2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __
El grupo de padres e hijos se expandió por el patio principal; los adultos se fueron marchando de allí y los alumnos se quedaron hablando unos con otros acerca de la reunión. Algunos padres tardaron más en marcharse, quedándose a charlar con otros padres sobre lo mismo. Drasik estaba deambulando por ahí solo, como sumergido en otro mundo. Sus amigos estaban echando unas risas con Eliam y llamaron varias veces a Drasik, pero este no hacía caso. Eliam se acercó a él al verlo así, a una zona aparte, y le pasó un brazo sobre los hombros.
—Llevás un tiempo con una actitud un poco extraña, Dras —le susurró al oído, preocupado—. ¿Qué ocurre, hermanito?
—Estoy bien, sólo un poco agobiado con el instituto —contestó con desgana.
—No es eso. Mentís. ¿Por qué no me lo contás?
—Déjame en paz, Eli —protestó, quitando su brazo de sus hombros—. Te he dicho que estoy bien. Y de todas formas a ti no te importa.
—¡Drasik!
—Joder, dame un respiro, anoche igual —se enfadó—. Deja de preguntarme siempre lo mismo. Si tengo algún problema, ya tengo a los otros iris para contárselo y solucionarlo. Vete ya a tu facultad, anda.
Drasik se fue alejando hacia el edificio, dejando a Eliam ahí parado y a su grupo de amigos más allá observando a ambos con curiosidad. Eliam bajó la mirada.
—Como quieras —murmuró apenado.
Neuval había visto esta escena desde lo lejos, en la otra punta del patio. Se preguntó qué ocurría, después de haber visto a Drasik comportándose así de raro, y antes en los lavabos con tan mala cara. Él no solía ser tan antipático con su hermano. Le daba mala espina. Al parecer, ningún otro reparó en ello, Cleven estaba con Nakuru y los demás charlando a su lado sobre la marcha. Aún pensativo, Neuval fue a darse la vuelta para seguir caminando, y...
—¡Ay!
—¡Ah, he pisado algo! —brincó Neuval al oír el grito, y miró abajo, pero no había nadie, así que buscó rápidamente con la vista, desconcertado—. ¡Uah!
Encontró a un niño pequeñito aferrado a la pierna de Brey, rubio y con ojos de color azul oscuro, idéntico a él pero en miniatura. Brey se sobresaltó al notar que algo o alguien lo agarraba de la pierna, y aún más al ver que se trataba de Daisuke.
—¡Pero tú...! ¿Qué haces tú aquí, mocoso?
—¡Ha intentado matarme! —dramatizó Daisuke, señalando a Neuval.
Brey miró a su cuñado sin saber qué había pasado, pero Neuval seguía observando al niño con asombro.
—Neuval, ¿qué le has hecho? —preguntó Brey con recelo.
—¿Quién es este? —reaccionó—. ¿Este es tu hijo? ¿Este mini-clon de ti?
—¿Lo mismo que todo el mundo dice de Yenkis respecto a ti? —bufó Brey—. Se llama Daisuke —le informó seriamente, cerrando los ojos y cruzándose de brazos, pero de repente se asustó cuando Neuval apareció agachado a sus pies junto al niño, toqueteándole con el dedo como si se tratase de una criatura nueva.
—¡Pero qué crío tan guapo! Tiene tu misma cara de malas pulgas, ¡y como la de Hideki!
—¿Quién es Hideki? —preguntó Daisuke con malas pulgas, tratando de evitar que Neuval siguiera tocándolo, escondiéndose entre las piernas de Brey.
De repente Neuval se irguió de nuevo y miró a su cuñado con cara sombría.
—¿Acaba de preguntar quién es Hideki? ¿No les has hablado a tus mellizos de mi honorable maestro ni de mi magnífica suegra? —le reprochó muy indignado—. ¡Son sus abuelos!
—Oye —gruñó Brey, ofendido—. Si me preguntaran por todos los miembros de la familia donde nací y les dijera que todos están muertos, ¿cómo esperas que reaccionen? Ya les hablaré de mis padres y de su madre cuando crezcan un poco más, ¿vale?
—¡Ni les has hablado de Yue! —se escandalizó Neuval—. ¿¡Pero qué te pasa!?
—¡Oye, no me juzgues! —se defendió el rubio.
—Bueno, bueno —lo calmó, olvidando el tema—. Da igual, porque mucho más importante es... ¡que este niño es adorable! —volvió a agacharse hacia Daisuke y empezó a perseguirlo alrededor de las piernas de Brey para agarrarlo de los mofletes.
Brey llegó a asustarse al ver que su cuñado era como la versión masculina y mayor de la propia Cleven, así que cogió al pequeño rápidamente en brazos, separándolo de él. Neuval siempre había sido muy niñero, pero era peor si encima se trataba de uno tan parecido a su suegro, que fue también el caso de Lex.
—¡Y parece sano y fuerte! —continuó Neuval, eufórico—. ¡Increíble, está bien cuidado!
—¡Claro que está bien cuidado! ¿¡Por quién me tomas!? —se enfadó Brey.
—Me falta conocer a Clover —dijo, mirando a su alrededor con la esperanza de encontrar a la hermana de Daisuke por ahí, pero no estaba—. ¿Qué está haciendo este aquí?
—Eso quisiera saber yo —farfulló Brey, mirando al niño fijamente—. ¿Cómo has entrado aquí, mocoso?
