2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __
—¿¡Qué!? ¿¡Una tercera taimu!? —exclamaron algunos.
—¿¡Ha estado oculta por ahí!? ¿¡Cuánto tiempo!? —se alarmaron otros.
—¡Denzel! —saltó Yako, horripilado por la noticia—. ¿¡Lo sabe Alvion!? ¡La Asociación debe conocer este dato, cuanto antes! ¡Hay que tenerla localizada!
—¡No, Yako! —le pidió este, haciéndole un gesto de calma—. No sabemos hasta qué punto difundir esta noticia puede poner en peligro a toda la Asociación. No sabemos con qué gente o qué seres anda involucrada. Sakura y los otros, ¿qué es lo que visteis anoche?
—Drasik la vio —aclaró Kyo—. Sakura y yo estábamos noqueados en ese momento.
—Apareció una niña de la nada, con un mechón blanco y un gorro cubriendo su cabeza hasta su nariz —explicó Drasik—. Viernes y los otros hicieron contacto físico con ella y desaparecieron, igual que un teletransporte.
—Esa misma es la que vimos atacándote en nuestra época —le dijo Owen a su padre.
—¿Cómo no has podido descubrirla antes? —le preguntó Effie—. Creía que los dioses os obligaban a Agatha y a ti tener una estricta vigilancia sobre la descendencia.
—Eso es algo que no he conseguido averiguar aún —dijo Denzel—. Lo que ha sucedido, es que esa taimu viajó al pasado, a una fecha y lugar donde yo me encontraba reunido con mi familia entera. Celebrábamos mi cumpleaños. Y por eso ella eligió ese momento. Como sabéis, Agatha y yo, a partir del día de nuestros respectivos cumpleaños, pasamos tres semanas con nuestro don anulado para recibir la recarga energética anual con la que los dioses nos mantienen vivos. Somos vulnerables durante 21 días.
»Esa taimu me atacó en mi casa, aprovechando un momento en que estaba apartado de mi familia, y no pude defenderme. Sin embargo, al parecer ella pasó por alto que yo en ese momento no me encontraba solo del todo. Estaba con Daniel, mi nieto mayor, de 10 años por aquel entonces —dijo mirando un momento a Link—. Él pudo correr a la casa principal y dar la alarma a mis hijos. “Los ocho” vinieron en mi ayuda, se enfrentaron a la atacante, y ahí es cuando sucedió el salto en el tiempo. Creemos que fue accidental, durante el intento de esa taimu de escapar. En cualquier caso, intentaba matarme. Pero tengo razones para creer que no por decisión propia.
Los demás fruncieron el ceño. Excepto Pipi, que miró de repente a Neuval.
—Creo que al final vas a tener razón con esa teoría —le susurró sorprendido.
—¿Sobre qué? —preguntó Brey, que lo había oído, y miró a su cuñado esperando una respuesta.
Pero Neuval no apartaba una mirada seria de Denzel.
—Está haciendo un Pacto. ¿Verdad? —le preguntó el Fuu entonces al profesor.
—Eso me temo —afirmó Denzel, agachando la cabeza.
—¿Qué? ¿Qué es eso? —preguntaron los demás.
—¿Qué quiere decir?
—Espera… —dijo Yako, alarmado—. Denzel… ¿te refieres a…?
—A esa mala práctica que Agatha y yo solíamos hacer en otros tiempos, alguna que otra vez. Pocos iris saben sobre ello, como vuestros maestros —señaló brevemente a Pipi y a Neuval—. Y los Zou —miró a Yako.
—¿En qué consiste? —le preguntó Kyo.
—Podemos prestar nuestro don, temporalmente, al servicio personal de alguien. Si lo hacemos, es porque nosotros también queremos a cambio algo valioso o un favor de esa persona.
—Espera, espera —lo frenó Drasik, perplejo—. ¿Dices que ha habido personas… a lo largo de los últimos siglos… que os han tenido bajo su poder, pudiendo ordenaros hacer cualquier cosa con vuestro don?
—No cualquier cosa —discrepó Denzel—. Por supuesto, está limitado. De no estarlo, los dioses no nos habrían dejado existir siquiera. Los dioses le dieron esta capacidad a Agatha, que luego yo heredé, teniendo en cuenta que nos ponían a vivir durante siglos en este mundo lleno de peligros naturales y de humanos imprevisibles. En momentos malos, de peligro o de necesidad, el Pacto servía como un mecanismo de supervivencia. La persona con quien hacemos el Pacto se convierte en nuestro “amo” temporalmente. Tras realizar un pequeño procedimiento de transmisión de energía, la mitad de nuestro don se queda dentro de él como fianza. Pero él no puede usarlo. Solamente retenerlo.
—¿Cómo es… ese “pequeño procedimiento”? —quiso saber Effie, que había captado una ligera incomodidad en la voz de Denzel al mencionarlo.
—Eso no es importante ahora —hizo un gesto con la mano—. Del amo, nosotros podíamos pedir, por ejemplo, dinero, refugio, información, documentos falsos con los que poder seguir manteniendo nuestra identidad protegida al paso de los siglos de un país a otro… Y de nosotros, él nos pedía hacer uso de nuestro don para conseguir algo también, pero tenía prohibidos algunos usos, prohibiciones impuestas por los dioses: el viaje en el tiempo como interventor y no como observador, es decir, viajar al pasado para intervenir con algo o alguien y producir con ello un cambio irremediable con una nueva línea temporal a la que originalmente dirigía el dios Kero; y también, el teletransporte del amo a cualquier lugar que suponga para él una muerte inmediata, como el fondo del mar, o dentro de un volcán activo, o la Luna…
—¿¡Posta!? —saltó Drasik—. ¿¡Podéis teletransportaros a la Luna!?
