2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __
Comienza otro día más, y hay muchas cosas de las que encargarse. De esto decidieron dar un repaso Lao y Neuval, así que, después de su tercera reunión mañanera en la empresa, se metieron en el despacho de este último para hablarlo.
De camino a la planta 47, Lao no calló ni un momento, expresando su emoción por la reintegración de Yenkis en la familia Lao, recordando la visita al cementerio de ayer. A todo Neuval le respondía: “Sí... Ya... Ajá...” pacientemente. Aunque no se esperaba otra actitud de él. Kei Lian tenía en lo más alto de su escala de valores la familia, por lo que recuperar la relación familiar con Yenkis le vivificaba como el viento soplando a las brasas. Como para él su familia era lo primero, siempre se había posicionado a sí mismo y sus otros intereses en un segundo plano. Por eso era vicepresidente de Hoteitsuba y Segundo al mando de la KRS.
—¡Pero Neuval! —de repente el viejo lo agarró de los hombros, ansioso, cuando estaban solos en mitad de un pasillo—. ¡Pero di algo! ¿Pero por qué no estás tan contento como yo? ¿Es que no estás contento?
—Ay… —Neuval sintió que le crujían los hombros—. Sí, estoy contento.
—Hmm… —Lao se acercó a su cara y le clavó una mirada analizadora—. Ya… Pero sigues preocupado.
—¿Obvio?
—No, olvídate de eso, jefe. Te prometo que has tomado la decisión correcta, y en el momento correcto. Yenkis ya tiene 12 añazos… uh… —hizo un gesto melodramático al darse cuenta de cómo pasaba el tiempo y lo mayor que se estaba haciendo su nieto más pequeño—. Ya era el momento de hacer este intento. Te has arriesgado y ha salido bien.
—Por ahora.
—¡No! Quítate eso de la cabeza. Todo seguirá por buen camino, ya lo verás. Nuestra familia, nuestras identidades, no van a correr peligro. Yenkis ya es lo suficientemente mayor para entender las cosas, y para saber tener cuidado con lo que decir y hacer y mantener las apariencias en público.
—¿Y quedar con Lex de vez en cuando es mantener las apariencias? —ironizó Neuval.
—¿Eh? ¿Qué hay de raro en que un joven hombre quede con el socio de su padre para tomar un café?
—Te reformularé la pregunta: ¿Qué hay de raro en que un joven y atractivo médico franco-japonés quede de vez en cuando con un viejo chino divorciado de admirables músculos para tomar café y para quedarse a dormir en su casa algunos fines de semana?
El viejo Lao se quedó mudo, y blanco como el papel. Tal como lo pintaba Neuval, no sólo parecía raro, sino también extremadamente inapropiado.
—Neuval, acabas de convertir en algo asqueroso la relación tan bonita que tengo con Lex de abuelo y nieto.
—Es lo que la gente vería desde fuera.
—La gente no ha visto nada de eso desde ningún ángulo, Neu. Lex y yo nunca hemos levantado sospechas. Si alguna vez algún conocido de esta empresa me ha visto en una cafetería o en un bar tomando un café o una cerveza con el hijo del jefe y me ha preguntado por ello, yo le respondo que hablamos de negocios, como del proyecto Nebiotec. Y la gente lo ve lógico.
—Ah… ya… el proyecto que Lex lleva desde su infancia contándome a mí y que al final, a la hora de hacerlo realidad, ha decidido ocultarme.
—No te lo quiere ocultar, Neu, él solamente quería esperar a que le dieran luz verde y después contártelo. Le daba reparo la idea de hablarte del proyecto para que después el Comité le dijera que no es plausible.
—¿No le han dado ya luz verde? Sigo esperando.
—Apenas ha pasado una semana desde la noticia, dale algo de tiempo, ¿no?
—De todas formas, ¿qué diantres hacéis cuando él te visita y se queda a dormir en tu casa? —preguntó Neuval, y siguió caminando por el pasillo.
Lao no pasó por alto ese constante tono irritado. Más bien, se trataba de unos celos enormes. Neuval tampoco es que se molestase en ocultarlos.
—Charlar… ver alguna película… echar largas partidas al ajedrez… A veces bajamos al parque deportivo y echamos unas canastas… Ming Jie también disfruta las visitas de Lex, él me cuenta que con ella se pone a cocinar recetas raras, a plantar cosas en el jardín de atrás…
Neuval volvió a pararse en medio del pasillo. Esta vez se quedó mirando al suelo, sin decir nada. Su cara parecía de enfado, pero no era enfado. Lao suspiró. Era obvio que Neuval se muriese de envidia y de rabia. Tampoco es que él hubiera carecido de esas actividades compartidas con Lex, de hecho, con Lex había tenido 18 largos y estupendos años de compartir mil actividades con él. Era, simplemente, que lo añoraba.
Tampoco podía echarle en cara a Lao que le contara lo mucho que él o Ming Jie disfrutaban con Lex, y mucho menos decirle que dejara de tener esa relación tan cercana con él porque le daba mucha envidia, por supuesto. Esto sería extremadamente infantil y egoísta. Sin duda, Neuval se alegraba de que tanto Kei Lian como Ming Jie tuvieran una relación muy afectuosa y cercana con Lex, igual que la tenían con Mei Ling y con Kyo. Además, Neuval lo sabía, que ese tipo de actividades que sus padres solían hacer con Lex les recordaba mucho a lo que solían hacer con Sai. Neuval siempre fue el iris, y estuvo más acostumbrado a hacer o a hablar de cosas de iris o derivadas con sus padres. En cambio, Sai siempre fue el humano y sus padres hacían o hablaban con él de cosas más de humanos.
—Lo más divertido es cuando viene Mei Ling a pasar la noche con nosotros —siguió contándole Lao—. Ahí es cuando los tres hacemos competiciones del Trivial, de póker con dinero, de ver quién monta y desmonta armas más rápido…
—¿Cuando Mei se une a vosotros? —repitió sorprendido.
—Ajá. Ha habido varios fines de semana en los que Mei Ling se pasaba horas y horas en la biblioteca pública del distrito de Taito, la que tiene incorporados varios talleres, como el taller mecánico, donde ella practica sus maquetas de motores. Cuando veía que se le había hecho muy tarde allí, como esa biblioteca está cerca de donde yo vivo, venía a pasar la noche a mi casa, para así no coger el transporte público tan de noche, y muchas veces coincidía con la visita de Lex. Entonces, los tres pedimos pizza, unas cervezas, estamos de cháchara… Para mí no hay fines de semana mejores que los que he pasado con Lex y con Mei Ling.
—Y… ¿Dónde duermen ellos?
—Lex, cuyas visitas son más frecuentes, siempre duerme en la habitación de invitados. Cuando Mei viene, se queda en el despacho pequeño, en una cama hinchable. ¿Por?
—Ah… por nada… —murmuró Neuval, rascándose un poco la barbilla, algo extrañado—. ¿No supone ninguna incomodidad entre ellos ni nada?
—Neuval, rompieron hace seis años.
—Ya, pero…
—Por supuesto que no existe ninguna incomodidad entre Lex y Mei Ling, nunca la ha habido. Se criaron como primos, siempre se han llevado de maravilla, salieron juntos un año, lo dejaron por decisión mutua, y ahora siguen siendo primos que se llevan de maravilla. Lo que hubo entre ellos dos terminó totalmente hace años. Sólo fue una experiencia temporal.