—Por ese abujero —señaló el niño hacia una parte de la valla que separaba el instituto del colegio de al lado, con una rotura medio escondida entre los arbustos—. Es que había salido de clase para ir al baño, y vi por la ventana a unos señores raros en la puerta del instituto entrando aquí hace un rato.
—¿Unos señores raros? —preguntó Neuval, mirando hacia la ventana del baño del tercer piso del edificio del colegio, por donde el niño había podido ver claramente la zona del patio del instituto—. ¿Qué hacían?
—Pues entraron aquí y luego se pararon ahí —señaló a la zona arbolada, cerca de ellos.
Neuval se dio cuenta de que desde ahí se veía el aula de Cleven a través de las ventanas.
—Era como si mirasen a algo o a alguien —continuó el niño—. No se movían de ahí, y pensé que eran unos ladrones, así que he salido a ver, pero ya se han ido. A lo mejor los habéis espantado cuando habéis empezado a salir. Jopé, iba a darles una lección. Me habéis arruinado la oportunidad de arrestarlos.
Brey frunció el ceño mientras el niño se aferraba a su cuello tan tranquilo. Neuval cruzó una mirada con él, igual de pensativo y teniendo la misma sensación de mala espina.
—¿Dónde está Clover? —preguntó Brey antes que nada, para asegurarse.
—En clase, pintando con los demás —contestó el niño.
—Dime, mini-Brey, ¿cuántos eran? —quiso saber Neuval.
El niño se incorporó y empezó a sacar dedos de la mano, reflexivo.
—Uno... dos... tres... ¡Cinco! Eran cinco señores —concluyó, enseñándole a su tío la palma entera de la mano—. Por cierto, ¿quién eres tú? ¿Eres amigo de mi papá?
—¿Yo? —sonrió Neuval, señalándose—. Yo soy el papá de la pelirroja charlatana que ahora vive en tu casa, que es tu prima. Así que yo soy tu tío Neu, ¿lo entiendes?
—Papá —el niño miró a Brey, dubitativo—. ¿Por qué el tío Neu tiene los ojos casi blancos?
—Porque es un bicho raro —contestó Brey tranquilamente.
—Efectivamente, lo soy —asintió Neuval alegremente—. Nací con estos ojos blancos para ver en la oscuridad y poder comerme a los niños mientras duermen. Los rubios son los más sabrosos.
—¡Ahhh! —Daisuke dio un respingo con espanto, llevándose las manos a la cabeza mientras Neuval se acercaba a él agitando las manitas con cara psicópata.
—Joder, Neuval, ¡que luego no duerme! —se enfadó Brey, apartando al niño de él otra vez.
—Lo sé, es lo mismo que te dije a ti a su edad. Gracias a eso, por fin dejaste de venir a dormir a la cama de Katya, que también era mi cama —sonrió felizmente, e ignoró la mirada fulminante de Brey—. Oye, Daisuke. ¿Cómo eran esos cinco señores raros que viste?
—Pues... Sé que eran ladrones porque vestían mal. Llevaban pantalones rotos, chaquetas como las de los moteros y… cadenas grandes colgando de los pantalones, aunque no llevaban una máscara en los ojos como los ladrones de la tele. Ah, y llevaban una cinta roja atada a un brazo.
—Dai, ¿no te lo estarás inventando? —se mosqueó Brey.
—¡No!
—Hm... —se inquietó Neuval, y Brey lo miró con sobresalto—. Sí, Brey. Me parece que ya sé quiénes son esas personas.
—¿Quiénes?
—No importa, es algo que tiene que ver sólo conmigo. Seguro que estaban aquí porque me han seguido. Ya lo solucionaré.
Neuval se dio la vuelta y se fue alejando.
—Espera, ¿qué vas a hacer? —preguntó el rubio.
—Voy a echar un vistazo por los alrededores, por si acaso —sonrió, volviéndose hacia él; Brey leyó al instante en sus ojos lo que pretendía hacer si los encontraba, y supo que charlar no—. No me acordaba de que había podido dejar varios cabos sueltos con lo que hizo mi majin. Tendré que atarlos antes de que me empiecen a molestar. Ah, mañana por la mañana te daré tu parte de los deberes de Alvion, ¿dónde vas a estar?
—Los de la facultad vamos a hacer una visita al Hospital Kyoko toda la mañana. Es para una asignatura, vamos a estudiar el funcionamiento de los aparatos médicos, que por cierto, son aparatos construidos por tu empresa. Así que, si vas a darme mi parte de la siguiente misión, estaré allí. ¿Nos encontramos en algún punto del hospital?
—¿En… en un... hosp... hosp...? —Neuval se puso un poco pálido, le costaba pronunciar esa palabra—. No, no. Ya te lo entregaré en otro momento y lugar.
—¿Por qué en otro lugar? —se extrañó Brey.
—Porque allí me cago de miedo.
—Hahh… —suspiró el rubio, recordando ese detalle y negando con la cabeza—. No me digas que te siguen dando pánico los hospitales. ¿En serio, poderoso Fuujin?
—Oye, tú nunca has estado debatiéndote entre la vida y la muerte durante seis días y seis noches en un hospital, con flashes y recuerdos fugaces de médicos metiéndome sus manos por dentro de las costillas e intentando dormirme con gas de anestesia en vano, porque obviamente ignoraban que soy inmune a los gases, y luego pasaron a inyectármela en vena con agujas así de gordas —le espetó molesto, poniendo los dedos como si cogiera un dado invisible.
—Has estado en carnicerías peores durante misiones terroristas en el extranjero —replicó Brey, impasible.
