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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __









23.
Miembros de una RS

Llegó la última hora de clase en la tarde, Gimnasia. Todos los alumnos de la clase 2-A, vestidos con el chándal reglamentario, salieron de sus respectivos vestuarios hacia el campo de atletismo. Mientras esperaban a que llegase la profesora de gimnasia, todos se dividieron en grupos para charlar en torno al campo.

Cleven estaba con Raven y otros amigos. Nakuru, en otra parte, estaba hablando con una de sus compañeras del club del periódico del instituto sobre cómo organizarse las próximas tareas del club. Cuando terminó, fue a reunirse con sus dos amigas, pero, de pronto, un brazo se posó sobre sus hombros, obligándola a girar sobre sus talones, y se quedó pegada al cuerpo de Drasik.

—¿Qué haces? —masculló Nakuru, molesta.

—Suna-chan... —murmuró él, cerrando los ojos con gran drama—. Ibas a tropezarte con esa piedra —le señaló hacia el suelo, donde había una piedra enana, del tamaño de una uva—. Pero tranquila, aquí estoy yo para salvarte. No hace falta que me lo agradezcas, me conformaré con un besito…

¡Pum!

—¡Bugh!

Nakuru le había dado un codazo en el estómago.

—Deja de hacer el payaso —le gruñó mientras se alejaba.

—Esperagh... —jadeó Drasik, con un brazo en el vientre y con el otro alzado hacia la chica, doblado por la mitad—. Era broma... Tengo que decirte algo importante... uh...

—Sí, claro —pasó de él.

—Sam ya tiene noticias —dijo entonces, mientras intentaba incorporarse.

—¿¡Cómo!?

—¡Ogh!

Nakuru se había abalanzado contra él con brusquedad, agarrándolo por los hombros.

—¿Qué te ha dicho? ¿Dónde está Kyo? ¿Está bien?

—Jopé… Cuando se trata de Kyo, te preocupas, y cuando soy yo, que me parta un rayo, ¿no? —protestó Drasik, ofendido.

—Por supuesto, tú sólo eres el idiota del grupo. Y Kyo es nuestro novato. Dime de una vez qué te ha dicho Sam.

—No, si no he hablado con él. Durante el cambio de clase, me crucé con Denzel en el pasillo, que acababa de terminar de dar clase en la de Sam, y me comunicó que Sam me había estado buscando por el edificio principal, pero como nosotros nos hemos venido aquí a la pista de atletismo y él tenía que empezar su siguiente clase… En fin, que si Sam me estaba buscando, es porque ya tiene noticias.

—¿Por qué buscarte a ti?

—Para darle yo luego la información a Raijin, cuando vaya a casa, ya que vivo en el mismo edificio que él. Seguimos sin poder hacer uso de los teléfonos por si la MRS nos los vigilan así que… —se encogió de hombros.

—Pues luego voy contigo a buscar a Sam. Yo también quiero enterarme.

En ese momento, llegó la profesora de gimnasia, silbando con su pito para llamar la atención de todo el mundo. Todos se pusieron frente a la mujer guardando silencio.

—Bien, chicos —dijo entonces la profesora, sacando un cuaderno de su maleta deportiva—. Hoy me tenéis que decir, aquellos que queráis, a qué club deportivo queréis apuntaros este año. Sé que algunos de vosotros ya estáis en algún equipo, y por supuesto podéis elegir otra actividad, y los demás que quieran empezar un deporte este año, decídmelo ahora.

Los chicos y chicas empezaron a hablar entre ellos, comentando unos con otros lo que iban a hacer. La mujer comenzó a nombrarlos uno a uno mientras apuntaba en su cuaderno. Cuando llegó a Cleven, esta levantó la mano.

—A natación —contestó.

Raven la miró con sorpresa, mientras la profesora seguía con la lista.

—Cleven, ¿te vas a apuntar a natación? ¿Y eso?

—Me encanta la natación. El año pasado no pude apuntarme porque mi padre me obligó a ir a esos cursillos de refuerzo... —titubeó un momento, no quería delatar lo mala estudiante que era—… muchos cursillos de refuerzo… —murmuró.

—No sabía que te gustase ese deporte —le sonrió.

—Desde pequeña, me encanta estar en el agua.

Por otra parte, Drasik entornó los ojos hacia Cleven, con una maliciosa sonrisa. Nakuru se dio cuenta de ello al instante.

—Drasik, no —le dijo secamente.

—¿Que no? —sonrió aún más malvado—. ¿Me vas a prohibir tú que me apunte a natación?

—¡Lo tienes prohibido! —exclamó en voz baja—. Tú no puedes apuntarte a natación. ¿O no recuerdas el incidente de hace unos años? ¡Congelaste toda la piscina con gente dentro!

—Eso fue hace años, y fue un accidente, y duró cinco segundos —repuso, sin quitarle la vista de encima a Cleven—. Ahora sé controlarme.

Nakuru abrió la boca para contradecirle lo último que había dicho, pero recordó rápidamente que ella tenía prohibido hablarle a Drasik de ciertas cosas. Él creía que se controlaba, pero… no era así del todo.

Era lo mismo desde hacía siete años. Nakuru debía guardar muchos secretos, tanto de Drasik como de Cleven, como hubo ordenado el Líder antes de abandonar la KRS. Supo que ese año lo tendría más difícil, ahora que los dos, Drasik y Cleven, estaban con ella en la misma clase. Sólo esperó no defraudar al Líder, por quien aún guardaba máximo respeto y lealtad. Como mejor amiga de Cleven por una parte, y como amiga de Drasik por otra, estaba entre dos mundos que no debían tocarse.

—Drasik Jones —llamó la profesora.

—Natación —contestó él, con voz alta y clara.

—¿Puede haber algo más ridículo que un iris Sui apuntándose a clases para saber nadar? Es como apuntar a un delfín a clases de natación —le susurró Nakuru de mala gana—. Sólo te metes ahí para intentar conquistar a Cleven.

—Qué bien me conoces —le sonrió él tan tranquilo, posando un brazo sobre la cabeza de ella, pues él era más alto.

Cleven miró a Drasik con cara de muy pocos amigos, sospechando que se había apuntado a lo mismo que ella adrede. No le agradó nada la idea de estar con él en la misma actividad deportiva, no se fiaba de sus intenciones.

—Bien —declaró la profesora cuando hubo acabado—. Antes de empezar la primera clase de gimnasia del curso, me gustaría felicitar a los miembros del equipo de fútbol que estén aquí por su segunda victoria del año pasado.

Todos comenzaron a vitorear a cuatro altos y atléticos chicos. Entre ellos estaba Drasik. Eran cuatro de los veinte jugadores que formaban el equipo del instituto. Los tres compañeros de Drasik le dieron a este palmaditas en la espalda o le revolvían el pelo, felicitándose unos a otros. Los demás chicos de la clase hicieron igual. Algunas chicas, en cambio, miraban a los cuatro futbolistas soltando risitas y dirigiendo miraditas y suspiros enamorados, en especial a Drasik, el cual disfrutaba de su popularidad.

Cleven vio la situación y se quedó pasmada.

—Nakuru —la llamó, acercándose a ella como un gorrión—. ¿Por qué todos idolatran al idiota de Drasik?

—Cleven, estás un poco atrasada en los eventos de los dos últimos años —le sonrió Nakuru, con cierta desaprobación—. Eso te pasa por no leer mi periódico. Drasik es el capitán del equipo de fútbol, además del máximo goleador del año pasado.

—Venga ya.

—Seguro que tampoco sabes que Drasik es uno de los chicos más populares del instituto —añadió, cruzándose de brazos.

—¡No! ¡No puede ser! —exclamó con más rabia—. ¡Si es un imbécil, un chulo y arrogante! ¡Pero mira a estas, lanzándole guiños! —dijo señalando a la demás chicas de la clase con fastidio—. ¡Pero míralaaas!

—Gracias, gracias, yo también os quiero —decía Drasik con orgullo.