—¿Hasta qué punto debería de parecerme bien que Lex tuviera una relación sentimental con su prima? —seguía reticente con este asunto—. Ya sé que genéticamente nos separan un par de continentes, pero mentalmente se criaron bajo el vínculo familiar y eso todavía debería considerarse raro, ¿no? A veces me pregunto qué le habría parecido a Sai, que mi hijo y su hija estuviesen juntos románticamente…
—Precisamente por eso su relación fue temporal y corta. Lex y Mei solamente quisieron saciar una curiosidad y una atracción temporal que hubo entre ellos como dos personas de muy distinta sangre, pero al cabo de un año, el vínculo familiar con el que habían crecido pesó más sobre ellos y descubrieron que preferían y se sentían más a gusto manteniendo una relación familiar que una romántica. Ya está, no hay más misterio.
Los dos entraron por fin en el despacho de Neuval. Este se fue hacia su escritorio, y Lao fue a sentarse en una de las butacas junto a la estantería como de costumbre.
—No, en serio —insistió Neuval—. Imagina que Sai hubiera estado vivo en aquel entonces y que Katya no hubiera muerto y que yo nunca me hubiera peleado con Lex, y que estuviésemos todos en mi casa un domingo haciendo una barbacoa familiar… y Lex y Mei Ling fuesen de un lado a otro de la manita, intercambiando miradas, abrazos y besos en la boca. Yo me imagino a Sai acercándose a mí en un momento determinado y diciéndome algo como “dìdì, por favor, dile a tu hijo que deje de meterle la lengua a mi hija hasta la nuca y que aparte la mano de su trasero, si no es mucho pedir”.
—¡Ajajajaj…! —Lao se echó a reír con tantas ganas que Neuval, sentado en su escritorio con su traje y su corbata y con porte serio y sofisticado, tuvo que esperar más de un minuto hasta que el viejo se calmó—. Ahy… uf… —se secó las lágrimas—. Me matas...
—No estaba bromeando —gruñó—. Habría sido muy incómodo oír a mi hermano decirme algo así.
—Hahah… —volvió a reírse, y a secarse las lágrimas—. Bueno, aparte de que Sai nunca te habría dicho algo así, Lex y Mei Ling nunca se habrían paseado delante de la gente agarrándose las nalgas y haciendo nudos marineros con las lenguas. Ya sabes lo recatado que siempre ha sido Lex, y Mei también suele ser discreta con esas cosas.
—Lo único que me aliviaba de esa situación es que, por primera vez en su vida, Lex estaba saliendo con una buena chica —rezongó Neuval—. Era agotador quitarle de encima a esas chicas insoportables de su época de instituto, tóxicas, posesivas, malas personas… Mei Ling obviamente es todo lo contrario.
—¿Y qué opinas de Riku? —quiso saber Lao.
—¿Que qué opino de Riku? Opino que, si algún día ella y Lex rompen, me romperán a mí en mil pedazos y me moriré del disgusto. Adoro a Riku. Creo que no existe mujer mejor para él y espero que algún día acaben casándose. Además de ser un escenario mucho más apropiado y sin complicaciones. ¿Sabes lo extremadamente disparatado que me resulta imaginar que uno de mis hijos acabe casándose con uno de tus nietos?
—A esa pregunta le falta mucho contexto —defendió Lao, impasible, mientras se miraba en un espejo que había en la estantería de su lado, acicalándose un poco la barba blanca.
—¿Sabes que cuando me adoptaste, yo estaba emocionado porque creía que por fin iba a saber lo que era tener una familia normal? Y al final nunca nada fue normal en esta familia.
—Aaah, cuánto lamento oír eso, pero tranquilo, que ahora mismo lo soluciono —ironizó el viejo, y se llevó una mano hacia la oreja, con el meñique y el pulgar estirados a modo de teléfono imaginario—. “¿Sí, hola, estoy hablando con el Jing Wo de hace 35 años, mi antiguo compañero normal de trabajo, que era un humano normal, casado con una humana normal, que por aquel entonces no podían tener hijos y estaban buscando adoptar uno? ¡Oh! ¿Qué tal, Jing Wo de hace 35 años? Tengo una sorpresa para ti y tu mujer, he encontrado a un niño callejero de 10 años que quiere vivir en una familia normal, ¿os lo quedáis? ¡Qué bien! Lo lavaré un poco y te lo daré reluciente el lunes que viene”.
—Oh, pregúntale por favor si puede garantizarme que no me obligará a comer pepino y que no me echará la bronca cada vez que me levante tarde para ir al colegio —le pidió Neuval.
—“Jing Wo, ¿lo has oído?” —siguió Lao fingiendo hablar por teléfono, y después miró a Neuval—. Dice mi normal amigo que no puede garantizarte no hacerte unas cosas tan normales. Aun así, ¿te quieres ir con él?
—Dile que me lo pensaré —contestó Neuval, asomando por fin una sonrisa, mientras ordenaba unos papeles sobre su mesa.
—“Jing Wo, el niño callejero dice que ni lo sueñes, que prefiere mil veces vivir conmigo y tener una familia de todo menos normal. Puh” —hizo un sonido y colgó el teléfono imaginario—. ¿De qué estábamos hablando? Ah, sí… De cuándo vas a meter a Cleven en nuestro redil familiar.
—No estábamos hablando de eso —refunfuñó Neuval.
—Era el hilo de continuación sobre lo de Yenkis.
—Por ahora Cleven está feliz, tranquila y a salvo con su querido tío y sus queridos primos Saehara. Dame un respiro. Estamos en el segundo mes del año y ya he tomado como siete decisiones de enorme riesgo e importancia. Como por ejemplo, la de no estrangularte, después de ver ayer en las cuentas que durante el último año te has gastado casi 300 millones de yenes en tu misterioso proyecto sin avisar.
—Ouch...
—¿Qué demonios estás fabricando, chino loco? Dímelo de una vez.
—Naah, ya lo verás cuando estén listos —contestó Lao con simpleza y tono paciente, mientras se miraba coquetamente las uñas—. Qué adorable intento de hacerme cambiar de tema.
—Mira quién habla.
—Yo sólo digo… que ver ayer a tu madre en el cementerio con una sonrisa radiante en la cara mientras abrazaba a Yenkis fue la cosa más hermosa que jamás había esperado ver en un día tan triste —dijo Lao, manteniendo una calmada sonrisa agridulce.
Neuval lo miró y se contagió de esa misma sonrisa y ese mismo pensamiento. Luego vio que Lao se quedó mirando al techo con esa misma cara. Supo que ahora se estaba imaginando lo que sería para él y para Ming Jie poder volver a abrazar a Cleven también. Entendía que Lao estuviera ansioso por seguir haciendo realidad el sueño de reunificar a toda la familia, conforme veían que las circunstancias exteriores lo permitían, si bien forzosamente como lo de Yenkis, al menos de forma segura. Neuval no soñaba con menos, claro. Él sería el primero en desear que Cleven recuperara su vínculo familiar con los Lao.
Sin embargo, el caso de Cleven no era como el de Lex ni como el de Yenkis. De hecho, era el más peliagudo de todos, el más arriesgado y el que más miedos traía a Neuval. Cleven de pequeña tenía una extraña obsesión con la Asociación y las misiones que los iris hacían, hasta el punto de involucrarse en persona en situaciones de extremo peligro, muchas de esas ocasiones apremiada por el propio Drasik, y se había visto múltiples veces en escenarios que arriesgaban su seguridad o su vida.
