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2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __









89.
La auténtica asistente social

No pasó ni siquiera media hora cuando Eliam, que estaba frente a los ventanales de su salón observando la ciudad en silencio con un mate entre las manos que ya se le había quedado templado, se pegó el susto de su vida cuando apareció Drasik dándose un porrazo contra el cristal, rebotando y quedándose medio muerto en el balcón. Eliam dio tal bote que se cayó de espaldas y se derramó todo el mate por encima. Un segundo después, Drasik resucitó, se puso en pie y, con un chichón en la frente, abrió rápidamente la puerta corredera del balcón y pasó adentro con prisas.

—¿¡Por quééé!? —fue lo único que preguntó Eliam desde lo más profundo de sus pulmones, con la cara y el pelo empapados y llenos de yerba.

—¿¡Qué estás haciendo!? ¡Limpia ese estropicio! ¡Corre! —le dijo Drasik, mientras el chichón de su frente desaparecía en tres segundos por efecto del frío que producía su ya helada piel.

—¡Pero vos, tremendo renabo, ¿dónde demonios estabas?! ¿¡Por qué no respondiste nuestras llamadas!?

—¡No hay tiempo! —fue de un lado a otro recogiendo vasos de la mesa del salón, papeles del comedor, etcétera.

—¿¡Tenés idea de lo que le pasó a Raijin!? —insistió su hermano, levantándose del suelo.

—¿Qué, volvió a casa rebuznando rayos y truenos y quejándose sobre mí? ¡Novedad! —dijo con sarcasmo.

—¡No, Dras, esto es serio…! ¡Dras, ¿qué estás haciendo?! ¡Escuhame de una vez!

—¡Eliam! —se giró hacia él, mirándolo con ojos muy abiertos y sus pelos de loco—. ¡La asistente! ¿Recuerdas? ¡Está llegando ahora mismo! La vi desde la lejanía de milagro, ¡casi no llego a tiempo! Si no hubiera hoy tanto helicóptero volando por la ciudad, habría llegado antes. Tengo que cerrar la puerta de mi laboratorio… —se fue corriendo escaleras arriba.

—Ohm… mierda…

Eliam se quedó paralizado, lo había olvidado. Miró el reloj de su muñeca, y frunció el ceño. No… no podía ser. Venía con media hora de antelación. Estas visitas periódicas solían durar entre veinte y treinta minutos y solían llegar a la hora exacta. ¿Por qué venir media hora antes?

«Mierda… No… espera… ¿No irá a…?» palideció Eliam, teniendo un mal presentimiento, y corrió hasta la puerta de la entrada y observó el rellano a través de la mirilla. «No, no, calma, tiene que venir acá, tiene la visita sólo con nosotros hoy…».

Pero Drasik y Riku no eran los únicos que llegaron. Cleven dobló la esquina de la calle. Iba mirando al suelo, meditabunda. Había pasado un buen rato con sus compañeros de natación, pero en todo el camino de regreso no había podido parar de darle vueltas otra vez a lo que había visto esa mañana. Drasik conduciendo el coche de su tío ilegalmente, tramando algo entre los dos, su tío esfumándose en el aire como un rayo… Seguía sin estar segura de haberlo imaginado, pero gran parte de ella estaba segura de que no, que sus ojos habían visto lo que habían visto.

No obstante, algo llamó su atención. Reconoció desde la distancia una figura familiar entrando en ese momento por el portal de su edificio y dio un respingo de sorpresa.

—¡Ah! ¡Riku! —intentó alcanzarla, pero esta ya se había metido en el ascensor.

«¿Qué hace Riku aquí? ¡Si ya vinieron ayer a sustituirla! ¿Tiene visita con otra vivienda de aquí?» pensó Cleven. El otro ascensor también estaba ocupado por algún otro vecino, por lo que no tuvo más remedio que subir por las escaleras a toda prisa.

Cuando Eliam vio la puerta de uno de los ascensores abrirse, se cumplió lo que más temía. Riku, con su largo abrigo elegante y formal, su bolso y su carpeta en el brazo, se encaminó directamente hacia la puerta de Brey. En ese instante, Cleven llegó al quinto piso, sofocada, pero se detuvo antes de subir el último tramo y se asomó por la esquina de la pared, manteniéndose escondida, sin entender por qué Riku estaba ahí llamando ahora mismo a la puerta de su tío.

Dentro de la vivienda B, Yako, Brey y Daisuke se sobresaltaron al oír el timbre.

—Debe de ser Cleven —dijo Yako.

—Cleven tiene sus propias llaves —se extrañó Brey.

—¿Se las ha podido dejar? O quizá sea Mei o Eliam. Tranquilo, yo me encargo, quédate aquí con Dai. Si es Cleven, yo se lo explico.

«¡Ay, no!» pensó Eliam al ver aquello por la mirilla, y abrió su puerta rápidamente.

—¡Señorita Ishida, esper-…!

Pero no llegó a tiempo, porque Yako ya abrió la puerta de Brey.

—Oh… —Yako frunció el ceño al toparse con una desconocida.

«¡Anda! ¿Yako está en nuestra casa de visita?» pensó Cleven, observando desde su escondite.

—Buenas tardes —saludó Riku con una leve inclinación—. Soy Riku Ishida. Vengo a hacer la inspección. ¿Se encuentra Brey Saehara en el domicilio?

—¿Qué? —se horrorizó Yako.

—¡Señorita Ishida! —la llamó Eliam desde el umbral de su puerta—. Tiene la visita con Drasik y conmigo.

—Oh, hola, Eliam —lo saludó ella—. Sí, con vosotros tengo la visita dentro de media ahora, después de la de Brey.

—¡No, pero…! —Eliam no entendía y estaba igual de alarmado que Yako—. ¡Pero ya lo visitaron ayer! ¡Otro asistente!

—¿Qué? —se sorprendió Riku—. No, no… Chicos. No os confundáis. Ambas citas están claramente programadas para hoy, desde hace ya tiempo. Y tengo mucha prisa. Así que, por favor, señor… —miró a Yako.

—Moretti. Angelo Moretti —se presentó Yako.

—Si me permite pasar y hablar con Brey…

«¿Qué? ¿Por qué Yako le ha dado un nombre falso?» se sorprendió Cleven. «No, espera… He oído ese apellido antes. Kain me habló de la madre de Yako en la fiesta de su casa. Ese es el apellido de su madre».

—Espere, tiene que haber un error… —trató Yako de frenar a Riku, procurando mostrar por fuera toda la normalidad posible.

