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2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __









24.
Descendencia

Denzel, Owen y Link anduvieron por las calles del centro hacia alguna cafetería donde poder sentarse y hablar tranquilos, intencionadamente en la zona más concurrida de Shibuya con la esperanza de ver, tal vez, a otro de sus hermanos entre la gente. Durante el camino, Link les estuvo contando lo que sabía.

—¿Le has contado a padre lo que pasó en casa, Owen? —preguntó Link.

—Sí, me lo ha mencionado —afirmó Denzel—. ¿Quién era la persona que me atacó?

—Ni idea —suspiró Link—. Lo que sé sin duda es que era una niña. Y que puede saltar en el tiempo. Estábamos todos en casa, preparando la comida de celebración por tu cumpleaños. Tú te fuiste con Daniel un momento a tu estudio, en la caseta del jardín, porque no paraba de pedirte que le mostraras tu arsenal de armas y fuiste a enseñárselo. Ahí es donde la intrusa te atacó…

—Recuerdo eso —le cortó Denzel, sorprendido—. Recuerdo ir con Danny de la mano hacia mi estudio. Le mostré mi colección de armas, no paraba de preguntarme por la historia de cada una de ellas. Era tan curioso como tú… —añadió con un tono nostálgico—. Sólo estuvimos ahí unos 20 minutos, vino Naminé a llamarnos porque la comida ya estaba en la mesa. Regresamos a la casa principal, comimos… Todos juntos… Na Wen, mis hijos y nietos… nueras y yernos… mi familia… —murmuró con tristeza, y tardó en continuar—. Fue un día feliz. Nada malo sucedió…

De repente Denzel se paró en mitad de la acera, con cara impactada. Owen y Link lo miraron confusos.

—Espera… Ahora estoy recordando otra cosa… Estaba con Danny en mi estudio, y de repente se oyó un estruendo, arriba. Creo que alguien entró, rompiendo el techo. Al instante noté la brisa y el olor a metal, y probablemente esquivé una espada o cuchillo que venía hacia mi cuello. Cogí una de mis espadas, la más cercana, y le grité a Daniel que saliera corriendo y que avisara a todos para que os marcharais de la casa por si había más atacantes… Hah… —suspiró amargamente—. Maldita sea… Ha terminado ocurriendo. Tengo dos memorias de dos sucesos diferentes, de la línea temporal donde no sucedió nada y de la línea donde sí sucedió. Agatha ya me enseñó que esto es lo que pasaría, la “memoria duplicada”.

—Fue mi hijo Danny quien vino corriendo a la casa principal gritando sin parar: “¡Están atacando al abuelo!” —dijo Link—. Todos mis hermanos y yo fuimos de inmediato hacia tu estudio. Tú ya estabas inconsciente en el suelo cuando llegamos, y la atacante justo a tu lado a punto de hacerte algo. Ahí nosotros nos lanzamos hacia ella todos a la vez. Éramos ocho contra una y aun así era casi imposible alcanzarla. Ella... se teletransportaba de un lugar a otro, esquivando todos nuestros ataques. Parecía intentar una y otra vez volver a acercarse a tu cuerpo, pero no la dejamos. En un momento dado, logramos darle alcance y agarrarla de un tobillo. Ella se sobresaltó, porque no podía vernos, porque llevaba la cabeza cubierta por un gorro tapando hasta sus ojos. No pudo soltarse de nosotros y su reacción fue teletransportarse, por lo visto, hasta aquí. Fue ella la que nos arrastró por accidente en el salto hasta esta época.

—Entonces está claro —dijo Owen—. La intrusa ha provocado una nueva intervención temporal en 1812 y está conectada a este tiempo presente. Estamos, por lo tanto, en un “nudo latente”, donde ese pasado y este presente están compartiendo el mismo tiempo, donde no hay nada escrito y cualquier cosa aún puede suceder diferente. ¿No es así, padre? —preguntó, y Denzel asintió—. ¿Cómo es posible que nos trajera a todos en el salto, Link? Yo no hice contacto físico con ella.

—Es porque hicimos una cadena sin querer. Yo la agarré del tobillo, entonces ella me cogió la katana, pero tú me cogiste a mí de la pierna y al tirar de mí, tiraste de ella y se le cayó la katana. Entonces pareció que iba a huir, así que Naminé te agarró de una mano, a Naminé la agarró Chris; a Chris, James; a James, An Ju; a An Ju, Lu Kai; y a Lu Kai, Robin.

—Dios... —resopló Denzel, alicaído.

—Lo que nos queda por descubrir es quién era esa cría —continuó Link.

—Y qué quería —añadió Owen—. Y por qué.

—Y si actuaba sola o por orden de alguien. Y en ese caso, de qué alguien. Tendremos que preguntar a los demás, a ver si saben algo más.

—Espero que mientras los buscamos, esa niña no vuelva otra vez a nuestra época, al momento del ataque, y acabe el trabajo, ahora que no estamos allí y padre está inconsciente en el suelo.

—Por ahora no ha sucedido, ya que este padre del futuro sigue aquí —sonrió Link—. Por cierto, si el padre del pasado ha despertado, debe de estar muy preocupado por nuestra repentina ausencia.

—Y madre también.

—Bueno, bueno... —los frenó Denzel—. Vayamos poco a poco.

Una vez que Denzel, Link y Owen llegaron a una cafetería del abarrotado y alborotado centro de Shibuya, se sentaron en una mesa junto a la ventana, para tener buenas vistas de las calles, por si acaso. Link, al ver el menú plastificado sobre la mesa, fue a cogerlo rápidamente con gran curiosidad, pero Owen lo cogió a su vez sin querer. Se lanzaron un rayo con la mirada y cada uno tiró del menú para sí, peleándose por él. Denzel se vio obligado a coger otro de la mesa de al lado y se la dio a uno de ellos, negando con la cabeza.

—No sé para qué lo quieres si no entiendes nada de lo que pone —dijo Owen—. Bushi que no sabe leer japonés.

—Tú tampoco entenderías nada aunque lo leyeses, ¿no ves qué cosas más raras hay aquí? —replicó Link.

