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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __









34.
El Neuval de siempre

Denzel salió del cuarto de baño acompañado por los vapores del interior, mientras se ataba una toalla a la cintura. No llevaba sus extrañas gafas negras puestas, y por eso caminaba con los ojos cerrados, por costumbre, y porque era mejor así. Si abría los ojos, sin llevar las gafas puestas, no es que no viera nada, es que veía algo muy diferente a lo que veía el resto del mundo, y dicha visión era bastante abrumadora y a veces mareante, especialmente cuando él ya llevaba un par de décadas acostumbrado a ver con las gafas un aspecto más normal y más quieto del mundo.

Su cabello negro con sus tres mechones blancos echado hacia atrás aún goteaba un poco. Su torso desnudo dejaba ver varias cicatrices de todo tipo, no muy llamativas, bastante bien curadas, cada una con su historia.

Recorrió el pasillo de su piso dando un bostezo, dirigiéndose al salón principal. Su piso no parecía el que se podía esperar de un hombre de 26 años. Estaba colmado de incontables antigüedades: relojes que no funcionaban, pequeñas estatuas y esculturas, cuadros de las artes que surgieron a partir del siglo XVII, mesas, sillas, una armadura de guerrero samurái espeluznante dentro de un armario, dos espadas samurái con sus iniciales grabadas en la hoja cerca de la empuñadura, enganchadas en la pared sobre la chimenea del salón y, sobre todo, libros. Cientos de libros abarrotando las estanterías que tenía en una habitación que usaba de biblioteca, en el pasillo y el mismo salón.

Apenas uno podría caminar por el salón, aunque era bien grande, pues había montoncitos de viejos libros por medio y otro tipo de antigüedades. Sin embargo, él lo esquivaba todo al caminar, como si nada, aun con los ojos cerrados, como si se supiese el camino de memoria hacia la mesa de al lado del sofá, que era a donde iba, en la que reposaban el teléfono y sus gafas. Antes de ponérselas, pulsó el botón del aparato para oír los mensajes, mientras se rascaba perezosamente un hombro.

—“¡Tú, desgraciado!”

—¡Uah! —pegó un brinco del susto al oír la voz de la anciana Agatha en el aparato.

—“¿¡Qué es eso de no cogerle el teléfono a tu abuela!? ¿¡Se puede saber dónde te metes todo el tiempo, que no estás en casa!? ¡Y no me digas que tienes mucho trabajo ejerciendo de profe de instituto! ¡No cuela, pollo!”

—Aaay... —suspiró Denzel con desasosiego, apoyándose contra la mesa y cruzándose de brazos.

—“Quería decirte que iba a verte hoy para que me dieses el informe del Gobierno que te di, he de entregárselo al Líder de la SRS, pero acabo de enterarme de que ahora andan con un asunto de trabajo del que les ha informado Kiyomaro, así que... te libras, mequetrefe. Pero en cuanto te tenga delante…”

Denzel frunció el ceño, algo extrañado, mientras su lejana tatarabuela le soltaba una serie de castigos absurdos, preguntándose qué asunto sería ese que tenía la SRS. No obstante, en un segundo lo reflexionó todo y adivinó que seguramente estaban vinculados en el asunto de Kyo y su pergamino con la KRS.

—“… y te daré de bastonazos hasta que te crezca el coco y tengas que andar por las calles apoyándolo en una carretilla” —concluyó la anciana, y se la escuchó coger aire después de todo lo que le había soltado; después carraspeó—. “En fin, niño. No voy a seguir consintiendo que me evites para librarte de tu verdadero trabajo. Tú, un auténtico caballero inglés de mi estirpe, ha de cumplir con su responsabilidad sin rechistar. Esta madrugada debiste haber ido a Dinamarca a recoger un nuevo iris, pero claro, lo he tenido que hacer yo. No sé cómo Alvion no hace nada contigo...”

Tras unos refunfuños más, la voz de la anciana se apagó y la máquina declaró un “fin de los mensajes” con su robótica voz. Denzel negó con la cabeza para sí, cansino. «Sólo tengo mensajes de esa anciana, qué triste» se lamentó.

Se despegó de la mesa y cogió sus gafas para ponérselas, pero en ese momento sonaron un par de fuertes golpetazos en el cristal de la ventana que tenía a unos tres metros de distancia, lo que le sobresaltó de tal modo que se le resbalaron las gafas de las manos. Hizo un intento de cogerlas a tiempo, pero estas rebotaron de nuevo hacia delante, y Denzel dio un descuidado paso que le lio el cable del teléfono en el tobillo. Perdió el equilibrio e intentó recuperarlo dando otro paso, aunque este se topó con uno de los montones de libros, los cuales se cayeron; Denzel perdió el equilibrio por completo, se le soltó la toalla de la cintura y cayó al suelo llevándose consigo el teléfono, la mesa y un par de torres de libros.

De una vez había montado un estropicio, y el hecho de que ya no tuviese prenda alguna que le cubriera el cuerpo, ponía la guinda en el pastel. Emitió un leve gemido moribundo, con un chichón en toda la cabeza.

Soltó una palabra malsonante y se incorporó un poco para ponerse las gafas, entonces alzó la vista hacia la ventana y se llevó una sorpresa. La ventana estaba abierta, y había un hombre de cuclillas sobre la repisa, el cual miraba a Denzel con la misma cara pasmada. Ambos permanecieron así, mirándose un buen rato, incómodos. Entonces el hombre de la ventana apartó la vista a un lado, indeciso.

—Mm… Tenía que haber llamado, no pensé que podría encontrarte bailando desnudo por tu casa. Veo que vengo en mal momento. Mejor me voy.

Despegó los pies de la repisa y voló por el aire unos metros, hasta que Denzel lo llamó.

—¡Hey, Neuval, espera! —le pidió, poniéndose en pie como el rayo y, volviendo a cubrirse con la toalla, se asomó por la ventana hacia el exterior.

Miró un momento hacia abajo, y sintió un pequeño mareo, pues era un decimoséptimo piso y los coches y personas de la calle se veían diminutos. Denzel tenía miedo a las alturas, así que volvió a mirar hacia arriba. Neuval estaba ahí, levitando por el aire.

—Pasa, mate, pasa —le invitó Denzel con premura, haciéndole gestos con la mano—. Que no te vea nadie así, no seas tan descuidado. Y no estaba bailando desnudo, estaba tropezándome y partiéndome la crisma mientras se me caía la toalla. Por tu culpa, por cierto —refunfuñó.

Neuval asintió con la cabeza y se metió por la ventana, adentrándose en el salón con Denzel, que caminó por delante.

—Podrías haber subido en ascensor y entrar por la puerta como la gente normal —le reprochó al mismo tiempo que ordenaba en un momento el estropicio que había causado—. Aunque claro, tú no eres normal. Y te lo dice este demonio ciego cuatricentenario.

—Lo siento, pero sería perder el tiempo —se excusó Neuval.

Su voz sonó bastante apagada y desanimada. Esto llamó la atención del joven profesor, por lo que se volvió hacia él y lo observó detenidamente a través de sus gafas. Denzel no podía ver los colores con ellas, sólo podía ver en blanco y negro, pero se percató perfectamente de unas manchas oscuras que había en las ropas de Neuval.

—¿Estás herido? —preguntó con sorpresa, acercándose a él con preocupación, pero Neuval levantó las manos.

—No. Esta sangre no es mía.

Denzel se lo quedó mirando en silencio por un rato.

—Vale... —comprendió finalmente—. Vale, está bien, ya me figuro lo que ha pasado. Siéntate.

Le puso una mano en el hombro y le indicó que se sentase en el sofá. Neuval lo hizo y se cubrió la cara con las manos, dando un largo suspiro de cansancio. Luego se quedó mirando al frente seriamente, apoyando los codos en las rodillas, pensando cómo iba a poder salir del problema en el que se había metido. Aun así, el joven profesor procuró no atosigarlo de inmediato.

—¿Tienes hambre, niño? —le preguntó Denzel.

—Sí… Lo cierto es que llevo más de un día sin comer —se excusó Neuval.