Neuval había tenido no pocos amagos de infarto en aquella época. ¿Cómo no iba a robarle el aliento la idea de que ella volviera a desarrollar esa obsesión de meterse donde no debía, si decidía revelarle la verdad y las memorias borradas y traerla de vuelta a la consciencia del mundo de los iris? No se explicaba cómo Cleven siempre terminaba saliendo ilesa de aquellas situaciones en su infancia, pero como es de comprender, tener suerte no era suficiente para Neuval para confiar en ella.
—¿Puedes darme una respuesta brutalmente honesta? —le preguntó a Lao tras ese rato de silencio. El viejo lo miró y le hizo un gesto de asentimiento, escuchándolo—. ¿Hasta qué punto crees que Cleven podría sufrir un trauma u odiarme… si un día de estos la sentara en una silla y le contara toda la verdad? ¿Empezando por: “Te voy a contar algo que ya sabías y que componía el 80 % de tu vida, pero que te quité de la memoria”?
Lao se cruzó de brazos y se rascó la barba mientras se quedaba reflexionando de manera lógica y racional sobre esa hipotética situación. Neuval empezó a sentirse desesperanzado cuando pasaron cuatro minutos y el viejo seguía sin decir nada.
—¿Tan mal lo ves?
—Me faltan muchas variables para poder hacer un análisis completo que me lleve a darte una respuesta convencida. Llevo siete años teniendo muy escasos contactos con Cleven. La Cleven de 16 años de ahora no es como la Cleven de 9 años que yo conocía, y no sólo porque le borrases la memoria, sino también porque obviamente ha crecido y ha ido desarrollando nuevos aspectos de su personalidad. Sinceramente, no sé cómo reaccionaría, o qué nivel de trauma podría experimentar. Tú la conoces mucho mejor que yo.
Neuval se tapó la cara con las manos y dejó salir un fuerte suspiro exasperado.
—Tranquilo —le dijo Lao, con una sonrisa apaciguadora—. Si alguna vez llegara ese día, ocurrirá como tenga que ocurrir. No podemos evitar que pasen cosas malas el cien por cien de las veces, Neu, pero cuando tengan que pasar, sí podemos evitar sufrirlo en soledad. No olvides que nos tienes a tu madre y a mí, y a Suzu, y a tus sobrinos. Y a toda la KRS, por supuesto. Incluso cuando se trata de un problema familiar, todos podemos ayudar. Fíjate lo que le pasó a Pipi. La SRS nos volcamos totalmente con él cuando su padre quería prohibirle seguir trabajando en ella.
—Ya… pero no es lo mismo —Neuval se apoyó contra el respaldo y giró el asiento para mirar distraídamente la ciudad por el ventanal recién arreglado—. Llevo siete años ocultándole a Cleven cosas muy importantes. Siete años engañándola… mintiéndole constantemente… manipulando sus recuerdos… Todos me decís que hice lo correcto dadas las circunstancias de lo que pasó en esa época, y quizá tengáis razón, pero nunca dejó de resultarme repulsivo lo que le hice a Cleven. Y a Lex. ¿Cuánto dolor le supondría a Cleven descubrir lo que le hice?
—¿Y si solamente le supone un pequeño dolor al principio, fruto del desengaño inevitable, pero después deja de dolerle porque comprende todas las razones y lo acepta todo?
—¿Como Hana? —dijo Neuval, y vio por el reflejo del ventanal que Lao le respondía encogiéndose de hombros como un “podría ser”—. No… Creo que en la comprensión y aceptación de Hana ha tenido mucho que ver el enorme amor que siente por mí.
—¿Y? ¿Crees que Cleven no siente un inmenso amor por ti?
Neuval volvió a girar su silla, solamente para dirigirle a Lao una mirada de lo más escéptica.
—Que no te lo haya demostrado todos los días con palabras y abrazos en siete años no quiere decir que no lo sienta, Neu —insistió Lao—. No sería la primera adolescente que tiene esa distancia con su padre, pero por dentro sabe que lo quiere con locura.
—Hmm… —Neuval dejó salir otro suspiro, girándose de nuevo hacia el ventanal—. Por ahora, lo único que me importa es asegurarme de que Cleven sepa lo mucho que yo la quiero. Empezando por no arrastrarla de vuelta a casa, porque se me revuelven las tripas cada vez que veo su habitación vacía. Pero ella necesitaba ese cambio. Y que yo le diera ese voto de confianza, y sincerarme con ella en esa conversación tan bonita que tuvimos aquel domingo, tras la cual ella acabó abrazándome, fue de lo más ¡AAAH! —soltó ese grito de manera repentina.
Lao dio un gran bote en su butaca del susto, y se puso en alerta. Neuval se giró en su silla, de vuelta frente a su mesa, en tensión, también con cara de susto, mirando a un punto del despacho. Se quedó así unos segundos. Luego su cara comenzó a relajarse, y a volverse pensativa. Luego hizo un gesto comprensivo y, acto seguido, cogió un papel y un boli y comenzó a tomar unas notas.
El vejo puso los ojos en blanco, expresando una mezcla de alivio y fastidio. Por un instante, había creído que Neuval había visto por el ventanal alguna bomba explotando en la ciudad, o que le había dado un brote de majin. Pero no tardó en reconocer ese comportamiento. Era Alvion, hablándole a Neuval dentro de su mente, algo común para todos los iris. No era algo que hiciera constantemente, solamente para emitir comunicados privados de mucha importancia o para apaciguar un brote de majin, pero seguía sintiéndose como algo natural para los iris, incluso agradable, como de estar a salvo.
—¿Ves? ¡Por esto usaba mi Técnica de Desvío! —protestó Neuval en voz alta—. Qué susto, putain de vie… —gruñó, terminado de escribir unas notas.
—Estás demasiado poco acostumbrado, por culpa de tantos años que has usado la Técnica de Desvío impidiéndole a Alvion conectar con tu mente —le dijo Lao—. Eres el único iris que se cabrea y se sobresalta cuando oye la voz de Alvion en su cabeza.
—No me gusta tener voces en mi cabeza que no sean la mía —masculló Neuval, poniéndose a teclear algo en uno de los tres ordenadores de su mesa.
—¿Y bien? ¿Qué te ha dicho nuestro Señor?
—Que ha estado estos últimos días indagando con los monjes el modo en que Hatori está llevando a cabo su investigación sobre mi masacre —le explicó, mientras consultaba en el ordenador en qué estado de seguridad se encontraban sus sectores secretos de la empresa—. Mediante el laboratorio forense, Hatori ya ha identificado a mis doce víctimas…
—A las doce víctimas de tu majin —le corrigió Lao.
Hubo un inesperado segundo de silencio por parte de Neuval cuando Lao dijo eso. Como iris, este pequeño detalle extrañó al viejo. Podía ser que Neuval se había distraído por un instante con lo que estaba viendo en el ordenador, pero el Ka lo sintió un poco raro.
—Y ha puesto a la policía a tratar de averiguar, pues, lo típico —continuó Neuval—: qué relación podían esos difuntos criminales tener con su asesino, con qué personas de su entorno se movían, antecedentes, problemas de juego o drogas, etcétera.
—¿Alvion te ha dicho que “Hatori ha puesto a la policía a averiguar eso”? —repitió Lao, cruzándose de brazos—. ¿En vez de “Hatori se ha puesto con la policía a averiguar eso”?
Neuval dejó de usar el ordenador y agachó la cabeza, con una expresión entre alicaída y preocupada.
—Denzel tenía razón. Hatori es más inteligente de lo que nos gusta pensar, Lao. Al parecer, él dio por sentado desde el primer momento que Fuujin era el responsable de esa masacre.
