2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __
¡Patam! Alguien aterrizó de repente sobre la repisa de la ventana, causando un ruido tan fuerte e inesperado que Denzel dio un gran brinco, se chocó contra el mueble que había al lado de la ventana y casi se cayó al suelo. Pero se repuso, con una mano en el pecho, encontrando los ojos plateados y la enorme sonrisa maquiavélica de ese chiflado ahí, de cuclillas sobre la repisa, saludándolo con la mano al otro lado del cristal. Iba elegantemente vestido con traje, corbata y un largo abrigo de tela, por lo que seguramente venía directamente desde su empresa.
—¡Pero...! —gruñó Denzel, abriendo la ventana, y el otro pasó adentro—. ¿¡Qué te he dicho sobre entrar por mi ventana!?
—Qué de gente hay aquí, ¿no? —se sorprendió Neuval, mientras se quitaba la bufanda y observaba al resto.
—¡Ahh! —Naminé dio un respingo desde la mesa del comedor y lo señaló con el dedo—. ¡El francés guapo de ayer!
—¡Ahh! La taimuki peleona —la imitó Neuval.
—¿Qué? Pero... —Owen se acercó a ellos y se asomó un momento por la ventana, pero Denzel la cerró enseguida porque entraba bastante frío—. ¿Cómo ha “caído” sobre la ventana? No ha venido saltando desde abajo... ¡Dioses! ¿¡Es que usted puede volar!? —le preguntó con ojos como platos.
—¿Vosotros no? —bromeó Neuval.
—¡Hey! Gracias por ayudarnos ayer —lo saludó Link desde la mesa.
—¡Haha! Guau... Nunca había visto tantos taimuki en una habitación desde que conocí a Yong y a sus hermanas —se les acercó Neuval, celebrando verlos sanos y salvos—. ¡Aquí están! —señaló a los gemelos sentados a la mesa con las bocas llenas de comida—. Sarah acaba de contármelo, que ha encontrado a estos dos chicos. ¡Qué buena noticia! —miró a Denzel.
—Sí, desde luego —dijo este, apoyándose contra el respaldo del sofá del salón y cruzándose de brazos—. Una buena noticia para las víctimas del caos que han ocasionado esta tarde...
En ese momento, Naminé se levantó discretamente de su silla y fue rodeando la mesa, acercándose disimuladamente a Neuval.
—Qué curioso, habla usted un chino perfecto —le dijo James—. ¡Más incluso que un nativo!
—Raro, viniendo de un europeo —dijo Lu Kai—. Y solemos tratar con muchos.
—Técnicamente soy hongkonés —dijo Neuval—. Y francés. Es una larga historia. Encantado de conoceros, James y Lu Kai, ¿verdad?
—¡Uh! ¡Ay! —gritó Naminé de repente, fingiendo que se resbalaba y se caía justo al lado de Neuval.
Como era propio de los reflejos de un iris, él la sujetó a tiempo antes de que cayera al suelo, y Naminé se quedó ahí, en horizontal, colgando de sus brazos.
—Qué torpeza la mía, discúlpeme —dijo toda dramática, llevándose el dorso de la mano a la frente.
—No hay nada que disculpar —le sonrió Neuval, mirándola desde arriba.
Los otros chicos estaban contemplando la escena con caras de gran incredulidad por semejante teatro de su hermana, mientras que la cara de Denzel era de mosqueo.
—Qué brazos tan fuertes... —murmuró Naminé.
—Qué piel tan suave —respondió Neuval amablemente.
—Será posi-... ¡Ajem! —carraspeó Denzel fuertemente—. ¡Que estoy aquí! ¿Os importa? —fue hasta ellos y los separó enseguida—. Niña, compórtate, ¡que estás casada!
—¡Déjame alegrarme un poco la vista, padre! —protestó ella—. Sigo amando a mi marido más que a nadie, ¿pero acaso esas lentes que llevas no te dejan ver la evidencia? —cuchicheó, señalando a Neuval con las dos manos—. ¡Parece un dios!
