2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __
Los jóvenes iris de la KRS se fueron aproximando a la Torre de Tokio, viendo su punta asomando entre los rascacielos y cada vez más cercana. Drasik era el que estaba más emocionado, y Yako y Sam, por su parte, seguían con la duda sobre qué estaba pasando. Ellos no habían visto a su maestro desde hacía años, no como Raijin, Kyo y Nakuru, que habían tenido un encuentro con él no hace mucho. Sin embargo, la sorpresa de su llamada a través de su tatuaje no faltaba en ninguno de ellos.
Cuando Raijin volvió a impulsarse con los pies en el borde de la azotea de un edificio para saltar al siguiente, vio una enorme figura que, de no ser por sus rápidos reflejos, se habría estampado en su cara. El rubio dio un viraje en el aire con sobresalto y se pegó, literalmente, a una viga vertical de hierro que sobresalía de un edificio en obras, a través del electromagnetismo de su cuerpo.
—¡Uy, perdona, Brey! —exclamó Lao, aterrizando sobre el edificio de enfrente.
—¡Abuelo, también lo has notado! —dijo Kyo, y se paró con los demás por los edificios de alrededor.
—¡Claro que sí! ¡Jajaja! —carcajeó el viejo sonoramente, hinchándose de júbilo y poniendo sus musculosos brazos en jarra al verlos todos ahí—. ¡Yako, Sam, me alegro de veros! ¡Hace ya un tiempo!
—¡Hey, Kajin-san! —Yako saltó a donde estaba él, sonriente—. Duo xiang ni ya! You shen me xi qi de? —le habló en chino.
—Mei you —contestó Lao—. Ni ne?
—Hen hao.
—¡Eh, eh, basta de cháchara! ¡La impaciencia me va a matar! —intervino Drasik, levantando la palma de la mano.
—Jamás llegué a imaginar que volveríamos a estar todos juntos otra vez —se emocionó Nakuru.
—Y una vez más, Fuujin es la causa —contestó Lao—. ¡Pero vamos! ¿Qué hacéis ahí parados? ¡Que nos está esperando!
Los siete iris se apresuraron a aterrizar en el suelo junto a las patas de la torre roja, a esas horas cerrada como atracción. No había ni un alma por toda la zona, así que supusieron que Fuujin estaba en las alturas, como siempre. No obstante, no tuvieron que esperar mucho. Todos vieron cómo una figura negra con un destello blanco bajaba entre las vigas de la torre a gran velocidad, hasta que, con un último viraje, se sentó en una de las vigas de una de las patas de la torre, a cinco metros sobre sus cabezas. El parisino les sonrió sin decir nada.
Para Yako, Sam, Nakuru, Drasik y Kyo, verlo aparecer de esa forma por primera vez en años, descendiendo desde las alturas como un iris, con su ojo abierto emitiendo su luz blanca propia del elemento Viento en aquella penumbra, era como ver a un fantasma. Se quedaron mudos observándolo, respirando con expectación. Ver a Neuval no era lo mismo que ver a Fuujin. Uno era un ciudadano normal, típico empresario con traje, elegante, serio, aburrido… y el otro era una bomba nuclear. Neuval llevaba demasiado tiempo siendo lo primero, y para sus jóvenes compañeros de la KRS, ver su verdadera esencia ahí personificada después de siete años, era la mayor sorpresa de sus vidas.
Neuval apoyó la cabeza en una mano y siguió sonriéndoles, disfrutando con sus caras boquiabiertas. Sabía que todos, menos Lao, se estaban haciendo la misma pregunta: ¿Esta llamada a través del tatuaje por primera vez en siete años significaba su regreso oficial?
—¿Cómo están mis pequeños iris marginados? —saludó Neuval entonces.
Los demás se miraron compartiendo una risa de emoción, excepto Raijin, que se cruzó de brazos sin más con un gruñido típico de los suyos. Neuval los llamaba así porque es lo que eran antes de que los acogiese en su KRS. Como muchos otros de aquella época, fueron iris marginados nada más acabar su entrenamiento porque ninguna RS quería acogerlos, ya bien fuera por motivo de su corta edad, como Nakuru y Sam, o por otras circunstancias, como Yako, o por ambas cosas, como Drasik. Hasta que Neuval promovió la iniciativa, entre él y otras RS, de darles una oportunidad a los más jóvenes. Raijin, Kyo y Lao eran otro caso por ser sus familiares.
—Maestro, antes que nada —dijo Yako, dando un paso adelante—. ¿Nos… nos puedes aclarar esto? ¿Es lo que creemos que es? Porque nos has llamado a través de la Marca, y sólo un iris oficial tiene Marca… ¿Vuelves a tener tu tatuaje por la razón que creemos o es por otra razón?
Neuval saltó de la viga, aterrizando frente a ellos. Caminó hacia Yako, parándose delante de él.
—¿Qué otra razón va a haber? —le sonrió.
Con eso era suficiente para confirmarlo, por lo que Yako no pudo evitar el impulso de saltar sobre él para darle un gran abrazo.
—¡Hey, Yako, que ya no eres un niño! —se rio Neuval—. Ya pesas…
Sin embargo, Sam, Kyo, Drasik y Nakuru se unieron a Yako y compartieron el abrazo, con tanta emoción que al final lo tiraron al suelo. A Drasik casi se le escapó un lloriqueo.
—¡Bugh! ¡Ni que haya resucitado de entre los muertos! —agonizó Neuval, con cinco personas sobre él.
—¡Sándwich, yo también quiero! —se aventuró el viejo Lao y se tiró en plancha sobre todos ellos.
—¡Uaaagh! ¡Que pesas un quintal, Kajin-san! —exclamaron los jóvenes.
