2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __
Un ruido de motor apartó el silencio que siempre reposaba sobre los prados silvestres de aquella recóndita región de China. Las nubes bajas se abrieron y la pequeña aeronave aterrizó suavemente de manera vertical sobre un campo llano. En el interior, MJ y Kain se fueron desabrochando los cinturones. Después MJ se acercó a donde la piloto estaba sentada.
—¡Mil gracias por este favorazo, Umeko, te debo una muy grande! —le gritó por encima del ruido del motor.
La piloto apagó el motor y se quitó los cascos para poder oírla. Era una mujer en la cuarentena de edad y algo rellena. MJ la conocía porque trabajaba como chica de la limpieza en el edificio de su universidad. Y Yako le reveló hace tiempo que, además, era una almaati, de la AoRS de Tokio.
—Si me das gratis un saco gigante repleto de dulces y sándwiches hechos por ti, ¡te llevaría hasta la Luna, guapa! —le aseguró Umeko, con una enorme sonrisa contenta, mientras palpaba la abultada bolsa de plástico sobre el otro asiento del copiloto, que MJ le había dado como pago por este viaje—. En cambio, ese de ahí venía sin nada —bufó, señalando donde estaba Kain, en los asientos de atrás.
—¡Os he dicho que tenía dinero para pagar, cualquiera que fuera el precio! —protestó este—. ¿Cómo iba a saber que a los almaati del hangar de Tokio se les paga con comida?
—Señorito —impugnó Umeko—. Los almaati del hangar, para empezar, no estamos para llevar y traer a humanos comunes de un lado a otro. Estamos para llevar a miembros oficiales de la Asociación y a los criminales capturados destinados al programa de castigo y reforma del Monte Zou.
—¿Qué? —se sorprendió MJ—. ¡Yo no lo sabía! No tengo mucho dinero… Por eso fui a probar suerte, presentándome sólo con una bolsa llena de dulces y sándwiches. Creía que con algún tipo de pago podíais acceder. ¿Por qué has aceptado llevarnos si normalmente no debéis hacerlo?
La piloto no respondió enseguida. En lugar de eso, se hizo la misteriosa con una sonrisilla ladina.
—Eres alguien muy importante para alguien importante —dijo entonces—. Pide lo que desees, MJ, y se te dará.
—¿Qué? ¿A qué viene ese trato favoritista? —frunció el ceño, confusa—. ¡Si no soy nadie!
—Tu amigo sabe de lo que hablo —casi rio, volviendo a encender los motores.
MJ se giró y miró Kain, encontrándolo con ese mismo tipo de sonrisilla cómplice con la piloto.
—¿Qué? ¿De qué estáis hablando? No entiendo…
—¡Voy, que me voooy! —anunció Umeko, volviendo a ponerse los auriculares.
—Vamos, favorita —la llamó Kain, saliendo por la puerta lateral con su bolsa de equipaje.
MJ también se bajó, y Umeko se marchó volando, dejándolos solos en medio del campo, y regresó el pacífico silencio de los prados.
—A Yako le gusta mucho charlar con la gente incluso fuera de la cafetería, por lo que veo —se rio Kain.
—¿Qué tiene que ver eso ahora?
—Yo sólo sé que he tenido una suerte tremenda de coincidir contigo en el hangar. Si no hubieras estado, no habría tenido este viajecito, y encima gratis.
—Ya, muy gracioso y mentiroso estás hecho tú, canalla, que te fuiste de la cafetería diciendo que ibas a Shizuoka a pasar un tiempo con tu prometida y tus futuros suegros.
—Tienes razón. Ojalá fuera más honesto, como mi amiga MJ, que está ahora en Shikoku visitando a su abuela enferma —ironizó.
MJ se puso roja y apretó los labios, consciente de su hipocresía.
—No me puedo creer que los dos hayamos coincidido con este plan. ¿Por qué no me lo habías dicho? —preguntó ella.
—Porque no quería que se lo contaras a Yako. Ya sabes lo pesado que siempre se pone con lo de que los humanos deben apreciar y agradecer tener una vida normal, segura y alejada de los problemas y bla, bla… ¿Y tú por qué tampoco me habías comentado nada a mí?
—Madre mía… —suspiró MJ, cerrando los ojos con cierta vergüenza, y Kain adivinó que era por el mismo motivo.
—Hahah… Pues verás qué contento se va a poner cuando se entere un día de estos —terminó riendo el neozelandés.
—No le va a sentar nada bien… —se lamentaba MJ—. ¡Pero es que yo llevo dos años planteándomelo! Decidí tomármelo con calma, esperar un tiempo, por si la idea terminaba pareciéndome una locura… pero es que cada mes que pasaba, más convencida estaba. Nunca he tenido algo tan claro.
—Pero… ¿por qué exactamente deseas hacerlo? —le preguntó Kain, con una sonrisa sagaz, sabiendo de sobra la respuesta.
—Porque quiero estar más cerc-… —fue a responder, pero luego sacudió la cabeza y lo miró con enfado para disimular su sonrojo—. ¿Y cuál es tu razón?
—Voy a casarme y a formar una familia pronto —contestó con orgullo y solemnidad—. Y quiero aumentar mis capacidades físicas y conocimientos para saber protegerla a toda costa. Hala. Te toca —le dio un toque en el brazo.
MJ tenía los labios apretados, le daba mucha vergüenza revelar sus razones. No es que ella se infravalorara, pero le gustaba ser realista y por eso estudiaba Derecho. Y ser realista significaba entender y aceptar que ella, al lado de miles de mujeres iris y almaati, era una simple humana del montón que no hacía gran cosa por el mundo entero ni tampoco era la más bella o inteligente o fuerte.
Tomar decisiones así de importantes por un hombre podía considerarse hoy en día una tontería, un insulto al feminismo o algo antiguo. Un signo de dependencia o debilidad. Lo mismo podía pasar a la inversa, y ser tan admirable como criticable. Pero temer lo que pensaran los demás sí que era la auténtica debilidad. Era el motivo de MJ, suyo y de nadie más, y no lo iba a negar ni a cambiar, porque para ella, era su verdad propia y personal.