Sin embargo, Brey acabó oyendo y reconociendo la voz de Riku. Le invadió el pánico, no podía ser. Cargando en brazos a Daisuke, se acercó corriendo a la entrada.

—¿¡Ishida!? —exclamó, blanco como el papel—. Pero… ¿¡Qué hace aquí!?

—¿Cómo que qué hago aquí? Brey, teníamos la visita ahora. La confirmaste hace una semana en el correo. No se te ha podido olvidar.

—¡No…! ¡Pero…! ¡Me mandó un sustituto ayer!

—Yo no envié a nadie. Ni yo ni las oficinas. ¿Se puede saber de dónde viene tanto lío? Mira, de todas formas, ya he venido, y tengo bastante prisa. No pasa nada si tienes la casa desordenada y se te ha olvidado hacer limpieza, Brey, de verdad. He visto a miles de familias viviendo con niños pequeños y sé lo que es. No te voy a bajar puntos por eso. Sólo vengo a hacer revisión de las cosas más importantes del entorno y una sencilla entrevista a los tres, como la última vez. ¿Vale? Venga —apremió, entrando en la vivienda, y Yako tuvo que dejarla pasar, sin saber qué hacer para arreglar este imprevisto—. Daisuke, hola, ¿te acuerdas de mí? —lo saludó con una sonrisa amigable.

Pero Daisuke, en los brazos de su padre, la miraba preocupado, no muy seguro de si lo que estaba pasando era bueno o malo, pero ver las caras ya intranquilas de Yako y de su padre le daba mala espina. Riku arrugó el ceño al no recibir respuesta del niño, pero no le dio mucha importancia y caminó hacia el salón.

—No… Riku, espera… —a Brey le tembló la voz, porque sabía lo que venía, algo que llevaba cinco años siendo una de sus mayores pesadillas.

Su iris colapsó, no había forma de tratar esto, de llevarlo por otro camino, de persuadir a Riku de algún modo.

—De primeras todo se ve bien —comentó ella, apuntando algo en su carpeta, y se giró hacia él—. ¿Dónde está Clover? Llámala, por favor, me gustaría empezar con la entrevista y así nos la quitamos de encima.

Brey no pudo contestar. No pudo moverse siquiera. Por eso, Yako decidió intervenir y actuar por él, y era mejor hacer las cosas bien aunque eso significase afrontar otra desgracia. De todas formas, Riku ya se dio cuenta de la tensión a su alrededor.

—Dios mío… —miró a uno y a otro—. ¿Qué ha pasado? Decidme, ¿qué ha pasado? ¿Dónde está la niña?

—Verá… Clover se ha escapado esta madrugada. Está perdida —le respondió Yako.

Cleven se llevó las manos a la boca para ahogar un respingo. «¿¡Qué!? ¿¡Clover está desaparecida!? No… No puede ser verdad…».

—¿¡Qué!? ¿¡Cómo que se ha escapado!? —se escandalizó Riku—. ¿¡Por qué se ha escapado!? ¡Brey! ¿¡Qué la ha empujado a hacer eso!?

—No… No lo sé…

—¿¡Ha recibido algún daño!? Más vale que me informes de ello ahora mismo y me digas la verdad, Brey, porque si las oficinas descubren más tarde que la niña ha sufrido algo que no debería…

—¡No, nada de eso! ¡No ha sufrido ningún problema, no le ha pasado nada previo…!

—Papá… —sollozó Daisuke, empezando a angustiarse de nuevo entre los gritos de ambos.

—¡Y la policía! ¿Ha sido informada? —insistió Riku.

—Sí, ya está informada, ya están buscándola —le dijo Yako—. Brey ya ha hablado con ellos y todo apunta a que algo ha podido asustarla por la noche mientras dormía.

—Dios mío, pobre niña, ¿cuándo os habéis enterado? ¿Por dónde la habéis buscado vosotros ya?

—Por todas partes. El pequeño Dai vio por la mañana que ella no estaba en su cama ni por ningún lado.

—Si se ha asustado por algo y no ha ido a la casa de Agatha ni de ningún otro vecino, ¿ha podido intentar irse a la casa de sus abuelos? Brey, ¿están los señores Saitou al corriente?

Brey no podía responder, ni siquiera podía respirar con normalidad. Cerró los ojos y agachó la cabeza.

—Ay, Dios… —resopló Riku, intentando no perder los nervios—. De acuerdo. Escucha. Tengo que informar a las oficinas de esto, no tengo otra opción, lo siento. Tengo el deber de poner en contacto a las oficinas con la policía para que se mantengan al corriente. Pero también tengo que cumplir con la cláusula legal.

—No… —le rogó Brey.

—Sé que esto es lo último que quieres, pero no tengo más remedio. Debo cumplir con lo estipulado, y si no lo hago yo, vendrá otro asistente a hacerlo.

—Riku, por favor…

—No lo hagas más difícil, Brey —le rogó ella a él—. No me complace esto, te lo aseguro. Pero quiero evitarte peores problemas. Sabes cómo funciona. En cuanto este caso llegue a conocimiento de las oficinas, Joji y Norie serán informados de la situación. Vuestros abogados ya firmaron las condiciones de la custodia hace cinco años, Brey, no se puede cambiar. Los incidentes de gravedad ya fueron acordados y el de esta clase es uno de ellos.

—Dame tiempo, encontraré a Clover enseguida, sólo necesito…

—Sabes que eso no importa, el incidente de gravedad ya ha ocurrido. No hay forma de que Joji y Norie te permitan quedarte con Daisuke ahora. Ahora ellos tienen derecho de sancionarte y anular tu custodia. Vamos… Deja a Daisuke en el suelo.

—No…

—Papá… —lloró el pequeño.

—Si no me lo llevo yo ahora, Joji y Norie te enviarán a sus abogados o a otros agentes y te pondrán una falta por retenerlo en contra de la primera orden, que soy yo, ¿entiendes? No puede estar contigo ahora. De hecho, ahora no puedes tener a ningún menor a tu cargo. Daisuke debe quedarse en casa de sus abuelos, al menos hasta que Clover sea encontrada y volváis a abrir una nueva disputa por la custodia.

Esto ya lo destrozó. Y era algo contra lo que no podía luchar sin empeorarlo aún más. Algo se rompió dentro de Brey, una cuerda que ya había estado pendiendo de un hilo.