—¿Cómo le vino esa idea, le vino del cielo como el Espíritu Santo? —rechistó con sarcasmo.
—Tú solías hablar de lo mucho que te asombraba a veces la capacidad de intuición de Takeshi.
—¿Crees que su hijo la ha heredado de él?
—Como simple agente de policía y como posterior jefe de la Policía, los propios iris de Japón han estado comentando durante los últimos años lo mucho que Hatori y su forma de trabajar les ha sorprendido. ¿Recuerdas el evento de hace año y medio? Hatori estuvo a punto de cazar a dos iris. Los tenía acorralados. Casi consiguió lo que nunca nadie en más de un siglo había conseguido.
—Ya… lo recuerdo —caviló Lao—. Y luego sucedió lo más insólito, que aún a día de hoy muchos iris seguimos sin hallarle una razón, y es que Takeshi apareció en aquella operación de Hatori, y le obligó a cancelarla. Y aquellos dos iris acorralados pudieron escapar, con las caras tapadas.
—Yo creo que Takeshi hizo eso porque al final se acojonó ante las posibles consecuencias —dijo Neuval.
—A mí me da que había algo más detrás de sus razones.
—En fin. El caso es que Hatori sabe que un iris está detrás de la muerte de esos doce criminales, y por eso, sabe que no hay o no tiene por qué haber ningún tipo de relación previa entre esos criminales y Fuujin. Porque Hatori sabe que los iris matamos criminales simplemente por ser criminales que ponen en peligro vidas inocentes y evaden la justicia humana. Por tanto, sabe que investigar la vida y el entorno de esos doce criminales no le va a conducir a Fuujin, porque no hay nada que los conecte, no había un relación previa que derivase en un motivo, un ajuste de cuentas o pelea. Así que, él no se ha puesto a investigar con la policía información sobre esos criminales, pero ha ordenado a la policía que sigan esa línea de investigación, no porque le vaya a traer alguna respuesta, sino para mantener a la policía ocupada en lo que se espera que deben investigar.
—¿Qué significa eso, que Hatori está llevando otra investigación por otra línea clandestina con el fin de llegar hasta Fuujin, y que no puede compartir con la policía común al tratarse de un asunto iris que sólo él y un puñado de agentes conocen? ¿O te ha dicho Alvion que Hatori está en un callejón sin salida en la investigación de aquel crimen y que podemos dejar de preocuparnos?
—Dice que no ha podido averiguar más cosas sobre lo que Hatori pueda o no estar haciendo por su propia cuenta. Pero con eso me ha dado a entender que no puedo permitirme el lujo de bajar la guardia. Que por ahora Hatori no parezca tener aún ninguna pista sobre quién cometió la masacre o evidencia de que de verdad se tratara de Fuujin, no quiere decir que vaya a rendirse y no probar cualquier método para averiguarlo.
—En ese caso, mantén un perfil bajo en público —le dijo Lao—. Si vas por la calle y te encuentras con algún humano en peligro o siendo atracado por un ladrón, no intervengas, pasa desapercibido, sé un don nadie.
—¿¡Qué!? —brincó incrédulo—. ¡Lao! ¡Poner a un humano a salvo es mucho más importante que yo!
—Eso no es del todo cierto. Escucha, hijo. Hatori, en su afán por perseguir el rastro de Fuujin a partir de aquella masacre, si sus sospechas acaban por cualquier imprevisible razón conduciéndolo hasta Neuval Vernoux, será más de una vida humana la que termine corriendo peligro. Empezando por la de tus hijos… tus sobrinos, tu cuñada, tu madre… y terminando en los miles de humanos que trabajan en Hoteitsuba. Si Hatori descubre que tú eres Fuujin, esta información podría filtrarse en el mundo criminal.
Neuval se quedó uno segundos en silencio, pensando en ello.
—Hah… —suspiró—. Sabes que no puedo pasar de largo si veo ante mí a un criminal poniendo en peligro a un humano inocente. Simplemente, no puedo. No puedo.
Lao también suspiró, sabiendo que realmente era algo inevitable en él.
—Pues intervén del modo más discreto posible, ¿vale? Yo qué sé, lánzale un soplido al criminal que lo derribe y lo aturda lo suficiente para ahuyentarlo, y te vas con la cabeza gacha enseguida. Pero a partir de ahora, no más acciones llamativas —dijo esto señalando hacia el ventanal, aludiendo el incidente de ayer con aquellos almaati desertores que lo atacaron aquí mismo en su despacho.
—Si supieras lo mucho que me duele que me digas eso… —rezongó Neuval, apoyando la barbilla en una mano con desánimo—. Ay… Lo que daría ahora por estar en medio de una misión de gran calibre, en alguna remota región montañosa o en algún desierto, haciendo explotar camiones o helicópteros terroristas… arrasando sus bases con tornados de categoría EF5…
—¿No te gusta la misión que Alvion te ha dado ahora? Ya sabes, aquella en la que por lo visto hay unos terroristas planeando más de un atentado con bombas en Tokio. Ya sabes… es algo bastante grave que hay que evitar.
—Sí, sí, sí… Deja que te haga un spoiler. Terroristas jóvenes radicales tremendamente estúpidos intentando poner bombas en lugares de ámbito político, en una de las ciudades más vigiladas del mundo, donde, ¡por cierto!, viven los mejores iris y, ¿por qué no admitirlo?, un ministro de Interior sorprendentemente eficaz, acabarán siendo detenidos por Fuujin y su KRS a tiempo para llegar a casa a cenar y esperar a la siguiente misión.
—Alvion tiene razón —dijo Lao con aire de reproche, negando con la cabeza—. Eres un iris muy consentido y caprichoso.
—No digo que esa misión no tenga ninguna importancia, pero… —Neuval volvió a dejar salir un suspiro, mirando el paisaje de la ciudad por el ventanal—. Es solo que… no sé… —murmuró algo alicaído—. Es solo que a veces siento… que quiero sacar alas y volar lejos…
—¿Alas? ¡Eres un maldito hombre que vuela y flota por el aire a su antojo desde hace 25 años! —exclamó Lao de repente con tono molesto—. Perdona mi lenguaje, ¡pero es que no te entiendo, Neu, cuando te pones a anhelar cosas incoherentes! Parece que nunca nada es suficiente para ti… ¿Qué más quieres?
—Ya, no… es que… No sabría explicarlo. Es algo… diferente a volar con mi iris.
—Y de todas formas, ¿volar lejos por qué? —insistió Lao, tratando de entenderlo, pues no era la primera vez que le frustraba ver que Neuval no terminaba de conformarse con todo lo que tenía y todo lo que ya había logrado—. ¿Volar lejos de dónde? ¿De Tokio? ¿De Japón?
—No sé… lejos de mí… —balbució de nuevo, vagamente, sin siquiera estar él mismo seguro de lo que quería decir—. Bueno, da igual —volvió a ponerse recto en su silla, y su tono cambió a uno más serio y algo enfadado—. Todavía tenemos un rato libre. ¿Qué más temas iris tenemos que repasar?
—Lo de Haru. Para el entrenamiento de Yenkis. Dijiste que querías ocuparte de ese tema lo antes posible. Así que, ¿cuándo vas a buscarlo y a contactar con él?
—No responde al móvil. Pero quiero contactar cuanto antes.
—Pregúntale a Pipi.
—Creo que ni Pipi sabrá con facilidad su paradero. Cuando no hay misiones, Haru desaparece. Y su gira terminó hace poco, podría incluso no estar en Tokio ahora.
En ese momento, alguien llamó a la puerta.