Además, no era sólo hacerlo por la persona que le gustaba. Era eso y más. Yako había inspirado a MJ desde que se conocieron tres años atrás, de una manera que ella ya no se imaginaba su vida ignorando todo lo que sabía ahora.
Habían acordado, por ciertas razones que sólo Yako y ella sabían, decirle a todo el mundo que se conocieron en la facultad de Derecho al empezar el primer año de carrera. Pero la verdad es que se conocieron un poco antes de eso, en una situación algo turbulenta, en un momento de sus vidas en que las cosas no estaban yendo bien, cada uno por un problema diferente.
Conocer a Yako le había traído a MJ una nueva forma de entender el mundo y la vida de la imperfecta humanidad en él, con grandes carencias de justicia en muchos sectores. Y ella se había enamorado de eso, del mundo que antes desconocía, de la vida que habitaba en él y antes daba por sentada, de sus secretos, misterios, el modo de funcionar de todo. Se había enamorado también de una nueva imagen de sí misma a la que aún no había llegado, de una MJ más fuerte y sabia, más implicada en todo. Lo que MJ no sabía, es que ella también le cambió la vida a Yako ese día.
A pesar de todo esto, era realista. Y ser realista significaba aceptar que ella estaba muy lejos de ser una persona lo suficientemente importante para ser digna de estar con un Zou. Pero eso no la frenaba para intentar al menos acercarse más a él y al mundo que él le había enseñado. Aunque nunca pudiera estar con él, quería al menos parecerse más a él y proteger las cosas que él amaba. Era lo que ella quería y nadie se lo iba a impedir.
Así que, quitándose esa absurda vergüenza de la cabeza, volvió a mirar a Kain con la barbilla alta y ojos firmes para responderle si miedo que el motivo que la había llevado a decidir convertirse en almaati era ese, formar parte de una manera más cercana y activa del mundo de Yako y de las cosas importantes para él.
—Quiero…
—¿¡… casarte con Yako y tener cinco hijos supremos con él!? —exclamó Kain de repente—. ¡Madre mía, MJ, no eres ambiciosa ni nada!
—¿¡Pero qué diiiceees!? —rugió ella, poniéndose roja y zarandeándolo con violencia mientras el hombretón se reía—. ¡No es por eso, yo no he dicho esooo! ¡Eso nunca va a pasar!
—¿Cómo que nunca va a pasar? —paró de reír Kain, y la miró de pronto muy contrariado.
—¿Cómo que cómo…? —le chocó a MJ la pregunta, e hizo un gesto de obviedad—. Vamos, Kain, Yako podría estar con cualquiera de los miles de mujeres asombrosas que hay por ahí. Dice que con una iris los Zou no pueden estar, así que lo que más le conviene a Yako, el día que él quiera sentar cabeza, es estar con la humana almaati o monje o Guardiana del Monte más fuerte e inteligente que haya, que lleve ya años de experiencia trabajando en la Asociación y tenga un buen expediente de hazañas y logros…
—¿Tú por qué narices decides lo que más le conviene a Yako? —objetó Kain—. ¿Mujeres más asombrosas que tú? ¿Desde el punto de vista de quién?
—Pues de cualquiera que…
—Vale, prefiero que te calles un rato, me acabas de cabrear.
—¿¡Por qué!? —brincó disgustada. Kain se cruzó de brazos y le dio la espalda, por lo que MJ intentó volver a girarlo, tirando de su brazo—. Kain, ¿por qué te enfadas conmigo ahora? Oye, mírame…
—No. No hablo con tontas —siguió girando para evitar que MJ se pusiera delante de él.
—¿Qué eres, un niño de primaria?
—No. Caraculo.
—¡Uiissh! Me cuesta creer que tengas 28 añazos…
—Disculpad…
MJ y Kain dieron un brinco del susto al oír de repente una voz nueva ahí cerca de ellos. Vieron que se trataba de una mujer japonesa, algo mayor que Kain, que cargaba con una mochila grande a la espalda y, como ellos, venía bien abrigada, con guantes, gorro, bufanda y botas de campo. También escucharon el sonido de un motor, y vieron que por el camino de más allá en las lindes del prado se alejaba un tractor conducido por un granjero autóctono de uno de los pueblos de esa región.
—¿Habláis japonés?
—Sí —contestaron los dos, todavía sorprendidos de esa aparición.
—¡Ah, genial! ¿Por casualidad estáis aquí… ya sabéis… para “visitar” el Lago Xihuàn?
—Lago Xuhuàn —corrigió MJ—. Ooh… Ya entiendo. También es su primera visita al Monte Zou. ¡Menuda coincidencia!
—¡MJ! —la frenó Kain, susurrando, mirando desconfiado a la otra—. Podría ser agente del gobierno. O peor… ¡una Knive!
—¡No! No soy nada de eso, lo prometo —se apuró esta—. De verdad. Vengo para hacer el entrenamiento almaati. El iris que me explicó cómo llegar aquí me repitió: “Cae por la grieta, flota sobre el espejo, y…”
—“… atraviesa la ilusión del brujo” —terminaron diciendo MJ y Kain a dúo con ella—. Vale, es otra como nosotros, Kain —lo tranquilizó MJ—. En ese caso, en marcha, vamos juntos, ¿os parece? Me he estado estudiando el mapa de Umeko en el avión, sé por dónde ir desde aquí.
Los tres comenzaron a cruzar los prados, y se fueron aproximando hacia un manto boscoso que comenzaba a alzarse por la ladera de las primeras montañas de la cordillera, desapareciendo en el blanco humeante de las nubes más bajas.
—¿Vosotros dos también conocéis a un iris que os ha dado un mapa y explicado la ruta?
—En nuestro caso, nos han facilitado la información y también el viaje hasta aquí otros almaati de Tokio que ya conocíamos de hace tiempo —dijo Kain.
—Sí. Nosotros ya llevamos unos pocos años conociendo a gente de la Asociación —dijo MJ—. Es la primera vez que venimos, pero ya hemos escuchado muchas veces cómo se accede al Monte y cómo funcionan las cosas por ahí… ¿Cuánto tiempo lleva usted conociendo la existencia de la Asociación?
—Cuatro días.
—¿¡Cuatro días!? —repitió Kain.