—No te pongas así, viejo demonio, que ahora estoy con Hana y le debo toda mi fidelidad —se burló Neuval, mientras curioseaba por el salón, como buscando algo—. La cual, por cierto, se muere por conocerte.
—¿Qué? ¿Tu pareja? ¿Y eso por qué? —se extrañó Denzel.
—Porque desde que le hablé de tu existencia y de tu don, está fascinada con tu historia y con las grandes obras y hazañas que has hecho por el mundo y tu creación de las Técnicas y tal.
Neuval siguió merodeando por el salón, hasta que por fin captó con la vista la cartera negra que Denzel solía llevar al trabajo, reposando en una mesilla pequeña junto a una butaca en un rincón de la estancia. Estaba medio abierta y asomaba un taco de hojas en uno de los bolsillos.
—Mon Dieu! ¿Será lo que creo que es? —murmuró para sí mismo con emoción, corriendo hacia allá; se agachó frente a la mesilla, sacó todo ese taco de hojas y comenzó a revisarlas una por una.
—¿Qué haces? No tengo nada importante en esa cartera. ¿Se puede saber por qué has aparecido aquí sin previo aviso? —le preguntó Denzel pacientemente—. Dime que no te has metido en otro lío y vienes a que te salve...
—Nooo, estoy intentando portarme bien después del caótico día de ayer. Sólo quería consultarte una cuestión, respecto a las Técnicas, precisamente. Pero antes... ¿alguna novedad sobre tu caso familiar? —le preguntó, girándose para mirarlo un segundo.
—A trozos sueltos, aunque hace un rato me acabo de enterar de algunos datos de cierta gravedad —dijo el taimu, compartiendo un gesto resignado con Link y los otros—. Me los guardo por ahora, si no te importa. Primero quiero terminar de encontrar a Robin, a Chris y a An Ju. Podrían tal vez tener más información. Necesito darles sentido a algunas cosas.
—Como quieras. Mi KRS y la SRS de Pipi siguen con la atención puesta en toda la ciudad.
—Lo sé. Al fin y al cabo, tengo a los gemelos aquí gracias a la rápida reacción de tu Hosha.
—No sé si se le puede llamar “mi Hosha”. Por desgracia, Sarah no puede volver a mi RS. No quiere ponernos en riesgo por su actual delicada situación, trabajando tan cerca de Hatori y eso... —decía Neuval, sin apartar los ojos de cada hoja que iba pasando entre sus dedos.
—Es una lástima, a Sarah le ha tocado una venganza casi imposible.
—¡Ahhh! —Neuval dio un respingo, encontrando la hoja que buscaba.
—¿Qué? Eh, vamos, Neuval, no hagas eso —fue hasta él y lo obligó a darle ese taco de hojas—. Es material escolar privado.
—Sólo quiero ver qué tal ha hecho Cleven su examen...
—Lo sabrás cuando yo lo corrija, le informe de la nota a ella y ella te lo comunique a ti.
—No me dirá nada si ha suspendido —rezongó.
—En ese caso, sabrás que ha suspendido —repuso el taimu.
Denzel le hizo un gesto autoritario con la mano. Neuval suspiró con resignación y acabó dándole todas esas hojas de examen, con las que Denzel se teletransportó a su habitación para dejarlas allí y volver a aparecer en el salón en un segundo.
—¿Tiene hijos, Fuujin-sama? —le preguntó Link con interés, todavía allá sentado en la mesa de comedor con sus hermanos.
—¿Cómo serán los hijos de aquel que nuestro padre describe como “el iris más poderoso de la historia”? —comentó Owen con curiosidad.
—Oh, son tres especímenes increíbles, os lo aseguro —les dijo Neuval.
—Sin duda, ayer tu hija casi me ahorca al enterarse de que posponía el examen —le dijo Denzel.
—¿¡Que te hizo qué!? —exclamó Neuval—. Oh là là là… ¡Eso es porque le está poniendo interés al estudio! —cerró el puño con victoria—. ¡Sí, señor! ¡Esa es mi Cleven!
Los taimuki no podían evitar reírse, viendo que el verdadero espécimen ahí era este majara y excéntrico Fuu, mientras Denzel ponía cara de perro por su total falta de preocupación por la agresión que recibió de Cleven.
