2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 2: El Descubrimiento __
Unos minutos después de que Cleven se marchara a natación, Agatha apareció de la nada en medio de su dormitorio, en su propia casa. Acababa de irse del Monte Zou con Yagami. A él lo había dejado en su casa en otra parte de Tokio, y luego ella había venido aquí. Llegaba justo a tiempo para encargarse de los mellizos, tal como había acordado con Brey.
Sin embargo, necesitó tomarse un par de minutos para ella misma. Para respirar hondo y reponer fuerzas. Llevaba toda la semana sin parar de hacer recados o favores a varios iris y almaati por distintos países del mundo. Siempre ayudando, siempre poniendo su extraordinario don al servicio de los demás, pero… lo mejor de todo, es que era porque ella misma quería, y no porque alguien la obligara.
Yagami le había dicho que tenía unas pequeñas salpicaduras de sangre en su larga falda marrón, y manchas de barro en el dobladillo. No podía presentarse así ante los mellizos. Fue hasta su armario a cambiarse de ropa, con sus ojos siempre cerrados. Y después fue al baño para lavarse la cara y las manos y arreglarse la larga trenza con la que recogía su cabello blanco.
Mientras se aclaraba el jabón de las manos en el lavabo bajo el chorro de agua, se quedó abstraída por un rato, sin darse cuenta. Antes de llegar al Monte Zou, había estado rescatando a una nueva iris. Era una mujer adulta, que se había visto en medio de un bombardeo mientras daba clases en un colegio de primaria en un país que ahora mismo estaba bajo un conflicto bélico con otro. Había visto a su hija pequeña morir en una explosión junto a más niños y profesores de la escuela.
Agatha había vivido este tipo de rescates en medio de guerras ya unas docenas de veces. Procuraba centrarse en su deber, en lo más importante, que era encontrar al nuevo iris y llevarlo sano y salvo al Monte, mientras los iris de aquella ciudad ya se encargaban del resto de humanos inocentes.
Esta vez, le había afectado de una manera especial. Porque Agatha perdió de una manera muy similar a una de sus muchas hijas, de la misma edad que la hija de esta nueva iris, hace cinco siglos. Oír los gritos de agonía de la madre le recordó a sí misma. Agatha a veces se preguntaba si, de haberlo visto con ojos que podían ver, se habría convertido en iris también. O quizá no hacía falta ser vidente, porque lo cierto es que había habido unos pocos humanos ciegos que, tras presenciar con los otros cuatro sentidos la muerte injusta de un ser querido, se habían convertido. Y, al convertirse, la energía del iris les había curado la ceguera como hacía con cualquier otra enfermedad o discapacidad humana.
No obstante, al parecer, estos cuatro siglos de existencia de los iris y de la Asociación habían demostrado que sólo los humanos y quienes tuvieran una parte humana, como los Zou, podían convertirse.
Llevaba viviendo en este mundo más de siete siglos y medio, y seguía deseando hallar las respuestas a las preguntas que toda su vida la habían perseguido: “¿Tengo parte humana? ¿Tengo alma? Si no la tengo, ¿puedo ganármela?”. De todas formas, para ella ya había sido una bendición el hecho de que su cuerpo pudiera concebir, gestar y dar a luz hijos humanos auténticos y normales. De hecho, esto pilló a los dioses un poco por sorpresa. No entraba en sus planes diseñarla con esta capacidad. Pero la experimentación con energías divinas y materia orgánica había resultado así.
Terminó de secarse las manos, y le dedicó un breve rezo a su duodécima hija que perdió hace cinco siglos en medio de una contienda entre dos reinos europeos. Ahora, tenía que centrarse en el presente, y agradecer el presente, donde estaba feliz teniendo a Clover y a Daisuke, dos niños especiales que había ayudado a criar y a los que adoraba.
No perdió otro segundo. Desapareció de su dormitorio y se teletransportó directamente al interior de la vivienda de su vecino, a la entrada de la casa de Brey. Se quitó los zapatos en el escalón y pasó al salón.
—¡Niños! ¡Ya estoy aquí, despertad! ¡Voy a haceros el desayuno! —exclamó hacia la planta de arriba mientras se iba a la cocina.
Al cabo de un minuto, apareció Daisuke entrando en la cocina, con su cabello rubio despeinado, los ojos entrecerrados y todavía vistiendo con la camiseta gris grande prestada de su padre.
—Uaah… —bostezó el niño, y abrazó las piernas de la anciana—. Pasteles…
—Aaah, no —objetó la taimu, al mismo tiempo que iba de un lado a otro sacando huevos, arroz y un par de sartenes—. Se acabaron los pasteles una temporada. Le he prometido a vuestro padre que os haría un desayuno nutritivo. ¿No has bajado con tu hermana?
—Vengo de la habitación de mi papá… —se frotó un ojo.
—¿Has tenido pesadillas? ¿O es que otra vez has mojado la cama?
—Bueno, mojé la cama un poquitito. Pero no pasa nada. Lo estoy entrenando —declaró el niño con firmeza, poniendo los bracitos en jarra e inflando el pecho, repitiendo las palabras que el propio Brey le dijo.
—Vaya, es la primera vez que no te oigo avergonzarte. ¿Y te fuiste a su cama? ¿Lo dejaste descansar?
—Papá me dejó dormir con él. Es que yo ayer por la noche estaba teniendo también algunas pesadillas… o era más como una sensación incómoda… Incluso en la cama de papá me desperté otra vez y no podía estarme quieto y no me conseguía dormir… Pero entonces papá me abrazó y dejé de sentirme nervioso y por fin me dormí otra vez más tranquilo.
—Hm… no importa lo frío o racional que sea, sigue siendo un iris —murmuró Agatha para sí misma, con una sonrisa complacida—. Bueno, Dai, hazme el favor de ir a despertar a tu hermana, ¿quieres? El desayuno estará listo enseguida.
Daisuke se fue dando trotes de vuelta al piso de arriba y entró en su habitación.
—Clover, despiertaaa —dijo mientras iba directamente a abrir las cortinas de las dos ventanas que había, dejando pasar la luz del amanecer—. Ya está Ata aquí. Nos está haciendo un desayuno nutrioso —se acercó a la cama de su hermana y meneó el bulto bajo el edredón con las manos—. Cloveeer. ¿Tienes mucho sueño porque has dormido mal? ¿También has notado la energía mala?