—¿Cosas con azúcar? —adivinó de antemano.

—Lo más dulce que tengas —asintió—. Te lo reabasteceré.

—No te preocupes por eso. Esta no sería la vivienda de un inglés sin un buen repertorio de dulces y edulcorantes.

Denzel se fue un momento del salón. Unos minutos después, volvió ya vestido y con dos tazas de té en una mano; en la otra llevaba una bandeja repleta de alimentos y condimentos dulces variados, como melocotones, chocolatinas, miel y una bolsa de un kilo de azúcar para que se lo echase en el té. Lo dejó todo sobre la mesa y se sentó a su lado.

Neuval no pudo contenerse y vertió en su taza numerosas cucharadas de azúcar, de miel también, luego devoró los melocotones y después hasta le dio por tomarse los pequeños sobres de pura sacarina en polvo. Denzel ya conocía su esporádico, inexplicable y voraz apetito por los sabores dulces y no le sorprendía.

—Podría prepararte comida de verdad. Ya sabes. Pescado, patatas… —le comentó.

—No es sólo por el hambre. Es sobre todo por la ansiedad. Ya sabes que el sabor dulce me calma.

—Menos mal que eres un iris. Si no, ya te habría dado un infarto.

—No es la peor de todas las adicciones que he tenido y sobrevivido —bufó Neuval, tomando un sorbo de su empalagoso y pastoso té, y cerró los ojos con mucha más calma y alivio.

Ambos compartieron un rato de silencio en el que el profesor estuvo pensando qué decir, frotándose el chichón de antes, dubitativo.

—Hm... —sonrió entonces—. Hacía años que no recibía este tipo de visita por tu parte. Siento que haya vuelto a pasar.

—¿Qué harán conmigo, Denzel? —preguntó Neuval, mirándolo preocupado.

—Nada —se encogió de hombros—. No te harán nada, no será para tanto, ¿no? ¿Qué fue, un maleante?

—Doce.

—Ahm... —murmuró Denzel, mirando hacia otro lado, pasmado—. Guau... Es decir... En fin. Tranquilo. Ante todo, no te atormentes. Alvion está tan acostumbrado a tus problemas y está tan harto de ti que no creo que ahora...

—Denzel, no creo que vuelva a pasar esto por alto —replicó apesadumbrado—. Estoy seguro. Alvion accedió a mi petición de dejar de servirle, y eso fue mucho pedir. Ahora que he vuelto a meter la pata, de lo que ya habrá tenido noticia, tendré que enfrentarme a un nuevo juicio de esos.

—Bueno, eso es cierto. Pero no es nada nuevo para ti, ¿no? Alvion puede llegar a ser muy severo y autoritario, pero para él eres el mismo niño sin remedio de siempre. Siempre te han consentido de todo y han pasado por alto las catástrofes que has ocasionado, Neuval, porque no pueden equipararse a la inmensa cantidad de cosas buenas e imprescindibles que has hecho —siguió con su intento de animarlo, pero vio que no servía de nada, y se puso serio—. No vayas al juicio, entonces. Así de simple.

—No es eso. Quiero volver allí para someterme al Edonus Vigi, pero si voy allí me obligarán a asistir al juicio por mi metedura de pata. Y no quiero.

—¿¡Estás loco!? —saltó de pronto, incrédulo—. ¡Neuval, no puedes someterte tantas veces al Edonus Vigi! ¡Las personas cuerdas sólo se someten a esa prueba de control una vez, pero tú ya lo has hecho seis veces! ¡No puedes hablar en serio!

—¡Tengo que solucionar mi problema de una vez!

—A ver, jovencito, escúchame —suspiró Denzel seriamente, manteniendo la calma, intentando salir de su asombro—. Seis veces, ¿entiendes? Y seguimos en las mismas. ¿Cuándo vas a aceptar que ya no hay solución, ni volviendo a hacer esa dura prueba? Los monjes ya lo saben, y por eso te obligarán a volver.

—Eso es lo que me dirán en el juicio, y por eso no quiero ir.

—Sé la razón por la que no quieres volver a la Asociación, Neuval, pero está empezando a resultar que si vuelves hay menos probabilidad de que tu familia esté en peligro. Volver es la solución. Ahora es de ti de quien deben protegerse, y de eso se encargarán los monjes, otra vez, si vuelves. Estando de nuevo bajo el mando de Alvion, podrá controlarte mejor y mejorar las cosas a tu alrededor, y no volviendo a someterte a esa horrible prueba que ya carece de eficacia en ti. Vuelve a trabajar para ellos y a reunirte con tus camaradas. Volviendo a esa vida, tu problema estará bajo control. Creo que ya es la milésima vez que te aconsejo esto desde que te exiliaste, a ver si me haces caso de una vez. Ve al juicio.

—Hablas como ellos —masculló Neuval, molesto—. Viniendo aquí esperaba que pudieses hablar con Alvion y excusarme del juicio. No sé, eres como el segundo jefe de la Asociación, podrías hacer algo…

—En asuntos de iris no tengo esa autoridad, Neu. Sólo tengo autoridad sobre los monjes. Y si no lo he hecho antes de todas las veces que me lo has pedido, no lo voy a hacer ahora —sonrió con sorna—. No puedo estar toda mi vida cuidando de vosotros, los iris lleváis dos de mis casi cuatro siglos de vida pidiéndome favores que se saltan las normas, y Alvion ya me ha pedido mil veces que intente ser más estricto con vosotros. Precisamente el que más me ha venido pidiendo un favor últimamente ha sido Kei Lian, respecto a convencerte de que regreses, ya que él se cansa de pedírtelo en vano. Oh, hablando del rey de Roma —levantó la vista—. Por mi ventana se asoma.

Neuval se puso en pie de un salto con la piel de gallina, y se volvió para ver que, en efecto, el viejo Lao estaba en la ventana de cuclillas sobre la repisa, observándolo con una cara sombría.

—¿Queréis dejar de entrar por ahí, por favor? —protestó Denzel—. Estamos en un décimo-séptimo piso, ¿vale?

—¿Qué haces aquí? —le preguntó Neuval al viejo, sorprendido.

—Debería partirte la cara por hacerme esa sola pregunta. He conseguido localizar tu rastro hasta aquí, llevo todo un maldito día buscándote —le espetó Lao, saltando al interior, y observó las manchas de su ropa—. Lo sabía... —masculló.

—Menos mal que has venido, Kei Lian, a lo mejor a ti te hace caso —le dijo Denzel, cruzándose de piernas sobre el sofá.

—¿Ha venido a pedirte que le excuses del evidente juicio que le harán por haber vuelto a matar sin permiso? —quiso saber Lao, sin apartar una fría mirada de Neuval.

—En efecto, no quiere ir.

—¿Qué le decretarán?

—Seguramente que vuelva para estar de nuevo bajo el control de Alvion, y claro, Neu se niega en rotundo. Sigue pensando que la prueba del Edonus Vigi le servirá para mitigar los síntomas del majin, pero está claro que estando en sexto grado de esa enfermedad sólo Alvion puede subsanarlo.

—Oye... —gruñó Lao, apuntando con el dedo a Neuval—. Te he estado buscando por toda la ciudad, y Hana no ha parado de darme la lata, ¿sabes lo preocupada que está? Ahora mismo vas a venir conmigo a la casa de tu madre a cambiarte de ropa y volverás a la tuya con una buena excusa para Hana. ¡Después irás al juicio como un iris responsable, harás lo que Alvion te diga, y punto!

—¡Oye, que tú y Alvion seáis tan buenos amigos no significa que tengas que quedar bien con él mandándome a hacer lo que él quiere! —gruñó Neuval.

—¡Esto no tiene que ver con que Alvion y yo seamos tan cercanos, tiene que ver contigo y con tu maldito majin tomando el control de tu iris en contra de tu voluntad! —le recriminó Lao, achantándole con un dedo acusador, y a cada palabra que decía, Neuval fue frunciendo más los labios—. ¡A ver si te enteras de una vez de que eres un iris extremadamente sensible, Neu, todavía conservas gran parte del humano que eras en tu infancia y no puedes controlar todas tus emociones!

