Seguidores

1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __









46.
Peleas (3/3)

Kyo, al fin, había llegado al tramo de la autopista de la bahía que pasaba sobre el río Ara. Cruzó el puente con más calma para recuperar un poco el aliento. El aire a esas horas estaba helado y debía tener cuidado de mantener su calor corporal.

Los coches pasaban con normalidad. Comprobó aliviando que no había presencia policial. Debían de haberse desplazado a otra parte hace un rato, recibiendo de Kiyomaro el nuevo chivatazo falso. Tenía, sin duda, el resto del camino despejado. Ahora sólo le quedaban unos 13 kilómetros más hasta el distrito de Shibuya, hasta su casa.

Sin embargo, esta notando su cuerpo más pesado de lo normal, y algo de niebla en su mente. No sabía a qué se debía. En casa de Xaviero ya repuso energías, y en el bar de carretera había dormido pocas horas, pero suficientes para estar bien. Claro que… lo sucedido en ese bar no había sido revitalizador precisamente. Kyo seguía viendo algunos destellos cuando cerraba los párpados.

Tenía un aspecto horrible, ya se había dado cuenta de que iba a tener que comprarse otro uniforme para el instituto. Estaba deseando darse un baño con agua hirviendo y dormir en su cama. Había estado desde el viernes pasado, hace cinco días, corriendo de un lado a otro, huyendo de la MRS y preocupado por poner a salvo el pergamino a todas horas.

Cerca del final del camino, entornó los ojos para ver bien. Le pareció que había alguien allí, y cuando anduvo unos pasos más, pudo reconocer su cabello blanco. Él también lo había visto, pues había echado a correr hacia él. Cuando lo tuvo a dos pasos, lo primero que hizo el viejo Lao fue abrazarlo con todas sus fuerzas, levantándolo del suelo, de tal forma que Kyo creyó sentir que se le rompía una costilla.

—¡Sí, señor! ¡Sabía que todo saldría bien! —carcajeó Lao, dejándolo de nuevo en el suelo.

—Yo también me alegro de verte, abuelo Lian —sonrió Kyo—. Tengo el pergamino bien guardado, la verdad es que podría haber sido peor.

—¿A quién le importa el papel de culo ese? Estás bien, ¿verdad? —preguntó, cogiéndole la cabeza, los brazos, dándole la vuelta, examinándolo.

—Ya vale —protestó con paciencia—. Estoy perfectamente.

—Sólo pequeños rasguños y disfrazado de vagabundo, me conformo. ¿Cómo van Raijin y los demás?

—Deben de estar con el duelo todavía. Pero sé que podemos confiar en ellos.

Los dos permanecieron un rato en silencio, en el que Lao lo estuvo observando con una preocupación contenida, sin poder evitar recordar la discusión que tuvo con su madre Suzu, mientras el chico se ponía la bufanda sobre la cabeza para abrigarse las orejas.

—Kyo… —murmuró Lao—. Oye, ¿estás seguro de querer seguir metido en este trabajo?

—Claro —contestó con firmeza—. No me voy a echar atrás ahora, abuelo.

—Ten en cuenta todo lo que te espera —insistió—. Mucha gente preferiría tener una vida normal.

—Hah... —casi rio—. ¿Vida normal? ¿Qué es eso? Desde que nací, he crecido viéndote a ti y a Yousuke creando y controlando el fuego con vuestra mente y cuerpo, luchando contra criminales, salvando vidas, levantando camiones sobre vuestras cabezas o saltando veinte metros de altura.

—Pero ya no eres el espectador que observa al margen y libre de responsabilidades.

—Tienes razón. Ahora soy como tú y como You. Pero tener una "vida normal" se me hace una opción pequeña y aburrida cuando todo un mundo mucho más grande se abrió ante mí desde que tengo memoria. Convertirme en iris no es la razón por la que rechazo vivir en la normalidad y en la ignorancia, abuelo, sino ser un Lao. Y esto deberías saberlo ya.

—Tampoco te involucrabas demasiado en los asuntos de iris cuando eras humano —frunció el ceño.

—No hablaba de mí —sonrió.

—Ay, Dios mío... —entendió el viejo—. ¿Qué ha hecho tu hermana ahora?

—Tranquilo, desde que llegué del Monte hace unas semanas y me regalaste la Maître, me he pasado 24 horas al día oyéndola quejarse de lo injusto que es que no la dejes tener sus propias pistolas.

—¿¡Para qué quiere Mei Ling unas pistolas!?

—Está cansada de despellejarse los nudillos de tantos puñetazos que da a delincuentes callejeros cuando salva a alguien indefenso de ellos. Dice que, si tuviera dos pistolas enormes, solamente tendría que enseñarlas para ahuyentar en dos segundos a los delincuentes y ahorrarse los puñetazos.

—¡Dile a tu hermana por milésima vez que deje de hacer esas cosas por la calle, que eso es trabajo de los iris, no de los humanos!

—Ya sé. ¿Por qué no se lo dices tú en persona, por una vez?

—¿¡Estás loco!? ¡La última vez que se lo dije se pasó cuatro horas gritándome por haber herido su orgullo humano y su derecho humano de hacer lo que quiera con sus puños! ¡Y después, una semana sin hablarme! Que se lo diga yo la pone más frenética que si se lo dice otro. Mei Ling me da miedo...

—¿Entiendes ahora que los Lao somos así de espíritu, y no por el iris, y que no puedes hacer nada por evitarlo?

El viejo se quedó callado. Tenía que reconocer que el chico tenía razón. Por eso, preguntarle a Kyo si no prefería tener una vida normal era quizá algo ofensivo para él, como lo era para Mei Ling que su abuelo le dijese que ella como humana no debería hacer lo que es trabajo de un iris.

Obviamente, Lao comenzó a vivir de la mano inseparable del miedo desde el momento en que se casó y tuvo a su hijo Sai. La familia que él creó iba a vivir ligada a la Asociación para siempre porque él era un iris y pensaba serlo para siempre. Por eso, tenía que atenerse a las consecuencias, no sólo provocadas por su profesión, sino también provocadas por su sangre.

El viejo Lao no era un luchador por ser un iris, era un iris porque siempre fue un luchador. Irónicamente, su nieta mayor Mei Ling era la Lao que más se parecía a él de todos, defendiendo al mismo tiempo su honor como humana. De modo que ser así, ser de aquella forma, ya estaba en los genes Lao. Pero incluso estos genes habían llegado a expandirse más allá de la sangre y habían influido de igual manera a Neuval, a Lex, a Cleven y a Yenkis. A pesar de que estos dos últimos no recordaran ni supieran nada. Mantener el apellido biológico Vernoux sólo era para mantener la seguridad. Pero Neuval, Lex, Cleven y Yenkis eran originalmente auténticos Lao de espíritu.

—Además —añadió Kyo—. No voy dejar que los asesinos de papá y de You se libren de la venganza y el sufrimiento que merecen.

