1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __
Raijin ya pensó en probar a descargar su electricidad, pero el Líder ya había pensado en ello antes de sujetarlo; si lo hacía, al menor chasquido que oyera, Akira lo enterraría bajo tierra sin darle tiempo.
—Vas a pagar por jodernos el plan, mocoso —le susurró este.
—¿Creías que no íbamos a hacer nada al respecto? —replicó Raijin.
—¡Creía que seríais más lógicos! Sobre todo tú, don iris perfecto. ¿Qué uso le dais a vuestro pergamino? Solamente el Líder de una RS tiene derecho a aprender su Técnica y a usarla. ¡Pero vosotros no tenéis Líder! ¡Ni siquiera Fuujin le ha cedido el cargo a nadie de vuestra RS! Tenéis un pergamino con una Técnica que nadie usa, guardado todo el tiempo en algún lugar, acumulando polvo. ¡Es un puto desperdicio! Lo más racional es darle uso a las cosas que dan una utilidad productiva a nuestro trabajo, ¿vas a decirme que no piensas igual?
—Tienes razón, yo sólo veo las cosas con la razón y la lógica, ¡y por eso respeto las normas de la Asociación, que dictan que una RS no puede tener más de una Técnica! Sólo quieres un aumento de poder para destacar en la Asociación y conseguir más prestigio.
—¡Para cumplir con éxito más misiones contra los humanos criminales!
—¡La norma de que los iris sólo pueden aprender una única Técnica y de que solamente pueden hacerlo los Líderes está por una razón, Akira! —se hartó Raijin—. ¡No es como aprender dos técnicas de lucha o de cómo freír un huevo en la sartén! ¡Son técnicas espaciotemporales que juegan con las leyes del espacio y el tiempo!
La chica y sus otros dos compañeros estaban más callados de lo normal. Cruzaban miradas silenciosas, sabiendo que su Líder estaba fingiendo que el motivo por el que querían robar otro pergamino era sólo uno y tan simple como ese, ganar más prestigio y poder. Pero había un motivo más, del que más les valía no mencionar ni una palabra, ya que ellos no eran los únicos interesados en apoderarse del pergamino de la KRS.
—¿Te crees que Denzel va a dejar que un iris manipule estas leyes más de lo que tiene permitido? —continuó diciendo Raijin—. ¡Confórmate con tu maldita Técnica!
—Si Denzel tiene un problema con eso, ya me encargaré de discutirlo con él, ¡pero tú deberías haberte quedado al margen! Entérate de una vez del lugar en el que estás en realidad, mocoso. El lugar en el que Fuujin os dejó. Vuestra RS se ha vuelto la más débil de todas. Hay rivalidades en vuestro grupo, ¿me equivoco? —Raijin, al oír eso, recordó las numerosas escenas que había vivido peleándose con Drasik—. Vuestro Sublíder está atado a la abstinencia por culpa de las sospechas del Gobierno. —Recordó que el viejo Lao estaba muy cerca de caer en la lista de sospechosos del Gobierno—. Tenéis a un novato poco experto que es prácticamente la sustitución de su gemelo. —Recordó a Kyo—. Y el pilar que os sostenía a todos se ha esfumado. —Recordó a Fuujin—. Por no hablar de esos dos compañeros vuestros que se marcharon, dejándoos sin otros dos elementos. Y uno de ellos... lleva años acumulando la peor de las famas entre los rumores de la Asociación. —Raijin cerró los ojos ante esa última mención, y apretó los puños—. Reconócelo, tu RS está muy mal.
Raijin se quedó un momento en silencio, agarrando el brazo de Akira con fuerza, mientras sentía las miradas burlonas de los demás encima de él.
—Puede... —murmuró—… que haya peleas entre nosotros, pero cuando tenemos que trabajar en grupo, lo hacemos a la perfección. Puede que uno de nosotros esté amenazado por las sospechas del Gobierno, pero es nuestro mayor veterano, con más experiencia que tú y que yo juntos en burlar esas sospechas. Puede que Ka-chan sea un novato, pero lo que pensáis de él no es más que una mera subestimación, lo cual os acaba de demostrar hace un rato. Y puede que ya no tengamos a nuestro Líder y que ninguno de nosotros pueda sustituirlo, ¡pero no le necesitamos! ¡Nos las arreglamos bien sin él!
—Y eso te conviene, ¿no? —siguió burlándose Akira—. Porque tengo entendido que tú y Fuujin no os lleváis bien... ¿no es así? Me pregunto si se tratará de algo del trabajo que habéis compartido durante tantos años... o si se trata de algo personal entre tú y él.
—¿¡Cuándo vas a callarte!? —saltó Raijin.
—Te molesta que te saquen los trapos sucios de las pocas cosas buenas que te quedan, ¿eh? —sonrió, apretándole más el cuello.
—Irónico, que tú hables de tener trapos sucios —se oyó una voz de repente en el lugar.
Todos dieron un sobresalto y miraron a su alrededor, buscando a alguien entre las sombras.
—Vaya... —resopló el Líder con fastidio, aunque sonreía—. ¿Quién andará por ahí?
«Ya era hora» pensó Raijin.
—No os tolero que os metáis con los miembros de mi familia —se oyó otra voz distinta, desde otro punto.
