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2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __









27.
Las consecuencias de un descuido

—¡Demonios, es Naminé! —saltó Link al ver a su hermana ahí al otro lado de la calle desde la ventana de la cafetería.

Se levantó de la silla de tal forma que casi vuelca la mesa, y salió escopetado del local. Owen también se sobresaltó y corrió detrás de su hermano. Denzel, por su parte, se pegó a la ventana para verla, dándole un vuelco el corazón.

—¡Nami! —apareció Link tras abrirse paso entre la masa de gente, y la detuvo, agarrándola de los brazos.

—¡Cálmate, Naminé! —se apuró Owen, sujetando su bolso para que dejara de sacudirlo—. ¡Que estás llamando demasiado la atención!

—¡Suéltame, Link, suéltame! —se agitó—. ¡Son bandidos que merecen ser arrestados, yo misma los llevaré ante los soldados imperiales!

—¡No, Nami, aquí no es como en casa! —intentó explicarle Link—. Estamos 200 años en el futuro. Aquí tienen nuevas leyes y agentes especializados en…

Nada más decirlo, aparecieron tres policías con las porras a mano, y se quedaron de piedra al ver a tres hombres tirados en el suelo viendo las estrellas. Después miraron con desafío a Owen y a Link, que seguían sujetando a su hermana.

—¿¡Qué pasa aquí!?

Los tres hermanos se quedaron mudos, en tensión, sin saber qué decir. Neuval, viendo que esas tres extrañas personas no sabían tratar con policías, tuvo que intervenir antes de que los agentes los tachasen a ellos erróneamente como los agresores.

—No pasa nada —les dijo Neuval, interponiéndose rápidamente—. Son esos hombres, venían con actitud agresiva hacia mí y luego han intentado atacar a esa mujer. Miren, ¡van armados! —señaló las pistolas que los tres ex-almaati tenían en los estuches a cada costado, bajo la chaqueta del traje.

—¡Esposadlos, rápido! —ordenó uno de los agentes a sus dos compañeros, y cada uno se encargó de un ex-almaati, poniéndolos bocabajo para esposarlos por la espalda, y les quitaron las armas con cuidado—. Increíble que tengamos algo así en esta ciudad de repente.

—Muere Takeshi Nonomiya y ya se creen los delincuentes que tienen vía libre… —bufó otro de los policías—. Verán cuando Hatori Nonomiya termine de establecerse en el puesto y comience a poner orden, las alimañas no podrán ni respirar.

De regreso a la normalidad en la plaza, Neuval giró sobre sus talones y se encontró con la mujer volviendo a perder los nervios contra los dos que la sujetaban.

—¿¡Y vosotros dónde os habíais metido!? —les gritó con enfado—. ¡Llevo buscándoos desde ayer en este lugar tan raro! ¿¡Dónde estamos!? ¿¡Qué es de los demás!? ¡Respondedme! Quiero volver a casa…

—Calma, calma… —insistía Link.

—¿Dónde estamos? Quiero volver a casa…

Sus hermanos intentaron tranquilizarla. Ella había estado perdida en la ciudad más tiempo y seguramente no había tenido la misma suerte que ellos de no encontrarse con peligros.

—Disculpad... —se les acercó Neuval, hablándoles en mandarín—. ¿Estáis bien?

—Sí, no se preocupe —le dijo Link—. Somos sus hermanos. Siento lo ocurrido, es que está asustada.

Neuval asintió y se quedó observándolos con curiosidad. «Tres hermanos taimuki chinos muy raros en medio de Tokio» pensó intrigado, «¿Los otros dos también manejarán el Poder de los Sellos? ¿Denzel los conoce? Sólo él ha podido enseñarles ese poder. Hmmm…». Le sonaba mucho la camiseta que Owen llevaba puesta, era igual que una que tenía Denzel. Y la ropa que llevaba Link le recordaba a la de Yako.

Justo en ese momento, Denzel por fin llegó hasta ellos, parándose un momento para recuperar el aliento, apoyado en sus rodillas.

—Naminé… —musitó Denzel, contemplándola con admiración por primera vez en su vida a través de sus gafas—. Nami, eres tú…

La mujer levantó un poco la cabeza entre los brazos de Owen y lo miró con sorpresa, frunciendo el ceño.

—¿Padre?

Denzel sonrió con emoción, sin poder creérselo. Naminé corrió hacia él al instante, abrazándolo exasperada. Él la abrazó de vuelta, cerrando los ojos con tristeza, apoyando la mejilla sobre su cabeza para sentirla, oliendo el perfume de su cabello.

—Mi querida Nami…

—Menos mal que estás aquí —sollozó Naminé, apartándose un poco para mirarlo, y se quedó algo extrañada—. ¿También has saltado en el tiempo con nosotros? Estás... Estás algo diferente, pareces un poco más mayor, y te has cortado el pelo… ¿Y qué tipo de lentes llevas puestas? Estabas inconsciente en el suelo, en tu estudio, y…

—Nami —le sonrió con cariño—. No soy el de tu época.

—¿Qué? —se sorprendió—. Entonces ¿qué ha pasado?

—Veo que tendremos que explicárt… —Denzel se calló cuando se dio cuenta de que el parisino estaba ahí con cara de cotilla—. ¡Neuval!

Este levantó una mano tímida y saludó con ella, sin salir de su confusión.

—¿Lo conoces, padre? —preguntó Link.

—¡Sí, él es…! —sonrió, casi riendo por la casualidad—. Este es el iris más poderoso del mundo actual. Y no sólo eso. Él es quien hizo para mí estas gafas que me permiten ver.

Link, Owen y Naminé volvieron la vista hacia Neuval con gran asombro, y este volvió a saludar tímidamente.

—¿Puedo saber de qué va esto? —preguntó, completamente perdido—. Denzel, ¿es que has encontrado nuevos descendientes de esta época? Sabes que eres libre de enseñarles el Poder de los Sellos si quieres, pero parece que aquí “doña bolsazos” no sabe que está prohibido exhibirlo delante de humanos inocentes.

