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2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __









50.
El espíritu de Maat

Después de salir del despacho para dejar que Neuval trabajara, Lao y Hana fueron juntos por el pasillo. Hana iba con la vista clavada al suelo de camino a los ascensores, reflexiva sobre todo lo que había oído.

Neuval ya le contó resumidamente de qué se trataba el majin el día anterior, pero ahora, dándole más vueltas en la cabeza, y con la historia de Izan, ya lo iba comprendiendo, y desde luego le resultaba una desgracia para los iris. Era como el cáncer en los humanos, u otro tipo de enfermedad. Nadie elige tener una enfermedad, ya sea física o mental. Se supone que los iris surgieron para ser “humanos mejorados” o “personas perfeccionadas” para servir de ejemplo como defensores del bien y la justicia eficaz. La mayoría de los iris eran estos seres perfectos. Desgraciadamente, había un porcentaje menos afortunado.

Ichi se hizo iris a los 7 años por la pérdida de un íntimo amigo de la infancia, pero fue dos años después, por la trágica muerte de sus padres, cuando brotó su primer grado de majin. Que hubiera iris con una alta sensibilidad era normal, pero había algunos que tenían una sensibilidad que sobrepasaba un poco esa altura estándar. El majin en ellos crecía con mucha más facilidad y fuerza.

Ichi lo supo desde el principio. Pero decidió ocultarlo y tratar de solucionarlo por sí mismo, intentando como podía aferrarse a todas las cosas positivas que se le ocurriesen o que viese. Empezando por su actitud. Se forzaba a sí mismo, todos los días, a reprimir los malos sentimientos, a tener siempre una sonrisa en la cara, a comportarse siempre alegre y cercano a la gente. Pero no le funcionó. Ichi realmente quería ser ese tipo de persona, el que ayuda, el que trae alegría, el que cuida de sus seres queridos, el que lucha contra los males de forma victoriosa… Su majin no paraba de crecer en un segundo plano.

Quizá el error final fue cuando, a sus 15 años, él y Brey decidieron quitarle tanta carga y preocupaciones a su hermana Katya e irse a vivir a otro lugar, a hogares de acogida. Lo hicieron con intención de que Katya y Neuval pudieran tener más tranquilidad y espacio para criar a sus tres hijos, y para reducir el nivel de riesgo que suponía que cuatro iris vivieran en la misma casa, incluyendo a Yenkis. Por mucho que Neuval y Katya les dijeron que no necesitaban irse a vivir a otro sitio, que podían quedarse y que no eran ninguna carga, Ichi insistió y Brey estaba de acuerdo con sus razones.

Alejarse de ellos sí que suponía más seguridad para ellos como iris ante las sospechas del Gobierno. Pero también hacía que lo que alimentaba el iris de Ichi, la compañía y cercanía diaria de sus seres queridos, menguase. Sobre todo cuando, por la diferencia de edad, no pudo estar en el mismo hogar de acogida que Brey y se tuvo que ir a otro. Ichi no tuvo el problema de Brey de caer en un hogar de acogida fraudulento con mal ambiente, pero la distancia que acabó teniendo con sus dos hermanos y sus sobrinos, sentirse solo la mayor parte del tiempo a pesar de que siempre se veía y quedaba con su familia y con su KRS… le afectaba más de lo que él creía.

Pero se empeñó y se empeñó en tratar de resolverlo por sí solo. No quería que nadie, absolutamente nadie, tuviera que preocuparse por él. No quería ser una molestia para sus seres queridos, no quería traerles o contagiarles su oscuridad, no quería pedir ayuda. Pasó años pensando “es algo pasajero, me sentiré mejor algún día, sólo tengo que esperar”.

El mundo no se lo ponía fácil. Cada vez cultivaba más pensamientos negativos. Cada vez que él o sus compañeros iris lograban salvar a unos humanos de unos criminales, pensaba cosas como “¿y de qué ha servido esto? Mañana o el mes que viene estarán otra vez corriendo peligro. ¿Y de qué sirve matar o detener a estos criminales? En el tiempo que nos lleva hacerlo, hay otros diez mil humanos convirtiéndose en criminales ahora mismo por el mundo. Segamos, y vuelve a crecer. Arrancamos, y crece en otro lado. Nada… nada de todo esto… tiene sentido. La humanidad está podrida desde que existe y no hay nada ni nadie que pueda cambiarlo… hasta que todo se extinga”.

A los 16 años y medio, ya fue demasiado tarde. Su buena voluntad no era lo suficientemente fuerte para contrarrestar todo el peso de majin que había estado acumulando durante años, y rápidamente llegó al grado VI. En este penúltimo grado, su “yo” real y su “yo” del majin estaban en una lucha por el control total del cuerpo, así que el desesperado “yo” real de Ichi decidió alejarse de todo, asumiendo ya que no tenía remedio y que pronto se convertiría en otra persona, en un peligro.

A los 17 años se fue, se marchó lejos, lo más lejos posible de sus seres queridos, para alejar de ellos el peligro en el que se estaba convirtiendo. Alvion hizo lo posible por no perder la conexión mental con él, y le decía sin cesar que dejara de moverse, que iría inmediatamente a donde estaba con uno de los taimu para llevárselo al Monte y ayudarlo. Pero cuanto más grande era un majin, más le costaba a Alvion mantenerse conectado a la menguante energía blanca del iris. Llegó un momento en que Alvion, finalmente, perdió toda conexión con él. Ya no podía detectarlo, ni localizarlo, ni comunicarse con él ni nada. La energía blanca del iris había sido consumida por la energía negra del arki. Y ya no se supo nada más de Ichi.

