2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __
En la torre Hoteitsuba, ambos Líderes de la KRS y la SRS seguían charlando de anécdotas y novedades. Especialmente, desde que Cleven se marchó, Pipi podía ver que a su amigo no se le despegaba esa sonrisa orgullosa de la cara, y ahora ambos no paraban de hablar de sus respectivas hijas.
—Por cierto, ¿mencionaste antes que Álex se hizo amiga íntima de Nakuru al poco de comenzar el curso? —apuntó Neuval con curiosidad.
—Sí —sonrió Pipi felizmente—. Me llevé una alegría, cuando Álex me dijo que ya había hecho una amiga y me dijo el nombre de Nak. Es decir, ya me entiendes, todo padre querría que su hijo o hija tuviera de amiga a alguien como Nakuru, ¿verdad?
—Sin duda, mi Suna es una chica excepcional —afirmó Neuval, aunque luego entornó los ojos, denotando su sospecha sobre algo—. ¿Cómo de íntima… es con ella? —quiso saber.
—Pues… se ven todos los días en el instituto, pero por lo visto también quedan juntas después, para dar una vuelta y tomar algo… Todos los fines de semana también quedan… Hablan constantemente por el móvil… —A Neuval le fue creciendo una sonrisilla pícara—. ¿A qué viene esa cara de duende maléfico? —se mosqueó Pipi.
—Sí que son íntimas, sí…
—Eh, ¿qué insinúas? Tu hija ha sido íntima de Nakuru desde la infancia. Ellas hacen exactamente lo mismo, ¿no?
—Mmnno, “hermanito”, Cleven y Nakuru son íntimas amigas, pero la relación que llevan es un 35 % menos intensa que lo que acabas de describir.
—¿Ah?
—Pipi. Nicolás. Amigo —intentó explicarle Neuval—. ¿Dónde está tu infalible instinto supremo, tu olfato, tu perspicacia? ¿Sólo te funciona con los criminales o qué?
—¿Ah? —repitió.
—Vamos a ver. Las veces que Álex te ha hablado de Nakuru, y las veces que tú la has mirado mientras hablaba con ella por el móvil y tal… ¿Qué tipo de expresión emocional tenía durante esas acciones?
Pipi se quedó procesando un rato. Recordó dichas ocasiones con detalle, y esta vez, las analizó como iris. Ojos brillantes, pupilas dilatadas, mejillas sonrojadas, sonrisa radiante, voz ligera y dulce… Todo este tiempo, y se daba cuenta ahora.
Pipi se quedó como un monigote en la silla.
—Mm, hm —asintió Neuval, sonriendo divertido.
—¿¡Qué!? —exclamó por fin.
—Mm, hm.
—¡Pero ella…! ¡Q…! —casi se levantó de su silla, y se puso a mirar de un lado a otro, como intentando encontrar todo el resto de señales que se había estado perdiendo en años—. ¡No puede ser verdad!
—¿Tanto te disgusta esta noticia? —se sorprendió el Fuu.
—¡Claro que me disgusta! ¿¡Cómo no me va a disgustar que Álex no me haya dicho nunca nada!? ¡Esto es algo importante de ella, y yo creía que ella me lo contaba todo! ¿Por qué no me lo ha dicho nunca? —miró a su amigo con pena—. Yo creía que Álex sabía que podía contarme cualquier cosa, ¿por qué esto no? ¿Es porque en realidad no me ve de confianza? ¿Le he dado esa impresión? Siempre he procurado ser ese tipo de padre cuya hija sintiera que podía contarle cualquier cosa. ¿Le da miedo mi reacción o algo? ¿Cree que mi reacción la defraudaría? ¿Cómo puede pensar eso de mí? ¿Cuándo le he hecho pensar eso…?
—Ssh, ssh… —Neuval, que se había levantado de su sitio y se había acercado a él, fue posando las manos en sus hombros y dándole palmaditas—. No pasa naaada, ssh… Estás teniendo otro de esos ataquitos de pánico irracional que tanta satisfacción me dan.
—¡Neu! —levantó la cabeza con ojos dolidos y enfadados.
—¿Qué? Los “soldados ejemplares” siempre sois tan emocionalmente perfectos que veros por una vez mostrar vulnerabilidad por algo irracional es como ver un eclipse o cualquier otro evento cósmico poco habitual.
—¿Y si te eclipso la cara? —le gruñó.
—Pipi, te ahogas en un vaso de agua siempre que se trata de tu hija. Relájate. Tener una relación ejemplar o de plena confianza con ellos no significa que ellos vayan a contarte todo o a contártelo al instante. A veces simplemente quieren guardarse cosas para sí mismos, y no necesariamente es porque desconfíen o teman tu reacción.
—¿Hablas por experiencia? No me creo que Lex llegara a ocultarte algo alguna vez. Él siempre te lo contaba todo, cualquier cosa. Erais inseparables.
—Alguna vez Lex se guardaba algunos secretos o cosas personales, y eso es totalmente normal. Así que no montes un drama por este tema con Álex y mucho menos vayas a sonsacárselo como haría un humano infantil. Si ella quiere contártelo lo hará cuando ella quiera. Aunque tú te hayas enterado ahora por tu cuenta, lo único que debes hacer es esperar, y cuando llegue ese momento, escucharla.
—¿Desde cuándo Neuval Lao se ha convertido en el Líder más maduro y sabio de los dos? —ironizó Pipi con una sonrisilla de burla.
