2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __
Cleven, Nakuru, Raven, Kyo y los otros chicos se fueron yendo de la cafetería al oír el timbre del final del recreo. Cleven estaba amarilla e iba dando tumbos, se había inflado de bollos de chocolate y daba síntomas de echar la pota de un momento a otro. Kyo, al verla, se ofreció a sujetarla de los hombros para que pudiese andar.
—¿A quién se le ocurre comerse tres bollos de chocolate en media hora? —dijo Kyo.
—Tenía ganas de chocolate... mmbf...
Nakuru los vio caminando por detrás, compartiendo una risa. Frunció el ceño ante esto, la verdad es que en la cafetería Kyo y Cleven habían estado charlando con bastante confianza, lo que le resultó un tanto extraño. Cuando se adentraron en el camino de losas de piedra que conducía a la puerta principal del edificio, se encontraron con Drasik, el cual iba con Sakura cogida de su brazo como un pulpo lleno de pulseras y unas cuantas chicas más.
—Oh, si es Cleventine —sonrió Sakura, lanzándole una mirada de serpiente, y también miró a Kyo.
—Hola —saludó Cleven con cara de pocos amigos, ya que el tono que había puesto Sakura la irritó un poco. Después miró a Drasik, el cual desvió la vista rápidamente, haciéndose el tonto.
Luego silencio. Nakuru miró de un grupo a otro, sin entender a qué venía tanta tensión de repente. Entonces Sakura se pegó más a Drasik y miró a Kyo con una sonrisa maliciosa, al verlo sujetando a Cleven de los hombros.
—Kyo. Puedes aspirar a más —le dijo.
—¿Eh?
—Vamos... —sonrió aún más con aires de superioridad—. Me resulta tan gracioso cómo la mona de Cleventine intenta perseguir lo imposible...
Las demás chicas se rieron descaradamente, mientras Kyo fruncía el ceño, sin entender la indirecta, y Cleven le clavó una mirada fiera al captar perfectamente la burla. Drasik seguía mirando las musarañas.
—Perdona, ¿qué has dicho? —preguntó Cleven.
—Te haces la enfermita para que los fuertes y cálidos brazos de Kyo te sostengan, ¿verdad?
—¿Qué te inventas? —gruñó Cleven—. Me he metido tres kilos de bollos entre pecho y espalda, si quieres te dejo una vistosa muestra sobre tus zapatos —hizo un ademán de vomitar a los pies de Sakura.
—¡Ni se te ocurra, francesita! —le advirtió esta—. No tolero ni un ápice de suciedad sobre mi persona.
—Mira si eres cursi…
—¡Hah! Con ese cerebro humano no podrías entenderlo.
—Si yo tengo cerebro humano, ¿tú qué tienes?
—Ay, a veces es duro estar rodeada de seres tan desamparados… ¿Verdad, Drasik? —apoyó la mejilla en su hombro y apretó su brazo más fuerte.
—Eh… ¿qué? —preguntó este, pues había estado todo el rato distraído mirando a otra parte—. Esperad, chicas, ¿os estáis peleando por mí? —sonrió felizmente.
—¡No! —rugieron las dos a la vez—. ¿Ves? —le espetó Cleven a Sakura—. Ni siquiera tu novio te hace caso.
—¡Tú cierra el pico! —replicó Sakura.
—¿Novio? —repitió Drasik, y, como si hubiese estado realmente con la cabeza en otra parte, se dio cuenta de que Sakura lo tenía agarrado del brazo.
Esto le hizo sentirse un poco incómodo. Quizá porque Sakura era demasiado tocona, o quizá porque Cleven se estaba llevando la equivocada impresión de que eran pareja. Y a Drasik no le gustó que Cleven creyera esto. De pronto le invadió una extraña rabia, una profunda y antigua rabia, de algún lugar desconocido y remoto de su memoria, de algo que había perdido, algo que fue lo más importante de su vida.
Con una sacudida repentina, se soltó de Sakura y se apartó un paso de ella. Los demás se quedaron callados y sorprendidos, incluidos Kyo y Nakuru, que vieron ese inesperado gesto como algo impropio de él.
—¿Dras? —lo llamó Sakura, igual de sorprendida.
Drasik miró a cada uno de ellos. Él también parecía desubicado. No sabía qué le había pasado, o por qué se sentía tan alterado. Cuando miró a Cleven, y vio en ella, en sus ojos verdes, su propio reflejo, sufrió un breve fogonazo en su mente. Fue como un fuerte ruido cortado en un segundo, y una imagen fugaz de un segundo, dentro de su cabeza. Pasó tan rápido que no supo descifrarlo. Pero esto le asustó un poco. Temía que fuera su iris.
—Yo… es que tengo que ir al baño corriendo —se excusó, y se marchó corriendo al edificio.
Kyo y Nakuru compartieron una mirada preocupada.
—Qué mal momento para darle un apretón —protestó Sakura.
—A lo mejor es porque lo estabas agobiando un poquito —le dijo Cleven, cruzándose de brazos.
