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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __









25.
Observación

Drasik iba recorriendo las calles montado sobre su monopatín y con un chupa-chups en la boca. Iba sorteando a peatones y coches con gran destreza, fluía entre los obstáculos de la calle como una corriente de agua. Con sus pelos de loco ondeando con el viento, atraía las miradas de las chicas, y él respondía con un guiño y una sonrisilla que las volvía locas.

Sin embargo, no tenía tiempo para flirtear. A la salida del instituto, mientras se marchaban los estudiantes, Drasik estaba hablando con un compañero de su equipo de fútbol cuando, entre el bullicio de la gente, le llamaron la atención dos palabras que provenían de una voz familiar, “la MRS”, y no llegó a oír más. Cuando se giró, vio que se trataba de Kaoru, conversando con Taiya, que era uno de su misma RS, un chico que era dos años menor, mientras se alejaban calle abajo. Esto alertó a Drasik, preguntándose por qué demonios esos dos miembros de la ARS estaban hablando sobre la MRS.

Tuvo que despedirse de su compañero de fútbol y salir tras ellos, pero los había perdido de vista, y ahora, un par de minutos después, estaba intentando buscarlos por la zona. Optó por ir a la callejuela del canal, que así es como los iris de por ahí llamaban a una larga calle siempre vacía que estaba entre dos altos edificios, uno de ellos un centro comercial, como salida de sus puertas traseras y donde echaban las basuras a los contenedores. En su final, estaba cortada por una valla metálica de unos seis metros. Era el tipo de callejuela donde los iris tenían la costumbre de meterse para, desde ahí, saltar a la cima de los edificios sin ser vistos.

Se metió en ella, sujetando su monopatín en la mano, pues el suelo estaba algo sucio, con basura desperdigada. De primeras no vio a nadie. Se adentró un poco más para observar el fondo, la valla del final. Fue cuando escuchó voces tras él, que veían de la entrada al callejón, por un estrecho pasillo que conectaba con la avenida del otro lado.

Alarmado, el primer impulso de Drasik fue darse la vuelta y echar a correr, pero se estampó contra el contenedor de basura que tenía justo al lado y cayó al suelo, con la frente roja y un chichón. Aguantándose el golpetazo, miró a un lado y a otro, pensando dónde esconderse. Esas voces estaban a punto de girar la esquina. No vio más remedio que meterse dentro del contenedor con su monopatín, y allí se quedó, escondido y rodeado de mierda.

Eran ellos, Kaoru y su compañero Taiya. Al parecer, Drasik había acertado con el lugar, solo que había llegado antes que ellos. Abrió levemente la tapa del contenedor y asomó los ojos con discreción para observar.

—¿Y cuánto te han pagado? —le preguntó Taiya.

—Cincuenta mil yenes —contestó Kaoru.

—¿Sólo? —se sorprendió.

—Hah… ¿Sabes lo fácil que ha sido averiguar que ese novato de Kyo salvaguardaba el pergamino que buscaban? Vamos, tío, que llevo años siendo iris, casi podría haberlo hecho con los ojos cerrados. Habría sido insultante exigir más dinero por una tarea tan fácil.

—¿Y qué? ¿La MRS ya está en movimiento?

—Nada más comunicárselo se pusieron en marcha hace unos días. Ese Kyo se va a enterar de lo que es estar en este trabajo empezando desde abajo. Seguramente habrá creído que como su abuelo es el mayor veterano de la Asociación, él iba a estar muy cómodo en sus primeros días de iris. Me gustaría estar presente cuando la MRS lo capture y lo asuste. Ese novato… —repitió con una sonrisa burlona—. He oído que tiene el mismo elemento que tú.

—Era de esperar, es el elemento también de su abuelo y el que tenía su hermano Yousuke, el que murió hace un año —dijo Taiya.

Drasik se había quedado con la boca abierta de par en par.

—Bueno, ¿qué haces esta tarde? —preguntó Kaoru—. No hay reunión con nuestra RS, ¿no?

—Hoy no. Pero yo he quedado con ese chaval de mi colegio que me ha admitido en su grupo de música, vamos a tocar. Es el hermano pequeño de esa piba con la que sales. Se llamaba Cleventine, ¿no?

—Esa piba me ha humillado delante de mucha gente —gruñó con desdén—. Se va a enterar…

—Tienes un gusto muy raro para elegir a tus novias humanas —sonrió con sorna.

—Cállate.

Al llegar a la mitad de la callejuela, los dos saltaron ágilmente entre las dos paredes, ascendiendo hasta la lejana azotea, donde se perdieron de vista, y reinó de nuevo el silencio en toda la zona.

Drasik ahora estaba a punto de darle un síncope. «¿Ese hijo de perra de Kaoru era el novio de la princesa?» se dijo, incrédulo y hecho polvo, preguntándose cómo su querida Cleven podía haber salido con semejante tipo. Sacudió la cabeza para evaporar esos pensamientos, ahora había algo más importante.

No podía creerse que Kaoru, un miembro de la ARS, aliada de la KRS, fuese quien delató a la MRS quién tenía el pergamino. Conocía a ese Kaoru desde hacía años, alguna vez la RS de él y la suya habían trabajado juntas en una misión, y, desde luego, Drasik le cogió un asco increíble a Kaoru, especialmente porque poseía el mismo elemento que él y se daba aires de ser más fuerte. Era su rival oficial. «Te vas a enterar por lo que le has hecho a Kyo» pensó con furia.

Salió del contenedor y siguió su camino hacia su casa. Al llegar al final del callejón, saltó la valla de seis metros como si nada, cayendo al otro lado, que era un pequeño terraplén por donde pasaba un canal bajo túneles. Igual que las azoteas de los edificios, era un buen atajo subterráneo, para no tener que cruzar las concurridas avenidas y calles.

Al llegar a su edificio, se adentró en su portal y subió por las escaleras a toda velocidad hasta el quinto piso. El edificio era bastante lujoso, las viviendas en cada piso eran amplias y tenían dos plantas. En el rellano del quinto, además de las escaleras, disponían de dos ascensores y había plantas decorativas, y las cuatro puertas que daban a las cuatro viviendas de ese piso se identificaban con las letras A, B, C y D. Como el rellano era rectangular, la puerta A estaba casi enfrente de la B, en los lados largos, y las puertas C y D enfrentadas a mayor distancia, en los lados cortos, siendo la D donde vivía Drasik.

Se fue directo a la puerta con la letra B y llamó al timbre varias veces. Tras un minuto sin respuesta, miró su reloj y se preguntó cómo es que a esa hora Raijin todavía no había vuelto de la universidad. Sabía cuándo volvía, pues la mayoría de las veces venía con su hermano mayor, que también estudiaba Medicina en la misma universidad.

