Seguidores

2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __









22.
Las artimañas de Izan

Kaoru y Taiya no terminaron yendo muy lejos. Aterrizaron en una estrecha calle llena de pequeñas tiendas y bares tradicionales. Había algunos paseantes, amas de casa haciendo unas compras, algunos vendedores en las puertas de sus locales llamando a clientes, algunas personas trajeadas tomando un desayuno antes de ir a la oficina…

—¿Seguro que te ha citado aquí? —le preguntó Taiya a su compañero Sui.

—Sí, esta es la calle —protestó este.

—No lo veo por ninguna…

—Deberíais mejorar esa capacidad de percepción —oyeron una bonita voz masculina tras ellos, y ambos chicos se dieron la vuelta con sobresalto.

Encontraron, tan sólo a un par de metros de donde estaban, a un hombre joven, de ojos verdes, rastas rubias y bien vestido con camisa, pantalón y una chaqueta casual, sentado en una pequeña mesita en el umbral exterior de una modesta cafetería. Ni siquiera levantó la vista, estaba ensimismado viendo algo en su teléfono móvil. Hasta que por fin lo apartó a un lado y los miró.

—Aunque los Yami somos los más difíciles de detectar —añadió.

Lo que desconcertó a los dos chicos fue que, frente a él, en la mesita, se sentaba un policía algo más mayor, con su uniforme, y un platito con una galleta grande que tenía virutas de chocolate y de cacahuete todavía sin tocar. Izan tenía una taza de café humeante. Al principio no se lo podían creer, no entendían qué estaba pasando, qué demonios hacía Izan tomándose un café con un policía. Hasta que se dieron cuenta de que había algo raro en este. Aquel agente no se movía, ni hacía nada ni hablaba, solamente parpadeaba, mirando al frente, al infinito.

—No os preocupéis por él —les dijo Izan, tomando un sorbo de su taza de café, y se puso otra vez a mirar cosas en su móvil—. ¿Novedades?

—Ehm… —se aventuró a empezar Taiya, pues era evidente que ambos chicos no podían evitar estar en tensión cada vez que estaban ante él—. Yo sigo sin poder acercarme más a la niña. No hay manera. En las horas escolares, Jannik está constantemente con ella, y cuando no está con ella, la está vigilando igualmente desde la distancia a todas horas, y no veo la forma, ni el momento ni el lugar de volver a intentar una aproximación suficiente para comprobar si la niña todavía tiene ese talismán o no…

Kaoru le dio un codazo a su compañero, para que dejara de hablar tanto.

—Sí… ese pequeño Yami es un auténtico dolor de huevos… —suspiró Izan, resignado, y apoyó la cabeza en una mano, todavía distraído con su móvil—. Pero sorprendentemente listo e intuitivo para su edad. Hm… Se nota que tiene esos genes de Knive. Será un espléndido fichaje para nuestro bando algún día. Mirad cómo todavía os tiembla el pulso cuando me tenéis delante —se mofó, mirándolos—. Os doy miedo. Y tenéis razones. Pues, imaginaos un arki que, además de Yami como yo, es un Knive. Sería yo el que temblaría ante él. Hahah…

—Por lo visto, el resto de nuestros compañeros también están sufriendo constante vigilancia por parte de otros miembros de la SRS —le dijo Kaoru.

—Muy propio de Pipi —sonrió Izan—. Ese sí que tiene el instinto más afilado de todos. No por nada acabó siendo el sucesor de mi padre… Pero eso no es problema. El único inconveniente que me quiero quitar de encima cuanto antes, es separar a Clover de ese maldito talismán de protección que Jannik le dio hace una semana. Espero que mi instinto también esté lo suficientemente afilado, y me salga bien la jugada.

—¿Jannik se lo dio porque sabía que Clover podía correr peligro? —quiso saber Taiya.

—Se lo dio como una medida de prevención. Después de descubrirte hablando con ella aquel lunes en el recreo, se mosqueó, sólo eso. Para Jannik es un “por si acaso”, pero no tiene ni idea de cuál es el peligro exacto que puede correr Clover. Aun así, ese cazasueños es un muro para mí.

—¿Qué es lo que has planeado para hacer que ella se desprenda de él? —preguntó Taiya—. ¿He de hacer algo yo?

—No, tú ya me proporcionaste la valiosa información que quería confirmar, sobre qué poderes tiene Clover y en qué grado los controla. Su comunicación con fantasmas y espíritus ya es impecable, su lectura de objetos simples también. Acertó con lo de la dueña de aquel anillo perdido, siendo de una mujer cualquiera que ella ni conocía. Pero sus predicciones, al parecer son espontáneas, le vienen cuando le vienen… Hm… —Por un momento parecía que Izan se había puesto más bien a hablar consigo mismo, poniéndose reflexivo—. Sería buena idea entrenarla para que aprenda a hacer predicciones intencionadas… con las debidas instrucciones… Así su poder estaría más completo y fuerte, para cuando mi Señor quiera hacerse con él…

Kaoru y Taiya cruzaron una mirada extrañada. Izan parecía más distraído de lo normal. Se le había olvidado responder a la pregunta.

—Ahm… Yamijin-sama… —balbució Taiya, precavido, viéndolo tan ensimismado y atento a otras cosas del entorno que temía interrumpirle en algún pensamiento importante.

—¡Oh! Sí… —brincó el rubio de repente—. Cuando aquel lunes me informaste de que Jannik te había descubierto hablando con Clover en el recreo y que sospechaba algo raro de ti, y que por eso terminó dándole el cazasueños a ella… supe que la única forma de que Clover se despojara de su regalito, es que el propio Jannik se lo pidiera de vuelta. Y la única forma de que Jannik se viera irremediablemente forzado a quitarle ese talismán a Clover, es que alguien, con una autoridad superior indudable, se lo ordenara y él tuviera que obedecer sin remedio.

—Nuestra Líder una vez nos contó —dijo Kaoru, arrugando el ceño— que ningún iris tiene autoridad para decirle a un Knive lo que puede hacer o no con sus talismanes. Entonces su Líder Pipi no puede ser.

—Pero si ahora ese Knive se ha convertido en iris, ¿no cambiaría la cosa? —dijo Taiya.

—Por mucho que Jannik sea un iris bajo su mando, Pipi no le puede decir nada respecto a sus talismanes —les explicó Izan—. Pero hay otras autoridades que sí. Alvion, Denzel, su padre el monje Knive, los dioses…

—Con los dioses no puedes contar, y monk Knive vive en el Monte, al igual que Alvion, lugar al que tú no puedes acceder —caviló Kaoru—. Además, Alvion no tendría razones para ordenarle a Jannik que le pida de vuelta a una niña humana un inofensivo amuleto de buena energía que además la protege.

—Y por eso, sólo nos queda el segundo al mando de la Asociación —asintió Izan—. Alguien con una autoridad muy cercana a la de Alvion, y, además, con una muy antigua animadversión hacia los Knive. Jannik y su padre son buena gente. Pero Denzel aún arrastra algunos traumas con sus antepasados.