—¡De eso nada, soy el iris más poderoso de todos! —se impuso Neuval, pero Lao volvió a achantarle clavándole ese dedo de reproche en el pecho y acercándose a un palmo de su cara.

—¿¡De qué sirve todo ese poder si no puedes controlarlo al cien por cien!? —insistió e insistió, y Neuval cada vez tenía los labios más fruncidos—. ¡Con 45 años que tienes ya y con tres hijos ya mayorcitos, deja de ser tan caprichoso y orgulloso! ¡Vas a ir a casa y luego vas a ir al juicio porque lo digo yo y punto, y no me vengas otra vez con que te dan alergia las órdenes, o…!

—¡¡Basta!! —explotó Neuval, sobrepasando su límite de paciencia; estaba tan harto que comenzó a emanar de él un fuerte viento que fue arrastrando y moviendo todos los muebles y cosas del salón, y su ojo izquierdo brilló de una intensa luz blanca.

—¡A mí no me amenaces con tus malos aires que me caliento como el infierno! —gruñó Lao, desprendiendo llamas de fuego por todo su cuerpo.

—¡Uaaah…! —Denzel se tuvo que agarrar al respaldo de una butaca para no salir volando—. ¡Mi casa, niños, mi casa…!

—¡Ahora no tengo tiempo para volver a casa de rositas como si nada hubiese pasado! —exclamó Neuval—. ¡No tengo por qué estar escuchando a un par de viejos que no entienden mi verdadera situación! ¡Voy a ir al jodido Monte, pero sólo para volver a someterme a la prueba Edonus Vigi porque a mí me sale de los huevos! ¡El juicio se lo van a meter los monjes por su maldito culo y Alvion ya puede lamerme el eje de las sombras!

Después de desahogarse, el viento dejó de soplar y todo volvió a la calma, formándose un silencio súbito. Tanto Denzel como Lao se lo quedaron mirando boquiabiertos.

—Dios mío, ¡vuelves a ser el viejo Neuval de antes! —sonrió el profesor, feliz—. Hacía años que no te oía hablar así.

—¡Síiii, bieeen, vuelvo a ser yo mismo! ¿¡Contentos!? —les espetó Neuval con sarcasmo y una fingida sonrisa alegre, agitando las manitas—. ¡Soy el Neu majara de los viejos tiempos y os voy a volar la cabeza a todos mientras esnifo mis rayas de cocaína y sobrevuelo la ciudad en calzoncillos, yupiiii!

—Sí... —siguió sonriendo Denzel con ilusión—. Incluso tu sarcasmo ha vuelto.

—No es sarcasmo, todas esas cosas ocurrieron de verdad, y varias veces —le informó Lao a Denzel, y el profesor lo miró con espanto—. Con lo de "volar cabezas" ha exagerado un poco.

—Y como siempre, va el viejo chafando la diversión —le espetó Neuval.

—¿Me has llamado viejo? —preguntó Lao, con ojos como platos, era la palabra que más le dolía—. ¿¡A mí!? ¡El único vejestorio de aquí es Denzel, que tiene más años que una tortuga marina y el muy cabrón no los aparenta!

—¡Deja de huir de la realidad, carcamal, que eres el único de aquí que tiene canas! —replicó Neuval.

—Oye, que esto no es tinte —saltó Denzel, cogiéndose un mechón blanco de la sien, pero nadie le escuchaba.

—¡No tienes por qué estar siempre encima de mí como si fuese un puto crío, Lao!

—¡Si te sigues comportando como uno no me dejas más opción! ¡Muy serio y educado te comportas en la empresa pero bien que te quitas esa máscara cuando te conviene! —exclamó Lao, echando chipas por los ojos—. ¡A mí no me asustas con esos berrinches tuyos haciendo volar las cosas por los aires, que te llevo controlando desde que eras un niño! ¡Ya no estamos en el trabajo ni en un lugar público, así que ahora mismo, en este lugar y momento, soy tu padre y te prohíbo que me hables en ese tono! ¡Como vayas a hacer otra vez esa horrible prueba, te capo de arriba abajo, francesito!

—¡Atrévete, chinito!

—¡A que me quito el cinturón!

—¡Se te caerán los pantalones y no quiero verte el culo! —contestó Neuval.

—¡No me hables con ese tono! —gruñó Lao—. ¡Muéstrame más respet...!

—¡Baaah! —Neuval le sacó la lengua haciendo burla con las manos.

—¡Deja de ser un inmaduro!

—¡Baaaaahh!

—¡Neuval! ¡Ya tienes 45 años, deja de...!

—¡Baah, baaahh...! —seguía poniéndole muecas.

—Bueno, bueeeno, bloody hell —intervino Denzel, poniéndose entre los dos—. Ya habéis vuelto a la misma escena de hace treinta años y habéis demostrado lo mucho que os queréis, pero... No os desviéis del tema, ¿sí?

Lao soltó un bufido y se relajó un poco, clavándole una mirada fiera a Neuval.

—Al juicio ahora mismo —le ordenó, y miró a Denzel—. Teletranspórtale.

—Lao, espera a que se decida él mismo. Ahora que el verdadero e impredecible Neuval ha despertado, no me gustaría recibir un rodillazo en la entrepierna en el intento —dijo, mirando de reojo al hombre de los ojos grises, separándose un paso de él por si las moscas.

—Dejadlo ya —murmuró Neuval, calmándose y llevándose una mano a la cabeza, abatido—. No iré al Edonus Vigi, y tampoco al juicio. Tengo un asunto más importante del que ocuparme ahora.

—¿Qué puede haber más importante? —discrepó Lao, cruzándose de brazos—. Ahora los del Gobierno deben de estar enteradísimos de lo que ha pasado, e irán a por ti de alguna manera con los dientes bien afilados. Si vas al juicio ahora, los monjes te propondrán algún trato que te ayude a protegerte del Gobierno y a mantener a raya tu problema de descontrol. Además, deben de estar tan hartos de ti que dudo que te impongan un castigo.

—Ya se lo he dicho yo... Y esa proposición será que vuelvas a la Asociación, Neu —concluyó Denzel, con su calmada sonrisa, posándole una mano en el hombro—. No me vas a negar que desde que te exiliaste, tu vida es una mierda, ¿eh?

—Siempre das en el clavo —farfulló Neuval con fastidio.

—Es la solución que te queda para acabar de una vez por todas con tu desgracia —continuó el joven profesor—. Todavía no has realizado tu venganza, y estoy seguro de que sigue rondando por tu cabeza. También estoy convencido de que has vivido estos siete años en la agonía por la muerte de tu esposa, conteniendo la rabia por no haber podido hacer nada y seguir sin poder hacer nada. No estaría mal que ahora que estás a tiempo vuelvas a la acción, y sería una gran remontada para la KRS, que sin ti no es lo que era, y la Asociación tampoco.

—Sí, ahora sería un caos de no ser porque Raijin sigue activo y a cargo de todo —afirmó Lao—. Pero, de todas maneras, está claro que si no te hubieses exiliado durante tantos años, la MRS no se habría atrevido a tomarla con nosotros y ahora Kyo no estaría metido en el problema de ahora. Somos la RS más pequeña y vulnerable de todas porque aún no te decides a ceder el cargo ni tampoco a retomarlo, hijo. La KRS necesita un cambio, pasar página, ¿lo entiendes?

—Vale, vale, ya lo he captado —protestó Neuval, chasqueando la lengua y mirando a un lado, reflexivo—. Pero ahora tengo que dejar estas decisiones a un lado. Mi prioridad ahora mismo es encontrar a mi hija, por encima de todo, luego ya...

—¿¡Que qué!? —saltaron los dos, atónitos—. ¿¡Cómo que encontrar a tu hija!?

—Sí, la pelirroja ha vuelto a hacer de las suyas —les explicó Neuval—. Se ha largado de casa, como si nada. ¿Os lo podéis creer?

