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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __









49.
Un golpe bien dado

Rato antes, en medio de la madrugada, Cleven se había recorrido todo el Parque Yoyogi de este a oeste, guiándose por las voces y estruendos que oía de vez en cuando, pero nunca veía a nadie. Cada vez que llegaba al lugar donde se oían esos extraños ruidos, aquellos que los provocaban ya no estaban. Había estado siguiendo las señales de la pelea que Effie y Sakura habían estado librando con los otros dos iris de la MRS.

Dejó de correr cuando se adentró en un descampado, apoyando las manos en las rodillas para recuperar el aliento. Miró a su alrededor, exhausta. No comprendía nada, empezó a pensar que todo se lo estaba imaginando, incluso se preguntó qué demonios hacía corriendo por un parque a las tantas de la madrugada, completamente sola, hasta que, viéndose por fin en esa situación, le entró el miedo.

Desistió de seguir buscando a esas personas que vio desde la ventana de la habitación del hotel, ahora lo que le preocupaba era que estaba sola. Y perdida. Esa zona del parque no la conocía de nada. ¿Y si se encontraba con un ladrón? ¿O con un violador? La idea le espantó tanto que emprendió la marcha por el primer camino que se le antojó, y esperó salir de ese parque lo antes posible.

Sintió un gran alivio al divisar una fuente que le era familiar, al final del paseo. La memorizó el día en que fue por allí con Raijin, con el resto del camino hacia el hotel. Soltó un suspiro con las mejillas sonrojadas al acordarse de él, y se dirigió hacia el camino que debía seguir. Pasó la fuente y se metió por el paseo de la izquierda, según recordaba. A los pocos minutos divisó la puerta de salida, además del edificio del hotel. Sólo tenía que recorrer unos cuantos metros más y ya estaría un poco más a salvo.

Nada más tenía la mirada fija en la puerta, cada vez más cercana, la meta hacia la salvación. Hasta que chocó bruscamente contra algo salido de la nada. Observó aterrorizada que se trataba de una persona. El sujeto estaba en la penumbra, no le veía el rostro. Se había quedado quieto frente a ella. Cleven sintió que se le paralizaban las piernas y las cuerdas vocales, pero no sólo por la impresión que le transmitía, sino por esa luz. Un pequeño destello azul claro rodeado de una figura humana oscura.

—Vaya, vaya... —susurró el chico, dando un paso hacia ella.

—¿Q... quién...? —tartamudeó la joven.

—Mira quién anda por aquí...

A Cleven le resultó su voz demasiado conocida como para creerlo. Además, pronunciaba raro, arrastraba las palabras. «¿Un borracho?» se alarmó.

—¿Tú también vienes de fiesta? —preguntó el chico medio riendo, y dando otro paso hacia delante entró en la zona alumbrada por la farola, y la luz de su ojo se apaciguó.

—¿K... Kaoru? —se quedó más que sorprendida.

El chico soltó algo entre una risa y un suspiro, ladeando la cabeza, mirándola. Cleven se imaginó que venía de beber con sus amigos, como muchas otras veces había hecho varios fines de semana. Kaoru se arrimó a ella antes de que esta pudiera reaccionar, y la sujetó de la barbilla, contemplándola muy de cerca. Cleven estaba inmóvil.

—¿Me das... un besito? —preguntó, sin dejar de sonreír de aquella manera perversa.

—¡Aparta! —saltó, dándole un manotazo en su brazo para despegarse de él.

—Wow... ¿Qué te pasa, muñequita? —carcajeó, pero enseguida adoptó una cara muy apesadumbrada—. ¿Por qué nom... me has llamado...? Te he echado de menos, ¿sabes?

—No juegues conmigo, Kaoru —le dijo dolida, pasando de largo para seguir su camino.

Sin embargo, Kaoru la detuvo, cogiéndola del brazo con brusquedad. Cleven volvió la cabeza con alarma, nerviosa. El joven la miraba esta vez con una expresión que daba bastante miedo.

—¿Tú… tú sabes lo que es ver con tus propios ojos… cómo apuñalan en el corazón a tu propio padre? Sólo por una mísera cartera… con dos mil yenes. Es… es tan…

—¿De qué estás hablando? —se asustó Cleven.

—Eres una estúpida... Nadie me había dejado a mí nunca. Si ahora me pides perdón, puede que te perdone, hahah... —rio flojamente, sin soltarla—. Eres mía.

—¡Basta, suéltame ahora mismo o...!

—O... ¿O me abofetearás? Venga, nena... No seas idiota, ven conmigo un ratito... —rio de nuevo, tirando de ella.

Sin pensarlo dos veces, Cleven le arreó una bofetada en la cara con la que consiguió que la soltara. Kaoru se había quedado con la cara de lado, medio inclinado. La joven lo observó detenidamente, con el corazón en la garganta. Tenía que echar a correr lo antes posible. Pero Kaoru se volvió hacia ella y acto seguido le devolvió la bofetada.

—¡Ah! —exclamó Cleven, girando sobre sus talones por el impacto y llevándose las manos a la mejilla.

Ahora sí que estaba asustada. Kaoru la había golpeado. Si ya tuvo intenciones de hacerlo el otro día en el instituto delante de Raven, que con la aparición de Denzel se salvó, ahora que lo había hecho y encima estaba borracho, ¿qué más sería capaz de hacer? Sin atreverse a darse la vuelta, mientras notaba un hilo de sangre corriendo por su barbilla desde el labio inferior partido, echó a correr, corrió lo más rápido que pudo.

—¿¡A dónde vas!? —le gritó Kaoru, yendo tras ella, y no tardó en alcanzarla.

Volvió a agarrarla de un brazo y la tiró al suelo de una sacudida. Cleven soltó un gemido de dolor por el golpe de la caída, y miró horrorizada a ese chico, ese chico con el que había estado muy unida, al cual había besado y llenado de palabras de amor. No era él, no podía ser él. O tal vez sí, pero ella entonces estaba ciega. Se sintió profundamente mal, tenía miedo, y peor aún, tenía tanta rabia por todo...