Comienza otro día más, y hay muchas cosas de las que encargarse. De esto decidieron dar un repaso Lao y Neuval, así que, después de su tercera reunión mañanera en la empresa, se metieron en el despacho de este último para hablarlo.
De camino a la planta 47, Lao no calló ni un momento, expresando su emoción por la reintegración de Yenkis en la familia Lao, recordando la visita al cementerio de ayer. A todo Neuval le respondía: “Sí... Ya... Ajá...” pacientemente. Aunque no se esperaba otra actitud de él. Kei Lian tenía en lo más alto de su escala de valores la familia, por lo que recuperar la relación familiar con Yenkis le vivificaba como el viento soplando a las brasas. Como para él su familia era lo primero, siempre se había posicionado a sí mismo y sus otros intereses en un segundo plano. Por eso era vicepresidente de Hoteitsuba y Segundo al mando de la KRS.
—¡Pero Neuval! —de repente el viejo lo agarró de los hombros, ansioso, cuando estaban solos en mitad de un pasillo—. ¡Pero di algo! ¿Pero por qué no estás tan contento como yo? ¿Es que no estás contento?
—Ay… —Neuval sintió que le crujían los hombros—. Sí, estoy contento.
—Hmm… —Lao se acercó a su cara y le clavó una mirada analizadora—. Ya… Pero sigues preocupado.
—¿Obvio?
—No, olvídate de eso, jefe. Te prometo que has tomado la decisión correcta, y en el momento correcto. Yenkis ya tiene 12 añazos… uh… —hizo un gesto melodramático al darse cuenta de cómo pasaba el tiempo y lo mayor que se estaba haciendo su nieto más pequeño—. Ya era el momento de hacer este intento. Te has arriesgado y ha salido bien.
—Por ahora.
—¡No! Quítate eso de la cabeza. Todo seguirá por buen camino, ya lo verás. Nuestra familia, nuestras identidades, no van a correr peligro. Yenkis ya es lo suficientemente mayor para entender las cosas, y para saber tener cuidado con lo que decir y hacer y mantener las apariencias en público.
—¿Y quedar con Lex de vez en cuando es mantener las apariencias? —ironizó Neuval.
—¿Eh? ¿Qué hay de raro en que un joven hombre quede con el socio de su padre para tomar un café?
—Te reformularé la pregunta: ¿Qué hay de raro en que un joven y atractivo médico franco-japonés quede de vez en cuando con un viejo chino divorciado de admirables músculos para tomar café y para quedarse a dormir en su casa algunos fines de semana?
El viejo Lao se quedó mudo, y blanco como el papel. Tal como lo pintaba Neuval, no sólo parecía raro, sino también extremadamente inapropiado.
—Neuval, acabas de convertir en algo asqueroso la relación tan bonita que tengo con Lex de abuelo y nieto.
—Es lo que la gente vería desde fuera.
—La gente no ha visto nada de eso desde ningún ángulo, Neu. Lex y yo nunca hemos levantado sospechas. Si alguna vez algún conocido de esta empresa me ha visto en una cafetería o en un bar tomando un café o una cerveza con el hijo del jefe y me ha preguntado por ello, yo le respondo que hablamos de negocios, como del proyecto Nebiotec. Y la gente lo ve lógico.
—Ah… ya… el proyecto que Lex lleva desde su infancia contándome a mí y que al final, a la hora de hacerlo realidad, ha decidido ocultarme.
—No te lo quiere ocultar, Neu, él solamente quería esperar a que le dieran luz verde y después contártelo. Le daba reparo la idea de hablarte del proyecto para que después el Comité le dijera que no es plausible.
—¿No le han dado ya luz verde? Sigo esperando.
—Apenas ha pasado una semana desde la noticia, dale algo de tiempo, ¿no?
—De todas formas, ¿qué diantres hacéis cuando él te visita y se queda a dormir en tu casa? —preguntó Neuval, y siguió caminando por el pasillo.
Lao no pasó por alto ese constante tono irritado. Más bien, se trataba de unos celos enormes. Neuval tampoco es que se molestase en ocultarlos.
—Charlar… ver alguna película… echar largas partidas al ajedrez… A veces bajamos al parque deportivo y echamos unas canastas… Ming Jie también disfruta las visitas de Lex, él me cuenta que con ella se pone a cocinar recetas raras, a plantar cosas en el jardín de atrás…
Neuval volvió a pararse en medio del pasillo. Esta vez se quedó mirando al suelo, sin decir nada. Su cara parecía de enfado, pero no era enfado. Lao suspiró. Era obvio que Neuval se muriese de envidia y de rabia. Tampoco es que él hubiera carecido de esas actividades compartidas con Lex, de hecho, con Lex había tenido 18 largos y estupendos años de compartir mil actividades con él. Era, simplemente, que lo añoraba.
Tampoco podía echarle en cara a Lao que le contara lo mucho que él o Ming Jie disfrutaban con Lex, y mucho menos decirle que dejara de tener esa relación tan cercana con él porque le daba mucha envidia, por supuesto. Esto sería extremadamente infantil y egoísta. Sin duda, Neuval se alegraba de que tanto Kei Lian como Ming Jie tuvieran una relación muy afectuosa y cercana con Lex, igual que la tenían con Mei Ling y con Kyo. Además, Neuval lo sabía, que ese tipo de actividades que sus padres solían hacer con Lex les recordaba mucho a lo que solían hacer con Sai. Neuval siempre fue el iris, y estuvo más acostumbrado a hacer o a hablar de cosas de iris o derivadas con sus padres. En cambio, Sai siempre fue el humano y sus padres hacían o hablaban con él de cosas más de humanos.
—Lo más divertido es cuando viene Mei Ling a pasar la noche con nosotros —siguió contándole Lao—. Ahí es cuando los tres hacemos competiciones del Trivial, de póker con dinero, de ver quién monta y desmonta armas más rápido…
—¿Cuando Mei se une a vosotros? —repitió sorprendido.
—Ajá. Ha habido varios fines de semana en los que Mei Ling se pasaba horas y horas en la biblioteca pública del distrito de Taito, la que tiene incorporados varios talleres, como el taller mecánico, donde ella practica sus maquetas de motores. Cuando veía que se le había hecho muy tarde allí, como esa biblioteca está cerca de donde yo vivo, venía a pasar la noche a mi casa, para así no coger el transporte público tan de noche, y muchas veces coincidía con la visita de Lex. Entonces, los tres pedimos pizza, unas cervezas, estamos de cháchara… Para mí no hay fines de semana mejores que los que he pasado con Lex y con Mei Ling.
—Y… ¿Dónde duermen ellos?
—Lex, cuyas visitas son más frecuentes, siempre duerme en la habitación de invitados. Cuando Mei viene, se queda en el despacho pequeño, en una cama hinchable. ¿Por?
—Ah… por nada… —murmuró Neuval, rascándose un poco la barbilla, algo extrañado—. ¿No supone ninguna incomodidad entre ellos ni nada?
—Neuval, rompieron hace seis años.
—Ya, pero…
—Por supuesto que no existe ninguna incomodidad entre Lex y Mei Ling, nunca la ha habido. Se criaron como primos, siempre se han llevado de maravilla, salieron juntos un año, lo dejaron por decisión mutua, y ahora siguen siendo primos que se llevan de maravilla. Lo que hubo entre ellos dos terminó totalmente hace años. Sólo fue una experiencia temporal.
