3º LIBRO - Presente y Futuro __ PARTE 1: Identidad __
Neuval seguía en el laboratorio, intentando lidiar con esta batalla interna, haciendo lo posible por no acudir en exceso a remedios nocivos. Dejó las botellas ignoradas en una mesa y se puso a construir, a crear, a continuar elaborando los collares para los gatos. Se había puesto junto a otra mesa donde tenía herramientas más tradicionales para cortar y coser tiras de cuero a medida, ponerles hebillas y engancharles las nuevas placas con los nombres.
«¿Cuándo entenderás que este mundo se está burlando de ti? Te da un caramelo, te deja darle un par de lametones, y después te lo arrebata de un zarpazo y de paso te tira al suelo y te pisa la cara».
—No voy a rendirme. No fui educado así.
«Ah, sí… El carcelero te educó para ser un buen chico, ¿verdad?».
—No lo llames así…
«¿Cómo, entonces? ¿El celador? ¿El domador de bestias?».
—Es mi padre…
«Es tu reformador».
—Lo dio todo por mí… He tenido una vida increíble gracias a él. Una vida mejor que la de millones de personas… Mejor de la que yo me merecía. Se lo debo todo a él. No te atrevas a decir ni una palabra tóxica de él.
«El tóxico eres tú».
—No… Él sabe que hay un buen hombre en mí. Ningún padre ha querido a sus hijos tanto como él nos ha querido a Sai y a mí. Él me lo enseñó todo…
«¿Y por qué eres incapaz de ser un padre como él?».
—¡Lo soy! Lo he sido… Me he esforzado hasta el infinito para serlo. Todo infierno merece la pena por ellos tres. Lo son todo para mí… Por ellos haría cualquier cosa, lo que sea… Y creo que lo he hecho bien… dentro de lo posible…
«Claro… y por eso Cleven huyó de esta casa… de ti…».
—Solamente le fallé en la falta de entendimiento… ¡Pero lo arreglamos! Ella vuelve a estar feliz…
«Sí, lejos de ti. Dices que habéis arreglado las cosas, pero no la veo aquí contigo, o con ganas de volver».
—Pero no es por mí, ya no es por mí… Son otras circunstancias, tiene otras comodidades allí, sólo eso. No es por mí…
«¿Tampoco es por ti que Lex te siga odiando?».
—¡Él no me odia! Me lo dijo el otro día en el ho… hos… pital. Me lo dejó claro. Sólo ha estado decepcionado, pero no me odia… nunca me ha odiado…
«¿Y por qué no ha hecho aún las paces contigo? Ya han pasado días…».
—Necesitará un poco más de tiempo…
«¿Otros siete años, quizá? Reconócelo. Está mucho más tranquilo y las cosas le van mejor desde que separó su vida de la tuya, lo sabes de sobra. Eres un mal para él igual que lo eras para Monique, para los Lao, para Katya, para Cleven…».
—No… —sollozó, cerrando los ojos con fuerza.
«Acéptalo. Kei Lian te enseñó todo para nada. Por muy bien que hagas las cosas un tiempo, siempre acabarás cagándola, arruinándolo todo. Lex te quiere lejos. Cleven te quiere lejos. Incluso Hana…».
—¿Qué?
«No finjas que no te ronda por la cabeza. Sufre una agresión a manos de tus enemigos por tu culpa, acaba en el hospital… Le cuentas toda una perorata de cosas escalofriantes. Vuelcas su mundo. Le dices la verdad sobre lo que eres… o la media verdad sobre lo que eres… ¿Y un par de días después decide irse de repente “de viaje” y no puede decirte a dónde?».
—¿Qué insinúas?
«Está claro que la has espantado. Te dijo palabras de aceptación y cariño porque era lo que querías oír. Hace más de un día que se marchó. ¿Te ha llamado, te ha escrito? ¿Ni siquiera para decir que está bien?».
—No habrá encontrado el momento aún… Estará ocupada…
«Otra persona más que te abandona. Lo sabes… y por eso has traído un puñado de gatos de la calle a casa. Estás desesperado por conservar la compañía de cualquier cosa a tu lado».
