus, que desea explorar Marte para deslumbrar el corazón de los hombres incultos —la saludó con voz cantarina.

Mei Ling se lo quedó mirando como una serpiente. No sabía cómo lo hacía, pero Drasik siempre ingeniaba un absurdo saludo distinto cada vez que la veía, que era casi todos los días.

—Soy ingeniera aeroespacial. No la Virgen María —contestó ella, cansina. Entonces se percató del vendaje que llevaba el chico en el antebrazo derecho—. ¿Qué te ha pasado ahí, Drasik?

—Ah, nada —sonrió felizmente, escondiendo el brazo tras la espalda.

—¿Nada? —se extrañó—. Ahí es donde tienes el tatuaje de la KRS.

—¿Está Kyo despierto? —cambió de tema.

Mei Ling abrió la puerta del todo y le indicó que pasase. Drasik se fue derechito al piso de arriba mientras la mujer se metía en la cocina a hacer desayuno para tres personas. Drasik se adentró en la habitación de su amigo y su ojo brilló al instante de su luz azul claro por lo oscura que estaba. Se fue hacia una de las ventanas y subió las persianas, dejando pasar de golpe la luz del día.

Vio a Kyo frito en su cama, hecho una pelota entre las sábanas, y se acercó a él con malicia. Comenzó a realizar movimientos en el aire con su mano izquierda sobre Kyo, y no tardaron en formarse y juntarse moléculas de agua hechas con el hidrógeno y el oxígeno del propio aire. De una sacudida de su mano, la masa acuosa se estampó sobre Kyo, empapándole bien, lo que le despertó con susto. Dirigió una mirada fiera hacia Drasik. Lo cierto es que este le había despertado tantas veces con sus tropelías que ya le daba igual. Sólo se limitó a aumentar la temperatura de su cuerpo para evaporar el agua y secarse.

—Feliz díaaa —canturreó el Sui.

—¿Por qué feliz? —bostezó Kyo, despegándose lenta y costosamente de la cama hasta sentarse.

—No sé... —sonrió—. Porque no hay clase. Y mañana tampoco.

—Ya... Oye, ayer te estuve buscando.

—¡Anda, qué casualidad! —saltó Drasik con sarcasmo—. ¿A dónde te fuiste tú ayer? Saliste de la cafetería para llamar a tu abuelo y no regresaste.

—A… no puedo decírtelo. Necesito pedirte una cosa.

—¡Claro! —brincó Drasik alegremente—. ¿Qué número de Playboy quieres?

—Bromas aparte... —negó Kyo, levantándose y yendo hacia la silla de su escritorio, abarrotada de ropa, para ponerse una camiseta por encima—. ¿Qué te ha pasado en el brazo?

—Mm… —murmuró—. Un pequeño esguince... Bueno, ¿qué es lo que quieres pedirme?

Kyo se volvió hacia él con reproche, esa respuesta no le había convencido mucho, pero tenía un asunto importante rondando por su cabeza.

—Vamos a desayunar algo, me muero de hambre.

Drasik asintió y lo siguió por detrás, fijándose antes de salir en unos cuantos lienzos que había en un rincón del cuarto cubiertos cada uno con un paño o sábana, dando una imagen de abandono.

—¿Cuánto hace que no pintas? —quiso saber Drasik mientras bajaban las escaleras.

—No ando muy inspirado últimamente —contestó, viendo a su hermana pasar por el salón.

—Tenéis el desayuno en la cocina —les indicó la mujer antes de salir al balcón a disfrutar de las vistas.

—Gracias, Mei —dijo Kyo.

Los dos chicos se pusieron el desayuno en la mesa de comedor junto al salón. Drasik empezó a engullir sin reservas, y Kyo observó a su hermana, que se había apoyado en la barandilla de la terraza con su tostada y su café, contemplando la ciudad tranquilamente. Luego miró hacia su plato, y después a Drasik, el cual estaba aplastando el arroz con los palillos al mismo tiempo que con la otra mano cogía trozos de tortilla y se los metía en la boca de lleno.