—¡No te acerques! —le chilló con furia—. ¡Déjame en paz!

Cuando Kaoru se agachó junto a ella, Cleven apretó los dientes y dirigió su puño contra su cara con todas sus fuerzas. No obstante, Kaoru lo detuvo con una mano y la agarró del pelo, levantándole la cabeza para que lo mirara bien.

—Eres una traidora... ¿Es que lo que pasamos juntos no significó nada para ti? Me gustabas.

—Sólo era un juguete más de tu lista —masculló—. ¿Cómo puedes jugar así con las personas? ¿Creías que jamás iba a descubrirlo o que me daría igual? Imbécil, todas tus demás "muñequitas" acabarán descubriéndolo también y te quedarás solo. ¡Solo!

Kaoru respondió con otro tirón de pelo más fuerte, y Cleven apretó los dientes y cerró los ojos.

—Nunca sucederá eso —sonrió—. Todas me adoran, tengo todo lo que ellas quieren. Belleza, pasta, fuerza e inteligencia. Tú pagarás por haberme puesto en ridículo en el instituto.

—Que te jodan —le gruñó hostil, agarrando el cuello de su cazadora. Si tenía algo de Vernoux y de Saehara en las venas, era jamás ponérselo fácil a un enemigo, aunque este fuera superior en poder.

Al chico no le gustó nada ese gesto, pues se dispuso a golpearla otra vez.

—Malditos humanos... —masculló Kaoru con fiereza—. Os odio tanto…

Cuando Cleven vio que levantaba la mano, cerró los ojos de nuevo. «Tal vez esto me lo he buscado yo sola» pensó, «Porque soy una idiota, una completa imbécil». «Que venga alguien, por favor...» suplicó, tragándose las lágrimas, no iba a darle a Kaoru el lujo de verla llorar. Deseó que Raijin apareciese en ese momento, deseó que cogiera a Kaoru de los tobillos y lo lanzase lejos de allí...

—¡Aagh! —aulló Kaoru de pronto.

Cleven abrió los ojos al instante, como platos. Kaoru ya no estaba ahí. Un fuerte estruendo la hizo mirar a su derecha, y vio cómo un árbol de los que bordeaban el paseo se partía por el tronco al chocar contra él el cuerpo de Kaoru, de manera que el árbol se desmoronó entero, impactando con los que le rodeaban. La joven soltó una exclamación de horror. No podía creer lo que veía. El cuerpo de Kaoru estaba ahí tendido, entre los trozos de madera y ramas partidas. No se movía.

—Ka... —balbució, pero enmudeció.

Oyó un paso a su izquierda y alzó la cabeza. Se estremeció al ver a una nueva persona ahí plantada, muy cerca de ella. Iba con una sudadera gris, cuya capucha ocultaba su rostro. Parecía tener la vista fija en Kaoru.

Cleven volvió a mirar a Kaoru y de nuevo al recién aparecido. Entornó los ojos, los cuales comenzaron a humedecerse por la angustia.

—¿Lo... Lo has matado? —sollozó espantada.

—Más quisiera yo —contestó el joven recién aparecido, sin apartar la vista de su víctima; Cleven, al oír eso, volvió a mirar a Kaoru, confusa—. Kaoru, levanta de una vez, cobarde.

Para mayor asombro de Cleven, Kaoru, desplomado en el suelo sobre los restos del árbol, comenzó a emitir una risa burlona mientras se ponía en pie lentamente, con la nariz sangrando. «Im... ¡Imposible!» pensó Cleven, «Con ese golpe... Nadie puede sobrevivir a semejante golpe. ¿Por qué…? ¿Qué está pasando?».

—Lo que faltaba —reía Kaoru, limpiándose la sangre—. El héroe americano. ¿Cómo tú por aquí?

—Iba a unirme a una pelea, pero al verte aquí he cambiado de idea —contestó—. Sobre todo viéndote dominado por el majin, deberías controlarlo un poco antes de salir de casa. Me alegra haberme encontrado contigo, he de saldar cuentas contigo.

—Ah, ¿sí? ¿Me dices tú lo que tengo que controlar? ¿Acaso no tienes tú el mismo problema de control?

—Yo no tengo ningún problema —masculló con rabia—. Por tu culpa mi mejor amigo ha estado jodido durante varios días. Eres un traidor a nuestra alianza. Gilipollas... Estuviste espiándonos a Dobutsujin-san, a Suna-chan, a Ka-chan y a mí en el instituto desde que comenzamos el curso, ¿cierto? Para saber quién de nosotros tenía el pergamino, y te chivaste a la MRS. ¿Crees que lo que te han pagado compensará tu castigo por ello?

—¿Tú me vienes amenazando? —masculló Kaoru—. ¿Y cómo coño sabes todo eso?

—Yo también sé espiar —sonrió—. Me pregunto qué hará tu Líder cuando se entere de lo que has hecho, traidor.

—Hah, no me asustas con esas. ¿Qué te pasa? ¿Te ha dolido lo que le he hecho pasar a tu amiguito? ¿Por eso vas a enfrentarte a mí ahora, Drasik?

«¿¡Drasik!?» a Cleven le dio un vuelco el corazón.

—En realidad eso casi no me importa... —dijo mirando a Cleven, la cual estaba atónita—... comparado con la escena que acabo de ver aquí. Esa mejilla roja y ese labio partido, ¿han sido obra tuya? —preguntó, volviendo la vista a él.

—¿Y qué si le he pegado? —sonrió Kaoru con malicia—. Es una idiota, se lo merecía por humillarme el otro día. Además, no eres quién para meterte en esto, ella es mía y haré con ella lo que me plazca. Como todos los humanos hacen con los demás. ¿Sólo ellos tienen derecho a equivocarse? Maldita injusticia.

Drasik abrió los ojos por completo, apretando los dientes, incrédulo a lo que estaba oyendo.