Daisuke meneó más el bulto, pero este no respondía. Empezó a tener una mala sensación. Destapó el edredón, y durante unos segundos no pudo comprender bien lo que veía. No era el cuerpo de su hermana, eran varios peluches amontonados, y sobre la almohada había una peluca negra de un disfraz. Daisuke giró la cabeza y miró tímido por la habitación, preguntándose si estaba siendo víctima de una broma que Clover le estaba gastando, y estaba esperando a darle algún susto. Pero, al mismo tiempo, esa sensación de que algo iba mal seguía recorriéndole el cuerpo.
—¿Clover?
Se puso a revisar la habitación entera, mirando bajo ambas camas, bajo los escritorios, dentro de los armarios, tras las cortinas… Dudaba que fuera el escenario de una broma. Daisuke tenía una especial sensibilidad con los sustos, no los aguantaba bien, y sabía que su hermana no le haría pasar por ese sufrimiento, incluso en el hipotético caso de que ella estuviera enfadada con él por no tratar bien a Jannik.
—¡Clover! ¿¡Dónde estás!? —exclamó, empezando a preocuparse de verdad, y a respirar nervioso.
Al no recibir ni un sonido de respuesta, corrió derecho hacia su escritorio, que siempre estaba repleto de hojas de papel, pinceles, lápices, dibujos, símbolos, escrituras… Apartó bruscamente un puñado de hojas de la mesa, buscando algo entre ellas. Encontró por fin su rotulador negro predilecto, uno de esos marcadores de punta gruesa y tinta imborrable. Acto seguido, se colocó en el centro de la habitación, abrió la tapa del rotulador y dibujó rápidamente en el aire un círculo en vertical. Se formó, así, una circunferencia de tinta negra flotando en el propio aire. En su interior, dibujó con una destreza pasmosa tres símbolos complejos, cargados de trazos y patrones, y los unió mediante el dibujo de unos trazos más. Al terminarlo, le dio un manotazo. De repente, los trazos de tinta negra se iluminaron de una luz azulada intensa; el círculo se transformó en una esfera, de un azul traslúcido, y comenzó a expandirse por toda la habitación, atravesando las paredes para seguir expandiéndose por el resto de la casa.
Daisuke esperó ansioso, sin apartar la mirada del símbolo de luz azul que seguía flotando en medio de la habitación. Finalmente, este se apagó, volviendo a convertirse en tinta negra, y esta se desvaneció en el aire como el humo. Esto le confirmó que su hermana no estaba en ningún lugar de todo el edificio.
—No, no, no, no… —comenzó a sollozar, y bajó corriendo las escaleras y volvió con Agatha—. ¡No está, no está…! —gritó, abrazándose a las piernas de la anciana, que en ese momento estaba poniendo arroz ya cocido en unos cuencos.
—¿Qué…? Daisuke, ¿qué pasa? ¿Quién no está?
—¡Clover! ¡Clover no está en casa, no está por ningún lado, lo he comprobado, no está aquí!
—¿¡Qué me estás diciendo!? —se alarmó Agatha—. ¿¡Estás seguro!?
—¡Sí! —lloró y lloró, ahogándose—. ¡Ella sabe que no me gustan los sustos, así que no está escondida, y no está en ninguna habitación, ni en los baños, ni… ni…!
Agatha, con el corazón en la garganta, cogió al niño en brazos y lo llevó a sentar a una butaca del salón.
—Tranquilo, respira despacio. No te muevas de aquí.
La anciana se giró y le dio la espalda. Entonces, abrió sus tenebrosos ojos, y miró con atención todo el entorno espacial que la rodeaba. Todo estaba atestado de corrientes de luz blanca, de luz negra y otras de una mezcla de luz gris; unas eran finas, otras más gruesas y otras colosales, fluyendo como ríos de energía por todas las direcciones de las tres dimensiones del espacio. Todas las cosas físicas, y el techo, los muros y los tabiques eran invisibles a sus ojos, permitiéndole comprobar incluso la planta de arriba desde ahí. Buscó, entre todo ese amasijo de corrientes de energías negras, blancas y grises un pequeño espacio vacío, un hueco, que representaría la ubicación de un humano. Y no. Aparte del de Daisuke, no había ningún hueco más. Clover sin duda no estaba en la casa.
Agatha volvió a cerrar los ojos. No podía mantenerlos mucho tiempo abiertos porque la estremecedora visión de las Corrientes de Realidad la mareaban. Salió rápidamente de la casa y aporreó varias veces la puerta C. Abrió Mei Ling, con cara de susto.
—¿Qué pasa?
—Mei Ling, ¿está Clover en tu casa? Dime, ¿¡lo está!?
—¿Eh? No, no está aquí. ¿Qué ocurre?
—Ay, Dios mío… —agonizó.
—¿Agatha? —apareció Kyo junto a su hermana.
—¡Kyo, ayúdame! ¡Ayúdame a buscar a la niña! ¡No está en casa!
Kyo agarró al instante una chaqueta del perchero que tenía al lado para ponérsela encima y salió al rellano rápidamente. Pero luego rectificó y volvió a entrar en su casa, saltando directamente a la planta de arriba para coger algo de su habitación. Regresó enseguida al rellano, mostrándoles un pequeño USB con la forma de un bombón de chocolate.
—Le pediré al conserje que me deje ver las grabaciones de cada escalera y salida del edificio. Utilizaré este programa de Hoti que la tía Katya le regaló a Yousuke cuando era pequeño para hacerlo el triple de rápido —dijo bajando por las escaleras velozmente.
Mientras Agatha fue a llamar a la puerta de Eliam, Mei Ling entró en la casa de Brey para hacerse cargo de Daisuke, que estaba de pie en medio del salón sin saber qué hacer.
—Mei… —lloró el niño al verla, alzando las manos.
—Daisuke, mi pollito, no te preocupes, ven aquí —lo cargó en brazos y lo abrazó con cariño—. Tranquilo, la encontraremos a toda costa. ¿Me ayudas a dar un repaso a toda la casa? ¿Y me cuentas todo lo que sepas sobre la última vez que la viste y qué has visto al despertar?
El pequeño asintió con la cabeza, secándose las lágrimas. Mientras Mei Ling subía a la planta de arriba para buscar pistas o señales, Eliam le abrió la puerta a Agatha, con sus gafas de leer puestas y un bolígrafo en la mano.
—Hola, señora Bennet, ¿qué…?
—¿Está Clover contigo, muchacho? —preguntó directa, a la par que marcaba el número de Brey en su móvil.
—¿Clover? No. ¿¡Ha desaparecido!? —brincó preocupado.
—¿Sabes algo de Brey de esta mañana?
—Sí, precisamente vino aquí a buscar a Drasik hace como 40 minutos. Estaba bien, como siempre. Y se marcharon a su misión.