—Ayer volví a casa pronto para ver si volvías tú a la tuya —le comentó Kyo—. Volviste muy tarde.

—Sí... —masculló con la boca llena—. Desgraciadamente me encontré con Sakura por la calle y me obligó a acompañarla a su casa. Qué pesada es, me estuvo reteniendo un buen rato. Va y me dice: “Uish, Drasik, pues creo que hacemos buena pareja tú y yo, ¿sabes?” —la imitó poniendo voz aguda y acento esnob—. “Ambos somos Sui, deberíamos estar juntos, nos entendemos...”. Pfff, no sé qué le ha dado a Sakura de repente, llevamos toda la vida trabajando juntos con su SRS y nunca se había puesto tan pegajosa conmigo. Vale que sea la única chica Sui que conozco por aquí y la única que me comprende cuando digo que 18 grados centígrados me parecen un infierno sofocante dentro de una habitación, pero... eso no significa que quiera rollo con ella —seguía hablando sin parar, como siempre—. Es que así no tiene gracia, es más divertido ligar con humanas, te puedes adelantar siempre a lo que van a pensar o sentir… Jo, macho —se abanicó con el cuello de la camiseta—. Sé que eres un Ka, pero menudo calor tenéis aquí. Con Yousuke también teníais la casa ardiendo, macho, y ahora eres tú, ¿por qué no se te ocurrió elegir otro elemento más fresquito? Sé que eso depende de la compatibilidad de tu mente, pero es que los Lao tenéis ya mucho fuego en la familia, macho, no sé cómo la pobre Mei Ling lo soporta.

Ya. Drasik por fin se calló para seguir comiendo tranquilamente. Kyo apenas se dio cuenta, se le había ido la mente a otra parte a la séptima u octava palabra, pero vio que ahora podría aprovechar a dejarlo caer, con disimulo.

—Mm… —asintió con la cabeza para indicarle a Drasik que lo que quiera que haya estado diciendo lo apoyaba totalmente—. Necesito que me prepares un opuritaserum.

Drasik se atragantó con los cinco trozos de tortilla que tenía en la boca, tosió y se apresuró a beber de su zumo. Tras desatragantarse, se quedó observando a su amigo con cara de loco.

Excuse me?

—Necesito un opuritaserum —repitió Kyo, sin levantar la mirada de su plato.

Entonces Drasik se levantó de golpe, volcando la silla, y le apuntó con el dedo de su mano izquierda. Luego dejó de apuntarle y se rascó la cabeza, desviando la vista, y finalmente le señaló otra vez con más cara de loco.

—¡Qué buena! —carcajeó—. Aunque es una broma un tanto pesada.

Kyo lo miró en silencio un momento. Se había esperado una reacción similar.

—Hablo en serio.

—¿¡Pero cómo sabes tú lo del opurita!? —exclamó, agarrándose de los pelos—. ¿Te lo ha dicho Denzel? —se alarmó, y nada más ver que Kyo seguía mirándolo de aquella forma, lo pilló—. ¿¡Has estado con Fuujin!?

—Ssh... No grites —lo tranquilizó, mirando a su hermana en la terraza con apuro.

—¡Serás...! —vociferó Drasik, consternado, y empezó a dar vueltas de aquí para allá—. Damn... can’t believe it... the motherfucker's met Fuujin... —murmuraba rápidamente.

A Kyo no le sorprendía, Fuujin ya le advirtió que Drasik se exaltaría.

—¿Qué te sorprende tanto? —se extrañó Kyo—. Es mi tío.

—Claro, para ti es normal, antes de irte al Monte lo veías de vez en cuando durante estos siete años como lo ve Lao y como lo ve Mei Ling… ¡Pero para nosotros es una utopía! Yako, yo y los demás llevamos siglos sin verlo. ¿¡Cómo está!? —preguntó de repente, sonriendo.