—¿Acaso la conoces? —siguió Kaoru—. No me digas que estás celoso. ¿Ella te gusta? Qué pena das.

—¡Cierra la puta boca! —estalló Drasik, yendo como una bala hacia él con intenciones asesinas—. ¡No voy a perdonarte lo que le has hecho a Cleven, lo hayas hecho tú o tu majin!

—Drasik... —murmuró la joven, perpleja.

Le arreó un puñetazo que dolía con sólo verlo, pero Kaoru se recuperó enseguida y le atestó una patada en toda la cara. Drasik se dobló hacia delante por el dolor, por lo que Kaoru lo sujetó de los hombros y le dio un rodillazo de lleno en el estómago. Drasik soltó un gemido ahogado, pero antes de que Kaoru diera el siguiente golpe, apoyó las manos en el suelo y levantó los pies en alto; acto seguido rotó sobre sí mismo y sus piernas se movieron como una hélice, dándole consecutivas patadas a Kaoru en toda la cara. Este cayó al suelo con gran brusquedad, y cuando vio que Drasik volvía a por él, se puso en pie de un salto y detuvo su puño con una mano.

Comenzaron a luchar con unas artes marciales impresionantes, usando unos puñetazos y patadas tan veloces y calculadas que apenas podían seguirse con la mirada. Sin embargo, ambos se defendían bien, demostrando tener unos reflejos sobrehumanos.

Cleven no podía creerlo, ni quería creer lo que veía. No podía ser real, esa lucha estaba fuera de lo normal, fuera de las leyes de la física. Por otra parte, no podía soportarlo.

—Basta... —sollozó, sin poder moverse—. Basta, por favor... Arrête !

No la escuchaban, estaban demasiado empecinados en derrotarse no, sino en matarse el uno al otro. Volvía a ser como en ese sueño. Habían llegado a un punto en el que tenían numerosas heridas y sangraban por todas partes. Para ella era como una pesadilla, una pesadilla que le resultaba familiar y no sabía el porqué, pero no podía aguantarlo. Se cogió de los pelos y cerró los ojos con fuerza.

—¡Basta! —gritó con todas sus fuerzas.

Una masa arenosa, aparecida de la nada, envolvió repentinamente a los dos chicos, moviéndose a la velocidad de un ciclón. Cuando Cleven oyó sus exclamaciones de sorpresa, miró lo que estaba pasando. Quedó perpleja ante aquel torbellino de arena, el cual parecía habérselos tragado vivos.

—¿Q…? —casi consiguió pronunciar; esto ya era demasiado para ella.

No obstante, lo único que sintió antes de perder la visión y el conocimiento, fue un fuerte golpe en su nuca. Cleven se desplomó contra el suelo y de ahí ya no se movió más. El torbellino de arena cesó y dejó al descubierto a los dos chicos, tirados en el suelo tosiendo y respirando por su vida. El primero en levantar la cabeza fue Kaoru e inmediatamente reconoció a Nakuru a unos metros de distancia junto a su amiga.

—Maldita sea... —gruñó el chico, jadeando—. ¡Tienes suerte de que haya venido tu amiguita punk a salvarte! ¡Pero esto no queda así, Drasik! —le amenazó, y luego desapareció de allí.

Drasik volvió la cabeza con sobresalto para confirmar que lo que había dicho era cierto, y en efecto, Nakuru estaba ahí. Se puso en pie, asombrado, mientras ella se le acercaba a zancadas. Antes de que Drasik pudiera decir nada, Nakuru le embistió una bofetada que lo dejó de lado.

—Na... Nakuru... —musitó con perplejidad, mirándola.

—¡Te dije que no fueras a ningún sitio, te lo dije! —estalló la joven, realmente enfadada—. ¡Mira lo que ha pasado! ¡Te encuentro aquí peleándote con ese imbécil y delante de las narices de Cleven! ¿¡Es que eres idiota o qué!? —comenzó a respirar entrecortadamente, con los ojos húmedos—. ¿¡Sabes lo que me ha costado evitar que Cleven descubra lo que somos!? ¡Lo ha visto todo, os ha visto! ¡Maldita sea, he tenido que golpearla! ¡He tenido que golpear a mi mejor amiga para dejarla inconsciente! ¡No me lo puedo perdonar! ¡Y todo por tu culpa! ¡Tendrías que haber tenido cuidado! ¡No puedo confiar en ti!

—Nakuru, es... escucha... —se apuró Drasik, cogiéndola de los hombros; vio claramente que la joven estaba en mitad de un ataque de ansiedad—. Tranquilízate, por favor. ¡Lo siento! Lo que ha pasado es que me he encontrado a Kaoru aquí con Cleven, la estaba agrediendo.

—¿Qué?

—Sí —afirmó—. Cleven estaba en peligro, ese cabrón la ha tomado con ella. Kaoru estaba bajo los efectos del majin. Si no llego a aparecer, Cleven podría haber acabado mal. Por favor, créeme, no tenía alternativa. Ha pegado a Cleven.

—Kaoru... —murmuró con profundo odio, apretando los dientes y calmándose poco a poco—. Pero ahora Cleven... Lo ha visto, os ha visto en esta situación, y luchando de esa manera... ¡Y la he golpeado!

—¡Deja de alarmarte por eso, Nak! Sólo la has dejado inconsciente, por su bien. En cuanto a lo que ha presenciado, lo único que podemos hacer es pedirle a Fuujin que le borre la memoria.

—¡No! —exclamó—. ¡Si Fuujin se entera de lo que ha pasado, nos mata a los dos! ¡Sobre todo a mí!

—¿Por qué? ¿Por qué tienes miedo de que Fuujin se entere de que esa chica nos descubra? ¿Qué es lo que pasa con ella? Fuujin ha borrado la memoria de cientos de personas que han visto lo que no deben sin querer, ¡con Cleven hará igual!

