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2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __









9.
Un suceso extraño

Cuando Suzu, Brey, Kamui y Neuval entraron en el aula de Cleven, se encontraron allí ya a los otros padres hablando unos con otros y los jóvenes igual. Eliam también estaba, rodeado de los amigos de Drasik, charlando. Quien no estaba era Denzel, aún no había llegado, lo que les extrañó. Neuval dio media vuelta. Brey, al verlo, lo siguió por los pasillos, sabiendo que iba a buscarlo.

—¿Denzel impuntual? ¿El hombre que domina el tiempo? ¿Qué habrá pasado? —preguntó Brey.

—A saber —contestó Neuval, adentrándose en el baño de los chicos a echar un vistazo.

Ahí se sorprendieron al encontrar a Drasik, sentado en el suelo al lado de los lavabos, con las piernas cruzadas y cabizbajo.

—Sui-chan, ¿qué te pasa? —se preocupó Neuval.

Drasik levantó la cabeza poco a poco, parpadeando con molestia, como si acabase de despertar, pero no dijo nada.

—Sólo quiere escaquearse de la reunión —bufó Brey, optando por salir de allí y seguir buscando a Denzel.

Neuval, sin embargo, se agachó junto a Drasik y le levantó la barbilla. El chico parpadeaba mucho, como si le molestasen las luces del techo.

—Estoy bien —musitó Drasik, apartando la cabeza con brusquedad—. Sólo es un dolor de cabeza.

—¿Estás seguro? Pareces desorientado. ¿Te has mareado por alguna razón?

—No... —contestó con cansancio, apartándose de él—. He dicho que estoy bien, maestro. Me golpeé la cabeza el otro día, peleando con el imbécil de Kaoru. Nada más.

Neuval y Brey cruzaron una mirada silenciosa.

—Bueno, a tu ritmo, nosotros vamos a buscar a Denzel —le dijo Neuval amablemente, saliendo del baño con su cuñado.

Cuando se alejaron un poco por el pasillo, Neuval se puso delante de Brey para frenarle el paso, pero mirando hacia la puerta del baño.

—¿Es habitual en él? —le preguntó al rubio, en voz baja.

—Sí.

—¿Cómo de habitual?

—Una o dos veces al mes.

—¿Cuánto tiempo lleva así?

—De toda la vida, Neuval. Siempre ha sido así, desde que lo trajiste del Monte Zou. Tiene el mismo majin de grado II normal y corriente que siempre ha tenido. Ya sabes que sólo hay que dejarlo tranquilo cuando tiene esos cambios de humor. Ya se le pasará.

—Hmmm… —murmuró Neuval, pensativo, no conforme del todo, pero no dijo nada más.

Mientras, en el baño, Drasik se levantó con dificultad, apoyándose en un lavabo. Tras ponerse en pie, se miró en el espejo. Nadie lo había visto, pero hacía sólo un par de minutos había sufrido un inexplicable vahído. Se le había ido la mente a otra parte, como antes de ayer en la cafetería mientras Cleven y Brey discutían sobre la revelación de los mellizos, que tuvo un breve episodio de memoria lejana sin darse cuenta. Le acababa de pasar lo mismo, había revivido fugazmente unos recuerdos de su infancia, caminando junto a Cleven por una ciudad destruida, pero él ahora no lo sabía porque este nuevo episodio había vuelto a olvidarlo por completo, dejándolo confuso y mareado.

Últimamente le estaban pasando cosas raras en su interior y cada vez con más frecuencia. Con más frecuencia de lo que Brey creía. Aún no era consciente del motivo exacto, pero el motivo de hoy había sido pensar en el hecho de que él no sabía quién era Cleven cuando los demás sí, y en el hecho de haberla visto a ella y a Kyo de repente tan amigos durante el día de ayer en clase. Sintió cosas negativas por ese asunto, insanas, y no sabía por qué.

A los pocos segundos, empezó a sentir que le temblaban las manos y se las miró con rabia. Le dolía el tatuaje, cubriendo la piel de su antebrazo derecho.

Apretó los dientes y, de pronto, le dio un arrebato agresivo y pegó un puñetazo en la pared de al lado, la cual acabó con un boquete y las baldosas hechas trizas. Tras eso, sacó de su bolsillo una venda. Se arremangó el antebrazo derecho, cubriéndose el tatuaje iris con la venda, y después la volvió a tapar bien con la manga de la camisa del uniforme. Miró a su alrededor, exhausto, ofuscado. Su iris no le estaba funcionando bien en la mente.

—¿Hola? —saludó Neuval, abriendo la puerta del despacho de Denzel.

Allí lo encontraron, sentado en su silla con los dedos entrelazados bajo la nariz y los ojos cerrados. No llevaba sus gafas.

—Denzel —se extrañó Brey.

—Hola —murmuró, girando un poco la cabeza al oírlos.

—¿Qué te pasa? —preguntó Neuval—. Oye, tienes una reunión ahora. Siendo nuevo en este centro podrías jugarte el empleo.

—Su empleo número 152 en su vida. Como si importara —comentó Brey, pero Neuval le lanzó una mirada fría—. Qué.

—No veo nada —declaró Denzel, con aire apesadumbrado.

—Es lo que tiene ser ciego —contestó Brey, y Neuval lo volvió a mirar con fiereza—. ¡Qué!

—No encuentro las gafas —resopló Denzel, inundando el despacho de su apagado estado de ánimo, y abrió los ojos.

Brey y Neuval se estremecieron un poco. Aunque ya los habían visto otras veces, esos ojos inhumanos de los taimu seguían causando escalofríos. Neuval buscó con la mirada y encontró las gafas debajo de unos papeles de su mesa, justo al lado de su brazo derecho.

