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3º LIBRO - Presente y Futuro __ PARTE 1: Identidad __









3.
La mentira necesaria

Cleven llegó al portal de casa al fin. Había escrito a su tío hace 15 minutos diciéndole que ya volvía y que apenas le quedaba batería. Después de eso, apagó el móvil, sabiendo que su tío intentaría llamarla de vuelta, para que pareciera que su batería ya se había agotado.

Cleven había decidido hacer las cosas de una manera que creía la mejor para sí misma y para los demás. Y eso incluía mentirles. Igual que ellos habían hecho con ella. Pero, como ella siempre solía decir en un pasado lejano, no hay que pararse a pensar en si mentir es algo bueno o malo, sino en si es necesario o no. En este momento, era necesario, y así iba a ser por ahora. Más adelante, la verdad ya tendría su momento de salir a la luz, igualmente, cuando fuese necesaria.

Su prima estaba secuestrada y desaparecida, así que Cleven no quería convertirse en una nueva e innecesaria preocupación o molestia para los demás. Nada había más importante ahora que Clover, y también la concentración y templanza de todos aquellos que tenían posibilidades de salvarla del mal sobrenatural que la retenía. Necesitaban fijar esa concentración y templanza sólo en eso.

Se preparó para dar su mejor actuación y entró en el edificio. Una vez salió del ascensor al rellano de la quinta planta, se paró ahí y miró a la puerta C. Luego a la puerta D. Tenía que ser Mei Ling o Eliam. Si alguien le iba a contar una falsa historia sobre lo que le había pasado a Clover, prefería que fueran ellos antes que su tío, o antes que Yako.

Brey ya le dijo en su mensaje de hace unas horas, antes de irse a la reunión del pub, que había pasado algo grave y que tenía que irse un rato a un sitio, y que, si llegaba a casa y él no estaba, les preguntase a Mei Ling o a Eliam sobre lo ocurrido. Aunque su tío ya estuviese ahí en casa, para Cleven iba a ser menos doloroso escuchar cómo Mei Ling o Eliam le mentían.

Pero Cleven tenía claro que tenía que ser Mei Ling, porque no podía olvidar un detalle importante: Drasik llegó a verla en las escaleras, escuchando a escondidas, cuando Riku se llevó a Daisuke. Aunque no hubo tiempo de explicar nada, ya que Drasik en ese momento tenía la prioridad de irse corriendo a entregar las instrucciones de Yako a los almaati, Cleven no quería arriesgarse a ir a la vivienda de Eliam a fingir informarse de lo que había sucedido y que Drasik estuviera ahí, la viera y se oliera que ahí no encajaba algo.

Así, pues, Cleven respiró hondo y se encaminó con determinación a la puerta de los Lao.

—¿Cleventine? —oyó una voz tras ella.

Se dio la vuelta, sobresaltada, y vio a Eliam ahí en la puerta de su vivienda, a punto de salir con una bolsa de basura. El chico la miraba con la misma expresión afligida que había tenido toda la tarde.

Cleven se dio cuenta de que tenía que reaccionar.

—Ah… Eliam… Ho-hola…

—¿Recién llegás? —preguntó, dejando la bolsa de basura en una esquina, junto a su puerta.

—Eh… Sí, yo… Verás, es que yo… —sacó rápidamente su móvil del bolsillo y procuró hacer bien su papel—. Había recibido un mensaje preocupante de mi tío esta tarde. No lo leí hasta hace un rato, y se me agotó la batería… y me decía que si no estaba él en casa, fuera a preguntaros a ti o a Mei Ling.

—Sí, así es. Pero tu tío ya está ahí en casa. Con Yako.

—Oh… ya, bueno, verás, es que yo… si te soy sincera, estoy oliéndome que ha pasado algo muy malo, y… me da la sensación de que mi tío no está bien ahora, y… no lo quiero molestar y hacerle contarme algo que le haga sentirse peor… y… había pensado que mejor le preguntaría a Mei Ling, ya sabes, para que mi tío no tenga que hacerlo…

—Claro… Lo entiendo. Sí, la verdad es que Raijin no está muy… Pero, eh, ya que estás acá y me encontré yo con vos, si querés te lo cuento yo.

—Perdona, Eli, no quería molestarte a ti porque sé que estabas este fin de semana estudiando para exámenes… —intentó disuadirle.

—No es molestia, de verdad. Además, Mei y Kyo no están ahora, salieron hace un rato a comprar, antes de que cierre la tienda.

—Oh…

—Ven, pasá, por favor —le hizo un gesto educado, abriendo más su puerta—. Te contaré lo que necesitás saber. Así podrás hablar luego con Raijin con más calma, ¿ok?

—Sí, Eli, muchas gracias —terminó accediendo Cleven, y entró en su vivienda.

No le quedaba más remedio. Si no estaban ni Mei Ling ni Kyo, Eliam era la única opción. Al pasar al interior y quitarse las zapatillas, miró disimuladamente por todos lados, hacia el salón, la cocina, las escaleras que iban a la planta superior… No parecía estar Drasik por ahí ahora.

—Ehm… ¿Está tu hermano?

—¿Dras? Sí, está arriba, en su habitación, con sus cosas. No te preocupés, no vendrá a molestarte. Que ya sé que en las últimas semanas estuvo varias veces comportándose un poco pegajoso con vos. No se lo tengás en cuenta, por favor. Es muy caprichoso con las chicas, pero no en plan creepy o mujeriego. Te aseguro que él no las ve como trozos de carne, como suelen pensar algunos; él en verdad las trata a todas sin mentiras ni juegos sucios. Simplemente, le gusta disfrutar, divertirse, pasar buenos momentos… siempre y cuando ellas también disfruten y se diviertan.

Cleven se quedó un poco pasmada al escuchar de repente toda esa información sobre Drasik. La verdad es que se sintió un poco culpable, porque ella sí que había tenido esa visión de él de creepy o mujeriego. Quizá es que sólo lo había juzgado por lo que veía desde la distancia. No sabía que había otra cosa distinta, más allá de las apariencias.

De todas formas, en los últimos días, Drasik había dejado de comportarse con ella como el loco pervertido de antes y ahora había estado más distante y frío, y no la había molestado más en ese sentido.

La verdad, si tenía que ser sincera… Cleven echaba un poco de menos al anterior Drasik pervertido y alocado.

Eliam hizo té y se sentaron en la mesa del comedor a hablar. Cleven, con mucho pesar, fingió la debida sorpresa y el debido horror al escuchar de su vecino la misma historia que habían decidido contarle a Riku, que Clover se había escapado de casa en algún momento de la noche y ahora estaba simplemente desaparecida. Y, como consecuencia, Brey había perdido la custodia temporalmente de ambos niños, considerando que Clover ahora corría peligro por culpa de su falta de vigilancia o de responsabilidad y que Daisuke necesitaba ser protegido de esa falta trasladándose a la casa de sus abuelos maternos.

Aun así, Cleven podía notarlo. Eliam lo disimulaba bastante bien, pero ella sabía que incluso a él le estaba costando mentirle. «Pero lo hace porque mi tío se lo ha pedido» pensaba Cleven. «Eliam y tío Brey son muy buenos amigos desde hace años. Seguro que Eliam quiere lo mismo que yo, hacer las cosas más cómodas o convenientes para mi tío».

«Por lo que puedo percibir… Eliam está al tanto de todo. Es cómplice, y Mei Ling también, de todos los secretos que he oído y visto en ese pub. Supongo que es normal. Sus respectivos hermanos menores participaron en esa reunión como si fueran miembros oficiales de lo que quiera que sean. Un grupo, una secta… lo que sea. Lo que no entiendo es por qué Mei Ling y Eliam no asistieron también. ¿Ellos no forman parte de ese grupo secreto? Pero están al corriente de su existencia».