—Otras limitaciones a tener en cuenta es que nosotros, al haber cedido la mitad del don, sólo teníamos la mitad de nuestra fuerza. Y esto es lo que me ha llevado a creer que la nueva taimu está en medio de un Pacto. Según el testimonio de mis hijos, que la vieron en su época en un momento previo al ataque en mi casa, tenía dificultades para orientarse en el espacio y el tiempo. Es imposible que a un taimu le pase eso, a no ser que haya perdido la mitad del don, que es lo que pasa con un Pacto.
Los demás asintieron, comprendiendo mejor ahora.
—Por otro lado, si el amo nos mandaba hacer algo que requiriese una gran cantidad de energía de nuestro don, por ejemplo, por encima de esa mitad que nosotros conservábamos, él podía transmitírnosla de la mitad que él retenía como fianza. Tras hacer ese esfuerzo podía quedar energía insuficiente para un nuevo uso temprano. En este caso, el amo tiene que esperar a que se recargue la energía de la mitad del don que él contiene como fianza.
—¿Cómo se le recarga esa energía? ¿Por sí sola? —preguntó Sakura.
—La mitad del don dentro del amo, si se ve menguada, tiende a absorber automáticamente la energía Yin del propio amo. Concretamente, la energía Yin que conforma su tiempo de vida biológica, ya que, como sabéis, el tiempo de vida o existencia de cualquier ser vivo o inerte es una energía Yin. Es un pequeño precio a pagar para el amo si quiere hacer un uso excesivo del don. Aunque no le quita demasiado tiempo. Por cada recarga, puede perder entre seis meses o un año de vitalidad.
—O sea, ¿que muere antes de lo que está destinado biológicamente? Independientemente de si él al final se muere porque alguien lo mata o porque tiene un accidente de tráfico… ¿Se le adelanta la vejez un año? —preguntó Drasik, y Denzel asintió.
—Nosotros también sufrimos una secuela. Forma parte del mecanismo, para evitar que hiciéramos Pactos con los humanos en exceso y no nos acostumbráramos. Nuestro cuerpo sufre si hacemos demasiados Pactos de forma muy seguida. Se ralentiza nuestro crecimiento o envejecimiento físico, pero conllevando al mismo tiempo a ir perdiendo vitalidad.
—¿Cómo? ¿Si hacéis demasiados pactos con frecuencia os vais muriendo? —creyó entender Kyo.
—Es un desgaste —asintió Denzel—. Todo acerca de este don… tiene un precio —suspiró amargamente—. Por eso, hace ya un par de siglos, cuando los dioses consideraron que ese mecanismo de supervivencia ya no nos hacía ninguna falta porque estábamos bien cuidados y protegidos con los recursos de la Asociación, nos prohibieron hacer más Pactos.
En ese momento, los gemelos James y Lu Kai se inclinaron sobre sus sillas, poniéndose delante de Denzel para dirigirle dos miradas idénticas muy evocativas. Denzel se puso nervioso, recordando esa parte del interrogatorio al que ambos lo sometieron el otro día cuando los encontró y los trajo a casa. Ahora que Denzel había explicado esto, los gemelos ya sabían la respuesta, y que su padre mintió o lo omitió el otro día, y esas miradas eran para indicarle que lo reconociera. Aun así, Denzel les hizo un gesto severo, diciéndoles que ahora no era momento.
—Una vez que ambos han cumplido su parte del trato, el Pacto termina y el taimu absorbe de vuelta la mitad del don que retenía el amo —concluyó el profesor—. Os he explicado esto porque a estas alturas estoy convencido de que esa nueva taimu está haciendo un Pacto con alguien. Eso significa que no es ella la que está orquestando los sucesos de las dos últimas semanas. Viajó al pasado para intentar matarme por orden de su actual amo temporal. Un plan que gracias a “los ocho” no le salió bien. Y lo de llevarse anoche a Viernes junto a mis hijas… sin duda, está trabajando para ellos. La ARS está usando a esta taimu.
—Entonces es eso, ¿no? Es Viernes. Su ama temporal —dijo Sakura—. Es Viernes la que está detrás de todo esto.
—No —objetó Neuval, y esa respuesta dejó a todos mudos, mirándolo entre confusos e intrigados—. No es ella.
—¿Quién sino va a ser? —protestó Effie.
—¿Por qué creéis que la ARS ha podido hacer todos estos actos de traición sin que Alvion los detuviera? —dijo Pipi—. Porque Alvion ni siquiera está captando sus brotes de majin. Una RS entera, con todos sus miembros enfermos, actuando bajo un larguísimo brote de majin que no desaparece.
—Aquí tengo algo que decir —intervino Yagami, levantando una mano, y todos prestaron atención—. En mi estancia en el Monte le pregunté a Alvion en persona si no había notado o no estaba notando nada raro en los iris de los miembros de la ARS. Sabemos que Alvion no puede estar consciente de lo que hacen tres millones de iris a la vez, pero hizo un intento delante de mí, se concentró para analizar el estado de los iris de la ARS. No pudo conectar bien con ninguno.
—¿Cómo? —se alarmó Effie.
—Es decir… Sí que seguía sintiendo la conexión vigente con ellos. Pero era tan débil que no podía percibir nada más allá, ni sus estados mentales, ni sus ubicaciones, ni lo que hacían, ni nada. Pero hay una posible razón detrás de esto.
—Yagami… —lo llamó Yako, algo nervioso.
—Yako. Creo que todos deberían saberlo ya —terció este.
—¿¡Saber el qué!? —saltaron preocupados los demás.
—Alvion no quiere que se difunda esta noticia todavía —insistió Yako.
—Espera, ¿a qué os referís? —se sorprendió Neuval.
