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2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __









56.
Gemelos tenaces

Media hora después, un policía salió corriendo de una de las salas de interrogatorio de la Comisaría Central.

—¡Aaah! ¡No lo soporto! —gritó por los pasillos.

Hatori pasaba por allí, llevando bajo el brazo un sobre donde había metido algunas fotografías recién impresas de las imágenes del vídeo del callejón donde Fuujin aniquiló a doce personas. Al cruzárselo, lo detuvo en seco. El policía, un hombre fornido como un armario, ahora parecía un pobre niño muerto de miedo.

—¿Qué ocurre? —preguntó Hatori, sereno.

—Señor... No puedo con ellos... no puedo... Van a volverme loco.

—¿Quiénes?

—Un par de críos extranjeros que acaban de ser detenidos por conducción temeraria —contestó, secándose la frente—. Estaba interrogándolos, cuando empezaron a hacer ese juego diabólico, hablando los dos a la vez... Agh... Me aterrorizan. Se empeñan en hablar en inglés, pese a que entienden japonés perfectamente. Pero es que además son… tienen… no sé cómo explicarlo… ¡Tienen algo raro! ¡Parecen demonios! Necesito despejarme.

El agente se metió por una puerta del pasillo, el lavabo de hombres, para recuperar la compostura. Hatori frunció el ceño y miró a su alrededor, buscando a cierta persona, a la cual encontró doblando una esquina de los pasillos.

—Agente Willers —la llamó.

Sarah se paró en seco a pocos metros de él, tensa. No esperaba encontrárselo de repente.

—¿Señor?

—El inglés es tu lengua materna y tienes buena maña con los rebeldes extranjeros. Ocúpate de los detenidos de la sala 8. Conducción temeraria. Posiblemente menores de edad. Si tienen alguna relación con terrorismo o tráfico internacional, encárgate con tu gente del FBI, como siempre.

—Sí, señor —contestó, inclinándose un poco.

Hatori dio media vuelta y se metió por otro pasillo. Sarah dio un suspiro. Ya se había encontrado con él cara a cara muchas veces, pero no podía evitar seguir poniéndose tensa. Y lo mal que lo pasaba teniendo que mostrarse obediente y respetuosa hacia él, con lo que lo odiaba, y esa impotencia por el hecho de no poder matarlo ahí mismo... Cada cosa a su tiempo, pensó, mientras abría la puerta de la sala 8.

—¡Ah! —exclamó con susto al toparse con la cara del revés de un chico en la puerta.

Este ladeó la cabeza y sonrió. Estaba colgado bocabajo de una repisa sobre el marco de la puerta, así que se bajó con una voltereta, al mismo tiempo que su hermano se levantaba rápidamente de la silla junto a la mesa, y ambos, colocándose rectamente frente a ella como soldados, le hicieron una cortés reverencia. Sarah se quedó patidifusa, pero más cuando los dos le cogieron delicadamente una mano cada uno y la rozaron con sus labios como verdaderos caballeros. Eran idénticos, dos jóvenes de rasgos parcialmente asiáticos y cabello castaño oscuro, con el mismo corte, solo que uno tenía el flequillo echado a un lado y el otro lo tenía echado al otro lado.

Lady... —la saludaron, guiñando un ojo—. So beautiful...

—Eh... —balbució Sarah—. ¿Habláis inglés?

—Somos medio británicos —contestó uno de ellos.

—¿Podéis sacarnos de aquí, damisela? —preguntó el otro.

«¿Me la intentan jugar o qué?» se mosqueó la mujer.

—No intentéis manipularme —les dijo con enfado—. Sentaos ahí ahora mismo.

Los dos idénticos hermanos dieron un brinco juguetón y obedecieron al instante, sonriendo como inocentes niños y quedándose quietos. Sarah sacudió la cabeza para recuperarse de la extraña escena y se sentó en la silla que estaba al otro lado.

—A ver, temerarios, ¿eh? Lo primero de todo, ¿qué edad tenéis?

—17 años —contestaron a la vez.

—¿Y vuestros nombres?

—Lu Kai —contestó el de la derecha.

—James —contestó el de la izquierda.

—Apellido —les pidió Sarah.

—Shakespeare.

Sarah se quedó muda un momento.

—Ya… —dijo con sarcasmo—. A ver. Necesito diferenciaros de alguna manera para saber con quién estoy tratando sin que me la juguéis.

—Sí —dijo Lu Kai, levantándose de la silla—. Yo tengo un bonito y pequeño lunar en el culete, y James no, mire... —fue a bajarse los pantalones bajo el qipao.

—Eh, eh, vale, déjalo —se apuró Sarah.

Lu Kai se encogió de hombros y volvió a sentarse. Sarah cogió un poco de aire. Desde luego daban algo de desesperación.

—¿Cuál es vuestra nacionalidad?

—China. Pero somos mestizos medio británicos, como le dijimos.

—¿Y qué le habéis hecho al policía que estaba aquí antes?

—Oh, nimiedades, lady —contestó James, haciendo aspavientos—. Debe ser que ese hombre no aguanta bien las bromas de hermanos gemelos.

—No hay más que hablarle en verso con adivinanzas los dos a la vez —le explicó Lu Kai—. En nuestra época también se asustan, oír dos voces diciendo lo mismo al mismo tiempo es como oír a una persona poseída por un demonio, por lo de la voz distorsionada y eso...

—Perdona un segundo —le detuvo Sarah—. ¿Vuestra época, has dicho?