—Pero hay dibujos a color increíblemente realistas de los alimentos… ¿Qué es esto anaranjado?

—Zumo de maracuyá y papaya —le contestó Denzel, leyendo el nombre—. Y son fotografías.

Los dos se lo quedaron mirando en sumo silencio, y decidieron dejar los menús aparte, desconfiados. Denzel se rio y eligió por ellos cuando vino la camarera a tomarles el pedido. Esto hizo a Owen percatarse de algo, y se puso a susurrar con su hermano.

—Me he enterado de que en esta época existe una igualdad de derechos entre hombres y mujeres, en algunos pocos países del mundo —decía Owen con asombro—. Niños y niñas asisten a las mismas escuelas y acceden al mismo tipo de materias. Ambos aprenden en la escuela a cocinar y coser y ambos aprenden matemáticas y ciencias, si así lo eligen. Hay mujeres doctoras, científicas, defensoras de la ley, administrativas… Eso es una utopía en nuestro tiempo, ¡es increíble! ¿Por qué diantres el mundo tiene que tardar tanto en permitir algo así?

—Ya te digo —asintió Link—. Padre tuvo que pagar muchísimo dinero para conseguir institutrices de alto nivel para Christine, An Ju y Naminé, para que pudieran estudiar más cosas aparte de costura, música, dibujo y cocina. An Ju ha estudiado el campo de las leyes como James y Lu Kai, pero, a diferencia de ellos, ella no logra que le den un trabajo decente en eso.

—Pues en mi templo de eruditos, hay una chica de la limpieza que se pone a leer libros de ciencias políticas a escondidas en los rincones, la he visto ya cien veces haciendo eso. Ya sabes que si la descubren haciendo algo así, será penada por la ley. Ella no sabe que yo lo sé, y que más de una vez he distraído a los demás estudiantes por otro camino para que no la descubrieran.

—¿Le gusta leer eso? ¿Lo entiende?

—He hablado algunas veces con ella en las últimas semanas para preguntarle por eso precisamente, pero de forma sutil, para que no se alarmase. Sabe muchísimo, Link. Es increíble, se tiene todos los libros memorizados. Y saca ideas geniales de ellos de las que a mí me encanta debatir. Si fuera legal, yo la ayudaría a...

—Padre —cortó Link a su hermano y miró a Denzel con una sonrisa socarrona, justo cuando este terminó de hacerle el pedido a la camarera—. ¿Te has enterado?

—¿De qué?

—Owen ha conocido a una chica en su templo de eruditos que al parecer es muy lista y disfruta leyendo libros de ciencias políticas, y por eso Owen se ha enamorado perdidamente de ella y quiere casarse con ella y procrear mucho.

—¿¡Pero qué te inventas!? —rugió Owen con toda la cara roja.

—Ah, sí, ¿te refieres a Xia Lin?

—Espera, ¿te sabes su nombre? —se sorprendieron los otros dos—. Yo todavía ni se lo he preguntado —añadió Owen.

—Oh... Uy... —Denzel se tapó la boca con la manita, un claro gesto de que se había ido de la lengua.

Link y Owen se quedaron un eterno instante mirándolo con ojos como platos, hasta que Link esbozó una enorme sonrisa socarrona girando la cabeza hacia su hermano. Owen estaba boquiabierto, y rojo como un semáforo, creyendo entender el descuido de Denzel.

—¿O sea que lo que he dicho hace un momento se cumplió de verdad en tu pasado, padre? —rio Link.

—¡No debemos preguntarle por nuestro futuro, Link, son las normas del Tiempo! —se apuró Owen.

—Las mismas normas que dictan que padre, cuando regresemos a nuestra época, tendrá que borrarnos la memoria de este salto en el tiempo. Por tanto, saber cosas de nuestro futuro no importa, no las vamos a recordar... —se encogió de hombros.

—Bueno, eso es verdad —dijo Denzel—. No te preocupes, Owen. Serás muy feliz con Xia Lin. Y desde luego dejará de ser una chica de la limpieza. Una mujer superdotada nacida en el siglo XIX sigue siendo considerada como un animal de granja en China, por desgracia. Por eso le pedí ayuda a mi buen amigo Elaye Zou, os dio mucho dinero y os fuisteis a vivir a Inglaterra, donde ambos os convertisteis en profesores en la Universidad de Oxford y vivisteis felices y comisteis perdices.

—Oh, Dios mío... —Owen se llevó las manos a la cara, abrumado—. E-es un cambio muy grande... me asustan los cambios grandes... No quiero saber más, prefiero vivirlo según llegue, ¿vale?

—¿Hijos? —le preguntó Link a Denzel, continuando con su cotilleo.

—¡Que no quiero saberlo! —se apuró Owen.

—Tres —contestó Denzel.

—¡Ay, Dios...!

Cuando la camarera vino con los pedidos, los tres se callaron, un momento de silencio en el que Owen se estuvo abanicando con el menú por los calores que le daban al pensar en toda una vida hecha con esa chica que acababa de conocer. Cuando la camarera se fue, Denzel carraspeó.

—Bueno, recapitulemos. Decís que el día desde el que habéis saltado era mi cumpleaños, así que 9 de octubre de 1812, ¿verdad? Celebrábamos mis 194 años toda la familia reunida. Entonces tú, Link, tienes 35 años y Owen 26. Con esas edades vosotros dos, además de Naminé y Christine, ya vivíais en vuestras propias casas con vuestras propias familias. Bueno, Owen todavía vive solo.

—No por mucho tiempo... —susurró Link con tono burlón.

—Para ya, diantres —se mosqueó Owen.

—Así que la época de donde venimos es cuando An Ju, James, Lu Kai y Robin viven aún con madre y contigo en la casa familiar —prosiguió Link—. Aunque An Ju y su marido están en proceso ya de buscar una propia con la llegada de su primer hijo… En fin, el caso es que fue un día en que, por fortuna, estábamos toda la familia reunida en el mismo lugar. La atacante no debe de ser muy lista, si decidió atacarte justo el día en que más gente había a tu alrededor, padre.