—Y… ¿Ha decidido convertirse en almaati en cuatro días? —preguntó MJ, perpleja.
—Para mí ha sido una revelación milagrosa. Mi pareja sentimental, con quien llevo 3 años, es un iris, y debido a unas circunstancias recientes… ha terminado revelándome el secreto sobre quién es, sobre la Asociación y todo eso. No me digáis que no es un mundo alucinante al que poder pertenecer —sonrió con emoción.
—Tampoco crea que trabajar en la Asociación y cooperar con los iris es un juego o un camino de rosas. Tanto iris como almaati mueren en misiones —dijo Kain seriamente.
—Oh, lo sé, lo sé. Me han advertido bien de cómo son las cosas. Pero yo lo tengo claro. Lo de convertirme el almaati. ¿Cómo habéis venido vosotros?
—Nos ha traído una amiga almaati en un jet privado desde Tokio —le explicó Kain—. Normalmente no transportan a humanos comunes, ya que tienen que usar las aeronaves para asuntos más importantes, pero hemos tenido suerte de que aquí MJ los ha chantajeado con comida y además tiene un trato favoritista.
—¡Nom…! ¡Ni los he chantajeado ni soy la favorita de nada, para ya con eso! —gruñó MJ mientras el otro se reía—. ¿Y usted? ¿Ha venido en avión normal?
—Sí… Bueno, empecé el viaje ayer por la mañana. He pasado primero por otros sitios a zanjar algunos asuntos y luego he tomado el avión hasta Pekín. De ahí, el autobús hasta esta región y, finalmente, un amable granjero del pueblo más allá de los prados me ha acercado hasta aquí en su tractor por unas pocas monedas.
—Normalmente, el resto de humanos en nuestra situación hacen lo mismo que usted, pero suelen venir a pie desde el pueblo, o alquilar bicis o motos —dijo Kain—. Desde los prados hasta la “grieta”, como puede ver, ya no hay caminos aptos para ruedas. Hay mucha roca. Hay que ir a pie sí o sí.
—Forma parte de la experiencia —sonrió MJ, disfrutando notablemente de ese paseo por la naturaleza—. Qué bien huele, humedad fresca y vegetación pura. Oh, por cierto, yo soy MJ —se presentó ante la otra—. Y este es Kain Bounty.
—Mucho gusto, yo soy Hana Kotobuki —se presentó de la misma forma.
Tras unos minutos atravesando el pequeño bosque, el terreno se fue haciendo cuesta arriba conforme se acercaban a la primera montaña. No tenían que escalarla, sino atravesarla. MJ realmente se lo había estudiado al dedillo, pues no tardó en hallar la gruta al pie de la montaña, una cueva que, aunque su entrada era una grieta tan grande como un edificio de dos plantas, estaba bastante oculta entre la espesura de la vegetación.
Encendieron las linternas y caminaron por la oscura cueva de húmeda roca. Era muy grande y las gotas de agua que caían hacían eco. No pasó mucho rato hasta que la luz natural del día iluminó el final. No es que salieran de la cueva a cielo abierto exactamente, sino que la cueva se convirtió en un estrecho desfiladero, como si hubieran partido la montaña con un hacha. Cruzaron, pues, el desfiladero. Sus rocosas paredes grises eran tan altas que, al mirar arriba, sólo podían ver el cielo como una fina serpiente azul.
Finalmente, salieron del angosto camino a una llanura cubierta por un gran lago, tan manso que parecía un espejo, reflejando el cielo azul y las nubes blancas. No se veían las orillas del otro lado por la niebla, pero parecían lejanas. Caminaron por la orilla de cantos redondos y lisos, y se pararon al borde el agua para contemplar por unos minutos ese paisaje sin igual.
—El Lago Xuhuàn —dijo MJ, admirándolo.
—¿Qué significa su nombre? —le preguntó Hana.
—“Ilusorio”, “irreal” o “fantástico” —les contó la joven, muy entusiasmada—. Aquí es donde el brujo Zhen Yu creó su espejismo, para esconder la entrada al Monte Zou. Es como un mecanismo de seguridad.
—Cuando dices “brujo” y “espejismo”, ¿te refieres a magia? —se sorprendió Hana—. ¿O es una metáfora para describir un elaborado mecanismo tecnológico?
—Nadie sabe qué diablos era exactamente el poder de Zhen Yu —le dijo Kain—. Pero lo que es seguro es que nadie en toda la historia humana puede hacer lo que él hacía. Es un espejismo literal. Es como magia de verdad.
—Los Zou prefieren describirlo como manipulación de la realidad —apuntó MJ—. Pero, claro, la magia también se puede definir así.
—Fascinante —murmuró Hana, cada vez más emocionada con cada cosa nueva que aprendía—. Lao me dijo que ahora hay que saber lo que vas a ver para que se haga visible. ¿Cada uno debe hacerlo, o si lo hace uno vale para los tres?
—Espere, ¿ha dicho Lao? —brincó MJ con sorpresa.
—¡No fastidie! —Kain se llevó las manos a la cabeza—. ¿¡Su pareja sentimental iris es Kei Lian Lao!?
—¿¡Q…!? ¡No, no, no, para nada! —se escandalizó Hana ante tal disparate—. No, no… Él es el iris que me ha facilitado la información para venir aquí. Y el iris que me reveló el secreto de los iris, mi pareja, es Neuval Vernoux.
—¡Ahhh! —MJ dio un sonoro respingo—. ¡Qué coincidencia!
—¡No me lo puedo creer, me ha tocado la lotería! —celebró Kain, alzando los brazos con ilusión. Las otras dos lo miraron con un interrogante—. ¡Las dos, haced equipo conmigo, porfa please! ¡Entre la novia de Yako Zou y la novia de Fuujin-sama me lloverán más privilegios, estaré entre laureles!
—¿¡Tú eres…!? —miró Hana a MJ con ojos como platos.
—¡Que nooo! —rugió MJ, tapando la cabeza entera de Kain con la capucha de su abrigo para que dejara de hablar—. No le haga caso, siempre está diciendo tonterías. Kain y yo somos amigos cercanos de Yako. Nada más.