«¡No, no, no!» se inquietó Nakuru, «¿¡Cómo puedo hacerte saber que Cleven es su hija si tengo prohibido decírtelo!? ¿¡Cómo lo vas a entender!? Fuujin no debe enterarse de esto, si descubre que su hija nos ha descubierto se la llevará lejos para siempre, y nunca más podré verla. Y tampoco puede borrarle la memoria sobre lo que acaba de pasar, ya borró la mayor parte de sus recuerdos desde que nació hasta que murió su madre. Borró casi 9 años de su vida; emplear otra vez la Técnica puede afectar a su cerebro. Por eso me encargó a mí que la vigilara y la mantuviese alejada de esto por encima de todo. El maestro me odiará por lo que ha ocurrido, no volverá a confiar en mí, le he defraudado...».

—Nakuru... —la llamó Drasik al verla tan angustiada—. Oye... No te preocupes, si tan importante es para ti que Cleven no nos descubra y que Fuujin no se entere de esto, pensaremos en algo. Esperemos a que despierte. Si lo recuerda todo, acudiremos a Denzel.

—¿Para qué?

—Para que le borre la memoria él. Denzel también puede hacerlo, al fin y al cabo es su Técnica.

Nakuru se quedó en silencio un rato, reflexiva. Pensó que quizá, si lo hacía el propio Denzel, tal vez pudiera borrarle la memoria a Cleven sin dañar más su cerebro, de algún modo.

—De acuerdo —dijo Nakuru al fin—. Acudiremos a Denzel en ese caso.

—Bien.

Miraron a Cleven, tendida en el suelo. Por un momento, Drasik sintió una extraña sensación familiar que hizo que sus mejillas se ruborizasen. Ya era la segunda vez que le pasaba, un sentimiento extraño al mirar a Cleven, como si esa persona reflejada en sus pupilas hubiese sido una vez la persona más importante del mundo para él.

—Drasik, vuelve a casa —le ordenó Nakuru mientras cogía a Cleven a caballito.

—¿Qué? —saltó.

—Que vuelvas a tu casa y te quedes allí. Déjalo ya por hoy.

Dio media vuelta y fue a salir del parque en dirección al hotel.

—Pero... Nakuru... —insistió Drasik.

—Es una orden —le cortó, y se perdió de vista.

Drasik suspiró largamente, chafado. Le dolía todo el cuerpo magullado. Nakuru tenía razón, ya valía por hoy. Aunque, con respecto a Kaoru, las cosas no iban a quedar así.

Nakuru llegó a la puerta del hotel con su amiga en brazos sin ser vista por nadie. No había ningún transeúnte por la calle a esas horas de la madrugada. Observó el interior a través de la puerta de cristal. En la zona de recepción había un hombre y una mujer detrás del mostrador, haciendo guardia, y luego se fijó en las cámaras de seguridad que había implantadas en varios puntos del lugar. No, no podía entrar allí con Cleven en ese estado. Aquellos recepcionistas harían preguntas, y las cámaras seguramente estaban controladas por el Gobierno, como en muchos otros sitios públicos, lo que las personas normales ignoraban. Tendría que hacerlo de otro modo.

Se alejó unos pasos por la acera para tener una mejor vista de la fachada. Buscó en el bolsillo del abrigo de Cleven la tarjeta de su habitación y vio el número. Calculó el posible número de habitaciones que podría haber en cada piso y determinó que una de las ventanas de allá arriba en concreto era su habitación.

Antes de ponerse en movimiento, respiró hondo, cerrando los ojos, asimilando todo lo que había pasado hasta ahora. Debía tranquilizarse y dominar sus emociones, sólo tenía que esperar a mañana e iría a verla al hotel con la excusa de quedar con ella. Con un poco de suerte, con eso Cleven sospecharía menos. Tendría que estudiar bien las palabras, gestos y movimientos que haría frente a ella.

Terminó por calmarse del todo y sujetó bien a Cleven en sus brazos. Echó un último vistazo en derredor para asegurarse de que no había nadie que pudiera verlas. Entonces, su ojo izquierdo brilló de luz naranja y, con su iris, dominó la piedra de granito que recubría la fachada del edificio, haciendo que emergieran pequeños bloques de la pared a modo de escalones. Los subió corriendo hasta el pequeño balcón de la habitación de Cleven, y los bloques improvisados volvieron a encajarse en la fachada quedando tal y como estaba antes.

Abrió la puerta del balcón con una ganzúa que los iris siempre llevaban encima y se metió dentro. La tendió sobre la cama, le quitó sus zapatos y su abrigo y la tapó con el edredón. En ese momento, no pudo evitarlo. Se quedó largo rato ahí junto a la cama, reflexiva, observando a Cleven. Luego se sentó a su lado y le apartó un mechón de pelo de la cara, acariciando su frente. «Siento que hayas tenido que vivir esto» pensó Nakuru. «Es un mundo peligroso, el de los iris. Añoro cuando formabas parte de él… pero no soporto cuando este te perjudica o te hace daño».

Le limpió la sangre del labio partido con un algodón que encontró en el cuarto de baño y después le dio un beso en la frente. Nakuru la quería muchísimo. De no ser porque no saldría bien, se enamoraría de ella por completo. Pero aquella amistad era perfecta para ella, y jamás debería romperse.

Se puso en pie, optando por marcharse ya a casa, pero, antes que nada, apartó la mesilla de noche de la cama unos centímetros y cogió la guía telefónica. Se la quedó mirando detenidamente. «Buscas a tu tío, ¿eh?» sonrió. «Sinceramente, ajena a lo que piense Fuujin... Espero que os encontréis». Dejó, pues, la guía en el suelo, entre el hueco que había de la mesilla a la cama, y se marchó por el balconcillo, cerrando la puerta tras ella.