—Bueno, vamos a empezar —dijo entonces la profesora, intentando calmar a las masas que envolvían a Drasik—. Venga. Formad cuatro filas en el campo…

Todos empezaron haciendo relevos con una actitud animada. Cleven, durante la hora de gimnasia, estuvo pensando, más bien, comiéndose el coco, al descubrir quién era Drasik en realidad en el instituto. Ella, que era la primera vez que tenía contacto con él por estar en su misma clase este año, había tenido una primera imagen de Drasik como un chico normal y corriente, un poco idiota, y mujeriego, el payaso de la clase, y bueno, al menos en eso no se equivocaba.

Harta de pensar en esto, se puso a soñar con Raijin, el chico misterioso que había conocido el día anterior y con el que anhelaba conseguir una relación más estrecha. Confiaba en que lo volvería a ver, es más, había decidido pasar el mayor tiempo posible en la calle por si lo veía por la zona donde lo conoció.

Por otra parte, Nakuru, que en ese momento de la clase estaba de pareja con Cleven, no era consciente de que su amiga estaba un poco por las nubes, pues se mostraba muy patosa para coger el relevo que ella le pasaba. Estaba ansiosa por que se acabase la clase e ir en busca de Sam y saber lo que sea sobre el paradero de Kyo.

Al mirar a Drasik durante la clase de gimnasia, le molestó no notarlo tan preocupado por Kyo como ella. Drasik siempre había destacado por ser eso, un iris un poco alocado, despreocupado, que le costaba mantenerse centrado en una sola cosa durante varios minutos, que no se tomaba en serio el peligro real que pudiera depararle en medio de una misión. Era un tipo de iris mucho más regido por las emociones y menos por la razón. Había muchos iris así por el mundo, pero eran una minoría. Aun así, en el momento de la verdad, Drasik sabía hacer bien su trabajo y tenía bien metida en la cabeza la máxima prioridad de un iris: proteger y salvar a los humanos inocentes en todo momento.

Tal vez fuera porque Drasik llevaba haciendo este trabajo prácticamente toda su vida. Llevaba siendo iris desde que tenía memoria. Apenas recordaba nada de sus tres primeros años de vida como humano. Se convirtió demasiado temprano. No conocía otra vida.

Sin embargo, también es posible que Nakuru se preocupaba demasiado. Ella era lo contrario, era una iris del tipo más ejemplar y racional. Su actitud era impecable trabajando en equipo, combatiendo contra criminales y salvando a inocentes. Pero además tenía una cierta obsesión con procurar mantener la armonía cuando algo se desmoronaba. Era rígida como la roca que ella podía dominar, la piedra de apoyo de todos sus compañeros, siempre mirando de mantener las cosas estables y seguras.

Kyo le preocupaba en especial porque acababa de iniciar su vida como iris oficial y dentro de la KRS como novato, por lo que Nakuru se sentía un poco hermana mayor de él, y también de Drasik, ya que la jerarquía entre los miembros inferiores de una RS, siempre que no hubiera una razón mayor, se regía por la edad, aunque la diferencia fuera de unos meses.

Pero Drasik le preocupaba también de forma especial, y siempre era por el mismo motivo, su falta de autocontrol, a pesar de sus doce años de experiencia siendo iris.


Al llegar el final de la clase, todos estaban casi agotados después de tanto correr. Algunos volvieron a los vestuarios para cambiarse, otros ya se iban a sus casas con la ropa de gimnasia. Cleven decidió cambiarse antes de regresar al hotel, por lo que se fue a los vestuarios con Raven, aunque antes se acercó a Nakuru, la cual estaba ya con su mochila al hombro demostrando que tenía prisa.

—Nak, ¿te cambias? —le preguntó Cleven.

—No, lo siento, tengo prisa —se disculpó—. He de... acabar un artículo para el periódico.

No dijo nada más y, despidiéndose de sus amigas con una sonrisa, disimulando, se marchó hacia el edificio principal del instituto.

—Vaya —dijo Cleven, encogiéndose de hombros.

—Sí, lo mismo digo —intervino Raven, cuando entraron en los vestuarios—. Para tener seis días de fiesta, Nakuru se toma sus responsabilidades muy en serio.

—¿¡Eh!? —saltó—. ¿Seis días de fiesta?

—¿Que no lo sabes? —frunció el ceño mientras se vestía—. Cleven, ¡es el festival local! Mañana no hay clase hasta la semana que viene.

—¡Madre mía, es verdad, ya estamos en esa semana de enero! —recordó de pronto—. ¿¡Y por qué nos han hecho venir hoy lunes a clase!?

—Vamos, Cleven, hoy nos han hecho venir para mandarnos las tareas de la semana que viene y los repasos para los próximos primeros exámenes del curso. ¿No has atendido en ninguna clase de hoy?

—Tengo muchas cosas en la cabeza, Rav —se defendió.

—No me extraña, estás en medio de un buen lío —se rio—. Si tu padre aún no se ha muerto de disgusto de tu huida de ayer, al menos se aliviará cuando sepa que hoy has tenido el detalle de asistir al instituto.

—Claro, porque a mi padre sólo le importa eso —masculló entre dientes—. ¡Pero me da igual todo eso! —exclamó con ojos rebosantes de alegría—. ¡Esta es la mejor noticia que podía recibir hoy! Seis días libres. ¡Así tendré más tiempo para localizar a mi tío! Y, bueno… para localizar también a Raijin e inventarme otra excusa para estar con él… ay…


* * * * * *


Nakuru entró por la puerta principal del edificio justo cuando sonó el timbre del final de las clases. Cuando todos los alumnos salieron de sus respectivas aulas abarrotando los pasillos, a la chica le fue un poco difícil moverse entre las masas. Era la única persona que iba en dirección contraria, por lo que no podía evitar empujones y tener que parase de vez en cuando. El curso de tercero estaba en el ala sur, bastante lejos de donde estaba ella ahora.

De pronto, notó que alguien la agarraba del brazo. Volteó la cabeza y vio que se trataba de Drasik.

—¿Yéndote sin mí? —le reprochó—. Yo también estoy preocupado, ¿sabes?

—Ya… tú estás preocupado por cuánto tiempo podrás aguantar sin poder retar a Kyo en una pelea —replicó, tirando de él para seguir la marcha—. Yo estoy preocupada por si le puede pasar algo malo.

—Oye, Kyo es mi mejor amigo desde la infancia igual que lo era Yousuke, ¿vale? Me gusta pelear con él como entrenamiento, pero también me preocupa que esté a salvo. Acaba de convertirse en iris, es un novato y por eso peleo con él, para que adquiera nivel.

—Lo que tú digas, pero date prisa.

—Jo, Nak, ¿pero por qué no esperas a que salga toda esta manada de humanos? —se quejó, intentando esquivar los empujones y alzando la voz por encima del barullo—. Es a mí a quien Sam quiere anunciar las noticias sobre Kyo.

—Me da igual, quiero enterarme, y quiero enterarme ya.

Frente a ellos venía más gente, taponando los pasillos más que antes. Al ver a Nakuru desesperarse, a Drasik se le ocurrió una mala idea de las suyas. De repente, todo el mundo comenzó a dar resbalones y gritos de sorpresa. Al poco rato, todos se habían caído al suelo, y observaban con asombro que el suelo de los pasillos estaba mojado.

—¿Pero qué…? —dijeron algunos.

—¡El suelo está mojado! —exclamó una chica, frotándose el trasero por el golpe.

—Se habrá roto una cañería...

—¡Incluso hay placas de hielo! ¿De dónde han salido?

Drasik volvió a agarrar a Nakuru del brazo y la guio hacia delante sin problemas de retraso. Con toda la gente tirada en el suelo y desconcertada era más fácil caminar, así que consiguieron avanzar hasta el ala sur. Nakuru también se había sorprendido por lo ocurrido, pero supo al instante cuál fue la causa de que apareciera de pronto agua por los pasillos de salida.

—¡Tú, insensato! —le gritó, parándose de golpe al llegar a un pasillo más vacío, pero como seguía habiendo gente saliendo de las aulas, no elevó mucho la voz—. ¡No hagas eso en un lugar público!

—¿Y qué más da? —rio divertido—. ¿No tenías prisa?