Raijin se mantuvo ahí distante, observándolos como si fueran todos unos bichos raros. «Todos locos» pensó el rubio, dando un suspiro. Después de un rato, todos dejaron respirar a Fuujin un poco, reunidos en corro a los pies de la torre, en la penumbra, donde la luz de las farolas de la calle no iluminaba mucho. Por eso, en ese lugar destacaban ocho lucecitas de diferentes colores que emitían por sus ojos izquierdos.
—C’est incroyable, cómo habéis crecido todos… —les decía Neuval, contento—. Dejad que os eche un vistazo —se puso delante de Sam, que estaba a su derecha, y lo miró de hito en hito—. Sammy, ¡vas a acabar midiendo dos metros como tu padre! Con 10 años aún no habías dado el estirón —se rio—. Me ha dicho Lao que ascendiste al nivel Dobutsujin-san hace tres años.
—Sí —afirmó, poniéndose firme.
—Te doy mi enhorabuena, es un gran mérito para tu edad. Vas a tener que enseñarme tus nuevas capacidades.
Sam asintió con la cabeza, sonriendo con ilusión como pocas veces solía mostrar. Neuval siguió el orden y se paró frente a Kyo. Ambos se miraron alegremente y el hombre le posó una mano en la cabeza. Se acercó a su oído un momento.
—¿Pudo Drasik hacerte el opurita? —le susurró.
—Sí. Y ya me lo he tomado.
—¿Cómo estás?
—Bien, por ahora.
Neuval volvió a erguirse y ya habló en voz alta.
—Bienvenido a la KRS, Kyosuke, Ka-chan —declaró—. Ahora que he vuelto, debo decírtelo, no sin estar orgulloso. Espero que tus compañeros te ayuden a integrarte del todo tal como han estado haciendo desde que eres un iris oficial.
—Daré lo mejor de mí, tío Neu —contestó Kyo.
Neuval asintió con la cabeza y se puso delante de Yako.
—El primer niño que formó parte de mi iniciativa —dijo Neuval.
Yako sonrió con cierta burla.
—¿Al final Alvion consiguió cazarte, maestro? Sé que ha estado en la ciudad buscándote.
—Sí, y en un momento poco oportuno —dijo esto mirando a Raijin de reojo—. También te felicito por tu ascenso a Shokubutsujin-san, aunque fuese ya hace seis años.
—¡Ja! —lanzó una carcajada irónica Nakuru—. Como si para él supusiera algún esfuerzo.
—Nak, no seas mala —refunfuñó Yako.
—Has nacido con el poder de dominar la energía Yang, las mentes de todos los iris y todos los elementos naturales a la vez, y de alcanzar sus niveles máximos en cuestión de pocos años, Yako. Si te conviertes en iris a los 4 años y a los 15 es cuando subes de nivel, no es porque te costara once años alcanzarlo.
—¿Qué hay de malo en tomarme las cosas con calma y disfrutar del avance? —se defendió este—. Soy medio iris, y mi iris funciona como el vuestro, se siente más compatible con un elemento, en mi caso la Planta.
—Yo siempre me he preguntado, ¿no puede tu mitad Zou ejercer algún efecto sobre otras materias aunque no hayas aprendido el dominio? —quiso saber Kyo.
Los demás esperaron que Yako respondiera de nuevo lo que siempre solía responder, que sólo era un iris normal con el dominio de un elemento normal… pero su repentino silencio captó toda la atención de todos. Lo miraron con las mismas caras de sorpresa. Excepto Raijin, que ya lo sabía.
—¿En serio? —le preguntó Neuval, intrigado.
—A ver… fue de manera accidental… —intentó explicar Yako, un poco tímido—. Una sartén en la cocina de mi cafetería se puso a arder en llamas. Reaccioné por instinto, no sé qué hice, moví un brazo para alcanzar un trapo, y aunque estaba a varios metros de distancia, las llamas vinieron hacia mis manos y me envolvieron los brazos… No me quemaron, pero yo creía que sí, entonces sacudí los brazos, las llamas se apagaron, pero provoqué de alguna manera dos torbellinos de aire y me volcaron una olla llena de agua, y al ver que iba a derramarse, hice algún gesto y la olla acabó cayendo al suelo, pero el agua de su interior de repente se había convertido en hielo…
Yako dejó de hablar porque de pronto tenía a todos mirándolo con ojos abiertos como búhos y sonrisas cargadas de interés y curiosidad.
—No me miréis como si fuera algo alucinante, ¡casi me cargo la cafetería!
—Yako —le dijo Drasik—. Dime que tienes cámaras de vigilancia en la cocina y que todo eso quedó grabado.
—No.
—Espera… —lo apuntó Sam con un dedo, pasmado—. ¿No fue ese día hace dos años, que de repente saliste corriendo de la cocina hasta la calle gritando cosas en alemán y sujetándote las manos bajo cada axila cubiertas con dos enormes manoplas?
—Es que entré un poquito en pánico —se excusó Yako, y los demás se echaron a reír—. Pero sigo siendo un Shokubutsu y estoy contento siendo sólo un Shokubutsu.
—Bueno, no lo atosiguemos más con ese tema —apaciguó Neuval, pasando un brazo sobre los hombros de Yako—. Tomó una decisión y debemos respetarla, ¿vale? Veo que habéis evolucionado bastante en mi ausencia. Los Líderes de las otras RS ya pueden morirse de envidia. No creáis que no he aprovechado mi estancia en el Monte Zou para ojear vuestra actividad y logros de los últimos siete años. No habéis tenido muchas misiones de gran calibre, pero vuestro trabajo ha brillado por otras razones. No habéis parado de dar el mejor de los ejemplos como iris. Porque también he leído los expedientes de las demás RS del país, y no tienen ni punto de comparación.
—¿Cómo has leído los expedientes de las otras RS si eso es información clasificada que guardan los monjes? —preguntó Lao con sorpresa.
—Sueño con que algún día terminarás de enterarte de que en el Monte Zou no hay nada prohibido para mí y dejarás de ofenderme con esas preguntas —declaró Neuval, mirando vehemente hacia el cielo.
—Disculpe, su majestad, lo había olvidado —gruñó Lao con sarcasmo, viendo que, sin duda, Neuval mantenía sus manías de siempre de saltarse las normas.
—Ojalá el maestro Hideki siguiera vivo para ver con sus propios ojos que al final logré crear la mejor RS del mundo —sonrió Neuval.
—A pesar de que mi padre te advertía constantemente de los riesgos que eso conllevaba —le dijo Raijin.
—Tú calla, Hideki júnior —le espetó—. No es tu turno.
Siguió el paso y se puso frente a Nakuru para continuar con su revisión.
—Bueno, ¿qué decirte, Nak? A ti te veo a menudo en casa.
—Sí, y ya no podré hacerlo —apuntó la joven—, ya que iba con motivo de visitar a Cleven.
—Pero nunca he podido decirte tranquilamente lo mucho que te agradezco que cuides tanto de Cleven. Realmente, Nakuru... —le posó una mano en el hombro—... eres una de las grandes razones por las que Cleven ha podido seguir adelante. Y, por ende, yo también.
Nakuru se asombró al oír eso, pero luego sonrió halagada. Neuval siguió con el siguiente, Drasik. El chico, al verlo ya delante de él, se puso firme como un soldado, en tensión. Neuval lo observó un rato, analizándolo con interés. Drasik se puso más nervioso aún, preguntándose qué iba a decirle. Como el otro seguía mirándolo, se empezó a preocupar, deseando que no sacara cierto tema.
—¿Sigues persiguiendo a las chicas como cuando eras pequeño? —preguntó entonces Fuujin.
—¿Qué? ¡No! ¡Si yo no...! ¡Pero si yo no hago eso! —explotó como un puro nervio, esa era la pregunta que se temía porque podía acabar relacionándola con cierta pelirroja, ahora que Drasik acababa de enterarse, o de recordar, que era su hija—. ¿¡Po-Por qué lo dices!?
—Pues... —le vaciló, rascándose la barba tranquilamente—. Denzel me ha comentado que este año vas a la misma clase de cierta persona y...
—¿¡Qué!? ¡S… si lo dices por la princesa...! ¡Digo, por Cleventine! ¡Yo no la he tocado, yo no...! ¡O sea, que no me he acercado a ella! Bueno, quizá un poco... ¡pero no he hecho nada! ¡Si a mí no...!
—Drasik... cállate... no la cagues más... —le susurró Yako entre dientes, pegándole codazos.
«Así que sabe que Cleven es mi hija» pensó Neuval. «Normal, me lo esperaba. Van a la misma clase, se ven casi a diario y sabe su nombre y apellido. Cabía esperar que se rompiera al menos la fina capa exterior de la coraza que sepulta sus memorias. Nada más tiene una noción, pero Cleven sigue siendo una desconocida para él. Es mejor así. Por el bien de ambos».
—¡Y si Denzel te ha dicho algo, es mentira! —continuó Drasik—. ¡Mentira!
—Quieto, quieto... —lo tranquilizó Neuval—. No pasa nada, hombre, no sé por qué te pones así.
—Hehehe... —le entró la risa nerviosa, preguntándose si de verdad se había enterado de sus intentos de flirteo con Cleven o no sospechaba nada—. Yo no...
Se calló cuando Neuval le puso una mano en el hombro y se acercó a su oído.
—Me alegro de que sigas tan animado —le susurró—. Te falta mucho por crecer y por madurar todavía. Pero nunca cambies quién eres, Dras. Sé lo que vi cuando te acogí en la KRS y tengo grandes planes para ti en el futuro. Y gracias por hacerle a Kyo el opurita sin hacer preguntas, tan leal como siempre.
Drasik se quedó sin habla cuando oyó esa frase del medio. ¿Planes para el futuro? En ese momento no entendió a qué se refería y le intrigaba que se lo hubiese dicho en voz baja como si no quisiera que los demás lo oyesen. Miró a su maestro con un interrogante, pero Fuujin se limitó a darle unas palmaditas con esa sonrisa tan normal pero tan misteriosa. Lo cierto es que no era la primera vez que Neuval le soltaba una indirecta o comentario de ese tipo y nunca entendía por qué.
Neuval dio otro paso hacia la izquierda y se paró frente a Raijin. Ambos compartieron una mirada desafiante. Raijin pensó que ahora empezaría a soltarle algún comentario respecto a lo que había pasado con Cleven o respecto a cualquier otra queja que tuviera de él. Y si eso iba a ser así, Raijin no se iba a callar.
Ya está, Neuval se acercó más a él y lo miró más fijamente, seguro que iba a decirle algo…
—Brey. Gracias por haber cuidado de todos durante estos siete años.
Raijin abrió los ojos, desconcertado. Eso no se lo esperaba. Ahí estaba. La gratitud que dos días atrás le mencionó que le debía, pero que en el fondo nunca esperó escuchar. Le costó asimilar que realmente lo había dicho con sinceridad.
Al final, Raijin asintió con la cabeza, un poco pensativo. Él también tenía que agradecerle algo.
—Y a ti... por haber dejado a Cleven quedarse conmigo.
—Cuídala —dijo Neuval severamente—, o como le pase algo te arrepentirás de ser mi cuñado.
—Es obvio que lo haré. Yo también la quiero.
—Ya lo sé. Y os lo digo a todos, una vez más —Neuval se volvió hacia los demás—, que hace poco me he enterado de que Cleven anda con todos vosotros. Mantenedla alejada de todo este mundo iris.
—Descuida, Neuval —afirmó Yako—. Cleven no volverá a verse envuelta o afectada por los peligros como en el pasado.
«¿Eh? ¿Le pasó algo a la princesa en el pasado?» Drasik frunció el ceño, sin entender eso, y se quedó intrigado.
—Y no sólo eso —señaló Neuval—. Os advierto que mi Técnica puede degenerarse con el tiempo. Y no sólo hablo de las nubes. También puede ocurrir con los recuerdos fuertemente sepultados. No siempre, pero mejor prevenir.
—¿A qué te refieres? —preguntó Sam.
—Una palabra clave, o una imagen, un sueño, un nombre o gesto muy específico. Pueden dar indicios a recordar algo, por muchos años que hayan pasado. Tened cuidado con lo que hagáis y digáis delante de ella. Si le vuelvo a borrar la memoria, podría causarle una lesión cerebral.
Todos asintieron con la cabeza firmemente. Nakuru miró a Drasik por el rabillo del ojo. Parecía sorprendido por esta noticia, ya que él no sabía quién era Cleven hasta hace unas horas durante la tonta pelea entre ella y Raijin y los mellizos, y, por lo tanto, tampoco sabía que Fuujin le había borrado la memoria a él de todo lo que ocurrió en el pasado relacionado con ella. Nakuru le había aclarado a Drasik antes que Fuujin les puso una nube a todos y que por eso no la recordaba. Pero Drasik sentía algo raro, sentía que su amiga no estaba siendo totalmente sincera, porque si él había tenido una nube como los demás y esta ya se había disipado al terminar de descubrir quién era Cleven en realidad, ¿por qué los demás parecían haber recuperado recuerdos de Cleven del pasado y él todavía no lograba recordar absolutamente nada de ella, de su presencia o de su existencia en el pasado?
«¿Será que mi nube no se ha disipado del todo?» se preguntaba el chico. «Yako y Sam hablan de ella como si ya la conocieran del pasado. Pero, para mí, Cleventine sigue siendo una desconocida. ¿Por qué yo no me acuerdo de haberla visto antes, si se supone que la hija de Fuujin se relacionaba con nosotros en otra época? Entiendo que la nube era para evitar reconocernos mutuamente al pasar por la calle y evitar entablar contacto durante estos años… Pero, si el contacto ya ha sucedido inevitablemente… ¿por qué mi nube no se va? ¿O acaso yo tuve escaso contacto o relación con ella en el pasado y por eso no tengo recuerdos de ella?».
Nakuru podía sentir los pensamientos que se cruzaban por la mente de Drasik. Miró al suelo, apesadumbrada. «Es obvio que Dras percibe algunas cosas que no encajan y que se va a hacer preguntas. A él no le pusieron una nube. Fuujin le borró la memoria a Drasik igual que se la borró a Cleven, el uno del otro. Pero, con suerte, se le quitará ese interés por Cleven como hace con todas las chicas y dejará de hacérselas».
—Bueno, ¿y a mí no me dices nada? —protestó el viejo Lao, sintiéndose marginado de la emotiva reunión entre un Líder y sus discípulos—. ¿No me dices un discursito de Líder superguay? ¿No me das unas palmaditas en la espalda?
Neuval se lo quedó mirando con cara de aburrimiento.
—Ven, deja que te ayude —dijo Lao; agarró la mano de Neuval y se la puso sobre su propio hombro, obligándole a darle palmaditas—. “Y tú… Kei Lian… ¿qué decirte?” —Lao imitó la voz de Neuval pero añadiendo dramatismo—. “Nada de esto habría sido posible sin tus incesantes consejos, apoyo moral e insistencias para que regresara, no sólo a la Asociación, sino también a mi verdadero yo… mi verdadero e insoportable yo… tan arrogante y rebelde y terco… Oh, Kei Lian, siento mucho todos los problemas y dolores de cabeza que te he causado desde que era pequeño. Para compensártelo, mandaré que te hagan una placa bien grande que diga ‘Mejor padre y empleado del año’, lo cual viene acompañado de un mes de vacaciones extra en el trabajo, por lo que yo me ocuparé de todos tus deberes y reuniones y…”
—¡No te emociones tanto! —le interrumpió Neuval, soltándose de su mano.
—¡Qué hijo más malo…! —lloró Lao desconsoladamente.
Los demás no paraban de reírse. Habían añorado incluso esas tontas y divertidas escenas entre Neuval y Lao.
—¿Por qué está tan huraño contigo, Kei Lian? —le preguntó Yako al viejo.
—Nah, Neuval solamente está picajoso porque cree que tu abuelo y yo conspiramos juntos para someterlo bajo control.
—Es lo que llevas toda la vida haciendo con tu queridísimo amigo Alvion —le acusó el aludido.
—¿El qué? ¿Ayudarte, salvarte el pellejo y sacarte de tremendos berenjenales? Sí, supongo —asintió Lao con una descarada calma, meciéndose la barba.
Los demás volvieron a reírse, mientras Neuval negaba con la cabeza con resignación.
Los jóvenes iris de la KRS se fueron aproximando a la Torre de Tokio, viendo su punta asomando entre los rascacielos y cada vez más cercana. Drasik era el que estaba más emocionado, y Yako y Sam, por su parte, seguían con la duda sobre qué estaba pasando. Ellos no habían visto a su maestro desde hacía años, no como Raijin, Kyo y Nakuru, que habían tenido un encuentro con él no hace mucho. Sin embargo, la sorpresa de su llamada a través de su tatuaje no faltaba en ninguno de ellos.
Cuando Raijin volvió a impulsarse con los pies en el borde de la azotea de un edificio para saltar al siguiente, vio una enorme figura que, de no ser por sus rápidos reflejos, se habría estampado en su cara. El rubio dio un viraje en el aire con sobresalto y se pegó, literalmente, a una viga vertical de hierro que sobresalía de un edificio en obras, a través del electromagnetismo de su cuerpo.
—¡Uy, perdona, Brey! —exclamó Lao, aterrizando sobre el edificio de enfrente.
—¡Abuelo, también lo has notado! —dijo Kyo, y se paró con los demás por los edificios de alrededor.
—¡Claro que sí! ¡Jajaja! —carcajeó el viejo sonoramente, hinchándose de júbilo y poniendo sus musculosos brazos en jarra al verlos todos ahí—. ¡Yako, Sam, me alegro de veros! ¡Hace ya un tiempo!
—¡Hey, Kajin-san! —Yako saltó a donde estaba él, sonriente—. Duo xiang ni ya! You shen me xi qi de? —le habló en chino.
—Mei you —contestó Lao—. Ni ne?
—Hen hao.
—¡Eh, eh, basta de cháchara! ¡La impaciencia me va a matar! —intervino Drasik, levantando la palma de la mano.
—Jamás llegué a imaginar que volveríamos a estar todos juntos otra vez —se emocionó Nakuru.
—Y una vez más, Fuujin es la causa —contestó Lao—. ¡Pero vamos! ¿Qué hacéis ahí parados? ¡Que nos está esperando!
Los siete iris se apresuraron a aterrizar en el suelo junto a las patas de la torre roja, a esas horas cerrada como atracción. No había ni un alma por toda la zona, así que supusieron que Fuujin estaba en las alturas, como siempre. No obstante, no tuvieron que esperar mucho. Todos vieron cómo una figura negra con un destello blanco bajaba entre las vigas de la torre a gran velocidad, hasta que, con un último viraje, se sentó en una de las vigas de una de las patas de la torre, a cinco metros sobre sus cabezas. El parisino les sonrió sin decir nada.
Para Yako, Sam, Nakuru, Drasik y Kyo, verlo aparecer de esa forma por primera vez en años, descendiendo desde las alturas como un iris, con su ojo abierto emitiendo su luz blanca propia del elemento Viento en aquella penumbra, era como ver a un fantasma. Se quedaron mudos observándolo, respirando con expectación. Ver a Neuval no era lo mismo que ver a Fuujin. Uno era un ciudadano normal, típico empresario con traje, elegante, serio, aburrido… y el otro era una bomba nuclear. Neuval llevaba demasiado tiempo siendo lo primero, y para sus jóvenes compañeros de la KRS, ver su verdadera esencia ahí personificada después de siete años, era la mayor sorpresa de sus vidas.
Neuval apoyó la cabeza en una mano y siguió sonriéndoles, disfrutando con sus caras boquiabiertas. Sabía que todos, menos Lao, se estaban haciendo la misma pregunta: ¿Esta llamada a través del tatuaje por primera vez en siete años significaba su regreso oficial?
—¿Cómo están mis pequeños iris marginados? —saludó Neuval entonces.
Los demás se miraron compartiendo una risa de emoción, excepto Raijin, que se cruzó de brazos sin más con un gruñido típico de los suyos. Neuval los llamaba así porque es lo que eran antes de que los acogiese en su KRS. Como muchos otros de aquella época, fueron iris marginados nada más acabar su entrenamiento porque ninguna RS quería acogerlos, ya bien fuera por motivo de su corta edad, como Nakuru y Sam, o por otras circunstancias, como Yako, o por ambas cosas, como Drasik. Hasta que Neuval promovió la iniciativa, entre él y otras RS, de darles una oportunidad a los más jóvenes. Raijin, Kyo y Lao eran otro caso por ser sus familiares.
—Maestro, antes que nada —dijo Yako, dando un paso adelante—. ¿Nos… nos puedes aclarar esto? ¿Es lo que creemos que es? Porque nos has llamado a través de la Marca, y sólo un iris oficial tiene Marca… ¿Vuelves a tener tu tatuaje por la razón que creemos o es por otra razón?
Neuval saltó de la viga, aterrizando frente a ellos. Caminó hacia Yako, parándose delante de él.
—¿Qué otra razón va a haber? —le sonrió.
Con eso era suficiente para confirmarlo, por lo que Yako no pudo evitar el impulso de saltar sobre él para darle un gran abrazo.
—¡Hey, Yako, que ya no eres un niño! —se rio Neuval—. Ya pesas…
Sin embargo, Sam, Kyo, Drasik y Nakuru se unieron a Yako y compartieron el abrazo, con tanta emoción que al final lo tiraron al suelo. A Drasik casi se le escapó un lloriqueo.
—¡Bugh! ¡Ni que haya resucitado de entre los muertos! —agonizó Neuval, con cinco personas sobre él.
—¡Sándwich, yo también quiero! —se aventuró el viejo Lao y se tiró en plancha sobre todos ellos.
—¡Uaaagh! ¡Que pesas un quintal, Kajin-san! —exclamaron los jóvenes.
Raijin se mantuvo ahí distante, observándolos como si fueran todos unos bichos raros. «Todos locos» pensó el rubio, dando un suspiro. Después de un rato, todos dejaron respirar a Fuujin un poco, reunidos en corro a los pies de la torre, en la penumbra, donde la luz de las farolas de la calle no iluminaba mucho. Por eso, en ese lugar destacaban ocho lucecitas de diferentes colores que emitían por sus ojos izquierdos.
—C’est incroyable, cómo habéis crecido todos… —les decía Neuval, contento—. Dejad que os eche un vistazo —se puso delante de Sam, que estaba a su derecha, y lo miró de hito en hito—. Sammy, ¡vas a acabar midiendo dos metros como tu padre! Con 10 años aún no habías dado el estirón —se rio—. Me ha dicho Lao que ascendiste al nivel Dobutsujin-san hace tres años.
—Sí —afirmó, poniéndose firme.
—Te doy mi enhorabuena, es un gran mérito para tu edad. Vas a tener que enseñarme tus nuevas capacidades.
Sam asintió con la cabeza, sonriendo con ilusión como pocas veces solía mostrar. Neuval siguió el orden y se paró frente a Kyo. Ambos se miraron alegremente y el hombre le posó una mano en la cabeza. Se acercó a su oído un momento.
—¿Pudo Drasik hacerte el opurita? —le susurró.
—Sí. Y ya me lo he tomado.
—¿Cómo estás?
—Bien, por ahora.
Neuval volvió a erguirse y ya habló en voz alta.
—Bienvenido a la KRS, Kyosuke, Ka-chan —declaró—. Ahora que he vuelto, debo decírtelo, no sin estar orgulloso. Espero que tus compañeros te ayuden a integrarte del todo tal como han estado haciendo desde que eres un iris oficial.
—Daré lo mejor de mí, tío Neu —contestó Kyo.
Neuval asintió con la cabeza y se puso delante de Yako.
—El primer niño que formó parte de mi iniciativa —dijo Neuval.
Yako sonrió con cierta burla.
—¿Al final Alvion consiguió cazarte, maestro? Sé que ha estado en la ciudad buscándote.
—Sí, y en un momento poco oportuno —dijo esto mirando a Raijin de reojo—. También te felicito por tu ascenso a Shokubutsujin-san, aunque fuese ya hace seis años.
—¡Ja! —lanzó una carcajada irónica Nakuru—. Como si para él supusiera algún esfuerzo.
—Nak, no seas mala —refunfuñó Yako.
—Has nacido con el poder de dominar la energía Yang, las mentes de todos los iris y todos los elementos naturales a la vez, y de alcanzar sus niveles máximos en cuestión de pocos años, Yako. Si te conviertes en iris a los 4 años y a los 15 es cuando subes de nivel, no es porque te costara once años alcanzarlo.
—¿Qué hay de malo en tomarme las cosas con calma y disfrutar del avance? —se defendió este—. Soy medio iris, y mi iris funciona como el vuestro, se siente más compatible con un elemento, en mi caso la Planta.
—Yo siempre me he preguntado, ¿no puede tu mitad Zou ejercer algún efecto sobre otras materias aunque no hayas aprendido el dominio? —quiso saber Kyo.
Los demás esperaron que Yako respondiera de nuevo lo que siempre solía responder, que sólo era un iris normal con el dominio de un elemento normal… pero su repentino silencio captó toda la atención de todos. Lo miraron con las mismas caras de sorpresa. Excepto Raijin, que ya lo sabía.
—¿En serio? —le preguntó Neuval, intrigado.
—A ver… fue de manera accidental… —intentó explicar Yako, un poco tímido—. Una sartén en la cocina de mi cafetería se puso a arder en llamas. Reaccioné por instinto, no sé qué hice, moví un brazo para alcanzar un trapo, y aunque estaba a varios metros de distancia, las llamas vinieron hacia mis manos y me envolvieron los brazos… No me quemaron, pero yo creía que sí, entonces sacudí los brazos, las llamas se apagaron, pero provoqué de alguna manera dos torbellinos de aire y me volcaron una olla llena de agua, y al ver que iba a derramarse, hice algún gesto y la olla acabó cayendo al suelo, pero el agua de su interior de repente se había convertido en hielo…
Yako dejó de hablar porque de pronto tenía a todos mirándolo con ojos abiertos como búhos y sonrisas cargadas de interés y curiosidad.
—No me miréis como si fuera algo alucinante, ¡casi me cargo la cafetería!
—Yako —le dijo Drasik—. Dime que tienes cámaras de vigilancia en la cocina y que todo eso quedó grabado.
—No.
—Espera… —lo apuntó Sam con un dedo, pasmado—. ¿No fue ese día hace dos años, que de repente saliste corriendo de la cocina hasta la calle gritando cosas en alemán y sujetándote las manos bajo cada axila cubiertas con dos enormes manoplas?
—Es que entré un poquito en pánico —se excusó Yako, y los demás se echaron a reír—. Pero sigo siendo un Shokubutsu y estoy contento siendo sólo un Shokubutsu.
—Bueno, no lo atosiguemos más con ese tema —apaciguó Neuval, pasando un brazo sobre los hombros de Yako—. Tomó una decisión y debemos respetarla, ¿vale? Veo que habéis evolucionado bastante en mi ausencia. Los Líderes de las otras RS ya pueden morirse de envidia. No creáis que no he aprovechado mi estancia en el Monte Zou para ojear vuestra actividad y logros de los últimos siete años. No habéis tenido muchas misiones de gran calibre, pero vuestro trabajo ha brillado por otras razones. No habéis parado de dar el mejor de los ejemplos como iris. Porque también he leído los expedientes de las demás RS del país, y no tienen ni punto de comparación.
—¿Cómo has leído los expedientes de las otras RS si eso es información clasificada que guardan los monjes? —preguntó Lao con sorpresa.
—Sueño con que algún día terminarás de enterarte de que en el Monte Zou no hay nada prohibido para mí y dejarás de ofenderme con esas preguntas —declaró Neuval, mirando vehemente hacia el cielo.
—Disculpe, su majestad, lo había olvidado —gruñó Lao con sarcasmo, viendo que, sin duda, Neuval mantenía sus manías de siempre de saltarse las normas.
—Ojalá el maestro Hideki siguiera vivo para ver con sus propios ojos que al final logré crear la mejor RS del mundo —sonrió Neuval.
—A pesar de que mi padre te advertía constantemente de los riesgos que eso conllevaba —le dijo Raijin.
—Tú calla, Hideki júnior —le espetó—. No es tu turno.
Siguió el paso y se puso frente a Nakuru para continuar con su revisión.
—Bueno, ¿qué decirte, Nak? A ti te veo a menudo en casa.
—Sí, y ya no podré hacerlo —apuntó la joven—, ya que iba con motivo de visitar a Cleven.
—Pero nunca he podido decirte tranquilamente lo mucho que te agradezco que cuides tanto de Cleven. Realmente, Nakuru... —le posó una mano en el hombro—... eres una de las grandes razones por las que Cleven ha podido seguir adelante. Y, por ende, yo también.
Nakuru se asombró al oír eso, pero luego sonrió halagada. Neuval siguió con el siguiente, Drasik. El chico, al verlo ya delante de él, se puso firme como un soldado, en tensión. Neuval lo observó un rato, analizándolo con interés. Drasik se puso más nervioso aún, preguntándose qué iba a decirle. Como el otro seguía mirándolo, se empezó a preocupar, deseando que no sacara cierto tema.
—¿Sigues persiguiendo a las chicas como cuando eras pequeño? —preguntó entonces Fuujin.
—¿Qué? ¡No! ¡Si yo no...! ¡Pero si yo no hago eso! —explotó como un puro nervio, esa era la pregunta que se temía porque podía acabar relacionándola con cierta pelirroja, ahora que Drasik acababa de enterarse, o de recordar, que era su hija—. ¿¡Po-Por qué lo dices!?
—Pues... —le vaciló, rascándose la barba tranquilamente—. Denzel me ha comentado que este año vas a la misma clase de cierta persona y...
—¿¡Qué!? ¡S… si lo dices por la princesa...! ¡Digo, por Cleventine! ¡Yo no la he tocado, yo no...! ¡O sea, que no me he acercado a ella! Bueno, quizá un poco... ¡pero no he hecho nada! ¡Si a mí no...!
—Drasik... cállate... no la cagues más... —le susurró Yako entre dientes, pegándole codazos.
«Así que sabe que Cleven es mi hija» pensó Neuval. «Normal, me lo esperaba. Van a la misma clase, se ven casi a diario y sabe su nombre y apellido. Cabía esperar que se rompiera al menos la fina capa exterior de la coraza que sepulta sus memorias. Nada más tiene una noción, pero Cleven sigue siendo una desconocida para él. Es mejor así. Por el bien de ambos».
—¡Y si Denzel te ha dicho algo, es mentira! —continuó Drasik—. ¡Mentira!
—Quieto, quieto... —lo tranquilizó Neuval—. No pasa nada, hombre, no sé por qué te pones así.
—Hehehe... —le entró la risa nerviosa, preguntándose si de verdad se había enterado de sus intentos de flirteo con Cleven o no sospechaba nada—. Yo no...
Se calló cuando Neuval le puso una mano en el hombro y se acercó a su oído.
—Me alegro de que sigas tan animado —le susurró—. Te falta mucho por crecer y por madurar todavía. Pero nunca cambies quién eres, Dras. Sé lo que vi cuando te acogí en la KRS y tengo grandes planes para ti en el futuro. Y gracias por hacerle a Kyo el opurita sin hacer preguntas, tan leal como siempre.
Drasik se quedó sin habla cuando oyó esa frase del medio. ¿Planes para el futuro? En ese momento no entendió a qué se refería y le intrigaba que se lo hubiese dicho en voz baja como si no quisiera que los demás lo oyesen. Miró a su maestro con un interrogante, pero Fuujin se limitó a darle unas palmaditas con esa sonrisa tan normal pero tan misteriosa. Lo cierto es que no era la primera vez que Neuval le soltaba una indirecta o comentario de ese tipo y nunca entendía por qué.
Neuval dio otro paso hacia la izquierda y se paró frente a Raijin. Ambos compartieron una mirada desafiante. Raijin pensó que ahora empezaría a soltarle algún comentario respecto a lo que había pasado con Cleven o respecto a cualquier otra queja que tuviera de él. Y si eso iba a ser así, Raijin no se iba a callar.
Ya está, Neuval se acercó más a él y lo miró más fijamente, seguro que iba a decirle algo…
—Brey. Gracias por haber cuidado de todos durante estos siete años.
Raijin abrió los ojos, desconcertado. Eso no se lo esperaba. Ahí estaba. La gratitud que dos días atrás le mencionó que le debía, pero que en el fondo nunca esperó escuchar. Le costó asimilar que realmente lo había dicho con sinceridad.
Al final, Raijin asintió con la cabeza, un poco pensativo. Él también tenía que agradecerle algo.
—Y a ti... por haber dejado a Cleven quedarse conmigo.
—Cuídala —dijo Neuval severamente—, o como le pase algo te arrepentirás de ser mi cuñado.
—Es obvio que lo haré. Yo también la quiero.
—Ya lo sé. Y os lo digo a todos, una vez más —Neuval se volvió hacia los demás—, que hace poco me he enterado de que Cleven anda con todos vosotros. Mantenedla alejada de todo este mundo iris.
—Descuida, Neuval —afirmó Yako—. Cleven no volverá a verse envuelta o afectada por los peligros como en el pasado.
«¿Eh? ¿Le pasó algo a la princesa en el pasado?» Drasik frunció el ceño, sin entender eso, y se quedó intrigado.
—Y no sólo eso —señaló Neuval—. Os advierto que mi Técnica puede degenerarse con el tiempo. Y no sólo hablo de las nubes. También puede ocurrir con los recuerdos fuertemente sepultados. No siempre, pero mejor prevenir.
—¿A qué te refieres? —preguntó Sam.
—Una palabra clave, o una imagen, un sueño, un nombre o gesto muy específico. Pueden dar indicios a recordar algo, por muchos años que hayan pasado. Tened cuidado con lo que hagáis y digáis delante de ella. Si le vuelvo a borrar la memoria, podría causarle una lesión cerebral.
Todos asintieron con la cabeza firmemente. Nakuru miró a Drasik por el rabillo del ojo. Parecía sorprendido por esta noticia, ya que él no sabía quién era Cleven hasta hace unas horas durante la tonta pelea entre ella y Raijin y los mellizos, y, por lo tanto, tampoco sabía que Fuujin le había borrado la memoria a él de todo lo que ocurrió en el pasado relacionado con ella. Nakuru le había aclarado a Drasik antes que Fuujin les puso una nube a todos y que por eso no la recordaba. Pero Drasik sentía algo raro, sentía que su amiga no estaba siendo totalmente sincera, porque si él había tenido una nube como los demás y esta ya se había disipado al terminar de descubrir quién era Cleven en realidad, ¿por qué los demás parecían haber recuperado recuerdos de Cleven del pasado y él todavía no lograba recordar absolutamente nada de ella, de su presencia o de su existencia en el pasado?
«¿Será que mi nube no se ha disipado del todo?» se preguntaba el chico. «Yako y Sam hablan de ella como si ya la conocieran del pasado. Pero, para mí, Cleventine sigue siendo una desconocida. ¿Por qué yo no me acuerdo de haberla visto antes, si se supone que la hija de Fuujin se relacionaba con nosotros en otra época? Entiendo que la nube era para evitar reconocernos mutuamente al pasar por la calle y evitar entablar contacto durante estos años… Pero, si el contacto ya ha sucedido inevitablemente… ¿por qué mi nube no se va? ¿O acaso yo tuve escaso contacto o relación con ella en el pasado y por eso no tengo recuerdos de ella?».
Nakuru podía sentir los pensamientos que se cruzaban por la mente de Drasik. Miró al suelo, apesadumbrada. «Es obvio que Dras percibe algunas cosas que no encajan y que se va a hacer preguntas. A él no le pusieron una nube. Fuujin le borró la memoria a Drasik igual que se la borró a Cleven, el uno del otro. Pero, con suerte, se le quitará ese interés por Cleven como hace con todas las chicas y dejará de hacérselas».
—Bueno, ¿y a mí no me dices nada? —protestó el viejo Lao, sintiéndose marginado de la emotiva reunión entre un Líder y sus discípulos—. ¿No me dices un discursito de Líder superguay? ¿No me das unas palmaditas en la espalda?
Neuval se lo quedó mirando con cara de aburrimiento.
—Ven, deja que te ayude —dijo Lao; agarró la mano de Neuval y se la puso sobre su propio hombro, obligándole a darle palmaditas—. “Y tú… Kei Lian… ¿qué decirte?” —Lao imitó la voz de Neuval pero añadiendo dramatismo—. “Nada de esto habría sido posible sin tus incesantes consejos, apoyo moral e insistencias para que regresara, no sólo a la Asociación, sino también a mi verdadero yo… mi verdadero e insoportable yo… tan arrogante y rebelde y terco… Oh, Kei Lian, siento mucho todos los problemas y dolores de cabeza que te he causado desde que era pequeño. Para compensártelo, mandaré que te hagan una placa bien grande que diga ‘Mejor padre y empleado del año’, lo cual viene acompañado de un mes de vacaciones extra en el trabajo, por lo que yo me ocuparé de todos tus deberes y reuniones y…”
—¡No te emociones tanto! —le interrumpió Neuval, soltándose de su mano.
—¡Qué hijo más malo…! —lloró Lao desconsoladamente.
Los demás no paraban de reírse. Habían añorado incluso esas tontas y divertidas escenas entre Neuval y Lao.
—¿Por qué está tan huraño contigo, Kei Lian? —le preguntó Yako al viejo.
—Nah, Neuval solamente está picajoso porque cree que tu abuelo y yo conspiramos juntos para someterlo bajo control.
—Es lo que llevas toda la vida haciendo con tu queridísimo amigo Alvion —le acusó el aludido.
—¿El qué? ¿Ayudarte, salvarte el pellejo y sacarte de tremendos berenjenales? Sí, supongo —asintió Lao con una descarada calma, meciéndose la barba.
Los demás volvieron a reírse, mientras Neuval negaba con la cabeza con resignación.
¡LA KRS JUNTA DE NUEVO!
ResponderEliminarTodos ahi super emocioando esperando las palabras de su lider, el cual tambien ha sido como una escie de padre para todos en realidad. Me ha hecho mucha gracia Drasik poniendose sobradamente nervioso al hablar con Fuujin, aunque la llegada de el ya de vuelta va a traer claramente muchas cosas a futuro. El secreto en el que esta envuelto no va a durar aternamente, claramente y cuando se revele todo lo que le han ocultaod, uff.
Croe que es bastante evidente para cualquiera que me lea lo muchisimo que me gusta Drasik como personaje, le tengo muchisimo cariño, amdlita sea. A muchos otros tambien, pero por algo motivo este cabeza de pelos locos, es especial.