—¿Y qué vas a hacer para que Denzel acabe en el escenario deseado en el que le ordena a Jannik recuperar ese talismán? —preguntó Taiya—. Primero, tendrá que saber que se lo dio a Clover. Seguramente todavía lo ignora.

—Cuando no puedes comunicarte directamente con las fichas que quieres mover —explicó Izan, dando otro sorbo a su café—, ni puedes manipularlas en persona porque dicha ficha no puede saber siquiera que existes… manipulas otras fichas a su alrededor y factores de su entorno sobre los que sí tienes poder, para que al final causen un efecto en él, una reacción, y así, él mismo se conduzca hacia el escenario que quiero que ocurra. Simplemente, planté la semilla la misma noche de aquel lunes. El primer paso, era hacer que Denzel tuviera un motivo para empezar a fijarse en Jannik, a centrar su atención en él, y a despertar su vieja animadversión hacia los Knive, para que crezca en él una prejuiciosa sospecha sobre Jannik, que al mismo tiempo lo aleja de sospechar de cualquier otra cosa, como de mí, o incluso de vosotros.

Kaoru y Taiya estaban muy callados escuchándolo.

—Envié a nuestra querida nueva amiga a su casa —prosiguió el rubio—, aparentando el aspecto de Clover, y fingiendo el intento de robarle el anillo dorado de su dedo. Esto lo desconcertaría plenamente. No encontraría lógica alguna a lo que vio. Pensaría en varias posibilidades poco probables. Un iris loco o enfermo disfrazado… una ninja… un espíritu… una Técnica de cambio de aspecto que todavía no ha terminado de diseñar… Para él, sólo podía quedar una explicación: un truco visual. Una habilidad propia y bien conocida de los Knive, por la cual pueden hacerle a una persona ver una alucinación o espejismo de unos escasos segundos. ¿Y encima tenía el aspecto de Clover Saehara? “¿Por qué, por qué, qué tiene que ver, qué relación hay, qué pinta ella en un truco visual?” se habrá preguntado sin parar.

Hizo una pausa. Cerró los ojos un momento y se llevó una mano a la frente, como si acabara de sufrir un mareo, un breve lapsus que volvió a extrañar a Kaoru y a Taiya. Pero Izan volvió a reponerse.

—No me cabe duda de que hace días Denzel ya se figuró por sí mismo la relación entre Clover Saehara y el truco visual de aquel ataque. Ya que me dijiste que Jannik estaba tan constantemente apegado a Clover, usé eso. Denzel habrá visto por sí mismo lo cercano que Jannik se ha vuelto con Clover, habrá determinado que no puede tratarse de una casualidad, y él mismo hará sus conjeturas al respecto y se dejará llevar por sus viejos prejuicios.

Tras concluir su explicación, Izan pareció volver a desconectarse de la conversación. Estaba haciendo algún tipo de esfuerzo, porque tenía una vena hinchada en la frente y estaba sudando. Se quedó muy callado mirando muy fijamente al policía que se sentaba con él en la mesa.

—¡¡Cómete la maldita galleta de una vez!! —gritó, de forma tan imprevista y fuerte que Taiya y Kaoru se quedaron petrificados y temieron por su vida por unos segundos.

Miraron perplejos al policía, que seguía sin reaccionar a nada, y luego a la gente de alrededor, que seguía alegremente con su actividad en las tiendas. Kaoru se percató de algo raro. Juraría que los peatones que había visto en esta calle al llegar hace quince minutos eran los mismos que había ahora, y que estaban recorriendo la calle por tercera vez, como si hubieran entrado en bucle. Además, la ama de casa que vio hace quince minutos comprándole una barra de pan a la panadera de más allá, estaba comprándole la barra de pan otra vez, repitiendo los mismos gestos y palabras de antes con la panadera.

Cuando volvieron la vista hacia Izan, este estaba pellizcándose el entrecejo con aire cansado.

—¿Qué… está pasando aquí? —murmuró Taiya.

—Oh… estoy entrenando mi nuevo poder prestado —les sonrió Izan dulcemente—. Disculpad que haya estado algo ido en nuestra conversación. Es jodidamente difícil tener la mente separada en tantas otras mentes durante tanto tiempo.

—¿Qué? —preguntó Kaoru, confuso.

—Pero ya puedo comprobar que, en definitiva, este increíble poder tiene una interesante prohibición —dijo mirando nuevamente al policía—. Por más que se lo ordene, por más que le presione, no puedo hacer que aquí, este… agente Oka… —leyó el nombre en la pequeña placa que tenía el oficial en su pecho—… se coma esta galleta con trozos de cacahuete. El pobre es mortalmente alérgico a los cacahuetes. Si se come un bocado de esta galleta, morirá. Curioso… Puedo hacer que se levante y ataque violentamente a alguien, o que saque su pistola y dispare y mate a alguien… pero no puedo controlar su mente para que se mate a sí mismo. Su mente está protegida de esta orden mental. Pero el resto de la gente no está protegida de él si yo le ordeno que la mate. Curioso, curioso… mi Señor quería que descubriera esto yo solo…

—¿Estás… controlando su mente? —preguntó Kaoru, con voz temblorosa—. Pero… Ese es un poder que tanto los dioses como los Zou ya dijeron que no podía existir ni ser desarrollado por nadie, ni siquiera por Denzel.

—Existen tres tipos de control mental —les contó Izan tranquilamente, cogiendo la galleta del policía y dándole un bocado—. Mm, qué rica… La posesión motriz, la posesión cognitiva, y la posesión completa. La primera es controlar el cuerpo de alguien, sus movimientos físicos. Pero tiene sus desventajas. Primero, porque la persona todavía es consciente y es un fastidio si se pone a entrar en pánico y a gritar; y segundo, porque sólo puedes ordenar una coreografía: si controlas a una persona, hará el movimiento que le ordenes, pero si controlas a varias a la vez, todas harán el mismo movimiento sincronizado, así que no puedes controlar a varias personas para hacer distintos movimientos.

»La segunda es controlar la consciencia, su capacidad de decisión y raciocinio. Y la tercera, es la combinación de las dos anteriores, el control total sobre la mente y el cuerpo de una persona. Es literalmente meter tu mente dentro de la cabeza de otra persona y tener acceso tanto a su cuerpo como a sus recuerdos y conocimientos. Cuando los dioses dicen que no existe el poder del control mental ni puede existir, se refieren a este, el control mental total. Por eso, este tercer tipo es el único que es teórico.

—Pe… ¿Entonces sí son posibles los otros dos tipos de control? —dijo Taiya—. ¿Y los dioses lo saben? ¿Por qué no se lo han dicho nunca a los Zou?

—Si supieras cuántas cosas no les han dicho los dioses a los Zou… —casi rio el rubio, terminándose su galleta—. Los dioses no quieren decirles a los Zou que el control mental es un poder que existe, porque entonces tendrán que decirles “quiénes” poseen este poder.

Los dos chicos entendieron eso enseguida.

