2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __
—Espera, explícame una cosa —brincó Hana, recordando uno de los temas que más la intrigaban—. Hablando del majin… Es un defecto psíquico que surge en algunos iris, normalmente los más sensibles. Si el iris es una energía extra Yang o blanca, el majin es una enfermedad que se alimenta de malas emociones y tiende a teñir de negro, poco a poco, la energía blanca del iris. Si aumenta de grados, hace que la energía del iris se vaya volviendo cada vez más negra, y se va convirtiendo poco a poco en su extremo opuesto, en arki, una energía Yin o negra. —Lao asintió con la cabeza—. Sin embargo, si un iris con majin cumple su venganza personal, se cura de ese majin para siempre, ¿no? —Lao volvió a asentir—. Y ahí es cuando la persona puede decidir volver a ser humana sin riesgo de muerte cuando el Zou le extrae el iris y tal. Pero, en esencia, cumplir la venganza es el mayor deseo de todo iris, y mucho más si está enfermo de majin, porque esto lo curaría. ¿Verdad?
—¿Quieres ir al grano?
—¿Por qué Jean sigue vivo? —preguntó de golpe, entonces.
El viejo puso una mueca de impacto.
—Hm... —murmuró, entendiendo, y se meció la barba—. Sí, tu compañero sentimental es algo especialito… —dijo con sorna.
—Sé que Neuval ha ido numerosas veces a Francia por trabajo, pero, al parecer, no ha hecho nada con respecto a él.
—Sobre todo porque ese cabrón estaba en la cárcel y eso es un lugar altamente vigilado y propiedad del Gobierno —apuntó—. Ahora es libre, y debe de estar en su casa, solo, pero dudo que Neu aproveche la ocasión para ir a matarlo ahora que tiene vía libre y Jean debe estar muy viejo.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Bueno… —Lao ladeó la cabeza de un lado a otro—. Neuval es un bicho raro. Lo digo con cariño. Aparte de muchas otras rarezas, es el único iris del mundo que ha mostrado una inusual crueldad contra los peores criminales, pero en otras ocasiones de repente le da por sentir piedad por ellos. Y eso es malo para la Asociación, donde tenemos el deber de realizar un trabajo completo y eficaz el cien por cien de las veces, y donde un pequeño error o sentir duda puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, o entre una catástrofe y la paz. No lo entiendas mal. Neuval, al final, hace un trabajo iris sublime. Pero por dentro… no sé… se comporta, siente y piensa diferente al resto de iris. Y también diferente a los humanos. A veces expresa pensamientos y sentimientos que yo no logro comprender, y creo que él tampoco los comprende.
—¿Entonces… dices que él al final se ha apiadado de Jean?
—No lo sé con certeza. Pero si es así, no me cuadra. Porque toda su vida ha expresado muy claramente lo mucho que siempre odió a Jean. Siempre lo odió, desde que tiene memoria. No recuerda ni un periodo de su vida en que no lo haya odiado. Así que, la idea de que “a lo mejor se ha apiadado de Jean porque una parte de él recuerda que una vez le quiso como su padre” no es posible. Por eso, hay muchas cosas de Neuval que incluso después de estas décadas aún no entiendo. Cuando lo encontré y lo llevé al Monte y todo eso, esperaba que tuviera activa esa sed de venganza que tenemos todos los iris hasta que la cumplimos. Pero… nunca vi esa sed de venganza en él desde que lo encontré. Es como si ese niño, simplemente, únicamente, deseara vivir su vida y hacer cosas grandes en el mundo y nada más.
—¿A pesar de saber que cumplir su venganza puede curar su majin? Eso es lo que no entiendo. Lo he visto en sus ojos antes, Lao. A Neuval le aterroriza su majin. Estoy segura de que deshacerse de él es lo que más desea en este mundo ahora, porque padecerlo es lo único que le impedirá seguir haciendo realidad el resto de sus deseos. ¿Cómo no está ya mismo planeando un viaje a París para buscar a Jean y poder por fin matarlo?
Lao se quedó mirando en silencio otro punto de la estancia. No tenía una respuesta. Pero Hana percibió que se quedó callado, no porque no supiera responder, sino porque le daba rabia no saber responder. Ella, entonces, pudo entender algo nuevo de Lao, y es que él, al parecer, deseaba la venganza contra Jean incluso más de lo que debería hacer Neuval.
No obstante, después Lao sonrió y la miró.
—Te explicaré algo, Hana. Existe una diferencia entre una persona que hace felices a los demás para sentirse feliz, y una persona que hace felices a los demás para, simplemente, hacer felices a los demás.
Hana torció una mueca. Al principio no entendió bien eso, y pensó durante unos segundos.
—Creo que sé qué quieres decir. En este mundo hay muchas personas que destacan por ayudar a los demás de forma altruista. Se las considera personas buenísimas, maravillosas, y cuando alguien les pregunta por qué lo hacen, ellas responden: "Porque me hace feliz hacer felices a los demás". Pero lo que están diciendo con esta frase es, meramente, "lo estoy haciendo por mí" —se quedó un rato reflexiva, y luego miró a Lao de nuevo—. Pero esa parece ser la razón de toda persona buena. Todas suelen dar esa respuesta sobre por qué lo hacen. "Porque me hace feliz hacer o ver felices a los demás" —repitió.
