Seguidores

2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __









14.
Tío y sobrino

Mientras iban caminando por las calles hacia algún restaurante, Brey llamó a Agatha por teléfono para pedirle que recogiese a los mellizos del colegio y les pusiera la comida, y tras explicarle la razón de por qué él no podía, la anciana aceptó rápidamente, contenta por la noticia.

Esto hizo que Lex recordara la otra noche, hace una semana, cuando visitó la casa de Agatha porque esta solicitó un doctor a domicilio, debido a que Clover no despertaba de su sueño y estaba teniendo un comportamiento extraño. Al final resultó no ser nada grave ni importante –que él supiera– y después de eso se quedó largo rato conversando con Agatha sobre sus problemas con su padre y lo que sucedió en el pasado.

Lex le pidió a la anciana en aquel momento que no le dijera a su tío que había venido a atender a Clover, para no preocuparlo. Pero es que había una cosa en el mundo que a Lex le costaba mucho, y era ser deshonesto. De todas formas, como no había pasado nada serio, tampoco importaba mucho ya.

—Tío Brey.

—¿Mm?

—Lo cierto es… que conocí a tus hijos hace unos días.

Brey se detuvo y lo miró algo sorprendido.

—Ah… ¿Te los cruzaste en algún lugar?

—No… Verás… Fue una coincidencia —le explicó, y le contó lo que pasó aquella noche—. Le pedí a Agatha que no te dijera nada para que no te preocuparas, ya que al final resultó no ser nada.

—¿Un estado de sueño profundo? —repitió el rubio—. ¿Pero no despertaba a pesar de que Dai la movía y la llamaba a voces?

—Es inusual, pero no algo fuera de lo normal. Hay gente que cuando duerme puede entrar en un estado de sueño muy profundo y les cuesta mucho despertar incluso ante ruidos o movimientos fuertes. ¿Por qué tienes esa cara tan inquieta? Te aseguro que Clover está bien.

—Ya, no… Es que eso no es nuevo para mí, Lex —dijo, echando a caminar de nuevo.

—¿Qué? ¿Ha pasado otras veces antes?

—Muchas. Pero al parecer Agatha nunca lo ha presenciado hasta el otro día, y yo nunca se lo he comentado. Normal que se preocupara y llamara a un médico. Desde que Clover nació, de vez en cuando ha tenido… episodios o comportamientos un poco extraños, pero muy breves.

—¿De qué tipo?

—A veces se queda muy quieta mirando un punto concreto, donde aparentemente no hay nada. Otras veces, la he oído hablando sola. Y otras veces, no sé, pero… cuando toca algunos objetos, manifiesta reacciones diferentes que no comprendo. Siempre he pensado que eso es porque ella es humana y yo un iris nato, y que eso serían cosas normales de niños humanos.

—No tengo experiencia alguna como padre, obvio, pero he tratado a muchos niños de la edad de los tuyos, y ese tipo de comportamientos suelen ser bastante comunes. La otra noche sólo pude interactuar un poco con Daisuke, ya que Clover estuvo dormida todo el rato.

—¿Le dijiste que eres su primo?

—No, no dije nada. No sabía hasta qué punto ellos sabían ciertas cosas, y yo por si acaso no quería complicar las cosas. El pobre ya estaba bastante preocupado por su hermana. Parece un niño dulce, y es muy espabilado.

—Es un mocoso irritante que ha heredado la vena dramática de su madre y que adora sacarme de quicio —bufó Brey—. Sin embargo… tiene buen corazón. Aunque se pase la mayor parte del tiempo huraño y arrogante, a veces es sorprendentemente atento con la gente que se siente mal o tiene algún problema. Con su hermana sobre todo, pero también conmigo y con los demás. Cuando ve a alguien o me ve a mí con un aspecto muy cansado o desanimado, el mocoso se transforma y se pone: “Siéntate, papá. ¿Quieres un vaso de agua? ¿Quieres una manta? Quédate tranquilo viendo la tele, yo te hago la cena, yo me encargo”. Un día me llevé un buen susto, porque yo creía que lo decía por decir, pero realmente intentó ponerse a cocinar él solo y tuve que apagar con el extintor una sartén en llamas.

—¡Hahaha! Cada día debe de ser una aventura con ellos, ¿no?

—Sí… de 24 horas diarias, siete días a la semana… —Brey respiró hondo y soltó el aire con un largo suspiro agotado—… 365 días al año…

—Supongo que Clover es más buena y no te da tanta guerra.

—Clover es lo contrario a su hermano. La mayor parte del tiempo es tranquila y simpática, pero cuando alguien la enfada… —de repente Brey miró a su sobrino muy fijamente a los ojos con expresión sombría, y Lex se asustó—… tiene un carácter de mil demonios.

—¿Clover? —reiteró Lex, sin poder creerlo—. ¿Grita mucho cuando se enfada?

—No. Es un tipo de enfado mucho peor. El tipo de enfado en el que ella se queda extremadamente callada, mirándote fijamente a los ojos, sin pestañear… y tú, con esa mirada y ese silencio, sin saber muy bien por qué, notas cómo te está taladrando el alma y te recorren escalofríos por todo el cuerpo.

—¿Clover te ha hecho sentir eso… incluso a ti? —enfatizó las últimas palabras, incrédulo—. Espera, ¿no es acaso esa la misma manera en que tú y yo expresamos nuestro enfado también?

—Precisamente —afirmó Brey—. Clover ha heredado el mismo temperamento que tú y yo hemos heredado de mi padre.

—Ooh… —dijo Lex con un deje tierno.

—Solo que Clover es más aterradora —añadió Brey.

—O… ah… —se estremeció Lex.

—Tengo que tener cuidado con eso. No es lo mismo el estado de enfado constante de Daisuke, que lo va expulsando en dosis pequeñas todos los días y es inofensivo, que el estado de enfado ocasional de Clover, que explota como una bomba cada cierto tiempo. Cuando otros niños alguna vez se han metido con ella o han hecho algo que la ha molestado mucho, Clover los mira de forma aterradora. Pero si la empujan o la molestan una segunda vez…

—¿Los agrede?

