2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __
A las cuatro de la tarde, a pesar de que ya habían acabado las clases hace mucho rato, Cleven estaba pasando un rato agradable con Kyo, Nakuru, Raven y Álex, sentados los cinco en la hierba de una zona arbolada y charlando. Faltaba Drasik. Él, al salir de las clases, se había desviado diciendo que iba un momento al baño, pero no había vuelto a dar señales en todo ese rato.
—Se habrá encontrado con Sakura —opinó Cleven, cuando Kyo comentó esto un tanto extrañado—. Esa petarda tan creída… Pero que, sin embargo, me cae de maravilla, porque se lleva arrastrando a Drasik con ella siempre que puede. Ahora el idiota no me da tanto la lata como antes, con ella de por medio.
—Pobre Drasik —se rio Álex—. No seas cruel, si estaba coladito por ti no es su culpa. Cuando una chica guapa te entra por los ojos... caes en la perdición —se rio, agarrándose al brazo de Nakuru, la cual se sonrojó y miró al suelo vergonzosa—. Además, no es tan malo. Las pocas veces que he estado cerca de él, Drasik me mata de la risa. Cuando él y tú os chincháis el uno al otro, es superdivertido.
—Pse… Ese chalado se cuela por todas las chicas cada día. Todos son iguales —masculló Cleven, pero en ese momento se cruzó con la mirada de Kyo—. Bueno, no todos. Mira Kyo —le dijo a Álex—. Tan educado, tranquilo y sensato...
—Me halagas —sonrió el chico.
—Puf, te falta por conocerlo —intervino Nakuru, socarrona—. No creas que Kyo es así todo el tiempo.
—¿En serio? ¿Kyo puede tener mal carácter?
—Ya te digo, ha heredado el carácter de su abuelo cuando se enfada —apuntó Nakuru.
—Ah, el viejo que trabaja con mi padre, ¿no? El vicepresidente de su empresa.
—Sí, bueno… —titubeó Kyo, nervioso, pensando que no era buena idea hablar mucho de estas relaciones familiares. Además, también le parecía algo injusto para Cleven, aunque ella no lo supiera, estar hablado del viejo Lao como el “abuelo de Kyo” cuando también era el abuelo de Cleven.
—¿Qué, el viejo Lao da mucho miedo? —se sorprendió Cleven—. He tratado muy poco con él, apenas intercambiamos algún saludo y algunas palabras en la cena de empresa que mi padre celebra cada Navidad en Hoteitsuba, y siempre me ha parecido un señor de lo más divertido y simpático. ¿Él no es así, Kyo? Creo que yo le caigo muy bien.
—¡Oh! Mira, Cleven —brincó Álex de repente, sacando de su mochila un teléfono móvil nuevecito—. Me acabo de comprar un Hotei. Este móvil lo fabrica tu padre, ¿no? Y tu abuelo también, ¿no, Kyo? ¡Alucino con lo bueno que es para el precio que tenía! Y me voy a comprar un ordenador nuevo también de Hotei, ya lo tengo elegido. No puedo creer que tenga toda esa memoria y esa RAM y ese procesador por un precio tan asequible.
—Que no te sorprenda —sonrió Kyo—. Hoteitsuba es la única empresa tecnológica que se preocupa más por darle a la gente lo mejor que por enriquecerse. Sobre todo porque es la única que sabe hacer las cosas con el más bajo coste de producción, ya que la propia maquinaria que tienen para fabricar las piezas y los dispositivos es la más rápida y eficaz. Mi abuelo dice que esa es la ley con la que Neuval Vernoux rige la empresa.
—¿En serio? —Álex miró a Cleven con ojos de gran admiración—. Tu padre debe de ser una maravilla de persona, Cleven. Y alguien superinteresante.
—Bueno… —titubeó Cleven, dándose cuenta de que no lo había visto desde ese punto de vista o del punto de vista de otra persona—. Supongo que hace muy bien su trabajo y se preocupa por las personas. Pero también es muy plasta.
—Sí, ya —rio Álex—. Seguro que no es más plasta que mi padre.
—Te lo aseguro, mi padre es superplasta —insistió Cleven con vehemencia—. No me dejaba hacer nada y estaba siempre controlándome.
—¡Anda ya! —saltó Álex—. ¡Pues igual que el mío! Acabo de mudarme aquí desde España para vivir con él, por primera vez desde mi infancia, y ya desde el primer día era “¿qué haces, qué comes, adónde vas, con quién vas, a qué hora vuelves…?”
—¡Pues imagínate al mío haciéndome eso mismo durante años! —refunfuñó Cleven.
Kyo y Nakuru se miraron de reojo. No sabían si reírse o decir algo al respecto. Les resultaba gracioso que Álex y Cleven estuvieran despotricando de sus respetivos padres, sin saber que ambos eran mejores amigos desde la infancia, casi como hermanos, y dos de los mejores Líderes de la Asociación.
—Pero tu padre, al menos, te ha dejado quedarte a vivir con tu tío y te está dando más espacio, ¿no? —le preguntó Álex—. Eso es una muestra de que ahora confía más en ti.
—Ya… bueno… —balbució Cleven, sonriendo un poco y encogiéndose de hombros—. Eso es verdad. La verdad es que noto a mi padre mejor que antes, es decir, con mejor humor y más cercano… y eso me gusta.
Nakuru y Kyo sonrieron para sus adentros, pensando ambos lo mucho que a Neuval le gustaría oír eso. En un momento de silencio, se hizo más evidente el silencio de Raven. La gal llevaba ya mucho rato sin abrir la boca y distraída de la conversación de los otros, y eso era muy inusual en ella.
—¡Bu! —la asustó Nakuru.
—¡Ah! —saltó Raven—. Jo, Nak, que estas cosas estropean el cutis.
—Llevas toda la tarde en las nubes —le dijo Nakuru.
—Ya, bueno... Es que pienso en cosas, y se me va la cabeza —sonrió inocentemente.
Álex, Kyo, Cleven y Nakuru cruzaron miradas cómplices. A Raven se le veía un poco el plumero. Sabían que estaba pensando en Sam. Ella nunca había ido a la cafetería hasta ayer, y como Sam llegó algo tarde a su turno, nada más fue verlo y a Raven le entró en los ojos como un caramelo.
De pronto sonó el móvil de Cleven.
—Ah, es mi tío —dijo, descolgando—. ¿Sí? ¿Ajá? Mm… Sí, sin problema, cuenta conmigo —y colgó, mirando a los demás y poniéndose en pie—. Tengo que irme, Raijin necesita que me haga cargo un rato de los mellizos mientras él va a hacer un trámite a la universidad.