—Eso son vacaciones en el Caribe en comparación. Lo más irónico es que tú les tienes fobia a los espíritus y a los fantasmas, y en tu futuro trabajo vas a estar rodeado de ellos aunque no los veas, ¿no crees? —añadió, y después se marchó de allí.
Brey no contestó, sólo refunfuñó algo avergonzado, porque era verdad, tenía miedo a los fantasmas.
—No te preocupes, papá, él no lo entiende —le dijo Daisuke, palpándole la cabeza—. Yo te entiendo perfectamente, los fantasmas dan mucho, mucho miedo, y es normal que te asusten.
—A ti también te aterran.
—Sí, pero yo lo aguanto mejor que tú. ¿Por qué crees que me voy algunas noches a dormir a tu cama? No es porque yo esté superasustado, es porque tú estás superasustado y entonces yo voy a hacerte compañía para que duermas tranquilito.
—Claro que sí, Daisuke —puso los ojos en blanco, viendo que el propio Daisuke era el más fantasma de todos.
—Pero ya no hace tanta falta, porque Clover espanta a los fantasmas y ya no deja que entren en nuestra casa.
—Claro.
—¿Has visto lo bien que te cuidamos? ¿A que te sientes súper a salvo con Clover y conmigo?
Brey se lo quedó mirando. Daisuke inventaba muchas historias y a veces su tozudez le daba dolores de cabeza, pero no podía negar que debajo de toda esa fachada de niño gruñón y arrogante había un buen corazón.
—Más de lo que te imaginas, mocoso —murmuró Brey, sonriéndole. Pero luego volvió a adoptar su cara seria y dejó al niño de nuevo en el suelo—. Que sea la última vez que sales del edificio tú solo, ¿me has oído? —le reprimió—. ¿Tienes idea del problema que eso le puede causar a tu maestra? Confían en que vayáis al baño solos porque está en el mismo pasillo, pero si os pasa algo malo, ellos cargarán con toda la responsabilidad y la culpa y pueden perder su trabajo.
—Yo no quiero que mi maestra pierda su trabajo, me cae muy bien…
—Pues no le crees problemas. Piensa en cómo tus acciones podrían perjudicar a otros. Yo podría denunciarla ahora por ver que mi hijo se ha escapado de su vigilancia. A pesar de que ella depositó en ti la simple confianza de que solamente irías al baño. ¿Entiendes?
—¡No! ¡No hagas eso, no la denuncies!
—Pues toma parte de responsabilidad de tus propios actos, Daisuke. Dicen que no se le puede pedir responsabilidad a un niño de 5 años, pero eso es porque creen que los niños de tu edad son tontos y frágiles. Sé que tú no lo eres. ¿Entiendes las consecuencias de esto para la próxima vez?
—No me volveré a escapar. No quiero que culpen a mi maestra y la echen de su trabajo —lamentó el niño.
—Y no sólo eso. ¿Entiendes que salir afuera para perseguir a unos tipos con pinta peligrosa puede acabar en una desgracia para ti, para mí y para Clover si te hacen algo? Eso sólo lo hacen los niños con muy poca inteligencia.
—Mm… en verdad… no salí del edificio para ir a por esos tipos raros… —confesó, mirando tímido al suelo—. Es porque te vi salir del edificio de los niños mayores y quería saludarte y estar contigo.
Brey suspiró. Sabía que Daisuke estaba siendo sincero y que había salido del edificio por esa razón y no para acercarse a unos extraños. Había sido un impulso emocional, un acto inconsciente propio de los humanos de su edad. Desear de repente hacer una cosa y hacerla sin más, sin pensar en ello antes, era normal en los niños de 5 años, pero Brey sabía que no por eso no debía insistir en recordárselo, repetírselo, entrenarle, hasta que su mente se acostumbrara a pensar antes de actuar, igual que se ejercitaba un músculo con una repetición de ejercicios. No podía dejar que él con 7 años siguiera comportándose igual que con 5. En esos dos años intermedios, había habido una constante enseñanza llena de repeticiones. Y por su parte, una necesaria paciencia.
—Acostúmbrate a las normas de la escuela, Dai. Son para que estés a salvo. Yo también cumplo las normas de mi universidad, porque me protegen. Acabas de empezar prescolar y sé que es duro estar tantas horas fuera de casa y separado de mí. Pero tienes la mayor suerte del mundo, y es que tienes a tu hermana a tu lado, ¿verdad?
—¡Sí! —sonrió enseguida.
—La cual debe de estar muy preocupada al ver que tardas en regresar.
—¡Ahh! —Daisuke dio un respingo y se marchó corriendo de vuelta a su lugar, cruzando el hueco de la valla—. ¡Ya voy, Clover!
Después de asegurarse de que el niño volvía a meterse dentro de su edificio, Brey se marchó de vuelta a su facultad para seguir con sus clases.
Más allá, en la puerta de entrada del edificio del instituto, Denzel estaba apoyado en una esquina de la pared exterior, observando con aire natural y tranquilo al rubio abandonar el recinto, mientras por su lado pasaban Cleven, sus amigas y otros chicos de su clase al interior hablando sin parar.
Cuando todo el lugar quedó vacío y en calma, Denzel se despegó de la pared y caminó hacia los jardines del lateral del edificio, donde estaba la valla y al otro lado el edificio de la primaria. Se fue más al fondo para tener mejor vista de la parte trasera del edificio. En ese momento, todos los niños de prescolar estaban saliendo a uno de los jardines vallados de atrás lleno de columpios y juguetes y cajones de arena, acompañados por varios cuidadores, para pasar su hora de recreo.