—Ah, gracias —dijo el profesor, poniéndoselas.

—A ver, a ver... ¿Qué es lo que te pasa? —se cansó Neuval, obligándolo a levantarse, y lo condujo afuera, en dirección hacia su clase.

—Ha pasado algo... algo que me tiene muy preocupado —les explicó, andando junto a ellos por los pasillos lentamente.

—Como vuelvas a decir que el párroco de la iglesia católica cerca de tu casa sospecha de ti y que quiere quemarte en una hoguera, me largo de aquí de vuelta a mi uni —gruñó Brey; Neuval sacudió levemente una mano y golpeó a Brey con una ráfaga de viento que casi lo tira al suelo—. ¿¡Pero qué!? —protestó de nuevo, despeinado—. Está paranoico con ese cura, ¡le he dicho cien veces que si ese cura lo mira mal por la calle, no es porque haya descubierto que es un demonio, sino porque Denzel lo llamó “jovencito” una vez, y el cura, que tiene 80 años, obviamente se ofendió!

—¡Te juro que ese cura me quiere ver arder! —se defendió Denzel.

—Pues entonces estaría cumpliendo con su trabajo.

—¡Oye, mocoso! —se ofendió Denzel.

—¡Ahem! —carraspeó Neuval con fuerza, callándolos—. A ver, ¿qué es eso que te preocupa tanto?

—Fue anoche. Estaba durmiendo… hasta que noté que alguien me agarraba la mano. Noté que estaba tratando de quitarme mi alianza —se tocó el anillo dorado de su dedo.

—¿No sería un sueño? —preguntó Neuval, viendo que seguía llevando la alianza sana y salva.

—No, seguro, porque sé que me desperté y, al ponerme las gafas, vislumbré a ese alguien, lo agarré de la muñeca y encendí la luz. Me quedé en blanco.

—¿Quién era?

—Una niña —contestó, mirando a Neuval con desconcierto—. Era una niña muy pequeña, de pelo oscuro y ondulado, y unos ojos claros. Como desconozco los colores, no sabría dar más detalles. Me la quedé mirando unos segundos, perplejo. Y fue un poco raro, porque ella no me miraba de vuelta a los ojos, me miraba como al hombro. Y tenía una expresión bastante hostil.

Brey frunció el ceño y Neuval puso cara pensativa, tratando de descifrar la escena.

—Luego —prosiguió Denzel—, le miré la muñeca que le estaba agarrando. Me acuerdo de que tenía una pequeña mancha de nacimiento en ella, con forma... de renacuajo, o de gota doblada, pero con una cola más alargada… espera, la dibujaré —sacó de sus bolsillos una libreta y un boli y se puso a pintarla—. Entonces, esa niña se soltó de mí y salió por la ventana. Me asomé corriendo y no había ni rastro.

—Qué raro —murmuró Neuval, y miró el dibujo que le mostró Denzel en su libreta—. Hey, ¿no es esta la mancha que tenía Emiliya en…?

No acabó la frase, porque Brey los sobresaltó cuando le arrebató la libreta a Denzel de sopetón, fijándose bien.

—Estás a tiempo para decirnos que es una broma —le dijo muy seriamente Brey al taimu.

—¿Qué te pasa?

—¿Qué mano le agarraste y en qué parte exacta viste esta mancha?

—La mano izquierda, y tenía la mancha aquí, en el filo interior de la muñeca —señaló en su propio brazo.

—¿Como esta? —Brey se arremangó el brazo izquierdo, y se quitó el reloj para mostrar la pequeña mancha de nacimiento de color café que tenía en ese mismo lugar, y exactamente igual que la que Denzel había dibujado.

—¡Eh, es esa! ¡Igual, con la misma posición! —exclamó Denzel.

—Sí, es como la mancha que tenía Emiliya en su muñeca —apuntó Neuval—. Brey la heredó de ella. Las manchas de nacimiento en la piel son de herencia genética directa entre padres e hijos. Igual que los lunares o las pecas —miró al techo, pensativo, y sonrió como un bobo—. Como las tres pequitas que tiene Cleven en la parte de arriba de su nalga derecha. Son exactamente las mismas que tengo yo en el mismo lugar. Hahah… es adorable.

De repente se dio cuenta de que Denzel y Brey lo estaban mirando muy fijamente, con caras muy serias.

—No es buen momento para hablar del trasero de Cleven o del mío, entendido —rezongó Neuval.

—Bueno, ¿y entonces por qué demonios tenía la misma mancha esa intrusa de anoche…? —dijo Denzel, pero se calló y miró a Brey.

—Cuidado con lo que vas a decir —le advirtió el rubio.

—Raijin… Te lo tengo que preguntar —le hizo un gesto apaciguador—. Yo todavía no la he visto en persona. ¿Tiene tu hija el cabello negro y ondulado, ojos claros y esta mancha de nacimiento en su muñeca izquierda igual que la tuya?

Brey se rehusó a contestar. No estaba nada contento con lo que este asunto estaba insinuando, ¡era un disparate!

—Contéstame, iris, sé racional —le insistió Denzel, poniéndose severo—. He sido atacado en mi casa. Y casi me roban algo de lo que depende mi cordura.

—¡No puedes estar creyendo en serio que una humana de 5 años es quien te atacó! —se alteró Brey—. ¡Que esa descripción coincida con Clover no quiere decir que sea ella!

—Sí, tiene que haber otra explicación a lo que viste —afirmó Neuval, mirando a Denzel.

—Clover y Daisuke tienen la misma mancha de nacimiento que yo —añadió Brey, nervioso—. Y Clover, ¿para qué querría tu anillo? Y dudo que se dedique a saltar por las ventanas después de entrar en casas ajenas por la noche. ¡Es una niña humana de 5 años!