—Basta —se hizo oír Agatha desde su silla, callando a todos—. Dejaos ya de tratar la información con tanta delicadeza. Este es el peor momento para omitir datos cruciales. Necesitamos saber todo lo posible sobre todas las hipótesis y probabilidades, ¿entendéis? —dijo esto mirando con sus ojos cerrados hacia Yako precisamente, el cual acabó agachando la cabeza con pesar—. Ya os lo digo yo. Que ya llevo viviendo lo mismo con muchos Zou y sé cuándo la salud de uno ya está decayendo.
—¿Qué? —se horrorizó Sakura, y todos los demás también.
—Alvion ya está muy mayor —asintió Agatha—. Su salud física ya ha cruzado el umbral.
—No… —murmuraron unos.
—Mierda… —dijo Pipi.
—¿Cuánto tiempo le puede quedar? —preguntó Waine, abriendo la boca por fin.
—Según los médicos del Monte, entre varios meses y un par de años —respondió Yagami.
De repente todos se pusieron a hablar a la vez, alterados, expresando su consternación. Sin duda, esta noticia era devastadora para todos ellos. Los únicos que estaban en silencio eran Neuval y Yako. Yako dejó salir un suspiro estresado. Este tema le estaba carcomiendo desde su visita al Monte Zou, desde que monk Knive le reveló lo de la salud de su abuelo.
Miró hacia arriba al notar el silencio de su maestro, que seguía ahí en pie en el extremo de las mesas. Le sorprendió encontrarlo con esa mirada. Sus ojos grises apuntaban al vacío, pero temblaban ligeramente, como si le estuviera costando asimilar esta noticia más que nadie en el mundo. Incluso Cleven podía verlo desde la distancia, intrigada.
Yako sabía la verdad sobre la relación entre Neuval y su abuelo. Por eso nunca le molestó que Neuval siempre tratara a Alvion con nulo respeto o le hiciera burlas o bromas. El propio Neuval lo había disimulado toda la vida por su afán de rebelarse siempre contra las autoridades y odiar tener a alguien encima o un superior dándole órdenes. Pero, en realidad, tenía a Alvion en muy alta estima y sentía una enorme admiración por él, por ser el único Zou en llevar las cosas por un camino diferente que Neuval también defendía, en contra del tradicional y más radical modo de actuar de los Zou y los iris pasados.
Sin embargo, de repente Neuval cerró los ojos y tomó aire.
—No es por su salud —murmuró. Esta vez, su voz sonó tan débil que nadie lo oyó.
—Escuchad —dijo Pipi bien alto, y todos se callaron—. La salud de Alvion no es el motivo. Aunque Alvion estuviera en su mejor estado de salud, seguiría sin poder detectar la gravedad de los majin de la ARS.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque yo poseo la Técnica de Localización. ¿No se os ha ocurrido que yo ya he intentado con todas mis fuerzas localizar a Viernes y al resto de su ARS tras saber del secuestro de las taimuki?
—Mierda, es cierto… —murmuró sorprendido Drasik—. No jodas… ¿¡No te ha funcionado!?
—Ha sido imposible —afirmó Pipi—. Lo cual deja una única explicación. Todos los de la ARS están usando la Técnica de Desvío.
—¡La de Desvío! —repitió Effie—. ¡Pero si sólo el canalla de Neuval puede hacerla, él la creó para sí mismo!
—¿Cómo saben ellos hacerla…?
—¿Maestro? —lo llamó Nakuru, que, junto a los demás, lo miraron esperando una explicación a esto.
—Neuval, díselo —le dijo Pipi—. Le enseñaste en secreto esa Técnica a una sola persona en el mundo y no es Viernes. Es la persona que está detrás de ellos, dándoles las órdenes. Es hora de ponerlo todo sobre la mesa.
Esto era duro para Neuval. No sólo por arrepentirse del día que decidió enseñar esa Técnica a otra persona, sino también por quién era esa persona y lo que significó para todos ellos en el pasado. Sobre todo para Brey. Y esa mirada lo delató. Brey ya llevaba treinta segundos con la vista estática en él, no esperando la respuesta, sino oliéndosela. Y cuando Neuval movió los ojos sutilmente hacia él, expresando esa especial aprensión por un familiar en común que sólo podía compartir con él, Brey se levantó de su silla, volcándola, y le negó a Neuval con la cabeza, suplicando que no fuera cierto. Los demás se sobresaltaron por este inesperado gesto del rubio.
—Le enseñé la Técnica a Ichi hace años —declaró Neuval finalmente—. Y os confirmo que Izan es ahora un arki. Lleva como mínimo tres semanas en Tokio, tramando algo, y sé que ha sido él quien está influyendo a Viernes y quien se llevó a Clover anoche. Ahora estoy seguro, también, de que es el amo temporal de la nueva taimu.
El local quedó reinado por un estruendoso silencio.
Y de pronto, todos estallaron a hablar entre ellos, formando alboroto, algunos sin querer creerlo, otros con rabia por ver confirmados los rumores que corrían por la Asociación desde hace años… Nakuru estaba muy afectada por la noticia, incluso Sam no podía esconder su aflicción. Kyo y Drasik intentaron hablar con ellos sobre el tema, confesando que lo habían estado ocultando hasta ahora por orden de Neuval.
El único silencio que se palpaba era el de Brey, clavándole una mirada contenida a Neuval, el cual ya se esperaba esta reacción. Entre ambos, Yako se puso en pie y alzó las manos hacia uno y hacia el otro, pidiendo calma.
—¿Tres semanas? —preguntó el rubio entonces.
—Brey… —intentó explicarle Neuval.
—¿Llevas todo ese tiempo sabiéndolo? No pensabas decírmelo nunca, ¿verdad?
—Por supuesto que pensaba decírtelo. Pero no hasta que supiera qué demonios estaba haciendo de vuelta en Tokio.