—Toda la vida he sido más maduro y sabio que tú —refunfuñó Neuval.
Pipi se lo quedó mirando un momento. Y de repente estalló a carcajadas. Se rio sin pausa durante dos minutos. Neuval lo miraba con cara de buldog y una vena hinchada en la frente.
—Ahy… ay… —se fue calmando el Dobutsu, secándose las lágrimas—. Clásico Neuval con sus chistes…
—Todavía no le he respondido a Hoti si libera ese gas letal o no —gruñó otra vez.
—El maestro Hideki también se habría reído… Uff…
—De los dos, eres tú quien ha venido a mí pidiendo consejo paternal, y no pocas veces.
—Bueno, en eso te tengo que dar la razón. Al final, el que decía que nunca quería tener hijos ha acabado criando a tres y dándole consejos al que sí deseaba tener hijos y ha acabado medio criando a una —suspiró, y Neuval hizo un asentimiento satisfecho—. Lo cual me recuerda el motivo por el que me has pedido que viniera a verte esta tarde. ¿De verdad crees que va a funcionar?
—Lo creo —afirmó Neuval—. El proceso es tan sencillo como lógico. Si tu Técnica puede traerte una visión a la mente de una persona en otro lugar en tiempo real, cabe esperar que yo también pueda verla, si me conecto a ti telepáticamente…
—Ya, ya, no. Me refiero a lo de Yenkis —le interrumpió Pipi, y el otro lo miró confuso—. ¿De verdad crees que Yenkis necesita a Haru como maestro particular?
—¿Qué dices? Tu Fuu es excelente en su dominio del aire.
—Me refiero a si es suficiente. ¿No sería mejor que Yenkis se entrenara… ya sabes… de una manera más completa, bajo la tutela de más profesionales…?
—No, porque Yenkis no va a entrenarse para ser un iris, sino para saber manejar su dominio y nada más —dijo Neuval con un tono bien claro y conciso. Pipi fue a decir algo, pero le interrumpió de nuevo—. Lo único que Yen necesita es no tener miedo de sí mismo ni de su poder, para así poder seguir teniendo la vida normal, libre y feliz que debe tener. Y sin recibir órdenes de nadie más que de mí, hasta que cumpla la mayoría de edad y vaya por su cuenta.
Pipi no dijo nada por un rato. Veía que este tema alteraba un poco a su amigo. Pero siempre había sido así. No era sólo que el hecho de haber tenido un hijo nacido iris ya traía una inevitable preocupación y una eterna incertidumbre sobre su misteriosa causa. Era, más bien, todo el tema de ser iris. Toda la vida había notado en su amigo ese pequeño e imperceptible descontento. Igual que lo percibía Lao.
—Neu —no pudo evitar preguntarle—. ¿Odias ser un iris?
—¿Qué? —se sorprendió—. No… no lo odio —contestó, pero luego miró hacia el suelo, pensativo—. Bueno… no lo sé… —dio un resoplido incómodo y se giró hacia el ventanal, mirando su reflejo—. Es solo que nadie me preguntó…
—Ya, no jodas —se rio Pipi—. ¿Desde cuándo la vida te pregunta primero, antes de ponerte delante una tragedia o una catástrofe o un cambio radical? No por eso odiamos la vida.
—Te aseguro que, si yo fuera Dios, le haría unos cuantos arreglos a toda esta realidad —murmuró Neuval para sí mismo, no observando su reflejo traslúcido, sino a través de él las inmensas vistas de la ciudad hasta el horizonte.
Pipi frunció el ceño. Sintió un escalofrío de repente, una sensación rara e inquietante. Una energía vibrante. No obstante, de pronto Neuval se dio la vuelta, con una cara muy diferente.
—Bueno, ¿qué? ¿Vamos a probarlo? —preguntó impaciente y con entusiasmo.
—Ay, como se me fría el cerebro por tu culpa… —suspiró Pipi, levantándose de la silla, mientras Neuval se ponía frente a él—. A ver. ¿Qué hago? ¿Te conectas y me conecto, o me conecto y te conectas?
—Creo que es mejor lo primero. Si conectas con Haru y luego yo conecto contigo, podría sentirse como una intrusión para tu Técnica y fallar. Es mejor ver si tu Técnica funciona cuando yo ya esté conectado a ti.
—Tiene sentido, una conexión en cadena ordenada, ya que tú eres el emisor, yo el canal y Haru el destinatario.
—Bien. Ponte aquí y mírame a los ojos, procurando no moverte ni parpadear —Neuval le sujetó la cabeza, acercándose mucho a él, y empezó a concentrarse.
—Cualquiera que entre en el despacho ahora y nos vea así, pensará que estamos a punto de besarnos —comentó Pipi.
—Puedo besarte, si es lo que quieres. Sabes que puedo llegar a ser muy cariñoso —sonrió Neuval.
—Los franceses sois tan raros...
—Estoy bromeando, idiota.
—Como entre aquí otro de tus hijos por sorpresa, no habrá disimulo que justifique esto.
—En ese caso, esta vez oiremos a Hoti.
—Neuval, te juro que como cotillees en mi mente mis pensamientos o memorias más íntimas o privadas, te morderé y te inyectaré veneno.
—Conozco de sobra todos tus secretos y privacidades desde hace más de tres décadas y no tengo ningún interés en verlas ahora mismo, créeme.
—Como si tus privacidades fueran más agradables e inocentes…
—Calla, Nicolás. Ponte a hacer tu parte.