—Guárdate tus opiniones, no tienes ni idea de lo que hay entre él y yo. En fin, suerte con tus propios intentos —se despidió con aire condescendiente, mirando a Kyo por un instante con una sonrisa compasiva, y, sacudiendo su melena al viento, se alejó con sus amiguitas a otra parte.
—¿De qué va esa? —masculló Cleven—. ¿Qué ha querido decir?
—Déjala, no le hagas caso —suspiró Nakuru—. Eh, ¿y Raven?
—Está en la entrada, mirad, han llegado sus padres —contestó Kyo.
Ambas vieron que Raven había ido a saludar a sus padres a la verja de entrada al recinto del instituto, al otro lado del patio. También comenzaron a entrar más hombres y mujeres desde la calle, entre ellos Suzu, la madre de Kyo, y Kamui, el padre de Nakuru, que iban charlando juntos. Kamui venía igual de elegante a como solía ir a su trabajo, vestido con traje, pero sin corbata, y el pelo recogido en una coleta.
—Cleven —la llamó Raven, acercándose con sus padres—, he visto a tu tío bajando del coche, está viniendo.
Cleven, Nakuru y Kyo miraron hacia la puerta, entonces apareció Brey por la derecha, pero al mismo tiempo apareció Neuval por la izquierda, coincidiendo en la llegada. Ambos se lanzaron una mirada escamada, ahí parados. Y siguieron ahí parados, sin entrar.
—Por Dios —resopló Cleven con depresión, llevándose una mano a la frente—. ¡Mi padre me dijo que se comportarían!
Los tres vieron cómo Neuval y Brey daban un paso adelante a la vez, y volvieron a pararse, lanzándose más rayos con los ojos. Luego dieron otro paso, otra vez al mismo tiempo, y luego otro, y otro... Fueron caminando cada vez más rápido, sin dejar de mirarse, como si uno tratase de llegar antes que el otro. Caminando a toda mecha como robots, pasaron al lado de ellos sin darse cuenta y continuaron su camino.
—¡Papá! —exclamó Cleven, molesta, pero tuvo otra náusea del empacho de bollos y se llevó una mano a la boca.
Neuval y Brey se dieron la vuelta con sobresalto.
—Oooh, Dios mío —le susurró Raven a su amiga, con las pupilas clavadas en ellos—. Tu tío y tu padre juntos no pueden ofrecer mejor visión de lo que sería la versión joven y la versión madurita de dos seres divinos.
—Mmbf... —le volvieron a dar náuseas.
—¡Ahh! —Neuval dio un respingo, corriendo hacia ella—. ¿Qué te pasa? ¡Estás pálida! ¿Estás mareada?
—Sólo me he empachado un poco...
—¡Tú! ¿Qué le has dado de comer? —acusó Neuval a Brey enseguida—. ¡Ya la tienes tres días y ya está enferma!
—En mi casa se comen cosas saludables —replicó Brey—. Yo no tengo la culpa de que en la tuya adoptara malos hábitos de alimentación.
—¿¡Cómo que malos hábitos!?
—Claramente tu hija heredó de Katya esa manía de engullir comida basura como las serpientes, y tú deberías habérselo corregido hace años.
—¡Oye! En primer lugar, Katya engullía como los ángeles —defendió Neuval con apasionada firmeza, levantando un dedo—. Y en segundo, ni Lex ni Cleven jamás tuvieron problemas de salud pese a su anormal manera de comer.
—No eres aquí el único con hijos hambrientos —se cruzó Brey de brazos—. Yo al menos procuro enseñar a los míos a moderarse ya desde su edad actual.
—Tú no me des a mí lecciones de paternidad, criajo —gruñó Neuval.
—Y tú no me digas a mí cómo alimentar a mi sobrina.
—Sigue así y me la llevo de vuelta a mi casa —amenazó Neuval, agarrando a Cleven de un brazo y tirando de ella.
—Disculpa, pero ella no quiere eso —contraatacó Brey, tirando del otro brazo de Cleven hacia sí.
—Que se aguante, sigue siendo mi hija y menor de edad —tiró Neuval otra vez.
—También sigue siendo mi sobrina —tiró Brey de nuevo.
—¡Es más mía que tuya! —concluyó Neuval, aferrando a Cleven entre sus brazos como si fuese un baúl de monedas de oro.
Brey se lo tomó mal y volvió a replicarle, y luego Neuval, y se pasaron discutiendo de tonterías un buen rato. Ambos luchando por la posesión de Cleven, que estaba ya azul de tanto mareo y tantos tirones. Eran como dos críos, y Cleven se quedó atónita al ver a su padre comportándose como tal, no lo esperaba de él. Kyo se estuvo divirtiendo con esto cuando todos se fueron yendo hacia el edificio, mientras Nakuru le pegaba codazos para que no se riera.
—Disculpe —llamó la madre de Raven a Neuval una vez llegaron a la puerta, y los cuatro chicos se perdieron dentro.