—Vaya, veo que ya sois como uña y carne —sonrió Nakuru.
—Desde luego, es la primera vez en cinco años que veo a Raijin confiando en alguien que no es Yako ni Agatha para hacerse cargo de los niños —dijo Kyo, con ojos perplejos. «Y eso que mi hermana es quien más le ofrece su ayuda, pero el terco de Raijin siempre la rechaza» pensó para sus adentros, «Ya podría Raijin ser un poco más amable con mi hermana, que a veces parece que le tiene miedo o algo. Siempre se pone nervioso cuando ella es amable con él».
—Ah, ¿sí? —se sorprendió Cleven, sonrojándose con vergüenza al sentirse tan importante y especial para su tío, pero recobró la compostura—. ¡Bueno! Después de estar con los niños, ¡me iré un rato a la cafetería! —exclamó Cleven de repente—. ¿Quién se apunta?
—Yo… no sé… —titubeó Raven—. Quizá… tal vez…
—Álex y yo ya hemos quedado para luego, después de su entrenamiento de kickboxing —contestó Nakuru—. Al cual tienes que ir ahora, lobita —le dijo a su novia, mirando el reloj.
—Yo tenía plan de ir con Drasik ahora —dijo Kyo—. Lo voy a esperar un rato más, si se decide a dar señales de vida dondequiera que esté.
—Vale. Pues Raven, te doy un toque cuando vaya, por si te decides a venir. Kyo, nos vemos luego allí en la cafe. Álex, ¿también vas a la parada de bus?
—Sí, me voy contigo. Adiós, roquita —dijo esta, despidiéndose de Nakuru con un beso.
—Oye, ¿qué tal es eso del kickboxing? —le preguntó Cleven a Álex con curiosidad mientras ambas se marchaban de allí.
Kyo, Nakuru y Raven se quedaron ahí solos en los jardines del instituto. Nakuru fue a decirle a la californiana que se dejara de tonterías y timideces y se fuese luego a la cafetería con Cleven, pensando que Raven no se atrevía porque sentía un flechazo por Sam y le daba vergüenza. Sin embargo, sonó el móvil de Kyo, rompiendo el silencio, y el chico leyó un mensaje de su abuelo: “Estoy en la esquina de la calle, junto al muro del instituto. Reúnete conmigo”.
—Oh… —se extrañó el chico, y se levantó de la hierba—. Disculpadme, chicas, tengo que salir un momento.
Ellas asintieron, y Kyo cruzó el patio y la verja hacia la calle. No tardó en encontrar al viejo Lao ahí en la esquina, con su traje de trabajo y un grueso y elegante abrigo de tela encima.
—¿Qué hay, abuelo? ¿Qué pasa?
—Kyo, quiero que vayas ahora a la cafetería a hacer un recado, antes de nuestra reunión familiar en el cementerio.
—Oh… Bueno, es que estaba esperando a Drasik…
—Es importante. Este mediodía, Brey ya me informó de todo lo que sabe sobre este nuevo asunto insólito que acaba de ocurrir con los hijos de Denzel y su salto en el tiempo y todo lo que Denzel os explicó esta mañana, para que estemos toda la KRS al tanto.
—Sí, pero Denzel nos ha dicho que no quiere que nos involucremos.
—No quiere que lo ayudemos a investigar y averiguar por qué ha pasado, cómo y quién está detrás, pero sí nos ha pedido ayuda, al menos, en estar atentos por si hallamos a otro de sus hijos perdidos o sospechamos de alguien que pueda serlo y avisarle. Esta mañana tu tío Neu se metió en uno de sus líos, pero tranquilo, ya lo ha arreglado, y en medio del lío, encontró a una hija de Denzel. Él apareció justo después en compañía de otros dos de sus hijos, los que Brey ya me mencionó.
—¡Ah! ¿Entonces Denzel ya está con tres de ellos? —se alegró Kyo—. Falta encontrar a cinco, entonces.
—Le he contado todo a Pipi, para que su SRS se sume a la ayuda sobre este tema. Hoy Neuval ha tenido un día de locos, así que he estado yo discutiendo con Pipi sobre este asunto, y ambos estamos de acuerdo en que debe llegar a oídos de Alvion.
—Pero Denzel tampoco quiere que Alvion se involucre…
—Lo sé. Por eso, solamente se trata de informarle, para que esté al tanto. Por mucho que Denzel quiera resolver esto él solo, nosotros como iris debemos velar siempre por las opciones más seguras y óptimas para todos, y vemos necesario que, por ahora, al menos un grupo de personas estén enteradas del suceso. Si la cosa se torciera y Denzel necesitara una ayuda inmediata, tendrá por lo menos a dos RS y a Alvion preparados para actuar.
—Entiendo.
—No obstante, Pipi me ha advertido de algo. Me ha pedido que no hablemos más de este tema por teléfono ni por mensajes. Por eso he venido en persona a hablarte de esto.
—¿Por qué Pipi dice eso?
—No ha querido explicármelo, todavía. Solamente me ha dicho que no se fía de que otras RS puedan espiar nuestras llamadas y mensajes usando el poder de sus iris Hosha, que son los únicos en el mundo capaces de interceptar llamadas y mensajes sin importar cuántos mecanismos de seguridad y cifrados les pongamos.
—¿Pipi desconfía de otras RS hasta ese punto? Pero esto es un asunto importante, en el que cualquier iris reconocería su deber de ayudar. Esto ya no es robarle el pergamino a otra RS por simple competencia.
—Kyosuke. Pipi es el Líder de la SRS de Hideki por una razón. Lo conozco desde que era un mocoso de 12 años, y tiene el instinto más afilado que conozco. Por eso, si él dice que no se fía, mejor hacerle caso. Por lo tanto —suspiró el viejo, retomando el punto importante—, alguien tiene que ir a informar a Alvion, en persona, de todo lo que sabemos hasta ahora de la situación de Denzel y sus hijos. Y ese alguien va a ser Yako.
—Abuelo… —puso una mueca incómoda—. A Yako le va a dar un infarto de disgusto si le decimos eso.
—Bueno. Yako quiere ser un iris igual al resto y servir en nuestra KRS como hacemos los demás, pues tendrá que acatar órdenes como todos los demás. Tú que puedes ir a la cafetería ahora mismo, le informarás de esto y le darás esta orden de mi parte. Debe ir cuanto antes.
—¿Por qué Yako y no otro? —quiso saber.