—No lo has hecho por mí —gruñó—. Tú buscas cualquier excusa para fastidiar a los demás con tus bromas.

—Sí, eso es verdad —le dio la razón felizmente.

—¿Quién ha hecho qué en un lugar público? —se oyó la voz de Sam junto a ellos.

Ambos se giraron a verlo. Sam iba con el mismo uniforme que Drasik, de pantalones ocre, jersey gris, camisa blanca y corbata añil, y los mechones largos de su cabello rubio ceniza que partían de la parte alta de su cabeza caían sobre sus hombros. Tenía su cara impasible de siempre, con las manos metidas en los bolsillos y la mochila en un hombro. Sin embargo, se notó un tono de reproche en su voz.

—¡Sammy! —exclamó Drasik con una sonrisa angelical—. Nada, no hagas caso. Unas cañerías que se han roto y han inundado los pasillos de agua, pero Nakuru es tan mala que me echa la culpa a mí...

—No vuelvas a usar tu iris en un lugar público —replicó Sam seriamente.

Drasik refunfuñó. Sabía que Sam jamás creería en sus palabras.

—Sam, ¿qué sabes de Kyo? —preguntó Nakuru por fin, impaciente.

Sam les hizo un gesto para que lo siguieran hacia un lugar donde no hubiese nadie, y ambos obedecieron enseguida.

La jerarquía de la KRS de ahora había cambiado un poco con respecto a la de antes. La Asociación del Monte Zou estaba dividida en organizaciones llamadas RS, que venía del japonés Ryuu no Soshiki, “Organización del Dragón”.

A pesar de que el origen de la Asociación estaba geográficamente en China, se había establecido una mezcla de terminología japonesa y china en la nomenclatura de varias de sus características, como los apodos de cada tipo de iris y el nombre de sus organizaciones. Y también terminología turca, como, por ejemplo, el término por el que se llamaba a un iris que estaba en la primera mitad de su entrenamiento y por tanto sin dominio de elemento era un iris tohum, que significaba “semilla”. Y en su segunda mitad de entrenamiento, con un elemento ya adoptado, era un iris filiz, es decir, “brote”.

El origen idiomático de estos términos recaía en el origen cultural de sus creadoras, que fueron dos esposas de dos Zou. Una de ellas era Amarey, esposa del hijo del fundador de la Asociación, que era otomana, y la otra su nuera, que era japonesa. Ambas vivieron en la época cuando la Asociación se estaba consolidando y fortaleciendo con una presencia mundial creciente, y con este crecimiento venían nuevos elementos, factores y características nunca antes existentes y había que ponerles nombres.

Cada una de las RS era de un color, por lo que KRS, a la que pertenecían Nakuru y los demás, era Kuroi Ryuu no Soshiki, “Organización del Dragón Negro”. Otras, como la SRS, que era la mayor aliada de la KRS, significaba Shiroi Ryuu no Soshiki, “Organización del Dragón Blanco”; la MRS, la que perseguía a Kyo, era Midoriiro no Ryuu no Soshiki, “Organización del Dragón Verde”; y ARS, Akai Ryuu no Soshiki, “Organización del Dragón Rojo”, era otra aliada de la KRS y de la SRS.

Había de más colores, concretamente, once colores. Y, según el país de la RS, el color se decía con el idioma correspondiente. Todos los países del mundo tenían en cada una de sus ciudades once RS de los once colores, aunque también dependía del tamaño de la ciudad, teniendo las más pequeñas no más de tres RS.

Entonces, al referirse de forma global a una RS, por ejemplo, a la ARS, había que decir su ubicación después, como ARS de Tokio, que era la roja en Japón, o ARS de Sevilla, que sería la azul en España, siendo AmRS para la amarilla.


Una RS normalmente contaba con nueve miembros principales, que eran los iris, exhumanos que adquirieron este poder así denominado como consecuencia de un gran trauma al presenciar una horrible tragedia injusta y que sólo podía entrenarse en el Monte Zou, sede de la Asociación. Y cada uno de estos miembros dominaba uno de los nueve elementos existentes.

Pero las RS no sólo estaban formadas por nueve iris. También tenían “cooperadores”, internacionalmente conocidos con el término almaati, humanos voluntarios entrenados en diferentes especialidades para ayudar a los iris. Cada RS podía tener contratados hasta veinte de ellos. La mayoría de los almaati o cooperadores solía hacer el entrenamiento de la Areté, un tipo de entrenamiento que les permitía desarrollar habilidades físicas sobrehumanas, aunque seguían estando por debajo del nivel, mucho más sobrehumano, de los iris.

Las RS estaban dirigidas por el Líder, la persona más importante, la más fuerte, letal e inteligente del grupo; luego estaba el Segundo al Mando, o Segundo, quien llevaba con el Líder parte del mando y otras tareas superiores. Después estaba el Guardián, quien cuidaba de todos y hacía de vigilante de la ciudad donde vivía, con el deber de protegerla, de estar al corriente de lo que sucedía. Los otros seis miembros eran los iris de rango medio. Si entre ellos había un novato, este era de rango bajo, que ascendía a rango medio tras dos años de servicio.

La KRS de hoy en día no tenía Líder porque se exilió hace siete años, y el viejo Lao era el Segundo, pero el mando del liderazgo no había pasado a él porque Lao ya tenía muchos problemas con el Gobierno y era un tema inseguro. Entonces, ahora el mando lo tenía provisionalmente el Guardián, es decir, Raijin. Yako, Sam, Nakuru y Drasik eran los de rango medio, y luego estaba Kyo, de rango bajo. En cuanto a los almaati, ya no tenían, se fueron todos cuando se exilió el Líder.

Dado que el viejo Lao y su nieto Kyo compartían el mismo elemento dentro del grupo, faltaban en la KRS dos miembros principales, dos elementos. Uno de ellos abandonó la KRS después de que el Líder se exiliase, por una razón algo complicada y necesaria. Y el otro la abandonó tiempo antes, por una razón más grave.

Así que, los miembros actuales de la KRS eran sólo siete iris, pero seis elementos.

También había una pequeña jerarquía entre los iris de rango medio de una RS. Se valoraban varios factores, como la edad o los años de experiencia siendo iris, pero, por encima de estos, pesaba un factor primordial, y era, por así decirlo, el nivel de salud mental.

Drasik era un gran ejemplo para reflejar esto. Él era el más joven de la KRS, incluso más que Nakuru y que Kyo, con una diferencia de unos pocos meses. Pero, también, llevaba 13 años siendo iris; quitando el año de entrenamiento, 12 años de servicio. Nakuru, Sam y Kyo tenían menos años de servicio o experiencia que él y, siendo de edades muy cercanas, supuestamente Drasik debería poder dar órdenes sobre ellos. Sin embargo, se interponía ese factor clave. Drasik padecía un conocido “defecto” del iris que le hacía ser, pensar y actuar de una manera algo más emocional que los demás. Y precisamente Kyo, Nakuru y Sam eran de ese tipo de iris que se denominaba “ejemplar”, inmunes a este defecto y con una mente sana y más racional.

Al final, entre los miembros de rango medio, Sam quedaba como el superior de Nakuru, Kyo y Drasik. Después de él, Nakuru, y, después, Kyo y Drasik quedaban iguales. Y por encima de Sam, estaba Yako, por ser mayor en edad y… En realidad, Yako era una historia complicada aparte.


Finalmente, Sam, Nakuru y Drasik entraron en la biblioteca, donde no había nadie a esas horas. El ugandés se apoyó contra una de las mesas y se cruzó de brazos, mientras que los otros dos se sentaban en unas sillas frente a él.

—Bien —comenzó Sam—. Uno de mis cuervos me ha traído una nota de Kyo hace una hora.

—¡Wuhu! —celebraron Nakuru y Drasik, chocando los cinco—. ¿Qué ponía?

Sam sacó el pequeño papel del bolsillo de su pantalón y se lo dio a ambos. Drasik y Nakuru leyeron: “1º: huida, Chiba; 2º: MRS 4 Dobutsu; 3º: Xaviero, Replicador; 4º: engaño, Funabashi”.

