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2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __









4.
Un primer brote de algo insano

Cuando Cleven se despidió para irse al edificio del instituto Tomonari, al que se accedía por otra puerta cerca de la del colegio, y Brey fue a pisar el acelerador, vio de repente una cabeza de tersa piel oscura con un peinado de finas trenzas negras a dos centímetros de su nariz.

—¿¡Qué demonios!? —exclamó Raven, metiendo la cabeza de lleno por su ventana—. ¿¡Que tú eres el tío de Cleven!? ¡Dios mío, el rubio que casi nos atropelló hace una semana! ¡Encantada, soy Raven Willers, para lo que gustes! —se exaltó, estrechándole la mano enérgicamente.

—¿Raven Willers? —se sorprendió Brey. «Es… ¡la hermana pequeña de Sarah!».

—¡Aaah! ¡Ha dicho mi nombre! —gritó histérica, a punto de desmayarse.

—Tranquilo, Brey, ahora nos la llevamos —le dijo Nakuru, apareciendo por la acera y sujetando a Raven.

—¡Nos vemos, tío! —se despidió Cleven, marchándose con sus amigas.

«Su carácter no se parece en nada a Sarah, desde luego» opinó Brey, siguiéndolas con la mirada, y después volvió a arrancar.

—¡Eh! —exclamó Drasik, pegando las manos sobre el capó y Brey frenó en seco—. No me mates, por favor.

—Hola, Raijin —lo saludó Kyo, y se marchó con Drasik hacia el edificio.

El rubio suspiró, yéndose por fin. Lo que le extrañaba es que había visto algo raro en la expresión de Drasik hacía un momento. Notó algo raro en su tono. No parecía el de siempre.

Pero Brey era un iris y podía detectar todas las posibles razones de esa pequeña variación en el tono de alguien. Sobre todo, de Drasik. Era el compañero de la KRS al que más conocía a la perfección. Al fin y al cabo, era con el que más había hecho trabajo de campo, porque en la mayoría de las misiones que realizaron, Fuujin solía dividirlos en parejas y siempre ponía a Brey con Drasik por la combinación peligrosa y efectiva de sus elementos.

Aunque Brey sabía que había otra razón también. Drasik era, no sólo de la KRS, sino también de la Asociación, uno de los iris más sensibles, es decir, de los más propensos a padecer la enfermedad del majin. Igual que le pasaba al propio Neuval y a otros iris más. Y Brey era todo lo contrario, el más racional y con mayor capacidad de autocontrol. Por eso, trabajar cerca de Brey ayudaba a Drasik.

El único peligro que tenía Brey era que le podían contagiar un majin. Pero dicho contagio duraba el mismo tiempo en que estuviera expuesto a ese majin. Es decir, era como un espejo. Y el majin de la otra persona tenía que ser muy fuerte para llegar a afectarle. Por eso, si un iris estaba dando síntomas de un majin alto, a partir del quinto grado, directamente contra él, él podía padecerlo de manera igual. Pero se le pasaba en cuanto dejaba de estar expuesto. Y podía llegar a combatirlo muy bien gracias a ser un iris nato.

Brey solamente llegó a padecer un contagio grave que le costó combatir una vez, nada más. Fue antes de morir Katya. Ocurrió en una misión complicada de la KRS, y se lo contagió alguien que en aquel entonces estaba ya muy enfermo. Su hermano, Izan.

El majin del iris consistía en un trastorno de la personalidad del individuo. Había siete grados, y los que tenían los de I y II eran los que esporádicamente mostraban signos no comunes en su forma de ser diaria, como leves ataques de agresividad, o depresión e impotencia, o bien cometían actos poco peligrosos, nada de lo que preocuparse de verdad. Los que tenían de III y IV, lo mismo, pero ya con mayor frecuencia; ahí había que empezar a controlar la cosa.

Ya en el majin de grado V, ocurría una pérdida de autocontrol del iris, consciente de sus actos pero que le llevaba tiempo frenarlos; podía ser muy peligroso. De grado VI, el de Fuujin: cambio radical de la personalidad, una vez cada mucho tiempo, causado por una emoción fuerte de disgusto, de ira o de rabia, o bien por la acumulación de estos durante demasiado tiempo, es decir, se convertía en otra persona, letal y cruel. Ahí el individuo ya no podía controlarse y no era consciente de sus actos, raras veces podía volver en sí sin ayuda de nadie.

Y, por último, de grado VII, el de Izan: cambio de la personalidad permanente, es decir, era ya otra persona, creada por completo dentro de sí y que salía a la luz para siempre una vez que el individuo había sufrido o experimentado la peor de las emociones. Ahí ya no había que preocuparse; había que alejarse. Como tal, la persona que siempre había sido había muerto, por lo que la nueva persona, dueña de la mente y del cuerpo, actuaba por sí sola y, por supuesto, para nada bueno.

Los humanos crean sentimientos y viven dominados por ellos; los iris también tienen sentimientos, pero los dominan eficazmente. Y Brey era un espécimen único: la mayor parte del tiempo no tenía sentimientos, sólo los básicos, y únicamente los tenía de manera natural con las personas que más quería, y en cuanto a los contagiados, podía dominarlos enseguida.