—Drasik, por favor, lo necesito cuanto antes —se impacientó.

De pronto el chico con pelos de loco corrió hacia él dando un manotazo en la mesa con la mano izquierda y clavándole la mirada, soltando chispas.

—¿¡Que lo necesitas!? ¿¡Que tú necesitas mi opurita!? ¿¡Cuándo te has encontrado con Ichi!?

«Pues sí que sabe» pensó Kyo con sorpresa.

—No puedo decírtelo —contestó manteniendo la calma—. Tú hazlo.

—¡No pienso hacerlo hasta que no me expliques...!

—Es una orden de Fuujin. Ambas... son órdenes de Fuujin.

Al oír eso, Drasik calló por completo. Cerró la boca, pero siguió mirándolo, ofuscado. Entonces acabó por sentarse de nuevo en la silla después de haberla recogido del suelo, y se quedó meditabundo.

—¿Es grave?

—No, por ahora no —sonrió Kyo.

—Bien —murmuró, y se quedó unos segundos en silencio—. Vale. Ahora cuando vaya a casa te lo prepararé.

«No ha sido tan difícil convencerlo» se dijo Kyo. Nada más decirle que era una orden de Fuujin, y ¡fus!, todo arreglado. Luego cayó en la cuenta. Para los miembros de la KRS, Fuujin era como un ídolo, siempre lo había sido, tanto en el trabajo de la Asociación como en sus vidas cotidianas. Pero para Drasik lo era, quizá, de una manera incluso más intensa. Fuujin había sido para él lo más parecido a una figura paterna cuando más lo necesitó, durante su temprana infancia.

Kyo siempre había observado que la relación que había entre Fuujin y Drasik en el pasado siempre fue bastante estrecha y tuvo algo especial. Tal vez fuera porque Drasik era el iris más joven de la historia en convertirse y, por tanto, el que más atención necesitaba, por lo que Fuujin gastaba algo más de tiempo con él, en enseñarle, aconsejarle y guiarle, cuando ningún otro Líder ni ninguna otra RS habían querido acogerlo en su grupo al ser demasiado pequeño y además propenso al majin.

Drasik jamás olvidaría la noche en que el poderoso y famoso Fuujin vino a conocerlo y a aceptarlo como miembro de su RS. Todos esos recuerdos y enseñanzas que recibió de él los guardaba como un tesoro. Pero le dolía que aquello se hubiera terminado hace años, y aún no quería asumirlo, quería seguir teniendo la esperanza de recuperar a ese guía, a ese Líder, algún día. Drasik era el único de la Asociación que jamás había dejado de creer que Neuval regresaría, por una u otra razón, sin importar cuánto tiempo pasase.


Fuujin empezó a ser mundialmente conocido hace 25 años cuando se descubrió que había alcanzado un nuevo nivel máximo nunca antes visto en un iris. Fue el primero y único hasta la fecha en convertirse en lo que se denominó un “dios iris”, el rango de -sama. Fue algo sin precedentes, e inequívoco, porque este máximo nivel consistía en poder hacer algo que nadie más, excepto los Zou, había hecho nunca: convertirse a uno mismo en su elemento. Su propio cuerpo, físicamente, transformado en aire, conservando la consciencia, haciéndose a sí mismo un elemento natural vivo.

Esto confirmó la teoría que los Zou habían estado sosteniendo desde hace siglos de que el iris era una energía arraigada a la mente, o al alma –misma cosa para los Zou–, y no al cuerpo, porque cuando Fuujin se transformaba a sí mismo en aire, podía seguir pensando, viendo, oyendo, sintiendo y actuar conforme a la razón. Era un elemento consciente, un elemento con alma.

