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2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __









5.
El Knive y la Oráculo

Ya era la hora del recreo. Cleven, Nakuru, Raven y Kyo se fueron con otros chicos a la cafetería del instituto. Drasik, siendo algo que no solía hacer, decidió irse a otro lado con sus colegas de fútbol. No se percataron mucho de su ausencia porque Raven les estuvo contando su semana en San Francisco con ímpetu con un montón de cotilleos.

Por otra parte, en el recinto del colegio de primaria, Clover se encontraba cruzando el patio de la zona infantil, a esa hora llena de niños de varias edades jugando, portando un cubo y una pala hacia las fuentes que estaban en la parte de atrás del edificio, para llenar de agua el cubo y así seguir haciendo montañas y castillos de arena con las otras niñas y niños. Daisuke estaba jugando a la pelota con otros compañeros.

Una vez que Clover dobló la esquina del edificio y puso el cubo debajo de uno de los varios grifos de la pared, oyó unos ruidos raros. Esa parte trasera del edificio era un rincón solitario que conectaba con la zona arbolada del perímetro de la escuela y con un pequeño jardín o huerto que solían usar los maestros para enseñar a los niños de primero de primaria a cultivar cosas. Se suponía que era un recinto cerrado, pero no era ningún secreto que algunos estudiantes de la secundaria inferior se colaban ahí para fumar tabaco a escondidas.

Clover de repente vio salir de entre los arbustos a un chico de la secundaria inferior, de unos 14 años, con muchas prisas, pálido y con cara de susto. Al toparse con la niña ahí, se paró de golpe y se mostró culpable y nervioso.

—Por favor, no te chives —le dijo él.

—No me voy a chivar —le sonrió Clover de forma amigable—. No te preocupes. Sé que algunos chicos mayores se meten por esa zona para fumar tabaco. Sé que está prohibido, no se puede comprar tabaco ni fumar hasta los 20 años. Pero la verdad es que mi papá, el año pasado, tenía 19 años, y aun así fumaba tabaco, pero se lo tenía que comprar su amigo Yako porque él sí tenía 20 años. Además, mi papá dice que a él no le perjudica la salud. Pero a lo mejor a ti sí te perjudica.

—Ah… No… Oye… —intentó explicarle el chico—. No estaba fumando a escondidas, no es eso lo que estaba haciendo. Es que… —se tomó un momento para recuperar el aliento, parecía todavía alterado. Entonces, se dejó caer contra la pared junto a los grifos y se sentó en el suelo dando un resoplido—. No importa. Me tomarías por loco.

—¡No! No te tomaría por loco —se le acercó Clover—. ¿Te has hecho daño? ¿Qué te ha pasado?

—Bueno… pues… Verás, es una tontería, pero… En mi clase se ha hecho famoso un juego de valor, que consiste en ir al cobertizo abandonado del rincón más profundo del jardín, y coger una de las macetas de cerámica que hay dentro. Dicen que hay un fantasma que, si te ve haciendo eso, te cierra la puerta para que no puedas salir, y… yo no me lo creía, pero… —respiró hondo—. Justo cuando iba a salir, la puerta me dio un golpe, ¡se movió sola! Pero por suerte se cerró cuando yo ya estaba fuera, y… ¡me ha dado un susto de muerte!

—No me extraña. A Mizuki le enfada mucho que cojan sus cosas.

—¿Mizuki? —el chico no entendió.

—Sí. Era la jardinera del colegio hace muchos años. Se mató a sí misma hace 30 años o así, ahí en ese mismo cobertizo… —le explicó Clover—. Su fantasma todavía ronda por esta zona solitaria del patio, y le gusta vigilar que nadie toque sus viejas cosas en su cobertizo. Ella misma hacía estas macetitas de arcilla —señaló dicho objeto que el chico sostenía entre sus manos—. Cada vez que los niños mayores roban una de su cobertizo, se pone a llorar. Les cierra la puerta para que no puedan salir porque quiere que vuelvan a poner la macetita en su sitio. Te deja salir si la devuelves.

—¿Me estás diciendo… que hay un fantasma de verdad guardando esa caseta abandonada? —preguntó atónito—. Y tú… ¿puedes verla o algo así? —Clover asintió con la cabeza—. Guau… No lo creía cierto… Si lo llegara a saber antes, no habría participado en este estúpido juego… En ese caso, por nada del mundo quiero a un fantasma enfadado conmigo.

—Entonces, devuelve esa macetita a su sitio.

—M… Me da un poco de miedo, la verdad… Oye, si tú conoces a esa fantasma y puedes verla… ¿Te importaría acompañarme?

—Ven, vamos.

Clover agarró al chico de una muñeca sin más y lo llevó con ella entre la maleza, atravesando esa zona boscosa unos minutos hasta llegar a una vieja caseta de madera ya astillada, ventanas rotas y tejado de chapa oxidada. El chico agarró el pomo de la puerta y trató de abrirla, pero estaba completamente bloqueada.

—Qué raro, si ni siquiera hay cerradura…

—Es Mizuki, está al otro lado bloqueándola —le indicó Clover—. Dile que vienes a devolver lo que has robado y que lo sientes.

—Vale… esto es aterrador… ehm… —carraspeó el muchacho—. S… señorita Mizuki… eh… Perdón por haber cogido una de sus piezas de barro sin permiso… eh… Vengo a devolverla. No sabía que eran suyas. No volveré a hacerlo.

El chico esperó un rato y tragó saliva, preguntándose si de verdad funcionaría. Y de repente, la puerta se abrió sola. Él se quedó tan perplejo que se le paralizaron las piernas, sin poder creérselo. Pero Clover, tomándoselo como algo rutinario y sin importancia, le quitó la pequeña vasija de las manos, entró en la caseta y la puso junto a las demás macetitas artesanas apiladas en una mugrienta caja de madera. El chico observó cómo la niña, al girarse, se quedó mirando fijamente un espacio vacío junto a la puerta.

—Porque me he encontrado con él de casualidad —habló Clover de repente, y se quedó otros segundos callada mirando la nada—. No, no puedo hacer nada por las otras macetitas robadas, no conozco a los otros niños mayores que las cogieron. —Se quedó otros segundos en silencio, escuchando, y después miró al chico—. Bueno, vale, se lo diré…

Clover salió del cobertizo y fue regresando al lugar de antes. El chico, mirando con miedo esa caseta tan vacía y silenciosa una última vez, corrió tras ella.

—¿Qué te ha dicho? ¿Va a perseguirme?

—No, pero me ha pedido que te diga que a ver si puedes convencer a tus amigos de que paren de hacer esta trastada.

—¡C-Claro! ¡Lo haré! —dijo con ímpetu, y llegaron de nuevo a donde estaban las fuentes y el cubo de Clover—. Caray, no me puedo creer que de verdad puedas comunicarte con fantasmas… ¿Desde cuándo puedes hacer algo así?

—Mm… Desde siempre —contestó Clover con simpleza, abriendo la llave del agua.