—Yo sí que me lo creo, eso lo ha heredado de ti —le espetó Lao, y Neuval le lanzó una mirada de advertencia—. ¡No me mires así, Neu! Tú a su misma edad te escapabas de casa cada dos por tres para irte de juerga a saber dónde, me tenías muchas noches en vela. Y te expulsaban del instituto constantemente. Por no hablar de peores gamberradas.

—¡Pues no haberme adoptado! —bufó Neuval.

—¡Deja de decir eso cada vez que te enfadas! Sabes que jamás te habría dejado tirado en ese callejón.

—Pues ayer Cleven vino al instituto, Neu —declaró Denzel, cansado de sus discusiones—. Vaya, no tenía ni idea de que en ese momento...

—Espera, espera —le detuvo—. ¿Cómo sabes eso?

—Ah, claro —sonrió, comprendiendo—. Es normal que los padres no conozcan la clase y el tutor de sus hijos hasta la primera reunión del curso, que es la semana que viene. No me acordaba de que vosotros aún no sabíais nada.

—¿Estás trabajando ahora de profesor de instituto? —preguntaron Lao y Neuval, arqueando una ceja.

—Sí —asintió contento—. Soy el tutor de Cleven, me lo he pasado muy bien con ella estos días de curso que llevamos, ¿sabes? Es clavada a ti. En lo chiflada que está, quiero decir. Por cierto, ¿sabe ella lo chiflado que estás tú, Neu? Porque, por las cosas que me cuenta, te describe como un hombre torpe, amargado y gruñón. ¡Y aburrido! En mi larga vida había escuchado algo tan inverosímil.

—¡Si me comporto como un hombre torpe, estricto y amargado es para que el Gobierno no sospeche de mí, y para que mis hijos sigan un buen ejemplo de conducta y no acaben siendo unos drogadictos delincuentes!

—¿Como tú? —le espetó Lao.

—¡Te parto la cara! —se ofendió Neuval.

—Vale, vaaale, qué mal genio… —intervino Denzel de nuevo entre ambos—. Está claro que estamos en una situación muy tensa aquí. Pero Neuval, no te tienes que preocupar tanto por Cleven, se parece a ti, pero en todo lo que respecta a su carácter seguro y su bondad con la gente. Te lo puedo asegurar, es muy buena niña, solamente necesita apoyo en los estudios y un poco de alegría en su vida. En el instituto yo puedo animarla a esforzarse un poco más.

—Ah... menos mal... —se alivió Neuval, abrazando al joven profesor—. Me quedo mil veces más tranquilo sabiendo quién la controla en las horas de clase. Qué gran noticia.

—Vamos, Neu, vamos... Supongo que tú tampoco sabrás que Kyo está en mi clase también, Lao.

—Oh, gracias a Dios —sollozó el viejo, también abrazando a Denzel—. Eso deja claro que no correrán peligro mientras estén en el instituto, qué gran alivio. Era una de mis preocupaciones.

—Ya está, payasadas aparte —sonrió Denzel, separándolos de él—. Sin comerlo ni beberlo vuelvo a ser la niñera de los iris.

—Pero una cosa —se percató Neuval—. ¿Kyo y Cleven en la misma clase...? Espero que no permitas que mi hija se vea involucrada en lo que ya sabes.

—De lo que habría que preocuparse es de Drasik, no de Kyo —declaró serio—. También está en mi clase, con ellos.

En ese momento Neuval se quedó completamente callado, mirando al joven muy detenidamente y con notable preocupación.

—¿Drasik? —murmuró inquieto—. Pero... él no se acuerda de ella... ¿verdad?

—No, tranquilo, no sabe quién es tu hija. Aunque... —vaciló, pensando antes de hablar—. Tengo visto que desde que Drasik reparó en tu hija hace unos días... creo que ella le ha gustado y la ha apuntado en su lista de ligues.

—¿¡Qué!? —exclamó Neuval, dando un susto de muerte a los otros dos—. ¡No puedes permitirlo! ¡No dejes que se acerque a ella! ¿¡Sabes lo que me costó encargarme de ese niño!? Denzel, es importante que Drasik no recuerde ciertas cosas, al igual que Cleven. Vosotros ya sabéis que Drasik es muy especial para mí, tengo que protegerle a él también.

—Calma, Neuval, lo sé —le tranquilizó Denzel, agitando las manos—. Pero no olvides que Nakuru está pegada a tu hija, te aseguro que ella sigue cumpliendo a rajatabla lo que le pediste de alejar a Cleven de la otra vida que llevan las personas que la rodean. Tienes suerte de que alguien como Nakuru sea la mejor amiga de Cleven desde la infancia, cuida mucho de ella. Luego, Sam está en un curso superior, pero se encarga de controlar a Kyo y a Drasik.

Neuval asintió con un suspiro, completamente conforme.

—¿Cuatro miembros de la KRS en el mismo lugar? —preguntó Lao—. No sé qué saldrá de bueno de todo esto.

—Bueno, iré a la casa de mamá a cambiarme de ropa y seguiré buscando a Cleven. Ya veré lo que hago con respecto al juicio —dijo Neuval, mirando a Lao—. Invéntate algo para Hana, por favor.

El viejo acabó por asentir, aunque de mala gana, y Neuval se dirigió a la ventana para marcharse.

—Tal vez se haya ido con tu hijo mayor —opinó Denzel.

Neuval se paró en seco antes de salir, y volvió la cabeza lentamente, mordiéndose el labio inferior.

—¿Tú crees? —preguntó inquieto—. ¿Crees que Cleven puede estar con Lex? No… Puede que Lex no me dirija la palabra, pero es el chico más correcto y honesto del mundo y me informaría enseguida de si Cleven está con él.

—¿Adónde sino iba a ir? No tiene otro sitio.

—Claro que sí —intervino Lao—. Brey vive en la ciudad. Y ella sabe que tiene un tío.

En ese momento la cara de Neuval palideció por segundos.

—No debiste sacar esa conclusión —le susurró Denzel al viejo, mirando a Neuval con apuro.

—¿Por qué no? —Lao se encogió de hombros—. Es probable, y ya sé que Neuval odia a Brey. Pero lo más triste de todo es que yo soy el abuelo de sus hijos y que sólo Lex lo sepa.

—Kei Lian, no te desvíes, mira lo que has conseguido —Denzel le señaló la cara de ira que tenía Neuval en ese momento.

—Como resulte que mi hija está con Brey y él la esté poniendo en peligro otra vez... lo mataré —musitó con gran frialdad, y en una fracción de segundo desapareció de la ventana, echando a volar a toda velocidad por el cielo.

—¿Qué le dabas de comer a este de pequeño? —preguntó Denzel, volviendo a frotarse el chichón—. Este hombre es increíble, y no lo digo por lo que es capaz de hacer, aparte, es muy cabezota.

—Lo habrá sacado de su padre biológico, porque de mí... —vaciló el viejo Lao, y se dispuso a marcharse, encaminándose hacia la puerta, acompañado por el joven profesor—. Vaya semanita que me espera. Rezaré por Brey para que no se encuentre con Neu en un estado de descontrol, si de verdad Cleven está con él. Que lo que ha ocurrido no salga de aquí, ¿de acuerdo, Denzel?

—Descuida, jovencito —sonrió, abriéndole la puerta—. Iré a hablar con Alvion Zou para que le dé un margen de tiempo a Neuval para el juicio. No sé por qué, pero creo que la KRS va a renacer.









34.
El Neuval de siempre

Denzel salió del cuarto de baño acompañado por los vapores del interior, mientras se ataba una toalla a la cintura. No llevaba sus extrañas gafas negras puestas, y por eso caminaba con los ojos cerrados, por costumbre, y porque era mejor así. Si abría los ojos, sin llevar las gafas puestas, no es que no viera nada, es que veía algo muy diferente a lo que veía el resto del mundo, y dicha visión era bastante abrumadora y a veces mareante, especialmente cuando él ya llevaba un par de décadas acostumbrado a ver con las gafas un aspecto más normal y más quieto del mundo.

Su cabello negro con sus tres mechones blancos echado hacia atrás aún goteaba un poco. Su torso desnudo dejaba ver varias cicatrices de todo tipo, no muy llamativas, bastante bien curadas, cada una con su historia.