—Se lía a hostias con ellos —asintió—. Una vez le partió la nariz a un niño de 11 años y dejó a otros tres agonizando en el suelo. Así que Clover tiene las dos variantes: con el primer empujón, el temible semblante de mi padre; y con el segundo empujón, se vuelve bruta como…

—Como tu madre. Como la abuela Emiliya —adivinó Lex enseguida.

—Exacto.

—Peligrosa combinación —sonrió, negando con la cabeza—. No parece que Clover necesite realmente la protección de su hermano teniendo el carácter Saehara y el carácter Smirkov combinados. Se protege bien solita.

—El caso es que esas veces tengo que proteger yo a los otros niños de ella.

—¿Sueles regañar a Clover cuando hace eso?

—Le repito lo de siempre. Que está bien que se defienda. Pero tiene que aprender a controlar su modo de defensa para no convertirlo en ataque excesivo, el justo para asustar a tu adversario, no para partir narices.

—Caray… —resopló Lex—. La verdad, sería genial poder conocerlos más. Todo lo que sé de ellos es por boca de otros y ya parecen extraordinarios.

Brey se quedó un rato en silencio, y tardó un poco en responder a eso.

—Las cosas… —titubeó un poco, bajando la mirada con aire taciturno—… están empezando a ir un poco mejor hoy en día. Mi vida está volviendo a recuperar algo de luz últimamente. Reencontrarme contigo es una razón más en la lista —volvió a mirarlo y le sonrió—. No sé si tu padre seguiría en desacuerdo o si ya está más calmado y dispuesto a confiar en mí un poco más, ya que en muchos años no he vuelto a tener síntomas de… —fue a mencionar su problema con su majin, pero prefirió no hacerlo—. Lo que quiero decir es… que la vida ahora parece estar volviendo a asentarse en el cauce del que se desbordó hace años, con tantas muertes en nuestra familia… Así que, estaría bien mantener el contacto, Lex. Vernos de vez en cuando, tomar algo por ahí… venir a mi casa y estar un rato con los mocosos para conocerlos más y eso…

De repente Lex se paró delante de él y le puso una mano en el hombro, con una sonrisa muy entusiasmada.

—Eso me gustaría. Me gustaría muchísimo, tío Brey. De hecho, lo vamos a tener más fácil a partir de ahora. Vas a empezar muy pronto las prácticas en el hospital, ¿no? ¿Dónde las harás, en el hospital de la universidad o en este que has visitado hoy?

—Todavía no he decidido eso.

—Pues si eliges hacerlas ahí en el Hospital Kyoko, puedo mover algunos hilos para que me pongan de mentor del grupo de internos en el que te asignen.

Brey lo miró con un brillo nostálgico en los ojos, con esa rara calidez que apenas mostraba al exterior. La misma con la que miró a Cleven cuando ella aceptó irse a vivir con él. Los hijos de su hermana Katya habían sido para él algo muy parecido a hermanos durante un periodo de su infancia. Volver a recuperar el contacto con ellos, y ver que ellos también lo deseaban, engrandecía el regocijo de su iris. No por algo el iris se alimentaba de los lazos con los seres queridos.

—¿Eres un mentor muy duro con tus alumnos?

—Realmente duro —afirmó Lex sin tapujos—. Con tal de que el Hospital Kyoko albergue siempre a los médicos de la mejor calidad. Pero tranquilo. Después de machacarte en las clases, siempre puedo compensártelo invitándote a una cerveza en la hora de la comida.

—Que sean dos.

Lex se rio y pasó un brazo sobre sus hombros y siguieron caminando por la calle.

—Yo también debo confesar que te vi hace poco, Lex —le comentó Brey.

—¿Sí? ¿Dónde?

—En el Gesshoku.

—¿Cómo? Tío Brey, ahí no pueden entrar menores de 21 años. ¿Qué hacías ahí?

—Un trabajo.

—¿Y por qué no me avisaste?

—Porque estabas con Riku y yo tenía que huir de ella. ¿Es tu novia?

—¿De qué conoces a Riku? —se sorprendió Lex.

—Es mi nueva asistente social. Por eso no podía dejar que me viera en ese lugar. No tenía ni idea hasta entonces de que fuera tu pareja.

—¿En serio? —se rio—. Qué casualidad. Tranquilo, no le diré que estuviste en un local como ese a las tantas de la noche. Dime, tío, tienes que contarme cómo te las has arreglado para llegar hasta aquí. ¿Hiciste el instituto?

—Sí. Agatha me estuvo echando varios cables. Aún le debo pocas deudas de dinero. Me pagó el instituto, me dio la casa en la que ahora vivo y superó el récord de la paciencia enseñándome cómo cuidar de unos mocosos. Lo que me falta es pagarle la casa del todo, lo demás ya lo cubro yo.

—Vaya… ¿Ella y Denzel siguen a pie de cañón cuidando de los iris?

—Yo al principio creía que fue Alvion quien le ordenó a Agatha ayudarme a salir del abismo en el que yo me encontraba cuando Yue murió y los niños estaban recién nacidos. Pero ella me aseguró que ayudarme durante estos cinco años a salir adelante fue decisión de ella, que simplemente le apetecía hacerlo, porque, según me dijo, ella llevaba ya unos 80 años muriéndose del aburrimiento sin nada interesante que hacer en el mundo.

—Hah… Parece ser cierto lo que dicen de las mujeres inglesas. No les gusta mostrar debilidad. Porque te puedo asegurar que, tras conversar con ella la otra noche, siente un notable cariño por ti y por los mellizos.

—Yo también lo creo. Agatha es orgullosa, pero algunas veces no sabe esconder bien sus sentimientos. Además, me dijo que solamente me estaba enseñando a hacer algo que para ella es pan comido, lo de cuidar bebés y criar niños. Ella tuvo 28 hijos, al fin y al cabo.

—¿Cómo se llamaban, las personas que descienden de un taimu? Había un término con el que la Asociación los llamaba…

Taimuki. Es un término que acuñaron los Dioses del Yin cuando Agatha tuvo a sus primeros dos hijos. Proviene del idioma de los dioses, pero está adaptado a la pronunciación humana. Dado que actualmente hay miles de personas que descienden de los taimu, hay miles de taimuki por todo el mundo, aunque la inmensa mayoría de ellos no lo sepa.