—Porque Yako pasó la noche entera con el mayor de los hijos de Denzel, porque está bien enterado de todo y porque es el único que puede darle esta información tan confidencial a Alvion en la mitad de tiempo que cualquier otra persona y con total seguridad —le respondió sin más, pero Kyo frunció el ceño, sin entender eso último—. Un iris normal tendría que recorrer más camino, pasar por más barreras y respetar más turnos de espera y burocracia hasta verse con Alvion —le aclaró—. Yako sabe saltarse todo eso.
—Ya veo. Hmm… —resopló el chico con desánimo—. Está bien. Me marcho, entonces, a darle la mala noticia… —se fue caminando calle arriba, alicaído.
—Exagerados —bufó Lao, negando con la cabeza—. Dile a Yako que no llore tanto. ¡Y no llegues tarde hoy al cementerio! —le dijo antes de perderlo de vista, y se fue por otro camino.
Ya sólo quedaban Nakuru y Raven en los jardines junto al edificio del instituto, y se quedaron conversando, aunque la estadounidense seguía con esa rara actitud distraída. Nakuru la había visto colarse por otros chicos antes y volverse así de desubicada, flotando entre las nubes, pero esto era más fuerte que otras veces. De hecho, Nakuru, mientras la observaba con su mente analítica de iris, le pareció, por un instante, que más que estar en la nubes pensando en un chico, Raven estaba muy preocupada por algo. Por supuesto, fue a preguntarle sobre ello, pero de pronto un portazo las sobresaltó a ambas.
Acababa de salir del edificio Sam, y a juzgar por el golpe que dio al cerrar la puerta y por las zancadas apresuradas que daba al andar, parecía muy alterado.
—¡Hey, Sam! —lo llamó Nakuru cuando pasó cerca de ellas por el camino baldosado del patio, bastante perpleja de verlo con esa actitud, porque no era nada normal en él.
Raven dio un respingo de apuro cuando su amiga lo llamó, y miró para los lados, nerviosa, sin saber cómo reaccionar. Sam, al oír a su compañera, se acercó hasta ellas también a zancadas, colocándose la mochila bien sobre el hombro.
—Qué —espetó el chico, con una mirada tan severa como su tono.
—Oh… —se estremeció Nakuru—. Nada, disculpa… sólo quería preguntarte si estabas bien.
—Hah… —suspiró Sam, cerrando los ojos, intentando mostrarse más calmado—. Perdona. No es nada, no te preocupes. Tengo…
Sam se calló y se dio un pequeño susto, pues Raven de repente se había puesto en pie de un salto, y en su cara destacaban esos ojos negros abiertos como platos, clavados y estáticos sobre él. La chica sostenía entre sus manos el asa de su mochila rosa, y la retorcía, tímida, inquieta, ansiosa… Era como si deseara decirle algo, o coger algo de su mochila y dárselo, pero no se decidía…
—¿Y a esta qué le pasa? —preguntó Sam, ya extrañado, porque ya vio a Raven comportándose como una chalada ayer también en la cafetería—. ¿Te puedo ayudar en algo?
—Mmme parece que Rav solamente necesita un tiempo para poner en orden sus pensamientos —intervino Nakuru enseguida, en ayuda de su amiga, levantándose junto a ella—. Está un poco estresada últimamente, ya sabes, vienen los exámenes…
—Ya, bueno… Me tengo que ir al curro —dijo Sam sin más, dando media vuelta, y se marchó.
—Fuff… —resopló Nakuru con alivio—. De verdad, Raven, qué complicado te lo pones —le sonrió—. No tengas tanto miedo de hablarle, Sam no muerde ni nada…
La Suna dejó de hablar, porque se dio cuenta de que Raven tenía una expresión de miedo en el rostro, pero no de un miedo inofensivo y natural por timidez amorosa, sino un miedo real.
—¡Rav! —exclamó Nakuru, preocupada y sorprendida—. Pero… ¿estás bien? ¿Qué te pasa?
—Nak, lo siento… —contestó ella, poniéndose la mochila y recogiendo su abrigo del suelo—. Me… ¡Me había olvidado de que tenía una cita con el dentista, tengo que irme, no pasa nada, chao!
La Suna se quedó contrariada, mientras veía a Raven irse corriendo por otra dirección por la calle. «¿Qué le pasa a esta chica?» se preguntaba, poniendo los brazos en jarra. «En fin. Me he quedado sola… Supongo que no me queda más remedio que matar el tiempo hasta que quede con Álex. Quizá me ponga a patrullar por el distrito a ver si algún humano necesita ayuda. La verdad es que tengo ganas de patearle el trasero a algún delincuente…».
Nakuru recogió sus cosas del suelo. Por eso, al darse la vuelta, nada más volver a levantar la vista, se llevó otra sorpresa, porque encontró a Drasik caminando por los jardines laterales del recinto. Venía por un camino que conducía al edificio polideportivo que se ubicaba detrás del edificio principal del instituto, e iba solamente vestido con los pantalones marrones del uniforme. Tenía el pelo mojado, y su tronco desnudo también, sin afectarle en absoluto el hecho de que ahora mismo hacía 5 grados centígrados. Llevaba colgando de un brazo la camisa y el jersey del uniforme y su mochila de libros, y estaba ocupado tratando de colocar bien la camisa con las manos para ponérsela.
—¡Dras! —exclamó Nakuru, contrariada.
El chico, oyéndola a unos treinta metros, se paró en seco y la miró como con susto. No se esperaba encontrarse con nadie por esa zona arbolada a esas horas. Rápidamente, puso su mejor sonrisa, mientras se ponía la camisa a toda prisa, y procuró sujetar el jersey de manera que tapase bien su antebrazo derecho. Se acercó a su compañera con naturalidad.
—Hey, hola.
—¿“Hey, hola”? —protestó Nakuru, haciendo un gesto de reproche—. ¿Has estado en el instituto todo este rato? ¿Has estado en la piscina cubierta hasta ahora? No nos has dicho nada, creíamos que te habías marchado.
—Ya… es que… —se rascó la cabeza con la mano izquierda, sonriendo inocente—. Lo siento, ha sido una pequeña emergencia.
—Oh… —comprendió Nakuru perfectamente a qué se refería—. La verdad es que te había notado bastante agobiado después de las clases… ¿Te has ido a la piscina a meditar? ¿Has estado bajo el agua una hora entera?