—¡Pues sí que es una coincidencia! —celebró Hana—. De todas las cosas que a Neuval le dio tiempo a contarme, me asombró el hecho de que él tuviera en su KRS al último descendiente de los Zou, y que este se hubiese convertido en iris también. ¿Vosotros conocéis a Neuval, entonces?
—¡Ojalá! —exclamaron los dos—. No hemos tenido el placer aún —continuó MJ—, pero, desde hace tres años, desde que nos revelaron la existencia de la Asociación y los iris, Neuval Vernoux es uno de los nombres que no hemos parado de oír en boca de todos los iris y almaati con los que nos hemos cruzado, acerca de sus hazañas pasadas, sus misiones…
—De hecho, MJ y yo tenemos intención de trabajar para él como cooperadores de su KRS —añadió—. Eso, si él nos acepta y contrata, claro. Si no, probaremos con la SRS de Pipi. Y si no, tendremos que buscar otra.
—Oh… ¿Es que Neuval es famoso en la Asociación o algo así?
Tanto MJ como Kain se quedaron mirando a Hana con la misma cara de extrema incredulidad e impacto ante la inocencia de esa pregunta. Hana hizo un gesto tímido, pensando que había dicho o hecho algo malo.
—¿Acaso al señor Vernoux… —dijo Kain—… se le olvidó mencionarle a usted ese pequeño detalle?
—¿Qué?
—Neuval Vernoux es el iris más poderoso que ha conocido la historia de la Asociación —le explicó MJ—. Y es el más famoso de todos. No hay miembro de la Asociación en todos los rincones del globo que no sepa quién es o no haya oído hablar de él.
—Caray… Pues no, no me contó este detalle. ¿Qué es lo que le ha hecho tan famoso e importante?
—Anarquismo, desobediencia continua de las normas… —fue enumerando Kain—… las bromas más ingeniosas y humillantes perpetradas contra Alvion, manifestaciones colosales de poder resultando en destrucciones masivas de territorios enemigos, incluso de montañas enteras, tsunamis formados por un simple soplido de su boca, creación de armas tecnológicas letales…
Hana se quedó un poco pálida y abrumada.
—Kain, calla —intervino MJ, y miró a la otra—. Aparte de esas cosas, hay muchas más razones, mejores razones. El señor Vernoux, antes de su exilio, era… ¿cómo decirlo? Un iris que siempre estaba ahí cuando lo llamabas. Estaba en todas partes. Se implicaba en todos los problemas. No hay petición de ayuda que él haya rechazado, ni obsequio que él haya negado dar. Aunque se lo pidiera alguien que le cayese mal o que no conociera, él siempre daba.
—Y no tiene nada que ver con “claro, como es millonario, tiene de todo y no le cuesta dar” —añadió Kain—. El señor Lao le contó a Yako y Yako nos contó a nosotros una vez, hablando sobre él, que el señor Vernoux, ya desde de niño, cuando sólo le quedaba un trozo de pan seco para comer o cuando llevaba un jersey lleno de agujeros, si otra persona le pedía ese pan o esa prenda, no importaba el hambre o el frío que tuviera, él se lo daba. No es lo mismo ser generoso cuando te sobra lo que das, que serlo incluso cuando tienes poco o nada.
—Eso de que Fuujin es el iris más famoso por su poder o por su rebeldía son obviedades banales —dijo MJ—. Toda la Asociación lo conoce por esa otra característica suya en la que nadie lo ha llegado a igualar. Y es su infinita generosidad.
Hana tenía una sonrisa emocionada después de escuchar eso.
—¿Sabéis? Desde que lo conocí, eso es lo que siempre pensé de él. Que debía de ser la persona más generosa del mundo. Pero no tenía ni idea de hasta qué punto esto era tan cierto.
—Dice Yako que él fue lo más parecido a un padre que tuvo, tras morir el suyo —sonrió MJ también—. También dice que es cierto que Neuval Vernoux no es perfecto. Que tiene un lado malo y un lado bueno que se alternan inexplicablemente, una extraña dualidad imprevisible que ni siquiera Alvion o los taimu comprenden. No sólo ha solucionado problemas, también los ha causado. Pero, ante todo, él siempre ha tomado la misma decisión al final, que es la de tratar de enmendar el error y arreglar los problemas causados.
—Sí, ha cometido errores y causado problemas y alguna catástrofe, y no ha sido el iris más obediente —apuntó Kain—. Pero lo que es seguro es que él, al final, ante la adversidad, siempre ha elegido ese camino, el de ser la persona que arregla lo que rompe y la que se mejora a sí misma, y no la que se esconde cobardemente o es indiferente. Por eso, queremos trabajar para él.
—Es una inspiración —concluyó MJ.
Hana respiró hondo ese aire puro y fresco del lago, llenándose nuevamente de determinación y ánimo por continuar este viaje. Ella también estaba ahí por ese exacto motivo. Inspiración. Lo que ella también quería ser.
—Bien —dijo MJ—. Cada uno tiene que ver su propia entrada para poder pasar. No puedes hacer que la entrada que tú ves se haga visible a otras personas, así que cada uno debe revelarla por sí mismo. Después de cruzarla, pasamos el Sendero Rojo, y después habrá dos Guardianes del Monte que nos harán la prueba de las Semillas de Bondad. ¿Preparados?
Los tres se pusieron juntos mirando al lejano centro del lago. Hana imaginó en su cabeza la descripción que le dio Lao. Un tori enorme en medio del lago, de vastos pilares de pulcra madera blanca, que parecían los troncos de dos árboles, sosteniendo la estructura horizontal de granito, de tallado hosco, poco refinado, como si en lugar de haber sido construido por una persona, fuese una estructura nacida directamente de las entrañas de la naturaleza, y adornada con incrustaciones de jade verde, y los medallones de oro colgantes.
Al ser eso lo que esperaban ver y coincidir con lo que realmente era, entre la bruma que flotaba sobre el lago se hizo visible poco a poco el gran tori ante cada uno de ellos, además de las piedras lisas que emergieron a ras de la superficie del agua marcando un camino desde la orilla. Los tres se miraron, compartieron una sonrisa entusiasmada, y se encaminaron juntos a las tierras Zou.