Lao lo observó con un brillo de orgullo en los ojos.

—Muy bien —asintió el viejo—. Venga, te llevaré a tu casa, necesitas descansar.

—Sí —contestó, emprendiendo la marcha—. Ah, por cierto... —recordó mientras se frotaba los ojos, sintiendo un pequeño mareo—. Tengo que hablar con Fuujin de algo importante.

—¿Y eso?

—Como tú siempre andas con él, ¿podrías decirle que tengo que contarle una cosa? Personalmente.

—No sé... —titubeó—. Espero que no sea algo relacionado con las RS, porque Neuval con esos asuntos ya no quiere tener nada que ver...

—Sí, lo sé, pero creo que debe saberlo, le guste o no —insistió, volviendo a frotarse los ojos, debilitándose—. Además, recuerdo que el día en que nos declaró lo de su exilio, nos dijo que no le involucrásemos más en estas cosas, salvo una excepción: dijo que si por casualidad veíamos algún día a cierta persona, le informásemos de ello enseguida.

—¿Cierta persona? —preguntó confuso.

—Bueno, ¿puedes decírselo?

—Sí, claro.

—Ahora.

—No, no, no, chavalín —lo frenó—. Lo haré mañana, tú ahora te vas a casa y te relajas, ¿entendido?

—Pero… —fue a protestar, sin embargo, se le cerraron los ojos de repente y se desplomó.

—¡Eh! —saltó Lao, perplejo, agachándose junto a él—. ¡Hey! ¡Kyo! —le meneó el hombro—. ¿Qué te pasa? ¿Me oyes? ¡Mira, tengo chocolate caliente!

Lao se dio cuenta de que el chico estaba inconsciente. Se tranquilizó al ver que no pasaba nada grave, pensó que era cosa del cansancio, más bien esperó que fuera por eso. Así que, cargando con él a caballito, se apresuró a llevarlo a casa.


* * * * * *


La situación con Sakura y con Effie estaba en un momento peliagudo. Cuando se trataba de una pelea entre diferentes elementos, era casi como jugar a "piedra, papel o tijera". Según cómo usasen las diversas capacidades o efectos físicos de sus elementos, podían tener ventaja o desventaja entre ellos.

Por ejemplo, el iris Fuu tenía la gran ventaja de que su elemento, el aire, lo envolvía todo. A no ser que algo estuviera sumergido en agua o bajo tierra, ese algo estaba en constante contacto con el aire. Aquí, Sakura podía defenderse con su agua contra el Fuu enemigo. Por su parte, el iris Yami tenía un efecto letal sobre los demás, ya que creaba el vacío, hacía desaparecer la materia, y todos los demás elementos eran materia. No obstante, lo tenía mucho más difícil con el elemento Den, o el Hosha, ya que la energía lumínica o la electromagnética no tenían ningún problema con existir o desplazarse por el vacío, a no ser que el Yami concentrara más esfuerzo en hacer desaparecer estas formas de energía, pero para eso tenía que ser más rápido que ellas. Y era difícil ser más rápido que la luz o el rayo. Por tanto, aquí, Effie podía defenderse con su electricidad contra el Yami enemigo.

El problema que tenía Sakura si atacaba al Yami, es que si lanzaba su agua contra él, lenta en comparación con un rayo, él tendría tiempo de crear un campo de vacío entre medias, y al entrar en este, el agua quedaría congelada en un segundo, y al siguiente segundo explotaría en moléculas y estas moléculas desaparecerían. Luego, el problema que tenía Effie si atacaba al Fuu, es que este podía afectar a la carga de electrones que hubiese en el aire de su alrededor simplemente variando las masas y temperaturas del aire, y entorpecer así la descarga eléctrica que ella lanzase o su trayectoria. Pero claro, para eso, el Fuu tenía que estar variando ya mismo las masas de aire y de forma continua, antes del ataque. Si Effie lanzara un rayo primero, obviamente al Fuu no le daría ni un segundo de tiempo para evitarlo con su dominio del aire.

Así que, Sakura y Effie debían trabajar en equipo aquí, ataques coordinados y mutua protección ante sendos enemigos.

Pero ese no era el problema. El problema es que, en medio de su pelea por el Parque Yoyogi, los cuatro iris se habían topado con un coche de policía que iba lentamente por un camino y con las luces apagadas. Al tratar de huir por otro lado, se toparon con otro coche policial haciendo lo mismo. Además, eran vehículos negros, diferentes a los habituales. Por eso, tanto Sakura y Effie como sus dos oponentes se habían largado de inmediato a otra zona del parque, lo más lejos que pudieron. Y ahora estaban ellas dos escondidas tras unos árboles de una zona boscosa, y los otros dos escondidos cerca, detrás de un monumento de piedra de arte moderno. Había algunas farolas encendidas por la zona, pero todo estaba silencioso. Llevaban ya diez minutos así, esperando, no muy seguros de cómo actuar. Hasta que a Effie se le agotó la paciencia.

—¡Bueno! —exclamó, haciéndose oír—. ¡Lo dejamos aquí! ¡Victoria para la SRS y la KRS!

—¡Y una polla como una olla! —contestó uno de los enemigos de la MRS, oyéndose su voz por detrás de aquel monumento—. ¡Si te rajas, significa que ganamos nosotros!

—¡Sé realista, hombre! ¡Los de la MRS ya perdisteis desde el principio! ¡Estamos peleando dos RS contra una! ¡Vuestros compañeros van a perder contra los nuestros de todas formas!

—¡Largaos tú y tu compañera si queréis! —dijo el otro enemigo, el joven Fuu—. ¡Pero eso significará que nosotros seguiremos teniendo vía libre para reunirnos con nuestros compañeros y ganar el duelo!

—¡Vosotros de aquí no os movéis! —saltó Sakura con enfado—. ¡Declarad la derrota! ¿¡No habéis visto esos dos coches patrulla!? ¡A saber cuántos más hay por el parque! ¡No debemos seguir peleando si hay "nocturnos" cerca!

—¡Miedicas!

—¿¡A quiénes llamas miedicas!? —gruñó Effie, saliendo de su escondite con el puño en alto—. ¿¡Quieres que los "nocturnos" te graben la jeta!? ¡Ni a nosotras nos conviene que la poli cace a uno de vosotros, ni a vosotros os conviene que cacen a una de nosotras! ¡Tenemos aquí un enemigo común! ¡No podemos arriesgar a la Asociación entera si este duelo nos acaba exponiendo a los cazadores!

Los "nocturnos" era como los iris de Tokio llamaban a los coches patrulla que conducían única y exclusivamente los agentes que trabajaban para Hatori Nonomiya, el jefe de la Policía, en la específica misión de perseguir o intentar capturar a un iris. Siempre iban con las luces apagadas, eran de color negro y se movían tan lento que el motor apenas emitía sonido, por lo que incluso para los iris era difícil detectarlos con antelación si estaban ocupados en alguna actividad iris por la noche, como acababa de pasarles a estos cuatro.