Miró a un lado y a otro, sin saber qué hacer. Podría esperar o ir él mismo a buscar a Raijin, pero no. Tenía su orgullo, y como Raijin le caía gordo, desechó la segunda opción.

—¡Drasik!

El chico se dio un pequeño susto y se giró. Vio a una mujer joven, de veintipocos años, saliendo por la puerta C, acercándose a él con cara preocupada. Mei Ling Lao era una chica innegablemente bella, con una larga melena negra que se mecía en el aire a su paso, como un velo de jade negro brillante, y unos grandes ojos de un color negro azabache –heredados de su abuelo–. Aunque a simple vista parecía delgada y delicada, en realidad tenía unos buenos hombros, y unos buenos bíceps, solamente visibles cuando los apretaba.

—¡Mei Ling! ¿Qué tal? —le sonrió Drasik tan contento.

—¿Sabes ya algo de mi hermano? —le preguntó directamente, agarrándolo de los hombros.

—Sí, tu abuelo se lo contó a Raijin y Raijin a nosotros. Anoche nos pusimos en marcha para organizarnos, y esta tarde Sam ha recibido al fin un mensaje de Kyo. Está en Chiba sano y salvo. Ahora iba a comunicárselo a...

—Sui-chan, no hables tanto —irrumpió una fría voz en el rellano, y ambos supieron enseguida de quién se trataba—. Se te oye desde abajo.

Vieron a Raijin acabando de subir por las escaleras, acompañado de otro chico casi de su misma edad, algo más bajito, con sus mochilas al hombro. El chico de su lado, Eliam Jones, tenía casi la misma cara que Drasik, solo que Eliam tenía el cabello castaño, normal, hacia abajo, y los ojos avellana.

—Mei Ling, no puedes hacer preguntas sobre estos temas —le dijo Raijin a la mujer al reunirse con ellos.

—Hah... —suspiró ella, asintiendo con la cabeza—. Ya lo sé, lo siento. ¿Estás tú al mando de esto? —le preguntó, y Raijin asintió—. Por favor, cuidad de Kyo, esta vida es nueva para él... y no quiero que acabe como You.

—Mei, tranqui —le sonrió Eliam para animarla—. Vos dejalo en manos de Raijin. Eh… ¿Qué es ese olor? —preguntó de repente, olfateando el aire.

Mei Ling también olfateó y se tapó la nariz, asqueada, mientras Raijin se limitaba a darse la vuelta, dándole la espalda a Drasik. Eliam miró a su hermano menor.

—Olés a mierda, Drasik —le declaró con gran sorpresa.

—¿¡Te crees que no lo sé!? —gruñó este con la cara irritada—. ¿¡Sabéis lo que es para un iris Agua tener suciedad y desprender olor!? ¡Ultraje! Así que no me miréis así, sabéis que soy más limpio e inodoro que todos vosotros juntos, si no fuese porque no me quedó más remedio que meterme en un contenedor para espiar a dos capullos. Y tú —le espetó a su hermano mayor—. Vete de una vez a casa. Aquí los iris tenemos asuntos importantes que tratar.

Eliam negó con la cabeza, acostumbrado a las extravagancias de Drasik, e invitó a Mei Ling a tomar un té a su casa para dejar a solas a los otros dos. Aunque, antes de entrar, Eliam se volvió hacia Drasik.

—¿Vos cenás en casa? Porque esta noche trabajo en el restaurante yo no regreso hasta tarde.

—Tranquilo, voy a estar por ahí —le respondió Drasik, haciéndole gestos con la mano para que se fuese ya, y su hermano le lanzó una mirada de advertencia que Drasik conocía bien, sabiendo que le estaba pidiendo que tuviese cuidado.

El hermano mayor de Drasik tenía 19 años. Iba un curso por debajo de Raijin en la carrera de Medicina, solo que él estudiaba la especialización de Virología, por lo que él y Raijin se llevaban bien. De hecho, todo el mundo se llevaba bien con Eliam. Era una persona siempre simpática, generosa con todos, de trato suave y con mucha paciencia, la cual demostraba continuamente con el loco de su hermano. Cuando hablaba, llamaba la atención su acento rioplatense, que conservaba a pesar de haber vivido casi toda su vida en Japón.

Cuando Drasik tenía apenas 1 año y su hermano 4, su madre, de origen argentino, y su padre, estadounidense, se divorciaron. Pero no fue uno de esos divorcios en que los padres se habían peleado y no podían ni verse, sino uno que había ocurrido por la simple razón de que padre y madre querían seguir distintos caminos. Aunque, en realidad, Drasik llevaba años sospechando que hubo otro motivo más importante, probablemente relacionado con la seguridad de la familia. Pero ya nunca lo sabría.

Lo que sí sabía, es que sus padres siempre se habían llevado bien. Eliam se quedó con su madre y con su abuela en Bahía Blanca, una ciudad portuaria al sur de Buenos Aires, mientras que Drasik se quedó con su padre en Nueva York. Pero como su padre era marine y con muchos contactos, tenían facilidad para viajar cuando quisieran, y solían visitar a su madre, a su abuela y a Eliam en Argentina a menudo.

Sin embargo, esta vida duró un par de años y medio, porque cuando Drasik tenía 3 y Eliam 6, una noche en que la familia estaba pasando un fin de semana juntos en Bahía Blanca, sus padres fueron asesinados, una tragedia horrible que sólo Drasik presenció y acabó convirtiéndolo en iris.

Fue ahí cuando su corta vida cambió radicalmente. Tras ser llevado al Monte Zou para ser tratado y cumplir su año de entrenamiento, ciertas circunstancias llevaron a Drasik a vivir a Tokio desde entonces hasta ahora. Su hermano se fue con él porque no quiso separarse de él. Aun así, ambos chicos solían ir cada año a visitar a su abuela a Bahía Blanca durante las vacaciones de verano o de Navidad, y Drasik también solía ir a veces a Nueva York para cuidar del apartamento de su padre, que todavía conservaba.

Una vez solos en el rellano, Raijin fue sacando las llaves de su puerta, la B, para entrar. Drasik, pese a que su superior guardaba silencio, sabía que estaba esperando a que hablase.

—En el mensaje que ha recibido Sam, Kyo informa de que huyó hasta Chiba, y que ha acudido a la guarida que el señor Massimiliano tiene por ahí, para usar el Replicador. Ha hecho una réplica exacta para ser capaz de engañar el olfato del Dobutsu, o sea que Kyo mismo espera ser capturado en algún momento y disponer de este recurso de escape. Al final de la nota ponía “engaño, Funabashi”. Parece que Kyo calcula que será capturado cuando llegue a Funabashi, poco antes de llegar a Tokio. Oh, y confirma que le persiguen 4 iris, obviando al Dobutsu entre ellos.