Hasta entonces, solamente los Zou habían sido las únicas “criaturas” del mundo en hacer algo así. Por eso, Fuujin se convirtió en un ejemplo para miles de iris que, estando en el nivel -san, no sabían que podían lograr subir un peldaño más. Sin embargo, casi todos los que lo intentaron, esforzándose más, haciendo el triple de entrenamientos físicos y mentales, usando el iris de manera continua, se toparon con un objetivo que parecía imposible. Pero imposible no era, simplemente era extremadamente difícil, y no sólo dependía del entrenamiento y el esfuerzo, sino también de un motivo.

El motivo emocional. Muchos olvidaron que el iris, siempre, siempre, se sostenía en un motivo emocional. Olvidaron que, precisamente, se convirtieron en iris por un motivo emocional. El iris no era un fenómeno físico, biológico, material… era una energía inmaterial, igual que el alma. E igual que el alma no podía existir si no estaba hecha de recuerdos y experiencias, de pensamientos y emociones, el iris tampoco.

El entrenamiento o usar mucho el poder del iris en misiones ayudaba, pero eso tenía que venir acompañado por un motivo emocional para despertar un nuevo nivel. Y no era igual para todos, por supuesto. Las personas son diferentes, cada una reacciona de una forma ante algún suceso, y no a todas les afectaba algo con la misma intensidad. Por ejemplo, para Pipi, el nacimiento de su hija Álex le produjo una enorme felicidad que alimentó a su iris de más poder. Pero, para Neuval, el nacimiento de su primer hijo fue el acontecimiento más significativo de toda su vida. Porque Neuval, a diferencia de Pipi, tenía un cierto pasado, y tenía un cierto trauma con su padre biológico, y una historia detrás de lo que era para él tener una familia, formar parte de una, y en ella, tener el papel de hijo, de hermano, de marido, de tío, y de padre.

Pipi venía de una familia complicada, pero normal, en la que siempre había tenido a sus padres, a sus abuelos, a tíos abuelos, a sus dos hermanos, varios tíos, muchos primos, varios sobrinos… y en la que siempre había habido cosas buenas y cosas malas, las típicas en las familias. Pipi venía de una familia enorme, y conocía tan bien el papel de cada uno en ella y había visto lo mismo una y otra vez, que había acabado saturado de ella. Y quizá, por eso, tener un nuevo hermano, o un nuevo primo, o sobrino… como que le alegraba pero como que ya no era tan importante. Tener a su hija fue el mayor motivo de felicidad que había tenido nunca, eso sin duda. Pero no llegó a ser “el motivo clave” para su iris para alcanzar el máximo nivel porque no tenía un trauma relacionado con eso.

Neuval, por el contrario… tenía unos orígenes bien diferentes, y para él, el nacimiento de Lex fue lo que dio sentido a todo: a su pasado, a su presente, a su futuro, a sí mismo, a su vida y a todo por lo que luchaba en ese mundo. Para él, fue motivo de sobra para que su iris rebosase de la mayor dicha, y despertara su mayor nivel de poder. Y de Fuujin-san, pasó a ser Fuujin-sama, estrenando nuevo nivel en la Asociación.

Pues por eso lo de “casi todos”. En los años siguientes, el ejemplo de Neuval sí sirvió, al menos, para un par de iris más en el mundo. Al ser un nivel tan excepcional, cabía esperar que apenas nadie más lo lograra. La siguiente fue una mujer en Estados Unidos, una iris Sui.

Aquí, había que apuntar una excepción. Los Sui eran los únicos iris en los que sí era normal convertir su cuerpo en agua si alcanzaban un nivel -san alto, por la única e indiscutible razón de que el agua era el mayor componente básico del cuerpo humano. Sin embargo, no podían durar mucho tiempo, ni hacer muchos movimientos efectivos, porque se evaporaban, y si se evaporaban, significaba que pasaban a convertirse de agua a aire, y si se convertían en aire… era básicamente como morir, ya que era el estado donde su elemento dejaba de ser su elemento. Si un Sui se convertía en agua y a causa de un fuego o de un calor abrasador se evaporaba parte de su masa, al recuperar su cuerpo de carne y hueso podían aparecer sin un dedo, o sin un pie… dependiendo de cuánta agua hubiesen perdido.