Pipi intentó aplacar los pocos nervios y dudas que tenía y ceder finalmente al experimento. Abrió bien sus ojos avellana y procuró no parpadear para que Neuval pudiese meterse en su mente más fácilmente. Esperó a que su ojo izquierdo desprendiese su luz blanca para indicar que ya estaba metido mediante la Técnica de Telepatía, y una vez lo hizo, Pipi activó su Técnica de Localización, haciendo brillar su ojo izquierdo de su luz iris verde oscuro.
Hicieron algunos intentos. Pasó un largo rato hasta que lograron mantener estable la conexión de ambas mentes. Pero ellos ni notaron el paso del tiempo. La concentración mutua era muy profunda.
Seguían en pie en medio del despacho, cara a cara, mirándose fijamente a los ojos, con sus respectivos ojos izquierdos brillando de luz blanca y de luz verde oscuro. Entonces, Pipi giró un poco sobre sus talones hacia su derecha, apuntando hacia el este, y Neuval se movió para seguir sosteniéndole la mirada. Un minuto después, Pipi dio media vuelta de golpe y se quedó mirando hacia el oeste. Neuval se apresuró a ponerse frente él.
—Por fin, carajo —murmuró Pipi—. Ha costado localizarlo con tu mente de por medio.
—¡Hey! —exclamó Neuval, acercándose más a la cara de su amigo—. No me lo creo… ¡Lo estoy viendo!
—¿Ves lo mismo que yo? Yo estoy viendo a Haru.
—Sí, es… ¡es una sensación muy rara! Sigo viendo tu cara, pero es como si en mi mente se proyectase la imagen que tú también debes de estar viendo. Veo a Haru tumbado sobre el capó de una furgoneta, y a otros tres jóvenes dentro —entornó los ojos—. Estos deben ser de su grupo de música. Pero… ¿Dónde están?
—Parados en mitad de una carretera rodeados de campo desértico, ¿no lo ves?
—Sí —dijo con paciencia—. ¿Pero eso dónde está exactamente? ¿Tu Técnica te da conocimiento de la dirección y la distancia?
—Sí. Están al oeste, más allá de Tokio, no reconozco la región. Percibo que son… unos… 172 kilómetros desde aquí. A mí me da que se les ha averiado la furgoneta y se han quedado tirados en la carretera. No hay nada más por ahí que campo y bosque. A lo mejor están esperando una grúa.
Neuval entornó más los ojos, concentrándose en la cara de Haru, que se veía un poco difusa y con poca luminosidad por el anochecer de su alrededor. Trató de meterse en su mente, pero no pudo. Lo intentó otra vez.
—Chulapo, ayúdame, céntrate en Haru lo mejor que puedas, ya casi lo tengo.
Pipi lo hizo, y su Técnica le permitió aproximarse más al rostro del chico en la imagen de su mente. Ahí Neuval empezó a llamarlo. «Haru… ¡Haru!». Ambos Líderes se sorprendieron al ver a Haru incorporándose sobre el capó de sopetón, con sobresalto, mirando a su alrededor.
—C’est pas vrai ! —rio Neuval, alucinado—. ¡Me ha oído!
—Pues era fácil —opinó Pipi.
«Haru, ¿me oyes?» preguntó Neuval.
El chico se quedó quieto unos segundos, analizando lo que le estaba pasando, poniendo cara escamada. Para cualquier Fuu, distinguir qué era un sonido y qué no era inmediatamente evidente. Por eso, Haru supo que lo que había oído había sido dentro de su cabeza, y no un sonido que había viajado por el aire, por lo que decidió responder mentalmente, sin abrir la boca. «“¿Quién demonios es?”» oyeron Pipi y Neuval la voz del joven en sus mentes.
Neuval sintió un escalofrío de la emoción, empezó a disfrutar de aquello como un niño. «Haru…» le dijo con voz grave y potente. «Te estoy hablando yo. Soy… Dios».
«“¿Dios? Sólo conozco a diez dioses, ¿cuál eres tú?”».
Pipi le pegó un pisotón a Neuval para que se dejase de tonterías y este reprimió una exclamación. «No, no, era broma, soy yo, Neuval».
«“¿Fuujin-sama?”». El muchacho se incorporó más sobre el capó del vehículo, intrigado. «“¿Cómo es esto posible? Tu telepatía tiene un límite de distancia. Por aquí no te veo”».
«No estoy ahí, me comunico contigo telepáticamente desde Shibuya. Pipi y yo estamos combinando nuestras Técnicas. Es la primera vez que probamos a hacer esto. Dime, ¿dónde estás?».
Vieron a Haru volviendo a tumbarse perezosamente sobre el capó. «“No tengo ni idea, y mis compañeros tampoco. Aquí ni hay cobertura, ni gasolinera ni casa alguna. Íbamos de camino a un onsen de Nagano a pasar un finde de relax los cuatro solos, cuando ha explotado algo en el motor de la furgo. Ya no hay forma de arrancarla”».
«Ay…» suspiró Neuval. «A ver. ¿Qué has visto cuando has abierto el capó?».
«“Nada”» contestó. «“Porque no he abierto el capó”».
«Así que ves que algo explota en el motor del vehículo que estás conduciendo, que se te para y ya no arranca, ¿y no se te ocurre abrir el capó a echar un vistazo?».
«“¿Bromeas? Si ha explotado algo en el motor, no voy a abrir el capó para que me explote algo más en la cara”».
«Pero sí que te tumbas sobre él».