—¿Hasta qué punto debería de parecerme bien que Lex tuviera una relación sentimental con su prima? —seguía reticente con este asunto—. Ya sé que genéticamente nos separan un par de continentes, pero mentalmente se criaron bajo el vínculo familiar y eso todavía debería considerarse raro, ¿no? A veces me pregunto qué le habría parecido a Sai, que mi hijo y su hija estuviesen juntos románticamente…
—Precisamente por eso su relación fue temporal y corta. Lex y Mei solamente quisieron saciar una curiosidad y una atracción temporal que hubo entre ellos como dos personas de muy distinta sangre, pero al cabo de un año, el vínculo familiar con el que habían crecido pesó más sobre ellos y descubrieron que preferían y se sentían más a gusto manteniendo una relación familiar que una romántica. Ya está, no hay más misterio.
Los dos entraron por fin en el despacho de Neuval. Este se fue hacia su escritorio, y Lao fue a sentarse en una de las butacas junto a la estantería como de costumbre.
—No, en serio —insistió Neuval—. Imagina que Sai hubiera estado vivo en aquel entonces y que Katya no hubiera muerto y que yo nunca me hubiera peleado con Lex, y que estuviésemos todos en mi casa un domingo haciendo una barbacoa familiar… y Lex y Mei Ling fuesen de un lado a otro de la manita, intercambiando miradas, abrazos y besos en la boca. Yo me imagino a Sai acercándose a mí en un momento determinado y diciéndome algo como “dìdì, por favor, dile a tu hijo que deje de meterle la lengua a mi hija hasta la nuca y que aparte la mano de su trasero, si no es mucho pedir”.
—¡Ajajajaj…! —Lao se echó a reír con tantas ganas que Neuval, sentado en su escritorio con su traje y su corbata y con porte serio y sofisticado, tuvo que esperar más de un minuto hasta que el viejo se calmó—. Ahy… uf… —se secó las lágrimas—. Me matas...
—No estaba bromeando —gruñó—. Habría sido muy incómodo oír a mi hermano decirme algo así.
—Hahah… —volvió a reírse, y a secarse las lágrimas—. Bueno, aparte de que Sai nunca te habría dicho algo así, Lex y Mei Ling nunca se habrían paseado delante de la gente agarrándose las nalgas y haciendo nudos marineros con las lenguas. Ya sabes lo recatado que siempre ha sido Lex, y Mei también suele ser discreta con esas cosas.
—Lo único que me aliviaba de esa situación es que, por primera vez en su vida, Lex estaba saliendo con una buena chica —rezongó Neuval—. Era agotador quitarle de encima a esas chicas insoportables de su época de instituto, tóxicas, posesivas, malas personas… Mei Ling obviamente es todo lo contrario.
—¿Y qué opinas de Riku? —quiso saber Lao.
—¿Que qué opino de Riku? Opino que, si algún día ella y Lex rompen, me romperán a mí en mil pedazos y me moriré del disgusto. Adoro a Riku. Creo que no existe mujer mejor para él y espero que algún día acaben casándose. Además de ser un escenario mucho más apropiado y sin complicaciones. ¿Sabes lo extremadamente disparatado que me resulta imaginar que uno de mis hijos acabe casándose con uno de tus nietos?
—A esa pregunta le falta mucho contexto —defendió Lao, impasible, mientras se miraba en un espejo que había en la estantería de su lado, acicalándose un poco la barba blanca.
—¿Sabes que cuando me adoptaste, yo estaba emocionado porque creía que por fin iba a saber lo que era tener una familia normal? Y al final nunca nada fue normal en esta familia.
—Aaah, cuánto lamento oír eso, pero tranquilo, que ahora mismo lo soluciono —ironizó el viejo, y se llevó una mano hacia la oreja, con el meñique y el pulgar estirados a modo de teléfono imaginario—. “¿Sí, hola, estoy hablando con el Jing Wo de hace 35 años, mi antiguo compañero normal de trabajo, que era un humano normal, casado con una humana normal, que por aquel entonces no podían tener hijos y estaban buscando adoptar uno? ¡Oh! ¿Qué tal, Jing Wo de hace 35 años? Tengo una sorpresa para ti y tu mujer, he encontrado a un niño callejero de 10 años que quiere vivir en una familia normal, ¿os lo quedáis? ¡Qué bien! Lo lavaré un poco y te lo daré reluciente el lunes que viene”.
—Oh, pregúntale por favor si puede garantizarme que no me obligará a comer pepino y que no me echará la bronca cada vez que me levante tarde para ir al colegio —le pidió Neuval.
—“Jing Wo, ¿lo has oído?” —siguió Lao fingiendo hablar por teléfono, y después miró a Neuval—. Dice mi normal amigo que no puede garantizarte no hacerte unas cosas tan normales. Aun así, ¿te quieres ir con él?
—Dile que me lo pensaré —contestó Neuval, asomando por fin una sonrisa, mientras ordenaba unos papeles sobre su mesa.
—“Jing Wo, el niño callejero dice que ni lo sueñes, que prefiere mil veces vivir conmigo y tener una familia de todo menos normal. Puh” —hizo un sonido y colgó el teléfono imaginario—. ¿De qué estábamos hablando? Ah, sí… De cuándo vas a meter a Cleven en nuestro redil familiar.
—No estábamos hablando de eso —refunfuñó Neuval.
—Era el hilo de continuación sobre lo de Yenkis.
—Por ahora Cleven está feliz, tranquila y a salvo con su querido tío y sus queridos primos Saehara. Dame un respiro. Estamos en el segundo mes del año y ya he tomado como siete decisiones de enorme riesgo e importancia. Como por ejemplo, la de no estrangularte, después de ver ayer en las cuentas que durante el último año te has gastado casi 300 millones de yenes en tu misterioso proyecto sin avisar.
—Ouch...
—¿Qué demonios estás fabricando, chino loco? Dímelo de una vez.
—Naah, ya lo verás cuando estén listos —contestó Lao con simpleza y tono paciente, mientras se miraba coquetamente las uñas—. Qué adorable intento de hacerme cambiar de tema.
—Mira quién habla.
—Yo sólo digo… que ver ayer a tu madre en el cementerio con una sonrisa radiante en la cara mientras abrazaba a Yenkis fue la cosa más hermosa que jamás había esperado ver en un día tan triste —dijo Lao, manteniendo una calmada sonrisa agridulce.
Neuval lo miró y se contagió de esa misma sonrisa y ese mismo pensamiento. Luego vio que Lao se quedó mirando al techo con esa misma cara. Supo que ahora se estaba imaginando lo que sería para él y para Ming Jie poder volver a abrazar a Cleven también. Entendía que Lao estuviera ansioso por seguir haciendo realidad el sueño de reunificar a toda la familia, conforme veían que las circunstancias exteriores lo permitían, si bien forzosamente como lo de Yenkis, al menos de forma segura. Neuval no soñaba con menos, claro. Él sería el primero en desear que Cleven recuperara su vínculo familiar con los Lao.
Sin embargo, el caso de Cleven no era como el de Lex ni como el de Yenkis. De hecho, era el más peliagudo de todos, el más arriesgado y el que más miedos traía a Neuval. Cleven de pequeña tenía una extraña obsesión con la Asociación y las misiones que los iris hacían, hasta el punto de involucrarse en persona en situaciones de extremo peligro, muchas de esas ocasiones apremiada por el propio Drasik, y se había visto múltiples veces en escenarios que arriesgaban su seguridad o su vida.