—¿¡Cómo lo vas a saber si no se lo preguntas!? ¿¡Lo viste!? ¿¡Y no te acercaste a él!? ¿¡O qué coño pasó!? ¿¡Cómo te enteraste de que había vuelto!?
—Brey, calma —le pidió Yako, llevándose una mano a la cabeza, notando la presión del iris de Brey en su propia mente, algo a lo que no estaba acostumbrado aún.
—No fue en una situación agradable —le aseguró Neuval, mostrando su enfado al respecto—. Fue Kyo quien se encontró con él. Ocurrió durante los días que pasó huyendo de la MRS para proteger nuestro pergamino. Kyo pasó una noche en el bar de carretera de Funabashi, ese que muchas veces usa la mafia para recoger objetos del mercado negro. Izan apareció allí para recoger un paquete. Vio a Kyo y lo sometió a una breve tortura por diversión.
—¿Qué…? —musitó Brey, quedándose pálido, y miró a Kyo.
—Es cierto —lamentó el joven Lao—. Lo siento, Brey, por no habértelo contado.
—¿Te… torturó? —seguía horripilado.
—Lo sometió a un extraño poder mental que nunca se ha visto antes —le informó Neuval—. Se metió en su mente de alguna manera, produciéndole una alucinación. Le dejó secuelas del elemento vacío. No graves, pero sí requirió un urgente tratamiento del opuritaserum de Drasik.
Brey no sabía qué decir. Miró entonces a Drasik, y este suspiró con pesar, indicándole con ello que él también llevaba todo este tiempo sabiendo lo de Izan. Brey se preguntó si eso había sido en parte lo que esta mañana los había llevado a pelearse tras completar su pequeña misión.
Los demás, que acababan de enterarse del suceso que vivió Kyo con Izan, se habían quedado mudos también. «¿Quién? ¿Quién es ese Izan?» se preguntaba Cleven.
—Desde entonces nadie lo ha vuelto a ver —le dijo Neuval a Brey—. Pero ese encuentro con Kyo fue suficiente para confirmar en qué estado se encuentra. Ya no es Izan.
—No… —negó Brey.
—Ichi ya no está —insistió, y todos notaron en su voz que esto a él le dolía también—. Se ha convertido en arki.
—No, te equivocas…
—Brey, es importante que lo asimilemos…
—¡No, no! Estaba enfermo… ¡pero él nunca habría sucumbido hasta ese extremo!
—Las huellas de presión en la alfombra de la habitación de Clover. Botas de un hombre de talla 43, 83 kilos…
—¡Miles de personas tienen…!
—Él se llevó a Clover —le aseguró Neuval.
Oír esas palabras tan directas le enfurecieron. Estaba volviendo a perder la cabeza. Si se tratara de otro enemigo, o de un criminal cualquiera… pero era una de las personas que más había querido, haciéndole algo tan horrible a otra de las personas que más quería en el mundo…
«¿¡Quién es ese que se ha llevado a Clover!?» pensaba Cleven, cada vez más angustiada. «¿¡Por qué está el tío Brey tan afectado!? ¿¡Quién se supone que es Izan!?»
Yako estaba haciendo un esfuerzo. Era como estar dentro de él y sentir el mismo dolor. No debía dejarse absorber, tenía que mantener su consciencia separada. No tenía ni idea de cómo funcionaba la conexión con un iris porque nunca lo había aprendido, pero vio que era algo que sin duda requería técnica, o acabaría perdiéndose dentro de la mente de Brey. Tenía que mantenerse en la superficie, a una distancia, y poder ayudarlo desde ahí, desde su propia consciencia.
Pero incluso para Alvion esto sería completamente nuevo y diferente. No consistía en apaciguar un brote de malas emociones negativas o un Yin. Brey perdía parte de su energía Yang, que era la única que tenía, cada vez que recibía noticias así de las personas que más le importaban. No se enfadaba con Neuval, sino con la situación en sí, y este enfado consumía su Yang y le hacía perder la fuerza en las emociones buenas y en la lógica y la razón. Yako tenía que frenar ese consumo, reforzando su Yang, haciéndolo resistir.
Brey cerró los ojos y contuvo unas lágrimas de rabia; se llevó las manos a la frente y dio unos pasos como intento de autocalmarse. Estaba exhausto, no podía con esto. «Así que era él… Era él realmente…» pensaba. «Se presentó ante mí en esa azotea… Y me dijo esas palabras crueles… Por eso me las dijo. Se ha llevado a Clover… y después se planta ante mí como si nada… Ese no es mi hermano».
Neuval se dio cuenta de que Yako estaba siendo afectado por algo asociado con Brey. Se mantenía callado, pero, por cómo cerraba los ojos con fuerza, claramente estaba sufriendo alguna molestia o esfuerzo, concentrándose en algo. «¿Qué? Espera…» creyó Neuval entender lo que significaba, mirando a ambos con sorpresa. Pero ahora no era el momento de preguntar por ello.
—Fuujin. Eso que dices sigue sin encajar con las capacidades físicas de un iris o arki —le dijo Denzel—. Dices que nada ni nadie cruzó ninguna puerta ni ventana de la casa de Raijin, y que sólo existe una huella, indicando que ese alguien apareció y desapareció en el mismo lugar. Creo que lo obvio es que fue la taimu quien se la llevó con un teletransporte. El peso y la talla puede ser relativo.
—Cuando investigué en casa de Brey, estaba seguro al 99 % de que había sido Izan —les explicó Neuval a todos—. Pero ahora que Denzel ha confirmado que la taimu está haciendo un Pacto, estoy seguro al 100 % de que fue Izan.
—¿Pero por qué crees…? —siguieron los demás sin entender.
—Está bien. Escuchadme un rato con atención —les pidió el Fuu—. Dejad que una todas las piezas y os cuente todo lo que ha pasado. Lo que yo creo que ha pasado.