Recorrió el pasillo de su piso dando un bostezo, dirigiéndose al salón principal. Su piso no parecía el que se podía esperar de un hombre de 26 años. Estaba colmado de incontables antigüedades: relojes que no funcionaban, pequeñas estatuas y esculturas, cuadros de las artes que surgieron a partir del siglo XVII, mesas, sillas, una armadura de guerrero samurái espeluznante dentro de un armario, dos espadas samurái con sus iniciales grabadas en la hoja cerca de la empuñadura, enganchadas en la pared sobre la chimenea del salón y, sobre todo, libros. Cientos de libros abarrotando las estanterías que tenía en una habitación que usaba de biblioteca, en el pasillo y el mismo salón.

Apenas uno podría caminar por el salón, aunque era bien grande, pues había montoncitos de viejos libros por medio y otro tipo de antigüedades. Sin embargo, él lo esquivaba todo al caminar, como si nada, aun con los ojos cerrados, como si se supiese el camino de memoria hacia la mesa de al lado del sofá, que era a donde iba, en la que reposaban el teléfono y sus gafas. Antes de ponérselas, pulsó el botón del aparato para oír los mensajes, mientras se rascaba perezosamente un hombro.

—“¡Tú, desgraciado!”

—¡Uah! —pegó un brinco del susto al oír la voz de la anciana Agatha en el aparato.

—“¿¡Qué es eso de no cogerle el teléfono a tu abuela!? ¿¡Se puede saber dónde te metes todo el tiempo, que no estás en casa!? ¡Y no me digas que tienes mucho trabajo ejerciendo de profe de instituto! ¡No cuela, pollo!”

—Aaay... —suspiró Denzel con desasosiego, apoyándose contra la mesa y cruzándose de brazos.

—“Quería decirte que iba a verte hoy para que me dieses el informe del Gobierno que te di, he de entregárselo al Líder de la SRS, pero acabo de enterarme de que ahora andan con un asunto de trabajo del que les ha informado Kiyomaro, así que... te libras, mequetrefe. Pero en cuanto te tenga delante…”

Denzel frunció el ceño, algo extrañado, mientras su lejana tatarabuela le soltaba una serie de castigos absurdos, preguntándose qué asunto sería ese que tenía la SRS. No obstante, en un segundo lo reflexionó todo y adivinó que seguramente estaban vinculados en el asunto de Kyo y su pergamino con la KRS.

—“… y te daré de bastonazos hasta que te crezca el coco y tengas que andar por las calles apoyándolo en una carretilla” —concluyó la anciana, y se la escuchó coger aire después de todo lo que le había soltado; después carraspeó—. “En fin, niño. No voy a seguir consintiendo que me evites para librarte de tu verdadero trabajo. Tú, un auténtico caballero inglés de mi estirpe, ha de cumplir con su responsabilidad sin rechistar. Esta madrugada debiste haber ido a Dinamarca a recoger un nuevo iris, pero claro, lo he tenido que hacer yo. No sé cómo Alvion no hace nada contigo...”

Tras unos refunfuños más, la voz de la anciana se apagó y la máquina declaró un “fin de los mensajes” con su robótica voz. Denzel negó con la cabeza para sí, cansino. «Sólo tengo mensajes de esa anciana, qué triste» se lamentó.

Se despegó de la mesa y cogió sus gafas para ponérselas, pero en ese momento sonaron un par de fuertes golpetazos en el cristal de la ventana que tenía a unos tres metros de distancia, lo que le sobresaltó de tal modo que se le resbalaron las gafas de las manos. Hizo un intento de cogerlas a tiempo, pero estas rebotaron de nuevo hacia delante, y Denzel dio un descuidado paso que le lio el cable del teléfono en el tobillo. Perdió el equilibrio e intentó recuperarlo dando otro paso, aunque este se topó con uno de los montones de libros, los cuales se cayeron; Denzel perdió el equilibrio por completo, se le soltó la toalla de la cintura y cayó al suelo llevándose consigo el teléfono, la mesa y un par de torres de libros.

De una vez había montado un estropicio, y el hecho de que ya no tuviese prenda alguna que le cubriera el cuerpo, ponía la guinda en el pastel. Emitió un leve gemido moribundo, con un chichón en toda la cabeza.

Soltó una palabra malsonante y se incorporó un poco para ponerse las gafas, entonces alzó la vista hacia la ventana y se llevó una sorpresa. La ventana estaba abierta, y había un hombre de cuclillas sobre la repisa, el cual miraba a Denzel con la misma cara pasmada. Ambos permanecieron así, mirándose un buen rato, incómodos. Entonces el hombre de la ventana apartó la vista a un lado, indeciso.

—Mm… Tenía que haber llamado, no pensé que podría encontrarte bailando desnudo por tu casa. Veo que vengo en mal momento. Mejor me voy.

Despegó los pies de la repisa y voló por el aire unos metros, hasta que Denzel lo llamó.

—¡Hey, Neuval, espera! —le pidió, poniéndose en pie como el rayo y, volviendo a cubrirse con la toalla, se asomó por la ventana hacia el exterior.

Miró un momento hacia abajo, y sintió un pequeño mareo, pues era un decimoséptimo piso y los coches y personas de la calle se veían diminutos. Denzel tenía miedo a las alturas, así que volvió a mirar hacia arriba. Neuval estaba ahí, levitando por el aire.

—Pasa, mate, pasa —le invitó Denzel con premura, haciéndole gestos con la mano—. Que no te vea nadie así, no seas tan descuidado. Y no estaba bailando desnudo, estaba tropezándome y partiéndome la crisma mientras se me caía la toalla. Por tu culpa, por cierto —refunfuñó.

Neuval asintió con la cabeza y se metió por la ventana, adentrándose en el salón con Denzel, que caminó por delante.

—Podrías haber subido en ascensor y entrar por la puerta como la gente normal —le reprochó al mismo tiempo que ordenaba en un momento el estropicio que había causado—. Aunque claro, tú no eres normal. Y te lo dice este demonio ciego cuatricentenario.

—Lo siento, pero sería perder el tiempo —se excusó Neuval.

Su voz sonó bastante apagada y desanimada. Esto llamó la atención del joven profesor, por lo que se volvió hacia él y lo observó detenidamente a través de sus gafas. Denzel no podía ver los colores con ellas, sólo podía ver en blanco y negro, pero se percató perfectamente de unas manchas oscuras que había en las ropas de Neuval.

—¿Estás herido? —preguntó con sorpresa, acercándose a él con preocupación, pero Neuval levantó las manos.

—No. Esta sangre no es mía.

Denzel se lo quedó mirando en silencio por un rato.

—Vale... —comprendió finalmente—. Vale, está bien, ya me figuro lo que ha pasado. Siéntate.

Le puso una mano en el hombro y le indicó que se sentase en el sofá. Neuval lo hizo y se cubrió la cara con las manos, dando un largo suspiro de cansancio. Luego se quedó mirando al frente seriamente, apoyando los codos en las rodillas, pensando cómo iba a poder salir del problema en el que se había metido. Aun así, el joven profesor procuró no atosigarlo de inmediato.

—¿Tienes hambre, niño? —le preguntó Denzel.

—Sí… Lo cierto es que llevo más de un día sin comer —se excusó Neuval.

—¿Cosas con azúcar? —adivinó de antemano.

—Lo más dulce que tengas —asintió—. Te lo reabasteceré.

—No te preocupes por eso. Esta no sería la vivienda de un inglés sin un buen repertorio de dulces y edulcorantes.

Denzel se fue un momento del salón. Unos minutos después, volvió ya vestido y con dos tazas de té en una mano; en la otra llevaba una bandeja repleta de alimentos y condimentos dulces variados, como melocotones, chocolatinas, miel y una bolsa de un kilo de azúcar para que se lo echase en el té. Lo dejó todo sobre la mesa y se sentó a su lado.