—¿Sigue Sam mandando cuervos para mantener a Kyo localizado? —preguntó mientras abría la puerta.

—Sí, seguirán sus movimientos de manera constante e irán informando a Sam de cada… ¡hala! —exclamó de pronto al ver el interior de la casa de Raijin.

Este expresaba la misma sorpresa, a su manera, con cara seria pero paralizado en el sitio, contemplando el gran desorden que había.

—Ellos otra vez… —masculló Raijin, cerrando los ojos, pero volvió la vista hacia el chico—. ¿Algo más?

—Ya te digo, acabo de descubrir que el capullo de Kaoru, el de la ARS, ¡es el espía que la MRS ha usado para delatar a Kyo! —le dijo como si fuese la noticia bomba.

—Muy bien, vuelve a tu trabajo con Nakuru.

—¿Qué? ¿Y qué pasa con Kaoru?

—Olvídalo.

—¡Ni de coña! ¡Hay que partirle la cara a ese idiota…!

—He dicho que te olvides de él —Raijin se giró para mirarlo fijamente a los ojos—. Y que te centres en tu misión ya asignada. ¿Puedes por una vez cumplir las órdenes que se te dan y dejar las emociones a un lado?

—N… ¡No tiene nada que ver con emociones! —se ofendió Drasik, rabioso—. ¡Es hacer justicia! ¡Nuestro trabajo!

—En nuestro trabajo hay prioridades. Y la nuestra, ahora, es centrarnos en ayudar a Kyo y detener a la MRS. No en distraernos con terceros implicados. Ve a cumplir tu prioridad con Nakuru.

—¡Pero…!

Otvalí uzhé! —se hartó Raijin, entrando su casa y cerrando la puerta en sus narices. (= ¡Que te largues ya!)

—¡No me hables en ese idioma que no entiendo!

Drasik reprimió las ganas de darle una patada a la puerta. Raijin lo sacaba de quicio. Finalmente, se marchó refunfuñando.


* * * * * *


En esa fría tarde noche del lunes, Cleven decidió pasar un rato en su cafetería favorita de la ciudad. Al entrar, sintió un ambiente cálido que la reconfortó del frío y, antes de irse a sentar a una mesa, echó un vistazo a ver si encontraba a Yako. Lo divisó tras la barra de la sección de pastelería, atendiendo a un grupo de chicas que no debían tener más de 14 años.

Le resultó divertida la escena. Mientras Yako les preguntaba qué querían por octava vez, estas seguían sin apenas escucharlo, pues estaban demasiado ocupadas contemplándolo, absortas, hechizadas con sus ojos dorados y su sonrisa de inagotable paciencia y amabilidad.

Cleven se sentó en la barra del bar y esperó a que alguien la atendiese. Vio a MJ un poco más allá, detrás de la misma barra, limpiando unos vasos con muy mala uva, y se dio cuenta de que estaba mirando con recelo hacia el otro lado del local, donde estaban las jovencitas tonteando con Yako.

A Cleven le llamó la atención esto. MJ le había parecido una chica similar a Yako, bienhumorada, tranquila, segura de sí misma, que nada la afectaba… ¿Por qué estaba de repente tan molesta y lo trataba de disimular? ¿Estaba celosa de esas crías?

Inesperadamente, se dio cuenta de que Sam estaba frente a ella, apoyado sobre la barra, muy cerca de ella. La joven se lo quedó mirando con un repentino nudo en la garganta. Otra vez, esa aura rara que desprendía Sam, la inquietaba. Volvía a llevar puesta la capucha y la braga de nieve que le ocultaba el rostro, y como no sabía si Sam la estaba mirando o no, se puso nerviosa, preguntándose si debía hacer algo o decir algo, o marcharse del lugar…

—¿No tienes casa o qué? —preguntó Sam entonces.

—Eh… —titubeó—. Sí… bueno… estoy en un hotel, y tal. ¿Por qué?

—No sé. Como no pides nada, he pensado que tal vez pretendes convertir este sitio en un lugar donde vivir.

Cleven se lo volvió a quedar mirando, sin decir nada. No tenía ni idea de si debía considerar esa respuesta con un tono borde o si se trataba de un simple comentario. Era casi como si a Sam le molestase que ella estuviese ahí sin pedir nada. Como Sam era capaz de hacer dudar así a la gente, haciendo que esta no supiese cómo interpretar una de sus frases, era calificado como el “chico raro”. Pero Cleven ya lo había conocido un poco aquella mañana en el instituto, y por ello no se dejó intimidar lo más mínimo.

—Quiero un batido de chocolate extra —le ordenó severamente, pero con una sonrisa.

Pudo oír una risa proveniente de Sam justo antes de que este fuese a preparar el batido, por lo que supo que el chico se alegraba de verla otra vez por allí. Tras un minuto, volvió y le sirvió el pedido: un enorme vaso de batido de chocolate cubierto de nata y bañado de chocolate líquido. Cleven miró el vaso y luego a Sam.

—Quiero una guinda —le ordenó.

Sam se despegó de la barra de nuevo, se metió en la cocina y volvió con la guinda cogida delicadamente por el tallo con una servilleta se la puso sobre la nata con exagerada cortesía. Después volvió a apoyarse en la barra frente a ella.

—Falta la pajita —le dijo.

Y Sam movió el brazo para coger una pajita en un bote que había detrás de la barra, en un estante a su lado. Se la puso y se quedó ahí plantado tal cual.

—¿Contento? —le sonrió Cleven mientras daba un trago.

Supo que Sam le dedicó una sonrisa tras la braga de nieve.

—Haces muy bien tu trabajo de camarero —le dijo ella.

—Y tú has mejorado tu trabajo de clienta. Pidiendo las cosas de forma directa y clara. Por fin.

«Ya sabía yo…» pensó Cleven, riéndose. «Ya lo voy conociendo mejor». Sam empezó a quitarse todas sus prendas de abrigo, y los guantes, mientras miraba el termostato que había en la pared junto a la cafetera. Cleven volvió a quedarse en trance observando su exótico aspecto. Le parecía un chico muy cool.

—¿Por qué te has descubierto? —le preguntó.

—Puedo soportar esta temperatura, hemos arreglado la calefacción.

—Yako me comentó que vives en Tokio ya desde pequeño. ¿Aun así no te has acostumbrado a este clima en invierno?

—M, hm —asintió.

—¿Les pasa lo mismo a tus padres?

