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2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __









30.
La maldición de Neuval

«Una hora después, los nueve miembros de la ARS se reunieron en una vieja mansión, casi en ruinas y abandonada, en una recóndita zona boscosa a las afueras de la capital. Era una edificación de estilo europeo, hecha en piedra y maderas macizas. Tenía una parte con el techo derruido y deshecho en escombros, y aunque el resto de la casona se mantenía en pie, tenía pocos ventanales que conservasen todos los cristales, algunos agujeros en varios tejados, y la mitad de sus muros arropados por mantos de enredaderas silvestres. El mismo aspecto descuidado mostraba el jardín, era como un prado desértico, rodeado de bosque.

En el salón principal, aún quedaban algunos muebles, llenos de polvo, hojas secas y con raspaduras en las tapicerías, seguramente de los gatos salvajes que habían pasado por ahí y habían clavado sus uñas. El parqué del suelo tenía algunos tablones levantados, doblados por efecto de la humedad. Izan había hecho algunos arreglos y había instalado algunos ordenadores y pantallas sobre una alargada mesa de comedor rodeada de sillas, ahora ocupadas por los iris de la ARS.

Kaoru y Taiya eran los miembros más jóvenes con 16 y 14 años respectivamente, además de una chica Yami de 13. Si Alvion llegara a enterarse de en qué situación se encontraba esta RS, la cual se protegía con la Técnica de Desvío inventada por Fuujin, le causaría un gran dolor, especialmente por esos tres miembros todavía jóvenes, que habían sucumbido, todos, a la enfermedad del majin con la influencia directa de un arki como Izan.

—¿Qué es esto? —preguntó Kaoru, harto de esperar a que Izan encendiera los aparatos con ayuda de un generador eléctrico que en ese momento estaba alimentando el iris Den de la ARS, mientras se distraía moldeando entre sus manos una masa de agua que a cada rato convertía en hielo creando formas—. ¿Qué hacemos aquí?

—Ya os habréis enterado todos —comenzó a hablarles el rubio, poniéndose al lado de la pantalla de televisión sobre el extremo de la mesa y echándose sus bonitas rastas a un lado— de ese escalofriante suceso de la semana pasada que Hatori y la policía tanto han querido mantener en secreto y lejos del conocimiento de la prensa e incluso del Gobierno. Hicieron una buena limpieza en ese callejón, ¡fuff! Doce hombres adultos son… —miró al techo pensativo, dándose toquecitos en la barbilla—… como 65 litros de sangre…

—Lo que a mí me desconcierta es que Hatori haya dado por sentado desde el primer momento que fue obra de Fuujin —comentó la iris Fuu del grupo—. Es decir, ¿qué le hizo pensar que fue él y no otro iris? Nosotros ya sabemos que fue Fuujin, porque algunos iris bocazas ya han ido difundiendo que él no fue al Monte este pasado fin de semana sólo para hacer oficial su regreso, sino también para someterse a un juicio por haber provocado esa masacre. Y encima se ha librado de la condena porque resultaban ser doce criminales.

—¿Por qué tiene Fuujin tanta puta suerte con sus masacres? —rechistó Kaoru—. Hace siete años, ¡bum! Medio Japón arrasado, cero inocentes muertos.

—¿Te desconcierta que Hatori, por milésima vez en su carrera demostrando que posee una intuición sobrehumana, acierte otra vez a la primera en sus deducciones? —le preguntó Izan a la Fuu—. Y… —miró a Kaoru—… eso no fue una casualidad.

—¿Lo de sus doce víctimas siendo criminales, o lo de dejar cero muertos en el mayor descontrol de su vida? —quiso saber Kaoru.

—Ambas cosas —sonrió Izan—. Pero vayamos paso por paso. Hoy sólo quiero que veáis… —enchufó una memoria USB en la parte de atrás del televisor—… una prueba visual de la verdad que os conté sobre él.

Al reproducir el vídeo, ya de primeras se mostró el oscuro callejón donde sucedió el encuentro de Neuval con los doce criminales. Lo que sorprendió a los demás, es que era un vídeo de calidad, y grabado desde un punto alto, y además con visión nocturna, de modo que se veían perfectamente las figuras de los trece hombres. Nada que ver con la mala grabación, borrosa y en blanco y negro, que Hatori había conseguido obtener de la cámara de seguridad de una tienda en la esquina del callejón.

Los iris de la ARS, al darse cuenta de lo que estaban viendo, se quedaron inmóviles y dejaron de parpadear. Veían a Neuval de espaldas, desde un ángulo alto, a seis de los delincuentes cerrándole el paso por delante, y luego los otros seis rodeándolo por detrás. Se veía a Neuval intercambiando algunas palabras. Hasta que el cabecilla de los criminales comenzó a acercársele con actitud amenazante y riéndose. En un momento dado, de repente el criminal blandió contra él una barra de hierro para golpearle la cabeza, pero la barra se desprendió en varios trozos limpiamente cortados en un instante. Lo siguiente, fue ver cómo a ese criminal confuso le explotaba la cabeza. A partir de ahí, todo se volvió una pesadilla infernal.