—Lo siento, Neu —sonrió el taimu—. No están acostumbrados a esta época y ciudad. No son lejanos descendientes de esta época. Ellos son Link, Naminé y Owen, tres de mis hijos.

—¿C…? —Neuval se quedó atónito, e hizo un gesto precavido, asegurándose de que no había gente cerca que pudiera oír—. ¿Pero qué me estás contando? —susurró—. ¿Qué ha pasado? ¿Qué hacen en esta época? ¿Por qué los has traído? No me digas que la nostalgia al final te ha vencido y le has robado los hijos a tu “yo” del pasado para volver a estar con ellos.

—¡No! ¡No inventes películas! ¡No he sido yo! —le aseguró Denzel—. Escucha, Fuujin, necesito máxima discreción con esto. Se han visto involucrados en un salto en el tiempo, estoy intentando encontrarle una explicación, investigando qué es lo que ha ocurrido para darle solución, a ser posible, sin que los dioses se enteren y metan las narices. Por favor, Neu, he encontrado a tres de ellos, pero los otros cinco aún andan perdidos por esta ciudad. Si ves algo fuera de lo normal, si te encuentras por ejemplo con alguien que te dé sospechas, como te ha pasado ahora con Naminé, avísame enseguida.

—Dame descripciones al menos, edades, nombres…

—Christine tiene 29 años, es un poco más joven que Naminé. An Ju tiene 21 y está embarazada de cuatro meses. James y Lu Kai son gemelos de 17 años. Y Robin, el pequeño, tiene 13.

—De acuerdo. Ya veo… Caray, menudo problema, Denzel… —resopló, asimilando la noticia—. ¿Sabes? Por un momento había imaginado que ella podría ser una de las hermanas pequeñas de Yong —dijo señalando a Naminé, con un tono algo apenado—. Ya que Yong y sus hermanas son los únicos descendientes tuyos de última generación a los que enseñaste el Poder de los Sellos.

—Yong… —murmuró Denzel, y su cara se tornó triste al recordarlo. Luego sonrió con pesar—. Ya, no… Las hermanas de Yong se mudaron al Monte Zou poco después de la muerte de él. Ya tuvieron demasiadas desgracias en sus vidas. No han salido de allí desde entonces, son felices ahora, con familias propias y trabajos comunes.

—Parece que les tienes un cariño especial, padre —observó Owen—. ¿Puedo saber de quién descienden?

—Son descendientes de Robin —contestó—. Yong me recordaba muchísimo a él…

—Tranquilo, Denzel —le dijo Neuval—. Te ayudaré en todo lo posible, con la máxima discreción. Puedes contar conm-…

—¡Neuval!

Todos pegaron un bote del susto al oír la voz de Lao resonando por toda la calle. Vieron al viejo acercándose a ellos, cruzando la carretera, dado que la empresa estaba cerca de la zona.

—¡Kei Lian! —exclamó Denzel, viendo la cara irritada del viejo.

Lao se paró a una distancia de ellos y primero miró a Denzel, luego a los otros tres desconocidos, y por último a Neuval, respirando profundamente por la nariz. Estaba furioso.

—Neuval. Ven ahora mismo —le dijo severamente.

—Pero Denzel tiene un problema... —titubeó este, algo estremecido por la actitud del viejo—. De hecho, es algo insólito, no te lo vas a creer, resulta que...

—Te he dicho... que vengas ahora mismo.

Neuval cerró la boca. Los demás no se dieron cuenta, pero él llegó a vislumbrar las pequeñas llamas de fuego que desprendían las blancas cejas de Lao y las puntas de su bigote. Por eso Neuval entendió que la cosa era muy seria. Aun así, procuró no alarmar a Denzel y a los otros.

—Vale, parece que hoy es el día de los dramas entre padres e hijos. Me voy o me castigan. Pero tranquilo, Denzel, estaré alerta con tu asunto.

Este le asintió agradecido, pero cuando el Fuu ya se marchó con el viejo de regreso a Hoteitsuba, frunció el ceño y miró hacia arriba, hacia una de las plantas del edificio de la empresa, que se veía asomando sobre los demás edificios. Vio una ventana rota, y eso era suficiente para comprender un poco.

—Fuujin regresa a la Asociación y apenas tarda un par de días en destrozar algo... —suspiró el taimu, negando con la cabeza—. Bueno, ya hablaremos con él luego. Vamos, chicos. Nami, iremos a mi casa. No tienes buen aspecto, no has comido ni bebido nada desde ayer, ¿verdad? Ya no te preocupes por nada —la rodeó con un brazo.


* * * * * *


Lao se paró en seco nada más llegar a uno de los soportales laterales del rascacielos Hoteitsuba, y Neuval casi se choca con él. El viejo estaba de espaldas en un silencio extraño, por lo que Neuval miró para los lados, un tanto intrigado e inquieto. Entonces Lao se dio la vuelta con una expresión terrible.

—¿En qué estabas pensando?

Neuval cerró los ojos con cansancio, preguntándose si se refería a lo de su despacho.

—¿Qué esperabas? Al final han venido a por mí. Me han pillado por sorpresa. Eran ex-almaati, sabían cómo burlar el…

—Me da igual, Neuval. ¿Cuántas veces tengo que decirte que seas más discreto cuando te pasan imprevistos?

—¿Te da igual que me maten?

—Nadie puede matarte. Deberías haber zanjado el asunto con esos tipos antes, o si no, no haber venido a un lugar público sabiendo que alguien te estaba siguiendo para saldar cuentas pendientes.

—¿Cómo iba a saberlo? —suspiró, empezando a cansarse de esa charla.

—Esto te lo puedes perdonar, ya que llevas siete años sin estar activo y aún tienes que quitarte el óxido y recuperar el ritmo. Pero no tienes más remedio que darte prisa en centrarte en tus asuntos como iris. Un iris tiene en cuenta todos los detalles en todo momento. Una metedura de pata más y puedes darte por perdido.

—Lao... ¿Una charla de este tipo a mis 45 años? ¿En serio? —dijo con sarcasmo.