—Hay dos... —gruñó el Dobutsu de la MRS—. ¡Dad la cara!
—¿Miembros de tu familia? —preguntó el Líder, y miró a Raijin con cierta extrañeza, pero luego sonrió—. No... Claro, Raijin no tiene familia —volvió a mirar hacia las sombras, dirigiéndose a la segunda voz—. Tú debes de ser el nieto de Alvion, ¿verdad? Qué novedad veros a vos involucrado en una pelea de iris, mi Señor Yako.
—No me llames así —le advirtió Yako, todavía escondido por ahí.
—Tranquilo, joven Zou, era una broma —se rio despreocupado—. Te faltarían años para poder llegarle a Alvion a la suela de los zapatos. Si elegiste ser un iris normal como nosotros, significa que te puedo golpear tu cara bonita de igual a igual, ¿no?
—¡Akira, ¿qué haces?! —se alarmó su Dobutsu—. ¡No provoques a Yako! ¿¡Quieres que nos mate a todos de un pestañeo!? ¡Aunque no haya aprendido a manejar su poder de Zou, eso no significa que no tenga dentro un poder supremo y que lo use contra nosotros!
—No digas estupideces —terció su Líder—. Los Zou son incapaces de matar o herir gravemente a un iris, nos ven como a sus hijos. Sean desertores o no —añadió.
—Pero Alvion nos castigará si atacamos a su nieto.
—No lo hará. El anciano siempre respeta las normas. Si su nieto ha decidido ser un iris más, a él y a nosotros nos respetará por igual, y respetará nuestras peleas. ¿¡Me estás oyendo, Yako!? —alzó la voz, mirando en derredor—. ¡No creas que voy a frenarme sólo porque seas un Zou! ¡No eres más que un crío desagradecido! Tu abuelo es el hombre más noble, generoso y bondadoso que ha pisado la tierra y estás peleado con él por un estúpido capricho.
—Cuidado con lo que dices, Akira —intervino Raijin en defensa de su amigo.
—No finjas que no entiendes lo que digo, Raijin —le espetó este—. Tu querido amigo es el único Zou que quedará cuando Alvion muera. Es el único que podrá seguir protegiéndonos y salvándonos, pero no lo hará, por la simple razón de que "no le apetece" ser un Señor de los Iris. Deshonra a su abuelo y con ello nos deshonra a todos, que somos casi tres millones de iris.
—Él tiene su derecho a elegir su propia vida —insistió Raijin.
—¿A qué precio? Alvion ya tiene 110 años y el pobre tiene que seguir sosteniendo solo a toda la Asociación porque no tiene a nadie que le sustituya y ayude. No conozco a nadie en este mundo que lleve sobre sus hombros una carga tan grande, y aun así nunca le he oído quejarse. El anciano ha dedicado toda su vida a vagar por el mundo salvando y ayudando a la gente, incluso a quienes no lo merecen. ¿Y qué obtiene a cambio? Muere su mujer humana porque no puede vivir tanto como él, asesinan a su propio hijo en su propia casa y después su nieto le da la espalda. ¿Yako quiere ser un iris igual a nosotros? Bien por él, pero el hecho de ser el único iris que no respeta a Alvion, eso ya no le hace igual a nosotros. Puede que algunos nos saltemos las normas del anciano de vez en cuando y puede que a veces no aguantemos lo estricto y gruñón que es. Pero no hay iris que en el fondo no sienta adoración por él. Y absoluta gratitud. Excepto tu amigo. Que encima es de su sangre.
—Lo que mi amigo tiene con Alvion es un asunto familiar y personal más complejo de lo que crees, en el que ni tú ni nadie tiene que opinar nada —siseó Raijin, hartándose.
—Lo curioso, Raijin, es que estés tú hablando por él, y él lleve todo este rato callado. ¿Sabes por qué? Porque Yako sabe que tengo razón y este tema le remuerde la conciencia.
Antes de que Raijin pudiera contestar a eso, para sorpresa de todos se oyó un fuerte ruido de entre los árboles y Yako apareció de repente encima de Akira, con las manos apoyadas en sus hombros y los pies en alto. Con un fuerte impulso, Yako empujó al Líder de la MRS hacia abajo y enterró la mitad de su cuerpo en la tierra con ayuda de raíces subterráneas. Al mismo tiempo, el Sui y el Dobutsu soltaron por fin a Raijin, desconcertados, y el rubio quedó libre. Mientras Yako daba una pirueta y volvía a posar los pies en el suelo junto a ellos, los otros dos hombres de la MRS se cayeron de culo sobre la hierba por el breve temblor que se produjo, y la chica dio un paso atrás con sobresalto. Raijin se frotó el cuello dolorido y miró al Líder enterrado de cintura para abajo, el cual no mostraba estar tan impresionado como sus compañeros.
—Jojo, qué listo, te has quedado en silencio todo el tiempo para pillarme con la guardia bajada. Sí, menudo discurso os he soltado, ¿eh? Muy bien, Shokubutsu-chan.