Fin del 1º LIBRO - Realidad y Ficción

PARTE 1: La Huida

La historia continúa clicando en el siguiente Capítulo 50, que es el primer capítulo de:

PARTE 2: La Búsqueda









49.
Un golpe bien dado

Rato antes, en medio de la madrugada, Cleven se había recorrido todo el Parque Yoyogi de este a oeste, guiándose por las voces y estruendos que oía de vez en cuando, pero nunca veía a nadie. Cada vez que llegaba al lugar donde se oían esos extraños ruidos, aquellos que los provocaban ya no estaban. Había estado siguiendo las señales de la pelea que Effie y Sakura habían estado librando con los otros dos iris de la MRS.

Dejó de correr cuando se adentró en un descampado, apoyando las manos en las rodillas para recuperar el aliento. Miró a su alrededor, exhausta. No comprendía nada, empezó a pensar que todo se lo estaba imaginando, incluso se preguntó qué demonios hacía corriendo por un parque a las tantas de la madrugada, completamente sola, hasta que, viéndose por fin en esa situación, le entró el miedo.

Desistió de seguir buscando a esas personas que vio desde la ventana de la habitación del hotel, ahora lo que le preocupaba era que estaba sola. Y perdida. Esa zona del parque no la conocía de nada. ¿Y si se encontraba con un ladrón? ¿O con un violador? La idea le espantó tanto que emprendió la marcha por el primer camino que se le antojó, y esperó salir de ese parque lo antes posible.

Sintió un gran alivio al divisar una fuente que le era familiar, al final del paseo. La memorizó el día en que fue por allí con Raijin, con el resto del camino hacia el hotel. Soltó un suspiro con las mejillas sonrojadas al acordarse de él, y se dirigió hacia el camino que debía seguir. Pasó la fuente y se metió por el paseo de la izquierda, según recordaba. A los pocos minutos divisó la puerta de salida, además del edificio del hotel. Sólo tenía que recorrer unos cuantos metros más y ya estaría un poco más a salvo.

Nada más tenía la mirada fija en la puerta, cada vez más cercana, la meta hacia la salvación. Hasta que chocó bruscamente contra algo salido de la nada. Observó aterrorizada que se trataba de una persona. El sujeto estaba en la penumbra, no le veía el rostro. Se había quedado quieto frente a ella. Cleven sintió que se le paralizaban las piernas y las cuerdas vocales, pero no sólo por la impresión que le transmitía, sino por esa luz. Un pequeño destello azul claro rodeado de una figura humana oscura.

—Vaya, vaya... —susurró el chico, dando un paso hacia ella.

—¿Q... quién...? —tartamudeó la joven.

—Mira quién anda por aquí...

A Cleven le resultó su voz demasiado conocida como para creerlo. Además, pronunciaba raro, arrastraba las palabras. «¿Un borracho?» se alarmó.

—¿Tú también vienes de fiesta? —preguntó el chico medio riendo, y dando otro paso hacia delante entró en la zona alumbrada por la farola, y la luz de su ojo se apaciguó.

—¿K... Kaoru? —se quedó más que sorprendida.

El chico soltó algo entre una risa y un suspiro, ladeando la cabeza, mirándola. Cleven se imaginó que venía de beber con sus amigos, como muchas otras veces había hecho varios fines de semana. Kaoru se arrimó a ella antes de que esta pudiera reaccionar, y la sujetó de la barbilla, contemplándola muy de cerca. Cleven estaba inmóvil.

—¿Me das... un besito? —preguntó, sin dejar de sonreír de aquella manera perversa.

—¡Aparta! —saltó, dándole un manotazo en su brazo para despegarse de él.

—Wow... ¿Qué te pasa, muñequita? —carcajeó, pero enseguida adoptó una cara muy apesadumbrada—. ¿Por qué nom... me has llamado...? Te he echado de menos, ¿sabes?

—No juegues conmigo, Kaoru —le dijo dolida, pasando de largo para seguir su camino.

Sin embargo, Kaoru la detuvo, cogiéndola del brazo con brusquedad. Cleven volvió la cabeza con alarma, nerviosa. El joven la miraba esta vez con una expresión que daba bastante miedo.

—¿Tú… tú sabes lo que es ver con tus propios ojos… cómo apuñalan en el corazón a tu propio padre? Sólo por una mísera cartera… con dos mil yenes. Es… es tan…

—¿De qué estás hablando? —se asustó Cleven.

—Eres una estúpida... Nadie me había dejado a mí nunca. Si ahora me pides perdón, puede que te perdone, hahah... —rio flojamente, sin soltarla—. Eres mía.

—¡Basta, suéltame ahora mismo o...!

—O... ¿O me abofetearás? Venga, nena... No seas idiota, ven conmigo un ratito... —rio de nuevo, tirando de ella.

Sin pensarlo dos veces, Cleven le arreó una bofetada en la cara con la que consiguió que la soltara. Kaoru se había quedado con la cara de lado, medio inclinado. La joven lo observó detenidamente, con el corazón en la garganta. Tenía que echar a correr lo antes posible. Pero Kaoru se volvió hacia ella y acto seguido le devolvió la bofetada.

—¡Ah! —exclamó Cleven, girando sobre sus talones por el impacto y llevándose las manos a la mejilla.

Ahora sí que estaba asustada. Kaoru la había golpeado. Si ya tuvo intenciones de hacerlo el otro día en el instituto delante de Raven, que con la aparición de Denzel se salvó, ahora que lo había hecho y encima estaba borracho, ¿qué más sería capaz de hacer? Sin atreverse a darse la vuelta, mientras notaba un hilo de sangre corriendo por su barbilla desde el labio inferior partido, echó a correr, corrió lo más rápido que pudo.

—¿¡A dónde vas!? —le gritó Kaoru, yendo tras ella, y no tardó en alcanzarla.

Volvió a agarrarla de un brazo y la tiró al suelo de una sacudida. Cleven soltó un gemido de dolor por el golpe de la caída, y miró horrorizada a ese chico, ese chico con el que había estado muy unida, al cual había besado y llenado de palabras de amor. No era él, no podía ser él. O tal vez sí, pero ella entonces estaba ciega. Se sintió profundamente mal, tenía miedo, y peor aún, tenía tanta rabia por todo...