—Vale, vale... —suspiró Denzel—. Está claro que es algo muy raro. Investigaré sobre ello en otro momento, no sé, tal vez sí que me lo haya imaginado.

—¡Sí, ahora sí sacas la hipótesis de haber sido un sueño! —se alteró Brey otra vez—. ¡No me des esos sustos, joder! ¡Aclárate cuando hablas!

—¿¡Pero a ti qué te pasa!? —se hartó Denzel—. ¿¡Desde cuándo eres tan sensible, irascible y emocional!?

—¡Desde que Clover y Daisuke existen!

—Toda tu vida teniendo tu inhumana cabeza fría hasta delante de terribles crisis terroristas, ¿¡y ahora te calientas y sacas los colmillos y las garras por tus dos hijos!?

—¡Que no te quepa la menor duda! —aseveró el rubio.

—¿Se puede saber por qué siempre os ha costado tanto congeniar a vosotros dos? —dijo Neuval, cansado.

—Porque este crío ha nacido directamente como iris y su pura energía Yang choca naturalmente con la mía —dijo Denzel—. Igual que les pasa a todos los Zou, que necesitan unos cinco años desde que nacen para acostumbrarse a mi presencia y a la de Agatha.

—¡Para nada! —refutó Brey—. Porque yo con Agatha me llevo de fábula. Contigo es más difícil porque tienes la fea manía de tratar a todos como si fuéramos unos pobres bebés.

—¡Yo no hago eso!

—Pues entonces deja de interrogarme sobre mi hija sólo porque has tenido una extraña fantasía mientras dormías. ¡A ver si tantos años encima te están volviendo senil!

—¡Seré el hombre más viejo del mundo, pero sé cuándo algo es real y cuándo no! —replicó Denzel—. ¡Además, para un taimu como yo, tener 393 años de edad es estar en plena juventud!

—¿Desde cuándo un demonio es totalmente de fiar? ¡Tú mismo reconoces lo peligroso que eres por tu energía Yin atada con hilos a los dioses! ¿¡Quién sabe si estás viendo alucinaciones porque se te ha roto algún cable!?

—¡Tu pura energía Yang tampoco es que me huela a rosas a mí, mocoso! ¡Y bien que utilizas a mi tatarabuela para que críe a tus hijos, con toda la confianza del mundo!

—¡Agatha es una persona más energéticamente estable y fiable que tú, y no me los está criando ella, sólo me ayuda!

—¡Agatha es un ser totalmente artificial y yo soy hijo natural de humanos, ¿cómo voy a ser yo menos confiable que ella?!

—¡Precisamente, por tu emocional parte humana! ¡No es ningún secreto que tienes un pasado lleno de desvíos éticos y gustos raros!

—¡Al menos yo no he preñado a una chica con 15 años, degenerado!

—¡Pervertido, que sueñas con las hijas de los demás!

—¡Ahhhh! —Denzel pegó un gran respingo—. ¡Lo que me ha dicho el muy mocoso!

—Caaalma —intervino Neuval, poniendo paz entre los dos—. Esto es un malentendido. Raijin, tranquilo, obviamente tu hija no era esa niña en realidad. Y Denzel, tranquilo, te ayudaré a investigar sobre ello.

—Gracias —gruñeron a la vez y refunfuñaron por lo bajo.

Cinco minutos después ya estaban todos en el aula, que era lo suficientemente grande para todos, y Denzel explicando cómo iba a ir el curso, las excursiones, el plan de estudio, los festivales, en fin, lo que estaba obligado a explicar. Además, y no es que le gustase mucho, la valoración tanto mala como buena de algunos alumnos para advertir a los padres, sacada de las semanas que ya llevan de curso.

Había algunos padres que miraban de vez en cuando, curiosos, a Eliam sentado con su hermano Drasik, preguntándose si eso era lo que parecía, que no tenían padres. Y también miraban a Cleven, sentada entre su padre y su tío, los cuales se lanzaban algún que otro rayo por la mirada como dos críos y Cleven se limitaba a ignorarlos por el bien de su salud.

—Y… bueno —prosiguió Denzel—. Ahora que hemos aclarado cómo va a ser el nuevo sistema de pago para las excursiones, tengo que abordar el tema que menos nos gusta. Hay que tener en cuenta a algunos alumnos que no han arrancado muy bien, como me obligan a advertir. Takuya Hosoda y Alison Kuroki, por ejemplo —señaló a un chico y a una chica, los cuales se movieron en su silla con incomodidad—, no han traído ni un día los deberes hechos.

Los padres de los respectivos les reprocharon por lo bajo por la noticia.

—Luego, Drasik Jones —continuó, mirando al de los pelos de loco; Eliam miró a otra parte, para él no era una novedad—, no se esmera nada, salvo en Química y Educación Física. Drasik, es importante que no flojees en las demás asignaturas si no quieres quedarte toda tu vida recuperando.

Drasik resopló con cansancio, indiferente. Le parecía irreal que aquel taimu, al que conocía desde los 3 años por la Asociación, de repente se hubiese convertido en su profesor.

—Cleventine Vernoux —dijo Denzel, siguiendo con la lista negra del director—. A veces no entregas los deberes, tampoco te esmeras en ninguna asignatura, y ya tienes dos faltas…

Cleven emitió una risilla avergonzada. Neuval carraspeó con reproche y Cleven borró la sonrisa enseguida, mientras Brey se mantenía impasible de brazos cruzados.

—Kyosuke Lao —continuó el tutor, y ahí su madre Suzu pegó un brinco de la sorpresa—. Te han mandado varias veces al despacho del director por... bueno, por esas peleas que tuviste a principio de curso. En fin, trata de controlarte y esas cosas.