—Shokubutsujin-san —le corrigió Yako tranquilamente—. Primero os burlasteis de nuestro novato Ka-chan y luego de nuestro Denjin-sama —señaló a Raijin—. Y tú, amago de Líder, has hablado además muy mal de nuestro Kajin-san y de nuestro Fuujin-sama. Ya te has burlado bastante de mi familia.
—¿Vas a llorar, Shokubutsu-chan? —siguió burlándose Akira, intentando sacar los brazos de la tierra, pero las raíces que su adversario estaba dominando eran muy fuertes.
—Hay algo que tienes que entender, iris —le espetó Yako.
Esta vez, la voz de Yako sonó algo más profunda de lo normal, ligeramente distorsionada, y miró a Akira ahí abajo frente a sus pies con postura firme. De repente, la tierra, el aire y todos los alrededores comenzaron a emitir una leve vibración escalofriante. Cada átomo, cada molécula. Incluso las pequeñas piedras junto a los pies de Yako empezaron a levitar un poco y a erosionarse poco a poco.
—Uff... —resopló Raijin, alejándose unos pasos de su amigo, notando esa insoportable sobrecarga de energía inundando todo el ambiente.
—En esta vida, las cosas siempre pueden dar un giro inesperado —le explicó Yako al Líder.
Akira procuró mantenerse sereno, pero empezó a ponerse nervioso cuando la luz verde del ojo izquierdo del chico, la de su iris Planta, dejó de brillar. En su lugar, los dos ojos de Yako brillaron juntos, de una sobrecogedora luz dorada.
—Tengo toda una vida por delante para cambiar de opinión, Akira. Si eso sucediera... te convendría no llevarte mal con tu futuro jefe. ¿No crees?
El Líder de la MRS apretó una sonrisa arrogante pero no se atrevió a contestarle. En ese momento Yako era como una sombra en contraste con la poderosa luz de sus dos ojos, que brillaban como dos soles, estremecedores. Todo el ambiente seguía vibrando y ni siquiera era la millonésima parte de su poder Zou. Era como un aura divina. Los demás miembros de la MRS estaban paralizados, temerosos de que tuviera intenciones de matarlos por estar demasiado cabreado. Sin embargo, Akira tenía razón; para un Zou, era imposible matar o incluso hacer daños graves a un iris.
Ni siquiera hacía falta. Yako tan sólo se estaba burlando de ellos. Solamente pretendía asustarlos y lo estaba haciendo para reírse de ellos. Eso lo delató cuando sus ojos dejaron de brillar y su rostro dejó de ser aterrador, y dibujó su sonrisa dulce de siempre. Todos los alrededores dejaron de vibrar y el resto por fin pudo recuperar la respiración.
—Es divertido cuando tembláis de miedo con un par de sencillos trucos Zou, ¿pero zanjamos este duelo o no? —suspiró Yako felizmente.
—Qué callado estás ahora, Akira —corroboró Raijin.
—N... ¡No tenéis nada que hacer! —exclamó el Dobutsu de la MRS, nervioso—. El resto de los nuestros no tardarán en llegar y seréis menor en número.
—Permíteme objetar —intervino Sam, apareciendo detrás de Raijin, mirando con desdén a su semejante—. Nuestros aliados de la SRS ya se están encargando de ellos.
Oír eso sí que no agradó nada al Líder de la MRS, el cual encogió el rostro en una expresión furiosa.
—Bueno... —forzó una sonrisa de nuevo—. Pues no nos queda otra que ganar este duelo, supongo.
De pronto, el Líder se zambulló dentro de la tierra como si esta se lo hubiese tragado, y con ese movimiento todos se pusieron en guardia.
—Conque esas tenemos... —sonrió Yako, y también se sumergió en la dura tierra como si de agua se tratase, yendo tras él.
Tras esto, Sam fue el segundo en atacar. De un salto se fue directo hacia el Dobutsu de la MRS y el impacto los llevó a meterse entre la espesura del bosque. Al mismo tiempo, el Sui larguirucho, que ya tenía una gran masa de agua flotando a su alrededor, dirigió varios torbellinos hacia Raijin. Este tuvo que dar un salto para esquivarlas y se posó en uno de los tejados del templo. Sin embargo, le sorprendió una bola de fuego que iba directa a él, y rodó sobre su cuerpo, salvándose por los pelos.
—¡Ka-chan, vigila tu cabeza! —le advirtió el Sui a su joven compañera, mientras seguía maniobrando con el agua desde su sitio.
La chica miró hacia arriba de golpe y abrió los ojos con alarma al ver cómo una carga eléctrica se formaba y crecía en el cielo. Saltó a un lado a tiempo antes de que el rayo creado por Raijin la rozase, aunque el impacto de este contra el suelo levantó escombros y uno de ellos la golpeó en la espalda, y el estruendo casi los dejó sordos a ella y a su compañero.
Pese a ello, volvió a ponerse en pie y así siguieron con la lucha, ella y el Sui contra Raijin. Por otra parte, Sam contra su similar, dándose zarpazos y mordiscos en el bosque, y Yako y Akira removiendo las entrañas del subsuelo, provocando de vez en cuando breves seísmos y saliendo varias veces a la superficie para pelear cuerpo a cuerpo e intentar amordazarse el uno al otro con la ayuda de las ramas y raíces de los árboles.
