1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __
Rato antes de que Raijin, Yako y Sam se encontraran con Alvion, llegó el momento para Kyo en el Templo Tsukino.
El chico se asomó por quinta vez por una de las ventanas rotas, viendo llegar a esos cuatro. El templo era un edificio grande de dos plantas construido en madera oscura, pero la mitad estaba derruido y lleno de musgo, maleza y enredaderas. Llevaba muchos años abandonado a merced de la naturaleza. Estaba en medio de una zona boscosa y apartada de la urbe, aunque se oía el zumbido de algunos coches pasando por un par de autopistas lejanas que rodeaban esa zona silvestre. Por eso, aunque el lugar estaba ya oscuro, recibía una tenue luz de las farolas en la distancia.
Los cuatro iris de la MRS caminaron con pasos atentos por el gran patio frontal. Su suelo era de losas, pero casi todas estaban rotas, levantadas o inexistentes, empujadas por raíces y plantas. Las estatuas de los dos komainu seguían en pie, sin embargo, aunque estaban muy descuidadas. Por fin los veía juntos. Reconoció al que iba en cabeza, el Dobutsu, que era un tipo un poco maniático y nervioso, y bajito, el único que podía seguir el rastro de olor de Kyo.
Seguido de él, había un tipo larguirucho y feúcho, que, con la capucha sin poner, dejaba ver la luz azul claro de su ojo izquierdo. Era un Sui. Kyo lamentó esto, odiaba lidiar con iris Agua. Durante el entrenamiento, ya había tenido que aprender a luchar con elementos contrarios y otras adversidades. Sin embargo, actualmente se sentía más confiado en esto, y se dio cuenta ahora. Quizá era por el hecho de que Drasik lo había obligado a pelear con él casi a diario desde que regresó del Monte Zou. Kyo empezó a sospechar que tal vez no se había tratado de Drasik queriendo pelear por capricho, como había creído hasta ahora, sino que su amigo había querido entrenarlo intencionadamente para quitarle ese miedo al agua.
Detrás del larguirucho, había una chica. Era la única que seguía ocultándose bajo la capucha de su sudadera negra. A Kyo le chocó esto. Él había visto otras veces a la única mujer que la MRS siempre había tenido de miembro, que era una Den, y con un físico un poco más alto y mayor. Esa chica de ahí parecía muy joven y menos alta. «No puede ser, ¿esa es nueva? ¿La han integrado como nuevo miembro?» pensó extrañado. «Hace un año la MRS no tenía a esta chica nueva…».
Finalmente, detrás de todos ellos estaba el Líder, parado de brazos cruzados. Era un tipo más grandote, de cincuenta y tantos años de edad, de cabello negro rapado al uno. Tenía un rostro de facciones toscas. Su ojo izquierdo brillaba un poco de luz verde claro, era un iris Planta.
Había algo que a Kyo no le cuadraba mucho. Siendo un iris, estaba entrenado para dominar sus emociones y priorizarlas, y había tenido que mantener la cabeza fría hasta ahora. El inesperado encuentro con Izan había sido devastador para él, y algo que no comprendía, ¿por qué de repente después de tantos años desaparecido, por qué en ese lugar, en ese bar apartado? Recordó aquel objeto que había recogido, aquella simple bola de nieve decorativa.
Cuando Izan desapareció, Kyo tuvo que reponerse y volver a centrarse en su problema actual. Rodeó el bar para comprobar si el cuervo seguía posado en el tendido eléctrico junto a la carretera, y llegó a tiempo de verlo echar a volar con un graznido de alarma, indicando que había divisado en la distancia a los de la MRS acercándose.
Kyo, entonces, había echado a correr de nuevo, y no había parado hasta ahora, hasta llegar al templo, con esos pisándole los talones.
No obstante, a decir verdad, había estado las últimas horas sintiendo un malestar intermitente, no sabía si físico, o mental… Ahora mismo le sucedió por cuarta vez, tuvo un destello en su mente, mostrándole una vez las imágenes de aquella niña del bar, de Izan arrancándole la cabeza. No dejaba de repetirse que solamente fue una alucinación, que no sucedió de verdad. Pero, de nuevo, estos fogonazos en su mente lo marearon, le trajeron náuseas. No pudo evitar apoyarse con las manos en el suelo y vomitar un poco. Pensó que simplemente era fruto del agotamiento, del frío minando su iris.
—¡Te oigo, chico! —exclamó el Dobutsu, mirando en derredor, riendo.
—¿Con quién hablas? —preguntó el Sui.
—Está por aquí, se ha detenido —aseguró—. Debe de haberse cansado por fin.
Los cuatro miraron al templo al mismo tiempo, al otro lado del patio, presuponiendo que estaba ahí escondido. Kyo respiró hondo, preparándose para dar su mejor actuación. El objetivo no era luchar, sino salir de ahí con el pergamino auténtico.
Quedando toda la zona dominada por unos segundos de silencio y quietud, los de la MRS de pronto vieron a Kyo salir corriendo del templo ruinoso, en dirección a los bosques, indicando un nuevo intento de huir. Sin embargo, una raíz viviente brotó velozmente de la tierra y agarró a Kyo de una pierna, haciéndolo caer.
—¡Au! —exclamó, pero cuando vio que la raíz lo comenzó a arrastrar hacia donde estaba el Líder de la MRS, sacudió una mano y lanzó una bola de fuego contra la raíz, destrozándola, y quedando liberado.
Otra vez, intentó huir hacia el bosque, pero, esta vez, el Dobutsu se abalanzó sobre él como un puma, tirándolo al suelo, y sujetándole las muñecas. Antes de que Kyo pudiera quitárselo de encima escupiéndole una llamarada de fuego, brotaron múltiples raíces del suelo, amordazándole brazos y piernas enteros y la cintura y el cuello.
En verdad, si ponía suficiente empeño, Kyo podía usar su fuerza física superior para romperlas todas. Pero optó por fingir que ya no podía hacer nada, hacerles pensar que ya lo habían cazado por completo. El Dobutsu soltó un grito de triunfo, quedándose de cuclillas a su lado, mientras los otros tres se paraban a su alrededor. La chica se quedó más apartada.
—Bueno. Muchacho —le dijo el Líder, con su ojo izquierdo brillando de luz verde claro, haciendo que esas raíces le apretaran bien fuerte—. Has durado bastante. Pero podrías haberte ahorrado la molestia de irte tan lejos, ¿qué pensabas? ¿Rodear la bahía haciendo un círculo, volviendo por el kilométrico puente del Aqua-Line, con el peaje y toda la vigilancia que tiene? Al final te has dado cuenta y has tenido que volver por donde has venido.
—¿Te estás quejando? ¿Os he agotado o qué? —le espetó Kyo.
—Por favor… —se rio—. Novatillo… Nosotros llevamos muchos años siendo iris. ¿Sabes lo que es perseguir criminales durante dos semanas seguidas por tres países diferentes sin descanso? Un juego para nosotros. Pero para ti… todavía te queda mucho por ver. Estos cinco días han sido entretenidos.
—¡Ugh! —Kyo fingió un intento desesperado de hacer fuerza para soltarse de esas raíces—. ¡Dejadme ir! ¡El pergamino no os pertenece, ya tenéis uno propio! ¡Va contra las normas que una RS tenga más de uno…!
—Normas menores —le cortó el Líder, y le hizo un gesto a su Dobutsu para que rebuscara en sus bolsillos y su mochila.
—Ajá… —sonrió el Dobutsu, encontrando el pergamino enrollado en el bolsillo interno del abrigo de Kyo, y lo sostuvo entre sus manos para admirarlo. Hizo algo que todos los Dobutsu, incluso Sam y Pipi, tenían la costumbre instintiva de hacer con todo lo que cogían entre sus manos, olerlo—. Se nota lo viejo que es, ¿podéis creerlo? Esta cosa tiene tres siglos y medio de edad y perdura como si estuviera hecho de piel.