Esto hacía que, por ejemplo, si un criminal le amenazaba, lo torturaba o lo insultaba personalmente, Brey no sentía enfado ni se ofendía ni nada. O si veía en la tele cadáveres de niños muertos en una guerra, tampoco sentía tristeza ni rabia ni horror. Pero obviamente pensaba que era algo terrible y que ojalá no hubiera pasado. Lo pensaba, pero no lo sentía, como ya adivinó Cleven aquella vez. Ese enfado, o esa tristeza, sí las sentiría de manera genuina e intensa si se tratara de un criminal amenazando o insultando a Cleven, o a alguno de sus “hermanos” de la KRS, o si los cadáveres de la guerra se tratasen de sus propios hijos.

Por eso, vivir en este mundo donde todos eran humanos o iris normales, o seres extraños con parte humana como los Zou, no era fácil para Brey. Y este tema le hizo acordarse, una vez más, de Mei Ling. Sobre todo, por el comentario que el viejo Lao le hizo anoche, en la madrugada, cuando todos los iris aliados vinieron a darle la bienvenida a Fuujin y más tarde ya se iban yendo todos a casa. Lao se le acercó en un momento determinado, dándole una fuerte palmada en el hombro de las suyas.

«—Ya podrás tomarte un respiro, chaval —le dijo el viejo, muy contento—. Lo has hecho bien. Pero ya puedes volver a dejarnos el peso a Neu y a mí. Ojalá hubiera podido ayudarte más. Lo único que he podido hacer es organizaros las pocas misiones grandes que hemos tenido en los últimos siete años, como mi labor de Segundo. Pero el resto de misiones inferiores y problemas cotidianos te los has tragado tú.

—No podías ayudar más, Lao —contestó Brey—. Cuando Neuval se exilió, tenías a agentes de Takeshi con los ojos muy pegados a tu actividad empresarial en Hoteitsuba. No podías hacer más sin levantar más sospechas. Hiciste lo debido. Y yo, lo que he hecho, no es ninguna carga, es mi deber.

—Hah… me recuerdas tanto a tu padre cuando hablas así… —murmuró Lao con tristeza, recordando a su mejor amigo—. En fin, ya no te preocupes por nada más allá de tus deberes de Guardián, ¿de acuerdo? Quiero que estés más relajado ahora, que vivas más tranquilo y tengas más tiempo con tus mellizos, lo cual es la misión más importante de tu vida.

Brey asintió en silencio, serio, pero estaba realmente agradecido por las palabras del Ka.

—Y… —añadió Lao, mirándolo a los ojos—… espero que trates a mi nieta mejor de lo que tratas a mi otra nieta.

—¿¡Qué!? —brincó contrariado, y como el viejo no dijo nada, Brey se quedó pensando—. ¿Qué te ha contado Kyo?

—Kyo, nada. Me lo cuenta la propia Mei Ling.

—¿¡Y qué te dice ella!? —se puso un poco nervioso—. ¿¡Que la trato mal!? Eso es mentira. Una vez más, un humano malinterpreta mi modo de ser.

—¡De eso nada! —se rio el viejo—. ¿Qué te crees? Mei Ling te conoce desde que naciste y sabe cómo eres. Pero ella nota que con ella eres menos amable que con el resto de la gente.

—No es verdad, de pequeños nos llevábamos bien. Es solo que, desde que me mudé al mismo edificio con los niños, Mei Ling se ha pasado estos cinco años dándome la lata con mi modo de criar a los mocosos.

—Brey, Mei te aprecia, y adora a Clover y a Daisuke desde el primer momento en que apareciste con ellos. Lo que ella siempre ha pretendido es ayudarte, ofrecerse a echarte una mano. Dejas que Agatha lo haga, incluso Yako, incluso Sam y los otros chavales de la cafetería, pero no dejas que Mei lo haga.

—Le dejé hacerlo, durante un tiempo, después de que ella me convenciera pidiéndomelo veinte veces seguidas. Algunas veces ella se llevaba a los niños a jugar al parque para que yo pudiera dormir algo, o ella los llevaba a la guardería los días en que yo tenía las clases especiales del instituto muy tempranas.

—¿Y? ¿Los trataba mal? ¿Les daba de comer cosas que tú no permitías? ¿Fue negligente alguna vez? ¿Se resfriaron alguna vez por su culpa?

—No —gruñó, mirando al suelo y cruzándose de brazos—. Pero opinaba.

—¿Qué? ¿De qué? ¿Y qué tiene eso de malo?

—No lo entiendes, Lao. No es agradable cuando intentas criar hijos lo mejor posible y otra persona externa viene a opinar sobre lo que deberías mejorar o no.

—Mei Ling no lo hace con mala intención.

—Ya sé que ella lo hace con su mejor intención. Pero no es agradable.

—¿Por qué? ¿Porque no estás de acuerdo con las cosas que ella te aconseja?

—No es por eso —volvió a cruzar los brazos y a mirar a otro lado—. Es porque no las entiendo.