Denzel estuvo observando atentamente a cada niño que salía… hasta que vio a esa niña de cabello negro y ondulado y ojos claros. Dio un respingo, pues era sin duda igualita que la niña que lo atacó anoche en su casa. Pero procuró no actuar precipitadamente. Se obligó a sí mismo a ser lógico. Esa era la hija de Raijin, una niña normal y corriente, y no la misma persona que allanó su casa. La estuvo observando largo rato, sin embargo, simplemente para intentar descubrir algo que no encajara o alguna pista o alguna razón por la que alguien, quienquiera que fuera, había elegido de algún modo adoptar el aspecto de esa niña, o bien, por qué él había visto ese aspecto, quizá como una alucinación o un truco visual.
—Un momento, aquí falta Daisuke —dijo una de las maestras tras hacer el recuento, en la puerta.
—¡Estoy aquí! —apareció el niño corriendo por el pasillo en el interior del edificio—. Es que el niño que había delante de mí usando el baño se tiró un pedo muy grande y entonces me fui a usar el otro baño del otro pasillo, seño. No quería morir ahogado en gas tóxico.
—Ay, Daisuke, tú y tus dramas —sonrió su maestra—. Venga, sal afuera, que voy a cerrar la puerta.
Daisuke se reunió enseguida con su hermana, que estaba jugando con unos muñecos junto a otros niños en un cajón de arena.
—Siento haber tardado en volver, Clover. Sé que estabas llorando de la preocupación por mí, pero aquí estoy sano y salvo.
—¡Hahaha! —se rio ella—. Dai, sé perfectamente dónde estabas.
Se pusieron a jugar juntos con normalidad, durante unos minutos. Después, por lo visto Daisuke se aburrió de los muñecos, y se fue a jugar a la pelota con otros niños y niñas en otra parte. Al parecer, alguien aprovechó esta ocasión para volver a acercarse a Clover. Denzel se llevó una sorpresa cuando reconoció a Jannik, llevando el mismo uniforme que los niños de primero de primaria, acercándose a Clover con las manos a la espalda. El pequeño albino saludó a la niña, y ella lo saludó de vuelta alegremente.
«¿Qué hace él aquí?» pensó Denzel. «¿Desde cuándo está yendo al colegio?». Al taimu le extrañaba mucho esto, porque Jannik llevaba ya un año viviendo en Tokio desde que ingresó en la SRS de Pipi, pero no se había matriculado en la escuela hasta ahora, y Denzel tampoco entendía por qué lo había hecho. No esperaba que Jannik tuviera interés en estudiar en un colegio como si fuera un niño normal. No sólo sería el primer Knive en convertirse en iris, también en ir a la escuela.
Observó cómo Jannik sacaba las manos de detrás de su espalda, y sorprendía a Clover con un pequeño ramo de amapolas. Este gesto pareció gustar mucho a la niña, que las aceptó muy contenta. Jannik sonreía con aire vergonzoso y reservado, y tenía la cara más roja que las amapolas. Después de intercambiar algunas palabras más, Jannik se despidió de ella y volvió a reunirse con los otros niños de su edad.
Denzel estaba realmente extrañado por lo que acababa de ver. Claramente Jannik estaba completamente interesado en Clover y en ser su amigo. En los años anteriores a su conversión en iris, cuando vivía en el Monte Zou con su padre y era un niño humano, Denzel jamás lo había visto expresar tanta emoción y ser tan social y cálido con alguien. Tampoco había tenido apenas contacto con él en este último año que había estado viviendo en Tokio y trabajando como iris de la SRS, por lo que no lo conocía tan bien.
Tampoco es que le apeteciera. Se podría decir… que los taimu no se llevaban muy bien con los Knive. Por muy sólidas razones. Y esta animadversión entre Knive y taimu tenía siglos de edad. En el principio de los tiempos de la Asociación, hace cuatro siglos, los Knive cazaban y mataban iris. Y eso era muy compasivo, comparado con lo que habían llegado a hacerles a él y a Agatha. Denzel aún arrastraba algo de trauma del centenar de veces que había tenido que huir de los Knive desde que era pequeño, y de las cuatro ocasiones en que llegó a ser atrapado por ellos para “quitarle” cosas de su cuerpo para experimentos.
Sabía que ahora había una rama secundaria de los Knive y que habían demostrado en los últimos cien años ser verdaderamente aliados de la Asociación y estar totalmente en contra de la rama primaria. Y sabía que el monje Viggo Knive y su hijo Jannik eran fieles a la Asociación. Pero Denzel no podía desprenderse tan fácilmente de esas experiencias traumáticas con los Knive y de su prejuicio hacia ellos. Nunca se le quitó esa espina. Y por eso, ahora mismo no podía dejar de pensar en que le parecía demasiada coincidencia, que Jannik se hubiera matriculado este año en la escuela, y que se estuviera haciendo tan amiguito de Clover, justo cuando aparece una intrusa en su casa mientras dormía, con el mismo aspecto de Clover y con intenciones de “quitarle” algo suyo.
Por supuesto, sabía que la intrusa de anoche no era Clover. Obvio. Así que no podía ser otra cosa que una ilusión mental o truco visual. Algo que, casualmente, se les daba muy bien a los Knive.
Denzel no estaba nada contento con estas sospechas y era consciente de que debía pensar las cosas con calma y lógica. Así que, por ahora, decidió dejar el asunto a un lado y regresó a su trabajo.