—Ah, diantres… —farfulló la anciana, volviendo a guardase el teléfono en el bolsillo de su falda larga—. Por eso no me da señal. Tanto él como Drasik habrán desconectado los móviles para evitar ser detectados en algún territorio enemigo. A ver qué dice Kyo cuando revise todas las grabaciones… Por si acaso, voy a llamar a Yako.
Volvió a sacar el teléfono, tratando de mantener la compostura. Pero Eliam podía ver la angustia apoderándose de ella. No le sorprendía, porque, para Agatha, los mellizos eran como sus propios hijos, o como sus nietos.
—Yako, ¿sabes algo de Clover, o hay alguna posibilidad de que haya ido a tu cafetería en algún momento de esta madrugada o esta mañana temprano? —preguntó Agatha por su móvil.
—“¿Cómo…? Oh, Dios… No, nadie ha estado en mi cafetería, aparte de mí, Haru y Neuval a primeras horas de la madrugada solucionando un asunto… La aplicación de seguridad en mi móvil me lo habría notificado. Además que literalmente nadie aparte de mí y de Alvion puede abrir las persianas. Agatha, dime qué pasa.”
—Kyo ha ido a ver las grabaciones del edificio. Esperemos a ver qué dice.
—“Vale, ponme en manos libres.”
Unos minutos después, regresó Kyo al rellano del quinto piso subiendo por las escaleras saltando de tramo a tramo. Mei Ling también regresó con ellos con el niño en brazos, quedándose en la puerta abierta de la casa de Brey. Eliam podía ver en ella un sentimiento de angustia igual al que tenía Agatha; sus ojos negros temblaban y contenían las lágrimas, haciendo lo posible por mostrarse calmada para transmitírsela a Daisuke lo mejor posible. Tanto Agatha como Mei Ling y Eliam se quedaron mirando a Kyo, conteniendo la respiración, esperando oír algo con lógica.
—No tiene ningún sentido… —respiró Kyo—. He mirado todas las grabaciones y Hoti ha analizado todo el metraje de las siete plantas, de los ascensores y accesos, incluso de la azotea…
—¿Qué has visto exactamente de aquí de este rellano? —le preguntó Mei Ling—. Si Clover ha salido de casa, sólo ha podido hacerlo por esta puerta y la cámara de ahí ha tenido que grabarlo por narices —señaló a una esquina del techo.
—He revisado desde la última vez que Clover estuvo sin duda en su casa. Ayer por la tarde se ve a Brey recibiendo la visita de un asistente social.
—Oh, sí —apuntó Eliam—. Brey me dijo esta mañana que le mandaron ayer un sustituto porque le habían notificado que nuestra asistente actual no lo podía visitar hoy.
—Cleven me contó ayer por mensajes que la visita había ido bien —continuó Kyo—. Y desde que se marchó ese asistente, no ha habido ni una sola persona más saliendo o entrando por la puerta de Brey hasta ahora, excepto Brey saliendo hace menos de una hora, con su equipamiento para la misi-ooh… para el recado en la universidad —se corrigió rápidamente, mirando con cuidado a Daisuke en los brazos de su hermana—. Y al poco rato ha salido Cleven con su bolsa de natación. Aunque no se ha visto a Agatha entrar…
—No he usado la puerta… pero he debido de llegar pocos minutos después de que Cleventine se marchara —dijo la anciana—. Esto no es posible… No está en toda la casa. Las ventanas siguen cerradas con el sistema de seguridad. Y no ha salido por la puerta. Daisuke, cielo. Dime, ¿tu hermana sabría abrir el pestillo de seguridad de las ventanas o del balcón?
—No. Ni siquiera con todas nuestras fuerzas podemos abrirlos. Papá ya nos dijo que lo intentáramos, y lo intentamos y no pudimos. Solamente podemos abrirlas de la forma vertical… de la forma que sólo se queda abierta un poquito en la parte de arriba para que nada más entre el aire.
—Y aunque hubiera podido abrir alguna —añadió Mei Ling—, mi abuelo le instaló a Brey el sistema de seguridad para niños. Si el sistema detecta que un niño está subido a la repisa de una ventana abierta, al instante despliega una red tapando todo el hueco de la ventana. Y en la terraza del salón sucede lo mismo en la barandilla.
—¿Qué única opción queda de todo esto, entonces? —preguntó Eliam, alzando las manos con incomprensión.
Todos miraron a Kyo, esperando de él un análisis iris más desarrollado. Kyo se dio cuenta de sus miradas, y se quedó pensativo.
—Mei. ¿Has ido a ver la cama de Clover? —le preguntó a su hermana, y esta asintió—. Descríbela.
—Bueno, esto os parecerá raro, pero por lo visto Daisuke encontró que el bulto bajo el edredón eran unos cuantos peluches apilados, y sobre la almohada había una peluca negra, de un disfraz de Halloween.
—¿Por qué decís que es raro? —inquirió Eliam—. Parece que Clover puso esas cosas ahí adrede para engañar y poder escaparse.
—No —objetó Mei Ling tajantemente—. Clover nunca haría eso. Jamás haría un engaño así adrede.
—¿Cómo estás tan segura? Quizás Clover estaba enojada con alguien, con su padre, con su hermano, o con Cleven… No sería la primera niña que se escapa o finge escaparse para expresar su enojo. Y no suelen ir muy lejos, los niños de esa edad no se atreven a alejarse demasiado. Puede que haya ido a la casa de algún otro vecino.
—Te aseguro que nadie ha cruzado esta puerta desde ayer hasta que Brey salió esta mañana temprano —aseveró Kyo.
—Y por muy enfadada que esté con cualquier persona, yo te aseguro que Clover jamás le haría algo así a Daisuke —dijo Mei Ling con firmeza.
—¿Y si…? —de repente Daisuke levantó la cabeza de su hombro—. ¿Y si es por tristeza y no por enfado? —Los demás lo miraron sin entender—. Clover ha estado muy triste desde el viernes. Y es porque Jannik ha dejado de ser su amigo. Clover estaba muy feliz cuando Jannik era su amigo.
—¿El pequeño Knive, el hijo de Viggo? —murmuró Agatha, sorprendida de aprender este dato. Pero luego puso una mueca algo escamada. No pudo evitarlo, su primer pensamiento fue sospechar de Jannik. Pero porque, al igual que Denzel, conservaba aún bastantes prejuicios sobre los Knive, fueran de la rama que fueran.
—No, Dai, cariño, te prometo que Clover nunca lo haría —lo consoló Mei Ling—. Ella me lo dijo una vez. No importa lo furiosa que esté, no importa si tiene miedo o tristeza; jamás se alejaría de ti sin decírtelo.