Así que, el arki, o el majin de grado VII, acabó dejando en la cuneta al buen Ichi para siempre y fue sustituido por Izan, que era como ahora quería que lo llamasen, ya que “Ichi” era el mote con el que Neuval y sus compañeros solían llamarlo cuando era iris y representaba a su “yo” bueno del pasado. Izan ahora era otra persona distinta. No sentía, ni pensaba ni tenía los mismos valores, principios y deseos que Ichi. Era una persona que abrazaba la soledad y buscaba el beneficio propio y nada más.

Lo ocurrido con Ichi, el famoso hijo de los famosos Hideki y Emiliya, terminó sabiéndose por toda la Asociación. Ahora, en forma de rumores, era el desertor, el arki desaparecido, y el hecho de que estuviera suelto por ahí preocupó a muchos. Sin embargo, habían pasado ya tantos años sin tener noticias de Izan Saehara, que actualmente los iris ya ni lo mencionaban y lo tenían olvidado.

Entonces, hace una semana, después de años en la más pura incógnita, Kyo fue el primero en tener un encuentro con él y en experimentar la prueba de que, sin duda, era un arki. Sólo sabían de ello Drasik, Kyo, Lao y Neuval. Y estaba en manos de Neuval decidir advertir a los demás o no, pero hasta que no averiguase qué se estaba trayendo Izan entre manos exactamente, no quería dar la alarma a Alvion, porque podría ser peor.

Lo que Neuval siempre lamentó es que Ichi cometiese el error de esconder el desarrollo de su majin. Si lo hubiese mencionado desde un principio, tal vez se podría haber solucionado y ahora Ichi seguiría siendo el de siempre. Tal vez.


Con todas las cosas que Hana había oído y aprendido durante ese rato en el despacho de Neuval, ya no podía quitárselas de la cabeza. Le intrigaba e inquietaba lo complicada que podía llegar a ser la mente humana, y que un suceso sobrenatural que ocurría en todos los rincones del mundo pudiera mantenerse tan bien oculto y organizado. Así es como lo ideó Wei Zou, y así fue como su hijo Leander construyó y estableció el sistema final. ¿Qué haría la humanidad si a estas alturas se enterase de la existencia de los iris y los Zou, seres sobrenaturales manejando asuntos de gran magnitud por el mundo, la larga batalla entre justicia e injusticia, criminales e inocentes, el bien y el mal? Por no hablar de la existencia de los diez dioses del Yin y el Yang, en contra de las creencias de otras religiones humanas.

Por eso a Hana aún le costaba asimilarlo todo, pero eso era precisamente el proceso más natural y más sano de aceptar la realidad. Nunca creer ciegamente en algo, nunca aceptarlo de primeras. Cuestionar cosas, dudar de otras, reflexionar bien sobre si es algo que le gusta o no le gusta, consolidar una opinión siempre propia y jamás contagiada por la mayoría o por influencia cercana, y, con el tiempo, tomar una posición activa.

Por tanto, a Hana todo este mundo recién descubierto no le daba miedo, o rechazo, sino todo lo contrario. Este asunto la atraía considerablemente, su opinión ya se estaba consolidando, y, mientras caminaba por los pasillos junto a Lao, empezó a sentir una sensación extraña en el cuerpo, como si algo la estuviese impulsando a hacer algo, a tomar una posición activa. Tenía tantas cosas metidas en la cabeza sobre todo este asunto de los iris, y le fascinaba tanto, que sentía ganas de hacer algo, algo como lo que hacían los iris.

—Lao —lo llamó, cuando entraron en el ascensor.

—¿Mm?

—¿Tú tienes en tu interior esa voluntad, esas ganas de luchar contra los males?

—Claro, querida, como todos los míos —sonrió con orgullo.

—¿Pero la tenías antes de ser iris?

—Hah, ¡qué va! Yo, de pequeño, era un feliz e ignorante humano. Cuando me convertí en iris, el mundo de las injusticias se abrió a mi alrededor y de ahí me surgieron las ganas de luchar. Pero hay humanos que, sin necesidad de convertirse en iris, también poseen ese espíritu de actuar contra las injusticias. Gente que dice cosas como “estoy harto de todo esto, tengo que hacer algo”. ¿Por qué lo dices?

—Creo que quiero unirme a vosotros.

Silencio.

—¡Jajaja...! —empezó a reírse con ganas.

—¿¡Qué pasa!? —se enfadó Hana.

—Ah, que lo dices en serio... —se sorprendió el viejo—. Eh... Hana, ¿estás segura de lo que dices?

—Creo que sí. Siento que algo en mi interior me pide que haga algo, me dice que puedo hacer algo y debería aprovechar esa capacidad. Pensarás que es precipitado y una locura, dado que acabo de enterarme de todo esto, pero... No sé, creo que siempre tuve ese sentimiento de querer hacer algo más. No digo que me aburra mi trabajo, si me encanta, pero...

—Hana —interrumpió, mirándose en el espejo del ascensor para seguir buscando algún signo superviviente de juventud—. He oído ese tipo de declaración en incontables personas, y poco después se han convertido en almaati.

Hana abrió los ojos con sorpresa.

—Ese es el espíritu de los almaati —continuó el viejo—. Verás, quitando el iris, que es una energía o poder sobrehumano, los almaati no se diferencian mucho de nosotros, el sentimiento de justicia lo tenemos todos, por eso ellos también son parte de la Asociación. Al contrario que nosotros, a los almaati les surge la necesidad de hacer algo por el mundo sin tener que haber sufrido una tragedia personal primero, como por ejemplo el hecho de que cada vez se hartan más y más de ver en las noticias casos de asesinatos, violaciones, robos... o nada más viendo las infamias de su mismo entorno. Es como el policía que desea proteger su ciudad, o como el soldado que desea proteger su país.

»En el caso de los almaati, es algo más grande. Son humanos que quieren hacer lo mismo que los iris y no tienen por qué haber vivido una tragedia personal previa para decidirlo. Ellos, como nosotros, quieren ser capaces de proteger el mundo entero; no una sola frontera nacional, una religión, una cultura o una raza en concreto. En la Asociación no hacemos distinción, la humanidad es un grupo único. Quieren cooperar por el bien de la humanidad y del planeta. Y Alvion les concede a los almaati ese deseo con mucho orgullo.