—Oh… Por cierto —el chico sacó de su bolsillo un bonito anillo de mujer decorado con pequeñas piedras brillantes—. Le he preguntado ya a varias personas. He encontrado este anillo en los pasillos de la primera planta, cerca de la puerta de salida. ¿Por casualidad es tuyo, o de alguna compañera que conozcas? ¿O de alguna de tus maestras?

—¿Mm? —Clover miró el anillo que él le mostraba sobre la palma de su mano—. No, nunca lo había visto.

—Vaya. Es una lástima. No encuentro a su dueña, y este anillo parece realmente caro y valioso. La única pista que tengo es una diminuta inscripción en el interior, que dice: “Para mi cielo”. No sólo ella, seguro que su marido también se llevará un gran disgusto… En fin, tendré que llevarlo a Objetos Perdidos —dijo dando media vuelta para marcharse.

—Espera, yo puedo ayudar a encontrar a la dueña —le dijo Clover, dejando su cubo de agua a un lado.

—¿Qué? ¿En serio?

—En Objetos Perdidos podrían acabar robándolo, o dejándolo olvidado, y eso sería muy injusto y triste, sobre todo para un objeto tan sentimentalmente valioso.

—Pero… ¿Cómo podrías averiguarlo?

—No te preocupes. Déjame el anillo —le sonrió entusiasmada, y el chico se lo dio. Entonces, Clover lo encerró entre sus manitas, y cerró los ojos. Estuvo un par de minutos concentrada, y volvió a abrirlos—. La dueña de este anillo no es una maestra, es una de las mamás que viene a recoger todos los días a su hijo, que es de mi edad, pero él va a la clase de Los Patitos. Yo estoy en la clase de Los Ositos. Ella se llama Keiko Ogura. Pero este anillo no se lo dio su marido, se lo regaló su papá cuando era pequeña, tres años antes de morirse de una enfermedad. Ella perdió este anillo hace dos días. Dile al señor de la Recepción que lo guarde, y que se lo dé a Keiko Ogura esta tarde cuando venga a recoger a su hijo Takahiro.

Clover le devolvió el anillo, y el chico lo cogió despacio, intentando recapacitar sobre lo que acababa de ver y de oír. Estaba realmente asombrado. O al menos, fingiéndolo muy bien.

—Debes de ser una niña muy lista. ¡Eres increíble! Dime, ¿podrías incluso adivinar si esta tarde va a llover y arruinar mi entrenamiento de fútbol? ¡Porque ya sería lo más alucinante que he visto hacer a una niña de prescolar!

—Hahah… bueno… —balbució Clover con vergüenza, algo sonrojada—. Eso sí que no sé decírtelo. A veces veo cosas que van a pasar, o que pueden pasar… pero estas visiones vienen cuando vienen, yo no las controlo.

—Comprendo, no pasa nada, ¡para eso tenemos Internet, hahah! De verdad, gracias por toda tu ayuda.

—Ha sido un placer —respondió la niña educadamente, y se fue marchando con su cubo de agua de vuelta al patio infantil.

—Ehm… —el chico corrió de nuevo tras ella, y se puso a caminar a su lado—. Tu padre debe de estar muy orgulloso de que uses esas habilidades tan alucinantes para ayudar a los demás, ¿no?

—No… bueno… mi papá no lo sabe. Yo quiero decírselo algún día, pero es que a mi papá le dan mucho miedo los fantasmas y los espíritus, y entonces no sé si decirle que yo puedo verlos y hablar con ellos le va a asustar o le va a preocupar… Todavía lo estoy pensando.

—Aaah, entiendo, entiendo… —asintió el chico, observándola de reojo con un brillo malicioso.

Sin embargo, antes de entrar en el patio lleno de niños, pasaron de largo junto a la esquina del edificio, donde había un niño pequeño apoyado y de brazos cruzados con aire normal y tranquilo, y cuya presencia por alguna razón ninguno de los dos llegó a percibir a pesar de pasar justo a su lado.

—Taiya —dijo una vocecita suave tras ellos.

El chico de la secundaria inferior se paró de golpe al reconocerla. Clover se alejó unos pasos más hasta que se dio cuenta de que el adolescente se había quedado atrás, y también se paró, a unos pocos metros de ellos. Los observó un poco confusa y con curiosidad, con su cubo de agua colgando de sus manos.

Taiya solamente giró la cabeza para mirar al niño de la esquina con cara de pocos amigos.

—¿Por qué no dejáis a la damisela en paz? —le preguntó el niño con un tono educado.

Aquel niño era muy peculiar. Era de primero de primaria, por lo que sólo tenía 7 años. La expresión de su cara era bonita, gentil, suave como su voz. Su pelo revuelto era tan clarito que parecía blanco, y su piel era muy blanca y rosada por las mejillas, con pecas en la nariz. Parecía ser albino, aunque sus ojos eran castaños claros. Sus orejas tenían varios pendientes. Aparte del uniforme del colegio, llevaba en el cuello un collar de pequeños pinchos; en sus muñecas, pulseras negras con tachuelas metálicas y un anillo en cada pulgar. Clover contempló al niño con asombro, preguntándose si los profesores no le habían dicho que con ese aspecto no se podía ir al colegio. Sin duda, ese niño destacaba bastante.

Por su parte, Taiya no contestó nada y optó por irse de ahí tranquilamente por otro camino, pasando por su lado. Pero el niño albino se puso justo delante, cortándole el paso.

—¿Qué habéis estado haciendo con ella, en esos rincones alejados del patio? —le preguntó el pequeño, levantando la cabeza para poder clavarle esa mirada recelosa a Taiya, a pesar de que este le sacaba tres cabezas de altura.

—No lo pintes como algo raro, ¿quieres? Simplemente tenía curiosidad por conocer a uno de los hijos de Raijin. Nada más —contestó Taiya en voz baja, molesto.

—¿Sí? ¿Y en algún momento le habéis preguntado su nombre? —replicó con calma—. ¿Y por qué curiosidad por conocerla a ella y no a su hermano también?

—Hah… —Taiya dio un fuerte suspiro de hartazgo—. Me encontré con ella de casualidad ahí junto a las fuentes.

—¿Qué tiene tan de interesante conocer a uno de los hijos de Raijin? —insistió el niño, cada vez con un tono más acusador.

—Raijin es el único iris de nacimiento. Muchos iris se preguntan si sus hijos también serían como él o si nacerían humanos. ¿Tú qué vas a entender, Jannik? Sólo llevas un par de años siendo iris en la Asociación. Los que llevamos más de cinco años en ella sentimos más aprecio por su historia y sus curiosidades.

—Yo nací en el Monte Zou. Los mismos años que vos habéis sido iris, los he vivido yo dentro de la sede de la Asociación. Así que no me vengáis con excusas.

Taiya no se contuvo más y se inclinó de golpe hacia él, como gesto desafiante y enfadado.

—¿Se puede saber por qué me interrogas, Yami?