Los dos humanos y la taimu volvieron a mirar a Kyo, expectantes, quedándose sin ideas. Entonces, el joven Lao los miró seriamente.
—Sólo hay dos opciones posibles dentro de la lógica. O se la ha llevado Denzel mediante teletransporte, o se la ha llevado alguien que ha sido capaz de abrir desde fuera alguna ventana.
—¿Denzel? ¿Pero qué disparate dices? —protestó su hermana.
—¡Cierto! Denzel no haría algo tan cruel —saltó Eliam—. Llevarse a una niña humana de 5 años es pura malicia.
A pesar de las quejas de Mei Ling y Eliam, Kyo no apartaba una mirada seria de Agatha, esperando de ella una opinión con criterio. Cuando Mei Ling y Eliam se dieron cuenta, se quedaron callados, y miraron a Agatha con las mismas expresiones de espanto.
—¿Agatha? —le preguntó enseguida Mei Ling, con un tono preocupado y cuidadoso—. Denzel no haría… él nunca… ¿verdad?
—Querida, la mente de un taimu siempre va a ser un abanico de posibilidades imprevisibles oscilando entre el bien y el mal, mientras estemos a total merced de los dioses tanto del Yin como del Yang —contestó Agatha con calma, pero denotando en el fondo esa rabia contra los dioses con la que cargaba desde hace siglos—. Aun así. Denzel no ha sido. Ni siquiera aunque los dioses le hubieran controlado mentalmente. Así que los dioses tampoco han sido.
—¿Por qué estás tan segura?
—Porque tanto Denzel como los dioses saben perfectamente lo que estos niños significan para mí. Nadie más que ellos lo sabe mejor, cielo. Vosotros creéis que lo sabéis, pero no tenéis ni idea… de lo que yo haría si me entero de que los dioses han utilizado a mi descendiente para raptar o hacerle el más mínimo daño a cualquiera de estos dos niños.
Los otros tres se quedaron helados y tragaron saliva ante esa declaración. No lo cuestionaron. Porque Agatha podía parecer por fuera una anciana amable, amorosa y servicial, pero, igual que ocurría con Denzel, nadie en su sano juicio querría hacer enfurecer a un taimu. Ni siquiera los dioses.
—Creo que Kyosuke tiene razón —añadió la inglesa—. Se la ha llevado alguien. No Denzel. Pero sí alguien con capacidades o habilidades sobrehumanas, de alguna forma. Y por supuesto con maldad.
—¿Quién entra en esa posibilidad? —preguntó Eliam.
—Un Knive o un arki —contestó Agatha con seguridad.
En ese momento, Kyo abrió los ojos con pasmo. Contuvo la respiración para no hacer oír un respingo de horror, cuando recordó el suceso de anoche de madrugada, cuando recordó que Viernes y su ARS se habían convertido oficialmente en traidores de la Asociación, que todas las sospechas de las últimas semanas apuntaban a su posible relación con Izan, y sobre todo, cuando Drasik le comentó de camino a casa que mientras él y Sakura estaban inconscientes, había visto a Viernes y a sus subordinados desaparecer de la escena tras hacer contacto físico con una niña extraña que había aparecido de la nada, y el modo de esfumarse era igual al teletransporte que Agatha y Denzel tenían el poder de efectuar.
En aquel momento, Kyo se detuvo en seco delante de su amigo. Le preguntó qué aspecto tenía esa niña, y Drasik le describió lo que más destacaba en ella, ir con un gorro tapándole media cabeza incluyendo los ojos, y un mechón de pelo blanco entre el resto de un largo cabello negro. Esto le trajo a Kyo una revelación. Él había visto a esa niña en dos ocasiones al comienzo del curso. Era la razón por la que lo castigaron al despacho del director, creyendo que Kyo se había metido en peleas con otros chicos en las inmediaciones del instituto, cuando en esas ocasiones lo que estaba haciendo era proteger a esa niña extraña del acoso de unos abusones.
No entender qué hacía esa niña de aspecto raro y sin uniforme merodeando por los alrededores del instituto dos veces en pocos días le llevaba escamando desde entonces, como si su iris le dijera que mantuviera la sospecha.
«¿Y si estaba ahí esperando a alguien de mi instituto? Si es la misma niña de ayer que dice Dras… y está al servicio de la ARS… ¿Es posible que cuando la vi en esas ocasiones hace unas semanas ya tuviera relación con Kaoru y Taiya? ¿Los estaría esperando, para llevarlos a algún sitio? Porque si lo que Drasik vio ayer es cierto… esa niña, por su aspecto y por lo que puede hacer… tiene que ser una taimu. Dios… y entre medias de todo esto ocurre el salto en el tiempo de los hijos de Denzel. ¿Ha hablado Denzel ya con Agatha de ello? Pero no entiendo si algo de esto tiene algo que ver con la desaparición de Clover… Están pasando muchas cosas en estos días, hay demasiadas piezas que aún no sabemos unir. Mierda… tengo órdenes de no hablar de lo de anoche a nadie hasta que Sakura informe a Pipi».
—Pero vamos a ver, ¿¡qué querría un Knive o un arki de Clover!? —exclamó Mei Ling, cada vez más alterada—. ¿¡Por qué querría alguien, quien sea, llevarse a una niña humana inocente!? Tampoco es que Brey sea millonario…
—¡Quizás para tenderle a Brey una trampa! —brincó Eliam—. Piénsenlo. Es uno de los iris más poderosos del mundo. Quizás lo quieran obligar a ir a rescatar a Clover a algún lugar y atacarlo y derrotarlo, o llevarse algo que él guarde, algún arma…
—¿Quién quiere atacar a mi papá? —preguntó Daisuke de repente, lleno de miedo.
Eliam se tapó la boca enseguida.
—Nooo, no, no, Dai, no es eso —lo calmó Mei Ling rápidamente, llevándoselo otra vez dentro de la casa para alejarlo de estas conversaciones que no debería oír—. Nadie quiere atacar a tu papá. No te preocupes, tenemos de nuestro lado a los mejores héroes e investigadores del mundo que ya han salvado a cientos de niños antes, y encontrarán a Clover sana y salva, ya verás…
—Perdón… —lamentó Eliam, cerrando los ojos y ladeando la cabeza.
—Tranquilo. Pero no vas desencaminado —caviló Kyo—. Si hay un Knive o un arki detrás de esto, primero: tenemos que confirmar cuál de los dos es, porque son seres muy diferentes. Y a partir de ahí, averiguar el maldito motivo.
—Vamos a necesitar toda la ayuda posible —dijo Agatha, que todavía sostenía el móvil en su mano con Yako al otro lado de la línea.
—“Voy para allá” —declaró el Zou finalmente, y colgó.