Lao sonrió más suavemente. Él ya sabía a qué se refería Brey, porque su nieta Mei Ling ya le había explicado lo que sucedía.

—Ella no niega que cuidas de la alimentación de los niños, de su seguridad, de sus modales, de su higiene, de su educación y de su salud física con una perfección pasmosa, Raijin. Lo que ella simplemente ve que falta… es un poco más de atención en el desarrollo emocional de los niños, sobre todo ahora que ya tienen edad de razonar, sentir y entender.

—Los trato bien. Los quiero y se lo demuestro cada día.

—No me cabe duda. Pero no se trata sólo de eso. Clover y Daisuke son humanos. Para ellos, saber qué cosas sanas comer, qué cosas hacer por su seguridad y evitar daños o qué hábitos correctos llevar en su vida no lo es todo. En sus mentes humanas de 5 años, hay un mundo entero de imaginación, de cosas complicadas difíciles de entender, de preguntas, misterios, enigmas y emociones de todo tipo que vienen provocadas por motivos de todo tipo. No es lo mismo hacerle entender a un iris de 5 años qué es la muerte y por qué alguien está muerto, o por qué siente ansiedad, tristeza o enfado sin motivo aparente, o por qué a veces ven a adultos tristes o enfadados, que hacérselo entender a un humano de 5 años.

»Esa parte de la enseñanza en la mente emocional de un humano no es tu mayor fuerte, que digamos, pero es obvio y comprensible, porque eres un iris nato. Yo también he tenido carencias o defectos en la apropiada enseñanza de mis hijos, incluso mi ex, o incluso tus padres. Pero por eso es tan valioso y bueno que alguien pueda complementarte esta parte que te falta. Lo único que Mei Ling hace es enseñar a los niños a entender las emociones humanas de una manera más apropiada para sus pequeñas mentes inocentes y humanas.

Brey no dijo nada, se quedó callado mirando al suelo, todavía un poco huraño.

—¿Es por eso que la apartas? ¿Porque te da rabia que Mei Ling sepa hacer eso mejor que tú?

El chico siguió en silencio.

—¿O no será… —Lao captó algo raro en ese silencio tan silencioso de él, y se acercó más a su cara, clavándole una mirada escamada—… por algún otro motivo más personal?

—¡No! —saltó Brey de pronto, nervioso, y se sonrojó un poco—. No digas cosas raras. Es sólo que no me gusta que se metan en mi vida y en mis asuntos. Ni ella ni nadie.

—Pero a mi otra nieta sí que la has aceptado enseguida dentro de tu vida y de tus asuntos.

—Cleven es mi sobrina, y Mei Ling no. Obviamente hay una diferencia abismal. O sea, Mei Ling y Kyo sí eran sobrinos de mi hermana, pero no míos.

—Un poquito.

—Muy indirectamente. Y Cleven es de mi sangre.

—No me hables de la sangre como requisito de ser familia —discrepó Lao, dándole otras palmaditas en el hombro. Brey no dijo nada, recordando cómo era la visión de Lao respecto a ese tema—. Todos somos familia. Lao, Vernoux y Saehara. No te pido que dejes a Mei Ling hacer todo lo que te pide si no quieres. Sólo te pido que seas un poco más cálido con ella.»

Una única persona puramente racional en un mundo lleno de sentimientos, es normal que Brey a veces se sienta culpable si otros le dicen que esa forma suya de ser no es apropiada o agradable. No hay nadie como él, que piense como él.

Por ello, al final acaba creyendo que el que hace las cosas mal es él. E inconscientemente se deja contagiar, luchando por comprender a esos seres, luchando para evitar estar solo; para ser como ellos y dejar de sentirse confundido. ¿Qué podía hacer sino? Después de todo, son millones de personas a quienes él no comprende, y son millones de personas quienes no le comprenden a él.


* * * * * *


—Buenos días, buenos días... —fue saludando Denzel a medida que entraban los alumnos en su clase.

Nakuru se fue hacia su mesa nada más entrar, sonriente, mientras todos se iban sentando y dejando sus cosas por los percheros de las paredes.

—Sí, ya lo sé —dijo el hombre antes de que ella abriera la boca—. La KRS renace.

—Claro, tú lo sabes todo —refunfuñó—. No se te puede sorprender con nada. ¿Pero a que no sabes...?

—Sí, tu amiga ha reconectado con su tío Raijin y ahora vive con él.

—¡Jo, Denzel! —refunfuñó más.

—Venga, venga —sonrió—. Ahora a centrarse en clase.

—¡Denzel! ¿A que no sabes qué? —se acercaron Drasik y Kyo con la misma energía.

—Ains... —suspiró el hombre con desasosiego.

Pasaron la primera hora dando Física, y no todos estaban muy despiertos, que digamos. Ni siquiera Denzel, que parecía haberse pasado la noche anterior de ocio con otros profesores amigos o viajando por el planeta recogiendo nuevos iris.