«¿Por qué, si mi padre parecía el jefe o uno de los jefes, nunca me ha contado nada y no me ha hecho cómplice también? De hecho, ¿desde cuándo oculta esto? ¿Años? El padre de Álex, el señor Suárez, estaba ahí con él. Al principio de la reunión dijo algo de que papá había estado exiliado, y que hace poco ellos y otros aliados celebraron su retorno. Qué extraño… ¿tendrá que ver con el cambio de humor tan grande que he notado en papá recientemente?».

«En un momento de la reunión, papá mencionó que a sus 13 años tuvo el honor de conocer a una tal Izna Smirkova, en una “misión”. La abuela rusa de mamá. ¿Incluso mi bisabuela formaba parte de esta secta? En todo caso, no sé a qué se refería papá con “misión”, pero parece ser que él lleva metido en esto… desde que era muy joven. Es la primera vez que le oigo mencionar algo de su infancia…».

«Me resulta imposible, ¡imposible!, que yo no haya notado nada nunca. ¿Cómo he pasado toda mi vida sin ver nada raro, sin oír nada raro? Papá será una de las personas más inteligentes del mundo, pero nadie puede ser tan perfecto ocultando un secreto tan grande con tantas personas implicadas durante décadas. Como no me hayan borrado la memoria o algo así, no me encaja esta cuestión» ironizó. «Porque… puede que tras la muerte de mamá yo haya estado deprimida y desconectada del mundo, pero yo sé que, antes de eso, yo solía prestar mucha atención a todo. Tiene que haber muchas más cosas ahí que no sé».

Eliam observaba a Cleven un poco preocupado. Había terminado de contarle todo hace rato, y ella se había quedado muy callada mirando fijamente la mesa con su taza de té a medio acabar. La vio muy pensativa, y supuso que estaba asimilando la mala noticia sobre sus primos.

—¿Estás bien?

Cleven despertó de su ensimismamiento y lo miró. Intentó no olvidar su papel.

—No, la verdad es que no, estoy muy preocupada por Clover, yo no sé por qué ha pasado esto, por qué se ha escapado… si algo la habrá asustado, o… ¿Dónde podría haber estado un día entero? No puede estar por la calle con este frío…

—Quizá… se cobijó en algún lugar —dijo Eliam, agachando la mirada hacia su taza para disimular la incomodidad de seguir mintiendo.

—Menos mal que mi tío avisó a la policía hoy mismo. Espero que la encuentren cuanto antes.

—Seguro que sí, Cleven. Nosotros también colaboraremos, estaremos atentos a cualquier pista o testigo, tiene que haber alguien que la haya visto en algún momento y lugar.

—Eli —agarró sus manos sobre la mesa—. Gracias por contármelo. Y por preocuparte tanto y por ayudar a mi tío. Sé que no es fácil.

El chico miró sus manos y luego a ella, un poco sorprendido. Ella parecía guardar muchas esperanzas, más de las que esperaba. Pensó que quizá Cleven ponía mucha fe en la policía. Pero también sintió un segundo sentido en su última frase. No estaba seguro, pero al menos le tranquilizaba saber que ella ya lo había asimilado.

—Voy a ver a mi tío ahora —dijo, levantándose de la silla—. Gracias por el té.

—Claro —respondió él, levantándose también—. Y por favor, si puedo ayudarlos en lo que sea, no duden Raijin y vos en pedírmelo.

Cleven no pudo evitar sonreír levemente. La amabilidad de Eliam siempre le había parecido un poco especial. Era un tipo de amabilidad que venía con algo triste detrás. Desde que lo conoció en el hotel, lo cierto es que a Cleven le dio una sensación inmediata de que ese chico arrastraba mucho dolor dentro, y desde hace muchos años. Quizá un trauma de la infancia que lo dejó marcado, y ahora era el tipo de persona que no toleraba bien el conflicto ni las desgracias tanto propias como ajenas, ni el estrés o los ruidos fuertes.

Recordó que hace unas semanas, cuando conoció a Drasik en el instituto, Nakuru le dijo que se quedó huérfano a los 3 años. Entonces Eliam tenía 6, y debía de recordar todavía esa pérdida. Cleven ahora se preguntó cómo murieron sus padres, porque algo le decía que no fue un simple accidente o enfermedad. Aunque, obviamente, no era momento de preguntar algo así.

My acetate! Where’s my butyl acetate!? —les sobresaltó una voz.

Miraron arriba y vieron aparecer a Drasik en lo alto de las escaleras, apurado, llevando puesto nada más que una bata blanca abierta y unos calzoncillos de tipo trunk, y unas gafas protectoras negras y redondas en los ojos. Sostenía en una mano un matraz de vidrio con un líquido oscuro dentro.

—¿¡Has vuelto a tocar mis cosas, Eliam!? —preguntó, sin dejar de contemplar el matraz a la altura de sus ojos.

Did not! No te toqué tu acetato de butilo, Dras. ¿Te importaría adecentarte? Tenemos una invitada.

Entonces Drasik bajó la vista y encontró a Cleven ahí junto a su hermano en el comedor. No dijo nada, tan sólo se la quedó mirando muy quieto. Cleven se puso un poco nerviosa, sentía sus ojos muy clavados en ella, a pesar de estar tapados por las gafas protectoras. Y también, tal vez, por encontrarlo sin previo aviso con ese aspecto semidesnudo y estrafalario con sus habituales pelos despeinados. Parecía haber salido de una película de terror de científico loco, pero de las que incluyen un par de animadoras y un repartidor de pizza con extra de salchicha.

—La princesa… —murmuró.

—Llegó hace un rato. Le estaba contando lo sucedido —le explicó Eliam—. Para así ahorrarle el mal trago a Raijin. Ahora Cleven irá a verlo y a hablar con él con más calma.

Drasik siguió callado. Y esto no hacía más que poner más tensa a Cleven.

—Hah… —dijo el Sui entonces, como si acabara de asimilar esa información, pero también dejando un tono sarcástico. Se apartó las gafas sobre la frente, apoyó un codo sobre la barandilla y puso la otra mano en jarra, sobre su cadera, con una postura desvergonzada. Y ya, no dijo nada más.

Cleven ya no sabía descifrar si la estaba mirando tan fijamente porque había recuperado su faceta de ligón pervertido o porque estaba esperando que ella confesase algo.

—¿Te importaría taparte un poco? —intentó Cleven actuar como siempre, pero también intentó mirar para otro lado que no fuera su atlético cuerpo.

—Sigo llevando más tela que aquel adorable pijama tuyo de corazoncitos y osos panda —replicó él, sonriendo con malicia.

Cleven se puso roja al ver que él aún seguía recordando aquel día que la vio en la casa de su tío en uno de sus pijamas más cursis.

—Borra esa imagen de tu cabeza —le advirtió ella.

—Se quedará en mi memoria hasta que me muera, igual que esta imagen de mí se quedará comprensiblemente grabada en la tuya.

—Sí, en la de mis pesadillas —gruñó Cleven.

—Eh. Mis ojos están aquí —le hizo un gesto para que ella levantara la mirada hacia su cara.

—Grrr… —Cleven rechinó los dientes con rabia.

—De nada —sonrió él, levantando las cejitas varias veces.

—Hahh… Dras, por lo que más querás… —resopló Eliam con paciencia.