—Brey, lo siento —le dijo Yako, procurando mantener las fuerzas que él ya no tenía. Se acercó a él para hablarle en voz baja, y posó las manos sobre Daisuke, incitándole a soltarlo—. Haz lo que te dice. Podemos solucionarlo más adelante. Te lo prometo, yo te lo solucionaré. Pero para eso ahora tenemos que cumplir y no crear más problemas.

—¡No! —exclamó Daisuke, agarrándose fuerte al cuello de Brey—. Papá, no dejes que me lleven a casa de los abuelos, quiero estar contigo, quiero estar aquí cuando Clover vuelva, quiero esperarla aquí… Por favor, papá…

Brey ya no respondía. Tenía la mirada ida. Oír las súplicas de Daisuke era tan doloroso que su iris se apagó junto con su mente para protegerse. Si sentir que había fallado a Clover ya estaba siendo insoportable, ver cómo estaba fallando ahora a Daisuke fue el último límite.

—Daisuke, ven, mírame —lo puso Yako en el suelo y se agachó a su altura, sujetándole la cabeza—. Mírame. Clover necesita que hagamos las cosas bien. Es muy importante pasar por este mal trago, hacer las cosas correctamente, y así cuando pase la tormenta podremos encontrar la solución más fácilmente. Escucha. No pasa nada, solamente vas a quedarte con tus abuelos una temporada. Te prometo que nada ni nadie te separará de tu padre ni de Clover, ¿de acuerdo? Pero ahora tenemos que ser pacientes. ¿Vale?

Daisuke asintió con la cabeza, entre sollozos.

—No te preocupes. Recuerda que tus abuelos te quieren. Estoy seguro de que al final de este problema podremos hablar con ellos y poner las cosas en orden. Sabes lo que tienes que decirles sobre lo que ha pasado con Clover, ¿verdad?

Daisuke volvió a asentir con la cabeza.

—Te quiero, hombrecito —lo abrazó Yako como despedida—. Deja que tus abuelos cuiden de ti un tiempo y yo te prometo que cuidaré de tu padre. Arreglaremos las cosas.

—¿Puedo… llamarlo por teléfono… y… y que me recoja del cole mañana… y jugar un rato por las tardes… y luego me lleva a casa de los abuelos a dormir? —preguntó entre respiraciones entrecortadas.

Yako miró un momento hacia arriba, hacia Riku. Esta se mantenía callada, procurando ser profesional y formal, pero en ese instante la vio secándose un ojo disimuladamente con el pulgar. A ella tampoco le gustaba esto. Pero tenía que cumplir con su trabajo.

—Creo que por unos días no podréis hacer eso —le respondió Yako al niño—. ¿Quieres proteger a tu familia, Dai?

—Más que todos los pasteles del mundo.

—Hm —sonrió—. Pues vamos cada uno a hacer nuestros diferentes deberes para salvarla. ¿Trato hecho? —le tendió un puño.

Daisuke asintió con la cabeza una vez más, un poco más tranquilo, y le chocó el puño. Luego Riku le agarró una mano, y Yako le fue dando el abrigo y la bufanda del niño.

—Vamos, pequeñín —le dijo ella—. Siento mucho este embrollo. Tus abuelos ya tienen en su casa ropa tuya, cepillo de dientes y demás, pero ¿quieres coger algo de aquí antes de irte?

Daisuke no podía pensar en eso ahora, seguía abrumado por la situación. Lo único que se le ocurrió fue soltarse de la mano de Riku, ir hacia su padre y abrazarse a sus piernas. Las despedidas en la familia Saehara eran muy importantes. Pero, esta vez, Brey no cumplió con esta norma. Seguía paralizado, ausente. Algo grave le pasaba, peor que antes. Yako no tenía ni idea de lo que era, pero temía que algo delatara su iris ante Riku o que ocurriera alguna anomalía. Al final, obligaron con suavidad al niño a soltar a Brey y Riku lo sacó de la casa.

En el rellano, Mei Ling estaba viendo aquello desde la puerta abierta de su casa, con los ojos rojos y tapándose la nariz y la boca con la mano, intentando que el niño no la viera llorar. Al otro lado del rellano, Eliam estaba igual de abatido, y a su lado, Drasik observaba todo aquello con desconcierto, y confuso, y preocupado, pues se estaba enterando de todo esto ahora y aún lo estaba procesando.

—Hermanos Jones —los llamó Riku—. Visto lo visto, he de posponer vuestra visita para otro día. Os informaré con antelación. Por favor, disculpad las molestias —se inclinó como disculpa y despedida.

Daisuke miró a Mei Ling y agitó la manita hacia ella para decirle adiós antes de meterse en el ascensor.

—Todo va a salir bien, pollito —se despidió Mei Ling, forzando una sonrisa—. Volveremos a vernos muy pronto. Pórtate bien, ¿vale?

Daisuke asintió y las puertas del ascensor se cerraron. Una vez se marcharon, Eliam, Drasik y Mei Ling corrieron a la vez hacia la puerta B para ver cómo estaba Brey, agitados, pero Yako se interpuso en el umbral, bloqueándolos.

—¿¡Pero qué cojones ha pasado!? —exclamó Drasik.

—Brey, lo siento mucho… —le decía Mei Ling.

—¡Tiene que haber alguna forma de que recupere a los niños! —decía Eliam.

Escuchando ese alboroto allá, Cleven, que se había escondido un tramo más abajo en las escaleras, estaba en shock. ¿Cuándo había desaparecido su prima? ¿Y cómo? ¿Que se había escapado? Eso no le cuadraba a Cleven. Aunque no llevaba mucho tiempo conociendo a sus primos, eso no le parecía propio de Clover. No lo entendía, esta mañana al salir de casa todo parecía en orden. «Clover… Dios mío, ¿dónde estás? Por favor, que esté bien esté donde esté, por favor… Clover… Oh, no, el tío Brey… Tiene que estar destrozado. ¿¡Cómo ha podido pasar esto!?».

—¡Silencio! —ordenó Yako, con una voz tan potente e inesperada, diferente a su voz habitual, que los demás se quedaron como piedras. Ahora que Daisuke no estaba, Yako dejó de esconder su auténtico estado de humor por toda esta situación—. Callaos tres segundos —les pidió, tocándose las sienes, intentando pensar.

Y realmente le bastaron tres segundos, pues lo primero que hizo fue ir corriendo hasta la terraza del salón y asomarse. Como esperaba, Riku estaba abajo con Daisuke, esperando en el borde la acera. Riku había venido en transporte público a hacer las visitas, pero para llevarse a Daisuke tenía que llamar a un vehículo de los servicios sociales, y este tardaría algunos minutos en llegar. Acto seguido, cogió un papel y un lápiz de los varios que había en la mesita del salón donde antes había estado Daisuke dibujando cosas y escribió algo a toda velocidad.