—Esa es la misma razón por la que los iris trabajamos —sonrió Lao con astucia, contento de descubrir que Hana captaba bastante rápido las cosas—. Para sentirnos felices "nosotros". Tener buena energía, a través de hacer que el resto de la gente también la tenga, es lo que alimenta nuestro iris. Pero, si lo piensas... en realidad es una razón egoísta. ¿La única razón de que ayudas a la gente es porque te hace feliz ayudarla? O sea, que la ayudas para satisfacerte a ti mismo, ¿no? —se encogió de hombros.
—Pero ¿qué tiene que ver con Neu...?
—Él no es así —contestó enseguida, yendo al grano—. No es como los humanos altruistas comunes ni como los demás iris... ni como nadie en este mundo. Él quiere ser feliz, sí. Pero no ayuda a los demás para sentirse feliz. Esa no es su razón. Si le preguntas por qué quiere ayudar y hacer felices a los demás, te dirá: "Porque es lo correcto. Porque es lo que hay que hacer, y punto".
—Oh…
—Muchas veces, Neuval no ha tenido ganas de ayudar o de salvar a alguien, con personas que, diríamos, no lo merecen. ¿A quién le apetece ayudar a un imbécil que te molesta cada día en el trabajo, o incluso a un criminal que ha estado a punto de clavarte una navaja? —Hana agachó la cabeza con vergüenza al oír eso último—. A nadie. Pero Neu lo hace, y no para sentirse feliz, sino porque él está aferrado a la simple idea de "hay que hacerlo". Y no importa si él ha tenido un mal día, si está agotado, estresado o deprimido. Si tiene que ayudar a alguien, lo hará, incluso si después sigue estando cansado o deprimido.
—Caray, yo... —Hana se rascó la nuca, entendiendo ahora mismo muchas cosas que no se había planteado en tres años—. Siempre pensé... que Neu me ayudó a mí porque eso le traía satisfacción personal. Es decir, me parecía la razón más buena de todas, porque yo también he creído siempre eso, que las personas que dicen que se sienten felices ayudando a los demás son personas desinteresadas, generosas y maravillosas. Pero... la verdad es que... eso a veces me ha chocado un poco...
—¿El qué, querida?
—Neuval lo pasó muy, muy mal, durante todo un mes, intentando ayudarme. Se lo hice pasar fatal, seamos francos. A ver, ya me entiendes... —gesticuló con las manos, algo abochornada—... hasta intenté clavarle una navaja el día que nos conocimos. Aun así, cuando caí inconsciente porque en mis venas corrían más drogas que nutrientes, me llevó a su casa, y mientras intentaba ayudarme a recuperar mi salud, le hice la vida imposible. Había días en que yo veía claramente que él estaba pasándolo peor que yo. Pero él seguía ahí… aunque no tuviera gana alguna… dándome de comer, lavándome, quedándose despierto noches enteras vigilándome y pasándome el cubo cada vez que yo necesitaba vomitar… Me ayudó, sencillamente, porque yo necesitaba ayuda. Y sólo por eso.
Lao y ella compartieron la misma sonrisa de afecto sobre aquel de quien hablaban. Ambos se quedaron en silencio un rato, con miradas complacidas perdidas cada uno en algún punto de la ajetreada y amplia planta de recepción, iluminada por toda la luz del día que se colaba por la moderna fachada acristalada.
—Pero eso es triste, Lao. Quiere decir que a Neuval le da igual ser feliz o no. Que quiere que los demás sean felices aunque él no lo sea. A ver, eso es… hermoso, todo él, maravilloso de verdad. Pero...
—Triste. Sí —asintió Lao—. Y estúpido. —Hana lo miró contrariada—. No me malinterpretes. Para mí, Neuval es estúpido si ve y hace así las cosas, si su motivo por el que hacer las cosas y moverse por el mundo es perseguir únicamente el bienestar de los demás. Entiéndeme, él es mi hijo, y yo preferiría que él hiciera las cosas para que él se sienta feliz, que él persiga ese objetivo, que se acuerde de cuidar de sí mismo mientras cuida a los demás.
—Lo entiendo, eres su padre y quieres que él sea feliz antes que cualquier otro desconocido —sonrió.
—Quizá el motivo de Neu sea el más noble. Preocuparse por los demás sin darse importancia a sí mismo. Hay más gente que es así, pero son escasos. Si ayudar a los demás le hiciera infeliz, él seguiría haciéndolo, no saldría de esa línea. Ya era así cuando lo conocí. Y me sorprendió, y no me lo explicaba. Mucho tiempo pasé pensando que Neuval era así porque se odiaba a sí mismo y quería hacerse sufrir a sí mismo, como autocastigarse y menospreciarse. De hecho, esto es verdad, así pasó su adolescencia. Pero... más tarde me di cuenta de que no usaba el sacrificarse por los demás para castigarse; se castigaba por otro motivo, otros traumas de su pasado. Porque, cuando conoció a Katya y más tarde nació Lex, Neuval dejó de odiarse a sí mismo por fin, por completo. Katya le enseñó a quererse por primera vez en su vida. Y, aun así, Neuval siguió haciendo las cosas de esa manera, ayudar a los demás simplemente porque es necesario, por mucho que algunas veces no le apeteciera. Así que… la razón no es ni nunca fue autocastigarse ni satisfacerse a sí mismo. Es como… si hubiera nacido con esa idea o creencia aferrada en su alma. Como una misión vital. Como... el sentido de su existencia.
—¿El sentido de su existencia? ¿Crees que esta característica suya existe por un motivo mayor?