Ambos asintieron a la vez, con la misma sonrisa angelical.

—¿Por qué se nos debería reprochar comportarnos como demonios, cuando precisamente somos mitad demonios? —sonrió Lu Kai de una forma espeluznante.

—Debería dejarnos salir de aquí, lady, o cosas malas podrían pasar… —añadió James, mientras sacaba del interior de su manga el pincel húmedo con tinta negra, y se puso a dibujar sobre la mesa una serpiente… una serpiente bastante fea, la verdad, con ojos saltones y bizcos.

Sarah fue a reñirle y a quitarle ese pincel, pero cuando acercó la mano, de repente esa serpiente de tinta se despegó de la superficie metálica de la mesa y cobró volumen, ¡y vida propia! Ese dibujo de la serpiente se movía, y serpenteó hacia Sarah.

The fuck…!? —la mujer brincó de su silla y se pegó a la pared con gran desconcierto.

«¡Espera un momento! ¡Esto es…!» pensó Sarah. No podía creérselo, Neuval la había llamado ayer para informarla justo sobre el asunto de Denzel, ya que ella, como policía, podía ayudar mucho mejor a captar cualquier señal o signo extraño por la ciudad que apuntase a la posibilidad de tratarse de alguno de los hijos perdidos del taimu.

—¡Sois taimuki! —los señaló con un dedo asombrado.

—Uy… —se sorprendió James—. Bro, ¿cómo sabe esta mujer…?

Bro, bro! ¡Debe de ser una iris o una almaati! —adivinó Lu Kai con emoción.

—Joder, joder… —Sarah se apresuró a sacar su teléfono móvil y salió de la sala, cerrando la puerta tras ella, asegurándose de que esos dos no salían de ahí.

«Espero que en estos siete años no haya cambiado de número» pensó. Sarah consiguió contactar con él y le contó quiénes estaban ahí y por qué estaban ahí, sin saltarse los detalles del caos que habían ocasionado en el parque. Cuando colgó, aún no salía de su sorpresa, así que se dirigió de nuevo a la sala para indagar un poco más. Sin embargo, el policía rudo de antes volvió allí con una cara de gran enfado.

—Sarah, ¿has conseguido ponerlos a raya? Esos malditos monstruitos...

—Sí, ahora mismo van a encargarse de ellos. No pasa nada, se irán ahora.

—¿Cómo? —saltó—. No, no, no pueden irse sin antes recibir lo que se merecen. Han estado a punto de matar a alguien.

—Si ni siquiera ha habido heridos —replicó.

—¡Son unos malnacidos! —se alteró—. ¡Unos extranjeros viniendo a este país a causar problemas…! Ya sabía yo que tú no serías capaz de tratarlos como se merecen. ¡Eres demasiado blanda! Déjamelo a mí, ahora van a saber qué es jugar —gruñó, abriendo la puerta de la sala.

—¡Espera un momento! —insistió Sarah—. ¡No lo entiendes! ¡Será mejor que me los dejes a mí!

—¡Será mejor que te largues, más bien! ¡Estos son míos! —exclamó, agarrándola de un brazo.

—¡Eh! —gritaron los hermanos, saltando sobre él como leones—. ¡No la toques así, degenerado!

—¡Ah! ¡Están locos! —se asustó el policía.

Lu Kai se le había echado sobre los hombros, apretándole el cuello con fuerza mientras que James lo cogía de una pierna para inmovilizarlo. El policía se sacudió violentamente, tratando de quitárselos, soltando juramentos. Sarah dio un paso atrás, y el pasillo empezó a llenarse de gente atraída por los gritos.

Aquello se convirtió en un gallinero en tres segundos. Sarah rezó por que Hatori no apareciese ahí, pues esos dos chicos no saldrían vivos de allí, por lo que cerró los ojos y empezó por el Padre Nuestro. Sin embargo, antes de llegar al pan de cada día, se formó un silencio tan repentino que hasta impactó en los tímpanos.

Sarah abrió los ojos y, para su sorpresa, todo se había quedado, además de mudo, paralizado. Todas las personas a su alrededor se habían quedado como estatuas, menos ella y los gemelos, que seguían peleándose con la estatua del policía hasta que se dieron cuenta de lo que pasaba.

—¡Oh, no! ¡El tiempo, se ha congelado! —se asustó Lu Kai.

—¡Está aquí! —se alarmó James—. ¡Bro, huyamos por…!

—Demasiado tarde —irrumpió Denzel, apareciendo detrás de ellos desde la nada.

Antes de que los hermanos pudieran dar un paso, Denzel los agarró de las cabezas y las estampó la una contra la otra. Los dos chicos se quedaron aturdidos por el golpe, igual que si estuvieran borrachos. Sarah se asustó por esto.

—Tranquila, es el remedio recomendado —la tranquilizó Denzel—. ¿Ves qué calmaditos están ahora?

—Ah... —balbució, sin salir de su desconcierto—. Denzel, ¿qué es lo que está pasando? Neuval me ha contado algo, pero no entiendo cómo es posible que haya pasado algo así.

—No eres la única. Ya habrá explicaciones cuando termine de averiguarlo y resolverlo todo, Hoshajin-san —contestó seriamente—. Gracias por llamarme.

Sarah asintió en silencio y Denzel desapareció al instante con los dos chicos, y entonces todo volvió a la normalidad de movimiento.

—¡Ah! —exclamó el policía mezquino, mirando a su alrededor—. ¡Se han esfumado! ¿¡Pero cuándo!?