—¿Qué es eso? —le preguntó Cleven, señalando el recipiente que Drasik sostenía en su mano, pues el líquido oscuro que contenía de repente se había vuelto blanco.

Drasik miró un momento su matraz desinteresadamente y luego de nuevo a ella.

—Tengo un laboratorio de drogas ahí al lado del baño —respondió sin más, con descaro, señalando con la cabeza.

—¡Dras! —se apuró su hermano, y miró rápidamente a Cleven—. Está de broma, no le hagás caso. Está con las tareas del instituto.

—Aha… claro… —sonrió Cleven con nervios, y fue dando unos pasos hacia la puerta de la entrada—. B-bueno, yo… ya me voy, tengo que ver cómo está mi tío…

—Sí, por supuesto, no te entretenemos más —la acompañó Eliam.

Cuando Cleven se marchó y Eliam regresó al salón, encontró a Drasik ahí en lo alto de las escaleras contemplando su matraz de repente con una cara de lo más atónita, sosteniendo el recipiente en alto, ante sus ojos abiertos como platos. Eliam supuso el porqué. Ese líquido blanquecino que ahora contenía el matraz estaba emitiendo una luminiscencia, estaba brillando. Pero quizá, lo que más le asombraba era ver el propio asombro de Drasik. Algo le decía que acababa de conseguir algo nuevo.

—Supongo que… ¿ya no necesitás ese acetato de butilo? —le preguntó Eliam.

Drasik cerró la boca; se volvió a poner las gafas protectoras y miró a su hermano con una sonrisa.

—Soy un puto genio —dijo sin más, y volvió a meterse en el pasillo.


Cleven se encontró sola en el rellano una vez más. Dio dos largos suspiros, para no perder la concentración. No sabía por qué ese idiota con pelos de loco siempre tenía que irritarla. Pero, por otra parte, ¿habría sospechado algo? Se había comportado un poco raro al verla… «¿Raro?» pensó ella, «Va por su casa en bata blanca y calzoncillos, ¿cómo no va a ser un bicho raro, toda su persona? ¿Y por qué me miraba así?» refunfuñaba, cada vez más incómoda cuanto más recordaba su cara y su sonrisilla arrogante y sus ojos…

«¿Te quieres callar, Cleven?» se dijo a sí misma. «Hay cosas más importantes y graves ahora. Si Drasik no ha dicho nada será porque no tenía nada que decir. No tiene por qué saber qué hacía yo ahí en las escaleras. Puede pensar que estuve ahí unos segundos y luego me marché y por eso yo no sabía nada de lo ocurrido y es normal que haya acudido a Eliam para informarme. Y punto».

«Vamos, Cleven» se dijo una vez más, sacando las llaves para abrir la puerta de su tío. «Sé útil. Sé de ayuda. Sé lo que el tío Brey necesita que seas ahora».

Por fin entró en casa; dejó los zapatos y pasó al salón, donde, de primeras, se topó con Yako dejando en la mesilla del salón una bandeja con dos tazas de alguna infusión rara de las suyas.

—Ah… ¡Cleven! —brincó el Zou, corriendo hasta ella, posando las manos en sus hombros—. Por fin llegas. ¿Cómo estás?

Ella ya tenía claro qué papel interpretar. Pero se hacía un poco difícil, teniendo ahora ahí a Yako, o a esa persona de extraños ojos amarillos que al parecer conocía a su padre desde hacía años y los demás lo trataban como a un príncipe celestial. Se quedó un poco cohibida. Por un lado, sentía que era Yako, el que ella conocía, pero, por otro lado, se había vuelto un desconocido también. No supo qué decir.

Sin embargo, al haber escuchado la voz de Yako, Brey entró por fin en el salón desde el balcón. Cuando Cleven lo miró, se quedó impactada. En el pub ya lo había visto afectado y expresarse como tal, pero ahora, sin más gente y ruido alrededor, a plena luz, devolviéndole a ella la mirada de frente… era un Raijin totalmente diferente.

Pero esto sólo podía notarlo ella. Porque Brey, en realidad, entró al salón con una expresión serena, gracias a su iris restaurado ejerciendo su fuerza racional sobre cualquier emoción. Cualquier otro lo vería tranquilo, o más bien, preocupado pero manteniendo la templanza. No obstante, eso era por fuera. Cleven sentía en su piel la agonía dentro del alma de su tío. Una voz lamentándose y pidiendo ayuda. Igual que la primera vez que lo conoció en la cafetería de Yako. Pero, esta vez, peor, con más claridad y fuerza.

—Cleven, ¿por qué no me avisaste antes de que ibas a pasar tantas horas por ahí? ¿Por qué no respondiste antes a mi mensaje? —le reprochó él—. ¿Por qué no miras el móvil con más frecuencia o no te has llevado un cargador portátil para mantener la batería? Son detalles importantes, podría pensar que te ha pasado algo. No me importa qué planes hagas con tus amigos, pero al menos podrías informarme. He estado…

Cleven corrió por impulso hacia él y lo abrazó con fuerza, casi derribándolo. Brey se quedó mudo.

—Eliam acaba de contármelo todo —le dijo directamente.

Brey y Yako compartieron una silenciosa mirada de sorpresa. Pero después comprendieron. Y el Den no pudo evitar su manía iris de proteger a los demás.

—Lo siento, Cleven. La he cagado. Clover ha desaparecido por mi culpa, pero te juro que la encontraré, y lo arreglaré todo. Y esta casa volverá a ser un buen hogar donde…

—Por Dios, cállate, ¡deja de hablar como si fueras el responsable! —le reprimió ella—. Tú no has hecho nada mal, tío. Todo lo haces perfecto. Tienes mil tareas diarias y tú las cumples todas, todo organizado, puntual, sin fallos, y sin quejarte nunca, y eso es… —apretó los dientes con rabia, pero respiró para calmarse un poco—. Es injusto que te pase esto. No hay padre que sepa cuidar y proteger a los mellizos mejor que tú. Eres mejor padre que millones de padres del mundo. ¿Te crees que los buenos padres no sufren también incidentes o accidentes? La negligencia se puede juzgar y castigar, pero esto no ha sido negligencia. Clover no ha desaparecido por tu culpa. Y si te vuelvo a oír una palabra de eso o de disculpas, sólo conseguirás cabrearme.

A Brey le estremecía ver ese brillo de ira en sus ojos. Jamás la había visto así. Excepto quizá… alguna vez en la lejana infancia… en alguna situación grave… Pero no era ira contra él. Un iris conocía ese tipo de mirada, la de alguien que no hablaba por hablar, sino la de alguien que estaba dispuesto a volcar el mundo por proteger a un ser querido.

Yako volvió a experimentar esa sensación, la misma que tuvo la otra noche cuando dio una fiesta en su casa, cuando hablaba con Cleven sobre sus planes futuros estudiando Derecho para cambiar el sistema judicial del mundo, y ella le recordó un factor importante de la humanidad que precisamente estaba escrito en uno de los libros de sus antepasados Zou…

Volvió a sentir esa energía. No era el simple Yang humano ni el esplendoroso Yang de un iris, era algo diferente y Yako seguía sin poder identificarlo, pero le atraía y le fascinaba y lo admiraba. Emanaba de ella apenas unos segundos, como si lo hiciera de manera secreta; asomaba y volvía a esconderse adrede dentro de ella.

Brey terminó comprendiendo que comportarse como el culpable realmente alteraba a Cleven, así que decidió dejar de hacerlo.

—Ahm… ¿Quieres que hablemos más de ello? ¿Tienes preguntas, o…?