Sam le lanzó una breve mirada inexpresiva, mientras se recogía el pelo con una ancha diadema negra que le cubrió la frente y parte de la cabeza, haciendo que los largos mechones le cayesen por la espalda.

—A mi padre tampoco le gusta el frío —contestó—. Con respecto a mi madre, ella murió hace ya años.

—Oh… —se sorprendió—. Vaya, lo siento mucho. Mi madre también murió, hace unos años.

Sam soltó una especie de murmullo de comprensión, apoyando la cabeza en una mano mientras observaba serenamente cómo MJ conversaba con Yako al otro lado de la barra, reprochándole que no les siguiese la corriente a las jovencitas con hormonas en acción y que sirviese los pedidos sin perder el tiempo.

—Está celosa —comentó Sam para sí.

Cleven supo que se refería a MJ, y sonrió divertida al ver que el chico pensaba igual que ella. Descubrió entonces que Sam, a pesar de aparentar ser un chico distraído, serio y poco hablador, era bastante sociable y muy observador, incluso llegó a pensar que cariñoso. «No es un tío tan raro» se dijo a sí misma. «¡Un momento! ¡Eso ya lo dije antes! ¡Y luego resultó ser un tío raro! Ah, ya... Un chico a veces raro y a veces no, lo que le hace más raro».

Cleven estuvo un rato espiando disimuladamente con Sam el comportamiento tan entretenido que mostraban Yako y MJ el uno con el otro, mientras disfrutaba de su batido de chocolate extra, hasta que oyó que alguien entraba en el local y se giró para ver.

Sam pegó un brinco del susto que se llevó, cuando vio dos chorros de batido de chocolate saliendo a presión por la nariz de Cleven. Yako, que en ese momento pasaba por su lado, la vio ahí tosiendo y dejando el vaso sobre la barra, a punto de darle un telele.

—¿Estás bien? —preguntó Yako, posándole una mano en la espalda.

Cleven levantó la cabeza tras aclararse la garganta y miró a Yako con una gran sonrisa y con dos ríos de batido saliéndole por la nariz.

Oddio! ¿¡Cómo has hecho eso!? —exclamó Yako, estupefacto.

—Anda, la pelmaza —dijo Raijin, apareciendo junto a ellos, pues era quien había entrado en el local produciendo esa reacción en Cleven.

Ella se quedó mirándolo como hipnotizada, sonrojada y sorprendida, con toda la cara manchada, de lo que al parecer todavía no se había dado cuenta. Como estaba soñando con sólo ver su rostro tallado por ángeles, no decía palabra ni hacía movimiento alguno. Sam, Yako y Raijin la observaron un rato, intentando convencerse a sí mismos de que esa chica era una persona normal y corriente, y no una criatura de circo. Yako fue el primero en reaccionar, mirando a su amigo.

—¿Qué nuevas traes? —le preguntó tan risueño.

—Vengo a proponerte un plan para esta noche —dijo Raijin, serio—. ¿Te ha contado Sam lo de Kyo?

—Sí —afirmó Yako.

—Pues ven, tú y yo ya tenemos trabajo —le dijo, llevándolo a una mesa apartada para hablar, y se volvió para mirar a Sam mientras se alejaba de la barra.

Este le asintió con la cabeza, indicándole que seguía esperando noticias por parte de sus mensajeros. Cleven, por otra parte, seguía ahí sentada en el taburete, sin quitarle el ojo de encima a Raijin, sin enterarse de nada de lo que decían. «Ahí está...» se dijo en un suspiro, «Sabía que volvería a verlo. Esta cafetería es nuestro punto de encuentro… ay…».

Ni siquiera se acordó de lo borde que Raijin había sido el día anterior cuando se separaron, ya no le importaba aquello. Cleven era así, así que lo que le dijo Denzel aquella tarde sobre que no fuese tan impulsiva a la hora de conocer a alguien, le entró por un oído y le salió por otro. ¿Por qué no ser impulsiva con Raijin? Cleven estaba segura de que no era como Kaoru.

Había una contrariedad entre las personas que eran como Kaoru y las que eran como Raijin. Personas como Kaoru siempre se mostraban encantadoras por fuera, como demasiado perfectas, y siempre asegurando a los demás que podían confiar en él, contar con él, siempre disponible, siempre convenciendo a la gente con facilidad. Y personas como Raijin… bueno, no había muchos como él, pero su comportamiento siempre era crudamente honesto. Pero la cruda honestidad tampoco debía confundirse con ser una persona mala o peligrosa.

Kaoru usaba esa máscara de excesivo encanto para conseguir cosas de los demás, era lo que se conocía como una “persona interesada”, de sus propios intereses, claro, los intereses de los demás no le importaban. Cleven caía en sus palabras amables y halagos de forma que cuando Kaoru le pedía lo que él quería, “vamos a comer aquí, vamos a quedar a esta hora que me viene bien, bésame aquí y ahora, haz esto, haz lo otro”, ella accedía a todo, porque se sentía como en deuda con él por recibir su encanto y sus halagos.

Por eso, personas como Kaoru sí que eran peligrosas. Raijin, en cambio, usaba su honesto desinterés por los caprichos, las mentiras o las estupideces de los demás porque él no tenía tiempo para absurdeces ni deseo de conseguir nada de los demás, sólo tenía interés para cosas importantes. Y, aun así, había accedido al tonto capricho de esa pelirroja de ayudarla a conocer la zona de la ciudad, por muy malhumorado que hubiese estado todo el tiempo.

Por tanto, no todos los que parecían buenos y maravillosos por fuera tenían buenas intenciones por dentro, ni todos los que eran más serios, fríos o antipáticos carecían de buen corazón. Kaoru le había pedido muchas cosas a Cleven, mientras que Raijin no le había pedido nada, es más, hasta había rechazado dos o tres veces lo que Cleven voluntariamente le había ofrecido, como el takoyaki que compró o la invitación a comer.

Se podría decir que Yako era un tipo de persona igual que Kaoru por tener en común con él ese comportamiento extremadamente amable y atento con los demás. La diferencia era que Yako se mostraba por fuera igual a como era por dentro. Su simpatía y disposición hacia los demás eran genuinas, pues en ningún momento Yako usaba su encanto para pedir nada a los demás. Él sólo daba. Nunca pedía. Y si pedía algo, eran cosas normales, sencillas, lógicas, sin dejar de pensar en el bienestar del otro. Este era el principal rasgo para diferenciar a una falsa persona encantadora de una auténtica persona encantadora.

Cleven tenía tanta curiosidad por Raijin que no iba a rendirse. Era la primera vez que conocía a un tipo con esa forma de ser, y le atraía. ¿Curiosidad, atracción, un simple capricho? Podría ser un poco de cada cosa.









