Seguidores

2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __









49.
Temas pendientes (2/2)

Neuval indicó que pasara, y entró Hana, con un taco de carpetitas entre los brazos.

—¿Qué tal os va? ¿Interrumpo algo? —preguntó antes de dar un paso.

—No, sólo hablamos de las cositas que ya sabes —contestó Lao, sonriendo con una pizca de sorna—. Así que no pasa nada por que escuches ahí quieta y calladita como una buena humana.

—Puedes estar aquí —le dijo Neuval, viendo que Lao volvía a hacerla rabiar—. Ven, pasa.

Hana sonrió y se adentró, dejando las carpetitas matutinas en la mesa de Neuval y las empezó a ordenar en silencio tranquilamente.

—Neuval, Pipi sí que puede saber su paradero con facilidad —continuó hablando el viejo, mientras se ponía otra vez a mirarse la barba en el espejito de la estantería coquetamente.

—¿Qué quieres decir?

—Por su Técnica.

—¿En serio? ¿Cuál es? —se entusiasmó Neuval.

—¿No lo sabes? —le preguntó Hana con sorpresa.

—¿Eh? —Neuval no entendió su pregunta.

—A ver, un momento —pidió Hana, poniéndose reflexiva—, que ordene mis pensamientos. Si no recuerdo mal la historia, tú, Kei Lian, pertenecías a la HRS de Hong Kong cuando eras joven, o sea, hace millones de años. —El viejo Lao le lanzó una mirada fulminante—. Pero tras reencontrarte años después con tu viejo amigo Hideki Saehara, que entrenó contigo en el Monte Zou cuando erais pequeños, te pasaste a la SRS de Japón de Hideki, en la que Hideki era el Líder, su esposa Emiliya la Segunda al mando y tú el Guardián. Y cuando Neuval apareció en tu vida, acabó ingresando también en la SRS junto con su amigo del entrenamiento del Monte Zou, Pipi.

—Sí, Pipi y Neuval entrenaron juntos y entraron en la SRS juntos a los 12 años. ¿A dónde quieres ir a parar? —se cansó Lao.

—Según lo que Neu me contó, los miembros de una misma RS conocen la Técnica de su maestro, o de su Líder. O sea que vosotros conocíais la Técnica de Hideki, la Técnica de la SRS. ¿No se supone que Pipi tiene la misma, heredada de Hideki igual que heredó su liderazgo?

—Oh... —comprendió Neuval—. No, porque cuando hay un nuevo Líder en una misma RS, la Técnica se cambia. También van rotando de RS en RS si un Líder quiere cambiarla. La Técnica que tenía Hideki era la que Denzel bautizó como Técnica de Vibración Sincronizada Molecular. Como era un nombre muy largo, pasó a ser la Técnica de Traspaso.

—Es la Técnica que hace que las moléculas de tu cuerpo vibren a la misma intensidad que las de otros cuerpos sólidos —continuó explicando Lao—. O sea, que Hideki podía atravesar las paredes y los muros, como un fantasma. Y, se supone que es secreto, pero nosotros ya lo sabemos, esa Técnica ahora la tiene Viernes, la Líder de la ARS.

—Ay, madre mía, ¡casi había olvidado que Viernes es una iris también! —resopló Hana—. Todas las veces que he tratado con ella, como el otro día cuando vino a recoger a su hija Evie de nuestra casa, siempre la he visto como una vecina tan normal...

—A propósito de eso, Hana, procura mantener eso con discreción por ahora —le pidió Neuval—. Viernes podría enfadarse conmigo por haberle revelado su secreto a una humana externa a la Asociación, así que, si te la cruzas, finge que no sabes nada. Prefiero hablar con ella yo antes. Si es que me la encuentro algún día, ya que anda tan desaparecida... —añadió en voz baja.

—De acuerdo. Pero Neu, hablando de lo de antes, ¿entonces tu suegro podía atravesar las paredes? ¿No te preocupaba, haciendo hincapié en que era el padre de tu novia y más tarde tu suegro, que alguna vez utilizase esta habilidad para ver lo que hacías con Katya dentro de una habitación?

De repente Neuval se la quedó mirando pálido como un cadáver.

—Es... espero que no... —casi murmuró, horripilado.

—Neuval —lo llamó el viejo Lao—. Si tú tuvieras esa Técnica y tu hija Cleven estuviera encerrada en su habitación con un chico, ¿no lo harías?

—¡Por supuesto que lo haría, vamos, sin duda alguna! —exclamó al instante con enfado—. ¡Yo atravesaría cualquier pared con tal de ver qué hace Cleven con un chico! ¡No iba a dejar yo de vigilar a…! ¡Ahhhh! —Neuval se interrumpió con un largo y sonoro respingo, llevándose las manos a la boca con una cara apocalíptica al percatarse de lo que estaba diciendo—. ¡Hideki nos veía! ¡Aaah! ¡Seguro que nos veía! ¡Él con Katya era un padre tan sobreprotector como yo con Cleven, señor Jesucristo, es obvio que nos veía! —Abrió un cajón de su escritorio, sacó una bolsa de papel y empezó a respirar por ella, hiperventilando.

—Tranquilízate, Neuval —le reprochó Lao—. Eso nunca ha pasado, el maestro Hideki no haría algo así, al igual que tú no lees la mente de tus seres queridos sin antes haberles pedido permiso.

—Uuff... —Neuval dejó la bolsa a un lado, recuperando la calma—. Menos mal... Eso explica por qué sigo con vida.

—Pero eso no significa que Hideki fuera estúpido, sabía perfectamente lo que Katya y tú hacíais cuando os encerrabais en una habitación —añadió Lao, sonriendo.

—Lao, déjalo ya —le pidió Hana, viendo que Neuval volvía a respirar por la bolsa—. Estabas contándonos que conoces la Técnica actual de la SRS.

—Sí. Es la Técnica de Localización.

—Ah, sé cuál es. Pero nunca he sabido cómo funciona —dijo Neuval—. ¿Puede localizar a cualquier persona?

—No. Por supuesto tiene que tener un límite. Con esa Técnica, Pipi no puede localizar a una persona que le sea desconocida, a alguien a quien nunca haya visto en persona o de quien no sepa nada. Para que la Técnica funcione, debe depender de una conexión que una a Pipi con la persona en cuestión, y como esta es una Técnica mental, lo que conecta a Pipi mentalmente con otra persona son los recuerdos que tenga de ella, la información, los pensamientos y emociones que tenga sobre ella. Es decir, una persona a la que ya conoce. Y cuanto mejor la conozca, más rápido la localiza, en cualquier rincón del mundo.

—Pero… ¿qué hace la Técnica, decirle las coordenadas, o…?

—Mejor —le corrigió Lao—. Como todas, es una Técnica espaciotemporal. Verás. Cuando Pipi quiere captar la presencia, por ejemplo, de su hija Álex, para saber qué hace o dónde está, la Técnica absorbe y procesa todos los conocimientos que Pipi tiene en la cabeza sobre su hija y, con esa información, su Técnica localiza fácilmente el espacio que está ocupando Álex en tiempo real. La Técnica le ofrece a Pipi una visión espaciotemporal dentro de su mente, que le muestra a su hija y un cierto porcentaje de su entorno.

—Oh, interesante… —opinó Neuval.

—¡Y lo puede ser aún más! —brincó el viejo sobre su asiento, de repente muy entusiasmado—. Porque, ¿sabes qué se me ha ocurrido que podríais ha-…?

—¡Oh, Dios mío! —interrumpió Hana con gran emoción—. ¿Sabes lo que podríais hacer? ¡Combinar ambas Técnicas! Tú, Neu, podrías usar la telepatía sin necesidad de estar delante de la persona y comunicarte a distancia, usando de canal la propia conexión mental que tu amigo establece con la persona en cuestión. Hasta podrías borrar los recuerdos a distancia, ¡sin tener que ir a buscar a la persona! Eso te ahorraría tiempo, riesgo y esfuerzo. ¡Debería ser posible! ¿No crees?