—Así que, tengo que practicar bien el segundo tipo —murmuró Izan, observando atentamente a la gente que ocupaba esa pequeña calle.

Kaoru y Taiya se giraron de nuevo, para encontrar un escenario todavía más escalofriante que el anterior. Vieron atónitos cómo toda la gente de la calle, los paseantes, los vendedores y los clientes, se habían puesto por parejas y estaban jugando una y otra vez a piedra, papel o tijeras.

—¿Qué les estás…?

—Es sencillo —dijo el Yami—. Podría controlar a una persona para que juegue a piedra, papel o tijeras, controlando el movimiento de sus brazos y manos y sacado el tipo de objeto que yo quiera cada vez. Pero no podría soportar sus lloriqueos de pánico mientras tanto, preguntándose por que sus manos se están moviendo solas. Así que es mejor controlar a una persona, dándole la orden “juega a piedra, papel o tijeras”, y esa persona cumplirá la orden, procediendo por sí misma, decidiendo por sí misma qué pasos dar para cumplirla.

—Cuando dices que estás practicando, ¿es que vas a usar este poder para algo en los planes? —preguntó Kaoru—. ¿Por qué entonces no lo usas sobre los iris de las otras RS que nos estorban, o sobre Denzel?

—Porque sólo funciona en humanos. Y en un rango limitado de distancia. Los iris, incluso los que están bastante “enfermos” como vosotros, seguís conectados mentalmente a Alvion. Mientras un Zou esté conectado a vuestra mente, ningún otro ser podrá entrar. Y en cuanto a Denzel, su mente igualmente está férreamente protegida por sus dueños, los Dioses del Yin. Sin embargo, es importante ir paso por paso. No puedo continuar con el plan hasta que Clover se quite de encima ese talismán. Y Beldara regrese con el botín.

—Más vale que ocurra antes de terminar la semana —dijo Kaoru—, porque, según he podido averiguar, el momento que Raijin tiene previsto para irse junto a Drasik a cumplir su parte de la misión antiterrorista, es el domingo muy temprano. Y se supone que es Agatha quien vendrá después a despertar a los niños y hacerles el desayuno. Porque, además, los niños no van a pasar este fin de semana con sus abuelos, por motivo de trabajo. Así que... este domingo que viene sería el momento idóneo.

—Vaya… —se sorprendió Izan, rascándose la barbilla, pensativo, y luego sonrió hacia el Sui—. Buen trabajo averiguando esa información, Sui-chan. Con lo cuidadoso que siempre ha sido Brey hablando en voz alta sobre las misiones… ¿estará perdiendo facultades? Parece que lo que dicen es cierto, la paternidad te erosiona, tengas la edad que tengas. Bien, Kaoru, creo que esto redime un poco tu reputación, después de habértelo hecho encima la noche que te cruzaste con Neuval por la calle.

Taiya miró a un lado para disimular rápidamente una risa, y Kaoru lo miró con enfado, y la cara roja.

—No os riais, cualquiera se mearía encima si tuviera un encuentro así con Fuujin, no tenéis ni idea de cómo fue, esa forma de mirarme, con esos ojos… Cuando me dijo que era Fuujin, obviamente temí por mi vida, teniendo en cuenta que tú ya nos habías contado qué tipo de ser es Fuujin en realidad —le dijo a Izan.

—Tranquilo, chaval, no te sulfures tanto —dijo este con aspavientos—. Y tú, Taiya. Tu relación con Yenkis. ¿Cómo va?

—Según lo esperado. Sigo estando en su grupo de música como bajista, hemos practicado algunas veces en el garaje de la casa de Evie, otras veces en el estudio que a veces le prestan al teclista… Pero como su clase lleva desde el viernes pasado en un viaje de granja escuela, llevo cinco días sin contactar con él.

—¿Cuándo regresa de ese viaje escolar?

—Hoy. A mediodía los trae el bus al colegio.

—Mm. Dime, teniendo también una relación cercana con Evie en ese grupo de música, ¿crees que puede existir alguna mínima sospecha en Evie hacia su madre? ¿Te ha comentado, así entre amigos, que últimamente le parece raro el comportamiento de su madre, se hace preguntas sobre lo que hace fuera de casa…?

—Nada. Evie no sospecha ni una pizca de su madre, ni de mí. No es raro, teniendo en cuenta que nuestra Líder es la iris más infalible guardando apariencias.

—Sí, pero esa habilidad infalible de Viernes no ha sido suficiente ante el instinto de Pipi, que ya viene oliéndose algo raro con vuestra ARS desde hace tiempo. —Izan hizo una pausa para sacar algo del bolsillo de su pantalón, un pequeño USB, y se lo dio a Taiya—. Toma. Lo que le prometiste a Yenkis que le darías. Dáselo hoy.

—Entendido —el chico lo cogió y lo guardó en su mochila—. ¿Puedo preguntar… en qué nos beneficia que Yenkis tenga este programa y destape los archivos secretos de su padre?

—Necesitamos estresar a Fuujin poco a poco. Cuantas más molestias provoquemos a su alrededor, más agotaremos su famosa fuerza mental. En fin. Marchaos ya a clase, seguid aparentando normalidad y…

Se vio interrumpido cuando llegó hasta ellos una mujer joven de una forma muy apresurada, que ni siquiera prestó atención a esa calle llena de gente jugando a piedra, papel o tijeras sin parar.

—Yamijin-sama —se paró delante de Izan, ignorando a sus dos jóvenes compañeros.

—Fuujin-san —saludó este.

—Tenemos un problema —le informó, directa, y el rubio frunció el ceño—. Te lo ha tenido que contar Beldara.

—Beldara no ha regresado aún desde ayer.

—Sí, Yamijin-sama. Regresó ayer al atardecer. Pero no sola.

—¿Qué? —Izan se levantó de su silla, no le estaba gustando nada lo que estaba oyendo.

Tanto Kaoru y Taiya como su compañera Fuu se pusieron algo tensos. Izan era bastante alto, al menos, más que ellos. Y su aura era aterradora, incluso cuando se mostraba dócil y risueño.

—Yamijin-sama —intentó recomponerse la Fuu, tragando saliva—. Tenemos noticia de que hay al menos tres o cuatro hijos de Denzel aquí en esta ciudad, en este tiempo. Podrían ser más. En todo caso, han aparecido por separado, algunos andan perdidos, pero son bastante escurridizos y desconfiados. No nos ha sido fácil seguirles la pista.

El silencio de Izan ensombreció todo el ambiente alrededor de ellos. El sol, aunque temprano, ya estaba en el cielo despejado, y aun así la calle quedó como si estuviera bajo un eclipse. Incluso para Kaoru, siendo un Sui, el frío que emanó de Izan le caló hasta los huesos. Los humanos normales, bajo su control mental, se quedaron quietos, de pie, aletargados.

—Marchaos —les ordenó a los tres iris de la ARS.