—Créeme, Hana. Intentar comprender a Neuval es lo más complicado del mundo. Nadie consigue ni ha conseguido darle una explicación a su mera persona. Ming Jie y yo nos acercamos mucho, pero Katya es la que más cerca estuvo de entender toda su complejidad, y aun así, no pudo hacerlo al cien por cien. Ni las personas más inteligentes que conozco, que son Alvion, Denzel y el propio Neu, han podido ofrecer una descripción adecuada sobre "quién es Neu y cómo es".
—¿Ni siquiera Neu se comprende a sí mismo?
—¿Por qué crees, lo de las drogas y otros vicios?
—Ooh… —asintió Hana—. Pero… no lo entiendo. Acabamos de describirle bastante bien. El Neuval del que acabamos de hablar… ese es Neuval. ¿No? Una buena persona, infinitamente generosa, con algunos traumas que lo atormentan, pero, ante todo, alguien que sigue resistiéndolos y procurando llevar una buena vida, amando a su familia y ayudando a los demás. ¿Por qué esto no aclara el “quién es Neu”?
—Porque eso… sólo es la mitad de él —contestó Lao con una voz amarga, y agachando un poco la cabeza.
—Él ya me contó algunas cosas malas que hizo por culpa de su majin. Pero él no es su majin. Su majin no es su otra mitad. Es sólo una enfermedad.
—Así es —Lao se alisó un poco las arrugas de su pantalón, distrayéndose un poco.
Hana arqueó una ceja, más confundida que antes. ¿Entonces? ¿A qué se refería?
—Kei Lian… ¿es que… hay algo más…?
—Hana —la interrumpió, y esta vez la miró a los ojos seriamente—. Lo primero que debe quedarte claro, es que Neuval jamás te hará daño. Nunca ha atacado a un ser querido.
—Lian… —murmuró preocupada.
—Tranquila. Simplemente se trata… de un misterio todavía sin resolver. Pero, en sus 45 años de vida, Neuval nunca ha resultado ser un peligro a gran escala, más allá de… bueno…
—¿De la vez que tuvo su mayor descontrol cuando Katya murió y arrasó medio Japón? —adivinó ella—. Pero eso fue su majin.
El viejo guardó un silencio que no hizo más que exasperar a Hana, la cual se incorporó en la butaca con un gesto impaciente.
—En teoría… fue un brote de majin, sí —la apaciguó Lao.
—¿En teoría?
—Cuando conocí a Neuval… —intentó explicarle el viejo—… bueno. Él nunca me lo explicó con claridad. Porque ni él sabía cómo explicarlo. Pero me advirtió que él… ya tenía “algo malo” dentro de sí incluso antes de convertirse en iris. Yo pensé: “Bueno, será la típica percepción de un rasgo de su personalidad que un niño pequeño todavía no puede comprender de sí mismo, y lo normal es que se vaya comprendiendo mientras crece”.
—¿Pero ahora crees que ese Neu de 10 años te estaba hablando de algo más literal de lo que creías?
Lao inspiró hondo por la nariz y soltó un largo suspiro. Hana podía ver que hablar de esto le causaba al viejo una sensación incómoda o intranquila. Casi culpable. Porque reconocer abiertamente que Neuval tenía algo malo que no era su majin, por un lado era darle la razón al propio Neuval, pero, por otro, como padre le hacía sentirse mal.
—La mayor parte de su vida… Neu ha sido esa persona brillante, generosa y admirable —dijo Lao—. Pero hay otra parte de su vida que, sea por el majin o no, ha sido el extremo opuesto. A veces era como… como si pulsaran un interruptor dentro de él. Y del hombre más bueno, de repente se convertía en el más maligno. Cuando era adolescente, tenía estos episodios bastante a menudo. Ming Jie y yo, incluso Sai, ya estábamos preparados porque ya sabíamos que tenía un majin, y en mi larga experiencia en la Asociación ya sabíamos cómo actuar. Sin embargo, a veces era… a veces se sentía… como algo diferente. Un majin actúa como un mal racional, ¿sabes? Hace cosas malas por una razón de beneficio propio. Pero a veces, esta extraña maldad de Neuval… era como pura, natural e instintiva… como si esta oscuridad realmente formara parte de él, tanto como su lado de luz.
—¿Es eso posible?
—Se supone que no. Todos los seres vivos que vivimos en este mundo, y los que son humanos o los que lo fuimos alguna vez, poseemos ambas energías Yin y Yang desde que nacemos. Excepto los Zou y otras personas que nacen sólo con una energía, o con un minúsculo porcentaje de una de ellas de forma permanente e invariable. Pues bien. Todos los humanos y todos los iris tenemos Yin y Yang. Los iris tenemos Yin de nuestra antigua parte humana, pero en un menor porcentaje que nuestro Yang humano. Y, además, tenemos un Yang extra, que es el iris, el cual, al sumarse al otro Yang humano que ya teníamos, pues sobrepasamos el límite Yang humano. Y por eso no somos humanos. En todo caso, las personas que poseemos ambas energías, o sea, casi todo el mundo, siempre vamos a tener más de una energía que de la otra, lo que determina que seamos personas más buenas o más malas, incluso a veces se equilibran, aunque es muy difícil.
—Vale, entiendo —le interrumpió Hana un momento—. Es como si todos naciésemos con un contenedor de energía, como dijiste antes. En los casos especiales de los Zou, ellos tienen su contenedor lleno de energía Yang al 100 % y nada más.