Unos minutos después de que Cleven se marchara a natación, Agatha apareció de la nada en medio de su dormitorio, en su propia casa. Acababa de irse del Monte Zou con Yagami. A él lo había dejado en su casa en otra parte de Tokio, y luego ella había venido aquí. Llegaba justo a tiempo para encargarse de los mellizos, tal como había acordado con Brey.
Sin embargo, necesitó tomarse un par de minutos para ella misma. Para respirar hondo y reponer fuerzas. Llevaba toda la semana sin parar de hacer recados o favores a varios iris y almaati por distintos países del mundo. Siempre ayudando, siempre poniendo su extraordinario don al servicio de los demás, pero… lo mejor de todo, es que era porque ella misma quería, y no porque alguien la obligara.
Yagami le había dicho que tenía unas pequeñas salpicaduras de sangre en su larga falda marrón, y manchas de barro en el dobladillo. No podía presentarse así ante los mellizos. Fue hasta su armario a cambiarse de ropa, con sus ojos siempre cerrados. Y después fue al baño para lavarse la cara y las manos y arreglarse la larga trenza con la que recogía su cabello blanco.
Mientras se aclaraba el jabón de las manos en el lavabo bajo el chorro de agua, se quedó abstraída por un rato, sin darse cuenta. Antes de llegar al Monte Zou, había estado rescatando a una nueva iris. Era una mujer adulta, que se había visto en medio de un bombardeo mientras daba clases en un colegio de primaria en un país que ahora mismo estaba bajo un conflicto bélico con otro. Había visto a su hija pequeña morir en una explosión junto a más niños y profesores de la escuela.
Agatha había vivido este tipo de rescates en medio de guerras ya unas docenas de veces. Procuraba centrarse en su deber, en lo más importante, que era encontrar al nuevo iris y llevarlo sano y salvo al Monte, mientras los iris de aquella ciudad ya se encargaban del resto de humanos inocentes.
Esta vez, le había afectado de una manera especial. Porque Agatha perdió de una manera muy similar a una de sus muchas hijas, de la misma edad que la hija de esta nueva iris, hace cinco siglos. Oír los gritos de agonía de la madre le recordó a sí misma. Agatha a veces se preguntaba si, de haberlo visto con ojos que podían ver, se habría convertido en iris también. O quizá no hacía falta ser vidente, porque lo cierto es que había habido unos pocos humanos ciegos que, tras presenciar con los otros cuatro sentidos la muerte injusta de un ser querido, se habían convertido. Y, al convertirse, la energía del iris les había curado la ceguera como hacía con cualquier otra enfermedad o discapacidad humana.
No obstante, al parecer, estos cuatro siglos de existencia de los iris y de la Asociación habían demostrado que sólo los humanos y quienes tuvieran una parte humana, como los Zou, podían convertirse.
Llevaba viviendo en este mundo más de siete siglos y medio, y seguía deseando hallar las respuestas a las preguntas que toda su vida la habían perseguido: “¿Tengo parte humana? ¿Tengo alma? Si no la tengo, ¿puedo ganármela?”. De todas formas, para ella ya había sido una bendición el hecho de que su cuerpo pudiera concebir, gestar y dar a luz hijos humanos auténticos y normales. De hecho, esto pilló a los dioses un poco por sorpresa. No entraba en sus planes diseñarla con esta capacidad. Pero la experimentación con energías divinas y materia orgánica había resultado así.
Terminó de secarse las manos, y le dedicó un breve rezo a su duodécima hija que perdió hace cinco siglos en medio de una contienda entre dos reinos europeos. Ahora, tenía que centrarse en el presente, y agradecer el presente, donde estaba feliz teniendo a Clover y a Daisuke, dos niños especiales que había ayudado a criar y a los que adoraba.
No perdió otro segundo. Desapareció de su dormitorio y se teletransportó directamente al interior de la vivienda de su vecino, a la entrada de la casa de Brey. Se quitó los zapatos en el escalón y pasó al salón.
—¡Niños! ¡Ya estoy aquí, despertad! ¡Voy a haceros el desayuno! —exclamó hacia la planta de arriba mientras se iba a la cocina.
Al cabo de un minuto, apareció Daisuke entrando en la cocina, con su cabello rubio despeinado, los ojos entrecerrados y todavía vistiendo con la camiseta gris grande prestada de su padre.
—Uaah… —bostezó el niño, y abrazó las piernas de la anciana—. Pasteles…
—Aaah, no —objetó la taimu, al mismo tiempo que iba de un lado a otro sacando huevos, arroz y un par de sartenes—. Se acabaron los pasteles una temporada. Le he prometido a vuestro padre que os haría un desayuno nutritivo. ¿No has bajado con tu hermana?
—Vengo de la habitación de mi papá… —se frotó un ojo.
—¿Has tenido pesadillas? ¿O es que otra vez has mojado la cama?
—Bueno, mojé la cama un poquitito. Pero no pasa nada. Lo estoy entrenando —declaró el niño con firmeza, poniendo los bracitos en jarra e inflando el pecho, repitiendo las palabras que el propio Brey le dijo.
—Vaya, es la primera vez que no te oigo avergonzarte. ¿Y te fuiste a su cama? ¿Lo dejaste descansar?
—Papá me dejó dormir con él. Es que yo ayer por la noche estaba teniendo también algunas pesadillas… o era más como una sensación incómoda… Incluso en la cama de papá me desperté otra vez y no podía estarme quieto y no me conseguía dormir… Pero entonces papá me abrazó y dejé de sentirme nervioso y por fin me dormí otra vez más tranquilo.
—Hm… no importa lo frío o racional que sea, sigue siendo un iris —murmuró Agatha para sí misma, con una sonrisa complacida—. Bueno, Dai, hazme el favor de ir a despertar a tu hermana, ¿quieres? El desayuno estará listo enseguida.
Daisuke se fue dando trotes de vuelta al piso de arriba y entró en su habitación.
—Clover, despiertaaa —dijo mientras iba directamente a abrir las cortinas de las dos ventanas que había, dejando pasar la luz del amanecer—. Ya está Ata aquí. Nos está haciendo un desayuno nutrioso —se acercó a la cama de su hermana y meneó el bulto bajo el edredón con las manos—. Cloveeer. ¿Tienes mucho sueño porque has dormido mal? ¿También has notado la energía mala?
Daisuke meneó más el bulto, pero este no respondía. Empezó a tener una mala sensación. Destapó el edredón, y durante unos segundos no pudo comprender bien lo que veía. No era el cuerpo de su hermana, eran varios peluches amontonados, y sobre la almohada había una peluca negra de un disfraz. Daisuke giró la cabeza y miró tímido por la habitación, preguntándose si estaba siendo víctima de una broma que Clover le estaba gastando, y estaba esperando a darle algún susto. Pero, al mismo tiempo, esa sensación de que algo iba mal seguía recorriéndole el cuerpo.