* * * * * *
Mientras tanto, en la zona este de Tokio, Pipi ya había dirigido a sus cuatro subordinados disponibles tras el rastro de los otros tres miembros de la MRS. Dado que el Suna de la MRS tenía un nivel muy alto, Pipi había enviado a su joven Sublíder, que era otra Suna, y a su Hosha, que era rango medio, tras ese oponente.
Por otro lado, tras el Fuu y el Yami de la MRS había enviado a Effie, una Den que, a pesar de ser rango medio, era una veterana que ya estaba en la SRS desde pequeña, cuando estaba liderada por Hideki Saehara y Pipi y Neuval eran también jóvenes. Haciendo equipo con ella, había enviado a Sakura, que era una Sui, e iba al mismo curso e instituto que Nakuru, Kyo y Drasik.
Por su parte, Pipi fue en solitario detrás la misma Den y el mismo Hosha con los que se había topado en la Torre Genki, y que Neuval había espantado sin querer con su sola presencia.
—No puedo creerlo… —gruñó la mujer Den de la MRS cuando ella y su compañero se escondieron entre los coches de un aparcamiento público, rodeado de altos edificios de oficinas, a esas horas vacíos y oscuros—. Seguro que lo de la policía apareciendo el los puentes también ha sido cosa de la KRS. Nos querían fuera de ahí.
—Tenían planeado de antemano ir a por nosotros —masculló el hombre.
—Nuestros otros tres compañeros también están siendo atacados por otros miembros de la SRS, por otras zonas de Tokio. No podemos reagruparnos.
—¿Crees que Fuujin está con ellos? —temió el Hosha.
—Apareció de repente ahí en la Torre Genki, incluso Pipi y la cría punk se sorprendieron. Yo creo que él simplemente pasaba por ahí. No creo que haya vuelto a estar activo. La noticia se habría expandido por toda la Asociación.
—Podría haber decidido participar en esto, por tratarse de su sobrino.
—No lo creo. Porque entonces no tendría sentido que hayan pedido ayuda a Pipi y su SRS. Fuujin sigue exiliado. Nosotros tenemos que preocuparnos ahora de Pipi, que tampoco es poca cosa. Lo que no entiendo es cómo coño ha podido localizarnos. Por más que nos movamos y los despistemos…
—Me parece a mí que es porque Pipi posee la Técnica de Localización —resopló el Hosha—. Así no hay manera…
—Ssh —lo calló su compañera y se asomó un poco por encima del capó de un coche—. Ahí viene.
Pipi se adentró en el aparcamiento a paso lento y con una actitud bastante despreocupada. Miraba a un lado y a otro, buscándolos. Los dos de la MRS se preguntaron cómo podía ir tan tranquilo, como si ignorase la posibilidad de que lo pudieran atacar, aún mayor estando completamente al descubierto.
—Salid, ratitas... Os quiero ver la colita... —canturreó Pipi, imitando la famosa frase con la voz de Robert de Niro, pero en la versión del idioma natal de Pipi—. Salid, salid, salid...
Los dos de la MRS no entendieron lo que decía porque estaba hablando en español; aun así, la mujer supo que se estaba burlando de ellos descaradamente.
—Se va a comer su chulería —farfulló la mujer con rabia—. Provócale una hipotermia.
—Sería inútil con un Dobutsu, usaría la característica de un animal que pudiese soportar bajas temperaturas, como los osos polares. Créeme, ya lo he visto antes. Tiene ventaja sobre mi elemento.
—¡Tú tienes el puto elemento más peligroso que existe después del Yami! —protestó ella.
—¿¡Qué coño quieres, que lo fría con una explosión nuclear y le derrita la piel y los huesos!? ¡Es un duelo entre iris, Tsuyoko, no estamos matando a un terrorista humano!
—¡Pues atacaré yo! —gruñó ella, preparándose para lanzar una descarga eléctrica.
Sin embargo, Pipi comenzó a olisquear el aire igual que un perro sabueso y, al verlo, el hombre de la MRS le metió prisa a su compañera antes de que diese con sus olores.
—¡Abogado! —exclamó Pipi, dirigiendo la mirada justo hacia donde se encontraban.
—¡Mierda! —exclamó el hombre, escondiéndose.
En ese instante, la mujer apuntó con sus manos cargadas hacia su oponente y lanzó el ataque. Pipi sonrió y se apartó a tiempo, con lo cual el ataque fue a parar a la esquina de uno de los edificios y provocó un pequeño destrozo. La mujer soltó un juramento, pero su compañero ya estaba preparado, creando un espeso campo de niebla.
—¿¡Qué haces!? —saltó la mujer—. ¡Así no veo a un palmo de mis narices!
—Yo puedo detectar su calor. Sígueme, sé dónde está.
—¡Él también lo sabe, sólo tiene que seguir nuestro olor!
—Con la niebla es más difícil. Tenemos que acabar con él de una maldita vez.
Su compañera soltó un gruñido cuando este salió escopetado a meterse entre la niebla, y se apresuró a seguirlo. Aquellos dos no eran muy pacientes, lo cual era una gran desventaja; siendo tan impulsivos sólo los llevaría a meter la pata, hecho que Pipi conocía e iba aprovechar. Sabía lo que iban a hacer, y estaba preparado.