—Sí… Todos están hechos de una celulosa vegetal especial, mejor que la piel animal —admiró el Líder, tomando el pergamino de sus manos y abriendo el aro metálico con cuidado—. Esta es la primera Técnica que creó Denzel, en su pergamino original. Mi pergamino es un siglo más reciente, está menos desgastado.
—Déjame ver —le pidió el Sui larguirucho—. “Técnica de Telepatía y Borrado de Memoria” —leyó el título, que estaba escrito en inglés, iluminándolo con la luz de su ojo—. Hm… Mira cuántos procesos hay que seguir para aprenderla. Esta sí es complicada.
—¡Devolvédmelo! —les gritó Kyo.
—Tú tranquilo, chico —le dijo el Líder con tono jocoso—. Lo trataré con el cuidado que se merece.
Riendo entre ellos, los tres hombres se reunieron con la chica tan callada de allá y las raíces que aprisionaban a Kyo volvieron a desaparecer bajo tierra. Kyo se puso en pie enseguida, y fingió un último desacuerdo, para no parecer tan sospechoso.
—¡Eh! —los llamó, y generó dos bolas de fuego en sus manos como amenaza.
Los otros tres se giraron, y soltando más risas, le respondieron con otra demostración de sus elementos. El Sui atrajo una enorme corriente de agua de un arroyo cercano y lo convirtió en varias estacas grandes de hielo flotando sobre él, apuntando hacia Kyo. El Líder hizo que los árboles que rodeaban a Kyo se inclinaran y alargaran sus ramas y raíces hacia él con sonoros crujidos y temblores de tierra, y el Dobutsu adoptó en su cuerpo grandes colmillos y garras.
Kyo tuvo que admitir que se asustó un poco, y apagó su fuego. Decidió que era la excusa perfecta para huir de una vez por todas, como la reacción lógica que esperaban ellos. Aun así, antes de dar media vuelta, se dio cuenta de que la chica no acompañó a sus compañeros en esa exhibición de poder, seguía ahí detrás de ellos, callada, con su capucha puesta y una bufanda tapando hasta su nariz. Había algo raro con ella, pero, a la vez, algo familiar, y esto mosqueó mucho a Kyo. Sin embargo, eso ahora no importaba.
—¡Aajaja…! —se rio el Dobutsu tras ver a Kyo huyendo despavorido de allí—. Casi se mea encima. ¿Y se supone que es nieto del gran Kajin-san?
—Siempre hay un eslabón débil en una familia —dijo el Sui—. Ese pobre novato tiene que ocupar el lugar de su hermano, que daba más la talla…
—Bueno, su gemelo llevaba siendo iris desde pequeño… hasta que la palmó el año pasado…
—Callaos de una vez —les interrumpió la chica, abriendo la boca por fin. Ella siempre les hablaba con rudeza, pero esta vez su voz sonó especialmente molesta—. ¿Sabéis el frío que hace? Joder, larguémonos de una vez.
—Un respeto, criaja —gruñó el Dobutsu.
—¿Hay alguna razón por la que estés tan huraña, Miki? —le preguntó el Líder, inclinándose hacia ella para clavarle una mirada suspicaz—. ¿Algunos sentimientos encontrados? El novato ese no te ha reconocido. ¿Por qué no le has dicho nada?
—Porque no tengo nada que decir y porque no es de vuestra puta incumbencia. Si estás ya contento con el pergamino de Fuujin, ¿nos podemos ir?
—Vaya carácter… —bufó el Sui.
—Habrá que avisar a nuestros compañeros de que el novato ya va de vuelta a Tokio con las manos vacías y no hace falta que lo cacen —dijo el Dobutsu, mirando a su Líder.
—Mm… —murmuró este, que estaba entretenido leyendo los procesos de la Técnica, pero dejó el pergamino un momento a un lado para concentrar su energía iris en mandar impulsos energéticos a través de su tatuaje a los demás miembros de su RS, comunicándoles con señales sensoriales ese mensaje.
—¿Bueno? —preguntó el Sui con impaciencia—. ¿Has decidido ya quién de nosotros va a aprender esta Técnica, maestro?
—Sí, eso. Yo sigo dispuesto a hacer el noble sacrificio —declaró el Dobutsu.
—¡Ja! ¿¡Tú!? —le espetó el Sui—. ¡Si no sabes concentrarte ni cinco segundos! ¡Eres como un mono tarado!
—¿¡A que te reviento la cara a monazos y te hago guapo!?
—Callaos —les ordenó el Líder—. Nada ha cambiado. Sabéis que esta Técnica no es para nosotros.
—¡Pero la hemos conseguido nosotros!
—No os paséis de listos con esto, ¿me oís? —les advirtió su Líder, alzando el pergamino ante sus ojos—. No es una broma. Él no iba de farol, no nos pidió esto como un favor. ¿Queréis seguir con vida? Ni una palabra de esto a nadie, ya lo sabéis.
* * * * * *
Hacía ya un buen rato que Kyo dejó atrás a esos cuatro. Por fin, podía correr de vuelta a casa sin nadie detrás. Abandonó la zona boscosa y se metió en la autopista que bordeaba la bahía, corriendo por su arcén.
Aún no podía cantar victoria, pero estaba contento de que la réplica hubiese funcionado, para darle al menos el margen de tiempo suficiente para llegar hasta casa, la meta final de este duelo. Todavía quedaba el riesgo, muy probable, de que la MRS comprobara si el Sello se activaba. Al no hacerlo, descubrirían que era falso y volverían a perseguirlo otra vez. Y es ahí cuando necesitaba la ayuda de sus compañeros, y de la SRS, para que entablaran una pelea contra la MRS y los mantuviesen al margen para que Kyo tuviera todo el resto del camino libre. Ganarían el duelo tanto si Kyo lograba llegar a casa como si la KRS y la SRS derrotaban a la MRS en la pelea.
No era más que un duelo por la posesión de un recurso, pero para Kyo era muy importante. La reputación de la KRS, deseaba recuperarla, hacerla brillar de nuevo. Antaño, era, junto a la SRS de Pipi, la mejor organización de Japón, y de las más prestigiosas de ese hemisferio, incluso del mundo.
Todo cambió por la muerte de Katya. Pero, muchos años antes de eso, todo comenzó con el viejo Lao, y con los padres de Katya.
El viejo Lao tampoco tuvo unos inicios fáciles. Nada más nacer, fue abandonado junto a su hermano gemelo a las puertas de un orfanato en Hong Kong. Era más o menos la época de la Segunda Guerra Mundial, y crecer en un orfanato en ese tiempo era un proceso de supervivencia más. Lao jamás supo lo que era tener padres, ni un hogar, ni sentirse seguro durante más de una hora seguida. Pero fue un niño feliz, porque tenía a su inseparable hermano. Hasta que lo vio morir a manos de unos criminales cuando tenían 10 años. Se convirtió en iris, y Agatha lo llevó al Monte Zou. Allí, el pequeño Lao conoció a Alvion, quien a sus ojos fue lo más parecido a un padre que tuvo. Le cambió la vida.
Cuando Lao empezó su año de entrenamiento en el Monte Zou a los 10 años, fue cuando conoció a Hideki Saehara, un niño japonés un par de años más joven que él, pero todo un prodigio. Se hicieron mejores amigos. Pero Hideki terminó su entrenamiento medio año antes que él y tuvo que regresar a Japón. Lao terminó su entrenamiento seis meses después, y comenzó a trabajar en la HRS de Hong Kong, labrándose una vida llena de emocionantes misiones, victorias, aumento de poder y reconocimiento ante el resto de la Asociación. Por lo visto, Hideki también estuvo logrando lo mismo en su país.