El grupo de padres e hijos se expandió por el patio principal; los adultos se fueron marchando de allí y los alumnos se quedaron hablando unos con otros acerca de la reunión. Algunos padres tardaron más en marcharse, quedándose a charlar con otros padres sobre lo mismo. Drasik estaba deambulando por ahí solo, como sumergido en otro mundo. Sus amigos estaban echando unas risas con Eliam y llamaron varias veces a Drasik, pero este no hacía caso. Eliam se acercó a él al verlo así, a una zona aparte, y le pasó un brazo sobre los hombros.
—Llevás un tiempo con una actitud un poco extraña, Dras —le susurró al oído, preocupado—. ¿Qué ocurre, hermanito?
—Estoy bien, sólo un poco agobiado con el instituto —contestó con desgana.
—No es eso. Mentís. ¿Por qué no me lo contás?
—Déjame en paz, Eli —protestó, quitando su brazo de sus hombros—. Te he dicho que estoy bien. Y de todas formas a ti no te importa.
—¡Drasik!
—Joder, dame un respiro, anoche igual —se enfadó—. Deja de preguntarme siempre lo mismo. Si tengo algún problema, ya tengo a los otros iris para contárselo y solucionarlo. Vete ya a tu facultad, anda.
Drasik se fue alejando hacia el edificio, dejando a Eliam ahí parado y a su grupo de amigos más allá observando a ambos con curiosidad. Eliam bajó la mirada.
—Como quieras —murmuró apenado.
Neuval había visto esta escena desde lo lejos, en la otra punta del patio. Se preguntó qué ocurría, después de haber visto a Drasik comportándose así de raro, y antes en los lavabos con tan mala cara. Él no solía ser tan antipático con su hermano. Le daba mala espina. Al parecer, ningún otro reparó en ello, Cleven estaba con Nakuru y los demás charlando a su lado sobre la marcha. Aún pensativo, Neuval fue a darse la vuelta para seguir caminando, y...
—¡Ay!
—¡Ah, he pisado algo! —brincó Neuval al oír el grito, y miró abajo, pero no había nadie, así que buscó rápidamente con la vista, desconcertado—. ¡Uah!
Encontró a un niño pequeñito aferrado a la pierna de Brey, rubio y con ojos de color azul oscuro, idéntico a él pero en miniatura. Brey se sobresaltó al notar que algo o alguien lo agarraba de la pierna, y aún más al ver que se trataba de Daisuke.
—¡Pero tú...! ¿Qué haces tú aquí, mocoso?
—¡Ha intentado matarme! —dramatizó Daisuke, señalando a Neuval.
Brey miró a su cuñado sin saber qué había pasado, pero Neuval seguía observando al niño con asombro.
—Neuval, ¿qué le has hecho? —preguntó Brey con recelo.
—¿Quién es este? —reaccionó—. ¿Este es tu hijo? ¿Este mini-clon de ti?
—¿Lo mismo que todo el mundo dice de Yenkis respecto a ti? —bufó Brey—. Se llama Daisuke —le informó seriamente, cerrando los ojos y cruzándose de brazos, pero de repente se asustó cuando Neuval apareció agachado a sus pies junto al niño, toqueteándole con el dedo como si se tratase de una criatura nueva.
—¡Pero qué crío tan guapo! Tiene tu misma cara de malas pulgas, ¡y como la de Hideki!
—¿Quién es Hideki? —preguntó Daisuke con malas pulgas, tratando de evitar que Neuval siguiera tocándolo, escondiéndose entre las piernas de Brey.
De repente Neuval se irguió de nuevo y miró a su cuñado con cara sombría.
—¿Acaba de preguntar quién es Hideki? ¿No les has hablado a tus mellizos de mi honorable maestro ni de mi magnífica suegra? —le reprochó muy indignado—. ¡Son sus abuelos!
—Oye —gruñó Brey, ofendido—. Si me preguntaran por todos los miembros de la familia donde nací y les dijera que todos están muertos, ¿cómo esperas que reaccionen? Ya les hablaré de mis padres y de su madre cuando crezcan un poco más, ¿vale?
—¡Ni les has hablado de Yue! —se escandalizó Neuval—. ¿¡Pero qué te pasa!?
—¡Oye, no me juzgues! —se defendió el rubio.
—Bueno, bueno —lo calmó, olvidando el tema—. Da igual, porque mucho más importante es... ¡que este niño es adorable! —volvió a agacharse hacia Daisuke y empezó a perseguirlo alrededor de las piernas de Brey para agarrarlo de los mofletes.
Brey llegó a asustarse al ver que su cuñado era como la versión masculina y mayor de la propia Cleven, así que cogió al pequeño rápidamente en brazos, separándolo de él. Neuval siempre había sido muy niñero, pero era peor si encima se trataba de uno tan parecido a su suegro, que fue también el caso de Lex.
—¡Y parece sano y fuerte! —continuó Neuval, eufórico—. ¡Increíble, está bien cuidado!
—¡Claro que está bien cuidado! ¿¡Por quién me tomas!? —se enfadó Brey.
—Me falta conocer a Clover —dijo, mirando a su alrededor con la esperanza de encontrar a la hermana de Daisuke por ahí, pero no estaba—. ¿Qué está haciendo este aquí?
—Eso quisiera saber yo —farfulló Brey, mirando al niño fijamente—. ¿Cómo has entrado aquí, mocoso?