—Tómatelo como quieras, pero no a broma. Yo estoy a esto… —puso el dedo índice y pulgar como si cogieran un dado invisible—… de que el Gobierno me descubra. Saben quién es Kajin-san, y quién es Kei Lian Lao, sólo les falta relacionar a los dos con alguna prueba, ¿comprendes? No llegues al mismo punto que yo. No llames más la atención de esta manera. Hatori está obsesionado con Fuujin, así que ten cuidado.

—Sabes que lo tendré, te preocupas demasiado. Ya soy mayorcito para cuidar de mí mismo.

—¿¡Y de tu familia qué!? —le espetó Lao.

—¿¡A qué viene todo esto!? —se alteró Neuval—. Ya bastante he tenido con esos tipos y con la desagradable charla que me ha dado una de ellos. ¿¡Por qué me sacas ahora el tema de la familia!?

—¿Ni siquiera sabías que Hana entró en tu despacho?

—Pe… ¿Qué? ¿A qué te refieres? —musitó alarmado.

—Ahí arriba... —señaló al edificio—… están ahora mismo Tai y Arisa a las puertas de tu despacho tratando de reanimar a Hana.

A Neuval se le cayó el alma a los pies. Se quedó blanco.

—Hoti me ha relatado lo ocurrido y le he ordenado que lo guarde como información privada, y que mantenga los accesos del ala norte cerrados para que nadie más se acerque a tu despacho. Hana entró en tu despacho en el momento en que tú saliste por la ventana con cinco de ellos encima. La intrusa que quedaba en el despacho se preparó para disparar desde la ventana hacia ti y Hana se abalanzó sobre ella. Al final, la intrusa la empujó contra una pared y Hana se golpeó la cabeza. Está inconsciente.

—¡Aparta! —exclamó Neuval, entrando en pánico, yendo a meterse en el edificio, pero Lao lo agarró de un brazo con mucha fuerza y Neuval lo miró perplejo—. ¿¡Qué haces!?

—Antes de perder el conocimiento, te ha visto salir despedido por la ventana. Te ha visto no estrellarte contra el suelo y violar la ley de la gravedad. Te ha visto pelearte en pleno vuelo con esos tipos. ¿¡Qué… demonios… piensas decirle!? —le preguntó lo más claro que pudo. Neuval entendió, y se quedó paralizado, tragando saliva—. ¿Quién le explicará quiénes eran esas personas que de repente han atacado al hombre al que ama, un hombre al que ella creía normal y corriente? ¿Quién le explicará ahora quién eres en realidad? Puedes arreglarlo con tu Técnica de Borrado de Memoria, pero ¿te sentirás bien por ello?

Neuval dio un paso adelante y se dispuso a correr hacia el edificio de nuevo, pero Lao lo agarró otra vez.

—Piénsalo —le dijo—. Primero fue Lex, y Cleven, y ahora es Hana. Piénsalo. Si le borras la memoria ahora, será la primera de muchas más. Tienes suerte de que Cleven viva ahora fuera de casa y de que Yenkis aún siga siendo pequeño, pero a Hana... ¿Cuántas veces más tendrás que borrarle la memoria cuando pasen estas cosas? Porque no podrás evitar que pasen por sorpresa. Hace pocos años que ella está contigo, con un iris inactivo, pero ahora está con un iris activo con todas sus consecuencias. Sabes lo peligrosa que es tu Técnica empleada más de tres veces en una misma persona. ¿Vas a arriesgarte con ella también?

—¿Arriesgarme a destrozarle el cerebro?

—O eso, o contárselo todo antes de que sea tarde, y así ella decida si quiere seguir contigo o alejarse de la Asociación y dejarte como Lex te dejó, o como Ming Jie me dejó —contestó con tristeza—. No descartes la posibilidad de que tengas que volver a borrarle la memoria a Hana en un futuro por otro incidente. Y después por otro.

—¿Me estás diciendo que le cuente toda la verdad sobre mí? —se le hizo un nudo en el estómago.

—¿Tienes miedo? —replicó el viejo—. No cometas el mismo error. Estás a tiempo. Sabes por qué Hana está contigo, Neuval. Tú y tu familia sois lo único que tiene. Lo que decida hacer después de saber la verdad depende de ella y de lo que siente por ti. ¿Prefieres eso, o prefieres tener que valerte de tu Técnica de ahora en adelante, meterle más mentiras, freírle más el cerebro? Ahora que Hana te ha visto no hay vuelta atrás, te juro por mi pelo blanco que esta vez no se tragará ninguna excusa. Tú decides ahora, luego decide ella.

Neuval respiró con impaciencia y apretó los dientes. Se soltó de Lao y se metió rápidamente en el edificio, impaciente por ir a verla. Lao, por su parte, se sentó en un murillo de los soportales y se quedó un rato mirando al suelo. Después se encendió un cigarrillo y reflexionó sobre el asunto. Una vez más, veía lo complicado que era para un iris tener una familia protegida con una mentira.

Cuando Neuval llegó en ascensor hasta la planta 47 y cruzó los pasillos y las zonas de descanso hacia el ala norte, después de que Hoti le permitiera el acceso, corrió hasta la puerta abierta de su despacho y encontró dentro a Tai y a Arisa agachados en el suelo junto al cuerpo inconsciente de Hana. Tai era un hombre algo mayor que él, que llevaba muchos años en Hoteitsuba y antes de eso ya era un viejo amigo de Lao. Era un humano normal, pero, al igual que unos pocos más, conocía el secreto de los iris y la Asociación, la relación familiar entre Neuval y Lao y todas las cosas secretas de Hoteitsuba.

Arisa era una mujer también mayor, rondando los 60. Llevaba sólo una década en Hoteitsuba, pero también se había convertido en una fiel confidente del secreto de los iris, pues hace unos años ella y Lao estuvieron manteniendo una relación sentimental, cuando Lao ya llevaba cuatro años divorciado. Lao cortó con ella hace tan sólo un año, tras la muerte de Yousuke, por la que Lao quedó obviamente destrozado y no quiso arrastrar a Arisa a ese dolor.