—No lo entiendo… —murmuró Brey, con la mirada perdida en el vacío, todavía inmóvil en la entrada—. ¿Quién…? El asistente que vino ayer… Yo no…

—Drasik —lo llamó Yako, acercándose a él a zancadas, y le tendió esa hoja doblada—. Dale estas instrucciones a cualquiera de nuestros almaati, cuanto antes.

—¿¡T… Tenemos almaati!? —brincó Drasik—. ¿¡Desde cuándo!? ¿¡Quiénes!?

—Desde el jueves pasado. Los mismos cuatro últimos que aguantaron con nosotros hasta poco después del exilio de Fuujin. Nuestro Segundo los reclutó de nuevo el otro día.

—Ah… Lenny y los otros… —recordó el Sui.

—Ahí tienes sus datos actuales de contacto. Corre y llévales esto, diles que es urgente, que lo hagan cuanto antes, y luego este papel debe ser calcinado.

Drasik asintió y acató la orden de su compañero enseguida. Se dirigió directo hacia las escaleras, pues podía bajar por ellas mucho más rápido que por los ascensores. Sin embargo, al saltar entero el primer tramo y aterrizar en el descansillo intermedio, se topó con Cleven ahí pegada a la pared. Ella, que no se esperaba esto ni le había dado tiempo a reaccionar, se quedó mirándolo, tiesa del susto.

—Princesa… —murmuró sorprendido Drasik, llamándola así ya por costumbre. Frunció el ceño, miró un momento hacia arriba, hacia el rellano donde estaban los demás, y luego de nuevo hacia Cleven—. ¿Qué hac…? ¿Has estado escuchando a escondidas?

—A… Apenas acabo de llegar y estaba oyendo que… —fue a responderle, pero no supo qué decir, estaba algo aturdida.

Drasik tampoco supo qué decir o hacer, y la situación se sintió un poco incómoda, pero recordó que tenía una orden urgente.

—Perdona, tengo prisa —la esquivó rápidamente, y saltó directamente por encima del pasamanos hacia el siguiente tramo de escaleras y fue bajando así hasta el final y perderse de vista.

Cleven se quedó pegada a la pared de la impresión, pero enseguida volvió a prestar atención a lo que oía ahí arriba en el rellano.

—Yako, ¿qué pasa? —le preguntó Mei Ling, viéndolo desde la entrada de la casa dirigirse a la mesa del comedor y abrir el laptop de Brey que reposaba sobre ella.

—Que esto ha sido definitivamente planeado —contestó, tecleando alterado en el ordenador—. ¿Alguien se lleva a Clover justo cuando tiene que venir la asistente social, haciendo que Brey pierda a ambos niños el mismo día? Vamos… Brey, el correo que recibiste donde te anunciaban la visita del sustituto, ¿dónde está? —le preguntó mientras lo buscaba por toda la lista en el email de su amigo, pero el rubio lo miró y seguía sin poder reaccionar—. ¿Qué fecha? ¡Brey!

El rubio hizo un gesto dubitativo, porque tenía que ser obvio que tenía que estar en la carpeta donde guardaba todos los correos de las Oficinas juntos, y tenía que ser el último o al menos uno de los últimos recibidos. Yako ya lo sabía, el problema era que no lo encontraba por ninguna parte.

—Lo han borrado a distancia para no rastrearlo —masculló Yako, y se acercó otra vez al Den con prisas—. Tiene que haber algo más, ¿te dejó alguna tarjeta, algún documento?

—Un mensaje ayer… en… —señaló el teléfono fijo, en la mesilla que había junto a un lateral del sofá.

Yako de nuevo fue corriendo ahí, pulsó un par de botones del aparato, mientras que con la otra mano sacaba su móvil del bolsillo y también lo preparaba.

—Hoti, analiza la voz del siguiente mensaje y las audiofrecuencias de canal. Cotéjala con tu base de datos de criminales registrados, miembros de la Asociación y exmiembros.

Eliam y Mei Ling escuchaban y observaban expectantes todo aquello.

—“Hola. Llamo de las oficinas de la Seguridad Social, soy Kori Nakamura. Este es un recordatorio para Brey Saehara de que la visita de la señorita Riku Ishida no podrá efectuarse el domingo por la tarde por asuntos personales. Por lo que, tal como se le informó por email el pasado jueves, la visita sigue en pie para hoy sábado a las seis y media de la tarde, y acudiré yo en sustitución de la señorita Ishida. Buenas tardes.”

—¿Qué voz repelente es esa? —dijo Eliam, pero Yako le hizo un gesto para que aguardase, atento a la Hoti de su móvil.

—“Imposible de cotejar. La voz emite entonaciones forzadas, cambios intencionados de timbre, tono y pronunciación. La persona llamó desde un teléfono desechable. Imposible rastrear.”

—Claro —dijo Yako con un gesto de fastidio, pues ya esperaba oír eso—. ¿Qué aspecto tenía el asistente de ayer, Brey?

—Pues… no… E-Era demasiado raro. Yo no quería ser irrespetuoso, pero… Vestía impecable y su actitud era correcta, pero su físico no era el más agraciado…

—¿Notaste algo artificial, prótesis, peluca, maquillaje…?

—Si llevaba algo de eso, no se notaba… todo parecía real, natural…

—Pues, o es alguien de verdad poco agraciado físicamente, o un experto en disfraces.

—¿¡Qué insinúas!? —se horrorizó Brey—. ¿¡Crees que ha sido él!? ¿¡Ha sido él quien se ha llevado a Clover!?

—Oh, no… —se horrorizaron Mei Ling y Eliam también.

«¿¡Qué!?» pensó Cleven. «¿¡Ese feo de ayer!? Pero… ¿No le habían dicho a Riku que Clover se había escapado? ¿Le han mentido a Riku? ¿¡Por qué!?».

—No lo descarto —le respondió Yako seriamente a su amigo, y corrió nuevamente a la entrada, esquivando a ambos humanos—. Brey, voy a bajar a hablar con la señorita Ishida antes de que se vaya, creo que puedo convencerla para que retrase la declaración. Intentaré ganarte tiempo, para que Joji y Norie no firmen todavía nada de la custodia ni te hagan ir a una vista judicial hasta que Clover sea encontrada. Espera aquí, vuelvo enseguida. Quedaos con él —les pidió a los otros dos, y fue hacia las escaleras.