—Aaah… —entendió Drasik—. Ya veo lo que ha pasado. Es como nos dijo Raijin ayer. Desde que la MRS empezó a perseguirlo, lo han obligado a alejarse más y más, sin poder volver a su casa por ninguna otra ruta. Se las bloquean todas. Como la MRS no le dejaba más remedio que alejarse más y más, ha aprovechado para huir hacia Chiba y acudir al señor Massimiliano. Tiene por ahí una de sus guaridas.

—Pero, ¿para usar el Replicador? —se extrañó Nakuru—. ¿No está esa máquina en Hoteitsuba?

—No. Hace poco hubo inspección —dijo Drasik, y Sam y Nakuru le lanzaron la misma mirada interrogante—. Lao me contó una vez que, cada año, por estas fechas, tienen que sacar armas y máquinas de las instalaciones de Hoteitsuba y esconderlas en otras partes para evitar que las inspecciones anuales de seguridad del Gobierno las descubran. El señor Massimiliano suele ofrecer sus bases para esconder esas cosas.

—De acuerdo —dijo Nakuru—. Kyo quiere hacer una réplica exacta del pergamino. Nos ha podido confirmar que sólo la mitad de la MRS lo persigue de cerca, y que el Dobutsu está entre ellos, lo que es de esperar, ya que es el único con la habilidad de rastrear a Kyo por el olfato. Seguro que por eso también la decisión de usar el Replicador. Esa máquina se supone que hace copias tan perfectas de los objetos que hasta copia los olores y hasta la última partícula química o molécula.

—Pero… ¿Ese Dobutsu sabe cómo huele el pergamino original como para saber hacer una comparación? —preguntó Drasik.

—Los pergaminos de las Técnicas tienen un olor muy característico —le respondió Sam—. Al menos para nosotros, los Dobutsu. No están hechos de una celulosa cualquiera, y son muy antiguos. Si Kyo hiciera una réplica usando cualquier otro papel, por muy parecido que fuese en composición y textura, no olería igual, y los Dobutsu sabríamos que es falso. Sin embargo, lo que me preocupa es que Kyo les dé una réplica —se llevó una mano a la barbilla—. Sí, nuestro pergamino original quedaría a salvo con nosotros, pero la MRS tendría uno igual, pudiendo aprender su Técnica, estando así en posesión de dos, que es lo que ellos querían desde un principio, lo cual no está permitido, además de ser totalmente injusto…

—No podrán aprenderla —irrumpió una nueva voz entre ellos, y Sam vio la mano de Denzel sobre su hombro, y a este a su lado, con sus gafas negras siempre puestas. Se llevó un pequeño susto, ni lo había oído ni olido, había aparecido de la nada.

Drasik y Nakuru se levantaron de sus sillas con la misma sorpresa. El profesor pasó de largo mientras hojeaba un libro en sus manos, buscando su estantería donde devolverlo.

—¿No pueden? —preguntó Drasik.

—La réplica puede ser todo lo exacta que tú quieras incluso a nivel molecular —les explicó el hombre—. Pero todos mis pergaminos están protegidos con el Sello del brujo Zhen Yu, que es lo único que puede conectar con vuestros iris, a través de la Marca que todos tenéis como tatuaje, también creada por él, y así proceder a aprender la Técnica espaciotemporal. Absolutamente nada, ni nadie, puede replicar el poder energético del Sello.

—¿Ni siquiera teniendo el mismo tipo de tinta y los mismos trazos exactos? —preguntó Nakuru.

—Zhen Yu me regaló un buen puñado de esos pergaminos, en blanco, para yo después diseñar y escribir mis Técnicas en ellos, pero él puso en todos ellos un Sello distinto en cada uno, irrepetible. Como un código de barras. Por eso, se podría decir que cada pergamino tiene su identidad. Cada Sello está programado para funcionar siempre y cuando haya sido dibujado por la misma mano de Zhen Yu. Ningún Sello que sea una mera fotocopia o réplica exacta hecha por otra persona o máquina funcionará. Zhen siempre fue así de brillante… —murmuró esto último mientras colocaba el libro en su correspondiente hueco en una estantería.

Los otros tres jóvenes detectaron ese tono nostálgico en su voz. No era la primera vez. Denzel siempre manifestaba esa añoranza cada vez que mencionaba al brujo Zhen Yu.

—Así que, deduzco que Kyo pretende hacer este engaño para conseguir un gran marco de ventaja en su carrera final hasta su casa —continuó indagando el profesor, regresando a donde estaban ellos—. Le pisan los talones y sabe que es cuestión de tiempo que lo atrapen, que es inevitable, así que la réplica es el único modo de salvar el pergamino original y de que lo dejen marchar sin perseguirlo más, al menos el tiempo suficiente para que Kyo pueda llegar hasta su casa, donde ningún iris de otra RS tiene ya permitido meterse ni robar nada.

—La cuestión es cuánto tiempo tardará la MRS en comprobar que el pergamino que le han quitado a Kyo es falso —apuntó Sam—. ¿Y si lo comprueban en el mismo momento?

—Bueno, ahí entran en juego las probabilidades y expectativas de comportamiento, algo que al parecer Kyo se ha estudiado bastante durante su entrenamiento —opinó Denzel—. Poneos en situación: la MRS, al menos los cuatro miembros que están persiguiéndolo, atrapan a Kyo en algún lugar de la ciudad o en medio de la nada; consiguen que Kyo les dé el pergamino y lo dejan ir; la réplica de primeras no despierta ninguna alarma ni sospecha, es idéntica, huele igual, así que el Dobutsu no detecta nada fuera de lugar, además que la MRS no tiene ni idea de que la máquina del Replicador se hallaba allá, en la dirección a la que Kyo ha ido en la prefectura de Chiba. Ni siquiera yo lo sabía.

»La MRS está tranquila, totalmente convencida de que lo ha logrado, no hay motivo alguno para sospechar nada. La idea de probar en ese mismo momento y lugar la activación del Sello sería un poco rara. No es como encender una bombilla con un botón. La activación de este Sello tiene un proceso energético más complejo; si vas a activarlo, es para ya aprender su Técnica ahí mismo. Y dudo que la MRS quiera estar en medio de cualquier lugar, esperando a que uno de ellos esté ahí durante las tres horas que lleva aprender la Técnica concreta de vuestro pergamino.

—Aun así, pueden comprobar si se activa, poniendo el pulgar sobre el Sello —repuso Drasik.

—Si lo hacen, es porque algo les tiene que dar una razón de gran sospecha —insistió Denzel, y se encogió de hombros—. Ahí Kyo ya juega con probabilidades inesperadas. En fin… —suspiró, mientras se quitaba las gafas un momento para limpiarlas con el borde de su camisa, manteniendo los ojos cerrados—. Supongo que ya me voy, porque os estaba buscando para preguntaros por Kyo, pero ya he oído suficiente. Hah… una nueva pelea entre dos RS rivales, a veces los iris sí que sois como niños… —dijo mientras se marchaba—. A ver si le prestáis al pobre Kyo los apuntes que se ha perdido, o luego se enfadará conmigo si le suspendo los exámenes después de todo por lo que está pasando.

Cuando Denzel salió de la biblioteca, Nakuru y Drasik miraron a Sam esperando una conclusión.

—De acuerdo. Sui-chan, informa a Raijin cuanto antes de esta novedad —le ordenó Sam a Drasik antes de irse también—. Después reúnete con Nakuru y seguid con vuestra misión intentando localizar el rastro de los miembros de la MRS que puedan estar por la ciudad. Kyo ya nos ha confirmado, por un lado, que está en Chiba, y por otro, que hay cuatro miembros de la MRS tras él, de modo que los otros cinco miembros deben de estar bloqueando las rutas que Kyo pueda coger para volver de Chiba a Tokio. Hay dos ríos entre medias, por lo que es posible que estén bloqueando los puentes. Hay que confirmar eso, y, de ser así, cuáles. Eso y averiguar los elementos de estos cinco miembros.

—Dras, ven a buscarme a mi casa cuando acabes de hablar con Raijin —le indicó Nakuru.

—A la orden, a la orden… —respondió el chico con desgana.









