2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __
Los demás volvieron a sentarse en sus sitios y atendieron.
—Izan se ha convertido en arki —comenzó Neuval a exponer su argumento—. Como Kyo fue testigo de su regreso hace tres semanas, lleva en Tokio como mínimo ese tiempo. Pero es probable que lleve más tiempo. En algún momento, comenzó a tener contacto con Viernes y su ARS. ¿Por qué ella? No lo sé. Pero si él está tramando algún plan contra la Asociación, o contra nosotros, o contra el Gobierno o contra quien sea, Viernes para él era su mejor activo. Ella ha estado años lidiado con un majin muy grave. De igual forma, la ARS está formada por iris que tienen majin. La mayoría tenían de uno o dos grados, pero creo que Izan los ha estado influyendo, los ha ido alimentando. Les ha prometido algo tan valioso que no lo han podido rechazar, a cambio de unirse a él.
»En algún momento, Izan descubrió la existencia de la taimu desconocida. Y ambos han hecho un Pacto, por lo que ahora ella trabaja a sus órdenes. Izan ordena a Taiya investigar algo especial de Clover el lunes de la semana pasada. Algo tiene Clover que Izan quiere. Algo que aún estamos por confirmar. Pero ante esto, Jannik se huele algo malo, y le da a Clover un talismán Knive, un amuleto protector; tal como dijimos antes, capaz de repeler seres de gran energía Yin. Esto resulta ser un claro inconveniente para Izan.
»Él ya tenía planes de secuestrar a Clover, pero ni él ni la taimu podían acercarse a la niña mientras ella tuviera ese talismán. ¿Por qué no secuestrarla otra persona con menos energía Yin, por ejemplo, un miembro de la ARS que todavía tuviese un majin inferior a seis grados? Imposible. La niña es hija de Raijin. No hay forma de que nadie consiga llevársela del colegio o de la calle sin que un “dios iris” nato lo detecte enseguida. Todo el mundo sabe que no se toca a los hijos humanos de ningún iris. Todo el mundo sabe que, quien ose hacerlo, lo más probable es que sea aniquilado al momento.
Los demás asintieron. Especialmente los que tenían hijos humanos, como Neuval, Brey, Pipi y, prontamente, Yagami. Este era el único caso en que un iris podía matar a alguien sin el previo permiso de Alvion.
—Izan no tenía más remedio que hacerlo él o la taimu. Pero antes, tenía que hacer algo para apartar ese amuleto de Clover. Probó a llevar a cabo un plan. Y ese mismo lunes, por la noche, envió a la taimu a tu casa, Denzel, adoptando la apariencia de Clover, y procuró que despertaras a tiempo para ver sus intenciones de quitarte tu anillo del dedo.
—¿Dices que la intrusa era esa taimu? —repitió el inglés, perplejo.
—Por eso apareció y desapareció de esa forma tan discreta e inmediata, tan imposible para cualquier otro ser. Usó el teletransporte.
—Pero su apariencia…
—Tengo algo que preguntarte —le frenó Neuval un momento—. ¿No estabas trabajando hace años en una Técnica que permite a quien la ejecuta adoptar el aspecto físico de otra persona?
—Ah… —Agatha dio un respingo—. Niño… Tu Técnica de Transformación.
—Sí, pero… Está incompleta todavía, la dejé aparcada —dijo Denzel, confuso.
—¿Recuerdas que hace unos años hiciste saltar las alarmas porque alguien había entrado en tu estudio privado del Monte Zou y no encontrabas el pergamino de esa Técnica por ninguna parte? —preguntó Neuval.
—Ah… Sí, recuerdo eso. Pero fue una falsa alarma. Al final del día volví a revisar el baúl donde guardo todos mis proyectos bajo llave. El pergamino de esa Técnica estaba ahí. Fue una torpeza mía, no lo vi bien la primera vez.
—Siempre se me quedó dentro una pequeña sospecha —le confesó Neuval—. Aquello ocurrió hace 9 años. Durante un evento muy grave que fue tratado en el Monte Zou que sólo los iris aquí presentes conocemos además de la ORS de Kanon.
—Sí… el enjuiciamiento divino de Hatori Nonomiya —dijo Yako.
—Un evento extraño que al final los dioses nos ordenaron dejar pasar y olvidar. El caso es que creo que el joven Ichi de entonces, bajo uno de sus ya habituales brotes de majin, aprovechó la conmoción del momento en el templo para colarse en tu estudio y robarte ese pergamino durante unas horas. Y luego lo devolvió a su sitio.
—¿Qué iba a hacer él con una Técnica incompleta?
—Completarla.
—Eso… no es posible para alguien que no es taimu —negó el profesor, arqueando una ceja—. Sí lo es, quizá, para una mente brillante como la de un Zou, o como la tuya —señaló a Yako y luego a Neuval—. No por nada lograste crear una Técnica tú solo, la de Desvío. Aunque es sencilla, tiene bastante mérito.
—Precisamente —asintió Neuval—. Izan necesitó unas horas para copiar a mano tu Técnica en un nuevo pergamino en blanco con el Sello de Zhen Yu, ya que, si no está plasmada en un pergamino oficial, no funciona. Y se ha pasado toda esta última década intentando completarla por sí mismo. Lográndolo finalmente con la ayuda de la taimu que encontró.
Denzel, y los demás también, se quedaron boquiabiertos.
—La taimu adoptó la apariencia física exacta de Clover —continuó exponiendo Neuval—. Y se coló en tu casa, con intención de que la vieras con ese aspecto y de que la vieras intentando robarte el anillo. ¿Por qué estos dos factores? Porque en los días siguientes ambos te condujeron a poner todas tus sospechas sobre Jannik —señaló con la mano al niño sentado al lado de Pipi, que había estado todo ese rato callado de brazos cruzados.
Jannik ni siquiera levantó la mirada de la mesa, ni siquiera cuando notó la mirada arrepentida de Denzel sobre él.
—El intento de robo de tu anillo y el inexplicable aspecto físico del intruso te hizo sospechar directamente de un Knive, por tu historia pasada con ellos, pues no pocas veces os han tratado de robar objetos. Y otras cosas —añadió Neuval, señalando tanto a Agatha como al profesor—. Y lo del aspecto sabemos que encaja con la capacidad de los Knive de provocar alteraciones visuales en los demás con la Mirada de Ewah. Pero fue cuando descubriste en el colegio que Jannik estaba siempre pegado a Clover, cuando sospechaste que él era ese Knive que se coló en tu casa, usando la apariencia de Clover.