89.
La auténtica asistente social

No pasó ni siquiera media hora cuando Eliam, que estaba frente a los ventanales de su salón observando la ciudad en silencio con un mate entre las manos que ya se le había quedado templado, se pegó el susto de su vida cuando apareció Drasik dándose un porrazo contra el cristal, rebotando y quedándose medio muerto en el balcón. Eliam dio tal bote que se cayó de espaldas y se derramó todo el mate por encima. Un segundo después, Drasik resucitó, se puso en pie y, con un chichón en la frente, abrió rápidamente la puerta corredera del balcón y pasó adentro con prisas.

—¿¡Por quééé!? —fue lo único que preguntó Eliam desde lo más profundo de sus pulmones, con la cara y el pelo empapados y llenos de yerba.

—¿¡Qué estás haciendo!? ¡Limpia ese estropicio! ¡Corre! —le dijo Drasik, mientras el chichón de su frente desaparecía en tres segundos por efecto del frío que producía su ya helada piel.

—¡Pero vos, tremendo renabo, ¿dónde demonios estabas?! ¿¡Por qué no respondiste nuestras llamadas!?

—¡No hay tiempo! —fue de un lado a otro recogiendo vasos de la mesa del salón, papeles del comedor, etcétera.

—¿¡Tenés idea de lo que le pasó a Raijin!? —insistió su hermano, levantándose del suelo.

—¿Qué, volvió a casa rebuznando rayos y truenos y quejándose sobre mí? ¡Novedad! —dijo con sarcasmo.

—¡No, Dras, esto es serio…! ¡Dras, ¿qué estás haciendo?! ¡Escuhame de una vez!

—¡Eliam! —se giró hacia él, mirándolo con ojos muy abiertos y sus pelos de loco—. ¡La asistente! ¿Recuerdas? ¡Está llegando ahora mismo! La vi desde la lejanía de milagro, ¡casi no llego a tiempo! Si no hubiera hoy tanto helicóptero volando por la ciudad, habría llegado antes. Tengo que cerrar la puerta de mi laboratorio… —se fue corriendo escaleras arriba.

—Ohm… mierda…

Eliam se quedó paralizado, lo había olvidado. Miró el reloj de su muñeca, y frunció el ceño. No… no podía ser. Venía con media hora de antelación. Estas visitas periódicas solían durar entre veinte y treinta minutos y solían llegar a la hora exacta. ¿Por qué venir media hora antes?

«Mierda… No… espera… ¿No irá a…?» palideció Eliam, teniendo un mal presentimiento, y corrió hasta la puerta de la entrada y observó el rellano a través de la mirilla. «No, no, calma, tiene que venir acá, tiene la visita sólo con nosotros hoy…».

Pero Drasik y Riku no eran los únicos que llegaron. Cleven dobló la esquina de la calle. Iba mirando al suelo, meditabunda. Había pasado un buen rato con sus compañeros de natación, pero en todo el camino de regreso no había podido parar de darle vueltas otra vez a lo que había visto esa mañana. Drasik conduciendo el coche de su tío ilegalmente, tramando algo entre los dos, su tío esfumándose en el aire como un rayo… Seguía sin estar segura de haberlo imaginado, pero gran parte de ella estaba segura de que no, que sus ojos habían visto lo que habían visto.

No obstante, algo llamó su atención. Reconoció desde la distancia una figura familiar entrando en ese momento por el portal de su edificio y dio un respingo de sorpresa.

—¡Ah! ¡Riku! —intentó alcanzarla, pero esta ya se había metido en el ascensor.

«¿Qué hace Riku aquí? ¡Si ya vinieron ayer a sustituirla! ¿Tiene visita con otra vivienda de aquí?» pensó Cleven. El otro ascensor también estaba ocupado por algún otro vecino, por lo que no tuvo más remedio que subir por las escaleras a toda prisa.

Cuando Eliam vio la puerta de uno de los ascensores abrirse, se cumplió lo que más temía. Riku, con su largo abrigo elegante y formal, su bolso y su carpeta en el brazo, se encaminó directamente hacia la puerta de Brey. En ese instante, Cleven llegó al quinto piso, sofocada, pero se detuvo antes de subir el último tramo y se asomó por la esquina de la pared, manteniéndose escondida, sin entender por qué Riku estaba ahí llamando ahora mismo a la puerta de su tío.

Dentro de la vivienda B, Yako, Brey y Daisuke se sobresaltaron al oír el timbre.

—Debe de ser Cleven —dijo Yako.

—Cleven tiene sus propias llaves —se extrañó Brey.

—¿Se las ha podido dejar? O quizá sea Mei o Eliam. Tranquilo, yo me encargo, quédate aquí con Dai. Si es Cleven, yo se lo explico.

«¡Ay, no!» pensó Eliam al ver aquello por la mirilla, y abrió su puerta rápidamente.

—¡Señorita Ishida, esper-…!

Pero no llegó a tiempo, porque Yako ya abrió la puerta de Brey.

—Oh… —Yako frunció el ceño al toparse con una desconocida.

«¡Anda! ¿Yako está en nuestra casa de visita?» pensó Cleven, observando desde su escondite.

—Buenas tardes —saludó Riku con una leve inclinación—. Soy Riku Ishida. Vengo a hacer la inspección. ¿Se encuentra Brey Saehara en el domicilio?

—¿Qué? —se horrorizó Yako.

—¡Señorita Ishida! —la llamó Eliam desde el umbral de su puerta—. Tiene la visita con Drasik y conmigo.

—Oh, hola, Eliam —lo saludó ella—. Sí, con vosotros tengo la visita dentro de media ahora, después de la de Brey.

—¡No, pero…! —Eliam no entendía y estaba igual de alarmado que Yako—. ¡Pero ya lo visitaron ayer! ¡Otro asistente!

—¿Qué? —se sorprendió Riku—. No, no… Chicos. No os confundáis. Ambas citas están claramente programadas para hoy, desde hace ya tiempo. Y tengo mucha prisa. Así que, por favor, señor… —miró a Yako.

—Moretti. Angelo Moretti —se presentó Yako.

—Si me permite pasar y hablar con Brey…

«¿Qué? ¿Por qué Yako le ha dado un nombre falso?» se sorprendió Cleven. «No, espera… He oído ese apellido antes. Kain me habló de la madre de Yako en la fiesta de su casa. Ese es el apellido de su madre».

—Espere, tiene que haber un error… —trató Yako de frenar a Riku, procurando mostrar por fuera toda la normalidad posible.