Estos asintieron obedientemente y se largaron de ahí en un instante. Después lo hizo Izan. Se transformó en un remolino de sombras negras y ascendió hasta la azotea de uno de los edificios de esa misma calle. Miró un momento abajo, y liberó a toda esa gente de su yugo mental. Aquellos humanos recobraron la consciencia, y al principio se mostraron confundidos, pero luego recordaron qué habían venido a hacer y siguieron con su rutina. Izan permaneció en aquella azotea para evitar estar a la vista en las calles.

—Manifiéstate —dijo en voz alta.

De pronto, apareció de la nada, detrás de él, una niña que no aparentaba más de 12 años. Aquella llamada pareció haberla pillado por sorpresa, pues nada más aparecer, tropezó y cayó sobre el suelo de cemento, como si hace un segundo estuviera caminando por otro lugar y había sido traída aquí en un parpadeo.

Tenía un aspecto extraño. Vestía con leggins negros y zapatillas de correr muy ligeras. Por encima, la cubría un chubasquero verde oscuro de unas tres tallas más grande de lo que debería, pero lo que llamaba la atención, era que tenía media cabeza cubierta por un gorro de una fina tela negra de licra, como la de sus leggins, ceñido y tapándole la mitad de la cara, hasta la mitad de su nariz. Por tanto, tapando por completo sus ojos. Por debajo del gorro, le caían largos mechones de cabello negro y liso. Excepto uno, que era de color blanco.

Cuando volvió a ponerse en pie, se mostró notablemente nerviosa. Izan se giró hacia ella.

—¿Qué has hecho? —siseó.

—No salió… como estaba planeado —contestó ella. Claramente, sabía que tarde o temprano Izan iba a invocarla a pedirle explicaciones.

—Te fuiste ayer al mediodía… y por lo visto regresaste por la tarde sin decirme nada —fue caminando hacia ella—. ¿Cuándo pensabas hablarme de tu cagada?

—Pensaba solucionarla antes.

—¿Cuántas personas has traído contigo?

—¡Escucha! —exclamó ella, respirando nerviosa, cuando lo notó parado frente a ella a escasos centímetros—. ¡Fue una locura, no contaba con que en ese momento todos sus hijos estarían ahí también! ¡Se supone que en esa época sólo vivía con la mitad de ellos! ¡En cuanto supieron que estaba atacando a su padre, vinieron todos de inmediato a por mí para protegerlo, todos a la vez! Eran demasiados para mí… Me sobresalté… y… al huir, alcanzaron a tener contacto físico conmigo, todos en cadena. Me teletransporté aquí de vuelta con todos ellos por accidente. Y cada uno se apareció en un lugar diferente del espacio al azar.

Izan acercó lentamente la mano hacia su cuello, y con la misma delicadeza, se lo agarró y lo fue apretando cada vez más. La muchacha comenzó a tener dificultad para respirar, pero no se movió ni alzó las manos siquiera.

—Te mando a robar un simple anillo de un Denzel pasado, que en ese momento es tan débil e inofensivo como cualquier humano ciego porque tiene su don anulado por su cumpleaños… y en lugar de eso me traes ocho taimuki aquí, a una época a la que no pertenecen. ¿Me acabas de poner encima un maldito “nudo latente”, Beldara?

—Tú decidiste la fecha a la que tenía que ir… me has enviado a un momento en el que Denzel estaba de todo menos desprotegido, con todos sus taimuki ahí con él en su casa…

Izan apretó su cuello más fuerte. Su furia era muy silenciosa, pero palpable. Sin embargo, al poco rato terminó soltándola. Igual que un iris, un arki no debía dejarse llevar por sus emociones. Era un ser racional, solo que con una moral y unos principios contrarios a los de los iris.

—Piensa… —se dijo a sí mismo, mirando hacia otra parte. Estuvo cavilando un par de minutos, y volvió a mirar a la niña—. A lo mejor puedo sacar provecho de esto. Pero esta cagada me va a costar otras tres semanas de retraso.

Beldara se mantuvo callada, cabizbaja.

—Tengo que volver a enviarte allí a intentarlo otra vez. Si esos taimuki están aquí, significa que han desaparecido de aquel momento pasado. Sus hijos ya no están con ese Denzel de 194 años recién cumplidos para protegerlo, así que volverás a ese mismo momento pasado, a quitarle a aquel Denzel el dichoso anillo, esta vez sin nadie que te lo impida. Un "nudo latente" crea una nueva línea temporal jamás existida antes, donde no hay nada escrito ni destinado a pasar, donde este presente nuestro y ese pasado a donde fuiste comparten las consecuencias al mismo tiempo. Y es la única ventaja que puedo aprovechar.

—Pero si los hijos encuentran ahora al Denzel actual aquí, este los volverá a lleva a su tiempo, al mismo instante de su desaparición. Como si nunca hubiera pasado. El "nudo latente" se cerrará dejando todo como estaba antes.

—Para eso, tiene que llevarlos a todos a la vez, y para eso, primero tiene que encontrarlos y reunirlos a todos junto a él —dejó salir un suspiro y se quedó de espaldas a ella, mirando la ciudad—. La ARS ahora va a tener el doble de trabajo impidiendo esto durante tres semanas, hasta que pueda volver a enviarte a ese tiempo pasado. Y todo porque las reglas del Pacto son así de puñeteras.

—Yo no inventé las normas del Pacto. ¿Por qué necesitas ese dichoso anillo, de todas formas? ¿Y por qué concretamente el que tiene aquel Denzel de 194 años y no otro? Si necesitas ese anillo, ¿por qué me dijiste que fingiera intentar robárselo al Denzel del lunes de la semana pasada mientras dormía, en lugar de robárselo de verdad? El anillo que lleva ahora y el que llevó hace 200 años, ¿acaso no es el mismo?

—Oh… ¿Ahora me haces estas preguntas? Creo que recordar que cuando hicimos el Pacto y empecé a explicarte lo que yo quería, me dijiste algo como “no me cuentes tu vida, sólo dime qué quieres que haga”.

—Entonces no tenía ni idea de que lo que querías estaba tan relacionado con Denzel y con cosas, poderes y objetos que nunca antes había oído. Nunca nadie me había querido usar para favores de esta índole. ¿Cuál es tu objetivo final?

Izan se dio la vuelta y se quedó un rato observando a la niña, muy callado, como analizándola.

—¿Por qué has fracasado en realidad, Beldara? —volvió a acercarse a ella, con aire tranquilo, y también amenazante—. Décadas de experiencia en misiones el triple de complicadas… y por primera vez en tu vida bajas la guardia en una simple tarea. Dime, ¿te volviste emocional por Denzel? ¿O porque uno de “los ocho” que vino a contraatacarte es un poquito especial para ti?

—No guardo ni un solo sentimiento hacia algo que jamás que tenido ni conocido.

—Se supone que tienes prohibido mentirle a tu amo.

—Amo temporal —replicó ella.

—Tú, pequeña demonio —se impuso Izan, palpándole la cabeza—, procura cumplir mejor con tu parte del trato. O no podré yo darte la mía. Lo que tanto ansías… que yo haga desaparecer —susurró con voz vacía y oscura.