—No, tío Brey, tranquilo. Sólo si tú quieres hablar o decirme algo —lo miró fijamente, y él respondió negando con la cabeza y después agachándola—. Se arreglará, ya lo verás. La policía encontrará a Clover. Y recuperarás la custodia. Porque Riku nos va a ayudar.

—N… No, no, Cleven, no metas a la prometida de tu hermano en líos, por favor. No podemos crear más problemas de los que hay.

—¿¡Prometida!? —exclamó Yako, y los dos Saehara lo miraron con susto.

—Joder, se me ha vuelto a escapar delante de alguien… —murmuró Brey.

Yako se dio cuenta de que Cleven lo miraba con una mueca muy extrañada, como si no entendiera por qué le sorprendía tanto ese dato.

—Oh, bueno, quiero decir… —intentó disimular Yako—. Ya era bastante sorpresa saber que la señorita Ishida es la novia de un sobrino tuyo, Brey… y ahora resulta que la asistente social va a ser oficialmente parte de tu familia.

—Yako… —suspiró Brey con paciencia.

—Yo sólo lo comento —se defendió este.

—¿Qué os pasa? —preguntó Cleven.

—Que Yako piensa como tú —masculló el rubio—. Dejad a Riku en paz, ¿de acuerdo? Ella no sabe nada, sólo hace su trabajo.

Cleven frunció el ceño.

—¿A qué te refieres con… “ella no sabe nada”?

Tanto Yako como Brey contuvieron un gesto de alarma por ese descuido y disimularon.

—Pues que ella… no sabe qué le ha podido pasar a Cover. Ni ella ni nosotros. Eso sólo lo puede averiguar la policía, ¿vale? —farfulló agobiado, y se sentó en el sofá para coger una de las tazas humeantes de la mesilla. Se quedó ahí callado, respirando el aroma de la infusión, con expresión cansada y triste.

Cleven se quedó un momento pensativa. Sabía que su tío no se refería a eso. «Sé que Riku no sabe nada sobre esos secretos que tío Brey y todos los demás han estado discutiendo en ese pub» pensó, «porque le han contado la versión falsa de la desaparición de Clover. Pero creo que el tío Brey se refería ahora a otra cosa. Ahora que lo pienso, he dado por sentado que Riku ya sabía que tío Brey es tío de su prometido. Pero… ¿y si no es así? Le podría preguntar ahora mismo al tío Brey, pero, si me confirma que Riku desconoce que él es familiar de Lex, quizá esté metiendo al tío en un aprieto. Porque, de ser verdad que Riku no lo sabe, es por una razón, y esa razón es que Lex no le ha hablado a Riku nunca de la existencia del tío Brey. Ahora… ¿por qué Lex no le hablaría de eso a la novia con la que lleva 5 años conviviendo?».

Cleven volvió a tener esa sospecha, a hacerse la misma pregunta que se hizo cuando salió del pub, y eso cada vez la mosqueaba más. «Lex…».

Se marchó un momento a la cocina, dejando solos a Yako y a Brey en el salón. Necesitaba un breve respiro. Al menos, este primer acercamiento había ido bien. «Al menos» pensó ella, «siguen pareciendo el Yako y el tío Brey de siempre. Cada uno tendrá sus rarezas, pero se sienten tan normales… Si de verdad Clover y Daisuke han heredado unos supuestos poderes divinos, ¿el tío o Yako también tendrán algún poder raro? Ya bastante evidencia ha sido ver a Denzel teletransportarse para traer esos raros objetos desde esta misma casa hasta el pub. Y esas otras personas que dicen ser sus hijos de siglos atrás…».

«Ahora que me acuerdo, esta mañana vi al propio tío Brey esfumándose superveloz después de que él y Drasik salieran del garaje… ¿Será que el tío… sí tiene un poder raro también? ¿El de ser muy veloz? Ojalá pudiera preguntarle directamente, me muero por saber más… Y, si él y mis primos tienen poderes de alguna clase, ¿significa que mamá también tenía alguno? ¿Y yo? Mi único superpoder es poder comer mi propio peso en comida basura. Bueno, y quizá mis insuperables récords de reflejos y puntería en los juegos recreativos de Akihabara…».

Respiró hondo por octava vez. De nada servía darle vueltas, sabiendo que no podía hacer preguntas y que sólo le quedaba ir averiguándolo ella misma.

Después se dio cuenta de que había comida hecha ahí en unas ollas. Esto le oprimió el pecho. A pesar de todo, Brey había hecho la comida y le había dejado ahí una ración para ella. La verdad es que ella no tenía nada de hambre ahora.

A los cinco minutos, Cleven salió de la cocina, con una bandeja con un plato recién calentado de arroz con carne y verduras y un cuenco de sopa de miso. Se sentó a cenar en la mesa del comedor. Cuando Brey se giró sobre el sofá y la vio, fue como si se le evaporase uno de los muchos pesos que cargaba en su alma. Yako también vio eso, y sonrió tranquilo. Ver a Cleven comer la comida que él había preparado hacía que esa casa volviera a recuperar un trocito de normalidad y del hogar familiar que era antes.

—Guau… Está delicioso —comentó ella—. Gracias, tito. Venía con mucha hambre.

Brey dejó salir un suspiro conforme. Al menos, sentía haber hecho algo útil hoy.

—Verás, Cleven —le dijo Yako con tono alicaído—. Hay un pequeño problema.

—¿De qué se trata?

—Por desgracia, debido a lo ocurrido y a las condiciones legales con las que Rai lleva años lidiando, él ahora no puede tener a ningún menor de edad en su casa. Por lo menos hasta que Clover sea encontrada y se arregle la custodia y todo eso. Se metería en más problemas si antes de lograr eso le mandan un inspector aquí un día de estos para comprobarlo y te encuentran aquí. En ese momento, se les puede decir que simplemente estás de visita, pero, con tal de cumplir la legalidad, son meticulosos y son capaces de mandar a otro inspector horas más tarde o al día siguiente. Tendrías que instalarte en otro lado, pero sólo por unos días.

—Oh… Entiendo —dijo Cleven, bajando la cabeza con pesar.

—Cleven, yo… —intentó decir Brey.

—En ese caso, hagamos las cosas bien y con cuidado —interrumpió ella, volviendo a alzar la vista con más determinación—. Haré todo lo que necesites para solucionarlo todo de la mejor manera posible, tío. Me iré a… —se levantó de la mesa de un brinco, pero luego frunció el ceño y miró al techo—. ¿Adónde me voy?

—Cleven, no te tienes que ir ahora —dijo el rubio—. No van a mandar un inspector a estas horas. Quédate aquí esta noche. Ya mañana decides. Por favor, no te preocupes más por hoy.

La joven se dio cuenta de que quizá su tío se sentía incómodo si la veía preocuparse demasiado por qué hacer, cómo hacerlo o cuándo hacerlo. A él no le gustaba que los humanos, especialmente los seres queridos, sufrieran demasiado por un problema que, al final, estaba secretamente fuera de su alcance. Además, ya tenía que ser bastante agobiante mantener las mentiras a cada minuto. Cleven no quería forzar a su tío más a eso. Él necesitaba que ella se comportase como una inocente al margen.

—Tienes razón. Después de todo, por hoy no podemos hacer nada más.

Brey hizo un gesto más tranquilo con la cabeza, serio. Se levantó del sofá y se acercó a ella. La miró unos segundos, y luego, sencillamente la abrazó.

—Gracias, pelmaza. Por ser siempre de tanta ayuda.

—Tío Brey… —alzó la vista para mirarlo, extrañada—. Pero si aún no he hecho absolutamente nada para ayudarte.