Raijin ya pensó en probar a descargar su electricidad, pero el Líder ya había pensado en ello antes de sujetarlo; si lo hacía, al menor chasquido que oyera, Akira lo enterraría bajo tierra sin darle tiempo.
—Vas a pagar por jodernos el plan, mocoso —le susurró este.
—¿Creías que no íbamos a hacer nada al respecto? —replicó Raijin.
—¡Creía que seríais más lógicos! Sobre todo tú, don iris perfecto. ¿Qué uso le dais a vuestro pergamino? Solamente el Líder de una RS tiene derecho a aprender su Técnica y a usarla. ¡Pero vosotros no tenéis Líder! ¡Ni siquiera Fuujin le ha cedido el cargo a nadie de vuestra RS! Tenéis un pergamino con una Técnica que nadie usa, guardado todo el tiempo en algún lugar, acumulando polvo. ¡Es un puto desperdicio! Lo más racional es darle uso a las cosas que dan una utilidad productiva a nuestro trabajo, ¿vas a decirme que no piensas igual?
—Tienes razón, yo sólo veo las cosas con la razón y la lógica, ¡y por eso respeto las normas de la Asociación, que dictan que una RS no puede tener más de una Técnica! Sólo quieres un aumento de poder para destacar en la Asociación y conseguir más prestigio.
—¡Para cumplir con éxito más misiones contra los humanos criminales!
—¡La norma de que los iris sólo pueden aprender una única Técnica y de que solamente pueden hacerlo los Líderes está por una razón, Akira! —se hartó Raijin—. ¡No es como aprender dos técnicas de lucha o de cómo freír un huevo en la sartén! ¡Son técnicas espaciotemporales que juegan con las leyes del espacio y el tiempo!
La chica y sus otros dos compañeros estaban más callados de lo normal. Cruzaban miradas silenciosas, sabiendo que su Líder estaba fingiendo que el motivo por el que querían robar otro pergamino era sólo uno y tan simple como ese, ganar más prestigio y poder. Pero había un motivo más, del que más les valía no mencionar ni una palabra, ya que ellos no eran los únicos interesados en apoderarse del pergamino de la KRS.
—¿Te crees que Denzel va a dejar que un iris manipule estas leyes más de lo que tiene permitido? —continuó diciendo Raijin—. ¡Confórmate con tu maldita Técnica!
—Si Denzel tiene un problema con eso, ya me encargaré de discutirlo con él, ¡pero tú deberías haberte quedado al margen! Entérate de una vez del lugar en el que estás en realidad, mocoso. El lugar en el que Fuujin os dejó. Vuestra RS se ha vuelto la más débil de todas. Hay rivalidades en vuestro grupo, ¿me equivoco? —Raijin, al oír eso, recordó las numerosas escenas que había vivido peleándose con Drasik—. Vuestro Sublíder está atado a la abstinencia por culpa de las sospechas del Gobierno. —Recordó que el viejo Lao estaba muy cerca de caer en la lista de sospechosos del Gobierno—. Tenéis a un novato poco experto que es prácticamente la sustitución de su gemelo. —Recordó a Kyo—. Y el pilar que os sostenía a todos se ha esfumado. —Recordó a Fuujin—. Por no hablar de esos dos compañeros vuestros que se marcharon, dejándoos sin otros dos elementos. Y uno de ellos... lleva años acumulando la peor de las famas entre los rumores de la Asociación. —Raijin cerró los ojos ante esa última mención, y apretó los puños—. Reconócelo, tu RS está muy mal.
Raijin se quedó un momento en silencio, agarrando el brazo de Akira con fuerza, mientras sentía las miradas burlonas de los demás encima de él.
—Puede... —murmuró—… que haya peleas entre nosotros, pero cuando tenemos que trabajar en grupo, lo hacemos a la perfección. Puede que uno de nosotros esté amenazado por las sospechas del Gobierno, pero es nuestro mayor veterano, con más experiencia que tú y que yo juntos en burlar esas sospechas. Puede que Ka-chan sea un novato, pero lo que pensáis de él no es más que una mera subestimación, lo cual os acaba de demostrar hace un rato. Y puede que ya no tengamos a nuestro Líder y que ninguno de nosotros pueda sustituirlo, ¡pero no le necesitamos! ¡Nos las arreglamos bien sin él!
—Y eso te conviene, ¿no? —siguió burlándose Akira—. Porque tengo entendido que tú y Fuujin no os lleváis bien... ¿no es así? Me pregunto si se tratará de algo del trabajo que habéis compartido durante tantos años... o si se trata de algo personal entre tú y él.
—¿¡Cuándo vas a callarte!? —saltó Raijin.
—Te molesta que te saquen los trapos sucios de las pocas cosas buenas que te quedan, ¿eh? —sonrió, apretándole más el cuello.
—Irónico, que tú hables de tener trapos sucios —se oyó una voz de repente en el lugar.
Todos dieron un sobresalto y miraron a su alrededor, buscando a alguien entre las sombras.
—Vaya... —resopló el Líder con fastidio, aunque sonreía—. ¿Quién andará por ahí?
«Ya era hora» pensó Raijin.
—No os tolero que os metáis con los miembros de mi familia —se oyó otra voz distinta, desde otro punto.