* * * * * *


—Hm… Hm… —murmuraba Denzel, con una cara muy seria y pensativa.

Naminé, sentada en la mesa del comedor con una taza de té, observaba al hombre dar vueltas de un lado a otro por el salón sin cesar, mientras James y Lu Kai, con cinta adhesiva en las bocas, intentaban liberarse de las sillas donde Denzel los había atado con dos metros de cuerda. Naminé prefería no pensar qué tendrían que haber hecho para que acabaran así, era algo que había visto tantas veces que ya le parecía normal.

Llegó un momento, tras unos minutos, en que Denzel dejó de dar vueltas y se acercó a los gemelos. Sólo les quitó la cinta de la boca.

—Bien. Ahora que ya me he calmado y se me pasaron las ganas de mataros —les dijo con tono severo—. ¿Dónde habéis estado y qué habéis estado haciendo todo este tiempo desde que aparecisteis aquí, aparte de destruir la ciudad? Con vuestra labia y desvergüenza habríais podido encontrarme a mí o a alguien de la Asociación en cuestión de minutos nada más llegar aquí.

—Nos entretuvimos jugando a las canicas —contestó James, y Lu Kai acompañó con una sonrisa.

—Ah… —asintió Denzel, y miró a su hija mayor—. Creo que dicen que prefieren ser interrogados por ti, love.

—Con gusto, padre —Naminé dejó la taza sobre la mesa y ya comenzó a levantarse de su silla.

—¡NO! ¡Cualquiera menos ella! —gritaron los gemelos de inmediato, de repente muy atemorizados—. Sólo estábamos tratando de huir —dijo Lu Kai—. Sí, no hemos tenido más remedio que ir a escondernos de un lugar a otro todo el tiempo —dijo James—. ¡No podemos confiar en nadie de aquí! —concluyó Lu Kai.

—¿Qué? ¿Huir? ¿De quién? —intentó entender Denzel.

—Ah... —se encogieron de hombros—. No nos parece justo... —dijo James.

—... que explicaciones nos pidas... —dijo Lu Kai.

—... después de atarnos como animales...

—... para nuestro disgusto...

—... pues preguntas también tenemos...

—... y bien nos escama...

—... el tercer en tu pelo...

—... mechón blanco que vemos...

—... y tu aspecto más que el nuestro crecido...

—... lo que en definitiva...

—... a pensar nos lleva...

—... que al futuro nos hemos ido —concluyeron al mismo tiempo.

—Mmm... —balbució Denzel, casi como un sollozo melancólico, e hizo que se secaba una lágrima tras las gafas—. ¿Cómo puedo enfadarme con ellos? —le preguntó a Naminé—. ¡Son adorables, hacen poemas!

—Ahorraos esos juegos de voces y versos y de gemelos espeluznantes —bufó Naminé, poniendo los ojos en blanco—. Con nosotros no funciona, sabemos lo pirados que estáis.

—¡Pues este par de pirados son los consejeros del emperador! —le espetaron los gemelos a su hermana.

—Cuando envejezcan no serán tan graciosos... —siguió gimoteando Denzel, pero volvió a centrarse en el tema y recuperó enseguida su semblante severo—. A ver. Quiero me expliquéis ahora mismo por qué habéis sido tan irresponsables desde que aparecisteis aquí, qué demonios os ha llevado a tomar decisiones tan erradas.

—Ni hablar —le espetó James.

—Muchacho… —se enfadó Denzel por ese tono, levantándole un dedo de advertencia.

—¿Cómo podemos saber siquiera que podemos confiar en ti? —insistió James, receloso.

—¡Jimmy! ¿¡Qué pasa contigo!? —protestó Denzel.

—¿¡Qué esperas de nosotros!? —dijo Lu Kai en defensa de su hermano—. Aparecemos en esta época distinta. Solos. En esta ciudad infernal. No sabemos dónde estamos, a dónde ir, a quién acudir. ¡Y a los dos primeros iris que conseguimos encontrar y pedirles ayuda, de repente tratan de amordazarnos y cubrirnos las cabezas con sacos y llevarnos arrastras a algún lugar sin explicaciones!

—¿Qué? —se sorprendieron tanto Denzel como Naminé.

—Logramos escapar —continuó James—. No hemos parado de hacerlo hasta ahora. Si no podemos confiar en los iris de aquí, ¿en quién vamos a confiar? Aquellos nos amordazaron, igual que tú nos has hecho ahora, así que ¿quién nos garantiza que no estás al servicio de ellos? —movió los brazos, apresados por la cuerda.

—Llevo atándoos a sillas desde que teníais 3 años porque es la única forma de manteneros quietos cuando estáis de los nervios —se defendió Denzel.

—No sabemos nada sobre ti —objetó Lu Kai—. Eres un extraño —dijo James.

—¡Chicos! —intervino Naminé, indignada—. ¿¡De qué vais!? ¿¡Os habéis golpeado la cabeza!? ¿¡Cómo no reconocéis a nuestro propio padre!? Tiene un aspecto algo más mayor, ¡pero es el mismo!

Sin embargo, los gemelos se mantuvieron sorprendentemente serios y callados, observando con recelo a Denzel, firmes en su postura. Naminé hizo otro gesto incomprensible y miró a su padre, esperando que les dijera algo, pero el taimu también se quedó en silencio.