Neuval se dio la vuelta de sopetón, cortando su estúpida discusión con Brey, y se transformó en un hombre normal, serio y educado a una velocidad abismal.
—Usted es el padre de Cleventine, ¿verdad? —sonrió la mujer—. Encantada, somos los padres de Raven, Jordan y Rachel Willers —se presentó, señalando a su marido y luego a ella.
—Oh... —murmuró Neuval con sorpresa, pero enseguida volvió a ponerse firme—. Lo mismo digo, Neuval Vernoux —les estrechó la mano a ambos.
A partir de ahí se formó un silencio extraño entre los tres. Jordan y Rachel procuraban comportarse con naturalidad, pero Neuval captó perfectamente ese brillo suplicante en sus ojos, ese deseo de hablar con él a solas detrás de su silencio contenido. Por eso, Neuval, con disimulo, miró que los demás estaban entretenidos y se alejó con los Willers unos pocos metros.
—Vaya, vaya, así que por fin puedo conocer al señor y a la señora Willers en condiciones —les sonrió Neuval.
Pero de pronto se llevó un pequeño susto, cuando Jordan agarró su mano y se la volvió a estrechar con fuerza.
—Llevamos años queriendo conocerlo a usted, señor Vernoux —le dijo con gran emoción—. Años deseando conocer al hombre que acogió a Sarah en su RS y cuidó de ella en aquellos difíciles años.
—Siempre quisimos tener la oportunidad de agradecérselo —corroboró Rachel—. Gracias, señor Vernoux, por todo lo que ha hecho por Sarah.
—Me halagan mucho. De verdad. Pero en realidad no pude hacer gran cosa, teniendo en cuenta que me exilié muy pocos años después de que Sarah entrara en mi RS. Y por eso ella hizo lo mismo.
—Sarah nos habló aquella vez de su decisión de exiliarse —le contó Jordan—. Nos dijo que la muerte de Ekaterina fue un duro golpe para usted y para toda la KRS. Para ella también.
—Sarah veía a Ekaterina como una segunda madre —dijo Rachel—. Y dada la magnitud del misterio alrededor de su muerte… Sarah nos dijo que este mundo era más peligroso de lo que nunca pudiéramos imaginar. Y su… venganza… —dijo con tono precavido—… contra Hatori Nonomiya, quien nos arrebató a nuestro hijo mayor… Ella tenía miedo de poner en peligro a sus compañeros. Y pensó que lo mejor que podía hacer era seguir en solitario, a pesar de que la Asociación no permite eso. Pero Alvion le concedió ese deseo a Sarah debido a su situación especial.
—Sí. Así es —sonrió Neuval con pesar—. Sarah siempre ha guardado dentro un temor incurable que nunca la ha dejado conservar su relación y contacto con los demás a largo plazo. Ella me hablaba de ustedes. Espero que sepan que ella no cortó el contacto con ustedes porque dejaran de importarle. Fue precisamente por todo lo contrario.
—Lo sabemos —dijo Jordan, agachando la cabeza—. No se lo reprochamos. Respetamos su decisión porque comprendimos que su iris necesitaba que fuera así. A ella le da tranquilidad saber que el peligro que arrastra en su vida no alcanza a los demás.
—No obstante, señor Vernoux —dijo Rachel con ojos suplicantes—, hace poco más de un año nos mudamos a este país. Por trabajo. No sabemos si Sarah lo sabe o no, pero no importa. Tan sólo queríamos saber… ahora que por fin tenemos delante a alguien que puede saberlo… si Sarah está bien. Si usted sabe algo de ella.
—No queremos inmiscuirnos, sólo queremos saber cómo está —añadió Jordan.
—Bueno, yo he estado varios años sin tener contacto con ella, por mi propia situación de exilio y todo eso —les explicó Neuval—. Pero tuve la fortuna de cruzarme con ella antes de ayer, domingo, en el aeropuerto —sonrió—. Fue una gran sorpresa. Se encontraba trabajando allí en un caso de tráfico de drogas. Trabajando como agente del FBI. Estaba estupenda, saludable, fuerte, centrada en lo que se le da bien, luchar contra el crimen.
Jordan y Rachel se miraron y compartieron una sonrisa de alegría al escuchar eso. Se agarraron de las manos con alivio, parecía que llevaban demasiado tiempo queriendo saber algo de ella.
—Les puedo informar de que hace pocos días hice oficial mi regreso a la Asociación.
—¿¡En serio!? —exclamó la pareja.
—Y que le propuse a Sarah volver a la KRS si le parecía bien. Debe pensárselo. Todavía tenemos pendiente esa conversación. Pero no les podré informar de su decisión, ya que sólo Sarah tiene derecho a hacer eso.
—Lo entendemos —dijo Jordan—. No pasa nada. Aún tenemos la esperanza, ahora que vivimos en este país, de que en algún futuro podamos volver a reconectar con ella. Entonces ya hablaríamos de todo lo que hubiera que hablar. Pero ese es un tema personal entre ella y nosotros, como bien ha dicho usted. Mientras tanto, seguiremos con nuestra vida con normalidad.