Sin embargo, Brey acabó oyendo y reconociendo la voz de Riku. Le invadió el pánico, no podía ser. Cargando en brazos a Daisuke, se acercó corriendo a la entrada.

—¿¡Ishida!? —exclamó, blanco como el papel—. Pero… ¿¡Qué hace aquí!?

—¿Cómo que qué hago aquí? Brey, teníamos la visita ahora. La confirmaste hace una semana en el correo. No se te ha podido olvidar.

—¡No…! ¡Pero…! ¡Me mandó un sustituto ayer!

—Yo no envié a nadie. Ni yo ni las oficinas. ¿Se puede saber de dónde viene tanto lío? Mira, de todas formas, ya he venido, y tengo bastante prisa. No pasa nada si tienes la casa desordenada y se te ha olvidado hacer limpieza, Brey, de verdad. He visto a miles de familias viviendo con niños pequeños y sé lo que es. No te voy a bajar puntos por eso. Sólo vengo a hacer revisión de las cosas más importantes del entorno y una sencilla entrevista a los tres, como la última vez. ¿Vale? Venga —apremió, entrando en la vivienda, y Yako tuvo que dejarla pasar, sin saber qué hacer para arreglar este imprevisto—. Daisuke, hola, ¿te acuerdas de mí? —lo saludó con una sonrisa amigable.

Pero Daisuke, en los brazos de su padre, la miraba preocupado, no muy seguro de si lo que estaba pasando era bueno o malo, pero ver las caras ya intranquilas de Yako y de su padre le daba mala espina. Riku arrugó el ceño al no recibir respuesta del niño, pero no le dio mucha importancia y caminó hacia el salón.

—No… Riku, espera… —a Brey le tembló la voz, porque sabía lo que venía, algo que llevaba cinco años siendo una de sus mayores pesadillas.

Su iris colapsó, no había forma de tratar esto, de llevarlo por otro camino, de persuadir a Riku de algún modo.

—De primeras todo se ve bien —comentó ella, apuntando algo en su carpeta, y se giró hacia él—. ¿Dónde está Clover? Llámala, por favor, me gustaría empezar con la entrevista y así nos la quitamos de encima.

Brey no pudo contestar. No pudo moverse siquiera. Por eso, Yako decidió intervenir y actuar por él, y era mejor hacer las cosas bien aunque eso significase afrontar otra desgracia. De todas formas, Riku ya se dio cuenta de la tensión a su alrededor.

—Dios mío… —miró a uno y a otro—. ¿Qué ha pasado? Decidme, ¿qué ha pasado? ¿Dónde está la niña?

—Verá… Clover se ha escapado esta madrugada. Está perdida —le respondió Yako.

Cleven se llevó las manos a la boca para ahogar un respingo. «¿¡Qué!? ¿¡Clover está desaparecida!? No… No puede ser verdad…».

—¿¡Qué!? ¿¡Cómo que se ha escapado!? —se escandalizó Riku—. ¿¡Por qué se ha escapado!? ¡Brey! ¿¡Qué la ha empujado a hacer eso!?

—No… No lo sé…

—¿¡Ha recibido algún daño!? Más vale que me informes de ello ahora mismo y me digas la verdad, Brey, porque si las oficinas descubren más tarde que la niña ha sufrido algo que no debería…

—¡No, nada de eso! ¡No ha sufrido ningún problema, no le ha pasado nada previo…!

—Papá… —sollozó Daisuke, empezando a angustiarse de nuevo entre los gritos de ambos.

—¡Y la policía! ¿Ha sido informada? —insistió Riku.

—Sí, ya está informada, ya están buscándola —le dijo Yako—. Brey ya ha hablado con ellos y todo apunta a que algo ha podido asustarla por la noche mientras dormía.

—Dios mío, pobre niña, ¿cuándo os habéis enterado? ¿Por dónde la habéis buscado vosotros ya?

—Por todas partes. El pequeño Dai vio por la mañana que ella no estaba en su cama ni por ningún lado.

—Si se ha asustado por algo y no ha ido a la casa de Agatha ni de ningún otro vecino, ¿ha podido intentar irse a la casa de sus abuelos? Brey, ¿están los señores Saitou al corriente?

Brey no podía responder, ni siquiera podía respirar con normalidad. Cerró los ojos y agachó la cabeza.

—Ay, Dios… —resopló Riku, intentando no perder los nervios—. De acuerdo. Escucha. Tengo que informar a las oficinas de esto, no tengo otra opción, lo siento. Tengo el deber de poner en contacto a las oficinas con la policía para que se mantengan al corriente. Pero también tengo que cumplir con la cláusula legal.

—No… —le rogó Brey.

—Sé que esto es lo último que quieres, pero no tengo más remedio. Debo cumplir con lo estipulado, y si no lo hago yo, vendrá otro asistente a hacerlo.

—Riku, por favor…

—No lo hagas más difícil, Brey —le rogó ella a él—. No me complace esto, te lo aseguro. Pero quiero evitarte peores problemas. Sabes cómo funciona. En cuanto este caso llegue a conocimiento de las oficinas, Joji y Norie serán informados de la situación. Vuestros abogados ya firmaron las condiciones de la custodia hace cinco años, Brey, no se puede cambiar. Los incidentes de gravedad ya fueron acordados y el de esta clase es uno de ellos.

—Dame tiempo, encontraré a Clover enseguida, sólo necesito…

—Sabes que eso no importa, el incidente de gravedad ya ha ocurrido. No hay forma de que Joji y Norie te permitan quedarte con Daisuke ahora. Ahora ellos tienen derecho de sancionarte y anular tu custodia. Vamos… Deja a Daisuke en el suelo.

—No…

—Papá… —lloró el pequeño.

—Si no me lo llevo yo ahora, Joji y Norie te enviarán a sus abogados o a otros agentes y te pondrán una falta por retenerlo en contra de la primera orden, que soy yo, ¿entiendes? No puede estar contigo ahora. De hecho, ahora no puedes tener a ningún menor a tu cargo. Daisuke debe quedarse en casa de sus abuelos, al menos hasta que Clover sea encontrada y volváis a abrir una nueva disputa por la custodia.

Esto ya lo destrozó. Y era algo contra lo que no podía luchar sin empeorarlo aún más. Algo se rompió dentro de Brey, una cuerda que ya había estado pendiendo de un hilo.