James y Lu Kai tenían toda la razón. Una peculiaridad que tenían estos gemelos, es que la mayor parte del tiempo podían parecer unos estúpidos locos o escandalosos, unos completos insensatos comportándose como críos, pero en realidad tenían una extraordinaria inteligencia social. Se les daban muy bien las personas, leerlas, calarlas, interpretarlas, y de ahí, manejarlas. Para James y Lu Kai, ese de ahí era un Denzel dos siglos diferente de su padre. Bien sabían que, si cualquier persona de este mundo podía cambiar mucho en un año, mucho más podía cambiar en dos siglos. Y ellos tenían bien en cuenta qué tipo de criatura era su padre, física y mentalmente atada a la voluntad de los Dioses del Yin, que en todos estos años podían haber convertido a su padre en otra persona.

¿Cómo estar cien por cien seguros de que este Denzel seguía siendo fiel a la Asociación o a una mentalidad Yang? ¿Hasta qué punto este Denzel podría haber olvidado a sus propios hijos con el tiempo, o dejado muy atrás lo que sentía por ellos? ¿Quién les podía decir que este Denzel no estaba trabajando para esos mismos iris que habían estado a punto de capturarlos, siendo probablemente enfermos de majin, o incluso arki?

Denzel no pudo evitarlo. Por una parte, le ofendía y le dolía que dudaran de él. Pero, por otra, le enorgullecía su perspicacia.

Antes de que Denzel pudiera responderles algo, se oyó un estruendo seco en la entrada de la casa y unos pasos corriendo por el pasillo hasta el salón con mucho ruido, entonces apareció Link en el salón con cara de haber visto un fantasma. El momento quedó en pausa cuando su mirada se cruzó con la de los gemelos.

Gege! —exclamaron estos con alivio.

—¡Monstruitos! —contestó Link, mientras corría hacia ellos con los brazos abiertos.

«Vaya, sí que ha venido rápido» pensó Denzel, mientras los tres chicos compartían un feliz abrazo fraternal y después Link los desataba. Un segundo después, apareció Owen allí con ellos, que había entrado en la casa con Link, y se quedó observando la escena amargamente.

—Oh, no... —masculló—. Esperaba encontrar a estos dos insoportables los últimos.

—No hacía falta que vinierais —les dijo Denzel—. Os escribí porque sólo quería que supierais que ya había encontrado a James y a Lu Kai.

—Ya conoces a Link —Owen negó con la cabeza—. Son sus hermanos preferi... ¡Uagh!

Inesperadamente, Owen se dio de boca contra el suelo cuando los gemelos se le echaron encima y lo apresaron.

—¡Quitaos de encima, tarados! —se enfadó Owen.

—¡Estamos aquí por tu culpa, cuatro ojos! —le espetó Lu Kai.

—¿¡Cómo que por mi culpa!?

—¡James y yo estábamos a punto de derribar a la intrusa que estaba atacando a padre, y nos hiciste tropezar con tu telequinesia!

—¡Yo estaba punto de hacerla tropezar a ella con mi telequinesia, pero vosotros os pusisteis en el maldito medio! —replicó Owen.

—¡Tuviste otros dos intentos antes de eso! ¡26 años y tu puntería sigue dando asco! —insistió James.

—¡Habría acertado en el primer intento si Naminé no hubiera acelerado el movimiento de la intrusa cuando estaba retrocediendo hacia la esquina del estudio!

—¿¡Cómo te atreves a culparme a mí, Owen!? —se enfadó esta—. ¡Yo estaba cumpliendo mi parte cuando Lu-Lu me distorsionó el espacio delante de mi cara! ¡Justo los que hablan de tener buena puntería…!

—¡Primero, no me llames Lu-Lu! —se impuso Lu Kai—. ¡Y segundo, apunté mal mi distorsión espacial porque An Ju no me hizo caso cuando le dije que se agachara!

—¡An Ju tiene una barriga de seis meses, no podías esperar que ella se agachara tan rápido como le pedías! —gruñó Naminé.

—¿¡Quién la dejó entrar en el estudio y participar en la lucha en primer lugar, estando embarazada!?

—¡Yo no! ¡La dejó Christine! ¡Lo que no sé es por qué!

—¡Porque ella es junto a Robin la mejor de nosotros usando el Poder de los Sellos! —defendió Owen—. ¡Nosotros con nuestros diminutos poderes espaciotemporales no estábamos logrando más que entorpecerlo todo! ¡La que no debería haber estado ahí es Christine! ¡Ella y An Ju son las únicas que no han nacido con ninguna habilidad espaciotemporal, pero al menos An Ju sabe manejar el Poder de los Sellos!

—¡Eh, oye, no subestimes a Chris! —saltó James—. ¡No tiene habilidad de taimuki y dibuja demasiado mal para usar el Poder de los Sellos, pero es una experta artista marcial!

—¡Si le hubiéramos facilitado a Chris acercarse a la intrusa a menos de un metro, ella la habría noqueado en el suelo en un instante con una de sus llaves de kung fu! —corroboró Lu Kai.

—¡Podría todo haber sido más efectivo si Link hubiera ralentizado el tiempo justo cuando yo tenía a la intrusa en el punto de mira! —dijo Owen.

—¡Link sólo puede ralentizar el tiempo de algo o alguien 2 míseros segundos! —objetó James—. ¡La misma ridícula cantidad de tiempo que nosotros podemos usar nuestras respectivas habilidades!

—¡Por eso necesitábamos hacer uso del Poder de los Sellos, y con una intrusa así, tenían que participar An Ju y Robin! —dijo Naminé.

Owen, Naminé y los gemelos siguieron discutiendo entre ellos sin parar.