22.
Las artimañas de Izan

Kaoru y Taiya no terminaron yendo muy lejos. Aterrizaron en una estrecha calle llena de pequeñas tiendas y bares tradicionales. Había algunos paseantes, amas de casa haciendo unas compras, algunos vendedores en las puertas de sus locales llamando a clientes, algunas personas trajeadas tomando un desayuno antes de ir a la oficina…

—¿Seguro que te ha citado aquí? —le preguntó Taiya a su compañero Sui.

—Sí, esta es la calle —protestó este.

—No lo veo por ninguna…

—Deberíais mejorar esa capacidad de percepción —oyeron una bonita voz masculina tras ellos, y ambos chicos se dieron la vuelta con sobresalto.

Encontraron, tan sólo a un par de metros de donde estaban, a un hombre joven, de ojos verdes, rastas rubias y bien vestido con camisa, pantalón y una chaqueta casual, sentado en una pequeña mesita en el umbral exterior de una modesta cafetería. Ni siquiera levantó la vista, estaba ensimismado viendo algo en su teléfono móvil. Hasta que por fin lo apartó a un lado y los miró.

—Aunque los Yami somos los más difíciles de detectar —añadió.

Lo que desconcertó a los dos chicos fue que, frente a él, en la mesita, se sentaba un policía algo más mayor, con su uniforme, y un platito con una galleta grande que tenía virutas de chocolate y de cacahuete todavía sin tocar. Izan tenía una taza de café humeante. Al principio no se lo podían creer, no entendían qué estaba pasando, qué demonios hacía Izan tomándose un café con un policía. Hasta que se dieron cuenta de que había algo raro en este. Aquel agente no se movía, ni hacía nada ni hablaba, solamente parpadeaba, mirando al frente, al infinito.

—No os preocupéis por él —les dijo Izan, tomando un sorbo de su taza de café, y se puso otra vez a mirar cosas en su móvil—. ¿Novedades?

—Ehm… —se aventuró a empezar Taiya, pues era evidente que ambos chicos no podían evitar estar en tensión cada vez que estaban ante él—. Yo sigo sin poder acercarme más a la niña. No hay manera. En las horas escolares, Jannik está constantemente con ella, y cuando no está con ella, la está vigilando igualmente desde la distancia a todas horas, y no veo la forma, ni el momento ni el lugar de volver a intentar una aproximación suficiente para comprobar si la niña todavía tiene ese talismán o no…

Kaoru le dio un codazo a su compañero, para que dejara de hablar tanto.

—Sí… ese pequeño Yami es un auténtico dolor de huevos… —suspiró Izan, resignado, y apoyó la cabeza en una mano, todavía distraído con su móvil—. Pero sorprendentemente listo e intuitivo para su edad. Hm… Se nota que tiene esos genes de Knive. Será un espléndido fichaje para nuestro bando algún día. Mirad cómo todavía os tiembla el pulso cuando me tenéis delante —se mofó, mirándolos—. Os doy miedo. Y tenéis razones. Pues, imaginaos un arki que, además de Yami como yo, es un Knive. Sería yo el que temblaría ante él. Hahah…

—Por lo visto, el resto de nuestros compañeros también están sufriendo constante vigilancia por parte de otros miembros de la SRS —le dijo Kaoru.

—Muy propio de Pipi —sonrió Izan—. Ese sí que tiene el instinto más afilado de todos. No por nada acabó siendo el sucesor de mi padre… Pero eso no es problema. El único inconveniente que me quiero quitar de encima cuanto antes, es separar a Clover de ese maldito talismán de protección que Jannik le dio hace una semana. Espero que mi instinto también esté lo suficientemente afilado, y me salga bien la jugada.

—¿Jannik se lo dio porque sabía que Clover podía correr peligro? —quiso saber Taiya.

—Se lo dio como una medida de prevención. Después de descubrirte hablando con ella aquel lunes en el recreo, se mosqueó, sólo eso. Para Jannik es un “por si acaso”, pero no tiene ni idea de cuál es el peligro exacto que puede correr Clover. Aun así, ese cazasueños es un muro para mí.

—¿Qué es lo que has planeado para hacer que ella se desprenda de él? —preguntó Taiya—. ¿He de hacer algo yo?

—No, tú ya me proporcionaste la valiosa información que quería confirmar, sobre qué poderes tiene Clover y en qué grado los controla. Su comunicación con fantasmas y espíritus ya es impecable, su lectura de objetos simples también. Acertó con lo de la dueña de aquel anillo perdido, siendo de una mujer cualquiera que ella ni conocía. Pero sus predicciones, al parecer son espontáneas, le vienen cuando le vienen… Hm… —Por un momento parecía que Izan se había puesto más bien a hablar consigo mismo, poniéndose reflexivo—. Sería buena idea entrenarla para que aprenda a hacer predicciones intencionadas… con las debidas instrucciones… Así su poder estaría más completo y fuerte, para cuando mi Señor quiera hacerse con él…

Kaoru y Taiya cruzaron una mirada extrañada. Izan parecía más distraído de lo normal. Se le había olvidado responder a la pregunta.

—Ahm… Yamijin-sama… —balbució Taiya, precavido, viéndolo tan ensimismado y atento a otras cosas del entorno que temía interrumpirle en algún pensamiento importante.

—¡Oh! Sí… —brincó el rubio de repente—. Cuando aquel lunes me informaste de que Jannik te había descubierto hablando con Clover en el recreo y que sospechaba algo raro de ti, y que por eso terminó dándole el cazasueños a ella… supe que la única forma de que Clover se despojara de su regalito, es que el propio Jannik se lo pidiera de vuelta. Y la única forma de que Jannik se viera irremediablemente forzado a quitarle ese talismán a Clover, es que alguien, con una autoridad superior indudable, se lo ordenara y él tuviera que obedecer sin remedio.

—Nuestra Líder una vez nos contó —dijo Kaoru, arrugando el ceño— que ningún iris tiene autoridad para decirle a un Knive lo que puede hacer o no con sus talismanes. Entonces su Líder Pipi no puede ser.

—Pero si ahora ese Knive se ha convertido en iris, ¿no cambiaría la cosa? —dijo Taiya.

—Por mucho que Jannik sea un iris bajo su mando, Pipi no le puede decir nada respecto a sus talismanes —les explicó Izan—. Pero hay otras autoridades que sí. Alvion, Denzel, su padre el monje Knive, los dioses…

—Con los dioses no puedes contar, y monk Knive vive en el Monte, al igual que Alvion, lugar al que tú no puedes acceder —caviló Kaoru—. Además, Alvion no tendría razones para ordenarle a Jannik que le pida de vuelta a una niña humana un inofensivo amuleto de buena energía que además la protege.

—Y por eso, sólo nos queda el segundo al mando de la Asociación —asintió Izan—. Alguien con una autoridad muy cercana a la de Alvion, y, además, con una muy antigua animadversión hacia los Knive. Jannik y su padre son buena gente. Pero Denzel aún arrastra algunos traumas con sus antepasados.