—Controlaos, Ka —le espetó, sin dejarse intimidar—. O parecerá que os cuesta hacerlo… ¿quizá por culpa de unos grados de majin?

—No me vuelvas a seguir, Jannik —le siseó Taiya fríamente—. Métete en tus asuntos, ¿me oyes? Te habrás convertido en iris, pero algunos sabemos que en realidad eres un bicho raro de una familia de sanguinarios bichos raros. ¿Tienes alguna desconfianza hacia mí? Pues deberías saber que así es como se siente el resto de iris hacia ti.

Taiya pasó de largo, golpeando al niño en el hombro adrede, y se alejó de allí. Jannik lo siguió con la mirada hasta perderlo de vista, con ojos entornados de suspicacia.

A pesar de su muy joven edad y su muy reciente conversión en iris, el extravagante Jannik era el actual Guardián de la SRS de Pipi, y quien la otra noche, durante el duelo que la KRS y la SRS entablaron con los miembros de la MRS por la posesión del pergamino, salvó el pellejo de varios de sus compañeros apareciendo en el último momento con sus campos de oscuridad y sombras. Pero Pipi no lo había nombrado Guardián de su RS sin una razón de peso. Taiya tenía razón. Jannik era un bicho raro, un tipo de persona especial, tanto como lo es su padre, Viggo Knive, el monje más poderoso del Monte Zou, el mismo con el que Neuval se encontró en el Bosque Plenario durante su camino al Templo Zou y estuvieron hablando precisamente de Jannik.

Porque el caso de Jannik no tenía precedentes. Era el primer Knive en convertirse en iris. A ojos de la Asociación, históricamente, eso era como si un león se hiciera vegetariano, o como si la lava se convirtiera en nieve, algo contra natura, incompatible. En el pasado, los Knive eran los auténticos cazadores de los iris. Tenían su origen en la nobleza europea, más exactamente, en la “nobleza oculta” que siempre buscó controlar el mundo desde las sombras para instaurar lo que ellos denominaban “la paz y el orden verdaderos”. Para ellos, los iris eran las existencias que más alteraban el orden de lo que debería ser un mundo naturalmente humano.

Todos los Knive eran humanos, pero no eran normales. Sus habilidades y su fabricación de objetos especiales habían estado en este antiguo linaje de pura sangre desde siempre. No obstante, ahora era un linaje dividido en dos. Jannik y su padre pertenecían a la rama secundaria de los Knive, que se hicieron aliados de la Asociación hace un siglo al considerar que los iris, más que alterar el orden, de verdad podían ayudar a alcanzar uno, donde todos con ideas diferentes pudieran convivir.

Por eso, esas últimas palabras que Taiya le había dicho fueron un golpe muy bajo. Pero no fue suficiente para minar el ánimo del niño, que, nada más girarse para mirar a Clover, lo hizo con la sonrisa más radiante. Pero encontró que esta ya había dado media vuelta y se estaba marchando por el patio con su cubo tan tranquila. Por eso, el niño dio un respingo de disgusto, y fue hacia ella en un santiamén.

De repente, saltó frente a Clover como un felino, frenándole el paso; cogió delicadamente una de sus manos y se la llevó a los labios, rozando su dorso suavemente con ellos como saludo cortés.

—¡Qué bella dama ha llegado a hechizar mis ojos, cual rayo del alba y del atardecer! —exclamó apasionadamente.

Clover se quedó en silencio, sin entender nada de lo que había dicho.

—¿Qué?

—Oh... vuestra voz es tan dulce como un trago de miel en un gélido día de invierno.

—¿Qué? —volvió a preguntar—. ¿Quién eres tú?

—Mi nombre es Jannik Knive, damisela. He de confesaros que habéis cautivado mi humilde corazón. Con vuestra mirada de aurora esmeralda, mi alma se agita dentro de mí ansiando alzarse a la cima del mundo.

Se interrumpió cuando Clover empezó a reírse.

—¡Eres muy gracioso! —se rio—. Yo me llamo Clover Saehara. Mi difunta mamá suele decirme que los tréboles de cuatro hojas dan fortuna.

—¡Clover! También existe esa palabra en mi idioma natal, aunque la pronunciación es algo diferente: kløver.

—¿Los profes no te regañan por llevar tantos pendientes, anillos y los ojos pintados de negro?

—Forman parte de mi cultura y religión. Soy gotisksmed, damisela, aunque no sé bien cómo traducirlo al japonés. Quizá como “gótico forjador”… o algo así.

—Oh... Me gusta ese pendiente —señaló uno de los pendientes que el niño tenía en una oreja.

—¡Ah! Decidme cuál, mi bella Oráculo —saltó con énfasis.

—Ese —le señaló el tercer pendiente de la oreja izquierda, un mini cazasueños con una plumita de color rojizo—. ¿Cómo sabes que soy oráculo? —sonrió felizmente—. Se supone que es secreto, me lo dijo el espíritu de mi mamá.

—¿Cómo alguien como yo no iba a saberlo, mi bella adivina, veedora de todo? —preguntó apasionadamente—. Un Knive como yo puede reconocer perfectamente a otro ser que también domina los poderes místicos. Habéis elegido bien, permitidme que os dé el talismán que por una razón vuestros ojos clarividentes han elegido, damisela.

Jannik se quitó enseguida ese pequeño pendiente y lo encerró en la mano de Clover.

—Quedáoslo como obsequio. Protegerá vuestros sueños, alguien como vos debe de tener complicaciones a la hora de dormir, pudiendo percibir tantas energías, ¿verdad? No os preocupéis, con esto dormiréis solamente con la energía positiva y alejará de vos a los malos fantasmas.

—¿En serio? ¡Muchas gracias! —se exaltó Clover, muy ilusionada—. La verdad es que hay un fantasma en mi edificio con el que hablo a veces, pero ha llegado a ser muy siniestro y molesto, me da miedo y quiero que se aleje —dijo mientras guardaba el cazasueños en su bolsillo de la blusa—. Bueno, me voy a hacer castillos. Mis amigos me esperan.

—Por favor —susurró Jannik, dejándole el paso libre con gran cortesía.

Clover se fue alejando de allí pegando saltos, contemplando su regalo en el bolsillito de su pecho. Jannik la siguió con la mirada, con una mano en el corazón y dando un suspiro tras otro. «Qué hermosa energía» pensaba.

—¿Tengo que recordarte que sólo tienes 7 años, donjuán de la oscuridad? —se mofó Pipi.

Jannik se dio la vuelta rápidamente, y vio a Pipi un poco más allá, sentado en lo más alto del muro que separaba ese patio infantil de la calle, mirándolo con una sonrisa burlona. Acababa de aparecer, por lo que no había escuchado aquella conversación. Al tener el cabello algo largo y ondulado, traía la mitad recogida en un pequeño moño, y venía con ropa casual, sudadera grande y vaqueros.

—Maestro... me he enamorado... —declaró el niño, haciendo un gesto propio del teatro melodramático—. El amor no tiene edad.