Neuval no pudo contenerse y vertió en su taza numerosas cucharadas de azúcar, de miel también, luego devoró los melocotones y después hasta le dio por tomarse los pequeños sobres de pura sacarina en polvo. Denzel ya conocía su esporádico, inexplicable y voraz apetito por los sabores dulces y no le sorprendía.

—Podría prepararte comida de verdad. Ya sabes. Pescado, patatas… —le comentó.

—No es sólo por el hambre. Es sobre todo por la ansiedad. Ya sabes que el sabor dulce me calma.

—Menos mal que eres un iris. Si no, ya te habría dado un infarto.

—No es la peor de todas las adicciones que he tenido y sobrevivido —bufó Neuval, tomando un sorbo de su empalagoso y pastoso té, y cerró los ojos con mucha más calma y alivio.

Ambos compartieron un rato de silencio en el que el profesor estuvo pensando qué decir, frotándose el chichón de antes, dubitativo.

—Hm... —sonrió entonces—. Hacía años que no recibía este tipo de visita por tu parte. Siento que haya vuelto a pasar.

—¿Qué harán conmigo, Denzel? —preguntó Neuval, mirándolo preocupado.

—Nada —se encogió de hombros—. No te harán nada, no será para tanto, ¿no? ¿Qué fue, un maleante?

—Doce.

—Ahm... —murmuró Denzel, mirando hacia otro lado, pasmado—. Guau... Es decir... En fin. Tranquilo. Ante todo, no te atormentes. Alvion está tan acostumbrado a tus problemas y está tan harto de ti que no creo que ahora...

—Denzel, no creo que vuelva a pasar esto por alto —replicó apesadumbrado—. Estoy seguro. Alvion accedió a mi petición de dejar de servirle, y eso fue mucho pedir. Ahora que he vuelto a meter la pata, de lo que ya habrá tenido noticia, tendré que enfrentarme a un nuevo juicio de esos.

—Bueno, eso es cierto. Pero no es nada nuevo para ti, ¿no? Alvion puede llegar a ser muy severo y autoritario, pero para él eres el mismo niño sin remedio de siempre. Siempre te han consentido de todo y han pasado por alto las catástrofes que has ocasionado, Neuval, porque no pueden equipararse a la inmensa cantidad de cosas buenas e imprescindibles que has hecho —siguió con su intento de animarlo, pero vio que no servía de nada, y se puso serio—. No vayas al juicio, entonces. Así de simple.

—No es eso. Quiero volver allí para someterme al Edonus Vigi, pero si voy allí me obligarán a asistir al juicio por mi metedura de pata. Y no quiero.

—¿¡Estás loco!? —saltó de pronto, incrédulo—. ¡Neuval, no puedes someterte tantas veces al Edonus Vigi! ¡Las personas cuerdas sólo se someten a esa prueba de control una vez, pero tú ya lo has hecho seis veces! ¡No puedes hablar en serio!

—¡Tengo que solucionar mi problema de una vez!

—A ver, jovencito, escúchame —suspiró Denzel seriamente, manteniendo la calma, intentando salir de su asombro—. Seis veces, ¿entiendes? Y seguimos en las mismas. ¿Cuándo vas a aceptar que ya no hay solución, ni volviendo a hacer esa dura prueba? Los monjes ya lo saben, y por eso te obligarán a volver.

—Eso es lo que me dirán en el juicio, y por eso no quiero ir.

—Sé la razón por la que no quieres volver a la Asociación, Neuval, pero está empezando a resultar que si vuelves hay menos probabilidad de que tu familia esté en peligro. Volver es la solución. Ahora es de ti de quien deben protegerse, y de eso se encargarán los monjes, otra vez, si vuelves. Estando de nuevo bajo el mando de Alvion, podrá controlarte mejor y mejorar las cosas a tu alrededor, y no volviendo a someterte a esa horrible prueba que ya carece de eficacia en ti. Vuelve a trabajar para ellos y a reunirte con tus camaradas. Volviendo a esa vida, tu problema estará bajo control. Creo que ya es la milésima vez que te aconsejo esto desde que te exiliaste, a ver si me haces caso de una vez. Ve al juicio.

—Hablas como ellos —masculló Neuval, molesto—. Viniendo aquí esperaba que pudieses hablar con Alvion y excusarme del juicio. No sé, eres como el segundo jefe de la Asociación, podrías hacer algo…

—En asuntos de iris no tengo esa autoridad, Neu. Sólo tengo autoridad sobre los monjes. Y si no lo he hecho antes de todas las veces que me lo has pedido, no lo voy a hacer ahora —sonrió con sorna—. No puedo estar toda mi vida cuidando de vosotros, los iris lleváis dos de mis casi cuatro siglos de vida pidiéndome favores que se saltan las normas, y Alvion ya me ha pedido mil veces que intente ser más estricto con vosotros. Precisamente el que más me ha venido pidiendo un favor últimamente ha sido Kei Lian, respecto a convencerte de que regreses, ya que él se cansa de pedírtelo en vano. Oh, hablando del rey de Roma —levantó la vista—. Por mi ventana se asoma.

Neuval se puso en pie de un salto con la piel de gallina, y se volvió para ver que, en efecto, el viejo Lao estaba en la ventana de cuclillas sobre la repisa, observándolo con una cara sombría.

—¿Queréis dejar de entrar por ahí, por favor? —protestó Denzel—. Estamos en un décimo-séptimo piso, ¿vale?

—¿Qué haces aquí? —le preguntó Neuval al viejo, sorprendido.

—Debería partirte la cara por hacerme esa sola pregunta. He conseguido localizar tu rastro hasta aquí, llevo todo un maldito día buscándote —le espetó Lao, saltando al interior, y observó las manchas de su ropa—. Lo sabía... —masculló.

—Menos mal que has venido, Kei Lian, a lo mejor a ti te hace caso —le dijo Denzel, cruzándose de piernas sobre el sofá.

—¿Ha venido a pedirte que le excuses del evidente juicio que le harán por haber vuelto a matar sin permiso? —quiso saber Lao, sin apartar una fría mirada de Neuval.

—En efecto, no quiere ir.

—¿Qué le decretarán?

—Seguramente que vuelva para estar de nuevo bajo el control de Alvion, y claro, Neu se niega en rotundo. Sigue pensando que la prueba del Edonus Vigi le servirá para mitigar los síntomas del majin, pero está claro que estando en sexto grado de esa enfermedad sólo Alvion puede subsanarlo.

—Oye... —gruñó Lao, apuntando con el dedo a Neuval—. Te he estado buscando por toda la ciudad, y Hana no ha parado de darme la lata, ¿sabes lo preocupada que está? Ahora mismo vas a venir conmigo a la casa de tu madre a cambiarte de ropa y volverás a la tuya con una buena excusa para Hana. ¡Después irás al juicio como un iris responsable, harás lo que Alvion te diga, y punto!

—¡Oye, que tú y Alvion seáis tan buenos amigos no significa que tengas que quedar bien con él mandándome a hacer lo que él quiere! —gruñó Neuval.

—¡Esto no tiene que ver con que Alvion y yo seamos tan cercanos, tiene que ver contigo y con tu maldito majin tomando el control de tu iris en contra de tu voluntad! —le recriminó Lao, achantándole con un dedo acusador, y a cada palabra que decía, Neuval fue frunciendo más los labios—. ¡A ver si te enteras de una vez de que eres un iris extremadamente sensible, Neu, todavía conservas gran parte del humano que eras en tu infancia y no puedes controlar todas tus emociones!

—¡De eso nada, soy el iris más poderoso de todos! —se impuso Neuval, pero Lao volvió a achantarle clavándole ese dedo de reproche en el pecho y acercándose a un palmo de su cara.

—¿¡De qué sirve todo ese poder si no puedes controlarlo al cien por cien!? —insistió e insistió, y Neuval cada vez tenía los labios más fruncidos—. ¡Con 45 años que tienes ya y con tres hijos ya mayorcitos, deja de ser tan caprichoso y orgulloso! ¡Vas a ir a casa y luego vas a ir al juicio porque lo digo yo y punto, y no me vengas otra vez con que te dan alergia las órdenes, o…!