Los iris podían dominar sus emociones incluso si estaban presenciando la más terrorífica o la más brutal escena de todas. Pero todos, menos Viernes, no pudieron evitar apartar la mirada de la pantalla en algún momento. Aun así, los ojos serios de Viernes denotaban un brillo de asombro y horror.

—E… Espera… —señaló Kaoru en ese momento—. ¿¡Qué es eso!? ¡Justo ahí!

—¡Joder, es verdad! ¿¡Qué demonios es eso!? —brincó otro de sus compañeros—. Aparece en un instante, pero se ve claramente si lo pausas.

Izan sonrió, rebobinó un poco y pausó el vídeo en ese punto. Los demás dieron un respingo, intentando entender qué estaban viendo.

—Es Neuval.

—Pero… un momento… —frunció el ceño otra de los iris.

—Este es… su verdadero aspecto —les explicó Izan.

A partir de ahí, la sala entera se quedó en silencio. Los iris de la ARS intentaron asimilarlo. Más que horrorizados, estaban asombrados, incluso embelesados.

—Así que… “ellos” son así… —murmuraban.

—¿Cómo puede transformarse si no sabe que puede hacerlo? —preguntó Viernes seriamente—. Izan, nos dijiste que si ignora lo que es, no lo manifiesta.

—No lo manifiesta a voluntad, ni de forma controlada ni durante más de uno o dos segundos —le aclaró—. Ignoro si esta es la primera vez que le pasa, aunque lo dudo mucho. Esta es una muy breve manifestación, una intensa reacción de apenas dos segundos de la que ni el propio Neuval se da cuenta. Ocurre fugazmente en esta escena, en mitad del éxtasis, mientras despedaza por la mitad a este criminal con sus dos garras.

—Esto es, sin duda, algo totalmente diferente de su majin —resopló Taiya.

—¿Cómo has obtenido esta grabación? —preguntó Viernes—. Esta no es de la que dispone Hatori, ¿verdad?

—No. Hatori sólo pudo hacerse con la grabación de una cámara de seguridad cercana de mala calidad. Va a tener que esforzarse bastante para reconocer alguna cara y tardará bastante en investigarlo. Esta grabación que acabáis de ver la hice yo mismo con mi móvil.

—¿Qué? —saltó Kaoru—. No nos irás a decir que estabas paseando por ahí de casualidad, ¿verdad?

—Izan… —se sorprendió Viernes—. ¿Sabías que iba a ocurrir ese suceso en ese lugar?

Izan sonrió. En ese momento, Viernes entendió.

—El encuentro entre Fuujin y esos criminales no fue algo fortuito… ¿Lo planeaste tú?

—No. Lo planearon varios de tus almaati desertores.

—¿¡Cómo!?

—Era de esperar que tarde o temprano esos cobardes harían algo en mi contra, después de dimitir de tu RS cuando te uniste a mí. Me enteré, claro, tengo ojos por las sombras. Pero, en lugar de detenerlos, decidí ser un espectador. Se aliaron con una banda criminal nada más irse, para hacerme creer que, pese a dimitir de la ARS por tu cambio de ideales, se posicionaban en el bando enemigo de la Asociación, y así yo no los tacharía como enemigos míos. Pero, en realidad, lo que hicieron fue utilizar a los criminales humanos de esa banda para poner a prueba el iris de Fuujin y el estado de su majin.

»Se aferraban a la esperanza de que Fuujin sería el único iris poderoso capaz de frenarme, siempre y cuando su majin no le estuviera convirtiendo en lo mismo que yo soy ahora. Al final, esos pobres almaati se han llevado un chasco al descubrir que Fuujin, tal como temían, está demasiado enfermo para enfrentarse a un poderoso arki como yo. Lo que esos almaati ignoran, es que esa esperanza es, y siempre fue, naturalmente imposible. Porque el problema de Fuujin no es solamente su majin. Es que él… nació… —señaló con el dedo nuevamente la pantalla, con el vídeo pausado en esa imagen—… siendo esto.

Los demás no paraban de comentar sobre todo este asunto. Izan apagó la televisión y recogió un poco los cables tranquilamente, pero entonces vio por el rabillo del ojo a Viernes marchándose por la puerta, sola, y no de una forma normal. El Yami observó que Viernes había convertido su brazo derecho en metal, pudiendo moldearlo a voluntad, y por eso, en vez de mano, su brazo terminaba en una alargada y afilada punta.

Al salir al jardín descuidado y asilvestrado, ya oscuro bajo la noche, la luz naranja de su ojo se vio contrarrestada por la luz violeta de Izan cuando este apareció justo delante desde un remolino de sombras, cortándole el paso.