—Hay dos... —gruñó el Dobutsu de la MRS—. ¡Dad la cara!
—¿Miembros de tu familia? —preguntó el Líder, y miró a Raijin con cierta extrañeza, pero luego sonrió—. No... Claro, Raijin no tiene familia —volvió a mirar hacia las sombras, dirigiéndose a la segunda voz—. Tú debes de ser el nieto de Alvion, ¿verdad? Qué novedad veros a vos involucrado en una pelea de iris, mi Señor Yako.
—No me llames así —le advirtió Yako, todavía escondido por ahí.
—Tranquilo, joven Zou, era una broma —se rio despreocupado—. Te faltarían años para poder llegarle a Alvion a la suela de los zapatos. Si elegiste ser un iris normal como nosotros, significa que te puedo golpear tu cara bonita de igual a igual, ¿no?
—¡Akira, ¿qué haces?! —se alarmó su Dobutsu—. ¡No provoques a Yako! ¿¡Quieres que nos mate a todos de un pestañeo!? ¡Aunque no haya aprendido a manejar su poder de Zou, eso no significa que no tenga dentro un poder supremo y que lo use contra nosotros!
—No digas estupideces —terció su Líder—. Los Zou son incapaces de matar o herir gravemente a un iris, nos ven como a sus hijos. Sean desertores o no —añadió.
—Pero Alvion nos castigará si atacamos a su nieto.
—No lo hará. El anciano siempre respeta las normas. Si su nieto ha decidido ser un iris más, a él y a nosotros nos respetará por igual, y respetará nuestras peleas. ¿¡Me estás oyendo, Yako!? —alzó la voz, mirando en derredor—. ¡No creas que voy a frenarme sólo porque seas un Zou! ¡No eres más que un crío desagradecido! Tu abuelo es el hombre más noble, generoso y bondadoso que ha pisado la tierra y estás peleado con él por un estúpido capricho.
—Cuidado con lo que dices, Akira —intervino Raijin en defensa de su amigo.
—No finjas que no entiendes lo que digo, Raijin —le espetó este—. Tu querido amigo es el único Zou que quedará cuando Alvion muera. Es el único que podrá seguir protegiéndonos y salvándonos, pero no lo hará, por la simple razón de que "no le apetece" ser un Señor de los Iris. Deshonra a su abuelo y con ello nos deshonra a todos, que somos casi tres millones de iris.
—Él tiene su derecho a elegir su propia vida —insistió Raijin.
—¿A qué precio? Alvion ya tiene 110 años y el pobre tiene que seguir sosteniendo solo a toda la Asociación porque no tiene a nadie que le sustituya y ayude. No conozco a nadie en este mundo que lleve sobre sus hombros una carga tan grande, y aun así nunca le he oído quejarse. El anciano ha dedicado toda su vida a vagar por el mundo salvando y ayudando a la gente, incluso a quienes no lo merecen. ¿Y qué obtiene a cambio? Muere su mujer humana porque no puede vivir tanto como él, asesinan a su propio hijo en su propia casa y después su nieto le da la espalda. ¿Yako quiere ser un iris igual a nosotros? Bien por él, pero el hecho de ser el único iris que no respeta a Alvion, eso ya no le hace igual a nosotros. Puede que algunos nos saltemos las normas del anciano de vez en cuando y puede que a veces no aguantemos lo estricto y gruñón que es. Pero no hay iris que en el fondo no sienta adoración por él. Y absoluta gratitud. Excepto tu amigo. Que encima es de su sangre.
—Lo que mi amigo tiene con Alvion es un asunto familiar y personal más complejo de lo que crees, en el que ni tú ni nadie tiene que opinar nada —siseó Raijin, hartándose.
—Lo curioso, Raijin, es que estés tú hablando por él, y él lleve todo este rato callado. ¿Sabes por qué? Porque Yako sabe que tengo razón y este tema le remuerde la conciencia.
Antes de que Raijin pudiera contestar a eso, para sorpresa de todos se oyó un fuerte ruido de entre los árboles y Yako apareció de repente encima de Akira, con las manos apoyadas en sus hombros y los pies en alto. Con un fuerte impulso, Yako empujó al Líder de la MRS hacia abajo y enterró la mitad de su cuerpo en la tierra con ayuda de raíces subterráneas. Al mismo tiempo, el Sui y el Dobutsu soltaron por fin a Raijin, desconcertados, y el rubio quedó libre. Mientras Yako daba una pirueta y volvía a posar los pies en el suelo junto a ellos, los otros dos hombres de la MRS se cayeron de culo sobre la hierba por el breve temblor que se produjo, y la chica dio un paso atrás con sobresalto. Raijin se frotó el cuello dolorido y miró al Líder enterrado de cintura para abajo, el cual no mostraba estar tan impresionado como sus compañeros.
—Jojo, qué listo, te has quedado en silencio todo el tiempo para pillarme con la guardia bajada. Sí, menudo discurso os he soltado, ¿eh? Muy bien, Shokubutsu-chan.