—¿¡Qué!? ¿¡Una tercera taimu!? —exclamaron algunos.
—¿¡Ha estado oculta por ahí!? ¿¡Cuánto tiempo!? —se alarmaron otros.
—¡Denzel! —saltó Yako, horripilado por la noticia—. ¿¡Lo sabe Alvion!? ¡La Asociación debe conocer este dato, cuanto antes! ¡Hay que tenerla localizada!
—¡No, Yako! —le pidió este, haciéndole un gesto de calma—. No sabemos hasta qué punto difundir esta noticia puede poner en peligro a toda la Asociación. No sabemos con qué gente o qué seres anda involucrada. Sakura y los otros, ¿qué es lo que visteis anoche?
—Drasik la vio —aclaró Kyo—. Sakura y yo estábamos noqueados en ese momento.
—Apareció una niña de la nada, con un mechón blanco y un gorro cubriendo su cabeza hasta su nariz —explicó Drasik—. Viernes y los otros hicieron contacto físico con ella y desaparecieron, igual que un teletransporte.
—Esa misma es la que vimos atacándote en nuestra época —le dijo Owen a su padre.
—¿Cómo no has podido descubrirla antes? —le preguntó Effie—. Creía que los dioses os obligaban a Agatha y a ti tener una estricta vigilancia sobre la descendencia.
—Eso es algo que no he conseguido averiguar aún —dijo Denzel—. Lo que ha sucedido, es que esa taimu viajó al pasado, a una fecha y lugar donde yo me encontraba reunido con mi familia entera. Celebrábamos mi cumpleaños. Y por eso ella eligió ese momento. Como sabéis, Agatha y yo, a partir del día de nuestros respectivos cumpleaños, pasamos tres semanas con nuestro don anulado para recibir la recarga energética anual con la que los dioses nos mantienen vivos. Somos vulnerables durante 21 días.
»Esa taimu me atacó en mi casa, aprovechando un momento en que estaba apartado de mi familia, y no pude defenderme. Sin embargo, al parecer ella pasó por alto que yo en ese momento no me encontraba solo del todo. Estaba con Daniel, mi nieto mayor, de 10 años por aquel entonces —dijo mirando un momento a Link—. Él pudo correr a la casa principal y dar la alarma a mis hijos. “Los ocho” vinieron en mi ayuda, se enfrentaron a la atacante, y ahí es cuando sucedió el salto en el tiempo. Creemos que fue accidental, durante el intento de esa taimu de escapar. En cualquier caso, intentaba matarme. Pero tengo razones para creer que no por decisión propia.
Los demás fruncieron el ceño. Excepto Pipi, que miró de repente a Neuval.
—Creo que al final vas a tener razón con esa teoría —le susurró sorprendido.
—¿Sobre qué? —preguntó Brey, que lo había oído, y miró a su cuñado esperando una respuesta.
Pero Neuval no apartaba una mirada seria de Denzel.
—Está haciendo un Pacto. ¿Verdad? —le preguntó el Fuu entonces al profesor.
—Eso me temo —afirmó Denzel, agachando la cabeza.
—¿Qué? ¿Qué es eso? —preguntaron los demás.
—¿Qué quiere decir?
—Espera… —dijo Yako, alarmado—. Denzel… ¿te refieres a…?
—A esa mala práctica que Agatha y yo solíamos hacer en otros tiempos, alguna que otra vez. Pocos iris saben sobre ello, como vuestros maestros —señaló brevemente a Pipi y a Neuval—. Y los Zou —miró a Yako.
—¿En qué consiste? —le preguntó Kyo.
—Podemos prestar nuestro don, temporalmente, al servicio personal de alguien. Si lo hacemos, es porque nosotros también queremos a cambio algo valioso o un favor de esa persona.
—Espera, espera —lo frenó Drasik, perplejo—. ¿Dices que ha habido personas… a lo largo de los últimos siglos… que os han tenido bajo su poder, pudiendo ordenaros hacer cualquier cosa con vuestro don?
—No cualquier cosa —discrepó Denzel—. Por supuesto, está limitado. De no estarlo, los dioses no nos habrían dejado existir siquiera. Los dioses le dieron esta capacidad a Agatha, que luego yo heredé, teniendo en cuenta que nos ponían a vivir durante siglos en este mundo lleno de peligros naturales y de humanos imprevisibles. En momentos malos, de peligro o de necesidad, el Pacto servía como un mecanismo de supervivencia. La persona con quien hacemos el Pacto se convierte en nuestro “amo” temporalmente. Tras realizar un pequeño procedimiento de transmisión de energía, la mitad de nuestro don se queda dentro de él como fianza. Pero él no puede usarlo. Solamente retenerlo.
—¿Cómo es… ese “pequeño procedimiento”? —quiso saber Effie, que había captado una ligera incomodidad en la voz de Denzel al mencionarlo.
—Eso no es importante ahora —hizo un gesto con la mano—. Del amo, nosotros podíamos pedir, por ejemplo, dinero, refugio, información, documentos falsos con los que poder seguir manteniendo nuestra identidad protegida al paso de los siglos de un país a otro… Y de nosotros, él nos pedía hacer uso de nuestro don para conseguir algo también, pero tenía prohibidos algunos usos, prohibiciones impuestas por los dioses: el viaje en el tiempo como interventor y no como observador, es decir, viajar al pasado para intervenir con algo o alguien y producir con ello un cambio irremediable con una nueva línea temporal a la que originalmente dirigía el dios Kero; y también, el teletransporte del amo a cualquier lugar que suponga para él una muerte inmediata, como el fondo del mar, o dentro de un volcán activo, o la Luna…
—¿¡Posta!? —saltó Drasik—. ¿¡Podéis teletransportaros a la Luna!?