—Neu, tengo mucho lío encima.
—¿Pueden dos iris combinar dos Técnicas, compartiéndolas por unos instantes? —fue al grano entonces.
—¿Cómo dices? No. No se puede.
—No de las físicas, sino de las mentales.
—¿Cuáles? —Denzel entornó los ojos, denotando curiosidad.
—Localización y Telepatía.
Link y los otros cuchichearon con sorpresa ante esa idea. Denzel se quedó pensativo un rato, considerando esa posibilidad.
—Nunca se ha probado... ¿Quieres intentar eso con Pipi? ¿Por qué?
—Necesito localizar a Haru lo antes posible. Está en su periodo vacacional después de su gira y está totalmente desconectado.
—No puedes perturbar el periodo vacacional de un iris.
—Tranquilo, se lo voy a compensar, y Pipi le cederá otro periodo vacacional en otro momento. Antes de hacer nada quiero que me confirmes si es posible, y en ese caso, si es seguro.
—Dando por sentado que lo haréis de la forma en creo que la haréis, de lo primero creo que sí, y de lo segundo no tengo ni idea. En principio, no debería pasar nada malo, porque os daría tiempo a desactivarlas si notáis que algo no va bien. Pero si lo hacéis confiados y sin tomar precauciones y se os derrite el cerebro, la culpa será vuestra. Si en cambio lo conseguís y os da tiempo a experimentar su resultado, me gustaría que me lo redactaras en un informe para añadir esos datos a mis estudios.
—Bueno, para mí es suficiente —sonrió Neuval, y se fue poniendo la bufanda y los guantes mientras se dirigía de vuelta a la ventana del salón—. Un placer otra vez, taimuki —se despidió de ellos con la mano, y estos le despidieron del mismo modo.
—Neu —lo detuvo Denzel antes de que abriera la ventana, cerrando la distancia con él y con una sonrisa suave—. Es un gusto volver verte así —le dijo, pero el otro levantó una ceja, sin entender—. Ya sabes. Siendo así. El verdadero tú.
El Fuu entendió y también sonrió, aunque con una pizca de melancolía.
—Cuando hay cosas que te salen bien cuando creías que saldrían mal, la alegría y el alivio que sientes hay que atesorarlos lo máximo posible —le dijo Neuval—. No suelen durar mucho tiempo.
—Ya —asintió el taimu, agachando un poco la cabeza, y su sonrisa se apagó un poco—. No duran mucho.
Neuval se despidió de él, abrió la ventana y salió por ella, al tiempo que los cinco taimuki se acercaban corriendo para verlo alejándose por el cielo nublado y quedando asombrados, siendo la primera vez que veían volar a alguien que no era un Zou.
—Padre, hay algo que aún no os hemos contado —dijo James, y miró a su gemelo.
—Robin estaba con nosotros —declaró Lu Kai.
—¿¡Qué!? —exclamaron los demás—. ¿¡Estabais con él!? ¿¡Y dónde está ahora!? —se alteró Naminé—. ¿¡Por qué dejó de estar con vosotros!? ¿¡Lo habéis perdido!?
—¡No! ¡Se perdió él solo! —se defendió Lu Kai.
—¡Tiene 13 años, y vosotros 17! ¡Erais responsables de él! —insistió su hermana, muy disgustada.
—¡No nos escuchó y se largó a otra parte! —dijo James.
—Calma —ordenó Denzel entre los gemelos y la mujer—. Explicad mejor eso.
—Nos aparecimos los tres juntos en esta ciudad —habló James—. Ayer intentaron perseguirnos dos veces, los encapuchados de los que hablábamos antes, que seguramente son iris enfermos —dijo mirando a sus otros hermanos—. Pero cuando comenzamos a ser perseguidos otra vez esta mañana al amanecer, eran como cinco personas y fueron muy persistentes.
—Estuvimos más de media hora intentando distraerlos, escondiéndonos, corriendo por todas partes —continuó Lu Kai—. Nos estaban pisando los talones cuando Robin se tropezó y cayó al suelo. Cuando nos dimos la vuelta para buscarlo, vimos a nuestros perseguidores pasando de largo por su lado.