Esta Sui de Estados Unidos alcanzó el máximo nivel cuando demostró ser capaz de, no sólo convertirse en agua, sino también en hielo, el más puro y frío hielo, y adoptar formas y moverse sin problema. El hielo era el estado del agua más estable y seguro, significaba que estaba mucho más lejos del estado de evaporarse, por lo que, para un Sui, ser hielo era el mayor nivel de su elemento, su estado más perdurable.

El siguiente, fue un iris Shokubutsu de Europa. Consiguió transformarse enteramente a sí mismo en planta, es decir, sustituir todas las células animales de su cuerpo humano en células vegetales, y de ahí, poder tener un cuerpo de dura madera, o de flexible fibra, extenderse, moverse sobre la tierra o bajo ella, y bajo el agua, si adquiría la composición celular de una planta acuática, etc.

Oficialmente, el siguiente en alcanzar el máximo nivel fue Raijin con su elemento Den. Extraoficialmente, fue Izan con su elemento Yami, pero como Izan había estado desaparecido siete años, no se contaba.


A partir de aquel momento en que Fuujin logró convertirse en un Dios del Viento a sus 21 años, su fama siguió creciendo, y no sólo por sus hazañas, sino por cómo ejecutaba sus hazañas. Y no sólo por el método, sino también por su disposición. Fuujin era un iris que siempre estaba ahí cuando alguien lo necesitaba, y cuando no lo necesitaban también. Nunca negaba un favor, nunca rechazaba una petición o una colaboración, ni aunque tuviera que irse a otro país o al otro lado del globo. Si alguna vez se negó por aquellos años, era porque priorizó cuidar de Lex, ocuparse de él y dedicarle todo el tiempo que merecía, por encima del trabajo de la Asociación.

Se ganó la envidia de algunos, el respeto de muchos y la amistad de muchísimos más. Por eso, a nadie le sorprendió cuando corrió la voz de que Fuujin iba a dejar la SRS de Hideki porque quería crear la suya propia. Se supone que esto iba en contra de las normas. Un iris no podía fundar una RS por su cuenta y sin permiso y con ello autoproclamarse Líder así por las buenas. Las RS las fundaban y autorizaban Alvion y los monjes de Administración, y se obtenía el título de Líder, o bien mediante la autorización del anterior Líder tras haber pasado con éxito su aprendizaje privado, o bien mediante una prueba supervisada por los monjes durante un mes.

Pero Neuval ya tenía en ese entonces arrogancia de sobra para autoproclamarse Líder de su nueva KRS de Tokio e ir reclutando en ella a quien él quisiese, desoyendo las quejas de Alvion y de los monjes de que debía cumplir las normas como todos. Y es que había algo que Neuval había estado años observando y que ya no aguantaba ver, y era la tendencia mayoritaria de las RS del mundo de acoger siempre a jóvenes y adultos, ignorando a los iris que tenía menos de 15 años y mucho más a los menores de 10.

No sólo fundó la KRS por capricho, sino también para predicar con el ejemplo. Con su propia iniciativa, impulsó a muchos Líderes de la Asociación a darles a los iris más pequeños y jóvenes la oportunidad que merecían. Y si no había RS o vacantes suficientes, que se creasen nuevas RS de una vez, sin más demora y burocracia y tonterías, donde nuevos Líderes pudieran tener la oportunidad de liderar y donde los iris más jóvenes tuvieran también su oportunidad de hacer aquello para lo que fueron entrenados y que su iris interior les pedía a gritos. Ser útiles, hacer cosas importantes, salvar a la gente, luchar contra el mal.