—¿Y qué vas a hacer para que Denzel acabe en el escenario deseado en el que le ordena a Jannik recuperar ese talismán? —preguntó Taiya—. Primero, tendrá que saber que se lo dio a Clover. Seguramente todavía lo ignora.

—Cuando no puedes comunicarte directamente con las fichas que quieres mover —explicó Izan, dando otro sorbo a su café—, ni puedes manipularlas en persona porque dicha ficha no puede saber siquiera que existes… manipulas otras fichas a su alrededor y factores de su entorno sobre los que sí tienes poder, para que al final causen un efecto en él, una reacción, y así, él mismo se conduzca hacia el escenario que quiero que ocurra. Simplemente, planté la semilla la misma noche de aquel lunes. El primer paso, era hacer que Denzel tuviera un motivo para empezar a fijarse en Jannik, a centrar su atención en él, y a despertar su vieja animadversión hacia los Knive, para que crezca en él una prejuiciosa sospecha sobre Jannik, que al mismo tiempo lo aleja de sospechar de cualquier otra cosa, como de mí, o incluso de vosotros.

Kaoru y Taiya estaban muy callados escuchándolo.

—Envié a nuestra querida nueva amiga a su casa —prosiguió el rubio—, aparentando el aspecto de Clover, y fingiendo el intento de robarle el anillo dorado de su dedo. Esto lo desconcertaría plenamente. No encontraría lógica alguna a lo que vio. Pensaría en varias posibilidades poco probables. Un iris loco o enfermo disfrazado… una ninja… un espíritu… una Técnica de cambio de aspecto que todavía no ha terminado de diseñar… Para él, sólo podía quedar una explicación: un truco visual. Una habilidad propia y bien conocida de los Knive, por la cual pueden hacerle a una persona ver una alucinación o espejismo de unos escasos segundos. ¿Y encima tenía el aspecto de Clover Saehara? “¿Por qué, por qué, qué tiene que ver, qué relación hay, qué pinta ella en un truco visual?” se habrá preguntado sin parar.

Hizo una pausa. Cerró los ojos un momento y se llevó una mano a la frente, como si acabara de sufrir un mareo, un breve lapsus que volvió a extrañar a Kaoru y a Taiya. Pero Izan volvió a reponerse.

—No me cabe duda de que hace días Denzel ya se figuró por sí mismo la relación entre Clover Saehara y el truco visual de aquel ataque. Ya que me dijiste que Jannik estaba tan constantemente apegado a Clover, usé eso. Denzel habrá visto por sí mismo lo cercano que Jannik se ha vuelto con Clover, habrá determinado que no puede tratarse de una casualidad, y él mismo hará sus conjeturas al respecto y se dejará llevar por sus viejos prejuicios.

Tras concluir su explicación, Izan pareció volver a desconectarse de la conversación. Estaba haciendo algún tipo de esfuerzo, porque tenía una vena hinchada en la frente y estaba sudando. Se quedó muy callado mirando muy fijamente al policía que se sentaba con él en la mesa.

—¡¡Cómete la maldita galleta de una vez!! —gritó, de forma tan imprevista y fuerte que Taiya y Kaoru se quedaron petrificados y temieron por su vida por unos segundos.

Miraron perplejos al policía, que seguía sin reaccionar a nada, y luego a la gente de alrededor, que seguía alegremente con su actividad en las tiendas. Kaoru se percató de algo raro. Juraría que los peatones que había visto en esta calle al llegar hace quince minutos eran los mismos que había ahora, y que estaban recorriendo la calle por tercera vez, como si hubieran entrado en bucle. Además, la ama de casa que vio hace quince minutos comprándole una barra de pan a la panadera de más allá, estaba comprándole la barra de pan otra vez, repitiendo los mismos gestos y palabras de antes con la panadera.

Cuando volvieron la vista hacia Izan, este estaba pellizcándose el entrecejo con aire cansado.

—¿Qué… está pasando aquí? —murmuró Taiya.

—Oh… estoy entrenando mi nuevo poder prestado —les sonrió Izan dulcemente—. Disculpad que haya estado algo ido en nuestra conversación. Es jodidamente difícil tener la mente separada en tantas otras mentes durante tanto tiempo.

—¿Qué? —preguntó Kaoru, confuso.

—Pero ya puedo comprobar que, en definitiva, este increíble poder tiene una interesante prohibición —dijo mirando nuevamente al policía—. Por más que se lo ordene, por más que le presione, no puedo hacer que aquí, este… agente Oka… —leyó el nombre en la pequeña placa que tenía el oficial en su pecho—… se coma esta galleta con trozos de cacahuete. El pobre es mortalmente alérgico a los cacahuetes. Si se come un bocado de esta galleta, morirá. Curioso… Puedo hacer que se levante y ataque violentamente a alguien, o que saque su pistola y dispare y mate a alguien… pero no puedo controlar su mente para que se mate a sí mismo. Su mente está protegida de esta orden mental. Pero el resto de la gente no está protegida de él si yo le ordeno que la mate. Curioso, curioso… mi Señor quería que descubriera esto yo solo…

—¿Estás… controlando su mente? —preguntó Kaoru, con voz temblorosa—. Pero… Ese es un poder que tanto los dioses como los Zou ya dijeron que no podía existir ni ser desarrollado por nadie, ni siquiera por Denzel.

—Existen tres tipos de control mental —les contó Izan tranquilamente, cogiendo la galleta del policía y dándole un bocado—. Mm, qué rica… La posesión motriz, la posesión cognitiva, y la posesión completa. La primera es controlar el cuerpo de alguien, sus movimientos físicos. Pero tiene sus desventajas. Primero, porque la persona todavía es consciente y es un fastidio si se pone a entrar en pánico y a gritar; y segundo, porque sólo puedes ordenar una coreografía: si controlas a una persona, hará el movimiento que le ordenes, pero si controlas a varias a la vez, todas harán el mismo movimiento sincronizado, así que no puedes controlar a varias personas para hacer distintos movimientos.

»La segunda es controlar la consciencia, su capacidad de decisión y raciocinio. Y la tercera, es la combinación de las dos anteriores, el control total sobre la mente y el cuerpo de una persona. Es literalmente meter tu mente dentro de la cabeza de otra persona y tener acceso tanto a su cuerpo como a sus recuerdos y conocimientos. Cuando los dioses dicen que no existe el poder del control mental ni puede existir, se refieren a este, el control mental total. Por eso, este tercer tipo es el único que es teórico.

—Pe… ¿Entonces sí son posibles los otros dos tipos de control? —dijo Taiya—. ¿Y los dioses lo saben? ¿Por qué no se lo han dicho nunca a los Zou?

—Si supieras cuántas cosas no les han dicho los dioses a los Zou… —casi rio el rubio, terminándose su galleta—. Los dioses no quieren decirles a los Zou que el control mental es un poder que existe, porque entonces tendrán que decirles “quiénes” poseen este poder.

Los dos chicos entendieron eso enseguida.