—¿Clover?
Se puso a revisar la habitación entera, mirando bajo ambas camas, bajo los escritorios, dentro de los armarios, tras las cortinas… Dudaba que fuera el escenario de una broma. Daisuke tenía una especial sensibilidad con los sustos, no los aguantaba bien, y sabía que su hermana no le haría pasar por ese sufrimiento, incluso en el hipotético caso de que ella estuviera enfadada con él por no tratar bien a Jannik.
—¡Clover! ¿¡Dónde estás!? —exclamó, empezando a preocuparse de verdad, y a respirar nervioso.
Al no recibir ni un sonido de respuesta, corrió derecho hacia su escritorio, que siempre estaba repleto de hojas de papel, pinceles, lápices, dibujos, símbolos, escrituras… Apartó bruscamente un puñado de hojas de la mesa, buscando algo entre ellas. Encontró por fin su rotulador negro predilecto, uno de esos marcadores de punta gruesa y tinta imborrable. Acto seguido, se colocó en el centro de la habitación, abrió la tapa del rotulador y dibujó rápidamente en el aire un círculo en vertical. Se formó, así, una circunferencia de tinta negra flotando en el propio aire. En su interior, dibujó con una destreza pasmosa tres símbolos complejos, cargados de trazos y patrones, y los unió mediante el dibujo de unos trazos más. Al terminarlo, le dio un manotazo. De repente, los trazos de tinta negra se iluminaron de una luz azulada intensa; el círculo se transformó en una esfera, de un azul traslúcido, y comenzó a expandirse por toda la habitación, atravesando las paredes para seguir expandiéndose por el resto de la casa.
Daisuke esperó ansioso, sin apartar la mirada del símbolo de luz azul que seguía flotando en medio de la habitación. Finalmente, este se apagó, volviendo a convertirse en tinta negra, y esta se desvaneció en el aire como el humo. Esto le confirmó que su hermana no estaba en ningún lugar de todo el edificio.
—No, no, no, no… —comenzó a sollozar, y bajó corriendo las escaleras y volvió con Agatha—. ¡No está, no está…! —gritó, abrazándose a las piernas de la anciana, que en ese momento estaba poniendo arroz ya cocido en unos cuencos.
—¿Qué…? Daisuke, ¿qué pasa? ¿Quién no está?
—¡Clover! ¡Clover no está en casa, no está por ningún lado, lo he comprobado, no está aquí!
—¿¡Qué me estás diciendo!? —se alarmó Agatha—. ¿¡Estás seguro!?
—¡Sí! —lloró y lloró, ahogándose—. ¡Ella sabe que no me gustan los sustos, así que no está escondida, y no está en ninguna habitación, ni en los baños, ni… ni…!
Agatha, con el corazón en la garganta, cogió al niño en brazos y lo llevó a sentar a una butaca del salón.
—Tranquilo, respira despacio. No te muevas de aquí.
La anciana se giró y le dio la espalda. Entonces, abrió sus tenebrosos ojos, y miró con atención todo el entorno espacial que la rodeaba. Todo estaba atestado de corrientes de luz blanca, de luz negra y otras de una mezcla de luz gris; unas eran finas, otras más gruesas y otras colosales, fluyendo como ríos de energía por todas las direcciones de las tres dimensiones del espacio. Todas las cosas físicas, y el techo, los muros y los tabiques eran invisibles a sus ojos, permitiéndole comprobar incluso la planta de arriba desde ahí. Buscó, entre todo ese amasijo de corrientes de energías negras, blancas y grises un pequeño espacio vacío, un hueco, que representaría la ubicación de un humano. Y no. Aparte del de Daisuke, no había ningún hueco más. Clover sin duda no estaba en la casa.
Agatha volvió a cerrar los ojos. No podía mantenerlos mucho tiempo abiertos porque la estremecedora visión de las Corrientes de Realidad la mareaban. Salió rápidamente de la casa y aporreó varias veces la puerta C. Abrió Mei Ling, con cara de susto.
—¿Qué pasa?
—Mei Ling, ¿está Clover en tu casa? Dime, ¿¡lo está!?
—¿Eh? No, no está aquí. ¿Qué ocurre?
—Ay, Dios mío… —agonizó.
—¿Agatha? —apareció Kyo junto a su hermana.
—¡Kyo, ayúdame! ¡Ayúdame a buscar a la niña! ¡No está en casa!
Kyo agarró al instante una chaqueta del perchero que tenía al lado para ponérsela encima y salió al rellano rápidamente. Pero luego rectificó y volvió a entrar en su casa, saltando directamente a la planta de arriba para coger algo de su habitación. Regresó enseguida al rellano, mostrándoles un pequeño USB con la forma de un bombón de chocolate.
—Le pediré al conserje que me deje ver las grabaciones de cada escalera y salida del edificio. Utilizaré este programa de Hoti que la tía Katya le regaló a Yousuke cuando era pequeño para hacerlo el triple de rápido —dijo bajando por las escaleras velozmente.
Mientras Agatha fue a llamar a la puerta de Eliam, Mei Ling entró en la casa de Brey para hacerse cargo de Daisuke, que estaba de pie en medio del salón sin saber qué hacer.
—Mei… —lloró el niño al verla, alzando las manos.
—Daisuke, mi pollito, no te preocupes, ven aquí —lo cargó en brazos y lo abrazó con cariño—. Tranquilo, la encontraremos a toda costa. ¿Me ayudas a dar un repaso a toda la casa? ¿Y me cuentas todo lo que sepas sobre la última vez que la viste y qué has visto al despertar?
El pequeño asintió con la cabeza, secándose las lágrimas. Mientras Mei Ling subía a la planta de arriba para buscar pistas o señales, Eliam le abrió la puerta a Agatha, con sus gafas de leer puestas y un bolígrafo en la mano.
—Hola, señora Bennet, ¿qué…?
—¿Está Clover contigo, muchacho? —preguntó directa, a la par que marcaba el número de Brey en su móvil.
—¿Clover? No. ¿¡Ha desaparecido!? —brincó preocupado.
—¿Sabes algo de Brey de esta mañana?
—Sí, precisamente vino aquí a buscar a Drasik hace como 40 minutos. Estaba bien, como siempre. Y se marcharon a su misión.