¿Eran un problema? Eran extremadamente peligrosos, porque eran vehículos equipados con cuatro cámaras de visión nocturna que cubrían toda su visión periférica. Si una de estas cámaras hubiese captado, aunque hubiese sido por un segundo, el rostro de Effie o de los otros justo cuando en esa oscuridad sus ojos izquierdos les brillaban inevitablemente, no sólo los identificarían como iris, sino también su identidad humana, y a partir de ahí, era cuestión de tiempo ser detenido o capturado, y de ahí, ser interrogado, posiblemente torturado, hasta sonsacar la información que podría poner a la Asociación en jaque.

Por supuesto, un iris estaba entrenado para soportar la peor de las torturas e incluso preparado para morir sin soltar ni una sola palabra. Pero desde que el padre de Hatori fundó el mayor grupo internacional clandestino de cazadores de iris hace varias décadas con unos cuantos políticos y convirtió la caza de iris en la misión secreta más importante de esta cooperación internacional, la Asociación ya empezó a sospechar que Takeshi, el padre de Hatori, se había apoderado, de algún modo, de ciertas tácticas para llegar a aturdir o manipular la mente de un iris. Tácticas que supuestamente los humanos no podían llegar a desarrollar o siquiera efectuar. Pero Alvion Zou ya descubrió hace años que Takeshi se hizo amigo de ciertas personas más, aparte de políticos humanos de otros países.

—¿¡Y si en uno de esos "nocturnos" que hemos visto iba el mismísimo Hatori vigilando!? —insistió Sakura.

—¡Dudo que él participe en persona! —replicó uno de la MRS.

—¿¡Naciste ayer!? —impugnó Effie—. ¡Ese Hatori se implica en todo! ¡Va en persona hasta cualquier rincón! ¡No le importa ensuciarse ni meterse por cloacas si es necesario!

Lo que los iris de Japón sabían sobre el carácter de Hatori era cierto, pero no lo sabían todo, como los problemas personales que tenía con su padre. Todos daban por sentado que, si Hatori se encontrara con un iris en bandeja, fuera de juego, en un estado fácil de capturar, lo cazaría sin duda, de inmediato. Lo que no sabían, es que esta situación ya se dio, precisamente ayer. Cuando Drasik y Nakuru estaban acorralados por la iris Den de la MRS y el viejo Lao apareció y la contraatacó con su fuego, la Den quedó inconsciente ahí en la callejuela, y Drasik, Nakuru y Lao se marcharon, dejándola ahí. Ninguno se percató de que Hatori había estado observando aquel altercado desde la distancia con uno de sus subordinados.

Hatori pudo ir perfectamente hasta aquella iris Den noqueada y haberla apresado, pero no lo hizo, y no porque no quisiera, sino porque no lo tenía permitido.

Hace poco más de un año, estuvo en una situación similar, en medio de una operación en la que tuvo una perfecta oportunidad de cazar a un par de iris. Pero, de repente, su padre apareció en la escena, vino en persona en su coche oficial, expresamente para hablar con Hatori en privado y ordenarle que abandonara la operación de inmediato y retirara a todos sus agentes.

Hatori no pudo sentirse más perplejo y contrariado, siendo su padre el mayor y más obsesivo cazador de iris, quien, por una vez, tenía al fin a un par de iris en bandeja gracias a la operación que Hatori había llevado a cabo. Pero Takeshi insistió, y le prohibió por completo capturarlos, a ellos y a cualquier iris que se encontrase. Hatori no pudo desobedecer la orden porque, al fin y al cabo, su padre era el ministro de Interior y máxima autoridad.

Takeshi se justificó diciendo que cazar a un iris era trabajo de su grupo privado y secreto de caza. Que era su trabajo, y no el de Hatori ni de la policía en general. Hatori le dijo que, entonces, le permitiera ingresar en su grupo de caza, ser miembro de él, ser oficialmente un "cazador", pero Takeshi siempre se lo negó. Siempre, sin dudarlo lo más mínimo. Hatori jamás comprendió esto, y era una de sus muchas razones por las que sus sentimientos hacia su padre distaban mucho del afecto. Y si era trabajo de los cazadores del grupo de Takeshi y no de Hatori ni de la policía común, ¿por qué Takeshi no procedió a cazar él mismo a esos iris que tuvieron en bandeja aquel día? Ordenó a todos los agentes abandonar la operación, abandonar el lugar y no hablar de lo ocurrido. Ignorar por completo a aquellos iris, que al final escaparon sin problema. Como si nada hubiera pasado.

Por supuesto. Por supuesto que Hatori sospechaba no, sino que sabía que su padre ocultaba algo. Ya se lo comentó ayer a su subordinado. Por alguna razón que no comprendía y que todavía le enfurecía, Takeshi aparentemente había pausado la caza de los iris hace siete años. Pero tras lo sucedido con la operación de hace año y medio, Hatori ya estaba convencido de que su padre, en verdad, había abandonado por completo la caza de iris. Toda una vida dedicándose a perseguirlos y soñando con capturar a uno y así descubrir y erradicar a la Asociación, y de pronto el viejo ya no quiere hacerlo.

Por tanto, Hatori se preguntaba, ¿qué demonios pasó hace siete años que hizo que su padre no sólo decidiera abandonar la caza de los iris sino también prohibírsela a todos los que estuvieran bajo su mando? ¿Por qué perdió el interés de algo que le había obsesionado durante más de 40 años?

De ahí que el jefe de la Policía ya considerase que la única solución a esta locura era heredar el cargo de su padre, quitarlo a él del medio, y convertirse en el nuevo ministro de Interior, para así empezar a hacer cambios necesarios. Y a retomar la caza abandonada, esta vez, por un camino más eficaz. Hatori así lo esperaba, cuando su padre, el día en que declarase su jubilación dentro de poco, lo eligiera a él como sucesor.

—¡Eh, capullos! ¡Habrá que tomar una decisión en algún momento de la noche! —gritó Effie, harta ya de esperar—. ¡Aplazamiento, nuevo desplazamiento o derrota! ¡Elegid!

—¡Bueno! ¡Mi compañero y yo sugerimos algo! —contestó la voz de uno de ellos más allá, el que dominaba la Oscuridad.

—¿Y bien?

—¡Pues, dada la situación, teniendo en cuenta que hemos dejado a esos dos "nocturnos" bien lejos de aquí... pues...!

De repente Effie oyó un crujido extraño muy cerca de ellas, y en una fracción de segundo, supo lo que era.

—¡Sui-chan, a cubiert-...! —trató de empujar a su compañera más joven, pero un fuerte vendaval inesperado empujó a ambas por los aires y las lanzó a varios metros de distancia.