Kyo suspiró, ajeno a la mirada de sorpresa de su madre y también de las de Drasik, Brey y los otros, ya que esa declaración no se la esperaban del propio Kyo, y se preguntaron qué había hecho, y por qué. «Ah, me acuerdo de cuando lo vi hablando con el director antes de encontrármelo en el metro» recordó Cleven. «¿Que se pelea? Si tiene pinta de no hacer daño ni a una mosca. ¿Y con quién se ha peleado?».

Denzel continuó con la lista negra con otros alumnos más de la clase. Kamui sonreía orgulloso de Nakuru, una de las que se salvaron, e igual con Raven.

La reunión fue dando a su fin, después de una hora. Neuval había acabado con una expresión alicaída en la cara, pues Denzel había comentado algunos ejemplos de comportamiento inadecuado en clase, sin mencionar nombre, pero mirando a Cleven, por lo que Neuval se había puesto a lamentarse por centésima vez sobre la incapacidad de esta de mejorar en su conducta. Además, Brey se había pasado la mayor parte del tiempo enseñándole a escondidas a hacer pajaritas de papel para pasar el tiempo.

Neuval la escuchaba soltar palabras malsonantes en voz baja cada vez que le salía mal una pajarita, en vez de escuchar lo que decía el tutor como todos sus demás compañeros. Estaba claro, Yenkis y Lex habían salido a su madre Katya, responsables, aplicados y sensatos. Pero en la actitud distraída, rebelde y un poco majara de Cleven, Neuval veía un claro reflejo de sí mismo a su edad, lo que no le tranquilizaba en absoluto. Por eso, miró a Brey con resquemor.

—Estoy empezando a temer haberme equivocado con mi decisión —declaró Neuval una vez todos caminaban por los pasillos hacia la salida del edificio.

—¿Qué dices? —se alarmó Cleven—. ¿Lo dices porque no voy muy bien con los estudios? Papá, sabes que siempre acabo aprobando.

—Porque yo estaba encima de ti todo el tiempo como si tuvieses 5 años —gruñó—. Pero ahora...

—No te vas a echar atrás ahora, ¿verdad? —se preocupó—. ¡No me hagas esto! ¡No han pasado ni dos días! ¡Te prometí antes de ayer que me esforzaría, así que espérate a la próxima reunión de finales de febrero y verás si he mejorado!

—Hey, hey —intervino Brey, que los había escuchado—. Neuval, no creas que me voy a quedar de brazos cruzados con Cleven.

—¿La pondrás a hacer papiroflexia en casa también? —replicó con sarcasmo.

—Tu hija se estaba quedando dormida a los 17 minutos de reunión. Realizar una actividad manual mantiene el desentrenado cerebro humano despierto y centrado.

—Ah… —Cleven oyó eso y miró todas las pajaritas de papel que tenía guardadas en el bolsillo de su jersey.

—No sé si sabrás ser lo suficientemente estricto con ella —siguió desconfiando Neuval.

—¿Pretendes compararte conmigo justo en ese aspecto? ¿Estás seguro de querer hacerlo? —le espetó Brey.

—Puede que seas igual que tu padre, pero él daba más miedo cuando se ponía estricto —contestó Neuval.

—Eeeh, basta ya, por favor —se cansó Cleven—. Papá, deja ya de ser así, ya es hora de que me dejes ir más a mi aire y confiar en mí un poco más.

—Es que me siento tan solo... —sollozó.

—Todavía tienes a Yenkis para regañarlo todo lo que quieras —le recordó.

—Para eso me tiene que dar motivos, y sólo me los da una vez al mes, no todos los días como tú.

—Eso me ha ofendido —refunfuñó Cleven.

—Y se vaaan… poco a poco se vaaan… uno a uno de mi lado se vaaan… —cantó Neuval melancólicamente, sin hacerle caso a nadie, marchándose por el pasillo—. Cómo pasa el tiempo… cuando los ves marchar…

—Tranquila —le dijo Brey a su sobrina al verla asustada—. Tu padre es así en realidad, a veces está un poco loco.

—Últimamente me da la sensación de que no lo conozco como yo creía. De repente lo veo cambiado. ¿Qué le ha pasado?

—Ha vuelto a ser él mismo, a recuperar una vida.

—¿Eh?

—No importa.

—Kyo, cielo —Suzu detuvo a su hijo un momento para hablarle a solas—. ¿Qué es eso de que te peleas con otros chicos? Por favor, dime que se trata de tu trabajo de iris y que te enfrentaste a unos chicos de manera defensiva para proteger a algún inocente.

—De hecho, mamá, se trata justo de eso —le explicó Kyo—. Fue en dos ocasiones. Unos chicos de último curso estaban metiéndose con una simple niña, en un callejón aquí cerca del instituto. Me enfrenté a ellos con intención de separarlos y alejarlos, no de hacerles daño, claro. Pero los profesores que lo vieron creyeron que yo estaba agrediendo a los otros.

—Ay, por el amor de Dios, ¿a una pobre niña? Qué mundo este —protestó Suzu—. Menos mal que hay iris como tú salvándolo cada día, en ese caso estoy orgullosa de ti —lo abrazó con fuerza—. ¿No le has aclarado eso a Denzel?

—No se lo he dicho a nadie, sólo es mi deber como iris, nada que no hagan todos mis compañeros casi cada día. Además, no fue aquí, sino en la calle, aquella niña no llevaba el uniforme de este centro y tenía una pinta muy extraña. Seguramente por eso aquellos chicos la tomaron con ella. Pero ella huyó en ambas ocasiones, incluso se comportó arisca conmigo cuando traté de ayudarla a levantarse.

—Vaya, una niña desagradecida —rezongó Suzu—. Pero bueno, lo que importa es que la salvaste.