No fue hasta años después cuando Lao y Hideki se reencontraron. Entonces, Lao ya tenía 22 años, estaba casado con su adorada Ming Jie, humana, y con un bebé en camino al que llamarían Sai. Igualmente, Hideki también estaba casado, pero con una iris, natural de Rusia, Emiliya Smirkova, la cual se había vuelto una legendaria joven iris igual a ellos dos, y además, también estaban con una bebé en camino, a la que llamarían Ekaterina, con su diminutivo Katya.
Hideki estaba en mitad de proceso de convertirse en el Líder de su propia RS, la SRS de Tokio, y Emiliya iba a ser su Sublíder. Estaban reclutando miembros, y cuando se lo propuso a su viejo y querido amigo, Lao no dudó en cambiarse de RS y convertirse, así, en el Guardián de la SRS de aquel entonces. A pesar de que Lao siguió viviendo en Hong Kong y de que Hideki y su SRS vivían en Tokio, se las arreglaron para trabajar juntos aunque fuera desde la distancia la mayor parte del tiempo.
Diez años después de aquello, todo iba sobre ruedas. La SRS de Tokio se había convertido en una de las mejores RS del mundo, con un expediente récord de misiones cumplidas. La única dificultad con la que Lao, Hideki y Emiliya tenían que lidiar, era con la de proteger a sus familias, ya que Lao tenía a su mujer Ming Jie y a su hijo Sai humanos, y Hideki y Emiliya tenían a su hija Katya humana. Y, aun así, ninguna amenaza era rival para los tres mejores iris de la Asociación.
Entonces, un día de verano, Lao se encontraba haciendo ejercicio en la calle cuando pasó al lado de un callejón oscuro y sucio. Y la más oportuna de las casualidades hizo que llegara a divisar, de reojo, un reflejo de luz, como la de un vidrio o cristal. Y también, la clara melena enmarañada de un niño extranjero junto a un contenedor de basura, con un trozo de cristal en una mano, a punto de hacerse algo que horripiló a Lao lo suficientemente a tiempo para detenerlo. En un primer momento, lo confundió con una niña, porque en ese entonces Neuval tenía el cabello muy largo, y su rostro, a pesar de la suciedad, era como el de un ángel de ojos plateados.
Sus primeros momentos con él no fueron nada fáciles, pues aquel Neuval de 10 años era casi como un animal salvaje, violento, hostil, traumatizado, siempre a la defensiva. Lao no se rindió con él, especialmente cuando descubrió que era un pequeño iris que no había recibido ningún tratamiento. Necesitó varios días para ganarse su confianza, además de pasar por un terrible suceso.
Para finales de verano, Lao y Ming Jie ya habían adoptado a Neuval, quien, por primera vez en su vida, conoció lo que era ser feliz y tener una familia de verdad. Sai y él conectaron enseguida y se convirtieron en auténticos hermanos. Pero primero, Neuval tuvo que hacer su año de entrenamiento en el Monte Zou, y allí conoció a Pipi, otro niño iris un año más joven que él, que acabó convirtiéndose en su mejor amigo. Ambos se convirtieron en iris oficiales con 12 y 11 años respectivamente, y fueron acogidos juntos en la SRS de Hideki. A partir de entonces, Neuval comenzó a trabajar en la Asociación junto con Lao, y junto con Pipi, admirando a Hideki como su Líder y maestro, y a Emiliya también.
No obstante, no fue hasta los 17 años cuando Neuval conoció en persona a la hija de Hideki y de Emiliya. Se enamoró perdidamente de ella. Y ganarse su corazón fue su misión más difícil, porque en aquel entonces Katya lo odiaba y tenía varios motivos. Las cosas cambiaron un año después, tras una drástica misión. Muchas cosas sucedieron.
Al final, los Lao se mudaron a Japón, y la vida de todos tuvo su época dorada: Neuval y Katya acabaron juntos, estudiaron sus respectivas carreras en la universidad, se casaron jóvenes pero convencidos, aunque hubo una razón mayor, que era la inesperada pero deseada llegada de Lex, un nacimiento que llenó a ambas familias Lao y Saehara de alegría, pues nada hizo más felices al viejo Lao, a Hideki y a Emiliya que tener un nieto en común. Poco después, Sai, el hermano de Neuval, también se casó y tuvo a Mei Ling. Y, además, Neuval y Lao fundaron juntos la empresa Hoteitsuba.
Sin embargo, ninguna época feliz dura para siempre. Algunos años después, cuando Sai estaba esperando el nacimiento de sus hijos gemelos Kyosuke y Yousuke, y Neuval y Katya estaban esperando el nacimiento de Cleven, unos viejos enemigos de la SRS, los peores terroristas humanos con los que la Asociación había lidiado, acabaron con la vida de Hideki y de Emiliya en medio de una misión contra ellos. Fue un golpe extremadamente duro para todos. Neuval ya llevaba los años anteriores planeando crear su propia RS y convertirse en el Líder. Aquella tragedia fue lo que al final le empujó a hacerlo realidad. Tal como Hideki quería, Pipi, el mejor amigo de Neuval, heredó el liderazgo de la SRS, y entonces Neuval creó la KRS, en la que fue integrando a nuevos iris poco a poco. Yako… Drasik… Sam… Nakuru… Raijin… y algunos más.
La siguiente tragedia vino seis años después, cuando los mismos enemigos de antes, para hacerle al viejo Lao el peor de los daños, acabaron con la vida de su hijo Sai, a pesar de que era un simple humano inocente. El pequeño Yousuke de 6 años presenció esta muerte de su padre y se convirtió en iris. Neuval empezó a tener graves problemas con su iris. Perder a sus maestros y suegros Hideki y Emiliya, y después a su hermano Sai, comenzó a hacer grave mella en él, a romper algo muy peligroso dentro de él.
¿Qué se podía esperar cuando, tres años después de perder a su hermano, Neuval perdió de la forma más inesperada a Katya, a manos de unos completos desconocidos misteriosos? La mitad de Japón acabó arrasada y destruida por un terrorífico poder sobrehumano sin igual que Neuval desató cuando quedó cegado por la ira. Suficiente para que Denzel y Agatha se vieran obligados a detener el tiempo en todo el Sistema Solar, para que sólo Alvion y unos pocos autorizados de la Asociación pudieran seguir moviéndose y arreglar toda aquella destrucción.
Denzel y Agatha no devolvieron el tiempo a su movimiento hasta que todo quedó como estaba, de modo que los humanos, el resto del mundo, jamás se enteró o no recordó nada sobre la destrucción que provocó Neuval. Y él recibió tratamiento urgente para recuperar la cordura. Una vez se estabilizó, decidió su exilio.
La KRS y la SRS no existirían de no ser por el viejo Lao, por Hideki y por Emiliya. Los tres habían creado una gran familia, tanto humana como de iris. Ahora, sólo quedaban trozos sueltos de ella. El viejo Lao había perdido a sus mejores amigos, a su hijo biológico, lo que encima provocó su divorcio con Ming Jie, y luego a su nuera Katya, y después a uno de sus nietos… incluso había perdido a Neuval, figurativamente hablando. Era quien más había perdido, y, sin embargo, quien más en pie permanecía.
Y Kyo no quería ser menos.
Él había sido, como su hermana Mei Ling, un humano normal y corriente toda su vida, pero directamente ligado a los iris y a la vida de la Asociación desde que nació. El destino había querido que ahora él se convirtiera en iris porque había visto morir a su hermano. Sentía como si él fuera la sustitución de Yousuke. Y eso era muy injusto. Era doloroso.