—O, a lo sumo, de 99’9 % de Yang y un 0’1 % de Yin, ya que sabemos que los Zou tienen una parte humana. Pero sí, ese porcentaje de Yang extremo es invariable en los Zou.
—Vale. Y el resto de la gente de todo este mundo, también nacemos con un único contenedor de energía, pero dentro de este contenedor hay energía Yin y energía Yang que, juntas, suman el 100 % de su capacidad. Si eres una buena persona, tendrías por ejemplo 80 % de Yang y 20 % de Yin, y si eres una mala persona, viceversa.
—Exactamente. Si una aumenta, la otra se reduce —asintió Lao—. Pero Neu no. Neuval es diferente. A juzgar por cómo es, por cómo ha sido... es como si tuviera una inmensa energía Yin por una parte, y una inmensa energía Yang por otra, separadas por alguna razón, porque eso explicaría los dos tipos tan distintos de comportamiento extremo que Neu ha mostrado en su vida. A veces es muy bueno, y otras veces puede llegar a ser muy malo. Eso en el resto del mundo es impensable; si eres bueno, eres bueno, y no cambias de la noche a la mañana. Es como si Neuval hubiese nacido con dos contenedores, uno con 100 % de Yang, y otro con 100 % de Yin, separados indistintamente.
»No obstante... —la miró a los ojos—... yo lo conozco bien. Quizá no al cien por cien, pero sí lo suficiente. Y sé que en la realidad él es un buen hombre. Es muy bueno —murmuró con una leve sonrisa—. Tiene un gran corazón que a veces esa misteriosa parte oscura de su interior reprime. Por eso, dudo que esté en la Asociación por su venganza. Está en ella porque es lo que él, desde que nació, siempre deseó ser. Por alguna razón, siente un gran instinto de protección sobre este mundo entero. Como si sintiera que es suyo —concluyó, pero frunció el ceño—. Aunque no sé si esto en concreto es bueno o malo.
—O sea que él siempre deseó convertirse en Fuujin, ¿eh? —sonrió Hana—. Incluso antes de que Jean hiciese lo que hizo.
—Así es —suspiró, y miró un momento el reloj de su muñeca para controlar el tiempo, pues tenía más trabajo que hacer.
—Lao —lo detuvo antes de que se levantara de la butaca—. Quiero convertirme en una almaati.
El viejo se mordió los labios y desvió la mirada.
—Mm… Neuval no lo permitirá.
—¿Por qué? —saltó.
Lao se puso en pie y Hana lo imitó, pero se quedó delante de él, impaciente.
—Si ya le duele pensar que Yenkis acabará por narices metido en esta vida —le contestó el viejo—, no soportará que tú te metas por voluntad propia. No soportaría la idea de que estés involucrada en algo tan peligroso. Se negará, te lo digo yo, y no trates de convencerlo, la cabezota que tiene es de concurso.
—¿Y tú qué piensas?
—Que no sabes lo que dices.
—¡Lao! —lo cogió del brazo bruscamente, irritada—. Lo digo en serio, quiero hacerlo.
—Debes tener motivos. No sólo el capricho.
—Los tengo —aseguró seriamente—. Tengo motivos que fomentan mi voluntad. Ahora más que nunca. Tú también conoces mi vida de antes de conocer a Neu. Tengo secuelas del pasado que me dan fuerzas para luchar.
Lao pegó un largo suspiro de agotamiento.
—Bueno, eso no puedo negártelo, cierto. Pero Neuval no lo aprobará y te dará mucho la lata una vez le menciones tus intenciones.
—¿No le parecerá bien que quiera contribuir por mejorar el mundo como él, aparte de reciclar plásticos o ayudar a una anciana a cruzar la carretera? —se cruzó de brazos con enfado.
—Eso le parecerá maravilloso. Lo que no le parecerá bien, es él mismo dejándote ir a convertirte en almaati en cuanto le digas que esa es tu intención.
—¿Y qué se supone que voy a hacer, seguir con mi vida actual, después de descubrir todo un mundo nuevo lleno de cosas fantásticas y posibilidades que…?
—Hana… —la interrumpió el viejo, sujetándola de los hombros—. Hana. Lo que intento decirte… —susurró, mirándola fijamente a los ojos—… es que Neuval se pondrá muy pesado… si le dices lo que quieres hacer —enfatizó es palabra.
—Oh… Aaaah… —entendió por fin.
—Es tu vida. Tu decisión. Si lo quieres hacer, hazlo. No pidas permiso a nadie, no des explicaciones o excusas a nadie. Puedes buscar la opinión de Neu si quieres, claro. Pero yo ya te he dicho cuál será. Si quieres evitarle preocupaciones y evitarte a ti su tozudez sobreprotectora, ejecuta tu decisión por tu cuenta como mujer libre y adulta que eres. Es… tu… decisión —repitió, y dibujó una sonrisa cómplice en los labios.
Hana también sonrió. Cuando Lao no se pasaba el tiempo molestándola o haciéndola rabiar, a veces llegaba a ser un amigo y un cómplice muy agradable. Era muy paternal. Lo era con Neuval e incluso con su nuera Suzu. No era la primera vez que también lo era con Hana, pero esta vez era quizá la conversación más importante que había tenido con él. Y eso ella se lo agradeció. Lao siempre estaba para apoyar y cuidar de su familia.