Se hizo un silencio en el despacho. A la mujer se le borró la sonrisa y miró a ambos con un interrogante.

—Hana, fuera de aquí —le ordenó el viejo Lao severamente, señalando la puerta.

—¿¡Por qué!?

—Tranquila, Hana —se rio Neuval—. Es que a mi padre le da rabia cuando la gente le quita protagonismo, le roban las palabras de la boca o explican las cosas mejor que él.

—Neuval, largo —dijo Lao.

—Este es mi despacho.

—Qué quisquilloso, Kei Lian —protestó Hana.

—Vale, ¿podemos por favor centrarnos en el dato más importante aquí? —se impuso Neuval, de repente muy serio—. El cual es… ¿¡Por qué demonios no me quedé yo con esa Técnica para así espiar a Cleven fuera de casa!? —exclamó eufórico.

—Vale, Neu, cariño, eso ya se pasa de enfermizo —lo apaciguó Hana, dándole palmaditas en el hombro.

—¡Para nada! Hana, ¡cuántos disgustos y preocupaciones me habría ahorrado en estos últimos tres años, desde que Cleven empezó con el tema de los chicos y a salir por ahí con amigos por su cuenta! No podéis entender lo que es…

—¿Disculpa? —discrepó Lao.

—Tú nunca has tenido una hija.

—Pero sí una nieta que se quedó sin padre a los 13 años, ¿crees que no he vivido esos temores con Mei Ling?

—Mei no se pasó su adolescencia juntándose con los peores chicos sólo porque eran guapos.

—No, pero se la pasó saliendo de casa a escondidas constantemente para buscar delincuentes a los que zurrar, pretendiendo hacer el trabajo de un iris siendo humana.

—Deja de engañarme, te mueres de orgullo de que Mei Ling sea de esa forma. Quien sí habría sufrido por ese comportamiento es Sai. Se habría pasado la vida teniendo un par de ataquitos de pánico a la semana velando por la seguridad de su hija, como yo con la mía.

—No me digas que sólo por eso habrías preferido la Técnica de Pipi a la que tienes —dijo Lao, incrédulo.

—No, la mía es la más útil que podría haberme tocado. Lo que digo es que habría sido genial tener la de Pipi además de la mía.

—Sabes que nadie tiene la capacidad ni física ni mental para aprender y ejecutar dos Técnicas espaciotemporales.

—Oh, ¿en serio? —se sorprendió Hana, con gran interés—. Ese tal Denzel, el tam… o sea, el…

Taimu —la ayudó a recordar Neuval.

—Sí, eso. ¿Cuántas Técnicas ha creado? ¿Cuáles son? ¿Y cómo funcionan, es decir, cómo se aprenden? ¿Cualquiera puede aprenderlas?

—Sólo los iris y los taimuki tienen la capacidad, pero sólo los iris Líderes tienen el derecho —dijo Lao.

—¿Qué son los taimuki?

—Hana, si tanto quieres saber sobre Denzel y las cosas que ha hecho y puede hacer, le puedes preguntar a Hoti —le sonrió Neuval—. Ella tiene toda esta información guardada. Porque, de nuevo, nos estamos desviando del tema más importante aquí —volvió a ponerse muy serio de repente—. Que es que con esa Técnica podría localizar a Raijin y a Cleven y saber qué hacen sin que se den cuenta.

—¡Neuval! ¡Para ya con eso! —discrepó Hana—. Eso está mal. ¿No crees que espiar la vida de tu hija justo cuando tú le has prometido darle un voto de confianza se pasa de rosca? Déjala de una vez tener su propia vida privada y su derecho a tener secretos o a cometer errores y aprender de ellos, Neu. ¿O acaso a ti te habría gustado que Lao te hubiese espiado a tus espaldas a tus 16 o 17 años?

—¡Oh! Es gracioso que lo menciones, ya que Lao sí me espiaba a mis espaldas, y no, no me gustaba nada —corrigió Neuval, dirigiendo una mirada fría hacia el viejo.

—No puedes juzgarme si no has tenido un Neuval por hijo —replicó este, mirándose de nuevo en el espejito de la estantería tranquilamente.

—Tengo una Cleven, que es muy similar.

—Cleven es un angelito comparada contigo.

—Pero ahora ella está a cargo de su tío, uno de los mejores y más poderosos iris del mundo, ¿no? —repuso Hana—. ¿Qué te preocupa, como para querer espiarlos?

—Hmm… Es por algo que noté, el día en que discutí con Brey tras encontrarlo por la calle corriendo detrás de Cleven y me contó lo sucedido.

—¿Algo que notaste?

—A veces, a causa de haber usado tantas veces la telepatía, sin necesidad de la Técnica puedo llegar a intuir sin probabilidad de error lo que expresan los ojos de hasta los iris más expertos en ocultar emociones, ¡incluso de uno que suele carecer de ellas! Y eso lo vi cuando me encontré con Raijin el día que fui a buscar a Cleven. Vale que me confesara lo de los sentimientos de Cleven hacia él, que es lo más incómodo que me pudo haber dicho. Pero pude ver en sus ojos un temor extraño, como si temiese que yo me enterase de algo más, como si me ocultase algo más. Como se trate de su majin otra vez... —gruñó entre dientes.

—Pero Neuval —disintió Lao—, no creo que eso que percibiste que haya podido pasar entre Cleven y Raijin tenga que ver con el majin de él, Raijin lo controla muy bien. Dudo mucho que él la haya puesto en peligro en algún momento. Sé que ya ocurrió un accidente cuando eran pequeños, y por eso tomaste medidas con Raijin, amenazando a su “yo” del majin que no volviera a acercarse a tus hijos. Pero entonces Raijin tenía 13 años, y su majin se había vuelto muy alto de golpe a causa de un contagio de su hermano Ichi. Aquella vez no pudo controlar ese brote. Pero, desde entonces, no ha vuelto a tener problemas con eso. Sabes que él se controla mejor que tú o que cualquier otro iris enfermo, porque su majin es contagiado, no echó raíces en su mente.

—Entonces, ¿qué es lo que Raijin estaría ocultándome el día que hablé con él sobre Cleven? Parecía nervioso —insistió Neuval.

—Déjalo pasar, hijo, porque ya has visto lo bien que le va a Cleven viviendo con su querido tío, ¿no? Ella está feliz, él está feliz... Todos estamos felices —alzó un poco las manos, concluyendo el tema, y Neuval se encogió de hombros, resignado—. Así que, olvídate de la idea de pedirle a Pipi usar su Técnica para espiar a gente por caprichos personales. Ni Pipi usa su Técnica para espiar a su propia hija por mucho que quiera, porque pesa mucho más su código ético de iris, ni tú usas tu Técnica para leer sin permiso las mentes de cualquiera que no sea un criminal o un enemigo. Pero, viendo tu cara, está claro que tienes en mente utilizarla sobre alguien más, ¿no?

—Sí. Sobre la ARS.

—¿Qué te acabo de decir? —se enfadó Lao.

—¡Es importante! Puede que la ARS sea aliada nuestra, pero últimamente parece lo contrario. Cuanto más tiempo paso sin ver a Viernes en la casa vecina, más me intriga saber qué hace y dónde está. Ni siquiera su hija Evie ni su marido tienen idea, creen que simplemente tiene mucho trabajo en su oficina.

—Cuidado con eso, Neu —le advirtió el viejo—. Recuerda que Viernes acaba de convertirse en la hermana mayor del nuevo ministro de Interior. Si anda tan ausente últimamente, tendrá sus razones. Su vida es muy complicada.