—Ah, diantres… —farfulló la anciana, volviendo a guardase el teléfono en el bolsillo de su falda larga—. Por eso no me da señal. Tanto él como Drasik habrán desconectado los móviles para evitar ser detectados en algún territorio enemigo. A ver qué dice Kyo cuando revise todas las grabaciones… Por si acaso, voy a llamar a Yako.
Volvió a sacar el teléfono, tratando de mantener la compostura. Pero Eliam podía ver la angustia apoderándose de ella. No le sorprendía, porque, para Agatha, los mellizos eran como sus propios hijos, o como sus nietos.
—Yako, ¿sabes algo de Clover, o hay alguna posibilidad de que haya ido a tu cafetería en algún momento de esta madrugada o esta mañana temprano? —preguntó Agatha por su móvil.
—“¿Cómo…? Oh, Dios… No, nadie ha estado en mi cafetería, aparte de mí, Haru y Neuval a primeras horas de la madrugada solucionando un asunto… La aplicación de seguridad en mi móvil me lo habría notificado. Además que literalmente nadie aparte de mí y de Alvion puede abrir las persianas. Agatha, dime qué pasa.”
—Kyo ha ido a ver las grabaciones del edificio. Esperemos a ver qué dice.
—“Vale, ponme en manos libres.”
Unos minutos después, regresó Kyo al rellano del quinto piso subiendo por las escaleras saltando de tramo a tramo. Mei Ling también regresó con ellos con el niño en brazos, quedándose en la puerta abierta de la casa de Brey. Eliam podía ver en ella un sentimiento de angustia igual al que tenía Agatha; sus ojos negros temblaban y contenían las lágrimas, haciendo lo posible por mostrarse calmada para transmitírsela a Daisuke lo mejor posible. Tanto Agatha como Mei Ling y Eliam se quedaron mirando a Kyo, conteniendo la respiración, esperando oír algo con lógica.
—No tiene ningún sentido… —respiró Kyo—. He mirado todas las grabaciones y Hoti ha analizado todo el metraje de las siete plantas, de los ascensores y accesos, incluso de la azotea…
—¿Qué has visto exactamente de aquí de este rellano? —le preguntó Mei Ling—. Si Clover ha salido de casa, sólo ha podido hacerlo por esta puerta y la cámara de ahí ha tenido que grabarlo por narices —señaló a una esquina del techo.
—He revisado desde la última vez que Clover estuvo sin duda en su casa. Ayer por la tarde se ve a Brey recibiendo la visita de un asistente social.
—Oh, sí —apuntó Eliam—. Brey me dijo esta mañana que le mandaron ayer un sustituto porque le habían notificado que nuestra asistente actual no lo podía visitar hoy.
—Cleven me contó ayer por mensajes que la visita había ido bien —continuó Kyo—. Y desde que se marchó ese asistente, no ha habido ni una sola persona más saliendo o entrando por la puerta de Brey hasta ahora, excepto Brey saliendo hace menos de una hora, con su equipamiento para la misi-ooh… para el recado en la universidad —se corrigió rápidamente, mirando con cuidado a Daisuke en los brazos de su hermana—. Y al poco rato ha salido Cleven con su bolsa de natación. Aunque no se ha visto a Agatha entrar…
—No he usado la puerta… pero he debido de llegar pocos minutos después de que Cleventine se marchara —dijo la anciana—. Esto no es posible… No está en toda la casa. Las ventanas siguen cerradas con el sistema de seguridad. Y no ha salido por la puerta. Daisuke, cielo. Dime, ¿tu hermana sabría abrir el pestillo de seguridad de las ventanas o del balcón?
—No. Ni siquiera con todas nuestras fuerzas podemos abrirlos. Papá ya nos dijo que lo intentáramos, y lo intentamos y no pudimos. Solamente podemos abrirlas de la forma vertical… de la forma que sólo se queda abierta un poquito en la parte de arriba para que nada más entre el aire.
—Y aunque hubiera podido abrir alguna —añadió Mei Ling—, mi abuelo le instaló a Brey el sistema de seguridad para niños. Si el sistema detecta que un niño está subido a la repisa de una ventana abierta, al instante despliega una red tapando todo el hueco de la ventana. Y en la terraza del salón sucede lo mismo en la barandilla.
—¿Qué única opción queda de todo esto, entonces? —preguntó Eliam, alzando las manos con incomprensión.
Todos miraron a Kyo, esperando de él un análisis iris más desarrollado. Kyo se dio cuenta de sus miradas, y se quedó pensativo.
—Mei. ¿Has ido a ver la cama de Clover? —le preguntó a su hermana, y esta asintió—. Descríbela.
—Bueno, esto os parecerá raro, pero por lo visto Daisuke encontró que el bulto bajo el edredón eran unos cuantos peluches apilados, y sobre la almohada había una peluca negra, de un disfraz de Halloween.
—¿Por qué decís que es raro? —inquirió Eliam—. Parece que Clover puso esas cosas ahí adrede para engañar y poder escaparse.
—No —objetó Mei Ling tajantemente—. Clover nunca haría eso. Jamás haría un engaño así adrede.
—¿Cómo estás tan segura? Quizás Clover estaba enojada con alguien, con su padre, con su hermano, o con Cleven… No sería la primera niña que se escapa o finge escaparse para expresar su enojo. Y no suelen ir muy lejos, los niños de esa edad no se atreven a alejarse demasiado. Puede que haya ido a la casa de algún otro vecino.
—Te aseguro que nadie ha cruzado esta puerta desde ayer hasta que Brey salió esta mañana temprano —aseveró Kyo.
—Y por muy enfadada que esté con cualquier persona, yo te aseguro que Clover jamás le haría algo así a Daisuke —dijo Mei Ling con firmeza.
—¿Y si…? —de repente Daisuke levantó la cabeza de su hombro—. ¿Y si es por tristeza y no por enfado? —Los demás lo miraron sin entender—. Clover ha estado muy triste desde el viernes. Y es porque Jannik ha dejado de ser su amigo. Clover estaba muy feliz cuando Jannik era su amigo.
—¿El pequeño Knive, el hijo de Viggo? —murmuró Agatha, sorprendida de aprender este dato. Pero luego puso una mueca algo escamada. No pudo evitarlo, su primer pensamiento fue sospechar de Jannik. Pero porque, al igual que Denzel, conservaba aún bastantes prejuicios sobre los Knive, fueran de la rama que fueran.
—No, Dai, cariño, te prometo que Clover nunca lo haría —lo consoló Mei Ling—. Ella me lo dijo una vez. No importa lo furiosa que esté, no importa si tiene miedo o tristeza; jamás se alejaría de ti sin decírtelo.
Los dos humanos y la taimu volvieron a mirar a Kyo, expectantes, quedándose sin ideas. Entonces, el joven Lao los miró seriamente.