Cleven estuvo toda la hora hablando en bajo con Raven, y vio que esta ya se había enterado de todo lo que le había pasado con su tío. Nakuru se lo había contado todo de camino al instituto, excepto lo del "incidente". Cleven estaba tan absorta contándole otra vez todo a su amiga que ni siquiera se daba cuenta de que Drasik, sentado delante con Nakuru, la miraba constantemente de reojo. El chico parecía, desde luego, muy raro cada vez que la miraba. Nakuru, una vez más, reparó en esto y se preguntó qué le pasaría ahora. Sin embargo, cuando Drasik se daba cuenta de que Nakuru lo miraba, sonreía alegremente y volvía la vista al frente.

«Hah… mierda…» pensó Nakuru. «Espero que todavía no esté dándole vueltas al asunto de Cleven… y sospechando de las cosas que no encajan con su memoria… Ay, ¡pues claro que está mosqueado, Nakuru! Drasik es un payaso, pero no es tonto. Y otra vez, oculta cómo se siente por dentro detrás de esa sonrisa. ¿Cree que no me doy cuenta? ¿Y si está enfadado conmigo por pensar que le oculto algo? En ese caso, ¿no me dice nada al respecto? ¿No me pregunta?». Nakuru sabía que Drasik no iba a hacer eso.

Drasik, desde los últimos años, cada vez que se había mencionado algo acerca de lo que él no sabe por tener la memoria borrada y él se daba cuenta de que algo no le cuadraba, pasaba del tema sin decir nada a nadie. Nakuru era la única que sabía que Drasik se mosqueaba con estas cosas, por mucho que lo intentase disimular. Sabía que se sentía relativamente apartado del grupo, porque no se enteraba de lo que hablaban cuando mencionaban cosas del pasado y no se lo explicaban. No hacía preguntas, era como si hubiese asumido que él no tenía derecho a enterarse. Y ahora, con lo de Cleven, que era hija de Fuujin...

Nakuru lo vio todo en ese preciso instante. Drasik estaba con la vista fija en el pupitre, en el vacío, en lo más profundo de su ser. Una mirada difícil de describir, entre llena de pesadumbre y llena de rabia. Pero él permanecía en silencio, aparentemente escuchando las explicaciones de Denzel.

«Nunca te has quejado de este asunto» pensó Nakuru. «Si yo estuviese en tu lugar, sospechando que la gente más cercana a mí me oculta cosas importantes de mi vida, me hartaría de pegar patadas hasta que me aclaren lo que pasa a mi alrededor. ¿Por qué no luchas por saber la verdad? No es que yo quiera que lo hagas, por alguna razón te borraron la memoria, por tu bien. Pero... me da rabia que no hagas nada. Y que encima te lo guardes todo dentro. Si sigues así... algo insano crecerá en tu interior, Drasik».

A mitad de clase de la segunda hora, con el profesor de mates Ishiguro, el que duchaba al hablar, Cleven se dedicaba a pintar dibujitos de Yako, de Raijin, de ella y de sus primitos en su hoja de ejercicios, mientras Raven se pintaba las uñas bajo la mesa con esmalte blanco. A Cleven se le ocurrió mirar atrás un momento, y se encontró con Kyo, que también estaba dibujando en su hoja aburridamente. Se quedó perpleja al ver que dibujaba el retrato de una persona.

Entonces volvió a ponerse derecha, arrancó un trozo de papel y escribió: “Regálame ese dibujo, lo enmarcaré. ¿Quién es?” y puso una carita sonriente. Alargó un brazo atrás con discreción y le pasó la nota a Kyo, el cual la cogió con cierta sorpresa. Un minuto después, Kyo se la volvió a pasar: “No es nadie en particular, pero bueno, si lo quieres te lo doy, espera que lo acabe. Mientras tanto, ¿qué te cuentas? ¿Qué tal los días festivos?” leyó Cleven, y sonrió. Le contestó: “Para contártelo necesitaría un cuaderno entero. Ha sido una semana inolvidable. ¿Y tú qué?”. Se la pasó y tras dos minutos la volvió a recibir: “Me han intentado matar, raptar, disparar y robar, luego me he tomado una poción que sabía a mierda y después he jugado un poco a los videojuegos”. Cleven contestó: “¿¡Que has jugado a los videojuegos!? ¡No me lo creo, Dios mío! Jaja… Venga, mis días de fiesta han sido más emocionantes, seguro”.

Y así estuvieron toda la hora, pasándose notitas. Drasik los vio por el rabillo del ojo una vez, pero después no desvió la mirada de la ventana, en silencio. «¿Qué está haciendo Kyo?» se preguntó Drasik. «¿Desde cuándo se pasa notitas con alguien? Si bien tengo entendido, Cleven no debe saber que Kyo y ella son primos. ¿Por qué se pasan notitas?» volvió a preguntarse. Empezó a sentirse incómodo.









4.
Un primer brote de algo insano

Cuando Cleven se despidió para irse al edificio del instituto Tomonari, al que se accedía por otra puerta cerca de la del colegio, y Brey fue a pisar el acelerador, vio de repente una cabeza de tersa piel oscura con un peinado de finas trenzas negras a dos centímetros de su nariz.