—¡¡Basta!! —explotó Neuval, sobrepasando su límite de paciencia; estaba tan harto que comenzó a emanar de él un fuerte viento que fue arrastrando y moviendo todos los muebles y cosas del salón, y su ojo izquierdo brilló de una intensa luz blanca.

—¡A mí no me amenaces con tus malos aires que me caliento como el infierno! —gruñó Lao, desprendiendo llamas de fuego por todo su cuerpo.

—¡Uaaah…! —Denzel se tuvo que agarrar al respaldo de una butaca para no salir volando—. ¡Mi casa, niños, mi casa…!

—¡Ahora no tengo tiempo para volver a casa de rositas como si nada hubiese pasado! —exclamó Neuval—. ¡No tengo por qué estar escuchando a un par de viejos que no entienden mi verdadera situación! ¡Voy a ir al jodido Monte, pero sólo para volver a someterme a la prueba Edonus Vigi porque a mí me sale de los huevos! ¡El juicio se lo van a meter los monjes por su maldito culo y Alvion ya puede lamerme el eje de las sombras!

Después de desahogarse, el viento dejó de soplar y todo volvió a la calma, formándose un silencio súbito. Tanto Denzel como Lao se lo quedaron mirando boquiabiertos.

—Dios mío, ¡vuelves a ser el viejo Neuval de antes! —sonrió el profesor, feliz—. Hacía años que no te oía hablar así.

—¡Síiii, bieeen, vuelvo a ser yo mismo! ¿¡Contentos!? —les espetó Neuval con sarcasmo y una fingida sonrisa alegre, agitando las manitas—. ¡Soy el Neu majara de los viejos tiempos y os voy a volar la cabeza a todos mientras esnifo mis rayas de cocaína y sobrevuelo la ciudad en calzoncillos, yupiiii!

—Sí... —siguió sonriendo Denzel con ilusión—. Incluso tu sarcasmo ha vuelto.

—No es sarcasmo, todas esas cosas ocurrieron de verdad, y varias veces —le informó Lao a Denzel, y el profesor lo miró con espanto—. Con lo de "volar cabezas" ha exagerado un poco.

—Y como siempre, va el viejo chafando la diversión —le espetó Neuval.

—¿Me has llamado viejo? —preguntó Lao, con ojos como platos, era la palabra que más le dolía—. ¿¡A mí!? ¡El único vejestorio de aquí es Denzel, que tiene más años que una tortuga marina y el muy cabrón no los aparenta!

—¡Deja de huir de la realidad, carcamal, que eres el único de aquí que tiene canas! —replicó Neuval.

—Oye, que esto no es tinte —saltó Denzel, cogiéndose un mechón blanco de la sien, pero nadie le escuchaba.

—¡No tienes por qué estar siempre encima de mí como si fuese un puto crío, Lao!

—¡Si te sigues comportando como uno no me dejas más opción! ¡Muy serio y educado te comportas en la empresa pero bien que te quitas esa máscara cuando te conviene! —exclamó Lao, echando chipas por los ojos—. ¡A mí no me asustas con esos berrinches tuyos haciendo volar las cosas por los aires, que te llevo controlando desde que eras un niño! ¡Ya no estamos en el trabajo ni en un lugar público, así que ahora mismo, en este lugar y momento, soy tu padre y te prohíbo que me hables en ese tono! ¡Como vayas a hacer otra vez esa horrible prueba, te capo de arriba abajo, francesito!

—¡Atrévete, chinito!

—¡A que me quito el cinturón!

—¡Se te caerán los pantalones y no quiero verte el culo! —contestó Neuval.

—¡No me hables con ese tono! —gruñó Lao—. ¡Muéstrame más respet...!

—¡Baaah! —Neuval le sacó la lengua haciendo burla con las manos.

—¡Deja de ser un inmaduro!

—¡Baaaaahh!

—¡Neuval! ¡Ya tienes 45 años, deja de...!

—¡Baah, baaahh...! —seguía poniéndole muecas.

—Bueno, bueeeno, bloody hell —intervino Denzel, poniéndose entre los dos—. Ya habéis vuelto a la misma escena de hace treinta años y habéis demostrado lo mucho que os queréis, pero... No os desviéis del tema, ¿sí?

Lao soltó un bufido y se relajó un poco, clavándole una mirada fiera a Neuval.

—Al juicio ahora mismo —le ordenó, y miró a Denzel—. Teletranspórtale.

—Lao, espera a que se decida él mismo. Ahora que el verdadero e impredecible Neuval ha despertado, no me gustaría recibir un rodillazo en la entrepierna en el intento —dijo, mirando de reojo al hombre de los ojos grises, separándose un paso de él por si las moscas.

—Dejadlo ya —murmuró Neuval, calmándose y llevándose una mano a la cabeza, abatido—. No iré al Edonus Vigi, y tampoco al juicio. Tengo un asunto más importante del que ocuparme ahora.

—¿Qué puede haber más importante? —discrepó Lao, cruzándose de brazos—. Ahora los del Gobierno deben de estar enteradísimos de lo que ha pasado, e irán a por ti de alguna manera con los dientes bien afilados. Si vas al juicio ahora, los monjes te propondrán algún trato que te ayude a protegerte del Gobierno y a mantener a raya tu problema de descontrol. Además, deben de estar tan hartos de ti que dudo que te impongan un castigo.

—Ya se lo he dicho yo... Y esa proposición será que vuelvas a la Asociación, Neu —concluyó Denzel, con su calmada sonrisa, posándole una mano en el hombro—. No me vas a negar que desde que te exiliaste, tu vida es una mierda, ¿eh?

—Siempre das en el clavo —farfulló Neuval con fastidio.

—Es la solución que te queda para acabar de una vez por todas con tu desgracia —continuó el joven profesor—. Todavía no has realizado tu venganza, y estoy seguro de que sigue rondando por tu cabeza. También estoy convencido de que has vivido estos siete años en la agonía por la muerte de tu esposa, conteniendo la rabia por no haber podido hacer nada y seguir sin poder hacer nada. No estaría mal que ahora que estás a tiempo vuelvas a la acción, y sería una gran remontada para la KRS, que sin ti no es lo que era, y la Asociación tampoco.

—Sí, ahora sería un caos de no ser porque Raijin sigue activo y a cargo de todo —afirmó Lao—. Pero, de todas maneras, está claro que si no te hubieses exiliado durante tantos años, la MRS no se habría atrevido a tomarla con nosotros y ahora Kyo no estaría metido en el problema de ahora. Somos la RS más pequeña y vulnerable de todas porque aún no te decides a ceder el cargo ni tampoco a retomarlo, hijo. La KRS necesita un cambio, pasar página, ¿lo entiendes?

—Vale, vale, ya lo he captado —protestó Neuval, chasqueando la lengua y mirando a un lado, reflexivo—. Pero ahora tengo que dejar estas decisiones a un lado. Mi prioridad ahora mismo es encontrar a mi hija, por encima de todo, luego ya...

—¿¡Que qué!? —saltaron los dos, atónitos—. ¿¡Cómo que encontrar a tu hija!?

—Sí, la pelirroja ha vuelto a hacer de las suyas —les explicó Neuval—. Se ha largado de casa, como si nada. ¿Os lo podéis creer?

—Yo sí que me lo creo, eso lo ha heredado de ti —le espetó Lao, y Neuval le lanzó una mirada de advertencia—. ¡No me mires así, Neu! Tú a su misma edad te escapabas de casa cada dos por tres para irte de juerga a saber dónde, me tenías muchas noches en vela. Y te expulsaban del instituto constantemente. Por no hablar de peores gamberradas.

—¡Pues no haberme adoptado! —bufó Neuval.

—¡Deja de decir eso cada vez que te enfadas! Sabes que jamás te habría dejado tirado en ese callejón.

—Pues ayer Cleven vino al instituto, Neu —declaró Denzel, cansado de sus discusiones—. Vaya, no tenía ni idea de que en ese momento...

—Espera, espera —le detuvo—. ¿Cómo sabes eso?