—No… No fue ninguna estupidez. Fue una decisión inteligente, teniendo en cuenta lo que sucede en mi cumpleaños. Ya sabéis que en el aniversario del día de mi nacimiento mi don queda anulado durante 21 días, para que los Dioses del Yin me den mi “recarga” de energía Yin que me mantiene a mí y a mi don con vida, ya que desde que estoy en la Asociación, los Dioses del Yang ya nos prohibieron a Agatha y a mí alimentarnos de humanos. Durante tres semanas soy, por lo tanto, tan vulnerable como cualquier humano ciego.

—¿Y qué? —insistió Link—. Nos tenías aun así a todos nosotros. Nosotros fuimos tu defensa. De hecho, no es la primera vez que has sufrido un ataque de enemigos durante tus semanas de alimentación y nosotros hemos luchado contra ellos para protegerte.

—Esto es diferente. No se trata de un soldado de las tropas enemigas o de algún ninja o criminal. Tú mismo has descrito esos detalles antes, Link. Ella se teletransportaba de un lado a otro de mi estudio —fue enumerando con los dedos—, ella ha realizado el salto en el tiempo con vosotros, ella “llevaba la cabeza cubierta por un gorro, tapando sus ojos”.

Link y Owen se quedaron callados. No pasaron por alto que Denzel enumeró esas cosas con un tono muy contenido. Lo sabían. Sabían en qué estaba pensando y, al parecer, no estaba nada contento con esa idea.

—A ver, no nos precipitemos… —intentó Link suavizar la situación.

—Vamos, Link… —le interrumpió su hermano con voz agravada, y mirando a Denzel de reojo por unos instantes—. Hasta su cabello era igual.

—¿Y si era un disfraz o una ilusión, precisamente para confundirnos? —insistió Link.

—¿Qué le ocurre a su cabello? —intervino Denzel, serio, y se señaló su propio pelo, que era negro con tres mechones blancos—. ¿Ella también tenía alguno de estos?

—Aeh… —titubeó Link.

—Sí, padre. Ella tenía un mechón blanco —terminó respondiendo Owen—. Y un segundo mechón empezando a emerger.

Denzel tuvo que levantarse de la mesa un momento, para obligarse a sí mismo a no reaccionar llamando mucho la atención en esa cafetería. Se quedó mirando las vistas de la calle frente al ventanal de su lado, frotándose la barbilla, nervioso. Estaba notablemente ofuscado, y reticente, se negaba a creer esa posibilidad.

—Es imposible —negaba con la cabeza—. Si fuera una taimu, ¡yo lo sabría!, igual que Agatha supo de mí. Yo recuerdo quiénes eran todos y cada uno mis nietos, y biznietos... después ya no, porque me fui a vivir a Japón.

—Padre, en ese caso, si te separaste de la descendencia después de cien años, quiere decir que no conoces a todos tus descendientes que correspondan a esta época —le dijo Owen.

—Claro que no, conocerlos a todos es muy difícil, Owen. En esta época debo de tener alrededor de 8 mil descendientes, así que solamente conozco a algunos pocos, a los descendientes directos. La mayoría vive en mi país natal, Inglaterra, y también en China. Pero todos son humanos, como vosotros. Bueno… hay dos iris también —recordó—. Una de ellas, Tania, tiene 22 años, trabaja en una RS de México y desciende de Christine. Y la otra, Shiwen, tiene 53 años y trabaja en una RS de Irlanda, y es precisamente tataranieta tuya, Owen.

—Oh… ¿E… en serio? —brincó, sonrojándose un poco.

—También… —siguió cavilando Denzel—. También tengo reconocidos a cuatro almaati. Dos de ellos hermanos, de una RS de Francia, descendientes de An Ju. Una almaati en una RS de Letonia, también descendiente de An Ju… y otra almaati de una RS del norte de China, descendiente de Link.

—¡Ah! ¿¡Una tataranieta mía es almaati!? ¿¡Puedo conocerla!? —se ilusionó Link.

—El tiempo ya ha sido alterado lo suficiente, nada de alterarlo más —negó Denzel—. Estos pocos taimuki que he encontrado y reconocido dentro de la Asociación, y los otros que conozco de Inglaterra y China, sin duda, ninguno es un taimu. Ni ninguno de sus padres o abuelos siquiera.

—Ya, pero ¿qué me dices de los otros miles de descendientes actuales que no conoces? —insistió Owen—. Alguna ha podido nacer taimu y pudo pasar desapercibida.

—No, Owen, Link, pensad un poco —suspiró Denzel, volviendo a sentarse en la mesa frente a su sándwich sin tocar—. Decís que aquella niña tenía un mechón de cabello blanco completo y otro emergiendo.

—Mierda, es verdad… —dijo Link.

—Cierto. Significa que esa niña tiene… casi 200 años de edad —entendió Owen, y bajó la mirada, expresando la misma cara preocupada que su hermano—. No puede ser… Suponiendo que ella sea de esta época, debió de nacer entonces en nuestra época.

—¿Ves? Tiene que ser un truco, tiene que haber otra explicación —defendió Link, dando con el puño en la mesa—. Padre, tú mismo lo has dicho. Has estado al tanto de las tres generaciones que te descienden, ¿no? Si esa presunta taimu tiene 200 años, ha de ser como mínimo una nieta o biznieta tuya, pero tú conociste a todos los que nacieron y confirmaste que ninguno era taimu. Es algo muy fácil de confirmar, no podría haberse pasado por alto.

—En nuestra época tienes siete nietos —recapacitó Owen—. El hijo de Link, los tres de Naminé, los dos de Chris y el que viene en camino de An Ju. Entonces... ¿Los demás nietos...?

—No, no, no… tampoco —negaba Denzel, volviendo a levantarse y dando pasos de un lado a otro—. Chris tendrá otro hijo. An Ju tendrá otros tres; James una hija; Lu Kai cuatro; y tú, Owen, tres, como ya dije antes.

—¿Y Robin? —le recordó Link—. Te falta el peque.

—Sí, Robin tendrá tres... —Denzel vaciló un momento—. Ah, no. Tendrá dos.