—Por ese abujero —señaló el niño hacia una parte de la valla que separaba el instituto del colegio de al lado, con una rotura medio escondida entre los arbustos—. Es que había salido de clase para ir al baño, y vi por la ventana a unos señores raros en la puerta del instituto entrando aquí hace un rato.
—¿Unos señores raros? —preguntó Neuval, mirando hacia la ventana del baño del tercer piso del edificio del colegio, por donde el niño había podido ver claramente la zona del patio del instituto—. ¿Qué hacían?
—Pues entraron aquí y luego se pararon ahí —señaló a la zona arbolada, cerca de ellos.
Neuval se dio cuenta de que desde ahí se veía el aula de Cleven a través de las ventanas.
—Era como si mirasen a algo o a alguien —continuó el niño—. No se movían de ahí, y pensé que eran unos ladrones, así que he salido a ver, pero ya se han ido. A lo mejor los habéis espantado cuando habéis empezado a salir. Jopé, iba a darles una lección. Me habéis arruinado la oportunidad de arrestarlos.
Brey frunció el ceño mientras el niño se aferraba a su cuello tan tranquilo. Neuval cruzó una mirada con él, igual de pensativo y teniendo la misma sensación de mala espina.
—¿Dónde está Clover? —preguntó Brey antes que nada, para asegurarse.
—En clase, pintando con los demás —contestó el niño.
—Dime, mini-Brey, ¿cuántos eran? —quiso saber Neuval.
El niño se incorporó y empezó a sacar dedos de la mano, reflexivo.
—Uno... dos... tres... ¡Cinco! Eran cinco señores —concluyó, enseñándole a su tío la palma entera de la mano—. Por cierto, ¿quién eres tú? ¿Eres amigo de mi papá?
—¿Yo? —sonrió Neuval, señalándose—. Yo soy el papá de la pelirroja charlatana que ahora vive en tu casa, que es tu prima. Así que yo soy tu tío Neu, ¿lo entiendes?
—Papá —el niño miró a Brey, dubitativo—. ¿Por qué el tío Neu tiene los ojos casi blancos?
—Porque es un bicho raro —contestó Brey tranquilamente.
—Efectivamente, lo soy —asintió Neuval alegremente—. Nací con estos ojos blancos para ver en la oscuridad y poder comerme a los niños mientras duermen. Los rubios son los más sabrosos.
—¡Ahhh! —Daisuke dio un respingo con espanto, llevándose las manos a la cabeza mientras Neuval se acercaba a él agitando las manitas con cara psicópata.
—Joder, Neuval, ¡que luego no duerme! —se enfadó Brey, apartando al niño de él otra vez.
—Lo sé, es lo mismo que te dije a ti a su edad. Gracias a eso, por fin dejaste de venir a dormir a la cama de Katya, que también era mi cama —sonrió felizmente, e ignoró la mirada fulminante de Brey—. Oye, Daisuke. ¿Cómo eran esos cinco señores raros que viste?
—Pues... Sé que eran ladrones porque vestían mal. Llevaban pantalones rotos, chaquetas como las de los moteros y… cadenas grandes colgando de los pantalones, aunque no llevaban una máscara en los ojos como los ladrones de la tele. Ah, y llevaban una cinta roja atada a un brazo.
—Dai, ¿no te lo estarás inventando? —se mosqueó Brey.
—¡No!
—Hm... —se inquietó Neuval, y Brey lo miró con sobresalto—. Sí, Brey. Me parece que ya sé quiénes son esas personas.
—¿Quiénes?
—No importa, es algo que tiene que ver sólo conmigo. Seguro que estaban aquí porque me han seguido. Ya lo solucionaré.
Neuval se dio la vuelta y se fue alejando.
—Espera, ¿qué vas a hacer? —preguntó el rubio.
—Voy a echar un vistazo por los alrededores, por si acaso —sonrió, volviéndose hacia él; Brey leyó al instante en sus ojos lo que pretendía hacer si los encontraba, y supo que charlar no—. No me acordaba de que había podido dejar varios cabos sueltos con lo que hizo mi majin. Tendré que atarlos antes de que me empiecen a molestar. Ah, mañana por la mañana te daré tu parte de los deberes de Alvion, ¿dónde vas a estar?
—Los de la facultad vamos a hacer una visita al Hospital Kyoko toda la mañana. Es para una asignatura, vamos a estudiar el funcionamiento de los aparatos médicos, que por cierto, son aparatos construidos por tu empresa. Así que, si vas a darme mi parte de la siguiente misión, estaré allí. ¿Nos encontramos en algún punto del hospital?
—¿En… en un... hosp... hosp...? —Neuval se puso un poco pálido, le costaba pronunciar esa palabra—. No, no. Ya te lo entregaré en otro momento y lugar.
—¿Por qué en otro lugar? —se extrañó Brey.
—Porque allí me cago de miedo.
—Hahh… —suspiró el rubio, recordando ese detalle y negando con la cabeza—. No me digas que te siguen dando pánico los hospitales. ¿En serio, poderoso Fuujin?
—Oye, tú nunca has estado debatiéndote entre la vida y la muerte durante seis días y seis noches en un hospital, con flashes y recuerdos fugaces de médicos metiéndome sus manos por dentro de las costillas e intentando dormirme con gas de anestesia en vano, porque obviamente ignoraban que soy inmune a los gases, y luego pasaron a inyectármela en vena con agujas así de gordas —le espetó molesto, poniendo los dedos como si cogiera un dado invisible.
—Has estado en carnicerías peores durante misiones terroristas en el extranjero —replicó Brey, impasible.