Tanto Sakura como su compañera tuvieron unas dolorosas caídas sobre una pedregosa pendiente que había entre los árboles y rodaron hasta el arroyo de abajo. Effie se llevó un buen golpe en la cabeza y se quedó aturdida. Sakura, al ver a su compañera así y sobre todo al ver que se había roto su falda nueva y se había hecho un arañazo en su bonito cutis, volvió a ponerse en pie hecha una furia.

—¡Tramposos de mierda, no podéis hacer un ataque antes de acordar con nosotras el estado del duelo! ¡Eso no se hace, cabrones! ¡Son nuestras leyes de la calle! ¡Si el duelo se ve interrumpido por presencia de la policía o del gobierno hay que desplazarse y acordar si se continúa o no!

—¡Hahah! —el Fuu enemigo se dejó ver con la luz blanca de su ojo en la cima de la pendiente, a unos quince metros—. ¡Las leyes de la calle son para delicados, bonita...! ¡Pugh!

El Fuu no vio venir el potente torbellino de agua que Sakura le dirigió desde abajo, usando toda el agua del arroyo, en una trayectoria curva que rodeó los árboles de la zona y lo alcanzó por un lateral, y lo estampó contra el tronco de un árbol. En ese mismo instante, su compañero Yami apareció junto a él y apuntó con sus manos hacia ellas. Formó una alfombra de sombras bajo sus adversarias, que comenzó a engullirlas. Lo que hacían esas sombras era hacer desaparecer la tierra que pisaban y crear un hueco vacío, por el que ambas se estaban hundiendo y perdiendo el calor corporal.

No obstante, Effie, con una ceja sangrando, y su ojo de luz amarilla guiñado para que no le entrara sangre dentro, logró incorporar un poco la cabeza y divisar la luz violeta del Yami allá en lo alto de la pendiente, por lo que nada más alzó un par de dedos de la mano, apuntando hacia él, y le lanzó un certero rayo, que iluminó todo el ambiente en un parpadeo.

El Yami, al recibir la descarga, se quedó agarrotado y cayó al suelo dolorido, sin poder moverse, y las sombras bajo los pies de ellas desaparecieron.

—¡Denjin-san! ¿Estás bien? —Sakura la ayudó a levantarse.

—¡Jugando sucio... esos malditos... bawbags! —gruñó Effie, frotándose la cabeza, pero seguía tambaleándose y todo le daba vueltas.

—Retirémonos a un lugar más seguro unos minutos para que recuperes la estabilidad, Effie, se están poniendo en pie y nos necesitamos la una a la otra para contraatacar sus elementos... Oh, no... —lamentó la Sui cuando, nada más dar media vuelta con su compañera apoyada en su hombro, se encontró, literalmente, con un muro de opacas tinieblas—. ¡Demasiado tarde, el Yami ha creado un campo de vacío gigante!

Las dos cerraron los ojos, porque esa masa negra no les dio ni un instante para reaccionar y las engulló. Notaron el frío más intenso, y la total falta de luz, aire y sonido. Pero, para su sorpresa, no duró más de cinco segundos. Cuando volvieron a abrir los ojos, ambas vieron que esa ola de sombras las traspasó de largo y continuó moviéndose pendiente arriba, hacia donde estaban los otros dos oponentes, que apenas terminaron de levantarse cuando esa oscuridad se les vino encima. El Yami no tendría que preocuparse porque era su elemento, pero se mostró realmente perplejo y asustado porque, si esa impresionante ola de las más opacas sombras no era obra suya, ¿de qué otro Yami, entonces?

No importaba si esas sombras no afectaban al Yami enemigo, porque la verdadera amenaza estaba dentro de ellas. Effie y Sakura, a pesar de que esas sombras eran un campo de vacío y por tanto no podían propagar el sonido de su interior, llegaron a oír algunos ruidos que se le escapaban, y gritos, y extraños destellos violeta moviéndose por dentro a toda velocidad.

Al final, cuando aquella masa de oscuridad desapareció, se hizo el silencio por toda la zona, y entre la escasa luz del ambiente, Sakura y Effie llegaron a divisar a los dos iris de la MRS totalmente fuera de juego en el suelo, y entre ellos, una siniestra y pequeña silueta negra con un ojo que brillaba de luz violeta.

—No puede ser... —lo reconoció Sakura, incrédula.

—¡Hah! —Effie soltó una carcajada—. ¡Jannik! ¡Pero si dijiste que no podías participar!

—¡Podrías haber avisado, nos has dado un susto de cojones! —protestó Sakura.

La pequeña silueta negra agitó un brazo como gesto de despedida y se perdió de vista entre los árboles. Effie y Sakura suspiraron aliviadas, por fin. La Sui se acercó a la boca su reloj de pulsera, que era un reloj inteligente.

—Maestro, por aquí hemos terminado. Ha aparecido Jannik en el último momento, dando el último golpe de gracia a nuestros oponentes.

—"Genial, chicas" —contestó la voz de Pipi—. "No habéis sido las únicas. Jannik también ha aparecido en la pelea de Eddie y Waine con su adversario, y en la mía con mis dos oponentes, lanzando un golpe final inesperado. ¡Hahaha! No es que yo lo necesitara, pero me ha ahorrado tiempo y esfuerzo."

—Pipi, te lo juro, ese niño a veces me da miedo —susurró Sakura.

—"Oye, sé amable con vuestro nuevo 'hermanito', que ya lleva un año con nosotros. Por algo le designé el cargo de Guardián."

—¡Sólo tiene 7 años! ¡Y apenas lleva dos años siendo iris! ¡Y tiene una forma de luchar muy rara! ¡Igual que su aspecto y su forma de hablar!

—"Dijo la gal que se pone conjuntos de ropa estrafalarios, se maquilla la cara con colores y adhesivos muy cuquis y suelta frases como 'o sea, nenis, te quedan guapis estas zapas'."

—¡Maestro! —se sonrojó Sakura con vergüenza.

—¡Ajajaj...! ¡Me meo...! —Effie ya estaba llorando de la risa.

—"Buen trabajo a todos" —dijo Pipi, comunicándose con ellas y también con sus otros compañeros—. "Si Raijin no vuelve a comunicarse para solicitar alguna otra ayuda, no hay más órdenes por mi parte" —y cerró la conexión.









46.
Peleas (3/3)

Kyo, al fin, había llegado al tramo de la autopista de la bahía que pasaba sobre el río Ara. Cruzó el puente con más calma para recuperar un poco el aliento. El aire a esas horas estaba helado y debía tener cuidado de mantener su calor corporal.

Los coches pasaban con normalidad. Comprobó aliviando que no había presencia policial. Debían de haberse desplazado a otra parte hace un rato, recibiendo de Kiyomaro el nuevo chivatazo falso. Tenía, sin duda, el resto del camino despejado. Ahora sólo le quedaban unos 13 kilómetros más hasta el distrito de Shibuya, hasta su casa.