Un ruido de motor apartó el silencio que siempre reposaba sobre los prados silvestres de aquella recóndita región de China. Las nubes bajas se abrieron y la pequeña aeronave aterrizó suavemente de manera vertical sobre un campo llano. En el interior, MJ y Kain se fueron desabrochando los cinturones. Después MJ se acercó a donde la piloto estaba sentada.
—¡Mil gracias por este favorazo, Umeko, te debo una muy grande! —le gritó por encima del ruido del motor.
La piloto apagó el motor y se quitó los cascos para poder oírla. Era una mujer en la cuarentena de edad y algo rellena. MJ la conocía porque trabajaba como chica de la limpieza en el edificio de su universidad. Y Yako le reveló hace tiempo que, además, era una almaati, de la AoRS de Tokio.
—Si me das gratis un saco gigante repleto de dulces y sándwiches hechos por ti, ¡te llevaría hasta la Luna, guapa! —le aseguró Umeko, con una enorme sonrisa contenta, mientras palpaba la abultada bolsa de plástico sobre el otro asiento del copiloto, que MJ le había dado como pago por este viaje—. En cambio, ese de ahí venía sin nada —bufó, señalando donde estaba Kain, en los asientos de atrás.
—¡Os he dicho que tenía dinero para pagar, cualquiera que fuera el precio! —protestó este—. ¿Cómo iba a saber que a los almaati del hangar de Tokio se les paga con comida?
—Señorito —impugnó Umeko—. Los almaati del hangar, para empezar, no estamos para llevar y traer a humanos comunes de un lado a otro. Estamos para llevar a miembros oficiales de la Asociación y a los criminales capturados destinados al programa de castigo y reforma del Monte Zou.
—¿Qué? —se sorprendió MJ—. ¡Yo no lo sabía! No tengo mucho dinero… Por eso fui a probar suerte, presentándome sólo con una bolsa llena de dulces y sándwiches. Creía que con algún tipo de pago podíais acceder. ¿Por qué has aceptado llevarnos si normalmente no debéis hacerlo?
La piloto no respondió enseguida. En lugar de eso, se hizo la misteriosa con una sonrisilla ladina.
—Eres alguien muy importante para alguien importante —dijo entonces—. Pide lo que desees, MJ, y se te dará.
—¿Qué? ¿A qué viene ese trato favoritista? —frunció el ceño, confusa—. ¡Si no soy nadie!
—Tu amigo sabe de lo que hablo —casi rio, volviendo a encender los motores.
MJ se giró y miró Kain, encontrándolo con ese mismo tipo de sonrisilla cómplice con la piloto.
—¿Qué? ¿De qué estáis hablando? No entiendo…
—¡Voy, que me voooy! —anunció Umeko, volviendo a ponerse los auriculares.
—Vamos, favorita —la llamó Kain, saliendo por la puerta lateral con su bolsa de equipaje.
MJ también se bajó, y Umeko se marchó volando, dejándolos solos en medio del campo, y regresó el pacífico silencio de los prados.
—A Yako le gusta mucho charlar con la gente incluso fuera de la cafetería, por lo que veo —se rio Kain.
—¿Qué tiene que ver eso ahora?
—Yo sólo sé que he tenido una suerte tremenda de coincidir contigo en el hangar. Si no hubieras estado, no habría tenido este viajecito, y encima gratis.
—Ya, muy gracioso y mentiroso estás hecho tú, canalla, que te fuiste de la cafetería diciendo que ibas a Shizuoka a pasar un tiempo con tu prometida y tus futuros suegros.
—Tienes razón. Ojalá fuera más honesto, como mi amiga MJ, que está ahora en Shikoku visitando a su abuela enferma —ironizó.
MJ se puso roja y apretó los labios, consciente de su hipocresía.
—No me puedo creer que los dos hayamos coincidido con este plan. ¿Por qué no me lo habías dicho? —preguntó ella.
—Porque no quería que se lo contaras a Yako. Ya sabes lo pesado que siempre se pone con lo de que los humanos deben apreciar y agradecer tener una vida normal, segura y alejada de los problemas y bla, bla… ¿Y tú por qué tampoco me habías comentado nada a mí?
—Madre mía… —suspiró MJ, cerrando los ojos con cierta vergüenza, y Kain adivinó que era por el mismo motivo.
—Hahah… Pues verás qué contento se va a poner cuando se entere un día de estos —terminó riendo el neozelandés.
—No le va a sentar nada bien… —se lamentaba MJ—. ¡Pero es que yo llevo dos años planteándomelo! Decidí tomármelo con calma, esperar un tiempo, por si la idea terminaba pareciéndome una locura… pero es que cada mes que pasaba, más convencida estaba. Nunca he tenido algo tan claro.
—Pero… ¿por qué exactamente deseas hacerlo? —le preguntó Kain, con una sonrisa sagaz, sabiendo de sobra la respuesta.
—Porque quiero estar más cerc-… —fue a responder, pero luego sacudió la cabeza y lo miró con enfado para disimular su sonrojo—. ¿Y cuál es tu razón?
—Voy a casarme y a formar una familia pronto —contestó con orgullo y solemnidad—. Y quiero aumentar mis capacidades físicas y conocimientos para saber protegerla a toda costa. Hala. Te toca —le dio un toque en el brazo.
MJ tenía los labios apretados, le daba mucha vergüenza revelar sus razones. No es que ella se infravalorara, pero le gustaba ser realista y por eso estudiaba Derecho. Y ser realista significaba entender y aceptar que ella, al lado de miles de mujeres iris y almaati, era una simple humana del montón que no hacía gran cosa por el mundo entero ni tampoco era la más bella o inteligente o fuerte.
Tomar decisiones así de importantes por un hombre podía considerarse hoy en día una tontería, un insulto al feminismo o algo antiguo. Un signo de dependencia o debilidad. Lo mismo podía pasar a la inversa, y ser tan admirable como criticable. Pero temer lo que pensaran los demás sí que era la auténtica debilidad. Era el motivo de MJ, suyo y de nadie más, y no lo iba a negar ni a cambiar, porque para ella, era su verdad propia y personal.