23.
Miembros de una RS

Llegó la última hora de clase en la tarde, Gimnasia. Todos los alumnos de la clase 2-A, vestidos con el chándal reglamentario, salieron de sus respectivos vestuarios hacia el campo de atletismo. Mientras esperaban a que llegase la profesora de gimnasia, todos se dividieron en grupos para charlar en torno al campo.

Cleven estaba con Raven y otros amigos. Nakuru, en otra parte, estaba hablando con una de sus compañeras del club del periódico del instituto sobre cómo organizarse las próximas tareas del club. Cuando terminó, fue a reunirse con sus dos amigas, pero, de pronto, un brazo se posó sobre sus hombros, obligándola a girar sobre sus talones, y se quedó pegada al cuerpo de Drasik.

—¿Qué haces? —masculló Nakuru, molesta.

—Suna-chan... —murmuró él, cerrando los ojos con gran drama—. Ibas a tropezarte con esa piedra —le señaló hacia el suelo, donde había una piedra enana, del tamaño de una uva—. Pero tranquila, aquí estoy yo para salvarte. No hace falta que me lo agradezcas, me conformaré con un besito…

¡Pum!

—¡Bugh!

Nakuru le había dado un codazo en el estómago.

—Deja de hacer el payaso —le gruñó mientras se alejaba.

—Esperagh... —jadeó Drasik, con un brazo en el vientre y con el otro alzado hacia la chica, doblado por la mitad—. Era broma... Tengo que decirte algo importante... uh...

—Sí, claro —pasó de él.

—Sam ya tiene noticias —dijo entonces, mientras intentaba incorporarse.

—¿¡Cómo!?

—¡Ogh!

Nakuru se había abalanzado contra él con brusquedad, agarrándolo por los hombros.

—¿Qué te ha dicho? ¿Dónde está Kyo? ¿Está bien?

—Jopé… Cuando se trata de Kyo, te preocupas, y cuando soy yo, que me parta un rayo, ¿no? —protestó Drasik, ofendido.

—Por supuesto, tú sólo eres el idiota del grupo. Y Kyo es nuestro novato. Dime de una vez qué te ha dicho Sam.

—No, si no he hablado con él. Durante el cambio de clase, me crucé con Denzel en el pasillo, que acababa de terminar de dar clase en la de Sam, y me comunicó que Sam me había estado buscando por el edificio principal, pero como nosotros nos hemos venido aquí a la pista de atletismo y él tenía que empezar su siguiente clase… En fin, que si Sam me estaba buscando, es porque ya tiene noticias.

—¿Por qué buscarte a ti?

—Para darle yo luego la información a Raijin, cuando vaya a casa, ya que vivo en el mismo edificio que él. Seguimos sin poder hacer uso de los teléfonos por si la MRS nos los vigilan así que… —se encogió de hombros.

—Pues luego voy contigo a buscar a Sam. Yo también quiero enterarme.

En ese momento, llegó la profesora de gimnasia, silbando con su pito para llamar la atención de todo el mundo. Todos se pusieron frente a la mujer guardando silencio.

—Bien, chicos —dijo entonces la profesora, sacando un cuaderno de su maleta deportiva—. Hoy me tenéis que decir, aquellos que queráis, a qué club deportivo queréis apuntaros este año. Sé que algunos de vosotros ya estáis en algún equipo, y por supuesto podéis elegir otra actividad, y los demás que quieran empezar un deporte este año, decídmelo ahora.

Los chicos y chicas empezaron a hablar entre ellos, comentando unos con otros lo que iban a hacer. La mujer comenzó a nombrarlos uno a uno mientras apuntaba en su cuaderno. Cuando llegó a Cleven, esta levantó la mano.

—A natación —contestó.

Raven la miró con sorpresa, mientras la profesora seguía con la lista.

—Cleven, ¿te vas a apuntar a natación? ¿Y eso?

—Me encanta la natación. El año pasado no pude apuntarme porque mi padre me obligó a ir a esos cursillos de refuerzo... —titubeó un momento, no quería delatar lo mala estudiante que era—… muchos cursillos de refuerzo… —murmuró.

—No sabía que te gustase ese deporte —le sonrió.

—Desde pequeña, me encanta estar en el agua.

Por otra parte, Drasik entornó los ojos hacia Cleven, con una maliciosa sonrisa. Nakuru se dio cuenta de ello al instante.

—Drasik, no —le dijo secamente.

—¿Que no? —sonrió aún más malvado—. ¿Me vas a prohibir tú que me apunte a natación?

—¡Lo tienes prohibido! —exclamó en voz baja—. Tú no puedes apuntarte a natación. ¿O no recuerdas el incidente de hace unos años? ¡Congelaste toda la piscina con gente dentro!

—Eso fue hace años, y fue un accidente, y duró cinco segundos —repuso, sin quitarle la vista de encima a Cleven—. Ahora sé controlarme.

Nakuru abrió la boca para contradecirle lo último que había dicho, pero recordó rápidamente que ella tenía prohibido hablarle a Drasik de ciertas cosas. Él creía que se controlaba, pero… no era así del todo.

Era lo mismo desde hacía siete años. Nakuru debía guardar muchos secretos, tanto de Drasik como de Cleven, como hubo ordenado el Líder antes de abandonar la KRS. Supo que ese año lo tendría más difícil, ahora que los dos, Drasik y Cleven, estaban con ella en la misma clase. Sólo esperó no defraudar al Líder, por quien aún guardaba máximo respeto y lealtad. Como mejor amiga de Cleven por una parte, y como amiga de Drasik por otra, estaba entre dos mundos que no debían tocarse.

—Drasik Jones —llamó la profesora.

—Natación —contestó él, con voz alta y clara.

—¿Puede haber algo más ridículo que un iris Sui apuntándose a clases para saber nadar? Es como apuntar a un delfín a clases de natación —le susurró Nakuru de mala gana—. Sólo te metes ahí para intentar conquistar a Cleven.

—Qué bien me conoces —le sonrió él tan tranquilo, posando un brazo sobre la cabeza de ella, pues él era más alto.

Cleven miró a Drasik con cara de muy pocos amigos, sospechando que se había apuntado a lo mismo que ella adrede. No le agradó nada la idea de estar con él en la misma actividad deportiva, no se fiaba de sus intenciones.

—Bien —declaró la profesora cuando hubo acabado—. Antes de empezar la primera clase de gimnasia del curso, me gustaría felicitar a los miembros del equipo de fútbol que estén aquí por su segunda victoria del año pasado.

Todos comenzaron a vitorear a cuatro altos y atléticos chicos. Entre ellos estaba Drasik. Eran cuatro de los veinte jugadores que formaban el equipo del instituto. Los tres compañeros de Drasik le dieron a este palmaditas en la espalda o le revolvían el pelo, felicitándose unos a otros. Los demás chicos de la clase hicieron igual. Algunas chicas, en cambio, miraban a los cuatro futbolistas soltando risitas y dirigiendo miraditas y suspiros enamorados, en especial a Drasik, el cual disfrutaba de su popularidad.

Cleven vio la situación y se quedó pasmada.

—Nakuru —la llamó, acercándose a ella como un gorrión—. ¿Por qué todos idolatran al idiota de Drasik?

—Cleven, estás un poco atrasada en los eventos de los dos últimos años —le sonrió Nakuru, con cierta desaprobación—. Eso te pasa por no leer mi periódico. Drasik es el capitán del equipo de fútbol, además del máximo goleador del año pasado.

—Venga ya.

—Seguro que tampoco sabes que Drasik es uno de los chicos más populares del instituto —añadió, cruzándose de brazos.

—¡No! ¡No puede ser! —exclamó con más rabia—. ¡Si es un imbécil, un chulo y arrogante! ¡Pero mira a estas, lanzándole guiños! —dijo señalando a la demás chicas de la clase con fastidio—. ¡Pero míralaaas!

—Gracias, gracias, yo también os quiero —decía Drasik con orgullo.