—Y nos alegra mucho que Raven y Cleventine sean amigas —añadió Rachel—. Cleventine es bienvenida a nuestra casa siempre que quiera, igual que usted ya le ha dado la bienvenida a Raven en su casa varias veces. Sentimos las molestias.
—No es ninguna molestia en absoluto —sonrió Neuval—. En lo poco que he podido conocerla este año, Raven es una chica que contagia alegría allá a donde va. Y agradezco que alguien así esté cerca de mi hija. Raven es muy educada pero también muy divertida y alocada, en el buen sentido. Y a mí… me gustan mucho las personas alocadas y divertidas.
—Hace años Sarah ya nos contaba alguna que otra cosa sobre usted —se rio Jordan—. Decía que usted mismo podía llevar al extremo el concepto de “divertido” y “alocado”.
—¡Oh, no! —se apuró Neuval—. Espero que no les contara cosas demasiado embarazosas sobre mí.
—¡Hahah! Todo cosas buenas, señor Vernoux —le aseguró Rachel, y lo miró con aire nostálgico—. Cosas extraordinarias sobre usted. Sarah siempre lo admiró.
Neuval también sonrió, complacido por sus palabras. Después, Jordan y Rachel se metieron dentro del edificio del instituto. Neuval, quedándose donde estaba, los siguió con la mirada en silencio, hasta que se le acercó Brey a su lado, mirando al mismo lugar.
—Así que… ¿esos son los padres de Sarah? —comentó el rubio—. ¿Qué te han dicho?
—Llevaban años queriendo conocerme, y agradecerme. Y querían preguntarme si sabía algo reciente de Sarah.
—¿Les has dicho?
—Sí, que la vi hace poco, y que le propuse volver a la KRS. Y que estoy esperando su decisión. Nada más. Son dos humanos muy agradables, han soportado muchos males y siguen teniendo mucha fuerza mental y bondad.
—Humanos así son los que tenemos que proteger a toda costa —afirmó Brey—. Incluso si eso significa apartarse de ellos. No sé cómo el iris de Sarah ha podido aguantar tanto tiempo sin los lazos con sus seres queridos.
—Ya… Sólo espero que eso no haya hecho crecer su majin demasiado en los últimos años —suspiró Neuval.
—¿Qué cuchicheáis de los humanos? Espero que no estéis criticando —apareció Kamui de repente entre los dos, sonriente.
—¡Uh…! —Neuval dio un brinco—. Por Dios, Kamui, ¿cómo haces siempre para aparecer de la nada? Eres increíblemente silencioso incluso para un Dios del Sonido como yo.
—Años y años de práctica, Neuval. ¿Cómo crees que todavía no me han descubierto en mi trabajo?
—Siempre pensé que era porque tratas con personas ricas y poderosas que se pasan todas tus horas de trabajo borrachas y atontadas de tanto comer, Pretty Boy —le sonrió socarrón, pasando un brazo sobre sus hombros.
—Eso es lo que diría la única persona rica y poderosa de este país que aún no ha probado nuestra bebida y nuestra comida —se burló Kamui.
—No quiero ofender a tu clientela, pero yo soy la única persona rica y poderosa de este mundo con más de dos dedos de frente —devolvió la burla.
—No —intervino Brey con su tono racional—. La razón es porque si Neuval va a un sitio así con ese ambiente de “todo es legal” y con ese tipo de gente sibarita, romperá su racha.
—¿Qué… racha? —preguntó Kamui, confuso.
—¡Brey! —le gritó Neuval, echando chispas por los ojos.
—Los años que lleva sin consumir drogas —contestó Brey con normalidad.
—Ah, ya —recordó Kamui.
—Voy a cortarte en rodajas, criajo —Neuval rechinó los dientes.
—Aaah… Hermosa relación entre cuñados… —suspiró Kamui felizmente, posando una mano en los hombros de cada uno, haciendo de barrera—. Vais a tener que llevaros mejor a partir de ahora, ¿no? Mi querida Nakuru se ha pasado las dos últimas noches en vela, no podía dormir de lo contenta que estaba por tu regreso a la Asociación y a la KRS, Neuval.
—¿¡Que-que-qué!? —saltó Suzu, que estaba por ahí cerca y los había oído, y se puso delante del Fuu—. ¿¡Neuval!?
—Jemm... —sonrió apurado.
—¿¡Finalmente has vuelto!? ¡Podrías haberme dicho algo, Neu! ¡Ya no sólo Kei Lian, ¿tú también vas a estar con esa manía de ocultarme información importante que atañe a nuestra familia?!
—Pensaba que Kyo ya te lo habría dicho… —se defendió Neuval.
—Aaah… Otra hermosa relación entre cuñados —Kamui volvió a hacer de barrera, poniéndose entre medias de Suzu y de Neuval.
—Bueno, al menos me tranquiliza saber que a partir de ahora Kyo te tendrá encima cuando vayáis a misiones y esas cosas de iris —se calmó Suzu—. Vamos, ya es hora de la reunión.