—¡No te acerques! —le chilló con furia—. ¡Déjame en paz!

Cuando Kaoru se agachó junto a ella, Cleven apretó los dientes y dirigió su puño contra su cara con todas sus fuerzas. No obstante, Kaoru lo detuvo con una mano y la agarró del pelo, levantándole la cabeza para que lo mirara bien.

—Eres una traidora... ¿Es que lo que pasamos juntos no significó nada para ti? Me gustabas.

—Sólo era un juguete más de tu lista —masculló—. ¿Cómo puedes jugar así con las personas? ¿Creías que jamás iba a descubrirlo o que me daría igual? Imbécil, todas tus demás "muñequitas" acabarán descubriéndolo también y te quedarás solo. ¡Solo!

Kaoru respondió con otro tirón de pelo más fuerte, y Cleven apretó los dientes y cerró los ojos.

—Nunca sucederá eso —sonrió—. Todas me adoran, tengo todo lo que ellas quieren. Belleza, pasta, fuerza e inteligencia. Tú pagarás por haberme puesto en ridículo en el instituto.

—Que te jodan —le gruñó hostil, agarrando el cuello de su cazadora. Si tenía algo de Vernoux y de Saehara en las venas, era jamás ponérselo fácil a un enemigo, aunque este fuera superior en poder.

Al chico no le gustó nada ese gesto, pues se dispuso a golpearla otra vez.

—Malditos humanos... —masculló Kaoru con fiereza—. Os odio tanto…

Cuando Cleven vio que levantaba la mano, cerró los ojos de nuevo. «Tal vez esto me lo he buscado yo sola» pensó, «Porque soy una idiota, una completa imbécil». «Que venga alguien, por favor...» suplicó, tragándose las lágrimas, no iba a darle a Kaoru el lujo de verla llorar. Deseó que Raijin apareciese en ese momento, deseó que cogiera a Kaoru de los tobillos y lo lanzase lejos de allí...

—¡Aagh! —aulló Kaoru de pronto.

Cleven abrió los ojos al instante, como platos. Kaoru ya no estaba ahí. Un fuerte estruendo la hizo mirar a su derecha, y vio cómo un árbol de los que bordeaban el paseo se partía por el tronco al chocar contra él el cuerpo de Kaoru, de manera que el árbol se desmoronó entero, impactando con los que le rodeaban. La joven soltó una exclamación de horror. No podía creer lo que veía. El cuerpo de Kaoru estaba ahí tendido, entre los trozos de madera y ramas partidas. No se movía.

—Ka... —balbució, pero enmudeció.

Oyó un paso a su izquierda y alzó la cabeza. Se estremeció al ver a una nueva persona ahí plantada, muy cerca de ella. Iba con una sudadera gris, cuya capucha ocultaba su rostro. Parecía tener la vista fija en Kaoru.

Cleven volvió a mirar a Kaoru y de nuevo al recién aparecido. Entornó los ojos, los cuales comenzaron a humedecerse por la angustia.

—¿Lo... Lo has matado? —sollozó espantada.

—Más quisiera yo —contestó el joven recién aparecido, sin apartar la vista de su víctima; Cleven, al oír eso, volvió a mirar a Kaoru, confusa—. Kaoru, levanta de una vez, cobarde.

Para mayor asombro de Cleven, Kaoru, desplomado en el suelo sobre los restos del árbol, comenzó a emitir una risa burlona mientras se ponía en pie lentamente, con la nariz sangrando. «Im... ¡Imposible!» pensó Cleven, «Con ese golpe... Nadie puede sobrevivir a semejante golpe. ¿Por qué…? ¿Qué está pasando?».

—Lo que faltaba —reía Kaoru, limpiándose la sangre—. El héroe americano. ¿Cómo tú por aquí?

—Iba a unirme a una pelea, pero al verte aquí he cambiado de idea —contestó—. Sobre todo viéndote dominado por el majin, deberías controlarlo un poco antes de salir de casa. Me alegra haberme encontrado contigo, he de saldar cuentas contigo.

—Ah, ¿sí? ¿Me dices tú lo que tengo que controlar? ¿Acaso no tienes tú el mismo problema de control?

—Yo no tengo ningún problema —masculló con rabia—. Por tu culpa mi mejor amigo ha estado jodido durante varios días. Eres un traidor a nuestra alianza. Gilipollas... Estuviste espiándonos a Dobutsujin-san, a Suna-chan, a Ka-chan y a mí en el instituto desde que comenzamos el curso, ¿cierto? Para saber quién de nosotros tenía el pergamino, y te chivaste a la MRS. ¿Crees que lo que te han pagado compensará tu castigo por ello?

—¿Tú me vienes amenazando? —masculló Kaoru—. ¿Y cómo coño sabes todo eso?

—Yo también sé espiar —sonrió—. Me pregunto qué hará tu Líder cuando se entere de lo que has hecho, traidor.

—Hah, no me asustas con esas. ¿Qué te pasa? ¿Te ha dolido lo que le he hecho pasar a tu amiguito? ¿Por eso vas a enfrentarte a mí ahora, Drasik?

«¿¡Drasik!?» a Cleven le dio un vuelco el corazón.

—En realidad eso casi no me importa... —dijo mirando a Cleven, la cual estaba atónita—... comparado con la escena que acabo de ver aquí. Esa mejilla roja y ese labio partido, ¿han sido obra tuya? —preguntó, volviendo la vista a él.

—¿Y qué si le he pegado? —sonrió Kaoru con malicia—. Es una idiota, se lo merecía por humillarme el otro día. Además, no eres quién para meterte en esto, ella es mía y haré con ella lo que me plazca. Como todos los humanos hacen con los demás. ¿Sólo ellos tienen derecho a equivocarse? Maldita injusticia.

Drasik abrió los ojos por completo, apretando los dientes, incrédulo a lo que estaba oyendo.