—Ya, ya, oye... —cambió de tema, ignorando sus locos arrebatos de pasión por la vida—. ¿Alguna información de utilidad sobre lo que te ordené?

El niño se puso serio de nuevo.

—Sin duda. Acaba de pasar algo extraño, de hecho. He descubierto al Ka de la ARS charlando a solas con la hija de Raijin.

Al principio Pipi se quedó callado, esperando que siguiera hablando. Pero Jannik parecía haber terminado ahí. Pipi puso una mueca de estar confuso y se rascó la frente.

—A ver… Para catalogar eso como “extraño”, tiene que haber más fundamento, Jannik. Un chaval de 14 años que estudia en el mismo centro escolar que una niña de 5, se pueden encontrar por cualquier motivo e intercambiar algunas palabras.

—Os aseguro que Taiya presentaba un comportamiento sospechoso, maestro.

—¿Qué ha hecho?

—No he llegado a verlo u oírlo todo, pero parecía que Taiya le hacía muchas preguntas. Él me dijo que solamente tenía curiosidad por conocer a uno de los hijos de Raijin. ¡Qué barata excusa!

—Mmm, Taiya no sería el único de la Asociación con esa curiosidad, Jannik —intentó defender Pipi—. Quitando el caso de Yenkis Vernoux, que nació iris pero por alguna razón desconocida su mente funciona como la de cualquier humano o iris común, Brey es el primer y único iris nato, y a muchos nos picó la curiosidad en su momento cuando nacieron sus mellizos y la gente se preguntaba si también serían iris natos y…

—Maestro —le interrumpió, y se puso tan serio que Pipi se sobresaltó un poco—. Os lo prometo. Ese Taiya anda tramando algo. Y no me da buena espina que ronde cerca de Clover Saehara.

—¿Por qué?

—Porque ella… —Jannik no continuó la frase. Se dio cuenta de que había cosas que el resto de la gente no podía saber. Jannik sabía lo que Clover era, y por muy iris que fuese y por mucha lealtad que debiese a la Asociación, había cosas, conocimientos e informaciones fáciles de saber para un Knive, que podían ser un poco problemáticos si se revelaban sin cuidado a otros.

—Está bien, Jannik —le dijo Pipi finalmente, con un tono afectivo—. Ya tuvimos esa charla hace más de un año, cuando te recogí del Monte Zou para llevarte aquí y a mi SRS, sobre las veces que ibas a ver necesario callarte alguna información. Pero hicimos una promesa, ¿no? Confío en ti. Si consideras que has visto un comportamiento sospechoso en Taiya, te creo. Además, me encaja, pues no sería el único de su ARS.

—¿Sí? —se sorprendió Jannik—. ¿Habéis averiguado algo similar sobre otros miembros de la ARS?

—Al principio sólo era su Líder. Desde hace meses, ella ha estado comportándose cada vez más raro. Siendo la vecina de Neuval, incluso él la ha notado rara en todo este tiempo, cada vez más ausente y menos comunicativa. De hecho, ni ella ni su ARS vinieron siquiera anoche a la Torre de Tokio a darle la bienvenida a Fuujin. Yo he estado esta mañana espiando un poco a su Guardiana, hasta que me he acercado y le he preguntado directamente si va todo bien y por qué no vinieron anoche. Después de responderme: “Es que anoche estuvimos ocupados con una misión”, se fue calle abajo diciendo que tenía mucha prisa. Luego, tal y como Drasik y Kyo les han contado a tus compañeros Sakura y Eddie, el conflicto del pergamino contra la MRS comenzó con Kaoru delatando a esta RS enemiga quién de la KRS salvaguardaba el pergamino.

—Así que, de los miembros de la ARS, la Líder ya comenzó a estar algo rara hace meses. Kaoru puso en problemas la semana pasada a Kyosuke y su KRS contra la MRS, que aunque lo excuse como un acto inconsciente de su majin, es un golpe bajo para una alianza entre RS. La Guardiana esta mañana os ha dado un respuesta escueta e indiferente. Y yo acabo de ver a Taiya en una situación extraña con la hija de Raijin.

—Tengo a Waine y a Effie espiando a los otros miembros de la ARS por si ven que ellos también hacen cosas raras o se saltan demasiado las normas de alianza. Yagami sigue en el Monte Zou con el recado que le mandé de tu parte… Por cierto, ¿vas a decirme ya por qué querías que Yagami fuera al Monte Zou a indagar sobre ciertos libros? Sigo sin entender eso de que es una corazonada tuya.

—Os prometo que es importante. Creo solemnemente que será de utilidad. Y si no me equivoco, ya veremos sus frutos.

—Hahh… Ahora entiendo a Alvion cuando dice que los Knive pueden ser un poco desesperantes con su afán de guardar tanto misterio.

—Cualquier cosa que mi padre y yo ocultemos, nunca jamás será para perjudicar a la Asociación, os lo aseguro.

—Vale, vale, ya lo sé… —apaciguó Pipi, sonriendo paciente—. Bueno. Sigue haciendo lo que veas necesario hacer. Quiero averiguar qué demonios pasa con la ARS. Porque si están haciendo algo que no casa con nuestras ideas, Neuval y yo deberemos plantear seriamente cortar la alianza con ella.

Jannik asintió con la cabeza, y Pipi se marchó, desapareciendo detrás del muro a la calle. Entonces, Jannik se giró, y buscó con la mirada a Clover, encontrándola allá a lo lejos jugando con otros niños en los cajones de arena. Sin duda, iba a hacer lo que considerase necesario, y para él, era proteger a Clover y su poder, de quienquiera que lo acechase o lo codiciase.









5.
El Knive y la Oráculo

Ya era la hora del recreo. Cleven, Nakuru, Raven y Kyo se fueron con otros chicos a la cafetería del instituto. Drasik, siendo algo que no solía hacer, decidió irse a otro lado con sus colegas de fútbol. No se percataron mucho de su ausencia porque Raven les estuvo contando su semana en San Francisco con ímpetu con un montón de cotilleos.

Por otra parte, en el recinto del colegio de primaria, Clover se encontraba cruzando el patio de la zona infantil, a esa hora llena de niños de varias edades jugando, portando un cubo y una pala hacia las fuentes que estaban en la parte de atrás del edificio, para llenar de agua el cubo y así seguir haciendo montañas y castillos de arena con las otras niñas y niños. Daisuke estaba jugando a la pelota con otros compañeros.

Una vez que Clover dobló la esquina del edificio y puso el cubo debajo de uno de los varios grifos de la pared, oyó unos ruidos raros. Esa parte trasera del edificio era un rincón solitario que conectaba con la zona arbolada del perímetro de la escuela y con un pequeño jardín o huerto que solían usar los maestros para enseñar a los niños de primero de primaria a cultivar cosas. Se suponía que era un recinto cerrado, pero no era ningún secreto que algunos estudiantes de la secundaria inferior se colaban ahí para fumar tabaco a escondidas.