—Así que, tengo que practicar bien el segundo tipo —murmuró Izan, observando atentamente a la gente que ocupaba esa pequeña calle.

Kaoru y Taiya se giraron de nuevo, para encontrar un escenario todavía más escalofriante que el anterior. Vieron atónitos cómo toda la gente de la calle, los paseantes, los vendedores y los clientes, se habían puesto por parejas y estaban jugando una y otra vez a piedra, papel o tijeras.

—¿Qué les estás…?

—Es sencillo —dijo el Yami—. Podría controlar a una persona para que juegue a piedra, papel o tijeras, controlando el movimiento de sus brazos y manos y sacado el tipo de objeto que yo quiera cada vez. Pero no podría soportar sus lloriqueos de pánico mientras tanto, preguntándose por que sus manos se están moviendo solas. Así que es mejor controlar a una persona, dándole la orden “juega a piedra, papel o tijeras”, y esa persona cumplirá la orden, procediendo por sí misma, decidiendo por sí misma qué pasos dar para cumplirla.

—Cuando dices que estás practicando, ¿es que vas a usar este poder para algo en los planes? —preguntó Kaoru—. ¿Por qué entonces no lo usas sobre los iris de las otras RS que nos estorban, o sobre Denzel?

—Porque sólo funciona en humanos. Y en un rango limitado de distancia. Los iris, incluso los que están bastante “enfermos” como vosotros, seguís conectados mentalmente a Alvion. Mientras un Zou esté conectado a vuestra mente, ningún otro ser podrá entrar. Y en cuanto a Denzel, su mente igualmente está férreamente protegida por sus dueños, los Dioses del Yin. Sin embargo, es importante ir paso por paso. No puedo continuar con el plan hasta que Clover se quite de encima ese talismán. Y Beldara regrese con el botín.

—Más vale que ocurra antes de terminar la semana —dijo Kaoru—, porque, según he podido averiguar, el momento que Raijin tiene previsto para irse junto a Drasik a cumplir su parte de la misión antiterrorista, es el domingo muy temprano. Y se supone que es Agatha quien vendrá después a despertar a los niños y hacerles el desayuno. Porque, además, los niños no van a pasar este fin de semana con sus abuelos, por motivo de trabajo. Así que... este domingo que viene sería el momento idóneo.

—Vaya… —se sorprendió Izan, rascándose la barbilla, pensativo, y luego sonrió hacia el Sui—. Buen trabajo averiguando esa información, Sui-chan. Con lo cuidadoso que siempre ha sido Brey hablando en voz alta sobre las misiones… ¿estará perdiendo facultades? Parece que lo que dicen es cierto, la paternidad te erosiona, tengas la edad que tengas. Bien, Kaoru, creo que esto redime un poco tu reputación, después de habértelo hecho encima la noche que te cruzaste con Neuval por la calle.

Taiya miró a un lado para disimular rápidamente una risa, y Kaoru lo miró con enfado, y la cara roja.

—No os riais, cualquiera se mearía encima si tuviera un encuentro así con Fuujin, no tenéis ni idea de cómo fue, esa forma de mirarme, con esos ojos… Cuando me dijo que era Fuujin, obviamente temí por mi vida, teniendo en cuenta que tú ya nos habías contado qué tipo de ser es Fuujin en realidad —le dijo a Izan.

—Tranquilo, chaval, no te sulfures tanto —dijo este con aspavientos—. Y tú, Taiya. Tu relación con Yenkis. ¿Cómo va?

—Según lo esperado. Sigo estando en su grupo de música como bajista, hemos practicado algunas veces en el garaje de la casa de Evie, otras veces en el estudio que a veces le prestan al teclista… Pero como su clase lleva desde el viernes pasado en un viaje de granja escuela, llevo cinco días sin contactar con él.

—¿Cuándo regresa de ese viaje escolar?

—Hoy. A mediodía los trae el bus al colegio.

—Mm. Dime, teniendo también una relación cercana con Evie en ese grupo de música, ¿crees que puede existir alguna mínima sospecha en Evie hacia su madre? ¿Te ha comentado, así entre amigos, que últimamente le parece raro el comportamiento de su madre, se hace preguntas sobre lo que hace fuera de casa…?

—Nada. Evie no sospecha ni una pizca de su madre, ni de mí. No es raro, teniendo en cuenta que nuestra Líder es la iris más infalible guardando apariencias.

—Sí, pero esa habilidad infalible de Viernes no ha sido suficiente ante el instinto de Pipi, que ya viene oliéndose algo raro con vuestra ARS desde hace tiempo. —Izan hizo una pausa para sacar algo del bolsillo de su pantalón, un pequeño USB, y se lo dio a Taiya—. Toma. Lo que le prometiste a Yenkis que le darías. Dáselo hoy.

—Entendido —el chico lo cogió y lo guardó en su mochila—. ¿Puedo preguntar… en qué nos beneficia que Yenkis tenga este programa y destape los archivos secretos de su padre?

—Necesitamos estresar a Fuujin poco a poco. Cuantas más molestias provoquemos a su alrededor, más agotaremos su famosa fuerza mental. En fin. Marchaos ya a clase, seguid aparentando normalidad y…

Se vio interrumpido cuando llegó hasta ellos una mujer joven de una forma muy apresurada, que ni siquiera prestó atención a esa calle llena de gente jugando a piedra, papel o tijeras sin parar.

—Yamijin-sama —se paró delante de Izan, ignorando a sus dos jóvenes compañeros.

—Fuujin-san —saludó este.

—Tenemos un problema —le informó, directa, y el rubio frunció el ceño—. Te lo ha tenido que contar Beldara.

—Beldara no ha regresado aún desde ayer.

—Sí, Yamijin-sama. Regresó ayer al atardecer. Pero no sola.

—¿Qué? —Izan se levantó de su silla, no le estaba gustando nada lo que estaba oyendo.

Tanto Kaoru y Taiya como su compañera Fuu se pusieron algo tensos. Izan era bastante alto, al menos, más que ellos. Y su aura era aterradora, incluso cuando se mostraba dócil y risueño.

—Yamijin-sama —intentó recomponerse la Fuu, tragando saliva—. Tenemos noticia de que hay al menos tres o cuatro hijos de Denzel aquí en esta ciudad, en este tiempo. Podrían ser más. En todo caso, han aparecido por separado, algunos andan perdidos, pero son bastante escurridizos y desconfiados. No nos ha sido fácil seguirles la pista.

El silencio de Izan ensombreció todo el ambiente alrededor de ellos. El sol, aunque temprano, ya estaba en el cielo despejado, y aun así la calle quedó como si estuviera bajo un eclipse. Incluso para Kaoru, siendo un Sui, el frío que emanó de Izan le caló hasta los huesos. Los humanos normales, bajo su control mental, se quedaron quietos, de pie, aletargados.

—Marchaos —les ordenó a los tres iris de la ARS.