Sin embargo, esta notando su cuerpo más pesado de lo normal, y algo de niebla en su mente. No sabía a qué se debía. En casa de Xaviero ya repuso energías, y en el bar de carretera había dormido pocas horas, pero suficientes para estar bien. Claro que… lo sucedido en ese bar no había sido revitalizador precisamente. Kyo seguía viendo algunos destellos cuando cerraba los párpados.

Tenía un aspecto horrible, ya se había dado cuenta de que iba a tener que comprarse otro uniforme para el instituto. Estaba deseando darse un baño con agua hirviendo y dormir en su cama. Había estado desde el viernes pasado, hace cinco días, corriendo de un lado a otro, huyendo de la MRS y preocupado por poner a salvo el pergamino a todas horas.

Cerca del final del camino, entornó los ojos para ver bien. Le pareció que había alguien allí, y cuando anduvo unos pasos más, pudo reconocer su cabello blanco. Él también lo había visto, pues había echado a correr hacia él. Cuando lo tuvo a dos pasos, lo primero que hizo el viejo Lao fue abrazarlo con todas sus fuerzas, levantándolo del suelo, de tal forma que Kyo creyó sentir que se le rompía una costilla.

—¡Sí, señor! ¡Sabía que todo saldría bien! —carcajeó Lao, dejándolo de nuevo en el suelo.

—Yo también me alegro de verte, abuelo Lian —sonrió Kyo—. Tengo el pergamino bien guardado, la verdad es que podría haber sido peor.

—¿A quién le importa el papel de culo ese? Estás bien, ¿verdad? —preguntó, cogiéndole la cabeza, los brazos, dándole la vuelta, examinándolo.

—Ya vale —protestó con paciencia—. Estoy perfectamente.

—Sólo pequeños rasguños y disfrazado de vagabundo, me conformo. ¿Cómo van Raijin y los demás?

—Deben de estar con el duelo todavía. Pero sé que podemos confiar en ellos.

Los dos permanecieron un rato en silencio, en el que Lao lo estuvo observando con una preocupación contenida, sin poder evitar recordar la discusión que tuvo con su madre Suzu, mientras el chico se ponía la bufanda sobre la cabeza para abrigarse las orejas.

—Kyo… —murmuró Lao—. Oye, ¿estás seguro de querer seguir metido en este trabajo?

—Claro —contestó con firmeza—. No me voy a echar atrás ahora, abuelo.

—Ten en cuenta todo lo que te espera —insistió—. Mucha gente preferiría tener una vida normal.

—Hah... —casi rio—. ¿Vida normal? ¿Qué es eso? Desde que nací, he crecido viéndote a ti y a Yousuke creando y controlando el fuego con vuestra mente y cuerpo, luchando contra criminales, salvando vidas, levantando camiones sobre vuestras cabezas o saltando veinte metros de altura.

—Pero ya no eres el espectador que observa al margen y libre de responsabilidades.

—Tienes razón. Ahora soy como tú y como You. Pero tener una "vida normal" se me hace una opción pequeña y aburrida cuando todo un mundo mucho más grande se abrió ante mí desde que tengo memoria. Convertirme en iris no es la razón por la que rechazo vivir en la normalidad y en la ignorancia, abuelo, sino ser un Lao. Y esto deberías saberlo ya.

—Tampoco te involucrabas demasiado en los asuntos de iris cuando eras humano —frunció el ceño.

—No hablaba de mí —sonrió.

—Ay, Dios mío... —entendió el viejo—. ¿Qué ha hecho tu hermana ahora?

—Tranquilo, desde que llegué del Monte hace unas semanas y me regalaste la Maître, me he pasado 24 horas al día oyéndola quejarse de lo injusto que es que no la dejes tener sus propias pistolas.

—¿¡Para qué quiere Mei Ling unas pistolas!?

—Está cansada de despellejarse los nudillos de tantos puñetazos que da a delincuentes callejeros cuando salva a alguien indefenso de ellos. Dice que, si tuviera dos pistolas enormes, solamente tendría que enseñarlas para ahuyentar en dos segundos a los delincuentes y ahorrarse los puñetazos.

—¡Dile a tu hermana por milésima vez que deje de hacer esas cosas por la calle, que eso es trabajo de los iris, no de los humanos!

—Ya sé. ¿Por qué no se lo dices tú en persona, por una vez?

—¿¡Estás loco!? ¡La última vez que se lo dije se pasó cuatro horas gritándome por haber herido su orgullo humano y su derecho humano de hacer lo que quiera con sus puños! ¡Y después, una semana sin hablarme! Que se lo diga yo la pone más frenética que si se lo dice otro. Mei Ling me da miedo...

—¿Entiendes ahora que los Lao somos así de espíritu, y no por el iris, y que no puedes hacer nada por evitarlo?

El viejo se quedó callado. Tenía que reconocer que el chico tenía razón. Por eso, preguntarle a Kyo si no prefería tener una vida normal era quizá algo ofensivo para él, como lo era para Mei Ling que su abuelo le dijese que ella como humana no debería hacer lo que es trabajo de un iris.

Obviamente, Lao comenzó a vivir de la mano inseparable del miedo desde el momento en que se casó y tuvo a su hijo Sai. La familia que él creó iba a vivir ligada a la Asociación para siempre porque él era un iris y pensaba serlo para siempre. Por eso, tenía que atenerse a las consecuencias, no sólo provocadas por su profesión, sino también provocadas por su sangre.

El viejo Lao no era un luchador por ser un iris, era un iris porque siempre fue un luchador. Irónicamente, su nieta mayor Mei Ling era la Lao que más se parecía a él de todos, defendiendo al mismo tiempo su honor como humana. De modo que ser así, ser de aquella forma, ya estaba en los genes Lao. Pero incluso estos genes habían llegado a expandirse más allá de la sangre y habían influido de igual manera a Neuval, a Lex, a Cleven y a Yenkis. A pesar de que estos dos últimos no recordaran ni supieran nada. Mantener el apellido biológico Vernoux sólo era para mantener la seguridad. Pero Neuval, Lex, Cleven y Yenkis eran originalmente auténticos Lao de espíritu.

—Además —añadió Kyo—. No voy dejar que los asesinos de papá y de You se libren de la venganza y el sufrimiento que merecen.

Lao lo observó con un brillo de orgullo en los ojos.

—Muy bien —asintió el viejo—. Venga, te llevaré a tu casa, necesitas descansar.

—Sí —contestó, emprendiendo la marcha—. Ah, por cierto... —recordó mientras se frotaba los ojos, sintiendo un pequeño mareo—. Tengo que hablar con Fuujin de algo importante.

—¿Y eso?

—Como tú siempre andas con él, ¿podrías decirle que tengo que contarle una cosa? Personalmente.

—No sé... —titubeó—. Espero que no sea algo relacionado con las RS, porque Neuval con esos asuntos ya no quiere tener nada que ver...