—¿Qué? —murmuró Owen.
—Continuaron corriendo hacia nosotros —prosiguió James—. Casi nos agarran, pero logramos esquivarlos, y le gritamos a Robin que se escondiera, que nos dejara Sellos guía para que luego pudiéramos volver a esa zona, buscarlo y encontrarlo.
—Cuando rato después despistamos a los perseguidores, regresamos a esa callejuela, ¿y qué nos encontramos? Un mensaje de Robin escrito en su tinta especial en la esquina de la pared diciendo: “Olvidaos de mí, voy a investigar”.
—Enano tocapelotas —refunfuñó su gemelo.
—Ayyy, Dios... —Denzel dejó salir un largo suspiro estresado mientras se pellizcaba el entrecejo.
—No le veo sentido a eso —dijo Owen—. ¿Por qué pasaron de Robin? ¿Por qué lo ignoraron?
—Ni idea...
—Es extraño, pero es un alivio, ¿no? —dijo Naminé.
—¿Lo verían como alguien demasiado pequeño y sin utilidad? —caviló Link—. ¿Sólo nos quieren a nosotros los mayores?
—Acabemos con esto —interrumpió Denzel, y pasó de largo entre ellos directamente a la entrada para coger su abrigo y ponerse los zapatos—. Lincoln y Owen, sigamos buscando a vuestros hermanos.
—¡Vamos! —saltaron los gemelos.
—You two! —exclamó Denzel—. De aquí no os movéis.
—¡Pero…!
—Nami, quédate aquí con ellos, eres la única que sabe mantenerlos a raya.
—Me halagas y me ofendes al mismo tiempo, padre —dijo ella, mientras los otros dos taimuki se preparaban para irse.
—Lo siento, pero estaré más tranquilo sabiendo que estos dos permanecen quietos aquí en casa bajo tu control. Y necesito que alguien esté aquí, por si Chris, o An Ju o Robin descubren mi dirección y consiguen llegar aquí.
¡Patam! Alguien aterrizó de repente sobre la repisa de la ventana, causando un ruido tan fuerte e inesperado que Denzel dio un gran brinco, se chocó contra el mueble que había al lado de la ventana y casi se cayó al suelo. Pero se repuso, con una mano en el pecho, encontrando los ojos plateados y la enorme sonrisa maquiavélica de ese chiflado ahí, de cuclillas sobre la repisa, saludándolo con la mano al otro lado del cristal. Iba elegantemente vestido con traje, corbata y un largo abrigo de tela, por lo que seguramente venía directamente desde su empresa.
—¡Pero...! —gruñó Denzel, abriendo la ventana, y el otro pasó adentro—. ¿¡Qué te he dicho sobre entrar por mi ventana!?
—Qué de gente hay aquí, ¿no? —se sorprendió Neuval, mientras se quitaba la bufanda y observaba al resto.
—¡Ahh! —Naminé dio un respingo desde la mesa del comedor y lo señaló con el dedo—. ¡El francés guapo de ayer!
—¡Ahh! La taimuki peleona —la imitó Neuval.
—¿Qué? Pero... —Owen se acercó a ellos y se asomó un momento por la ventana, pero Denzel la cerró enseguida porque entraba bastante frío—. ¿Cómo ha “caído” sobre la ventana? No ha venido saltando desde abajo... ¡Dioses! ¿¡Es que usted puede volar!? —le preguntó con ojos como platos.
—¿Vosotros no? —bromeó Neuval.
—¡Hey! Gracias por ayudarnos ayer —lo saludó Link desde la mesa.
—¡Haha! Guau... Nunca había visto tantos taimuki en una habitación desde que conocí a Yong y a sus hermanas —se les acercó Neuval, celebrando verlos sanos y salvos—. ¡Aquí están! —señaló a los gemelos sentados a la mesa con las bocas llenas de comida—. Sarah acaba de contármelo, que ha encontrado a estos dos chicos. ¡Qué buena noticia! —miró a Denzel.