Convertirse en iris no es una elección para nadie, es un accidente, nadie espera convertirse en ello, nadie lo desea por obvias razones. No es un evento que se planea, ni un cambio que se decide hacer, ni una profesión que se elige desempeñar.
La vida de Kyo había cambiado por accidente, sin su permiso, por culpa de un tipo de tragedia que nadie ve venir. Pero no es una tragedia desconocida, especialmente para aquellos que han crecido toda la vida conociendo el secreto de la Asociación, teniendo iris en la familia o en amigos cercanos. Kyo no podía hacer nada por remediar el pasado, ni podía quitarse ese iris que había nacido en su mente y alma. Sólo le quedaba actuar en el presente, y hacer algo positivo y productivo con este nuevo poder que había surgido en él.
Esta era su vida ahora. Y lo mínimo que podía hacer en su primer mes como iris entrenado, era demostrar a sus compañeros de la KRS que podían confiar en él y contar con él, tanto para proteger el pergamino que les pertenecía, como para sobrevivir a las misiones reales contra peores enemigos a vida o muerte.
—Oh… —murmuró sorprendido, cuando divisó tres presencia familiares en la distancia, más adelante, corriendo por el arcén igual que él en dirección contraria.
Por primera vez en días, sonrió aliviado.
—¡Ka-chan! —exclamó Yako, llegando el primero para abrazarlo con tanto ímpetu que lo levantó del suelo—. ¡Hahah! ¡Qué alegría verte!
—Ah, ay… un poco más flojo, por favor —le pidió Kyo, y Yako lo soltó por fin—. Me acaban de comprimir unas raíces vivientes. Me alegro de veros, chicos.
—¿Te han atacado? —le preguntó Sam.
—Inmovilizado, para quitarme el pergamino. Ha colado. Al rebuscar en mis bolsillos, el Dobutsu ha dado con la réplica y no ha notado nada fuera de lugar en ella. He opuesto resistencia, para que no sospechen. Se quedaron satisfechos y me dejaron ir. Hace unos veinte minutos de eso.
—Bien hecho —le dijo Raijin, serio como siempre, pero notó que Kyo parpadeaba a veces muy rápido, como si le molestase una luz fuerte, aunque no había ninguna luz—. ¿Estás herido?
—Rasguños sin importancia.
—¿Y el pergamino?
Kyo hizo un gesto para que aguardasen. Se desabrochó los pantalones, que seguían siendo los de su uniforme del instituto, y se los bajó hasta las rodillas. Sus compañeros se extrañaron por un momento, hasta que vieron que el pergamino auténtico se lo había enrollado alrededor del muslo, justo encima de la rodilla, enganchándolo al otro lado con el cierre metálico. Lo cogió, lo enrolló de nuevo en su forma correcta y volvió a abrocharse los pantalones.
—Claro… El Dobutsu iba a cachearte por todas partes y revisar tu mochila —entendió Yako—. No podía notar un bulto extra y descubrir dos pergaminos.
—¿Por qué estáis aquí? ¿Cuál es vuestro plan?
—Me huelo que de aquí a unos minutos van a descubrir que es falso —dijo Raijin—. Aprovecha esta ventaja que has ganado, Kyo, sigue y no pares hasta llegar a casa —miró un momento su reloj—. Los otros miembros de la MRS estaban vigilando los puentes del río Ara, pero hemos hecho que la policía se presente en ellos con un falso aviso de actividad criminal hace rato, ahuyentándolos.
—Pero yo ahora tendré que pasar a través de la policía, entonces…
—No. Ahora mismo Kiyomaro ya le ha dicho a la policía que tiene otro chivatazo de que la operación criminal que esperaban ahí ha sido programada para otro lugar, o cancelada, de modo que, para cuando llegues al río Ara, la policía ya se habrá ido del lugar. Y no te preocupes por esos otros miembros de la MRS, no podrán ir a por ti porque Pipi y su SRS se están enfrentando a ellos ahora. Nosotros tenemos la misma intención con los cuatro que te perseguían, para que no vayan ahora a por ti otra vez. Todos vamos a mantener a toda la MRS ocupada en una pelea para que puedas volver con el pergamino a casa.
—Oh… No esperaba que esto causase tantas molestias… Si llego a casa, ya podréis detener la pelea, ¿no? Me daré prisa.
—La pelea es inevitable, tiene que seguir hasta que un bando sea derrotado —le explicó Raijin—. Tú tienes que llevar el pergamino a salvo a tu casa, pero la SRS y nosotros tendremos que seguir hasta el final con la pelea.
—No… no recuerdo haber aprendido sobre esa norma en el Monte… —se quedó confuso.
—Porque esto no es algo oficial —le explicó Sam—. Es un acuerdo entre RS, y no es igual en todos los países. Son “normas de la calle”, como suelen llamarlas algunos.
—La norma oficial es que ningún iris puede robar ni allanar la casa de ningún otro iris, sobre todo si convive con humanos —continuó Yako—. El pergamino quedará intocable una vez lo metas en casa. Pero queda saldar el duelo. Esto ha sido un ataque al honor de nuestra RS. Si los derrotamos en una pelea, la MRS tendrá prohibido de aquí en adelante volver a causarnos cualquier afrenta. Y, la verdad… no nos vendría mal proteger un poco nuestro honor.
—Oh, entiendo —Kyo se puso firme—. De acuerdo, chicos, terminemos con esto. Cumpliré mi deber, estad tranquilos. Os deseo suerte en el vuestro.
—¡Ve con cuidado! —le gritó Yako cuando Kyo ya se marchó corriendo en dirección a Tokio. Seguidamente, sacó su teléfono móvil y escribió un mensaje.
—¿Qué haces? —le preguntaron Sam y Raijin.
—Avisar a Lao. Voy a pedirle que espere a Kyo en el puente, que esté atento a su llegada. Me preocupa que no le queden fuerzas para llegar a casa solo.
—¿Qué? ¿A qué te refieres con eso?
—No lo sé. He notado algo raro en su iris, una inestabilidad energética —intentó explicarles Yako, mientras seguían su camino.
—¿Puedes detectar cuándo nuestros iris sufren desajustes energéticos? —preguntó Sam con interés.
—Puedo detectar si algo va bien o mal en ellos, pero no sé… no sé identificar el problema exactamente —dijo Yako, un poco avergonzado—. Eso ya es algo… que sabe hacer Alvion. Lo que acabo de notar en Kyo no sé bien lo que es, pero es como una parte dañada. Creo que puede ser por el frío. A los Ka les afecta mucho si están mucho tiempo expuestos a él. No os preocupéis, Lao se encargará de él.
—De acuerdo, escuchad —los paró Raijin un segundo—. Yo voy a adelantarme, para ver cómo está la situación. No podemos dejar que esos se alejen ahora del Templo Tsukino y perderlos de vista de regreso a la urbe o a donde haya humanos. Hay que atacarles en ese terreno abandonado. Mientras tanto, vosotros id yendo para allá lo más rápido que podáis, os esperaré allí.
—A la orden —respondieron Yako y Sam.
Una vez que Raijin se aseguró de que en ese momento no pasaba ningún coche ni ninguna persona por ese tramo del puente, desapareció en un parpadeo, como el rayo, literalmente a la velocidad de la luz, dejando tras de sí una breve y fina estela amarilla. Por su parte, Yako y Sam, que no tenían esta capacidad de Raijin, echaron a correr, sin embargo, a una velocidad también inhumana.
Rato antes de que Raijin, Yako y Sam se encontraran con Alvion, llegó el momento para Kyo en el Templo Tsukino.