Además, no era sólo hacerlo por la persona que le gustaba. Era eso y más. Yako había inspirado a MJ desde que se conocieron tres años atrás, de una manera que ella ya no se imaginaba su vida ignorando todo lo que sabía ahora.
Habían acordado, por ciertas razones que sólo Yako y ella sabían, decirle a todo el mundo que se conocieron en la facultad de Derecho al empezar el primer año de carrera. Pero la verdad es que se conocieron un poco antes de eso, en una situación algo turbulenta, en un momento de sus vidas en que las cosas no estaban yendo bien, cada uno por un problema diferente.
Conocer a Yako le había traído a MJ una nueva forma de entender el mundo y la vida de la imperfecta humanidad en él, con grandes carencias de justicia en muchos sectores. Y ella se había enamorado de eso, del mundo que antes desconocía, de la vida que habitaba en él y antes daba por sentada, de sus secretos, misterios, el modo de funcionar de todo. Se había enamorado también de una nueva imagen de sí misma a la que aún no había llegado, de una MJ más fuerte y sabia, más implicada en todo. Lo que MJ no sabía, es que ella también le cambió la vida a Yako ese día.
A pesar de todo esto, era realista. Y ser realista significaba aceptar que ella estaba muy lejos de ser una persona lo suficientemente importante para ser digna de estar con un Zou. Pero eso no la frenaba para intentar al menos acercarse más a él y al mundo que él le había enseñado. Aunque nunca pudiera estar con él, quería al menos parecerse más a él y proteger las cosas que él amaba. Era lo que ella quería y nadie se lo iba a impedir.
Así que, quitándose esa absurda vergüenza de la cabeza, volvió a mirar a Kain con la barbilla alta y ojos firmes para responderle si miedo que el motivo que la había llevado a decidir convertirse en almaati era ese, formar parte de una manera más cercana y activa del mundo de Yako y de las cosas importantes para él.
—Quiero…
—¿¡… casarte con Yako y tener cinco hijos supremos con él!? —exclamó Kain de repente—. ¡Madre mía, MJ, no eres ambiciosa ni nada!
—¿¡Pero qué diiiceees!? —rugió ella, poniéndose roja y zarandeándolo con violencia mientras el hombretón se reía—. ¡No es por eso, yo no he dicho esooo! ¡Eso nunca va a pasar!
—¿Cómo que nunca va a pasar? —paró de reír Kain, y la miró de pronto muy contrariado.
—¿Cómo que cómo…? —le chocó a MJ la pregunta, e hizo un gesto de obviedad—. Vamos, Kain, Yako podría estar con cualquiera de los miles de mujeres asombrosas que hay por ahí. Dice que con una iris los Zou no pueden estar, así que lo que más le conviene a Yako, el día que él quiera sentar cabeza, es estar con la humana almaati o monje o Guardiana del Monte más fuerte e inteligente que haya, que lleve ya años de experiencia trabajando en la Asociación y tenga un buen expediente de hazañas y logros…
—¿Tú por qué narices decides lo que más le conviene a Yako? —objetó Kain—. ¿Mujeres más asombrosas que tú? ¿Desde el punto de vista de quién?
—Pues de cualquiera que…
—Vale, prefiero que te calles un rato, me acabas de cabrear.
—¿¡Por qué!? —brincó disgustada. Kain se cruzó de brazos y le dio la espalda, por lo que MJ intentó volver a girarlo, tirando de su brazo—. Kain, ¿por qué te enfadas conmigo ahora? Oye, mírame…
—No. No hablo con tontas —siguió girando para evitar que MJ se pusiera delante de él.
—¿Qué eres, un niño de primaria?
—No. Caraculo.
—¡Uiissh! Me cuesta creer que tengas 28 añazos…
—Disculpad…
MJ y Kain dieron un brinco del susto al oír de repente una voz nueva ahí cerca de ellos. Vieron que se trataba de una mujer japonesa, algo mayor que Kain, que cargaba con una mochila grande a la espalda y, como ellos, venía bien abrigada, con guantes, gorro, bufanda y botas de campo. También escucharon el sonido de un motor, y vieron que por el camino de más allá en las lindes del prado se alejaba un tractor conducido por un granjero autóctono de uno de los pueblos de esa región.
—¿Habláis japonés?
—Sí —contestaron los dos, todavía sorprendidos de esa aparición.
—¡Ah, genial! ¿Por casualidad estáis aquí… ya sabéis… para “visitar” el Lago Xihuàn?
—Lago Xuhuàn —corrigió MJ—. Ooh… Ya entiendo. También es su primera visita al Monte Zou. ¡Menuda coincidencia!
—¡MJ! —la frenó Kain, susurrando, mirando desconfiado a la otra—. Podría ser agente del gobierno. O peor… ¡una Knive!
—¡No! No soy nada de eso, lo prometo —se apuró esta—. De verdad. Vengo para hacer el entrenamiento almaati. El iris que me explicó cómo llegar aquí me repitió: “Cae por la grieta, flota sobre el espejo, y…”
—“… atraviesa la ilusión del brujo” —terminaron diciendo MJ y Kain a dúo con ella—. Vale, es otra como nosotros, Kain —lo tranquilizó MJ—. En ese caso, en marcha, vamos juntos, ¿os parece? Me he estado estudiando el mapa de Umeko en el avión, sé por dónde ir desde aquí.
Los tres comenzaron a cruzar los prados, y se fueron aproximando hacia un manto boscoso que comenzaba a alzarse por la ladera de las primeras montañas de la cordillera, desapareciendo en el blanco humeante de las nubes más bajas.
—¿Vosotros dos también conocéis a un iris que os ha dado un mapa y explicado la ruta?
—En nuestro caso, nos han facilitado la información y también el viaje hasta aquí otros almaati de Tokio que ya conocíamos de hace tiempo —dijo Kain.
—Sí. Nosotros ya llevamos unos pocos años conociendo a gente de la Asociación —dijo MJ—. Es la primera vez que venimos, pero ya hemos escuchado muchas veces cómo se accede al Monte y cómo funcionan las cosas por ahí… ¿Cuánto tiempo lleva usted conociendo la existencia de la Asociación?
—Cuatro días.
—¿¡Cuatro días!? —repitió Kain.