56.
Gemelos tenaces

Media hora después, un policía salió corriendo de una de las salas de interrogatorio de la Comisaría Central.

—¡Aaah! ¡No lo soporto! —gritó por los pasillos.

Hatori pasaba por allí, llevando bajo el brazo un sobre donde había metido algunas fotografías recién impresas de las imágenes del vídeo del callejón donde Fuujin aniquiló a doce personas. Al cruzárselo, lo detuvo en seco. El policía, un hombre fornido como un armario, ahora parecía un pobre niño muerto de miedo.

—¿Qué ocurre? —preguntó Hatori, sereno.

—Señor... No puedo con ellos... no puedo... Van a volverme loco.

—¿Quiénes?

—Un par de críos extranjeros que acaban de ser detenidos por conducción temeraria —contestó, secándose la frente—. Estaba interrogándolos, cuando empezaron a hacer ese juego diabólico, hablando los dos a la vez... Agh... Me aterrorizan. Se empeñan en hablar en inglés, pese a que entienden japonés perfectamente. Pero es que además son… tienen… no sé cómo explicarlo… ¡Tienen algo raro! ¡Parecen demonios! Necesito despejarme.

El agente se metió por una puerta del pasillo, el lavabo de hombres, para recuperar la compostura. Hatori frunció el ceño y miró a su alrededor, buscando a cierta persona, a la cual encontró doblando una esquina de los pasillos.

—Agente Willers —la llamó.

Sarah se paró en seco a pocos metros de él, tensa. No esperaba encontrárselo de repente.

—¿Señor?

—El inglés es tu lengua materna y tienes buena maña con los rebeldes extranjeros. Ocúpate de los detenidos de la sala 8. Conducción temeraria. Posiblemente menores de edad. Si tienen alguna relación con terrorismo o tráfico internacional, encárgate con tu gente del FBI, como siempre.

—Sí, señor —contestó, inclinándose un poco.

Hatori dio media vuelta y se metió por otro pasillo. Sarah dio un suspiro. Ya se había encontrado con él cara a cara muchas veces, pero no podía evitar seguir poniéndose tensa. Y lo mal que lo pasaba teniendo que mostrarse obediente y respetuosa hacia él, con lo que lo odiaba, y esa impotencia por el hecho de no poder matarlo ahí mismo... Cada cosa a su tiempo, pensó, mientras abría la puerta de la sala 8.

—¡Ah! —exclamó con susto al toparse con la cara del revés de un chico en la puerta.

Este ladeó la cabeza y sonrió. Estaba colgado bocabajo de una repisa sobre el marco de la puerta, así que se bajó con una voltereta, al mismo tiempo que su hermano se levantaba rápidamente de la silla junto a la mesa, y ambos, colocándose rectamente frente a ella como soldados, le hicieron una cortés reverencia. Sarah se quedó patidifusa, pero más cuando los dos le cogieron delicadamente una mano cada uno y la rozaron con sus labios como verdaderos caballeros. Eran idénticos, dos jóvenes de rasgos parcialmente asiáticos y cabello castaño oscuro, con el mismo corte, solo que uno tenía el flequillo echado a un lado y el otro lo tenía echado al otro lado.

Lady... —la saludaron, guiñando un ojo—. So beautiful...

—Eh... —balbució Sarah—. ¿Habláis inglés?

—Somos medio británicos —contestó uno de ellos.

—¿Podéis sacarnos de aquí, damisela? —preguntó el otro.

«¿Me la intentan jugar o qué?» se mosqueó la mujer.

—No intentéis manipularme —les dijo con enfado—. Sentaos ahí ahora mismo.

Los dos idénticos hermanos dieron un brinco juguetón y obedecieron al instante, sonriendo como inocentes niños y quedándose quietos. Sarah sacudió la cabeza para recuperarse de la extraña escena y se sentó en la silla que estaba al otro lado.

—A ver, temerarios, ¿eh? Lo primero de todo, ¿qué edad tenéis?

—17 años —contestaron a la vez.

—¿Y vuestros nombres?

—Lu Kai —contestó el de la derecha.

—James —contestó el de la izquierda.

—Apellido —les pidió Sarah.

—Shakespeare.

Sarah se quedó muda un momento.

—Ya… —dijo con sarcasmo—. A ver. Necesito diferenciaros de alguna manera para saber con quién estoy tratando sin que me la juguéis.

—Sí —dijo Lu Kai, levantándose de la silla—. Yo tengo un bonito y pequeño lunar en el culete, y James no, mire... —fue a bajarse los pantalones bajo el qipao.

—Eh, eh, vale, déjalo —se apuró Sarah.

Lu Kai se encogió de hombros y volvió a sentarse. Sarah cogió un poco de aire. Desde luego daban algo de desesperación.

—¿Cuál es vuestra nacionalidad?

—China. Pero somos mestizos medio británicos, como le dijimos.

—¿Y qué le habéis hecho al policía que estaba aquí antes?

—Oh, nimiedades, lady —contestó James, haciendo aspavientos—. Debe ser que ese hombre no aguanta bien las bromas de hermanos gemelos.

—No hay más que hablarle en verso con adivinanzas los dos a la vez —le explicó Lu Kai—. En nuestra época también se asustan, oír dos voces diciendo lo mismo al mismo tiempo es como oír a una persona poseída por un demonio, por lo de la voz distorsionada y eso...

—Perdona un segundo —le detuvo Sarah—. ¿Vuestra época, has dicho?