—¿Adónde crees que vas?

—¿Tú qué crees? —masculló Viernes, con una furia contenida—. A encargarme de esos traidores.

—No. Olvídate de ellos.

—¿Cómo que me olvide? Izan…

—Escucha —le pidió él, calmado—. Esos almaati desertores están desesperados. Lo siguiente que tratarán de hacer, será una estupidez. Han visto que Fuujin es un caso perdido, así que probablemente, un día de estos, intentarán ir ellos mismos a atacarlo en persona, intentarán ir a matarlo de algún modo. Obviamente fracasarán. Pero me sirve.

—¿De qué te sirve?

—Para aumentar el estrés y las emociones negativas alrededor de Neuval. Lo que tus cooperadores desertores hicieron al enviarle a una panda de criminales nos ha traído algo bueno y algo malo al mismo tiempo. Lo malo, es que esa masacre es lo que ha empujado a Neuval a regresar a la Asociación y a volver a tener su iris conectado y protegido por Alvion. Pero, lo bueno, es que sigue siendo un suceso que todavía tiene a Neuval muy arrepentido y preocupado. Ver que ha vuelto a tener una grave pérdida de control… créeme, es un tormento que le va a perseguir mucho tiempo, por muy feliz que se muestre ahora por fuera, celebrando su regreso y arropado por su KRS. Necesito que el peligroso majin de grado VI de Neuval se mantenga, o incluso que crezca más. Cuantos más grados, cuanto más cercano al séptimo grado, más se debilita su conexión con Alvion. Si un día el majin de Neuval consigue por fin convertir su iris en arki… mi Señor será quien podrá conectarse a él y ponerlo de su lado. Como lleva 45 años deseando hacer.

Viernes terminó comprendiendo, y relajando los hombros. Su brazo de metal volvió a ser de carne y hueso. Le asintió a Izan con la cabeza, y ambos regresaron a la mansión con los demás.»


2 semanas después, de nuevo en el presente…

Neuval paró el coche antes de entrar en el jardín de su casa, para que Evie se bajase y se fuese a la suya, que estaba al lado. Yenkis había notado que su padre había estado muy callado, más de lo normal, durante el trayecto. Quizá fuera porque los dos niños habían estado charlando entre ellos y no había querido interrumpirlos, pero Yenkis aun así notaba algo raro en él. Neuval solamente abrió la boca cuando Evie se desabrochó el cinturón y se dispuso a bajar.

—Hey, Evie —la llamó, procurando poner un tono natural y risueño—. Dime, ¿qué tal está tu madre? Hace días que no la veo por aquí.

—Oh, eso es porque está hasta arriba de trabajo —sonrió la joven con un deje irónico—. Para variar, hahah... Sale muy temprano de casa y vuelve muy tarde, normal que usted no la vea.

—¿Mucho trabajo en su oficina últimamente?

—Sí, eso dice ella. Le diré que ha preguntado por ella, señor Vernoux. Gracias por preocuparse —dijo con una educada inclinación de cabeza—. Y muchas gracias por traerme.

—De nada.

Era de esperar que Neuval preguntase por Viernes ahora. A diferencia de Pipi, él acababa de reintegrarse en la Asociación y, por tanto, no sabía cómo habían marchado las cosas con el resto de RS en los años recientes, igual que no sabía si la ARS se había estado comportando raro últimamente o no. Pipi sí. Pipi llevaba ya meses notando cosas raras alrededor de la ARS, pero no le había dicho nada a Neuval aún sobre ello, mucho menos que había puesto a su SRS a espiar a los miembros de la ARS para averiguar si estaban metidos en algo. Y los chicos de Pipi no habían hecho más que confirmarle que sí, que los de la ARS hacían cosas raras y su actitud era distinta, más distante y evasiva. Especialmente, el comportamiento que Jannik había visto en Taiya con la pequeña Clover.

Claro que ahora, después de haber sido atacado esa misma mañana en su propia oficina por un grupo de ex-almaati de la ARS, y de haber escuchado las duras palabras que una de ellos le había dicho, pues Neuval ya tenía razones propias para preguntarse “¿qué demonios pasa?”.

Cooperadores de la ARS que habían abandonado su servicio en ella, porque Izan había regresado a Tokio y estaba tramando algo, y como arki que era, todo aquel en el bando de la Asociación era su enemigo, lo primero que había pensado Neuval sobre todo esto es que la pobre Viernes había sido traicionada por unos cooperadores cobardes, hasta que aquella de antes con la que había discutido le había revelado que a Viernes le había importado bien poco que varios de sus almaati la hubieran abandonado. “Ella ha cambiado, y será demasiado tarde cuando descubras a qué me refiero”, fue lo último que esa almaati le había dicho. Y por eso, Neuval ya estaba preocupado por esta Suna veterana.