—Y… ¿Ha decidido convertirse en almaati en cuatro días? —preguntó MJ, perpleja.
—Para mí ha sido una revelación milagrosa. Mi pareja sentimental, con quien llevo 3 años, es un iris, y debido a unas circunstancias recientes… ha terminado revelándome el secreto sobre quién es, sobre la Asociación y todo eso. No me digáis que no es un mundo alucinante al que poder pertenecer —sonrió con emoción.
—Tampoco crea que trabajar en la Asociación y cooperar con los iris es un juego o un camino de rosas. Tanto iris como almaati mueren en misiones —dijo Kain seriamente.
—Oh, lo sé, lo sé. Me han advertido bien de cómo son las cosas. Pero yo lo tengo claro. Lo de convertirme el almaati. ¿Cómo habéis venido vosotros?
—Nos ha traído una amiga almaati en un jet privado desde Tokio —le explicó Kain—. Normalmente no transportan a humanos comunes, ya que tienen que usar las aeronaves para asuntos más importantes, pero hemos tenido suerte de que aquí MJ los ha chantajeado con comida y además tiene un trato favoritista.
—¡Nom…! ¡Ni los he chantajeado ni soy la favorita de nada, para ya con eso! —gruñó MJ mientras el otro se reía—. ¿Y usted? ¿Ha venido en avión normal?
—Sí… Bueno, empecé el viaje ayer por la mañana. He pasado primero por otros sitios a zanjar algunos asuntos y luego he tomado el avión hasta Pekín. De ahí, el autobús hasta esta región y, finalmente, un amable granjero del pueblo más allá de los prados me ha acercado hasta aquí en su tractor por unas pocas monedas.
—Normalmente, el resto de humanos en nuestra situación hacen lo mismo que usted, pero suelen venir a pie desde el pueblo, o alquilar bicis o motos —dijo Kain—. Desde los prados hasta la “grieta”, como puede ver, ya no hay caminos aptos para ruedas. Hay mucha roca. Hay que ir a pie sí o sí.
—Forma parte de la experiencia —sonrió MJ, disfrutando notablemente de ese paseo por la naturaleza—. Qué bien huele, humedad fresca y vegetación pura. Oh, por cierto, yo soy MJ —se presentó ante la otra—. Y este es Kain Bounty.
—Mucho gusto, yo soy Hana Kotobuki —se presentó de la misma forma.
Tras unos minutos atravesando el pequeño bosque, el terreno se fue haciendo cuesta arriba conforme se acercaban a la primera montaña. No tenían que escalarla, sino atravesarla. MJ realmente se lo había estudiado al dedillo, pues no tardó en hallar la gruta al pie de la montaña, una cueva que, aunque su entrada era una grieta tan grande como un edificio de dos plantas, estaba bastante oculta entre la espesura de la vegetación.
Encendieron las linternas y caminaron por la oscura cueva de húmeda roca. Era muy grande y las gotas de agua que caían hacían eco. No pasó mucho rato hasta que la luz natural del día iluminó el final. No es que salieran de la cueva a cielo abierto exactamente, sino que la cueva se convirtió en un estrecho desfiladero, como si hubieran partido la montaña con un hacha. Cruzaron, pues, el desfiladero. Sus rocosas paredes grises eran tan altas que, al mirar arriba, sólo podían ver el cielo como una fina serpiente azul.
Finalmente, salieron del angosto camino a una llanura cubierta por un gran lago, tan manso que parecía un espejo, reflejando el cielo azul y las nubes blancas. No se veían las orillas del otro lado por la niebla, pero parecían lejanas. Caminaron por la orilla de cantos redondos y lisos, y se pararon al borde el agua para contemplar por unos minutos ese paisaje sin igual.
—El Lago Xuhuàn —dijo MJ, admirándolo.
—¿Qué significa su nombre? —le preguntó Hana.
—“Ilusorio”, “irreal” o “fantástico” —les contó la joven, muy entusiasmada—. Aquí es donde el brujo Zhen Yu creó su espejismo, para esconder la entrada al Monte Zou. Es como un mecanismo de seguridad.
—Cuando dices “brujo” y “espejismo”, ¿te refieres a magia? —se sorprendió Hana—. ¿O es una metáfora para describir un elaborado mecanismo tecnológico?
—Nadie sabe qué diablos era exactamente el poder de Zhen Yu —le dijo Kain—. Pero lo que es seguro es que nadie en toda la historia humana puede hacer lo que él hacía. Es un espejismo literal. Es como magia de verdad.
—Los Zou prefieren describirlo como manipulación de la realidad —apuntó MJ—. Pero, claro, la magia también se puede definir así.
—Fascinante —murmuró Hana, cada vez más emocionada con cada cosa nueva que aprendía—. Lao me dijo que ahora hay que saber lo que vas a ver para que se haga visible. ¿Cada uno debe hacerlo, o si lo hace uno vale para los tres?
—Espere, ¿ha dicho Lao? —brincó MJ con sorpresa.
—¡No fastidie! —Kain se llevó las manos a la cabeza—. ¿¡Su pareja sentimental iris es Kei Lian Lao!?
—¿¡Q…!? ¡No, no, no, para nada! —se escandalizó Hana ante tal disparate—. No, no… Él es el iris que me ha facilitado la información para venir aquí. Y el iris que me reveló el secreto de los iris, mi pareja, es Neuval Vernoux.
—¡Ahhh! —MJ dio un sonoro respingo—. ¡Qué coincidencia!
—¡No me lo puedo creer, me ha tocado la lotería! —celebró Kain, alzando los brazos con ilusión. Las otras dos lo miraron con un interrogante—. ¡Las dos, haced equipo conmigo, porfa please! ¡Entre la novia de Yako Zou y la novia de Fuujin-sama me lloverán más privilegios, estaré entre laureles!
—¿¡Tú eres…!? —miró Hana a MJ con ojos como platos.
—¡Que nooo! —rugió MJ, tapando la cabeza entera de Kain con la capucha de su abrigo para que dejara de hablar—. No le haga caso, siempre está diciendo tonterías. Kain y yo somos amigos cercanos de Yako. Nada más.
