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2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __









15.
Nuestra realidad

Lex no dijo nada por un rato. Reflexionó sobre ese análisis de su tío, y sentía que tenía razón.

—He nacido y crecido con la Asociación en mi vida —murmuró, jugando con un rollito de sushi de su plato con los palillos—. Siempre la he admirado. Su noble lucha contra el mal, proteger y cuidar de los humanos buenos… pero… aprendí que, al mismo tiempo, ella atrae y desata muchos problemas también.

—Los asesinos de tu madre no tenían por qué tratarse de enemigos de la Asociación o de tus padres por su trabajo en esta. No sabemos nada…

—Bueno, pero ese sí que fue el caso por la muerte de mi tío Sai —interrumpió Lex con un tono alterado, y Brey se quedó en silencio—. Y de mi primo Yousuke. Y de los abuelos Hideki y Emiliya, tus padres.

—Tienes razón —dijo el rubio calmadamente—. Pero, entonces, ¿qué es lo que aliviaría tu enfado y tu rencor? ¿Que la Asociación dejara de existir?

—No. Eso no. El mundo la necesita. Pero quizá… —se quedó unos segundos pensando—. Yo qué sé… Tal vez que cambiara o arreglara algunas cosas. O que los iris que aún están a tiempo no tengan hijos y así no los liguen a la vida de la Asociación, porque entonces, así, mi tío Sai no habría muerto a manos de los enemigos del abuelo Lian, ni Yousuke, ni tal vez mi madre. —Tardó un poco en darse cuenta de lo que acababa de decir; por eso, miró a su tío con apuro—. Bueno, no quiero decir que… Me refiero a…

—Tranquilo —dijo Brey—. No has dicho nada que no sea totalmente lógico. Yo, siendo un iris nato, y sabiendo, por tanto, que lo seré siempre, jamás habría tomado la decisión de tener hijos. Porque no me parecía lógica ni correcta la idea de traer al mundo, por decisión propia, a unos humanos inocentes y meterlos inevitablemente dentro de los peligros y riesgos de mi vida de iris. Los policías, los solados, los abogados, o cualquiera que trabaje en algo relacionado con enfrentarse a personas peligrosas, también tienen ese problema si deciden tener familia.

»Puedo entender que los humanos asuman el riesgo, anteponiendo su necesidad y deseo de tener hijos porque son seres emocionales. Pero nunca entendí por qué muchos iris también lo hacían. Mis padres, por ejemplo. Dos iris desde niños, se casaron y decidieron tener tres hijos. Suponiendo que los tres naceríamos humanos, nada más nacer ya nos metieron en su vida de iris con sus peligros y riesgos, y no me entraba en la cabeza por qué mis padres tomaron esa decisión ilógica.

»Tu padre pensaba igual que yo. Ya lo sabes. Tú fuiste una noticia inesperada, no planeada. Tu padre se murió de miedo en cuanto se enteró de que existías. Incluso tu madre también sentía preocupación y miedo. Antes de que nacieras, Neuval ya se estaba lamentando y culpándose a sí mismo, dando por sentado que iba a condenar tu vida, a arruinártela, a ponerte en peligro. Si no fuera por las palabras de aliento de sus padres y de los míos, Neuval jamás habría tenido las agallas, no sólo de aceptar tu existencia, sino también de desear tu existencia con todas sus fuerzas y sustituir el miedo por ilusión.

»Fue lo mismo… que me pasó a mí. Me invadió el miedo, antes y después de que nacieran Clover y Daisuke, durante mucho tiempo. Pero sus existencias… solamente saber que existen, que van a venir a mi vida y que van a estar ahí… Nunca había experimentado un sentimiento tan extraordinario —miró a su sobrino con ojos asombrados—. Fue genuino y natural. Me invadió la cálida emoción humana por encima de mi fría lógica de iris. Tenía miedo de que existieran y exponerlos al peligro de mi vida iris, pero por encima de eso, tenía un deseo aún más grande de que existieran y de tenerlos conmigo. Entonces comprendí a mis padres… comprendí a Lao y a todos los demás iris que habían decidido tener hijos.

»Los peligros del mundo siempre van a estar ahí, para mis hijos o para los hijos de otras personas. Unos van a nacer de padres iris, otros van a nacer de padres criminales, o de padres pobres, o de padres ausentes, o de padres abusivos… Eso ya es cuestión de suerte. Pero… hacerlos existir… hacer realidad esa oportunidad de que vivan… merece la pena más que nada. Yo ya no imagino la vida ni este mundo sin Clover y Daisuke. Si le pasara algo a uno de los dos, el dolor sería inconmensurable, y lo único que me motivaría a seguir viviendo es tener todavía al otro. Pero si algo les pasara a ambos… —respiró hondo, mirando a un lado, pensativo—… sé que no habrá nada ni nadie que me frene de quebrantar la Tercera.

Lex expresó espanto al oír eso último. Él conocía muchos de los términos y jergas que se usaban en la Asociación. “La Tercera” se refería a la última de las tres primeras normas sagradas de la Asociación, las mismas que Neuval le dictó a Kaoru la otra noche que se encontró con él, antes de reunirse por primera vez en años con su KRS. La tercera norma sagrada era “prohibido suicidarse o intentarlo”. Lex no dijo nada, no sabía qué decir a eso. Pero Brey volvió a mirarlo, con su cara serena e inexpresiva de siempre.

—Pedirles a los iris que no tengan hijos para así no exponer nuevas vidas inocentes al peligro… es una petición extremadamente difícil y fuera de nuestro alcance —concluyó el rubio—. Así como pedirle a la Asociación que haga algo al respecto.

—¿Y si el problema está en vuestro extremismo? —preguntó Lex de repente.

—¿Extremismo? —repitió sin entender.

—Ya sabes… Matar a gente —dijo en voz baja, aunque apenas había clientes en el restaurante ahora.

—Sólo matamos a quienes no merecen vivir —objetó Brey.

—¿Quién decide eso? —bufó con desgana, como pregunta retórica.

—Alvion —respondió Brey de inmediato de todas formas.

—Hahh… —suspiró Lex, sabiendo que iba a darle esa respuesta—. Vamos, tío Brey. Sabes que los Zou son otro tipo de personas que, igual que nosotros, nacen, crecen, comen, defecan, se reproducen y mueren en este mundo. Son personas poderosas y longevas, pero mortales. No son dioses.

—"Personas poderosas" es un eufemismo —señaló Brey, mirando a Lex con cierta incredulidad, sorprendido de que estuviera subestimando algo que era insubestimable.

—Bueno. Tienen poderes divinos —aceptó Lex—. Y admiro de ellos que los utilicen para proteger y salvar vidas inocentes por todo el mundo cada día y sin descanso. Pero eso no les da derecho a decidir quién debe dejar de vivir en este mundo, donde todos nacemos de la misma forma, expulsados de úteros, y no de estrellas caídas o manantiales de oro. Nadie merece la muerte a manos de otra persona.

—Eso se lo tienes que decir a los asesinos que matan a inocentes, no a nosotros.

—¿Qué diferencia habría?

—Una colosal —aseveró Brey, poniendo la misma firmeza en su voz que había sostenido toda su vida en su creencia innata—. A los iris nos enseñan muy bien lo cierto que es que nadie tiene derecho a quitarle la vida a nadie. Pero nos enseñan que a lo que sí tenemos derecho es a proteger nuestras vidas. Y a veces, para proteger una vida, sólo hay una opción, un único modo: matar la amenaza. Más allá del modo, la gran diferencia entre matar a un inocente y matar a un asesino o torturador radica en la razón, el motivo. Ellos matan a inocentes por placer, beneficio, poder, avaricia o envidia. Nosotros matamos a asesinos por protección y frenar la matanza del otro. ¿Cuántas veces habré escuchado esa estúpida frase de "si matas a un asesino, el número de asesinos en el mundo seguirá siendo el mismo"? ¿Qué aberración insultante es esa?

»Han pasado seis meses desde el último condenado que maté —procuró Brey seguir hablando en voz baja—. ¿Sabes qué clase de tipo era? Un hombre en su cuarentena de edad. Con más de 50 antecedentes por agresión y robo. Medio centenar de antecedentes y aun así libre. Pero es que era, además, un asesino en serie. Durante los últimos cinco años, se había dedicado a secuestrar a trece hombres y mujeres, todos de edades avanzadas, estado físico débil y sin familias, para torturarlos en su garaje, después matarlos y descuartizarlos, y después robar todo lo que tenían.

»La policía ya lo encerró una vez hace diez años por el asesinato de su padre. Lo condenaron a quince años de cárcel, pero salió libre a los cuatro años. ¿Por qué? Tecnicismos del sistema judicial humano. Volvió a matar, a su vecina, una anciana. Lo detuvieron de nuevo, pero no había pruebas suficientes para mandarlo a prisión, y volvió a quedar libre. Y después de eso, otras trece personas más perdieron la vida en sus manos.

»Alvion me encomendó su ejecución. No tenía forma de reformarlo, de parar o remediar su mal, ni de encerrarlo en algún sitio de por vida, porque le estaría quitando celda, ropa y comida a cualquier otro criminal que sí podría reformarse algún día. Maté a ese tipo hace seis meses, justo cuando estaba buscando a su siguiente víctima. Y me niego a que me llamen a mí asesino y me equiparen a él. Él mataba y torturaba por placer. Yo lo maté para proteger todas las vidas que él iba a seguir segando. ¿Lo entiendes?

—Hahh… —suspiró Lex, agachando la mirada hacia su tercer plato ya vacío—. Me temo que sí. ¿Pero cómo puede alguien siquiera saber si un criminal tiene posibilidad de redención o no?

—Ese es otro de los grandes poderes que sólo los Zou tienen. Antaño, los Zou eran algo más inflexibles, eso es cierto. Pero, desde que Alvion está al mando, él ha cambiado la prioridad. Antes era eliminar aquel mal que ya hubiese causado bastante daño. Ahora, Alvion sigue la prioridad de hacer todo lo posible y gastar todos los recursos necesarios para reformar a una persona de gran mal, y si ni con eso fuera posible, cerciorarse de que ejecutarla es finalmente la mejor opción para el mundo y las vidas inocentes.

—¿Cerciorarse cómo? ¿Cómo puede saber con certeza si una persona tiene nula probabilidad de reformarse? ¿Cómo puede adivinar si un criminal va a matar a más gente en el futuro por culpa de haberle dado otra oportunidad?

—Hoti.

—¿Q…? La… ¿la inteligencia artificial de mi padre? —se desconcertó Lex.

—No. No la Hoti blanca. La Hoti negra, la inteligencia artificial de tu madre —le corrigió, pero su sobrino hizo un nuevo gesto interrogante—. La que está conectada con una Hoti del futuro por un canal del Tiempo aprobado por el dios Kero…

Lex siguió mirándolo con una mueca muy confusa y boquiabierta. Brey entonces entornó los ojos con incomodidad, dándose cuenta.

—Vale. Creo que me estoy yendo la hostia de la lengua. No sé por qué pensaba que Lao o Neuval te habían hablado de ello alguna vez... Aunque ahora que lo pienso, es una información clasificada incluso para la mayoría de iris, así que para un humano lo es más. ¿Podrías hacerme el favor de hacer como si yo no te hubiera dicho nada?

—¡No fastidies, tío! ¿Me vas a dejar sin saber qué es ese método que usa Alvion de cerciorarse y qué es esa "Hoti oscura"?

—"Hoti negra" —corrigió—. Digo, no —volvió a corregirse enseguida—. Olvida lo que he dicho, no te he hablado de nada de eso. Que me metes en problemas.

Putain, sans déconner ? —protestó en francés con fastidio.

—El caso es, Lex… —retomó Brey el hilo de la conversación—… que si hubiese otra forma más eficaz y justa que defendiese todo tipo de vida, Alvion la utilizaría sin dudarlo. Desgraciadamente, en este mundo, en esta realidad creada por los diez dioses del Yin y el Yang, no hay otro modo. Existe gente que, por mucho castigo que reciban por sus actos, aunque cumplan muchos años de cárcel o del programa de reforma de Alvion, luego vuelven a cometer crímenes, vuelven a arruinarles la vida a los inocentes que no han hecho nada para merecerlo. Para evitar que vuelvan a hacer eso por tercera, cuarta vez, tras haber derrochado varias oportunidades, lo mejor es borrarlos del mapa. Son gente que jamás se arrepiente, su mente ya está rota e irreparable, y eso es un problema que sólo desaparece de un único modo. Son gente que existe de verdad, en esta realidad. Auténticos monstruos.

Lex puso una mueca amarga mientras jugueteaba con una servilleta de papel.

—Papá tenía razón… —murmuró para sí mismo, apesadumbrado—. Este mundo necesita un cambio, una sanación global. La Asociación sólo está poniendo parches donde ya se ha formado una grieta que no para de abrirse eternamente. La Asociación solamente puede cortar la mala hierba que aparece día tras día en el jardín, pero no puede sanear la tierra del jardín entero para que esa mala hierba no aparezca más. La humanidad no necesita un rescate, sino un aprendizaje.

—Eso es algo que siempre se oye decir a Alvion —discrepó Brey, frunciendo el ceño.

—No, es algo que siempre ha repetido mi padre —dijo Lex, poniendo la misma cara extrañada—. Es lo primero que le dijo a mi abuelo, después de su primer mes de entrenamiento a los 11 años. Mi abuelo me dijo que esa fue la primera vez que oía a alguien decir eso de la Asociación.

—Pues… es algo que algunos iris le hemos oído decir a Alvion varias veces.

Los dos se quedaron reflexivos, todavía un poco confusos, sin determinar si esa idea o manera de ver a la Asociación y a la humanidad surgió primero de Neuval o de Alvion.

—Son dos personas que no se aguantan mutuamente, como el agua y el aceite, ¿pero ambos están de acuerdo en una idea tan importante y compleja como esa? —rezongó Lex.

—La relación que hay entre tu padre y Alvion es la más incomprensible que he conocido. Ambos comparten la misma visión de las cosas, que es diferente a la que los demás Zou e iris del mundo han sostenido durante cuatro siglos. De hecho, son los únicos de la Asociación que piensan así.

—¿Sí? ¿Y Yako? Sé que desertó y todo eso, pero… ¿no comparte la misma visión que su abuelo?

—Hmm… —titubeó Brey, ladeando un poco la cabeza a un lado y a otro—. Yako está más inclinado hacia el modo más inflexible y radical que tenían los Zou de antaño a la hora de ver y hacer las cosas. Su padre también. Por eso Denzel suele decir que Alvion es un caso raro en todo el linaje Zou.

—Será un caso raro… pero yo votaría por su modo —dijo Lex, asomando una leve sonrisa más receptiva con este tema—. Quizá es porque mi padre me educó con esa misma ideología. Teniendo en cuenta el pasado de mi padre y su ya conocido lado oscuro, ¿cómo ha acabado pensando igual que el único Zou raro del linaje?

—Tienen múltiples diferencias de todo tipo, pero las pocas cosas que tienen común son justo las más inexplicables.

—¿Eh? ¿En qué más cosas inexplicables coinciden mi padre y Alvion?

—Pues en la inteligencia… el enorme poder… tener un color de ojos inusual… la MUSI…

—Siempre he pensado que una persona superdotada cualquiera puede tener MUSI.

—No. La Memoria Unirreceptiva Selectiva Ilimitada es una habilidad inhumana únicamente demostrada en los Zou. La única persona no Zou que demostró tener también esta habilidad es tu padre. Nadie más en la Asociación la tiene y en humanos es imposible.

—Mi padre dice que ya tenía esa habilidad desde pequeño, antes de convertirse en iris.

—Por eso Neuval es tan famoso en la Asociación y un espécimen tan incomprensible a ojos de Alvion, de Lao y de los taimu. No es una persona normal. Pero eso ya lo llevamos aceptando muchos años.

Surgió un rato de silencio, que aprovecharon para seguir comiendo. Brey observó, abrumado, cómo Lex iba por su quinto plato como si nada y cómo les echaba kétchup a unos pastelitos de vainilla y luego echaba estos en su sopa de fideos picantes. Creía que ya era perturbador ver a Cleven engullir, literalmente, sin masticar, comida basura como un pato, algo que también veía en Katya y también en los mellizos con los dulces. Pero ver la extraña manía de Lex de hacer terribles mezclas y comer el triple que una persona normal era aún peor. Sin embargo, sabía que todos ellos estas manías con la comida las habían heredado de su madre, Emiliya.

—Eh, si no te gusta, no mires —le dijo Lex, viéndolo con esa mueca disgustada—. Oye, por cierto. Dijiste antes que actualmente la vida te estaba yendo mejor. ¿En qué sentido?

—Oh… Bueno, es porque la KRS vamos a tener más trabajo importante a partir de ahora y no las misiones aburridas e irrelevantes que nos han estado mandando los últimos años. Por fin volvemos a estar más unidos. Con el regreso de Fuujin, volvemos a ser una RS completa… bueno, aunque falten un par de miembros, pero…

—¿¡Cómo!? —se sobresaltó Lex, dando un manotazo en la mesa que hizo rebotar sus cinco platos de comida—. ¿Qué has dicho? ¿Que Fuujin ha vuelto? ¿Cuándo ha pasado eso?

—Hace tres días, ya es oficial.

—¿¡Qué!? ¿Mi padre ha vuelto a la Asociación hace apenas unos días, así sin más?

—Sí, lo sé. Inesperado —le comprendió, tomando un trago de su refresco.

—Pero… ¿Pero por qué? —se turbó Lex—. ¿Por qué después de siete años, tan de repente?

—Eh… Él nos contó varios de los motivos. No ha sido tan de repente, él dijo que lo había tenido que meditar a fondo durante la última semana a raíz de los acontecimientos actuales.

—¿Qué… acontecimientos? —desconfió Lex, esperando escuchar alguna catástrofe o mala noticia.

Brey, como iris experto, se cuidó muy bien de no expresar el más mínimo gesto que delatara que iba a ser sincero a medias. El motivo más importante de Neuval había sido que la semana anterior, dominado por su majin, había asesinado a doce personas, quienes afortunadamente no eran más que unos miserables criminales. Pero no quería atormentar a Lex con esta noticia ni complicar aún más las cosas entre él y su padre de lo que ya estaban.

—Hatori Nonomiya —le contestó entonces.

—Ah… es verdad… —entendió Lex—. Se ha convertido en el nuevo ministro. Eso tiene muy mala pinta, tío Brey. Por favor, tened mucho cuidado con él. Hatori Nonomiya sería capaz de cualquier cosa por cazar a un iris. ¿Mi padre ha vuelto porque no quería quedarse al margen de esta nueva amenaza?

—Eso es.

Lex inspiró hondo y soltó un largo suspiro intranquilo, pero comprendía que, para ellos, esos riesgos relacionados con el Gobierno también formaban parte de su trabajo.

—Ahora me preocupa que Cleven se vea involucrada o se entere de algo, porque aunque mi padre le borró la memoria, ahora que él ha regresado, puede fastidiarla otra vez —negó, bebiendo un poco de su vaso.

—No pasa nada, Cleven no se enterará de nada. Ahora que vive conmigo, la mantendré alejada yo mismo.

—¡Pffrr!

Lex escupió la bebida en toda la cara de Brey, el cual se quedó paralizado y mojado.

—Ah… que no lo sabías… —entendió Brey, secándose la cara con las mangas.

—¿¡Que mi hermana vive contigo!? ¿Desde cuándo?

—Desde hace unos días.

—¿Cómo se ha enterado de que existes? ¿Te recuerda?

—No. Es otra larga historia, mejor que te la cuente ella misma, que no quiero volver a sentir esto —gruñó, optando por coger la servilleta para secarse toda la cara y el pelo.

—Haah… —resopló, saliendo de su asombro—. Bueno, entonces, dadas las circunstancias del regreso de Fuujin… la verdad es que me tranquiliza que Cleven esté contigo.

—¿Y no te preocupas por tu hermano también? —se extrañó Brey.

—No. Intentar ocultarle algo a Yenkis es un caso perdido —contestó, y Brey se lo quedó mirando con desconcierto—. Sí, Yenkis sospecha de mi padre desde hace tiempo y está tratando de averiguar la verdad. Hace poco descubrió lo del padre biológico de mi padre, y como me acorraló, no tuve más remedio que contarle.

—¿Qué le contaste?

—La vida de mi padre, de por qué se largó de su país siendo pequeño y lo de la familia Lao.

—¿Le has contado a tu hermano de 12 años todos los abusos que tuvo que sufrir vuestro padre de pequeño? —preguntó incrédulo.

—No, solamente le conté… el último abominable suceso que vivió en Hong Kong. Porque sólo así podía entender cómo mi padre pudo seguir sobreviviendo desde entonces, acogido por la familia Lao. No le conté nada acerca de los iris. Eso lo averiguará él solo, y estoy seguro de que se saldrá con la suya. No sé qué hará después de saberlo todo, cómo reaccionará… Pero eso ya es cosa suya. Yo no voy a impedírselo. Mi hermano ya tiene edad para enterarse de las cosas si él mismo desea con fuerza descubrirlas. Yo ya no aguanto más ambientes de mentiras y secretos, tengo suficiente con lo mío.

Brey asintió con la cabeza, comprendiendo. Le sorprendía, sin embargo, que Yenkis hubiese podido descubrir algo, puesto que sabía que Neuval era muy bueno ocultando las cosas. Desde luego, tal como le había dicho Cleven, Yenkis debía de ser muy listo.

—Bueno, dejemos de hablar de esto —se animó Lex de repente—. Dime, ¿tienes a alguien por ahí… alguna chica…? Sé que habrás salido con varias como es propio de los chicos de tu edad, pero ¿alguna en especial?

—No. Es difícil encontrar a una que no le interese sólo mi físico. Sólo quieren tocarme y exhibirme, no conocerme.

—¡Hahaha…! Ya veo. Ser tan guapo al final es un problema, ¿eh?

—Las humanas están locas —bufó, tomando un trago de su refresco—. Pero para esas veces que sólo quieres pasar una noche divertida, no he tenido problema. El problema de eso, es que con el tiempo me canso de que sólo sea sexo y nada más. Quieres conversar, debatir sobre temas interesantes, dar un simple paseo para despejar la mente y liberar serotonina y endorfinas, hacer algún plan donde puedes compartir más cosas de tu ser, y no sólo fluidos.

—No te ofendas, pero es que tú todavía estás en una franja de edad muy joven, tío Brey. Lo que pasa es que eres más maduro que la mayoría.

—Yo tenía… Pude tener ese tipo de conexión con Yue… —bajó la mirada con pesar—. Con ella sí que lo compartía todo, absolutamente todo. Ella era una humana diferente.

—Vamos. Sé que Yue era perfecta para ti. Pero no me puedo creer que no hayas encontrado a alguien que mereciera la pena al menos un poco.

Por un instante, a Brey se le pasó la imagen de Cleven por la cabeza. Pero eso le hizo recordar el accidente, el desengaño y la decepción de descubrir que no era una humana cualquiera, sino su sobrina, y evaporó esos pensamientos enseguida, pues todavía le sentaban un poco mal.

—Hace un par de años conocí a una chica. Era de mi clase, en primer curso de la universidad. Estuvimos saliendo unos pocos meses. Era inteligente, seria… me atraía que era una chica muy racional, más de lo normal en la mayoría de humanos. Yo le interesaba por algo más que mi físico. Nos gustaba debatir sobre la Medicina contemporánea y las paradojas. Fueron unos buenos meses. Hasta que un día me preguntó: “¿Por qué siempre quedamos en mi casa y nunca en la tuya? ¿No quieres que vea dónde vives? ¿Y por qué siempre tienes tan poco tiempo? ¿Haces algo más importante que estar conmigo, aparte de estudiar?”. Se lo estuve ocultando todo ese tiempo, pero ese día tuve que decírselo: “Tengo dos hijos. Tienen 3 años”.

—No me digas… ¿Reaccionó mal? —lamentó Lex.

—Ella lo entendió perfectamente cuando se lo expliqué, lo que me pasó con Yue y demás. Y me dijo que era admirable por hacerme responsable. Aunque no sé qué tiene de admirable cumplir con mi responsabilidad, ya que debería ser lo normal… —añadió—. Sin embargo, ella me confesó que no era una persona nada afín a los niños. Ella tenía claro que no le gustaban los niños y que nunca tendría hijos, que sólo aspiraba a dedicarse a su trabajo y a nada más. Así que… —resopló con resignación—… hasta ahí llegó nuestra relación. Ella me dijo que no tenía problema, siempre y cuando no tuviera que hacer nada con los niños. Pero yo le dije que… tener una relación conmigo era tener una relación con los mellizos también. Porque ellos formaban parte de mi vida tanto como mis estudios o mis aficiones. Ella no se lo tomó bien. Discutimos. Entonces me dijo: “¿Es que no los puede cuidar otra persona, no tienen abuelos, no los puedes dejar viviendo con otra familia más normal, con dos adultos más mayores? Si para ti ellos son más importantes que yo, entonces no podemos seguir juntos”.

—¿Y qué le contestaste?

—Le dije que había sido un placer y hasta siempre. Seguidamente la dejé sola en la cafetería, me marché y no volví a verla.

—Caray… ¿Cómo pudo decirte algo así? Qué poca consideración.

—Por eso hay que conocer bien a la persona de la que crees que te estás enamorando. Puede darte una desagradable sorpresa al cabo de unas semanas, unos meses o, ¿quién sabe?, años.

—Tienes toda la razón. Antes de conocer a Riku, mis anteriores relaciones, creo que fueron tres, fueron terribles. Con 14, 16, 18 años… yo era muy ingenuo, y mi padre tuvo que abrirme los ojos y ahuyentar a esas malas chicas que querían aprovecharse de mí. No es que me manipularan o engañaran… nunca nadie ha sido capaz de lograr eso conmigo. Era yo confiando en que ellas cambiarían esa mala actitud o sus intenciones algún día. Confiando en que todo el mundo tiene un lado bueno. Mi ingenuidad, tal como me demostró mi padre, era creer que cualquier persona perseguiría el objetivo de convertirse en su lado bueno. Y no. No todo el mundo quiere.

—Un momento. ¿Tu relación con Mei Ling también fue terrible? Creía que tuvisteis una buena relación.

—¡Ah! —recordó—. No, no, con Mei Ling sin duda tuve una relación genial, la primera buena relación que tuve. Pero supongo que ella, o Kyo o quizá mi abuelo ya te lo contaron, que nuestra relación sólo duró un año. Ya sabes, era un poco complicado, por eso de que Mei Ling es mi prima, aunque no de sangre, pero crecimos juntos toda la vida como familia, y era justo el año en que mi padre y mi abuelo comenzaron a separar la relación entre las familias Lao y Vernoux por la seguridad y tal…

»Mei Ling y yo empezamos a salir juntos justo cuando yo me fui de casa, cuando me peleé con mi padre. La muerte de mi madre sucedió apenas cuatro meses atrás… Mei Ling me salvó de un abismo, me dio lo que necesitaba en esos momentos. Ella me comprendía, ya que ella había perdido a su padre tres años antes. Ambos éramos los primogénitos humanos de una familia llena de iris y tragedias. Por eso, nuestra relación no estaba destinada a durar para siempre. Pero fue un año con ella que no cambiaría por nada. Tiempo después, cuando ya estaba en tercer año en la universidad como tú, conocí a Riku. A los tres meses de salir con ella, lo supe. Ella era para mí y yo para ella.

—Así que, ¿lo de Riku es serio?

—¡Y tan serio! —sonrió—. Llevamos cinco años juntos. Verás… aún no se lo hemos contado a nadie, pero por ser tú…

Brey frunció el ceño. Lex parecía de repente muy contento.

—Estamos prometidos. Vamos a casarnos. Este año.

—Hah… Esa es una buena noticia —sonrió el rubio—. ¿Dices que no lo sabe nadie?

—Sí. Estoy tomándome mi tiempo para decírselo a mi padre.

—Seguro que se alegra, Lex. Ya sabes que Neuval en realidad es un majara.

—Yaaa… pero seguramente montará todo un circo de locura cuando sepa que en unos meses va a ser abuelo… —masculló en voz baja.

—¿Eh? ¿Qué has dicho? —preguntó Brey, que no le había oído bien, otra vez.

—No, nada —contestó rápidamente.

Brey se encogió de hombros. Se tomaron una última cerveza para celebrar tanto el reencuentro como la buena noticia de Lex. Poco después, cada uno tenía ya que marcharse, y se despidieron con un abrazo. Durante ese abrazo, Lex estuvo tentado de preguntarle algo, algo que se moría de ganas por saber desde hacía años. Pero no lo consideró buena idea, porque tenía la sensación de que Brey, aparte de no saber la respuesta, podía acabar marchándose a casa con un mal sabor de boca y le habría estropeado ese buen día.

Quiso preguntarle si sabía algo de Izan. Pero en el fondo Lex sabía que nadie tenía ni idea. Izan, o Ichi, como solían llamarlo todos, desapareció hace siete años y Lex estaba empezando a plantearse dejar las esperanzas de volver a verlo. Izan, más que su tío, había sido su mejor amigo desde que ambos nacieron el mismo día y al mismo tiempo, y lo añoraba tanto que dolía. Y sabía que Brey también.









15.
Nuestra realidad

Lex no dijo nada por un rato. Reflexionó sobre ese análisis de su tío, y sentía que tenía razón.

—He nacido y crecido con la Asociación en mi vida —murmuró, jugando con un rollito de sushi de su plato con los palillos—. Siempre la he admirado. Su noble lucha contra el mal, proteger y cuidar de los humanos buenos… pero… aprendí que, al mismo tiempo, ella atrae y desata muchos problemas también.

—Los asesinos de tu madre no tenían por qué tratarse de enemigos de la Asociación o de tus padres por su trabajo en esta. No sabemos nada…

—Bueno, pero ese sí que fue el caso por la muerte de mi tío Sai —interrumpió Lex con un tono alterado, y Brey se quedó en silencio—. Y de mi primo Yousuke. Y de los abuelos Hideki y Emiliya, tus padres.

—Tienes razón —dijo el rubio calmadamente—. Pero, entonces, ¿qué es lo que aliviaría tu enfado y tu rencor? ¿Que la Asociación dejara de existir?

—No. Eso no. El mundo la necesita. Pero quizá… —se quedó unos segundos pensando—. Yo qué sé… Tal vez que cambiara o arreglara algunas cosas. O que los iris que aún están a tiempo no tengan hijos y así no los liguen a la vida de la Asociación, porque entonces, así, mi tío Sai no habría muerto a manos de los enemigos del abuelo Lian, ni Yousuke, ni tal vez mi madre. —Tardó un poco en darse cuenta de lo que acababa de decir; por eso, miró a su tío con apuro—. Bueno, no quiero decir que… Me refiero a…

—Tranquilo —dijo Brey—. No has dicho nada que no sea totalmente lógico. Yo, siendo un iris nato, y sabiendo, por tanto, que lo seré siempre, jamás habría tomado la decisión de tener hijos. Porque no me parecía lógica ni correcta la idea de traer al mundo, por decisión propia, a unos humanos inocentes y meterlos inevitablemente dentro de los peligros y riesgos de mi vida de iris. Los policías, los solados, los abogados, o cualquiera que trabaje en algo relacionado con enfrentarse a personas peligrosas, también tienen ese problema si deciden tener familia.

»Puedo entender que los humanos asuman el riesgo, anteponiendo su necesidad y deseo de tener hijos porque son seres emocionales. Pero nunca entendí por qué muchos iris también lo hacían. Mis padres, por ejemplo. Dos iris desde niños, se casaron y decidieron tener tres hijos. Suponiendo que los tres naceríamos humanos, nada más nacer ya nos metieron en su vida de iris con sus peligros y riesgos, y no me entraba en la cabeza por qué mis padres tomaron esa decisión ilógica.

»Tu padre pensaba igual que yo. Ya lo sabes. Tú fuiste una noticia inesperada, no planeada. Tu padre se murió de miedo en cuanto se enteró de que existías. Incluso tu madre también sentía preocupación y miedo. Antes de que nacieras, Neuval ya se estaba lamentando y culpándose a sí mismo, dando por sentado que iba a condenar tu vida, a arruinártela, a ponerte en peligro. Si no fuera por las palabras de aliento de sus padres y de los míos, Neuval jamás habría tenido las agallas, no sólo de aceptar tu existencia, sino también de desear tu existencia con todas sus fuerzas y sustituir el miedo por ilusión.

»Fue lo mismo… que me pasó a mí. Me invadió el miedo, antes y después de que nacieran Clover y Daisuke, durante mucho tiempo. Pero sus existencias… solamente saber que existen, que van a venir a mi vida y que van a estar ahí… Nunca había experimentado un sentimiento tan extraordinario —miró a su sobrino con ojos asombrados—. Fue genuino y natural. Me invadió la cálida emoción humana por encima de mi fría lógica de iris. Tenía miedo de que existieran y exponerlos al peligro de mi vida iris, pero por encima de eso, tenía un deseo aún más grande de que existieran y de tenerlos conmigo. Entonces comprendí a mis padres… comprendí a Lao y a todos los demás iris que habían decidido tener hijos.

»Los peligros del mundo siempre van a estar ahí, para mis hijos o para los hijos de otras personas. Unos van a nacer de padres iris, otros van a nacer de padres criminales, o de padres pobres, o de padres ausentes, o de padres abusivos… Eso ya es cuestión de suerte. Pero… hacerlos existir… hacer realidad esa oportunidad de que vivan… merece la pena más que nada. Yo ya no imagino la vida ni este mundo sin Clover y Daisuke. Si le pasara algo a uno de los dos, el dolor sería inconmensurable, y lo único que me motivaría a seguir viviendo es tener todavía al otro. Pero si algo les pasara a ambos… —respiró hondo, mirando a un lado, pensativo—… sé que no habrá nada ni nadie que me frene de quebrantar la Tercera.

Lex expresó espanto al oír eso último. Él conocía muchos de los términos y jergas que se usaban en la Asociación. “La Tercera” se refería a la última de las tres primeras normas sagradas de la Asociación, las mismas que Neuval le dictó a Kaoru la otra noche que se encontró con él, antes de reunirse por primera vez en años con su KRS. La tercera norma sagrada era “prohibido suicidarse o intentarlo”. Lex no dijo nada, no sabía qué decir a eso. Pero Brey volvió a mirarlo, con su cara serena e inexpresiva de siempre.

—Pedirles a los iris que no tengan hijos para así no exponer nuevas vidas inocentes al peligro… es una petición extremadamente difícil y fuera de nuestro alcance —concluyó el rubio—. Así como pedirle a la Asociación que haga algo al respecto.

—¿Y si el problema está en vuestro extremismo? —preguntó Lex de repente.

—¿Extremismo? —repitió sin entender.

—Ya sabes… Matar a gente —dijo en voz baja, aunque apenas había clientes en el restaurante ahora.

—Sólo matamos a quienes no merecen vivir —objetó Brey.

—¿Quién decide eso? —bufó con desgana, como pregunta retórica.

—Alvion —respondió Brey de inmediato de todas formas.

—Hahh… —suspiró Lex, sabiendo que iba a darle esa respuesta—. Vamos, tío Brey. Sabes que los Zou son otro tipo de personas que, igual que nosotros, nacen, crecen, comen, defecan, se reproducen y mueren en este mundo. Son personas poderosas y longevas, pero mortales. No son dioses.

—"Personas poderosas" es un eufemismo —señaló Brey, mirando a Lex con cierta incredulidad, sorprendido de que estuviera subestimando algo que era insubestimable.

—Bueno. Tienen poderes divinos —aceptó Lex—. Y admiro de ellos que los utilicen para proteger y salvar vidas inocentes por todo el mundo cada día y sin descanso. Pero eso no les da derecho a decidir quién debe dejar de vivir en este mundo, donde todos nacemos de la misma forma, expulsados de úteros, y no de estrellas caídas o manantiales de oro. Nadie merece la muerte a manos de otra persona.

—Eso se lo tienes que decir a los asesinos que matan a inocentes, no a nosotros.

—¿Qué diferencia habría?

—Una colosal —aseveró Brey, poniendo la misma firmeza en su voz que había sostenido toda su vida en su creencia innata—. A los iris nos enseñan muy bien lo cierto que es que nadie tiene derecho a quitarle la vida a nadie. Pero nos enseñan que a lo que sí tenemos derecho es a proteger nuestras vidas. Y a veces, para proteger una vida, sólo hay una opción, un único modo: matar la amenaza. Más allá del modo, la gran diferencia entre matar a un inocente y matar a un asesino o torturador radica en la razón, el motivo. Ellos matan a inocentes por placer, beneficio, poder, avaricia o envidia. Nosotros matamos a asesinos por protección y frenar la matanza del otro. ¿Cuántas veces habré escuchado esa estúpida frase de "si matas a un asesino, el número de asesinos en el mundo seguirá siendo el mismo"? ¿Qué aberración insultante es esa?

»Han pasado seis meses desde el último condenado que maté —procuró Brey seguir hablando en voz baja—. ¿Sabes qué clase de tipo era? Un hombre en su cuarentena de edad. Con más de 50 antecedentes por agresión y robo. Medio centenar de antecedentes y aun así libre. Pero es que era, además, un asesino en serie. Durante los últimos cinco años, se había dedicado a secuestrar a trece hombres y mujeres, todos de edades avanzadas, estado físico débil y sin familias, para torturarlos en su garaje, después matarlos y descuartizarlos, y después robar todo lo que tenían.

»La policía ya lo encerró una vez hace diez años por el asesinato de su padre. Lo condenaron a quince años de cárcel, pero salió libre a los cuatro años. ¿Por qué? Tecnicismos del sistema judicial humano. Volvió a matar, a su vecina, una anciana. Lo detuvieron de nuevo, pero no había pruebas suficientes para mandarlo a prisión, y volvió a quedar libre. Y después de eso, otras trece personas más perdieron la vida en sus manos.

»Alvion me encomendó su ejecución. No tenía forma de reformarlo, de parar o remediar su mal, ni de encerrarlo en algún sitio de por vida, porque le estaría quitando celda, ropa y comida a cualquier otro criminal que sí podría reformarse algún día. Maté a ese tipo hace seis meses, justo cuando estaba buscando a su siguiente víctima. Y me niego a que me llamen a mí asesino y me equiparen a él. Él mataba y torturaba por placer. Yo lo maté para proteger todas las vidas que él iba a seguir segando. ¿Lo entiendes?

—Hahh… —suspiró Lex, agachando la mirada hacia su tercer plato ya vacío—. Me temo que sí. ¿Pero cómo puede alguien siquiera saber si un criminal tiene posibilidad de redención o no?

—Ese es otro de los grandes poderes que sólo los Zou tienen. Antaño, los Zou eran algo más inflexibles, eso es cierto. Pero, desde que Alvion está al mando, él ha cambiado la prioridad. Antes era eliminar aquel mal que ya hubiese causado bastante daño. Ahora, Alvion sigue la prioridad de hacer todo lo posible y gastar todos los recursos necesarios para reformar a una persona de gran mal, y si ni con eso fuera posible, cerciorarse de que ejecutarla es finalmente la mejor opción para el mundo y las vidas inocentes.

—¿Cerciorarse cómo? ¿Cómo puede saber con certeza si una persona tiene nula probabilidad de reformarse? ¿Cómo puede adivinar si un criminal va a matar a más gente en el futuro por culpa de haberle dado otra oportunidad?

—Hoti.

—¿Q…? La… ¿la inteligencia artificial de mi padre? —se desconcertó Lex.

—No. No la Hoti blanca. La Hoti negra, la inteligencia artificial de tu madre —le corrigió, pero su sobrino hizo un nuevo gesto interrogante—. La que está conectada con una Hoti del futuro por un canal del Tiempo aprobado por el dios Kero…

Lex siguió mirándolo con una mueca muy confusa y boquiabierta. Brey entonces entornó los ojos con incomodidad, dándose cuenta.

—Vale. Creo que me estoy yendo la hostia de la lengua. No sé por qué pensaba que Lao o Neuval te habían hablado de ello alguna vez... Aunque ahora que lo pienso, es una información clasificada incluso para la mayoría de iris, así que para un humano lo es más. ¿Podrías hacerme el favor de hacer como si yo no te hubiera dicho nada?

—¡No fastidies, tío! ¿Me vas a dejar sin saber qué es ese método que usa Alvion de cerciorarse y qué es esa "Hoti oscura"?

—"Hoti negra" —corrigió—. Digo, no —volvió a corregirse enseguida—. Olvida lo que he dicho, no te he hablado de nada de eso. Que me metes en problemas.

Putain, sans déconner ? —protestó en francés con fastidio.

—El caso es, Lex… —retomó Brey el hilo de la conversación—… que si hubiese otra forma más eficaz y justa que defendiese todo tipo de vida, Alvion la utilizaría sin dudarlo. Desgraciadamente, en este mundo, en esta realidad creada por los diez dioses del Yin y el Yang, no hay otro modo. Existe gente que, por mucho castigo que reciban por sus actos, aunque cumplan muchos años de cárcel o del programa de reforma de Alvion, luego vuelven a cometer crímenes, vuelven a arruinarles la vida a los inocentes que no han hecho nada para merecerlo. Para evitar que vuelvan a hacer eso por tercera, cuarta vez, tras haber derrochado varias oportunidades, lo mejor es borrarlos del mapa. Son gente que jamás se arrepiente, su mente ya está rota e irreparable, y eso es un problema que sólo desaparece de un único modo. Son gente que existe de verdad, en esta realidad. Auténticos monstruos.

Lex puso una mueca amarga mientras jugueteaba con una servilleta de papel.

—Papá tenía razón… —murmuró para sí mismo, apesadumbrado—. Este mundo necesita un cambio, una sanación global. La Asociación sólo está poniendo parches donde ya se ha formado una grieta que no para de abrirse eternamente. La Asociación solamente puede cortar la mala hierba que aparece día tras día en el jardín, pero no puede sanear la tierra del jardín entero para que esa mala hierba no aparezca más. La humanidad no necesita un rescate, sino un aprendizaje.

—Eso es algo que siempre se oye decir a Alvion —discrepó Brey, frunciendo el ceño.

—No, es algo que siempre ha repetido mi padre —dijo Lex, poniendo la misma cara extrañada—. Es lo primero que le dijo a mi abuelo, después de su primer mes de entrenamiento a los 11 años. Mi abuelo me dijo que esa fue la primera vez que oía a alguien decir eso de la Asociación.

—Pues… es algo que algunos iris le hemos oído decir a Alvion varias veces.

Los dos se quedaron reflexivos, todavía un poco confusos, sin determinar si esa idea o manera de ver a la Asociación y a la humanidad surgió primero de Neuval o de Alvion.

—Son dos personas que no se aguantan mutuamente, como el agua y el aceite, ¿pero ambos están de acuerdo en una idea tan importante y compleja como esa? —rezongó Lex.

—La relación que hay entre tu padre y Alvion es la más incomprensible que he conocido. Ambos comparten la misma visión de las cosas, que es diferente a la que los demás Zou e iris del mundo han sostenido durante cuatro siglos. De hecho, son los únicos de la Asociación que piensan así.

—¿Sí? ¿Y Yako? Sé que desertó y todo eso, pero… ¿no comparte la misma visión que su abuelo?

—Hmm… —titubeó Brey, ladeando un poco la cabeza a un lado y a otro—. Yako está más inclinado hacia el modo más inflexible y radical que tenían los Zou de antaño a la hora de ver y hacer las cosas. Su padre también. Por eso Denzel suele decir que Alvion es un caso raro en todo el linaje Zou.

—Será un caso raro… pero yo votaría por su modo —dijo Lex, asomando una leve sonrisa más receptiva con este tema—. Quizá es porque mi padre me educó con esa misma ideología. Teniendo en cuenta el pasado de mi padre y su ya conocido lado oscuro, ¿cómo ha acabado pensando igual que el único Zou raro del linaje?

—Tienen múltiples diferencias de todo tipo, pero las pocas cosas que tienen común son justo las más inexplicables.

—¿Eh? ¿En qué más cosas inexplicables coinciden mi padre y Alvion?

—Pues en la inteligencia… el enorme poder… tener un color de ojos inusual… la MUSI…

—Siempre he pensado que una persona superdotada cualquiera puede tener MUSI.

—No. La Memoria Unirreceptiva Selectiva Ilimitada es una habilidad inhumana únicamente demostrada en los Zou. La única persona no Zou que demostró tener también esta habilidad es tu padre. Nadie más en la Asociación la tiene y en humanos es imposible.

—Mi padre dice que ya tenía esa habilidad desde pequeño, antes de convertirse en iris.

—Por eso Neuval es tan famoso en la Asociación y un espécimen tan incomprensible a ojos de Alvion, de Lao y de los taimu. No es una persona normal. Pero eso ya lo llevamos aceptando muchos años.

Surgió un rato de silencio, que aprovecharon para seguir comiendo. Brey observó, abrumado, cómo Lex iba por su quinto plato como si nada y cómo les echaba kétchup a unos pastelitos de vainilla y luego echaba estos en su sopa de fideos picantes. Creía que ya era perturbador ver a Cleven engullir, literalmente, sin masticar, comida basura como un pato, algo que también veía en Katya y también en los mellizos con los dulces. Pero ver la extraña manía de Lex de hacer terribles mezclas y comer el triple que una persona normal era aún peor. Sin embargo, sabía que todos ellos estas manías con la comida las habían heredado de su madre, Emiliya.

—Eh, si no te gusta, no mires —le dijo Lex, viéndolo con esa mueca disgustada—. Oye, por cierto. Dijiste antes que actualmente la vida te estaba yendo mejor. ¿En qué sentido?

—Oh… Bueno, es porque la KRS vamos a tener más trabajo importante a partir de ahora y no las misiones aburridas e irrelevantes que nos han estado mandando los últimos años. Por fin volvemos a estar más unidos. Con el regreso de Fuujin, volvemos a ser una RS completa… bueno, aunque falten un par de miembros, pero…

—¿¡Cómo!? —se sobresaltó Lex, dando un manotazo en la mesa que hizo rebotar sus cinco platos de comida—. ¿Qué has dicho? ¿Que Fuujin ha vuelto? ¿Cuándo ha pasado eso?

—Hace tres días, ya es oficial.

—¿¡Qué!? ¿Mi padre ha vuelto a la Asociación hace apenas unos días, así sin más?

—Sí, lo sé. Inesperado —le comprendió, tomando un trago de su refresco.

—Pero… ¿Pero por qué? —se turbó Lex—. ¿Por qué después de siete años, tan de repente?

—Eh… Él nos contó varios de los motivos. No ha sido tan de repente, él dijo que lo había tenido que meditar a fondo durante la última semana a raíz de los acontecimientos actuales.

—¿Qué… acontecimientos? —desconfió Lex, esperando escuchar alguna catástrofe o mala noticia.

Brey, como iris experto, se cuidó muy bien de no expresar el más mínimo gesto que delatara que iba a ser sincero a medias. El motivo más importante de Neuval había sido que la semana anterior, dominado por su majin, había asesinado a doce personas, quienes afortunadamente no eran más que unos miserables criminales. Pero no quería atormentar a Lex con esta noticia ni complicar aún más las cosas entre él y su padre de lo que ya estaban.

—Hatori Nonomiya —le contestó entonces.

—Ah… es verdad… —entendió Lex—. Se ha convertido en el nuevo ministro. Eso tiene muy mala pinta, tío Brey. Por favor, tened mucho cuidado con él. Hatori Nonomiya sería capaz de cualquier cosa por cazar a un iris. ¿Mi padre ha vuelto porque no quería quedarse al margen de esta nueva amenaza?

—Eso es.

Lex inspiró hondo y soltó un largo suspiro intranquilo, pero comprendía que, para ellos, esos riesgos relacionados con el Gobierno también formaban parte de su trabajo.

—Ahora me preocupa que Cleven se vea involucrada o se entere de algo, porque aunque mi padre le borró la memoria, ahora que él ha regresado, puede fastidiarla otra vez —negó, bebiendo un poco de su vaso.

—No pasa nada, Cleven no se enterará de nada. Ahora que vive conmigo, la mantendré alejada yo mismo.

—¡Pffrr!

Lex escupió la bebida en toda la cara de Brey, el cual se quedó paralizado y mojado.

—Ah… que no lo sabías… —entendió Brey, secándose la cara con las mangas.

—¿¡Que mi hermana vive contigo!? ¿Desde cuándo?

—Desde hace unos días.

—¿Cómo se ha enterado de que existes? ¿Te recuerda?

—No. Es otra larga historia, mejor que te la cuente ella misma, que no quiero volver a sentir esto —gruñó, optando por coger la servilleta para secarse toda la cara y el pelo.

—Haah… —resopló, saliendo de su asombro—. Bueno, entonces, dadas las circunstancias del regreso de Fuujin… la verdad es que me tranquiliza que Cleven esté contigo.

—¿Y no te preocupas por tu hermano también? —se extrañó Brey.

—No. Intentar ocultarle algo a Yenkis es un caso perdido —contestó, y Brey se lo quedó mirando con desconcierto—. Sí, Yenkis sospecha de mi padre desde hace tiempo y está tratando de averiguar la verdad. Hace poco descubrió lo del padre biológico de mi padre, y como me acorraló, no tuve más remedio que contarle.

—¿Qué le contaste?

—La vida de mi padre, de por qué se largó de su país siendo pequeño y lo de la familia Lao.

—¿Le has contado a tu hermano de 12 años todos los abusos que tuvo que sufrir vuestro padre de pequeño? —preguntó incrédulo.

—No, solamente le conté… el último abominable suceso que vivió en Hong Kong. Porque sólo así podía entender cómo mi padre pudo seguir sobreviviendo desde entonces, acogido por la familia Lao. No le conté nada acerca de los iris. Eso lo averiguará él solo, y estoy seguro de que se saldrá con la suya. No sé qué hará después de saberlo todo, cómo reaccionará… Pero eso ya es cosa suya. Yo no voy a impedírselo. Mi hermano ya tiene edad para enterarse de las cosas si él mismo desea con fuerza descubrirlas. Yo ya no aguanto más ambientes de mentiras y secretos, tengo suficiente con lo mío.

Brey asintió con la cabeza, comprendiendo. Le sorprendía, sin embargo, que Yenkis hubiese podido descubrir algo, puesto que sabía que Neuval era muy bueno ocultando las cosas. Desde luego, tal como le había dicho Cleven, Yenkis debía de ser muy listo.

—Bueno, dejemos de hablar de esto —se animó Lex de repente—. Dime, ¿tienes a alguien por ahí… alguna chica…? Sé que habrás salido con varias como es propio de los chicos de tu edad, pero ¿alguna en especial?

—No. Es difícil encontrar a una que no le interese sólo mi físico. Sólo quieren tocarme y exhibirme, no conocerme.

—¡Hahaha…! Ya veo. Ser tan guapo al final es un problema, ¿eh?

—Las humanas están locas —bufó, tomando un trago de su refresco—. Pero para esas veces que sólo quieres pasar una noche divertida, no he tenido problema. El problema de eso, es que con el tiempo me canso de que sólo sea sexo y nada más. Quieres conversar, debatir sobre temas interesantes, dar un simple paseo para despejar la mente y liberar serotonina y endorfinas, hacer algún plan donde puedes compartir más cosas de tu ser, y no sólo fluidos.

—No te ofendas, pero es que tú todavía estás en una franja de edad muy joven, tío Brey. Lo que pasa es que eres más maduro que la mayoría.

—Yo tenía… Pude tener ese tipo de conexión con Yue… —bajó la mirada con pesar—. Con ella sí que lo compartía todo, absolutamente todo. Ella era una humana diferente.

—Vamos. Sé que Yue era perfecta para ti. Pero no me puedo creer que no hayas encontrado a alguien que mereciera la pena al menos un poco.

Por un instante, a Brey se le pasó la imagen de Cleven por la cabeza. Pero eso le hizo recordar el accidente, el desengaño y la decepción de descubrir que no era una humana cualquiera, sino su sobrina, y evaporó esos pensamientos enseguida, pues todavía le sentaban un poco mal.

—Hace un par de años conocí a una chica. Era de mi clase, en primer curso de la universidad. Estuvimos saliendo unos pocos meses. Era inteligente, seria… me atraía que era una chica muy racional, más de lo normal en la mayoría de humanos. Yo le interesaba por algo más que mi físico. Nos gustaba debatir sobre la Medicina contemporánea y las paradojas. Fueron unos buenos meses. Hasta que un día me preguntó: “¿Por qué siempre quedamos en mi casa y nunca en la tuya? ¿No quieres que vea dónde vives? ¿Y por qué siempre tienes tan poco tiempo? ¿Haces algo más importante que estar conmigo, aparte de estudiar?”. Se lo estuve ocultando todo ese tiempo, pero ese día tuve que decírselo: “Tengo dos hijos. Tienen 3 años”.

—No me digas… ¿Reaccionó mal? —lamentó Lex.

—Ella lo entendió perfectamente cuando se lo expliqué, lo que me pasó con Yue y demás. Y me dijo que era admirable por hacerme responsable. Aunque no sé qué tiene de admirable cumplir con mi responsabilidad, ya que debería ser lo normal… —añadió—. Sin embargo, ella me confesó que no era una persona nada afín a los niños. Ella tenía claro que no le gustaban los niños y que nunca tendría hijos, que sólo aspiraba a dedicarse a su trabajo y a nada más. Así que… —resopló con resignación—… hasta ahí llegó nuestra relación. Ella me dijo que no tenía problema, siempre y cuando no tuviera que hacer nada con los niños. Pero yo le dije que… tener una relación conmigo era tener una relación con los mellizos también. Porque ellos formaban parte de mi vida tanto como mis estudios o mis aficiones. Ella no se lo tomó bien. Discutimos. Entonces me dijo: “¿Es que no los puede cuidar otra persona, no tienen abuelos, no los puedes dejar viviendo con otra familia más normal, con dos adultos más mayores? Si para ti ellos son más importantes que yo, entonces no podemos seguir juntos”.

—¿Y qué le contestaste?

—Le dije que había sido un placer y hasta siempre. Seguidamente la dejé sola en la cafetería, me marché y no volví a verla.

—Caray… ¿Cómo pudo decirte algo así? Qué poca consideración.

—Por eso hay que conocer bien a la persona de la que crees que te estás enamorando. Puede darte una desagradable sorpresa al cabo de unas semanas, unos meses o, ¿quién sabe?, años.

—Tienes toda la razón. Antes de conocer a Riku, mis anteriores relaciones, creo que fueron tres, fueron terribles. Con 14, 16, 18 años… yo era muy ingenuo, y mi padre tuvo que abrirme los ojos y ahuyentar a esas malas chicas que querían aprovecharse de mí. No es que me manipularan o engañaran… nunca nadie ha sido capaz de lograr eso conmigo. Era yo confiando en que ellas cambiarían esa mala actitud o sus intenciones algún día. Confiando en que todo el mundo tiene un lado bueno. Mi ingenuidad, tal como me demostró mi padre, era creer que cualquier persona perseguiría el objetivo de convertirse en su lado bueno. Y no. No todo el mundo quiere.

—Un momento. ¿Tu relación con Mei Ling también fue terrible? Creía que tuvisteis una buena relación.

—¡Ah! —recordó—. No, no, con Mei Ling sin duda tuve una relación genial, la primera buena relación que tuve. Pero supongo que ella, o Kyo o quizá mi abuelo ya te lo contaron, que nuestra relación sólo duró un año. Ya sabes, era un poco complicado, por eso de que Mei Ling es mi prima, aunque no de sangre, pero crecimos juntos toda la vida como familia, y era justo el año en que mi padre y mi abuelo comenzaron a separar la relación entre las familias Lao y Vernoux por la seguridad y tal…

»Mei Ling y yo empezamos a salir juntos justo cuando yo me fui de casa, cuando me peleé con mi padre. La muerte de mi madre sucedió apenas cuatro meses atrás… Mei Ling me salvó de un abismo, me dio lo que necesitaba en esos momentos. Ella me comprendía, ya que ella había perdido a su padre tres años antes. Ambos éramos los primogénitos humanos de una familia llena de iris y tragedias. Por eso, nuestra relación no estaba destinada a durar para siempre. Pero fue un año con ella que no cambiaría por nada. Tiempo después, cuando ya estaba en tercer año en la universidad como tú, conocí a Riku. A los tres meses de salir con ella, lo supe. Ella era para mí y yo para ella.

—Así que, ¿lo de Riku es serio?

—¡Y tan serio! —sonrió—. Llevamos cinco años juntos. Verás… aún no se lo hemos contado a nadie, pero por ser tú…

Brey frunció el ceño. Lex parecía de repente muy contento.

—Estamos prometidos. Vamos a casarnos. Este año.

—Hah… Esa es una buena noticia —sonrió el rubio—. ¿Dices que no lo sabe nadie?

—Sí. Estoy tomándome mi tiempo para decírselo a mi padre.

—Seguro que se alegra, Lex. Ya sabes que Neuval en realidad es un majara.

—Yaaa… pero seguramente montará todo un circo de locura cuando sepa que en unos meses va a ser abuelo… —masculló en voz baja.

—¿Eh? ¿Qué has dicho? —preguntó Brey, que no le había oído bien, otra vez.

—No, nada —contestó rápidamente.

Brey se encogió de hombros. Se tomaron una última cerveza para celebrar tanto el reencuentro como la buena noticia de Lex. Poco después, cada uno tenía ya que marcharse, y se despidieron con un abrazo. Durante ese abrazo, Lex estuvo tentado de preguntarle algo, algo que se moría de ganas por saber desde hacía años. Pero no lo consideró buena idea, porque tenía la sensación de que Brey, aparte de no saber la respuesta, podía acabar marchándose a casa con un mal sabor de boca y le habría estropeado ese buen día.

Quiso preguntarle si sabía algo de Izan. Pero en el fondo Lex sabía que nadie tenía ni idea. Izan, o Ichi, como solían llamarlo todos, desapareció hace siete años y Lex estaba empezando a plantearse dejar las esperanzas de volver a verlo. Izan, más que su tío, había sido su mejor amigo desde que ambos nacieron el mismo día y al mismo tiempo, y lo añoraba tanto que dolía. Y sabía que Brey también.





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