Viernes ascendió a Líder de su ARS hace once años, y desde entonces formó una alianza con la SRS de Pipi y la KRS de Neuval. A pesar de eso, nunca fue una amiga muy cercana con ellos, pero porque ella nunca se había permitido a sí misma tener amigos cercanos, por el estigma con el que cargaba desde su infancia, de ser una iris, e hija del cazador de iris más conocido del último siglo. Ella siempre había sido una mujer fría y callada la mayor parte del tiempo, pero, las pocas veces que ella se había acercado y abierto un poco más, Neuval había notado dentro de ella a una mujer realmente cálida y amable. Pero con dolor. Mucho dolor.

Hace tres años, Viernes se mudó a la casa de al lado con su familia. Desde entonces, había hablado más con Neuval, pero como él estaba en el exilio, solamente de temas humanos, de trabajo, familia y cosas normales, como una vecina normal. En algunas ocasiones, se habían juntado en el porche del uno o del otro, para tomar una cerveza y hablar de cosas más serias y difíciles.

Neuval admiraba a Viernes enormemente. Era dura como el acero. De hecho, él sabía que ella podía ser, perfectamente, la iris más poderosa de la Asociación después de él, a pesar de que ella, incluso en medio de batallas terribles rodeada de enemigos, explosiones y peligros, se moderaba mucho en el uso de su poder. Neuval estaba seguro de que, aun después de los 30 años de servicio de ella, todavía no ha habido nadie que hubiese visto a Viernes desatar su poder real.

Sin embargo, era una mujer tan complicada, que a veces a Neuval le preocupaba qué es lo que Viernes pensaba realmente de las cosas, qué esperaba del mundo y de su propio futuro. Porque, a veces, había llegado a notar en ella, en sus ojos firmes y fríos, un enorme agotamiento. Un agotamiento que Neuval conocía demasiado bien, porque él lo había padecido ya docenas de veces. Y, como es de comprender, que personas extremadamente poderosas sufran demasiado hastío, es algo peligroso.

Y esto… debía tenerlo en cuenta respecto a sí mismo.

A simple vista, el Neuval de la superficie, brillando junto a su iris recién reconectado a Alvion y lleno de fuerza y esperanza con su KRS de vuelta, se había enfrentado a las duras palabras de aquella almaati de esta mañana con firmeza, negándolas, o incluso aceptando su posibilidad con la valiente determinación de poder darle solución. Pero había un Neuval, debajo de toda esa superficie iluminada, y de muchas capas de memorias, de vivencias y de temores, que estaba muy dolido, y muy harto, de escuchar por centésima vez palabras de ese estilo. “Deberías morir, eres un peligro para este mundo… Hay algo malo dentro de ti…”. Especialmente, porque la mitad de esas veces, había sido él quien se había dicho a sí mismo esas palabras.

Hoy estaba siendo un mal día. Otra vez. Estaba muerto de preocupación por Hana, no sabía qué hacer con ella cuando se recuperase en el hospital. Y su encuentro con Lex había sido nefasto. Y que hubiese ocurrido un salto en el tiempo accidental con los hijos de Denzel implicados era de todo menos tranquilizador.

Pero, otra vez, tenía que aguantar. Resistir, fingir y aparentar, con tal de hacer que, para Yenkis, siguiera siendo un buen día. Por él, tenía que tragar todas las cosas malas posible.

Al menos, Yenkis siempre solía ponérselo fácil. Él seguía siendo un niño, con una luz, un buen corazón y una inocencia que siempre reconfortaban a Neuval. Por ejemplo, ahora mismo, viendo que el muchacho había salido del coche para acompañar a Evie hasta su porche y ayudarla con la maleta, viendo cómo hablaban entre ellos y reían… viendo cómo se miraban… especialmente, cómo Evie miraba a Yenkis y sonreía tímida… Neuval no había parado de cargar toda su vida con problemas y vivencias terribles, pero cualquier infierno merecía la pena, si en él había podido tener unos hijos como los que tenía. Aunque su relación con Lex no fuera la mejor en esta época, eso no quería decir que no se sintiera enormemente orgulloso de él.

Cuando Yenkis regresó al coche para que su padre entrara ya en el jardín y lo metiera en el garaje, se percató de que este lo miraba muy fijamente, sin hacer nada. Y es porque Yenkis venía con una cara contenta, y un poco roja.

—¿Qué? —le dijo Neuval, con una sonrisilla burlona—. ¿Hace calor?

—¿Por? —no entendió.

—Estás colorado.

—¿Sí? —se sorprendió, mirándose en el espejo del retrovisor con preocupación—. Ahí va, ¿tendré fiebre?

Neuval se dio una torta en la frente.

—Bobo… —se rio en voz baja, y se fue ya al garaje.