25.
Observación

Drasik iba recorriendo las calles montado sobre su monopatín y con un chupa-chups en la boca. Iba sorteando a peatones y coches con gran destreza, fluía entre los obstáculos de la calle como una corriente de agua. Con sus pelos de loco ondeando con el viento, atraía las miradas de las chicas, y él respondía con un guiño y una sonrisilla que las volvía locas.

Sin embargo, no tenía tiempo para flirtear. A la salida del instituto, mientras se marchaban los estudiantes, Drasik estaba hablando con un compañero de su equipo de fútbol cuando, entre el bullicio de la gente, le llamaron la atención dos palabras que provenían de una voz familiar, “la MRS”, y no llegó a oír más. Cuando se giró, vio que se trataba de Kaoru, conversando con Taiya, que era uno de su misma RS, un chico que era dos años menor, mientras se alejaban calle abajo. Esto alertó a Drasik, preguntándose por qué demonios esos dos miembros de la ARS estaban hablando sobre la MRS.

Tuvo que despedirse de su compañero de fútbol y salir tras ellos, pero los había perdido de vista, y ahora, un par de minutos después, estaba intentando buscarlos por la zona. Optó por ir a la callejuela del canal, que así es como los iris de por ahí llamaban a una larga calle siempre vacía que estaba entre dos altos edificios, uno de ellos un centro comercial, como salida de sus puertas traseras y donde echaban las basuras a los contenedores. En su final, estaba cortada por una valla metálica de unos seis metros. Era el tipo de callejuela donde los iris tenían la costumbre de meterse para, desde ahí, saltar a la cima de los edificios sin ser vistos.

Se metió en ella, sujetando su monopatín en la mano, pues el suelo estaba algo sucio, con basura desperdigada. De primeras no vio a nadie. Se adentró un poco más para observar el fondo, la valla del final. Fue cuando escuchó voces tras él, que veían de la entrada al callejón, por un estrecho pasillo que conectaba con la avenida del otro lado.

Alarmado, el primer impulso de Drasik fue darse la vuelta y echar a correr, pero se estampó contra el contenedor de basura que tenía justo al lado y cayó al suelo, con la frente roja y un chichón. Aguantándose el golpetazo, miró a un lado y a otro, pensando dónde esconderse. Esas voces estaban a punto de girar la esquina. No vio más remedio que meterse dentro del contenedor con su monopatín, y allí se quedó, escondido y rodeado de mierda.

Eran ellos, Kaoru y su compañero Taiya. Al parecer, Drasik había acertado con el lugar, solo que había llegado antes que ellos. Abrió levemente la tapa del contenedor y asomó los ojos con discreción para observar.

—¿Y cuánto te han pagado? —le preguntó Taiya.

—Cincuenta mil yenes —contestó Kaoru.

—¿Sólo? —se sorprendió.

—Hah… ¿Sabes lo fácil que ha sido averiguar que ese novato de Kyo salvaguardaba el pergamino que buscaban? Vamos, tío, que llevo años siendo iris, casi podría haberlo hecho con los ojos cerrados. Habría sido insultante exigir más dinero por una tarea tan fácil.

—¿Y qué? ¿La MRS ya está en movimiento?

—Nada más comunicárselo se pusieron en marcha hace unos días. Ese Kyo se va a enterar de lo que es estar en este trabajo empezando desde abajo. Seguramente habrá creído que como su abuelo es el mayor veterano de la Asociación, él iba a estar muy cómodo en sus primeros días de iris. Me gustaría estar presente cuando la MRS lo capture y lo asuste. Ese novato… —repitió con una sonrisa burlona—. He oído que tiene el mismo elemento que tú.

—Era de esperar, es el elemento también de su abuelo y el que tenía su hermano Yousuke, el que murió hace un año —dijo Taiya.

Drasik se había quedado con la boca abierta de par en par.

—Bueno, ¿qué haces esta tarde? —preguntó Kaoru—. No hay reunión con nuestra RS, ¿no?

—Hoy no. Pero yo he quedado con ese chaval de mi colegio que me ha admitido en su grupo de música, vamos a tocar. Es el hermano pequeño de esa piba con la que sales. Se llamaba Cleventine, ¿no?

—Esa piba me ha humillado delante de mucha gente —gruñó con desdén—. Se va a enterar…

—Tienes un gusto muy raro para elegir a tus novias humanas —sonrió con sorna.

—Cállate.

Al llegar a la mitad de la callejuela, los dos saltaron ágilmente entre las dos paredes, ascendiendo hasta la lejana azotea, donde se perdieron de vista, y reinó de nuevo el silencio en toda la zona.

Drasik ahora estaba a punto de darle un síncope. «¿Ese hijo de perra de Kaoru era el novio de la princesa?» se dijo, incrédulo y hecho polvo, preguntándose cómo su querida Cleven podía haber salido con semejante tipo. Sacudió la cabeza para evaporar esos pensamientos, ahora había algo más importante.

No podía creerse que Kaoru, un miembro de la ARS, aliada de la KRS, fuese quien delató a la MRS quién tenía el pergamino. Conocía a ese Kaoru desde hacía años, alguna vez la RS de él y la suya habían trabajado juntas en una misión, y, desde luego, Drasik le cogió un asco increíble a Kaoru, especialmente porque poseía el mismo elemento que él y se daba aires de ser más fuerte. Era su rival oficial. «Te vas a enterar por lo que le has hecho a Kyo» pensó con furia.

Salió del contenedor y siguió su camino hacia su casa. Al llegar al final del callejón, saltó la valla de seis metros como si nada, cayendo al otro lado, que era un pequeño terraplén por donde pasaba un canal bajo túneles. Igual que las azoteas de los edificios, era un buen atajo subterráneo, para no tener que cruzar las concurridas avenidas y calles.

Al llegar a su edificio, se adentró en su portal y subió por las escaleras a toda velocidad hasta el quinto piso. El edificio era bastante lujoso, las viviendas en cada piso eran amplias y tenían dos plantas. En el rellano del quinto, además de las escaleras, disponían de dos ascensores y había plantas decorativas, y las cuatro puertas que daban a las cuatro viviendas de ese piso se identificaban con las letras A, B, C y D. Como el rellano era rectangular, la puerta A estaba casi enfrente de la B, en los lados largos, y las puertas C y D enfrentadas a mayor distancia, en los lados cortos, siendo la D donde vivía Drasik.

Se fue directo a la puerta con la letra B y llamó al timbre varias veces. Tras un minuto sin respuesta, miró su reloj y se preguntó cómo es que a esa hora Raijin todavía no había vuelto de la universidad. Sabía cuándo volvía, pues la mayoría de las veces venía con su hermano mayor, que también estudiaba Medicina en la misma universidad.