—Sí, desde luego —dijo este, apoyándose contra el respaldo del sofá del salón y cruzándose de brazos—. Una buena noticia para las víctimas del caos que han ocasionado esta tarde...
En ese momento, Naminé se levantó discretamente de su silla y fue rodeando la mesa, acercándose disimuladamente a Neuval.
—Qué curioso, habla usted un chino perfecto —le dijo James—. ¡Más incluso que un nativo!
—Raro, viniendo de un europeo —dijo Lu Kai—. Y solemos tratar con muchos.
—Técnicamente soy hongkonés —dijo Neuval—. Y francés. Es una larga historia. Encantado de conoceros, James y Lu Kai, ¿verdad?
—¡Uh! ¡Ay! —gritó Naminé de repente, fingiendo que se resbalaba y se caía justo al lado de Neuval.
Como era propio de los reflejos de un iris, él la sujetó a tiempo antes de que cayera al suelo, y Naminé se quedó ahí, en horizontal, colgando de sus brazos.
—Qué torpeza la mía, discúlpeme —dijo toda dramática, llevándose el dorso de la mano a la frente.
—No hay nada que disculpar —le sonrió Neuval, mirándola desde arriba.
Los otros chicos estaban contemplando la escena con caras de gran incredulidad por semejante teatro de su hermana, mientras que la cara de Denzel era de mosqueo.
—Qué brazos tan fuertes... —murmuró Naminé.
—Qué piel tan suave —respondió Neuval amablemente.
—Será posi-... ¡Ajem! —carraspeó Denzel fuertemente—. ¡Que estoy aquí! ¿Os importa? —fue hasta ellos y los separó enseguida—. Niña, compórtate, ¡que estás casada!
—¡Déjame alegrarme un poco la vista, padre! —protestó ella—. Sigo amando a mi marido más que a nadie, ¿pero acaso esas lentes que llevas no te dejan ver la evidencia? —cuchicheó, señalando a Neuval con las dos manos—. ¡Parece un dios!
—No te pongas así, viejo demonio, que ahora estoy con Hana y le debo toda mi fidelidad —se burló Neuval, mientras curioseaba por el salón, como buscando algo—. La cual, por cierto, se muere por conocerte.
—¿Qué? ¿Tu pareja? ¿Y eso por qué? —se extrañó Denzel.
—Porque desde que le hablé de tu existencia y de tu don, está fascinada con tu historia y con las grandes obras y hazañas que has hecho por el mundo y tu creación de las Técnicas y tal.
Neuval siguió merodeando por el salón, hasta que por fin captó con la vista la cartera negra que Denzel solía llevar al trabajo, reposando en una mesilla pequeña junto a una butaca en un rincón de la estancia. Estaba medio abierta y asomaba un taco de hojas en uno de los bolsillos.
—Mon Dieu! ¿Será lo que creo que es? —murmuró para sí mismo con emoción, corriendo hacia allá; se agachó frente a la mesilla, sacó todo ese taco de hojas y comenzó a revisarlas una por una.
—¿Qué haces? No tengo nada importante en esa cartera. ¿Se puede saber por qué has aparecido aquí sin previo aviso? —le preguntó Denzel pacientemente—. Dime que no te has metido en otro lío y vienes a que te salve...
—Nooo, estoy intentando portarme bien después del caótico día de ayer. Sólo quería consultarte una cuestión, respecto a las Técnicas, precisamente. Pero antes... ¿alguna novedad sobre tu caso familiar? —le preguntó, girándose para mirarlo un segundo.
—A trozos sueltos, aunque hace un rato me acabo de enterar de algunos datos de cierta gravedad —dijo el taimu, compartiendo un gesto resignado con Link y los otros—. Me los guardo por ahora, si no te importa. Primero quiero terminar de encontrar a Robin, a Chris y a An Ju. Podrían tal vez tener más información. Necesito darles sentido a algunas cosas.
—Como quieras. Mi KRS y la SRS de Pipi siguen con la atención puesta en toda la ciudad.
—Lo sé. Al fin y al cabo, tengo a los gemelos aquí gracias a la rápida reacción de tu Hosha.