30.
La maldición de Neuval

«Una hora después, los nueve miembros de la ARS se reunieron en una vieja mansión, casi en ruinas y abandonada, en una recóndita zona boscosa a las afueras de la capital. Era una edificación de estilo europeo, hecha en piedra y maderas macizas. Tenía una parte con el techo derruido y deshecho en escombros, y aunque el resto de la casona se mantenía en pie, tenía pocos ventanales que conservasen todos los cristales, algunos agujeros en varios tejados, y la mitad de sus muros arropados por mantos de enredaderas silvestres. El mismo aspecto descuidado mostraba el jardín, era como un prado desértico, rodeado de bosque.

En el salón principal, aún quedaban algunos muebles, llenos de polvo, hojas secas y con raspaduras en las tapicerías, seguramente de los gatos salvajes que habían pasado por ahí y habían clavado sus uñas. El parqué del suelo tenía algunos tablones levantados, doblados por efecto de la humedad. Izan había hecho algunos arreglos y había instalado algunos ordenadores y pantallas sobre una alargada mesa de comedor rodeada de sillas, ahora ocupadas por los iris de la ARS.

Kaoru y Taiya eran los miembros más jóvenes con 16 y 14 años respectivamente, además de una chica Yami de 13. Si Alvion llegara a enterarse de en qué situación se encontraba esta RS, la cual se protegía con la Técnica de Desvío inventada por Fuujin, le causaría un gran dolor, especialmente por esos tres miembros todavía jóvenes, que habían sucumbido, todos, a la enfermedad del majin con la influencia directa de un arki como Izan.

—¿Qué es esto? —preguntó Kaoru, harto de esperar a que Izan encendiera los aparatos con ayuda de un generador eléctrico que en ese momento estaba alimentando el iris Den de la ARS, mientras se distraía moldeando entre sus manos una masa de agua que a cada rato convertía en hielo creando formas—. ¿Qué hacemos aquí?

—Ya os habréis enterado todos —comenzó a hablarles el rubio, poniéndose al lado de la pantalla de televisión sobre el extremo de la mesa y echándose sus bonitas rastas a un lado— de ese escalofriante suceso de la semana pasada que Hatori y la policía tanto han querido mantener en secreto y lejos del conocimiento de la prensa e incluso del Gobierno. Hicieron una buena limpieza en ese callejón, ¡fuff! Doce hombres adultos son… —miró al techo pensativo, dándose toquecitos en la barbilla—… como 65 litros de sangre…

—Lo que a mí me desconcierta es que Hatori haya dado por sentado desde el primer momento que fue obra de Fuujin —comentó la iris Fuu del grupo—. Es decir, ¿qué le hizo pensar que fue él y no otro iris? Nosotros ya sabemos que fue Fuujin, porque algunos iris bocazas ya han ido difundiendo que él no fue al Monte este pasado fin de semana sólo para hacer oficial su regreso, sino también para someterse a un juicio por haber provocado esa masacre. Y encima se ha librado de la condena porque resultaban ser doce criminales.

—¿Por qué tiene Fuujin tanta puta suerte con sus masacres? —rechistó Kaoru—. Hace siete años, ¡bum! Medio Japón arrasado, cero inocentes muertos.

—¿Te desconcierta que Hatori, por milésima vez en su carrera demostrando que posee una intuición sobrehumana, acierte otra vez a la primera en sus deducciones? —le preguntó Izan a la Fuu—. Y… —miró a Kaoru—… eso no fue una casualidad.

—¿Lo de sus doce víctimas siendo criminales, o lo de dejar cero muertos en el mayor descontrol de su vida? —quiso saber Kaoru.

—Ambas cosas —sonrió Izan—. Pero vayamos paso por paso. Hoy sólo quiero que veáis… —enchufó una memoria USB en la parte de atrás del televisor—… una prueba visual de la verdad que os conté sobre él.

Al reproducir el vídeo, ya de primeras se mostró el oscuro callejón donde sucedió el encuentro de Neuval con los doce criminales. Lo que sorprendió a los demás, es que era un vídeo de calidad, y grabado desde un punto alto, y además con visión nocturna, de modo que se veían perfectamente las figuras de los trece hombres. Nada que ver con la mala grabación, borrosa y en blanco y negro, que Hatori había conseguido obtener de la cámara de seguridad de una tienda en la esquina del callejón.

Los iris de la ARS, al darse cuenta de lo que estaban viendo, se quedaron inmóviles y dejaron de parpadear. Veían a Neuval de espaldas, desde un ángulo alto, a seis de los delincuentes cerrándole el paso por delante, y luego los otros seis rodeándolo por detrás. Se veía a Neuval intercambiando algunas palabras. Hasta que el cabecilla de los criminales comenzó a acercársele con actitud amenazante y riéndose. En un momento dado, de repente el criminal blandió contra él una barra de hierro para golpearle la cabeza, pero la barra se desprendió en varios trozos limpiamente cortados en un instante. Lo siguiente, fue ver cómo a ese criminal confuso le explotaba la cabeza. A partir de ahí, todo se volvió una pesadilla infernal.