Miró a un lado y a otro, sin saber qué hacer. Podría esperar o ir él mismo a buscar a Raijin, pero no. Tenía su orgullo, y como Raijin le caía gordo, desechó la segunda opción.

—¡Drasik!

El chico se dio un pequeño susto y se giró. Vio a una mujer joven, de veintipocos años, saliendo por la puerta C, acercándose a él con cara preocupada. Mei Ling Lao era una chica innegablemente bella, con una larga melena negra que se mecía en el aire a su paso, como un velo de jade negro brillante, y unos grandes ojos de un color negro azabache –heredados de su abuelo–. Aunque a simple vista parecía delgada y delicada, en realidad tenía unos buenos hombros, y unos buenos bíceps, solamente visibles cuando los apretaba.

—¡Mei Ling! ¿Qué tal? —le sonrió Drasik tan contento.

—¿Sabes ya algo de mi hermano? —le preguntó directamente, agarrándolo de los hombros.

—Sí, tu abuelo se lo contó a Raijin y Raijin a nosotros. Anoche nos pusimos en marcha para organizarnos, y esta tarde Sam ha recibido al fin un mensaje de Kyo. Está en Chiba sano y salvo. Ahora iba a comunicárselo a...

—Sui-chan, no hables tanto —irrumpió una fría voz en el rellano, y ambos supieron enseguida de quién se trataba—. Se te oye desde abajo.

Vieron a Raijin acabando de subir por las escaleras, acompañado de otro chico casi de su misma edad, algo más bajito, con sus mochilas al hombro. El chico de su lado, Eliam Jones, tenía casi la misma cara que Drasik, solo que Eliam tenía el cabello castaño, normal, hacia abajo, y los ojos avellana.

—Mei Ling, no puedes hacer preguntas sobre estos temas —le dijo Raijin a la mujer al reunirse con ellos.

—Hah... —suspiró ella, asintiendo con la cabeza—. Ya lo sé, lo siento. ¿Estás tú al mando de esto? —le preguntó, y Raijin asintió—. Por favor, cuidad de Kyo, esta vida es nueva para él... y no quiero que acabe como You.

—Mei, tranqui —le sonrió Eliam para animarla—. Vos dejalo en manos de Raijin. Eh… ¿Qué es ese olor? —preguntó de repente, olfateando el aire.

Mei Ling también olfateó y se tapó la nariz, asqueada, mientras Raijin se limitaba a darse la vuelta, dándole la espalda a Drasik. Eliam miró a su hermano menor.

—Olés a mierda, Drasik —le declaró con gran sorpresa.

—¿¡Te crees que no lo sé!? —gruñó este con la cara irritada—. ¿¡Sabéis lo que es para un iris Agua tener suciedad y desprender olor!? ¡Ultraje! Así que no me miréis así, sabéis que soy más limpio e inodoro que todos vosotros juntos, si no fuese porque no me quedó más remedio que meterme en un contenedor para espiar a dos capullos. Y tú —le espetó a su hermano mayor—. Vete de una vez a casa. Aquí los iris tenemos asuntos importantes que tratar.

Eliam negó con la cabeza, acostumbrado a las extravagancias de Drasik, e invitó a Mei Ling a tomar un té a su casa para dejar a solas a los otros dos. Aunque, antes de entrar, Eliam se volvió hacia Drasik.

—¿Vos cenás en casa? Porque esta noche trabajo en el restaurante yo no regreso hasta tarde.

—Tranquilo, voy a estar por ahí —le respondió Drasik, haciéndole gestos con la mano para que se fuese ya, y su hermano le lanzó una mirada de advertencia que Drasik conocía bien, sabiendo que le estaba pidiendo que tuviese cuidado.

El hermano mayor de Drasik tenía 19 años. Iba un curso por debajo de Raijin en la carrera de Medicina, solo que él estudiaba la especialización de Virología, por lo que él y Raijin se llevaban bien. De hecho, todo el mundo se llevaba bien con Eliam. Era una persona siempre simpática, generosa con todos, de trato suave y con mucha paciencia, la cual demostraba continuamente con el loco de su hermano. Cuando hablaba, llamaba la atención su acento rioplatense, que conservaba a pesar de haber vivido casi toda su vida en Japón.

Cuando Drasik tenía apenas 1 año y su hermano 4, su madre, de origen argentino, y su padre, estadounidense, se divorciaron. Pero no fue uno de esos divorcios en que los padres se habían peleado y no podían ni verse, sino uno que había ocurrido por la simple razón de que padre y madre querían seguir distintos caminos. Aunque, en realidad, Drasik llevaba años sospechando que hubo otro motivo más importante, probablemente relacionado con la seguridad de la familia. Pero ya nunca lo sabría.

Lo que sí sabía, es que sus padres siempre se habían llevado bien. Eliam se quedó con su madre y con su abuela en Bahía Blanca, una ciudad portuaria al sur de Buenos Aires, mientras que Drasik se quedó con su padre en Nueva York. Pero como su padre era marine y con muchos contactos, tenían facilidad para viajar cuando quisieran, y solían visitar a su madre, a su abuela y a Eliam en Argentina a menudo.

Sin embargo, esta vida duró un par de años y medio, porque cuando Drasik tenía 3 y Eliam 6, una noche en que la familia estaba pasando un fin de semana juntos en Bahía Blanca, sus padres fueron asesinados, una tragedia horrible que sólo Drasik presenció y acabó convirtiéndolo en iris.

Fue ahí cuando su corta vida cambió radicalmente. Tras ser llevado al Monte Zou para ser tratado y cumplir su año de entrenamiento, ciertas circunstancias llevaron a Drasik a vivir a Tokio desde entonces hasta ahora. Su hermano se fue con él porque no quiso separarse de él. Aun así, ambos chicos solían ir cada año a visitar a su abuela a Bahía Blanca durante las vacaciones de verano o de Navidad, y Drasik también solía ir a veces a Nueva York para cuidar del apartamento de su padre, que todavía conservaba.

Una vez solos en el rellano, Raijin fue sacando las llaves de su puerta, la B, para entrar. Drasik, pese a que su superior guardaba silencio, sabía que estaba esperando a que hablase.

—En el mensaje que ha recibido Sam, Kyo informa de que huyó hasta Chiba, y que ha acudido a la guarida que el señor Massimiliano tiene por ahí, para usar el Replicador. Ha hecho una réplica exacta para ser capaz de engañar el olfato del Dobutsu, o sea que Kyo mismo espera ser capturado en algún momento y disponer de este recurso de escape. Al final de la nota ponía “engaño, Funabashi”. Parece que Kyo calcula que será capturado cuando llegue a Funabashi, poco antes de llegar a Tokio. Oh, y confirma que le persiguen 4 iris, obviando al Dobutsu entre ellos.