—Otras limitaciones a tener en cuenta es que nosotros, al haber cedido la mitad del don, sólo teníamos la mitad de nuestra fuerza. Y esto es lo que me ha llevado a creer que la nueva taimu está en medio de un Pacto. Según el testimonio de mis hijos, que la vieron en su época en un momento previo al ataque en mi casa, tenía dificultades para orientarse en el espacio y el tiempo. Es imposible que a un taimu le pase eso, a no ser que haya perdido la mitad del don, que es lo que pasa con un Pacto.
Los demás asintieron, comprendiendo mejor ahora.
—Por otro lado, si el amo nos mandaba hacer algo que requiriese una gran cantidad de energía de nuestro don, por ejemplo, por encima de esa mitad que nosotros conservábamos, él podía transmitírnosla de la mitad que él retenía como fianza. Tras hacer ese esfuerzo podía quedar energía insuficiente para un nuevo uso temprano. En este caso, el amo tiene que esperar a que se recargue la energía de la mitad del don que él contiene como fianza.
—¿Cómo se le recarga esa energía? ¿Por sí sola? —preguntó Sakura.
—La mitad del don dentro del amo, si se ve menguada, tiende a absorber automáticamente la energía Yin del propio amo. Concretamente, la energía Yin que conforma su tiempo de vida biológica, ya que, como sabéis, el tiempo de vida o existencia de cualquier ser vivo o inerte es una energía Yin. Es un pequeño precio a pagar para el amo si quiere hacer un uso excesivo del don. Aunque no le quita demasiado tiempo. Por cada recarga, puede perder entre seis meses o un año de vitalidad.
—O sea, ¿que muere antes de lo que está destinado biológicamente? Independientemente de si él al final se muere porque alguien lo mata o porque tiene un accidente de tráfico… ¿Se le adelanta la vejez un año? —preguntó Drasik, y Denzel asintió.
—Nosotros también sufrimos una secuela. Forma parte del mecanismo, para evitar que hiciéramos Pactos con los humanos en exceso y no nos acostumbráramos. Nuestro cuerpo sufre si hacemos demasiados Pactos de forma muy seguida. Se ralentiza nuestro crecimiento o envejecimiento físico, pero conllevando al mismo tiempo a ir perdiendo vitalidad.
—¿Cómo? ¿Si hacéis demasiados pactos con frecuencia os vais muriendo? —creyó entender Kyo.
—Es un desgaste —asintió Denzel—. Todo acerca de este don… tiene un precio —suspiró amargamente—. Por eso, hace ya un par de siglos, cuando los dioses consideraron que ese mecanismo de supervivencia ya no nos hacía ninguna falta porque estábamos bien cuidados y protegidos con los recursos de la Asociación, nos prohibieron hacer más Pactos.
En ese momento, los gemelos James y Lu Kai se inclinaron sobre sus sillas, poniéndose delante de Denzel para dirigirle dos miradas idénticas muy evocativas. Denzel se puso nervioso, recordando esa parte del interrogatorio al que ambos lo sometieron el otro día cuando los encontró y los trajo a casa. Ahora que Denzel había explicado esto, los gemelos ya sabían la respuesta, y que su padre mintió o lo omitió el otro día, y esas miradas eran para indicarle que lo reconociera. Aun así, Denzel les hizo un gesto severo, diciéndoles que ahora no era momento.
—Una vez que ambos han cumplido su parte del trato, el Pacto termina y el taimu absorbe de vuelta la mitad del don que retenía el amo —concluyó el profesor—. Os he explicado esto porque a estas alturas estoy convencido de que esa nueva taimu está haciendo un Pacto con alguien. Eso significa que no es ella la que está orquestando los sucesos de las dos últimas semanas. Viajó al pasado para intentar matarme por orden de su actual amo temporal. Un plan que gracias a “los ocho” no le salió bien. Y lo de llevarse anoche a Viernes junto a mis hijas… sin duda, está trabajando para ellos. La ARS está usando a esta taimu.
—Entonces es eso, ¿no? Es Viernes. Su ama temporal —dijo Sakura—. Es Viernes la que está detrás de todo esto.
—No —objetó Neuval, y esa respuesta dejó a todos mudos, mirándolo entre confusos e intrigados—. No es ella.
—¿Quién sino va a ser? —protestó Effie.
—¿Por qué creéis que la ARS ha podido hacer todos estos actos de traición sin que Alvion los detuviera? —dijo Pipi—. Porque Alvion ni siquiera está captando sus brotes de majin. Una RS entera, con todos sus miembros enfermos, actuando bajo un larguísimo brote de majin que no desaparece.
—Aquí tengo algo que decir —intervino Yagami, levantando una mano, y todos prestaron atención—. En mi estancia en el Monte le pregunté a Alvion en persona si no había notado o no estaba notando nada raro en los iris de los miembros de la ARS. Sabemos que Alvion no puede estar consciente de lo que hacen tres millones de iris a la vez, pero hizo un intento delante de mí, se concentró para analizar el estado de los iris de la ARS. No pudo conectar bien con ninguno.
—¿Cómo? —se alarmó Effie.
—Es decir… Sí que seguía sintiendo la conexión vigente con ellos. Pero era tan débil que no podía percibir nada más allá, ni sus estados mentales, ni sus ubicaciones, ni lo que hacían, ni nada. Pero hay una posible razón detrás de esto.
—Yagami… —lo llamó Yako, algo nervioso.
—Yako. Creo que todos deberían saberlo ya —terció este.
—¿¡Saber el qué!? —saltaron preocupados los demás.
—Alvion no quiere que se difunda esta noticia todavía —insistió Yako.
—Espera, ¿a qué os referís? —se sorprendió Neuval.