—Brey, lo siento —le dijo Yako, procurando mantener las fuerzas que él ya no tenía. Se acercó a él para hablarle en voz baja, y posó las manos sobre Daisuke, incitándole a soltarlo—. Haz lo que te dice. Podemos solucionarlo más adelante. Te lo prometo, yo te lo solucionaré. Pero para eso ahora tenemos que cumplir y no crear más problemas.

—¡No! —exclamó Daisuke, agarrándose fuerte al cuello de Brey—. Papá, no dejes que me lleven a casa de los abuelos, quiero estar contigo, quiero estar aquí cuando Clover vuelva, quiero esperarla aquí… Por favor, papá…

Brey ya no respondía. Tenía la mirada ida. Oír las súplicas de Daisuke era tan doloroso que su iris se apagó junto con su mente para protegerse. Si sentir que había fallado a Clover ya estaba siendo insoportable, ver cómo estaba fallando ahora a Daisuke fue el último límite.

—Daisuke, ven, mírame —lo puso Yako en el suelo y se agachó a su altura, sujetándole la cabeza—. Mírame. Clover necesita que hagamos las cosas bien. Es muy importante pasar por este mal trago, hacer las cosas correctamente, y así cuando pase la tormenta podremos encontrar la solución más fácilmente. Escucha. No pasa nada, solamente vas a quedarte con tus abuelos una temporada. Te prometo que nada ni nadie te separará de tu padre ni de Clover, ¿de acuerdo? Pero ahora tenemos que ser pacientes. ¿Vale?

Daisuke asintió con la cabeza, entre sollozos.

—No te preocupes. Recuerda que tus abuelos te quieren. Estoy seguro de que al final de este problema podremos hablar con ellos y poner las cosas en orden. Sabes lo que tienes que decirles sobre lo que ha pasado con Clover, ¿verdad?

Daisuke volvió a asentir con la cabeza.

—Te quiero, hombrecito —lo abrazó Yako como despedida—. Deja que tus abuelos cuiden de ti un tiempo y yo te prometo que cuidaré de tu padre. Arreglaremos las cosas.

—¿Puedo… llamarlo por teléfono… y… y que me recoja del cole mañana… y jugar un rato por las tardes… y luego me lleva a casa de los abuelos a dormir? —preguntó entre respiraciones entrecortadas.

Yako miró un momento hacia arriba, hacia Riku. Esta se mantenía callada, procurando ser profesional y formal, pero en ese instante la vio secándose un ojo disimuladamente con el pulgar. A ella tampoco le gustaba esto. Pero tenía que cumplir con su trabajo.

—Creo que por unos días no podréis hacer eso —le respondió Yako al niño—. ¿Quieres proteger a tu familia, Dai?

—Más que todos los pasteles del mundo.

—Hm —sonrió—. Pues vamos cada uno a hacer nuestros diferentes deberes para salvarla. ¿Trato hecho? —le tendió un puño.

Daisuke asintió con la cabeza una vez más, un poco más tranquilo, y le chocó el puño. Luego Riku le agarró una mano, y Yako le fue dando el abrigo y la bufanda del niño.

—Vamos, pequeñín —le dijo ella—. Siento mucho este embrollo. Tus abuelos ya tienen en su casa ropa tuya, cepillo de dientes y demás, pero ¿quieres coger algo de aquí antes de irte?

Daisuke no podía pensar en eso ahora, seguía abrumado por la situación. Lo único que se le ocurrió fue soltarse de la mano de Riku, ir hacia su padre y abrazarse a sus piernas. Las despedidas en la familia Saehara eran muy importantes. Pero, esta vez, Brey no cumplió con esta norma. Seguía paralizado, ausente. Algo grave le pasaba, peor que antes. Yako no tenía ni idea de lo que era, pero temía que algo delatara su iris ante Riku o que ocurriera alguna anomalía. Al final, obligaron con suavidad al niño a soltar a Brey y Riku lo sacó de la casa.

En el rellano, Mei Ling estaba viendo aquello desde la puerta abierta de su casa, con los ojos rojos y tapándose la nariz y la boca con la mano, intentando que el niño no la viera llorar. Al otro lado del rellano, Eliam estaba igual de abatido, y a su lado, Drasik observaba todo aquello con desconcierto, y confuso, y preocupado, pues se estaba enterando de todo esto ahora y aún lo estaba procesando.

—Hermanos Jones —los llamó Riku—. Visto lo visto, he de posponer vuestra visita para otro día. Os informaré con antelación. Por favor, disculpad las molestias —se inclinó como disculpa y despedida.

Daisuke miró a Mei Ling y agitó la manita hacia ella para decirle adiós antes de meterse en el ascensor.

—Todo va a salir bien, pollito —se despidió Mei Ling, forzando una sonrisa—. Volveremos a vernos muy pronto. Pórtate bien, ¿vale?

Daisuke asintió y las puertas del ascensor se cerraron. Una vez se marcharon, Eliam, Drasik y Mei Ling corrieron a la vez hacia la puerta B para ver cómo estaba Brey, agitados, pero Yako se interpuso en el umbral, bloqueándolos.

—¿¡Pero qué cojones ha pasado!? —exclamó Drasik.

—Brey, lo siento mucho… —le decía Mei Ling.

—¡Tiene que haber alguna forma de que recupere a los niños! —decía Eliam.

Escuchando ese alboroto allá, Cleven, que se había escondido un tramo más abajo en las escaleras, estaba en shock. ¿Cuándo había desaparecido su prima? ¿Y cómo? ¿Que se había escapado? Eso no le cuadraba a Cleven. Aunque no llevaba mucho tiempo conociendo a sus primos, eso no le parecía propio de Clover. No lo entendía, esta mañana al salir de casa todo parecía en orden. «Clover… Dios mío, ¿dónde estás? Por favor, que esté bien esté donde esté, por favor… Clover… Oh, no, el tío Brey… Tiene que estar destrozado. ¿¡Cómo ha podido pasar esto!?».

—¡Silencio! —ordenó Yako, con una voz tan potente e inesperada, diferente a su voz habitual, que los demás se quedaron como piedras. Ahora que Daisuke no estaba, Yako dejó de esconder su auténtico estado de humor por toda esta situación—. Callaos tres segundos —les pidió, tocándose las sienes, intentando pensar.

Y realmente le bastaron tres segundos, pues lo primero que hizo fue ir corriendo hasta la terraza del salón y asomarse. Como esperaba, Riku estaba abajo con Daisuke, esperando en el borde la acera. Riku había venido en transporte público a hacer las visitas, pero para llevarse a Daisuke tenía que llamar a un vehículo de los servicios sociales, y este tardaría algunos minutos en llegar. Acto seguido, cogió un papel y un lápiz de los varios que había en la mesita del salón donde antes había estado Daisuke dibujando cosas y escribió algo a toda velocidad.