—¿Qué? —se sorprendieron.

—El primer bebé de Robin falleció el día en que nació —les contó apenado—. Es... una larga historia que prefiero no recordar.

—¿Estás seguro?

—Al cien por cien. El bebé fue asesinado. Todos vimos el cadáver… es decir… vosotros lo visteis y lo comprobasteis —agachó la cabeza—. Fue una tragedia.

—Oh, no… —lamentó Link—. Pobre Robin…

—Y de los hijos de mis nietos, igual, todos nacieron humanos como vosotros —concluyó Denzel—. Así que no me explico esto. No entiendo cómo puede ser… ¿De dónde ha salido esa taimu? Eso si de verdad es una taimu… Pero tiene que serlo, habéis sido testigos de su poder, teletransporte, salto en el tiempo… claramente es el poder taimu. Y encima tiene mechones de canas seculares. Sigo repasando sin cesar mi descendencia de hace 150 y 200 años, y no, ninguno pudo tener una hija perdida. Todos los varones de la familia ya fueron advertidos desde pequeños de que jamás tuvieran relaciones íntimas con mujeres desconocidas que luego no se pudieran volver a encontrar o localizar. Al menos, nietos y biznietos, todos cumplieron la norma… sabiendo que los dioses podían tomar represalias si la quebrantaban… Dios mío, al final los dioses tomarán represalias, ¡una taimu perdida, nacida sin reconocimiento! —se llevó las manos a la cabeza, sin parar de dar vueltas—. Me van a culpar a mí… como se enteren…

—Padre —lo llamó Owen.

Denzel dejó de hablar consigo mismo y los miró en silencio. Se dio cuenta de que estaba desquiciándose él solo. Razón no le faltaba, pero Link y Owen lo miraban con caras muy preocupadas. Por eso, Denzel recobró la compostura rápidamente, y volvió a sentarse en la mesa frente a ellos.

—Tranquilos. No pasa nada —les sonrió con calma—. No os preocupéis, chicos, tiene que haber una explicación lógica para todo esto. La encontraré y todo se arreglará. Todo irá bien. Por favor, empezad a comer, debéis de estar muertos de hambre —señaló sus hamburguesas sin tocar—. Tomad también mi sándwich, yo no tengo mucha hambre ahora. ¿Queréis algo más?

Link y Owen sabían que él estaba tratando de quitarle hierro al asunto para tranquilizarlos y para que no temieran nada. Era el mismo comportamiento protector que él solía tener ante ellos cuando eran pequeños, pero parecía que había olvidado que ellos ahora eran bien adultos. El Denzel de su época sería más duro y no tendría reparo en decirles la verdad por muy cruda que fuese, porque ese Denzel ya estaba acostumbrado a que ellos dos ya eran humanos adultos.

Pero este Denzel estaba siendo más blando y protector porque aún no había terminado de asimilar el shock de que ellos dos estaban ahí, tras 200 años sin verlos y sin tratar con ellos. Estaba oxidado en este sentido, casi no recordaba cómo era lo de ser padre. Los últimos recuerdos que Denzel tenía de Owen y Link eran de dos ancianos ya cansados, sabios y satisfechos, y verlos ahora de vuelta a unas edades aún jóvenes le trastocaba un poco la mente, por lo que era normal que, por muy adultos que fueran ellos ahora, Denzel adoptase instintivamente su actitud más paternal sobreprotectora, como si ellos ahora fuesen niños.

Los dos hermanos decidieron no comentar nada por un rato y se comieron sus hamburguesas, descubriendo lo deliciosas que estaban.

—¡Esto está… esto está de muerte! —exclamó Link, con la boca llena y su hamburguesa chorreando de jugo y salsa por sus manos—. ¡Qué combinación de sabores!

—Sí, es lo que tiene la comida basura, la hacen deliciosa para que te vuelvas adicto —sonrió Denzel felizmente.

—¡Prrfff! —los dos hermanos escupieron lo que tenían en la boca de vuelta al plato—. ¿¡Esta comida viene de la basura!?

No, you morons! —les reprimió Denzel—. La llaman así porque no es muy saludable, como la masa frita que soléis comer en los festivales chinos de vuestra época.

—Adoro la masa frita… —babeó Link—. Ah, bueno, si te refieres a eso, no he de desperdiciar bocado alguno —dijo, y volvió a meterse en la boca lo que había escupido en el plato.

—¡Lincoln! —se enfadó Denzel.

—¡Qué! —protestó este.

—¡Eso es una guarrada, cuida tus modales en la mesa! ¡Y tú, mastica con la boca cerrada! —le dijo a Owen.

Link y Owen cruzaron una mirada muda, con las bocas llenas abultadas. Y de repente se echaron a reír con descaro. Denzel se mosqueó al ver que se estaban riendo de él. Recordó que era algo que solían hacer a menudo, cuando eran pequeños sobre todo, cuando él intentaba inculcarles los modales ingleses más refinados y los ocho hermanos terminaban haciendo bromas en la mesa. Por eso, al final Denzel no pudo evitar sonreír, y negó con la cabeza, viendo que podían tener ya una edad muy adulta, pero conservaban algunas facetas pueriles.

Los tres se quedaron un buen rato en silencio, terminando de comer. Link pensó que ahora que su padre parecía más tranquilo, podría continuar preguntándole por el tema de antes.

—Padre. ¿No crees que, si de verdad esa niña es otra taimu, ya tendría Kero noticia de ello? Deberías preguntarle, él debe de saberlo.

—¿Kero? —titubeó Denzel—. No, no creo que lo sepa. Si mis amos supieran algo de esto, habrían evitado este suceso desde el primer segundo. Además, desde que estamos en la Asociación, Agatha sigue prohibiéndome estrictamente ir a ver a los dioses o hablar con ellos. Procuremos por encima de lo posible solucionar esto sin que los dioses se enteren, ¿de acuerdo? Así que... —cogió una servilleta de papel y un bolígrafo del bolsillo de su cazadora—… por ahora vayamos recopilando información. Al final las piezas encajarán de algún modo u otro. Especialmente si encontramos al resto de vuestros hermanos.