—Sí, pero tranquila. Ya sabes… Sólo ha sido un episodio de agobio, nada más, ya sabes que a veces me dan, sobre todo cuando vienen exámenes y esas cosas…
Nakuru no dijo nada. No podía hacer otra cosa que observar a Drasik, mirarlo a los ojos y percibir con claridad que no estaba siendo del todo sincero con ella. Nakuru tenía la esperanza de que el regreso de Neuval a la KRS y el regreso de la KRS a la acción con una nueva misión antiterrorista serían motivo suficiente para animar a Drasik. Sin embargo, llevaba semana y media con estos incesantes cambios de ánimo.
Nakuru no quería creer que Drasik siguiera dándole vueltas al asunto de Cleven, al hecho de descubrir que era la hija de Fuujin y de no conseguir todavía recordar nada de ella del pasado, cuando los demás sí tenían recuerdos de ella del pasado. Nakuru temía que Drasik pudiera estar dándose cuenta de que su memoria sufrió un borrado muy diferente al de los demás. Pero él no debía conocer el motivo bajo ningún concepto, Neuval no quería, y por una razón de peso.
No obstante, Drasik ya había tenido etapas de cambio de humor otras veces antes, debido a su pequeño majin, síntoma normal de un majin de grado I, y se le acaba pasando solo. Por eso, Nakuru se aferró a la creencia de que esta vez era otra etapa pasajera y que Drasik no estaba así por ningún motivo en especial. Quería confiar en que él sería sincero con ella.
La Suna se tranquilizó y le sonrió a su compañero de vuelta. Aunque miró de reojo su brazo derecho. Drasik sujetaba su jersey en el antebrazo, y Nakuru vio que más que tener el puño simplemente cerrado, lo estaba apretando con fuerza, en tensión.
—Sabes que puedes hablar conmigo de cualquier cosa, ¿verdad? —le dijo ella—. Y con Kyo. Ya sabemos que eso de tener un majin I es un fastidio a veces, y no te queremos dar la brasa para nada. Solamente que sepas que estamos ahí.
Drasik se quedó callado unos segundos, serio, mirándola fijamente.
—Claro que lo sé —sonrió de repente—. Tranqui, Nak, ya estoy mucho mejor. Sólo necesitaba eso, sumergirme en el agua un rato a solas y reubicarme.
—Creía que en este tipo de situaciones preferías ir al mar.
—Ah, sí… Bueno… Es que como ahora la piscina cubierta está cerrada y no podía entrar absolutamente nadie, he aprovechado la ocasión. La piscina, cuando no hay nadie, es un agua muy agradable donde meditar, y está mucho más cerca que el mar, así que… —se encogió de hombros.
—Ya… —sonrió Nakuru—. Creo que Kyo se ha ido a la cafetería. Te estaba esperando para ir contigo, pero… si lo prefieres, yo me voy ahora a patrullar un rato la ciudad. Si tenemos suerte, podemos encontrar a algún ladrón atracando alguna tienda y darle un buen escarmiento —se pegó con el puño en la palma de la mano—. ¿Qué me dices?
—Hah… —se rio—. Me encantaría hacer un poco de patrulla, la verdad… pero… —miró distraído hacia otro lado—… tengo muchos deberes que acabar en casa. Este año quiero intentar ir mejor con los estudios y eso… Quizá me pase por la cafetería luego, no sé, depende de si termino los deberes a tiempo.
—Entiendo. Pues dale duro, Drasik —lo animó.
—No sé, Nak… En realidad, sigo un poquito depre. ¿Sabes lo que me haría sentir mejor? —la miró con pena.
—¿¡El qué, dime!? —brincó.
—Un abrazo y un besito con lengua —extendió los brazos y se acercó a ella poniendo morritos de pez, pero Nakuru le pegó en la tripa—. ¡Pugh!
—No empieces, pervertido —le dijo ella con enfado—. Qué payaso eres, Dras —dio media vuelta y se fue marchando a zancadas.
—¡Un besito y un abrazo de “hermana”! —se defendió él.
—¡Ya, claro, besito con lengua de hermana de la caridad!
—¡Vale, pues sin lengua! —insistió el chico.
Nakuru le hizo un corte de manga sin girarse siquiera y salió a la calle. Drasik sonrió. Al menos así Nakuru había dejado de preocuparse. Pero luego se le fue borrando la sonrisa, recuperando él mismo una expresión agotada y preocupada, mientras se miraba el antebrazo derecho, el cual seguía llevando cubierto por una venda, porque es donde tenía el tatuaje iris.
Casos como el suyo, los había, pero muy pocos. Fuujin lo había padecido, Izan lo había padecido, y algunos otros iris… El tatuaje que tenían los iris, al ser un Código Sensorial, tenía su forma de funcionar. Su principal cometido era ser un medio de comunicación sensorial entre los iris de una misma RS; si uno de los miembros sufría heridas de gravedad, los demás recibían una señal inmediata en sus tatuajes para que fueran a buscarlo y socorrerlo enseguida. También, podía emitir pequeños impulsos, para transmitir una simple llamada, como hizo Neuval para reunirse con la KRS en la Torre de Tokio, o el Líder de la MRS para llamar a sus otros compañeros cuando creyó que Kyo le había dado el pergamino real.
Por otro lado, había otro tipo de reacción, que más bien era un efecto secundario imprevisto y que solamente habían mostrado esos otros pocos iris. El tatuaje iris encerraba en su centro el kanji del elemento de su dueño, pero era además el centro sensorial conectado con el iris de su dueño. Y raramente sucedía que, cuando un majin estaba aumentando de grados de una forma preocupantemente errática y veloz, y no uniforme y gradual como era lo común, el kanji en el centro del tatuaje comenzaba a sangrar un poco.
Drasik ya llevaba semana y media vendándose el antebrazo para esconder este sangrado. Y no hacía más que repetirse a sí mismo una y otra vez que sólo era un síntoma pasajero, un simple desajuste energético de su iris que se iría con la meditación adecuada. Teniendo en cuenta que los iris, más que dominar un elemento, sentían y se comportaban como él, era algo habitual que en momentos de malestar o estrés se fuesen a hacer los ejercicios de meditación aprendidos en el Monte Zou en lugares donde predominase su elemento. Nakuru lo hacía sentándose en la arena de las costas o en yacimientos de rocas; Neuval flotaba por lo cielos más altos; Lao se iba a lugares muy soleados o calurosos…
Drasik se sumergía en las aguas. Y Nakuru tenía razón, él solía preferir el mar. Pero es que en el momento de salir de las clases, no era un simple agobio lo que sentía, sino una inminente explosión de algo insano, y la piscina estaba mucho más cerca. No le habría dado tiempo a llegar al mar.
Drasik quería convencerse a sí mismo de que no era nada, pero por dentro estaba cada vez más asustado.