—Espera, explícame una cosa —brincó Hana, recordando uno de los temas que más la intrigaban—. Hablando del majin… Es un defecto psíquico que surge en algunos iris, normalmente los más sensibles. Si el iris es una energía extra Yang o blanca, el majin es una enfermedad que se alimenta de malas emociones y tiende a teñir de negro, poco a poco, la energía blanca del iris. Si aumenta de grados, hace que la energía del iris se vaya volviendo cada vez más negra, y se va convirtiendo poco a poco en su extremo opuesto, en arki, una energía Yin o negra. —Lao asintió con la cabeza—. Sin embargo, si un iris con majin cumple su venganza personal, se cura de ese majin para siempre, ¿no? —Lao volvió a asentir—. Y ahí es cuando la persona puede decidir volver a ser humana sin riesgo de muerte cuando el Zou le extrae el iris y tal. Pero, en esencia, cumplir la venganza es el mayor deseo de todo iris, y mucho más si está enfermo de majin, porque esto lo curaría. ¿Verdad?
—¿Quieres ir al grano?
—¿Por qué Jean sigue vivo? —preguntó de golpe, entonces.
El viejo puso una mueca de impacto.
—Hm... —murmuró, entendiendo, y se meció la barba—. Sí, tu compañero sentimental es algo especialito… —dijo con sorna.
—Sé que Neuval ha ido numerosas veces a Francia por trabajo, pero, al parecer, no ha hecho nada con respecto a él.
—Sobre todo porque ese cabrón estaba en la cárcel y eso es un lugar altamente vigilado y propiedad del Gobierno —apuntó—. Ahora es libre, y debe de estar en su casa, solo, pero dudo que Neu aproveche la ocasión para ir a matarlo ahora que tiene vía libre y Jean debe estar muy viejo.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Bueno… —Lao ladeó la cabeza de un lado a otro—. Neuval es un bicho raro. Lo digo con cariño. Aparte de muchas otras rarezas, es el único iris del mundo que ha mostrado una inusual crueldad contra los peores criminales, pero en otras ocasiones de repente le da por sentir piedad por ellos. Y eso es malo para la Asociación, donde tenemos el deber de realizar un trabajo completo y eficaz el cien por cien de las veces, y donde un pequeño error o sentir duda puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, o entre una catástrofe y la paz. No lo entiendas mal. Neuval, al final, hace un trabajo iris sublime. Pero por dentro… no sé… se comporta, siente y piensa diferente al resto de iris. Y también diferente a los humanos. A veces expresa pensamientos y sentimientos que yo no logro comprender, y creo que él tampoco los comprende.
—¿Entonces… dices que él al final se ha apiadado de Jean?
—No lo sé con certeza. Pero si es así, no me cuadra. Porque toda su vida ha expresado muy claramente lo mucho que siempre odió a Jean. Siempre lo odió, desde que tiene memoria. No recuerda ni un periodo de su vida en que no lo haya odiado. Así que, la idea de que “a lo mejor se ha apiadado de Jean porque una parte de él recuerda que una vez le quiso como su padre” no es posible. Por eso, hay muchas cosas de Neuval que incluso después de estas décadas aún no entiendo. Cuando lo encontré y lo llevé al Monte y todo eso, esperaba que tuviera activa esa sed de venganza que tenemos todos los iris hasta que la cumplimos. Pero… nunca vi esa sed de venganza en él desde que lo encontré. Es como si ese niño, simplemente, únicamente, deseara vivir su vida y hacer cosas grandes en el mundo y nada más.
—¿A pesar de saber que cumplir su venganza puede curar su majin? Eso es lo que no entiendo. Lo he visto en sus ojos antes, Lao. A Neuval le aterroriza su majin. Estoy segura de que deshacerse de él es lo que más desea en este mundo ahora, porque padecerlo es lo único que le impedirá seguir haciendo realidad el resto de sus deseos. ¿Cómo no está ya mismo planeando un viaje a París para buscar a Jean y poder por fin matarlo?
Lao se quedó mirando en silencio otro punto de la estancia. No tenía una respuesta. Pero Hana percibió que se quedó callado, no porque no supiera responder, sino porque le daba rabia no saber responder. Ella, entonces, pudo entender algo nuevo de Lao, y es que él, al parecer, deseaba la venganza contra Jean incluso más de lo que debería hacer Neuval.
No obstante, después Lao sonrió y la miró.
—Te explicaré algo, Hana. Existe una diferencia entre una persona que hace felices a los demás para sentirse feliz, y una persona que hace felices a los demás para, simplemente, hacer felices a los demás.
Hana torció una mueca. Al principio no entendió bien eso, y pensó durante unos segundos.
—Creo que sé qué quieres decir. En este mundo hay muchas personas que destacan por ayudar a los demás de forma altruista. Se las considera personas buenísimas, maravillosas, y cuando alguien les pregunta por qué lo hacen, ellas responden: "Porque me hace feliz hacer felices a los demás". Pero lo que están diciendo con esta frase es, meramente, "lo estoy haciendo por mí" —se quedó un rato reflexiva, y luego miró a Lao de nuevo—. Pero esa parece ser la razón de toda persona buena. Todas suelen dar esa respuesta sobre por qué lo hacen. "Porque me hace feliz hacer o ver felices a los demás" —repitió.