«“Está calentito. ¿Sabes la rasca que pega por aquí?”».
Pipi puso una mueca.
—Neu. ¿Seguro que quieres que Haru sea el entrenador de Yenkis? —tuvo que preguntarle una vez más.
—Hah… No hay errores en su lógica, Nico —le dijo el parisino—. De nada le sirve abrir el capó si no tiene ni idea de mecánica, sólo se arriesgaría a tocar lo que no debe, sufrir alguna quemadura o que algo le explote en la cara. Se ha tumbado encima para notar posibles vibraciones y para ir comprobando si el motor se enfría o se sobrecalienta. Si nota lo segundo, avisará a sus amigos humanos para que salgan del vehículo y se alejen. Mientras no sea este el caso, necesitan guarecerse del frío dentro del vehículo. Está manteniendo a sus amigos protegidos del frío y al mismo tiempo de cualquier otro imprevisto inminente del motor.
—Guau… Me avergüenza admitir que después de una década teniéndolo bajo mi ala, todavía me cuesta entender el idioma escueto de mi Fuu.
«Vale, Haru, quedaos donde estáis, voy a ir a buscaros» le dijo Neuval mentalmente.
«“No hay necesidad, Fuujin-sama. En cuanto me asegure de que el motor se queda frío y deja de echar humo, iré a pie a encontrar el pueblo más cercano y volveré con la grúa. Con mi velocidad no tardaría nada. No es nada del otro mundo”».
«Te ahorraré las molestias de todo eso. Te necesito en Tokio lo antes posible para encomendarte un favor personal».
«“¿No te ha dicho Pipi que estoy en mi periodo vacacional?”».
«Te lo compensaré con creces, Haru. Es algo muy importante para mí».
Neuval vio que el chico se quedaba pensativo un momento. Luego bostezó perezosamente, estirando los brazos, y volvió a quedarse cómodamente tumbado sobre el capó con su estrafalario y estiloso abrigo de triángulos de colores. Neuval interpretó eso como un “pues vale”, y anuló la Técnica, apartándose al fin de su amigo.
Pipi parpadeó varias veces al notar su mente libre por fin y también desactivó su Técnica. Después vio cómo Neuval se iba directamente hacia la moderna estantería blanca que cubría toda aquella pared al lado de su escritorio, concretamente, frente a un hueco que tenía un pequeño mostrador saliente semicircular. Neuval dijo del tirón y en voz alta el nombre de una serie de objetos, y aquel mostrador, girando como una cinta, fue sacando del interior de la pared todo lo que pedía de manera instantánea, que básicamente fue una extraña llave mecánica, una especie de tuerca, un clip metálico, un pequeño estuche plano donde guardar estas cosas y una camiseta y sudadera limpias.
Después de sujetarse aquel pequeño estuche en la parte de atrás de la cintura del pantalón chándal con un simple gancho especial, dejó la camiseta sucia sobre el mostrador y este se la llevó al interior de la pared, y se fue poniendo las prendas limpias.
—¿Para qué la herramienta? —le preguntó Pipi.
—¿Cómo que para qué? No voy a malgastar combustible y contaminar el aire de más yendo yo con otro vehículo. Iré hasta allí volando, repararé el suyo y regresaremos todos en él.
—¿De verdad pretendes ir a arreglarle el motor explotado a Haru con una llave, una tuerca y un clip? ¿Cómo sabes siquiera qué tipo de avería es y que te basta con esas cosas?
Neuval paró inmediatamente de hacer lo que estaba haciendo y se quedó muy quieto y callado mirándolo fijamente. Pipi sintió el frío polar de sus ojos grises y de ese súbito silencio. Entonces se dio cuenta de que preguntarle a Neuval si sabría arreglar una avería de un motor de coche con un par de herramientas era como preguntarle a una computadora cuántica si sabría resolver la suma de 2+2.
—Perdón, Neuval. Te pido disculpas por tamaña ofensa. Eso es lo que pasa cuando te exilias y pasamos tanto tiempo separados. ¿Me perdonas por haberte hecho esa pregunta tan trágica y aberrante?
—Por favor, no sufras —se le acercó dramáticamente, posando las manos en sus hombros—. Los amigos están para perdonarse cualquier cosa, incluso ese tipo de preguntas tan enormemente ofensivas.
—Gracias, “hermano”, no volverá a pasar —sonrió Pipi, conmovido.
—Te quiero, “hermanito” —lo abrazó Neuval.
Una vez concluyeron la emotiva escena, el Fuu fue a apagar los ordenadores de su mesa.
—¿Te imaginas que Haru se hubiese creído que soy alguno de los dioses? —preguntó divertido, abriendo la puerta corrediza del balcón, y entró una gélida ráfaga de viento al despacho—. Podría haberme hecho pasar por Zero o Kero.
—Neuval, eres el único ser vivo de este planeta que ya ha tenido un par de roces con los dioses hace años. Procura, por favor, no hacer más cosas que les pueda cabrear —gruñó Pipi—. Te recuerdo que las almas y espíritus de nuestros seres queridos están bajo el dominio de Zero en su Dimensión Yang.
—Mejor que no estén en la Dimensión Yin de Kero —repuso, y se subió al borde de la baranda de piedra de un salto—. Quédate cuanto quieras.
—Pensaba robarte otra cerveza —asintió Pipi, y cuando Neuval se marchó volando por el cielo, cerró el balcón y volvió al saloncito para relajarse y tomarse otro trago.