A las cuatro de la tarde, a pesar de que ya habían acabado las clases hace mucho rato, Cleven estaba pasando un rato agradable con Kyo, Nakuru, Raven y Álex, sentados los cinco en la hierba de una zona arbolada y charlando. Faltaba Drasik. Él, al salir de las clases, se había desviado diciendo que iba un momento al baño, pero no había vuelto a dar señales en todo ese rato.
—Se habrá encontrado con Sakura —opinó Cleven, cuando Kyo comentó esto un tanto extrañado—. Esa petarda tan creída… Pero que, sin embargo, me cae de maravilla, porque se lleva arrastrando a Drasik con ella siempre que puede. Ahora el idiota no me da tanto la lata como antes, con ella de por medio.
—Pobre Drasik —se rio Álex—. No seas cruel, si estaba coladito por ti no es su culpa. Cuando una chica guapa te entra por los ojos... caes en la perdición —se rio, agarrándose al brazo de Nakuru, la cual se sonrojó y miró al suelo vergonzosa—. Además, no es tan malo. Las pocas veces que he estado cerca de él, Drasik me mata de la risa. Cuando él y tú os chincháis el uno al otro, es superdivertido.
—Pse… Ese chalado se cuela por todas las chicas cada día. Todos son iguales —masculló Cleven, pero en ese momento se cruzó con la mirada de Kyo—. Bueno, no todos. Mira Kyo —le dijo a Álex—. Tan educado, tranquilo y sensato...
—Me halagas —sonrió el chico.
—Puf, te falta por conocerlo —intervino Nakuru, socarrona—. No creas que Kyo es así todo el tiempo.
—¿En serio? ¿Kyo puede tener mal carácter?
—Ya te digo, ha heredado el carácter de su abuelo cuando se enfada —apuntó Nakuru.
—Ah, el viejo que trabaja con mi padre, ¿no? El vicepresidente de su empresa.
—Sí, bueno… —titubeó Kyo, nervioso, pensando que no era buena idea hablar mucho de estas relaciones familiares. Además, también le parecía algo injusto para Cleven, aunque ella no lo supiera, estar hablado del viejo Lao como el “abuelo de Kyo” cuando también era el abuelo de Cleven.
—¿Qué, el viejo Lao da mucho miedo? —se sorprendió Cleven—. He tratado muy poco con él, apenas intercambiamos algún saludo y algunas palabras en la cena de empresa que mi padre celebra cada Navidad en Hoteitsuba, y siempre me ha parecido un señor de lo más divertido y simpático. ¿Él no es así, Kyo? Creo que yo le caigo muy bien.
—¡Oh! Mira, Cleven —brincó Álex de repente, sacando de su mochila un teléfono móvil nuevecito—. Me acabo de comprar un Hotei. Este móvil lo fabrica tu padre, ¿no? Y tu abuelo también, ¿no, Kyo? ¡Alucino con lo bueno que es para el precio que tenía! Y me voy a comprar un ordenador nuevo también de Hotei, ya lo tengo elegido. No puedo creer que tenga toda esa memoria y esa RAM y ese procesador por un precio tan asequible.
—Que no te sorprenda —sonrió Kyo—. Hoteitsuba es la única empresa tecnológica que se preocupa más por darle a la gente lo mejor que por enriquecerse. Sobre todo porque es la única que sabe hacer las cosas con el más bajo coste de producción, ya que la propia maquinaria que tienen para fabricar las piezas y los dispositivos es la más rápida y eficaz. Mi abuelo dice que esa es la ley con la que Neuval Vernoux rige la empresa.
—¿En serio? —Álex miró a Cleven con ojos de gran admiración—. Tu padre debe de ser una maravilla de persona, Cleven. Y alguien superinteresante.
—Bueno… —titubeó Cleven, dándose cuenta de que no lo había visto desde ese punto de vista o del punto de vista de otra persona—. Supongo que hace muy bien su trabajo y se preocupa por las personas. Pero también es muy plasta.
—Sí, ya —rio Álex—. Seguro que no es más plasta que mi padre.
—Te lo aseguro, mi padre es superplasta —insistió Cleven con vehemencia—. No me dejaba hacer nada y estaba siempre controlándome.
—¡Anda ya! —saltó Álex—. ¡Pues igual que el mío! Acabo de mudarme aquí desde España para vivir con él, por primera vez desde mi infancia, y ya desde el primer día era “¿qué haces, qué comes, adónde vas, con quién vas, a qué hora vuelves…?”
—¡Pues imagínate al mío haciéndome eso mismo durante años! —refunfuñó Cleven.
Kyo y Nakuru se miraron de reojo. No sabían si reírse o decir algo al respecto. Les resultaba gracioso que Álex y Cleven estuvieran despotricando de sus respetivos padres, sin saber que ambos eran mejores amigos desde la infancia, casi como hermanos, y dos de los mejores Líderes de la Asociación.
—Pero tu padre, al menos, te ha dejado quedarte a vivir con tu tío y te está dando más espacio, ¿no? —le preguntó Álex—. Eso es una muestra de que ahora confía más en ti.
—Ya… bueno… —balbució Cleven, sonriendo un poco y encogiéndose de hombros—. Eso es verdad. La verdad es que noto a mi padre mejor que antes, es decir, con mejor humor y más cercano… y eso me gusta.
Nakuru y Kyo sonrieron para sus adentros, pensando ambos lo mucho que a Neuval le gustaría oír eso. En un momento de silencio, se hizo más evidente el silencio de Raven. La gal llevaba ya mucho rato sin abrir la boca y distraída de la conversación de los otros, y eso era muy inusual en ella.
—¡Bu! —la asustó Nakuru.
—¡Ah! —saltó Raven—. Jo, Nak, que estas cosas estropean el cutis.
—Llevas toda la tarde en las nubes —le dijo Nakuru.
—Ya, bueno... Es que pienso en cosas, y se me va la cabeza —sonrió inocentemente.
Álex, Kyo, Cleven y Nakuru cruzaron miradas cómplices. A Raven se le veía un poco el plumero. Sabían que estaba pensando en Sam. Ella nunca había ido a la cafetería hasta ayer, y como Sam llegó algo tarde a su turno, nada más fue verlo y a Raven le entró en los ojos como un caramelo.
De pronto sonó el móvil de Cleven.
—Ah, es mi tío —dijo, descolgando—. ¿Sí? ¿Ajá? Mm… Sí, sin problema, cuenta conmigo —y colgó, mirando a los demás y poniéndose en pie—. Tengo que irme, Raijin necesita que me haga cargo un rato de los mellizos mientras él va a hacer un trámite a la universidad.