—No sé si se le puede llamar “mi Hosha”. Por desgracia, Sarah no puede volver a mi RS. No quiere ponernos en riesgo por su actual delicada situación, trabajando tan cerca de Hatori y eso... —decía Neuval, sin apartar los ojos de cada hoja que iba pasando entre sus dedos.
—Es una lástima, a Sarah le ha tocado una venganza casi imposible.
—¡Ahhh! —Neuval dio un respingo, encontrando la hoja que buscaba.
—¿Qué? Eh, vamos, Neuval, no hagas eso —fue hasta él y lo obligó a darle ese taco de hojas—. Es material escolar privado.
—Sólo quiero ver qué tal ha hecho Cleven su examen...
—Lo sabrás cuando yo lo corrija, le informe de la nota a ella y ella te lo comunique a ti.
—No me dirá nada si ha suspendido —rezongó.
—En ese caso, sabrás que ha suspendido —repuso el taimu.
Denzel le hizo un gesto autoritario con la mano. Neuval suspiró con resignación y acabó dándole todas esas hojas de examen, con las que Denzel se teletransportó a su habitación para dejarlas allí y volver a aparecer en el salón en un segundo.
—¿Tiene hijos, Fuujin-sama? —le preguntó Link con interés, todavía allá sentado en la mesa de comedor con sus hermanos.
—¿Cómo serán los hijos de aquel que nuestro padre describe como “el iris más poderoso de la historia”? —comentó Owen con curiosidad.
—Oh, son tres especímenes increíbles, os lo aseguro —les dijo Neuval.
—Sin duda, ayer tu hija casi me ahorca al enterarse de que posponía el examen —le dijo Denzel.
—¿¡Que te hizo qué!? —exclamó Neuval—. Oh là là là… ¡Eso es porque le está poniendo interés al estudio! —cerró el puño con victoria—. ¡Sí, señor! ¡Esa es mi Cleven!
Los taimuki no podían evitar reírse, viendo que el verdadero espécimen ahí era este majara y excéntrico Fuu, mientras Denzel ponía cara de perro por su total falta de preocupación por la agresión que recibió de Cleven.
—Neu, tengo mucho lío encima.
—¿Pueden dos iris combinar dos Técnicas, compartiéndolas por unos instantes? —fue al grano entonces.
—¿Cómo dices? No. No se puede.
—No de las físicas, sino de las mentales.
—¿Cuáles? —Denzel entornó los ojos, denotando curiosidad.
—Localización y Telepatía.
Link y los otros cuchichearon con sorpresa ante esa idea. Denzel se quedó pensativo un rato, considerando esa posibilidad.
—Nunca se ha probado... ¿Quieres intentar eso con Pipi? ¿Por qué?
—Necesito localizar a Haru lo antes posible. Está en su periodo vacacional después de su gira y está totalmente desconectado.
—No puedes perturbar el periodo vacacional de un iris.
—Tranquilo, se lo voy a compensar, y Pipi le cederá otro periodo vacacional en otro momento. Antes de hacer nada quiero que me confirmes si es posible, y en ese caso, si es seguro.
—Dando por sentado que lo haréis de la forma en creo que la haréis, de lo primero creo que sí, y de lo segundo no tengo ni idea. En principio, no debería pasar nada malo, porque os daría tiempo a desactivarlas si notáis que algo no va bien. Pero si lo hacéis confiados y sin tomar precauciones y se os derrite el cerebro, la culpa será vuestra. Si en cambio lo conseguís y os da tiempo a experimentar su resultado, me gustaría que me lo redactaras en un informe para añadir esos datos a mis estudios.
—Bueno, para mí es suficiente —sonrió Neuval, y se fue poniendo la bufanda y los guantes mientras se dirigía de vuelta a la ventana del salón—. Un placer otra vez, taimuki —se despidió de ellos con la mano, y estos le despidieron del mismo modo.
—Neu —lo detuvo Denzel antes de que abriera la ventana, cerrando la distancia con él y con una sonrisa suave—. Es un gusto volver verte así —le dijo, pero el otro levantó una ceja, sin entender—. Ya sabes. Siendo así. El verdadero tú.