—Miles de personas con la capacidad innata de efectuar cualquiera de las técnicas espaciotemporales de Denzel, sin necesidad de convertirse en iris —comentó Lex con un tono intrigado—. Cualquiera de estas personas podría ser uno.

Brey y él observaron a la gente que había por las calles, ocupada con su normal vida, sin destacar en nada más allá de la rutina diaria y tranquila.

Sin embargo, Brey no pasó por alto el leve tono resentido que Lex había usado al decir la palabra iris. Al parecer, su sobrino seguía incómodo con el tema de los iris y la Asociación desde que tuvo aquella disputa con su padre hace siete años.

Ambos llegaron a un restaurante de bufé libre. Una vez que Brey se sentó en una mesa con su plato de comida, tuvo que esperar unos minutos más a que Lex terminara de servirse su quinto plato con una montaña de comida mezclada cada uno, ocupando toda la mesa con ellos. Después se fue quitando el abrigo y dejándolo en la silla libre de al lado.

—Sigues trabajando en eso, ¿no? —preguntó Lex de forma imprevista, pero mostrándose indiferente mientras colocaba su cartera encima del abrigo.

—Hm —asintió el rubio, sabiendo a qué se refería.

—Supongo que un Denjin-san como tú no tiene problema para cumplir cualquier misión —comentó Lex, con un tono todavía reservado, mientras sacaba su móvil para ponerlo en el único hueco libre que quedaba sobre la mesa.

—Ya no soy Denjin-san, ahora soy un Denjin-sama.

Lex se dio una sorpresa tan grande al oír eso que se le resbaló el móvil de las manos y se le cayó sobre uno de sus platos de comida. Lo rescató rápidamente, y lo limpió con una servilleta, pero sin dejar de mirar boquiabierto a su tío.

—Te… ¿¡Te has convertido en un “dios iris”!? Espera… ¿¡Será por eso que mi abuelo comenzó a referirse a ti como “Raijin” hace algunos años!?

—Ah… La gente de la Asociación empezó a llamarme así cuando voló la noticia de mi ascenso al máximo nivel.

—Y yo que creía que mi abuelo empezó a llamarte así sólo por ser un iris eléctrico y hacer un chiste o algo…

—¿Pero Lao no te contó el motivo?

—Oh… es que… —Lex se movió incómodo en la silla—. Cada vez que quedo con mi abuelo, le suelo preguntar qué tal están todos, pero… desde el principio ya le pedí que no quería saber nada sobre temas de la Asociación. El abuelo sólo me decía si alguno estaba bien, o regular… nada más que eso. Alguna vez le preguntaba por ti y me decía que estabas bien dentro de lo posible. Se refería a ti como “Raijin”. Así que este nuevo mote es por tu nivel máximo…

—Los humanos y exhumanos sois muy aficionados a ponerle motes a todo —dijo aburrido, con la barbilla apoyada en la mano—. Aunque yo he acabado apreciando más el apodo de Raijin que el de Denjin-sama… a pesar de la incongruencia que resulta de que “Raijin” hace referencia al nombre de la famosa deidad japonesa del “trueno” mientras que “denjin” hace referencia a una “persona eléctrica”, lo cual es una denominación más correcta, porque yo no domino los truenos, un trueno es un sonido… Los sonidos es algo que dominan los Fuu como tu padre, más bien.

—Esto es... Guau… —Lex seguían intentando asimilar la noticia—. Madre mía, ¿desde cuándo lo eres, y cómo?

—Hm... —titubeó Brey, rascándose un poco la nuca—. Fue inesperado, y… algo incomprensible para mí en ese momento, si bien ahora ya lo comprendo. Fue el día en que murió Yue. —Lex puso una cara apenada—. Fue terriblemente doloroso verla morir —continuó Brey, bajando la mirada—. Se supone que una emoción adversa oprime al iris y no debería avanzar de nivel, pero... el caso es... que Yue murió feliz. Sólo por tener sobre sus brazos a esos dos bebés que tanto se había esforzado por traer a la vida. Entonces sucedió. Fue cuando los vi por primera vez, a Clover y a Daisuke. La sensación fue extraña y desconocida, no pude darle explicación... Fue como una descarga eléctrica recorriendo todo mi cuerpo, y mi mente... y mi alma... Y al mismo tiempo fue contradictorio. Una parte de mí sintió miedo y rechazo por esos bebés. Pero... otra parte de mí los vio... como...

—Dos vidas más importantes y preciadas que la tuya —terminó Lex la frase, entendiendo. Brey lo miró sin decir nada, pero asintió con la cabeza—. Ya veo. Tío, para un chico de 15 años, sentir miedo y rechazo por unos bebés que no planeaba, aunque no esté bien, es algo muy comprensible y muy normal. Pero que tu iris reaccionara con otra emoción distinta aumentando su poder al último nivel es un milagro.

—¿Un milagro? —lo miró extrañado—. Convertirse en un iris de máximo nivel por causa directa del nacimiento de un hijo a pesar de la existencia de un trauma previo o de una tragedia relacionada es algo que ya pasó una vez antes. Hace 25 años.

Lex puso una mueca molesta. Brey se estaba refiriendo a Neuval, que se convirtió en el primer "dios iris" de la historia precisamente causado por el nacimiento de Lex.

—¿Es este un intento de hacerme sentir conmovido y ablandar mi corazón ante la mala relación que tengo ahora con mi padre? —preguntó el Vernoux.

—¿Te ha parecido eso? —se hizo el tonto, tomando un sorbo de la bebida de su vaso—. Yo sólo te recuerdo que tú eres la causa del primer "dios iris" y que no debería parecerte tan extraño este fenómeno. Para muchas personas, un hijo es motivo suficiente para convertirse en la mejor y más poderosa versión de uno mismo. Por mucho que Neuval me saque de quicio, debo reconocer que le comprendo mejor que nadie en este aspecto.