—Jefe, ¿qué ha pasado? —le preguntó Tai, preocupado.

—¿Cómo está? —preguntó Neuval, arrodillándose junto a Hana.

—Pulso y respiración normal, pero deberías llevarla al hospital, Neuval —le dijo Arisa seriamente—. Se ha golpeado la cabeza y eso puede ser peligroso.

—¿Qué hacemos nosotros? —dijo Tai.

—Contactad con los auténticos delegados de la empresa Vontaure. O recibidlos ahora en la planta de Recepción, si resulta que ya están llegando aquí. Tanto si ya se han dado cuenta como si no de que les han robado las tarjetas de identidad, probablemente en el hotel o en el aeropuerto, les decís que no pasa nada y les dais unas nuevas. Les pedís disculpas de mi parte, diciéndoles que he de atender una urgencia imprevista, que aplazamos la reunión a mañana y que pueden regresar al hotel y hacer lo que deseen, que yo cargaré con todos los gastos. ¿De acuerdo? Esto ha sido un asunto iris y ya ha acabado. Lao y yo nos encargamos. No digáis ni hagáis nada, seguid con vuestro trabajo con normalidad. Hoti mantendrá esta zona cerrada hasta que este destrozo sea arreglado.

Tai y Arisa asintieron con la cabeza, hicieron una inclinación de respeto y se marcharon de ahí. Neuval cruzó su despacho, pisando sobre cristales rotos, papeles y pedazos de sus ordenadores y de su mesa volcada. Saltó por parte de la cristalera que estaba rota y se fue volando con Hana en brazos. A pesar de que le gustaría evitarlo, no tenía más opción que llevarla al hospital más cercano, ya que lo más importante era que Hana estuviese bien cuanto antes.

Aterrizó en un callejón solitario entre el edificio del hospital y unos jardines. Se encaminó hacia la fachada delantera, pero cuando la tuvo de frente, se detuvo un momento. Miró el edificio del hospital unos segundos con un suspiro estremecido. No, no podía ahora estancarse en sus miedos, así que cogió aire y se adentró en la sala de recepción rápidamente.

Desde uno de los mostradores, un enfermero lo avistó y se le acercó corriendo. Neuval, al verlo, no pudo evitar contener la respiración y dar un paso atrás. Sabía que sólo era un simple enfermero con buenas intenciones, pero no podía remediarlo, los hospitales y los médicos lo aterrorizaban.

—Buenos días, ¿qué ha pasado? —preguntó, examinando los ojos de Hana con una linterna pequeña.

—Ha... —tartamudeó Neuval, procurando no mirarlo—. Se ha caído y golpeado la cabeza… hace unos quince o veinte minutos. Y… lleva inconsciente hasta ahora.

—De acuerdo. Respiración y pulso normales, eso es buena señal. Llamaré a un neurólogo enseguida. Espere aquí.

—¿Un neurólogo? —repitió Neuval, nervioso—. ¿No puede ser… otro tipo de médico?

—Podría tener alguna contusión en la cabeza, es recomendable que la atienda un neurólogo, señor. No se preocupe, estará en buenas manos.

El enfermero se perdió de vista entre la gente con prisa. Neuval se quedó donde estaba, al lado de una de las salas de espera. A su alrededor había un montón de gente con sus respectivos problemas, todo el mundo parecía ocupado, yendo de aquí para allá. Pero él se quedó quieto, con Hana en brazos, mirando al frente sin parpadear. «Por favor... que no sea él… que no sea él... que no sea él...» rezó, escudriñando los rincones del hospital, poniéndose más y más nervioso.

Y cómo no... el destino tenía que volver a fastidiarle. Un joven hombre, de cabello castaño caoba, ojos azules y de porte esbelto, salió de uno de los pasillos y se adentró en la recepción. Llevaba unas gafas elegantes y una larga bata blanca ondeando a su marcha mientras se abría paso entre la gente.

Lex frenó en seco cuando lo vio, a unos diez metros de distancia. El aire entre ellos se volvió tenso por completo, se podría decir que literalmente, por el iris de Neuval. Lex se mostró frío ante esa escena que estaba viendo. Si Brey no le hubiese contado hace una semana que Fuujin había regresado a la Asociación, podría interpretar esa repentina visita como que Hana había tenido un simple accidente. Pero como sabía que Fuujin había vuelto a la Asociación y a su actividad iris, ahí sólo veía la culpa y toda la culpa del estado de Hana en ese hombre, convencido de que él la había puesto en peligro con sus asuntos de iris.

Por eso, Lex no se sorprendió, pero no pudo evitar mirarlo con resquemor, y Neuval se estremeció, sabiendo perfectamente lo que Lex estaba pensando. Se sintió aún más culpable, no sólo por lo de Hana, sino también porque hace ya años se juró a sí mismo no volver a darle motivos a Lex para que lo mirase de aquella forma, y encima, a través de las gafas de Hideki. Le pesaba todavía más que Lex tuviera que limpiar o solucionar sus propios descuidos.

—Lo siento. Yo… —murmuró Neuval.

—No —le cortó Lex, cerrando los ojos—. No digas nada.

Neuval cerró la boca, y Lex dio un suspiro.

—Esto es trabajo. Nada más. Acompáñame.

Neuval se abstuvo un poco, pero finalmente lo siguió hacia el interior con Hana. No sabía si fue mala suerte, pero tal vez fue porque el enfermero lo había reconocido, ya que toda la tecnología del hospital era de Hoteitsuba y Neuval era conocido por varios sectores de la sociedad, y por eso el enfermero había llamado a Lex, creyendo que era lo que él habría preferido.

Siempre había dos caminos que construían dos mundos potenciales, pero sólo uno que se hacía realidad. Puede pasar esto, o no pasar. Hana podría no haber visto nada, así Neuval no tendría que tomar otra difícil decisión de su vida, y así Lex no tendría que haberse encontrado con él. Por eso, había dos palabras que definían perfectamente a los iris y al motivo de su existencia, que marcaban una realidad real y una imaginaria, una desgracia y una felicidad: “¿Y si...?”.