Cleven, Nakuru, Raven, Kyo y los otros chicos se fueron yendo de la cafetería al oír el timbre del final del recreo. Cleven estaba amarilla e iba dando tumbos, se había inflado de bollos de chocolate y daba síntomas de echar la pota de un momento a otro. Kyo, al verla, se ofreció a sujetarla de los hombros para que pudiese andar.
—¿A quién se le ocurre comerse tres bollos de chocolate en media hora? —dijo Kyo.
—Tenía ganas de chocolate... mmbf...
Nakuru los vio caminando por detrás, compartiendo una risa. Frunció el ceño ante esto, la verdad es que en la cafetería Kyo y Cleven habían estado charlando con bastante confianza, lo que le resultó un tanto extraño. Cuando se adentraron en el camino de losas de piedra que conducía a la puerta principal del edificio, se encontraron con Drasik, el cual iba con Sakura cogida de su brazo como un pulpo lleno de pulseras y unas cuantas chicas más.
—Oh, si es Cleventine —sonrió Sakura, lanzándole una mirada de serpiente, y también miró a Kyo.
—Hola —saludó Cleven con cara de pocos amigos, ya que el tono que había puesto Sakura la irritó un poco. Después miró a Drasik, el cual desvió la vista rápidamente, haciéndose el tonto.
Luego silencio. Nakuru miró de un grupo a otro, sin entender a qué venía tanta tensión de repente. Entonces Sakura se pegó más a Drasik y miró a Kyo con una sonrisa maliciosa, al verlo sujetando a Cleven de los hombros.
—Kyo. Puedes aspirar a más —le dijo.
—¿Eh?
—Vamos... —sonrió aún más con aires de superioridad—. Me resulta tan gracioso cómo la mona de Cleventine intenta perseguir lo imposible...
Las demás chicas se rieron descaradamente, mientras Kyo fruncía el ceño, sin entender la indirecta, y Cleven le clavó una mirada fiera al captar perfectamente la burla. Drasik seguía mirando las musarañas.
—Perdona, ¿qué has dicho? —preguntó Cleven.
—Te haces la enfermita para que los fuertes y cálidos brazos de Kyo te sostengan, ¿verdad?
—¿Qué te inventas? —gruñó Cleven—. Me he metido tres kilos de bollos entre pecho y espalda, si quieres te dejo una vistosa muestra sobre tus zapatos —hizo un ademán de vomitar a los pies de Sakura.
—¡Ni se te ocurra, francesita! —le advirtió esta—. No tolero ni un ápice de suciedad sobre mi persona.
—Mira si eres cursi…
—¡Hah! Con ese cerebro humano no podrías entenderlo.
—Si yo tengo cerebro humano, ¿tú qué tienes?
—Ay, a veces es duro estar rodeada de seres tan desamparados… ¿Verdad, Drasik? —apoyó la mejilla en su hombro y apretó su brazo más fuerte.
—Eh… ¿qué? —preguntó este, pues había estado todo el rato distraído mirando a otra parte—. Esperad, chicas, ¿os estáis peleando por mí? —sonrió felizmente.
—¡No! —rugieron las dos a la vez—. ¿Ves? —le espetó Cleven a Sakura—. Ni siquiera tu novio te hace caso.
—¡Tú cierra el pico! —replicó Sakura.
—¿Novio? —repitió Drasik, y, como si hubiese estado realmente con la cabeza en otra parte, se dio cuenta de que Sakura lo tenía agarrado del brazo.
Esto le hizo sentirse un poco incómodo. Quizá porque Sakura era demasiado tocona, o quizá porque Cleven se estaba llevando la equivocada impresión de que eran pareja. Y a Drasik no le gustó que Cleven creyera esto. De pronto le invadió una extraña rabia, una profunda y antigua rabia, de algún lugar desconocido y remoto de su memoria, de algo que había perdido, algo que fue lo más importante de su vida.
Con una sacudida repentina, se soltó de Sakura y se apartó un paso de ella. Los demás se quedaron callados y sorprendidos, incluidos Kyo y Nakuru, que vieron ese inesperado gesto como algo impropio de él.
—¿Dras? —lo llamó Sakura, igual de sorprendida.
Drasik miró a cada uno de ellos. Él también parecía desubicado. No sabía qué le había pasado, o por qué se sentía tan alterado. Cuando miró a Cleven, y vio en ella, en sus ojos verdes, su propio reflejo, sufrió un breve fogonazo en su mente. Fue como un fuerte ruido cortado en un segundo, y una imagen fugaz de un segundo, dentro de su cabeza. Pasó tan rápido que no supo descifrarlo. Pero esto le asustó un poco. Temía que fuera su iris.
—Yo… es que tengo que ir al baño corriendo —se excusó, y se marchó corriendo al edificio.
Kyo y Nakuru compartieron una mirada preocupada.
—Qué mal momento para darle un apretón —protestó Sakura.
—A lo mejor es porque lo estabas agobiando un poquito —le dijo Cleven, cruzándose de brazos.