24.
Descendencia

Denzel, Owen y Link anduvieron por las calles del centro hacia alguna cafetería donde poder sentarse y hablar tranquilos, intencionadamente en la zona más concurrida de Shibuya con la esperanza de ver, tal vez, a otro de sus hermanos entre la gente. Durante el camino, Link les estuvo contando lo que sabía.

—¿Le has contado a padre lo que pasó en casa, Owen? —preguntó Link.

—Sí, me lo ha mencionado —afirmó Denzel—. ¿Quién era la persona que me atacó?

—Ni idea —suspiró Link—. Lo que sé sin duda es que era una niña. Y que puede saltar en el tiempo. Estábamos todos en casa, preparando la comida de celebración por tu cumpleaños. Tú te fuiste con Daniel un momento a tu estudio, en la caseta del jardín, porque no paraba de pedirte que le mostraras tu arsenal de armas y fuiste a enseñárselo. Ahí es donde la intrusa te atacó…

—Recuerdo eso —le cortó Denzel, sorprendido—. Recuerdo ir con Danny de la mano hacia mi estudio. Le mostré mi colección de armas, no paraba de preguntarme por la historia de cada una de ellas. Era tan curioso como tú… —añadió con un tono nostálgico—. Sólo estuvimos ahí unos 20 minutos, vino Naminé a llamarnos porque la comida ya estaba en la mesa. Regresamos a la casa principal, comimos… Todos juntos… Na Wen, mis hijos y nietos… nueras y yernos… mi familia… —murmuró con tristeza, y tardó en continuar—. Fue un día feliz. Nada malo sucedió…

De repente Denzel se paró en mitad de la acera, con cara impactada. Owen y Link lo miraron confusos.

—Espera… Ahora estoy recordando otra cosa… Estaba con Danny en mi estudio, y de repente se oyó un estruendo, arriba. Creo que alguien entró, rompiendo el techo. Al instante noté la brisa y el olor a metal, y probablemente esquivé una espada o cuchillo que venía hacia mi cuello. Cogí una de mis espadas, la más cercana, y le grité a Daniel que saliera corriendo y que avisara a todos para que os marcharais de la casa por si había más atacantes… Hah… —suspiró amargamente—. Maldita sea… Ha terminado ocurriendo. Tengo dos memorias de dos sucesos diferentes, de la línea temporal donde no sucedió nada y de la línea donde sí sucedió. Agatha ya me enseñó que esto es lo que pasaría, la “memoria duplicada”.

—Fue mi hijo Danny quien vino corriendo a la casa principal gritando sin parar: “¡Están atacando al abuelo!” —dijo Link—. Todos mis hermanos y yo fuimos de inmediato hacia tu estudio. Tú ya estabas inconsciente en el suelo cuando llegamos, y la atacante justo a tu lado a punto de hacerte algo. Ahí nosotros nos lanzamos hacia ella todos a la vez. Éramos ocho contra una y aun así era casi imposible alcanzarla. Ella... se teletransportaba de un lugar a otro, esquivando todos nuestros ataques. Parecía intentar una y otra vez volver a acercarse a tu cuerpo, pero no la dejamos. En un momento dado, logramos darle alcance y agarrarla de un tobillo. Ella se sobresaltó, porque no podía vernos, porque llevaba la cabeza cubierta por un gorro tapando hasta sus ojos. No pudo soltarse de nosotros y su reacción fue teletransportarse, por lo visto, hasta aquí. Fue ella la que nos arrastró por accidente en el salto hasta esta época.

—Entonces está claro —dijo Owen—. La intrusa ha provocado una nueva intervención temporal en 1812 y está conectada a este tiempo presente. Estamos, por lo tanto, en un “nudo latente”, donde ese pasado y este presente están compartiendo el mismo tiempo, donde no hay nada escrito y cualquier cosa aún puede suceder diferente. ¿No es así, padre? —preguntó, y Denzel asintió—. ¿Cómo es posible que nos trajera a todos en el salto, Link? Yo no hice contacto físico con ella.

—Es porque hicimos una cadena sin querer. Yo la agarré del tobillo, entonces ella me cogió la katana, pero tú me cogiste a mí de la pierna y al tirar de mí, tiraste de ella y se le cayó la katana. Entonces pareció que iba a huir, así que Naminé te agarró de una mano, a Naminé la agarró Chris; a Chris, James; a James, An Ju; a An Ju, Lu Kai; y a Lu Kai, Robin.

—Dios... —resopló Denzel, alicaído.

—Lo que nos queda por descubrir es quién era esa cría —continuó Link.

—Y qué quería —añadió Owen—. Y por qué.

—Y si actuaba sola o por orden de alguien. Y en ese caso, de qué alguien. Tendremos que preguntar a los demás, a ver si saben algo más.

—Espero que mientras los buscamos, esa niña no vuelva otra vez a nuestra época, al momento del ataque, y acabe el trabajo, ahora que no estamos allí y padre está inconsciente en el suelo.

—Por ahora no ha sucedido, ya que este padre del futuro sigue aquí —sonrió Link—. Por cierto, si el padre del pasado ha despertado, debe de estar muy preocupado por nuestra repentina ausencia.

—Y madre también.

—Bueno, bueno... —los frenó Denzel—. Vayamos poco a poco.

Una vez que Denzel, Link y Owen llegaron a una cafetería del abarrotado y alborotado centro de Shibuya, se sentaron en una mesa junto a la ventana, para tener buenas vistas de las calles, por si acaso. Link, al ver el menú plastificado sobre la mesa, fue a cogerlo rápidamente con gran curiosidad, pero Owen lo cogió a su vez sin querer. Se lanzaron un rayo con la mirada y cada uno tiró del menú para sí, peleándose por él. Denzel se vio obligado a coger otro de la mesa de al lado y se la dio a uno de ellos, negando con la cabeza.

—No sé para qué lo quieres si no entiendes nada de lo que pone —dijo Owen—. Bushi que no sabe leer japonés.

—Tú tampoco entenderías nada aunque lo leyeses, ¿no ves qué cosas más raras hay aquí? —replicó Link.