9.
Un suceso extraño

Cuando Suzu, Brey, Kamui y Neuval entraron en el aula de Cleven, se encontraron allí ya a los otros padres hablando unos con otros y los jóvenes igual. Eliam también estaba, rodeado de los amigos de Drasik, charlando. Quien no estaba era Denzel, aún no había llegado, lo que les extrañó. Neuval dio media vuelta. Brey, al verlo, lo siguió por los pasillos, sabiendo que iba a buscarlo.

—¿Denzel impuntual? ¿El hombre que domina el tiempo? ¿Qué habrá pasado? —preguntó Brey.

—A saber —contestó Neuval, adentrándose en el baño de los chicos a echar un vistazo.

Ahí se sorprendieron al encontrar a Drasik, sentado en el suelo al lado de los lavabos, con las piernas cruzadas y cabizbajo.

—Sui-chan, ¿qué te pasa? —se preocupó Neuval.

Drasik levantó la cabeza poco a poco, parpadeando con molestia, como si acabase de despertar, pero no dijo nada.

—Sólo quiere escaquearse de la reunión —bufó Brey, optando por salir de allí y seguir buscando a Denzel.

Neuval, sin embargo, se agachó junto a Drasik y le levantó la barbilla. El chico parpadeaba mucho, como si le molestasen las luces del techo.

—Estoy bien —musitó Drasik, apartando la cabeza con brusquedad—. Sólo es un dolor de cabeza.

—¿Estás seguro? Pareces desorientado. ¿Te has mareado por alguna razón?

—No... —contestó con cansancio, apartándose de él—. He dicho que estoy bien, maestro. Me golpeé la cabeza el otro día, peleando con el imbécil de Kaoru. Nada más.

Neuval y Brey cruzaron una mirada silenciosa.

—Bueno, a tu ritmo, nosotros vamos a buscar a Denzel —le dijo Neuval amablemente, saliendo del baño con su cuñado.

Cuando se alejaron un poco por el pasillo, Neuval se puso delante de Brey para frenarle el paso, pero mirando hacia la puerta del baño.

—¿Es habitual en él? —le preguntó al rubio, en voz baja.

—Sí.

—¿Cómo de habitual?

—Una o dos veces al mes.

—¿Cuánto tiempo lleva así?

—De toda la vida, Neuval. Siempre ha sido así, desde que lo trajiste del Monte Zou. Tiene el mismo majin de grado II normal y corriente que siempre ha tenido. Ya sabes que sólo hay que dejarlo tranquilo cuando tiene esos cambios de humor. Ya se le pasará.

—Hmmm… —murmuró Neuval, pensativo, no conforme del todo, pero no dijo nada más.

Mientras, en el baño, Drasik se levantó con dificultad, apoyándose en un lavabo. Tras ponerse en pie, se miró en el espejo. Nadie lo había visto, pero hacía sólo un par de minutos había sufrido un inexplicable vahído. Se le había ido la mente a otra parte, como antes de ayer en la cafetería mientras Cleven y Brey discutían sobre la revelación de los mellizos, que tuvo un breve episodio de memoria lejana sin darse cuenta. Le acababa de pasar lo mismo, había revivido fugazmente unos recuerdos de su infancia, caminando junto a Cleven por una ciudad destruida, pero él ahora no lo sabía porque este nuevo episodio había vuelto a olvidarlo por completo, dejándolo confuso y mareado.

Últimamente le estaban pasando cosas raras en su interior y cada vez con más frecuencia. Con más frecuencia de lo que Brey creía. Aún no era consciente del motivo exacto, pero el motivo de hoy había sido pensar en el hecho de que él no sabía quién era Cleven cuando los demás sí, y en el hecho de haberla visto a ella y a Kyo de repente tan amigos durante el día de ayer en clase. Sintió cosas negativas por ese asunto, insanas, y no sabía por qué.

A los pocos segundos, empezó a sentir que le temblaban las manos y se las miró con rabia. Le dolía el tatuaje, cubriendo la piel de su antebrazo derecho.

Apretó los dientes y, de pronto, le dio un arrebato agresivo y pegó un puñetazo en la pared de al lado, la cual acabó con un boquete y las baldosas hechas trizas. Tras eso, sacó de su bolsillo una venda. Se arremangó el antebrazo derecho, cubriéndose el tatuaje iris con la venda, y después la volvió a tapar bien con la manga de la camisa del uniforme. Miró a su alrededor, exhausto, ofuscado. Su iris no le estaba funcionando bien en la mente.

—¿Hola? —saludó Neuval, abriendo la puerta del despacho de Denzel.

Allí lo encontraron, sentado en su silla con los dedos entrelazados bajo la nariz y los ojos cerrados. No llevaba sus gafas.

—Denzel —se extrañó Brey.

—Hola —murmuró, girando un poco la cabeza al oírlos.

—¿Qué te pasa? —preguntó Neuval—. Oye, tienes una reunión ahora. Siendo nuevo en este centro podrías jugarte el empleo.

—Su empleo número 152 en su vida. Como si importara —comentó Brey, pero Neuval le lanzó una mirada fría—. Qué.

—No veo nada —declaró Denzel, con aire apesadumbrado.

—Es lo que tiene ser ciego —contestó Brey, y Neuval lo volvió a mirar con fiereza—. ¡Qué!

—No encuentro las gafas —resopló Denzel, inundando el despacho de su apagado estado de ánimo, y abrió los ojos.

Brey y Neuval se estremecieron un poco. Aunque ya los habían visto otras veces, esos ojos inhumanos de los taimu seguían causando escalofríos. Neuval buscó con la mirada y encontró las gafas debajo de unos papeles de su mesa, justo al lado de su brazo derecho.