Neuval había tenido no pocos amagos de infarto en aquella época. ¿Cómo no iba a robarle el aliento la idea de que ella volviera a desarrollar esa obsesión de meterse donde no debía, si decidía revelarle la verdad y las memorias borradas y traerla de vuelta a la consciencia del mundo de los iris? No se explicaba cómo Cleven siempre terminaba saliendo ilesa de aquellas situaciones en su infancia, pero como es de comprender, tener suerte no era suficiente para Neuval para confiar en ella.
—¿Puedes darme una respuesta brutalmente honesta? —le preguntó a Lao tras ese rato de silencio. El viejo lo miró y le hizo un gesto de asentimiento, escuchándolo—. ¿Hasta qué punto crees que Cleven podría sufrir un trauma u odiarme… si un día de estos la sentara en una silla y le contara toda la verdad? ¿Empezando por: “Te voy a contar algo que ya sabías y que componía el 80 % de tu vida, pero que te quité de la memoria”?
Lao se cruzó de brazos y se rascó la barba mientras se quedaba reflexionando de manera lógica y racional sobre esa hipotética situación. Neuval empezó a sentirse desesperanzado cuando pasaron cuatro minutos y el viejo seguía sin decir nada.
—¿Tan mal lo ves?
—Me faltan muchas variables para poder hacer un análisis completo que me lleve a darte una respuesta convencida. Llevo siete años teniendo muy escasos contactos con Cleven. La Cleven de 16 años de ahora no es como la Cleven de 9 años que yo conocía, y no sólo porque le borrases la memoria, sino también porque obviamente ha crecido y ha ido desarrollando nuevos aspectos de su personalidad. Sinceramente, no sé cómo reaccionaría, o qué nivel de trauma podría experimentar. Tú la conoces mucho mejor que yo.
Neuval se tapó la cara con las manos y dejó salir un fuerte suspiro exasperado.
—Tranquilo —le dijo Lao, con una sonrisa apaciguadora—. Si alguna vez llegara ese día, ocurrirá como tenga que ocurrir. No podemos evitar que pasen cosas malas el cien por cien de las veces, Neu, pero cuando tengan que pasar, sí podemos evitar sufrirlo en soledad. No olvides que nos tienes a tu madre y a mí, y a Suzu, y a tus sobrinos. Y a toda la KRS, por supuesto. Incluso cuando se trata de un problema familiar, todos podemos ayudar. Fíjate lo que le pasó a Pipi. La SRS nos volcamos totalmente con él cuando su padre quería prohibirle seguir trabajando en ella.
—Ya… pero no es lo mismo —Neuval se apoyó contra el respaldo y giró el asiento para mirar distraídamente la ciudad por el ventanal recién arreglado—. Llevo siete años ocultándole a Cleven cosas muy importantes. Siete años engañándola… mintiéndole constantemente… manipulando sus recuerdos… Todos me decís que hice lo correcto dadas las circunstancias de lo que pasó en esa época, y quizá tengáis razón, pero nunca dejó de resultarme repulsivo lo que le hice a Cleven. Y a Lex. ¿Cuánto dolor le supondría a Cleven descubrir lo que le hice?
—¿Y si solamente le supone un pequeño dolor al principio, fruto del desengaño inevitable, pero después deja de dolerle porque comprende todas las razones y lo acepta todo?
—¿Como Hana? —dijo Neuval, y vio por el reflejo del ventanal que Lao le respondía encogiéndose de hombros como un “podría ser”—. No… Creo que en la comprensión y aceptación de Hana ha tenido mucho que ver el enorme amor que siente por mí.
—¿Y? ¿Crees que Cleven no siente un inmenso amor por ti?
Neuval volvió a girar su silla, solamente para dirigirle a Lao una mirada de lo más escéptica.
—Que no te lo haya demostrado todos los días con palabras y abrazos en siete años no quiere decir que no lo sienta, Neu —insistió Lao—. No sería la primera adolescente que tiene esa distancia con su padre, pero por dentro sabe que lo quiere con locura.
—Hmm… —Neuval dejó salir otro suspiro, girándose de nuevo hacia el ventanal—. Por ahora, lo único que me importa es asegurarme de que Cleven sepa lo mucho que yo la quiero. Empezando por no arrastrarla de vuelta a casa, porque se me revuelven las tripas cada vez que veo su habitación vacía. Pero ella necesitaba ese cambio. Y que yo le diera ese voto de confianza, y sincerarme con ella en esa conversación tan bonita que tuvimos aquel domingo, tras la cual ella acabó abrazándome, fue de lo más ¡AAAH! —soltó ese grito de manera repentina.
Lao dio un gran bote en su butaca del susto, y se puso en alerta. Neuval se giró en su silla, de vuelta frente a su mesa, en tensión, también con cara de susto, mirando a un punto del despacho. Se quedó así unos segundos. Luego su cara comenzó a relajarse, y a volverse pensativa. Luego hizo un gesto comprensivo y, acto seguido, cogió un papel y un boli y comenzó a tomar unas notas.
El vejo puso los ojos en blanco, expresando una mezcla de alivio y fastidio. Por un instante, había creído que Neuval había visto por el ventanal alguna bomba explotando en la ciudad, o que le había dado un brote de majin. Pero no tardó en reconocer ese comportamiento. Era Alvion, hablándole a Neuval dentro de su mente, algo común para todos los iris. No era algo que hiciera constantemente, solamente para emitir comunicados privados de mucha importancia o para apaciguar un brote de majin, pero seguía sintiéndose como algo natural para los iris, incluso agradable, como de estar a salvo.
—¿Ves? ¡Por esto usaba mi Técnica de Desvío! —protestó Neuval en voz alta—. Qué susto, putain de vie… —gruñó, terminado de escribir unas notas.
—Estás demasiado poco acostumbrado, por culpa de tantos años que has usado la Técnica de Desvío impidiéndole a Alvion conectar con tu mente —le dijo Lao—. Eres el único iris que se cabrea y se sobresalta cuando oye la voz de Alvion en su cabeza.
—No me gusta tener voces en mi cabeza que no sean la mía —masculló Neuval, poniéndose a teclear algo en uno de los tres ordenadores de su mesa.
—¿Y bien? ¿Qué te ha dicho nuestro Señor?
—Que ha estado estos últimos días indagando con los monjes el modo en que Hatori está llevando a cabo su investigación sobre mi masacre —le explicó, mientras consultaba en el ordenador en qué estado de seguridad se encontraban sus sectores secretos de la empresa—. Mediante el laboratorio forense, Hatori ya ha identificado a mis doce víctimas…
—A las doce víctimas de tu majin —le corrigió Lao.
Hubo un inesperado segundo de silencio por parte de Neuval cuando Lao dijo eso. Como iris, este pequeño detalle extrañó al viejo. Podía ser que Neuval se había distraído por un instante con lo que estaba viendo en el ordenador, pero el Ka lo sintió un poco raro.
—Y ha puesto a la policía a tratar de averiguar, pues, lo típico —continuó Neuval—: qué relación podían esos difuntos criminales tener con su asesino, con qué personas de su entorno se movían, antecedentes, problemas de juego o drogas, etcétera.
—¿Alvion te ha dicho que “Hatori ha puesto a la policía a averiguar eso”? —repitió Lao, cruzándose de brazos—. ¿En vez de “Hatori se ha puesto con la policía a averiguar eso”?
Neuval dejó de usar el ordenador y agachó la cabeza, con una expresión entre alicaída y preocupada.
—Denzel tenía razón. Hatori es más inteligente de lo que nos gusta pensar, Lao. Al parecer, él dio por sentado desde el primer momento que Fuujin era el responsable de esa masacre.