—No… Te equivocas… Hana no me ha abandonado. Si quisiera hacerlo, lo hablaría conmigo primero. Lo prometimos. Ser totalmente honestos en esta relación…
«¿Sabes quién más te quiere tener lejos? Kei Lian».
—¿Qué dices? Él siempre está conmigo, siempre lo ha estado, incluso en mis peores momentos… Está orgulloso de mí, lo sé…
«¿Y por qué se ha llevado a Yenkis?».
—¿Qué? —Neuval al fin levantó la cabeza. Se giró y se encontró con su reflejo en la pulida superficie de metal de una de sus máquinas—. Se… Se lo ha llevado para que yo pudiera trabajar tranquilo…
«“Trabajar” y “tranquilo” dista mucho de lo que está pasando aquí y ahora. Eres un hipócrita mentiroso… Se lo ha llevado para mantenerlo alejado de ti. De esta versión de ti que tanto le espanta…».
—No es verdad…
«¿No te fijaste en cómo te miraba antes, cuando conversabais en el jardín?».
—Era… Era una mirada preocupada. Porque se preocupa por mí…
«Le dabas miedo».
—No… ¡De eso nada!
«Y le daba miedo que Yenkis llegara a verte así. Comportándote como el puto demonio grillado que eres».
—¡Ya estoy harto de ti! —exclamó furioso, y fue hacia una de las mesas, donde había algunas botellas más de alcohol y cerveza, y abrió una nueva de vodka—. Pesimismo, palabras negativas, tergiversar recuerdos… ¿Crees que no he pasado ya mil veces por este juego tuyo? Sólo quieres hundirme…
«Incorrecto. Lo que llevo 45 años queriendo es que despiertes. Liberar lo que eres realmente. Que aceptes de una vez que no eres ese buen hombre que Kei Lian sacrificó tanto por forjar en ti. Que no eres como él. Eres como Jean, maldito, tóxico, condenado a arruinar lo que construyes…».
—¡Soy una versión mil veces mejor! Me convertí en iris. Tengo en mí una fuerza del bien por encima de cualquier humano. ¿Es que lo niegas?
«No lo niego. Pero sólo describes una mitad de ti».
—¿Mitad? ¿Y cuál es mi otra mitad?
«Soy yo. ¡Yo! ¡Tu verdadero ser! ¿Vas a negar tú mi existencia? Somos uno desde que nacimos. Me apartas, y en el proceso de apartarme te vuelves loco. Somos un león dormido en la jaula de un circo».
—¿¡Pero de qué hablas!?
«Lo sabes. ¡En el fondo lo sabes! ¡Siempre lo supiste! Hay algo que no nos han contado… algo que nos han estado ocultando…».
—¿¡Quién!?
«Lo viste incluso en él… en numerosas ocasiones… Sabes que a Jean le pasaban cosas que no eran normales. Que hacía cosas que no eran normales. Viste cosas inconcebibles…».
—Veía alucinaciones, delirios… la imaginación de un niño…
«¿También viste la imaginación de un niño cuando arrasaste Japón hace siete años con algo más que tu viento? ¿Cuando devoraste al señor Orlov, cuando despedazaste a esos doce hombres? ¿Cuando sobreviviste a una herida mortal en pleno corazón cuando tenías 17 años?».
—Pero eso era… sólo era…
«Te han metido en un hoyo de mentiras y tú mismo te vas echando más tierra encima».
—¿¡Quién me ha metido en ese hoyo según tú!? ¡Ni Alvion, ni Denzel, ni Agatha ni nadie de este mundo sabe qué mierda pasa conmigo!
«Ella lo sabía…».
—¿¡Quién!?
«Monique. Ella sabía algo…».
—¿Y qué? —sollozó exasperado, apoyándose contra la mesa, y bebió un trago de vodka—. Ella ya está muerta… junto con las respuestas…
«Jean sigue vivo».
—No me lo menciones. Él también está muerto para mí.
«Entonces no esperes hallar ninguna respuesta nunca. Sigue llorando sobre mí, negándome, llamándome sólo cuando te apetece, para después seguir negándome… Todo lo malo que te pasa… es tu culpa… Lo de Izan es culpa tuya. Si Clover y los taimuki de Denzel mueren en sus manos, será por tu culpa».