—¿¡Qué demonios!? —exclamó Raven, metiendo la cabeza de lleno por su ventana—. ¿¡Que tú eres el tío de Cleven!? ¡Dios mío, el rubio que casi nos atropelló hace una semana! ¡Encantada, soy Raven Willers, para lo que gustes! —se exaltó, estrechándole la mano enérgicamente.

—¿Raven Willers? —se sorprendió Brey. «Es… ¡la hermana pequeña de Sarah!».

—¡Aaah! ¡Ha dicho mi nombre! —gritó histérica, a punto de desmayarse.

—Tranquilo, Brey, ahora nos la llevamos —le dijo Nakuru, apareciendo por la acera y sujetando a Raven.

—¡Nos vemos, tío! —se despidió Cleven, marchándose con sus amigas.

«Su carácter no se parece en nada a Sarah, desde luego» opinó Brey, siguiéndolas con la mirada, y después volvió a arrancar.

—¡Eh! —exclamó Drasik, pegando las manos sobre el capó y Brey frenó en seco—. No me mates, por favor.

—Hola, Raijin —lo saludó Kyo, y se marchó con Drasik hacia el edificio.

El rubio suspiró, yéndose por fin. Lo que le extrañaba es que había visto algo raro en la expresión de Drasik hacía un momento. Notó algo raro en su tono. No parecía el de siempre.

Pero Brey era un iris y podía detectar todas las posibles razones de esa pequeña variación en el tono de alguien. Sobre todo, de Drasik. Era el compañero de la KRS al que más conocía a la perfección. Al fin y al cabo, era con el que más había hecho trabajo de campo, porque en la mayoría de las misiones que realizaron, Fuujin solía dividirlos en parejas y siempre ponía a Brey con Drasik por la combinación peligrosa y efectiva de sus elementos.

Aunque Brey sabía que había otra razón también. Drasik era, no sólo de la KRS, sino también de la Asociación, uno de los iris más sensibles, es decir, de los más propensos a padecer la enfermedad del majin. Igual que le pasaba al propio Neuval y a otros iris más. Y Brey era todo lo contrario, el más racional y con mayor capacidad de autocontrol. Por eso, trabajar cerca de Brey ayudaba a Drasik.

El único peligro que tenía Brey era que le podían contagiar un majin. Pero dicho contagio duraba el mismo tiempo en que estuviera expuesto a ese majin. Es decir, era como un espejo. Y el majin de la otra persona tenía que ser muy fuerte para llegar a afectarle. Por eso, si un iris estaba dando síntomas de un majin alto, a partir del quinto grado, directamente contra él, él podía padecerlo de manera igual. Pero se le pasaba en cuanto dejaba de estar expuesto. Y podía llegar a combatirlo muy bien gracias a ser un iris nato.

Brey solamente llegó a padecer un contagio grave que le costó combatir una vez, nada más. Fue antes de morir Katya. Ocurrió en una misión complicada de la KRS, y se lo contagió alguien que en aquel entonces estaba ya muy enfermo. Su hermano, Izan.

El majin del iris consistía en un trastorno de la personalidad del individuo. Había siete grados, y los que tenían los de I y II eran los que esporádicamente mostraban signos no comunes en su forma de ser diaria, como leves ataques de agresividad, o depresión e impotencia, o bien cometían actos poco peligrosos, nada de lo que preocuparse de verdad. Los que tenían de III y IV, lo mismo, pero ya con mayor frecuencia; ahí había que empezar a controlar la cosa.

Ya en el majin de grado V, ocurría una pérdida de autocontrol del iris, consciente de sus actos pero que le llevaba tiempo frenarlos; podía ser muy peligroso. De grado VI, el de Fuujin: cambio radical de la personalidad, una vez cada mucho tiempo, causado por una emoción fuerte de disgusto, de ira o de rabia, o bien por la acumulación de estos durante demasiado tiempo, es decir, se convertía en otra persona, letal y cruel. Ahí el individuo ya no podía controlarse y no era consciente de sus actos, raras veces podía volver en sí sin ayuda de nadie.

Y, por último, de grado VII, el de Izan: cambio de la personalidad permanente, es decir, era ya otra persona, creada por completo dentro de sí y que salía a la luz para siempre una vez que el individuo había sufrido o experimentado la peor de las emociones. Ahí ya no había que preocuparse; había que alejarse. Como tal, la persona que siempre había sido había muerto, por lo que la nueva persona, dueña de la mente y del cuerpo, actuaba por sí sola y, por supuesto, para nada bueno.

Los humanos crean sentimientos y viven dominados por ellos; los iris también tienen sentimientos, pero los dominan eficazmente. Y Brey era un espécimen único: la mayor parte del tiempo no tenía sentimientos, sólo los básicos, y únicamente los tenía de manera natural con las personas que más quería, y en cuanto a los contagiados, podía dominarlos enseguida.

Esto hacía que, por ejemplo, si un criminal le amenazaba, lo torturaba o lo insultaba personalmente, Brey no sentía enfado ni se ofendía ni nada. O si veía en la tele cadáveres de niños muertos en una guerra, tampoco sentía tristeza ni rabia ni horror. Pero obviamente pensaba que era algo terrible y que ojalá no hubiera pasado. Lo pensaba, pero no lo sentía, como ya adivinó Cleven aquella vez. Ese enfado, o esa tristeza, sí las sentiría de manera genuina e intensa si se tratara de un criminal amenazando o insultando a Cleven, o a alguno de sus “hermanos” de la KRS, o si los cadáveres de la guerra se tratasen de sus propios hijos.