—Ah, gracias —dijo el profesor, poniéndoselas.

—A ver, a ver... ¿Qué es lo que te pasa? —se cansó Neuval, obligándolo a levantarse, y lo condujo afuera, en dirección hacia su clase.

—Ha pasado algo... algo que me tiene muy preocupado —les explicó, andando junto a ellos por los pasillos lentamente.

—Como vuelvas a decir que el párroco de la iglesia católica cerca de tu casa sospecha de ti y que quiere quemarte en una hoguera, me largo de aquí de vuelta a mi uni —gruñó Brey; Neuval sacudió levemente una mano y golpeó a Brey con una ráfaga de viento que casi lo tira al suelo—. ¿¡Pero qué!? —protestó de nuevo, despeinado—. Está paranoico con ese cura, ¡le he dicho cien veces que si ese cura lo mira mal por la calle, no es porque haya descubierto que es un demonio, sino porque Denzel lo llamó “jovencito” una vez, y el cura, que tiene 80 años, obviamente se ofendió!

—¡Te juro que ese cura me quiere ver arder! —se defendió Denzel.

—Pues entonces estaría cumpliendo con su trabajo.

—¡Oye, mocoso! —se ofendió Denzel.

—¡Ahem! —carraspeó Neuval con fuerza, callándolos—. A ver, ¿qué es eso que te preocupa tanto?

—Fue anoche. Estaba durmiendo… hasta que noté que alguien me agarraba la mano. Noté que estaba tratando de quitarme mi alianza —se tocó el anillo dorado de su dedo.

—¿No sería un sueño? —preguntó Neuval, viendo que seguía llevando la alianza sana y salva.

—No, seguro, porque sé que me desperté y, al ponerme las gafas, vislumbré a ese alguien, lo agarré de la muñeca y encendí la luz. Me quedé en blanco.

—¿Quién era?

—Una niña —contestó, mirando a Neuval con desconcierto—. Era una niña muy pequeña, de pelo oscuro y ondulado, y unos ojos claros. Como desconozco los colores, no sabría dar más detalles. Me la quedé mirando unos segundos, perplejo. Y fue un poco raro, porque ella no me miraba de vuelta a los ojos, me miraba como al hombro. Y tenía una expresión bastante hostil.

Brey frunció el ceño y Neuval puso cara pensativa, tratando de descifrar la escena.

—Luego —prosiguió Denzel—, le miré la muñeca que le estaba agarrando. Me acuerdo de que tenía una pequeña mancha de nacimiento en ella, con forma... de renacuajo, o de gota doblada, pero con una cola más alargada… espera, la dibujaré —sacó de sus bolsillos una libreta y un boli y se puso a pintarla—. Entonces, esa niña se soltó de mí y salió por la ventana. Me asomé corriendo y no había ni rastro.

—Qué raro —murmuró Neuval, y miró el dibujo que le mostró Denzel en su libreta—. Hey, ¿no es esta la mancha que tenía Emiliya en…?

No acabó la frase, porque Brey los sobresaltó cuando le arrebató la libreta a Denzel de sopetón, fijándose bien.

—Estás a tiempo para decirnos que es una broma —le dijo muy seriamente Brey al taimu.

—¿Qué te pasa?

—¿Qué mano le agarraste y en qué parte exacta viste esta mancha?

—La mano izquierda, y tenía la mancha aquí, en el filo interior de la muñeca —señaló en su propio brazo.

—¿Como esta? —Brey se arremangó el brazo izquierdo, y se quitó el reloj para mostrar la pequeña mancha de nacimiento de color café que tenía en ese mismo lugar, y exactamente igual que la que Denzel había dibujado.

—¡Eh, es esa! ¡Igual, con la misma posición! —exclamó Denzel.

—Sí, es como la mancha que tenía Emiliya en su muñeca —apuntó Neuval—. Brey la heredó de ella. Las manchas de nacimiento en la piel son de herencia genética directa entre padres e hijos. Igual que los lunares o las pecas —miró al techo, pensativo, y sonrió como un bobo—. Como las tres pequitas que tiene Cleven en la parte de arriba de su nalga derecha. Son exactamente las mismas que tengo yo en el mismo lugar. Hahah… es adorable.

De repente se dio cuenta de que Denzel y Brey lo estaban mirando muy fijamente, con caras muy serias.

—No es buen momento para hablar del trasero de Cleven o del mío, entendido —rezongó Neuval.

—Bueno, ¿y entonces por qué demonios tenía la misma mancha esa intrusa de anoche…? —dijo Denzel, pero se calló y miró a Brey.

—Cuidado con lo que vas a decir —le advirtió el rubio.

—Raijin… Te lo tengo que preguntar —le hizo un gesto apaciguador—. Yo todavía no la he visto en persona. ¿Tiene tu hija el cabello negro y ondulado, ojos claros y esta mancha de nacimiento en su muñeca izquierda igual que la tuya?

Brey se rehusó a contestar. No estaba nada contento con lo que este asunto estaba insinuando, ¡era un disparate!

—Contéstame, iris, sé racional —le insistió Denzel, poniéndose severo—. He sido atacado en mi casa. Y casi me roban algo de lo que depende mi cordura.

—¡No puedes estar creyendo en serio que una humana de 5 años es quien te atacó! —se alteró Brey—. ¡Que esa descripción coincida con Clover no quiere decir que sea ella!

—Sí, tiene que haber otra explicación a lo que viste —afirmó Neuval, mirando a Denzel.

—Clover y Daisuke tienen la misma mancha de nacimiento que yo —añadió Brey, nervioso—. Y Clover, ¿para qué querría tu anillo? Y dudo que se dedique a saltar por las ventanas después de entrar en casas ajenas por la noche. ¡Es una niña humana de 5 años!