—Shokubutsujin-san —le corrigió Yako tranquilamente—. Primero os burlasteis de nuestro novato Ka-chan y luego de nuestro Denjin-sama —señaló a Raijin—. Y tú, amago de Líder, has hablado además muy mal de nuestro Kajin-san y de nuestro Fuujin-sama. Ya te has burlado bastante de mi familia.
—¿Vas a llorar, Shokubutsu-chan? —siguió burlándose Akira, intentando sacar los brazos de la tierra, pero las raíces que su adversario estaba dominando eran muy fuertes.
—Hay algo que tienes que entender, iris —le espetó Yako.
Esta vez, la voz de Yako sonó algo más profunda de lo normal, ligeramente distorsionada, y miró a Akira ahí abajo frente a sus pies con postura firme. De repente, la tierra, el aire y todos los alrededores comenzaron a emitir una leve vibración escalofriante. Cada átomo, cada molécula. Incluso las pequeñas piedras junto a los pies de Yako empezaron a levitar un poco y a erosionarse poco a poco.
—Uff... —resopló Raijin, alejándose unos pasos de su amigo, notando esa insoportable sobrecarga de energía inundando todo el ambiente.
—En esta vida, las cosas siempre pueden dar un giro inesperado —le explicó Yako al Líder.
Akira procuró mantenerse sereno, pero empezó a ponerse nervioso cuando la luz verde del ojo izquierdo del chico, la de su iris Planta, dejó de brillar. En su lugar, los dos ojos de Yako brillaron juntos, de una sobrecogedora luz dorada.
—Tengo toda una vida por delante para cambiar de opinión, Akira. Si eso sucediera... te convendría no llevarte mal con tu futuro jefe. ¿No crees?
El Líder de la MRS apretó una sonrisa arrogante pero no se atrevió a contestarle. En ese momento Yako era como una sombra en contraste con la poderosa luz de sus dos ojos, que brillaban como dos soles, estremecedores. Todo el ambiente seguía vibrando y ni siquiera era la millonésima parte de su poder Zou. Era como un aura divina. Los demás miembros de la MRS estaban paralizados, temerosos de que tuviera intenciones de matarlos por estar demasiado cabreado. Sin embargo, Akira tenía razón; para un Zou, era imposible matar o incluso hacer daños graves a un iris.
Ni siquiera hacía falta. Yako tan sólo se estaba burlando de ellos. Solamente pretendía asustarlos y lo estaba haciendo para reírse de ellos. Eso lo delató cuando sus ojos dejaron de brillar y su rostro dejó de ser aterrador, y dibujó su sonrisa dulce de siempre. Todos los alrededores dejaron de vibrar y el resto por fin pudo recuperar la respiración.
—Es divertido cuando tembláis de miedo con un par de sencillos trucos Zou, ¿pero zanjamos este duelo o no? —suspiró Yako felizmente.
—Qué callado estás ahora, Akira —corroboró Raijin.
—N... ¡No tenéis nada que hacer! —exclamó el Dobutsu de la MRS, nervioso—. El resto de los nuestros no tardarán en llegar y seréis menor en número.
—Permíteme objetar —intervino Sam, apareciendo detrás de Raijin, mirando con desdén a su semejante—. Nuestros aliados de la SRS ya se están encargando de ellos.
Oír eso sí que no agradó nada al Líder de la MRS, el cual encogió el rostro en una expresión furiosa.
—Bueno... —forzó una sonrisa de nuevo—. Pues no nos queda otra que ganar este duelo, supongo.
De pronto, el Líder se zambulló dentro de la tierra como si esta se lo hubiese tragado, y con ese movimiento todos se pusieron en guardia.
—Conque esas tenemos... —sonrió Yako, y también se sumergió en la dura tierra como si de agua se tratase, yendo tras él.
Tras esto, Sam fue el segundo en atacar. De un salto se fue directo hacia el Dobutsu de la MRS y el impacto los llevó a meterse entre la espesura del bosque. Al mismo tiempo, el Sui larguirucho, que ya tenía una gran masa de agua flotando a su alrededor, dirigió varios torbellinos hacia Raijin. Este tuvo que dar un salto para esquivarlas y se posó en uno de los tejados del templo. Sin embargo, le sorprendió una bola de fuego que iba directa a él, y rodó sobre su cuerpo, salvándose por los pelos.
—¡Ka-chan, vigila tu cabeza! —le advirtió el Sui a su joven compañera, mientras seguía maniobrando con el agua desde su sitio.
La chica miró hacia arriba de golpe y abrió los ojos con alarma al ver cómo una carga eléctrica se formaba y crecía en el cielo. Saltó a un lado a tiempo antes de que el rayo creado por Raijin la rozase, aunque el impacto de este contra el suelo levantó escombros y uno de ellos la golpeó en la espalda, y el estruendo casi los dejó sordos a ella y a su compañero.
Pese a ello, volvió a ponerse en pie y así siguieron con la lucha, ella y el Sui contra Raijin. Por otra parte, Sam contra su similar, dándose zarpazos y mordiscos en el bosque, y Yako y Akira removiendo las entrañas del subsuelo, provocando de vez en cuando breves seísmos y saliendo varias veces a la superficie para pelear cuerpo a cuerpo e intentar amordazarse el uno al otro con la ayuda de las ramas y raíces de los árboles.