Neuval procuró quedarse callado. Ya le había contado a Lao, y sólo a él, lo que Kyo le contó que le sucedió una mañana mientras huía de la MRS, que tuvo un encuentro con Izan y que lo sometió a un relativamente inofensivo ataque mental y con su elemento Vacío, del cual Kyo ya estaba fuera de peligro gracias al opuritaserum de Drasik. Pero todavía no había querido decirle a Lao ni a nadie lo que una de aquellos almaati desertores que lo atacaron ayer le dijo, sobre la verdadera razón de su ataque, y la mención de Viernes, diciendo que ellos habían desertado como sus almaati porque ella había cambiado y porque Izan estaba en Tokio tramando algo.

Obviamente, Neuval ya había hecho la relación que esa desertora pareció haber insinuado, que la vuelta de Izan y el comportamiento distinto y ausente de Viernes tenían algo ver entre sí. Pero le costaba imaginar que Viernes realmente tuviera cualquier mínima relación o contacto con Izan. Ella había sido la persona más íntegra que había conocido. Pero Neuval también era íntegro… hasta que la fastidiosa, poderosa y pesada enfermedad del majin se ponía de por medio.

«Viernes… ¿es posible que estés tan enferma como yo?» pensó para sus adentros, apesadumbrado. Pues había otra cosa que no había parado de rondar por la mente de Neuval desde que su majin se desató hace dos semanas y aniquiló a doce criminales, y que no le había contado a nadie. Ni pensaba contárselo nunca a nadie. Algo que le tenía atemorizado y preocupado en lo más hondo de sus capas y más capas de apariencia.

Cuando un iris actúa bajo un brote de majin, al volver en sí no podía recordar nada. Por eso, los Zou trataban de hacer hincapié e inculcar en la Asociación la importancia de diferenciar los actos de un iris de los actos de un majin. Para la Asociación, eran dos personalidades distintas. De ahí que no se culpara a un iris por el mal que hubiera podido cometer bajo un brote de majin, y se solían referir a este en tercera persona, como una entidad aparte. Por eso, Lao corrigió antes a Neuval, cuando este dijo “a mis doce víctimas”, y el viejo le dijo “a las doce víctimas de tu majin”.

Pues bien. Neuval recordaba cada segundo de la masacre que cometió en el callejón contra esos doce humanos. Y no sólo lo que vio y lo que hizo, sino también lo que sintió. Absoluto placer… éxtasis… diversión… vileza… Además, sintió su cuerpo extraño.

Fue igual que aquella vez. Fue lo mismo que aquella vez, hace 35 años, cuando su pequeño “yo” de 10 años vio el cuerpo inerte de Song, con un humillante disfraz de ardilla, tendida sobre un charco de sangre bajo su cabeza, en el suelo de la habitación de aquel ruso depravado y despreciable… y en ese momento, “algo” se desató dentro de Neuval; lo que los pocos testigos describieron como una “bestia del inframundo”.

Neuval aún recordaba esa furia y esa rabia que lo empujó a despedazar al señor Orlov, pero también el placer y el éxtasis mientras le arrancaba trozos de piel con los dientes.

El caso es… que esa no fue la primera vez. Tuvo episodios similares antes, durante su travesía de siete meses por medio mundo, e incluso antes, durante su infancia humana en París. Y por eso quiso insistir tanto, por eso quiso advertir a Lao varias veces: “hay algo malo dentro de mí, hay algo que no puedo controlar”. Fuera lo que fuese, había protagonizado todos los momentos críticos de su vida. Incluido aquel en que destruyó medio Japón hace siete años tras encontrar a Katya muerta, de la mano de unas misteriosas personas que previamente estaban atacando la ciudad.

Neuval había tenido no pocos brotes de majin durante su vida de iris, de los cuales, como cabe esperar, no recordaba nada. Ahora bien. Si por otra parte sí recordaba otros episodios de descontrol, estos entonces no podían tratarse de majin. Y si estos episodios concretos nunca fueron de majin, ¿de qué, entonces?

Esta pregunta se la llevaba haciendo toda su vida, y nunca hallaba respuesta, nunca hallaba consuelo, solamente miedo, miedo de sí mismo… a veces, había sido un miedo tan insoportable que las drogas habían sido su único y fugaz refugio.

—¿Neu? —se percató Lao de esa mirada pálida perdida en algún rincón del despacho.

Neuval lo miró. Y luego miró a Hana, viendo que ella también lo observaba preocupada. Transformó su cara por completo en un segundo.

—Oh, es que estaba pensando… —sonrió entusiasmado—… ¡que a quien sí podríamos espiar sería a Hatori!

—Hijo, para eso Pipi necesita conocerlo previamente —le recordó Lao—. Y no hablo sólo de conocerlo de vista y saber su nombre. Tiene que haber habido más conexión, absorber más datos, conocerlo en persona.

—Pero ¿y si yo le digo cómo es Hatori? ¿Y si le cuento cómo es, desde lo poco que lo conozco? ¿No sería suficiente?

—Perdona, pero ¿cuándo has conocido tú a Hatori en persona? —replicó el viejo.

—Es verdad —dijo Hana—. Las pocas veces que ha ido a la casa de Viernes de visita en estos tres años, tú has procurado estar bien alejado.

—Estuve cara a cara con él en el aeropuerto por primera vez en mi vida, el día que regresé del Monte Zou —les explicó Neuval—. Vi de primeras que no es más que un soso mandón y poco simpático. ¡Hasta me metió mano!

—¿¡Qué dices!? —saltó Hana.

—¿No será que te hizo el típico reconocimiento policial? ¿Te cacheó? —se mosqueó Lao.

—Hatori me acosó sexualmente —insistió Neuval—. Y con muchas ganas —sonrió—. Pero no le culpo. Es comprensible. Veréis —se señaló a sí mismo de arriba abajo—, cuando uno tiene este cuerpazo…

—No te lo tengas tan creído, francesito —bufó el viejo, tirándole un cojín del sofá de al lado, y le dio de lleno en la cara—. Te crees que por medir 1’92 y por estar en forma tienes un cuerpo de dios.

—Por eso y por otras cosas… —murmuró Hana discretamente, con las mejillas algo rojas; cuando los otros dos la miraron, dio un brinco e intentó disimular rápidamente, sentándose en el borde del escritorio con naturalidad—. O sea… ehem… Quizás no describiéndoselo con palabras, pero ¿y si puedes transmitirle a Pipi tus conocimientos sobre Hatori a través de tu conexión telepática, para que así Pipi absorba, por así decirlo, tu mismo conocimiento mental sobre Hatori?

—Hah… —caviló Neuval con interés, apoyándose sobre el cojín sobre su escritorio.

—No. Olvídate —insistió Lao—. No es suficiente, no os funcionará con Hatori con tan poco conocimiento de él. De todas formas, estábamos hablando de esto porque necesitas localizar a Haru para pedirle que entrene a Yenkis. Después de sus giras, Haru suele tomarse varios días de pura desconexión del mundo, por eso no podrás contactar con él ni mediante tecnología ni mediante la sola Técnica de Pipi, que sólo tiene la función de localizar, pero, como dijimos ant-…

—¡Oh, Dios mío, Neuval, tienes que probarlo con Haru entonces! —interrumpió Hana al viejo otra vez, con ojos brillantes de emoción—. ¡Lo de combinar ambas Técnicas! Ambos conocéis bien a ese chico. Tiene que funcionar. Te metes en la mente de Nicolás, luego este localiza a Haru, con tu telepatía probablemente podrías hasta ver tú mismo lo que Nicolás ve, y lo que sería alucinante sería comprobar si de verdad podrías meterte en la mente de Haru usando a Nico de canal. ¡Guau! —suspiró maravillada, mirando al techo—. Qué poderes tan interesantes, luego en casa pienso sonsacarle a Hoti todo lo que sepa sobre el señor taimu y sus obras…

Se volvió a formar un silencio en el despacho. Lao miró a su jefe.