Los iris podían dominar sus emociones incluso si estaban presenciando la más terrorífica o la más brutal escena de todas. Pero todos, menos Viernes, no pudieron evitar apartar la mirada de la pantalla en algún momento. Aun así, los ojos serios de Viernes denotaban un brillo de asombro y horror.

—E… Espera… —señaló Kaoru en ese momento—. ¿¡Qué es eso!? ¡Justo ahí!

—¡Joder, es verdad! ¿¡Qué demonios es eso!? —brincó otro de sus compañeros—. Aparece en un instante, pero se ve claramente si lo pausas.

Izan sonrió, rebobinó un poco y pausó el vídeo en ese punto. Los demás dieron un respingo, intentando entender qué estaban viendo.

—Es Neuval.

—Pero… un momento… —frunció el ceño otra de los iris.

—Este es… su verdadero aspecto —les explicó Izan.

A partir de ahí, la sala entera se quedó en silencio. Los iris de la ARS intentaron asimilarlo. Más que horrorizados, estaban asombrados, incluso embelesados.

—Así que… “ellos” son así… —murmuraban.

—¿Cómo puede transformarse si no sabe que puede hacerlo? —preguntó Viernes seriamente—. Izan, nos dijiste que si ignora lo que es, no lo manifiesta.

—No lo manifiesta a voluntad, ni de forma controlada ni durante más de uno o dos segundos —le aclaró—. Ignoro si esta es la primera vez que le pasa, aunque lo dudo mucho. Esta es una muy breve manifestación, una intensa reacción de apenas dos segundos de la que ni el propio Neuval se da cuenta. Ocurre fugazmente en esta escena, en mitad del éxtasis, mientras despedaza por la mitad a este criminal con sus dos garras.

—Esto es, sin duda, algo totalmente diferente de su majin —resopló Taiya.

—¿Cómo has obtenido esta grabación? —preguntó Viernes—. Esta no es de la que dispone Hatori, ¿verdad?

—No. Hatori sólo pudo hacerse con la grabación de una cámara de seguridad cercana de mala calidad. Va a tener que esforzarse bastante para reconocer alguna cara y tardará bastante en investigarlo. Esta grabación que acabáis de ver la hice yo mismo con mi móvil.

—¿Qué? —saltó Kaoru—. No nos irás a decir que estabas paseando por ahí de casualidad, ¿verdad?

—Izan… —se sorprendió Viernes—. ¿Sabías que iba a ocurrir ese suceso en ese lugar?

Izan sonrió. En ese momento, Viernes entendió.

—El encuentro entre Fuujin y esos criminales no fue algo fortuito… ¿Lo planeaste tú?

—No. Lo planearon varios de tus almaati desertores.

—¿¡Cómo!?

—Era de esperar que tarde o temprano esos cobardes harían algo en mi contra, después de dimitir de tu RS cuando te uniste a mí. Me enteré, claro, tengo ojos por las sombras. Pero, en lugar de detenerlos, decidí ser un espectador. Se aliaron con una banda criminal nada más irse, para hacerme creer que, pese a dimitir de la ARS por tu cambio de ideales, se posicionaban en el bando enemigo de la Asociación, y así yo no los tacharía como enemigos míos. Pero, en realidad, lo que hicieron fue utilizar a los criminales humanos de esa banda para poner a prueba el iris de Fuujin y el estado de su majin.

»Se aferraban a la esperanza de que Fuujin sería el único iris poderoso capaz de frenarme, siempre y cuando su majin no le estuviera convirtiendo en lo mismo que yo soy ahora. Al final, esos pobres almaati se han llevado un chasco al descubrir que Fuujin, tal como temían, está demasiado enfermo para enfrentarse a un poderoso arki como yo. Lo que esos almaati ignoran, es que esa esperanza es, y siempre fue, naturalmente imposible. Porque el problema de Fuujin no es solamente su majin. Es que él… nació… —señaló con el dedo nuevamente la pantalla, con el vídeo pausado en esa imagen—… siendo esto.

Los demás no paraban de comentar sobre todo este asunto. Izan apagó la televisión y recogió un poco los cables tranquilamente, pero entonces vio por el rabillo del ojo a Viernes marchándose por la puerta, sola, y no de una forma normal. El Yami observó que Viernes había convertido su brazo derecho en metal, pudiendo moldearlo a voluntad, y por eso, en vez de mano, su brazo terminaba en una alargada y afilada punta.

Al salir al jardín descuidado y asilvestrado, ya oscuro bajo la noche, la luz naranja de su ojo se vio contrarrestada por la luz violeta de Izan cuando este apareció justo delante desde un remolino de sombras, cortándole el paso.