Ambos asintieron a la vez, con la misma sonrisa angelical.

—¿Por qué se nos debería reprochar comportarnos como demonios, cuando precisamente somos mitad demonios? —sonrió Lu Kai de una forma espeluznante.

—Debería dejarnos salir de aquí, lady, o cosas malas podrían pasar… —añadió James, mientras sacaba del interior de su manga el pincel húmedo con tinta negra, y se puso a dibujar sobre la mesa una serpiente… una serpiente bastante fea, la verdad, con ojos saltones y bizcos.

Sarah fue a reñirle y a quitarle ese pincel, pero cuando acercó la mano, de repente esa serpiente de tinta se despegó de la superficie metálica de la mesa y cobró volumen, ¡y vida propia! Ese dibujo de la serpiente se movía, y serpenteó hacia Sarah.

The fuck…!? —la mujer brincó de su silla y se pegó a la pared con gran desconcierto.

«¡Espera un momento! ¡Esto es…!» pensó Sarah. No podía creérselo, Neuval la había llamado ayer para informarla justo sobre el asunto de Denzel, ya que ella, como policía, podía ayudar mucho mejor a captar cualquier señal o signo extraño por la ciudad que apuntase a la posibilidad de tratarse de alguno de los hijos perdidos del taimu.

—¡Sois taimuki! —los señaló con un dedo asombrado.

—Uy… —se sorprendió James—. Bro, ¿cómo sabe esta mujer…?

Bro, bro! ¡Debe de ser una iris o una almaati! —adivinó Lu Kai con emoción.

—Joder, joder… —Sarah se apresuró a sacar su teléfono móvil y salió de la sala, cerrando la puerta tras ella, asegurándose de que esos dos no salían de ahí.

«Espero que en estos siete años no haya cambiado de número» pensó. Sarah consiguió contactar con él y le contó quiénes estaban ahí y por qué estaban ahí, sin saltarse los detalles del caos que habían ocasionado en el parque. Cuando colgó, aún no salía de su sorpresa, así que se dirigió de nuevo a la sala para indagar un poco más. Sin embargo, el policía rudo de antes volvió allí con una cara de gran enfado.

—Sarah, ¿has conseguido ponerlos a raya? Esos malditos monstruitos...

—Sí, ahora mismo van a encargarse de ellos. No pasa nada, se irán ahora.

—¿Cómo? —saltó—. No, no, no pueden irse sin antes recibir lo que se merecen. Han estado a punto de matar a alguien.

—Si ni siquiera ha habido heridos —replicó.

—¡Son unos malnacidos! —se alteró—. ¡Unos extranjeros viniendo a este país a causar problemas…! Ya sabía yo que tú no serías capaz de tratarlos como se merecen. ¡Eres demasiado blanda! Déjamelo a mí, ahora van a saber qué es jugar —gruñó, abriendo la puerta de la sala.

—¡Espera un momento! —insistió Sarah—. ¡No lo entiendes! ¡Será mejor que me los dejes a mí!

—¡Será mejor que te largues, más bien! ¡Estos son míos! —exclamó, agarrándola de un brazo.

—¡Eh! —gritaron los hermanos, saltando sobre él como leones—. ¡No la toques así, degenerado!

—¡Ah! ¡Están locos! —se asustó el policía.

Lu Kai se le había echado sobre los hombros, apretándole el cuello con fuerza mientras que James lo cogía de una pierna para inmovilizarlo. El policía se sacudió violentamente, tratando de quitárselos, soltando juramentos. Sarah dio un paso atrás, y el pasillo empezó a llenarse de gente atraída por los gritos.

Aquello se convirtió en un gallinero en tres segundos. Sarah rezó por que Hatori no apareciese ahí, pues esos dos chicos no saldrían vivos de allí, por lo que cerró los ojos y empezó por el Padre Nuestro. Sin embargo, antes de llegar al pan de cada día, se formó un silencio tan repentino que hasta impactó en los tímpanos.

Sarah abrió los ojos y, para su sorpresa, todo se había quedado, además de mudo, paralizado. Todas las personas a su alrededor se habían quedado como estatuas, menos ella y los gemelos, que seguían peleándose con la estatua del policía hasta que se dieron cuenta de lo que pasaba.

—¡Oh, no! ¡El tiempo, se ha congelado! —se asustó Lu Kai.

—¡Está aquí! —se alarmó James—. ¡Bro, huyamos por…!

—Demasiado tarde —irrumpió Denzel, apareciendo detrás de ellos desde la nada.

Antes de que los hermanos pudieran dar un paso, Denzel los agarró de las cabezas y las estampó la una contra la otra. Los dos chicos se quedaron aturdidos por el golpe, igual que si estuvieran borrachos. Sarah se asustó por esto.

—Tranquila, es el remedio recomendado —la tranquilizó Denzel—. ¿Ves qué calmaditos están ahora?

—Ah... —balbució, sin salir de su desconcierto—. Denzel, ¿qué es lo que está pasando? Neuval me ha contado algo, pero no entiendo cómo es posible que haya pasado algo así.

—No eres la única. Ya habrá explicaciones cuando termine de averiguarlo y resolverlo todo, Hoshajin-san —contestó seriamente—. Gracias por llamarme.

Sarah asintió en silencio y Denzel desapareció al instante con los dos chicos, y entonces todo volvió a la normalidad de movimiento.

—¡Ah! —exclamó el policía mezquino, mirando a su alrededor—. ¡Se han esfumado! ¿¡Pero cuándo!?