Por eso, vivir en este mundo donde todos eran humanos o iris normales, o seres extraños con parte humana como los Zou, no era fácil para Brey. Y este tema le hizo acordarse, una vez más, de Mei Ling. Sobre todo, por el comentario que el viejo Lao le hizo anoche, en la madrugada, cuando todos los iris aliados vinieron a darle la bienvenida a Fuujin y más tarde ya se iban yendo todos a casa. Lao se le acercó en un momento determinado, dándole una fuerte palmada en el hombro de las suyas.

«—Ya podrás tomarte un respiro, chaval —le dijo el viejo, muy contento—. Lo has hecho bien. Pero ya puedes volver a dejarnos el peso a Neu y a mí. Ojalá hubiera podido ayudarte más. Lo único que he podido hacer es organizaros las pocas misiones grandes que hemos tenido en los últimos siete años, como mi labor de Segundo. Pero el resto de misiones inferiores y problemas cotidianos te los has tragado tú.

—No podías ayudar más, Lao —contestó Brey—. Cuando Neuval se exilió, tenías a agentes de Takeshi con los ojos muy pegados a tu actividad empresarial en Hoteitsuba. No podías hacer más sin levantar más sospechas. Hiciste lo debido. Y yo, lo que he hecho, no es ninguna carga, es mi deber.

—Hah… me recuerdas tanto a tu padre cuando hablas así… —murmuró Lao con tristeza, recordando a su mejor amigo—. En fin, ya no te preocupes por nada más allá de tus deberes de Guardián, ¿de acuerdo? Quiero que estés más relajado ahora, que vivas más tranquilo y tengas más tiempo con tus mellizos, lo cual es la misión más importante de tu vida.

Brey asintió en silencio, serio, pero estaba realmente agradecido por las palabras del Ka.

—Y… —añadió Lao, mirándolo a los ojos—… espero que trates a mi nieta mejor de lo que tratas a mi otra nieta.

—¿¡Qué!? —brincó contrariado, y como el viejo no dijo nada, Brey se quedó pensando—. ¿Qué te ha contado Kyo?

—Kyo, nada. Me lo cuenta la propia Mei Ling.

—¿¡Y qué te dice ella!? —se puso un poco nervioso—. ¿¡Que la trato mal!? Eso es mentira. Una vez más, un humano malinterpreta mi modo de ser.

—¡De eso nada! —se rio el viejo—. ¿Qué te crees? Mei Ling te conoce desde que naciste y sabe cómo eres. Pero ella nota que con ella eres menos amable que con el resto de la gente.

—No es verdad, de pequeños nos llevábamos bien. Es solo que, desde que me mudé al mismo edificio con los niños, Mei Ling se ha pasado estos cinco años dándome la lata con mi modo de criar a los mocosos.

—Brey, Mei te aprecia, y adora a Clover y a Daisuke desde el primer momento en que apareciste con ellos. Lo que ella siempre ha pretendido es ayudarte, ofrecerse a echarte una mano. Dejas que Agatha lo haga, incluso Yako, incluso Sam y los otros chavales de la cafetería, pero no dejas que Mei lo haga.

—Le dejé hacerlo, durante un tiempo, después de que ella me convenciera pidiéndomelo veinte veces seguidas. Algunas veces ella se llevaba a los niños a jugar al parque para que yo pudiera dormir algo, o ella los llevaba a la guardería los días en que yo tenía las clases especiales del instituto muy tempranas.

—¿Y? ¿Los trataba mal? ¿Les daba de comer cosas que tú no permitías? ¿Fue negligente alguna vez? ¿Se resfriaron alguna vez por su culpa?

—No —gruñó, mirando al suelo y cruzándose de brazos—. Pero opinaba.

—¿Qué? ¿De qué? ¿Y qué tiene eso de malo?

—No lo entiendes, Lao. No es agradable cuando intentas criar hijos lo mejor posible y otra persona externa viene a opinar sobre lo que deberías mejorar o no.

—Mei Ling no lo hace con mala intención.

—Ya sé que ella lo hace con su mejor intención. Pero no es agradable.

—¿Por qué? ¿Porque no estás de acuerdo con las cosas que ella te aconseja?

—No es por eso —volvió a cruzar los brazos y a mirar a otro lado—. Es porque no las entiendo.

Lao sonrió más suavemente. Él ya sabía a qué se refería Brey, porque su nieta Mei Ling ya le había explicado lo que sucedía.

—Ella no niega que cuidas de la alimentación de los niños, de su seguridad, de sus modales, de su higiene, de su educación y de su salud física con una perfección pasmosa, Raijin. Lo que ella simplemente ve que falta… es un poco más de atención en el desarrollo emocional de los niños, sobre todo ahora que ya tienen edad de razonar, sentir y entender.

—Los trato bien. Los quiero y se lo demuestro cada día.