»La esposa de un antiguo Zou, que era egipcia, fue quien los bautizó con ese nombre, como una referencia a la diosa egipcia Maat, que también es un concepto que representa estos principios: la moral, la verdad, la justicia y la armonía cósmica. Los humanos que voluntariamente se entrenan en el Monte Zou para profesar estas cuatro cosas son “los pertenecientes a la maat”, o almaati. Dentro de este entrenamiento, pueden incluir uno especial, el Entrenamiento de la Areté, diseñado para despertar en humanos su mayor potencial energético. Los almaati que lo hacen acaban adquiriendo una velocidad, resistencia, agilidad y fuerza superiores al nivel humano normal, acercándose mucho al nivel iris.

Hana miró al suelo, escuchando con atención y considerando sus palabras.

—¿Hasta qué punto iris y almaati están obligados a servir a la Asociación? ¿Qué deberes y derechos tienen cada uno? De hecho, ¿cómo empieza la cosa?

—Hm… —sonrió el viejo, le enternecía la curiosidad incesante de Hana—. Te lo explicaré lo más sencillamente posible. Un humano, llamémoslo Bobby, presencia una tragedia insoportable, viendo con sus propios ojos cómo muere un ser muy querido a manos de otra u otras personas despreciables. Se vuelve loco de ira, rabia, tristeza… Literalmente, enloquece con las emociones más negativas y peligrosas. Tiene sed de sangre, quiere matar con sus propias manos a los responsables, pero, también, quiere destruir y hacer daño a todo lo que le rodea o se interponga en su camino, sin distinguir ya un inocente de un criminal, o el bien del mal.

»Si todo el mundo nace con un contenedor de energía Yin y Yang que juntas suman el 100 % de la energía mental humana, Bobby acaba de despertar una energía extra, otro 100 %. Pero esta nueva energía, en este momento, no es ni Yin ni Yang, es una energía gris agitada… la energía peligrosa que no distingue el bien del mal que te mencioné antes, la locura. Por eso, es crucial que tome un camino lo antes posible, o el blanco o el negro, con tal de salir de esa locura instintiva y tome una razón de ser. Preferiblemente, mejor que sea la Yang, claro.

»Pues bien. Bobby tiene un 200 % de energía mental, el doble de lo que tiene un humano, y con eso ya ha dejado de ser humano y se ha convertido en algo superior. El Zou es capaz de detectar con su mente suprema cuándo y dónde surge este 100 % de energía extra en una persona, y debe tratar su energía gris enloquecida lo antes posible para convertirla en energía blanca racional: en iris. Si Bobby está cerca del Monte Zou, basta con enviar a unos monjes a encontrarlo y traerlo. Si está más lejos, avisa a uno de los dos taimu, que pueden teletransportarse. Entonces, por ejemplo, Agatha, que ya se sabe el procedimiento y las instrucciones, se aparece ante Bobby. Lo calma, lo lleva a un lugar seguro, y le explica lo que le está pasando y lo que necesita hacer para ponerle remedio.

—¿Y Agatha le dice que tiene la obligación de ir al Monte Zou? ¿Qué pasa si Bobby no quiere?

—He ahí lo curioso de esta energía nueva, Hana. Nunca en la historia ha habido ningún iris que se haya negado a ir al Monte Zou ni haya rechazado la ayuda del Zou. Es… algo tan horrible… —el viejo se quedó mirándose a sí mismo en el reflejo del espejo, su rostro se tornó afligido—. Te sientes tan mal en ese momento, Hana… sientes tanto dolor, en la cabeza, en los huesos, en todo el cuerpo… sólo quieres gritar y llorar… pero al mismo tiempo quieres que ese sufrimiento desaparezca, que deje de doler…

—Kei Lian… —se apenó Hana al oírle rememorar su propia experiencia.

—Si aparece alguien prometiéndote que te ayudará a sentirte mejor… Es por eso que todos aceptamos a la primera. De todos modos, Denzel y Agatha, cuando vienen a recogernos, siempre tienen la obligación de contarnos toda la verdad: “Aunque te negaras a venir conmigo al Monte Zou ahora, yo tendré que llevarte igualmente. Estás obligado a ir de todas formas, porque no podemos dejar que un peligro como tú ande suelto por el mundo. Y eso tú lo entiendes. Porque tú no quieres provocarle a otra persona la misma tragedia que te acaba de suceder a ti, ¿verdad? Puedes hacer daño a alguien inocente aunque tú no lo quieras. Porque has perdido el control. Pero puedes volver a recuperarlo. Necesitas conocer, familiarizarte con esta nueva energía que posees, entrenarla, controlarla, y usarla para algo bueno”.

»“Estás obligado a someterte a este entrenamiento. Y será duro. Pero no será peor que tu vida a partir de ahora con esta energía enloquecida que no puedes controlar. Para asegurar que tu energía se va consolidando, deberás trabajar un mínimo periodo de tiempo en la Asociación. Pasado este periodo de prueba, tienes dos opciones: una, puedes elegir continuar siendo un iris al servicio de la Asociación; y dos, puedes elegir regresar a tu condición humana y a una vida humana normal. En el caso de elegir la opción dos, has de tener en cuenta dos cosas: una, si has cumplido tu venganza, el Zou te extraerá el iris con éxito y de forma segura, volverás a ser naturalmente humano y tu memoria será borrada de todo lo relacionado con los iris, con la Asociación y con el trauma que viviste, y tu nueva vida humana te será facilitada generosamente con todo lo que necesites: dinero, un nuevo trabajo, una nueva casa, lo que sea para empezar de cero y feliz; y dos, si no has cumplido tu venganza, el Zou no podrá extraerte el iris de forma segura, existe un riesgo del 50 % de que acabes muriendo, por lo que deberás meditar muy bien esta decisión que sólo te pertenece a ti”.