—Perdóname, Neu.

—¿Por qué? —se extrañó este.

—Yo te impulsé a contarle toda la verdad a Hana. He cambiado de opinión. Es inaguantable.

—¡Oye! —protestó Hana.

—Ya es un poco tarde, papá —sonrió—. Haya paz, ¿vale? A ver. Voy a probar eso con Pipi para contactar con Haru, eso por descontado. Sin embargo… —murmuró, y la expresión de su rostro denotó un gran pesar y una intranquilidad con la que miró al viejo—. Creo que hay alguien… sobre quien deberíamos usar la Técnica de Pipi… por una razón de peso.

Lao al principio no entendió a quién se refería, pero, leyendo esa mirada en sus ojos, siendo la misma que tenía cuando le contó el ataque que sufrió Kyo por parte de esa persona, lo supo.

—No sé si será posible —dijo Lao.

—¿Qué?

—Neu —se puso recto sobre la butaca y apoyó los codos en las rodillas—. Yo ya le pedí a Pipi en un par de ocasiones si podía intentar localizar a Ichi. Bueno… a Izan. Una fue un año después de que desapareciera, y la otra fue hace tres años. Lo intentó varias veces.

—¿No pudo localizar a Izan ni una sola vez, ni con la Técnica de Denzel? —se sorprendió Neuval, y el viejo negó con la cabeza.

Entonces, Neuval abrió los ojos con horror, aunque procuró disimularlo enseguida. No había tardado en darse cuenta de la probable causa de eso. Si la Técnica de Desvío que el propio Neuval inventó podía evadir incluso la conexión mental de Alvion, sobradamente podía evadir el intento de conexión o localización de una Técnica de Denzel. Ahí sintió que se le derrumbaba un muro encima. «Mierda… yo se la enseñé… le enseñé esta Técnica a Ichi cuando era pequeño» pensó. Le avergonzaba reconocer ante Lao que él era el culpable de que ahora una amenaza tan grave como la de Izan siendo arki gozara de este poder de impunidad, así que se quedó callado.

—Esto… —murmuró Hana, detectando que era un tema delicado para ellos—. ¿Os importa si pregunto… quién es ese Izan?

—Es… —resopló Neuval, recostándose contra el respaldo de su silla, alicaído—. Katya tenía dos hermanos pequeños. Uno es Brey, con quien Cleven vive ahora, y el otro es Izan. Se convirtió en iris bastante pronto, a los 7 años, por la muerte injusta de un niño del que Lex e Izan se hicieron íntimos amigos dos años atrás. Trabajó primero en la SRS, con sus padres, pero solamente dos años, porque entonces mis suegros murieron. Entonces, lo acogí en mi KRS, y en mi casa, junto a Brey. Hasta que seis años después ellos mismos decidieron irse a vivir a otros lugares de acogida, porque querían quitarle tanta carga a Katya, y porque vivir tres iris en una misma casa era un tema inseguro, por culpa de lo tan perseguida que era mi identidad de Fuujin.

—Eso me lo contaste, cuando me explicaste sobre Brey. ¿Izan no se quedó con Brey?

—No. Se fue a otro hogar. Él decía que así era mucho más seguro para todos. Pero yo tardé en darme cuenta de a qué se refería realmente. No era por el riesgo de ser descubiertos por la policía o los cazadores de Takeshi, sino porque Izan ya sabía que estaba enfermo de majin y que le estaban aumentando los grados demasiado rápido.

—Ichi, como solíamos llamarlo —dijo Lao—, sólo quería proteger a Brey, y a Katya, e incluso a nosotros, su familia KRS, de su propio majin. Cuando visitaba a Brey, y cuando estaba con nosotros en reuniones familiares o en misiones, se comportaba como si estuviera perfectamente.

—Ichi siempre fue espléndido —continuó Neuval, con una mirada triste perdida por su escritorio—. Un iris espléndido, poderoso, eficaz, y un chico que iba a todas partes con una sonrisa, alegrando cualquier ambiente, atendiendo a todo el mundo. No sólo adoraba y cuidaba de Lex y de Brey, también del resto de la KRS. Era como el hermano mayor de todos. Incluso tras la muerte de sus padres, que fue devastadora para él y para todos, hizo lo posible por reunir todo el positivismo y animar a los demás a continuar. Pero… cuando una persona hace eso, tienes que estar alerta.

—¿A qué te refieres?

—Muchas veces, ver a alguien recuperarse demasiado rápido tras una tragedia no es signo de una buena salud mental. Nos alegramos cuando alguien supera una tragedia, pero debemos saber diferenciar entre una superación real y una superación forzada. Hay gente que sabe mostrarte la sonrisa más brillante, tan brillante que no te deja ver ni escuchar los gritos de agonía que hay detrás. Katya y yo empezamos a darnos cuenta con el tiempo de que algo no iba bien. Intentamos hablar con él y pedirle que fuera honesto sobre cómo se sentía realmente, que hablase de ello, que lo soltara, que no se avergonzara y pidiera ayuda. Pero para entonces, su majin ya debía de estar rozando el límite. Y un día, desapareció. Se marchó. Y nadie volvió a saber de él en siete años. Poco después de eso, murió Katya… en el evento que ya te conté. Yo le había prometido que traería a su hermano de vuelta. Pero… —Neuval respiró hondo y dejó salir un suspiro angustiado.

Hana se acercó a su silla y se puso a su lado. Le pasó un brazo sobre los hombros con consuelo.

—¿Es ese mismo majin… que me dijiste que tú también padeces? —le preguntó con voz suave—. ¿Por qué Izan y tú lo padecéis y por ejemplo Lao no?

—Dentro de este aspecto, existen dos tipos de iris: los de tipo soldado ejemplar, que son totalmente inmunes al majin —le explicó Neuval, señalando a Lao—. Y los de tipo sensible. Dentro de los sensibles, unos lo somos más que otros. Es una simple cuestión de carácter, viene tanto del factor genético como sociológico. Somos pocos los iris que padecemos una sensibilidad extrema. No es que no sepamos controlar nuestras emociones como el resto de iris, pero nos cuesta tener éxito en ello con más frecuencia.

»Tu personalidad se va transformando poco a poco, empiezas a comportarte como otra persona. Viene el mal humor… la agresividad… y cada vez eres más egoísta, solitario y malvado. Este majin, nacido de la inestabilidad emocional de nuestra antigua parte humana, va creciendo dentro de ti hasta que te "devora" como iris y te convierte en arki. Va cambiando poco a poco la energía Yang blanca de tu iris en una energía Yin negra. El majin te lleva de un extremo hasta el otro. Eso es lo que creemos que le ha pasado a Ichi, que su enfermedad del majin llegó a su último grado y lo ha convertido en otra persona, en lo contrario a un iris: un arki. Alguien que sólo vive para buscar su propio interés a costa de los demás, alguien que se nutre de la soledad y el beneficio propio.

Hana se quedó un rato en silencio, reflexionando sobre todo lo que había escuchado. Había algo que le dejaba una sensación muy incómoda. Tal vez era ese miedo que Neuval proyectaba sobre sí mismo cuando hablaba de la enfermedad que destruyó a Ichi y lo sustituyó por Izan, un miedo que esta vez la voz y los ojos de Neuval se olvidaron de disimular. Hana sintió la necesidad de decirle algo.

—¡Bueno! —Lao rompió el silencio, y se puso en pie de un impulso—. Se acabó el descanso. Vámonos, Hana, que el jefe tiene muchos informes de proyecto que revisar hoy.