—¿Sigue Sam mandando cuervos para mantener a Kyo localizado? —preguntó mientras abría la puerta.

—Sí, seguirán sus movimientos de manera constante e irán informando a Sam de cada… ¡hala! —exclamó de pronto al ver el interior de la casa de Raijin.

Este expresaba la misma sorpresa, a su manera, con cara seria pero paralizado en el sitio, contemplando el gran desorden que había.

—Ellos otra vez… —masculló Raijin, cerrando los ojos, pero volvió la vista hacia el chico—. ¿Algo más?

—Ya te digo, acabo de descubrir que el capullo de Kaoru, el de la ARS, ¡es el espía que la MRS ha usado para delatar a Kyo! —le dijo como si fuese la noticia bomba.

—Muy bien, vuelve a tu trabajo con Nakuru.

—¿Qué? ¿Y qué pasa con Kaoru?

—Olvídalo.

—¡Ni de coña! ¡Hay que partirle la cara a ese idiota…!

—He dicho que te olvides de él —Raijin se giró para mirarlo fijamente a los ojos—. Y que te centres en tu misión ya asignada. ¿Puedes por una vez cumplir las órdenes que se te dan y dejar las emociones a un lado?

—N… ¡No tiene nada que ver con emociones! —se ofendió Drasik, rabioso—. ¡Es hacer justicia! ¡Nuestro trabajo!

—En nuestro trabajo hay prioridades. Y la nuestra, ahora, es centrarnos en ayudar a Kyo y detener a la MRS. No en distraernos con terceros implicados. Ve a cumplir tu prioridad con Nakuru.

—¡Pero…!

Otvalí uzhé! —se hartó Raijin, entrando su casa y cerrando la puerta en sus narices. (= ¡Que te largues ya!)

—¡No me hables en ese idioma que no entiendo!

Drasik reprimió las ganas de darle una patada a la puerta. Raijin lo sacaba de quicio. Finalmente, se marchó refunfuñando.


* * * * * *


En esa fría tarde noche del lunes, Cleven decidió pasar un rato en su cafetería favorita de la ciudad. Al entrar, sintió un ambiente cálido que la reconfortó del frío y, antes de irse a sentar a una mesa, echó un vistazo a ver si encontraba a Yako. Lo divisó tras la barra de la sección de pastelería, atendiendo a un grupo de chicas que no debían tener más de 14 años.

Le resultó divertida la escena. Mientras Yako les preguntaba qué querían por octava vez, estas seguían sin apenas escucharlo, pues estaban demasiado ocupadas contemplándolo, absortas, hechizadas con sus ojos dorados y su sonrisa de inagotable paciencia y amabilidad.

Cleven se sentó en la barra del bar y esperó a que alguien la atendiese. Vio a MJ un poco más allá, detrás de la misma barra, limpiando unos vasos con muy mala uva, y se dio cuenta de que estaba mirando con recelo hacia el otro lado del local, donde estaban las jovencitas tonteando con Yako.

A Cleven le llamó la atención esto. MJ le había parecido una chica similar a Yako, bienhumorada, tranquila, segura de sí misma, que nada la afectaba… ¿Por qué estaba de repente tan molesta y lo trataba de disimular? ¿Estaba celosa de esas crías?

Inesperadamente, se dio cuenta de que Sam estaba frente a ella, apoyado sobre la barra, muy cerca de ella. La joven se lo quedó mirando con un repentino nudo en la garganta. Otra vez, esa aura rara que desprendía Sam, la inquietaba. Volvía a llevar puesta la capucha y la braga de nieve que le ocultaba el rostro, y como no sabía si Sam la estaba mirando o no, se puso nerviosa, preguntándose si debía hacer algo o decir algo, o marcharse del lugar…

—¿No tienes casa o qué? —preguntó Sam entonces.

—Eh… —titubeó—. Sí… bueno… estoy en un hotel, y tal. ¿Por qué?

—No sé. Como no pides nada, he pensado que tal vez pretendes convertir este sitio en un lugar donde vivir.

Cleven se lo volvió a quedar mirando, sin decir nada. No tenía ni idea de si debía considerar esa respuesta con un tono borde o si se trataba de un simple comentario. Era casi como si a Sam le molestase que ella estuviese ahí sin pedir nada. Como Sam era capaz de hacer dudar así a la gente, haciendo que esta no supiese cómo interpretar una de sus frases, era calificado como el “chico raro”. Pero Cleven ya lo había conocido un poco aquella mañana en el instituto, y por ello no se dejó intimidar lo más mínimo.

—Quiero un batido de chocolate extra —le ordenó severamente, pero con una sonrisa.

Pudo oír una risa proveniente de Sam justo antes de que este fuese a preparar el batido, por lo que supo que el chico se alegraba de verla otra vez por allí. Tras un minuto, volvió y le sirvió el pedido: un enorme vaso de batido de chocolate cubierto de nata y bañado de chocolate líquido. Cleven miró el vaso y luego a Sam.

—Quiero una guinda —le ordenó.

Sam se despegó de la barra de nuevo, se metió en la cocina y volvió con la guinda cogida delicadamente por el tallo con una servilleta se la puso sobre la nata con exagerada cortesía. Después volvió a apoyarse en la barra frente a ella.

—Falta la pajita —le dijo.

Y Sam movió el brazo para coger una pajita en un bote que había detrás de la barra, en un estante a su lado. Se la puso y se quedó ahí plantado tal cual.

—¿Contento? —le sonrió Cleven mientras daba un trago.

Supo que Sam le dedicó una sonrisa tras la braga de nieve.

—Haces muy bien tu trabajo de camarero —le dijo ella.

—Y tú has mejorado tu trabajo de clienta. Pidiendo las cosas de forma directa y clara. Por fin.

«Ya sabía yo…» pensó Cleven, riéndose. «Ya lo voy conociendo mejor». Sam empezó a quitarse todas sus prendas de abrigo, y los guantes, mientras miraba el termostato que había en la pared junto a la cafetera. Cleven volvió a quedarse en trance observando su exótico aspecto. Le parecía un chico muy cool.

—¿Por qué te has descubierto? —le preguntó.

—Puedo soportar esta temperatura, hemos arreglado la calefacción.

—Yako me comentó que vives en Tokio ya desde pequeño. ¿Aun así no te has acostumbrado a este clima en invierno?

—M, hm —asintió.

—¿Les pasa lo mismo a tus padres?