—Ah, claro —sonrió, comprendiendo—. Es normal que los padres no conozcan la clase y el tutor de sus hijos hasta la primera reunión del curso, que es la semana que viene. No me acordaba de que vosotros aún no sabíais nada.

—¿Estás trabajando ahora de profesor de instituto? —preguntaron Lao y Neuval, arqueando una ceja.

—Sí —asintió contento—. Soy el tutor de Cleven, me lo he pasado muy bien con ella estos días de curso que llevamos, ¿sabes? Es clavada a ti. En lo chiflada que está, quiero decir. Por cierto, ¿sabe ella lo chiflado que estás tú, Neu? Porque, por las cosas que me cuenta, te describe como un hombre torpe, amargado y gruñón. ¡Y aburrido! En mi larga vida había escuchado algo tan inverosímil.

—¡Si me comporto como un hombre torpe, estricto y amargado es para que el Gobierno no sospeche de mí, y para que mis hijos sigan un buen ejemplo de conducta y no acaben siendo unos drogadictos delincuentes!

—¿Como tú? —le espetó Lao.

—¡Te parto la cara! —se ofendió Neuval.

—Vale, vaaale, qué mal genio… —intervino Denzel de nuevo entre ambos—. Está claro que estamos en una situación muy tensa aquí. Pero Neuval, no te tienes que preocupar tanto por Cleven, se parece a ti, pero en todo lo que respecta a su carácter seguro y su bondad con la gente. Te lo puedo asegurar, es muy buena niña, solamente necesita apoyo en los estudios y un poco de alegría en su vida. En el instituto yo puedo animarla a esforzarse un poco más.

—Ah... menos mal... —se alivió Neuval, abrazando al joven profesor—. Me quedo mil veces más tranquilo sabiendo quién la controla en las horas de clase. Qué gran noticia.

—Vamos, Neu, vamos... Supongo que tú tampoco sabrás que Kyo está en mi clase también, Lao.

—Oh, gracias a Dios —sollozó el viejo, también abrazando a Denzel—. Eso deja claro que no correrán peligro mientras estén en el instituto, qué gran alivio. Era una de mis preocupaciones.

—Ya está, payasadas aparte —sonrió Denzel, separándolos de él—. Sin comerlo ni beberlo vuelvo a ser la niñera de los iris.

—Pero una cosa —se percató Neuval—. ¿Kyo y Cleven en la misma clase...? Espero que no permitas que mi hija se vea involucrada en lo que ya sabes.

—De lo que habría que preocuparse es de Drasik, no de Kyo —declaró serio—. También está en mi clase, con ellos.

En ese momento Neuval se quedó completamente callado, mirando al joven muy detenidamente y con notable preocupación.

—¿Drasik? —murmuró inquieto—. Pero... él no se acuerda de ella... ¿verdad?

—No, tranquilo, no sabe quién es tu hija. Aunque... —vaciló, pensando antes de hablar—. Tengo visto que desde que Drasik reparó en tu hija hace unos días... creo que ella le ha gustado y la ha apuntado en su lista de ligues.

—¿¡Qué!? —exclamó Neuval, dando un susto de muerte a los otros dos—. ¡No puedes permitirlo! ¡No dejes que se acerque a ella! ¿¡Sabes lo que me costó encargarme de ese niño!? Denzel, es importante que Drasik no recuerde ciertas cosas, al igual que Cleven. Vosotros ya sabéis que Drasik es muy especial para mí, tengo que protegerle a él también.

—Calma, Neuval, lo sé —le tranquilizó Denzel, agitando las manos—. Pero no olvides que Nakuru está pegada a tu hija, te aseguro que ella sigue cumpliendo a rajatabla lo que le pediste de alejar a Cleven de la otra vida que llevan las personas que la rodean. Tienes suerte de que alguien como Nakuru sea la mejor amiga de Cleven desde la infancia, cuida mucho de ella. Luego, Sam está en un curso superior, pero se encarga de controlar a Kyo y a Drasik.

Neuval asintió con un suspiro, completamente conforme.

—¿Cuatro miembros de la KRS en el mismo lugar? —preguntó Lao—. No sé qué saldrá de bueno de todo esto.

—Bueno, iré a la casa de mamá a cambiarme de ropa y seguiré buscando a Cleven. Ya veré lo que hago con respecto al juicio —dijo Neuval, mirando a Lao—. Invéntate algo para Hana, por favor.

El viejo acabó por asentir, aunque de mala gana, y Neuval se dirigió a la ventana para marcharse.

—Tal vez se haya ido con tu hijo mayor —opinó Denzel.

Neuval se paró en seco antes de salir, y volvió la cabeza lentamente, mordiéndose el labio inferior.

—¿Tú crees? —preguntó inquieto—. ¿Crees que Cleven puede estar con Lex? No… Puede que Lex no me dirija la palabra, pero es el chico más correcto y honesto del mundo y me informaría enseguida de si Cleven está con él.

—¿Adónde sino iba a ir? No tiene otro sitio.

—Claro que sí —intervino Lao—. Brey vive en la ciudad. Y ella sabe que tiene un tío.

En ese momento la cara de Neuval palideció por segundos.

—No debiste sacar esa conclusión —le susurró Denzel al viejo, mirando a Neuval con apuro.

—¿Por qué no? —Lao se encogió de hombros—. Es probable, y ya sé que Neuval odia a Brey. Pero lo más triste de todo es que yo soy el abuelo de sus hijos y que sólo Lex lo sepa.

—Kei Lian, no te desvíes, mira lo que has conseguido —Denzel le señaló la cara de ira que tenía Neuval en ese momento.

—Como resulte que mi hija está con Brey y él la esté poniendo en peligro otra vez... lo mataré —musitó con gran frialdad, y en una fracción de segundo desapareció de la ventana, echando a volar a toda velocidad por el cielo.

—¿Qué le dabas de comer a este de pequeño? —preguntó Denzel, volviendo a frotarse el chichón—. Este hombre es increíble, y no lo digo por lo que es capaz de hacer, aparte, es muy cabezota.

—Lo habrá sacado de su padre biológico, porque de mí... —vaciló el viejo Lao, y se dispuso a marcharse, encaminándose hacia la puerta, acompañado por el joven profesor—. Vaya semanita que me espera. Rezaré por Brey para que no se encuentre con Neu en un estado de descontrol, si de verdad Cleven está con él. Que lo que ha ocurrido no salga de aquí, ¿de acuerdo, Denzel?

—Descuida, jovencito —sonrió, abriéndole la puerta—. Iré a hablar con Alvion Zou para que le dé un margen de tiempo a Neuval para el juicio. No sé por qué, pero creo que la KRS va a renacer.





Comentarios

  1. Drasik todod lo que tiene de listo, lo tiene de caotico, siempre me gusto este personaje muchisimo , ya lo sabes, porque era ultra pasada con él y no ha cambiado mi forma de verlo. Que tengo muchos eprsonajes que me encantan en esta hsitoria por diversoso motivos, es imposible no cogerles cariño y no entenderles cuando profunzidas e tla forma en el motivo de por que actuan como actuan, incluso cuando ahcen cosas que pueden considerarse "malas" en una balanza dependiendo de la perspectiva.

    Al fin de cuenta los iris matan gente, aunque sea gente malvada, matar es considerado algo malo tambien, entonces ese sentido del bien y el mal esta plagado de grises y algo que me encanta de esta historia, que no existe ni bien ni mal absoluto, porque eso causa extremos.

    Me encannta tambien el papel que empieza a tomar Izan en la historia, mas recordando un poco como era a continuación, es un personaje bastante dual. Me encnata este eprsonaje tambien, porque es ultra maquivelico e inquietante, el hecho de tener un poder que podria literalmente destruir a cualquiera y hacerlo desaparecer en el vacio, pero aun asi tener claras motivaciones que aun no se ven, es lo que lo hace mas inquietante. Porque no es maldad por maldad, es mas como una tortura psicologica y emocional, que al fin de cuentas es casi mas dañino para los iris eso que algo fisico.

    (Por cierto croe que pra que a mi me lleguen la notificacion aa los mensjaes que pongo, tiene que darle a responderme el mensaje, creo xD)

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