—¡Pues sí que es una coincidencia! —celebró Hana—. De todas las cosas que a Neuval le dio tiempo a contarme, me asombró el hecho de que él tuviera en su KRS al último descendiente de los Zou, y que este se hubiese convertido en iris también. ¿Vosotros conocéis a Neuval, entonces?
—¡Ojalá! —exclamaron los dos—. No hemos tenido el placer aún —continuó MJ—, pero, desde hace tres años, desde que nos revelaron la existencia de la Asociación y los iris, Neuval Vernoux es uno de los nombres que no hemos parado de oír en boca de todos los iris y almaati con los que nos hemos cruzado, acerca de sus hazañas pasadas, sus misiones…
—De hecho, MJ y yo tenemos intención de trabajar para él como cooperadores de su KRS —añadió—. Eso, si él nos acepta y contrata, claro. Si no, probaremos con la SRS de Pipi. Y si no, tendremos que buscar otra.
—Oh… ¿Es que Neuval es famoso en la Asociación o algo así?
Tanto MJ como Kain se quedaron mirando a Hana con la misma cara de extrema incredulidad e impacto ante la inocencia de esa pregunta. Hana hizo un gesto tímido, pensando que había dicho o hecho algo malo.
—¿Acaso al señor Vernoux… —dijo Kain—… se le olvidó mencionarle a usted ese pequeño detalle?
—¿Qué?
—Neuval Vernoux es el iris más poderoso que ha conocido la historia de la Asociación —le explicó MJ—. Y es el más famoso de todos. No hay miembro de la Asociación en todos los rincones del globo que no sepa quién es o no haya oído hablar de él.
—Caray… Pues no, no me contó este detalle. ¿Qué es lo que le ha hecho tan famoso e importante?
—Anarquismo, desobediencia continua de las normas… —fue enumerando Kain—… las bromas más ingeniosas y humillantes perpetradas contra Alvion, manifestaciones colosales de poder resultando en destrucciones masivas de territorios enemigos, incluso de montañas enteras, tsunamis formados por un simple soplido de su boca, creación de armas tecnológicas letales…
Hana se quedó un poco pálida y abrumada.
—Kain, calla —intervino MJ, y miró a la otra—. Aparte de esas cosas, hay muchas más razones, mejores razones. El señor Vernoux, antes de su exilio, era… ¿cómo decirlo? Un iris que siempre estaba ahí cuando lo llamabas. Estaba en todas partes. Se implicaba en todos los problemas. No hay petición de ayuda que él haya rechazado, ni obsequio que él haya negado dar. Aunque se lo pidiera alguien que le cayese mal o que no conociera, él siempre daba.
—Y no tiene nada que ver con “claro, como es millonario, tiene de todo y no le cuesta dar” —añadió Kain—. El señor Lao le contó a Yako y Yako nos contó a nosotros una vez, hablando sobre él, que el señor Vernoux, ya desde de niño, cuando sólo le quedaba un trozo de pan seco para comer o cuando llevaba un jersey lleno de agujeros, si otra persona le pedía ese pan o esa prenda, no importaba el hambre o el frío que tuviera, él se lo daba. No es lo mismo ser generoso cuando te sobra lo que das, que serlo incluso cuando tienes poco o nada.
—Eso de que Fuujin es el iris más famoso por su poder o por su rebeldía son obviedades banales —dijo MJ—. Toda la Asociación lo conoce por esa otra característica suya en la que nadie lo ha llegado a igualar. Y es su infinita generosidad.
Hana tenía una sonrisa emocionada después de escuchar eso.
—¿Sabéis? Desde que lo conocí, eso es lo que siempre pensé de él. Que debía de ser la persona más generosa del mundo. Pero no tenía ni idea de hasta qué punto esto era tan cierto.
—Dice Yako que él fue lo más parecido a un padre que tuvo, tras morir el suyo —sonrió MJ también—. También dice que es cierto que Neuval Vernoux no es perfecto. Que tiene un lado malo y un lado bueno que se alternan inexplicablemente, una extraña dualidad imprevisible que ni siquiera Alvion o los taimu comprenden. No sólo ha solucionado problemas, también los ha causado. Pero, ante todo, él siempre ha tomado la misma decisión al final, que es la de tratar de enmendar el error y arreglar los problemas causados.
—Sí, ha cometido errores y causado problemas y alguna catástrofe, y no ha sido el iris más obediente —apuntó Kain—. Pero lo que es seguro es que él, al final, ante la adversidad, siempre ha elegido ese camino, el de ser la persona que arregla lo que rompe y la que se mejora a sí misma, y no la que se esconde cobardemente o es indiferente. Por eso, queremos trabajar para él.
—Es una inspiración —concluyó MJ.
Hana respiró hondo ese aire puro y fresco del lago, llenándose nuevamente de determinación y ánimo por continuar este viaje. Ella también estaba ahí por ese exacto motivo. Inspiración. Lo que ella también quería ser.
—Bien —dijo MJ—. Cada uno tiene que ver su propia entrada para poder pasar. No puedes hacer que la entrada que tú ves se haga visible a otras personas, así que cada uno debe revelarla por sí mismo. Después de cruzarla, pasamos el Sendero Rojo, y después habrá dos Guardianes del Monte que nos harán la prueba de las Semillas de Bondad. ¿Preparados?
Los tres se pusieron juntos mirando al lejano centro del lago. Hana imaginó en su cabeza la descripción que le dio Lao. Un tori enorme en medio del lago, de vastos pilares de pulcra madera blanca, que parecían los troncos de dos árboles, sosteniendo la estructura horizontal de granito, de tallado hosco, poco refinado, como si en lugar de haber sido construido por una persona, fuese una estructura nacida directamente de las entrañas de la naturaleza, y adornada con incrustaciones de jade verde, y los medallones de oro colgantes.
Al ser eso lo que esperaban ver y coincidir con lo que realmente era, entre la bruma que flotaba sobre el lago se hizo visible poco a poco el gran tori ante cada uno de ellos, además de las piedras lisas que emergieron a ras de la superficie del agua marcando un camino desde la orilla. Los tres se miraron, compartieron una sonrisa entusiasmada, y se encaminaron juntos a las tierras Zou.
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