—Guárdate tus opiniones, no tienes ni idea de lo que hay entre él y yo. En fin, suerte con tus propios intentos —se despidió con aire condescendiente, mirando a Kyo por un instante con una sonrisa compasiva, y, sacudiendo su melena al viento, se alejó con sus amiguitas a otra parte.
—¿De qué va esa? —masculló Cleven—. ¿Qué ha querido decir?
—Déjala, no le hagas caso —suspiró Nakuru—. Eh, ¿y Raven?
—Está en la entrada, mirad, han llegado sus padres —contestó Kyo.
Ambas vieron que Raven había ido a saludar a sus padres a la verja de entrada al recinto del instituto, al otro lado del patio. También comenzaron a entrar más hombres y mujeres desde la calle, entre ellos Suzu, la madre de Kyo, y Kamui, el padre de Nakuru, que iban charlando juntos. Kamui venía igual de elegante a como solía ir a su trabajo, vestido con traje, pero sin corbata, y el pelo recogido en una coleta.
—Cleven —la llamó Raven, acercándose con sus padres—, he visto a tu tío bajando del coche, está viniendo.
Cleven, Nakuru y Kyo miraron hacia la puerta, entonces apareció Brey por la derecha, pero al mismo tiempo apareció Neuval por la izquierda, coincidiendo en la llegada. Ambos se lanzaron una mirada escamada, ahí parados. Y siguieron ahí parados, sin entrar.
—Por Dios —resopló Cleven con depresión, llevándose una mano a la frente—. ¡Mi padre me dijo que se comportarían!
Los tres vieron cómo Neuval y Brey daban un paso adelante a la vez, y volvieron a pararse, lanzándose más rayos con los ojos. Luego dieron otro paso, otra vez al mismo tiempo, y luego otro, y otro... Fueron caminando cada vez más rápido, sin dejar de mirarse, como si uno tratase de llegar antes que el otro. Caminando a toda mecha como robots, pasaron al lado de ellos sin darse cuenta y continuaron su camino.
—¡Papá! —exclamó Cleven, molesta, pero tuvo otra náusea del empacho de bollos y se llevó una mano a la boca.
Neuval y Brey se dieron la vuelta con sobresalto.
—Oooh, Dios mío —le susurró Raven a su amiga, con las pupilas clavadas en ellos—. Tu tío y tu padre juntos no pueden ofrecer mejor visión de lo que sería la versión joven y la versión madurita de dos seres divinos.
—Mmbf... —le volvieron a dar náuseas.
—¡Ahh! —Neuval dio un respingo, corriendo hacia ella—. ¿Qué te pasa? ¡Estás pálida! ¿Estás mareada?
—Sólo me he empachado un poco...
—¡Tú! ¿Qué le has dado de comer? —acusó Neuval a Brey enseguida—. ¡Ya la tienes tres días y ya está enferma!
—En mi casa se comen cosas saludables —replicó Brey—. Yo no tengo la culpa de que en la tuya adoptara malos hábitos de alimentación.
—¿¡Cómo que malos hábitos!?
—Claramente tu hija heredó de Katya esa manía de engullir comida basura como las serpientes, y tú deberías habérselo corregido hace años.
—¡Oye! En primer lugar, Katya engullía como los ángeles —defendió Neuval con apasionada firmeza, levantando un dedo—. Y en segundo, ni Lex ni Cleven jamás tuvieron problemas de salud pese a su anormal manera de comer.
—No eres aquí el único con hijos hambrientos —se cruzó Brey de brazos—. Yo al menos procuro enseñar a los míos a moderarse ya desde su edad actual.
—Tú no me des a mí lecciones de paternidad, criajo —gruñó Neuval.
—Y tú no me digas a mí cómo alimentar a mi sobrina.
—Sigue así y me la llevo de vuelta a mi casa —amenazó Neuval, agarrando a Cleven de un brazo y tirando de ella.
—Disculpa, pero ella no quiere eso —contraatacó Brey, tirando del otro brazo de Cleven hacia sí.
—Que se aguante, sigue siendo mi hija y menor de edad —tiró Neuval otra vez.
—También sigue siendo mi sobrina —tiró Brey de nuevo.
—¡Es más mía que tuya! —concluyó Neuval, aferrando a Cleven entre sus brazos como si fuese un baúl de monedas de oro.
Brey se lo tomó mal y volvió a replicarle, y luego Neuval, y se pasaron discutiendo de tonterías un buen rato. Ambos luchando por la posesión de Cleven, que estaba ya azul de tanto mareo y tantos tirones. Eran como dos críos, y Cleven se quedó atónita al ver a su padre comportándose como tal, no lo esperaba de él. Kyo se estuvo divirtiendo con esto cuando todos se fueron yendo hacia el edificio, mientras Nakuru le pegaba codazos para que no se riera.
—Disculpe —llamó la madre de Raven a Neuval una vez llegaron a la puerta, y los cuatro chicos se perdieron dentro.