Sam le lanzó una breve mirada inexpresiva, mientras se recogía el pelo con una ancha diadema negra que le cubrió la frente y parte de la cabeza, haciendo que los largos mechones le cayesen por la espalda.

—A mi padre tampoco le gusta el frío —contestó—. Con respecto a mi madre, ella murió hace ya años.

—Oh… —se sorprendió—. Vaya, lo siento mucho. Mi madre también murió, hace unos años.

Sam soltó una especie de murmullo de comprensión, apoyando la cabeza en una mano mientras observaba serenamente cómo MJ conversaba con Yako al otro lado de la barra, reprochándole que no les siguiese la corriente a las jovencitas con hormonas en acción y que sirviese los pedidos sin perder el tiempo.

—Está celosa —comentó Sam para sí.

Cleven supo que se refería a MJ, y sonrió divertida al ver que el chico pensaba igual que ella. Descubrió entonces que Sam, a pesar de aparentar ser un chico distraído, serio y poco hablador, era bastante sociable y muy observador, incluso llegó a pensar que cariñoso. «No es un tío tan raro» se dijo a sí misma. «¡Un momento! ¡Eso ya lo dije antes! ¡Y luego resultó ser un tío raro! Ah, ya... Un chico a veces raro y a veces no, lo que le hace más raro».

Cleven estuvo un rato espiando disimuladamente con Sam el comportamiento tan entretenido que mostraban Yako y MJ el uno con el otro, mientras disfrutaba de su batido de chocolate extra, hasta que oyó que alguien entraba en el local y se giró para ver.

Sam pegó un brinco del susto que se llevó, cuando vio dos chorros de batido de chocolate saliendo a presión por la nariz de Cleven. Yako, que en ese momento pasaba por su lado, la vio ahí tosiendo y dejando el vaso sobre la barra, a punto de darle un telele.

—¿Estás bien? —preguntó Yako, posándole una mano en la espalda.

Cleven levantó la cabeza tras aclararse la garganta y miró a Yako con una gran sonrisa y con dos ríos de batido saliéndole por la nariz.

Oddio! ¿¡Cómo has hecho eso!? —exclamó Yako, estupefacto.

—Anda, la pelmaza —dijo Raijin, apareciendo junto a ellos, pues era quien había entrado en el local produciendo esa reacción en Cleven.

Ella se quedó mirándolo como hipnotizada, sonrojada y sorprendida, con toda la cara manchada, de lo que al parecer todavía no se había dado cuenta. Como estaba soñando con sólo ver su rostro tallado por ángeles, no decía palabra ni hacía movimiento alguno. Sam, Yako y Raijin la observaron un rato, intentando convencerse a sí mismos de que esa chica era una persona normal y corriente, y no una criatura de circo. Yako fue el primero en reaccionar, mirando a su amigo.

—¿Qué nuevas traes? —le preguntó tan risueño.

—Vengo a proponerte un plan para esta noche —dijo Raijin, serio—. ¿Te ha contado Sam lo de Kyo?

—Sí —afirmó Yako.

—Pues ven, tú y yo ya tenemos trabajo —le dijo, llevándolo a una mesa apartada para hablar, y se volvió para mirar a Sam mientras se alejaba de la barra.

Este le asintió con la cabeza, indicándole que seguía esperando noticias por parte de sus mensajeros. Cleven, por otra parte, seguía ahí sentada en el taburete, sin quitarle el ojo de encima a Raijin, sin enterarse de nada de lo que decían. «Ahí está...» se dijo en un suspiro, «Sabía que volvería a verlo. Esta cafetería es nuestro punto de encuentro… ay…».

Ni siquiera se acordó de lo borde que Raijin había sido el día anterior cuando se separaron, ya no le importaba aquello. Cleven era así, así que lo que le dijo Denzel aquella tarde sobre que no fuese tan impulsiva a la hora de conocer a alguien, le entró por un oído y le salió por otro. ¿Por qué no ser impulsiva con Raijin? Cleven estaba segura de que no era como Kaoru.

Había una contrariedad entre las personas que eran como Kaoru y las que eran como Raijin. Personas como Kaoru siempre se mostraban encantadoras por fuera, como demasiado perfectas, y siempre asegurando a los demás que podían confiar en él, contar con él, siempre disponible, siempre convenciendo a la gente con facilidad. Y personas como Raijin… bueno, no había muchos como él, pero su comportamiento siempre era crudamente honesto. Pero la cruda honestidad tampoco debía confundirse con ser una persona mala o peligrosa.

Kaoru usaba esa máscara de excesivo encanto para conseguir cosas de los demás, era lo que se conocía como una “persona interesada”, de sus propios intereses, claro, los intereses de los demás no le importaban. Cleven caía en sus palabras amables y halagos de forma que cuando Kaoru le pedía lo que él quería, “vamos a comer aquí, vamos a quedar a esta hora que me viene bien, bésame aquí y ahora, haz esto, haz lo otro”, ella accedía a todo, porque se sentía como en deuda con él por recibir su encanto y sus halagos.

Por eso, personas como Kaoru sí que eran peligrosas. Raijin, en cambio, usaba su honesto desinterés por los caprichos, las mentiras o las estupideces de los demás porque él no tenía tiempo para absurdeces ni deseo de conseguir nada de los demás, sólo tenía interés para cosas importantes. Y, aun así, había accedido al tonto capricho de esa pelirroja de ayudarla a conocer la zona de la ciudad, por muy malhumorado que hubiese estado todo el tiempo.

Por tanto, no todos los que parecían buenos y maravillosos por fuera tenían buenas intenciones por dentro, ni todos los que eran más serios, fríos o antipáticos carecían de buen corazón. Kaoru le había pedido muchas cosas a Cleven, mientras que Raijin no le había pedido nada, es más, hasta había rechazado dos o tres veces lo que Cleven voluntariamente le había ofrecido, como el takoyaki que compró o la invitación a comer.

Se podría decir que Yako era un tipo de persona igual que Kaoru por tener en común con él ese comportamiento extremadamente amable y atento con los demás. La diferencia era que Yako se mostraba por fuera igual a como era por dentro. Su simpatía y disposición hacia los demás eran genuinas, pues en ningún momento Yako usaba su encanto para pedir nada a los demás. Él sólo daba. Nunca pedía. Y si pedía algo, eran cosas normales, sencillas, lógicas, sin dejar de pensar en el bienestar del otro. Este era el principal rasgo para diferenciar a una falsa persona encantadora de una auténtica persona encantadora.

Cleven tenía tanta curiosidad por Raijin que no iba a rendirse. Era la primera vez que conocía a un tipo con esa forma de ser, y le atraía. ¿Curiosidad, atracción, un simple capricho? Podría ser un poco de cada cosa.





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