27.
Las consecuencias de un descuido

—¡Demonios, es Naminé! —saltó Link al ver a su hermana ahí al otro lado de la calle desde la ventana de la cafetería.

Se levantó de la silla de tal forma que casi vuelca la mesa, y salió escopetado del local. Owen también se sobresaltó y corrió detrás de su hermano. Denzel, por su parte, se pegó a la ventana para verla, dándole un vuelco el corazón.

—¡Nami! —apareció Link tras abrirse paso entre la masa de gente, y la detuvo, agarrándola de los brazos.

—¡Cálmate, Naminé! —se apuró Owen, sujetando su bolso para que dejara de sacudirlo—. ¡Que estás llamando demasiado la atención!

—¡Suéltame, Link, suéltame! —se agitó—. ¡Son bandidos que merecen ser arrestados, yo misma los llevaré ante los soldados imperiales!

—¡No, Nami, aquí no es como en casa! —intentó explicarle Link—. Estamos 200 años en el futuro. Aquí tienen nuevas leyes y agentes especializados en…

Nada más decirlo, aparecieron tres policías con las porras a mano, y se quedaron de piedra al ver a tres hombres tirados en el suelo viendo las estrellas. Después miraron con desafío a Owen y a Link, que seguían sujetando a su hermana.

—¿¡Qué pasa aquí!?

Los tres hermanos se quedaron mudos, en tensión, sin saber qué decir. Neuval, viendo que esas tres extrañas personas no sabían tratar con policías, tuvo que intervenir antes de que los agentes los tachasen a ellos erróneamente como los agresores.

—No pasa nada —les dijo Neuval, interponiéndose rápidamente—. Son esos hombres, venían con actitud agresiva hacia mí y luego han intentado atacar a esa mujer. Miren, ¡van armados! —señaló las pistolas que los tres ex-almaati tenían en los estuches a cada costado, bajo la chaqueta del traje.

—¡Esposadlos, rápido! —ordenó uno de los agentes a sus dos compañeros, y cada uno se encargó de un ex-almaati, poniéndolos bocabajo para esposarlos por la espalda, y les quitaron las armas con cuidado—. Increíble que tengamos algo así en esta ciudad de repente.

—Muere Takeshi Nonomiya y ya se creen los delincuentes que tienen vía libre… —bufó otro de los policías—. Verán cuando Hatori Nonomiya termine de establecerse en el puesto y comience a poner orden, las alimañas no podrán ni respirar.

De regreso a la normalidad en la plaza, Neuval giró sobre sus talones y se encontró con la mujer volviendo a perder los nervios contra los dos que la sujetaban.

—¿¡Y vosotros dónde os habíais metido!? —les gritó con enfado—. ¡Llevo buscándoos desde ayer en este lugar tan raro! ¿¡Dónde estamos!? ¿¡Qué es de los demás!? ¡Respondedme! Quiero volver a casa…

—Calma, calma… —insistía Link.

—¿Dónde estamos? Quiero volver a casa…

Sus hermanos intentaron tranquilizarla. Ella había estado perdida en la ciudad más tiempo y seguramente no había tenido la misma suerte que ellos de no encontrarse con peligros.

—Disculpad... —se les acercó Neuval, hablándoles en mandarín—. ¿Estáis bien?

—Sí, no se preocupe —le dijo Link—. Somos sus hermanos. Siento lo ocurrido, es que está asustada.

Neuval asintió y se quedó observándolos con curiosidad. «Tres hermanos taimuki chinos muy raros en medio de Tokio» pensó intrigado, «¿Los otros dos también manejarán el Poder de los Sellos? ¿Denzel los conoce? Sólo él ha podido enseñarles ese poder. Hmmm…». Le sonaba mucho la camiseta que Owen llevaba puesta, era igual que una que tenía Denzel. Y la ropa que llevaba Link le recordaba a la de Yako.

Justo en ese momento, Denzel por fin llegó hasta ellos, parándose un momento para recuperar el aliento, apoyado en sus rodillas.

—Naminé… —musitó Denzel, contemplándola con admiración por primera vez en su vida a través de sus gafas—. Nami, eres tú…

La mujer levantó un poco la cabeza entre los brazos de Owen y lo miró con sorpresa, frunciendo el ceño.

—¿Padre?

Denzel sonrió con emoción, sin poder creérselo. Naminé corrió hacia él al instante, abrazándolo exasperada. Él la abrazó de vuelta, cerrando los ojos con tristeza, apoyando la mejilla sobre su cabeza para sentirla, oliendo el perfume de su cabello.

—Mi querida Nami…

—Menos mal que estás aquí —sollozó Naminé, apartándose un poco para mirarlo, y se quedó algo extrañada—. ¿También has saltado en el tiempo con nosotros? Estás... Estás algo diferente, pareces un poco más mayor, y te has cortado el pelo… ¿Y qué tipo de lentes llevas puestas? Estabas inconsciente en el suelo, en tu estudio, y…

—Nami —le sonrió con cariño—. No soy el de tu época.

—¿Qué? —se sorprendió—. Entonces ¿qué ha pasado?

—Veo que tendremos que explicárt… —Denzel se calló cuando se dio cuenta de que el parisino estaba ahí con cara de cotilla—. ¡Neuval!

Este levantó una mano tímida y saludó con ella, sin salir de su confusión.

—¿Lo conoces, padre? —preguntó Link.

—¡Sí, él es…! —sonrió, casi riendo por la casualidad—. Este es el iris más poderoso del mundo actual. Y no sólo eso. Él es quien hizo para mí estas gafas que me permiten ver.

Link, Owen y Naminé volvieron la vista hacia Neuval con gran asombro, y este volvió a saludar tímidamente.

—¿Puedo saber de qué va esto? —preguntó, completamente perdido—. Denzel, ¿es que has encontrado nuevos descendientes de esta época? Sabes que eres libre de enseñarles el Poder de los Sellos si quieres, pero parece que aquí “doña bolsazos” no sabe que está prohibido exhibirlo delante de humanos inocentes.