—Esa es la misma razón por la que los iris trabajamos —sonrió Lao con astucia, contento de descubrir que Hana captaba bastante rápido las cosas—. Para sentirnos felices "nosotros". Tener buena energía, a través de hacer que el resto de la gente también la tenga, es lo que alimenta nuestro iris. Pero, si lo piensas... en realidad es una razón egoísta. ¿La única razón de que ayudas a la gente es porque te hace feliz ayudarla? O sea, que la ayudas para satisfacerte a ti mismo, ¿no? —se encogió de hombros.
—Pero ¿qué tiene que ver con Neu...?
—Él no es así —contestó enseguida, yendo al grano—. No es como los humanos altruistas comunes ni como los demás iris... ni como nadie en este mundo. Él quiere ser feliz, sí. Pero no ayuda a los demás para sentirse feliz. Esa no es su razón. Si le preguntas por qué quiere ayudar y hacer felices a los demás, te dirá: "Porque es lo correcto. Porque es lo que hay que hacer, y punto".
—Oh…
—Muchas veces, Neuval no ha tenido ganas de ayudar o de salvar a alguien, con personas que, diríamos, no lo merecen. ¿A quién le apetece ayudar a un imbécil que te molesta cada día en el trabajo, o incluso a un criminal que ha estado a punto de clavarte una navaja? —Hana agachó la cabeza con vergüenza al oír eso último—. A nadie. Pero Neu lo hace, y no para sentirse feliz, sino porque él está aferrado a la simple idea de "hay que hacerlo". Y no importa si él ha tenido un mal día, si está agotado, estresado o deprimido. Si tiene que ayudar a alguien, lo hará, incluso si después sigue estando cansado o deprimido.
—Caray, yo... —Hana se rascó la nuca, entendiendo ahora mismo muchas cosas que no se había planteado en tres años—. Siempre pensé... que Neu me ayudó a mí porque eso le traía satisfacción personal. Es decir, me parecía la razón más buena de todas, porque yo también he creído siempre eso, que las personas que dicen que se sienten felices ayudando a los demás son personas desinteresadas, generosas y maravillosas. Pero... la verdad es que... eso a veces me ha chocado un poco...
—¿El qué, querida?
—Neuval lo pasó muy, muy mal, durante todo un mes, intentando ayudarme. Se lo hice pasar fatal, seamos francos. A ver, ya me entiendes... —gesticuló con las manos, algo abochornada—... hasta intenté clavarle una navaja el día que nos conocimos. Aun así, cuando caí inconsciente porque en mis venas corrían más drogas que nutrientes, me llevó a su casa, y mientras intentaba ayudarme a recuperar mi salud, le hice la vida imposible. Había días en que yo veía claramente que él estaba pasándolo peor que yo. Pero él seguía ahí… aunque no tuviera gana alguna… dándome de comer, lavándome, quedándose despierto noches enteras vigilándome y pasándome el cubo cada vez que yo necesitaba vomitar… Me ayudó, sencillamente, porque yo necesitaba ayuda. Y sólo por eso.
Lao y ella compartieron la misma sonrisa de afecto sobre aquel de quien hablaban. Ambos se quedaron en silencio un rato, con miradas complacidas perdidas cada uno en algún punto de la ajetreada y amplia planta de recepción, iluminada por toda la luz del día que se colaba por la moderna fachada acristalada.
—Pero eso es triste, Lao. Quiere decir que a Neuval le da igual ser feliz o no. Que quiere que los demás sean felices aunque él no lo sea. A ver, eso es… hermoso, todo él, maravilloso de verdad. Pero...
—Triste. Sí —asintió Lao—. Y estúpido. —Hana lo miró contrariada—. No me malinterpretes. Para mí, Neuval es estúpido si ve y hace así las cosas, si su motivo por el que hacer las cosas y moverse por el mundo es perseguir únicamente el bienestar de los demás. Entiéndeme, él es mi hijo, y yo preferiría que él hiciera las cosas para que él se sienta feliz, que él persiga ese objetivo, que se acuerde de cuidar de sí mismo mientras cuida a los demás.
—Lo entiendo, eres su padre y quieres que él sea feliz antes que cualquier otro desconocido —sonrió.
—Quizá el motivo de Neu sea el más noble. Preocuparse por los demás sin darse importancia a sí mismo. Hay más gente que es así, pero son escasos. Si ayudar a los demás le hiciera infeliz, él seguiría haciéndolo, no saldría de esa línea. Ya era así cuando lo conocí. Y me sorprendió, y no me lo explicaba. Mucho tiempo pasé pensando que Neuval era así porque se odiaba a sí mismo y quería hacerse sufrir a sí mismo, como autocastigarse y menospreciarse. De hecho, esto es verdad, así pasó su adolescencia. Pero... más tarde me di cuenta de que no usaba el sacrificarse por los demás para castigarse; se castigaba por otro motivo, otros traumas de su pasado. Porque, cuando conoció a Katya y más tarde nació Lex, Neuval dejó de odiarse a sí mismo por fin, por completo. Katya le enseñó a quererse por primera vez en su vida. Y, aun así, Neuval siguió haciendo las cosas de esa manera, ayudar a los demás simplemente porque es necesario, por mucho que algunas veces no le apeteciera. Así que… la razón no es ni nunca fue autocastigarse ni satisfacerse a sí mismo. Es como… si hubiera nacido con esa idea o creencia aferrada en su alma. Como una misión vital. Como... el sentido de su existencia.
—¿El sentido de su existencia? ¿Crees que esta característica suya existe por un motivo mayor?