El Fuu entendió y también sonrió, aunque con una pizca de melancolía.
—Cuando hay cosas que te salen bien cuando creías que saldrían mal, la alegría y el alivio que sientes hay que atesorarlos lo máximo posible —le dijo Neuval—. No suelen durar mucho tiempo.
—Ya —asintió el taimu, agachando un poco la cabeza, y su sonrisa se apagó un poco—. No duran mucho.
Neuval se despidió de él, abrió la ventana y salió por ella, al tiempo que los cinco taimuki se acercaban corriendo para verlo alejándose por el cielo nublado y quedando asombrados, siendo la primera vez que veían volar a alguien que no era un Zou.
—Padre, hay algo que aún no os hemos contado —dijo James, y miró a su gemelo.
—Robin estaba con nosotros —declaró Lu Kai.
—¿¡Qué!? —exclamaron los demás—. ¿¡Estabais con él!? ¿¡Y dónde está ahora!? —se alteró Naminé—. ¿¡Por qué dejó de estar con vosotros!? ¿¡Lo habéis perdido!?
—¡No! ¡Se perdió él solo! —se defendió Lu Kai.
—¡Tiene 13 años, y vosotros 17! ¡Erais responsables de él! —insistió su hermana, muy disgustada.
—¡No nos escuchó y se largó a otra parte! —dijo James.
—Calma —ordenó Denzel entre los gemelos y la mujer—. Explicad mejor eso.
—Nos aparecimos los tres juntos en esta ciudad —habló James—. Ayer intentaron perseguirnos dos veces, los encapuchados de los que hablábamos antes, que seguramente son iris enfermos —dijo mirando a sus otros hermanos—. Pero cuando comenzamos a ser perseguidos otra vez esta mañana al amanecer, eran como cinco personas y fueron muy persistentes.
—Estuvimos más de media hora intentando distraerlos, escondiéndonos, corriendo por todas partes —continuó Lu Kai—. Nos estaban pisando los talones cuando Robin se tropezó y cayó al suelo. Cuando nos dimos la vuelta para buscarlo, vimos a nuestros perseguidores pasando de largo por su lado.
—¿Qué? —murmuró Owen.
—Continuaron corriendo hacia nosotros —prosiguió James—. Casi nos agarran, pero logramos esquivarlos, y le gritamos a Robin que se escondiera, que nos dejara Sellos guía para que luego pudiéramos volver a esa zona, buscarlo y encontrarlo.
—Cuando rato después despistamos a los perseguidores, regresamos a esa callejuela, ¿y qué nos encontramos? Un mensaje de Robin escrito en su tinta especial en la esquina de la pared diciendo: “Olvidaos de mí, voy a investigar”.
—Enano tocapelotas —refunfuñó su gemelo.
—Ayyy, Dios... —Denzel dejó salir un largo suspiro estresado mientras se pellizcaba el entrecejo.
—No le veo sentido a eso —dijo Owen—. ¿Por qué pasaron de Robin? ¿Por qué lo ignoraron?
—Ni idea...
—Es extraño, pero es un alivio, ¿no? —dijo Naminé.
—¿Lo verían como alguien demasiado pequeño y sin utilidad? —caviló Link—. ¿Sólo nos quieren a nosotros los mayores?
—Acabemos con esto —interrumpió Denzel, y pasó de largo entre ellos directamente a la entrada para coger su abrigo y ponerse los zapatos—. Lincoln y Owen, sigamos buscando a vuestros hermanos.
—¡Vamos! —saltaron los gemelos.
—You two! —exclamó Denzel—. De aquí no os movéis.
—¡Pero…!
—Nami, quédate aquí con ellos, eres la única que sabe mantenerlos a raya.
—Me halagas y me ofendes al mismo tiempo, padre —dijo ella, mientras los otros dos taimuki se preparaban para irse.
—Lo siento, pero estaré más tranquilo sabiendo que estos dos permanecen quietos aquí en casa bajo tu control. Y necesito que alguien esté aquí, por si Chris, o An Ju o Robin descubren mi dirección y consiguen llegar aquí.
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