En la torre Hoteitsuba, ambos Líderes de la KRS y la SRS seguían charlando de anécdotas y novedades. Especialmente, desde que Cleven se marchó, Pipi podía ver que a su amigo no se le despegaba esa sonrisa orgullosa de la cara, y ahora ambos no paraban de hablar de sus respectivas hijas.
—Por cierto, ¿mencionaste antes que Álex se hizo amiga íntima de Nakuru al poco de comenzar el curso? —apuntó Neuval con curiosidad.
—Sí —sonrió Pipi felizmente—. Me llevé una alegría, cuando Álex me dijo que ya había hecho una amiga y me dijo el nombre de Nak. Es decir, ya me entiendes, todo padre querría que su hijo o hija tuviera de amiga a alguien como Nakuru, ¿verdad?
—Sin duda, mi Suna es una chica excepcional —afirmó Neuval, aunque luego entornó los ojos, denotando su sospecha sobre algo—. ¿Cómo de íntima… es con ella? —quiso saber.
—Pues… se ven todos los días en el instituto, pero por lo visto también quedan juntas después, para dar una vuelta y tomar algo… Todos los fines de semana también quedan… Hablan constantemente por el móvil… —A Neuval le fue creciendo una sonrisilla pícara—. ¿A qué viene esa cara de duende maléfico? —se mosqueó Pipi.
—Sí que son íntimas, sí…
—Eh, ¿qué insinúas? Tu hija ha sido íntima de Nakuru desde la infancia. Ellas hacen exactamente lo mismo, ¿no?
—Mmnno, “hermanito”, Cleven y Nakuru son íntimas amigas, pero la relación que llevan es un 35 % menos intensa que lo que acabas de describir.
—¿Ah?
—Pipi. Nicolás. Amigo —intentó explicarle Neuval—. ¿Dónde está tu infalible instinto supremo, tu olfato, tu perspicacia? ¿Sólo te funciona con los criminales o qué?
—¿Ah? —repitió.
—Vamos a ver. Las veces que Álex te ha hablado de Nakuru, y las veces que tú la has mirado mientras hablaba con ella por el móvil y tal… ¿Qué tipo de expresión emocional tenía durante esas acciones?
Pipi se quedó procesando un rato. Recordó dichas ocasiones con detalle, y esta vez, las analizó como iris. Ojos brillantes, pupilas dilatadas, mejillas sonrojadas, sonrisa radiante, voz ligera y dulce… Todo este tiempo, y se daba cuenta ahora.
Pipi se quedó como un monigote en la silla.
—Mm, hm —asintió Neuval, sonriendo divertido.
—¿¡Qué!? —exclamó por fin.
—Mm, hm.
—¡Pero ella…! ¡Q…! —casi se levantó de su silla, y se puso a mirar de un lado a otro, como intentando encontrar todo el resto de señales que se había estado perdiendo en años—. ¡No puede ser verdad!
—¿Tanto te disgusta esta noticia? —se sorprendió el Fuu.
—¡Claro que me disgusta! ¿¡Cómo no me va a disgustar que Álex no me haya dicho nunca nada!? ¡Esto es algo importante de ella, y yo creía que ella me lo contaba todo! ¿Por qué no me lo ha dicho nunca? —miró a su amigo con pena—. Yo creía que Álex sabía que podía contarme cualquier cosa, ¿por qué esto no? ¿Es porque en realidad no me ve de confianza? ¿Le he dado esa impresión? Siempre he procurado ser ese tipo de padre cuya hija sintiera que podía contarle cualquier cosa. ¿Le da miedo mi reacción o algo? ¿Cree que mi reacción la defraudaría? ¿Cómo puede pensar eso de mí? ¿Cuándo le he hecho pensar eso…?
—Ssh, ssh… —Neuval, que se había levantado de su sitio y se había acercado a él, fue posando las manos en sus hombros y dándole palmaditas—. No pasa naaada, ssh… Estás teniendo otro de esos ataquitos de pánico irracional que tanta satisfacción me dan.
—¡Neu! —levantó la cabeza con ojos dolidos y enfadados.
—¿Qué? Los “soldados ejemplares” siempre sois tan emocionalmente perfectos que veros por una vez mostrar vulnerabilidad por algo irracional es como ver un eclipse o cualquier otro evento cósmico poco habitual.
—¿Y si te eclipso la cara? —le gruñó.
—Pipi, te ahogas en un vaso de agua siempre que se trata de tu hija. Relájate. Tener una relación ejemplar o de plena confianza con ellos no significa que ellos vayan a contarte todo o a contártelo al instante. A veces simplemente quieren guardarse cosas para sí mismos, y no necesariamente es porque desconfíen o teman tu reacción.
—¿Hablas por experiencia? No me creo que Lex llegara a ocultarte algo alguna vez. Él siempre te lo contaba todo, cualquier cosa. Erais inseparables.
—Alguna vez Lex se guardaba algunos secretos o cosas personales, y eso es totalmente normal. Así que no montes un drama por este tema con Álex y mucho menos vayas a sonsacárselo como haría un humano infantil. Si ella quiere contártelo lo hará cuando ella quiera. Aunque tú te hayas enterado ahora por tu cuenta, lo único que debes hacer es esperar, y cuando llegue ese momento, escucharla.
—¿Desde cuándo Neuval Lao se ha convertido en el Líder más maduro y sabio de los dos? —ironizó Pipi con una sonrisilla de burla.
—Toda la vida he sido más maduro y sabio que tú —refunfuñó Neuval.