—Bueno, vamos a empezar —dijo entonces la profesora, intentando calmar a las masas que envolvían a Drasik—. Venga. Formad cuatro filas en el campo…

Todos empezaron haciendo relevos con una actitud animada. Cleven, durante la hora de gimnasia, estuvo pensando, más bien, comiéndose el coco, al descubrir quién era Drasik en realidad en el instituto. Ella, que era la primera vez que tenía contacto con él por estar en su misma clase este año, había tenido una primera imagen de Drasik como un chico normal y corriente, un poco idiota, y mujeriego, el payaso de la clase, y bueno, al menos en eso no se equivocaba.

Harta de pensar en esto, se puso a soñar con Raijin, el chico misterioso que había conocido el día anterior y con el que anhelaba conseguir una relación más estrecha. Confiaba en que lo volvería a ver, es más, había decidido pasar el mayor tiempo posible en la calle por si lo veía por la zona donde lo conoció.

Por otra parte, Nakuru, que en ese momento de la clase estaba de pareja con Cleven, no era consciente de que su amiga estaba un poco por las nubes, pues se mostraba muy patosa para coger el relevo que ella le pasaba. Estaba ansiosa por que se acabase la clase e ir en busca de Sam y saber lo que sea sobre el paradero de Kyo.

Al mirar a Drasik durante la clase de gimnasia, le molestó no notarlo tan preocupado por Kyo como ella. Drasik siempre había destacado por ser eso, un iris un poco alocado, despreocupado, que le costaba mantenerse centrado en una sola cosa durante varios minutos, que no se tomaba en serio el peligro real que pudiera depararle en medio de una misión. Era un tipo de iris mucho más regido por las emociones y menos por la razón. Había muchos iris así por el mundo, pero eran una minoría. Aun así, en el momento de la verdad, Drasik sabía hacer bien su trabajo y tenía bien metida en la cabeza la máxima prioridad de un iris: proteger y salvar a los humanos inocentes en todo momento.

Tal vez fuera porque Drasik llevaba haciendo este trabajo prácticamente toda su vida. Llevaba siendo iris desde que tenía memoria. Apenas recordaba nada de sus tres primeros años de vida como humano. Se convirtió demasiado temprano. No conocía otra vida.

Sin embargo, también es posible que Nakuru se preocupaba demasiado. Ella era lo contrario, era una iris del tipo más ejemplar y racional. Su actitud era impecable trabajando en equipo, combatiendo contra criminales y salvando a inocentes. Pero además tenía una cierta obsesión con procurar mantener la armonía cuando algo se desmoronaba. Era rígida como la roca que ella podía dominar, la piedra de apoyo de todos sus compañeros, siempre mirando de mantener las cosas estables y seguras.

Kyo le preocupaba en especial porque acababa de iniciar su vida como iris oficial y dentro de la KRS como novato, por lo que Nakuru se sentía un poco hermana mayor de él, y también de Drasik, ya que la jerarquía entre los miembros inferiores de una RS, siempre que no hubiera una razón mayor, se regía por la edad, aunque la diferencia fuera de unos meses.

Pero Drasik le preocupaba también de forma especial, y siempre era por el mismo motivo, su falta de autocontrol, a pesar de sus doce años de experiencia siendo iris.


Al llegar el final de la clase, todos estaban casi agotados después de tanto correr. Algunos volvieron a los vestuarios para cambiarse, otros ya se iban a sus casas con la ropa de gimnasia. Cleven decidió cambiarse antes de regresar al hotel, por lo que se fue a los vestuarios con Raven, aunque antes se acercó a Nakuru, la cual estaba ya con su mochila al hombro demostrando que tenía prisa.

—Nak, ¿te cambias? —le preguntó Cleven.

—No, lo siento, tengo prisa —se disculpó—. He de... acabar un artículo para el periódico.

No dijo nada más y, despidiéndose de sus amigas con una sonrisa, disimulando, se marchó hacia el edificio principal del instituto.

—Vaya —dijo Cleven, encogiéndose de hombros.

—Sí, lo mismo digo —intervino Raven, cuando entraron en los vestuarios—. Para tener seis días de fiesta, Nakuru se toma sus responsabilidades muy en serio.

—¿¡Eh!? —saltó—. ¿Seis días de fiesta?

—¿Que no lo sabes? —frunció el ceño mientras se vestía—. Cleven, ¡es el festival local! Mañana no hay clase hasta la semana que viene.

—¡Madre mía, es verdad, ya estamos en esa semana de enero! —recordó de pronto—. ¿¡Y por qué nos han hecho venir hoy lunes a clase!?

—Vamos, Cleven, hoy nos han hecho venir para mandarnos las tareas de la semana que viene y los repasos para los próximos primeros exámenes del curso. ¿No has atendido en ninguna clase de hoy?

—Tengo muchas cosas en la cabeza, Rav —se defendió.

—No me extraña, estás en medio de un buen lío —se rio—. Si tu padre aún no se ha muerto de disgusto de tu huida de ayer, al menos se aliviará cuando sepa que hoy has tenido el detalle de asistir al instituto.

—Claro, porque a mi padre sólo le importa eso —masculló entre dientes—. ¡Pero me da igual todo eso! —exclamó con ojos rebosantes de alegría—. ¡Esta es la mejor noticia que podía recibir hoy! Seis días libres. ¡Así tendré más tiempo para localizar a mi tío! Y, bueno… para localizar también a Raijin e inventarme otra excusa para estar con él… ay…


* * * * * *


Nakuru entró por la puerta principal del edificio justo cuando sonó el timbre del final de las clases. Cuando todos los alumnos salieron de sus respectivas aulas abarrotando los pasillos, a la chica le fue un poco difícil moverse entre las masas. Era la única persona que iba en dirección contraria, por lo que no podía evitar empujones y tener que parase de vez en cuando. El curso de tercero estaba en el ala sur, bastante lejos de donde estaba ella ahora.

De pronto, notó que alguien la agarraba del brazo. Volteó la cabeza y vio que se trataba de Drasik.

—¿Yéndote sin mí? —le reprochó—. Yo también estoy preocupado, ¿sabes?

—Ya… tú estás preocupado por cuánto tiempo podrás aguantar sin poder retar a Kyo en una pelea —replicó, tirando de él para seguir la marcha—. Yo estoy preocupada por si le puede pasar algo malo.

—Oye, Kyo es mi mejor amigo desde la infancia igual que lo era Yousuke, ¿vale? Me gusta pelear con él como entrenamiento, pero también me preocupa que esté a salvo. Acaba de convertirse en iris, es un novato y por eso peleo con él, para que adquiera nivel.

—Lo que tú digas, pero date prisa.

—Jo, Nak, ¿pero por qué no esperas a que salga toda esta manada de humanos? —se quejó, intentando esquivar los empujones y alzando la voz por encima del barullo—. Es a mí a quien Sam quiere anunciar las noticias sobre Kyo.

—Me da igual, quiero enterarme, y quiero enterarme ya.

Frente a ellos venía más gente, taponando los pasillos más que antes. Al ver a Nakuru desesperarse, a Drasik se le ocurrió una mala idea de las suyas. De repente, todo el mundo comenzó a dar resbalones y gritos de sorpresa. Al poco rato, todos se habían caído al suelo, y observaban con asombro que el suelo de los pasillos estaba mojado.

—¿Pero qué…? —dijeron algunos.

—¡El suelo está mojado! —exclamó una chica, frotándose el trasero por el golpe.

—Se habrá roto una cañería...

—¡Incluso hay placas de hielo! ¿De dónde han salido?

Drasik volvió a agarrar a Nakuru del brazo y la guio hacia delante sin problemas de retraso. Con toda la gente tirada en el suelo y desconcertada era más fácil caminar, así que consiguieron avanzar hasta el ala sur. Nakuru también se había sorprendido por lo ocurrido, pero supo al instante cuál fue la causa de que apareciera de pronto agua por los pasillos de salida.

—¡Tú, insensato! —le gritó, parándose de golpe al llegar a un pasillo más vacío, pero como seguía habiendo gente saliendo de las aulas, no elevó mucho la voz—. ¡No hagas eso en un lugar público!

—¿Y qué más da? —rio divertido—. ¿No tenías prisa?