—Lo siento, Neu —sonrió el taimu—. No están acostumbrados a esta época y ciudad. No son lejanos descendientes de esta época. Ellos son Link, Naminé y Owen, tres de mis hijos.

—¿C…? —Neuval se quedó atónito, e hizo un gesto precavido, asegurándose de que no había gente cerca que pudiera oír—. ¿Pero qué me estás contando? —susurró—. ¿Qué ha pasado? ¿Qué hacen en esta época? ¿Por qué los has traído? No me digas que la nostalgia al final te ha vencido y le has robado los hijos a tu “yo” del pasado para volver a estar con ellos.

—¡No! ¡No inventes películas! ¡No he sido yo! —le aseguró Denzel—. Escucha, Fuujin, necesito máxima discreción con esto. Se han visto involucrados en un salto en el tiempo, estoy intentando encontrarle una explicación, investigando qué es lo que ha ocurrido para darle solución, a ser posible, sin que los dioses se enteren y metan las narices. Por favor, Neu, he encontrado a tres de ellos, pero los otros cinco aún andan perdidos por esta ciudad. Si ves algo fuera de lo normal, si te encuentras por ejemplo con alguien que te dé sospechas, como te ha pasado ahora con Naminé, avísame enseguida.

—Dame descripciones al menos, edades, nombres…

—Christine tiene 29 años, es un poco más joven que Naminé. An Ju tiene 21 y está embarazada de cuatro meses. James y Lu Kai son gemelos de 17 años. Y Robin, el pequeño, tiene 13.

—De acuerdo. Ya veo… Caray, menudo problema, Denzel… —resopló, asimilando la noticia—. ¿Sabes? Por un momento había imaginado que ella podría ser una de las hermanas pequeñas de Yong —dijo señalando a Naminé, con un tono algo apenado—. Ya que Yong y sus hermanas son los únicos descendientes tuyos de última generación a los que enseñaste el Poder de los Sellos.

—Yong… —murmuró Denzel, y su cara se tornó triste al recordarlo. Luego sonrió con pesar—. Ya, no… Las hermanas de Yong se mudaron al Monte Zou poco después de la muerte de él. Ya tuvieron demasiadas desgracias en sus vidas. No han salido de allí desde entonces, son felices ahora, con familias propias y trabajos comunes.

—Parece que les tienes un cariño especial, padre —observó Owen—. ¿Puedo saber de quién descienden?

—Son descendientes de Robin —contestó—. Yong me recordaba muchísimo a él…

—Tranquilo, Denzel —le dijo Neuval—. Te ayudaré en todo lo posible, con la máxima discreción. Puedes contar conm-…

—¡Neuval!

Todos pegaron un bote del susto al oír la voz de Lao resonando por toda la calle. Vieron al viejo acercándose a ellos, cruzando la carretera, dado que la empresa estaba cerca de la zona.

—¡Kei Lian! —exclamó Denzel, viendo la cara irritada del viejo.

Lao se paró a una distancia de ellos y primero miró a Denzel, luego a los otros tres desconocidos, y por último a Neuval, respirando profundamente por la nariz. Estaba furioso.

—Neuval. Ven ahora mismo —le dijo severamente.

—Pero Denzel tiene un problema... —titubeó este, algo estremecido por la actitud del viejo—. De hecho, es algo insólito, no te lo vas a creer, resulta que...

—Te he dicho... que vengas ahora mismo.

Neuval cerró la boca. Los demás no se dieron cuenta, pero él llegó a vislumbrar las pequeñas llamas de fuego que desprendían las blancas cejas de Lao y las puntas de su bigote. Por eso Neuval entendió que la cosa era muy seria. Aun así, procuró no alarmar a Denzel y a los otros.

—Vale, parece que hoy es el día de los dramas entre padres e hijos. Me voy o me castigan. Pero tranquilo, Denzel, estaré alerta con tu asunto.

Este le asintió agradecido, pero cuando el Fuu ya se marchó con el viejo de regreso a Hoteitsuba, frunció el ceño y miró hacia arriba, hacia una de las plantas del edificio de la empresa, que se veía asomando sobre los demás edificios. Vio una ventana rota, y eso era suficiente para comprender un poco.

—Fuujin regresa a la Asociación y apenas tarda un par de días en destrozar algo... —suspiró el taimu, negando con la cabeza—. Bueno, ya hablaremos con él luego. Vamos, chicos. Nami, iremos a mi casa. No tienes buen aspecto, no has comido ni bebido nada desde ayer, ¿verdad? Ya no te preocupes por nada —la rodeó con un brazo.


* * * * * *


Lao se paró en seco nada más llegar a uno de los soportales laterales del rascacielos Hoteitsuba, y Neuval casi se choca con él. El viejo estaba de espaldas en un silencio extraño, por lo que Neuval miró para los lados, un tanto intrigado e inquieto. Entonces Lao se dio la vuelta con una expresión terrible.

—¿En qué estabas pensando?

Neuval cerró los ojos con cansancio, preguntándose si se refería a lo de su despacho.

—¿Qué esperabas? Al final han venido a por mí. Me han pillado por sorpresa. Eran ex-almaati, sabían cómo burlar el…

—Me da igual, Neuval. ¿Cuántas veces tengo que decirte que seas más discreto cuando te pasan imprevistos?

—¿Te da igual que me maten?

—Nadie puede matarte. Deberías haber zanjado el asunto con esos tipos antes, o si no, no haber venido a un lugar público sabiendo que alguien te estaba siguiendo para saldar cuentas pendientes.

—¿Cómo iba a saberlo? —suspiró, empezando a cansarse de esa charla.

—Esto te lo puedes perdonar, ya que llevas siete años sin estar activo y aún tienes que quitarte el óxido y recuperar el ritmo. Pero no tienes más remedio que darte prisa en centrarte en tus asuntos como iris. Un iris tiene en cuenta todos los detalles en todo momento. Una metedura de pata más y puedes darte por perdido.

—Lao... ¿Una charla de este tipo a mis 45 años? ¿En serio? —dijo con sarcasmo.