* * * * * *
Lex se lo olía. Este asunto de Izan no era un simple plan criminal o terrorista, o un simple golpe contra la Asociación. Algo malo se acercaba, algo terrible para el mundo entero. Y esto despertaba en él una dolorosa preocupación aparte. Por eso, cuando Mei Ling se marchó por el pasillo para ir al baño un momento, aprovechó que se quedó a solas con Lao.
—Abuelo Lian. Antes no fuiste del todo preciso, ¿verdad? —le preguntó con tono reservado, mirando la mesa. Luego miró al viejo, el cual le expresaba su confusión—. Dijiste “un poco estresado”. Sé completamente honesto conmigo, por favor. ¿Hasta qué punto lo notaste mal?
—Lex… escucha… —balbució Lao, entendiendo a qué se refería, y se movió incómodo sobre la butaca, gesticulando, buscando las palabras—. No es… No es sólo por lo que ha pasado hoy. Creo que lleva acumulando algo desde que… bueno, desde que regresó a la Asociación.
—¿Qué quieres decir? —intuyó que había algo más ahí, y como vio que Lao desviaba los ojos a un lado, reacio, se temió algo—. Abuelo. ¿Por qué decidió volver a la Asociación en realidad? Sé que no es porque ya estuviese aburrido del exilio, ni porque Alvion lo obligara tirando de su oreja, ni porque tú o alguno de sus iris lograra convencerlo. Conozco a mi padre. Sé que él no habría regresado si no hubiera un motivo concreto. Y ese motivo es la existencia de un miedo que supera todos sus caprichos, su tozudez y su soberbia. Ocurrió algo, ¿verdad?
—Bueno. Sí. Fue…
—¿Cómo de grave? —se adelantó Lex.
—Hahh… —suspiró Lao—. Un brote intenso de varios minutos. Fue provocado por doce criminales, ellos lo acorralaron y lo atacaron primero…
—Dios… —masculló Lex, quitándose las gafas y cerrando los ojos para frotárselos.
—¡Pero tuvo suerte! Ninguno era un humano inocente —intentó suavizarlo Lao—. Por eso no tuvo un castigo. Sólo la condición de regresar y volver a estar conectado a Alvion.
—¿Y dices que desde entonces ha ido empeorando?
—No lo noté hasta hace poco. Él realmente estaba feliz de haber vuelto, y de haber reconectado con los demás, y de tener ya de primeras una misión de clase S contra una actividad terrorista.
—¿Aquí? ¿En Tokio?
—No te preocupes. No dejaremos que pase.
—¿Qué lo ha empeorado?
—Bueno… Supongo que varios de los acontecimientos no tan agradables que han estado sucediendo. El ataque en su despacho por parte de los ex-almaati de Viernes, el daño que sufrió Hana por culpa de aquello… enfrentarse a ti en el hospital… —lo señaló brevemente, y Lex miró un momento a un lado con una mueca incómoda—. El incidente con el iris de tu hermano, y que este descubriera la verdad sobre su pasado y nuestra familia…
—Pero eso al final le quitó un peso de encima, ¿no? Ya no tiene que ocultaros ante Yen. ¡Si hasta lo llevó al cementerio el otro día con vosotros! ¿No?
—Es cierto que eso le supuso un alivio. Igual que el hecho de decidir contarle la verdad a Hana también. Pero entonces llegó el viernes, y… no salió de Hoteitsuba en dos días. Pasó horas en los laboratorios, solo, sin interaccionar con nadie. Dormitando en su despacho, atiborrándose de sustancias dulces… Creo que ha estado otra vez visualizando fotos y vídeos de tu madre en bucle.
Lex agachó la mirada la oír eso. No era una novedad, pero tampoco era algo alegre.
—Creo que el sábado, la visita de Pipi lo animó un poco —continuó Lao—. Y, sin duda, la de Cleven.
—¿Cleven lo visitó a su despacho? —frunció el ceño—. ¿Para pedirle dinero o algo?