Clover de repente vio salir de entre los arbustos a un chico de la secundaria inferior, de unos 14 años, con muchas prisas, pálido y con cara de susto. Al toparse con la niña ahí, se paró de golpe y se mostró culpable y nervioso.

—Por favor, no te chives —le dijo él.

—No me voy a chivar —le sonrió Clover de forma amigable—. No te preocupes. Sé que algunos chicos mayores se meten por esa zona para fumar tabaco. Sé que está prohibido, no se puede comprar tabaco ni fumar hasta los 20 años. Pero la verdad es que mi papá, el año pasado, tenía 19 años, y aun así fumaba tabaco, pero se lo tenía que comprar su amigo Yako porque él sí tenía 20 años. Además, mi papá dice que a él no le perjudica la salud. Pero a lo mejor a ti sí te perjudica.

—Ah… No… Oye… —intentó explicarle el chico—. No estaba fumando a escondidas, no es eso lo que estaba haciendo. Es que… —se tomó un momento para recuperar el aliento, parecía todavía alterado. Entonces, se dejó caer contra la pared junto a los grifos y se sentó en el suelo dando un resoplido—. No importa. Me tomarías por loco.

—¡No! No te tomaría por loco —se le acercó Clover—. ¿Te has hecho daño? ¿Qué te ha pasado?

—Bueno… pues… Verás, es una tontería, pero… En mi clase se ha hecho famoso un juego de valor, que consiste en ir al cobertizo abandonado del rincón más profundo del jardín, y coger una de las macetas de cerámica que hay dentro. Dicen que hay un fantasma que, si te ve haciendo eso, te cierra la puerta para que no puedas salir, y… yo no me lo creía, pero… —respiró hondo—. Justo cuando iba a salir, la puerta me dio un golpe, ¡se movió sola! Pero por suerte se cerró cuando yo ya estaba fuera, y… ¡me ha dado un susto de muerte!

—No me extraña. A Mizuki le enfada mucho que cojan sus cosas.

—¿Mizuki? —el chico no entendió.

—Sí. Era la jardinera del colegio hace muchos años. Se mató a sí misma hace 30 años o así, ahí en ese mismo cobertizo… —le explicó Clover—. Su fantasma todavía ronda por esta zona solitaria del patio, y le gusta vigilar que nadie toque sus viejas cosas en su cobertizo. Ella misma hacía estas macetitas de arcilla —señaló dicho objeto que el chico sostenía entre sus manos—. Cada vez que los niños mayores roban una de su cobertizo, se pone a llorar. Les cierra la puerta para que no puedan salir porque quiere que vuelvan a poner la macetita en su sitio. Te deja salir si la devuelves.

—¿Me estás diciendo… que hay un fantasma de verdad guardando esa caseta abandonada? —preguntó atónito—. Y tú… ¿puedes verla o algo así? —Clover asintió con la cabeza—. Guau… No lo creía cierto… Si lo llegara a saber antes, no habría participado en este estúpido juego… En ese caso, por nada del mundo quiero a un fantasma enfadado conmigo.

—Entonces, devuelve esa macetita a su sitio.

—M… Me da un poco de miedo, la verdad… Oye, si tú conoces a esa fantasma y puedes verla… ¿Te importaría acompañarme?

—Ven, vamos.

Clover agarró al chico de una muñeca sin más y lo llevó con ella entre la maleza, atravesando esa zona boscosa unos minutos hasta llegar a una vieja caseta de madera ya astillada, ventanas rotas y tejado de chapa oxidada. El chico agarró el pomo de la puerta y trató de abrirla, pero estaba completamente bloqueada.

—Qué raro, si ni siquiera hay cerradura…

—Es Mizuki, está al otro lado bloqueándola —le indicó Clover—. Dile que vienes a devolver lo que has robado y que lo sientes.

—Vale… esto es aterrador… ehm… —carraspeó el muchacho—. S… señorita Mizuki… eh… Perdón por haber cogido una de sus piezas de barro sin permiso… eh… Vengo a devolverla. No sabía que eran suyas. No volveré a hacerlo.

El chico esperó un rato y tragó saliva, preguntándose si de verdad funcionaría. Y de repente, la puerta se abrió sola. Él se quedó tan perplejo que se le paralizaron las piernas, sin poder creérselo. Pero Clover, tomándoselo como algo rutinario y sin importancia, le quitó la pequeña vasija de las manos, entró en la caseta y la puso junto a las demás macetitas artesanas apiladas en una mugrienta caja de madera. El chico observó cómo la niña, al girarse, se quedó mirando fijamente un espacio vacío junto a la puerta.

—Porque me he encontrado con él de casualidad —habló Clover de repente, y se quedó otros segundos callada mirando la nada—. No, no puedo hacer nada por las otras macetitas robadas, no conozco a los otros niños mayores que las cogieron. —Se quedó otros segundos en silencio, escuchando, y después miró al chico—. Bueno, vale, se lo diré…

Clover salió del cobertizo y fue regresando al lugar de antes. El chico, mirando con miedo esa caseta tan vacía y silenciosa una última vez, corrió tras ella.

—¿Qué te ha dicho? ¿Va a perseguirme?

—No, pero me ha pedido que te diga que a ver si puedes convencer a tus amigos de que paren de hacer esta trastada.

—¡C-Claro! ¡Lo haré! —dijo con ímpetu, y llegaron de nuevo a donde estaban las fuentes y el cubo de Clover—. Caray, no me puedo creer que de verdad puedas comunicarte con fantasmas… ¿Desde cuándo puedes hacer algo así?

—Mm… Desde siempre —contestó Clover con simpleza, abriendo la llave del agua.

—Oh… Por cierto —el chico sacó de su bolsillo un bonito anillo de mujer decorado con pequeñas piedras brillantes—. Le he preguntado ya a varias personas. He encontrado este anillo en los pasillos de la primera planta, cerca de la puerta de salida. ¿Por casualidad es tuyo, o de alguna compañera que conozcas? ¿O de alguna de tus maestras?

—¿Mm? —Clover miró el anillo que él le mostraba sobre la palma de su mano—. No, nunca lo había visto.

—Vaya. Es una lástima. No encuentro a su dueña, y este anillo parece realmente caro y valioso. La única pista que tengo es una diminuta inscripción en el interior, que dice: “Para mi cielo”. No sólo ella, seguro que su marido también se llevará un gran disgusto… En fin, tendré que llevarlo a Objetos Perdidos —dijo dando media vuelta para marcharse.

—Espera, yo puedo ayudar a encontrar a la dueña —le dijo Clover, dejando su cubo de agua a un lado.

—¿Qué? ¿En serio?

—En Objetos Perdidos podrían acabar robándolo, o dejándolo olvidado, y eso sería muy injusto y triste, sobre todo para un objeto tan sentimentalmente valioso.

—Pero… ¿Cómo podrías averiguarlo?