—Eso son vacaciones en el Caribe en comparación. Lo más irónico es que tú les tienes fobia a los espíritus y a los fantasmas, y en tu futuro trabajo vas a estar rodeado de ellos aunque no los veas, ¿no crees? —añadió, y después se marchó de allí.
Brey no contestó, sólo refunfuñó algo avergonzado, porque era verdad, tenía miedo a los fantasmas.
—No te preocupes, papá, él no lo entiende —le dijo Daisuke, palpándole la cabeza—. Yo te entiendo perfectamente, los fantasmas dan mucho, mucho miedo, y es normal que te asusten.
—A ti también te aterran.
—Sí, pero yo lo aguanto mejor que tú. ¿Por qué crees que me voy algunas noches a dormir a tu cama? No es porque yo esté superasustado, es porque tú estás superasustado y entonces yo voy a hacerte compañía para que duermas tranquilito.
—Claro que sí, Daisuke —puso los ojos en blanco, viendo que el propio Daisuke era el más fantasma de todos.
—Pero ya no hace tanta falta, porque Clover espanta a los fantasmas y ya no deja que entren en nuestra casa.
—Claro.
—¿Has visto lo bien que te cuidamos? ¿A que te sientes súper a salvo con Clover y conmigo?
Brey se lo quedó mirando. Daisuke inventaba muchas historias y a veces su tozudez le daba dolores de cabeza, pero no podía negar que debajo de toda esa fachada de niño gruñón y arrogante había un buen corazón.
—Más de lo que te imaginas, mocoso —murmuró Brey, sonriéndole. Pero luego volvió a adoptar su cara seria y dejó al niño de nuevo en el suelo—. Que sea la última vez que sales del edificio tú solo, ¿me has oído? —le reprimió—. ¿Tienes idea del problema que eso le puede causar a tu maestra? Confían en que vayáis al baño solos porque está en el mismo pasillo, pero si os pasa algo malo, ellos cargarán con toda la responsabilidad y la culpa y pueden perder su trabajo.
—Yo no quiero que mi maestra pierda su trabajo, me cae muy bien…
—Pues no le crees problemas. Piensa en cómo tus acciones podrían perjudicar a otros. Yo podría denunciarla ahora por ver que mi hijo se ha escapado de su vigilancia. A pesar de que ella depositó en ti la simple confianza de que solamente irías al baño. ¿Entiendes?
—¡No! ¡No hagas eso, no la denuncies!
—Pues toma parte de responsabilidad de tus propios actos, Daisuke. Dicen que no se le puede pedir responsabilidad a un niño de 5 años, pero eso es porque creen que los niños de tu edad son tontos y frágiles. Sé que tú no lo eres. ¿Entiendes las consecuencias de esto para la próxima vez?
—No me volveré a escapar. No quiero que culpen a mi maestra y la echen de su trabajo —lamentó el niño.
—Y no sólo eso. ¿Entiendes que salir afuera para perseguir a unos tipos con pinta peligrosa puede acabar en una desgracia para ti, para mí y para Clover si te hacen algo? Eso sólo lo hacen los niños con muy poca inteligencia.
—Mm… en verdad… no salí del edificio para ir a por esos tipos raros… —confesó, mirando tímido al suelo—. Es porque te vi salir del edificio de los niños mayores y quería saludarte y estar contigo.
Brey suspiró. Sabía que Daisuke estaba siendo sincero y que había salido del edificio por esa razón y no para acercarse a unos extraños. Había sido un impulso emocional, un acto inconsciente propio de los humanos de su edad. Desear de repente hacer una cosa y hacerla sin más, sin pensar en ello antes, era normal en los niños de 5 años, pero Brey sabía que no por eso no debía insistir en recordárselo, repetírselo, entrenarle, hasta que su mente se acostumbrara a pensar antes de actuar, igual que se ejercitaba un músculo con una repetición de ejercicios. No podía dejar que él con 7 años siguiera comportándose igual que con 5. En esos dos años intermedios, había habido una constante enseñanza llena de repeticiones. Y por su parte, una necesaria paciencia.
—Acostúmbrate a las normas de la escuela, Dai. Son para que estés a salvo. Yo también cumplo las normas de mi universidad, porque me protegen. Acabas de empezar prescolar y sé que es duro estar tantas horas fuera de casa y separado de mí. Pero tienes la mayor suerte del mundo, y es que tienes a tu hermana a tu lado, ¿verdad?
—¡Sí! —sonrió enseguida.
—La cual debe de estar muy preocupada al ver que tardas en regresar.
—¡Ahh! —Daisuke dio un respingo y se marchó corriendo de vuelta a su lugar, cruzando el hueco de la valla—. ¡Ya voy, Clover!
Después de asegurarse de que el niño volvía a meterse dentro de su edificio, Brey se marchó de vuelta a su facultad para seguir con sus clases.
Más allá, en la puerta de entrada del edificio del instituto, Denzel estaba apoyado en una esquina de la pared exterior, observando con aire natural y tranquilo al rubio abandonar el recinto, mientras por su lado pasaban Cleven, sus amigas y otros chicos de su clase al interior hablando sin parar.
Cuando todo el lugar quedó vacío y en calma, Denzel se despegó de la pared y caminó hacia los jardines del lateral del edificio, donde estaba la valla y al otro lado el edificio de la primaria. Se fue más al fondo para tener mejor vista de la parte trasera del edificio. En ese momento, todos los niños de prescolar estaban saliendo a uno de los jardines vallados de atrás lleno de columpios y juguetes y cajones de arena, acompañados por varios cuidadores, para pasar su hora de recreo.