—Vaya, veo que ya sois como uña y carne —sonrió Nakuru.
—Desde luego, es la primera vez en cinco años que veo a Raijin confiando en alguien que no es Yako ni Agatha para hacerse cargo de los niños —dijo Kyo, con ojos perplejos. «Y eso que mi hermana es quien más le ofrece su ayuda, pero el terco de Raijin siempre la rechaza» pensó para sus adentros, «Ya podría Raijin ser un poco más amable con mi hermana, que a veces parece que le tiene miedo o algo. Siempre se pone nervioso cuando ella es amable con él».
—Ah, ¿sí? —se sorprendió Cleven, sonrojándose con vergüenza al sentirse tan importante y especial para su tío, pero recobró la compostura—. ¡Bueno! Después de estar con los niños, ¡me iré un rato a la cafetería! —exclamó Cleven de repente—. ¿Quién se apunta?
—Yo… no sé… —titubeó Raven—. Quizá… tal vez…
—Álex y yo ya hemos quedado para luego, después de su entrenamiento de kickboxing —contestó Nakuru—. Al cual tienes que ir ahora, lobita —le dijo a su novia, mirando el reloj.
—Yo tenía plan de ir con Drasik ahora —dijo Kyo—. Lo voy a esperar un rato más, si se decide a dar señales de vida dondequiera que esté.
—Vale. Pues Raven, te doy un toque cuando vaya, por si te decides a venir. Kyo, nos vemos luego allí en la cafe. Álex, ¿también vas a la parada de bus?
—Sí, me voy contigo. Adiós, roquita —dijo esta, despidiéndose de Nakuru con un beso.
—Oye, ¿qué tal es eso del kickboxing? —le preguntó Cleven a Álex con curiosidad mientras ambas se marchaban de allí.
Kyo, Nakuru y Raven se quedaron ahí solos en los jardines del instituto. Nakuru fue a decirle a la californiana que se dejara de tonterías y timideces y se fuese luego a la cafetería con Cleven, pensando que Raven no se atrevía porque sentía un flechazo por Sam y le daba vergüenza. Sin embargo, sonó el móvil de Kyo, rompiendo el silencio, y el chico leyó un mensaje de su abuelo: “Estoy en la esquina de la calle, junto al muro del instituto. Reúnete conmigo”.
—Oh… —se extrañó el chico, y se levantó de la hierba—. Disculpadme, chicas, tengo que salir un momento.
Ellas asintieron, y Kyo cruzó el patio y la verja hacia la calle. No tardó en encontrar al viejo Lao ahí en la esquina, con su traje de trabajo y un grueso y elegante abrigo de tela encima.
—¿Qué hay, abuelo? ¿Qué pasa?
—Kyo, quiero que vayas ahora a la cafetería a hacer un recado, antes de nuestra reunión familiar en el cementerio.
—Oh… Bueno, es que estaba esperando a Drasik…
—Es importante. Este mediodía, Brey ya me informó de todo lo que sabe sobre este nuevo asunto insólito que acaba de ocurrir con los hijos de Denzel y su salto en el tiempo y todo lo que Denzel os explicó esta mañana, para que estemos toda la KRS al tanto.
—Sí, pero Denzel nos ha dicho que no quiere que nos involucremos.
—No quiere que lo ayudemos a investigar y averiguar por qué ha pasado, cómo y quién está detrás, pero sí nos ha pedido ayuda, al menos, en estar atentos por si hallamos a otro de sus hijos perdidos o sospechamos de alguien que pueda serlo y avisarle. Esta mañana tu tío Neu se metió en uno de sus líos, pero tranquilo, ya lo ha arreglado, y en medio del lío, encontró a una hija de Denzel. Él apareció justo después en compañía de otros dos de sus hijos, los que Brey ya me mencionó.
—¡Ah! ¿Entonces Denzel ya está con tres de ellos? —se alegró Kyo—. Falta encontrar a cinco, entonces.
—Le he contado todo a Pipi, para que su SRS se sume a la ayuda sobre este tema. Hoy Neuval ha tenido un día de locos, así que he estado yo discutiendo con Pipi sobre este asunto, y ambos estamos de acuerdo en que debe llegar a oídos de Alvion.
—Pero Denzel tampoco quiere que Alvion se involucre…
—Lo sé. Por eso, solamente se trata de informarle, para que esté al tanto. Por mucho que Denzel quiera resolver esto él solo, nosotros como iris debemos velar siempre por las opciones más seguras y óptimas para todos, y vemos necesario que, por ahora, al menos un grupo de personas estén enteradas del suceso. Si la cosa se torciera y Denzel necesitara una ayuda inmediata, tendrá por lo menos a dos RS y a Alvion preparados para actuar.
—Entiendo.
—No obstante, Pipi me ha advertido de algo. Me ha pedido que no hablemos más de este tema por teléfono ni por mensajes. Por eso he venido en persona a hablarte de esto.
—¿Por qué Pipi dice eso?
—No ha querido explicármelo, todavía. Solamente me ha dicho que no se fía de que otras RS puedan espiar nuestras llamadas y mensajes usando el poder de sus iris Hosha, que son los únicos en el mundo capaces de interceptar llamadas y mensajes sin importar cuántos mecanismos de seguridad y cifrados les pongamos.
—¿Pipi desconfía de otras RS hasta ese punto? Pero esto es un asunto importante, en el que cualquier iris reconocería su deber de ayudar. Esto ya no es robarle el pergamino a otra RS por simple competencia.
—Kyosuke. Pipi es el Líder de la SRS de Hideki por una razón. Lo conozco desde que era un mocoso de 12 años, y tiene el instinto más afilado que conozco. Por eso, si él dice que no se fía, mejor hacerle caso. Por lo tanto —suspiró el viejo, retomando el punto importante—, alguien tiene que ir a informar a Alvion, en persona, de todo lo que sabemos hasta ahora de la situación de Denzel y sus hijos. Y ese alguien va a ser Yako.
—Abuelo… —puso una mueca incómoda—. A Yako le va a dar un infarto de disgusto si le decimos eso.
—Bueno. Yako quiere ser un iris igual al resto y servir en nuestra KRS como hacemos los demás, pues tendrá que acatar órdenes como todos los demás. Tú que puedes ir a la cafetería ahora mismo, le informarás de esto y le darás esta orden de mi parte. Debe ir cuanto antes.
—¿Por qué Yako y no otro? —quiso saber.