—¿Acaso la conoces? —siguió Kaoru—. No me digas que estás celoso. ¿Ella te gusta? Qué pena das.

—¡Cierra la puta boca! —estalló Drasik, yendo como una bala hacia él con intenciones asesinas—. ¡No voy a perdonarte lo que le has hecho a Cleven, lo hayas hecho tú o tu majin!

—Drasik... —murmuró la joven, perpleja.

Le arreó un puñetazo que dolía con sólo verlo, pero Kaoru se recuperó enseguida y le atestó una patada en toda la cara. Drasik se dobló hacia delante por el dolor, por lo que Kaoru lo sujetó de los hombros y le dio un rodillazo de lleno en el estómago. Drasik soltó un gemido ahogado, pero antes de que Kaoru diera el siguiente golpe, apoyó las manos en el suelo y levantó los pies en alto; acto seguido rotó sobre sí mismo y sus piernas se movieron como una hélice, dándole consecutivas patadas a Kaoru en toda la cara. Este cayó al suelo con gran brusquedad, y cuando vio que Drasik volvía a por él, se puso en pie de un salto y detuvo su puño con una mano.

Comenzaron a luchar con unas artes marciales impresionantes, usando unos puñetazos y patadas tan veloces y calculadas que apenas podían seguirse con la mirada. Sin embargo, ambos se defendían bien, demostrando tener unos reflejos sobrehumanos.

Cleven no podía creerlo, ni quería creer lo que veía. No podía ser real, esa lucha estaba fuera de lo normal, fuera de las leyes de la física. Por otra parte, no podía soportarlo.

—Basta... —sollozó, sin poder moverse—. Basta, por favor... Arrête !

No la escuchaban, estaban demasiado empecinados en derrotarse no, sino en matarse el uno al otro. Volvía a ser como en ese sueño. Habían llegado a un punto en el que tenían numerosas heridas y sangraban por todas partes. Para ella era como una pesadilla, una pesadilla que le resultaba familiar y no sabía el porqué, pero no podía aguantarlo. Se cogió de los pelos y cerró los ojos con fuerza.

—¡Basta! —gritó con todas sus fuerzas.

Una masa arenosa, aparecida de la nada, envolvió repentinamente a los dos chicos, moviéndose a la velocidad de un ciclón. Cuando Cleven oyó sus exclamaciones de sorpresa, miró lo que estaba pasando. Quedó perpleja ante aquel torbellino de arena, el cual parecía habérselos tragado vivos.

—¿Q…? —casi consiguió pronunciar; esto ya era demasiado para ella.

No obstante, lo único que sintió antes de perder la visión y el conocimiento, fue un fuerte golpe en su nuca. Cleven se desplomó contra el suelo y de ahí ya no se movió más. El torbellino de arena cesó y dejó al descubierto a los dos chicos, tirados en el suelo tosiendo y respirando por su vida. El primero en levantar la cabeza fue Kaoru e inmediatamente reconoció a Nakuru a unos metros de distancia junto a su amiga.

—Maldita sea... —gruñó el chico, jadeando—. ¡Tienes suerte de que haya venido tu amiguita punk a salvarte! ¡Pero esto no queda así, Drasik! —le amenazó, y luego desapareció de allí.

Drasik volvió la cabeza con sobresalto para confirmar que lo que había dicho era cierto, y en efecto, Nakuru estaba ahí. Se puso en pie, asombrado, mientras ella se le acercaba a zancadas. Antes de que Drasik pudiera decir nada, Nakuru le embistió una bofetada que lo dejó de lado.

—Na... Nakuru... —musitó con perplejidad, mirándola.

—¡Te dije que no fueras a ningún sitio, te lo dije! —estalló la joven, realmente enfadada—. ¡Mira lo que ha pasado! ¡Te encuentro aquí peleándote con ese imbécil y delante de las narices de Cleven! ¿¡Es que eres idiota o qué!? —comenzó a respirar entrecortadamente, con los ojos húmedos—. ¿¡Sabes lo que me ha costado evitar que Cleven descubra lo que somos!? ¡Lo ha visto todo, os ha visto! ¡Maldita sea, he tenido que golpearla! ¡He tenido que golpear a mi mejor amiga para dejarla inconsciente! ¡No me lo puedo perdonar! ¡Y todo por tu culpa! ¡Tendrías que haber tenido cuidado! ¡No puedo confiar en ti!

—Nakuru, es... escucha... —se apuró Drasik, cogiéndola de los hombros; vio claramente que la joven estaba en mitad de un ataque de ansiedad—. Tranquilízate, por favor. ¡Lo siento! Lo que ha pasado es que me he encontrado a Kaoru aquí con Cleven, la estaba agrediendo.

—¿Qué?

—Sí —afirmó—. Cleven estaba en peligro, ese cabrón la ha tomado con ella. Kaoru estaba bajo los efectos del majin. Si no llego a aparecer, Cleven podría haber acabado mal. Por favor, créeme, no tenía alternativa. Ha pegado a Cleven.

—Kaoru... —murmuró con profundo odio, apretando los dientes y calmándose poco a poco—. Pero ahora Cleven... Lo ha visto, os ha visto en esta situación, y luchando de esa manera... ¡Y la he golpeado!

—¡Deja de alarmarte por eso, Nak! Sólo la has dejado inconsciente, por su bien. En cuanto a lo que ha presenciado, lo único que podemos hacer es pedirle a Fuujin que le borre la memoria.

—¡No! —exclamó—. ¡Si Fuujin se entera de lo que ha pasado, nos mata a los dos! ¡Sobre todo a mí!

—¿Por qué? ¿Por qué tienes miedo de que Fuujin se entere de que esa chica nos descubra? ¿Qué es lo que pasa con ella? Fuujin ha borrado la memoria de cientos de personas que han visto lo que no deben sin querer, ¡con Cleven hará igual!