»“Por último, debes tener en cuenta algo más. Una promesa inquebrantable. El Zou te protegerá y te cuidará. Eres valioso para él, un ángel a sus ojos, un ser querido en su corazón. No hay forma ni motivo posible por el que debas temerlo o desconfiar de él, pues es un ser de pura energía Yang y, por lo tanto, es naturalmente imposible que un Zou te engañe, te oculte algo en beneficio propio, te hiera o te traicione”.

»Cuando Denzel me dijo eso a mis 10 años en mitad de mi dolor y mi agonía, yo no tenía por qué creerle, a pesar de que deseaba que fuera todo cierto. Pero en ese momento, no tienes opción. Una vez te llevan al Monte, pasas un par de días atormentándote, pensando en si habrás hecho bien, en si lo que te dijo ese taimu era verdad, en si existe alguna letra pequeña… Hm… —sonrió y cerró los ojos—. Llevo 59 años en la Asociación. Y mi vida en ella ha sido un regalo. A pesar, claro, de los riesgos que conlleva ser un iris. Pero lo importante de todo esto, es que te ponen todas las cartas sobre la mesa, te muestran todos los riesgos y beneficios existentes, y te permiten elegir libremente si quieres jugar o no. Y tú decides cómo jugar, conociendo y asumiendo los riesgos.

—Debe de ser, aparte de Hoteitsuba, la empresa más honesta y justa del mundo con sus empleados —dijo Hana, con ojos brillantes de admiración.

Al llegar a la planta baja, los dos salieron del ascensor. Como la zona de recepción estaba llena de gente, Lao le hizo un gesto a Hana para dirigirse a una de las zonas de descanso, donde había unas butacas entre grandes maceteros con plantas. Se sentaron en dos butacas juntas.

—En cuanto a los almaati —prosiguió Lao, poniéndose cómodo y haciendo gestos con las manos—, son humanos que se han enterado de la existencia de la Asociación por boca de iris de confianza. Como te ha pasado a ti a través de Neuval y de mí. No tienen más que presentarse en el Monte Zou por su cuenta, dar sus datos, exponer los motivos de su decisión, demostrar compromiso y lealtad…

—Como una empresa —insistió Hana.

—Sí. Solo que la Asociación acepta el ingreso de cualquier persona. Cualquiera. El entramiento es diferente dependiendo de las condiciones o cualidades de cada persona. Si a un chaval se le da bien la limpieza de cadáveres y reparación de destrozos, no lo vas a poner a aprenderse todos los tipos de armas y cómo desmontarlas, montarlas y usarlas. Si a una señora mayor se le da de fábula la puntería, el uso de armas y el montaje de escenarios que ocultan a los iris y despistan a la policía, no la vas a poner a estudiar informática.

»Al contrario que el entrenamiento de los iris, el de los almaati es cien por cien versátil, sin obligaciones de ningún tipo. Después de todo, ayudar al mundo es gratis. Tú eliges qué tipo de entrenamiento quieres hacer. Te metes en el grupo correspondiente, pruebas, y si no te gusta, pruebas otra cosa. Tu única obligación es seguir los horarios de esos entrenamientos que tú eliges, y seguir las directrices de los monjes para realizarlos. Puedes dejarlo cuando quieras, retomarlo cuando quieras, estar unos días, o una semana o un mes, volver a casa un tiempo, y después regresar al Monte a hacer más entrenamientos, los que te apetezcan. Los monjes tienen los programas siempre en funcionamiento, tú sólo tienes que unirte a la corriente, mientras no estorbes al resto.

—Ya entiendo. La idea del entrenamiento de los almaati es que tú eliges a cuáles de tus talentos quieres sacar partido o intentar aprender nuevos. La Asociación no busca un perfil o resultado específico de ti, sólo busca complacer tu deseo de aprender a hacer cosas que ayuden al mundo, a través de ayudar a los iris.

—Todos los humanos están capacitados para aportar ayuda para mejorar el mundo. La niña de 8 añitos que recoge una botella de plástico de la playa y la echa en un cubo de reciclaje ya está aportando ayuda. Un almaati es alguien que quiere desarrollar un poco más lo que como humano común ya sabe o puede hacer. Eres tú quien decide cómo de bueno y de útil quieres ser. Las RS contratan a almaati según las necesidades que tengan, a veces pueden necesitar más a los que dan apoyo táctico, u otras veces necesitan más a los que reparan destrozos… La Asociación califica porcentualmente tus capacidades. Si el 100 % es la perfección, pues un almaati puede tener, por ejemplo, 20 % en uso de armas, 70 % en limpieza de escenarios, 55 % en apoyo táctico o informático… Con esa calificación, las RS valorarán qué habilidades son las que más necesitan en un momento determinado.

—¿Y si a un almaati se le da muy mal todo y aun así desea ayudar a los iris?

—Ya te lo he dicho —sonrió—. Todos los humanos están capacitados para aportar ayuda para mejorar el mundo. Si a un almaati se le da mal lo que consideramos “trabajos de valor alto”, siempre se le podrá ofrecer los de menor valor, que no por ello no son valiosos. Por ejemplo, muchas RS que viven en ciudades costeras, como la nuestra, contratan a veces a almaati con pocas habilidades de valor alto para, simplemente, ayudar a limpiar la basura de los mares y costas.

A Hana no paraban de brillarle los ojos con más y más candor, conforme imaginaba en su cabeza todo lo que Lao le contaba. Se proyectaba a sí misma siendo más fuerte y veloz, dándole letales golpes a un grupo de delincuentes más grandes que ella, salvando o ayudando a inocentes… Le recorrían cosquilleos de ilusión por hacerlo realidad algún día.