—Sí, lo haces. Aunque no te des cuenta.









3.
La mentira necesaria

Cleven llegó al portal de casa al fin. Había escrito a su tío hace 15 minutos diciéndole que ya volvía y que apenas le quedaba batería. Después de eso, apagó el móvil, sabiendo que su tío intentaría llamarla de vuelta, para que pareciera que su batería ya se había agotado.

Cleven había decidido hacer las cosas de una manera que creía la mejor para sí misma y para los demás. Y eso incluía mentirles. Igual que ellos habían hecho con ella. Pero, como ella siempre solía decir en un pasado lejano, no hay que pararse a pensar en si mentir es algo bueno o malo, sino en si es necesario o no. En este momento, era necesario, y así iba a ser por ahora. Más adelante, la verdad ya tendría su momento de salir a la luz, igualmente, cuando fuese necesaria.

Su prima estaba secuestrada y desaparecida, así que Cleven no quería convertirse en una nueva e innecesaria preocupación o molestia para los demás. Nada había más importante ahora que Clover, y también la concentración y templanza de todos aquellos que tenían posibilidades de salvarla del mal sobrenatural que la retenía. Necesitaban fijar esa concentración y templanza sólo en eso.

Se preparó para dar su mejor actuación y entró en el edificio. Una vez salió del ascensor al rellano de la quinta planta, se paró ahí y miró a la puerta C. Luego a la puerta D. Tenía que ser Mei Ling o Eliam. Si alguien le iba a contar una falsa historia sobre lo que le había pasado a Clover, prefería que fueran ellos antes que su tío, o antes que Yako.

Brey ya le dijo en su mensaje de hace unas horas, antes de irse a la reunión del pub, que había pasado algo grave y que tenía que irse un rato a un sitio, y que, si llegaba a casa y él no estaba, les preguntase a Mei Ling o a Eliam sobre lo ocurrido. Aunque su tío ya estuviese ahí en casa, para Cleven iba a ser menos doloroso escuchar cómo Mei Ling o Eliam le mentían.

Pero Cleven tenía claro que tenía que ser Mei Ling, porque no podía olvidar un detalle importante: Drasik llegó a verla en las escaleras, escuchando a escondidas, cuando Riku se llevó a Daisuke. Aunque no hubo tiempo de explicar nada, ya que Drasik en ese momento tenía la prioridad de irse corriendo a entregar las instrucciones de Yako a los almaati, Cleven no quería arriesgarse a ir a la vivienda de Eliam a fingir informarse de lo que había sucedido y que Drasik estuviera ahí, la viera y se oliera que ahí no encajaba algo.

Así, pues, Cleven respiró hondo y se encaminó con determinación a la puerta de los Lao.

—¿Cleventine? —oyó una voz tras ella.

Se dio la vuelta, sobresaltada, y vio a Eliam ahí en la puerta de su vivienda, a punto de salir con una bolsa de basura. El chico la miraba con la misma expresión afligida que había tenido toda la tarde.

Cleven se dio cuenta de que tenía que reaccionar.

—Ah… Eliam… Ho-hola…

—¿Recién llegás? —preguntó, dejando la bolsa de basura en una esquina, junto a su puerta.

—Eh… Sí, yo… Verás, es que yo… —sacó rápidamente su móvil del bolsillo y procuró hacer bien su papel—. Había recibido un mensaje preocupante de mi tío esta tarde. No lo leí hasta hace un rato, y se me agotó la batería… y me decía que si no estaba él en casa, fuera a preguntaros a ti o a Mei Ling.

—Sí, así es. Pero tu tío ya está ahí en casa. Con Yako.

—Oh… ya, bueno, verás, es que yo… si te soy sincera, estoy oliéndome que ha pasado algo muy malo, y… me da la sensación de que mi tío no está bien ahora, y… no lo quiero molestar y hacerle contarme algo que le haga sentirse peor… y… había pensado que mejor le preguntaría a Mei Ling, ya sabes, para que mi tío no tenga que hacerlo…

—Claro… Lo entiendo. Sí, la verdad es que Raijin no está muy… Pero, eh, ya que estás acá y me encontré yo con vos, si querés te lo cuento yo.

—Perdona, Eli, no quería molestarte a ti porque sé que estabas este fin de semana estudiando para exámenes… —intentó disuadirle.

—No es molestia, de verdad. Además, Mei y Kyo no están ahora, salieron hace un rato a comprar, antes de que cierre la tienda.

—Oh…

—Ven, pasá, por favor —le hizo un gesto educado, abriendo más su puerta—. Te contaré lo que necesitás saber. Así podrás hablar luego con Raijin con más calma, ¿ok?

—Sí, Eli, muchas gracias —terminó accediendo Cleven, y entró en su vivienda.

No le quedaba más remedio. Si no estaban ni Mei Ling ni Kyo, Eliam era la única opción. Al pasar al interior y quitarse las zapatillas, miró disimuladamente por todos lados, hacia el salón, la cocina, las escaleras que iban a la planta superior… No parecía estar Drasik por ahí ahora.

—Ehm… ¿Está tu hermano?

—¿Dras? Sí, está arriba, en su habitación, con sus cosas. No te preocupés, no vendrá a molestarte. Que ya sé que en las últimas semanas estuvo varias veces comportándose un poco pegajoso con vos. No se lo tengás en cuenta, por favor. Es muy caprichoso con las chicas, pero no en plan creepy o mujeriego. Te aseguro que él no las ve como trozos de carne, como suelen pensar algunos; él en verdad las trata a todas sin mentiras ni juegos sucios. Simplemente, le gusta disfrutar, divertirse, pasar buenos momentos… siempre y cuando ellas también disfruten y se diviertan.

Cleven se quedó un poco pasmada al escuchar de repente toda esa información sobre Drasik. La verdad es que se sintió un poco culpable, porque ella sí que había tenido esa visión de él de creepy o mujeriego. Quizá es que sólo lo había juzgado por lo que veía desde la distancia. No sabía que había otra cosa distinta, más allá de las apariencias.

De todas formas, en los últimos días, Drasik había dejado de comportarse con ella como el loco pervertido de antes y ahora había estado más distante y frío, y no la había molestado más en ese sentido.

La verdad, si tenía que ser sincera… Cleven echaba un poco de menos al anterior Drasik pervertido y alocado.

Eliam hizo té y se sentaron en la mesa del comedor a hablar. Cleven, con mucho pesar, fingió la debida sorpresa y el debido horror al escuchar de su vecino la misma historia que habían decidido contarle a Riku, que Clover se había escapado de casa en algún momento de la noche y ahora estaba simplemente desaparecida. Y, como consecuencia, Brey había perdido la custodia temporalmente de ambos niños, considerando que Clover ahora corría peligro por culpa de su falta de vigilancia o de responsabilidad y que Daisuke necesitaba ser protegido de esa falta trasladándose a la casa de sus abuelos maternos.

Aun así, Cleven podía notarlo. Eliam lo disimulaba bastante bien, pero ella sabía que incluso a él le estaba costando mentirle. «Pero lo hace porque mi tío se lo ha pedido» pensaba Cleven. «Eliam y tío Brey son muy buenos amigos desde hace años. Seguro que Eliam quiere lo mismo que yo, hacer las cosas más cómodas o convenientes para mi tío».

«Por lo que puedo percibir… Eliam está al tanto de todo. Es cómplice, y Mei Ling también, de todos los secretos que he oído y visto en ese pub. Supongo que es normal. Sus respectivos hermanos menores participaron en esa reunión como si fueran miembros oficiales de lo que quiera que sean. Un grupo, una secta… lo que sea. Lo que no entiendo es por qué Mei Ling y Eliam no asistieron también. ¿Ellos no forman parte de ese grupo secreto? Pero están al corriente de su existencia».