«¡No, no, no!» se inquietó Nakuru, «¿¡Cómo puedo hacerte saber que Cleven es su hija si tengo prohibido decírtelo!? ¿¡Cómo lo vas a entender!? Fuujin no debe enterarse de esto, si descubre que su hija nos ha descubierto se la llevará lejos para siempre, y nunca más podré verla. Y tampoco puede borrarle la memoria sobre lo que acaba de pasar, ya borró la mayor parte de sus recuerdos desde que nació hasta que murió su madre. Borró casi 9 años de su vida; emplear otra vez la Técnica puede afectar a su cerebro. Por eso me encargó a mí que la vigilara y la mantuviese alejada de esto por encima de todo. El maestro me odiará por lo que ha ocurrido, no volverá a confiar en mí, le he defraudado...».

—Nakuru... —la llamó Drasik al verla tan angustiada—. Oye... No te preocupes, si tan importante es para ti que Cleven no nos descubra y que Fuujin no se entere de esto, pensaremos en algo. Esperemos a que despierte. Si lo recuerda todo, acudiremos a Denzel.

—¿Para qué?

—Para que le borre la memoria él. Denzel también puede hacerlo, al fin y al cabo es su Técnica.

Nakuru se quedó en silencio un rato, reflexiva. Pensó que quizá, si lo hacía el propio Denzel, tal vez pudiera borrarle la memoria a Cleven sin dañar más su cerebro, de algún modo.

—De acuerdo —dijo Nakuru al fin—. Acudiremos a Denzel en ese caso.

—Bien.

Miraron a Cleven, tendida en el suelo. Por un momento, Drasik sintió una extraña sensación familiar que hizo que sus mejillas se ruborizasen. Ya era la segunda vez que le pasaba, un sentimiento extraño al mirar a Cleven, como si esa persona reflejada en sus pupilas hubiese sido una vez la persona más importante del mundo para él.

—Drasik, vuelve a casa —le ordenó Nakuru mientras cogía a Cleven a caballito.

—¿Qué? —saltó.

—Que vuelvas a tu casa y te quedes allí. Déjalo ya por hoy.

Dio media vuelta y fue a salir del parque en dirección al hotel.

—Pero... Nakuru... —insistió Drasik.

—Es una orden —le cortó, y se perdió de vista.

Drasik suspiró largamente, chafado. Le dolía todo el cuerpo magullado. Nakuru tenía razón, ya valía por hoy. Aunque, con respecto a Kaoru, las cosas no iban a quedar así.

Nakuru llegó a la puerta del hotel con su amiga en brazos sin ser vista por nadie. No había ningún transeúnte por la calle a esas horas de la madrugada. Observó el interior a través de la puerta de cristal. En la zona de recepción había un hombre y una mujer detrás del mostrador, haciendo guardia, y luego se fijó en las cámaras de seguridad que había implantadas en varios puntos del lugar. No, no podía entrar allí con Cleven en ese estado. Aquellos recepcionistas harían preguntas, y las cámaras seguramente estaban controladas por el Gobierno, como en muchos otros sitios públicos, lo que las personas normales ignoraban. Tendría que hacerlo de otro modo.

Se alejó unos pasos por la acera para tener una mejor vista de la fachada. Buscó en el bolsillo del abrigo de Cleven la tarjeta de su habitación y vio el número. Calculó el posible número de habitaciones que podría haber en cada piso y determinó que una de las ventanas de allá arriba en concreto era su habitación.

Antes de ponerse en movimiento, respiró hondo, cerrando los ojos, asimilando todo lo que había pasado hasta ahora. Debía tranquilizarse y dominar sus emociones, sólo tenía que esperar a mañana e iría a verla al hotel con la excusa de quedar con ella. Con un poco de suerte, con eso Cleven sospecharía menos. Tendría que estudiar bien las palabras, gestos y movimientos que haría frente a ella.

Terminó por calmarse del todo y sujetó bien a Cleven en sus brazos. Echó un último vistazo en derredor para asegurarse de que no había nadie que pudiera verlas. Entonces, su ojo izquierdo brilló de luz naranja y, con su iris, dominó la piedra de granito que recubría la fachada del edificio, haciendo que emergieran pequeños bloques de la pared a modo de escalones. Los subió corriendo hasta el pequeño balcón de la habitación de Cleven, y los bloques improvisados volvieron a encajarse en la fachada quedando tal y como estaba antes.

Abrió la puerta del balcón con una ganzúa que los iris siempre llevaban encima y se metió dentro. La tendió sobre la cama, le quitó sus zapatos y su abrigo y la tapó con el edredón. En ese momento, no pudo evitarlo. Se quedó largo rato ahí junto a la cama, reflexiva, observando a Cleven. Luego se sentó a su lado y le apartó un mechón de pelo de la cara, acariciando su frente. «Siento que hayas tenido que vivir esto» pensó Nakuru. «Es un mundo peligroso, el de los iris. Añoro cuando formabas parte de él… pero no soporto cuando este te perjudica o te hace daño».

Le limpió la sangre del labio partido con un algodón que encontró en el cuarto de baño y después le dio un beso en la frente. Nakuru la quería muchísimo. De no ser porque no saldría bien, se enamoraría de ella por completo. Pero aquella amistad era perfecta para ella, y jamás debería romperse.

Se puso en pie, optando por marcharse ya a casa, pero, antes que nada, apartó la mesilla de noche de la cama unos centímetros y cogió la guía telefónica. Se la quedó mirando detenidamente. «Buscas a tu tío, ¿eh?» sonrió. «Sinceramente, ajena a lo que piense Fuujin... Espero que os encontréis». Dejó, pues, la guía en el suelo, entre el hueco que había de la mesilla a la cama, y se marchó por el balconcillo, cerrando la puerta tras ella.


Fin del 1º LIBRO - Realidad y Ficción

PARTE 1: La Huida

La historia continúa clicando en el siguiente Capítulo 50, que es el primer capítulo de:

PARTE 2: La Búsqueda  





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