—No lo entiendo… —murmuró Brey, con la mirada perdida en el vacío, todavía inmóvil en la entrada—. ¿Quién…? El asistente que vino ayer… Yo no…

—Drasik —lo llamó Yako, acercándose a él a zancadas, y le tendió esa hoja doblada—. Dale estas instrucciones a cualquiera de nuestros almaati, cuanto antes.

—¿¡T… Tenemos almaati!? —brincó Drasik—. ¿¡Desde cuándo!? ¿¡Quiénes!?

—Desde el jueves pasado. Los mismos cuatro últimos que aguantaron con nosotros hasta poco después del exilio de Fuujin. Nuestro Segundo los reclutó de nuevo el otro día.

—Ah… Lenny y los otros… —recordó el Sui.

—Ahí tienes sus datos actuales de contacto. Corre y llévales esto, diles que es urgente, que lo hagan cuanto antes, y luego este papel debe ser calcinado.

Drasik asintió y acató la orden de su compañero enseguida. Se dirigió directo hacia las escaleras, pues podía bajar por ellas mucho más rápido que por los ascensores. Sin embargo, al saltar entero el primer tramo y aterrizar en el descansillo intermedio, se topó con Cleven ahí pegada a la pared. Ella, que no se esperaba esto ni le había dado tiempo a reaccionar, se quedó mirándolo, tiesa del susto.

—Princesa… —murmuró sorprendido Drasik, llamándola así ya por costumbre. Frunció el ceño, miró un momento hacia arriba, hacia el rellano donde estaban los demás, y luego de nuevo hacia Cleven—. ¿Qué hac…? ¿Has estado escuchando a escondidas?

—A… Apenas acabo de llegar y estaba oyendo que… —fue a responderle, pero no supo qué decir, estaba algo aturdida.

Drasik tampoco supo qué decir o hacer, y la situación se sintió un poco incómoda, pero recordó que tenía una orden urgente.

—Perdona, tengo prisa —la esquivó rápidamente, y saltó directamente por encima del pasamanos hacia el siguiente tramo de escaleras y fue bajando así hasta el final y perderse de vista.

Cleven se quedó pegada a la pared de la impresión, pero enseguida volvió a prestar atención a lo que oía ahí arriba en el rellano.

—Yako, ¿qué pasa? —le preguntó Mei Ling, viéndolo desde la entrada de la casa dirigirse a la mesa del comedor y abrir el laptop de Brey que reposaba sobre ella.

—Que esto ha sido definitivamente planeado —contestó, tecleando alterado en el ordenador—. ¿Alguien se lleva a Clover justo cuando tiene que venir la asistente social, haciendo que Brey pierda a ambos niños el mismo día? Vamos… Brey, el correo que recibiste donde te anunciaban la visita del sustituto, ¿dónde está? —le preguntó mientras lo buscaba por toda la lista en el email de su amigo, pero el rubio lo miró y seguía sin poder reaccionar—. ¿Qué fecha? ¡Brey!

El rubio hizo un gesto dubitativo, porque tenía que ser obvio que tenía que estar en la carpeta donde guardaba todos los correos de las Oficinas juntos, y tenía que ser el último o al menos uno de los últimos recibidos. Yako ya lo sabía, el problema era que no lo encontraba por ninguna parte.

—Lo han borrado a distancia para no rastrearlo —masculló Yako, y se acercó otra vez al Den con prisas—. Tiene que haber algo más, ¿te dejó alguna tarjeta, algún documento?

—Un mensaje ayer… en… —señaló el teléfono fijo, en la mesilla que había junto a un lateral del sofá.

Yako de nuevo fue corriendo ahí, pulsó un par de botones del aparato, mientras que con la otra mano sacaba su móvil del bolsillo y también lo preparaba.

—Hoti, analiza la voz del siguiente mensaje y las audiofrecuencias de canal. Cotéjala con tu base de datos de criminales registrados, miembros de la Asociación y exmiembros.

Eliam y Mei Ling escuchaban y observaban expectantes todo aquello.

—“Hola. Llamo de las oficinas de la Seguridad Social, soy Kori Nakamura. Este es un recordatorio para Brey Saehara de que la visita de la señorita Riku Ishida no podrá efectuarse el domingo por la tarde por asuntos personales. Por lo que, tal como se le informó por email el pasado jueves, la visita sigue en pie para hoy sábado a las seis y media de la tarde, y acudiré yo en sustitución de la señorita Ishida. Buenas tardes.”

—¿Qué voz repelente es esa? —dijo Eliam, pero Yako le hizo un gesto para que aguardase, atento a la Hoti de su móvil.

—“Imposible de cotejar. La voz emite entonaciones forzadas, cambios intencionados de timbre, tono y pronunciación. La persona llamó desde un teléfono desechable. Imposible rastrear.”

—Claro —dijo Yako con un gesto de fastidio, pues ya esperaba oír eso—. ¿Qué aspecto tenía el asistente de ayer, Brey?

—Pues… no… E-Era demasiado raro. Yo no quería ser irrespetuoso, pero… Vestía impecable y su actitud era correcta, pero su físico no era el más agraciado…

—¿Notaste algo artificial, prótesis, peluca, maquillaje…?

—Si llevaba algo de eso, no se notaba… todo parecía real, natural…

—Pues, o es alguien de verdad poco agraciado físicamente, o un experto en disfraces.

—¿¡Qué insinúas!? —se horrorizó Brey—. ¿¡Crees que ha sido él!? ¿¡Ha sido él quien se ha llevado a Clover!?

—Oh, no… —se horrorizaron Mei Ling y Eliam también.

«¿¡Qué!?» pensó Cleven. «¿¡Ese feo de ayer!? Pero… ¿No le habían dicho a Riku que Clover se había escapado? ¿Le han mentido a Riku? ¿¡Por qué!?».

—No lo descarto —le respondió Yako seriamente a su amigo, y corrió nuevamente a la entrada, esquivando a ambos humanos—. Brey, voy a bajar a hablar con la señorita Ishida antes de que se vaya, creo que puedo convencerla para que retrase la declaración. Intentaré ganarte tiempo, para que Joji y Norie no firmen todavía nada de la custodia ni te hagan ir a una vista judicial hasta que Clover sea encontrada. Espera aquí, vuelvo enseguida. Quedaos con él —les pidió a los otros dos, y fue hacia las escaleras.





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