El chico se asomó por quinta vez por una de las ventanas rotas, viendo llegar a esos cuatro. El templo era un edificio grande de dos plantas construido en madera oscura, pero la mitad estaba derruido y lleno de musgo, maleza y enredaderas. Llevaba muchos años abandonado a merced de la naturaleza. Estaba en medio de una zona boscosa y apartada de la urbe, aunque se oía el zumbido de algunos coches pasando por un par de autopistas lejanas que rodeaban esa zona silvestre. Por eso, aunque el lugar estaba ya oscuro, recibía una tenue luz de las farolas en la distancia.
Los cuatro iris de la MRS caminaron con pasos atentos por el gran patio frontal. Su suelo era de losas, pero casi todas estaban rotas, levantadas o inexistentes, empujadas por raíces y plantas. Las estatuas de los dos komainu seguían en pie, sin embargo, aunque estaban muy descuidadas. Por fin los veía juntos. Reconoció al que iba en cabeza, el Dobutsu, que era un tipo un poco maniático y nervioso, y bajito, el único que podía seguir el rastro de olor de Kyo.
Seguido de él, había un tipo larguirucho y feúcho, que, con la capucha sin poner, dejaba ver la luz azul claro de su ojo izquierdo. Era un Sui. Kyo lamentó esto, odiaba lidiar con iris Agua. Durante el entrenamiento, ya había tenido que aprender a luchar con elementos contrarios y otras adversidades. Sin embargo, actualmente se sentía más confiado en esto, y se dio cuenta ahora. Quizá era por el hecho de que Drasik lo había obligado a pelear con él casi a diario desde que regresó del Monte Zou. Kyo empezó a sospechar que tal vez no se había tratado de Drasik queriendo pelear por capricho, como había creído hasta ahora, sino que su amigo había querido entrenarlo intencionadamente para quitarle ese miedo al agua.
Detrás del larguirucho, había una chica. Era la única que seguía ocultándose bajo la capucha de su sudadera negra. A Kyo le chocó esto. Él había visto otras veces a la única mujer que la MRS siempre había tenido de miembro, que era una Den, y con un físico un poco más alto y mayor. Esa chica de ahí parecía muy joven y menos alta. «No puede ser, ¿esa es nueva? ¿La han integrado como nuevo miembro?» pensó extrañado. «Hace un año la MRS no tenía a esta chica nueva…».
Finalmente, detrás de todos ellos estaba el Líder, parado de brazos cruzados. Era un tipo más grandote, de cincuenta y tantos años de edad, de cabello negro rapado al uno. Tenía un rostro de facciones toscas. Su ojo izquierdo brillaba un poco de luz verde claro, era un iris Planta.
Había algo que a Kyo no le cuadraba mucho. Siendo un iris, estaba entrenado para dominar sus emociones y priorizarlas, y había tenido que mantener la cabeza fría hasta ahora. El inesperado encuentro con Izan había sido devastador para él, y algo que no comprendía, ¿por qué de repente después de tantos años desaparecido, por qué en ese lugar, en ese bar apartado? Recordó aquel objeto que había recogido, aquella simple bola de nieve decorativa.
Cuando Izan desapareció, Kyo tuvo que reponerse y volver a centrarse en su problema actual. Rodeó el bar para comprobar si el cuervo seguía posado en el tendido eléctrico junto a la carretera, y llegó a tiempo de verlo echar a volar con un graznido de alarma, indicando que había divisado en la distancia a los de la MRS acercándose.
Kyo, entonces, había echado a correr de nuevo, y no había parado hasta ahora, hasta llegar al templo, con esos pisándole los talones.
No obstante, a decir verdad, había estado las últimas horas sintiendo un malestar intermitente, no sabía si físico, o mental… Ahora mismo le sucedió por cuarta vez, tuvo un destello en su mente, mostrándole una vez las imágenes de aquella niña del bar, de Izan arrancándole la cabeza. No dejaba de repetirse que solamente fue una alucinación, que no sucedió de verdad. Pero, de nuevo, estos fogonazos en su mente lo marearon, le trajeron náuseas. No pudo evitar apoyarse con las manos en el suelo y vomitar un poco. Pensó que simplemente era fruto del agotamiento, del frío minando su iris.
—¡Te oigo, chico! —exclamó el Dobutsu, mirando en derredor, riendo.
—¿Con quién hablas? —preguntó el Sui.
—Está por aquí, se ha detenido —aseguró—. Debe de haberse cansado por fin.
Los cuatro miraron al templo al mismo tiempo, al otro lado del patio, presuponiendo que estaba ahí escondido. Kyo respiró hondo, preparándose para dar su mejor actuación. El objetivo no era luchar, sino salir de ahí con el pergamino auténtico.
Quedando toda la zona dominada por unos segundos de silencio y quietud, los de la MRS de pronto vieron a Kyo salir corriendo del templo ruinoso, en dirección a los bosques, indicando un nuevo intento de huir. Sin embargo, una raíz viviente brotó velozmente de la tierra y agarró a Kyo de una pierna, haciéndolo caer.
—¡Au! —exclamó, pero cuando vio que la raíz lo comenzó a arrastrar hacia donde estaba el Líder de la MRS, sacudió una mano y lanzó una bola de fuego contra la raíz, destrozándola, y quedando liberado.
Otra vez, intentó huir hacia el bosque, pero, esta vez, el Dobutsu se abalanzó sobre él como un puma, tirándolo al suelo, y sujetándole las muñecas. Antes de que Kyo pudiera quitárselo de encima escupiéndole una llamarada de fuego, brotaron múltiples raíces del suelo, amordazándole brazos y piernas enteros y la cintura y el cuello.
En verdad, si ponía suficiente empeño, Kyo podía usar su fuerza física superior para romperlas todas. Pero optó por fingir que ya no podía hacer nada, hacerles pensar que ya lo habían cazado por completo. El Dobutsu soltó un grito de triunfo, quedándose de cuclillas a su lado, mientras los otros tres se paraban a su alrededor. La chica se quedó más apartada.
—Bueno. Muchacho —le dijo el Líder, con su ojo izquierdo brillando de luz verde claro, haciendo que esas raíces le apretaran bien fuerte—. Has durado bastante. Pero podrías haberte ahorrado la molestia de irte tan lejos, ¿qué pensabas? ¿Rodear la bahía haciendo un círculo, volviendo por el kilométrico puente del Aqua-Line, con el peaje y toda la vigilancia que tiene? Al final te has dado cuenta y has tenido que volver por donde has venido.
—¿Te estás quejando? ¿Os he agotado o qué? —le espetó Kyo.
—Por favor… —se rio—. Novatillo… Nosotros llevamos muchos años siendo iris. ¿Sabes lo que es perseguir criminales durante dos semanas seguidas por tres países diferentes sin descanso? Un juego para nosotros. Pero para ti… todavía te queda mucho por ver. Estos cinco días han sido entretenidos.
—¡Ugh! —Kyo fingió un intento desesperado de hacer fuerza para soltarse de esas raíces—. ¡Dejadme ir! ¡El pergamino no os pertenece, ya tenéis uno propio! ¡Va contra las normas que una RS tenga más de uno…!
—Normas menores —le cortó el Líder, y le hizo un gesto a su Dobutsu para que rebuscara en sus bolsillos y su mochila.
—Ajá… —sonrió el Dobutsu, encontrando el pergamino enrollado en el bolsillo interno del abrigo de Kyo, y lo sostuvo entre sus manos para admirarlo. Hizo algo que todos los Dobutsu, incluso Sam y Pipi, tenían la costumbre instintiva de hacer con todo lo que cogían entre sus manos, olerlo—. Se nota lo viejo que es, ¿podéis creerlo? Esta cosa tiene tres siglos y medio de edad y perdura como si estuviera hecho de piel.