—Bueno. Ahora sé que estaba totalmente equivocado —dijo Denzel, haciendo un gesto avergonzado.
—Izan jugó con tu mente. Y con tus problemas personales con los Knive. Te manipuló. Algo en lo que son expertos los arki. Con ello, consiguió lo que pretendía, que le ordenaras a Jannik recuperar de vuelta el amuleto. Esto sucedió el viernes, así que Izan vio por fin su oportunidad, este fin de semana. Primero, necesitaba asegurarse de que Clover ya no estaba cerca del amuleto. No podía aparecer así como si nada en medio de la noche en la habitación de ella y arriesgarse a recibir un daño severo o quedar inconsciente ante el impulso de repulsión del amuleto. Ideó un acercamiento precavido. Yako me lo estuvo contando antes, y tiene razón. El asistente social que recibiste ayer, Brey, era un impostor. Y a mí no me cabe la duda. Era Izan disfrazado.
—¿¡Qué!? No… ¡Ese tipo…! —Brey apretó los dientes y se agarró del pelo, conteniéndose otra vez—. Dios…
No podía creerlo. ¿Ese tipo de pinta ridícula? ¿Era el mismísimo Izan, debajo de una máscara, de una peluca, unas lentillas, una vocecilla forzada? Su actuación desde luego fue impecable. Pero esto, de su hermano, era lo único que no le sorprendía, porque Izan, toda su vida, había sido un aficionado a la actuación, que incluso de pequeño soñaba con ser actor algún día. Lo que a Brey le chirriaba era esa osadía, ese descaro, de presentarse en su casa bajo un disfraz después de siete años sin verlo, y jugar con él, burlarse en su propia cara, dejarlo conocer a los mellizos y el interior de su casa…
Y esa conversación que tuvieron a solas en un momento de la visita… Brey volvió a abrir los ojos, recordándola. Ese asistente social impostor le cuestionó sobre su decisión de quedarse con los mellizos, ante esa otra opción que parecía más lógica y adecuada para los niños de ser criados por sus abuelos maternos. Le preguntó si no se arrepentía de haber elegido el camino del sufrimiento haciéndose cargo de los mellizos desde sus 15 años, en lugar del camino de la libertad y el bienestar dejándolos totalmente fuera de su vida a cargo de Norie y Joji. Brey le aseguró que, para él, el camino que eligió, no era en absoluto el del sufrimiento, sino lo contrario.
Y entonces, Izan apareció ante él esta mañana en esa azotea, en mitad de su ataque de ansiedad, de su agonía, de su peor crisis. Sólo para demostrarle que se equivocaba. Para restregarle por la cara que él tenía razón. Que la vida del iris era así de miserable.
—Brey, no es culpa tuya —intentó consolarlo Kyo.
—Durante esa visita, pudo confirmar que el amuleto no estaba en manos de Clover ni en toda la casa —prosiguió Neuval—. Así que se preparó para secuestrarla durante la noche. Tenía que hacerlo él. Usar a la taimu joven era demasiado arriesgado, por dos razones: Izan no podía asegurarse de que Agatha no estuviera en su casa en el momento del secuestro. Si Agatha hubiese estado en su vivienda, o en el edificio en sí, habría estado lo suficientemente cerca para detectar el momento de aparecerse la taimu joven, para notar esta brevísima alteración en la Corriente del Espacio que siempre sucede con el teletransporte. Alertada por ello, Agatha habría localizado el lugar de la alteración, se habría aparecido ante la taimu y la habría pillado con las manos en la masa. Y aunque la joven taimu apareciera en la habitación, tocara a Clover y desapareciera con ella en menos de dos segundos, Agatha igualmente habría podido rastrearla.
La anciana asintió con la cabeza, confirmando sus palabras.
—La segunda razón, es porque no hay suficiente energía para la taimu para hacer más usos del don. Tal y como Denzel nos ha explicado, un uso que requiera más energía de lo normal gasta la reserva que tiene el amo temporal. Creo que es evidente que enviar a la taimu dos siglos atrás en el pasado con un primer intento fallido en la fecha y el lugar, tener que luchar contra “los ocho” y regresar de vuelta aquí con todos ellos supone un gasto tremendo de la energía del don. Izan se ha quedado casi seco con esa jugada, y desde esa cagada de la joven taimu del martes pasado, necesita tiempo para recargar de nuevo la energía Yin del don. Por ello, ahora mismo necesita que la taimu ahorre también su energía. Así que él se apareció anoche en la habitación de la pequeña.
—¿Y cómo lo hizo, aparecer, y sacarla de la casa, sin cruzar ninguna puerta ni ventana? —le insistió Denzel.
—Cuando era pequeño, tuve el honor de conocer a Izna Smirkova —respondió Neuval, y vio la cara sorprendida de Brey—. Sí… Emiliya me presentó a su madre a mis 13 años, en una misión que tuvimos cerca de la frontera con Rusia. Tuve suerte, porque Izna murió tan sólo un par de años después en combate. Era la Yami más poderosa que había existido en la historia de la Asociación. Fui testigo de su poder. Estaba tan cerca de alcanzar el nivel máximo… podía trasformar sus manos en este elemento tan misterioso que llamamos “vacío”, y penetrar en la materia, en el campo cuántico… Jamás había visto un fenómeno de la física tan fascinante —Neuval delató lo mucho que le seguía fascinando esto, pues mientras lo contaba se le perdía la mirada absorta hacia el techo, rememorándolo—. Descubrir su funcionamiento ha sido uno de mis más tempranos hobbies —volvió a bajar la mirada hacia los demás—. Algo que nunca he dejado de estudiar. Incluso intento aplicarlo en varios de mis experimentos tecnológicos. El caso es que… antes de marcharse, Izan, a sus 18 años, ya había alcanzado ese mismo nivel de Izna. Así que me resulta francamente imposible creer que en estos siete años no haya alcanzado ya, y sobradamente, el nivel -sama.