—Tómatelo como quieras, pero no a broma. Yo estoy a esto… —puso el dedo índice y pulgar como si cogieran un dado invisible—… de que el Gobierno me descubra. Saben quién es Kajin-san, y quién es Kei Lian Lao, sólo les falta relacionar a los dos con alguna prueba, ¿comprendes? No llegues al mismo punto que yo. No llames más la atención de esta manera. Hatori está obsesionado con Fuujin, así que ten cuidado.

—Sabes que lo tendré, te preocupas demasiado. Ya soy mayorcito para cuidar de mí mismo.

—¿¡Y de tu familia qué!? —le espetó Lao.

—¿¡A qué viene todo esto!? —se alteró Neuval—. Ya bastante he tenido con esos tipos y con la desagradable charla que me ha dado una de ellos. ¿¡Por qué me sacas ahora el tema de la familia!?

—¿Ni siquiera sabías que Hana entró en tu despacho?

—Pe… ¿Qué? ¿A qué te refieres? —musitó alarmado.

—Ahí arriba... —señaló al edificio—… están ahora mismo Tai y Arisa a las puertas de tu despacho tratando de reanimar a Hana.

A Neuval se le cayó el alma a los pies. Se quedó blanco.

—Hoti me ha relatado lo ocurrido y le he ordenado que lo guarde como información privada, y que mantenga los accesos del ala norte cerrados para que nadie más se acerque a tu despacho. Hana entró en tu despacho en el momento en que tú saliste por la ventana con cinco de ellos encima. La intrusa que quedaba en el despacho se preparó para disparar desde la ventana hacia ti y Hana se abalanzó sobre ella. Al final, la intrusa la empujó contra una pared y Hana se golpeó la cabeza. Está inconsciente.

—¡Aparta! —exclamó Neuval, entrando en pánico, yendo a meterse en el edificio, pero Lao lo agarró de un brazo con mucha fuerza y Neuval lo miró perplejo—. ¿¡Qué haces!?

—Antes de perder el conocimiento, te ha visto salir despedido por la ventana. Te ha visto no estrellarte contra el suelo y violar la ley de la gravedad. Te ha visto pelearte en pleno vuelo con esos tipos. ¿¡Qué… demonios… piensas decirle!? —le preguntó lo más claro que pudo. Neuval entendió, y se quedó paralizado, tragando saliva—. ¿Quién le explicará quiénes eran esas personas que de repente han atacado al hombre al que ama, un hombre al que ella creía normal y corriente? ¿Quién le explicará ahora quién eres en realidad? Puedes arreglarlo con tu Técnica de Borrado de Memoria, pero ¿te sentirás bien por ello?

Neuval dio un paso adelante y se dispuso a correr hacia el edificio de nuevo, pero Lao lo agarró otra vez.

—Piénsalo —le dijo—. Primero fue Lex, y Cleven, y ahora es Hana. Piénsalo. Si le borras la memoria ahora, será la primera de muchas más. Tienes suerte de que Cleven viva ahora fuera de casa y de que Yenkis aún siga siendo pequeño, pero a Hana... ¿Cuántas veces más tendrás que borrarle la memoria cuando pasen estas cosas? Porque no podrás evitar que pasen por sorpresa. Hace pocos años que ella está contigo, con un iris inactivo, pero ahora está con un iris activo con todas sus consecuencias. Sabes lo peligrosa que es tu Técnica empleada más de tres veces en una misma persona. ¿Vas a arriesgarte con ella también?

—¿Arriesgarme a destrozarle el cerebro?

—O eso, o contárselo todo antes de que sea tarde, y así ella decida si quiere seguir contigo o alejarse de la Asociación y dejarte como Lex te dejó, o como Ming Jie me dejó —contestó con tristeza—. No descartes la posibilidad de que tengas que volver a borrarle la memoria a Hana en un futuro por otro incidente. Y después por otro.

—¿Me estás diciendo que le cuente toda la verdad sobre mí? —se le hizo un nudo en el estómago.

—¿Tienes miedo? —replicó el viejo—. No cometas el mismo error. Estás a tiempo. Sabes por qué Hana está contigo, Neuval. Tú y tu familia sois lo único que tiene. Lo que decida hacer después de saber la verdad depende de ella y de lo que siente por ti. ¿Prefieres eso, o prefieres tener que valerte de tu Técnica de ahora en adelante, meterle más mentiras, freírle más el cerebro? Ahora que Hana te ha visto no hay vuelta atrás, te juro por mi pelo blanco que esta vez no se tragará ninguna excusa. Tú decides ahora, luego decide ella.

Neuval respiró con impaciencia y apretó los dientes. Se soltó de Lao y se metió rápidamente en el edificio, impaciente por ir a verla. Lao, por su parte, se sentó en un murillo de los soportales y se quedó un rato mirando al suelo. Después se encendió un cigarrillo y reflexionó sobre el asunto. Una vez más, veía lo complicado que era para un iris tener una familia protegida con una mentira.

Cuando Neuval llegó en ascensor hasta la planta 47 y cruzó los pasillos y las zonas de descanso hacia el ala norte, después de que Hoti le permitiera el acceso, corrió hasta la puerta abierta de su despacho y encontró dentro a Tai y a Arisa agachados en el suelo junto al cuerpo inconsciente de Hana. Tai era un hombre algo mayor que él, que llevaba muchos años en Hoteitsuba y antes de eso ya era un viejo amigo de Lao. Era un humano normal, pero, al igual que unos pocos más, conocía el secreto de los iris y la Asociación, la relación familiar entre Neuval y Lao y todas las cosas secretas de Hoteitsuba.

Arisa era una mujer también mayor, rondando los 60. Llevaba sólo una década en Hoteitsuba, pero también se había convertido en una fiel confidente del secreto de los iris, pues hace unos años ella y Lao estuvieron manteniendo una relación sentimental, cuando Lao ya llevaba cuatro años divorciado. Lao cortó con ella hace tan sólo un año, tras la muerte de Yousuke, por la que Lao quedó obviamente destrozado y no quiso arrastrar a Arisa a ese dolor.