Pipi se lo quedó mirando un momento. Y de repente estalló a carcajadas. Se rio sin pausa durante dos minutos. Neuval lo miraba con cara de buldog y una vena hinchada en la frente.
—Ahy… ay… —se fue calmando el Dobutsu, secándose las lágrimas—. Clásico Neuval con sus chistes…
—Todavía no le he respondido a Hoti si libera ese gas letal o no —gruñó otra vez.
—El maestro Hideki también se habría reído… Uff…
—De los dos, eres tú quien ha venido a mí pidiendo consejo paternal, y no pocas veces.
—Bueno, en eso te tengo que dar la razón. Al final, el que decía que nunca quería tener hijos ha acabado criando a tres y dándole consejos al que sí deseaba tener hijos y ha acabado medio criando a una —suspiró, y Neuval hizo un asentimiento satisfecho—. Lo cual me recuerda el motivo por el que me has pedido que viniera a verte esta tarde. ¿De verdad crees que va a funcionar?
—Lo creo —afirmó Neuval—. El proceso es tan sencillo como lógico. Si tu Técnica puede traerte una visión a la mente de una persona en otro lugar en tiempo real, cabe esperar que yo también pueda verla, si me conecto a ti telepáticamente…
—Ya, ya, no. Me refiero a lo de Yenkis —le interrumpió Pipi, y el otro lo miró confuso—. ¿De verdad crees que Yenkis necesita a Haru como maestro particular?
—¿Qué dices? Tu Fuu es excelente en su dominio del aire.
—Me refiero a si es suficiente. ¿No sería mejor que Yenkis se entrenara… ya sabes… de una manera más completa, bajo la tutela de más profesionales…?
—No, porque Yenkis no va a entrenarse para ser un iris, sino para saber manejar su dominio y nada más —dijo Neuval con un tono bien claro y conciso. Pipi fue a decir algo, pero le interrumpió de nuevo—. Lo único que Yen necesita es no tener miedo de sí mismo ni de su poder, para así poder seguir teniendo la vida normal, libre y feliz que debe tener. Y sin recibir órdenes de nadie más que de mí, hasta que cumpla la mayoría de edad y vaya por su cuenta.
Pipi no dijo nada por un rato. Veía que este tema alteraba un poco a su amigo. Pero siempre había sido así. No era sólo que el hecho de haber tenido un hijo nacido iris ya traía una inevitable preocupación y una eterna incertidumbre sobre su misteriosa causa. Era, más bien, todo el tema de ser iris. Toda la vida había notado en su amigo ese pequeño e imperceptible descontento. Igual que lo percibía Lao.
—Neu —no pudo evitar preguntarle—. ¿Odias ser un iris?
—¿Qué? —se sorprendió—. No… no lo odio —contestó, pero luego miró hacia el suelo, pensativo—. Bueno… no lo sé… —dio un resoplido incómodo y se giró hacia el ventanal, mirando su reflejo—. Es solo que nadie me preguntó…
—Ya, no jodas —se rio Pipi—. ¿Desde cuándo la vida te pregunta primero, antes de ponerte delante una tragedia o una catástrofe o un cambio radical? No por eso odiamos la vida.
—Te aseguro que, si yo fuera Dios, le haría unos cuantos arreglos a toda esta realidad —murmuró Neuval para sí mismo, no observando su reflejo traslúcido, sino a través de él las inmensas vistas de la ciudad hasta el horizonte.
Pipi frunció el ceño. Sintió un escalofrío de repente, una sensación rara e inquietante. Una energía vibrante. No obstante, de pronto Neuval se dio la vuelta, con una cara muy diferente.
—Bueno, ¿qué? ¿Vamos a probarlo? —preguntó impaciente y con entusiasmo.
—Ay, como se me fría el cerebro por tu culpa… —suspiró Pipi, levantándose de la silla, mientras Neuval se ponía frente a él—. A ver. ¿Qué hago? ¿Te conectas y me conecto, o me conecto y te conectas?
—Creo que es mejor lo primero. Si conectas con Haru y luego yo conecto contigo, podría sentirse como una intrusión para tu Técnica y fallar. Es mejor ver si tu Técnica funciona cuando yo ya esté conectado a ti.
—Tiene sentido, una conexión en cadena ordenada, ya que tú eres el emisor, yo el canal y Haru el destinatario.
—Bien. Ponte aquí y mírame a los ojos, procurando no moverte ni parpadear —Neuval le sujetó la cabeza, acercándose mucho a él, y empezó a concentrarse.
—Cualquiera que entre en el despacho ahora y nos vea así, pensará que estamos a punto de besarnos —comentó Pipi.
—Puedo besarte, si es lo que quieres. Sabes que puedo llegar a ser muy cariñoso —sonrió Neuval.
—Los franceses sois tan raros...
—Estoy bromeando, idiota.
—Como entre aquí otro de tus hijos por sorpresa, no habrá disimulo que justifique esto.
—En ese caso, esta vez oiremos a Hoti.
—Neuval, te juro que como cotillees en mi mente mis pensamientos o memorias más íntimas o privadas, te morderé y te inyectaré veneno.
—Conozco de sobra todos tus secretos y privacidades desde hace más de tres décadas y no tengo ningún interés en verlas ahora mismo, créeme.
—Como si tus privacidades fueran más agradables e inocentes…
—Calla, Nicolás. Ponte a hacer tu parte.