—No… —casi rio—. No. Fue a enseñarle su primer examen del curso. Sacó muy buena nota. Resulta que tu hermana ha decidido esforzarse este año. Desde que ambos se reconciliaron y ella empezó a vivir con Brey, la relación entre tu padre y ella ha estado recuperando esa preciosa luz que solía tener antaño.
—Oh… —murmuró Lex, sorprendido—. Eso… no lo sabía.
—Pero entonces… creo que en la noche de ayer sucedió algo bastante grave. Y no relacionado con el secuestro de Clover. Creo que tiene que ver con algo que hizo Yenkis y que tu padre no ha querido contarme.
—¿Qué ha podido ser?
* * * * * *
«Y lo que Yenkis hizo anoche… culpa tuya totalmente, sin duda».
—No me hizo caso, me desobedeció…
«Porque está harto y cansado de esperar a que le cuentes la verdad. Lleva toda su vida sabiendo que le rodean los secretos. Un niño con esa inteligencia, tu misma inteligencia, es un insulto para él que trates de ocultarle tantas cosas. Y por eso ha acabado cometiendo esa tremenda estupidez, por la desesperación que tú le causas. Esa estupidez que por poco acaba con su vida, o con Hatori atrapándolo, torturándolo, experimentando con él…».
—Pero al final no ha pasado nada… Yenkis está sano y salvo, llegué a tiempo…
«Seguirá cometiendo estupideces para seguir averiguando más cosas… Un día llegarás hasta él y ya lo encontrarás muerto. Como a su madre… Como todos a los que has perdido…».
Neuval dejó la botella de vodka a un lado y se volvió a rascar la frente con fuerza, notando en ella un picor extraño incesante, una palpitación molesta. Se dejó la piel roja.
* * * * * *
—¿Sabes, Lex? Ese es el eterno problema que tiene tu padre. No sé a qué bruja cabreó, no sé a qué dios injurió, pero desde que lo conocí, me di cuenta de que el universo la tiene tomada con él. Y tiene este modo de machacarlo. Le pasan cosas buenas y al día siguiente cosas malas, luego otra vez buenas y después malas de nuevo. Lo somete a esta montaña rusa de emociones, una alternancia de eventos buenos y malos que nadie se explica por qué, ¡por qué a él!
Lex no dijo nada. Le pareció inesperada esta sincera queja de su abuelo. Pero en realidad lo entendía, que algo así le frustrase, ver sufrir así a un ser querido.
—Esta noche estaba… —titubeó Lao, y por primera vez en esa conversación su voz empezó a desmoronarse—. No estaba bien, Lex. Lo parecía, pero… no… —resopló angustiado, pasándose las manos por el pelo—. Creo que está perdiendo la cabeza, y obsesionándose otra vez con… con problemas internos imaginarios. Está otra vez con esa paranoia de que no es su majin, que es otra cosa, pero ¿qué otra cosa va a ser? El majin es el único mal que le pesa por dentro. Y Alvion por ahora lo contiene. Neu también sabe contenerlo, de tantos años de experiencia, pero no podrá contenerlo si se obceca con la creencia de que el problema es otro. Intenté razonar con él, calmarlo… Estaba más tranquilo cuando me marché con Yenkis. Pero no sé… Sigo preocupado por él.
—¿Entonces lo dejaste solo? —preguntó Lex.
—Pensé que era lo mejor. Estaba angustiado y culpándose sobre lo de Izan sin parar. Y se estaba estresando más con mi presencia ahí. Ya sabes cómo es el majin, tienes que ir calibrando cada gesto, cada palabra, como la llave de agua fría y la llave de agua caliente. Unas veces funciona la compañía y las palabras de ánimo, otras veces estas cosas lo empeoran más… Estaba planteándome ir a hacerle otra visita mañana por la mañana, pero… no sé qué hacer.
* * * * * *
«El sufrimiento de toda tu vida se basa en esto, no querer aceptar que eres algo diferente… Tu eterno sentimiento de confusión y falta de identidad es lo que te conduce a esto, ¡esto de ahora! Otro brote de…».
—¡De majin!