«¿Por qué, si mi padre parecía el jefe o uno de los jefes, nunca me ha contado nada y no me ha hecho cómplice también? De hecho, ¿desde cuándo oculta esto? ¿Años? El padre de Álex, el señor Suárez, estaba ahí con él. Al principio de la reunión dijo algo de que papá había estado exiliado, y que hace poco ellos y otros aliados celebraron su retorno. Qué extraño… ¿tendrá que ver con el cambio de humor tan grande que he notado en papá recientemente?».

«En un momento de la reunión, papá mencionó que a sus 13 años tuvo el honor de conocer a una tal Izna Smirkova, en una “misión”. La abuela rusa de mamá. ¿Incluso mi bisabuela formaba parte de esta secta? En todo caso, no sé a qué se refería papá con “misión”, pero parece ser que él lleva metido en esto… desde que era muy joven. Es la primera vez que le oigo mencionar algo de su infancia…».

«Me resulta imposible, ¡imposible!, que yo no haya notado nada nunca. ¿Cómo he pasado toda mi vida sin ver nada raro, sin oír nada raro? Papá será una de las personas más inteligentes del mundo, pero nadie puede ser tan perfecto ocultando un secreto tan grande con tantas personas implicadas durante décadas. Como no me hayan borrado la memoria o algo así, no me encaja esta cuestión» ironizó. «Porque… puede que tras la muerte de mamá yo haya estado deprimida y desconectada del mundo, pero yo sé que, antes de eso, yo solía prestar mucha atención a todo. Tiene que haber muchas más cosas ahí que no sé».

Eliam observaba a Cleven un poco preocupado. Había terminado de contarle todo hace rato, y ella se había quedado muy callada mirando fijamente la mesa con su taza de té a medio acabar. La vio muy pensativa, y supuso que estaba asimilando la mala noticia sobre sus primos.

—¿Estás bien?

Cleven despertó de su ensimismamiento y lo miró. Intentó no olvidar su papel.

—No, la verdad es que no, estoy muy preocupada por Clover, yo no sé por qué ha pasado esto, por qué se ha escapado… si algo la habrá asustado, o… ¿Dónde podría haber estado un día entero? No puede estar por la calle con este frío…

—Quizá… se cobijó en algún lugar —dijo Eliam, agachando la mirada hacia su taza para disimular la incomodidad de seguir mintiendo.

—Menos mal que mi tío avisó a la policía hoy mismo. Espero que la encuentren cuanto antes.

—Seguro que sí, Cleven. Nosotros también colaboraremos, estaremos atentos a cualquier pista o testigo, tiene que haber alguien que la haya visto en algún momento y lugar.

—Eli —agarró sus manos sobre la mesa—. Gracias por contármelo. Y por preocuparte tanto y por ayudar a mi tío. Sé que no es fácil.

El chico miró sus manos y luego a ella, un poco sorprendido. Ella parecía guardar muchas esperanzas, más de las que esperaba. Pensó que quizá Cleven ponía mucha fe en la policía. Pero también sintió un segundo sentido en su última frase. No estaba seguro, pero al menos le tranquilizaba saber que ella ya lo había asimilado.

—Voy a ver a mi tío ahora —dijo, levantándose de la silla—. Gracias por el té.

—Claro —respondió él, levantándose también—. Y por favor, si puedo ayudarlos en lo que sea, no duden Raijin y vos en pedírmelo.

Cleven no pudo evitar sonreír levemente. La amabilidad de Eliam siempre le había parecido un poco especial. Era un tipo de amabilidad que venía con algo triste detrás. Desde que lo conoció en el hotel, lo cierto es que a Cleven le dio una sensación inmediata de que ese chico arrastraba mucho dolor dentro, y desde hace muchos años. Quizá un trauma de la infancia que lo dejó marcado, y ahora era el tipo de persona que no toleraba bien el conflicto ni las desgracias tanto propias como ajenas, ni el estrés o los ruidos fuertes.

Recordó que hace unas semanas, cuando conoció a Drasik en el instituto, Nakuru le dijo que se quedó huérfano a los 3 años. Entonces Eliam tenía 6, y debía de recordar todavía esa pérdida. Cleven ahora se preguntó cómo murieron sus padres, porque algo le decía que no fue un simple accidente o enfermedad. Aunque, obviamente, no era momento de preguntar algo así.

My acetate! Where’s my butyl acetate!? —les sobresaltó una voz.

Miraron arriba y vieron aparecer a Drasik en lo alto de las escaleras, apurado, llevando puesto nada más que una bata blanca abierta y unos calzoncillos de tipo trunk, y unas gafas protectoras negras y redondas en los ojos. Sostenía en una mano un matraz de vidrio con un líquido oscuro dentro.

—¿¡Has vuelto a tocar mis cosas, Eliam!? —preguntó, sin dejar de contemplar el matraz a la altura de sus ojos.

Did not! No te toqué tu acetato de butilo, Dras. ¿Te importaría adecentarte? Tenemos una invitada.

Entonces Drasik bajó la vista y encontró a Cleven ahí junto a su hermano en el comedor. No dijo nada, tan sólo se la quedó mirando muy quieto. Cleven se puso un poco nerviosa, sentía sus ojos muy clavados en ella, a pesar de estar tapados por las gafas protectoras. Y también, tal vez, por encontrarlo sin previo aviso con ese aspecto semidesnudo y estrafalario con sus habituales pelos despeinados. Parecía haber salido de una película de terror de científico loco, pero de las que incluyen un par de animadoras y un repartidor de pizza con extra de salchicha.

—La princesa… —murmuró.

—Llegó hace un rato. Le estaba contando lo sucedido —le explicó Eliam—. Para así ahorrarle el mal trago a Raijin. Ahora Cleven irá a verlo y a hablar con él con más calma.

Drasik siguió callado. Y esto no hacía más que poner más tensa a Cleven.

—Hah… —dijo el Sui entonces, como si acabara de asimilar esa información, pero también dejando un tono sarcástico. Se apartó las gafas sobre la frente, apoyó un codo sobre la barandilla y puso la otra mano en jarra, sobre su cadera, con una postura desvergonzada. Y ya, no dijo nada más.

Cleven ya no sabía descifrar si la estaba mirando tan fijamente porque había recuperado su faceta de ligón pervertido o porque estaba esperando que ella confesase algo.

—¿Te importaría taparte un poco? —intentó Cleven actuar como siempre, pero también intentó mirar para otro lado que no fuera su atlético cuerpo.

—Sigo llevando más tela que aquel adorable pijama tuyo de corazoncitos y osos panda —replicó él, sonriendo con malicia.

Cleven se puso roja al ver que él aún seguía recordando aquel día que la vio en la casa de su tío en uno de sus pijamas más cursis.

—Borra esa imagen de tu cabeza —le advirtió ella.

—Se quedará en mi memoria hasta que me muera, igual que esta imagen de mí se quedará comprensiblemente grabada en la tuya.

—Sí, en la de mis pesadillas —gruñó Cleven.

—Eh. Mis ojos están aquí —le hizo un gesto para que ella levantara la mirada hacia su cara.

—Grrr… —Cleven rechinó los dientes con rabia.

—De nada —sonrió él, levantando las cejitas varias veces.

—Hahh… Dras, por lo que más querás… —resopló Eliam con paciencia.

—¿Qué es eso? —le preguntó Cleven, señalando el recipiente que Drasik sostenía en su mano, pues el líquido oscuro que contenía de repente se había vuelto blanco.