—Sólo hay dos opciones posibles dentro de la lógica. O se la ha llevado Denzel mediante teletransporte, o se la ha llevado alguien que ha sido capaz de abrir desde fuera alguna ventana.
—¿Denzel? ¿Pero qué disparate dices? —protestó su hermana.
—¡Cierto! Denzel no haría algo tan cruel —saltó Eliam—. Llevarse a una niña humana de 5 años es pura malicia.
A pesar de las quejas de Mei Ling y Eliam, Kyo no apartaba una mirada seria de Agatha, esperando de ella una opinión con criterio. Cuando Mei Ling y Eliam se dieron cuenta, se quedaron callados, y miraron a Agatha con las mismas expresiones de espanto.
—¿Agatha? —le preguntó enseguida Mei Ling, con un tono preocupado y cuidadoso—. Denzel no haría… él nunca… ¿verdad?
—Querida, la mente de un taimu siempre va a ser un abanico de posibilidades imprevisibles oscilando entre el bien y el mal, mientras estemos a total merced de los dioses tanto del Yin como del Yang —contestó Agatha con calma, pero denotando en el fondo esa rabia contra los dioses con la que cargaba desde hace siglos—. Aun así. Denzel no ha sido. Ni siquiera aunque los dioses le hubieran controlado mentalmente. Así que los dioses tampoco han sido.
—¿Por qué estás tan segura?
—Porque tanto Denzel como los dioses saben perfectamente lo que estos niños significan para mí. Nadie más que ellos lo sabe mejor, cielo. Vosotros creéis que lo sabéis, pero no tenéis ni idea… de lo que yo haría si me entero de que los dioses han utilizado a mi descendiente para raptar o hacerle el más mínimo daño a cualquiera de estos dos niños.
Los otros tres se quedaron helados y tragaron saliva ante esa declaración. No lo cuestionaron. Porque Agatha podía parecer por fuera una anciana amable, amorosa y servicial, pero, igual que ocurría con Denzel, nadie en su sano juicio querría hacer enfurecer a un taimu. Ni siquiera los dioses.
—Creo que Kyosuke tiene razón —añadió la inglesa—. Se la ha llevado alguien. No Denzel. Pero sí alguien con capacidades o habilidades sobrehumanas, de alguna forma. Y por supuesto con maldad.
—¿Quién entra en esa posibilidad? —preguntó Eliam.
—Un Knive o un arki —contestó Agatha con seguridad.
En ese momento, Kyo abrió los ojos con pasmo. Contuvo la respiración para no hacer oír un respingo de horror, cuando recordó el suceso de anoche de madrugada, cuando recordó que Viernes y su ARS se habían convertido oficialmente en traidores de la Asociación, que todas las sospechas de las últimas semanas apuntaban a su posible relación con Izan, y sobre todo, cuando Drasik le comentó de camino a casa que mientras él y Sakura estaban inconscientes, había visto a Viernes y a sus subordinados desaparecer de la escena tras hacer contacto físico con una niña extraña que había aparecido de la nada, y el modo de esfumarse era igual al teletransporte que Agatha y Denzel tenían el poder de efectuar.
En aquel momento, Kyo se detuvo en seco delante de su amigo. Le preguntó qué aspecto tenía esa niña, y Drasik le describió lo que más destacaba en ella, ir con un gorro tapándole media cabeza incluyendo los ojos, y un mechón de pelo blanco entre el resto de un largo cabello negro. Esto le trajo a Kyo una revelación. Él había visto a esa niña en dos ocasiones al comienzo del curso. Era la razón por la que lo castigaron al despacho del director, creyendo que Kyo se había metido en peleas con otros chicos en las inmediaciones del instituto, cuando en esas ocasiones lo que estaba haciendo era proteger a esa niña extraña del acoso de unos abusones.
No entender qué hacía esa niña de aspecto raro y sin uniforme merodeando por los alrededores del instituto dos veces en pocos días le llevaba escamando desde entonces, como si su iris le dijera que mantuviera la sospecha.
«¿Y si estaba ahí esperando a alguien de mi instituto? Si es la misma niña de ayer que dice Dras… y está al servicio de la ARS… ¿Es posible que cuando la vi en esas ocasiones hace unas semanas ya tuviera relación con Kaoru y Taiya? ¿Los estaría esperando, para llevarlos a algún sitio? Porque si lo que Drasik vio ayer es cierto… esa niña, por su aspecto y por lo que puede hacer… tiene que ser una taimu. Dios… y entre medias de todo esto ocurre el salto en el tiempo de los hijos de Denzel. ¿Ha hablado Denzel ya con Agatha de ello? Pero no entiendo si algo de esto tiene algo que ver con la desaparición de Clover… Están pasando muchas cosas en estos días, hay demasiadas piezas que aún no sabemos unir. Mierda… tengo órdenes de no hablar de lo de anoche a nadie hasta que Sakura informe a Pipi».
—Pero vamos a ver, ¿¡qué querría un Knive o un arki de Clover!? —exclamó Mei Ling, cada vez más alterada—. ¿¡Por qué querría alguien, quien sea, llevarse a una niña humana inocente!? Tampoco es que Brey sea millonario…
—¡Quizás para tenderle a Brey una trampa! —brincó Eliam—. Piénsenlo. Es uno de los iris más poderosos del mundo. Quizás lo quieran obligar a ir a rescatar a Clover a algún lugar y atacarlo y derrotarlo, o llevarse algo que él guarde, algún arma…
—¿Quién quiere atacar a mi papá? —preguntó Daisuke de repente, lleno de miedo.
Eliam se tapó la boca enseguida.
—Nooo, no, no, Dai, no es eso —lo calmó Mei Ling rápidamente, llevándoselo otra vez dentro de la casa para alejarlo de estas conversaciones que no debería oír—. Nadie quiere atacar a tu papá. No te preocupes, tenemos de nuestro lado a los mejores héroes e investigadores del mundo que ya han salvado a cientos de niños antes, y encontrarán a Clover sana y salva, ya verás…
—Perdón… —lamentó Eliam, cerrando los ojos y ladeando la cabeza.
—Tranquilo. Pero no vas desencaminado —caviló Kyo—. Si hay un Knive o un arki detrás de esto, primero: tenemos que confirmar cuál de los dos es, porque son seres muy diferentes. Y a partir de ahí, averiguar el maldito motivo.
—Vamos a necesitar toda la ayuda posible —dijo Agatha, que todavía sostenía el móvil en su mano con Yako al otro lado de la línea.
—“Voy para allá” —declaró el Zou finalmente, y colgó.
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