«¡Basta de esa mentira! Es una crisis psicótica, la misma que llevas padeciendo desde antes de tener ese iris y su enfermedad correspondiente. ¿Ves la diferencia entre esto y el brote de majin que tuviste ayer por la noche después de que Hatori te disparara? No recuerdas nada durante ese episodio, porque el majin no es sino el puente que une tu actual ego con tu alter ego. Iris y arki, Yin y Yang, extremo blanco y extremo negro; si eres un iris, el majin te acerca hacia el otro extremo grado a grado, hacia tu versión arki, esa versión de ti mismo que resultaría en un mundo alternativo si tomases las decisiones contrarias a las que tomas como iris, el camino contrario. Por eso el estado iris y el estado de un brote de majin no comparten memoria. Es sólo un juego de energías asentado en tu parte humana. ¡Y ya me aburre!».
—¿¡Entonces qué eres tú!? ¿¡Qué haces en mi mente!? ¿Eres algo que me ha poseído? ¿¡Quién eres!?
«¡Yo debería preguntarte eso a ti! ¿Tú quién dices que eres, un iris? ¿Desde cuándo? Apareciste cuando yo ya existía. ¡Y sin permiso! Tú, Fuujin, Neuval Vernoux el iris, eres el intruso aquí dentro… Yo soy, y siempre he sido, Neuval Vernoux».
* * * * * *
Lao nunca se mostraba tan vulnerable delante de la gente. Pero, cuando se trataba de Neuval, Lex era el único con el que se atrevía a ser honesto. En el pasado, Ming Jie había sido esa persona en la que se apoyaba totalmente sin complejos ni miedos. Pero todo cambió cuando murió Sai, y Lao ya no se sentía capaz de hablar con ella sobre las cosas que le preocupaban de Neuval. También, antes solía tener a Hideki y a Emiliya, iris tan sabios y expertos como él en solucionar problemas así. Neuval siempre había sido un tema de conversación entre los tres desde que lo rescataron de aquel lugar terrible de Hong Kong.
Sin embargo, Lao tampoco se sentía mejor al poner ahora a Lex en esta posición. De hecho, se sentía culpable de exponer a Lex bajo esta presión y esta cruda honestidad que, sin duda, ningún hijo querría oír sobre su padre.
Pero es que Lex lo hacía fácil. No es que fuera insensible. Las cosas le afectaban, pero no le derrumbaban, nunca. Tenía esa sorprendente fortaleza ante las crisis o los problemas de los demás. Y eso a Lao le recordaba mucho a Hideki. Tenía esa parte de él, sin duda.
Aun así, Lao notó al joven médico un poco raro. Más callado y rígido de lo que ya solía ser en estas conversaciones.
—Lex, no te preocupes. Me encargaré de él, lo mantendré vigilado. Como siempre…
—¿Te ha contado algo más? —le interrumpió, serio.
—¿Qué?
—Cuando estuviste con él hace unas horas. Dices que estaba obsesionándose otra vez con “problemas internos imaginarios”. ¿Qué te ha dicho para hacerte pensar eso?
—Pues… que hace un par de días volvió a tener ese sueño. Ese de su infancia con su hermana, en el que ella le cantaba aquella nana de las brisas… y los gritos de su propia voz interrumpiendo, diciendo ese sinsentido de las “alas negras” y “despertar” y “destruir” y todo eso. No sé por qué, después de tantos años, esa pesadilla recurrente lo sigue teniendo tan atemorizado, o por qué sigue tomándosela tan en serio.
»Soy consciente de que hay muchas cosas que él nunca me ha contado sobre aquel pasado suyo. Joder, estoy seguro de que no me ha contado ni la mitad de la mitad. Por eso intento entenderlo, intento imaginarlo, qué malditas atrocidades o terrores llegó a ver de pequeño, qué tipo de cosas presenciaba en esa casa, qué demonios pasaba realmente en esa familia… A veces tengo esta incomprensible sensación de que… no sé… de que la muerte de Monique fue algo más que una simple disputa doméstica.
* * * * * *
—No… Mientes… Eres lo que odio… Yo elijo lo que soy, ¡yo! ¡No tú! Y te repudio…
«¿Por qué? ¿Porque es lo que los demás te dicen que hagas, lo que los demás quieren que seas? Das pena… Le das pena a toda la gente buena que te rodea. Te dicen que eres bueno como ellos, porque has ayudado a muchos, has hecho muchas buenas acciones… que sólo estás enfermo, que no es tu culpa… Pero todo eso no importará absolutamente nada cuando sepan lo que realmente eres. Alvion, Ming Jie y Kei Lian, Hana, Pipi… creen que te aprecian y te quieren, pero eso es porque aún no han conocido la jodida y diabólica verdad que tienes dentro… Eres un demonio».