—Sí, lo sé, pero creo que debe saberlo, le guste o no —insistió, volviendo a frotarse los ojos, debilitándose—. Además, recuerdo que el día en que nos declaró lo de su exilio, nos dijo que no le involucrásemos más en estas cosas, salvo una excepción: dijo que si por casualidad veíamos algún día a cierta persona, le informásemos de ello enseguida.

—¿Cierta persona? —preguntó confuso.

—Bueno, ¿puedes decírselo?

—Sí, claro.

—Ahora.

—No, no, no, chavalín —lo frenó—. Lo haré mañana, tú ahora te vas a casa y te relajas, ¿entendido?

—Pero… —fue a protestar, sin embargo, se le cerraron los ojos de repente y se desplomó.

—¡Eh! —saltó Lao, perplejo, agachándose junto a él—. ¡Hey! ¡Kyo! —le meneó el hombro—. ¿Qué te pasa? ¿Me oyes? ¡Mira, tengo chocolate caliente!

Lao se dio cuenta de que el chico estaba inconsciente. Se tranquilizó al ver que no pasaba nada grave, pensó que era cosa del cansancio, más bien esperó que fuera por eso. Así que, cargando con él a caballito, se apresuró a llevarlo a casa.


* * * * * *


La situación con Sakura y con Effie estaba en un momento peliagudo. Cuando se trataba de una pelea entre diferentes elementos, era casi como jugar a "piedra, papel o tijera". Según cómo usasen las diversas capacidades o efectos físicos de sus elementos, podían tener ventaja o desventaja entre ellos.

Por ejemplo, el iris Fuu tenía la gran ventaja de que su elemento, el aire, lo envolvía todo. A no ser que algo estuviera sumergido en agua o bajo tierra, ese algo estaba en constante contacto con el aire. Aquí, Sakura podía defenderse con su agua contra el Fuu enemigo. Por su parte, el iris Yami tenía un efecto letal sobre los demás, ya que creaba el vacío, hacía desaparecer la materia, y todos los demás elementos eran materia. No obstante, lo tenía mucho más difícil con el elemento Den, o el Hosha, ya que la energía lumínica o la electromagnética no tenían ningún problema con existir o desplazarse por el vacío, a no ser que el Yami concentrara más esfuerzo en hacer desaparecer estas formas de energía, pero para eso tenía que ser más rápido que ellas. Y era difícil ser más rápido que la luz o el rayo. Por tanto, aquí, Effie podía defenderse con su electricidad contra el Yami enemigo.

El problema que tenía Sakura si atacaba al Yami, es que si lanzaba su agua contra él, lenta en comparación con un rayo, él tendría tiempo de crear un campo de vacío entre medias, y al entrar en este, el agua quedaría congelada en un segundo, y al siguiente segundo explotaría en moléculas y estas moléculas desaparecerían. Luego, el problema que tenía Effie si atacaba al Fuu, es que este podía afectar a la carga de electrones que hubiese en el aire de su alrededor simplemente variando las masas y temperaturas del aire, y entorpecer así la descarga eléctrica que ella lanzase o su trayectoria. Pero claro, para eso, el Fuu tenía que estar variando ya mismo las masas de aire y de forma continua, antes del ataque. Si Effie lanzara un rayo primero, obviamente al Fuu no le daría ni un segundo de tiempo para evitarlo con su dominio del aire.

Así que, Sakura y Effie debían trabajar en equipo aquí, ataques coordinados y mutua protección ante sendos enemigos.

Pero ese no era el problema. El problema es que, en medio de su pelea por el Parque Yoyogi, los cuatro iris se habían topado con un coche de policía que iba lentamente por un camino y con las luces apagadas. Al tratar de huir por otro lado, se toparon con otro coche policial haciendo lo mismo. Además, eran vehículos negros, diferentes a los habituales. Por eso, tanto Sakura y Effie como sus dos oponentes se habían largado de inmediato a otra zona del parque, lo más lejos que pudieron. Y ahora estaban ellas dos escondidas tras unos árboles de una zona boscosa, y los otros dos escondidos cerca, detrás de un monumento de piedra de arte moderno. Había algunas farolas encendidas por la zona, pero todo estaba silencioso. Llevaban ya diez minutos así, esperando, no muy seguros de cómo actuar. Hasta que a Effie se le agotó la paciencia.

—¡Bueno! —exclamó, haciéndose oír—. ¡Lo dejamos aquí! ¡Victoria para la SRS y la KRS!

—¡Y una polla como una olla! —contestó uno de los enemigos de la MRS, oyéndose su voz por detrás de aquel monumento—. ¡Si te rajas, significa que ganamos nosotros!

—¡Sé realista, hombre! ¡Los de la MRS ya perdisteis desde el principio! ¡Estamos peleando dos RS contra una! ¡Vuestros compañeros van a perder contra los nuestros de todas formas!

—¡Largaos tú y tu compañera si queréis! —dijo el otro enemigo, el joven Fuu—. ¡Pero eso significará que nosotros seguiremos teniendo vía libre para reunirnos con nuestros compañeros y ganar el duelo!

—¡Vosotros de aquí no os movéis! —saltó Sakura con enfado—. ¡Declarad la derrota! ¿¡No habéis visto esos dos coches patrulla!? ¡A saber cuántos más hay por el parque! ¡No debemos seguir peleando si hay "nocturnos" cerca!

—¡Miedicas!

—¿¡A quiénes llamas miedicas!? —gruñó Effie, saliendo de su escondite con el puño en alto—. ¿¡Quieres que los "nocturnos" te graben la jeta!? ¡Ni a nosotras nos conviene que la poli cace a uno de vosotros, ni a vosotros os conviene que cacen a una de nosotras! ¡Tenemos aquí un enemigo común! ¡No podemos arriesgar a la Asociación entera si este duelo nos acaba exponiendo a los cazadores!

Los "nocturnos" era como los iris de Tokio llamaban a los coches patrulla que conducían única y exclusivamente los agentes que trabajaban para Hatori Nonomiya, el jefe de la Policía, en la específica misión de perseguir o intentar capturar a un iris. Siempre iban con las luces apagadas, eran de color negro y se movían tan lento que el motor apenas emitía sonido, por lo que incluso para los iris era difícil detectarlos con antelación si estaban ocupados en alguna actividad iris por la noche, como acababa de pasarles a estos cuatro.

¿Eran un problema? Eran extremadamente peligrosos, porque eran vehículos equipados con cuatro cámaras de visión nocturna que cubrían toda su visión periférica. Si una de estas cámaras hubiese captado, aunque hubiese sido por un segundo, el rostro de Effie o de los otros justo cuando en esa oscuridad sus ojos izquierdos les brillaban inevitablemente, no sólo los identificarían como iris, sino también su identidad humana, y a partir de ahí, era cuestión de tiempo ser detenido o capturado, y de ahí, ser interrogado, posiblemente torturado, hasta sonsacar la información que podría poner a la Asociación en jaque.