Neuval se dio la vuelta de sopetón, cortando su estúpida discusión con Brey, y se transformó en un hombre normal, serio y educado a una velocidad abismal.
—Usted es el padre de Cleventine, ¿verdad? —sonrió la mujer—. Encantada, somos los padres de Raven, Jordan y Rachel Willers —se presentó, señalando a su marido y luego a ella.
—Oh... —murmuró Neuval con sorpresa, pero enseguida volvió a ponerse firme—. Lo mismo digo, Neuval Vernoux —les estrechó la mano a ambos.
A partir de ahí se formó un silencio extraño entre los tres. Jordan y Rachel procuraban comportarse con naturalidad, pero Neuval captó perfectamente ese brillo suplicante en sus ojos, ese deseo de hablar con él a solas detrás de su silencio contenido. Por eso, Neuval, con disimulo, miró que los demás estaban entretenidos y se alejó con los Willers unos pocos metros.
—Vaya, vaya, así que por fin puedo conocer al señor y a la señora Willers en condiciones —les sonrió Neuval.
Pero de pronto se llevó un pequeño susto, cuando Jordan agarró su mano y se la volvió a estrechar con fuerza.
—Llevamos años queriendo conocerlo a usted, señor Vernoux —le dijo con gran emoción—. Años deseando conocer al hombre que acogió a Sarah en su RS y cuidó de ella en aquellos difíciles años.
—Siempre quisimos tener la oportunidad de agradecérselo —corroboró Rachel—. Gracias, señor Vernoux, por todo lo que ha hecho por Sarah.
—Me halagan mucho. De verdad. Pero en realidad no pude hacer gran cosa, teniendo en cuenta que me exilié muy pocos años después de que Sarah entrara en mi RS. Y por eso ella hizo lo mismo.
—Sarah nos habló aquella vez de su decisión de exiliarse —le contó Jordan—. Nos dijo que la muerte de Ekaterina fue un duro golpe para usted y para toda la KRS. Para ella también.
—Sarah veía a Ekaterina como una segunda madre —dijo Rachel—. Y dada la magnitud del misterio alrededor de su muerte… Sarah nos dijo que este mundo era más peligroso de lo que nunca pudiéramos imaginar. Y su… venganza… —dijo con tono precavido—… contra Hatori Nonomiya, quien nos arrebató a nuestro hijo mayor… Ella tenía miedo de poner en peligro a sus compañeros. Y pensó que lo mejor que podía hacer era seguir en solitario, a pesar de que la Asociación no permite eso. Pero Alvion le concedió ese deseo a Sarah debido a su situación especial.
—Sí. Así es —sonrió Neuval con pesar—. Sarah siempre ha guardado dentro un temor incurable que nunca la ha dejado conservar su relación y contacto con los demás a largo plazo. Ella me hablaba de ustedes. Espero que sepan que ella no cortó el contacto con ustedes porque dejaran de importarle. Fue precisamente por todo lo contrario.
—Lo sabemos —dijo Jordan, agachando la cabeza—. No se lo reprochamos. Respetamos su decisión porque comprendimos que su iris necesitaba que fuera así. A ella le da tranquilidad saber que el peligro que arrastra en su vida no alcanza a los demás.
—No obstante, señor Vernoux —dijo Rachel con ojos suplicantes—, hace poco más de un año nos mudamos a este país. Por trabajo. No sabemos si Sarah lo sabe o no, pero no importa. Tan sólo queríamos saber… ahora que por fin tenemos delante a alguien que puede saberlo… si Sarah está bien. Si usted sabe algo de ella.
—No queremos inmiscuirnos, sólo queremos saber cómo está —añadió Jordan.
—Bueno, yo he estado varios años sin tener contacto con ella, por mi propia situación de exilio y todo eso —les explicó Neuval—. Pero tuve la fortuna de cruzarme con ella antes de ayer, domingo, en el aeropuerto —sonrió—. Fue una gran sorpresa. Se encontraba trabajando allí en un caso de tráfico de drogas. Trabajando como agente del FBI. Estaba estupenda, saludable, fuerte, centrada en lo que se le da bien, luchar contra el crimen.
Jordan y Rachel se miraron y compartieron una sonrisa de alegría al escuchar eso. Se agarraron de las manos con alivio, parecía que llevaban demasiado tiempo queriendo saber algo de ella.
—Les puedo informar de que hace pocos días hice oficial mi regreso a la Asociación.
—¿¡En serio!? —exclamó la pareja.
—Y que le propuse a Sarah volver a la KRS si le parecía bien. Debe pensárselo. Todavía tenemos pendiente esa conversación. Pero no les podré informar de su decisión, ya que sólo Sarah tiene derecho a hacer eso.
—Lo entendemos —dijo Jordan—. No pasa nada. Aún tenemos la esperanza, ahora que vivimos en este país, de que en algún futuro podamos volver a reconectar con ella. Entonces ya hablaríamos de todo lo que hubiera que hablar. Pero ese es un tema personal entre ella y nosotros, como bien ha dicho usted. Mientras tanto, seguiremos con nuestra vida con normalidad.