Drasik miró un momento su matraz desinteresadamente y luego de nuevo a ella.

—Tengo un laboratorio de drogas ahí al lado del baño —respondió sin más, con descaro, señalando con la cabeza.

—¡Dras! —se apuró su hermano, y miró rápidamente a Cleven—. Está de broma, no le hagás caso. Está con las tareas del instituto.

—Aha… claro… —sonrió Cleven con nervios, y fue dando unos pasos hacia la puerta de la entrada—. B-bueno, yo… ya me voy, tengo que ver cómo está mi tío…

—Sí, por supuesto, no te entretenemos más —la acompañó Eliam.

Cuando Cleven se marchó y Eliam regresó al salón, encontró a Drasik ahí en lo alto de las escaleras contemplando su matraz de repente con una cara de lo más atónita, sosteniendo el recipiente en alto, ante sus ojos abiertos como platos. Eliam supuso el porqué. Ese líquido blanquecino que ahora contenía el matraz estaba emitiendo una luminiscencia, estaba brillando. Pero quizá, lo que más le asombraba era ver el propio asombro de Drasik. Algo le decía que acababa de conseguir algo nuevo.

—Supongo que… ¿ya no necesitás ese acetato de butilo? —le preguntó Eliam.

Drasik cerró la boca; se volvió a poner las gafas protectoras y miró a su hermano con una sonrisa.

—Soy un puto genio —dijo sin más, y volvió a meterse en el pasillo.


Cleven se encontró sola en el rellano una vez más. Dio dos largos suspiros, para no perder la concentración. No sabía por qué ese idiota con pelos de loco siempre tenía que irritarla. Pero, por otra parte, ¿habría sospechado algo? Se había comportado un poco raro al verla… «¿Raro?» pensó ella, «Va por su casa en bata blanca y calzoncillos, ¿cómo no va a ser un bicho raro, toda su persona? ¿Y por qué me miraba así?» refunfuñaba, cada vez más incómoda cuanto más recordaba su cara y su sonrisilla arrogante y sus ojos…

«¿Te quieres callar, Cleven?» se dijo a sí misma. «Hay cosas más importantes y graves ahora. Si Drasik no ha dicho nada será porque no tenía nada que decir. No tiene por qué saber qué hacía yo ahí en las escaleras. Puede pensar que estuve ahí unos segundos y luego me marché y por eso yo no sabía nada de lo ocurrido y es normal que haya acudido a Eliam para informarme. Y punto».

«Vamos, Cleven» se dijo una vez más, sacando las llaves para abrir la puerta de su tío. «Sé útil. Sé de ayuda. Sé lo que el tío Brey necesita que seas ahora».

Por fin entró en casa; dejó los zapatos y pasó al salón, donde, de primeras, se topó con Yako dejando en la mesilla del salón una bandeja con dos tazas de alguna infusión rara de las suyas.

—Ah… ¡Cleven! —brincó el Zou, corriendo hasta ella, posando las manos en sus hombros—. Por fin llegas. ¿Cómo estás?

Ella ya tenía claro qué papel interpretar. Pero se hacía un poco difícil, teniendo ahora ahí a Yako, o a esa persona de extraños ojos amarillos que al parecer conocía a su padre desde hacía años y los demás lo trataban como a un príncipe celestial. Se quedó un poco cohibida. Por un lado, sentía que era Yako, el que ella conocía, pero, por otro lado, se había vuelto un desconocido también. No supo qué decir.

Sin embargo, al haber escuchado la voz de Yako, Brey entró por fin en el salón desde el balcón. Cuando Cleven lo miró, se quedó impactada. En el pub ya lo había visto afectado y expresarse como tal, pero ahora, sin más gente y ruido alrededor, a plena luz, devolviéndole a ella la mirada de frente… era un Raijin totalmente diferente.

Pero esto sólo podía notarlo ella. Porque Brey, en realidad, entró al salón con una expresión serena, gracias a su iris restaurado ejerciendo su fuerza racional sobre cualquier emoción. Cualquier otro lo vería tranquilo, o más bien, preocupado pero manteniendo la templanza. No obstante, eso era por fuera. Cleven sentía en su piel la agonía dentro del alma de su tío. Una voz lamentándose y pidiendo ayuda. Igual que la primera vez que lo conoció en la cafetería de Yako. Pero, esta vez, peor, con más claridad y fuerza.

—Cleven, ¿por qué no me avisaste antes de que ibas a pasar tantas horas por ahí? ¿Por qué no respondiste antes a mi mensaje? —le reprochó él—. ¿Por qué no miras el móvil con más frecuencia o no te has llevado un cargador portátil para mantener la batería? Son detalles importantes, podría pensar que te ha pasado algo. No me importa qué planes hagas con tus amigos, pero al menos podrías informarme. He estado…

Cleven corrió por impulso hacia él y lo abrazó con fuerza, casi derribándolo. Brey se quedó mudo.

—Eliam acaba de contármelo todo —le dijo directamente.

Brey y Yako compartieron una silenciosa mirada de sorpresa. Pero después comprendieron. Y el Den no pudo evitar su manía iris de proteger a los demás.

—Lo siento, Cleven. La he cagado. Clover ha desaparecido por mi culpa, pero te juro que la encontraré, y lo arreglaré todo. Y esta casa volverá a ser un buen hogar donde…

—Por Dios, cállate, ¡deja de hablar como si fueras el responsable! —le reprimió ella—. Tú no has hecho nada mal, tío. Todo lo haces perfecto. Tienes mil tareas diarias y tú las cumples todas, todo organizado, puntual, sin fallos, y sin quejarte nunca, y eso es… —apretó los dientes con rabia, pero respiró para calmarse un poco—. Es injusto que te pase esto. No hay padre que sepa cuidar y proteger a los mellizos mejor que tú. Eres mejor padre que millones de padres del mundo. ¿Te crees que los buenos padres no sufren también incidentes o accidentes? La negligencia se puede juzgar y castigar, pero esto no ha sido negligencia. Clover no ha desaparecido por tu culpa. Y si te vuelvo a oír una palabra de eso o de disculpas, sólo conseguirás cabrearme.

A Brey le estremecía ver ese brillo de ira en sus ojos. Jamás la había visto así. Excepto quizá… alguna vez en la lejana infancia… en alguna situación grave… Pero no era ira contra él. Un iris conocía ese tipo de mirada, la de alguien que no hablaba por hablar, sino la de alguien que estaba dispuesto a volcar el mundo por proteger a un ser querido.

Yako volvió a experimentar esa sensación, la misma que tuvo la otra noche cuando dio una fiesta en su casa, cuando hablaba con Cleven sobre sus planes futuros estudiando Derecho para cambiar el sistema judicial del mundo, y ella le recordó un factor importante de la humanidad que precisamente estaba escrito en uno de los libros de sus antepasados Zou…

Volvió a sentir esa energía. No era el simple Yang humano ni el esplendoroso Yang de un iris, era algo diferente y Yako seguía sin poder identificarlo, pero le atraía y le fascinaba y lo admiraba. Emanaba de ella apenas unos segundos, como si lo hiciera de manera secreta; asomaba y volvía a esconderse adrede dentro de ella.

Brey terminó comprendiendo que comportarse como el culpable realmente alteraba a Cleven, así que decidió dejar de hacerlo.

—Ahm… ¿Quieres que hablemos más de ello? ¿Tienes preguntas, o…?