Se oyeron algunos respingos de sorpresa y cuchicheos de preocupación. Neuval había sido oficialmente el primer iris de la historia en alcanzar el máximo nivel de su elemento, que se demuestra con la capacidad única y extraordinaria de transformarse a sí mismo en su elemento. Desde entonces, lo habían logrado otros dos iris, uno en Europa y otra en Estados Unidos, y Brey hace cinco años. Por tanto, ya no era un evento desconocido para la Asociación. Pero seguía siendo poco común y novedoso.
Lo preocupante de esto, es que quien alcanzara el nivel -sama fuera un arki y no un iris. Especialmente, del elemento Vacío.
—¿Cres que Izan… puede convertirse en vacío? —murmuró Brey con horror.
—En una forma de vacío —asintió Neuval—. Un vacío que, pese a la definición de este término, sigue siendo un “algo” capaz de afectar e interactuar con la materia. Jannik mismo os lo puede decir. Su elemento no es sólo hacer desaparecer materia. Es una fuerza vibratoria que puede manejarse y moverse por el campo cuántico. Izan puede moverse por el vacío entre la materia, con mucha mayor facilidad por los lugares más oscuros, fríos y desérticos, es decir, con mayor escasez de materia y energía estorbándolo.
»Mientras yo analizaba la habitación de Clover y desechaba por completo la posibilidad de haber usado puertas o ventanas, vi como última opción, un poco escéptico, los conductos de ventilación. Me convertí en aire y flui por ellos. Forman una red dentro del edificio hasta la azotea. Todos estaban con polvo o con partículas, lo que es normal; pasan por filtros antes de llegar a la vivienda. Excepto uno de los caminos. De toda la red de conductos, había un conducto, sólo uno, desde la azotea hasta la habitación de Clover, que estaba absolutamente limpio. Ni una molécula de polvo. Así como los filtros que tenía en su recorrido. Impecables. Incluso si alguien pasa un paño por dentro, o sopla el aire muy fuerte, siempre queda alguna partícula.
»No me cupo la menor duda. Ese era el rastro del elemento Vacío. Eliminó a su paso las partículas débiles, un efecto típico de él. Izan se materializó junto a la cama de Clover. Y la llevó con él…
—¿¡Cómo!? —exclamó Brey al instante, desesperado con esa incógnita.
—Fusionándola con sus sombras. Con su campo cuántico.
—¿Qué? —saltaron los demás.
—Neuval… ¿estás seguro de que un Yami puede hacer eso? —dudó Denzel.
—Fuujin, ¿es eso certero? —le preguntó Jannik incluso, también sorprendido por este dato—. Yo desconozco esa capacidad de mi elemento.
—Es posible sólo en un nivel tan alto como el de Izan —afirmó el parisino—. Hasta Izna teorizó sobre ello. No es para nada lo mismo a lo que sucede con el teletransporte espaciotemporal de un taimu cuando se lleva consigo a personas u objetos con los que hace contacto físico. Eso sin duda es un don divino aparte. Lo de Izan es un dominio insuperable y exquisito de su elemento. El problema es que debe hacerlo con cuidado. Llevarse a una persona entre sus sombras es como sumergirla con él bajo el agua o al espacio exterior. No puede llevarse a nadie a largas distancias y durante demasiados segundos; se arriesga a que la otra persona muera de hipotermia, o se ahogue, o se desintegre y deje de existir dentro del campo cuántico.
Brey se estaba quedando blanco como el papel nada más imaginarlo. Los demás también.
—Aun así. Izan sacó a Clover de la casa de esa forma, por los conductos, fundida consigo en las sombras durante unos segundos, que le bastaron de sobra hasta llegar a la azotea o hasta la calle, y marcharse con ella de nuevo en carne y hueso, andando o saltando sobre los edificios.
Neuval descansó un rato, dejando que los demás fueran asimilando toda esta información. El local volvió a llenarse de barullo, hablando entre ellos. Yako y Nakuru intentaban calmar a Brey dentro de lo posible. Había una parte buena dentro de esa pesadilla. Izan se había llevado a Clover por algún motivo de valor. Mejor eso a que fuera un simple criminal humano con intenciones aberrantes sobre la niña o de matarla.
Cleven también necesitó esa pausa. La verdad, hacía ya rato que había dejado de hacerse preguntas inútiles en su cabeza cuyas respuestas no iba a saber ahí y ahora, y se había quedado en blanco. Eran demasiadas cosas que no entendía. Demasiadas cosas que la intrigaban, la confundían, y al mismo tiempo la enfurecían.
Llevaba ya una hora en esa silla incómoda, descubriendo lo estúpida que era. Quería irse, y no escuchar más sus voces. Incluso no verlos más. Por lo que había oído, su padre, Nakuru, su tío, Denzel, Kyo, Yako… le habían estado mintiendo, algunos durante años. Los odiaba por esto, pero, al mismo tiempo, quería entenderlos, y perdonarlos, y ayudarlos a resolverlo todo. No sabía cómo sentirse. No sabía qué hacer.
Por ahora, se sirvió una copa de sake frío, y se la bebió de un trago, sin rechistar.
—Jannik. Lo siento —le dijo Denzel finalmente, acercándose a él y arrodillándose frente a su silla para estar a su altura—. Si hubiera sabido…
—No sois culpable de nada, señor Sanders —objetó el niño, mirándolo por fin a la cara—. Igual que Clover, igual que nosotros… incluso igual que Viernes… —añadió en voz baja—… sois víctima de las maquinaciones del arki.
—No es excusa para tratarte como te traté. Es lamentable, que un hombre de 393 años de edad le hable así a un niño de 7. No debo descargar mis prejuicios contra ti. Tú y tu padre habéis demostrado desde el principio una honestidad y lealtad impecables a la Asociación. Olvidé que yo también tuve que pasar mucho tiempo demostrando lo mismo, y lo que se siente. Nunca volveré a dudar de ti.
El niño lo miró asombrado. No esperaba recibir una disculpa así de él, siendo una de las mayores autoridades de la Asociación.
—Siento que yo también he errado —dijo Jannik entonces—. Que quizá debí oponerme a vuestra orden, priorizar la seguridad de Clover… aunque me arriesgara a una sanción.
—Jannik, eres un iris, sólo cumplías con el deber de acatar…
—No, es más complicado que eso —insistió, alzando su voz, y los demás fueron callando sus voces al oírlo—. Puede que hasta ahora mismo no supiera qué era lo que realmente amenazaba y acechaba a Clover… un mismísimo arki… Creía que sólo eran algunos iris enfermos de la ARS indagando en ella más de lo debido, metiéndose donde no deben…
—¿A qué te refieres? —le preguntó Brey.