* * * * * *


—Hm… Hm… —murmuraba Denzel, con una cara muy seria y pensativa.

Naminé, sentada en la mesa del comedor con una taza de té, observaba al hombre dar vueltas de un lado a otro por el salón sin cesar, mientras James y Lu Kai, con cinta adhesiva en las bocas, intentaban liberarse de las sillas donde Denzel los había atado con dos metros de cuerda. Naminé prefería no pensar qué tendrían que haber hecho para que acabaran así, era algo que había visto tantas veces que ya le parecía normal.

Llegó un momento, tras unos minutos, en que Denzel dejó de dar vueltas y se acercó a los gemelos. Sólo les quitó la cinta de la boca.

—Bien. Ahora que ya me he calmado y se me pasaron las ganas de mataros —les dijo con tono severo—. ¿Dónde habéis estado y qué habéis estado haciendo todo este tiempo desde que aparecisteis aquí, aparte de destruir la ciudad? Con vuestra labia y desvergüenza habríais podido encontrarme a mí o a alguien de la Asociación en cuestión de minutos nada más llegar aquí.

—Nos entretuvimos jugando a las canicas —contestó James, y Lu Kai acompañó con una sonrisa.

—Ah… —asintió Denzel, y miró a su hija mayor—. Creo que dicen que prefieren ser interrogados por ti, love.

—Con gusto, padre —Naminé dejó la taza sobre la mesa y ya comenzó a levantarse de su silla.

—¡NO! ¡Cualquiera menos ella! —gritaron los gemelos de inmediato, de repente muy atemorizados—. Sólo estábamos tratando de huir —dijo Lu Kai—. Sí, no hemos tenido más remedio que ir a escondernos de un lugar a otro todo el tiempo —dijo James—. ¡No podemos confiar en nadie de aquí! —concluyó Lu Kai.

—¿Qué? ¿Huir? ¿De quién? —intentó entender Denzel.

—Ah... —se encogieron de hombros—. No nos parece justo... —dijo James.

—... que explicaciones nos pidas... —dijo Lu Kai.

—... después de atarnos como animales...

—... para nuestro disgusto...

—... pues preguntas también tenemos...

—... y bien nos escama...

—... el tercer en tu pelo...

—... mechón blanco que vemos...

—... y tu aspecto más que el nuestro crecido...

—... lo que en definitiva...

—... a pensar nos lleva...

—... que al futuro nos hemos ido —concluyeron al mismo tiempo.

—Mmm... —balbució Denzel, casi como un sollozo melancólico, e hizo que se secaba una lágrima tras las gafas—. ¿Cómo puedo enfadarme con ellos? —le preguntó a Naminé—. ¡Son adorables, hacen poemas!

—Ahorraos esos juegos de voces y versos y de gemelos espeluznantes —bufó Naminé, poniendo los ojos en blanco—. Con nosotros no funciona, sabemos lo pirados que estáis.

—¡Pues este par de pirados son los consejeros del emperador! —le espetaron los gemelos a su hermana.

—Cuando envejezcan no serán tan graciosos... —siguió gimoteando Denzel, pero volvió a centrarse en el tema y recuperó enseguida su semblante severo—. A ver. Quiero me expliquéis ahora mismo por qué habéis sido tan irresponsables desde que aparecisteis aquí, qué demonios os ha llevado a tomar decisiones tan erradas.

—Ni hablar —le espetó James.

—Muchacho… —se enfadó Denzel por ese tono, levantándole un dedo de advertencia.

—¿Cómo podemos saber siquiera que podemos confiar en ti? —insistió James, receloso.

—¡Jimmy! ¿¡Qué pasa contigo!? —protestó Denzel.

—¿¡Qué esperas de nosotros!? —dijo Lu Kai en defensa de su hermano—. Aparecemos en esta época distinta. Solos. En esta ciudad infernal. No sabemos dónde estamos, a dónde ir, a quién acudir. ¡Y a los dos primeros iris que conseguimos encontrar y pedirles ayuda, de repente tratan de amordazarnos y cubrirnos las cabezas con sacos y llevarnos arrastras a algún lugar sin explicaciones!

—¿Qué? —se sorprendieron tanto Denzel como Naminé.

—Logramos escapar —continuó James—. No hemos parado de hacerlo hasta ahora. Si no podemos confiar en los iris de aquí, ¿en quién vamos a confiar? Aquellos nos amordazaron, igual que tú nos has hecho ahora, así que ¿quién nos garantiza que no estás al servicio de ellos? —movió los brazos, apresados por la cuerda.

—Llevo atándoos a sillas desde que teníais 3 años porque es la única forma de manteneros quietos cuando estáis de los nervios —se defendió Denzel.

—No sabemos nada sobre ti —objetó Lu Kai—. Eres un extraño —dijo James.

—¡Chicos! —intervino Naminé, indignada—. ¿¡De qué vais!? ¿¡Os habéis golpeado la cabeza!? ¿¡Cómo no reconocéis a nuestro propio padre!? Tiene un aspecto algo más mayor, ¡pero es el mismo!

Sin embargo, los gemelos se mantuvieron sorprendentemente serios y callados, observando con recelo a Denzel, firmes en su postura. Naminé hizo otro gesto incomprensible y miró a su padre, esperando que les dijera algo, pero el taimu también se quedó en silencio.