—¿Adónde crees que vas?

—¿Tú qué crees? —masculló Viernes, con una furia contenida—. A encargarme de esos traidores.

—No. Olvídate de ellos.

—¿Cómo que me olvide? Izan…

—Escucha —le pidió él, calmado—. Esos almaati desertores están desesperados. Lo siguiente que tratarán de hacer, será una estupidez. Han visto que Fuujin es un caso perdido, así que probablemente, un día de estos, intentarán ir ellos mismos a atacarlo en persona, intentarán ir a matarlo de algún modo. Obviamente fracasarán. Pero me sirve.

—¿De qué te sirve?

—Para aumentar el estrés y las emociones negativas alrededor de Neuval. Lo que tus cooperadores desertores hicieron al enviarle a una panda de criminales nos ha traído algo bueno y algo malo al mismo tiempo. Lo malo, es que esa masacre es lo que ha empujado a Neuval a regresar a la Asociación y a volver a tener su iris conectado y protegido por Alvion. Pero, lo bueno, es que sigue siendo un suceso que todavía tiene a Neuval muy arrepentido y preocupado. Ver que ha vuelto a tener una grave pérdida de control… créeme, es un tormento que le va a perseguir mucho tiempo, por muy feliz que se muestre ahora por fuera, celebrando su regreso y arropado por su KRS. Necesito que el peligroso majin de grado VI de Neuval se mantenga, o incluso que crezca más. Cuantos más grados, cuanto más cercano al séptimo grado, más se debilita su conexión con Alvion. Si un día el majin de Neuval consigue por fin convertir su iris en arki… mi Señor será quien podrá conectarse a él y ponerlo de su lado. Como lleva 45 años deseando hacer.

Viernes terminó comprendiendo, y relajando los hombros. Su brazo de metal volvió a ser de carne y hueso. Le asintió a Izan con la cabeza, y ambos regresaron a la mansión con los demás.»


2 semanas después, de nuevo en el presente…

Neuval paró el coche antes de entrar en el jardín de su casa, para que Evie se bajase y se fuese a la suya, que estaba al lado. Yenkis había notado que su padre había estado muy callado, más de lo normal, durante el trayecto. Quizá fuera porque los dos niños habían estado charlando entre ellos y no había querido interrumpirlos, pero Yenkis aun así notaba algo raro en él. Neuval solamente abrió la boca cuando Evie se desabrochó el cinturón y se dispuso a bajar.

—Hey, Evie —la llamó, procurando poner un tono natural y risueño—. Dime, ¿qué tal está tu madre? Hace días que no la veo por aquí.

—Oh, eso es porque está hasta arriba de trabajo —sonrió la joven con un deje irónico—. Para variar, hahah... Sale muy temprano de casa y vuelve muy tarde, normal que usted no la vea.

—¿Mucho trabajo en su oficina últimamente?

—Sí, eso dice ella. Le diré que ha preguntado por ella, señor Vernoux. Gracias por preocuparse —dijo con una educada inclinación de cabeza—. Y muchas gracias por traerme.

—De nada.

Era de esperar que Neuval preguntase por Viernes ahora. A diferencia de Pipi, él acababa de reintegrarse en la Asociación y, por tanto, no sabía cómo habían marchado las cosas con el resto de RS en los años recientes, igual que no sabía si la ARS se había estado comportando raro últimamente o no. Pipi sí. Pipi llevaba ya meses notando cosas raras alrededor de la ARS, pero no le había dicho nada a Neuval aún sobre ello, mucho menos que había puesto a su SRS a espiar a los miembros de la ARS para averiguar si estaban metidos en algo. Y los chicos de Pipi no habían hecho más que confirmarle que sí, que los de la ARS hacían cosas raras y su actitud era distinta, más distante y evasiva. Especialmente, el comportamiento que Jannik había visto en Taiya con la pequeña Clover.

Claro que ahora, después de haber sido atacado esa misma mañana en su propia oficina por un grupo de ex-almaati de la ARS, y de haber escuchado las duras palabras que una de ellos le había dicho, pues Neuval ya tenía razones propias para preguntarse “¿qué demonios pasa?”.

Cooperadores de la ARS que habían abandonado su servicio en ella, porque Izan había regresado a Tokio y estaba tramando algo, y como arki que era, todo aquel en el bando de la Asociación era su enemigo, lo primero que había pensado Neuval sobre todo esto es que la pobre Viernes había sido traicionada por unos cooperadores cobardes, hasta que aquella de antes con la que había discutido le había revelado que a Viernes le había importado bien poco que varios de sus almaati la hubieran abandonado. “Ella ha cambiado, y será demasiado tarde cuando descubras a qué me refiero”, fue lo último que esa almaati le había dicho. Y por eso, Neuval ya estaba preocupado por esta Suna veterana.