—Jefe, ¿qué ha pasado? —le preguntó Tai, preocupado.

—¿Cómo está? —preguntó Neuval, arrodillándose junto a Hana.

—Pulso y respiración normal, pero deberías llevarla al hospital, Neuval —le dijo Arisa seriamente—. Se ha golpeado la cabeza y eso puede ser peligroso.

—¿Qué hacemos nosotros? —dijo Tai.

—Contactad con los auténticos delegados de la empresa Vontaure. O recibidlos ahora en la planta de Recepción, si resulta que ya están llegando aquí. Tanto si ya se han dado cuenta como si no de que les han robado las tarjetas de identidad, probablemente en el hotel o en el aeropuerto, les decís que no pasa nada y les dais unas nuevas. Les pedís disculpas de mi parte, diciéndoles que he de atender una urgencia imprevista, que aplazamos la reunión a mañana y que pueden regresar al hotel y hacer lo que deseen, que yo cargaré con todos los gastos. ¿De acuerdo? Esto ha sido un asunto iris y ya ha acabado. Lao y yo nos encargamos. No digáis ni hagáis nada, seguid con vuestro trabajo con normalidad. Hoti mantendrá esta zona cerrada hasta que este destrozo sea arreglado.

Tai y Arisa asintieron con la cabeza, hicieron una inclinación de respeto y se marcharon de ahí. Neuval cruzó su despacho, pisando sobre cristales rotos, papeles y pedazos de sus ordenadores y de su mesa volcada. Saltó por parte de la cristalera que estaba rota y se fue volando con Hana en brazos. A pesar de que le gustaría evitarlo, no tenía más opción que llevarla al hospital más cercano, ya que lo más importante era que Hana estuviese bien cuanto antes.

Aterrizó en un callejón solitario entre el edificio del hospital y unos jardines. Se encaminó hacia la fachada delantera, pero cuando la tuvo de frente, se detuvo un momento. Miró el edificio del hospital unos segundos con un suspiro estremecido. No, no podía ahora estancarse en sus miedos, así que cogió aire y se adentró en la sala de recepción rápidamente.

Desde uno de los mostradores, un enfermero lo avistó y se le acercó corriendo. Neuval, al verlo, no pudo evitar contener la respiración y dar un paso atrás. Sabía que sólo era un simple enfermero con buenas intenciones, pero no podía remediarlo, los hospitales y los médicos lo aterrorizaban.

—Buenos días, ¿qué ha pasado? —preguntó, examinando los ojos de Hana con una linterna pequeña.

—Ha... —tartamudeó Neuval, procurando no mirarlo—. Se ha caído y golpeado la cabeza… hace unos quince o veinte minutos. Y… lleva inconsciente hasta ahora.

—De acuerdo. Respiración y pulso normales, eso es buena señal. Llamaré a un neurólogo enseguida. Espere aquí.

—¿Un neurólogo? —repitió Neuval, nervioso—. ¿No puede ser… otro tipo de médico?

—Podría tener alguna contusión en la cabeza, es recomendable que la atienda un neurólogo, señor. No se preocupe, estará en buenas manos.

El enfermero se perdió de vista entre la gente con prisa. Neuval se quedó donde estaba, al lado de una de las salas de espera. A su alrededor había un montón de gente con sus respectivos problemas, todo el mundo parecía ocupado, yendo de aquí para allá. Pero él se quedó quieto, con Hana en brazos, mirando al frente sin parpadear. «Por favor... que no sea él… que no sea él... que no sea él...» rezó, escudriñando los rincones del hospital, poniéndose más y más nervioso.

Y cómo no... el destino tenía que volver a fastidiarle. Un joven hombre, de cabello castaño caoba, ojos azules y de porte esbelto, salió de uno de los pasillos y se adentró en la recepción. Llevaba unas gafas elegantes y una larga bata blanca ondeando a su marcha mientras se abría paso entre la gente.

Lex frenó en seco cuando lo vio, a unos diez metros de distancia. El aire entre ellos se volvió tenso por completo, se podría decir que literalmente, por el iris de Neuval. Lex se mostró frío ante esa escena que estaba viendo. Si Brey no le hubiese contado hace una semana que Fuujin había regresado a la Asociación, podría interpretar esa repentina visita como que Hana había tenido un simple accidente. Pero como sabía que Fuujin había vuelto a la Asociación y a su actividad iris, ahí sólo veía la culpa y toda la culpa del estado de Hana en ese hombre, convencido de que él la había puesto en peligro con sus asuntos de iris.

Por eso, Lex no se sorprendió, pero no pudo evitar mirarlo con resquemor, y Neuval se estremeció, sabiendo perfectamente lo que Lex estaba pensando. Se sintió aún más culpable, no sólo por lo de Hana, sino también porque hace ya años se juró a sí mismo no volver a darle motivos a Lex para que lo mirase de aquella forma, y encima, a través de las gafas de Hideki. Le pesaba todavía más que Lex tuviera que limpiar o solucionar sus propios descuidos.

—Lo siento. Yo… —murmuró Neuval.

—No —le cortó Lex, cerrando los ojos—. No digas nada.

Neuval cerró la boca, y Lex dio un suspiro.

—Esto es trabajo. Nada más. Acompáñame.

Neuval se abstuvo un poco, pero finalmente lo siguió hacia el interior con Hana. No sabía si fue mala suerte, pero tal vez fue porque el enfermero lo había reconocido, ya que toda la tecnología del hospital era de Hoteitsuba y Neuval era conocido por varios sectores de la sociedad, y por eso el enfermero había llamado a Lex, creyendo que era lo que él habría preferido.

Siempre había dos caminos que construían dos mundos potenciales, pero sólo uno que se hacía realidad. Puede pasar esto, o no pasar. Hana podría no haber visto nada, así Neuval no tendría que tomar otra difícil decisión de su vida, y así Lex no tendría que haberse encontrado con él. Por eso, había dos palabras que definían perfectamente a los iris y al motivo de su existencia, que marcaban una realidad real y una imaginaria, una desgracia y una felicidad: “¿Y si...?”.





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