James y Lu Kai tenían toda la razón. Una peculiaridad que tenían estos gemelos, es que la mayor parte del tiempo podían parecer unos estúpidos locos o escandalosos, unos completos insensatos comportándose como críos, pero en realidad tenían una extraordinaria inteligencia social. Se les daban muy bien las personas, leerlas, calarlas, interpretarlas, y de ahí, manejarlas. Para James y Lu Kai, ese de ahí era un Denzel dos siglos diferente de su padre. Bien sabían que, si cualquier persona de este mundo podía cambiar mucho en un año, mucho más podía cambiar en dos siglos. Y ellos tenían bien en cuenta qué tipo de criatura era su padre, física y mentalmente atada a la voluntad de los Dioses del Yin, que en todos estos años podían haber convertido a su padre en otra persona.

¿Cómo estar cien por cien seguros de que este Denzel seguía siendo fiel a la Asociación o a una mentalidad Yang? ¿Hasta qué punto este Denzel podría haber olvidado a sus propios hijos con el tiempo, o dejado muy atrás lo que sentía por ellos? ¿Quién les podía decir que este Denzel no estaba trabajando para esos mismos iris que habían estado a punto de capturarlos, siendo probablemente enfermos de majin, o incluso arki?

Denzel no pudo evitarlo. Por una parte, le ofendía y le dolía que dudaran de él. Pero, por otra, le enorgullecía su perspicacia.

Antes de que Denzel pudiera responderles algo, se oyó un estruendo seco en la entrada de la casa y unos pasos corriendo por el pasillo hasta el salón con mucho ruido, entonces apareció Link en el salón con cara de haber visto un fantasma. El momento quedó en pausa cuando su mirada se cruzó con la de los gemelos.

Gege! —exclamaron estos con alivio.

—¡Monstruitos! —contestó Link, mientras corría hacia ellos con los brazos abiertos.

«Vaya, sí que ha venido rápido» pensó Denzel, mientras los tres chicos compartían un feliz abrazo fraternal y después Link los desataba. Un segundo después, apareció Owen allí con ellos, que había entrado en la casa con Link, y se quedó observando la escena amargamente.

—Oh, no... —masculló—. Esperaba encontrar a estos dos insoportables los últimos.

—No hacía falta que vinierais —les dijo Denzel—. Os escribí porque sólo quería que supierais que ya había encontrado a James y a Lu Kai.

—Ya conoces a Link —Owen negó con la cabeza—. Son sus hermanos preferi... ¡Uagh!

Inesperadamente, Owen se dio de boca contra el suelo cuando los gemelos se le echaron encima y lo apresaron.

—¡Quitaos de encima, tarados! —se enfadó Owen.

—¡Estamos aquí por tu culpa, cuatro ojos! —le espetó Lu Kai.

—¿¡Cómo que por mi culpa!?

—¡James y yo estábamos a punto de derribar a la intrusa que estaba atacando a padre, y nos hiciste tropezar con tu telequinesia!

—¡Yo estaba punto de hacerla tropezar a ella con mi telequinesia, pero vosotros os pusisteis en el maldito medio! —replicó Owen.

—¡Tuviste otros dos intentos antes de eso! ¡26 años y tu puntería sigue dando asco! —insistió James.

—¡Habría acertado en el primer intento si Naminé no hubiera acelerado el movimiento de la intrusa cuando estaba retrocediendo hacia la esquina del estudio!

—¿¡Cómo te atreves a culparme a mí, Owen!? —se enfadó esta—. ¡Yo estaba cumpliendo mi parte cuando Lu-Lu me distorsionó el espacio delante de mi cara! ¡Justo los que hablan de tener buena puntería…!

—¡Primero, no me llames Lu-Lu! —se impuso Lu Kai—. ¡Y segundo, apunté mal mi distorsión espacial porque An Ju no me hizo caso cuando le dije que se agachara!

—¡An Ju tiene una barriga de seis meses, no podías esperar que ella se agachara tan rápido como le pedías! —gruñó Naminé.

—¿¡Quién la dejó entrar en el estudio y participar en la lucha en primer lugar, estando embarazada!?

—¡Yo no! ¡La dejó Christine! ¡Lo que no sé es por qué!

—¡Porque ella es junto a Robin la mejor de nosotros usando el Poder de los Sellos! —defendió Owen—. ¡Nosotros con nuestros diminutos poderes espaciotemporales no estábamos logrando más que entorpecerlo todo! ¡La que no debería haber estado ahí es Christine! ¡Ella y An Ju son las únicas que no han nacido con ninguna habilidad espaciotemporal, pero al menos An Ju sabe manejar el Poder de los Sellos!

—¡Eh, oye, no subestimes a Chris! —saltó James—. ¡No tiene habilidad de taimuki y dibuja demasiado mal para usar el Poder de los Sellos, pero es una experta artista marcial!

—¡Si le hubiéramos facilitado a Chris acercarse a la intrusa a menos de un metro, ella la habría noqueado en el suelo en un instante con una de sus llaves de kung fu! —corroboró Lu Kai.

—¡Podría todo haber sido más efectivo si Link hubiera ralentizado el tiempo justo cuando yo tenía a la intrusa en el punto de mira! —dijo Owen.

—¡Link sólo puede ralentizar el tiempo de algo o alguien 2 míseros segundos! —objetó James—. ¡La misma ridícula cantidad de tiempo que nosotros podemos usar nuestras respectivas habilidades!

—¡Por eso necesitábamos hacer uso del Poder de los Sellos, y con una intrusa así, tenían que participar An Ju y Robin! —dijo Naminé.

Owen, Naminé y los gemelos siguieron discutiendo entre ellos sin parar.





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