—No te preocupes. Déjame el anillo —le sonrió entusiasmada, y el chico se lo dio. Entonces, Clover lo encerró entre sus manitas, y cerró los ojos. Estuvo un par de minutos concentrada, y volvió a abrirlos—. La dueña de este anillo no es una maestra, es una de las mamás que viene a recoger todos los días a su hijo, que es de mi edad, pero él va a la clase de Los Patitos. Yo estoy en la clase de Los Ositos. Ella se llama Keiko Ogura. Pero este anillo no se lo dio su marido, se lo regaló su papá cuando era pequeña, tres años antes de morirse de una enfermedad. Ella perdió este anillo hace dos días. Dile al señor de la Recepción que lo guarde, y que se lo dé a Keiko Ogura esta tarde cuando venga a recoger a su hijo Takahiro.

Clover le devolvió el anillo, y el chico lo cogió despacio, intentando recapacitar sobre lo que acababa de ver y de oír. Estaba realmente asombrado. O al menos, fingiéndolo muy bien.

—Debes de ser una niña muy lista. ¡Eres increíble! Dime, ¿podrías incluso adivinar si esta tarde va a llover y arruinar mi entrenamiento de fútbol? ¡Porque ya sería lo más alucinante que he visto hacer a una niña de prescolar!

—Hahah… bueno… —balbució Clover con vergüenza, algo sonrojada—. Eso sí que no sé decírtelo. A veces veo cosas que van a pasar, o que pueden pasar… pero estas visiones vienen cuando vienen, yo no las controlo.

—Comprendo, no pasa nada, ¡para eso tenemos Internet, hahah! De verdad, gracias por toda tu ayuda.

—Ha sido un placer —respondió la niña educadamente, y se fue marchando con su cubo de agua de vuelta al patio infantil.

—Ehm… —el chico corrió de nuevo tras ella, y se puso a caminar a su lado—. Tu padre debe de estar muy orgulloso de que uses esas habilidades tan alucinantes para ayudar a los demás, ¿no?

—No… bueno… mi papá no lo sabe. Yo quiero decírselo algún día, pero es que a mi papá le dan mucho miedo los fantasmas y los espíritus, y entonces no sé si decirle que yo puedo verlos y hablar con ellos le va a asustar o le va a preocupar… Todavía lo estoy pensando.

—Aaah, entiendo, entiendo… —asintió el chico, observándola de reojo con un brillo malicioso.

Sin embargo, antes de entrar en el patio lleno de niños, pasaron de largo junto a la esquina del edificio, donde había un niño pequeño apoyado y de brazos cruzados con aire normal y tranquilo, y cuya presencia por alguna razón ninguno de los dos llegó a percibir a pesar de pasar justo a su lado.

—Taiya —dijo una vocecita suave tras ellos.

El chico de la secundaria inferior se paró de golpe al reconocerla. Clover se alejó unos pasos más hasta que se dio cuenta de que el adolescente se había quedado atrás, y también se paró, a unos pocos metros de ellos. Los observó un poco confusa y con curiosidad, con su cubo de agua colgando de sus manos.

Taiya solamente giró la cabeza para mirar al niño de la esquina con cara de pocos amigos.

—¿Por qué no dejáis a la damisela en paz? —le preguntó el niño con un tono educado.

Aquel niño era muy peculiar. Era de primero de primaria, por lo que sólo tenía 7 años. La expresión de su cara era bonita, gentil, suave como su voz. Su pelo revuelto era tan clarito que parecía blanco, y su piel era muy blanca y rosada por las mejillas, con pecas en la nariz. Parecía ser albino, aunque sus ojos eran castaños claros. Sus orejas tenían varios pendientes. Aparte del uniforme del colegio, llevaba en el cuello un collar de pequeños pinchos; en sus muñecas, pulseras negras con tachuelas metálicas y un anillo en cada pulgar. Clover contempló al niño con asombro, preguntándose si los profesores no le habían dicho que con ese aspecto no se podía ir al colegio. Sin duda, ese niño destacaba bastante.

Por su parte, Taiya no contestó nada y optó por irse de ahí tranquilamente por otro camino, pasando por su lado. Pero el niño albino se puso justo delante, cortándole el paso.

—¿Qué habéis estado haciendo con ella, en esos rincones alejados del patio? —le preguntó el pequeño, levantando la cabeza para poder clavarle esa mirada recelosa a Taiya, a pesar de que este le sacaba tres cabezas de altura.

—No lo pintes como algo raro, ¿quieres? Simplemente tenía curiosidad por conocer a uno de los hijos de Raijin. Nada más —contestó Taiya en voz baja, molesto.

—¿Sí? ¿Y en algún momento le habéis preguntado su nombre? —replicó con calma—. ¿Y por qué curiosidad por conocerla a ella y no a su hermano también?

—Hah… —Taiya dio un fuerte suspiro de hartazgo—. Me encontré con ella de casualidad ahí junto a las fuentes.

—¿Qué tiene tan de interesante conocer a uno de los hijos de Raijin? —insistió el niño, cada vez con un tono más acusador.

—Raijin es el único iris de nacimiento. Muchos iris se preguntan si sus hijos también serían como él o si nacerían humanos. ¿Tú qué vas a entender, Jannik? Sólo llevas un par de años siendo iris en la Asociación. Los que llevamos más de cinco años en ella sentimos más aprecio por su historia y sus curiosidades.

—Yo nací en el Monte Zou. Los mismos años que vos habéis sido iris, los he vivido yo dentro de la sede de la Asociación. Así que no me vengáis con excusas.

Taiya no se contuvo más y se inclinó de golpe hacia él, como gesto desafiante y enfadado.

—¿Se puede saber por qué me interrogas, Yami?

—Controlaos, Ka —le espetó, sin dejarse intimidar—. O parecerá que os cuesta hacerlo… ¿quizá por culpa de unos grados de majin?

—No me vuelvas a seguir, Jannik —le siseó Taiya fríamente—. Métete en tus asuntos, ¿me oyes? Te habrás convertido en iris, pero algunos sabemos que en realidad eres un bicho raro de una familia de sanguinarios bichos raros. ¿Tienes alguna desconfianza hacia mí? Pues deberías saber que así es como se siente el resto de iris hacia ti.

Taiya pasó de largo, golpeando al niño en el hombro adrede, y se alejó de allí. Jannik lo siguió con la mirada hasta perderlo de vista, con ojos entornados de suspicacia.

A pesar de su muy joven edad y su muy reciente conversión en iris, el extravagante Jannik era el actual Guardián de la SRS de Pipi, y quien la otra noche, durante el duelo que la KRS y la SRS entablaron con los miembros de la MRS por la posesión del pergamino, salvó el pellejo de varios de sus compañeros apareciendo en el último momento con sus campos de oscuridad y sombras. Pero Pipi no lo había nombrado Guardián de su RS sin una razón de peso. Taiya tenía razón. Jannik era un bicho raro, un tipo de persona especial, tanto como lo es su padre, Viggo Knive, el monje más poderoso del Monte Zou, el mismo con el que Neuval se encontró en el Bosque Plenario durante su camino al Templo Zou y estuvieron hablando precisamente de Jannik.