50.
El espíritu de Maat

Después de salir del despacho para dejar que Neuval trabajara, Lao y Hana fueron juntos por el pasillo. Hana iba con la vista clavada al suelo de camino a los ascensores, reflexiva sobre todo lo que había oído.

Neuval ya le contó resumidamente de qué se trataba el majin el día anterior, pero ahora, dándole más vueltas en la cabeza, y con la historia de Izan, ya lo iba comprendiendo, y desde luego le resultaba una desgracia para los iris. Era como el cáncer en los humanos, u otro tipo de enfermedad. Nadie elige tener una enfermedad, ya sea física o mental. Se supone que los iris surgieron para ser “humanos mejorados” o “personas perfeccionadas” para servir de ejemplo como defensores del bien y la justicia eficaz. La mayoría de los iris eran estos seres perfectos. Desgraciadamente, había un porcentaje menos afortunado.

Ichi se hizo iris a los 7 años por la pérdida de un íntimo amigo de la infancia, pero fue dos años después, por la trágica muerte de sus padres, cuando brotó su primer grado de majin. Que hubiera iris con una alta sensibilidad era normal, pero había algunos que tenían una sensibilidad que sobrepasaba un poco esa altura estándar. El majin en ellos crecía con mucha más facilidad y fuerza.

Ichi lo supo desde el principio. Pero decidió ocultarlo y tratar de solucionarlo por sí mismo, intentando como podía aferrarse a todas las cosas positivas que se le ocurriesen o que viese. Empezando por su actitud. Se forzaba a sí mismo, todos los días, a reprimir los malos sentimientos, a tener siempre una sonrisa en la cara, a comportarse siempre alegre y cercano a la gente. Pero no le funcionó. Ichi realmente quería ser ese tipo de persona, el que ayuda, el que trae alegría, el que cuida de sus seres queridos, el que lucha contra los males de forma victoriosa… Su majin no paraba de crecer en un segundo plano.

Quizá el error final fue cuando, a sus 15 años, él y Brey decidieron quitarle tanta carga y preocupaciones a su hermana Katya e irse a vivir a otro lugar, a hogares de acogida. Lo hicieron con intención de que Katya y Neuval pudieran tener más tranquilidad y espacio para criar a sus tres hijos, y para reducir el nivel de riesgo que suponía que cuatro iris vivieran en la misma casa, incluyendo a Yenkis. Por mucho que Neuval y Katya les dijeron que no necesitaban irse a vivir a otro sitio, que podían quedarse y que no eran ninguna carga, Ichi insistió y Brey estaba de acuerdo con sus razones.

Alejarse de ellos sí que suponía más seguridad para ellos como iris ante las sospechas del Gobierno. Pero también hacía que lo que alimentaba el iris de Ichi, la compañía y cercanía diaria de sus seres queridos, menguase. Sobre todo cuando, por la diferencia de edad, no pudo estar en el mismo hogar de acogida que Brey y se tuvo que ir a otro. Ichi no tuvo el problema de Brey de caer en un hogar de acogida fraudulento con mal ambiente, pero la distancia que acabó teniendo con sus dos hermanos y sus sobrinos, sentirse solo la mayor parte del tiempo a pesar de que siempre se veía y quedaba con su familia y con su KRS… le afectaba más de lo que él creía.

Pero se empeñó y se empeñó en tratar de resolverlo por sí solo. No quería que nadie, absolutamente nadie, tuviera que preocuparse por él. No quería ser una molestia para sus seres queridos, no quería traerles o contagiarles su oscuridad, no quería pedir ayuda. Pasó años pensando “es algo pasajero, me sentiré mejor algún día, sólo tengo que esperar”.

El mundo no se lo ponía fácil. Cada vez cultivaba más pensamientos negativos. Cada vez que él o sus compañeros iris lograban salvar a unos humanos de unos criminales, pensaba cosas como “¿y de qué ha servido esto? Mañana o el mes que viene estarán otra vez corriendo peligro. ¿Y de qué sirve matar o detener a estos criminales? En el tiempo que nos lleva hacerlo, hay otros diez mil humanos convirtiéndose en criminales ahora mismo por el mundo. Segamos, y vuelve a crecer. Arrancamos, y crece en otro lado. Nada… nada de todo esto… tiene sentido. La humanidad está podrida desde que existe y no hay nada ni nadie que pueda cambiarlo… hasta que todo se extinga”.

A los 16 años y medio, ya fue demasiado tarde. Su buena voluntad no era lo suficientemente fuerte para contrarrestar todo el peso de majin que había estado acumulando durante años, y rápidamente llegó al grado VI. En este penúltimo grado, su “yo” real y su “yo” del majin estaban en una lucha por el control total del cuerpo, así que el desesperado “yo” real de Ichi decidió alejarse de todo, asumiendo ya que no tenía remedio y que pronto se convertiría en otra persona, en un peligro.

A los 17 años se fue, se marchó lejos, lo más lejos posible de sus seres queridos, para alejar de ellos el peligro en el que se estaba convirtiendo. Alvion hizo lo posible por no perder la conexión mental con él, y le decía sin cesar que dejara de moverse, que iría inmediatamente a donde estaba con uno de los taimu para llevárselo al Monte y ayudarlo. Pero cuanto más grande era un majin, más le costaba a Alvion mantenerse conectado a la menguante energía blanca del iris. Llegó un momento en que Alvion, finalmente, perdió toda conexión con él. Ya no podía detectarlo, ni localizarlo, ni comunicarse con él ni nada. La energía blanca del iris había sido consumida por la energía negra del arki. Y ya no se supo nada más de Ichi.