Antes no había una KRS de Tokio, había la de otros colores en la capital, siendo la más famosa la SRS de Hideki. Neuval hizo la KRS de Tokio. Y el primero en seguir su iniciativa fue Pipi, cuando Hideki murió y la SRS pasó a ser suya. La muerte de Hideki y de Emiliya afectó a los anteriores miembros tanto que muchos de ellos se fueron a otras, o bien, cumplieron su venganza y decidieron dejar la Asociación y volver a ser humanos. Por eso, la SRS se quedó con varias vacantes, y Pipi fue al Monte Zou a buscar, directamente, a iris pequeños que llevaban ya tiempo postulando, siendo rechazados y esperando ser aceptados en alguna RS.

Después, esta iniciativa se expandió hacia muchos más Líderes de Japón, y de ahí, a otros cuantos Líderes del resto del mundo. La cola de niños iris haciendo espera en el Monte Zou por entrar en alguna RS, que se estuvo haciendo larga hasta entonces, disminuyó casi por completo, y las cosas se equilibraron más justamente en esta situación.

Neuval siempre quiso a su padre como su mano derecha, por lo que Lao fue el primer miembro que tuvo. Y junto a él, Izan, y también Raijin, los cuales no fueron “niños marginados” pero Neuval los acogió por ciertas razones especiales. Después, ya fue integrando a los demás que sí eran “niños marginados”: a Sarah, a Sam, a Nakuru y a Drasik. Y, especialmente, al niño iris más rechazado del mundo. Yako.

Yako fue, de hecho, el primer “niño marginado” que acogió en la KRS, quien entonces tenía 5 años y apenas dos años antes había perdido a su padre, el hijo de Alvion, y se convirtió.

Nunca antes un Zou se había convertido en iris, era algo insólito. Pero porque nunca antes un Zou había presenciado la injusta y trágica muerte de un familiar o ser querido. Y no es que nadie quisiera acogerlo en su RS por ser pequeño, sino por ser un Zou. Los Líderes sabían que Alvion quería someterlo a la preparación para ser el siguiente Señor de los Iris, a pesar de su conversión, así que era intocable. Pero el niño no quería hacerlo, quería ser como los demás iris. Y un día, Neuval fue otra vez al Monte Zou y, tranquilamente, secuestró a Yako y se lo llevó a Tokio, para salvarlo de las ataduras de su abuelo y cumplir su deseo de ser un iris más.

Drasik fue el siguiente “niño marginado” después de Yako. Era, para ser más exactos, el primer “niño marginado desconocido” que acogió, es decir, que Neuval no lo conocía de antes en absoluto. Pero fue el único de todos que no era sólo rechazado por su cortísima edad récord de 4 años, sino porque ya se rumoreaba que ya estaba enfermo de majin.

Pequeño, desconocido, ignorado, don nadie y además con la mente sensible a las malas emociones y propensa al descontrol… y con un extraordinario e intrigante potencial oculto… Neuval nunca antes se había sentido tan identificado con alguien.


Kyo y Drasik acabaron su desayuno en silencio, y después se levantaron para recoger los platos. Kyo observó que Drasik volvía a hacer uso de su brazo izquierdo para llevar el plato y el vaso. Ya se había estado fijando antes en cómo su amigo evitaba mover el otro brazo, y eso no le cuadraba.

—¿Es un esguince de muñeca, dijiste? —le preguntó en la cocina.

Drasik se miró el brazo con indiferencia.

—Sí, ya sabes que no tengo mucho cuidado.

—¿Y por qué llevas vendado el antebrazo entero si se trata de la muñeca? —se extrañó, y luego frunció el ceño—. ¿No es ahí donde tienes el tatuaje?

—Tío, qué pesado —protestó—. Me di un golpe ayer cuando iba con Sakura, ¿vale?

—Vale, vale... —se estremeció, sorprendido por su repentina actitud.