—¡Eso eres tú! —le gritó a su propio reflejo.
«¡¡Eres tú!!» exclamó mucho más fuerte su reflejo.
Neuval se quedó estremecido por unos segundos. Empezó a dudar de si esa respuesta fue de verdad el eco de su propia voz. Le temblaron los ojos. Quizá es que todo el alcohol que había bebido al fin estaba afectándole, o este brote de lo que fuera estaba empeorando.
—No es suficiente… —murmuró, y agarró las botellas de alcohol una a una para revisarlas, desesperado, encontrando apenas contenido en ellas. Se rascó la frente otra vez con fuerza.
«Adelante. Busca algo más fuerte».
—Calla…
«Siempre haces lo mismo…».
—¡Que te calles! —gritó, agarrándose las orejas y optando por salir de allí—. No te aguanto más…
Cruzó el sótano y subió las escaleras, sin apartar las manos de sus orejas.
—“Neuval” —se oyó la voz de Hoti, de la Hoti doméstica, pues en el laboratorio tenía otro tipo de Hoti más acorde a las actividades científicas y a esa ya la había apagado antes—. “Tu ritmo cardiaco requiere atención médica.”
—No… cállate… —masculló él, metiéndose por el pasillo junto a las escaleras para ir a su despacho habitual.
—“Se requiere llamar a emergencias. ¿Quieres que…?”
—¡No! ¡Apágate! —ordenó, mientras iba hacia su escritorio y rebuscaba en los cajones con manos torpes y nerviosas.
«De esto no te salva ni Alvion… porque no soy un majin».
Neuval volvió a rascarse la frente con furia y abandonó los cajones de su escritorio. Al salir de nuevo al pasillo, vio brevemente su reflejo en un espejo que había colgado en la pared mientras pasaba, y mostraba sus dos ojos brillando de luz plateada.
«Voy a salir…».
—No voy a dejarte…
«Voy a ser yo…».
—Ni siquiera sabes quién eres…
«Sé que existo, y sé lo que quiero. Soy una verdad oprimida y las verdades tienen un instinto primordial, escarbar y escarbar hasta llegar a su hábitat natural, la superficie… Por eso las mentiras y los secretos nunca son eternos».
«Sigue rascando».
Neuval fue a la entrada, agarró un abrigo y sus llaves y salió de casa.
* * * * * *
Lao dejó de hablar y tomó aire, negando con la cabeza, lamentándose. Lex no dijo nada más. Sé quedó unos segundos muy quieto, con la mirada clavada en la mesa, sumergido en sus pensamientos. Lao frunció el ceño, preguntándose cuáles serían. De repente, el joven Vernoux cogió su móvil y su mascarilla de la mesa y se levantó del sofá; se guardó las cosas en los bolsillos y volvió a colocarse las gafas.
—¿Lex? —se extrañó el viejo, al ver que se iba hacia la puerta—. ¿Adónde vas?
—Tengo que irme. Ya hablamos mañana —dijo sin más, saliendo por la puerta y cerrando tras él.
Lao se quedó confuso ante esa rápida despedida. Aunque no le preocupó demasiado. Lex siempre había sido alguien muy prudente y correcto con todo, siempre era de fiar. Lao supuso que, al ver la hora, no quería volver a casa demasiado tarde y preocupar a su novia.
Mei Ling dio unos pasos desde el pasillo y se paró junto a la mesa del comedor, mirando hacia la puerta. Había estado ahí al margen bastante rato, escuchando esa última conversación, y no se había atrevido a interrumpirlos. Luego miró a su abuelo, un poco intranquila y triste por lo que había estado oyendo sobre su tío.
—¿Quieres que te lleve a casa? —le preguntó Lao.