Así que, el arki, o el majin de grado VII, acabó dejando en la cuneta al buen Ichi para siempre y fue sustituido por Izan, que era como ahora quería que lo llamasen, ya que “Ichi” era el mote con el que Neuval y sus compañeros solían llamarlo cuando era iris y representaba a su “yo” bueno del pasado. Izan ahora era otra persona distinta. No sentía, ni pensaba ni tenía los mismos valores, principios y deseos que Ichi. Era una persona que abrazaba la soledad y buscaba el beneficio propio y nada más.

Lo ocurrido con Ichi, el famoso hijo de los famosos Hideki y Emiliya, terminó sabiéndose por toda la Asociación. Ahora, en forma de rumores, era el desertor, el arki desaparecido, y el hecho de que estuviera suelto por ahí preocupó a muchos. Sin embargo, habían pasado ya tantos años sin tener noticias de Izan Saehara, que actualmente los iris ya ni lo mencionaban y lo tenían olvidado.

Entonces, hace una semana, después de años en la más pura incógnita, Kyo fue el primero en tener un encuentro con él y en experimentar la prueba de que, sin duda, era un arki. Sólo sabían de ello Drasik, Kyo, Lao y Neuval. Y estaba en manos de Neuval decidir advertir a los demás o no, pero hasta que no averiguase qué se estaba trayendo Izan entre manos exactamente, no quería dar la alarma a Alvion, porque podría ser peor.

Lo que Neuval siempre lamentó es que Ichi cometiese el error de esconder el desarrollo de su majin. Si lo hubiese mencionado desde un principio, tal vez se podría haber solucionado y ahora Ichi seguiría siendo el de siempre. Tal vez.


Con todas las cosas que Hana había oído y aprendido durante ese rato en el despacho de Neuval, ya no podía quitárselas de la cabeza. Le intrigaba e inquietaba lo complicada que podía llegar a ser la mente humana, y que un suceso sobrenatural que ocurría en todos los rincones del mundo pudiera mantenerse tan bien oculto y organizado. Así es como lo ideó Wei Zou, y así fue como su hijo Leander construyó y estableció el sistema final. ¿Qué haría la humanidad si a estas alturas se enterase de la existencia de los iris y los Zou, seres sobrenaturales manejando asuntos de gran magnitud por el mundo, la larga batalla entre justicia e injusticia, criminales e inocentes, el bien y el mal? Por no hablar de la existencia de los diez dioses del Yin y el Yang, en contra de las creencias de otras religiones humanas.

Por eso a Hana aún le costaba asimilarlo todo, pero eso era precisamente el proceso más natural y más sano de aceptar la realidad. Nunca creer ciegamente en algo, nunca aceptarlo de primeras. Cuestionar cosas, dudar de otras, reflexionar bien sobre si es algo que le gusta o no le gusta, consolidar una opinión siempre propia y jamás contagiada por la mayoría o por influencia cercana, y, con el tiempo, tomar una posición activa.

Por tanto, a Hana todo este mundo recién descubierto no le daba miedo, o rechazo, sino todo lo contrario. Este asunto la atraía considerablemente, su opinión ya se estaba consolidando, y, mientras caminaba por los pasillos junto a Lao, empezó a sentir una sensación extraña en el cuerpo, como si algo la estuviese impulsando a hacer algo, a tomar una posición activa. Tenía tantas cosas metidas en la cabeza sobre todo este asunto de los iris, y le fascinaba tanto, que sentía ganas de hacer algo, algo como lo que hacían los iris.

—Lao —lo llamó, cuando entraron en el ascensor.

—¿Mm?

—¿Tú tienes en tu interior esa voluntad, esas ganas de luchar contra los males?

—Claro, querida, como todos los míos —sonrió con orgullo.

—¿Pero la tenías antes de ser iris?

—Hah, ¡qué va! Yo, de pequeño, era un feliz e ignorante humano. Cuando me convertí en iris, el mundo de las injusticias se abrió a mi alrededor y de ahí me surgieron las ganas de luchar. Pero hay humanos que, sin necesidad de convertirse en iris, también poseen ese espíritu de actuar contra las injusticias. Gente que dice cosas como “estoy harto de todo esto, tengo que hacer algo”. ¿Por qué lo dices?

—Creo que quiero unirme a vosotros.

Silencio.

—¡Jajaja...! —empezó a reírse con ganas.

—¿¡Qué pasa!? —se enfadó Hana.

—Ah, que lo dices en serio... —se sorprendió el viejo—. Eh... Hana, ¿estás segura de lo que dices?

—Creo que sí. Siento que algo en mi interior me pide que haga algo, me dice que puedo hacer algo y debería aprovechar esa capacidad. Pensarás que es precipitado y una locura, dado que acabo de enterarme de todo esto, pero... No sé, creo que siempre tuve ese sentimiento de querer hacer algo más. No digo que me aburra mi trabajo, si me encanta, pero...

—Hana —interrumpió, mirándose en el espejo del ascensor para seguir buscando algún signo superviviente de juventud—. He oído ese tipo de declaración en incontables personas, y poco después se han convertido en almaati.

Hana abrió los ojos con sorpresa.

—Ese es el espíritu de los almaati —continuó el viejo—. Verás, quitando el iris, que es una energía o poder sobrehumano, los almaati no se diferencian mucho de nosotros, el sentimiento de justicia lo tenemos todos, por eso ellos también son parte de la Asociación. Al contrario que nosotros, a los almaati les surge la necesidad de hacer algo por el mundo sin tener que haber sufrido una tragedia personal primero, como por ejemplo el hecho de que cada vez se hartan más y más de ver en las noticias casos de asesinatos, violaciones, robos... o nada más viendo las infamias de su mismo entorno. Es como el policía que desea proteger su ciudad, o como el soldado que desea proteger su país.

»En el caso de los almaati, es algo más grande. Son humanos que quieren hacer lo mismo que los iris y no tienen por qué haber vivido una tragedia personal previa para decidirlo. Ellos, como nosotros, quieren ser capaces de proteger el mundo entero; no una sola frontera nacional, una religión, una cultura o una raza en concreto. En la Asociación no hacemos distinción, la humanidad es un grupo único. Quieren cooperar por el bien de la humanidad y del planeta. Y Alvion les concede a los almaati ese deseo con mucho orgullo.