Porque el caso de Jannik no tenía precedentes. Era el primer Knive en convertirse en iris. A ojos de la Asociación, históricamente, eso era como si un león se hiciera vegetariano, o como si la lava se convirtiera en nieve, algo contra natura, incompatible. En el pasado, los Knive eran los auténticos cazadores de los iris. Tenían su origen en la nobleza europea, más exactamente, en la “nobleza oculta” que siempre buscó controlar el mundo desde las sombras para instaurar lo que ellos denominaban “la paz y el orden verdaderos”. Para ellos, los iris eran las existencias que más alteraban el orden de lo que debería ser un mundo naturalmente humano.

Todos los Knive eran humanos, pero no eran normales. Sus habilidades y su fabricación de objetos especiales habían estado en este antiguo linaje de pura sangre desde siempre. No obstante, ahora era un linaje dividido en dos. Jannik y su padre pertenecían a la rama secundaria de los Knive, que se hicieron aliados de la Asociación hace un siglo al considerar que los iris, más que alterar el orden, de verdad podían ayudar a alcanzar uno, donde todos con ideas diferentes pudieran convivir.

Por eso, esas últimas palabras que Taiya le había dicho fueron un golpe muy bajo. Pero no fue suficiente para minar el ánimo del niño, que, nada más girarse para mirar a Clover, lo hizo con la sonrisa más radiante. Pero encontró que esta ya había dado media vuelta y se estaba marchando por el patio con su cubo tan tranquila. Por eso, el niño dio un respingo de disgusto, y fue hacia ella en un santiamén.

De repente, saltó frente a Clover como un felino, frenándole el paso; cogió delicadamente una de sus manos y se la llevó a los labios, rozando su dorso suavemente con ellos como saludo cortés.

—¡Qué bella dama ha llegado a hechizar mis ojos, cual rayo del alba y del atardecer! —exclamó apasionadamente.

Clover se quedó en silencio, sin entender nada de lo que había dicho.

—¿Qué?

—Oh... vuestra voz es tan dulce como un trago de miel en un gélido día de invierno.

—¿Qué? —volvió a preguntar—. ¿Quién eres tú?

—Mi nombre es Jannik Knive, damisela. He de confesaros que habéis cautivado mi humilde corazón. Con vuestra mirada de aurora esmeralda, mi alma se agita dentro de mí ansiando alzarse a la cima del mundo.

Se interrumpió cuando Clover empezó a reírse.

—¡Eres muy gracioso! —se rio—. Yo me llamo Clover Saehara. Mi difunta mamá suele decirme que los tréboles de cuatro hojas dan fortuna.

—¡Clover! También existe esa palabra en mi idioma natal, aunque la pronunciación es algo diferente: kløver.

—¿Los profes no te regañan por llevar tantos pendientes, anillos y los ojos pintados de negro?

—Forman parte de mi cultura y religión. Soy gotisksmed, damisela, aunque no sé bien cómo traducirlo al japonés. Quizá como “gótico forjador”… o algo así.

—Oh... Me gusta ese pendiente —señaló uno de los pendientes que el niño tenía en una oreja.

—¡Ah! Decidme cuál, mi bella Oráculo —saltó con énfasis.

—Ese —le señaló el tercer pendiente de la oreja izquierda, un mini cazasueños con una plumita de color rojizo—. ¿Cómo sabes que soy oráculo? —sonrió felizmente—. Se supone que es secreto, me lo dijo el espíritu de mi mamá.

—¿Cómo alguien como yo no iba a saberlo, mi bella adivina, veedora de todo? —preguntó apasionadamente—. Un Knive como yo puede reconocer perfectamente a otro ser que también domina los poderes místicos. Habéis elegido bien, permitidme que os dé el talismán que por una razón vuestros ojos clarividentes han elegido, damisela.

Jannik se quitó enseguida ese pequeño pendiente y lo encerró en la mano de Clover.

—Quedáoslo como obsequio. Protegerá vuestros sueños, alguien como vos debe de tener complicaciones a la hora de dormir, pudiendo percibir tantas energías, ¿verdad? No os preocupéis, con esto dormiréis solamente con la energía positiva y alejará de vos a los malos fantasmas.

—¿En serio? ¡Muchas gracias! —se exaltó Clover, muy ilusionada—. La verdad es que hay un fantasma en mi edificio con el que hablo a veces, pero ha llegado a ser muy siniestro y molesto, me da miedo y quiero que se aleje —dijo mientras guardaba el cazasueños en su bolsillo de la blusa—. Bueno, me voy a hacer castillos. Mis amigos me esperan.

—Por favor —susurró Jannik, dejándole el paso libre con gran cortesía.

Clover se fue alejando de allí pegando saltos, contemplando su regalo en el bolsillito de su pecho. Jannik la siguió con la mirada, con una mano en el corazón y dando un suspiro tras otro. «Qué hermosa energía» pensaba.

—¿Tengo que recordarte que sólo tienes 7 años, donjuán de la oscuridad? —se mofó Pipi.

Jannik se dio la vuelta rápidamente, y vio a Pipi un poco más allá, sentado en lo más alto del muro que separaba ese patio infantil de la calle, mirándolo con una sonrisa burlona. Acababa de aparecer, por lo que no había escuchado aquella conversación. Al tener el cabello algo largo y ondulado, traía la mitad recogida en un pequeño moño, y venía con ropa casual, sudadera grande y vaqueros.

—Maestro... me he enamorado... —declaró el niño, haciendo un gesto propio del teatro melodramático—. El amor no tiene edad.

—Ya, ya, oye... —cambió de tema, ignorando sus locos arrebatos de pasión por la vida—. ¿Alguna información de utilidad sobre lo que te ordené?

El niño se puso serio de nuevo.

—Sin duda. Acaba de pasar algo extraño, de hecho. He descubierto al Ka de la ARS charlando a solas con la hija de Raijin.

Al principio Pipi se quedó callado, esperando que siguiera hablando. Pero Jannik parecía haber terminado ahí. Pipi puso una mueca de estar confuso y se rascó la frente.

—A ver… Para catalogar eso como “extraño”, tiene que haber más fundamento, Jannik. Un chaval de 14 años que estudia en el mismo centro escolar que una niña de 5, se pueden encontrar por cualquier motivo e intercambiar algunas palabras.

—Os aseguro que Taiya presentaba un comportamiento sospechoso, maestro.

—¿Qué ha hecho?

—No he llegado a verlo u oírlo todo, pero parecía que Taiya le hacía muchas preguntas. Él me dijo que solamente tenía curiosidad por conocer a uno de los hijos de Raijin. ¡Qué barata excusa!