—No lo has hecho por mí —gruñó—. Tú buscas cualquier excusa para fastidiar a los demás con tus bromas.

—Sí, eso es verdad —le dio la razón felizmente.

—¿Quién ha hecho qué en un lugar público? —se oyó la voz de Sam junto a ellos.

Ambos se giraron a verlo. Sam iba con el mismo uniforme que Drasik, de pantalones ocre, jersey gris, camisa blanca y corbata añil, y los mechones largos de su cabello rubio ceniza que partían de la parte alta de su cabeza caían sobre sus hombros. Tenía su cara impasible de siempre, con las manos metidas en los bolsillos y la mochila en un hombro. Sin embargo, se notó un tono de reproche en su voz.

—¡Sammy! —exclamó Drasik con una sonrisa angelical—. Nada, no hagas caso. Unas cañerías que se han roto y han inundado los pasillos de agua, pero Nakuru es tan mala que me echa la culpa a mí...

—No vuelvas a usar tu iris en un lugar público —replicó Sam seriamente.

Drasik refunfuñó. Sabía que Sam jamás creería en sus palabras.

—Sam, ¿qué sabes de Kyo? —preguntó Nakuru por fin, impaciente.

Sam les hizo un gesto para que lo siguieran hacia un lugar donde no hubiese nadie, y ambos obedecieron enseguida.

La jerarquía de la KRS de ahora había cambiado un poco con respecto a la de antes. La Asociación del Monte Zou estaba dividida en organizaciones llamadas RS, que venía del japonés Ryuu no Soshiki, “Organización del Dragón”.

A pesar de que el origen de la Asociación estaba geográficamente en China, se había establecido una mezcla de terminología japonesa y china en la nomenclatura de varias de sus características, como los apodos de cada tipo de iris y el nombre de sus organizaciones. Y también terminología turca, como, por ejemplo, el término por el que se llamaba a un iris que estaba en la primera mitad de su entrenamiento y por tanto sin dominio de elemento era un iris tohum, que significaba “semilla”. Y en su segunda mitad de entrenamiento, con un elemento ya adoptado, era un iris filiz, es decir, “brote”.

El origen idiomático de estos términos recaía en el origen cultural de sus creadoras, que fueron dos esposas de dos Zou. Una de ellas era Amarey, esposa del hijo del fundador de la Asociación, que era otomana, y la otra su nuera, que era japonesa. Ambas vivieron en la época cuando la Asociación se estaba consolidando y fortaleciendo con una presencia mundial creciente, y con este crecimiento venían nuevos elementos, factores y características nunca antes existentes y había que ponerles nombres.

Cada una de las RS era de un color, por lo que KRS, a la que pertenecían Nakuru y los demás, era Kuroi Ryuu no Soshiki, “Organización del Dragón Negro”. Otras, como la SRS, que era la mayor aliada de la KRS, significaba Shiroi Ryuu no Soshiki, “Organización del Dragón Blanco”; la MRS, la que perseguía a Kyo, era Midoriiro no Ryuu no Soshiki, “Organización del Dragón Verde”; y ARS, Akai Ryuu no Soshiki, “Organización del Dragón Rojo”, era otra aliada de la KRS y de la SRS.

Había de más colores, concretamente, once colores. Y, según el país de la RS, el color se decía con el idioma correspondiente. Todos los países del mundo tenían en cada una de sus ciudades once RS de los once colores, aunque también dependía del tamaño de la ciudad, teniendo las más pequeñas no más de tres RS.

Entonces, al referirse de forma global a una RS, por ejemplo, a la ARS, había que decir su ubicación después, como ARS de Tokio, que era la roja en Japón, o ARS de Sevilla, que sería la azul en España, siendo AmRS para la amarilla.


Una RS normalmente contaba con nueve miembros principales, que eran los iris, exhumanos que adquirieron este poder así denominado como consecuencia de un gran trauma al presenciar una horrible tragedia injusta y que sólo podía entrenarse en el Monte Zou, sede de la Asociación. Y cada uno de estos miembros dominaba uno de los nueve elementos existentes.

Pero las RS no sólo estaban formadas por nueve iris. También tenían “cooperadores”, internacionalmente conocidos con el término almaati, humanos voluntarios entrenados en diferentes especialidades para ayudar a los iris. Cada RS podía tener contratados hasta veinte de ellos. La mayoría de los almaati o cooperadores solía hacer el entrenamiento de la Areté, un tipo de entrenamiento que les permitía desarrollar habilidades físicas sobrehumanas, aunque seguían estando por debajo del nivel, mucho más sobrehumano, de los iris.

Las RS estaban dirigidas por el Líder, la persona más importante, la más fuerte, letal e inteligente del grupo; luego estaba el Segundo al Mando, o Segundo, quien llevaba con el Líder parte del mando y otras tareas superiores. Después estaba el Guardián, quien cuidaba de todos y hacía de vigilante de la ciudad donde vivía, con el deber de protegerla, de estar al corriente de lo que sucedía. Los otros seis miembros eran los iris de rango medio. Si entre ellos había un novato, este era de rango bajo, que ascendía a rango medio tras dos años de servicio.

La KRS de hoy en día no tenía Líder porque se exilió hace siete años, y el viejo Lao era el Segundo, pero el mando del liderazgo no había pasado a él porque Lao ya tenía muchos problemas con el Gobierno y era un tema inseguro. Entonces, ahora el mando lo tenía provisionalmente el Guardián, es decir, Raijin. Yako, Sam, Nakuru y Drasik eran los de rango medio, y luego estaba Kyo, de rango bajo. En cuanto a los almaati, ya no tenían, se fueron todos cuando se exilió el Líder.

Dado que el viejo Lao y su nieto Kyo compartían el mismo elemento dentro del grupo, faltaban en la KRS dos miembros principales, dos elementos. Uno de ellos abandonó la KRS después de que el Líder se exiliase, por una razón algo complicada y necesaria. Y el otro la abandonó tiempo antes, por una razón más grave.

Así que, los miembros actuales de la KRS eran sólo siete iris, pero seis elementos.

También había una pequeña jerarquía entre los iris de rango medio de una RS. Se valoraban varios factores, como la edad o los años de experiencia siendo iris, pero, por encima de estos, pesaba un factor primordial, y era, por así decirlo, el nivel de salud mental.

Drasik era un gran ejemplo para reflejar esto. Él era el más joven de la KRS, incluso más que Nakuru y que Kyo, con una diferencia de unos pocos meses. Pero, también, llevaba 13 años siendo iris; quitando el año de entrenamiento, 12 años de servicio. Nakuru, Sam y Kyo tenían menos años de servicio o experiencia que él y, siendo de edades muy cercanas, supuestamente Drasik debería poder dar órdenes sobre ellos. Sin embargo, se interponía ese factor clave. Drasik padecía un conocido “defecto” del iris que le hacía ser, pensar y actuar de una manera algo más emocional que los demás. Y precisamente Kyo, Nakuru y Sam eran de ese tipo de iris que se denominaba “ejemplar”, inmunes a este defecto y con una mente sana y más racional.

Al final, entre los miembros de rango medio, Sam quedaba como el superior de Nakuru, Kyo y Drasik. Después de él, Nakuru, y, después, Kyo y Drasik quedaban iguales. Y por encima de Sam, estaba Yako, por ser mayor en edad y… En realidad, Yako era una historia complicada aparte.


Finalmente, Sam, Nakuru y Drasik entraron en la biblioteca, donde no había nadie a esas horas. El ugandés se apoyó contra una de las mesas y se cruzó de brazos, mientras que los otros dos se sentaban en unas sillas frente a él.

—Bien —comenzó Sam—. Uno de mis cuervos me ha traído una nota de Kyo hace una hora.

—¡Wuhu! —celebraron Nakuru y Drasik, chocando los cinco—. ¿Qué ponía?

Sam sacó el pequeño papel del bolsillo de su pantalón y se lo dio a ambos. Drasik y Nakuru leyeron: “1º: huida, Chiba; 2º: MRS 4 Dobutsu; 3º: Xaviero, Replicador; 4º: engaño, Funabashi”.