* * * * * *
Mientras tanto, en la zona este de Tokio, Pipi ya había dirigido a sus cuatro subordinados disponibles tras el rastro de los otros tres miembros de la MRS. Dado que el Suna de la MRS tenía un nivel muy alto, Pipi había enviado a su joven Sublíder, que era otra Suna, y a su Hosha, que era rango medio, tras ese oponente.
Por otro lado, tras el Fuu y el Yami de la MRS había enviado a Effie, una Den que, a pesar de ser rango medio, era una veterana que ya estaba en la SRS desde pequeña, cuando estaba liderada por Hideki Saehara y Pipi y Neuval eran también jóvenes. Haciendo equipo con ella, había enviado a Sakura, que era una Sui, e iba al mismo curso e instituto que Nakuru, Kyo y Drasik.
Por su parte, Pipi fue en solitario detrás la misma Den y el mismo Hosha con los que se había topado en la Torre Genki, y que Neuval había espantado sin querer con su sola presencia.
—No puedo creerlo… —gruñó la mujer Den de la MRS cuando ella y su compañero se escondieron entre los coches de un aparcamiento público, rodeado de altos edificios de oficinas, a esas horas vacíos y oscuros—. Seguro que lo de la policía apareciendo el los puentes también ha sido cosa de la KRS. Nos querían fuera de ahí.
—Tenían planeado de antemano ir a por nosotros —masculló el hombre.
—Nuestros otros tres compañeros también están siendo atacados por otros miembros de la SRS, por otras zonas de Tokio. No podemos reagruparnos.
—¿Crees que Fuujin está con ellos? —temió el Hosha.
—Apareció de repente ahí en la Torre Genki, incluso Pipi y la cría punk se sorprendieron. Yo creo que él simplemente pasaba por ahí. No creo que haya vuelto a estar activo. La noticia se habría expandido por toda la Asociación.
—Podría haber decidido participar en esto, por tratarse de su sobrino.
—No lo creo. Porque entonces no tendría sentido que hayan pedido ayuda a Pipi y su SRS. Fuujin sigue exiliado. Nosotros tenemos que preocuparnos ahora de Pipi, que tampoco es poca cosa. Lo que no entiendo es cómo coño ha podido localizarnos. Por más que nos movamos y los despistemos…
—Me parece a mí que es porque Pipi posee la Técnica de Localización —resopló el Hosha—. Así no hay manera…
—Ssh —lo calló su compañera y se asomó un poco por encima del capó de un coche—. Ahí viene.
Pipi se adentró en el aparcamiento a paso lento y con una actitud bastante despreocupada. Miraba a un lado y a otro, buscándolos. Los dos de la MRS se preguntaron cómo podía ir tan tranquilo, como si ignorase la posibilidad de que lo pudieran atacar, aún mayor estando completamente al descubierto.
—Salid, ratitas... Os quiero ver la colita... —canturreó Pipi, imitando la famosa frase con la voz de Robert de Niro, pero en la versión del idioma natal de Pipi—. Salid, salid, salid...
Los dos de la MRS no entendieron lo que decía porque estaba hablando en español; aun así, la mujer supo que se estaba burlando de ellos descaradamente.
—Se va a comer su chulería —farfulló la mujer con rabia—. Provócale una hipotermia.
—Sería inútil con un Dobutsu, usaría la característica de un animal que pudiese soportar bajas temperaturas, como los osos polares. Créeme, ya lo he visto antes. Tiene ventaja sobre mi elemento.
—¡Tú tienes el puto elemento más peligroso que existe después del Yami! —protestó ella.
—¿¡Qué coño quieres, que lo fría con una explosión nuclear y le derrita la piel y los huesos!? ¡Es un duelo entre iris, Tsuyoko, no estamos matando a un terrorista humano!
—¡Pues atacaré yo! —gruñó ella, preparándose para lanzar una descarga eléctrica.
Sin embargo, Pipi comenzó a olisquear el aire igual que un perro sabueso y, al verlo, el hombre de la MRS le metió prisa a su compañera antes de que diese con sus olores.
—¡Abogado! —exclamó Pipi, dirigiendo la mirada justo hacia donde se encontraban.
—¡Mierda! —exclamó el hombre, escondiéndose.
En ese instante, la mujer apuntó con sus manos cargadas hacia su oponente y lanzó el ataque. Pipi sonrió y se apartó a tiempo, con lo cual el ataque fue a parar a la esquina de uno de los edificios y provocó un pequeño destrozo. La mujer soltó un juramento, pero su compañero ya estaba preparado, creando un espeso campo de niebla.
—¿¡Qué haces!? —saltó la mujer—. ¡Así no veo a un palmo de mis narices!
—Yo puedo detectar su calor. Sígueme, sé dónde está.
—¡Él también lo sabe, sólo tiene que seguir nuestro olor!
—Con la niebla es más difícil. Tenemos que acabar con él de una maldita vez.
Su compañera soltó un gruñido cuando este salió escopetado a meterse entre la niebla, y se apresuró a seguirlo. Aquellos dos no eran muy pacientes, lo cual era una gran desventaja; siendo tan impulsivos sólo los llevaría a meter la pata, hecho que Pipi conocía e iba aprovechar. Sabía lo que iban a hacer, y estaba preparado.
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