—Vale, vale... —suspiró Denzel—. Está claro que es algo muy raro. Investigaré sobre ello en otro momento, no sé, tal vez sí que me lo haya imaginado.

—¡Sí, ahora sí sacas la hipótesis de haber sido un sueño! —se alteró Brey otra vez—. ¡No me des esos sustos, joder! ¡Aclárate cuando hablas!

—¿¡Pero a ti qué te pasa!? —se hartó Denzel—. ¿¡Desde cuándo eres tan sensible, irascible y emocional!?

—¡Desde que Clover y Daisuke existen!

—Toda tu vida teniendo tu inhumana cabeza fría hasta delante de terribles crisis terroristas, ¿¡y ahora te calientas y sacas los colmillos y las garras por tus dos hijos!?

—¡Que no te quepa la menor duda! —aseveró el rubio.

—¿Se puede saber por qué siempre os ha costado tanto congeniar a vosotros dos? —dijo Neuval, cansado.

—Porque este crío ha nacido directamente como iris y su pura energía Yang choca naturalmente con la mía —dijo Denzel—. Igual que les pasa a todos los Zou, que necesitan unos cinco años desde que nacen para acostumbrarse a mi presencia y a la de Agatha.

—¡Para nada! —refutó Brey—. Porque yo con Agatha me llevo de fábula. Contigo es más difícil porque tienes la fea manía de tratar a todos como si fuéramos unos pobres bebés.

—¡Yo no hago eso!

—Pues entonces deja de interrogarme sobre mi hija sólo porque has tenido una extraña fantasía mientras dormías. ¡A ver si tantos años encima te están volviendo senil!

—¡Seré el hombre más viejo del mundo, pero sé cuándo algo es real y cuándo no! —replicó Denzel—. ¡Además, para un taimu como yo, tener 393 años de edad es estar en plena juventud!

—¿Desde cuándo un demonio es totalmente de fiar? ¡Tú mismo reconoces lo peligroso que eres por tu energía Yin atada con hilos a los dioses! ¿¡Quién sabe si estás viendo alucinaciones porque se te ha roto algún cable!?

—¡Tu pura energía Yang tampoco es que me huela a rosas a mí, mocoso! ¡Y bien que utilizas a mi tatarabuela para que críe a tus hijos, con toda la confianza del mundo!

—¡Agatha es una persona más energéticamente estable y fiable que tú, y no me los está criando ella, sólo me ayuda!

—¡Agatha es un ser totalmente artificial y yo soy hijo natural de humanos, ¿cómo voy a ser yo menos confiable que ella?!

—¡Precisamente, por tu emocional parte humana! ¡No es ningún secreto que tienes un pasado lleno de desvíos éticos y gustos raros!

—¡Al menos yo no he preñado a una chica con 15 años, degenerado!

—¡Pervertido, que sueñas con las hijas de los demás!

—¡Ahhhh! —Denzel pegó un gran respingo—. ¡Lo que me ha dicho el muy mocoso!

—Caaalma —intervino Neuval, poniendo paz entre los dos—. Esto es un malentendido. Raijin, tranquilo, obviamente tu hija no era esa niña en realidad. Y Denzel, tranquilo, te ayudaré a investigar sobre ello.

—Gracias —gruñeron a la vez y refunfuñaron por lo bajo.

Cinco minutos después ya estaban todos en el aula, que era lo suficientemente grande para todos, y Denzel explicando cómo iba a ir el curso, las excursiones, el plan de estudio, los festivales, en fin, lo que estaba obligado a explicar. Además, y no es que le gustase mucho, la valoración tanto mala como buena de algunos alumnos para advertir a los padres, sacada de las semanas que ya llevan de curso.

Había algunos padres que miraban de vez en cuando, curiosos, a Eliam sentado con su hermano Drasik, preguntándose si eso era lo que parecía, que no tenían padres. Y también miraban a Cleven, sentada entre su padre y su tío, los cuales se lanzaban algún que otro rayo por la mirada como dos críos y Cleven se limitaba a ignorarlos por el bien de su salud.

—Y… bueno —prosiguió Denzel—. Ahora que hemos aclarado cómo va a ser el nuevo sistema de pago para las excursiones, tengo que abordar el tema que menos nos gusta. Hay que tener en cuenta a algunos alumnos que no han arrancado muy bien, como me obligan a advertir. Takuya Hosoda y Alison Kuroki, por ejemplo —señaló a un chico y a una chica, los cuales se movieron en su silla con incomodidad—, no han traído ni un día los deberes hechos.

Los padres de los respectivos les reprocharon por lo bajo por la noticia.

—Luego, Drasik Jones —continuó, mirando al de los pelos de loco; Eliam miró a otra parte, para él no era una novedad—, no se esmera nada, salvo en Química y Educación Física. Drasik, es importante que no flojees en las demás asignaturas si no quieres quedarte toda tu vida recuperando.

Drasik resopló con cansancio, indiferente. Le parecía irreal que aquel taimu, al que conocía desde los 3 años por la Asociación, de repente se hubiese convertido en su profesor.

—Cleventine Vernoux —dijo Denzel, siguiendo con la lista negra del director—. A veces no entregas los deberes, tampoco te esmeras en ninguna asignatura, y ya tienes dos faltas…

Cleven emitió una risilla avergonzada. Neuval carraspeó con reproche y Cleven borró la sonrisa enseguida, mientras Brey se mantenía impasible de brazos cruzados.

—Kyosuke Lao —continuó el tutor, y ahí su madre Suzu pegó un brinco de la sorpresa—. Te han mandado varias veces al despacho del director por... bueno, por esas peleas que tuviste a principio de curso. En fin, trata de controlarte y esas cosas.