Denzel estuvo observando atentamente a cada niño que salía… hasta que vio a esa niña de cabello negro y ondulado y ojos claros. Dio un respingo, pues era sin duda igualita que la niña que lo atacó anoche en su casa. Pero procuró no actuar precipitadamente. Se obligó a sí mismo a ser lógico. Esa era la hija de Raijin, una niña normal y corriente, y no la misma persona que allanó su casa. La estuvo observando largo rato, sin embargo, simplemente para intentar descubrir algo que no encajara o alguna pista o alguna razón por la que alguien, quienquiera que fuera, había elegido de algún modo adoptar el aspecto de esa niña, o bien, por qué él había visto ese aspecto, quizá como una alucinación o un truco visual.
—Un momento, aquí falta Daisuke —dijo una de las maestras tras hacer el recuento, en la puerta.
—¡Estoy aquí! —apareció el niño corriendo por el pasillo en el interior del edificio—. Es que el niño que había delante de mí usando el baño se tiró un pedo muy grande y entonces me fui a usar el otro baño del otro pasillo, seño. No quería morir ahogado en gas tóxico.
—Ay, Daisuke, tú y tus dramas —sonrió su maestra—. Venga, sal afuera, que voy a cerrar la puerta.
Daisuke se reunió enseguida con su hermana, que estaba jugando con unos muñecos junto a otros niños en un cajón de arena.
—Siento haber tardado en volver, Clover. Sé que estabas llorando de la preocupación por mí, pero aquí estoy sano y salvo.
—¡Hahaha! —se rio ella—. Dai, sé perfectamente dónde estabas.
Se pusieron a jugar juntos con normalidad, durante unos minutos. Después, por lo visto Daisuke se aburrió de los muñecos, y se fue a jugar a la pelota con otros niños y niñas en otra parte. Al parecer, alguien aprovechó esta ocasión para volver a acercarse a Clover. Denzel se llevó una sorpresa cuando reconoció a Jannik, llevando el mismo uniforme que los niños de primero de primaria, acercándose a Clover con las manos a la espalda. El pequeño albino saludó a la niña, y ella lo saludó de vuelta alegremente.
«¿Qué hace él aquí?» pensó Denzel. «¿Desde cuándo está yendo al colegio?». Al taimu le extrañaba mucho esto, porque Jannik llevaba ya un año viviendo en Tokio desde que ingresó en la SRS de Pipi, pero no se había matriculado en la escuela hasta ahora, y Denzel tampoco entendía por qué lo había hecho. No esperaba que Jannik tuviera interés en estudiar en un colegio como si fuera un niño normal. No sólo sería el primer Knive en convertirse en iris, también en ir a la escuela.
Observó cómo Jannik sacaba las manos de detrás de su espalda, y sorprendía a Clover con un pequeño ramo de amapolas. Este gesto pareció gustar mucho a la niña, que las aceptó muy contenta. Jannik sonreía con aire vergonzoso y reservado, y tenía la cara más roja que las amapolas. Después de intercambiar algunas palabras más, Jannik se despidió de ella y volvió a reunirse con los otros niños de su edad.
Denzel estaba realmente extrañado por lo que acababa de ver. Claramente Jannik estaba completamente interesado en Clover y en ser su amigo. En los años anteriores a su conversión en iris, cuando vivía en el Monte Zou con su padre y era un niño humano, Denzel jamás lo había visto expresar tanta emoción y ser tan social y cálido con alguien. Tampoco había tenido apenas contacto con él en este último año que había estado viviendo en Tokio y trabajando como iris de la SRS, por lo que no lo conocía tan bien.
Tampoco es que le apeteciera. Se podría decir… que los taimu no se llevaban muy bien con los Knive. Por muy sólidas razones. Y esta animadversión entre Knive y taimu tenía siglos de edad. En el principio de los tiempos de la Asociación, hace cuatro siglos, los Knive cazaban y mataban iris. Y eso era muy compasivo, comparado con lo que habían llegado a hacerles a él y a Agatha. Denzel aún arrastraba algo de trauma del centenar de veces que había tenido que huir de los Knive desde que era pequeño, y de las cuatro ocasiones en que llegó a ser atrapado por ellos para “quitarle” cosas de su cuerpo para experimentos.
Sabía que ahora había una rama secundaria de los Knive y que habían demostrado en los últimos cien años ser verdaderamente aliados de la Asociación y estar totalmente en contra de la rama primaria. Y sabía que el monje Viggo Knive y su hijo Jannik eran fieles a la Asociación. Pero Denzel no podía desprenderse tan fácilmente de esas experiencias traumáticas con los Knive y de su prejuicio hacia ellos. Nunca se le quitó esa espina. Y por eso, ahora mismo no podía dejar de pensar en que le parecía demasiada coincidencia, que Jannik se hubiera matriculado este año en la escuela, y que se estuviera haciendo tan amiguito de Clover, justo cuando aparece una intrusa en su casa mientras dormía, con el mismo aspecto de Clover y con intenciones de “quitarle” algo suyo.
Por supuesto, sabía que la intrusa de anoche no era Clover. Obvio. Así que no podía ser otra cosa que una ilusión mental o truco visual. Algo que, casualmente, se les daba muy bien a los Knive.
Denzel no estaba nada contento con estas sospechas y era consciente de que debía pensar las cosas con calma y lógica. Así que, por ahora, decidió dejar el asunto a un lado y regresó a su trabajo.
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