—No me cabe duda. Pero no se trata sólo de eso. Clover y Daisuke son humanos. Para ellos, saber qué cosas sanas comer, qué cosas hacer por su seguridad y evitar daños o qué hábitos correctos llevar en su vida no lo es todo. En sus mentes humanas de 5 años, hay un mundo entero de imaginación, de cosas complicadas difíciles de entender, de preguntas, misterios, enigmas y emociones de todo tipo que vienen provocadas por motivos de todo tipo. No es lo mismo hacerle entender a un iris de 5 años qué es la muerte y por qué alguien está muerto, o por qué siente ansiedad, tristeza o enfado sin motivo aparente, o por qué a veces ven a adultos tristes o enfadados, que hacérselo entender a un humano de 5 años.

»Esa parte de la enseñanza en la mente emocional de un humano no es tu mayor fuerte, que digamos, pero es obvio y comprensible, porque eres un iris nato. Yo también he tenido carencias o defectos en la apropiada enseñanza de mis hijos, incluso mi ex, o incluso tus padres. Pero por eso es tan valioso y bueno que alguien pueda complementarte esta parte que te falta. Lo único que Mei Ling hace es enseñar a los niños a entender las emociones humanas de una manera más apropiada para sus pequeñas mentes inocentes y humanas.

Brey no dijo nada, se quedó callado mirando al suelo, todavía un poco huraño.

—¿Es por eso que la apartas? ¿Porque te da rabia que Mei Ling sepa hacer eso mejor que tú?

El chico siguió en silencio.

—¿O no será… —Lao captó algo raro en ese silencio tan silencioso de él, y se acercó más a su cara, clavándole una mirada escamada—… por algún otro motivo más personal?

—¡No! —saltó Brey de pronto, nervioso, y se sonrojó un poco—. No digas cosas raras. Es sólo que no me gusta que se metan en mi vida y en mis asuntos. Ni ella ni nadie.

—Pero a mi otra nieta sí que la has aceptado enseguida dentro de tu vida y de tus asuntos.

—Cleven es mi sobrina, y Mei Ling no. Obviamente hay una diferencia abismal. O sea, Mei Ling y Kyo sí eran sobrinos de mi hermana, pero no míos.

—Un poquito.

—Muy indirectamente. Y Cleven es de mi sangre.

—No me hables de la sangre como requisito de ser familia —discrepó Lao, dándole otras palmaditas en el hombro. Brey no dijo nada, recordando cómo era la visión de Lao respecto a ese tema—. Todos somos familia. Lao, Vernoux y Saehara. No te pido que dejes a Mei Ling hacer todo lo que te pide si no quieres. Sólo te pido que seas un poco más cálido con ella.»

Una única persona puramente racional en un mundo lleno de sentimientos, es normal que Brey a veces se sienta culpable si otros le dicen que esa forma suya de ser no es apropiada o agradable. No hay nadie como él, que piense como él.

Por ello, al final acaba creyendo que el que hace las cosas mal es él. E inconscientemente se deja contagiar, luchando por comprender a esos seres, luchando para evitar estar solo; para ser como ellos y dejar de sentirse confundido. ¿Qué podía hacer sino? Después de todo, son millones de personas a quienes él no comprende, y son millones de personas quienes no le comprenden a él.


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—Buenos días, buenos días... —fue saludando Denzel a medida que entraban los alumnos en su clase.

Nakuru se fue hacia su mesa nada más entrar, sonriente, mientras todos se iban sentando y dejando sus cosas por los percheros de las paredes.

—Sí, ya lo sé —dijo el hombre antes de que ella abriera la boca—. La KRS renace.

—Claro, tú lo sabes todo —refunfuñó—. No se te puede sorprender con nada. ¿Pero a que no sabes...?

—Sí, tu amiga ha reconectado con su tío Raijin y ahora vive con él.

—¡Jo, Denzel! —refunfuñó más.

—Venga, venga —sonrió—. Ahora a centrarse en clase.

—¡Denzel! ¿A que no sabes qué? —se acercaron Drasik y Kyo con la misma energía.

—Ains... —suspiró el hombre con desasosiego.

Pasaron la primera hora dando Física, y no todos estaban muy despiertos, que digamos. Ni siquiera Denzel, que parecía haberse pasado la noche anterior de ocio con otros profesores amigos o viajando por el planeta recogiendo nuevos iris.

Cleven estuvo toda la hora hablando en bajo con Raven, y vio que esta ya se había enterado de todo lo que le había pasado con su tío. Nakuru se lo había contado todo de camino al instituto, excepto lo del "incidente". Cleven estaba tan absorta contándole otra vez todo a su amiga que ni siquiera se daba cuenta de que Drasik, sentado delante con Nakuru, la miraba constantemente de reojo. El chico parecía, desde luego, muy raro cada vez que la miraba. Nakuru, una vez más, reparó en esto y se preguntó qué le pasaría ahora. Sin embargo, cuando Drasik se daba cuenta de que Nakuru lo miraba, sonreía alegremente y volvía la vista al frente.