—Porque Yako pasó la noche entera con el mayor de los hijos de Denzel, porque está bien enterado de todo y porque es el único que puede darle esta información tan confidencial a Alvion en la mitad de tiempo que cualquier otra persona y con total seguridad —le respondió sin más, pero Kyo frunció el ceño, sin entender eso último—. Un iris normal tendría que recorrer más camino, pasar por más barreras y respetar más turnos de espera y burocracia hasta verse con Alvion —le aclaró—. Yako sabe saltarse todo eso.
—Ya veo. Hmm… —resopló el chico con desánimo—. Está bien. Me marcho, entonces, a darle la mala noticia… —se fue caminando calle arriba, alicaído.
—Exagerados —bufó Lao, negando con la cabeza—. Dile a Yako que no llore tanto. ¡Y no llegues tarde hoy al cementerio! —le dijo antes de perderlo de vista, y se fue por otro camino.
Ya sólo quedaban Nakuru y Raven en los jardines junto al edificio del instituto, y se quedaron conversando, aunque la estadounidense seguía con esa rara actitud distraída. Nakuru la había visto colarse por otros chicos antes y volverse así de desubicada, flotando entre las nubes, pero esto era más fuerte que otras veces. De hecho, Nakuru, mientras la observaba con su mente analítica de iris, le pareció, por un instante, que más que estar en la nubes pensando en un chico, Raven estaba muy preocupada por algo. Por supuesto, fue a preguntarle sobre ello, pero de pronto un portazo las sobresaltó a ambas.
Acababa de salir del edificio Sam, y a juzgar por el golpe que dio al cerrar la puerta y por las zancadas apresuradas que daba al andar, parecía muy alterado.
—¡Hey, Sam! —lo llamó Nakuru cuando pasó cerca de ellas por el camino baldosado del patio, bastante perpleja de verlo con esa actitud, porque no era nada normal en él.
Raven dio un respingo de apuro cuando su amiga lo llamó, y miró para los lados, nerviosa, sin saber cómo reaccionar. Sam, al oír a su compañera, se acercó hasta ellas también a zancadas, colocándose la mochila bien sobre el hombro.
—Qué —espetó el chico, con una mirada tan severa como su tono.
—Oh… —se estremeció Nakuru—. Nada, disculpa… sólo quería preguntarte si estabas bien.
—Hah… —suspiró Sam, cerrando los ojos, intentando mostrarse más calmado—. Perdona. No es nada, no te preocupes. Tengo…
Sam se calló y se dio un pequeño susto, pues Raven de repente se había puesto en pie de un salto, y en su cara destacaban esos ojos negros abiertos como platos, clavados y estáticos sobre él. La chica sostenía entre sus manos el asa de su mochila rosa, y la retorcía, tímida, inquieta, ansiosa… Era como si deseara decirle algo, o coger algo de su mochila y dárselo, pero no se decidía…
—¿Y a esta qué le pasa? —preguntó Sam, ya extrañado, porque ya vio a Raven comportándose como una chalada ayer también en la cafetería—. ¿Te puedo ayudar en algo?
—Mmme parece que Rav solamente necesita un tiempo para poner en orden sus pensamientos —intervino Nakuru enseguida, en ayuda de su amiga, levantándose junto a ella—. Está un poco estresada últimamente, ya sabes, vienen los exámenes…
—Ya, bueno… Me tengo que ir al curro —dijo Sam sin más, dando media vuelta, y se marchó.
—Fuff… —resopló Nakuru con alivio—. De verdad, Raven, qué complicado te lo pones —le sonrió—. No tengas tanto miedo de hablarle, Sam no muerde ni nada…
La Suna dejó de hablar, porque se dio cuenta de que Raven tenía una expresión de miedo en el rostro, pero no de un miedo inofensivo y natural por timidez amorosa, sino un miedo real.
—¡Rav! —exclamó Nakuru, preocupada y sorprendida—. Pero… ¿estás bien? ¿Qué te pasa?
—Nak, lo siento… —contestó ella, poniéndose la mochila y recogiendo su abrigo del suelo—. Me… ¡Me había olvidado de que tenía una cita con el dentista, tengo que irme, no pasa nada, chao!
La Suna se quedó contrariada, mientras veía a Raven irse corriendo por otra dirección por la calle. «¿Qué le pasa a esta chica?» se preguntaba, poniendo los brazos en jarra. «En fin. Me he quedado sola… Supongo que no me queda más remedio que matar el tiempo hasta que quede con Álex. Quizá me ponga a patrullar por el distrito a ver si algún humano necesita ayuda. La verdad es que tengo ganas de patearle el trasero a algún delincuente…».
Nakuru recogió sus cosas del suelo. Por eso, al darse la vuelta, nada más volver a levantar la vista, se llevó otra sorpresa, porque encontró a Drasik caminando por los jardines laterales del recinto. Venía por un camino que conducía al edificio polideportivo que se ubicaba detrás del edificio principal del instituto, e iba solamente vestido con los pantalones marrones del uniforme. Tenía el pelo mojado, y su tronco desnudo también, sin afectarle en absoluto el hecho de que ahora mismo hacía 5 grados centígrados. Llevaba colgando de un brazo la camisa y el jersey del uniforme y su mochila de libros, y estaba ocupado tratando de colocar bien la camisa con las manos para ponérsela.
—¡Dras! —exclamó Nakuru, contrariada.
El chico, oyéndola a unos treinta metros, se paró en seco y la miró como con susto. No se esperaba encontrarse con nadie por esa zona arbolada a esas horas. Rápidamente, puso su mejor sonrisa, mientras se ponía la camisa a toda prisa, y procuró sujetar el jersey de manera que tapase bien su antebrazo derecho. Se acercó a su compañera con naturalidad.
—Hey, hola.
—¿“Hey, hola”? —protestó Nakuru, haciendo un gesto de reproche—. ¿Has estado en el instituto todo este rato? ¿Has estado en la piscina cubierta hasta ahora? No nos has dicho nada, creíamos que te habías marchado.
—Ya… es que… —se rascó la cabeza con la mano izquierda, sonriendo inocente—. Lo siento, ha sido una pequeña emergencia.
—Oh… —comprendió Nakuru perfectamente a qué se refería—. La verdad es que te había notado bastante agobiado después de las clases… ¿Te has ido a la piscina a meditar? ¿Has estado bajo el agua una hora entera?