Kyo suspiró, ajeno a la mirada de sorpresa de su madre y también de las de Drasik, Brey y los otros, ya que esa declaración no se la esperaban del propio Kyo, y se preguntaron qué había hecho, y por qué. «Ah, me acuerdo de cuando lo vi hablando con el director antes de encontrármelo en el metro» recordó Cleven. «¿Que se pelea? Si tiene pinta de no hacer daño ni a una mosca. ¿Y con quién se ha peleado?».

Denzel continuó con la lista negra con otros alumnos más de la clase. Kamui sonreía orgulloso de Nakuru, una de las que se salvaron, e igual con Raven.

La reunión fue dando a su fin, después de una hora. Neuval había acabado con una expresión alicaída en la cara, pues Denzel había comentado algunos ejemplos de comportamiento inadecuado en clase, sin mencionar nombre, pero mirando a Cleven, por lo que Neuval se había puesto a lamentarse por centésima vez sobre la incapacidad de esta de mejorar en su conducta. Además, Brey se había pasado la mayor parte del tiempo enseñándole a escondidas a hacer pajaritas de papel para pasar el tiempo.

Neuval la escuchaba soltar palabras malsonantes en voz baja cada vez que le salía mal una pajarita, en vez de escuchar lo que decía el tutor como todos sus demás compañeros. Estaba claro, Yenkis y Lex habían salido a su madre Katya, responsables, aplicados y sensatos. Pero en la actitud distraída, rebelde y un poco majara de Cleven, Neuval veía un claro reflejo de sí mismo a su edad, lo que no le tranquilizaba en absoluto. Por eso, miró a Brey con resquemor.

—Estoy empezando a temer haberme equivocado con mi decisión —declaró Neuval una vez todos caminaban por los pasillos hacia la salida del edificio.

—¿Qué dices? —se alarmó Cleven—. ¿Lo dices porque no voy muy bien con los estudios? Papá, sabes que siempre acabo aprobando.

—Porque yo estaba encima de ti todo el tiempo como si tuvieses 5 años —gruñó—. Pero ahora...

—No te vas a echar atrás ahora, ¿verdad? —se preocupó—. ¡No me hagas esto! ¡No han pasado ni dos días! ¡Te prometí antes de ayer que me esforzaría, así que espérate a la próxima reunión de finales de febrero y verás si he mejorado!

—Hey, hey —intervino Brey, que los había escuchado—. Neuval, no creas que me voy a quedar de brazos cruzados con Cleven.

—¿La pondrás a hacer papiroflexia en casa también? —replicó con sarcasmo.

—Tu hija se estaba quedando dormida a los 17 minutos de reunión. Realizar una actividad manual mantiene el desentrenado cerebro humano despierto y centrado.

—Ah… —Cleven oyó eso y miró todas las pajaritas de papel que tenía guardadas en el bolsillo de su jersey.

—No sé si sabrás ser lo suficientemente estricto con ella —siguió desconfiando Neuval.

—¿Pretendes compararte conmigo justo en ese aspecto? ¿Estás seguro de querer hacerlo? —le espetó Brey.

—Puede que seas igual que tu padre, pero él daba más miedo cuando se ponía estricto —contestó Neuval.

—Eeeh, basta ya, por favor —se cansó Cleven—. Papá, deja ya de ser así, ya es hora de que me dejes ir más a mi aire y confiar en mí un poco más.

—Es que me siento tan solo... —sollozó.

—Todavía tienes a Yenkis para regañarlo todo lo que quieras —le recordó.

—Para eso me tiene que dar motivos, y sólo me los da una vez al mes, no todos los días como tú.

—Eso me ha ofendido —refunfuñó Cleven.

—Y se vaaan… poco a poco se vaaan… uno a uno de mi lado se vaaan… —cantó Neuval melancólicamente, sin hacerle caso a nadie, marchándose por el pasillo—. Cómo pasa el tiempo… cuando los ves marchar…

—Tranquila —le dijo Brey a su sobrina al verla asustada—. Tu padre es así en realidad, a veces está un poco loco.

—Últimamente me da la sensación de que no lo conozco como yo creía. De repente lo veo cambiado. ¿Qué le ha pasado?

—Ha vuelto a ser él mismo, a recuperar una vida.

—¿Eh?

—No importa.

—Kyo, cielo —Suzu detuvo a su hijo un momento para hablarle a solas—. ¿Qué es eso de que te peleas con otros chicos? Por favor, dime que se trata de tu trabajo de iris y que te enfrentaste a unos chicos de manera defensiva para proteger a algún inocente.

—De hecho, mamá, se trata justo de eso —le explicó Kyo—. Fue en dos ocasiones. Unos chicos de último curso estaban metiéndose con una simple niña, en un callejón aquí cerca del instituto. Me enfrenté a ellos con intención de separarlos y alejarlos, no de hacerles daño, claro. Pero los profesores que lo vieron creyeron que yo estaba agrediendo a los otros.

—Ay, por el amor de Dios, ¿a una pobre niña? Qué mundo este —protestó Suzu—. Menos mal que hay iris como tú salvándolo cada día, en ese caso estoy orgullosa de ti —lo abrazó con fuerza—. ¿No le has aclarado eso a Denzel?

—No se lo he dicho a nadie, sólo es mi deber como iris, nada que no hagan todos mis compañeros casi cada día. Además, no fue aquí, sino en la calle, aquella niña no llevaba el uniforme de este centro y tenía una pinta muy extraña. Seguramente por eso aquellos chicos la tomaron con ella. Pero ella huyó en ambas ocasiones, incluso se comportó arisca conmigo cuando traté de ayudarla a levantarse.

—Vaya, una niña desagradecida —rezongó Suzu—. Pero bueno, lo que importa es que la salvaste.





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