—Mmm, Taiya no sería el único de la Asociación con esa curiosidad, Jannik —intentó defender Pipi—. Quitando el caso de Yenkis Vernoux, que nació iris pero por alguna razón desconocida su mente funciona como la de cualquier humano o iris común, Brey es el primer y único iris nato, y a muchos nos picó la curiosidad en su momento cuando nacieron sus mellizos y la gente se preguntaba si también serían iris natos y…

—Maestro —le interrumpió, y se puso tan serio que Pipi se sobresaltó un poco—. Os lo prometo. Ese Taiya anda tramando algo. Y no me da buena espina que ronde cerca de Clover Saehara.

—¿Por qué?

—Porque ella… —Jannik no continuó la frase. Se dio cuenta de que había cosas que el resto de la gente no podía saber. Jannik sabía lo que Clover era, y por muy iris que fuese y por mucha lealtad que debiese a la Asociación, había cosas, conocimientos e informaciones fáciles de saber para un Knive, que podían ser un poco problemáticos si se revelaban sin cuidado a otros.

—Está bien, Jannik —le dijo Pipi finalmente, con un tono afectivo—. Ya tuvimos esa charla hace más de un año, cuando te recogí del Monte Zou para llevarte aquí y a mi SRS, sobre las veces que ibas a ver necesario callarte alguna información. Pero hicimos una promesa, ¿no? Confío en ti. Si consideras que has visto un comportamiento sospechoso en Taiya, te creo. Además, me encaja, pues no sería el único de su ARS.

—¿Sí? —se sorprendió Jannik—. ¿Habéis averiguado algo similar sobre otros miembros de la ARS?

—Al principio sólo era su Líder. Desde hace meses, ella ha estado comportándose cada vez más raro. Siendo la vecina de Neuval, incluso él la ha notado rara en todo este tiempo, cada vez más ausente y menos comunicativa. De hecho, ni ella ni su ARS vinieron siquiera anoche a la Torre de Tokio a darle la bienvenida a Fuujin. Yo he estado esta mañana espiando un poco a su Guardiana, hasta que me he acercado y le he preguntado directamente si va todo bien y por qué no vinieron anoche. Después de responderme: “Es que anoche estuvimos ocupados con una misión”, se fue calle abajo diciendo que tenía mucha prisa. Luego, tal y como Drasik y Kyo les han contado a tus compañeros Sakura y Eddie, el conflicto del pergamino contra la MRS comenzó con Kaoru delatando a esta RS enemiga quién de la KRS salvaguardaba el pergamino.

—Así que, de los miembros de la ARS, la Líder ya comenzó a estar algo rara hace meses. Kaoru puso en problemas la semana pasada a Kyosuke y su KRS contra la MRS, que aunque lo excuse como un acto inconsciente de su majin, es un golpe bajo para una alianza entre RS. La Guardiana esta mañana os ha dado un respuesta escueta e indiferente. Y yo acabo de ver a Taiya en una situación extraña con la hija de Raijin.

—Tengo a Waine y a Effie espiando a los otros miembros de la ARS por si ven que ellos también hacen cosas raras o se saltan demasiado las normas de alianza. Yagami sigue en el Monte Zou con el recado que le mandé de tu parte… Por cierto, ¿vas a decirme ya por qué querías que Yagami fuera al Monte Zou a indagar sobre ciertos libros? Sigo sin entender eso de que es una corazonada tuya.

—Os prometo que es importante. Creo solemnemente que será de utilidad. Y si no me equivoco, ya veremos sus frutos.

—Hahh… Ahora entiendo a Alvion cuando dice que los Knive pueden ser un poco desesperantes con su afán de guardar tanto misterio.

—Cualquier cosa que mi padre y yo ocultemos, nunca jamás será para perjudicar a la Asociación, os lo aseguro.

—Vale, vale, ya lo sé… —apaciguó Pipi, sonriendo paciente—. Bueno. Sigue haciendo lo que veas necesario hacer. Quiero averiguar qué demonios pasa con la ARS. Porque si están haciendo algo que no casa con nuestras ideas, Neuval y yo deberemos plantear seriamente cortar la alianza con ella.

Jannik asintió con la cabeza, y Pipi se marchó, desapareciendo detrás del muro a la calle. Entonces, Jannik se giró, y buscó con la mirada a Clover, encontrándola allá a lo lejos jugando con otros niños en los cajones de arena. Sin duda, iba a hacer lo que considerase necesario, y para él, era proteger a Clover y su poder, de quienquiera que lo acechase o lo codiciase.





Comentarios

  1. Me meo con este momento random de la mañana de los dos mellizos haciendole el dia Raijin, que esta siendo sobreprotecto con Clover al igual que Daisuke, que madre mia lo celoso que es de su hermana.

    Es curiosos como ambos niños son capaces de hablar de algunas cosas de sus habildiades frente a Cleven sin ningun tipo de duda, imagino porque piensa que ella igualmente no lo entendera o creera que son solo invenciones de dos niños pequeños. Aunque realmente a veces cuesta notar que solo tiene 5 años, ya que a veces dicen cosas que hacer que parezcan almas viejas. Es decir personas jovenes que se comunicar como personas que han vivido una larga vida y tiene mucha mas sabiduria de vida de lo que deberian tener dos niños de 5 años.

    M pregunto proque Cleven solo nota incomodidad con Daisuke y no con clover, ¿tal vez por el tipo de habilidad que el muestra de darle vida al historias, tal cual el lo expresa?

    ¡AAAAAH,! Perdona es que me gusta mucho cuando Drasik sale en escena aunque sea un momento y me emociono (¿he dicho lo mucho que me gusta el personaje?)

    Pobre Cleven, sufriendo un ataque al ver alli pasar como pedro por su casa tanto a Drasik como a Kyo vistiendo de formas super dispares, uno medio en pelota en inviern y el otro mas vestido que un esquimal. Debe estar pensando a que edificio de locos se ha ido a vivir xD

    Que maldito Brey diciendole a Cleven que sin ambos le "ponen"...incomoda. SI claro, el jeugo de palabras el muy maldito señor racional. Lo cual es ironica esta rpegunta sabiendo lo que ya se que pasará a futuro con estos dos...pues muy equivocado Raijin no estaba en realidad, el ve el futuro y no lo sabe xD

    A ver Cleven cielo, te molesta que Drasik este pesado contigo...¿entonces porque estas contrariada porque no esta detras de ti en ese mismo modo pesado y está a lo suyo entocnes? Decidete xD

    Debo decir que una cosa que me ntriga de estos dos, es si ya desde el principio Cleven tenia ese tipo de rechazo por Drasik por algo o que, proque no ha tenido ese tipo de reacciones con nadie ni aun conociendolos de primeras, ni siqueira con Raijin y eso que al inicio era bastante desagradable con ella. Y puede que le desagrade que la coqueten descaradamente y tal, peroes que ya desde el principio, incluso cuando el solo la miro y no le dijo nada aun, ya mostor un rechazo absoluto hacia el, lo cual es llamativo cuanto menos. ¿Tiene algun tipo de significado esto o soy solo yo montandome una pelicula?xD



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