—Pero hay dibujos a color increíblemente realistas de los alimentos… ¿Qué es esto anaranjado?

—Zumo de maracuyá y papaya —le contestó Denzel, leyendo el nombre—. Y son fotografías.

Los dos se lo quedaron mirando en sumo silencio, y decidieron dejar los menús aparte, desconfiados. Denzel se rio y eligió por ellos cuando vino la camarera a tomarles el pedido. Esto hizo a Owen percatarse de algo, y se puso a susurrar con su hermano.

—Me he enterado de que en esta época existe una igualdad de derechos entre hombres y mujeres, en algunos pocos países del mundo —decía Owen con asombro—. Niños y niñas asisten a las mismas escuelas y acceden al mismo tipo de materias. Ambos aprenden en la escuela a cocinar y coser y ambos aprenden matemáticas y ciencias, si así lo eligen. Hay mujeres doctoras, científicas, defensoras de la ley, administrativas… Eso es una utopía en nuestro tiempo, ¡es increíble! ¿Por qué diantres el mundo tiene que tardar tanto en permitir algo así?

—Ya te digo —asintió Link—. Padre tuvo que pagar muchísimo dinero para conseguir institutrices de alto nivel para Christine, An Ju y Naminé, para que pudieran estudiar más cosas aparte de costura, música, dibujo y cocina. An Ju ha estudiado el campo de las leyes como James y Lu Kai, pero, a diferencia de ellos, ella no logra que le den un trabajo decente en eso.

—Pues en mi templo de eruditos, hay una chica de la limpieza que se pone a leer libros de ciencias políticas a escondidas en los rincones, la he visto ya cien veces haciendo eso. Ya sabes que si la descubren haciendo algo así, será penada por la ley. Ella no sabe que yo lo sé, y que más de una vez he distraído a los demás estudiantes por otro camino para que no la descubrieran.

—¿Le gusta leer eso? ¿Lo entiende?

—He hablado algunas veces con ella en las últimas semanas para preguntarle por eso precisamente, pero de forma sutil, para que no se alarmase. Sabe muchísimo, Link. Es increíble, se tiene todos los libros memorizados. Y saca ideas geniales de ellos de las que a mí me encanta debatir. Si fuera legal, yo la ayudaría a...

—Padre —cortó Link a su hermano y miró a Denzel con una sonrisa socarrona, justo cuando este terminó de hacerle el pedido a la camarera—. ¿Te has enterado?

—¿De qué?

—Owen ha conocido a una chica en su templo de eruditos que al parecer es muy lista y disfruta leyendo libros de ciencias políticas, y por eso Owen se ha enamorado perdidamente de ella y quiere casarse con ella y procrear mucho.

—¿¡Pero qué te inventas!? —rugió Owen con toda la cara roja.

—Ah, sí, ¿te refieres a Xia Lin?

—Espera, ¿te sabes su nombre? —se sorprendieron los otros dos—. Yo todavía ni se lo he preguntado —añadió Owen.

—Oh... Uy... —Denzel se tapó la boca con la manita, un claro gesto de que se había ido de la lengua.

Link y Owen se quedaron un eterno instante mirándolo con ojos como platos, hasta que Link esbozó una enorme sonrisa socarrona girando la cabeza hacia su hermano. Owen estaba boquiabierto, y rojo como un semáforo, creyendo entender el descuido de Denzel.

—¿O sea que lo que he dicho hace un momento se cumplió de verdad en tu pasado, padre? —rio Link.

—¡No debemos preguntarle por nuestro futuro, Link, son las normas del Tiempo! —se apuró Owen.

—Las mismas normas que dictan que padre, cuando regresemos a nuestra época, tendrá que borrarnos la memoria de este salto en el tiempo. Por tanto, saber cosas de nuestro futuro no importa, no las vamos a recordar... —se encogió de hombros.

—Bueno, eso es verdad —dijo Denzel—. No te preocupes, Owen. Serás muy feliz con Xia Lin. Y desde luego dejará de ser una chica de la limpieza. Una mujer superdotada nacida en el siglo XIX sigue siendo considerada como un animal de granja en China, por desgracia. Por eso le pedí ayuda a mi buen amigo Elaye Zou, os dio mucho dinero y os fuisteis a vivir a Inglaterra, donde ambos os convertisteis en profesores en la Universidad de Oxford y vivisteis felices y comisteis perdices.

—Oh, Dios mío... —Owen se llevó las manos a la cara, abrumado—. E-es un cambio muy grande... me asustan los cambios grandes... No quiero saber más, prefiero vivirlo según llegue, ¿vale?

—¿Hijos? —le preguntó Link a Denzel, continuando con su cotilleo.

—¡Que no quiero saberlo! —se apuró Owen.

—Tres —contestó Denzel.

—¡Ay, Dios...!

Cuando la camarera vino con los pedidos, los tres se callaron, un momento de silencio en el que Owen se estuvo abanicando con el menú por los calores que le daban al pensar en toda una vida hecha con esa chica que acababa de conocer. Cuando la camarera se fue, Denzel carraspeó.

—Bueno, recapitulemos. Decís que el día desde el que habéis saltado era mi cumpleaños, así que 9 de octubre de 1812, ¿verdad? Celebrábamos mis 194 años toda la familia reunida. Entonces tú, Link, tienes 35 años y Owen 26. Con esas edades vosotros dos, además de Naminé y Christine, ya vivíais en vuestras propias casas con vuestras propias familias. Bueno, Owen todavía vive solo.

—No por mucho tiempo... —susurró Link con tono burlón.

—Para ya, diantres —se mosqueó Owen.

—Así que la época de donde venimos es cuando An Ju, James, Lu Kai y Robin viven aún con madre y contigo en la casa familiar —prosiguió Link—. Aunque An Ju y su marido están en proceso ya de buscar una propia con la llegada de su primer hijo… En fin, el caso es que fue un día en que, por fortuna, estábamos toda la familia reunida en el mismo lugar. La atacante no debe de ser muy lista, si decidió atacarte justo el día en que más gente había a tu alrededor, padre.