Viernes ascendió a Líder de su ARS hace once años, y desde entonces formó una alianza con la SRS de Pipi y la KRS de Neuval. A pesar de eso, nunca fue una amiga muy cercana con ellos, pero porque ella nunca se había permitido a sí misma tener amigos cercanos, por el estigma con el que cargaba desde su infancia, de ser una iris, e hija del cazador de iris más conocido del último siglo. Ella siempre había sido una mujer fría y callada la mayor parte del tiempo, pero, las pocas veces que ella se había acercado y abierto un poco más, Neuval había notado dentro de ella a una mujer realmente cálida y amable. Pero con dolor. Mucho dolor.

Hace tres años, Viernes se mudó a la casa de al lado con su familia. Desde entonces, había hablado más con Neuval, pero como él estaba en el exilio, solamente de temas humanos, de trabajo, familia y cosas normales, como una vecina normal. En algunas ocasiones, se habían juntado en el porche del uno o del otro, para tomar una cerveza y hablar de cosas más serias y difíciles.

Neuval admiraba a Viernes enormemente. Era dura como el acero. De hecho, él sabía que ella podía ser, perfectamente, la iris más poderosa de la Asociación después de él, a pesar de que ella, incluso en medio de batallas terribles rodeada de enemigos, explosiones y peligros, se moderaba mucho en el uso de su poder. Neuval estaba seguro de que, aun después de los 30 años de servicio de ella, todavía no ha habido nadie que hubiese visto a Viernes desatar su poder real.

Sin embargo, era una mujer tan complicada, que a veces a Neuval le preocupaba qué es lo que Viernes pensaba realmente de las cosas, qué esperaba del mundo y de su propio futuro. Porque, a veces, había llegado a notar en ella, en sus ojos firmes y fríos, un enorme agotamiento. Un agotamiento que Neuval conocía demasiado bien, porque él lo había padecido ya docenas de veces. Y, como es de comprender, que personas extremadamente poderosas sufran demasiado hastío, es algo peligroso.

Y esto… debía tenerlo en cuenta respecto a sí mismo.

A simple vista, el Neuval de la superficie, brillando junto a su iris recién reconectado a Alvion y lleno de fuerza y esperanza con su KRS de vuelta, se había enfrentado a las duras palabras de aquella almaati de esta mañana con firmeza, negándolas, o incluso aceptando su posibilidad con la valiente determinación de poder darle solución. Pero había un Neuval, debajo de toda esa superficie iluminada, y de muchas capas de memorias, de vivencias y de temores, que estaba muy dolido, y muy harto, de escuchar por centésima vez palabras de ese estilo. “Deberías morir, eres un peligro para este mundo… Hay algo malo dentro de ti…”. Especialmente, porque la mitad de esas veces, había sido él quien se había dicho a sí mismo esas palabras.

Hoy estaba siendo un mal día. Otra vez. Estaba muerto de preocupación por Hana, no sabía qué hacer con ella cuando se recuperase en el hospital. Y su encuentro con Lex había sido nefasto. Y que hubiese ocurrido un salto en el tiempo accidental con los hijos de Denzel implicados era de todo menos tranquilizador.

Pero, otra vez, tenía que aguantar. Resistir, fingir y aparentar, con tal de hacer que, para Yenkis, siguiera siendo un buen día. Por él, tenía que tragar todas las cosas malas posible.

Al menos, Yenkis siempre solía ponérselo fácil. Él seguía siendo un niño, con una luz, un buen corazón y una inocencia que siempre reconfortaban a Neuval. Por ejemplo, ahora mismo, viendo que el muchacho había salido del coche para acompañar a Evie hasta su porche y ayudarla con la maleta, viendo cómo hablaban entre ellos y reían… viendo cómo se miraban… especialmente, cómo Evie miraba a Yenkis y sonreía tímida… Neuval no había parado de cargar toda su vida con problemas y vivencias terribles, pero cualquier infierno merecía la pena, si en él había podido tener unos hijos como los que tenía. Aunque su relación con Lex no fuera la mejor en esta época, eso no quería decir que no se sintiera enormemente orgulloso de él.

Cuando Yenkis regresó al coche para que su padre entrara ya en el jardín y lo metiera en el garaje, se percató de que este lo miraba muy fijamente, sin hacer nada. Y es porque Yenkis venía con una cara contenta, y un poco roja.

—¿Qué? —le dijo Neuval, con una sonrisilla burlona—. ¿Hace calor?

—¿Por? —no entendió.

—Estás colorado.

—¿Sí? —se sorprendió, mirándose en el espejo del retrovisor con preocupación—. Ahí va, ¿tendré fiebre?

Neuval se dio una torta en la frente.

—Bobo… —se rio en voz baja, y se fue ya al garaje.





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