«Hah… mierda…» pensó Nakuru. «Espero que todavía no esté dándole vueltas al asunto de Cleven… y sospechando de las cosas que no encajan con su memoria… Ay, ¡pues claro que está mosqueado, Nakuru! Drasik es un payaso, pero no es tonto. Y otra vez, oculta cómo se siente por dentro detrás de esa sonrisa. ¿Cree que no me doy cuenta? ¿Y si está enfadado conmigo por pensar que le oculto algo? En ese caso, ¿no me dice nada al respecto? ¿No me pregunta?». Nakuru sabía que Drasik no iba a hacer eso.

Drasik, desde los últimos años, cada vez que se había mencionado algo acerca de lo que él no sabe por tener la memoria borrada y él se daba cuenta de que algo no le cuadraba, pasaba del tema sin decir nada a nadie. Nakuru era la única que sabía que Drasik se mosqueaba con estas cosas, por mucho que lo intentase disimular. Sabía que se sentía relativamente apartado del grupo, porque no se enteraba de lo que hablaban cuando mencionaban cosas del pasado y no se lo explicaban. No hacía preguntas, era como si hubiese asumido que él no tenía derecho a enterarse. Y ahora, con lo de Cleven, que era hija de Fuujin...

Nakuru lo vio todo en ese preciso instante. Drasik estaba con la vista fija en el pupitre, en el vacío, en lo más profundo de su ser. Una mirada difícil de describir, entre llena de pesadumbre y llena de rabia. Pero él permanecía en silencio, aparentemente escuchando las explicaciones de Denzel.

«Nunca te has quejado de este asunto» pensó Nakuru. «Si yo estuviese en tu lugar, sospechando que la gente más cercana a mí me oculta cosas importantes de mi vida, me hartaría de pegar patadas hasta que me aclaren lo que pasa a mi alrededor. ¿Por qué no luchas por saber la verdad? No es que yo quiera que lo hagas, por alguna razón te borraron la memoria, por tu bien. Pero... me da rabia que no hagas nada. Y que encima te lo guardes todo dentro. Si sigues así... algo insano crecerá en tu interior, Drasik».

A mitad de clase de la segunda hora, con el profesor de mates Ishiguro, el que duchaba al hablar, Cleven se dedicaba a pintar dibujitos de Yako, de Raijin, de ella y de sus primitos en su hoja de ejercicios, mientras Raven se pintaba las uñas bajo la mesa con esmalte blanco. A Cleven se le ocurrió mirar atrás un momento, y se encontró con Kyo, que también estaba dibujando en su hoja aburridamente. Se quedó perpleja al ver que dibujaba el retrato de una persona.

Entonces volvió a ponerse derecha, arrancó un trozo de papel y escribió: “Regálame ese dibujo, lo enmarcaré. ¿Quién es?” y puso una carita sonriente. Alargó un brazo atrás con discreción y le pasó la nota a Kyo, el cual la cogió con cierta sorpresa. Un minuto después, Kyo se la volvió a pasar: “No es nadie en particular, pero bueno, si lo quieres te lo doy, espera que lo acabe. Mientras tanto, ¿qué te cuentas? ¿Qué tal los días festivos?” leyó Cleven, y sonrió. Le contestó: “Para contártelo necesitaría un cuaderno entero. Ha sido una semana inolvidable. ¿Y tú qué?”. Se la pasó y tras dos minutos la volvió a recibir: “Me han intentado matar, raptar, disparar y robar, luego me he tomado una poción que sabía a mierda y después he jugado un poco a los videojuegos”. Cleven contestó: “¿¡Que has jugado a los videojuegos!? ¡No me lo creo, Dios mío! Jaja… Venga, mis días de fiesta han sido más emocionantes, seguro”.

Y así estuvieron toda la hora, pasándose notitas. Drasik los vio por el rabillo del ojo una vez, pero después no desvió la mirada de la ventana, en silencio. «¿Qué está haciendo Kyo?» se preguntó Drasik. «¿Desde cuándo se pasa notitas con alguien? Si bien tengo entendido, Cleven no debe saber que Kyo y ella son primos. ¿Por qué se pasan notitas?» volvió a preguntarse. Empezó a sentirse incómodo.





Comentarios

  1. Me da tanta pena Drasik ¿Que le esta pasando? ¿Es que esta teniendo flashes de recuerdos y por eso luce tan destruido y desorientado todo el rato? Es que tiene que ser desconcertate ver lo cercano que parecen ser todos con Cleven como si la conociera de toda la vida y el no tener ese tipo de sensacion, de haber vivido lo mismo. Jope , con lo que quiero yo a Drasik, jo.

    Madre mia el roce entre Brey y Denzel, se llevana a palos realmente, madre mia, imagino son sus energias yin y yang chocando incluso sin mas o menso capaces de trabajar bien en equipo en caso de necesidad.

    No me acordaba de esto de que alguien itntento de robar el anillo de Denzel y que dicha persona lucia practicamente como Clover, popr que tengo dudas de que sea ella aunque todas las pistas parecen indicar que si. Quiero decir, que se sepa Clover no tiene la habildiad de desaparecer en el aire como la nada.

    La primera vez que Neuval conoce al mini-clon de Raijin.

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