»La esposa de un antiguo Zou, que era egipcia, fue quien los bautizó con ese nombre, como una referencia a la diosa egipcia Maat, que también es un concepto que representa estos principios: la moral, la verdad, la justicia y la armonía cósmica. Los humanos que voluntariamente se entrenan en el Monte Zou para profesar estas cuatro cosas son “los pertenecientes a la maat”, o almaati. Dentro de este entrenamiento, pueden incluir uno especial, el Entrenamiento de la Areté, diseñado para despertar en humanos su mayor potencial energético. Los almaati que lo hacen acaban adquiriendo una velocidad, resistencia, agilidad y fuerza superiores al nivel humano normal, acercándose mucho al nivel iris.

Hana miró al suelo, escuchando con atención y considerando sus palabras.

—¿Hasta qué punto iris y almaati están obligados a servir a la Asociación? ¿Qué deberes y derechos tienen cada uno? De hecho, ¿cómo empieza la cosa?

—Hm… —sonrió el viejo, le enternecía la curiosidad incesante de Hana—. Te lo explicaré lo más sencillamente posible. Un humano, llamémoslo Bobby, presencia una tragedia insoportable, viendo con sus propios ojos cómo muere un ser muy querido a manos de otra u otras personas despreciables. Se vuelve loco de ira, rabia, tristeza… Literalmente, enloquece con las emociones más negativas y peligrosas. Tiene sed de sangre, quiere matar con sus propias manos a los responsables, pero, también, quiere destruir y hacer daño a todo lo que le rodea o se interponga en su camino, sin distinguir ya un inocente de un criminal, o el bien del mal.

»Si todo el mundo nace con un contenedor de energía Yin y Yang que juntas suman el 100 % de la energía mental humana, Bobby acaba de despertar una energía extra, otro 100 %. Pero esta nueva energía, en este momento, no es ni Yin ni Yang, es una energía gris agitada… la energía peligrosa que no distingue el bien del mal que te mencioné antes, la locura. Por eso, es crucial que tome un camino lo antes posible, o el blanco o el negro, con tal de salir de esa locura instintiva y tome una razón de ser. Preferiblemente, mejor que sea la Yang, claro.

»Pues bien. Bobby tiene un 200 % de energía mental, el doble de lo que tiene un humano, y con eso ya ha dejado de ser humano y se ha convertido en algo superior. El Zou es capaz de detectar con su mente suprema cuándo y dónde surge este 100 % de energía extra en una persona, y debe tratar su energía gris enloquecida lo antes posible para convertirla en energía blanca racional: en iris. Si Bobby está cerca del Monte Zou, basta con enviar a unos monjes a encontrarlo y traerlo. Si está más lejos, avisa a uno de los dos taimu, que pueden teletransportarse. Entonces, por ejemplo, Agatha, que ya se sabe el procedimiento y las instrucciones, se aparece ante Bobby. Lo calma, lo lleva a un lugar seguro, y le explica lo que le está pasando y lo que necesita hacer para ponerle remedio.

—¿Y Agatha le dice que tiene la obligación de ir al Monte Zou? ¿Qué pasa si Bobby no quiere?

—He ahí lo curioso de esta energía nueva, Hana. Nunca en la historia ha habido ningún iris que se haya negado a ir al Monte Zou ni haya rechazado la ayuda del Zou. Es… algo tan horrible… —el viejo se quedó mirándose a sí mismo en el reflejo del espejo, su rostro se tornó afligido—. Te sientes tan mal en ese momento, Hana… sientes tanto dolor, en la cabeza, en los huesos, en todo el cuerpo… sólo quieres gritar y llorar… pero al mismo tiempo quieres que ese sufrimiento desaparezca, que deje de doler…

—Kei Lian… —se apenó Hana al oírle rememorar su propia experiencia.

—Si aparece alguien prometiéndote que te ayudará a sentirte mejor… Es por eso que todos aceptamos a la primera. De todos modos, Denzel y Agatha, cuando vienen a recogernos, siempre tienen la obligación de contarnos toda la verdad: “Aunque te negaras a venir conmigo al Monte Zou ahora, yo tendré que llevarte igualmente. Estás obligado a ir de todas formas, porque no podemos dejar que un peligro como tú ande suelto por el mundo. Y eso tú lo entiendes. Porque tú no quieres provocarle a otra persona la misma tragedia que te acaba de suceder a ti, ¿verdad? Puedes hacer daño a alguien inocente aunque tú no lo quieras. Porque has perdido el control. Pero puedes volver a recuperarlo. Necesitas conocer, familiarizarte con esta nueva energía que posees, entrenarla, controlarla, y usarla para algo bueno”.

»“Estás obligado a someterte a este entrenamiento. Y será duro. Pero no será peor que tu vida a partir de ahora con esta energía enloquecida que no puedes controlar. Para asegurar que tu energía se va consolidando, deberás trabajar un mínimo periodo de tiempo en la Asociación. Pasado este periodo de prueba, tienes dos opciones: una, puedes elegir continuar siendo un iris al servicio de la Asociación; y dos, puedes elegir regresar a tu condición humana y a una vida humana normal. En el caso de elegir la opción dos, has de tener en cuenta dos cosas: una, si has cumplido tu venganza, el Zou te extraerá el iris con éxito y de forma segura, volverás a ser naturalmente humano y tu memoria será borrada de todo lo relacionado con los iris, con la Asociación y con el trauma que viviste, y tu nueva vida humana te será facilitada generosamente con todo lo que necesites: dinero, un nuevo trabajo, una nueva casa, lo que sea para empezar de cero y feliz; y dos, si no has cumplido tu venganza, el Zou no podrá extraerte el iris de forma segura, existe un riesgo del 50 % de que acabes muriendo, por lo que deberás meditar muy bien esta decisión que sólo te pertenece a ti”.