49.
Temas pendientes (2/2)

Neuval indicó que pasara, y entró Hana, con un taco de carpetitas entre los brazos.

—¿Qué tal os va? ¿Interrumpo algo? —preguntó antes de dar un paso.

—No, sólo hablamos de las cositas que ya sabes —contestó Lao, sonriendo con una pizca de sorna—. Así que no pasa nada por que escuches ahí quieta y calladita como una buena humana.

—Puedes estar aquí —le dijo Neuval, viendo que Lao volvía a hacerla rabiar—. Ven, pasa.

Hana sonrió y se adentró, dejando las carpetitas matutinas en la mesa de Neuval y las empezó a ordenar en silencio tranquilamente.

—Neuval, Pipi sí que puede saber su paradero con facilidad —continuó hablando el viejo, mientras se ponía otra vez a mirarse la barba en el espejito de la estantería coquetamente.

—¿Qué quieres decir?

—Por su Técnica.

—¿En serio? ¿Cuál es? —se entusiasmó Neuval.

—¿No lo sabes? —le preguntó Hana con sorpresa.

—¿Eh? —Neuval no entendió su pregunta.

—A ver, un momento —pidió Hana, poniéndose reflexiva—, que ordene mis pensamientos. Si no recuerdo mal la historia, tú, Kei Lian, pertenecías a la HRS de Hong Kong cuando eras joven, o sea, hace millones de años. —El viejo Lao le lanzó una mirada fulminante—. Pero tras reencontrarte años después con tu viejo amigo Hideki Saehara, que entrenó contigo en el Monte Zou cuando erais pequeños, te pasaste a la SRS de Japón de Hideki, en la que Hideki era el Líder, su esposa Emiliya la Segunda al mando y tú el Guardián. Y cuando Neuval apareció en tu vida, acabó ingresando también en la SRS junto con su amigo del entrenamiento del Monte Zou, Pipi.

—Sí, Pipi y Neuval entrenaron juntos y entraron en la SRS juntos a los 12 años. ¿A dónde quieres ir a parar? —se cansó Lao.

—Según lo que Neu me contó, los miembros de una misma RS conocen la Técnica de su maestro, o de su Líder. O sea que vosotros conocíais la Técnica de Hideki, la Técnica de la SRS. ¿No se supone que Pipi tiene la misma, heredada de Hideki igual que heredó su liderazgo?

—Oh... —comprendió Neuval—. No, porque cuando hay un nuevo Líder en una misma RS, la Técnica se cambia. También van rotando de RS en RS si un Líder quiere cambiarla. La Técnica que tenía Hideki era la que Denzel bautizó como Técnica de Vibración Sincronizada Molecular. Como era un nombre muy largo, pasó a ser la Técnica de Traspaso.

—Es la Técnica que hace que las moléculas de tu cuerpo vibren a la misma intensidad que las de otros cuerpos sólidos —continuó explicando Lao—. O sea, que Hideki podía atravesar las paredes y los muros, como un fantasma. Y, se supone que es secreto, pero nosotros ya lo sabemos, esa Técnica ahora la tiene Viernes, la Líder de la ARS.

—Ay, madre mía, ¡casi había olvidado que Viernes es una iris también! —resopló Hana—. Todas las veces que he tratado con ella, como el otro día cuando vino a recoger a su hija Evie de nuestra casa, siempre la he visto como una vecina tan normal...

—A propósito de eso, Hana, procura mantener eso con discreción por ahora —le pidió Neuval—. Viernes podría enfadarse conmigo por haberle revelado su secreto a una humana externa a la Asociación, así que, si te la cruzas, finge que no sabes nada. Prefiero hablar con ella yo antes. Si es que me la encuentro algún día, ya que anda tan desaparecida... —añadió en voz baja.

—De acuerdo. Pero Neu, hablando de lo de antes, ¿entonces tu suegro podía atravesar las paredes? ¿No te preocupaba, haciendo hincapié en que era el padre de tu novia y más tarde tu suegro, que alguna vez utilizase esta habilidad para ver lo que hacías con Katya dentro de una habitación?

De repente Neuval se la quedó mirando pálido como un cadáver.

—Es... espero que no... —casi murmuró, horripilado.

—Neuval —lo llamó el viejo Lao—. Si tú tuvieras esa Técnica y tu hija Cleven estuviera encerrada en su habitación con un chico, ¿no lo harías?

—¡Por supuesto que lo haría, vamos, sin duda alguna! —exclamó al instante con enfado—. ¡Yo atravesaría cualquier pared con tal de ver qué hace Cleven con un chico! ¡No iba a dejar yo de vigilar a…! ¡Ahhhh! —Neuval se interrumpió con un largo y sonoro respingo, llevándose las manos a la boca con una cara apocalíptica al percatarse de lo que estaba diciendo—. ¡Hideki nos veía! ¡Aaah! ¡Seguro que nos veía! ¡Él con Katya era un padre tan sobreprotector como yo con Cleven, señor Jesucristo, es obvio que nos veía! —Abrió un cajón de su escritorio, sacó una bolsa de papel y empezó a respirar por ella, hiperventilando.

—Tranquilízate, Neuval —le reprochó Lao—. Eso nunca ha pasado, el maestro Hideki no haría algo así, al igual que tú no lees la mente de tus seres queridos sin antes haberles pedido permiso.

—Uuff... —Neuval dejó la bolsa a un lado, recuperando la calma—. Menos mal... Eso explica por qué sigo con vida.

—Pero eso no significa que Hideki fuera estúpido, sabía perfectamente lo que Katya y tú hacíais cuando os encerrabais en una habitación —añadió Lao, sonriendo.

—Lao, déjalo ya —le pidió Hana, viendo que Neuval volvía a respirar por la bolsa—. Estabas contándonos que conoces la Técnica actual de la SRS.

—Sí. Es la Técnica de Localización.

—Ah, sé cuál es. Pero nunca he sabido cómo funciona —dijo Neuval—. ¿Puede localizar a cualquier persona?

—No. Por supuesto tiene que tener un límite. Con esa Técnica, Pipi no puede localizar a una persona que le sea desconocida, a alguien a quien nunca haya visto en persona o de quien no sepa nada. Para que la Técnica funcione, debe depender de una conexión que una a Pipi con la persona en cuestión, y como esta es una Técnica mental, lo que conecta a Pipi mentalmente con otra persona son los recuerdos que tenga de ella, la información, los pensamientos y emociones que tenga sobre ella. Es decir, una persona a la que ya conoce. Y cuanto mejor la conozca, más rápido la localiza, en cualquier rincón del mundo.

—Pero… ¿qué hace la Técnica, decirle las coordenadas, o…?

—Mejor —le corrigió Lao—. Como todas, es una Técnica espaciotemporal. Verás. Cuando Pipi quiere captar la presencia, por ejemplo, de su hija Álex, para saber qué hace o dónde está, la Técnica absorbe y procesa todos los conocimientos que Pipi tiene en la cabeza sobre su hija y, con esa información, su Técnica localiza fácilmente el espacio que está ocupando Álex en tiempo real. La Técnica le ofrece a Pipi una visión espaciotemporal dentro de su mente, que le muestra a su hija y un cierto porcentaje de su entorno.

—Oh, interesante… —opinó Neuval.

—¡Y lo puede ser aún más! —brincó el viejo sobre su asiento, de repente muy entusiasmado—. Porque, ¿sabes qué se me ha ocurrido que podríais ha-…?

—¡Oh, Dios mío! —interrumpió Hana con gran emoción—. ¿Sabes lo que podríais hacer? ¡Combinar ambas Técnicas! Tú, Neu, podrías usar la telepatía sin necesidad de estar delante de la persona y comunicarte a distancia, usando de canal la propia conexión mental que tu amigo establece con la persona en cuestión. Hasta podrías borrar los recuerdos a distancia, ¡sin tener que ir a buscar a la persona! Eso te ahorraría tiempo, riesgo y esfuerzo. ¡Debería ser posible! ¿No crees?