—Basta —se hizo oír Agatha desde su silla, callando a todos—. Dejaos ya de tratar la información con tanta delicadeza. Este es el peor momento para omitir datos cruciales. Necesitamos saber todo lo posible sobre todas las hipótesis y probabilidades, ¿entendéis? —dijo esto mirando con sus ojos cerrados hacia Yako precisamente, el cual acabó agachando la cabeza con pesar—. Ya os lo digo yo. Que ya llevo viviendo lo mismo con muchos Zou y sé cuándo la salud de uno ya está decayendo.
—¿Qué? —se horrorizó Sakura, y todos los demás también.
—Alvion ya está muy mayor —asintió Agatha—. Su salud física ya ha cruzado el umbral.
—No… —murmuraron unos.
—Mierda… —dijo Pipi.
—¿Cuánto tiempo le puede quedar? —preguntó Waine, abriendo la boca por fin.
—Según los médicos del Monte, entre varios meses y un par de años —respondió Yagami.
De repente todos se pusieron a hablar a la vez, alterados, expresando su consternación. Sin duda, esta noticia era devastadora para todos ellos. Los únicos que estaban en silencio eran Neuval y Yako. Yako dejó salir un suspiro estresado. Este tema le estaba carcomiendo desde su visita al Monte Zou, desde que monk Knive le reveló lo de la salud de su abuelo.
Miró hacia arriba al notar el silencio de su maestro, que seguía ahí en pie en el extremo de las mesas. Le sorprendió encontrarlo con esa mirada. Sus ojos grises apuntaban al vacío, pero temblaban ligeramente, como si le estuviera costando asimilar esta noticia más que nadie en el mundo. Incluso Cleven podía verlo desde la distancia, intrigada.
Yako sabía la verdad sobre la relación entre Neuval y su abuelo. Por eso nunca le molestó que Neuval siempre tratara a Alvion con nulo respeto o le hiciera burlas o bromas. El propio Neuval lo había disimulado toda la vida por su afán de rebelarse siempre contra las autoridades y odiar tener a alguien encima o un superior dándole órdenes. Pero, en realidad, tenía a Alvion en muy alta estima y sentía una enorme admiración por él, por ser el único Zou en llevar las cosas por un camino diferente que Neuval también defendía, en contra del tradicional y más radical modo de actuar de los Zou y los iris pasados.
Sin embargo, de repente Neuval cerró los ojos y tomó aire.
—No es por su salud —murmuró. Esta vez, su voz sonó tan débil que nadie lo oyó.
—Escuchad —dijo Pipi bien alto, y todos se callaron—. La salud de Alvion no es el motivo. Aunque Alvion estuviera en su mejor estado de salud, seguiría sin poder detectar la gravedad de los majin de la ARS.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque yo poseo la Técnica de Localización. ¿No se os ha ocurrido que yo ya he intentado con todas mis fuerzas localizar a Viernes y al resto de su ARS tras saber del secuestro de las taimuki?
—Mierda, es cierto… —murmuró sorprendido Drasik—. No jodas… ¿¡No te ha funcionado!?
—Ha sido imposible —afirmó Pipi—. Lo cual deja una única explicación. Todos los de la ARS están usando la Técnica de Desvío.
—¡La de Desvío! —repitió Effie—. ¡Pero si sólo el canalla de Neuval puede hacerla, él la creó para sí mismo!
—¿Cómo saben ellos hacerla…?
—¿Maestro? —lo llamó Nakuru, que, junto a los demás, lo miraron esperando una explicación a esto.
—Neuval, díselo —le dijo Pipi—. Le enseñaste en secreto esa Técnica a una sola persona en el mundo y no es Viernes. Es la persona que está detrás de ellos, dándoles las órdenes. Es hora de ponerlo todo sobre la mesa.
Esto era duro para Neuval. No sólo por arrepentirse del día que decidió enseñar esa Técnica a otra persona, sino también por quién era esa persona y lo que significó para todos ellos en el pasado. Sobre todo para Brey. Y esa mirada lo delató. Brey ya llevaba treinta segundos con la vista estática en él, no esperando la respuesta, sino oliéndosela. Y cuando Neuval movió los ojos sutilmente hacia él, expresando esa especial aprensión por un familiar en común que sólo podía compartir con él, Brey se levantó de su silla, volcándola, y le negó a Neuval con la cabeza, suplicando que no fuera cierto. Los demás se sobresaltaron por este inesperado gesto del rubio.
—Le enseñé la Técnica a Ichi hace años —declaró Neuval finalmente—. Y os confirmo que Izan es ahora un arki. Lleva como mínimo tres semanas en Tokio, tramando algo, y sé que ha sido él quien está influyendo a Viernes y quien se llevó a Clover anoche. Ahora estoy seguro, también, de que es el amo temporal de la nueva taimu.
El local quedó reinado por un estruendoso silencio.
Y de pronto, todos estallaron a hablar entre ellos, formando alboroto, algunos sin querer creerlo, otros con rabia por ver confirmados los rumores que corrían por la Asociación desde hace años… Nakuru estaba muy afectada por la noticia, incluso Sam no podía esconder su aflicción. Kyo y Drasik intentaron hablar con ellos sobre el tema, confesando que lo habían estado ocultando hasta ahora por orden de Neuval.
El único silencio que se palpaba era el de Brey, clavándole una mirada contenida a Neuval, el cual ya se esperaba esta reacción. Entre ambos, Yako se puso en pie y alzó las manos hacia uno y hacia el otro, pidiendo calma.
—¿Tres semanas? —preguntó el rubio entonces.
—Brey… —intentó explicarle Neuval.
—¿Llevas todo ese tiempo sabiéndolo? No pensabas decírmelo nunca, ¿verdad?
—Por supuesto que pensaba decírtelo. Pero no hasta que supiera qué demonios estaba haciendo de vuelta en Tokio.