Por supuesto, un iris estaba entrenado para soportar la peor de las torturas e incluso preparado para morir sin soltar ni una sola palabra. Pero desde que el padre de Hatori fundó el mayor grupo internacional clandestino de cazadores de iris hace varias décadas con unos cuantos políticos y convirtió la caza de iris en la misión secreta más importante de esta cooperación internacional, la Asociación ya empezó a sospechar que Takeshi, el padre de Hatori, se había apoderado, de algún modo, de ciertas tácticas para llegar a aturdir o manipular la mente de un iris. Tácticas que supuestamente los humanos no podían llegar a desarrollar o siquiera efectuar. Pero Alvion Zou ya descubrió hace años que Takeshi se hizo amigo de ciertas personas más, aparte de políticos humanos de otros países.

—¿¡Y si en uno de esos "nocturnos" que hemos visto iba el mismísimo Hatori vigilando!? —insistió Sakura.

—¡Dudo que él participe en persona! —replicó uno de la MRS.

—¿¡Naciste ayer!? —impugnó Effie—. ¡Ese Hatori se implica en todo! ¡Va en persona hasta cualquier rincón! ¡No le importa ensuciarse ni meterse por cloacas si es necesario!

Lo que los iris de Japón sabían sobre el carácter de Hatori era cierto, pero no lo sabían todo, como los problemas personales que tenía con su padre. Todos daban por sentado que, si Hatori se encontrara con un iris en bandeja, fuera de juego, en un estado fácil de capturar, lo cazaría sin duda, de inmediato. Lo que no sabían, es que esta situación ya se dio, precisamente ayer. Cuando Drasik y Nakuru estaban acorralados por la iris Den de la MRS y el viejo Lao apareció y la contraatacó con su fuego, la Den quedó inconsciente ahí en la callejuela, y Drasik, Nakuru y Lao se marcharon, dejándola ahí. Ninguno se percató de que Hatori había estado observando aquel altercado desde la distancia con uno de sus subordinados.

Hatori pudo ir perfectamente hasta aquella iris Den noqueada y haberla apresado, pero no lo hizo, y no porque no quisiera, sino porque no lo tenía permitido.

Hace poco más de un año, estuvo en una situación similar, en medio de una operación en la que tuvo una perfecta oportunidad de cazar a un par de iris. Pero, de repente, su padre apareció en la escena, vino en persona en su coche oficial, expresamente para hablar con Hatori en privado y ordenarle que abandonara la operación de inmediato y retirara a todos sus agentes.

Hatori no pudo sentirse más perplejo y contrariado, siendo su padre el mayor y más obsesivo cazador de iris, quien, por una vez, tenía al fin a un par de iris en bandeja gracias a la operación que Hatori había llevado a cabo. Pero Takeshi insistió, y le prohibió por completo capturarlos, a ellos y a cualquier iris que se encontrase. Hatori no pudo desobedecer la orden porque, al fin y al cabo, su padre era el ministro de Interior y máxima autoridad.

Takeshi se justificó diciendo que cazar a un iris era trabajo de su grupo privado y secreto de caza. Que era su trabajo, y no el de Hatori ni de la policía en general. Hatori le dijo que, entonces, le permitiera ingresar en su grupo de caza, ser miembro de él, ser oficialmente un "cazador", pero Takeshi siempre se lo negó. Siempre, sin dudarlo lo más mínimo. Hatori jamás comprendió esto, y era una de sus muchas razones por las que sus sentimientos hacia su padre distaban mucho del afecto. Y si era trabajo de los cazadores del grupo de Takeshi y no de Hatori ni de la policía común, ¿por qué Takeshi no procedió a cazar él mismo a esos iris que tuvieron en bandeja aquel día? Ordenó a todos los agentes abandonar la operación, abandonar el lugar y no hablar de lo ocurrido. Ignorar por completo a aquellos iris, que al final escaparon sin problema. Como si nada hubiera pasado.

Por supuesto. Por supuesto que Hatori sospechaba no, sino que sabía que su padre ocultaba algo. Ya se lo comentó ayer a su subordinado. Por alguna razón que no comprendía y que todavía le enfurecía, Takeshi aparentemente había pausado la caza de los iris hace siete años. Pero tras lo sucedido con la operación de hace año y medio, Hatori ya estaba convencido de que su padre, en verdad, había abandonado por completo la caza de iris. Toda una vida dedicándose a perseguirlos y soñando con capturar a uno y así descubrir y erradicar a la Asociación, y de pronto el viejo ya no quiere hacerlo.

Por tanto, Hatori se preguntaba, ¿qué demonios pasó hace siete años que hizo que su padre no sólo decidiera abandonar la caza de los iris sino también prohibírsela a todos los que estuvieran bajo su mando? ¿Por qué perdió el interés de algo que le había obsesionado durante más de 40 años?

De ahí que el jefe de la Policía ya considerase que la única solución a esta locura era heredar el cargo de su padre, quitarlo a él del medio, y convertirse en el nuevo ministro de Interior, para así empezar a hacer cambios necesarios. Y a retomar la caza abandonada, esta vez, por un camino más eficaz. Hatori así lo esperaba, cuando su padre, el día en que declarase su jubilación dentro de poco, lo eligiera a él como sucesor.

—¡Eh, capullos! ¡Habrá que tomar una decisión en algún momento de la noche! —gritó Effie, harta ya de esperar—. ¡Aplazamiento, nuevo desplazamiento o derrota! ¡Elegid!

—¡Bueno! ¡Mi compañero y yo sugerimos algo! —contestó la voz de uno de ellos más allá, el que dominaba la Oscuridad.

—¿Y bien?

—¡Pues, dada la situación, teniendo en cuenta que hemos dejado a esos dos "nocturnos" bien lejos de aquí... pues...!

De repente Effie oyó un crujido extraño muy cerca de ellas, y en una fracción de segundo, supo lo que era.

—¡Sui-chan, a cubiert-...! —trató de empujar a su compañera más joven, pero un fuerte vendaval inesperado empujó a ambas por los aires y las lanzó a varios metros de distancia.

Tanto Sakura como su compañera tuvieron unas dolorosas caídas sobre una pedregosa pendiente que había entre los árboles y rodaron hasta el arroyo de abajo. Effie se llevó un buen golpe en la cabeza y se quedó aturdida. Sakura, al ver a su compañera así y sobre todo al ver que se había roto su falda nueva y se había hecho un arañazo en su bonito cutis, volvió a ponerse en pie hecha una furia.

—¡Tramposos de mierda, no podéis hacer un ataque antes de acordar con nosotras el estado del duelo! ¡Eso no se hace, cabrones! ¡Son nuestras leyes de la calle! ¡Si el duelo se ve interrumpido por presencia de la policía o del gobierno hay que desplazarse y acordar si se continúa o no!