Lex suspiró con desgana, con un encogimiento de hombros desinteresado. No quería hacer ver que, en realidad, siempre le había hecho sentirse halagado y especial saber que su padre se convirtió en un iris de máximo nivel por él. Porque sería como un modo de perdonar o justificar lo que le hizo y Lex tenía suficiente terquedad Vernoux para mantenerse en su enfado.

—Tío, ¿tú… seguiste adelante con ellos… por la culpabilidad? —preguntó con cuidado, aunque no hacía falta ser cuidadoso a la hora de hacer preguntas incómodas a Brey, ya que él las percibía con simple racionalidad.

—Me siento culpable —afirmó el rubio enseguida—. Por Yue.

—Pero... ¿Cómo llevas la aceptación después de cinco años?

—Quieres saber si aún siento arrepentimiento —adivinó Brey, y Lex hizo un pequeño gesto incómodo—. No... Eso es imposible, impensable... Hace años creía que me arrepentía, pero solo era el dolor del luto hablando en mi cabeza. Cuando empezaron a andar... y luego empezaron a decir palabras, a hablar... y luego empezaron a mostrar su forma de ser, su curiosidad por su alrededor... y sobre todo su amor incondicional hacia mí sólo porque me veían a su lado todos los días... Siempre me he preguntado si esa es la "magia" que conforma el misterio de los humanos, ¿cómo logran atraer tanto, embaucar tanto, a alguien que no siente nada como yo? ¿Cómo han conseguido esas dos personas tan simples y pequeñas, tan poco racionales y tan instintivas y emocionales, que tanto sueño, tiempo y energías me han quitado, convertirse pese a todo en el aire que respiro?

—Guau... —musitó Lex con asombro por su forma de describir un aspecto de la vida tan común.

—Esos dos mocosos han conseguido en cinco años hacerme sentir más emociones diversas que cualquier otra persona en veinte años. Veo en ellos rasgos de Yue y rasgos míos, y eso me fascina. Al principio sentí miedo y rechazo por ellos, pero esas dos cosas sólo las sentí, no las cumplí. Me quedé con ellos, por una parte por culpabilidad, pero por otra parte porque quería. Porque si en esa época tenía algo muy claro, es que no hay nada más irracional y maligno en este mundo que rechazar a tu propio hijo. Y yo soy un ser de puro Yang. Sea por accidente o no, eres el responsable de su existencia. Así que, si traje al mundo a esos dos niños, más me vale hacer de su vida la mejor y más feliz de todas. ¿No?

—Tío... —repitió Lex, anonadado—. ¿Cómo puedes no sentir nada por ti mismo de forma natural, y aun así hablar con más sentimiento que la mayoría de la gente?

—¿Qué? No... —frunció el ceño, confuso—. Estoy hablando con lógica.

—Desde tu punto de vista —repuso Lex. De pronto el médico parecía muy nervioso, pues dio un par de suspiros y no paraba de mirar a los lados—. Dios mío, creo que querré hacerte un montón de preguntas dentro de cinco meses.

—¿Qué? —preguntó Brey, pues no lo había oído.

—¡No, nada! —brincó enseguida, tenso.

Tras un rato de silencio, Brey aún seguía analizando los gestos de Lex para tratar de descifrar por qué aquel tema le había puesto tan nervioso, era muy raro ver a Lex en ese estado. Parecía estar pensando ensimismadamente en algo. Llegado un momento, Brey sintió curiosidad por algo.

—¿Sigues enfadado con tu padre?

Lex tardó en contestar. Disimuló un poco colocándose las gafas sobre la nariz.

—Mm... No lo sé. Es que... apenas nos vemos algunas veces al año, y... Antes tenía claro cómo me sentía, pero... cuanto más pasa el tiempo, más confuso me siento.

—¿Qué te confunde? —frunció el ceño.

—Pues... que últimamente me pregunto si el malo de la película seré yo. Es todo tan complicado... que es confuso, y tan confuso que es agotador. Porque estoy constantemente echando la vista atrás, y sólo veo a mi padre dedicando estos siete años a intentar acercarse a mí múltiples veces, y yo evitándole. Claramente soy yo el que quiere estar peleado, pero no es porque le odie, para nada. Es porque aún me duele. Y me siento culpable de que me duela, porque... son siete años... ¿No es demasiado tiempo? ¿Por qué no se me va este rencor? ¿Por qué tengo tanto rencor... ni más ni menos que hacia la persona que más he querido la mayor parte de mi vida?

Brey escuchó atentamente sus palabras. Se sorprendió un poco al oír eso último. Aunque no debería. Tenía que recordar que la relación que Lex había tenido con Neuval desde que nació, a pesar de tener personalidades tan distintas, había sido poderosamente fuerte e impecable, unidos como uña y carne, tanto que hasta deslumbraba a Hideki y a Lao.

Claro que el esfuerzo extraordinario que Neuval le dedicó a Lex venía motivado por una razón de inmenso peso. Su mayor pesadilla era convertirse en alguien igual a Jean. Por eso, se demostró a sí mismo y al mundo entero que podía ser todo lo contrario a él, y ser el mejor padre que cualquier niño del mundo podía tener.

—Creo que detecto el fallo —dijo Brey de pronto.

—¿Eh?

—El rencor que sientes todavía hoy. No está 100 % dirigido a tu padre. De hecho, apenas llega a un 30 %. El porcentaje restante es en realidad un rencor hacia otra cosa. Bueno... hacia muchas cosas. Estás enfadado, una pequeña parte con tu padre, y una gran parte, con el tipo de vida y de lugar en el que has nacido.

—¿A qué te refieres?

—Lex... —lo miró a los ojos—. Llevas siete años furioso con la muerte de tu madre y sus causantes. Lo ocultas muy bien. Pero se hace evidente para un iris veterano como yo. Debido a que los asesinos de mi hermana acabaron siendo un completo misterio y posiblemente jamás se resuelva, tu furia te obliga a buscar culpables en otras cosas o personas. De hecho... —ladeó la cabeza, analizándolo más profundamente—... no es enfado lo que sientes por tu padre. Es simple decepción. Tu furia... es hacia la Asociación.









14.
Tío y sobrino

Mientras iban caminando por las calles hacia algún restaurante, Brey llamó a Agatha por teléfono para pedirle que recogiese a los mellizos del colegio y les pusiera la comida, y tras explicarle la razón de por qué él no podía, la anciana aceptó rápidamente, contenta por la noticia.

Esto hizo que Lex recordara la otra noche, hace una semana, cuando visitó la casa de Agatha porque esta solicitó un doctor a domicilio, debido a que Clover no despertaba de su sueño y estaba teniendo un comportamiento extraño. Al final resultó no ser nada grave ni importante –que él supiera– y después de eso se quedó largo rato conversando con Agatha sobre sus problemas con su padre y lo que sucedió en el pasado.

Lex le pidió a la anciana en aquel momento que no le dijera a su tío que había venido a atender a Clover, para no preocuparlo. Pero es que había una cosa en el mundo que a Lex le costaba mucho, y era ser deshonesto. De todas formas, como no había pasado nada serio, tampoco importaba mucho ya.

—Tío Brey.

—¿Mm?

—Lo cierto es… que conocí a tus hijos hace unos días.

Brey se detuvo y lo miró algo sorprendido.

—Ah… ¿Te los cruzaste en algún lugar?

—No… Verás… Fue una coincidencia —le explicó, y le contó lo que pasó aquella noche—. Le pedí a Agatha que no te dijera nada para que no te preocuparas, ya que al final resultó no ser nada.

—¿Un estado de sueño profundo? —repitió el rubio—. ¿Pero no despertaba a pesar de que Dai la movía y la llamaba a voces?

—Es inusual, pero no algo fuera de lo normal. Hay gente que cuando duerme puede entrar en un estado de sueño muy profundo y les cuesta mucho despertar incluso ante ruidos o movimientos fuertes. ¿Por qué tienes esa cara tan inquieta? Te aseguro que Clover está bien.

—Ya, no… Es que eso no es nuevo para mí, Lex —dijo, echando a caminar de nuevo.

—¿Qué? ¿Ha pasado otras veces antes?

—Muchas. Pero al parecer Agatha nunca lo ha presenciado hasta el otro día, y yo nunca se lo he comentado. Normal que se preocupara y llamara a un médico. Desde que Clover nació, de vez en cuando ha tenido… episodios o comportamientos un poco extraños, pero muy breves.

—¿De qué tipo?

—A veces se queda muy quieta mirando un punto concreto, donde aparentemente no hay nada. Otras veces, la he oído hablando sola. Y otras veces, no sé, pero… cuando toca algunos objetos, manifiesta reacciones diferentes que no comprendo. Siempre he pensado que eso es porque ella es humana y yo un iris nato, y que eso serían cosas normales de niños humanos.

—No tengo experiencia alguna como padre, obvio, pero he tratado a muchos niños de la edad de los tuyos, y ese tipo de comportamientos suelen ser bastante comunes. La otra noche sólo pude interactuar un poco con Daisuke, ya que Clover estuvo dormida todo el rato.

—¿Le dijiste que eres su primo?

—No, no dije nada. No sabía hasta qué punto ellos sabían ciertas cosas, y yo por si acaso no quería complicar las cosas. El pobre ya estaba bastante preocupado por su hermana. Parece un niño dulce, y es muy espabilado.

—Es un mocoso irritante que ha heredado la vena dramática de su madre y que adora sacarme de quicio —bufó Brey—. Sin embargo… tiene buen corazón. Aunque se pase la mayor parte del tiempo huraño y arrogante, a veces es sorprendentemente atento con la gente que se siente mal o tiene algún problema. Con su hermana sobre todo, pero también conmigo y con los demás. Cuando ve a alguien o me ve a mí con un aspecto muy cansado o desanimado, el mocoso se transforma y se pone: “Siéntate, papá. ¿Quieres un vaso de agua? ¿Quieres una manta? Quédate tranquilo viendo la tele, yo te hago la cena, yo me encargo”. Un día me llevé un buen susto, porque yo creía que lo decía por decir, pero realmente intentó ponerse a cocinar él solo y tuve que apagar con el extintor una sartén en llamas.

—¡Hahaha! Cada día debe de ser una aventura con ellos, ¿no?

—Sí… de 24 horas diarias, siete días a la semana… —Brey respiró hondo y soltó el aire con un largo suspiro agotado—… 365 días al año…

—Supongo que Clover es más buena y no te da tanta guerra.

—Clover es lo contrario a su hermano. La mayor parte del tiempo es tranquila y simpática, pero cuando alguien la enfada… —de repente Brey miró a su sobrino muy fijamente a los ojos con expresión sombría, y Lex se asustó—… tiene un carácter de mil demonios.

—¿Clover? —reiteró Lex, sin poder creerlo—. ¿Grita mucho cuando se enfada?

—No. Es un tipo de enfado mucho peor. El tipo de enfado en el que ella se queda extremadamente callada, mirándote fijamente a los ojos, sin pestañear… y tú, con esa mirada y ese silencio, sin saber muy bien por qué, notas cómo te está taladrando el alma y te recorren escalofríos por todo el cuerpo.

—¿Clover te ha hecho sentir eso… incluso a ti? —enfatizó las últimas palabras, incrédulo—. Espera, ¿no es acaso esa la misma manera en que tú y yo expresamos nuestro enfado también?

—Precisamente —afirmó Brey—. Clover ha heredado el mismo temperamento que tú y yo hemos heredado de mi padre.

—Ooh… —dijo Lex con un deje tierno.

—Solo que Clover es más aterradora —añadió Brey.

—O… ah… —se estremeció Lex.

—Tengo que tener cuidado con eso. No es lo mismo el estado de enfado constante de Daisuke, que lo va expulsando en dosis pequeñas todos los días y es inofensivo, que el estado de enfado ocasional de Clover, que explota como una bomba cada cierto tiempo. Cuando otros niños alguna vez se han metido con ella o han hecho algo que la ha molestado mucho, Clover los mira de forma aterradora. Pero si la empujan o la molestan una segunda vez…

—¿Los agrede?

—Se lía a hostias con ellos —asintió—. Una vez le partió la nariz a un niño de 11 años y dejó a otros tres agonizando en el suelo. Así que Clover tiene las dos variantes: con el primer empujón, el temible semblante de mi padre; y con el segundo empujón, se vuelve bruta como…

—Como tu madre. Como la abuela Emiliya —adivinó Lex enseguida.

—Exacto.

—Peligrosa combinación —sonrió, negando con la cabeza—. No parece que Clover necesite realmente la protección de su hermano teniendo el carácter Saehara y el carácter Smirkov combinados. Se protege bien solita.

—El caso es que esas veces tengo que proteger yo a los otros niños de ella.

—¿Sueles regañar a Clover cuando hace eso?

—Le repito lo de siempre. Que está bien que se defienda. Pero tiene que aprender a controlar su modo de defensa para no convertirlo en ataque excesivo, el justo para asustar a tu adversario, no para partir narices.

—Caray… —resopló Lex—. La verdad, sería genial poder conocerlos más. Todo lo que sé de ellos es por boca de otros y ya parecen extraordinarios.

Brey se quedó un rato en silencio, y tardó un poco en responder a eso.

—Las cosas… —titubeó un poco, bajando la mirada con aire taciturno—… están empezando a ir un poco mejor hoy en día. Mi vida está volviendo a recuperar algo de luz últimamente. Reencontrarme contigo es una razón más en la lista —volvió a mirarlo y le sonrió—. No sé si tu padre seguiría en desacuerdo o si ya está más calmado y dispuesto a confiar en mí un poco más, ya que en muchos años no he vuelto a tener síntomas de… —fue a mencionar su problema con su majin, pero prefirió no hacerlo—. Lo que quiero decir es… que la vida ahora parece estar volviendo a asentarse en el cauce del que se desbordó hace años, con tantas muertes en nuestra familia… Así que, estaría bien mantener el contacto, Lex. Vernos de vez en cuando, tomar algo por ahí… venir a mi casa y estar un rato con los mocosos para conocerlos más y eso…

De repente Lex se paró delante de él y le puso una mano en el hombro, con una sonrisa muy entusiasmada.

—Eso me gustaría. Me gustaría muchísimo, tío Brey. De hecho, lo vamos a tener más fácil a partir de ahora. Vas a empezar muy pronto las prácticas en el hospital, ¿no? ¿Dónde las harás, en el hospital de la universidad o en este que has visitado hoy?

—Todavía no he decidido eso.

—Pues si eliges hacerlas ahí en el Hospital Kyoko, puedo mover algunos hilos para que me pongan de mentor del grupo de internos en el que te asignen.

Brey lo miró con un brillo nostálgico en los ojos, con esa rara calidez que apenas mostraba al exterior. La misma con la que miró a Cleven cuando ella aceptó irse a vivir con él. Los hijos de su hermana Katya habían sido para él algo muy parecido a hermanos durante un periodo de su infancia. Volver a recuperar el contacto con ellos, y ver que ellos también lo deseaban, engrandecía el regocijo de su iris. No por algo el iris se alimentaba de los lazos con los seres queridos.

—¿Eres un mentor muy duro con tus alumnos?

—Realmente duro —afirmó Lex sin tapujos—. Con tal de que el Hospital Kyoko albergue siempre a los médicos de la mejor calidad. Pero tranquilo. Después de machacarte en las clases, siempre puedo compensártelo invitándote a una cerveza en la hora de la comida.

—Que sean dos.

Lex se rio y pasó un brazo sobre sus hombros y siguieron caminando por la calle.

—Yo también debo confesar que te vi hace poco, Lex —le comentó Brey.

—¿Sí? ¿Dónde?

—En el Gesshoku.

—¿Cómo? Tío Brey, ahí no pueden entrar menores de 21 años. ¿Qué hacías ahí?

—Un trabajo.

—¿Y por qué no me avisaste?

—Porque estabas con Riku y yo tenía que huir de ella. ¿Es tu novia?

—¿De qué conoces a Riku? —se sorprendió Lex.

—Es mi nueva asistente social. Por eso no podía dejar que me viera en ese lugar. No tenía ni idea hasta entonces de que fuera tu pareja.

—¿En serio? —se rio—. Qué casualidad. Tranquilo, no le diré que estuviste en un local como ese a las tantas de la noche. Dime, tío, tienes que contarme cómo te las has arreglado para llegar hasta aquí. ¿Hiciste el instituto?

—Sí. Agatha me estuvo echando varios cables. Aún le debo pocas deudas de dinero. Me pagó el instituto, me dio la casa en la que ahora vivo y superó el récord de la paciencia enseñándome cómo cuidar de unos mocosos. Lo que me falta es pagarle la casa del todo, lo demás ya lo cubro yo.

—Vaya… ¿Ella y Denzel siguen a pie de cañón cuidando de los iris?

—Yo al principio creía que fue Alvion quien le ordenó a Agatha ayudarme a salir del abismo en el que yo me encontraba cuando Yue murió y los niños estaban recién nacidos. Pero ella me aseguró que ayudarme durante estos cinco años a salir adelante fue decisión de ella, que simplemente le apetecía hacerlo, porque, según me dijo, ella llevaba ya unos 80 años muriéndose del aburrimiento sin nada interesante que hacer en el mundo.

—Hah… Parece ser cierto lo que dicen de las mujeres inglesas. No les gusta mostrar debilidad. Porque te puedo asegurar que, tras conversar con ella la otra noche, siente un notable cariño por ti y por los mellizos.

—Yo también lo creo. Agatha es orgullosa, pero algunas veces no sabe esconder bien sus sentimientos. Además, me dijo que solamente me estaba enseñando a hacer algo que para ella es pan comido, lo de cuidar bebés y criar niños. Ella tuvo 28 hijos, al fin y al cabo.

—¿Cómo se llamaban, las personas que descienden de un taimu? Había un término con el que la Asociación los llamaba…

Taimuki. Es un término que acuñaron los Dioses del Yin cuando Agatha tuvo a sus primeros dos hijos. Proviene del idioma de los dioses, pero está adaptado a la pronunciación humana. Dado que actualmente hay miles de personas que descienden de los taimu, hay miles de taimuki por todo el mundo, aunque la inmensa mayoría de ellos no lo sepa.

—Miles de personas con la capacidad innata de efectuar cualquiera de las técnicas espaciotemporales de Denzel, sin necesidad de convertirse en iris —comentó Lex con un tono intrigado—. Cualquiera de estas personas podría ser uno.

Brey y él observaron a la gente que había por las calles, ocupada con su normal vida, sin destacar en nada más allá de la rutina diaria y tranquila.

Sin embargo, Brey no pasó por alto el leve tono resentido que Lex había usado al decir la palabra iris. Al parecer, su sobrino seguía incómodo con el tema de los iris y la Asociación desde que tuvo aquella disputa con su padre hace siete años.

Ambos llegaron a un restaurante de bufé libre. Una vez que Brey se sentó en una mesa con su plato de comida, tuvo que esperar unos minutos más a que Lex terminara de servirse su quinto plato con una montaña de comida mezclada cada uno, ocupando toda la mesa con ellos. Después se fue quitando el abrigo y dejándolo en la silla libre de al lado.

—Sigues trabajando en eso, ¿no? —preguntó Lex de forma imprevista, pero mostrándose indiferente mientras colocaba su cartera encima del abrigo.

—Hm —asintió el rubio, sabiendo a qué se refería.

—Supongo que un Denjin-san como tú no tiene problema para cumplir cualquier misión —comentó Lex, con un tono todavía reservado, mientras sacaba su móvil para ponerlo en el único hueco libre que quedaba sobre la mesa.

—Ya no soy Denjin-san, ahora soy un Denjin-sama.

Lex se dio una sorpresa tan grande al oír eso que se le resbaló el móvil de las manos y se le cayó sobre uno de sus platos de comida. Lo rescató rápidamente, y lo limpió con una servilleta, pero sin dejar de mirar boquiabierto a su tío.

—Te… ¿¡Te has convertido en un “dios iris”!? Espera… ¿¡Será por eso que mi abuelo comenzó a referirse a ti como “Raijin” hace algunos años!?

—Ah… La gente de la Asociación empezó a llamarme así cuando voló la noticia de mi ascenso al máximo nivel.

—Y yo que creía que mi abuelo empezó a llamarte así sólo por ser un iris eléctrico y hacer un chiste o algo…

—¿Pero Lao no te contó el motivo?

—Oh… es que… —Lex se movió incómodo en la silla—. Cada vez que quedo con mi abuelo, le suelo preguntar qué tal están todos, pero… desde el principio ya le pedí que no quería saber nada sobre temas de la Asociación. El abuelo sólo me decía si alguno estaba bien, o regular… nada más que eso. Alguna vez le preguntaba por ti y me decía que estabas bien dentro de lo posible. Se refería a ti como “Raijin”. Así que este nuevo mote es por tu nivel máximo…

—Los humanos y exhumanos sois muy aficionados a ponerle motes a todo —dijo aburrido, con la barbilla apoyada en la mano—. Aunque yo he acabado apreciando más el apodo de Raijin que el de Denjin-sama… a pesar de la incongruencia que resulta de que “Raijin” hace referencia al nombre de la famosa deidad japonesa del “trueno” mientras que “denjin” hace referencia a una “persona eléctrica”, lo cual es una denominación más correcta, porque yo no domino los truenos, un trueno es un sonido… Los sonidos es algo que dominan los Fuu como tu padre, más bien.

—Esto es... Guau… —Lex seguían intentando asimilar la noticia—. Madre mía, ¿desde cuándo lo eres, y cómo?

—Hm... —titubeó Brey, rascándose un poco la nuca—. Fue inesperado, y… algo incomprensible para mí en ese momento, si bien ahora ya lo comprendo. Fue el día en que murió Yue. —Lex puso una cara apenada—. Fue terriblemente doloroso verla morir —continuó Brey, bajando la mirada—. Se supone que una emoción adversa oprime al iris y no debería avanzar de nivel, pero... el caso es... que Yue murió feliz. Sólo por tener sobre sus brazos a esos dos bebés que tanto se había esforzado por traer a la vida. Entonces sucedió. Fue cuando los vi por primera vez, a Clover y a Daisuke. La sensación fue extraña y desconocida, no pude darle explicación... Fue como una descarga eléctrica recorriendo todo mi cuerpo, y mi mente... y mi alma... Y al mismo tiempo fue contradictorio. Una parte de mí sintió miedo y rechazo por esos bebés. Pero... otra parte de mí los vio... como...

—Dos vidas más importantes y preciadas que la tuya —terminó Lex la frase, entendiendo. Brey lo miró sin decir nada, pero asintió con la cabeza—. Ya veo. Tío, para un chico de 15 años, sentir miedo y rechazo por unos bebés que no planeaba, aunque no esté bien, es algo muy comprensible y muy normal. Pero que tu iris reaccionara con otra emoción distinta aumentando su poder al último nivel es un milagro.

—¿Un milagro? —lo miró extrañado—. Convertirse en un iris de máximo nivel por causa directa del nacimiento de un hijo a pesar de la existencia de un trauma previo o de una tragedia relacionada es algo que ya pasó una vez antes. Hace 25 años.

Lex puso una mueca molesta. Brey se estaba refiriendo a Neuval, que se convirtió en el primer "dios iris" de la historia precisamente causado por el nacimiento de Lex.

—¿Es este un intento de hacerme sentir conmovido y ablandar mi corazón ante la mala relación que tengo ahora con mi padre? —preguntó el Vernoux.

—¿Te ha parecido eso? —se hizo el tonto, tomando un sorbo de la bebida de su vaso—. Yo sólo te recuerdo que tú eres la causa del primer "dios iris" y que no debería parecerte tan extraño este fenómeno. Para muchas personas, un hijo es motivo suficiente para convertirse en la mejor y más poderosa versión de uno mismo. Por mucho que Neuval me saque de quicio, debo reconocer que le comprendo mejor que nadie en este aspecto.

Lex suspiró con desgana, con un encogimiento de hombros desinteresado. No quería hacer ver que, en realidad, siempre le había hecho sentirse halagado y especial saber que su padre se convirtió en un iris de máximo nivel por él. Porque sería como un modo de perdonar o justificar lo que le hizo y Lex tenía suficiente terquedad Vernoux para mantenerse en su enfado.

—Tío, ¿tú… seguiste adelante con ellos… por la culpabilidad? —preguntó con cuidado, aunque no hacía falta ser cuidadoso a la hora de hacer preguntas incómodas a Brey, ya que él las percibía con simple racionalidad.

—Me siento culpable —afirmó el rubio enseguida—. Por Yue.

—Pero... ¿Cómo llevas la aceptación después de cinco años?

—Quieres saber si aún siento arrepentimiento —adivinó Brey, y Lex hizo un pequeño gesto incómodo—. No... Eso es imposible, impensable... Hace años creía que me arrepentía, pero solo era el dolor del luto hablando en mi cabeza. Cuando empezaron a andar... y luego empezaron a decir palabras, a hablar... y luego empezaron a mostrar su forma de ser, su curiosidad por su alrededor... y sobre todo su amor incondicional hacia mí sólo porque me veían a su lado todos los días... Siempre me he preguntado si esa es la "magia" que conforma el misterio de los humanos, ¿cómo logran atraer tanto, embaucar tanto, a alguien que no siente nada como yo? ¿Cómo han conseguido esas dos personas tan simples y pequeñas, tan poco racionales y tan instintivas y emocionales, que tanto sueño, tiempo y energías me han quitado, convertirse pese a todo en el aire que respiro?

—Guau... —musitó Lex con asombro por su forma de describir un aspecto de la vida tan común.

—Esos dos mocosos han conseguido en cinco años hacerme sentir más emociones diversas que cualquier otra persona en veinte años. Veo en ellos rasgos de Yue y rasgos míos, y eso me fascina. Al principio sentí miedo y rechazo por ellos, pero esas dos cosas sólo las sentí, no las cumplí. Me quedé con ellos, por una parte por culpabilidad, pero por otra parte porque quería. Porque si en esa época tenía algo muy claro, es que no hay nada más irracional y maligno en este mundo que rechazar a tu propio hijo. Y yo soy un ser de puro Yang. Sea por accidente o no, eres el responsable de su existencia. Así que, si traje al mundo a esos dos niños, más me vale hacer de su vida la mejor y más feliz de todas. ¿No?

—Tío... —repitió Lex, anonadado—. ¿Cómo puedes no sentir nada por ti mismo de forma natural, y aun así hablar con más sentimiento que la mayoría de la gente?

—¿Qué? No... —frunció el ceño, confuso—. Estoy hablando con lógica.

—Desde tu punto de vista —repuso Lex. De pronto el médico parecía muy nervioso, pues dio un par de suspiros y no paraba de mirar a los lados—. Dios mío, creo que querré hacerte un montón de preguntas dentro de cinco meses.

—¿Qué? —preguntó Brey, pues no lo había oído.

—¡No, nada! —brincó enseguida, tenso.

Tras un rato de silencio, Brey aún seguía analizando los gestos de Lex para tratar de descifrar por qué aquel tema le había puesto tan nervioso, era muy raro ver a Lex en ese estado. Parecía estar pensando ensimismadamente en algo. Llegado un momento, Brey sintió curiosidad por algo.

—¿Sigues enfadado con tu padre?

Lex tardó en contestar. Disimuló un poco colocándose las gafas sobre la nariz.

—Mm... No lo sé. Es que... apenas nos vemos algunas veces al año, y... Antes tenía claro cómo me sentía, pero... cuanto más pasa el tiempo, más confuso me siento.

—¿Qué te confunde? —frunció el ceño.

—Pues... que últimamente me pregunto si el malo de la película seré yo. Es todo tan complicado... que es confuso, y tan confuso que es agotador. Porque estoy constantemente echando la vista atrás, y sólo veo a mi padre dedicando estos siete años a intentar acercarse a mí múltiples veces, y yo evitándole. Claramente soy yo el que quiere estar peleado, pero no es porque le odie, para nada. Es porque aún me duele. Y me siento culpable de que me duela, porque... son siete años... ¿No es demasiado tiempo? ¿Por qué no se me va este rencor? ¿Por qué tengo tanto rencor... ni más ni menos que hacia la persona que más he querido la mayor parte de mi vida?

Brey escuchó atentamente sus palabras. Se sorprendió un poco al oír eso último. Aunque no debería. Tenía que recordar que la relación que Lex había tenido con Neuval desde que nació, a pesar de tener personalidades tan distintas, había sido poderosamente fuerte e impecable, unidos como uña y carne, tanto que hasta deslumbraba a Hideki y a Lao.

Claro que el esfuerzo extraordinario que Neuval le dedicó a Lex venía motivado por una razón de inmenso peso. Su mayor pesadilla era convertirse en alguien igual a Jean. Por eso, se demostró a sí mismo y al mundo entero que podía ser todo lo contrario a él, y ser el mejor padre que cualquier niño del mundo podía tener.

—Creo que detecto el fallo —dijo Brey de pronto.

—¿Eh?

—El rencor que sientes todavía hoy. No está 100 % dirigido a tu padre. De hecho, apenas llega a un 30 %. El porcentaje restante es en realidad un rencor hacia otra cosa. Bueno... hacia muchas cosas. Estás enfadado, una pequeña parte con tu padre, y una gran parte, con el tipo de vida y de lugar en el que has nacido.

—¿A qué te refieres?

—Lex... —lo miró a los ojos—. Llevas siete años furioso con la muerte de tu madre y sus causantes. Lo ocultas muy bien. Pero se hace evidente para un iris veterano como yo. Debido a que los asesinos de mi hermana acabaron siendo un completo misterio y posiblemente jamás se resuelva, tu furia te obliga a buscar culpables en otras cosas o personas. De hecho... —ladeó la cabeza, analizándolo más profundamente—... no es enfado lo que sientes por tu padre. Es simple decepción. Tu furia... es hacia la Asociación.





Comentarios