—Créeme, Hana. Intentar comprender a Neuval es lo más complicado del mundo. Nadie consigue ni ha conseguido darle una explicación a su mera persona. Ming Jie y yo nos acercamos mucho, pero Katya es la que más cerca estuvo de entender toda su complejidad, y aun así, no pudo hacerlo al cien por cien. Ni las personas más inteligentes que conozco, que son Alvion, Denzel y el propio Neu, han podido ofrecer una descripción adecuada sobre "quién es Neu y cómo es".
—¿Ni siquiera Neu se comprende a sí mismo?
—¿Por qué crees, lo de las drogas y otros vicios?
—Ooh… —asintió Hana—. Pero… no lo entiendo. Acabamos de describirle bastante bien. El Neuval del que acabamos de hablar… ese es Neuval. ¿No? Una buena persona, infinitamente generosa, con algunos traumas que lo atormentan, pero, ante todo, alguien que sigue resistiéndolos y procurando llevar una buena vida, amando a su familia y ayudando a los demás. ¿Por qué esto no aclara el “quién es Neu”?
—Porque eso… sólo es la mitad de él —contestó Lao con una voz amarga, y agachando un poco la cabeza.
—Él ya me contó algunas cosas malas que hizo por culpa de su majin. Pero él no es su majin. Su majin no es su otra mitad. Es sólo una enfermedad.
—Así es —Lao se alisó un poco las arrugas de su pantalón, distrayéndose un poco.
Hana arqueó una ceja, más confundida que antes. ¿Entonces? ¿A qué se refería?
—Kei Lian… ¿es que… hay algo más…?
—Hana —la interrumpió, y esta vez la miró a los ojos seriamente—. Lo primero que debe quedarte claro, es que Neuval jamás te hará daño. Nunca ha atacado a un ser querido.
—Lian… —murmuró preocupada.
—Tranquila. Simplemente se trata… de un misterio todavía sin resolver. Pero, en sus 45 años de vida, Neuval nunca ha resultado ser un peligro a gran escala, más allá de… bueno…
—¿De la vez que tuvo su mayor descontrol cuando Katya murió y arrasó medio Japón? —adivinó ella—. Pero eso fue su majin.
El viejo guardó un silencio que no hizo más que exasperar a Hana, la cual se incorporó en la butaca con un gesto impaciente.
—En teoría… fue un brote de majin, sí —la apaciguó Lao.
—¿En teoría?
—Cuando conocí a Neuval… —intentó explicarle el viejo—… bueno. Él nunca me lo explicó con claridad. Porque ni él sabía cómo explicarlo. Pero me advirtió que él… ya tenía “algo malo” dentro de sí incluso antes de convertirse en iris. Yo pensé: “Bueno, será la típica percepción de un rasgo de su personalidad que un niño pequeño todavía no puede comprender de sí mismo, y lo normal es que se vaya comprendiendo mientras crece”.
—¿Pero ahora crees que ese Neu de 10 años te estaba hablando de algo más literal de lo que creías?
Lao inspiró hondo por la nariz y soltó un largo suspiro. Hana podía ver que hablar de esto le causaba al viejo una sensación incómoda o intranquila. Casi culpable. Porque reconocer abiertamente que Neuval tenía algo malo que no era su majin, por un lado era darle la razón al propio Neuval, pero, por otro, como padre le hacía sentirse mal.
—La mayor parte de su vida… Neu ha sido esa persona brillante, generosa y admirable —dijo Lao—. Pero hay otra parte de su vida que, sea por el majin o no, ha sido el extremo opuesto. A veces era como… como si pulsaran un interruptor dentro de él. Y del hombre más bueno, de repente se convertía en el más maligno. Cuando era adolescente, tenía estos episodios bastante a menudo. Ming Jie y yo, incluso Sai, ya estábamos preparados porque ya sabíamos que tenía un majin, y en mi larga experiencia en la Asociación ya sabíamos cómo actuar. Sin embargo, a veces era… a veces se sentía… como algo diferente. Un majin actúa como un mal racional, ¿sabes? Hace cosas malas por una razón de beneficio propio. Pero a veces, esta extraña maldad de Neuval… era como pura, natural e instintiva… como si esta oscuridad realmente formara parte de él, tanto como su lado de luz.
—¿Es eso posible?
—Se supone que no. Todos los seres vivos que vivimos en este mundo, y los que son humanos o los que lo fuimos alguna vez, poseemos ambas energías Yin y Yang desde que nacemos. Excepto los Zou y otras personas que nacen sólo con una energía, o con un minúsculo porcentaje de una de ellas de forma permanente e invariable. Pues bien. Todos los humanos y todos los iris tenemos Yin y Yang. Los iris tenemos Yin de nuestra antigua parte humana, pero en un menor porcentaje que nuestro Yang humano. Y, además, tenemos un Yang extra, que es el iris, el cual, al sumarse al otro Yang humano que ya teníamos, pues sobrepasamos el límite Yang humano. Y por eso no somos humanos. En todo caso, las personas que poseemos ambas energías, o sea, casi todo el mundo, siempre vamos a tener más de una energía que de la otra, lo que determina que seamos personas más buenas o más malas, incluso a veces se equilibran, aunque es muy difícil.
—Vale, entiendo —le interrumpió Hana un momento—. Es como si todos naciésemos con un contenedor de energía, como dijiste antes. En los casos especiales de los Zou, ellos tienen su contenedor lleno de energía Yang al 100 % y nada más.