—No, tío Brey, tranquilo. Sólo si tú quieres hablar o decirme algo —lo miró fijamente, y él respondió negando con la cabeza y después agachándola—. Se arreglará, ya lo verás. La policía encontrará a Clover. Y recuperarás la custodia. Porque Riku nos va a ayudar.

—N… No, no, Cleven, no metas a la prometida de tu hermano en líos, por favor. No podemos crear más problemas de los que hay.

—¿¡Prometida!? —exclamó Yako, y los dos Saehara lo miraron con susto.

—Joder, se me ha vuelto a escapar delante de alguien… —murmuró Brey.

Yako se dio cuenta de que Cleven lo miraba con una mueca muy extrañada, como si no entendiera por qué le sorprendía tanto ese dato.

—Oh, bueno, quiero decir… —intentó disimular Yako—. Ya era bastante sorpresa saber que la señorita Ishida es la novia de un sobrino tuyo, Brey… y ahora resulta que la asistente social va a ser oficialmente parte de tu familia.

—Yako… —suspiró Brey con paciencia.

—Yo sólo lo comento —se defendió este.

—¿Qué os pasa? —preguntó Cleven.

—Que Yako piensa como tú —masculló el rubio—. Dejad a Riku en paz, ¿de acuerdo? Ella no sabe nada, sólo hace su trabajo.

Cleven frunció el ceño.

—¿A qué te refieres con… “ella no sabe nada”?

Tanto Yako como Brey contuvieron un gesto de alarma por ese descuido y disimularon.

—Pues que ella… no sabe qué le ha podido pasar a Cover. Ni ella ni nosotros. Eso sólo lo puede averiguar la policía, ¿vale? —farfulló agobiado, y se sentó en el sofá para coger una de las tazas humeantes de la mesilla. Se quedó ahí callado, respirando el aroma de la infusión, con expresión cansada y triste.

Cleven se quedó un momento pensativa. Sabía que su tío no se refería a eso. «Sé que Riku no sabe nada sobre esos secretos que tío Brey y todos los demás han estado discutiendo en ese pub» pensó, «porque le han contado la versión falsa de la desaparición de Clover. Pero creo que el tío Brey se refería ahora a otra cosa. Ahora que lo pienso, he dado por sentado que Riku ya sabía que tío Brey es tío de su prometido. Pero… ¿y si no es así? Le podría preguntar ahora mismo al tío Brey, pero, si me confirma que Riku desconoce que él es familiar de Lex, quizá esté metiendo al tío en un aprieto. Porque, de ser verdad que Riku no lo sabe, es por una razón, y esa razón es que Lex no le ha hablado a Riku nunca de la existencia del tío Brey. Ahora… ¿por qué Lex no le hablaría de eso a la novia con la que lleva 5 años conviviendo?».

Cleven volvió a tener esa sospecha, a hacerse la misma pregunta que se hizo cuando salió del pub, y eso cada vez la mosqueaba más. «Lex…».

Se marchó un momento a la cocina, dejando solos a Yako y a Brey en el salón. Necesitaba un breve respiro. Al menos, este primer acercamiento había ido bien. «Al menos» pensó ella, «siguen pareciendo el Yako y el tío Brey de siempre. Cada uno tendrá sus rarezas, pero se sienten tan normales… Si de verdad Clover y Daisuke han heredado unos supuestos poderes divinos, ¿el tío o Yako también tendrán algún poder raro? Ya bastante evidencia ha sido ver a Denzel teletransportarse para traer esos raros objetos desde esta misma casa hasta el pub. Y esas otras personas que dicen ser sus hijos de siglos atrás…».

«Ahora que me acuerdo, esta mañana vi al propio tío Brey esfumándose superveloz después de que él y Drasik salieran del garaje… ¿Será que el tío… sí tiene un poder raro también? ¿El de ser muy veloz? Ojalá pudiera preguntarle directamente, me muero por saber más… Y, si él y mis primos tienen poderes de alguna clase, ¿significa que mamá también tenía alguno? ¿Y yo? Mi único superpoder es poder comer mi propio peso en comida basura. Bueno, y quizá mis insuperables récords de reflejos y puntería en los juegos recreativos de Akihabara…».

Respiró hondo por octava vez. De nada servía darle vueltas, sabiendo que no podía hacer preguntas y que sólo le quedaba ir averiguándolo ella misma.

Después se dio cuenta de que había comida hecha ahí en unas ollas. Esto le oprimió el pecho. A pesar de todo, Brey había hecho la comida y le había dejado ahí una ración para ella. La verdad es que ella no tenía nada de hambre ahora.

A los cinco minutos, Cleven salió de la cocina, con una bandeja con un plato recién calentado de arroz con carne y verduras y un cuenco de sopa de miso. Se sentó a cenar en la mesa del comedor. Cuando Brey se giró sobre el sofá y la vio, fue como si se le evaporase uno de los muchos pesos que cargaba en su alma. Yako también vio eso, y sonrió tranquilo. Ver a Cleven comer la comida que él había preparado hacía que esa casa volviera a recuperar un trocito de normalidad y del hogar familiar que era antes.

—Guau… Está delicioso —comentó ella—. Gracias, tito. Venía con mucha hambre.

Brey dejó salir un suspiro conforme. Al menos, sentía haber hecho algo útil hoy.

—Verás, Cleven —le dijo Yako con tono alicaído—. Hay un pequeño problema.

—¿De qué se trata?

—Por desgracia, debido a lo ocurrido y a las condiciones legales con las que Rai lleva años lidiando, él ahora no puede tener a ningún menor de edad en su casa. Por lo menos hasta que Clover sea encontrada y se arregle la custodia y todo eso. Se metería en más problemas si antes de lograr eso le mandan un inspector aquí un día de estos para comprobarlo y te encuentran aquí. En ese momento, se les puede decir que simplemente estás de visita, pero, con tal de cumplir la legalidad, son meticulosos y son capaces de mandar a otro inspector horas más tarde o al día siguiente. Tendrías que instalarte en otro lado, pero sólo por unos días.

—Oh… Entiendo —dijo Cleven, bajando la cabeza con pesar.

—Cleven, yo… —intentó decir Brey.

—En ese caso, hagamos las cosas bien y con cuidado —interrumpió ella, volviendo a alzar la vista con más determinación—. Haré todo lo que necesites para solucionarlo todo de la mejor manera posible, tío. Me iré a… —se levantó de la mesa de un brinco, pero luego frunció el ceño y miró al techo—. ¿Adónde me voy?

—Cleven, no te tienes que ir ahora —dijo el rubio—. No van a mandar un inspector a estas horas. Quédate aquí esta noche. Ya mañana decides. Por favor, no te preocupes más por hoy.

La joven se dio cuenta de que quizá su tío se sentía incómodo si la veía preocuparse demasiado por qué hacer, cómo hacerlo o cuándo hacerlo. A él no le gustaba que los humanos, especialmente los seres queridos, sufrieran demasiado por un problema que, al final, estaba secretamente fuera de su alcance. Además, ya tenía que ser bastante agobiante mantener las mentiras a cada minuto. Cleven no quería forzar a su tío más a eso. Él necesitaba que ella se comportase como una inocente al margen.

—Tienes razón. Después de todo, por hoy no podemos hacer nada más.

Brey hizo un gesto más tranquilo con la cabeza, serio. Se levantó del sofá y se acercó a ella. La miró unos segundos, y luego, sencillamente la abrazó.

—Gracias, pelmaza. Por ser siempre de tanta ayuda.

—Tío Brey… —alzó la vista para mirarlo, extrañada—. Pero si aún no he hecho absolutamente nada para ayudarte.

—Sí, lo haces. Aunque no te des cuenta.





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