Pipi intentó aplacar los pocos nervios y dudas que tenía y ceder finalmente al experimento. Abrió bien sus ojos avellana y procuró no parpadear para que Neuval pudiese meterse en su mente más fácilmente. Esperó a que su ojo izquierdo desprendiese su luz blanca para indicar que ya estaba metido mediante la Técnica de Telepatía, y una vez lo hizo, Pipi activó su Técnica de Localización, haciendo brillar su ojo izquierdo de su luz iris verde oscuro.
Hicieron algunos intentos. Pasó un largo rato hasta que lograron mantener estable la conexión de ambas mentes. Pero ellos ni notaron el paso del tiempo. La concentración mutua era muy profunda.
Seguían en pie en medio del despacho, cara a cara, mirándose fijamente a los ojos, con sus respectivos ojos izquierdos brillando de luz blanca y de luz verde oscuro. Entonces, Pipi giró un poco sobre sus talones hacia su derecha, apuntando hacia el este, y Neuval se movió para seguir sosteniéndole la mirada. Un minuto después, Pipi dio media vuelta de golpe y se quedó mirando hacia el oeste. Neuval se apresuró a ponerse frente él.
—Por fin, carajo —murmuró Pipi—. Ha costado localizarlo con tu mente de por medio.
—¡Hey! —exclamó Neuval, acercándose más a la cara de su amigo—. No me lo creo… ¡Lo estoy viendo!
—¿Ves lo mismo que yo? Yo estoy viendo a Haru.
—Sí, es… ¡es una sensación muy rara! Sigo viendo tu cara, pero es como si en mi mente se proyectase la imagen que tú también debes de estar viendo. Veo a Haru tumbado sobre el capó de una furgoneta, y a otros tres jóvenes dentro —entornó los ojos—. Estos deben ser de su grupo de música. Pero… ¿Dónde están?
—Parados en mitad de una carretera rodeados de campo desértico, ¿no lo ves?
—Sí —dijo con paciencia—. ¿Pero eso dónde está exactamente? ¿Tu Técnica te da conocimiento de la dirección y la distancia?
—Sí. Están al oeste, más allá de Tokio, no reconozco la región. Percibo que son… unos… 172 kilómetros desde aquí. A mí me da que se les ha averiado la furgoneta y se han quedado tirados en la carretera. No hay nada más por ahí que campo y bosque. A lo mejor están esperando una grúa.
Neuval entornó más los ojos, concentrándose en la cara de Haru, que se veía un poco difusa y con poca luminosidad por el anochecer de su alrededor. Trató de meterse en su mente, pero no pudo. Lo intentó otra vez.
—Chulapo, ayúdame, céntrate en Haru lo mejor que puedas, ya casi lo tengo.
Pipi lo hizo, y su Técnica le permitió aproximarse más al rostro del chico en la imagen de su mente. Ahí Neuval empezó a llamarlo. «Haru… ¡Haru!». Ambos Líderes se sorprendieron al ver a Haru incorporándose sobre el capó de sopetón, con sobresalto, mirando a su alrededor.
—C’est pas vrai ! —rio Neuval, alucinado—. ¡Me ha oído!
—Pues era fácil —opinó Pipi.
«Haru, ¿me oyes?» preguntó Neuval.
El chico se quedó quieto unos segundos, analizando lo que le estaba pasando, poniendo cara escamada. Para cualquier Fuu, distinguir qué era un sonido y qué no era inmediatamente evidente. Por eso, Haru supo que lo que había oído había sido dentro de su cabeza, y no un sonido que había viajado por el aire, por lo que decidió responder mentalmente, sin abrir la boca. «“¿Quién demonios es?”» oyeron Pipi y Neuval la voz del joven en sus mentes.
Neuval sintió un escalofrío de la emoción, empezó a disfrutar de aquello como un niño. «Haru…» le dijo con voz grave y potente. «Te estoy hablando yo. Soy… Dios».
«“¿Dios? Sólo conozco a diez dioses, ¿cuál eres tú?”».
Pipi le pegó un pisotón a Neuval para que se dejase de tonterías y este reprimió una exclamación. «No, no, era broma, soy yo, Neuval».
«“¿Fuujin-sama?”». El muchacho se incorporó más sobre el capó del vehículo, intrigado. «“¿Cómo es esto posible? Tu telepatía tiene un límite de distancia. Por aquí no te veo”».
«No estoy ahí, me comunico contigo telepáticamente desde Shibuya. Pipi y yo estamos combinando nuestras Técnicas. Es la primera vez que probamos a hacer esto. Dime, ¿dónde estás?».
Vieron a Haru volviendo a tumbarse perezosamente sobre el capó. «“No tengo ni idea, y mis compañeros tampoco. Aquí ni hay cobertura, ni gasolinera ni casa alguna. Íbamos de camino a un onsen de Nagano a pasar un finde de relax los cuatro solos, cuando ha explotado algo en el motor de la furgo. Ya no hay forma de arrancarla”».
«Ay…» suspiró Neuval. «A ver. ¿Qué has visto cuando has abierto el capó?».
«“Nada”» contestó. «“Porque no he abierto el capó”».
«Así que ves que algo explota en el motor del vehículo que estás conduciendo, que se te para y ya no arranca, ¿y no se te ocurre abrir el capó a echar un vistazo?».
«“¿Bromeas? Si ha explotado algo en el motor, no voy a abrir el capó para que me explote algo más en la cara”».
«Pero sí que te tumbas sobre él».