—Aaah… —entendió Drasik—. Ya veo lo que ha pasado. Es como nos dijo Raijin ayer. Desde que la MRS empezó a perseguirlo, lo han obligado a alejarse más y más, sin poder volver a su casa por ninguna otra ruta. Se las bloquean todas. Como la MRS no le dejaba más remedio que alejarse más y más, ha aprovechado para huir hacia Chiba y acudir al señor Massimiliano. Tiene por ahí una de sus guaridas.

—Pero, ¿para usar el Replicador? —se extrañó Nakuru—. ¿No está esa máquina en Hoteitsuba?

—No. Hace poco hubo inspección —dijo Drasik, y Sam y Nakuru le lanzaron la misma mirada interrogante—. Lao me contó una vez que, cada año, por estas fechas, tienen que sacar armas y máquinas de las instalaciones de Hoteitsuba y esconderlas en otras partes para evitar que las inspecciones anuales de seguridad del Gobierno las descubran. El señor Massimiliano suele ofrecer sus bases para esconder esas cosas.

—De acuerdo —dijo Nakuru—. Kyo quiere hacer una réplica exacta del pergamino. Nos ha podido confirmar que sólo la mitad de la MRS lo persigue de cerca, y que el Dobutsu está entre ellos, lo que es de esperar, ya que es el único con la habilidad de rastrear a Kyo por el olfato. Seguro que por eso también la decisión de usar el Replicador. Esa máquina se supone que hace copias tan perfectas de los objetos que hasta copia los olores y hasta la última partícula química o molécula.

—Pero… ¿Ese Dobutsu sabe cómo huele el pergamino original como para saber hacer una comparación? —preguntó Drasik.

—Los pergaminos de las Técnicas tienen un olor muy característico —le respondió Sam—. Al menos para nosotros, los Dobutsu. No están hechos de una celulosa cualquiera, y son muy antiguos. Si Kyo hiciera una réplica usando cualquier otro papel, por muy parecido que fuese en composición y textura, no olería igual, y los Dobutsu sabríamos que es falso. Sin embargo, lo que me preocupa es que Kyo les dé una réplica —se llevó una mano a la barbilla—. Sí, nuestro pergamino original quedaría a salvo con nosotros, pero la MRS tendría uno igual, pudiendo aprender su Técnica, estando así en posesión de dos, que es lo que ellos querían desde un principio, lo cual no está permitido, además de ser totalmente injusto…

—No podrán aprenderla —irrumpió una nueva voz entre ellos, y Sam vio la mano de Denzel sobre su hombro, y a este a su lado, con sus gafas negras siempre puestas. Se llevó un pequeño susto, ni lo había oído ni olido, había aparecido de la nada.

Drasik y Nakuru se levantaron de sus sillas con la misma sorpresa. El profesor pasó de largo mientras hojeaba un libro en sus manos, buscando su estantería donde devolverlo.

—¿No pueden? —preguntó Drasik.

—La réplica puede ser todo lo exacta que tú quieras incluso a nivel molecular —les explicó el hombre—. Pero todos mis pergaminos están protegidos con el Sello del brujo Zhen Yu, que es lo único que puede conectar con vuestros iris, a través de la Marca que todos tenéis como tatuaje, también creada por él, y así proceder a aprender la Técnica espaciotemporal. Absolutamente nada, ni nadie, puede replicar el poder energético del Sello.

—¿Ni siquiera teniendo el mismo tipo de tinta y los mismos trazos exactos? —preguntó Nakuru.

—Zhen Yu me regaló un buen puñado de esos pergaminos, en blanco, para yo después diseñar y escribir mis Técnicas en ellos, pero él puso en todos ellos un Sello distinto en cada uno, irrepetible. Como un código de barras. Por eso, se podría decir que cada pergamino tiene su identidad. Cada Sello está programado para funcionar siempre y cuando haya sido dibujado por la misma mano de Zhen Yu. Ningún Sello que sea una mera fotocopia o réplica exacta hecha por otra persona o máquina funcionará. Zhen siempre fue así de brillante… —murmuró esto último mientras colocaba el libro en su correspondiente hueco en una estantería.

Los otros tres jóvenes detectaron ese tono nostálgico en su voz. No era la primera vez. Denzel siempre manifestaba esa añoranza cada vez que mencionaba al brujo Zhen Yu.

—Así que, deduzco que Kyo pretende hacer este engaño para conseguir un gran marco de ventaja en su carrera final hasta su casa —continuó indagando el profesor, regresando a donde estaban ellos—. Le pisan los talones y sabe que es cuestión de tiempo que lo atrapen, que es inevitable, así que la réplica es el único modo de salvar el pergamino original y de que lo dejen marchar sin perseguirlo más, al menos el tiempo suficiente para que Kyo pueda llegar hasta su casa, donde ningún iris de otra RS tiene ya permitido meterse ni robar nada.

—La cuestión es cuánto tiempo tardará la MRS en comprobar que el pergamino que le han quitado a Kyo es falso —apuntó Sam—. ¿Y si lo comprueban en el mismo momento?

—Bueno, ahí entran en juego las probabilidades y expectativas de comportamiento, algo que al parecer Kyo se ha estudiado bastante durante su entrenamiento —opinó Denzel—. Poneos en situación: la MRS, al menos los cuatro miembros que están persiguiéndolo, atrapan a Kyo en algún lugar de la ciudad o en medio de la nada; consiguen que Kyo les dé el pergamino y lo dejan ir; la réplica de primeras no despierta ninguna alarma ni sospecha, es idéntica, huele igual, así que el Dobutsu no detecta nada fuera de lugar, además que la MRS no tiene ni idea de que la máquina del Replicador se hallaba allá, en la dirección a la que Kyo ha ido en la prefectura de Chiba. Ni siquiera yo lo sabía.

»La MRS está tranquila, totalmente convencida de que lo ha logrado, no hay motivo alguno para sospechar nada. La idea de probar en ese mismo momento y lugar la activación del Sello sería un poco rara. No es como encender una bombilla con un botón. La activación de este Sello tiene un proceso energético más complejo; si vas a activarlo, es para ya aprender su Técnica ahí mismo. Y dudo que la MRS quiera estar en medio de cualquier lugar, esperando a que uno de ellos esté ahí durante las tres horas que lleva aprender la Técnica concreta de vuestro pergamino.

—Aun así, pueden comprobar si se activa, poniendo el pulgar sobre el Sello —repuso Drasik.

—Si lo hacen, es porque algo les tiene que dar una razón de gran sospecha —insistió Denzel, y se encogió de hombros—. Ahí Kyo ya juega con probabilidades inesperadas. En fin… —suspiró, mientras se quitaba las gafas un momento para limpiarlas con el borde de su camisa, manteniendo los ojos cerrados—. Supongo que ya me voy, porque os estaba buscando para preguntaros por Kyo, pero ya he oído suficiente. Hah… una nueva pelea entre dos RS rivales, a veces los iris sí que sois como niños… —dijo mientras se marchaba—. A ver si le prestáis al pobre Kyo los apuntes que se ha perdido, o luego se enfadará conmigo si le suspendo los exámenes después de todo por lo que está pasando.

Cuando Denzel salió de la biblioteca, Nakuru y Drasik miraron a Sam esperando una conclusión.

—De acuerdo. Sui-chan, informa a Raijin cuanto antes de esta novedad —le ordenó Sam a Drasik antes de irse también—. Después reúnete con Nakuru y seguid con vuestra misión intentando localizar el rastro de los miembros de la MRS que puedan estar por la ciudad. Kyo ya nos ha confirmado, por un lado, que está en Chiba, y por otro, que hay cuatro miembros de la MRS tras él, de modo que los otros cinco miembros deben de estar bloqueando las rutas que Kyo pueda coger para volver de Chiba a Tokio. Hay dos ríos entre medias, por lo que es posible que estén bloqueando los puentes. Hay que confirmar eso, y, de ser así, cuáles. Eso y averiguar los elementos de estos cinco miembros.

—Dras, ven a buscarme a mi casa cuando acabes de hablar con Raijin —le indicó Nakuru.

—A la orden, a la orden… —respondió el chico con desgana.





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