—O, a lo sumo, de 99’9 % de Yang y un 0’1 % de Yin, ya que sabemos que los Zou tienen una parte humana. Pero sí, ese porcentaje de Yang extremo es invariable en los Zou.
—Vale. Y el resto de la gente de todo este mundo, también nacemos con un único contenedor de energía, pero dentro de este contenedor hay energía Yin y energía Yang que, juntas, suman el 100 % de su capacidad. Si eres una buena persona, tendrías por ejemplo 80 % de Yang y 20 % de Yin, y si eres una mala persona, viceversa.
—Exactamente. Si una aumenta, la otra se reduce —asintió Lao—. Pero Neu no. Neuval es diferente. A juzgar por cómo es, por cómo ha sido... es como si tuviera una inmensa energía Yin por una parte, y una inmensa energía Yang por otra, separadas por alguna razón, porque eso explicaría los dos tipos tan distintos de comportamiento extremo que Neu ha mostrado en su vida. A veces es muy bueno, y otras veces puede llegar a ser muy malo. Eso en el resto del mundo es impensable; si eres bueno, eres bueno, y no cambias de la noche a la mañana. Es como si Neuval hubiese nacido con dos contenedores, uno con 100 % de Yang, y otro con 100 % de Yin, separados indistintamente.
»No obstante... —la miró a los ojos—... yo lo conozco bien. Quizá no al cien por cien, pero sí lo suficiente. Y sé que en la realidad él es un buen hombre. Es muy bueno —murmuró con una leve sonrisa—. Tiene un gran corazón que a veces esa misteriosa parte oscura de su interior reprime. Por eso, dudo que esté en la Asociación por su venganza. Está en ella porque es lo que él, desde que nació, siempre deseó ser. Por alguna razón, siente un gran instinto de protección sobre este mundo entero. Como si sintiera que es suyo —concluyó, pero frunció el ceño—. Aunque no sé si esto en concreto es bueno o malo.
—O sea que él siempre deseó convertirse en Fuujin, ¿eh? —sonrió Hana—. Incluso antes de que Jean hiciese lo que hizo.
—Así es —suspiró, y miró un momento el reloj de su muñeca para controlar el tiempo, pues tenía más trabajo que hacer.
—Lao —lo detuvo antes de que se levantara de la butaca—. Quiero convertirme en una almaati.
El viejo se mordió los labios y desvió la mirada.
—Mm… Neuval no lo permitirá.
—¿Por qué? —saltó.
Lao se puso en pie y Hana lo imitó, pero se quedó delante de él, impaciente.
—Si ya le duele pensar que Yenkis acabará por narices metido en esta vida —le contestó el viejo—, no soportará que tú te metas por voluntad propia. No soportaría la idea de que estés involucrada en algo tan peligroso. Se negará, te lo digo yo, y no trates de convencerlo, la cabezota que tiene es de concurso.
—¿Y tú qué piensas?
—Que no sabes lo que dices.
—¡Lao! —lo cogió del brazo bruscamente, irritada—. Lo digo en serio, quiero hacerlo.
—Debes tener motivos. No sólo el capricho.
—Los tengo —aseguró seriamente—. Tengo motivos que fomentan mi voluntad. Ahora más que nunca. Tú también conoces mi vida de antes de conocer a Neu. Tengo secuelas del pasado que me dan fuerzas para luchar.
Lao pegó un largo suspiro de agotamiento.
—Bueno, eso no puedo negártelo, cierto. Pero Neuval no lo aprobará y te dará mucho la lata una vez le menciones tus intenciones.
—¿No le parecerá bien que quiera contribuir por mejorar el mundo como él, aparte de reciclar plásticos o ayudar a una anciana a cruzar la carretera? —se cruzó de brazos con enfado.
—Eso le parecerá maravilloso. Lo que no le parecerá bien, es él mismo dejándote ir a convertirte en almaati en cuanto le digas que esa es tu intención.
—¿Y qué se supone que voy a hacer, seguir con mi vida actual, después de descubrir todo un mundo nuevo lleno de cosas fantásticas y posibilidades que…?
—Hana… —la interrumpió el viejo, sujetándola de los hombros—. Hana. Lo que intento decirte… —susurró, mirándola fijamente a los ojos—… es que Neuval se pondrá muy pesado… si le dices lo que quieres hacer —enfatizó es palabra.
—Oh… Aaaah… —entendió por fin.
—Es tu vida. Tu decisión. Si lo quieres hacer, hazlo. No pidas permiso a nadie, no des explicaciones o excusas a nadie. Puedes buscar la opinión de Neu si quieres, claro. Pero yo ya te he dicho cuál será. Si quieres evitarle preocupaciones y evitarte a ti su tozudez sobreprotectora, ejecuta tu decisión por tu cuenta como mujer libre y adulta que eres. Es… tu… decisión —repitió, y dibujó una sonrisa cómplice en los labios.
Hana también sonrió. Cuando Lao no se pasaba el tiempo molestándola o haciéndola rabiar, a veces llegaba a ser un amigo y un cómplice muy agradable. Era muy paternal. Lo era con Neuval e incluso con su nuera Suzu. No era la primera vez que también lo era con Hana, pero esta vez era quizá la conversación más importante que había tenido con él. Y eso ella se lo agradeció. Lao siempre estaba para apoyar y cuidar de su familia.
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