Se hizo un silencio en el despacho. A la mujer se le borró la sonrisa y miró a ambos con un interrogante.

—Hana, fuera de aquí —le ordenó el viejo Lao severamente, señalando la puerta.

—¿¡Por qué!?

—Tranquila, Hana —se rio Neuval—. Es que a mi padre le da rabia cuando la gente le quita protagonismo, le roban las palabras de la boca o explican las cosas mejor que él.

—Neuval, largo —dijo Lao.

—Este es mi despacho.

—Qué quisquilloso, Kei Lian —protestó Hana.

—Vale, ¿podemos por favor centrarnos en el dato más importante aquí? —se impuso Neuval, de repente muy serio—. El cual es… ¿¡Por qué demonios no me quedé yo con esa Técnica para así espiar a Cleven fuera de casa!? —exclamó eufórico.

—Vale, Neu, cariño, eso ya se pasa de enfermizo —lo apaciguó Hana, dándole palmaditas en el hombro.

—¡Para nada! Hana, ¡cuántos disgustos y preocupaciones me habría ahorrado en estos últimos tres años, desde que Cleven empezó con el tema de los chicos y a salir por ahí con amigos por su cuenta! No podéis entender lo que es…

—¿Disculpa? —discrepó Lao.

—Tú nunca has tenido una hija.

—Pero sí una nieta que se quedó sin padre a los 13 años, ¿crees que no he vivido esos temores con Mei Ling?

—Mei no se pasó su adolescencia juntándose con los peores chicos sólo porque eran guapos.

—No, pero se la pasó saliendo de casa a escondidas constantemente para buscar delincuentes a los que zurrar, pretendiendo hacer el trabajo de un iris siendo humana.

—Deja de engañarme, te mueres de orgullo de que Mei Ling sea de esa forma. Quien sí habría sufrido por ese comportamiento es Sai. Se habría pasado la vida teniendo un par de ataquitos de pánico a la semana velando por la seguridad de su hija, como yo con la mía.

—No me digas que sólo por eso habrías preferido la Técnica de Pipi a la que tienes —dijo Lao, incrédulo.

—No, la mía es la más útil que podría haberme tocado. Lo que digo es que habría sido genial tener la de Pipi además de la mía.

—Sabes que nadie tiene la capacidad ni física ni mental para aprender y ejecutar dos Técnicas espaciotemporales.

—Oh, ¿en serio? —se sorprendió Hana, con gran interés—. Ese tal Denzel, el tam… o sea, el…

Taimu —la ayudó a recordar Neuval.

—Sí, eso. ¿Cuántas Técnicas ha creado? ¿Cuáles son? ¿Y cómo funcionan, es decir, cómo se aprenden? ¿Cualquiera puede aprenderlas?

—Sólo los iris y los taimuki tienen la capacidad, pero sólo los iris Líderes tienen el derecho —dijo Lao.

—¿Qué son los taimuki?

—Hana, si tanto quieres saber sobre Denzel y las cosas que ha hecho y puede hacer, le puedes preguntar a Hoti —le sonrió Neuval—. Ella tiene toda esta información guardada. Porque, de nuevo, nos estamos desviando del tema más importante aquí —volvió a ponerse muy serio de repente—. Que es que con esa Técnica podría localizar a Raijin y a Cleven y saber qué hacen sin que se den cuenta.

—¡Neuval! ¡Para ya con eso! —discrepó Hana—. Eso está mal. ¿No crees que espiar la vida de tu hija justo cuando tú le has prometido darle un voto de confianza se pasa de rosca? Déjala de una vez tener su propia vida privada y su derecho a tener secretos o a cometer errores y aprender de ellos, Neu. ¿O acaso a ti te habría gustado que Lao te hubiese espiado a tus espaldas a tus 16 o 17 años?

—¡Oh! Es gracioso que lo menciones, ya que Lao sí me espiaba a mis espaldas, y no, no me gustaba nada —corrigió Neuval, dirigiendo una mirada fría hacia el viejo.

—No puedes juzgarme si no has tenido un Neuval por hijo —replicó este, mirándose de nuevo en el espejito de la estantería tranquilamente.

—Tengo una Cleven, que es muy similar.

—Cleven es un angelito comparada contigo.

—Pero ahora ella está a cargo de su tío, uno de los mejores y más poderosos iris del mundo, ¿no? —repuso Hana—. ¿Qué te preocupa, como para querer espiarlos?

—Hmm… Es por algo que noté, el día en que discutí con Brey tras encontrarlo por la calle corriendo detrás de Cleven y me contó lo sucedido.

—¿Algo que notaste?

—A veces, a causa de haber usado tantas veces la telepatía, sin necesidad de la Técnica puedo llegar a intuir sin probabilidad de error lo que expresan los ojos de hasta los iris más expertos en ocultar emociones, ¡incluso de uno que suele carecer de ellas! Y eso lo vi cuando me encontré con Raijin el día que fui a buscar a Cleven. Vale que me confesara lo de los sentimientos de Cleven hacia él, que es lo más incómodo que me pudo haber dicho. Pero pude ver en sus ojos un temor extraño, como si temiese que yo me enterase de algo más, como si me ocultase algo más. Como se trate de su majin otra vez... —gruñó entre dientes.

—Pero Neuval —disintió Lao—, no creo que eso que percibiste que haya podido pasar entre Cleven y Raijin tenga que ver con el majin de él, Raijin lo controla muy bien. Dudo mucho que él la haya puesto en peligro en algún momento. Sé que ya ocurrió un accidente cuando eran pequeños, y por eso tomaste medidas con Raijin, amenazando a su “yo” del majin que no volviera a acercarse a tus hijos. Pero entonces Raijin tenía 13 años, y su majin se había vuelto muy alto de golpe a causa de un contagio de su hermano Ichi. Aquella vez no pudo controlar ese brote. Pero, desde entonces, no ha vuelto a tener problemas con eso. Sabes que él se controla mejor que tú o que cualquier otro iris enfermo, porque su majin es contagiado, no echó raíces en su mente.

—Entonces, ¿qué es lo que Raijin estaría ocultándome el día que hablé con él sobre Cleven? Parecía nervioso —insistió Neuval.

—Déjalo pasar, hijo, porque ya has visto lo bien que le va a Cleven viviendo con su querido tío, ¿no? Ella está feliz, él está feliz... Todos estamos felices —alzó un poco las manos, concluyendo el tema, y Neuval se encogió de hombros, resignado—. Así que, olvídate de la idea de pedirle a Pipi usar su Técnica para espiar a gente por caprichos personales. Ni Pipi usa su Técnica para espiar a su propia hija por mucho que quiera, porque pesa mucho más su código ético de iris, ni tú usas tu Técnica para leer sin permiso las mentes de cualquiera que no sea un criminal o un enemigo. Pero, viendo tu cara, está claro que tienes en mente utilizarla sobre alguien más, ¿no?

—Sí. Sobre la ARS.

—¿Qué te acabo de decir? —se enfadó Lao.

—¡Es importante! Puede que la ARS sea aliada nuestra, pero últimamente parece lo contrario. Cuanto más tiempo paso sin ver a Viernes en la casa vecina, más me intriga saber qué hace y dónde está. Ni siquiera su hija Evie ni su marido tienen idea, creen que simplemente tiene mucho trabajo en su oficina.

—Cuidado con eso, Neu —le advirtió el viejo—. Recuerda que Viernes acaba de convertirse en la hermana mayor del nuevo ministro de Interior. Si anda tan ausente últimamente, tendrá sus razones. Su vida es muy complicada.