»“Por último, debes tener en cuenta algo más. Una promesa inquebrantable. El Zou te protegerá y te cuidará. Eres valioso para él, un ángel a sus ojos, un ser querido en su corazón. No hay forma ni motivo posible por el que debas temerlo o desconfiar de él, pues es un ser de pura energía Yang y, por lo tanto, es naturalmente imposible que un Zou te engañe, te oculte algo en beneficio propio, te hiera o te traicione”.

»Cuando Denzel me dijo eso a mis 10 años en mitad de mi dolor y mi agonía, yo no tenía por qué creerle, a pesar de que deseaba que fuera todo cierto. Pero en ese momento, no tienes opción. Una vez te llevan al Monte, pasas un par de días atormentándote, pensando en si habrás hecho bien, en si lo que te dijo ese taimu era verdad, en si existe alguna letra pequeña… Hm… —sonrió y cerró los ojos—. Llevo 59 años en la Asociación. Y mi vida en ella ha sido un regalo. A pesar, claro, de los riesgos que conlleva ser un iris. Pero lo importante de todo esto, es que te ponen todas las cartas sobre la mesa, te muestran todos los riesgos y beneficios existentes, y te permiten elegir libremente si quieres jugar o no. Y tú decides cómo jugar, conociendo y asumiendo los riesgos.

—Debe de ser, aparte de Hoteitsuba, la empresa más honesta y justa del mundo con sus empleados —dijo Hana, con ojos brillantes de admiración.

Al llegar a la planta baja, los dos salieron del ascensor. Como la zona de recepción estaba llena de gente, Lao le hizo un gesto a Hana para dirigirse a una de las zonas de descanso, donde había unas butacas entre grandes maceteros con plantas. Se sentaron en dos butacas juntas.

—En cuanto a los almaati —prosiguió Lao, poniéndose cómodo y haciendo gestos con las manos—, son humanos que se han enterado de la existencia de la Asociación por boca de iris de confianza. Como te ha pasado a ti a través de Neuval y de mí. No tienen más que presentarse en el Monte Zou por su cuenta, dar sus datos, exponer los motivos de su decisión, demostrar compromiso y lealtad…

—Como una empresa —insistió Hana.

—Sí. Solo que la Asociación acepta el ingreso de cualquier persona. Cualquiera. El entramiento es diferente dependiendo de las condiciones o cualidades de cada persona. Si a un chaval se le da bien la limpieza de cadáveres y reparación de destrozos, no lo vas a poner a aprenderse todos los tipos de armas y cómo desmontarlas, montarlas y usarlas. Si a una señora mayor se le da de fábula la puntería, el uso de armas y el montaje de escenarios que ocultan a los iris y despistan a la policía, no la vas a poner a estudiar informática.

»Al contrario que el entrenamiento de los iris, el de los almaati es cien por cien versátil, sin obligaciones de ningún tipo. Después de todo, ayudar al mundo es gratis. Tú eliges qué tipo de entrenamiento quieres hacer. Te metes en el grupo correspondiente, pruebas, y si no te gusta, pruebas otra cosa. Tu única obligación es seguir los horarios de esos entrenamientos que tú eliges, y seguir las directrices de los monjes para realizarlos. Puedes dejarlo cuando quieras, retomarlo cuando quieras, estar unos días, o una semana o un mes, volver a casa un tiempo, y después regresar al Monte a hacer más entrenamientos, los que te apetezcan. Los monjes tienen los programas siempre en funcionamiento, tú sólo tienes que unirte a la corriente, mientras no estorbes al resto.

—Ya entiendo. La idea del entrenamiento de los almaati es que tú eliges a cuáles de tus talentos quieres sacar partido o intentar aprender nuevos. La Asociación no busca un perfil o resultado específico de ti, sólo busca complacer tu deseo de aprender a hacer cosas que ayuden al mundo, a través de ayudar a los iris.

—Todos los humanos están capacitados para aportar ayuda para mejorar el mundo. La niña de 8 añitos que recoge una botella de plástico de la playa y la echa en un cubo de reciclaje ya está aportando ayuda. Un almaati es alguien que quiere desarrollar un poco más lo que como humano común ya sabe o puede hacer. Eres tú quien decide cómo de bueno y de útil quieres ser. Las RS contratan a almaati según las necesidades que tengan, a veces pueden necesitar más a los que dan apoyo táctico, u otras veces necesitan más a los que reparan destrozos… La Asociación califica porcentualmente tus capacidades. Si el 100 % es la perfección, pues un almaati puede tener, por ejemplo, 20 % en uso de armas, 70 % en limpieza de escenarios, 55 % en apoyo táctico o informático… Con esa calificación, las RS valorarán qué habilidades son las que más necesitan en un momento determinado.

—¿Y si a un almaati se le da muy mal todo y aun así desea ayudar a los iris?

—Ya te lo he dicho —sonrió—. Todos los humanos están capacitados para aportar ayuda para mejorar el mundo. Si a un almaati se le da mal lo que consideramos “trabajos de valor alto”, siempre se le podrá ofrecer los de menor valor, que no por ello no son valiosos. Por ejemplo, muchas RS que viven en ciudades costeras, como la nuestra, contratan a veces a almaati con pocas habilidades de valor alto para, simplemente, ayudar a limpiar la basura de los mares y costas.

A Hana no paraban de brillarle los ojos con más y más candor, conforme imaginaba en su cabeza todo lo que Lao le contaba. Se proyectaba a sí misma siendo más fuerte y veloz, dándole letales golpes a un grupo de delincuentes más grandes que ella, salvando o ayudando a inocentes… Le recorrían cosquilleos de ilusión por hacerlo realidad algún día.





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