—¿¡Cómo lo vas a saber si no se lo preguntas!? ¿¡Lo viste!? ¿¡Y no te acercaste a él!? ¿¡O qué coño pasó!? ¿¡Cómo te enteraste de que había vuelto!?
—Brey, calma —le pidió Yako, llevándose una mano a la cabeza, notando la presión del iris de Brey en su propia mente, algo a lo que no estaba acostumbrado aún.
—No fue en una situación agradable —le aseguró Neuval, mostrando su enfado al respecto—. Fue Kyo quien se encontró con él. Ocurrió durante los días que pasó huyendo de la MRS para proteger nuestro pergamino. Kyo pasó una noche en el bar de carretera de Funabashi, ese que muchas veces usa la mafia para recoger objetos del mercado negro. Izan apareció allí para recoger un paquete. Vio a Kyo y lo sometió a una breve tortura por diversión.
—¿Qué…? —musitó Brey, quedándose pálido, y miró a Kyo.
—Es cierto —lamentó el joven Lao—. Lo siento, Brey, por no habértelo contado.
—¿Te… torturó? —seguía horripilado.
—Lo sometió a un extraño poder mental que nunca se ha visto antes —le informó Neuval—. Se metió en su mente de alguna manera, produciéndole una alucinación. Le dejó secuelas del elemento vacío. No graves, pero sí requirió un urgente tratamiento del opuritaserum de Drasik.
Brey no sabía qué decir. Miró entonces a Drasik, y este suspiró con pesar, indicándole con ello que él también llevaba todo este tiempo sabiendo lo de Izan. Brey se preguntó si eso había sido en parte lo que esta mañana los había llevado a pelearse tras completar su pequeña misión.
Los demás, que acababan de enterarse del suceso que vivió Kyo con Izan, se habían quedado mudos también. «¿Quién? ¿Quién es ese Izan?» se preguntaba Cleven.
—Desde entonces nadie lo ha vuelto a ver —le dijo Neuval a Brey—. Pero ese encuentro con Kyo fue suficiente para confirmar en qué estado se encuentra. Ya no es Izan.
—No… —negó Brey.
—Ichi ya no está —insistió, y todos notaron en su voz que esto a él le dolía también—. Se ha convertido en arki.
—No, te equivocas…
—Brey, es importante que lo asimilemos…
—¡No, no! Estaba enfermo… ¡pero él nunca habría sucumbido hasta ese extremo!
—Las huellas de presión en la alfombra de la habitación de Clover. Botas de un hombre de talla 43, 83 kilos…
—¡Miles de personas tienen…!
—Él se llevó a Clover —le aseguró Neuval.
Oír esas palabras tan directas le enfurecieron. Estaba volviendo a perder la cabeza. Si se tratara de otro enemigo, o de un criminal cualquiera… pero era una de las personas que más había querido, haciéndole algo tan horrible a otra de las personas que más quería en el mundo…
«¿¡Quién es ese que se ha llevado a Clover!?» pensaba Cleven, cada vez más angustiada. «¿¡Por qué está el tío Brey tan afectado!? ¿¡Quién se supone que es Izan!?»
Yako estaba haciendo un esfuerzo. Era como estar dentro de él y sentir el mismo dolor. No debía dejarse absorber, tenía que mantener su consciencia separada. No tenía ni idea de cómo funcionaba la conexión con un iris porque nunca lo había aprendido, pero vio que era algo que sin duda requería técnica, o acabaría perdiéndose dentro de la mente de Brey. Tenía que mantenerse en la superficie, a una distancia, y poder ayudarlo desde ahí, desde su propia consciencia.
Pero incluso para Alvion esto sería completamente nuevo y diferente. No consistía en apaciguar un brote de malas emociones negativas o un Yin. Brey perdía parte de su energía Yang, que era la única que tenía, cada vez que recibía noticias así de las personas que más le importaban. No se enfadaba con Neuval, sino con la situación en sí, y este enfado consumía su Yang y le hacía perder la fuerza en las emociones buenas y en la lógica y la razón. Yako tenía que frenar ese consumo, reforzando su Yang, haciéndolo resistir.
Brey cerró los ojos y contuvo unas lágrimas de rabia; se llevó las manos a la frente y dio unos pasos como intento de autocalmarse. Estaba exhausto, no podía con esto. «Así que era él… Era él realmente…» pensaba. «Se presentó ante mí en esa azotea… Y me dijo esas palabras crueles… Por eso me las dijo. Se ha llevado a Clover… y después se planta ante mí como si nada… Ese no es mi hermano».
Neuval se dio cuenta de que Yako estaba siendo afectado por algo asociado con Brey. Se mantenía callado, pero, por cómo cerraba los ojos con fuerza, claramente estaba sufriendo alguna molestia o esfuerzo, concentrándose en algo. «¿Qué? Espera…» creyó Neuval entender lo que significaba, mirando a ambos con sorpresa. Pero ahora no era el momento de preguntar por ello.
—Fuujin. Eso que dices sigue sin encajar con las capacidades físicas de un iris o arki —le dijo Denzel—. Dices que nada ni nadie cruzó ninguna puerta ni ventana de la casa de Raijin, y que sólo existe una huella, indicando que ese alguien apareció y desapareció en el mismo lugar. Creo que lo obvio es que fue la taimu quien se la llevó con un teletransporte. El peso y la talla puede ser relativo.
—Cuando investigué en casa de Brey, estaba seguro al 99 % de que había sido Izan —les explicó Neuval a todos—. Pero ahora que Denzel ha confirmado que la taimu está haciendo un Pacto, estoy seguro al 100 % de que fue Izan.
—¿Pero por qué crees…? —siguieron los demás sin entender.
—Está bien. Escuchadme un rato con atención —les pidió el Fuu—. Dejad que una todas las piezas y os cuente todo lo que ha pasado. Lo que yo creo que ha pasado.
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