Neuval procuró quedarse callado. Ya le había contado a Lao, y sólo a él, lo que Kyo le contó que le sucedió una mañana mientras huía de la MRS, que tuvo un encuentro con Izan y que lo sometió a un relativamente inofensivo ataque mental y con su elemento Vacío, del cual Kyo ya estaba fuera de peligro gracias al opuritaserum de Drasik. Pero todavía no había querido decirle a Lao ni a nadie lo que una de aquellos almaati desertores que lo atacaron ayer le dijo, sobre la verdadera razón de su ataque, y la mención de Viernes, diciendo que ellos habían desertado como sus almaati porque ella había cambiado y porque Izan estaba en Tokio tramando algo.

Obviamente, Neuval ya había hecho la relación que esa desertora pareció haber insinuado, que la vuelta de Izan y el comportamiento distinto y ausente de Viernes tenían algo ver entre sí. Pero le costaba imaginar que Viernes realmente tuviera cualquier mínima relación o contacto con Izan. Ella había sido la persona más íntegra que había conocido. Pero Neuval también era íntegro… hasta que la fastidiosa, poderosa y pesada enfermedad del majin se ponía de por medio.

«Viernes… ¿es posible que estés tan enferma como yo?» pensó para sus adentros, apesadumbrado. Pues había otra cosa que no había parado de rondar por la mente de Neuval desde que su majin se desató hace dos semanas y aniquiló a doce criminales, y que no le había contado a nadie. Ni pensaba contárselo nunca a nadie. Algo que le tenía atemorizado y preocupado en lo más hondo de sus capas y más capas de apariencia.

Cuando un iris actúa bajo un brote de majin, al volver en sí no podía recordar nada. Por eso, los Zou trataban de hacer hincapié e inculcar en la Asociación la importancia de diferenciar los actos de un iris de los actos de un majin. Para la Asociación, eran dos personalidades distintas. De ahí que no se culpara a un iris por el mal que hubiera podido cometer bajo un brote de majin, y se solían referir a este en tercera persona, como una entidad aparte. Por eso, Lao corrigió antes a Neuval, cuando este dijo “a mis doce víctimas”, y el viejo le dijo “a las doce víctimas de tu majin”.

Pues bien. Neuval recordaba cada segundo de la masacre que cometió en el callejón contra esos doce humanos. Y no sólo lo que vio y lo que hizo, sino también lo que sintió. Absoluto placer… éxtasis… diversión… vileza… Además, sintió su cuerpo extraño.

Fue igual que aquella vez. Fue lo mismo que aquella vez, hace 35 años, cuando su pequeño “yo” de 10 años vio el cuerpo inerte de Song, con un humillante disfraz de ardilla, tendida sobre un charco de sangre bajo su cabeza, en el suelo de la habitación de aquel ruso depravado y despreciable… y en ese momento, “algo” se desató dentro de Neuval; lo que los pocos testigos describieron como una “bestia del inframundo”.

Neuval aún recordaba esa furia y esa rabia que lo empujó a despedazar al señor Orlov, pero también el placer y el éxtasis mientras le arrancaba trozos de piel con los dientes.

El caso es… que esa no fue la primera vez. Tuvo episodios similares antes, durante su travesía de siete meses por medio mundo, e incluso antes, durante su infancia humana en París. Y por eso quiso insistir tanto, por eso quiso advertir a Lao varias veces: “hay algo malo dentro de mí, hay algo que no puedo controlar”. Fuera lo que fuese, había protagonizado todos los momentos críticos de su vida. Incluido aquel en que destruyó medio Japón hace siete años tras encontrar a Katya muerta, de la mano de unas misteriosas personas que previamente estaban atacando la ciudad.

Neuval había tenido no pocos brotes de majin durante su vida de iris, de los cuales, como cabe esperar, no recordaba nada. Ahora bien. Si por otra parte sí recordaba otros episodios de descontrol, estos entonces no podían tratarse de majin. Y si estos episodios concretos nunca fueron de majin, ¿de qué, entonces?

Esta pregunta se la llevaba haciendo toda su vida, y nunca hallaba respuesta, nunca hallaba consuelo, solamente miedo, miedo de sí mismo… a veces, había sido un miedo tan insoportable que las drogas habían sido su único y fugaz refugio.

—¿Neu? —se percató Lao de esa mirada pálida perdida en algún rincón del despacho.

Neuval lo miró. Y luego miró a Hana, viendo que ella también lo observaba preocupada. Transformó su cara por completo en un segundo.

—Oh, es que estaba pensando… —sonrió entusiasmado—… ¡que a quien sí podríamos espiar sería a Hatori!

—Hijo, para eso Pipi necesita conocerlo previamente —le recordó Lao—. Y no hablo sólo de conocerlo de vista y saber su nombre. Tiene que haber habido más conexión, absorber más datos, conocerlo en persona.

—Pero ¿y si yo le digo cómo es Hatori? ¿Y si le cuento cómo es, desde lo poco que lo conozco? ¿No sería suficiente?

—Perdona, pero ¿cuándo has conocido tú a Hatori en persona? —replicó el viejo.

—Es verdad —dijo Hana—. Las pocas veces que ha ido a la casa de Viernes de visita en estos tres años, tú has procurado estar bien alejado.

—Estuve cara a cara con él en el aeropuerto por primera vez en mi vida, el día que regresé del Monte Zou —les explicó Neuval—. Vi de primeras que no es más que un soso mandón y poco simpático. ¡Hasta me metió mano!

—¿¡Qué dices!? —saltó Hana.

—¿No será que te hizo el típico reconocimiento policial? ¿Te cacheó? —se mosqueó Lao.

—Hatori me acosó sexualmente —insistió Neuval—. Y con muchas ganas —sonrió—. Pero no le culpo. Es comprensible. Veréis —se señaló a sí mismo de arriba abajo—, cuando uno tiene este cuerpazo…

—No te lo tengas tan creído, francesito —bufó el viejo, tirándole un cojín del sofá de al lado, y le dio de lleno en la cara—. Te crees que por medir 1’92 y por estar en forma tienes un cuerpo de dios.

—Por eso y por otras cosas… —murmuró Hana discretamente, con las mejillas algo rojas; cuando los otros dos la miraron, dio un brinco e intentó disimular rápidamente, sentándose en el borde del escritorio con naturalidad—. O sea… ehem… Quizás no describiéndoselo con palabras, pero ¿y si puedes transmitirle a Pipi tus conocimientos sobre Hatori a través de tu conexión telepática, para que así Pipi absorba, por así decirlo, tu mismo conocimiento mental sobre Hatori?

—Hah… —caviló Neuval con interés, apoyándose sobre el cojín sobre su escritorio.

—No. Olvídate —insistió Lao—. No es suficiente, no os funcionará con Hatori con tan poco conocimiento de él. De todas formas, estábamos hablando de esto porque necesitas localizar a Haru para pedirle que entrene a Yenkis. Después de sus giras, Haru suele tomarse varios días de pura desconexión del mundo, por eso no podrás contactar con él ni mediante tecnología ni mediante la sola Técnica de Pipi, que sólo tiene la función de localizar, pero, como dijimos ant-…

—¡Oh, Dios mío, Neuval, tienes que probarlo con Haru entonces! —interrumpió Hana al viejo otra vez, con ojos brillantes de emoción—. ¡Lo de combinar ambas Técnicas! Ambos conocéis bien a ese chico. Tiene que funcionar. Te metes en la mente de Nicolás, luego este localiza a Haru, con tu telepatía probablemente podrías hasta ver tú mismo lo que Nicolás ve, y lo que sería alucinante sería comprobar si de verdad podrías meterte en la mente de Haru usando a Nico de canal. ¡Guau! —suspiró maravillada, mirando al techo—. Qué poderes tan interesantes, luego en casa pienso sonsacarle a Hoti todo lo que sepa sobre el señor taimu y sus obras…

Se volvió a formar un silencio en el despacho. Lao miró a su jefe.