—¡Hahah! —el Fuu enemigo se dejó ver con la luz blanca de su ojo en la cima de la pendiente, a unos quince metros—. ¡Las leyes de la calle son para delicados, bonita...! ¡Pugh!

El Fuu no vio venir el potente torbellino de agua que Sakura le dirigió desde abajo, usando toda el agua del arroyo, en una trayectoria curva que rodeó los árboles de la zona y lo alcanzó por un lateral, y lo estampó contra el tronco de un árbol. En ese mismo instante, su compañero Yami apareció junto a él y apuntó con sus manos hacia ellas. Formó una alfombra de sombras bajo sus adversarias, que comenzó a engullirlas. Lo que hacían esas sombras era hacer desaparecer la tierra que pisaban y crear un hueco vacío, por el que ambas se estaban hundiendo y perdiendo el calor corporal.

No obstante, Effie, con una ceja sangrando, y su ojo de luz amarilla guiñado para que no le entrara sangre dentro, logró incorporar un poco la cabeza y divisar la luz violeta del Yami allá en lo alto de la pendiente, por lo que nada más alzó un par de dedos de la mano, apuntando hacia él, y le lanzó un certero rayo, que iluminó todo el ambiente en un parpadeo.

El Yami, al recibir la descarga, se quedó agarrotado y cayó al suelo dolorido, sin poder moverse, y las sombras bajo los pies de ellas desaparecieron.

—¡Denjin-san! ¿Estás bien? —Sakura la ayudó a levantarse.

—¡Jugando sucio... esos malditos... bawbags! —gruñó Effie, frotándose la cabeza, pero seguía tambaleándose y todo le daba vueltas.

—Retirémonos a un lugar más seguro unos minutos para que recuperes la estabilidad, Effie, se están poniendo en pie y nos necesitamos la una a la otra para contraatacar sus elementos... Oh, no... —lamentó la Sui cuando, nada más dar media vuelta con su compañera apoyada en su hombro, se encontró, literalmente, con un muro de opacas tinieblas—. ¡Demasiado tarde, el Yami ha creado un campo de vacío gigante!

Las dos cerraron los ojos, porque esa masa negra no les dio ni un instante para reaccionar y las engulló. Notaron el frío más intenso, y la total falta de luz, aire y sonido. Pero, para su sorpresa, no duró más de cinco segundos. Cuando volvieron a abrir los ojos, ambas vieron que esa ola de sombras las traspasó de largo y continuó moviéndose pendiente arriba, hacia donde estaban los otros dos oponentes, que apenas terminaron de levantarse cuando esa oscuridad se les vino encima. El Yami no tendría que preocuparse porque era su elemento, pero se mostró realmente perplejo y asustado porque, si esa impresionante ola de las más opacas sombras no era obra suya, ¿de qué otro Yami, entonces?

No importaba si esas sombras no afectaban al Yami enemigo, porque la verdadera amenaza estaba dentro de ellas. Effie y Sakura, a pesar de que esas sombras eran un campo de vacío y por tanto no podían propagar el sonido de su interior, llegaron a oír algunos ruidos que se le escapaban, y gritos, y extraños destellos violeta moviéndose por dentro a toda velocidad.

Al final, cuando aquella masa de oscuridad desapareció, se hizo el silencio por toda la zona, y entre la escasa luz del ambiente, Sakura y Effie llegaron a divisar a los dos iris de la MRS totalmente fuera de juego en el suelo, y entre ellos, una siniestra y pequeña silueta negra con un ojo que brillaba de luz violeta.

—No puede ser... —lo reconoció Sakura, incrédula.

—¡Hah! —Effie soltó una carcajada—. ¡Jannik! ¡Pero si dijiste que no podías participar!

—¡Podrías haber avisado, nos has dado un susto de cojones! —protestó Sakura.

La pequeña silueta negra agitó un brazo como gesto de despedida y se perdió de vista entre los árboles. Effie y Sakura suspiraron aliviadas, por fin. La Sui se acercó a la boca su reloj de pulsera, que era un reloj inteligente.

—Maestro, por aquí hemos terminado. Ha aparecido Jannik en el último momento, dando el último golpe de gracia a nuestros oponentes.

—"Genial, chicas" —contestó la voz de Pipi—. "No habéis sido las únicas. Jannik también ha aparecido en la pelea de Eddie y Waine con su adversario, y en la mía con mis dos oponentes, lanzando un golpe final inesperado. ¡Hahaha! No es que yo lo necesitara, pero me ha ahorrado tiempo y esfuerzo."

—Pipi, te lo juro, ese niño a veces me da miedo —susurró Sakura.

—"Oye, sé amable con vuestro nuevo 'hermanito', que ya lleva un año con nosotros. Por algo le designé el cargo de Guardián."

—¡Sólo tiene 7 años! ¡Y apenas lleva dos años siendo iris! ¡Y tiene una forma de luchar muy rara! ¡Igual que su aspecto y su forma de hablar!

—"Dijo la gal que se pone conjuntos de ropa estrafalarios, se maquilla la cara con colores y adhesivos muy cuquis y suelta frases como 'o sea, nenis, te quedan guapis estas zapas'."

—¡Maestro! —se sonrojó Sakura con vergüenza.

—¡Ajajaj...! ¡Me meo...! —Effie ya estaba llorando de la risa.

—"Buen trabajo a todos" —dijo Pipi, comunicándose con ellas y también con sus otros compañeros—. "Si Raijin no vuelve a comunicarse para solicitar alguna otra ayuda, no hay más órdenes por mi parte" —y cerró la conexión.





Comentarios

  1. Madre mia que lluvia de emociones en este capitulo, entre el momento de Neuval y Cleven por fin logrando hablar y de entenderse, al fin.

    Las dudas wue yo tambien me hago de si al final Cleven y Raijin llegaron a tener o no sexo, que ellos claramente tambien se hacen aunque no quieran ahondar en ello por sanidad mental. Cosa mas que entendible.

    La discusion tan bruta de Nakuru y Raijin tambien, uff es que es una tras otra porfavor. Aunque ella tenia un punto diciendole eso, que esta escundudandose en su pens con Yue. Al menos ya Cleven sabe de los niños y ¡Drasik ha empezado a recordar Aaaaaaaaahhh!

    No puedo con esto último sobretodo, pobrecito maldita sea sentirse totalmente aislado y siendo el unico que no sabe nada y recordar el vinculo que tenia con ella y sentir que ella ahora no puede ni verlo. En cuanto se de cuenta va a dolerle horrores. Va a estallar y no de buena forma, normal que llegue a sentirse aislado, solo y engañado porque tecnicamente asi ha sido.

    Los feos y menosprecios que le hacen los demas todod el rato por considerarlo estupido o inmaduro o no tomarlo en serio, tiene que doler por mas que haga que le da igual. Que tal vez no lo hacen con malicia pero los feos que le hacen son tremendos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario