Seguidores

2º LIBRO - Pasado y Presente __ PARTE 1: El Nudo Latente __









12.
Enlaces familiares

Después de vestir a los mellizos, Cleven fue a llevarse su plato y su taza vacíos a la cocina, pero entonces oyó un ruido en la entrada y algo que se arrastraba. Se quedó un poco extrañada, sin moverse, hasta que vio aparecer a Drasik entrando en el salón, medio dormido, vestido sólo con el pantalón del pijama y arrastrando los pies. Entonces, a la joven se le cayó la taza de las manos a la mesa.

—¡Drasiiik! —exclamó Clover, saltando de su silla y corriendo hacia él.

—Hola, súper Clo —bostezó el chico—. ¿Estás desayunando?

—¡Ya terminé!

Y ahí fue cuando se cruzó con la mirada de Cleven.

—¿¡Qué!? —gritaron al unísono, apuntándose con el dedo.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó Brey, saliendo de la cocina con su taza de café—. Tú, ¿qué haces en mi casa?

—Vengo… a por huevos —contestó Drasik, sin apartar la mirada perpleja de Cleven, hasta que cayó en la cuenta—. ¡Ah, es verdad, que ahora esta vive contigo!

—Pe… Pero… —tartamudeó Cleven, y también cayó—. ¡Ah! Es verdad, que sois vecinos… ¡No! —agonizó—. ¡También es mi vecino! ¿¡Y cómo te atreves a entrar así sin camiseta en casa de otra persona!?

—Tengo calor —se defendió Drasik.

—¡Pero si hace frío! —replicó Cleven.

—No el suficiente para mí.

—¿Qué? Bueno, aun así, aparecer así en esta casa...

—Es cierto que sólo llevo unos pantalones, pero tienen más tela que todo tu pijama —sonrió Drasik con burla, señalándolo.

Cleven se tapó con los brazos, aunque en realidad no era para tanto, pero estaba muerta de la vergüenza por que un compañero de clase la viese en pijama de corazoncitos y osos panda.

—Buenos días —bostezó Kyo, apareciendo también en el salón pero de forma contraria a Drasik, cubierto hasta arriba con un pijama calentito y un jersey grueso.

—¿¡Qué!? —Cleven se consumió del todo—. ¿¡Tú también aquí!?

—Ah —se sorprendió Kyo—. ¿Cleven? Vaya, se me había olvidado que ahora vives con Raijin —sonrió alegremente.

—¡Pero… ¿tú también vives aquí?! ¿¡O has pasado la noche en casa de Jones como invitado!?

—Eh… Lo siento, creía que ya lo sabías —se disculpó Kyo—. Mi hermana Mei Ling y yo vivimos en la otra puerta de esta planta, en la puerta C. Por cierto, me gusta tu pijama.

Cleven pasó de rojo a morado de la vergüenza, y automáticamente se agachó y se escondió bajo la mesa, con la cabeza asomada, sin salir de su trauma.

—¿Tú también vienes a por huevos? —preguntó Brey, ignorando la escenita de sorpresas.

—No, yo a por leche —contestó Kyo tranquilamente.

—Pues hala —dijo Brey, encogiéndose de hombros y sentándose en la mesa.

Cleven seguía ofuscada, observándolos a todos con un rompecabezas en la cabeza. Vio a Clover pegando saltitos a los pies de Kyo con los brazos en alto, pidiendo que la cogiera. Kyo sonrió y la cogió, mientras Drasik se iba hacia la cocina y de paso le revolvió el pelo a Daisuke. Luego Brey empezó a desayunar. Era toda una escena completamente normal. A Cleven la pilló por sorpresa.

Al parecer, Kyo y Drasik, a juzgar por la confianza que tenían de entrar así de campantes en la casa de su tío, lo hacían muy a menudo. Unos entraban en casa de los otros, ya bien para pedir comida, para pasar el rato o para a saber qué. Cleven se preguntó si esto lo iba a ver más veces, y esto la inquietaba. No se hacía a la idea de que esos dos ahora eran sus vecinos, y vecinos de confianza. Lo de Drasik, vale, era cierto que ya sabía por Eliam que vivía al lado de su tío, pero lo de Kyo no tenía ni idea.

Agatha en la puerta A, Brey con los mellizos en la puerta B, los hermanos Lao en la puerta C y los hermanos Jones en la puerta D, ocupaban así las cuatro viviendas de la quinta planta, que previamente eran propiedad de Agatha. A Drasik y a Eliam les cedió la vivienda D hace casi doce años, cuando Neuval se llevó a Drasik del Monte Zou consigo a Japón, junto con su hermano Eliam, pasando primero una temporada en la propia casa de Neuval para adaptarse –siendo así cómo Cleven conoció a los hermanos Jones a los 4 años, algo que ya no estaba en sus memorias–, y después Agatha les dio su vivienda actual y enseñó a ambos hermanos huérfanos cómo cuidar de sí mismos.

A los Lao les cedió la vivienda C hace nueve años. Tras la muerte de Sai, Suzu quiso mudarse a otro sitio con sus tres hijos, y Agatha le facilitó este piso. No obstante, debido a su trabajo, al poco tiempo Suzu se tuvo que mudar a la ciudad vecina de Yokohama, pero lo hizo sola, quedándose Mei Ling con sus hermanos Yousuke y Kyosuke en esta vivienda por su mejor comunicación con el instituto y la universidad.

Y a Brey le dio la vivienda B cuando perdió a Yue y se vio solo con dos bebés recién nacidos.

La taimu había cuidado de estas tres familias en los últimos años igual que había cuidado de otros miles de iris a lo largo de los últimos siglos. Y al contrario de lo que pensaban algunos, que era parte de su trabajo como miembro de la Asociación bajo la potestad de los Zou, Agatha siempre defendía que ella jamás hacía algo porque alguien se lo ordenaba, sino que todo lo que hacía era porque a ella le daba la gana. Y esto tenía bastante que ver con la turbulenta mala relación que Agatha llevaba siglos manteniendo con sus creadores, los Dioses del Yin.

—Cleven, ¿te pasa algo? —le preguntó su tío con un tono intencionadamente burlón, descubriéndola tensa.

—N… no… —murmuró, pero cuando Kyo y Drasik se perdieron dentro de la cocina, le clavó una mirada fiera—. ¡Podrías haberme avisado de esto! ¡Son compañeros de clase y yo aquí en pijama!

—¿Te ponen? Incómoda, digo —siguió burlándose Brey.

Cleven cogió una servilleta de tela y se la lanzó a la cara con una descarga de enfado.

—¿Se te olvidó mencionarme el detalle de Kyo cuando antes estábamos hablando de su hermana Mei Ling y de lo cercana que es con los mellizos? ¡Esto es demasiado intrusivo, tío Brey!

—Pelmaza, Drasik y Kyo viven en las puertas de al lado —le explicó—. Es normal que entren aquí de repente. Yo también lo hago en sus casas, pero siempre respetamos los horarios apropiados, tampoco es que podamos colarnos en la casa del otro cuando queramos. Así que ten cuidado si algún día se te ocurre pasearte por aquí en bragas o tirarte una ventosidad...

—¡Capullo! —exclamó irritada, haciendo ademán de lanzarle una silla.

Cuando Drasik y Kyo salieron de la cocina, pillaron a Cleven cogiendo una silla por lo alto de su cabeza a punto de estampársela a Brey, y se quedaron quietos, reflexivos. La joven se mordió los labios, dejó la silla rápidamente en su sitio y subió las escaleras a toda mecha para vestirse lo antes posible.

—Ehm... —murmuró Kyo, dejando de lado la rara escena que acababa de ver—. Esto... Cleven, ¿qué tal si te vienes con nosotros a clase?

—Ah... eh... uh... —titubeó, volviendo a ponerse roja—. Aheo... hi... —contestó, y se perdió de vista en el pasillo de arriba.

—¿Traducción? —preguntó Kyo, mirando a Brey.

—Dice que vale —le aclaró este, removiendo su café con la cuchara.

Kyo sonrió, pero inesperadamente Drasik le dio un leve codazo. Kyo se sobresaltó y miró a su amigo con un interrogante, y la respuesta de Drasik fue una mirada molesta acompañada por un suspiro. Seguidamente se fue de la casa con sus huevos sin decir palabra alguna. Kyo volvió la vista a Brey y puso una mueca de confusión, señalando hacia donde se había marchado su amigo. Brey se encogió de hombros como respuesta y continuó con su desayuno.

—Qué raro está este Drasik últimamente —comentó Kyo—. Bueno, Raijin, dile a Cleven que dentro de quince minutos estamos en el portal.

—Vale, pero una cosa —lo detuvo, y le habló en un tono precavido, aprovechando que los mellizos se habían puesto a jugar allá en el salón—. Estás teniendo cuidado, ¿verdad? Por la seguridad de la familia Lao y de la familia Vernoux y de la empresa Hoteitsuba, sobre todo que ahora el Gobierno está patas arriba con la muerte del ministro Takeshi y Hatori estará investigando la matanza que Neuval nos dijo que causó la semana pasada, Cleven debe seguir ignorando vuestra relación familiar.

—Sí, ya lo sé, no hace falta que me recuerdes que Mei Ling y yo hemos perdido media familia y que tú en cambio la has recuperado —refunfuñó.

—Tampoco se trata de eso, Ka-chan —lo calmó Brey—. Solamente hay que procurar que el menor número de personas sepa la relación de estas dos familias Lao y Vernoux.

—Odio cuando la gente dice “las dos familias” seguido de esos dos apellidos —protestó Kyo—. No hay dos familias, no hay “Lao y Vernoux”. Somos una sola familia y todos somos Lao. Si el tío Neuval decidió adoptar nuevamente su apellido biológico cuando se mudó a Japón con mi padre y cuando se casó con tu hermana, solamente era para proteger su identidad y la de mi abuelo como iris y así proteger a la familia y a la empresa Hoteitsuba. Ese apellido para mi tío sólo es un recurso. Pero el verdadero apellido del tío Neu es Lao y siempre será Lao.

—Kyo… Entiendo que esta situación familiar en la que vivimos actualmente sea injusta y te dé rabia. A mí también me disgusta que Lao y Vernoux tengan que actuar como familias diferentes y sin relación. Mis padres y tus abuelos, los cuatro fundaron todo lo que somos ahora, somos un solo árbol, pero que se ha quedado lleno de grietas por culpa de los sucesos y las tragedias que Lao y Saehara hemos sufrido a lo largo de los años. Sin embargo, nuestra misión principal siempre es proteger y sobrevivir. Incluso si eso significa separarse, actuar como extraños.

—Tú has recuperado la conexión con Cleven…

—Era apropiado. Obviamente, yo deseaba recuperar este lazo familiar, pero también era algo necesario. Piénsalo. Neuval acaba de volver a la Asociación, ya de primeras tiene un problema con Hatori, y ya está organizándonos nuestra primera misión superior en años. Tener a Cleven aquí conmigo le va a dar más libertad y más tranquilidad, porque con tener que ocultarles todo esto a Hana y a Yenkis ya tiene bastante. Y porque la conexión de ella conmigo es perfectamente normal, inofensiva y legal a ojos del Gobierno y la sociedad humana. Yo soy simplemente su tío materno. En cambio, para ella, tú y Mei Ling sois…

—Ya… —le cortó Kyo, con un tono apagado, mirando al suelo—. Parientes de una familia adoptiva.

—Para nosotros y la Asociación es una cosa, pero para el mundo humano y sus leyes, tu abuelo Kei Lian adoptó a Neuval ilegalmente, ya que el padre biológico de Neuval seguía vivo entonces. Y supuestamente lo sigue estando. Por lo tanto, Neuval sigue siendo, desde el punto de vista legal además de sangre, propiedad de Jean Vernoux, y no de Kei Lian Lao. Así que tu abuelo le robó el hijo a otro, y como el Gobierno se entere de eso, será cuestión de tiempo que empiecen a investigar el “y por qué lo hizo, y dónde, y cuándo, y quiénes les facilitaron falsificar los papeles, y por qué lo ocultan ahora”… hasta que llegue a oídos de Hatori, y él termine sospechando que son iris, y expanda la sospecha a nosotros y el resto de la familia.

—Siempre tuve la esperanza de que esta situación sería temporal —dijo Kyo, entristecido.

—Son sacrificios que, de toda la vida, los iris debemos hacer por el bien de los humanos, primordialmente los de nuestra propia familia —dijo Brey—. Yo no quiero que a Cleven se le joda la vida por culpa de todo lo que Neuval Vernoux y Kei Lian Lao ocultan ante el Gobierno y la sociedad humana, ni tú tampoco quieres eso.

—Hmm… —suspiró Kyo por la nariz, mirando a otro lado, resignado—. Ya… Lo sé… Rara vez el deber y el deseo coinciden. Y nosotros siempre debemos priorizar el deber.

—¿Y por qué tiene que ser tan malo? —apuntó Brey, dándole otro sorbo a su café.

—¿Eh?

—Nada te dice que no puedas ser amigo de Cleven. ¿Verdad?

Kyo puso una cara de sorpresa. Y luego, pensativa, contemplando esa idea.

—Tú no le cuentes nada del pasado ni de la relación familiar que una vez os unió y ya está —concluyó Brey, poniéndose a ver mensajes en su móvil.

El problema no era no poder tener relación alguna con Cleven, con Yenkis, con Lex o con Neuval, sino evitar tener una relación del tipo familiar con ellos. Obviamente, una relación de amistad no iba a ser tan poderosa como la relación familiar que tenían antes Lao y Vernoux, y con la que Kyo y sus hermanos y Cleven y los suyos habían crecido desde que nacieron. Pero al menos era una relación, y la verdad es que a Kyo le hacía ilusión recuperar contacto con Cleven, aunque fuera pequeño, aunque fuera como dos simples compañeros de clase, aunque ella no le recordara en absoluto. El lunes y ayer martes ya estuvo hablando y conectando con ella, pero todavía tenía en la cabeza la idea de no poder acercarse a ella más que eso y de que seguirían siendo medio extraños, solamente conocidos.

Brey tenía razón. No podía ser su primo, pero al menos no suponía ningún problema ser su amigo y mantener ese contacto más tiempo, convertirlo en algo más duradero, una rutina normal e inofensiva, como ahora, lo de quedar con ella para ir juntos al instituto, hablar con ella en clase, en el recreo, en la calle, visitarla como vecina…

—Qué diferente habría sido todo si tu hermana y mi madre no hubieran sido las mejores amigas del mundo —opinó Kyo—. La tía Katya nunca habría ido a Hong Kong con ella como estudiantes de intercambio de último año y nunca habría conocido al tío Neuval.

—Ya, yo sólo nací cuatro años antes que tú, esa juventud de tu madre y mi hermana me suena a prehistoria. Por favor, ten cuidado a partir de ahora de no referirte a mi hermana como “tía”, Cleven podría oírte.

—Siempre me conmueve tu sensibilidad —bufó Kyo con sarcasmo, pero sonriendo—. En fin, voy a tomarme un chocolate caliente rápido y a vestirme.

—Ah, espera… —recordó Brey algo, levantando la vista de su móvil un momento, con expresión escamada—. ¿Por qué el idiota de Drasik sigue llevando el antebrazo vendado?

—Ni idea. Dijo que se hizo un esguince en la muñeca, pero creo que miente. Tal vez tenga esa venda para esconder su tatuaje del antebrazo. Como lo tiene en un sitio muy visible... Lo cierto es que a mí el mío me pica un poco... —dijo tocándose la parte derecha del cuello y el hombro.

—¿Que te pica? —Brey arrugó el ceño—. Estos tatuajes son códigos sensoriales conectados al estado energético de nuestro iris. ¿Desde cuándo sientes esa sensación de picor en el tuyo?

—Pues... —pensó, pero enseguida recordó que era desde que se encontró con Izan en aquel bar de carretera y fue atacado por él.

Kyo se puso tenso. Miró a otro lado, disimulando. No había caído en la cuenta de que tal vez eso tuviera relación con el picor del tatuaje que sentía. Drasik ya le dijo, cuando por fin terminó de prepararle el opuritaserum y dárselo, que podía sentir algunas molestias físicas de vez en cuando, pero que eran normales y que acabarían disipándose conforme el opurita fuera eliminando los microcampos de vacío de su iris.

Tenía que haberse callado, había sido un descuido mencionarlo. No podía decir nada de eso, y a Brey muchísimo menos. Neuval ya le pidió que no le dijera a nadie que había visto a Izan, le pidió que sobre todo no se lo dijera a Brey, y Kyo creyó comprender por qué. La reacción de Brey podría ocasionar problemas si alguien le decía que su hermano había reaparecido después de tantos años desaparecido y perseguido por rumores negativos, porque Brey jamás quiso creer que esos rumores sobre su hermano fuesen ciertos.

—Ah, en realidad es una tontería —contestó Kyo finalmente.

Brey puso al instante una cara muy seria, viendo algo raro en él, de lo que el chico se dio cuenta.

—Bah, será porque Alvion me lo hizo recientemente. O será este jersey de lana que llevo, ¡me pica hasta en los brazos! —sonrió Kyo, haciendo aspavientos, y se marchó a su casa.

El rubio seguía sin estar muy conforme con aquella respuesta. Tenía la sensación de que había algo detrás de ese asunto, el de Drasik y su vendaje, y el de Kyo omitiendo alguna información. No sabía... Estaban pasando algunas cosas un poco raras últimamente. Todavía no se quitaba de la cabeza el extraño caso que Denzel les contó ayer a él y a Neuval, la niña que creyó ver. No sabía, no. Pero algo sentía… Era como esa calma antes de una tormenta, esa electricidad estática, en suspensión, antes del relámpago estallando.

Sin embargo, Clover y Daisuke aparecieron asomando las cabezas desde debajo de la mesa, entre sus piernas, sonriéndole divertidamente, y esas nubes negras tormentosas de mal presentimiento se evaporaron enseguida de su cabeza.


Tal y como habían quedado, Cleven se encontró con los dos chicos en el portal y se fueron juntos al instituto, también con los mellizos. La joven supo que al parecer ellos solían ir juntos, y que ahora ella iría con ellos. Podía ser divertido, pensó, aunque estuviera el pesado de Drasik. No obstante, Cleven confiaba en que estaría a salvo de las perversiones del neoyorquino teniendo a Kyo al lado. De todas formas, vio, un poco contrariada, que Drasik estaba un poco distante, y encima muy callado.

La joven todavía no lo conocía muy bien, así que no podía justificar esa actitud comparada con la que ya conocía. Pensó que tal vez él era así a veces y luego le daban esos prontos de escandaloso. Pero Kyo, por el contrario, se preguntaba con extrañeza qué le pasaba a su amigo, pues lo conocía bien y esa actitud no era normal en él.

Por otra parte, Brey ya estaba listo para irse. Tenía que ir directamente al Hospital Kyoko, donde habían quedado los de su clase con el profesor que les anunció lo de la visita el día anterior.

Estaba un poco lejos, y tenía que estar allí dentro de dos minutos. Sin embargo, como estaba solo, tenía la libertad para hacer trampa, pues Brey era la persona más veloz del mundo. Como Denjin-sama que era, de máximo nivel, podía desplazarse a la velocidad de la luz. Aunque esta no era la habilidad máxima que poseía como tal. En su nivel, Brey podía convertirse a sí mismo en electricidad. Igual que Neuval podía convertirse a sí mismo en aire.

Sin embargo, nada más salir por la puerta de casa con la aceleración ya iniciada, se dio de bruces con Mei Ling, que justo en ese momento estaba pasando por medio de camino a los ascensores con su enorme bolso cargado de libros. Fue un choque tan fuerte que la pobre Mei Ling se estampó contra la pared de enfrente.

Blyat! —exclamó Brey con los pelos de punta, pensando que después de 20 años con un impecable expediente como iris, acaba de cargarse a su primer humano inocente.

No obstante, a pesar del brusco golpe, Mei Ling se repuso rápidamente y se frotó la cabeza con cara molesta.

—¡Joder, Brey!

—Disculpa, lo siento, no esperaba que justo fueras a… ¿Estás bien? —preguntó un poco sorprendido al verla tan recuperada.

—Sí, estoy bien, pero vaya torpeza para un iris —rezongó—. No me mires así, no soy tan frágil. Soy una Lao y soy más fuerte de lo que parezco. Mi abuelo me ha dado porrazos peores en sus entrenamientos.

—Ya… —recordó Brey ese detalle. Por un momento pensó que ella iba a ponerse hecha una furia con él y a gritarle con ese carácter fuerte que solía tener, pero al parecer esto no fue motivo para ella.

—Oye, ¿cómo lo está llevando Cleven, lo de vivir contigo y todo eso? —quiso preguntarle Mei Ling, mientras recogía su bolso de diez kilos de peso del suelo—. Menuda sorpresa me llevé cuando me enteré. ¿Está contenta? ¿Y los niños?

—Eh… sí, lo está llevando bien. Los niños también.

—Por fin surge un cambio en esta familia. Para mejor —sonrió con un brillo melancólico en sus ojos negros.

Brey volvió a sonrojarse un poco sin darse cuenta.

—¿Puedo haceros una visita algún día? —le pidió ella—. Sería mi primera oportunidad en años de volver a hablar con Cleven… Sé lo de su memoria borrada, tendré cuidado, claro. Puedo traer un bizcocho casero, el preferido de los niños.

El chico se quedó un poco cohibido. No sabía qué responderle. Había tenido muchos roces con Mei Ling en los últimos años y la verdad es que ya habían pasado muchos meses desde la última vez que Brey la dejó cuidar de los niños… La había estado apartando bastante últimamente. Meses atrás tuvieron una discusión fuerte, como otras veces antes, y ya era casi como algo normal entre ellos, y volvían a llevarse bien tiempo después, como ahora. Pero seguía siendo un poco incómodo.

Mei Ling interpretó su silencio de esa forma. Por eso, borró su sonrisa y miró a un lado, más reservada.

—Bueno, puedo verla igualmente por aquí si me la cruzo por el rellano o los ascensores.

—Mei…

—Nooo, no —le interrumpió ella, recuperando su carácter seguro y firme, moviendo el dedo índice mientras se iba hacia los ascensores—. No me vengas a hablar por pena, svarlivyy, hoy estoy de un humor fantástico y nada me lo va a estropear. Además —se giró hacia él mientras se abría la puerta del ascensor, sonriéndole—. La semana pasada rescataste a mi hermanito, y eso te lo debo.

Mei Ling se marchó. Y Brey se quedó ahí en medio del rellano, mudo, con cara de asombro, pero sin descifrar aún qué le asombraba tanto. Después de estamparla contra la pared como para haberla matado, ella seguía tan campante y de buen humor como si no hubiera pasado… Svarlivyy era la única palabra rusa que Mei Ling se había aprendido y con la que a veces lo llamaba como una pequeña burla. Significaba “gruñón” o “cascarrabias”. Pero cuando ella la pronunciaba, con ese acento diferente, y esa voz…

Brey empezó a sentirse muy raro por dentro y no le gustaba, así que optó por dejar de perder el tiempo pensando en tonterías y, ya sí, usó su velocidad de la luz para aparecer una fracción de segundo después en un callejón al lado del edificio del hospital, donde no había nadie que pudiera asustarse.

Tras colocarse un poco el pelo despeinado, salió del callejón y se encaminó tranquilamente hacia el patio principal del hospital, donde ya estaban sus compañeros y otros que estaban llegando.









12.
Enlaces familiares

Después de vestir a los mellizos, Cleven fue a llevarse su plato y su taza vacíos a la cocina, pero entonces oyó un ruido en la entrada y algo que se arrastraba. Se quedó un poco extrañada, sin moverse, hasta que vio aparecer a Drasik entrando en el salón, medio dormido, vestido sólo con el pantalón del pijama y arrastrando los pies. Entonces, a la joven se le cayó la taza de las manos a la mesa.

—¡Drasiiik! —exclamó Clover, saltando de su silla y corriendo hacia él.

—Hola, súper Clo —bostezó el chico—. ¿Estás desayunando?

—¡Ya terminé!

Y ahí fue cuando se cruzó con la mirada de Cleven.

—¿¡Qué!? —gritaron al unísono, apuntándose con el dedo.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó Brey, saliendo de la cocina con su taza de café—. Tú, ¿qué haces en mi casa?

—Vengo… a por huevos —contestó Drasik, sin apartar la mirada perpleja de Cleven, hasta que cayó en la cuenta—. ¡Ah, es verdad, que ahora esta vive contigo!

—Pe… Pero… —tartamudeó Cleven, y también cayó—. ¡Ah! Es verdad, que sois vecinos… ¡No! —agonizó—. ¡También es mi vecino! ¿¡Y cómo te atreves a entrar así sin camiseta en casa de otra persona!?

—Tengo calor —se defendió Drasik.

—¡Pero si hace frío! —replicó Cleven.

—No el suficiente para mí.

—¿Qué? Bueno, aun así, aparecer así en esta casa...

—Es cierto que sólo llevo unos pantalones, pero tienen más tela que todo tu pijama —sonrió Drasik con burla, señalándolo.

Cleven se tapó con los brazos, aunque en realidad no era para tanto, pero estaba muerta de la vergüenza por que un compañero de clase la viese en pijama de corazoncitos y osos panda.

—Buenos días —bostezó Kyo, apareciendo también en el salón pero de forma contraria a Drasik, cubierto hasta arriba con un pijama calentito y un jersey grueso.

—¿¡Qué!? —Cleven se consumió del todo—. ¿¡Tú también aquí!?

—Ah —se sorprendió Kyo—. ¿Cleven? Vaya, se me había olvidado que ahora vives con Raijin —sonrió alegremente.

—¡Pero… ¿tú también vives aquí?! ¿¡O has pasado la noche en casa de Jones como invitado!?

—Eh… Lo siento, creía que ya lo sabías —se disculpó Kyo—. Mi hermana Mei Ling y yo vivimos en la otra puerta de esta planta, en la puerta C. Por cierto, me gusta tu pijama.

Cleven pasó de rojo a morado de la vergüenza, y automáticamente se agachó y se escondió bajo la mesa, con la cabeza asomada, sin salir de su trauma.

—¿Tú también vienes a por huevos? —preguntó Brey, ignorando la escenita de sorpresas.

—No, yo a por leche —contestó Kyo tranquilamente.

—Pues hala —dijo Brey, encogiéndose de hombros y sentándose en la mesa.

Cleven seguía ofuscada, observándolos a todos con un rompecabezas en la cabeza. Vio a Clover pegando saltitos a los pies de Kyo con los brazos en alto, pidiendo que la cogiera. Kyo sonrió y la cogió, mientras Drasik se iba hacia la cocina y de paso le revolvió el pelo a Daisuke. Luego Brey empezó a desayunar. Era toda una escena completamente normal. A Cleven la pilló por sorpresa.

Al parecer, Kyo y Drasik, a juzgar por la confianza que tenían de entrar así de campantes en la casa de su tío, lo hacían muy a menudo. Unos entraban en casa de los otros, ya bien para pedir comida, para pasar el rato o para a saber qué. Cleven se preguntó si esto lo iba a ver más veces, y esto la inquietaba. No se hacía a la idea de que esos dos ahora eran sus vecinos, y vecinos de confianza. Lo de Drasik, vale, era cierto que ya sabía por Eliam que vivía al lado de su tío, pero lo de Kyo no tenía ni idea.

Agatha en la puerta A, Brey con los mellizos en la puerta B, los hermanos Lao en la puerta C y los hermanos Jones en la puerta D, ocupaban así las cuatro viviendas de la quinta planta, que previamente eran propiedad de Agatha. A Drasik y a Eliam les cedió la vivienda D hace casi doce años, cuando Neuval se llevó a Drasik del Monte Zou consigo a Japón, junto con su hermano Eliam, pasando primero una temporada en la propia casa de Neuval para adaptarse –siendo así cómo Cleven conoció a los hermanos Jones a los 4 años, algo que ya no estaba en sus memorias–, y después Agatha les dio su vivienda actual y enseñó a ambos hermanos huérfanos cómo cuidar de sí mismos.

A los Lao les cedió la vivienda C hace nueve años. Tras la muerte de Sai, Suzu quiso mudarse a otro sitio con sus tres hijos, y Agatha le facilitó este piso. No obstante, debido a su trabajo, al poco tiempo Suzu se tuvo que mudar a la ciudad vecina de Yokohama, pero lo hizo sola, quedándose Mei Ling con sus hermanos Yousuke y Kyosuke en esta vivienda por su mejor comunicación con el instituto y la universidad.

Y a Brey le dio la vivienda B cuando perdió a Yue y se vio solo con dos bebés recién nacidos.

La taimu había cuidado de estas tres familias en los últimos años igual que había cuidado de otros miles de iris a lo largo de los últimos siglos. Y al contrario de lo que pensaban algunos, que era parte de su trabajo como miembro de la Asociación bajo la potestad de los Zou, Agatha siempre defendía que ella jamás hacía algo porque alguien se lo ordenaba, sino que todo lo que hacía era porque a ella le daba la gana. Y esto tenía bastante que ver con la turbulenta mala relación que Agatha llevaba siglos manteniendo con sus creadores, los Dioses del Yin.

—Cleven, ¿te pasa algo? —le preguntó su tío con un tono intencionadamente burlón, descubriéndola tensa.

—N… no… —murmuró, pero cuando Kyo y Drasik se perdieron dentro de la cocina, le clavó una mirada fiera—. ¡Podrías haberme avisado de esto! ¡Son compañeros de clase y yo aquí en pijama!

—¿Te ponen? Incómoda, digo —siguió burlándose Brey.

Cleven cogió una servilleta de tela y se la lanzó a la cara con una descarga de enfado.

—¿Se te olvidó mencionarme el detalle de Kyo cuando antes estábamos hablando de su hermana Mei Ling y de lo cercana que es con los mellizos? ¡Esto es demasiado intrusivo, tío Brey!

—Pelmaza, Drasik y Kyo viven en las puertas de al lado —le explicó—. Es normal que entren aquí de repente. Yo también lo hago en sus casas, pero siempre respetamos los horarios apropiados, tampoco es que podamos colarnos en la casa del otro cuando queramos. Así que ten cuidado si algún día se te ocurre pasearte por aquí en bragas o tirarte una ventosidad...

—¡Capullo! —exclamó irritada, haciendo ademán de lanzarle una silla.

Cuando Drasik y Kyo salieron de la cocina, pillaron a Cleven cogiendo una silla por lo alto de su cabeza a punto de estampársela a Brey, y se quedaron quietos, reflexivos. La joven se mordió los labios, dejó la silla rápidamente en su sitio y subió las escaleras a toda mecha para vestirse lo antes posible.

—Ehm... —murmuró Kyo, dejando de lado la rara escena que acababa de ver—. Esto... Cleven, ¿qué tal si te vienes con nosotros a clase?

—Ah... eh... uh... —titubeó, volviendo a ponerse roja—. Aheo... hi... —contestó, y se perdió de vista en el pasillo de arriba.

—¿Traducción? —preguntó Kyo, mirando a Brey.

—Dice que vale —le aclaró este, removiendo su café con la cuchara.

Kyo sonrió, pero inesperadamente Drasik le dio un leve codazo. Kyo se sobresaltó y miró a su amigo con un interrogante, y la respuesta de Drasik fue una mirada molesta acompañada por un suspiro. Seguidamente se fue de la casa con sus huevos sin decir palabra alguna. Kyo volvió la vista a Brey y puso una mueca de confusión, señalando hacia donde se había marchado su amigo. Brey se encogió de hombros como respuesta y continuó con su desayuno.

—Qué raro está este Drasik últimamente —comentó Kyo—. Bueno, Raijin, dile a Cleven que dentro de quince minutos estamos en el portal.

—Vale, pero una cosa —lo detuvo, y le habló en un tono precavido, aprovechando que los mellizos se habían puesto a jugar allá en el salón—. Estás teniendo cuidado, ¿verdad? Por la seguridad de la familia Lao y de la familia Vernoux y de la empresa Hoteitsuba, sobre todo que ahora el Gobierno está patas arriba con la muerte del ministro Takeshi y Hatori estará investigando la matanza que Neuval nos dijo que causó la semana pasada, Cleven debe seguir ignorando vuestra relación familiar.

—Sí, ya lo sé, no hace falta que me recuerdes que Mei Ling y yo hemos perdido media familia y que tú en cambio la has recuperado —refunfuñó.

—Tampoco se trata de eso, Ka-chan —lo calmó Brey—. Solamente hay que procurar que el menor número de personas sepa la relación de estas dos familias Lao y Vernoux.

—Odio cuando la gente dice “las dos familias” seguido de esos dos apellidos —protestó Kyo—. No hay dos familias, no hay “Lao y Vernoux”. Somos una sola familia y todos somos Lao. Si el tío Neuval decidió adoptar nuevamente su apellido biológico cuando se mudó a Japón con mi padre y cuando se casó con tu hermana, solamente era para proteger su identidad y la de mi abuelo como iris y así proteger a la familia y a la empresa Hoteitsuba. Ese apellido para mi tío sólo es un recurso. Pero el verdadero apellido del tío Neu es Lao y siempre será Lao.

—Kyo… Entiendo que esta situación familiar en la que vivimos actualmente sea injusta y te dé rabia. A mí también me disgusta que Lao y Vernoux tengan que actuar como familias diferentes y sin relación. Mis padres y tus abuelos, los cuatro fundaron todo lo que somos ahora, somos un solo árbol, pero que se ha quedado lleno de grietas por culpa de los sucesos y las tragedias que Lao y Saehara hemos sufrido a lo largo de los años. Sin embargo, nuestra misión principal siempre es proteger y sobrevivir. Incluso si eso significa separarse, actuar como extraños.

—Tú has recuperado la conexión con Cleven…

—Era apropiado. Obviamente, yo deseaba recuperar este lazo familiar, pero también era algo necesario. Piénsalo. Neuval acaba de volver a la Asociación, ya de primeras tiene un problema con Hatori, y ya está organizándonos nuestra primera misión superior en años. Tener a Cleven aquí conmigo le va a dar más libertad y más tranquilidad, porque con tener que ocultarles todo esto a Hana y a Yenkis ya tiene bastante. Y porque la conexión de ella conmigo es perfectamente normal, inofensiva y legal a ojos del Gobierno y la sociedad humana. Yo soy simplemente su tío materno. En cambio, para ella, tú y Mei Ling sois…

—Ya… —le cortó Kyo, con un tono apagado, mirando al suelo—. Parientes de una familia adoptiva.

—Para nosotros y la Asociación es una cosa, pero para el mundo humano y sus leyes, tu abuelo Kei Lian adoptó a Neuval ilegalmente, ya que el padre biológico de Neuval seguía vivo entonces. Y supuestamente lo sigue estando. Por lo tanto, Neuval sigue siendo, desde el punto de vista legal además de sangre, propiedad de Jean Vernoux, y no de Kei Lian Lao. Así que tu abuelo le robó el hijo a otro, y como el Gobierno se entere de eso, será cuestión de tiempo que empiecen a investigar el “y por qué lo hizo, y dónde, y cuándo, y quiénes les facilitaron falsificar los papeles, y por qué lo ocultan ahora”… hasta que llegue a oídos de Hatori, y él termine sospechando que son iris, y expanda la sospecha a nosotros y el resto de la familia.

—Siempre tuve la esperanza de que esta situación sería temporal —dijo Kyo, entristecido.

—Son sacrificios que, de toda la vida, los iris debemos hacer por el bien de los humanos, primordialmente los de nuestra propia familia —dijo Brey—. Yo no quiero que a Cleven se le joda la vida por culpa de todo lo que Neuval Vernoux y Kei Lian Lao ocultan ante el Gobierno y la sociedad humana, ni tú tampoco quieres eso.

—Hmm… —suspiró Kyo por la nariz, mirando a otro lado, resignado—. Ya… Lo sé… Rara vez el deber y el deseo coinciden. Y nosotros siempre debemos priorizar el deber.

—¿Y por qué tiene que ser tan malo? —apuntó Brey, dándole otro sorbo a su café.

—¿Eh?

—Nada te dice que no puedas ser amigo de Cleven. ¿Verdad?

Kyo puso una cara de sorpresa. Y luego, pensativa, contemplando esa idea.

—Tú no le cuentes nada del pasado ni de la relación familiar que una vez os unió y ya está —concluyó Brey, poniéndose a ver mensajes en su móvil.

El problema no era no poder tener relación alguna con Cleven, con Yenkis, con Lex o con Neuval, sino evitar tener una relación del tipo familiar con ellos. Obviamente, una relación de amistad no iba a ser tan poderosa como la relación familiar que tenían antes Lao y Vernoux, y con la que Kyo y sus hermanos y Cleven y los suyos habían crecido desde que nacieron. Pero al menos era una relación, y la verdad es que a Kyo le hacía ilusión recuperar contacto con Cleven, aunque fuera pequeño, aunque fuera como dos simples compañeros de clase, aunque ella no le recordara en absoluto. El lunes y ayer martes ya estuvo hablando y conectando con ella, pero todavía tenía en la cabeza la idea de no poder acercarse a ella más que eso y de que seguirían siendo medio extraños, solamente conocidos.

Brey tenía razón. No podía ser su primo, pero al menos no suponía ningún problema ser su amigo y mantener ese contacto más tiempo, convertirlo en algo más duradero, una rutina normal e inofensiva, como ahora, lo de quedar con ella para ir juntos al instituto, hablar con ella en clase, en el recreo, en la calle, visitarla como vecina…

—Qué diferente habría sido todo si tu hermana y mi madre no hubieran sido las mejores amigas del mundo —opinó Kyo—. La tía Katya nunca habría ido a Hong Kong con ella como estudiantes de intercambio de último año y nunca habría conocido al tío Neuval.

—Ya, yo sólo nací cuatro años antes que tú, esa juventud de tu madre y mi hermana me suena a prehistoria. Por favor, ten cuidado a partir de ahora de no referirte a mi hermana como “tía”, Cleven podría oírte.

—Siempre me conmueve tu sensibilidad —bufó Kyo con sarcasmo, pero sonriendo—. En fin, voy a tomarme un chocolate caliente rápido y a vestirme.

—Ah, espera… —recordó Brey algo, levantando la vista de su móvil un momento, con expresión escamada—. ¿Por qué el idiota de Drasik sigue llevando el antebrazo vendado?

—Ni idea. Dijo que se hizo un esguince en la muñeca, pero creo que miente. Tal vez tenga esa venda para esconder su tatuaje del antebrazo. Como lo tiene en un sitio muy visible... Lo cierto es que a mí el mío me pica un poco... —dijo tocándose la parte derecha del cuello y el hombro.

—¿Que te pica? —Brey arrugó el ceño—. Estos tatuajes son códigos sensoriales conectados al estado energético de nuestro iris. ¿Desde cuándo sientes esa sensación de picor en el tuyo?

—Pues... —pensó, pero enseguida recordó que era desde que se encontró con Izan en aquel bar de carretera y fue atacado por él.

Kyo se puso tenso. Miró a otro lado, disimulando. No había caído en la cuenta de que tal vez eso tuviera relación con el picor del tatuaje que sentía. Drasik ya le dijo, cuando por fin terminó de prepararle el opuritaserum y dárselo, que podía sentir algunas molestias físicas de vez en cuando, pero que eran normales y que acabarían disipándose conforme el opurita fuera eliminando los microcampos de vacío de su iris.

Tenía que haberse callado, había sido un descuido mencionarlo. No podía decir nada de eso, y a Brey muchísimo menos. Neuval ya le pidió que no le dijera a nadie que había visto a Izan, le pidió que sobre todo no se lo dijera a Brey, y Kyo creyó comprender por qué. La reacción de Brey podría ocasionar problemas si alguien le decía que su hermano había reaparecido después de tantos años desaparecido y perseguido por rumores negativos, porque Brey jamás quiso creer que esos rumores sobre su hermano fuesen ciertos.

—Ah, en realidad es una tontería —contestó Kyo finalmente.

Brey puso al instante una cara muy seria, viendo algo raro en él, de lo que el chico se dio cuenta.

—Bah, será porque Alvion me lo hizo recientemente. O será este jersey de lana que llevo, ¡me pica hasta en los brazos! —sonrió Kyo, haciendo aspavientos, y se marchó a su casa.

El rubio seguía sin estar muy conforme con aquella respuesta. Tenía la sensación de que había algo detrás de ese asunto, el de Drasik y su vendaje, y el de Kyo omitiendo alguna información. No sabía... Estaban pasando algunas cosas un poco raras últimamente. Todavía no se quitaba de la cabeza el extraño caso que Denzel les contó ayer a él y a Neuval, la niña que creyó ver. No sabía, no. Pero algo sentía… Era como esa calma antes de una tormenta, esa electricidad estática, en suspensión, antes del relámpago estallando.

Sin embargo, Clover y Daisuke aparecieron asomando las cabezas desde debajo de la mesa, entre sus piernas, sonriéndole divertidamente, y esas nubes negras tormentosas de mal presentimiento se evaporaron enseguida de su cabeza.


Tal y como habían quedado, Cleven se encontró con los dos chicos en el portal y se fueron juntos al instituto, también con los mellizos. La joven supo que al parecer ellos solían ir juntos, y que ahora ella iría con ellos. Podía ser divertido, pensó, aunque estuviera el pesado de Drasik. No obstante, Cleven confiaba en que estaría a salvo de las perversiones del neoyorquino teniendo a Kyo al lado. De todas formas, vio, un poco contrariada, que Drasik estaba un poco distante, y encima muy callado.

La joven todavía no lo conocía muy bien, así que no podía justificar esa actitud comparada con la que ya conocía. Pensó que tal vez él era así a veces y luego le daban esos prontos de escandaloso. Pero Kyo, por el contrario, se preguntaba con extrañeza qué le pasaba a su amigo, pues lo conocía bien y esa actitud no era normal en él.

Por otra parte, Brey ya estaba listo para irse. Tenía que ir directamente al Hospital Kyoko, donde habían quedado los de su clase con el profesor que les anunció lo de la visita el día anterior.

Estaba un poco lejos, y tenía que estar allí dentro de dos minutos. Sin embargo, como estaba solo, tenía la libertad para hacer trampa, pues Brey era la persona más veloz del mundo. Como Denjin-sama que era, de máximo nivel, podía desplazarse a la velocidad de la luz. Aunque esta no era la habilidad máxima que poseía como tal. En su nivel, Brey podía convertirse a sí mismo en electricidad. Igual que Neuval podía convertirse a sí mismo en aire.

Sin embargo, nada más salir por la puerta de casa con la aceleración ya iniciada, se dio de bruces con Mei Ling, que justo en ese momento estaba pasando por medio de camino a los ascensores con su enorme bolso cargado de libros. Fue un choque tan fuerte que la pobre Mei Ling se estampó contra la pared de enfrente.

Blyat! —exclamó Brey con los pelos de punta, pensando que después de 20 años con un impecable expediente como iris, acaba de cargarse a su primer humano inocente.

No obstante, a pesar del brusco golpe, Mei Ling se repuso rápidamente y se frotó la cabeza con cara molesta.

—¡Joder, Brey!

—Disculpa, lo siento, no esperaba que justo fueras a… ¿Estás bien? —preguntó un poco sorprendido al verla tan recuperada.

—Sí, estoy bien, pero vaya torpeza para un iris —rezongó—. No me mires así, no soy tan frágil. Soy una Lao y soy más fuerte de lo que parezco. Mi abuelo me ha dado porrazos peores en sus entrenamientos.

—Ya… —recordó Brey ese detalle. Por un momento pensó que ella iba a ponerse hecha una furia con él y a gritarle con ese carácter fuerte que solía tener, pero al parecer esto no fue motivo para ella.

—Oye, ¿cómo lo está llevando Cleven, lo de vivir contigo y todo eso? —quiso preguntarle Mei Ling, mientras recogía su bolso de diez kilos de peso del suelo—. Menuda sorpresa me llevé cuando me enteré. ¿Está contenta? ¿Y los niños?

—Eh… sí, lo está llevando bien. Los niños también.

—Por fin surge un cambio en esta familia. Para mejor —sonrió con un brillo melancólico en sus ojos negros.

Brey volvió a sonrojarse un poco sin darse cuenta.

—¿Puedo haceros una visita algún día? —le pidió ella—. Sería mi primera oportunidad en años de volver a hablar con Cleven… Sé lo de su memoria borrada, tendré cuidado, claro. Puedo traer un bizcocho casero, el preferido de los niños.

El chico se quedó un poco cohibido. No sabía qué responderle. Había tenido muchos roces con Mei Ling en los últimos años y la verdad es que ya habían pasado muchos meses desde la última vez que Brey la dejó cuidar de los niños… La había estado apartando bastante últimamente. Meses atrás tuvieron una discusión fuerte, como otras veces antes, y ya era casi como algo normal entre ellos, y volvían a llevarse bien tiempo después, como ahora. Pero seguía siendo un poco incómodo.

Mei Ling interpretó su silencio de esa forma. Por eso, borró su sonrisa y miró a un lado, más reservada.

—Bueno, puedo verla igualmente por aquí si me la cruzo por el rellano o los ascensores.

—Mei…

—Nooo, no —le interrumpió ella, recuperando su carácter seguro y firme, moviendo el dedo índice mientras se iba hacia los ascensores—. No me vengas a hablar por pena, svarlivyy, hoy estoy de un humor fantástico y nada me lo va a estropear. Además —se giró hacia él mientras se abría la puerta del ascensor, sonriéndole—. La semana pasada rescataste a mi hermanito, y eso te lo debo.

Mei Ling se marchó. Y Brey se quedó ahí en medio del rellano, mudo, con cara de asombro, pero sin descifrar aún qué le asombraba tanto. Después de estamparla contra la pared como para haberla matado, ella seguía tan campante y de buen humor como si no hubiera pasado… Svarlivyy era la única palabra rusa que Mei Ling se había aprendido y con la que a veces lo llamaba como una pequeña burla. Significaba “gruñón” o “cascarrabias”. Pero cuando ella la pronunciaba, con ese acento diferente, y esa voz…

Brey empezó a sentirse muy raro por dentro y no le gustaba, así que optó por dejar de perder el tiempo pensando en tonterías y, ya sí, usó su velocidad de la luz para aparecer una fracción de segundo después en un callejón al lado del edificio del hospital, donde no había nadie que pudiera asustarse.

Tras colocarse un poco el pelo despeinado, salió del callejón y se encaminó tranquilamente hacia el patio principal del hospital, donde ya estaban sus compañeros y otros que estaban llegando.





Comentarios