—Sí… Todos están hechos de una celulosa vegetal especial, mejor que la piel animal —admiró el Líder, tomando el pergamino de sus manos y abriendo el aro metálico con cuidado—. Esta es la primera Técnica que creó Denzel, en su pergamino original. Mi pergamino es un siglo más reciente, está menos desgastado.
—Déjame ver —le pidió el Sui larguirucho—. “Técnica de Telepatía y Borrado de Memoria” —leyó el título, que estaba escrito en inglés, iluminándolo con la luz de su ojo—. Hm… Mira cuántos procesos hay que seguir para aprenderla. Esta sí es complicada.
—¡Devolvédmelo! —les gritó Kyo.
—Tú tranquilo, chico —le dijo el Líder con tono jocoso—. Lo trataré con el cuidado que se merece.
Riendo entre ellos, los tres hombres se reunieron con la chica tan callada de allá y las raíces que aprisionaban a Kyo volvieron a desaparecer bajo tierra. Kyo se puso en pie enseguida, y fingió un último desacuerdo, para no parecer tan sospechoso.
—¡Eh! —los llamó, y generó dos bolas de fuego en sus manos como amenaza.
Los otros tres se giraron, y soltando más risas, le respondieron con otra demostración de sus elementos. El Sui atrajo una enorme corriente de agua de un arroyo cercano y lo convirtió en varias estacas grandes de hielo flotando sobre él, apuntando hacia Kyo. El Líder hizo que los árboles que rodeaban a Kyo se inclinaran y alargaran sus ramas y raíces hacia él con sonoros crujidos y temblores de tierra, y el Dobutsu adoptó en su cuerpo grandes colmillos y garras.
Kyo tuvo que admitir que se asustó un poco, y apagó su fuego. Decidió que era la excusa perfecta para huir de una vez por todas, como la reacción lógica que esperaban ellos. Aun así, antes de dar media vuelta, se dio cuenta de que la chica no acompañó a sus compañeros en esa exhibición de poder, seguía ahí detrás de ellos, callada, con su capucha puesta y una bufanda tapando hasta su nariz. Había algo raro con ella, pero, a la vez, algo familiar, y esto mosqueó mucho a Kyo. Sin embargo, eso ahora no importaba.
—¡Aajaja…! —se rio el Dobutsu tras ver a Kyo huyendo despavorido de allí—. Casi se mea encima. ¿Y se supone que es nieto del gran Kajin-san?
—Siempre hay un eslabón débil en una familia —dijo el Sui—. Ese pobre novato tiene que ocupar el lugar de su hermano, que daba más la talla…
—Bueno, su gemelo llevaba siendo iris desde pequeño… hasta que la palmó el año pasado…
—Callaos de una vez —les interrumpió la chica, abriendo la boca por fin. Ella siempre les hablaba con rudeza, pero esta vez su voz sonó especialmente molesta—. ¿Sabéis el frío que hace? Joder, larguémonos de una vez.
—Un respeto, criaja —gruñó el Dobutsu.
—¿Hay alguna razón por la que estés tan huraña, Miki? —le preguntó el Líder, inclinándose hacia ella para clavarle una mirada suspicaz—. ¿Algunos sentimientos encontrados? El novato ese no te ha reconocido. ¿Por qué no le has dicho nada?
—Porque no tengo nada que decir y porque no es de vuestra puta incumbencia. Si estás ya contento con el pergamino de Fuujin, ¿nos podemos ir?
—Vaya carácter… —bufó el Sui.
—Habrá que avisar a nuestros compañeros de que el novato ya va de vuelta a Tokio con las manos vacías y no hace falta que lo cacen —dijo el Dobutsu, mirando a su Líder.
—Mm… —murmuró este, que estaba entretenido leyendo los procesos de la Técnica, pero dejó el pergamino un momento a un lado para concentrar su energía iris en mandar impulsos energéticos a través de su tatuaje a los demás miembros de su RS, comunicándoles con señales sensoriales ese mensaje.
—¿Bueno? —preguntó el Sui con impaciencia—. ¿Has decidido ya quién de nosotros va a aprender esta Técnica, maestro?
—Sí, eso. Yo sigo dispuesto a hacer el noble sacrificio —declaró el Dobutsu.
—¡Ja! ¿¡Tú!? —le espetó el Sui—. ¡Si no sabes concentrarte ni cinco segundos! ¡Eres como un mono tarado!
—¿¡A que te reviento la cara a monazos y te hago guapo!?
—Callaos —les ordenó el Líder—. Nada ha cambiado. Sabéis que esta Técnica no es para nosotros.
—¡Pero la hemos conseguido nosotros!
—No os paséis de listos con esto, ¿me oís? —les advirtió su Líder, alzando el pergamino ante sus ojos—. No es una broma. Él no iba de farol, no nos pidió esto como un favor. ¿Queréis seguir con vida? Ni una palabra de esto a nadie, ya lo sabéis.
* * * * * *
Hacía ya un buen rato que Kyo dejó atrás a esos cuatro. Por fin, podía correr de vuelta a casa sin nadie detrás. Abandonó la zona boscosa y se metió en la autopista que bordeaba la bahía, corriendo por su arcén.
Aún no podía cantar victoria, pero estaba contento de que la réplica hubiese funcionado, para darle al menos el margen de tiempo suficiente para llegar hasta casa, la meta final de este duelo. Todavía quedaba el riesgo, muy probable, de que la MRS comprobara si el Sello se activaba. Al no hacerlo, descubrirían que era falso y volverían a perseguirlo otra vez. Y es ahí cuando necesitaba la ayuda de sus compañeros, y de la SRS, para que entablaran una pelea contra la MRS y los mantuviesen al margen para que Kyo tuviera todo el resto del camino libre. Ganarían el duelo tanto si Kyo lograba llegar a casa como si la KRS y la SRS derrotaban a la MRS en la pelea.
No era más que un duelo por la posesión de un recurso, pero para Kyo era muy importante. La reputación de la KRS, deseaba recuperarla, hacerla brillar de nuevo. Antaño, era, junto a la SRS de Pipi, la mejor organización de Japón, y de las más prestigiosas de ese hemisferio, incluso del mundo.
Todo cambió por la muerte de Katya. Pero, muchos años antes de eso, todo comenzó con el viejo Lao, y con los padres de Katya.
El viejo Lao tampoco tuvo unos inicios fáciles. Nada más nacer, fue abandonado junto a su hermano gemelo a las puertas de un orfanato en Hong Kong. Era más o menos la época de la Segunda Guerra Mundial, y crecer en un orfanato en ese tiempo era un proceso de supervivencia más. Lao jamás supo lo que era tener padres, ni un hogar, ni sentirse seguro durante más de una hora seguida. Pero fue un niño feliz, porque tenía a su inseparable hermano. Hasta que lo vio morir a manos de unos criminales cuando tenían 10 años. Se convirtió en iris, y Agatha lo llevó al Monte Zou. Allí, el pequeño Lao conoció a Alvion, quien a sus ojos fue lo más parecido a un padre que tuvo. Le cambió la vida.
Cuando Lao empezó su año de entrenamiento en el Monte Zou a los 10 años, fue cuando conoció a Hideki Saehara, un niño japonés un par de años más joven que él, pero todo un prodigio. Se hicieron mejores amigos. Pero Hideki terminó su entrenamiento medio año antes que él y tuvo que regresar a Japón. Lao terminó su entrenamiento seis meses después, y comenzó a trabajar en la HRS de Hong Kong, labrándose una vida llena de emocionantes misiones, victorias, aumento de poder y reconocimiento ante el resto de la Asociación. Por lo visto, Hideki también estuvo logrando lo mismo en su país.