—Perdóname, Neu.

—¿Por qué? —se extrañó este.

—Yo te impulsé a contarle toda la verdad a Hana. He cambiado de opinión. Es inaguantable.

—¡Oye! —protestó Hana.

—Ya es un poco tarde, papá —sonrió—. Haya paz, ¿vale? A ver. Voy a probar eso con Pipi para contactar con Haru, eso por descontado. Sin embargo… —murmuró, y la expresión de su rostro denotó un gran pesar y una intranquilidad con la que miró al viejo—. Creo que hay alguien… sobre quien deberíamos usar la Técnica de Pipi… por una razón de peso.

Lao al principio no entendió a quién se refería, pero, leyendo esa mirada en sus ojos, siendo la misma que tenía cuando le contó el ataque que sufrió Kyo por parte de esa persona, lo supo.

—No sé si será posible —dijo Lao.

—¿Qué?

—Neu —se puso recto sobre la butaca y apoyó los codos en las rodillas—. Yo ya le pedí a Pipi en un par de ocasiones si podía intentar localizar a Ichi. Bueno… a Izan. Una fue un año después de que desapareciera, y la otra fue hace tres años. Lo intentó varias veces.

—¿No pudo localizar a Izan ni una sola vez, ni con la Técnica de Denzel? —se sorprendió Neuval, y el viejo negó con la cabeza.

Entonces, Neuval abrió los ojos con horror, aunque procuró disimularlo enseguida. No había tardado en darse cuenta de la probable causa de eso. Si la Técnica de Desvío que el propio Neuval inventó podía evadir incluso la conexión mental de Alvion, sobradamente podía evadir el intento de conexión o localización de una Técnica de Denzel. Ahí sintió que se le derrumbaba un muro encima. «Mierda… yo se la enseñé… le enseñé esta Técnica a Ichi cuando era pequeño» pensó. Le avergonzaba reconocer ante Lao que él era el culpable de que ahora una amenaza tan grave como la de Izan siendo arki gozara de este poder de impunidad, así que se quedó callado.

—Esto… —murmuró Hana, detectando que era un tema delicado para ellos—. ¿Os importa si pregunto… quién es ese Izan?

—Es… —resopló Neuval, recostándose contra el respaldo de su silla, alicaído—. Katya tenía dos hermanos pequeños. Uno es Brey, con quien Cleven vive ahora, y el otro es Izan. Se convirtió en iris bastante pronto, a los 7 años, por la muerte injusta de un niño del que Lex e Izan se hicieron íntimos amigos dos años atrás. Trabajó primero en la SRS, con sus padres, pero solamente dos años, porque entonces mis suegros murieron. Entonces, lo acogí en mi KRS, y en mi casa, junto a Brey. Hasta que seis años después ellos mismos decidieron irse a vivir a otros lugares de acogida, porque querían quitarle tanta carga a Katya, y porque vivir tres iris en una misma casa era un tema inseguro, por culpa de lo tan perseguida que era mi identidad de Fuujin.

—Eso me lo contaste, cuando me explicaste sobre Brey. ¿Izan no se quedó con Brey?

—No. Se fue a otro hogar. Él decía que así era mucho más seguro para todos. Pero yo tardé en darme cuenta de a qué se refería realmente. No era por el riesgo de ser descubiertos por la policía o los cazadores de Takeshi, sino porque Izan ya sabía que estaba enfermo de majin y que le estaban aumentando los grados demasiado rápido.

—Ichi, como solíamos llamarlo —dijo Lao—, sólo quería proteger a Brey, y a Katya, e incluso a nosotros, su familia KRS, de su propio majin. Cuando visitaba a Brey, y cuando estaba con nosotros en reuniones familiares o en misiones, se comportaba como si estuviera perfectamente.

—Ichi siempre fue espléndido —continuó Neuval, con una mirada triste perdida por su escritorio—. Un iris espléndido, poderoso, eficaz, y un chico que iba a todas partes con una sonrisa, alegrando cualquier ambiente, atendiendo a todo el mundo. No sólo adoraba y cuidaba de Lex y de Brey, también del resto de la KRS. Era como el hermano mayor de todos. Incluso tras la muerte de sus padres, que fue devastadora para él y para todos, hizo lo posible por reunir todo el positivismo y animar a los demás a continuar. Pero… cuando una persona hace eso, tienes que estar alerta.

—¿A qué te refieres?

—Muchas veces, ver a alguien recuperarse demasiado rápido tras una tragedia no es signo de una buena salud mental. Nos alegramos cuando alguien supera una tragedia, pero debemos saber diferenciar entre una superación real y una superación forzada. Hay gente que sabe mostrarte la sonrisa más brillante, tan brillante que no te deja ver ni escuchar los gritos de agonía que hay detrás. Katya y yo empezamos a darnos cuenta con el tiempo de que algo no iba bien. Intentamos hablar con él y pedirle que fuera honesto sobre cómo se sentía realmente, que hablase de ello, que lo soltara, que no se avergonzara y pidiera ayuda. Pero para entonces, su majin ya debía de estar rozando el límite. Y un día, desapareció. Se marchó. Y nadie volvió a saber de él en siete años. Poco después de eso, murió Katya… en el evento que ya te conté. Yo le había prometido que traería a su hermano de vuelta. Pero… —Neuval respiró hondo y dejó salir un suspiro angustiado.

Hana se acercó a su silla y se puso a su lado. Le pasó un brazo sobre los hombros con consuelo.

—¿Es ese mismo majin… que me dijiste que tú también padeces? —le preguntó con voz suave—. ¿Por qué Izan y tú lo padecéis y por ejemplo Lao no?

—Dentro de este aspecto, existen dos tipos de iris: los de tipo soldado ejemplar, que son totalmente inmunes al majin —le explicó Neuval, señalando a Lao—. Y los de tipo sensible. Dentro de los sensibles, unos lo somos más que otros. Es una simple cuestión de carácter, viene tanto del factor genético como sociológico. Somos pocos los iris que padecemos una sensibilidad extrema. No es que no sepamos controlar nuestras emociones como el resto de iris, pero nos cuesta tener éxito en ello con más frecuencia.

»Tu personalidad se va transformando poco a poco, empiezas a comportarte como otra persona. Viene el mal humor… la agresividad… y cada vez eres más egoísta, solitario y malvado. Este majin, nacido de la inestabilidad emocional de nuestra antigua parte humana, va creciendo dentro de ti hasta que te "devora" como iris y te convierte en arki. Va cambiando poco a poco la energía Yang blanca de tu iris en una energía Yin negra. El majin te lleva de un extremo hasta el otro. Eso es lo que creemos que le ha pasado a Ichi, que su enfermedad del majin llegó a su último grado y lo ha convertido en otra persona, en lo contrario a un iris: un arki. Alguien que sólo vive para buscar su propio interés a costa de los demás, alguien que se nutre de la soledad y el beneficio propio.

Hana se quedó un rato en silencio, reflexionando sobre todo lo que había escuchado. Había algo que le dejaba una sensación muy incómoda. Tal vez era ese miedo que Neuval proyectaba sobre sí mismo cuando hablaba de la enfermedad que destruyó a Ichi y lo sustituyó por Izan, un miedo que esta vez la voz y los ojos de Neuval se olvidaron de disimular. Hana sintió la necesidad de decirle algo.

—¡Bueno! —Lao rompió el silencio, y se puso en pie de un impulso—. Se acabó el descanso. Vámonos, Hana, que el jefe tiene muchos informes de proyecto que revisar hoy.





Comentarios