—Que tenga el tatuaje ahí es pura casualidad, no pienses lo que no es —gruñó, dándole la espalda un momento, apoyando las manos sobre una de las repisas, y luego se volvió hacia él de nuevo y fue a salir de la cocina—. Claro, como tú lo tienes en el cuello, nadie tiene por qué preguntarte por qué lo tienes vendado, ya que el cuello no se venda.

—Tranquilo, no he dicho nada —se apuró Kyo, preocupado, siguiéndolo hasta la puerta.

—Pero lo piensas. Olvídalo, ¿quieres? Ven a ayudarme a preparar el opurita.

Kyo se quedó un momento quieto en la puerta mientras Drasik se dirigía a su casa echando humos y refunfuñando. «¿Por qué se ha puesto así? Se ha puesto nervioso» pensó. Finalmente cerró la puerta tras él y se fue hacia la casa de su vecino. Le había dejado un mal sabor de boca, aunque en realidad sí que pensaba lo que Drasik creía que pensaba.

Sólo vio un caso similar en Fuujin, en el pasado, y había oído de otros casos así en otros iris que compartían con ellos dos una característica común, que es tener una sensibilidad especialmente alta, es decir, conservar todavía mucha parte humana emocional, con la que sus iris a veces les costaba lidiar y apaciguar con la razón y la lógica, y de esa dificultad solía generarse una enfermedad que la Asociación llamaba majin. Por tanto, esta sólo aparecía en los iris más emocionales y propensos a perder el autocontrol, tal como le había pasado a Fuujin recientemente con esa docena de maleantes que había matado.

Había varios grados de majin, clasificados del uno al siete, siendo el uno de lo más insignificante y el siete de lo más alarmante. Se estimaba que la mitad de los iris no tenían ningún ápice de majin y que además eran inmunes, y que la otra mitad sí tenían, pero en su mayoría de grados bajos. Eran pocos los que desarrollaban grados altos y dependía de lo “sensible” que fuera el iris. Fuujin, por ejemplo, tenía el preocupante grado VI desde hace muchos años.

Antes del exilio, Neuval también tuvo una época de ponerse un parche en una parte específica del tatuaje de su espalda, para ocultar una señal concreta de que estaba teniendo problemas con su enfermedad del majin. Viniendo de él, no era de sorprender, porque el alto majin de Neuval ya llevaba muchos años siendo algo conocido.

Lo que a Kyo le estaba preocupando es que Drasik se estuviera vendando el tatuaje por la misma razón, lo cual sí sería de sorprender, porque, aunque todos sabían que Drasik tenía un majin, se supone que tenía uno de muy bajo grado, y ese síntoma específico que el tatuaje solía delatar y que preocupaba a Kyo aparecía cuando el majin estaba empezando a ser alto.

Kyo entonces recordó que de pequeño conoció el peor caso. Ocho años atrás, llegó a ver en un puñado de ocasiones cómo Izan se cubría la parte derecha del pecho con una venda o una gasa. Siempre lo hacía a escondidas, pero en ese entonces, el pequeño Kyo humano de 8 años pensaba que simplemente se estaba tratando alguna herida obtenida en alguna misión iris, lo más normal para ellos. Y lo siguiente que ocurrió es que un día Izan acabó marchándose, desapareciendo sin explicaciones, acompañado de rumores de haberse convertido oficialmente en el único iris de la época actual cuyo majin presuntamente había alcanzado el último y séptimo grado, aunque Denzel y Alvion no lo creyeran posible, ya que, de ser así, los Dioses del Yin habrían avisado a la Asociación, tal como Denzel le dijo antes a Neuval. Sin embargo, Neuval no se equivocaba en su mal presentimiento. Creía que Izan sí había llegado al último grado, por el cual el iris se convertía en arki. Y si los Dioses del Yin no lo habían alertado, sería por algo.





Comentarios