—No… No fue ninguna estupidez. Fue una decisión inteligente, teniendo en cuenta lo que sucede en mi cumpleaños. Ya sabéis que en el aniversario del día de mi nacimiento mi don queda anulado durante 21 días, para que los Dioses del Yin me den mi “recarga” de energía Yin que me mantiene a mí y a mi don con vida, ya que desde que estoy en la Asociación, los Dioses del Yang ya nos prohibieron a Agatha y a mí alimentarnos de humanos. Durante tres semanas soy, por lo tanto, tan vulnerable como cualquier humano ciego.

—¿Y qué? —insistió Link—. Nos tenías aun así a todos nosotros. Nosotros fuimos tu defensa. De hecho, no es la primera vez que has sufrido un ataque de enemigos durante tus semanas de alimentación y nosotros hemos luchado contra ellos para protegerte.

—Esto es diferente. No se trata de un soldado de las tropas enemigas o de algún ninja o criminal. Tú mismo has descrito esos detalles antes, Link. Ella se teletransportaba de un lado a otro de mi estudio —fue enumerando con los dedos—, ella ha realizado el salto en el tiempo con vosotros, ella “llevaba la cabeza cubierta por un gorro, tapando sus ojos”.

Link y Owen se quedaron callados. No pasaron por alto que Denzel enumeró esas cosas con un tono muy contenido. Lo sabían. Sabían en qué estaba pensando y, al parecer, no estaba nada contento con esa idea.

—A ver, no nos precipitemos… —intentó Link suavizar la situación.

—Vamos, Link… —le interrumpió su hermano con voz agravada, y mirando a Denzel de reojo por unos instantes—. Hasta su cabello era igual.

—¿Y si era un disfraz o una ilusión, precisamente para confundirnos? —insistió Link.

—¿Qué le ocurre a su cabello? —intervino Denzel, serio, y se señaló su propio pelo, que era negro con tres mechones blancos—. ¿Ella también tenía alguno de estos?

—Aeh… —titubeó Link.

—Sí, padre. Ella tenía un mechón blanco —terminó respondiendo Owen—. Y un segundo mechón empezando a emerger.

Denzel tuvo que levantarse de la mesa un momento, para obligarse a sí mismo a no reaccionar llamando mucho la atención en esa cafetería. Se quedó mirando las vistas de la calle frente al ventanal de su lado, frotándose la barbilla, nervioso. Estaba notablemente ofuscado, y reticente, se negaba a creer esa posibilidad.

—Es imposible —negaba con la cabeza—. Si fuera una taimu, ¡yo lo sabría!, igual que Agatha supo de mí. Yo recuerdo quiénes eran todos y cada uno mis nietos, y biznietos... después ya no, porque me fui a vivir a Japón.

—Padre, en ese caso, si te separaste de la descendencia después de cien años, quiere decir que no conoces a todos tus descendientes que correspondan a esta época —le dijo Owen.

—Claro que no, conocerlos a todos es muy difícil, Owen. En esta época debo de tener alrededor de 8 mil descendientes, así que solamente conozco a algunos pocos, a los descendientes directos. La mayoría vive en mi país natal, Inglaterra, y también en China. Pero todos son humanos, como vosotros. Bueno… hay dos iris también —recordó—. Una de ellas, Tania, tiene 22 años, trabaja en una RS de México y desciende de Christine. Y la otra, Shiwen, tiene 53 años y trabaja en una RS de Irlanda, y es precisamente tataranieta tuya, Owen.

—Oh… ¿E… en serio? —brincó, sonrojándose un poco.

—También… —siguió cavilando Denzel—. También tengo reconocidos a cuatro almaati. Dos de ellos hermanos, de una RS de Francia, descendientes de An Ju. Una almaati en una RS de Letonia, también descendiente de An Ju… y otra almaati de una RS del norte de China, descendiente de Link.

—¡Ah! ¿¡Una tataranieta mía es almaati!? ¿¡Puedo conocerla!? —se ilusionó Link.

—El tiempo ya ha sido alterado lo suficiente, nada de alterarlo más —negó Denzel—. Estos pocos taimuki que he encontrado y reconocido dentro de la Asociación, y los otros que conozco de Inglaterra y China, sin duda, ninguno es un taimu. Ni ninguno de sus padres o abuelos siquiera.

—Ya, pero ¿qué me dices de los otros miles de descendientes actuales que no conoces? —insistió Owen—. Alguna ha podido nacer taimu y pudo pasar desapercibida.

—No, Owen, Link, pensad un poco —suspiró Denzel, volviendo a sentarse en la mesa frente a su sándwich sin tocar—. Decís que aquella niña tenía un mechón de cabello blanco completo y otro emergiendo.

—Mierda, es verdad… —dijo Link.

—Cierto. Significa que esa niña tiene… casi 200 años de edad —entendió Owen, y bajó la mirada, expresando la misma cara preocupada que su hermano—. No puede ser… Suponiendo que ella sea de esta época, debió de nacer entonces en nuestra época.

—¿Ves? Tiene que ser un truco, tiene que haber otra explicación —defendió Link, dando con el puño en la mesa—. Padre, tú mismo lo has dicho. Has estado al tanto de las tres generaciones que te descienden, ¿no? Si esa presunta taimu tiene 200 años, ha de ser como mínimo una nieta o biznieta tuya, pero tú conociste a todos los que nacieron y confirmaste que ninguno era taimu. Es algo muy fácil de confirmar, no podría haberse pasado por alto.

—En nuestra época tienes siete nietos —recapacitó Owen—. El hijo de Link, los tres de Naminé, los dos de Chris y el que viene en camino de An Ju. Entonces... ¿Los demás nietos...?

—No, no, no… tampoco —negaba Denzel, volviendo a levantarse y dando pasos de un lado a otro—. Chris tendrá otro hijo. An Ju tendrá otros tres; James una hija; Lu Kai cuatro; y tú, Owen, tres, como ya dije antes.

—¿Y Robin? —le recordó Link—. Te falta el peque.

—Sí, Robin tendrá tres... —Denzel vaciló un momento—. Ah, no. Tendrá dos.

—¿Qué? —se sorprendieron.

—El primer bebé de Robin falleció el día en que nació —les contó apenado—. Es... una larga historia que prefiero no recordar.

—¿Estás seguro?

—Al cien por cien. El bebé fue asesinado. Todos vimos el cadáver… es decir… vosotros lo visteis y lo comprobasteis —agachó la cabeza—. Fue una tragedia.

—Oh, no… —lamentó Link—. Pobre Robin…

—Y de los hijos de mis nietos, igual, todos nacieron humanos como vosotros —concluyó Denzel—. Así que no me explico esto. No entiendo cómo puede ser… ¿De dónde ha salido esa taimu? Eso si de verdad es una taimu… Pero tiene que serlo, habéis sido testigos de su poder, teletransporte, salto en el tiempo… claramente es el poder taimu. Y encima tiene mechones de canas seculares. Sigo repasando sin cesar mi descendencia de hace 150 y 200 años, y no, ninguno pudo tener una hija perdida. Todos los varones de la familia ya fueron advertidos desde pequeños de que jamás tuvieran relaciones íntimas con mujeres desconocidas que luego no se pudieran volver a encontrar o localizar. Al menos, nietos y biznietos, todos cumplieron la norma… sabiendo que los dioses podían tomar represalias si la quebrantaban… Dios mío, al final los dioses tomarán represalias, ¡una taimu perdida, nacida sin reconocimiento! —se llevó las manos a la cabeza, sin parar de dar vueltas—. Me van a culpar a mí… como se enteren…

—Padre —lo llamó Owen.

Denzel dejó de hablar consigo mismo y los miró en silencio. Se dio cuenta de que estaba desquiciándose él solo. Razón no le faltaba, pero Link y Owen lo miraban con caras muy preocupadas. Por eso, Denzel recobró la compostura rápidamente, y volvió a sentarse en la mesa frente a ellos.

—Tranquilos. No pasa nada —les sonrió con calma—. No os preocupéis, chicos, tiene que haber una explicación lógica para todo esto. La encontraré y todo se arreglará. Todo irá bien. Por favor, empezad a comer, debéis de estar muertos de hambre —señaló sus hamburguesas sin tocar—. Tomad también mi sándwich, yo no tengo mucha hambre ahora. ¿Queréis algo más?

Link y Owen sabían que él estaba tratando de quitarle hierro al asunto para tranquilizarlos y para que no temieran nada. Era el mismo comportamiento protector que él solía tener ante ellos cuando eran pequeños, pero parecía que había olvidado que ellos ahora eran bien adultos. El Denzel de su época sería más duro y no tendría reparo en decirles la verdad por muy cruda que fuese, porque ese Denzel ya estaba acostumbrado a que ellos dos ya eran humanos adultos.

Pero este Denzel estaba siendo más blando y protector porque aún no había terminado de asimilar el shock de que ellos dos estaban ahí, tras 200 años sin verlos y sin tratar con ellos. Estaba oxidado en este sentido, casi no recordaba cómo era lo de ser padre. Los últimos recuerdos que Denzel tenía de Owen y Link eran de dos ancianos ya cansados, sabios y satisfechos, y verlos ahora de vuelta a unas edades aún jóvenes le trastocaba un poco la mente, por lo que era normal que, por muy adultos que fueran ellos ahora, Denzel adoptase instintivamente su actitud más paternal sobreprotectora, como si ellos ahora fuesen niños.

Los dos hermanos decidieron no comentar nada por un rato y se comieron sus hamburguesas, descubriendo lo deliciosas que estaban.

—¡Esto está… esto está de muerte! —exclamó Link, con la boca llena y su hamburguesa chorreando de jugo y salsa por sus manos—. ¡Qué combinación de sabores!

—Sí, es lo que tiene la comida basura, la hacen deliciosa para que te vuelvas adicto —sonrió Denzel felizmente.

—¡Prrfff! —los dos hermanos escupieron lo que tenían en la boca de vuelta al plato—. ¿¡Esta comida viene de la basura!?

No, you morons! —les reprimió Denzel—. La llaman así porque no es muy saludable, como la masa frita que soléis comer en los festivales chinos de vuestra época.

—Adoro la masa frita… —babeó Link—. Ah, bueno, si te refieres a eso, no he de desperdiciar bocado alguno —dijo, y volvió a meterse en la boca lo que había escupido en el plato.

—¡Lincoln! —se enfadó Denzel.

—¡Qué! —protestó este.

—¡Eso es una guarrada, cuida tus modales en la mesa! ¡Y tú, mastica con la boca cerrada! —le dijo a Owen.

Link y Owen cruzaron una mirada muda, con las bocas llenas abultadas. Y de repente se echaron a reír con descaro. Denzel se mosqueó al ver que se estaban riendo de él. Recordó que era algo que solían hacer a menudo, cuando eran pequeños sobre todo, cuando él intentaba inculcarles los modales ingleses más refinados y los ocho hermanos terminaban haciendo bromas en la mesa. Por eso, al final Denzel no pudo evitar sonreír, y negó con la cabeza, viendo que podían tener ya una edad muy adulta, pero conservaban algunas facetas pueriles.

Los tres se quedaron un buen rato en silencio, terminando de comer. Link pensó que ahora que su padre parecía más tranquilo, podría continuar preguntándole por el tema de antes.

—Padre. ¿No crees que, si de verdad esa niña es otra taimu, ya tendría Kero noticia de ello? Deberías preguntarle, él debe de saberlo.

—¿Kero? —titubeó Denzel—. No, no creo que lo sepa. Si mis amos supieran algo de esto, habrían evitado este suceso desde el primer segundo. Además, desde que estamos en la Asociación, Agatha sigue prohibiéndome estrictamente ir a ver a los dioses o hablar con ellos. Procuremos por encima de lo posible solucionar esto sin que los dioses se enteren, ¿de acuerdo? Así que... —cogió una servilleta de papel y un bolígrafo del bolsillo de su cazadora—… por ahora vayamos recopilando información. Al final las piezas encajarán de algún modo u otro. Especialmente si encontramos al resto de vuestros hermanos.





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