No fue hasta años después cuando Lao y Hideki se reencontraron. Entonces, Lao ya tenía 22 años, estaba casado con su adorada Ming Jie, humana, y con un bebé en camino al que llamarían Sai. Igualmente, Hideki también estaba casado, pero con una iris, natural de Rusia, Emiliya Smirkova, la cual se había vuelto una legendaria joven iris igual a ellos dos, y además, también estaban con una bebé en camino, a la que llamarían Ekaterina, con su diminutivo Katya.
Hideki estaba en mitad de proceso de convertirse en el Líder de su propia RS, la SRS de Tokio, y Emiliya iba a ser su Sublíder. Estaban reclutando miembros, y cuando se lo propuso a su viejo y querido amigo, Lao no dudó en cambiarse de RS y convertirse, así, en el Guardián de la SRS de aquel entonces. A pesar de que Lao siguió viviendo en Hong Kong y de que Hideki y su SRS vivían en Tokio, se las arreglaron para trabajar juntos aunque fuera desde la distancia la mayor parte del tiempo.
Diez años después de aquello, todo iba sobre ruedas. La SRS de Tokio se había convertido en una de las mejores RS del mundo, con un expediente récord de misiones cumplidas. La única dificultad con la que Lao, Hideki y Emiliya tenían que lidiar, era con la de proteger a sus familias, ya que Lao tenía a su mujer Ming Jie y a su hijo Sai humanos, y Hideki y Emiliya tenían a su hija Katya humana. Y, aun así, ninguna amenaza era rival para los tres mejores iris de la Asociación.
Entonces, un día de verano, Lao se encontraba haciendo ejercicio en la calle cuando pasó al lado de un callejón oscuro y sucio. Y la más oportuna de las casualidades hizo que llegara a divisar, de reojo, un reflejo de luz, como la de un vidrio o cristal. Y también, la clara melena enmarañada de un niño extranjero junto a un contenedor de basura, con un trozo de cristal en una mano, a punto de hacerse algo que horripiló a Lao lo suficientemente a tiempo para detenerlo. En un primer momento, lo confundió con una niña, porque en ese entonces Neuval tenía el cabello muy largo, y su rostro, a pesar de la suciedad, era como el de un ángel de ojos plateados.
Sus primeros momentos con él no fueron nada fáciles, pues aquel Neuval de 10 años era casi como un animal salvaje, violento, hostil, traumatizado, siempre a la defensiva. Lao no se rindió con él, especialmente cuando descubrió que era un pequeño iris que no había recibido ningún tratamiento. Necesitó varios días para ganarse su confianza, además de pasar por un terrible suceso.
Para finales de verano, Lao y Ming Jie ya habían adoptado a Neuval, quien, por primera vez en su vida, conoció lo que era ser feliz y tener una familia de verdad. Sai y él conectaron enseguida y se convirtieron en auténticos hermanos. Pero primero, Neuval tuvo que hacer su año de entrenamiento en el Monte Zou, y allí conoció a Pipi, otro niño iris un año más joven que él, que acabó convirtiéndose en su mejor amigo. Ambos se convirtieron en iris oficiales con 12 y 11 años respectivamente, y fueron acogidos juntos en la SRS de Hideki. A partir de entonces, Neuval comenzó a trabajar en la Asociación junto con Lao, y junto con Pipi, admirando a Hideki como su Líder y maestro, y a Emiliya también.
No obstante, no fue hasta los 17 años cuando Neuval conoció en persona a la hija de Hideki y de Emiliya. Se enamoró perdidamente de ella. Y ganarse su corazón fue su misión más difícil, porque en aquel entonces Katya lo odiaba y tenía varios motivos. Las cosas cambiaron un año después, tras una drástica misión. Muchas cosas sucedieron.
Al final, los Lao se mudaron a Japón, y la vida de todos tuvo su época dorada: Neuval y Katya acabaron juntos, estudiaron sus respectivas carreras en la universidad, se casaron jóvenes pero convencidos, aunque hubo una razón mayor, que era la inesperada pero deseada llegada de Lex, un nacimiento que llenó a ambas familias Lao y Saehara de alegría, pues nada hizo más felices al viejo Lao, a Hideki y a Emiliya que tener un nieto en común. Poco después, Sai, el hermano de Neuval, también se casó y tuvo a Mei Ling. Y, además, Neuval y Lao fundaron juntos la empresa Hoteitsuba.
Sin embargo, ninguna época feliz dura para siempre. Algunos años después, cuando Sai estaba esperando el nacimiento de sus hijos gemelos Kyosuke y Yousuke, y Neuval y Katya estaban esperando el nacimiento de Cleven, unos viejos enemigos de la SRS, los peores terroristas humanos con los que la Asociación había lidiado, acabaron con la vida de Hideki y de Emiliya en medio de una misión contra ellos. Fue un golpe extremadamente duro para todos. Neuval ya llevaba los años anteriores planeando crear su propia RS y convertirse en el Líder. Aquella tragedia fue lo que al final le empujó a hacerlo realidad. Tal como Hideki quería, Pipi, el mejor amigo de Neuval, heredó el liderazgo de la SRS, y entonces Neuval creó la KRS, en la que fue integrando a nuevos iris poco a poco. Yako… Drasik… Sam… Nakuru… Raijin… y algunos más.
La siguiente tragedia vino seis años después, cuando los mismos enemigos de antes, para hacerle al viejo Lao el peor de los daños, acabaron con la vida de su hijo Sai, a pesar de que era un simple humano inocente. El pequeño Yousuke de 6 años presenció esta muerte de su padre y se convirtió en iris. Neuval empezó a tener graves problemas con su iris. Perder a sus maestros y suegros Hideki y Emiliya, y después a su hermano Sai, comenzó a hacer grave mella en él, a romper algo muy peligroso dentro de él.
¿Qué se podía esperar cuando, tres años después de perder a su hermano, Neuval perdió de la forma más inesperada a Katya, a manos de unos completos desconocidos misteriosos? La mitad de Japón acabó arrasada y destruida por un terrorífico poder sobrehumano sin igual que Neuval desató cuando quedó cegado por la ira. Suficiente para que Denzel y Agatha se vieran obligados a detener el tiempo en todo el Sistema Solar, para que sólo Alvion y unos pocos autorizados de la Asociación pudieran seguir moviéndose y arreglar toda aquella destrucción.
Denzel y Agatha no devolvieron el tiempo a su movimiento hasta que todo quedó como estaba, de modo que los humanos, el resto del mundo, jamás se enteró o no recordó nada sobre la destrucción que provocó Neuval. Y él recibió tratamiento urgente para recuperar la cordura. Una vez se estabilizó, decidió su exilio.
La KRS y la SRS no existirían de no ser por el viejo Lao, por Hideki y por Emiliya. Los tres habían creado una gran familia, tanto humana como de iris. Ahora, sólo quedaban trozos sueltos de ella. El viejo Lao había perdido a sus mejores amigos, a su hijo biológico, lo que encima provocó su divorcio con Ming Jie, y luego a su nuera Katya, y después a uno de sus nietos… incluso había perdido a Neuval, figurativamente hablando. Era quien más había perdido, y, sin embargo, quien más en pie permanecía.
Y Kyo no quería ser menos.
Él había sido, como su hermana Mei Ling, un humano normal y corriente toda su vida, pero directamente ligado a los iris y a la vida de la Asociación desde que nació. El destino había querido que ahora él se convirtiera en iris porque había visto morir a su hermano. Sentía como si él fuera la sustitución de Yousuke. Y eso era muy injusto. Era doloroso.
Convertirse en iris no es una elección para nadie, es un accidente, nadie espera convertirse en ello, nadie lo desea por obvias razones. No es un evento que se planea, ni un cambio que se decide hacer, ni una profesión que se elige desempeñar.