—¿Cómo le vino esa idea, le vino del cielo como el Espíritu Santo? —rechistó con sarcasmo.
—Tú solías hablar de lo mucho que te asombraba a veces la capacidad de intuición de Takeshi.
—¿Crees que su hijo la ha heredado de él?
—Como simple agente de policía y como posterior jefe de la Policía, los propios iris de Japón han estado comentando durante los últimos años lo mucho que Hatori y su forma de trabajar les ha sorprendido. ¿Recuerdas el evento de hace año y medio? Hatori estuvo a punto de cazar a dos iris. Los tenía acorralados. Casi consiguió lo que nunca nadie en más de un siglo había conseguido.
—Ya… lo recuerdo —caviló Lao—. Y luego sucedió lo más insólito, que aún a día de hoy muchos iris seguimos sin hallarle una razón, y es que Takeshi apareció en aquella operación de Hatori, y le obligó a cancelarla. Y aquellos dos iris acorralados pudieron escapar, con las caras tapadas.
—Yo creo que Takeshi hizo eso porque al final se acojonó ante las posibles consecuencias —dijo Neuval.
—A mí me da que había algo más detrás de sus razones.
—En fin. El caso es que Hatori sabe que un iris está detrás de la muerte de esos doce criminales, y por eso, sabe que no hay o no tiene por qué haber ningún tipo de relación previa entre esos criminales y Fuujin. Porque Hatori sabe que los iris matamos criminales simplemente por ser criminales que ponen en peligro vidas inocentes y evaden la justicia humana. Por tanto, sabe que investigar la vida y el entorno de esos doce criminales no le va a conducir a Fuujin, porque no hay nada que los conecte, no había un relación previa que derivase en un motivo, un ajuste de cuentas o pelea. Así que, él no se ha puesto a investigar con la policía información sobre esos criminales, pero ha ordenado a la policía que sigan esa línea de investigación, no porque le vaya a traer alguna respuesta, sino para mantener a la policía ocupada en lo que se espera que deben investigar.
—¿Qué significa eso, que Hatori está llevando otra investigación por otra línea clandestina con el fin de llegar hasta Fuujin, y que no puede compartir con la policía común al tratarse de un asunto iris que sólo él y un puñado de agentes conocen? ¿O te ha dicho Alvion que Hatori está en un callejón sin salida en la investigación de aquel crimen y que podemos dejar de preocuparnos?
—Dice que no ha podido averiguar más cosas sobre lo que Hatori pueda o no estar haciendo por su propia cuenta. Pero con eso me ha dado a entender que no puedo permitirme el lujo de bajar la guardia. Que por ahora Hatori no parezca tener aún ninguna pista sobre quién cometió la masacre o evidencia de que de verdad se tratara de Fuujin, no quiere decir que vaya a rendirse y no probar cualquier método para averiguarlo.
—En ese caso, mantén un perfil bajo en público —le dijo Lao—. Si vas por la calle y te encuentras con algún humano en peligro o siendo atracado por un ladrón, no intervengas, pasa desapercibido, sé un don nadie.
—¿¡Qué!? —brincó incrédulo—. ¡Lao! ¡Poner a un humano a salvo es mucho más importante que yo!
—Eso no es del todo cierto. Escucha, hijo. Hatori, en su afán por perseguir el rastro de Fuujin a partir de aquella masacre, si sus sospechas acaban por cualquier imprevisible razón conduciéndolo hasta Neuval Vernoux, será más de una vida humana la que termine corriendo peligro. Empezando por la de tus hijos… tus sobrinos, tu cuñada, tu madre… y terminando en los miles de humanos que trabajan en Hoteitsuba. Si Hatori descubre que tú eres Fuujin, esta información podría filtrarse en el mundo criminal.
Neuval se quedó uno segundos en silencio, pensando en ello.
—Hah… —suspiró—. Sabes que no puedo pasar de largo si veo ante mí a un criminal poniendo en peligro a un humano inocente. Simplemente, no puedo. No puedo.
Lao también suspiró, sabiendo que realmente era algo inevitable en él.
—Pues intervén del modo más discreto posible, ¿vale? Yo qué sé, lánzale un soplido al criminal que lo derribe y lo aturda lo suficiente para ahuyentarlo, y te vas con la cabeza gacha enseguida. Pero a partir de ahora, no más acciones llamativas —dijo esto señalando hacia el ventanal, aludiendo el incidente de ayer con aquellos almaati desertores que lo atacaron aquí mismo en su despacho.
—Si supieras lo mucho que me duele que me digas eso… —rezongó Neuval, apoyando la barbilla en una mano con desánimo—. Ay… Lo que daría ahora por estar en medio de una misión de gran calibre, en alguna remota región montañosa o en algún desierto, haciendo explotar camiones o helicópteros terroristas… arrasando sus bases con tornados de categoría EF5…
—¿No te gusta la misión que Alvion te ha dado ahora? Ya sabes, aquella en la que por lo visto hay unos terroristas planeando más de un atentado con bombas en Tokio. Ya sabes… es algo bastante grave que hay que evitar.
—Sí, sí, sí… Deja que te haga un spoiler. Terroristas jóvenes radicales tremendamente estúpidos intentando poner bombas en lugares de ámbito político, en una de las ciudades más vigiladas del mundo, donde, ¡por cierto!, viven los mejores iris y, ¿por qué no admitirlo?, un ministro de Interior sorprendentemente eficaz, acabarán siendo detenidos por Fuujin y su KRS a tiempo para llegar a casa a cenar y esperar a la siguiente misión.
—Alvion tiene razón —dijo Lao con aire de reproche, negando con la cabeza—. Eres un iris muy consentido y caprichoso.
—No digo que esa misión no tenga ninguna importancia, pero… —Neuval volvió a dejar salir un suspiro, mirando el paisaje de la ciudad por el ventanal—. Es solo que… no sé… —murmuró algo alicaído—. Es solo que a veces siento… que quiero sacar alas y volar lejos…
—¿Alas? ¡Eres un maldito hombre que vuela y flota por el aire a su antojo desde hace 25 años! —exclamó Lao de repente con tono molesto—. Perdona mi lenguaje, ¡pero es que no te entiendo, Neu, cuando te pones a anhelar cosas incoherentes! Parece que nunca nada es suficiente para ti… ¿Qué más quieres?
—Ya, no… es que… No sabría explicarlo. Es algo… diferente a volar con mi iris.
—Y de todas formas, ¿volar lejos por qué? —insistió Lao, tratando de entenderlo, pues no era la primera vez que le frustraba ver que Neuval no terminaba de conformarse con todo lo que tenía y todo lo que ya había logrado—. ¿Volar lejos de dónde? ¿De Tokio? ¿De Japón?
—No sé… lejos de mí… —balbució de nuevo, vagamente, sin siquiera estar él mismo seguro de lo que quería decir—. Bueno, da igual —volvió a ponerse recto en su silla, y su tono cambió a uno más serio y algo enfadado—. Todavía tenemos un rato libre. ¿Qué más temas iris tenemos que repasar?
—Lo de Haru. Para el entrenamiento de Yenkis. Dijiste que querías ocuparte de ese tema lo antes posible. Así que, ¿cuándo vas a buscarlo y a contactar con él?
—No responde al móvil. Pero quiero contactar cuanto antes.
—Pregúntale a Pipi.
—Creo que ni Pipi sabrá con facilidad su paradero. Cuando no hay misiones, Haru desaparece. Y su gira terminó hace poco, podría incluso no estar en Tokio ahora.
En ese momento, alguien llamó a la puerta.
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