—Sé algo de Clover que me está prohibido revelar sin su permiso —les anunció el niño—. Algo que ni siquiera vos habéis descubierto aún, al parecer —miró a Brey—. Y creo que es el motivo por el que Izan se ha llevado a Clover.
—¿¡Cuál motivo!? —saltó Brey—. ¡Jannik, dímelo!
—No sin el permiso de ella…
—¿¡Qué permiso!? ¡Yo soy el padre! —se exasperó Brey.
—No hace falta —se impuso Pipi entre ambos—. Ya lo hemos averiguado de todas formas.
—¿Sabéis por qué Izan quiere a Clover? —brincaron los demás, asombrados de que él y Neuval hubieran llegado tan lejos con los datos hasta ahora.
—Antes de que llegarais los demás, hemos estado reunidos primero Neuval, Yagami y yo aquí, discutiendo unas últimas teorías —explicó Pipi, y le hizo un gesto a Neuval.
Neuval, entonces, sacó su teléfono móvil y lo puso a la vista, en horizontal y bocarriba.
—Brey. Espero que no te importe. Cuando he estado antes investigando en la habitación de los niños, he visto cosas que me han llamado mucho la atención y las he fotografiado.
—¿Eh? —no entendió el rubio.
—Hoti, proyecta las últimas imágenes.
La Hoti del teléfono móvil obedeció a la orden y sobre su pantalla proyectó un holograma muy nítido y en 3D de una hoja de papel que tenía un extraño dibujo en tinta negra; proyectó la imagen de otra hoja de papel con otro símbolo raro y complejo dibujado en ella; mostró la siguiente, con una escritura impecable en kanjis antiguos y algunos caracteres desconocidos. Nadie sabía lo que estaban viendo. Excepto uno.
Denzel golpeó la mesa al ponerse en pie de un salto. Su cara expresaba tal desconcierto que casi se le veían los ojos tras sus gafas negras. Y no sólo era desconcierto.
—Eh… ¿Eso no es…? —empezaron a reconocerlo Naminé y sus hermanos.
—¿Qué es? —preguntó Agatha, que no podía verlo.
—Oh, mierda… —dijo Link, recordando ahora.
—¿¡De dónde los has sacado!? —exclamó Denzel—. ¿¡Eso estaba en la habitación de los mellizos!? ¿¡Qué haces con eso en tu casa, Brey!?
—¿Qué? Pero… ¿Qué demonios pasa? —se perdió este, abrumado ante esa reacción—. Son las cosas raras que Daisuke está pintando todo el tiempo…
—¿¡Eso lo ha dibujado Daisuke!? —gritó incrédulo—. ¡Eso es imposible!
—¿¡Pero de qué estáis hablando!? —se hartó Brey—. ¡Son los garabatos de un niño!
—Oh, Dios… no tienes ni idea… —Denzel se llevó las manos a la cara, y se las restregó por los ojos, incapaz de creerlo posible.
—¿Qué? Neuval, ¿qué ocurre? —le preguntó Yako.
—Yagami no es el único. Yo también he sido un devorador de libros desde joven —explicó el Fuu—. Y no dejé pasar la oportunidad de leer todos los que Denzel escribió. Recuerdo que un 12 de abril a las dos y veinte de la tarde, vi dibujos extremadamente parecidos a estos símbolos en las páginas de la 70 a la 92, en la 114, en la 116, y otros más, de la 120 a la 141, en el segundo tomo sin título que Denzel escribió hace 348 años.
—¿Pero qué carajos…? —preguntó Owen.
—Tiene MUSI —le aclaró su padre en voz baja.
—¿La Memoria Unirreceptiva Selectiva Ilimitada? ¿Igual que los Zou? No te creo.
—Por eso vi interesante tomar fotos de estos “garabatos” del pequeño mini-Brey —seguía hablando Neuval—. De igual forma, encontré en la mesilla de noche de Clover y en la mesilla de noche de Daisuke dos objetos aún más interesantes. En ese mismo antiguo libro de Denzel, aparecen esos mismos objetos, dibujados con detalle, idénticos a los que vi.
—¿Cómo podías escribir en el pasado sin tecnología y sin tus gafas? —le preguntó Drasik al taimu, sin poder contener más este interrogante.
—Tenía a un monje escribano que escribía e ilustraba por mí lo que le redactaba. Neuval, ¿de qué objetos hablas?
—Le pregunté a Yako por ellos, que estaba conmigo analizando la habitación. Me dijo que eran unos accesorios que Brey compró en el pasado festival del templo Meiji para los niños.
—Sí, unos simples adornos que les regalé, ¿y qué? —dijo Brey.
—Son estos —anunció Neuval.
Hoti, entonces, mostró las imágenes tridimensionales, primero de la preciosa horquilla de plata con la flor de lirio blanca, de tela, y con cadenitas de piedras de rubí y de howlita; y después, la del colgante de cuero con una moneda antigua china de plata con dos abalorios decorativos de howlita también y dos magatamas de jade verde.
—¡No puedes estar hablando en serio! —volvió a escandalizarse Denzel—. ¡Brey! ¿¡Qué demonios haces con eso en tu casa!? ¿¡De dónde los has sacado!? ¡No tienes derecho!
—¡Pagué por ellos! —se defendió este.
—¡No mientas!
—Denzel, ¿qué objetos son? —le preguntó Agatha.
—¡Los Magenilhav!
—¿¡Los…!? —Agatha dio un bote en su silla, y se quedó sin habla un momento.
En esto, incluso los taimuki estaban confusos. Reconocían el tipo de símbolos y dibujos de las hojas de antes, pero, al igual que todos los demás, exceptuando a Neuval, Pipi, Yagami y ambos taimu, desconocían lo que eran esos objetos. Cuando Brey le dio su colgante a Daisuke en el festival, Agatha recordó escuchar al niño decir, con mucha emoción, si esos grabados en la moneda de plata eran símbolos en lengua rueh. Una palabra que, en sus siete siglos y medio, sólo había escuchado decir un par de veces a los dioses y al brujo Zhen Yu, y ni siquiera ella sabía de dónde provenía o qué significaba. Y no era posible que nadie más en el mundo la conociera.
Los demás volvieron a sentarse en sus sitios y atendieron.
—Izan se ha convertido en arki —comenzó Neuval a exponer su argumento—. Como Kyo fue testigo de su regreso hace tres semanas, lleva en Tokio como mínimo ese tiempo. Pero es probable que lleve más tiempo. En algún momento, comenzó a tener contacto con Viernes y su ARS. ¿Por qué ella? No lo sé. Pero si él está tramando algún plan contra la Asociación, o contra nosotros, o contra el Gobierno o contra quien sea, Viernes para él era su mejor activo. Ella ha estado años lidiado con un majin muy grave. De igual forma, la ARS está formada por iris que tienen majin. La mayoría tenían de uno o dos grados, pero creo que Izan los ha estado influyendo, los ha ido alimentando. Les ha prometido algo tan valioso que no lo han podido rechazar, a cambio de unirse a él.
»En algún momento, Izan descubrió la existencia de la taimu desconocida. Y ambos han hecho un Pacto, por lo que ahora ella trabaja a sus órdenes. Izan ordena a Taiya investigar algo especial de Clover el lunes de la semana pasada. Algo tiene Clover que Izan quiere. Algo que aún estamos por confirmar. Pero ante esto, Jannik se huele algo malo, y le da a Clover un talismán Knive, un amuleto protector; tal como dijimos antes, capaz de repeler seres de gran energía Yin. Esto resulta ser un claro inconveniente para Izan.
»Él ya tenía planes de secuestrar a Clover, pero ni él ni la taimu podían acercarse a la niña mientras ella tuviera ese talismán. ¿Por qué no secuestrarla otra persona con menos energía Yin, por ejemplo, un miembro de la ARS que todavía tuviese un majin inferior a seis grados? Imposible. La niña es hija de Raijin. No hay forma de que nadie consiga llevársela del colegio o de la calle sin que un “dios iris” nato lo detecte enseguida. Todo el mundo sabe que no se toca a los hijos humanos de ningún iris. Todo el mundo sabe que, quien ose hacerlo, lo más probable es que sea aniquilado al momento.
Los demás asintieron. Especialmente los que tenían hijos humanos, como Neuval, Brey, Pipi y, prontamente, Yagami. Este era el único caso en que un iris podía matar a alguien sin el previo permiso de Alvion.
—Izan no tenía más remedio que hacerlo él o la taimu. Pero antes, tenía que hacer algo para apartar ese amuleto de Clover. Probó a llevar a cabo un plan. Y ese mismo lunes, por la noche, envió a la taimu a tu casa, Denzel, adoptando la apariencia de Clover, y procuró que despertaras a tiempo para ver sus intenciones de quitarte tu anillo del dedo.
—¿Dices que la intrusa era esa taimu? —repitió el inglés, perplejo.
—Por eso apareció y desapareció de esa forma tan discreta e inmediata, tan imposible para cualquier otro ser. Usó el teletransporte.
—Pero su apariencia…
—Tengo algo que preguntarte —le frenó Neuval un momento—. ¿No estabas trabajando hace años en una Técnica que permite a quien la ejecuta adoptar el aspecto físico de otra persona?
—Ah… —Agatha dio un respingo—. Niño… Tu Técnica de Transformación.
—Sí, pero… Está incompleta todavía, la dejé aparcada —dijo Denzel, confuso.
—¿Recuerdas que hace unos años hiciste saltar las alarmas porque alguien había entrado en tu estudio privado del Monte Zou y no encontrabas el pergamino de esa Técnica por ninguna parte? —preguntó Neuval.
—Ah… Sí, recuerdo eso. Pero fue una falsa alarma. Al final del día volví a revisar el baúl donde guardo todos mis proyectos bajo llave. El pergamino de esa Técnica estaba ahí. Fue una torpeza mía, no lo vi bien la primera vez.
—Siempre se me quedó dentro una pequeña sospecha —le confesó Neuval—. Aquello ocurrió hace 9 años. Durante un evento muy grave que fue tratado en el Monte Zou que sólo los iris aquí presentes conocemos además de la ORS de Kanon.
—Sí… el enjuiciamiento divino de Hatori Nonomiya —dijo Yako.
—Un evento extraño que al final los dioses nos ordenaron dejar pasar y olvidar. El caso es que creo que el joven Ichi de entonces, bajo uno de sus ya habituales brotes de majin, aprovechó la conmoción del momento en el templo para colarse en tu estudio y robarte ese pergamino durante unas horas. Y luego lo devolvió a su sitio.
—¿Qué iba a hacer él con una Técnica incompleta?
—Completarla.
—Eso… no es posible para alguien que no es taimu —negó el profesor, arqueando una ceja—. Sí lo es, quizá, para una mente brillante como la de un Zou, o como la tuya —señaló a Yako y luego a Neuval—. No por nada lograste crear una Técnica tú solo, la de Desvío. Aunque es sencilla, tiene bastante mérito.
—Precisamente —asintió Neuval—. Izan necesitó unas horas para copiar a mano tu Técnica en un nuevo pergamino en blanco con el Sello de Zhen Yu, ya que, si no está plasmada en un pergamino oficial, no funciona. Y se ha pasado toda esta última década intentando completarla por sí mismo. Lográndolo finalmente con la ayuda de la taimu que encontró.
Denzel, y los demás también, se quedaron boquiabiertos.
—La taimu adoptó la apariencia física exacta de Clover —continuó exponiendo Neuval—. Y se coló en tu casa, con intención de que la vieras con ese aspecto y de que la vieras intentando robarte el anillo. ¿Por qué estos dos factores? Porque en los días siguientes ambos te condujeron a poner todas tus sospechas sobre Jannik —señaló con la mano al niño sentado al lado de Pipi, que había estado todo ese rato callado de brazos cruzados.
Jannik ni siquiera levantó la mirada de la mesa, ni siquiera cuando notó la mirada arrepentida de Denzel sobre él.
—El intento de robo de tu anillo y el inexplicable aspecto físico del intruso te hizo sospechar directamente de un Knive, por tu historia pasada con ellos, pues no pocas veces os han tratado de robar objetos. Y otras cosas —añadió Neuval, señalando tanto a Agatha como al profesor—. Y lo del aspecto sabemos que encaja con la capacidad de los Knive de provocar alteraciones visuales en los demás con la Mirada de Ewah. Pero fue cuando descubriste en el colegio que Jannik estaba siempre pegado a Clover, cuando sospechaste que él era ese Knive que se coló en tu casa, usando la apariencia de Clover.
—Bueno. Ahora sé que estaba totalmente equivocado —dijo Denzel, haciendo un gesto avergonzado.
—Izan jugó con tu mente. Y con tus problemas personales con los Knive. Te manipuló. Algo en lo que son expertos los arki. Con ello, consiguió lo que pretendía, que le ordenaras a Jannik recuperar de vuelta el amuleto. Esto sucedió el viernes, así que Izan vio por fin su oportunidad, este fin de semana. Primero, necesitaba asegurarse de que Clover ya no estaba cerca del amuleto. No podía aparecer así como si nada en medio de la noche en la habitación de ella y arriesgarse a recibir un daño severo o quedar inconsciente ante el impulso de repulsión del amuleto. Ideó un acercamiento precavido. Yako me lo estuvo contando antes, y tiene razón. El asistente social que recibiste ayer, Brey, era un impostor. Y a mí no me cabe la duda. Era Izan disfrazado.
—¿¡Qué!? No… ¡Ese tipo…! —Brey apretó los dientes y se agarró del pelo, conteniéndose otra vez—. Dios…
No podía creerlo. ¿Ese tipo de pinta ridícula? ¿Era el mismísimo Izan, debajo de una máscara, de una peluca, unas lentillas, una vocecilla forzada? Su actuación desde luego fue impecable. Pero esto, de su hermano, era lo único que no le sorprendía, porque Izan, toda su vida, había sido un aficionado a la actuación, que incluso de pequeño soñaba con ser actor algún día. Lo que a Brey le chirriaba era esa osadía, ese descaro, de presentarse en su casa bajo un disfraz después de siete años sin verlo, y jugar con él, burlarse en su propia cara, dejarlo conocer a los mellizos y el interior de su casa…
Y esa conversación que tuvieron a solas en un momento de la visita… Brey volvió a abrir los ojos, recordándola. Ese asistente social impostor le cuestionó sobre su decisión de quedarse con los mellizos, ante esa otra opción que parecía más lógica y adecuada para los niños de ser criados por sus abuelos maternos. Le preguntó si no se arrepentía de haber elegido el camino del sufrimiento haciéndose cargo de los mellizos desde sus 15 años, en lugar del camino de la libertad y el bienestar dejándolos totalmente fuera de su vida a cargo de Norie y Joji. Brey le aseguró que, para él, el camino que eligió, no era en absoluto el del sufrimiento, sino lo contrario.
Y entonces, Izan apareció ante él esta mañana en esa azotea, en mitad de su ataque de ansiedad, de su agonía, de su peor crisis. Sólo para demostrarle que se equivocaba. Para restregarle por la cara que él tenía razón. Que la vida del iris era así de miserable.
—Brey, no es culpa tuya —intentó consolarlo Kyo.
—Durante esa visita, pudo confirmar que el amuleto no estaba en manos de Clover ni en toda la casa —prosiguió Neuval—. Así que se preparó para secuestrarla durante la noche. Tenía que hacerlo él. Usar a la taimu joven era demasiado arriesgado, por dos razones: Izan no podía asegurarse de que Agatha no estuviera en su casa en el momento del secuestro. Si Agatha hubiese estado en su vivienda, o en el edificio en sí, habría estado lo suficientemente cerca para detectar el momento de aparecerse la taimu joven, para notar esta brevísima alteración en la Corriente del Espacio que siempre sucede con el teletransporte. Alertada por ello, Agatha habría localizado el lugar de la alteración, se habría aparecido ante la taimu y la habría pillado con las manos en la masa. Y aunque la joven taimu apareciera en la habitación, tocara a Clover y desapareciera con ella en menos de dos segundos, Agatha igualmente habría podido rastrearla.
La anciana asintió con la cabeza, confirmando sus palabras.
—La segunda razón, es porque no hay suficiente energía para la taimu para hacer más usos del don. Tal y como Denzel nos ha explicado, un uso que requiera más energía de lo normal gasta la reserva que tiene el amo temporal. Creo que es evidente que enviar a la taimu dos siglos atrás en el pasado con un primer intento fallido en la fecha y el lugar, tener que luchar contra “los ocho” y regresar de vuelta aquí con todos ellos supone un gasto tremendo de la energía del don. Izan se ha quedado casi seco con esa jugada, y desde esa cagada de la joven taimu del martes pasado, necesita tiempo para recargar de nuevo la energía Yin del don. Por ello, ahora mismo necesita que la taimu ahorre también su energía. Así que él se apareció anoche en la habitación de la pequeña.
—¿Y cómo lo hizo, aparecer, y sacarla de la casa, sin cruzar ninguna puerta ni ventana? —le insistió Denzel.
—Cuando era pequeño, tuve el honor de conocer a Izna Smirkova —respondió Neuval, y vio la cara sorprendida de Brey—. Sí… Emiliya me presentó a su madre a mis 13 años, en una misión que tuvimos cerca de la frontera con Rusia. Tuve suerte, porque Izna murió tan sólo un par de años después en combate. Era la Yami más poderosa que había existido en la historia de la Asociación. Fui testigo de su poder. Estaba tan cerca de alcanzar el nivel máximo… podía trasformar sus manos en este elemento tan misterioso que llamamos “vacío”, y penetrar en la materia, en el campo cuántico… Jamás había visto un fenómeno de la física tan fascinante —Neuval delató lo mucho que le seguía fascinando esto, pues mientras lo contaba se le perdía la mirada absorta hacia el techo, rememorándolo—. Descubrir su funcionamiento ha sido uno de mis más tempranos hobbies —volvió a bajar la mirada hacia los demás—. Algo que nunca he dejado de estudiar. Incluso intento aplicarlo en varios de mis experimentos tecnológicos. El caso es que… antes de marcharse, Izan, a sus 18 años, ya había alcanzado ese mismo nivel de Izna. Así que me resulta francamente imposible creer que en estos siete años no haya alcanzado ya, y sobradamente, el nivel -sama.
Se oyeron algunos respingos de sorpresa y cuchicheos de preocupación. Neuval había sido oficialmente el primer iris de la historia en alcanzar el máximo nivel de su elemento, que se demuestra con la capacidad única y extraordinaria de transformarse a sí mismo en su elemento. Desde entonces, lo habían logrado otros dos iris, uno en Europa y otra en Estados Unidos, y Brey hace cinco años. Por tanto, ya no era un evento desconocido para la Asociación. Pero seguía siendo poco común y novedoso.
Lo preocupante de esto, es que quien alcanzara el nivel -sama fuera un arki y no un iris. Especialmente, del elemento Vacío.
—¿Cres que Izan… puede convertirse en vacío? —murmuró Brey con horror.
—En una forma de vacío —asintió Neuval—. Un vacío que, pese a la definición de este término, sigue siendo un “algo” capaz de afectar e interactuar con la materia. Jannik mismo os lo puede decir. Su elemento no es sólo hacer desaparecer materia. Es una fuerza vibratoria que puede manejarse y moverse por el campo cuántico. Izan puede moverse por el vacío entre la materia, con mucha mayor facilidad por los lugares más oscuros, fríos y desérticos, es decir, con mayor escasez de materia y energía estorbándolo.
»Mientras yo analizaba la habitación de Clover y desechaba por completo la posibilidad de haber usado puertas o ventanas, vi como última opción, un poco escéptico, los conductos de ventilación. Me convertí en aire y flui por ellos. Forman una red dentro del edificio hasta la azotea. Todos estaban con polvo o con partículas, lo que es normal; pasan por filtros antes de llegar a la vivienda. Excepto uno de los caminos. De toda la red de conductos, había un conducto, sólo uno, desde la azotea hasta la habitación de Clover, que estaba absolutamente limpio. Ni una molécula de polvo. Así como los filtros que tenía en su recorrido. Impecables. Incluso si alguien pasa un paño por dentro, o sopla el aire muy fuerte, siempre queda alguna partícula.
»No me cupo la menor duda. Ese era el rastro del elemento Vacío. Eliminó a su paso las partículas débiles, un efecto típico de él. Izan se materializó junto a la cama de Clover. Y la llevó con él…
—¿¡Cómo!? —exclamó Brey al instante, desesperado con esa incógnita.
—Fusionándola con sus sombras. Con su campo cuántico.
—¿Qué? —saltaron los demás.
—Neuval… ¿estás seguro de que un Yami puede hacer eso? —dudó Denzel.
—Fuujin, ¿es eso certero? —le preguntó Jannik incluso, también sorprendido por este dato—. Yo desconozco esa capacidad de mi elemento.
—Es posible sólo en un nivel tan alto como el de Izan —afirmó el parisino—. Hasta Izna teorizó sobre ello. No es para nada lo mismo a lo que sucede con el teletransporte espaciotemporal de un taimu cuando se lleva consigo a personas u objetos con los que hace contacto físico. Eso sin duda es un don divino aparte. Lo de Izan es un dominio insuperable y exquisito de su elemento. El problema es que debe hacerlo con cuidado. Llevarse a una persona entre sus sombras es como sumergirla con él bajo el agua o al espacio exterior. No puede llevarse a nadie a largas distancias y durante demasiados segundos; se arriesga a que la otra persona muera de hipotermia, o se ahogue, o se desintegre y deje de existir dentro del campo cuántico.
Brey se estaba quedando blanco como el papel nada más imaginarlo. Los demás también.
—Aun así. Izan sacó a Clover de la casa de esa forma, por los conductos, fundida consigo en las sombras durante unos segundos, que le bastaron de sobra hasta llegar a la azotea o hasta la calle, y marcharse con ella de nuevo en carne y hueso, andando o saltando sobre los edificios.
Neuval descansó un rato, dejando que los demás fueran asimilando toda esta información. El local volvió a llenarse de barullo, hablando entre ellos. Yako y Nakuru intentaban calmar a Brey dentro de lo posible. Había una parte buena dentro de esa pesadilla. Izan se había llevado a Clover por algún motivo de valor. Mejor eso a que fuera un simple criminal humano con intenciones aberrantes sobre la niña o de matarla.
Cleven también necesitó esa pausa. La verdad, hacía ya rato que había dejado de hacerse preguntas inútiles en su cabeza cuyas respuestas no iba a saber ahí y ahora, y se había quedado en blanco. Eran demasiadas cosas que no entendía. Demasiadas cosas que la intrigaban, la confundían, y al mismo tiempo la enfurecían.
Llevaba ya una hora en esa silla incómoda, descubriendo lo estúpida que era. Quería irse, y no escuchar más sus voces. Incluso no verlos más. Por lo que había oído, su padre, Nakuru, su tío, Denzel, Kyo, Yako… le habían estado mintiendo, algunos durante años. Los odiaba por esto, pero, al mismo tiempo, quería entenderlos, y perdonarlos, y ayudarlos a resolverlo todo. No sabía cómo sentirse. No sabía qué hacer.
Por ahora, se sirvió una copa de sake frío, y se la bebió de un trago, sin rechistar.
—Jannik. Lo siento —le dijo Denzel finalmente, acercándose a él y arrodillándose frente a su silla para estar a su altura—. Si hubiera sabido…
—No sois culpable de nada, señor Sanders —objetó el niño, mirándolo por fin a la cara—. Igual que Clover, igual que nosotros… incluso igual que Viernes… —añadió en voz baja—… sois víctima de las maquinaciones del arki.
—No es excusa para tratarte como te traté. Es lamentable, que un hombre de 393 años de edad le hable así a un niño de 7. No debo descargar mis prejuicios contra ti. Tú y tu padre habéis demostrado desde el principio una honestidad y lealtad impecables a la Asociación. Olvidé que yo también tuve que pasar mucho tiempo demostrando lo mismo, y lo que se siente. Nunca volveré a dudar de ti.
El niño lo miró asombrado. No esperaba recibir una disculpa así de él, siendo una de las mayores autoridades de la Asociación.
—Siento que yo también he errado —dijo Jannik entonces—. Que quizá debí oponerme a vuestra orden, priorizar la seguridad de Clover… aunque me arriesgara a una sanción.
—Jannik, eres un iris, sólo cumplías con el deber de acatar…
—No, es más complicado que eso —insistió, alzando su voz, y los demás fueron callando sus voces al oírlo—. Puede que hasta ahora mismo no supiera qué era lo que realmente amenazaba y acechaba a Clover… un mismísimo arki… Creía que sólo eran algunos iris enfermos de la ARS indagando en ella más de lo debido, metiéndose donde no deben…
—¿A qué te refieres? —le preguntó Brey.
—Sé algo de Clover que me está prohibido revelar sin su permiso —les anunció el niño—. Algo que ni siquiera vos habéis descubierto aún, al parecer —miró a Brey—. Y creo que es el motivo por el que Izan se ha llevado a Clover.
—¿¡Cuál motivo!? —saltó Brey—. ¡Jannik, dímelo!
—No sin el permiso de ella…
—¿¡Qué permiso!? ¡Yo soy el padre! —se exasperó Brey.
—No hace falta —se impuso Pipi entre ambos—. Ya lo hemos averiguado de todas formas.
—¿Sabéis por qué Izan quiere a Clover? —brincaron los demás, asombrados de que él y Neuval hubieran llegado tan lejos con los datos hasta ahora.
—Antes de que llegarais los demás, hemos estado reunidos primero Neuval, Yagami y yo aquí, discutiendo unas últimas teorías —explicó Pipi, y le hizo un gesto a Neuval.
Neuval, entonces, sacó su teléfono móvil y lo puso a la vista, en horizontal y bocarriba.
—Brey. Espero que no te importe. Cuando he estado antes investigando en la habitación de los niños, he visto cosas que me han llamado mucho la atención y las he fotografiado.
—¿Eh? —no entendió el rubio.
—Hoti, proyecta las últimas imágenes.
La Hoti del teléfono móvil obedeció a la orden y sobre su pantalla proyectó un holograma muy nítido y en 3D de una hoja de papel que tenía un extraño dibujo en tinta negra; proyectó la imagen de otra hoja de papel con otro símbolo raro y complejo dibujado en ella; mostró la siguiente, con una escritura impecable en kanjis antiguos y algunos caracteres desconocidos. Nadie sabía lo que estaban viendo. Excepto uno.
Denzel golpeó la mesa al ponerse en pie de un salto. Su cara expresaba tal desconcierto que casi se le veían los ojos tras sus gafas negras. Y no sólo era desconcierto.
—Eh… ¿Eso no es…? —empezaron a reconocerlo Naminé y sus hermanos.
—¿Qué es? —preguntó Agatha, que no podía verlo.
—Oh, mierda… —dijo Link, recordando ahora.
—¿¡De dónde los has sacado!? —exclamó Denzel—. ¿¡Eso estaba en la habitación de los mellizos!? ¿¡Qué haces con eso en tu casa, Brey!?
—¿Qué? Pero… ¿Qué demonios pasa? —se perdió este, abrumado ante esa reacción—. Son las cosas raras que Daisuke está pintando todo el tiempo…
—¿¡Eso lo ha dibujado Daisuke!? —gritó incrédulo—. ¡Eso es imposible!
—¿¡Pero de qué estáis hablando!? —se hartó Brey—. ¡Son los garabatos de un niño!
—Oh, Dios… no tienes ni idea… —Denzel se llevó las manos a la cara, y se las restregó por los ojos, incapaz de creerlo posible.
—¿Qué? Neuval, ¿qué ocurre? —le preguntó Yako.
—Yagami no es el único. Yo también he sido un devorador de libros desde joven —explicó el Fuu—. Y no dejé pasar la oportunidad de leer todos los que Denzel escribió. Recuerdo que un 12 de abril a las dos y veinte de la tarde, vi dibujos extremadamente parecidos a estos símbolos en las páginas de la 70 a la 92, en la 114, en la 116, y otros más, de la 120 a la 141, en el segundo tomo sin título que Denzel escribió hace 348 años.
—¿Pero qué carajos…? —preguntó Owen.
—Tiene MUSI —le aclaró su padre en voz baja.
—¿La Memoria Unirreceptiva Selectiva Ilimitada? ¿Igual que los Zou? No te creo.
—Por eso vi interesante tomar fotos de estos “garabatos” del pequeño mini-Brey —seguía hablando Neuval—. De igual forma, encontré en la mesilla de noche de Clover y en la mesilla de noche de Daisuke dos objetos aún más interesantes. En ese mismo antiguo libro de Denzel, aparecen esos mismos objetos, dibujados con detalle, idénticos a los que vi.
—¿Cómo podías escribir en el pasado sin tecnología y sin tus gafas? —le preguntó Drasik al taimu, sin poder contener más este interrogante.
—Tenía a un monje escribano que escribía e ilustraba por mí lo que le redactaba. Neuval, ¿de qué objetos hablas?
—Le pregunté a Yako por ellos, que estaba conmigo analizando la habitación. Me dijo que eran unos accesorios que Brey compró en el pasado festival del templo Meiji para los niños.
—Sí, unos simples adornos que les regalé, ¿y qué? —dijo Brey.
—Son estos —anunció Neuval.
Hoti, entonces, mostró las imágenes tridimensionales, primero de la preciosa horquilla de plata con la flor de lirio blanca, de tela, y con cadenitas de piedras de rubí y de howlita; y después, la del colgante de cuero con una moneda antigua china de plata con dos abalorios decorativos de howlita también y dos magatamas de jade verde.
—¡No puedes estar hablando en serio! —volvió a escandalizarse Denzel—. ¡Brey! ¿¡Qué demonios haces con eso en tu casa!? ¿¡De dónde los has sacado!? ¡No tienes derecho!
—¡Pagué por ellos! —se defendió este.
—¡No mientas!
—Denzel, ¿qué objetos son? —le preguntó Agatha.
—¡Los Magenilhav!
—¿¡Los…!? —Agatha dio un bote en su silla, y se quedó sin habla un momento.
En esto, incluso los taimuki estaban confusos. Reconocían el tipo de símbolos y dibujos de las hojas de antes, pero, al igual que todos los demás, exceptuando a Neuval, Pipi, Yagami y ambos taimu, desconocían lo que eran esos objetos. Cuando Brey le dio su colgante a Daisuke en el festival, Agatha recordó escuchar al niño decir, con mucha emoción, si esos grabados en la moneda de plata eran símbolos en lengua rueh. Una palabra que, en sus siete siglos y medio, sólo había escuchado decir un par de veces a los dioses y al brujo Zhen Yu, y ni siquiera ella sabía de dónde provenía o qué significaba. Y no era posible que nadie más en el mundo la conociera.
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