La vida de Kyo había cambiado por accidente, sin su permiso, por culpa de un tipo de tragedia que nadie ve venir. Pero no es una tragedia desconocida, especialmente para aquellos que han crecido toda la vida conociendo el secreto de la Asociación, teniendo iris en la familia o en amigos cercanos. Kyo no podía hacer nada por remediar el pasado, ni podía quitarse ese iris que había nacido en su mente y alma. Sólo le quedaba actuar en el presente, y hacer algo positivo y productivo con este nuevo poder que había surgido en él.
Esta era su vida ahora. Y lo mínimo que podía hacer en su primer mes como iris entrenado, era demostrar a sus compañeros de la KRS que podían confiar en él y contar con él, tanto para proteger el pergamino que les pertenecía, como para sobrevivir a las misiones reales contra peores enemigos a vida o muerte.
—Oh… —murmuró sorprendido, cuando divisó tres presencia familiares en la distancia, más adelante, corriendo por el arcén igual que él en dirección contraria.
Por primera vez en días, sonrió aliviado.
—¡Ka-chan! —exclamó Yako, llegando el primero para abrazarlo con tanto ímpetu que lo levantó del suelo—. ¡Hahah! ¡Qué alegría verte!
—Ah, ay… un poco más flojo, por favor —le pidió Kyo, y Yako lo soltó por fin—. Me acaban de comprimir unas raíces vivientes. Me alegro de veros, chicos.
—¿Te han atacado? —le preguntó Sam.
—Inmovilizado, para quitarme el pergamino. Ha colado. Al rebuscar en mis bolsillos, el Dobutsu ha dado con la réplica y no ha notado nada fuera de lugar en ella. He opuesto resistencia, para que no sospechen. Se quedaron satisfechos y me dejaron ir. Hace unos veinte minutos de eso.
—Bien hecho —le dijo Raijin, serio como siempre, pero notó que Kyo parpadeaba a veces muy rápido, como si le molestase una luz fuerte, aunque no había ninguna luz—. ¿Estás herido?
—Rasguños sin importancia.
—¿Y el pergamino?
Kyo hizo un gesto para que aguardasen. Se desabrochó los pantalones, que seguían siendo los de su uniforme del instituto, y se los bajó hasta las rodillas. Sus compañeros se extrañaron por un momento, hasta que vieron que el pergamino auténtico se lo había enrollado alrededor del muslo, justo encima de la rodilla, enganchándolo al otro lado con el cierre metálico. Lo cogió, lo enrolló de nuevo en su forma correcta y volvió a abrocharse los pantalones.
—Claro… El Dobutsu iba a cachearte por todas partes y revisar tu mochila —entendió Yako—. No podía notar un bulto extra y descubrir dos pergaminos.
—¿Por qué estáis aquí? ¿Cuál es vuestro plan?
—Me huelo que de aquí a unos minutos van a descubrir que es falso —dijo Raijin—. Aprovecha esta ventaja que has ganado, Kyo, sigue y no pares hasta llegar a casa —miró un momento su reloj—. Los otros miembros de la MRS estaban vigilando los puentes del río Ara, pero hemos hecho que la policía se presente en ellos con un falso aviso de actividad criminal hace rato, ahuyentándolos.
—Pero yo ahora tendré que pasar a través de la policía, entonces…
—No. Ahora mismo Kiyomaro ya le ha dicho a la policía que tiene otro chivatazo de que la operación criminal que esperaban ahí ha sido programada para otro lugar, o cancelada, de modo que, para cuando llegues al río Ara, la policía ya se habrá ido del lugar. Y no te preocupes por esos otros miembros de la MRS, no podrán ir a por ti porque Pipi y su SRS se están enfrentando a ellos ahora. Nosotros tenemos la misma intención con los cuatro que te perseguían, para que no vayan ahora a por ti otra vez. Todos vamos a mantener a toda la MRS ocupada en una pelea para que puedas volver con el pergamino a casa.
—Oh… No esperaba que esto causase tantas molestias… Si llego a casa, ya podréis detener la pelea, ¿no? Me daré prisa.
—La pelea es inevitable, tiene que seguir hasta que un bando sea derrotado —le explicó Raijin—. Tú tienes que llevar el pergamino a salvo a tu casa, pero la SRS y nosotros tendremos que seguir hasta el final con la pelea.
—No… no recuerdo haber aprendido sobre esa norma en el Monte… —se quedó confuso.
—Porque esto no es algo oficial —le explicó Sam—. Es un acuerdo entre RS, y no es igual en todos los países. Son “normas de la calle”, como suelen llamarlas algunos.
—La norma oficial es que ningún iris puede robar ni allanar la casa de ningún otro iris, sobre todo si convive con humanos —continuó Yako—. El pergamino quedará intocable una vez lo metas en casa. Pero queda saldar el duelo. Esto ha sido un ataque al honor de nuestra RS. Si los derrotamos en una pelea, la MRS tendrá prohibido de aquí en adelante volver a causarnos cualquier afrenta. Y, la verdad… no nos vendría mal proteger un poco nuestro honor.
—Oh, entiendo —Kyo se puso firme—. De acuerdo, chicos, terminemos con esto. Cumpliré mi deber, estad tranquilos. Os deseo suerte en el vuestro.
—¡Ve con cuidado! —le gritó Yako cuando Kyo ya se marchó corriendo en dirección a Tokio. Seguidamente, sacó su teléfono móvil y escribió un mensaje.
—¿Qué haces? —le preguntaron Sam y Raijin.
—Avisar a Lao. Voy a pedirle que espere a Kyo en el puente, que esté atento a su llegada. Me preocupa que no le queden fuerzas para llegar a casa solo.
—¿Qué? ¿A qué te refieres con eso?
—No lo sé. He notado algo raro en su iris, una inestabilidad energética —intentó explicarles Yako, mientras seguían su camino.
—¿Puedes detectar cuándo nuestros iris sufren desajustes energéticos? —preguntó Sam con interés.
—Puedo detectar si algo va bien o mal en ellos, pero no sé… no sé identificar el problema exactamente —dijo Yako, un poco avergonzado—. Eso ya es algo… que sabe hacer Alvion. Lo que acabo de notar en Kyo no sé bien lo que es, pero es como una parte dañada. Creo que puede ser por el frío. A los Ka les afecta mucho si están mucho tiempo expuestos a él. No os preocupéis, Lao se encargará de él.
—De acuerdo, escuchad —los paró Raijin un segundo—. Yo voy a adelantarme, para ver cómo está la situación. No podemos dejar que esos se alejen ahora del Templo Tsukino y perderlos de vista de regreso a la urbe o a donde haya humanos. Hay que atacarles en ese terreno abandonado. Mientras tanto, vosotros id yendo para allá lo más rápido que podáis, os esperaré allí.
—A la orden —respondieron Yako y Sam.
Una vez que Raijin se aseguró de que en ese momento no pasaba ningún coche ni ninguna persona por ese tramo del puente, desapareció en un parpadeo, como el rayo, literalmente a la velocidad de la luz, dejando tras de sí una breve y fina estela amarilla. Por su parte, Yako y Sam, que no tenían esta capacidad de Raijin, echaron a correr, sin embargo, a una velocidad también inhumana.
La relación de Alvion y de Neuval me hace mucha gracia, porque hay confianza pero también el pique que podía existir entre un abuelo cansado y un nieto que solo da dolores de cabeza. Pero es obvio el respeto mutuo que se tienen a pesar de todo y la confianza también.
ResponderEliminarNo me acordaba de los Knives y creo que ni siquiera en la versión anterior, terminó de quedar claro que era esta familia exactamente ni de dónde venían sus peculiares habilidades, ni las capacidad que poseían para incluso ser capaz de asustar a los iris o a los zou. O al menos yo era una idiota que no terminó de aclararse, que tambien es posible xD