—Sí, pero tranquila. Ya sabes… Sólo ha sido un episodio de agobio, nada más, ya sabes que a veces me dan, sobre todo cuando vienen exámenes y esas cosas…
Nakuru no dijo nada. No podía hacer otra cosa que observar a Drasik, mirarlo a los ojos y percibir con claridad que no estaba siendo del todo sincero con ella. Nakuru tenía la esperanza de que el regreso de Neuval a la KRS y el regreso de la KRS a la acción con una nueva misión antiterrorista serían motivo suficiente para animar a Drasik. Sin embargo, llevaba semana y media con estos incesantes cambios de ánimo.
Nakuru no quería creer que Drasik siguiera dándole vueltas al asunto de Cleven, al hecho de descubrir que era la hija de Fuujin y de no conseguir todavía recordar nada de ella del pasado, cuando los demás sí tenían recuerdos de ella del pasado. Nakuru temía que Drasik pudiera estar dándose cuenta de que su memoria sufrió un borrado muy diferente al de los demás. Pero él no debía conocer el motivo bajo ningún concepto, Neuval no quería, y por una razón de peso.
No obstante, Drasik ya había tenido etapas de cambio de humor otras veces antes, debido a su pequeño majin, síntoma normal de un majin de grado I, y se le acaba pasando solo. Por eso, Nakuru se aferró a la creencia de que esta vez era otra etapa pasajera y que Drasik no estaba así por ningún motivo en especial. Quería confiar en que él sería sincero con ella.
La Suna se tranquilizó y le sonrió a su compañero de vuelta. Aunque miró de reojo su brazo derecho. Drasik sujetaba su jersey en el antebrazo, y Nakuru vio que más que tener el puño simplemente cerrado, lo estaba apretando con fuerza, en tensión.
—Sabes que puedes hablar conmigo de cualquier cosa, ¿verdad? —le dijo ella—. Y con Kyo. Ya sabemos que eso de tener un majin I es un fastidio a veces, y no te queremos dar la brasa para nada. Solamente que sepas que estamos ahí.
Drasik se quedó callado unos segundos, serio, mirándola fijamente.
—Claro que lo sé —sonrió de repente—. Tranqui, Nak, ya estoy mucho mejor. Sólo necesitaba eso, sumergirme en el agua un rato a solas y reubicarme.
—Creía que en este tipo de situaciones preferías ir al mar.
—Ah, sí… Bueno… Es que como ahora la piscina cubierta está cerrada y no podía entrar absolutamente nadie, he aprovechado la ocasión. La piscina, cuando no hay nadie, es un agua muy agradable donde meditar, y está mucho más cerca que el mar, así que… —se encogió de hombros.
—Ya… —sonrió Nakuru—. Creo que Kyo se ha ido a la cafetería. Te estaba esperando para ir contigo, pero… si lo prefieres, yo me voy ahora a patrullar un rato la ciudad. Si tenemos suerte, podemos encontrar a algún ladrón atracando alguna tienda y darle un buen escarmiento —se pegó con el puño en la palma de la mano—. ¿Qué me dices?
—Hah… —se rio—. Me encantaría hacer un poco de patrulla, la verdad… pero… —miró distraído hacia otro lado—… tengo muchos deberes que acabar en casa. Este año quiero intentar ir mejor con los estudios y eso… Quizá me pase por la cafetería luego, no sé, depende de si termino los deberes a tiempo.
—Entiendo. Pues dale duro, Drasik —lo animó.
—No sé, Nak… En realidad, sigo un poquito depre. ¿Sabes lo que me haría sentir mejor? —la miró con pena.
—¿¡El qué, dime!? —brincó.
—Un abrazo y un besito con lengua —extendió los brazos y se acercó a ella poniendo morritos de pez, pero Nakuru le pegó en la tripa—. ¡Pugh!
—No empieces, pervertido —le dijo ella con enfado—. Qué payaso eres, Dras —dio media vuelta y se fue marchando a zancadas.
—¡Un besito y un abrazo de “hermana”! —se defendió él.
—¡Ya, claro, besito con lengua de hermana de la caridad!
—¡Vale, pues sin lengua! —insistió el chico.
Nakuru le hizo un corte de manga sin girarse siquiera y salió a la calle. Drasik sonrió. Al menos así Nakuru había dejado de preocuparse. Pero luego se le fue borrando la sonrisa, recuperando él mismo una expresión agotada y preocupada, mientras se miraba el antebrazo derecho, el cual seguía llevando cubierto por una venda, porque es donde tenía el tatuaje iris.
Casos como el suyo, los había, pero muy pocos. Fuujin lo había padecido, Izan lo había padecido, y algunos otros iris… El tatuaje que tenían los iris, al ser un Código Sensorial, tenía su forma de funcionar. Su principal cometido era ser un medio de comunicación sensorial entre los iris de una misma RS; si uno de los miembros sufría heridas de gravedad, los demás recibían una señal inmediata en sus tatuajes para que fueran a buscarlo y socorrerlo enseguida. También, podía emitir pequeños impulsos, para transmitir una simple llamada, como hizo Neuval para reunirse con la KRS en la Torre de Tokio, o el Líder de la MRS para llamar a sus otros compañeros cuando creyó que Kyo le había dado el pergamino real.
Por otro lado, había otro tipo de reacción, que más bien era un efecto secundario imprevisto y que solamente habían mostrado esos otros pocos iris. El tatuaje iris encerraba en su centro el kanji del elemento de su dueño, pero era además el centro sensorial conectado con el iris de su dueño. Y raramente sucedía que, cuando un majin estaba aumentando de grados de una forma preocupantemente errática y veloz, y no uniforme y gradual como era lo común, el kanji en el centro del tatuaje comenzaba a sangrar un poco.
Drasik ya llevaba semana y media vendándose el antebrazo para esconder este sangrado. Y no hacía más que repetirse a sí mismo una y otra vez que sólo era un síntoma pasajero, un simple desajuste energético de su iris que se iría con la meditación adecuada. Teniendo en cuenta que los iris, más que dominar un elemento, sentían y se comportaban como él, era algo habitual que en momentos de malestar o estrés se fuesen a hacer los ejercicios de meditación aprendidos en el Monte Zou en lugares donde predominase su elemento. Nakuru lo hacía sentándose en la arena de las costas o en yacimientos de rocas; Neuval flotaba por lo cielos más altos; Lao se iba a lugares muy soleados o calurosos…
Drasik se sumergía en las aguas. Y Nakuru tenía razón, él solía preferir el mar. Pero es que en el momento de salir de las clases, no era un simple agobio lo que sentía, sino una inminente explosión de algo insano, y la piscina estaba mucho más cerca. No le habría dado tiempo a llegar al mar.
Drasik quería convencerse a sí mismo de que no era nada, pero por dentro estaba cada vez más asustado.
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