—Y nos alegra mucho que Raven y Cleventine sean amigas —añadió Rachel—. Cleventine es bienvenida a nuestra casa siempre que quiera, igual que usted ya le ha dado la bienvenida a Raven en su casa varias veces. Sentimos las molestias.
—No es ninguna molestia en absoluto —sonrió Neuval—. En lo poco que he podido conocerla este año, Raven es una chica que contagia alegría allá a donde va. Y agradezco que alguien así esté cerca de mi hija. Raven es muy educada pero también muy divertida y alocada, en el buen sentido. Y a mí… me gustan mucho las personas alocadas y divertidas.
—Hace años Sarah ya nos contaba alguna que otra cosa sobre usted —se rio Jordan—. Decía que usted mismo podía llevar al extremo el concepto de “divertido” y “alocado”.
—¡Oh, no! —se apuró Neuval—. Espero que no les contara cosas demasiado embarazosas sobre mí.
—¡Hahah! Todo cosas buenas, señor Vernoux —le aseguró Rachel, y lo miró con aire nostálgico—. Cosas extraordinarias sobre usted. Sarah siempre lo admiró.
Neuval también sonrió, complacido por sus palabras. Después, Jordan y Rachel se metieron dentro del edificio del instituto. Neuval, quedándose donde estaba, los siguió con la mirada en silencio, hasta que se le acercó Brey a su lado, mirando al mismo lugar.
—Así que… ¿esos son los padres de Sarah? —comentó el rubio—. ¿Qué te han dicho?
—Llevaban años queriendo conocerme, y agradecerme. Y querían preguntarme si sabía algo reciente de Sarah.
—¿Les has dicho?
—Sí, que la vi hace poco, y que le propuse volver a la KRS. Y que estoy esperando su decisión. Nada más. Son dos humanos muy agradables, han soportado muchos males y siguen teniendo mucha fuerza mental y bondad.
—Humanos así son los que tenemos que proteger a toda costa —afirmó Brey—. Incluso si eso significa apartarse de ellos. No sé cómo el iris de Sarah ha podido aguantar tanto tiempo sin los lazos con sus seres queridos.
—Ya… Sólo espero que eso no haya hecho crecer su majin demasiado en los últimos años —suspiró Neuval.
—¿Qué cuchicheáis de los humanos? Espero que no estéis criticando —apareció Kamui de repente entre los dos, sonriente.
—¡Uh…! —Neuval dio un brinco—. Por Dios, Kamui, ¿cómo haces siempre para aparecer de la nada? Eres increíblemente silencioso incluso para un Dios del Sonido como yo.
—Años y años de práctica, Neuval. ¿Cómo crees que todavía no me han descubierto en mi trabajo?
—Siempre pensé que era porque tratas con personas ricas y poderosas que se pasan todas tus horas de trabajo borrachas y atontadas de tanto comer, Pretty Boy —le sonrió socarrón, pasando un brazo sobre sus hombros.
—Eso es lo que diría la única persona rica y poderosa de este país que aún no ha probado nuestra bebida y nuestra comida —se burló Kamui.
—No quiero ofender a tu clientela, pero yo soy la única persona rica y poderosa de este mundo con más de dos dedos de frente —devolvió la burla.
—No —intervino Brey con su tono racional—. La razón es porque si Neuval va a un sitio así con ese ambiente de “todo es legal” y con ese tipo de gente sibarita, romperá su racha.
—¿Qué… racha? —preguntó Kamui, confuso.
—¡Brey! —le gritó Neuval, echando chispas por los ojos.
—Los años que lleva sin consumir drogas —contestó Brey con normalidad.
—Ah, ya —recordó Kamui.
—Voy a cortarte en rodajas, criajo —Neuval rechinó los dientes.
—Aaah… Hermosa relación entre cuñados… —suspiró Kamui felizmente, posando una mano en los hombros de cada uno, haciendo de barrera—. Vais a tener que llevaros mejor a partir de ahora, ¿no? Mi querida Nakuru se ha pasado las dos últimas noches en vela, no podía dormir de lo contenta que estaba por tu regreso a la Asociación y a la KRS, Neuval.
—¿¡Que-que-qué!? —saltó Suzu, que estaba por ahí cerca y los había oído, y se puso delante del Fuu—. ¿¡Neuval!?
—Jemm... —sonrió apurado.
—¿¡Finalmente has vuelto!? ¡Podrías haberme dicho algo, Neu! ¡Ya no sólo Kei Lian, ¿tú también vas a estar con esa manía de ocultarme información importante que atañe a nuestra familia?!
—Pensaba que Kyo ya te lo habría dicho… —se defendió Neuval.
—Aaah… Otra hermosa relación entre cuñados —Kamui volvió a hacer de barrera, poniéndose entre medias de Suzu y de Neuval.
—Bueno, al menos me tranquiliza saber que a partir de ahora Kyo te tendrá encima cuando vayáis a misiones y esas cosas de iris —se calmó Suzu—. Vamos, ya es hora de la reunión.
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