Estos asintieron obedientemente y se largaron de ahí en un instante. Después lo hizo Izan. Se transformó en un remolino de sombras negras y ascendió hasta la azotea de uno de los edificios de esa misma calle. Miró un momento abajo, y liberó a toda esa gente de su yugo mental. Aquellos humanos recobraron la consciencia, y al principio se mostraron confundidos, pero luego recordaron qué habían venido a hacer y siguieron con su rutina. Izan permaneció en aquella azotea para evitar estar a la vista en las calles.

—Manifiéstate —dijo en voz alta.

De pronto, apareció de la nada, detrás de él, una niña que no aparentaba más de 12 años. Aquella llamada pareció haberla pillado por sorpresa, pues nada más aparecer, tropezó y cayó sobre el suelo de cemento, como si hace un segundo estuviera caminando por otro lugar y había sido traída aquí en un parpadeo.

Tenía un aspecto extraño. Vestía con leggins negros y zapatillas de correr muy ligeras. Por encima, la cubría un chubasquero verde oscuro de unas tres tallas más grande de lo que debería, pero lo que llamaba la atención, era que tenía media cabeza cubierta por un gorro de una fina tela negra de licra, como la de sus leggins, ceñido y tapándole la mitad de la cara, hasta la mitad de su nariz. Por tanto, tapando por completo sus ojos. Por debajo del gorro, le caían largos mechones de cabello negro y liso. Excepto uno, que era de color blanco.

Cuando volvió a ponerse en pie, se mostró notablemente nerviosa. Izan se giró hacia ella.

—¿Qué has hecho? —siseó.

—No salió… como estaba planeado —contestó ella. Claramente, sabía que tarde o temprano Izan iba a invocarla a pedirle explicaciones.

—Te fuiste ayer al mediodía… y por lo visto regresaste por la tarde sin decirme nada —fue caminando hacia ella—. ¿Cuándo pensabas hablarme de tu cagada?

—Pensaba solucionarla antes.

—¿Cuántas personas has traído contigo?

—¡Escucha! —exclamó ella, respirando nerviosa, cuando lo notó parado frente a ella a escasos centímetros—. ¡Fue una locura, no contaba con que en ese momento todos sus hijos estarían ahí también! ¡Se supone que en esa época sólo vivía con la mitad de ellos! ¡En cuanto supieron que estaba atacando a su padre, vinieron todos de inmediato a por mí para protegerlo, todos a la vez! Eran demasiados para mí… Me sobresalté… y… al huir, alcanzaron a tener contacto físico conmigo, todos en cadena. Me teletransporté aquí de vuelta con todos ellos por accidente. Y cada uno se apareció en un lugar diferente del espacio al azar.

Izan acercó lentamente la mano hacia su cuello, y con la misma delicadeza, se lo agarró y lo fue apretando cada vez más. La muchacha comenzó a tener dificultad para respirar, pero no se movió ni alzó las manos siquiera.

—Te mando a robar un simple anillo de un Denzel pasado, que en ese momento es tan débil e inofensivo como cualquier humano ciego porque tiene su don anulado por su cumpleaños… y en lugar de eso me traes ocho taimuki aquí, a una época a la que no pertenecen. ¿Me acabas de poner encima un maldito “nudo latente”, Beldara?

—Tú decidiste la fecha a la que tenía que ir… me has enviado a un momento en el que Denzel estaba de todo menos desprotegido, con todos sus taimuki ahí con él en su casa…

Izan apretó su cuello más fuerte. Su furia era muy silenciosa, pero palpable. Sin embargo, al poco rato terminó soltándola. Igual que un iris, un arki no debía dejarse llevar por sus emociones. Era un ser racional, solo que con una moral y unos principios contrarios a los de los iris.

—Piensa… —se dijo a sí mismo, mirando hacia otra parte. Estuvo cavilando un par de minutos, y volvió a mirar a la niña—. A lo mejor puedo sacar provecho de esto. Pero esta cagada me va a costar otras tres semanas de retraso.

Beldara se mantuvo callada, cabizbaja.

—Tengo que volver a enviarte allí a intentarlo otra vez. Si esos taimuki están aquí, significa que han desaparecido de aquel momento pasado. Sus hijos ya no están con ese Denzel de 194 años recién cumplidos para protegerlo, así que volverás a ese mismo momento pasado, a quitarle a aquel Denzel el dichoso anillo, esta vez sin nadie que te lo impida. Un "nudo latente" crea una nueva línea temporal jamás existida antes, donde no hay nada escrito ni destinado a pasar, donde este presente nuestro y ese pasado a donde fuiste comparten las consecuencias al mismo tiempo. Y es la única ventaja que puedo aprovechar.

—Pero si los hijos encuentran ahora al Denzel actual aquí, este los volverá a lleva a su tiempo, al mismo instante de su desaparición. Como si nunca hubiera pasado. El "nudo latente" se cerrará dejando todo como estaba antes.

—Para eso, tiene que llevarlos a todos a la vez, y para eso, primero tiene que encontrarlos y reunirlos a todos junto a él —dejó salir un suspiro y se quedó de espaldas a ella, mirando la ciudad—. La ARS ahora va a tener el doble de trabajo impidiendo esto durante tres semanas, hasta que pueda volver a enviarte a ese tiempo pasado. Y todo porque las reglas del Pacto son así de puñeteras.

—Yo no inventé las normas del Pacto. ¿Por qué necesitas ese dichoso anillo, de todas formas? ¿Y por qué concretamente el que tiene aquel Denzel de 194 años y no otro? Si necesitas ese anillo, ¿por qué me dijiste que fingiera intentar robárselo al Denzel del lunes de la semana pasada mientras dormía, en lugar de robárselo de verdad? El anillo que lleva ahora y el que llevó hace 200 años, ¿acaso no es el mismo?

—Oh… ¿Ahora me haces estas preguntas? Creo que recordar que cuando hicimos el Pacto y empecé a explicarte lo que yo quería, me dijiste algo como “no me cuentes tu vida, sólo dime qué quieres que haga”.

—Entonces no tenía ni idea de que lo que querías estaba tan relacionado con Denzel y con cosas, poderes y objetos que nunca antes había oído. Nunca nadie me había querido usar para favores de esta índole. ¿Cuál es tu objetivo final?

Izan se dio la vuelta y se quedó un rato observando a la niña, muy callado, como analizándola.

—¿Por qué has fracasado en realidad, Beldara? —volvió a acercarse a ella, con aire tranquilo, y también amenazante—. Décadas de experiencia en misiones el triple de complicadas… y por primera vez en tu vida bajas la guardia en una simple tarea. Dime, ¿te volviste emocional por Denzel? ¿O porque uno de “los ocho” que vino a contraatacarte es un poquito especial para ti?

—No guardo ni un solo sentimiento hacia algo que jamás que tenido ni conocido.

—Se supone que tienes prohibido mentirle a tu amo.

—Amo temporal —replicó ella.

—Tú, pequeña demonio —se impuso Izan, palpándole la cabeza—, procura cumplir mejor con tu parte del trato. O no podré yo darte la mía. Lo que tanto ansías… que yo haga desaparecer —susurró con voz vacía y oscura.





Comentarios