«“Está calentito. ¿Sabes la rasca que pega por aquí?”».
Pipi puso una mueca.
—Neu. ¿Seguro que quieres que Haru sea el entrenador de Yenkis? —tuvo que preguntarle una vez más.
—Hah… No hay errores en su lógica, Nico —le dijo el parisino—. De nada le sirve abrir el capó si no tiene ni idea de mecánica, sólo se arriesgaría a tocar lo que no debe, sufrir alguna quemadura o que algo le explote en la cara. Se ha tumbado encima para notar posibles vibraciones y para ir comprobando si el motor se enfría o se sobrecalienta. Si nota lo segundo, avisará a sus amigos humanos para que salgan del vehículo y se alejen. Mientras no sea este el caso, necesitan guarecerse del frío dentro del vehículo. Está manteniendo a sus amigos protegidos del frío y al mismo tiempo de cualquier otro imprevisto inminente del motor.
—Guau… Me avergüenza admitir que después de una década teniéndolo bajo mi ala, todavía me cuesta entender el idioma escueto de mi Fuu.
«Vale, Haru, quedaos donde estáis, voy a ir a buscaros» le dijo Neuval mentalmente.
«“No hay necesidad, Fuujin-sama. En cuanto me asegure de que el motor se queda frío y deja de echar humo, iré a pie a encontrar el pueblo más cercano y volveré con la grúa. Con mi velocidad no tardaría nada. No es nada del otro mundo”».
«Te ahorraré las molestias de todo eso. Te necesito en Tokio lo antes posible para encomendarte un favor personal».
«“¿No te ha dicho Pipi que estoy en mi periodo vacacional?”».
«Te lo compensaré con creces, Haru. Es algo muy importante para mí».
Neuval vio que el chico se quedaba pensativo un momento. Luego bostezó perezosamente, estirando los brazos, y volvió a quedarse cómodamente tumbado sobre el capó con su estrafalario y estiloso abrigo de triángulos de colores. Neuval interpretó eso como un “pues vale”, y anuló la Técnica, apartándose al fin de su amigo.
Pipi parpadeó varias veces al notar su mente libre por fin y también desactivó su Técnica. Después vio cómo Neuval se iba directamente hacia la moderna estantería blanca que cubría toda aquella pared al lado de su escritorio, concretamente, frente a un hueco que tenía un pequeño mostrador saliente semicircular. Neuval dijo del tirón y en voz alta el nombre de una serie de objetos, y aquel mostrador, girando como una cinta, fue sacando del interior de la pared todo lo que pedía de manera instantánea, que básicamente fue una extraña llave mecánica, una especie de tuerca, un clip metálico, un pequeño estuche plano donde guardar estas cosas y una camiseta y sudadera limpias.
Después de sujetarse aquel pequeño estuche en la parte de atrás de la cintura del pantalón chándal con un simple gancho especial, dejó la camiseta sucia sobre el mostrador y este se la llevó al interior de la pared, y se fue poniendo las prendas limpias.
—¿Para qué la herramienta? —le preguntó Pipi.
—¿Cómo que para qué? No voy a malgastar combustible y contaminar el aire de más yendo yo con otro vehículo. Iré hasta allí volando, repararé el suyo y regresaremos todos en él.
—¿De verdad pretendes ir a arreglarle el motor explotado a Haru con una llave, una tuerca y un clip? ¿Cómo sabes siquiera qué tipo de avería es y que te basta con esas cosas?
Neuval paró inmediatamente de hacer lo que estaba haciendo y se quedó muy quieto y callado mirándolo fijamente. Pipi sintió el frío polar de sus ojos grises y de ese súbito silencio. Entonces se dio cuenta de que preguntarle a Neuval si sabría arreglar una avería de un motor de coche con un par de herramientas era como preguntarle a una computadora cuántica si sabría resolver la suma de 2+2.
—Perdón, Neuval. Te pido disculpas por tamaña ofensa. Eso es lo que pasa cuando te exilias y pasamos tanto tiempo separados. ¿Me perdonas por haberte hecho esa pregunta tan trágica y aberrante?
—Por favor, no sufras —se le acercó dramáticamente, posando las manos en sus hombros—. Los amigos están para perdonarse cualquier cosa, incluso ese tipo de preguntas tan enormemente ofensivas.
—Gracias, “hermano”, no volverá a pasar —sonrió Pipi, conmovido.
—Te quiero, “hermanito” —lo abrazó Neuval.
Una vez concluyeron la emotiva escena, el Fuu fue a apagar los ordenadores de su mesa.
—¿Te imaginas que Haru se hubiese creído que soy alguno de los dioses? —preguntó divertido, abriendo la puerta corrediza del balcón, y entró una gélida ráfaga de viento al despacho—. Podría haberme hecho pasar por Zero o Kero.
—Neuval, eres el único ser vivo de este planeta que ya ha tenido un par de roces con los dioses hace años. Procura, por favor, no hacer más cosas que les pueda cabrear —gruñó Pipi—. Te recuerdo que las almas y espíritus de nuestros seres queridos están bajo el dominio de Zero en su Dimensión Yang.
—Mejor que no estén en la Dimensión Yin de Kero —repuso, y se subió al borde de la baranda de piedra de un salto—. Quédate cuanto quieras.
—Pensaba robarte otra cerveza —asintió Pipi, y cuando Neuval se marchó volando por el cielo, cerró el balcón y volvió al saloncito para relajarse y tomarse otro trago.
Comentarios
Publicar un comentario