Mei Ling se quedó observándolo unos minutos en silencio. Ver a su abuelo derrumbarse o sentirse tan preocupado o impotente cuando se trataba de un miembro de la familia no era desconocido para ella, pero sí chocante. Su abuelo era un iris ejemplar, el más ejemplar de la Asociación para ser exactos, el más fuerte física y mentalmente. No importaban las malas emociones que sintiera o cuán intensas, nunca estas le dominaban o doblegaban, podía gestionarlas y dominarlas, habilidad propia e impecable de los iris sin majin. Pero incluso las personas más fuertes del mundo necesitaban un poco de apoyo, de la simple presencia de alguien al lado.
Por eso, Mei Ling se acercó a él y se agachó junto a la butaca, y se agarró a su brazo y se apoyó en él.
—Me quedo aquí esta noche. Necesito pensar en muchas cosas antes de regresar ahí con Kyo y Brey y los demás. Si no te importa que te haga compañía.
—Gracias —contestó Lao, cerrando los ojos, apoyando la cabeza sobre la de ella.
Neuval seguía en el laboratorio, intentando lidiar con esta batalla interna, haciendo lo posible por no acudir en exceso a remedios nocivos. Dejó las botellas ignoradas en una mesa y se puso a construir, a crear, a continuar elaborando los collares para los gatos. Se había puesto junto a otra mesa donde tenía herramientas más tradicionales para cortar y coser tiras de cuero a medida, ponerles hebillas y engancharles las nuevas placas con los nombres.
«¿Cuándo entenderás que este mundo se está burlando de ti? Te da un caramelo, te deja darle un par de lametones, y después te lo arrebata de un zarpazo y de paso te tira al suelo y te pisa la cara».
—No voy a rendirme. No fui educado así.
«Ah, sí… El carcelero te educó para ser un buen chico, ¿verdad?».
—No lo llames así…
«¿Cómo, entonces? ¿El celador? ¿El domador de bestias?».
—Es mi padre…
«Es tu reformador».
—Lo dio todo por mí… He tenido una vida increíble gracias a él. Una vida mejor que la de millones de personas… Mejor de la que yo me merecía. Se lo debo todo a él. No te atrevas a decir ni una palabra tóxica de él.
«El tóxico eres tú».
—No… Él sabe que hay un buen hombre en mí. Ningún padre ha querido a sus hijos tanto como él nos ha querido a Sai y a mí. Él me lo enseñó todo…
«¿Y por qué eres incapaz de ser un padre como él?».
—¡Lo soy! Lo he sido… Me he esforzado hasta el infinito para serlo. Todo infierno merece la pena por ellos tres. Lo son todo para mí… Por ellos haría cualquier cosa, lo que sea… Y creo que lo he hecho bien… dentro de lo posible…
«Claro… y por eso Cleven huyó de esta casa… de ti…».
—Solamente le fallé en la falta de entendimiento… ¡Pero lo arreglamos! Ella vuelve a estar feliz…
«Sí, lejos de ti. Dices que habéis arreglado las cosas, pero no la veo aquí contigo, o con ganas de volver».
—Pero no es por mí, ya no es por mí… Son otras circunstancias, tiene otras comodidades allí, sólo eso. No es por mí…
«¿Tampoco es por ti que Lex te siga odiando?».
—¡Él no me odia! Me lo dijo el otro día en el ho… hos… pital. Me lo dejó claro. Sólo ha estado decepcionado, pero no me odia… nunca me ha odiado…
«¿Y por qué no ha hecho aún las paces contigo? Ya han pasado días…».
—Necesitará un poco más de tiempo…
«¿Otros siete años, quizá? Reconócelo. Está mucho más tranquilo y las cosas le van mejor desde que separó su vida de la tuya, lo sabes de sobra. Eres un mal para él igual que lo eras para Monique, para los Lao, para Katya, para Cleven…».
—No… —sollozó, cerrando los ojos con fuerza.
«Acéptalo. Kei Lian te enseñó todo para nada. Por muy bien que hagas las cosas un tiempo, siempre acabarás cagándola, arruinándolo todo. Lex te quiere lejos. Cleven te quiere lejos. Incluso Hana…».
—¿Qué?
«No finjas que no te ronda por la cabeza. Sufre una agresión a manos de tus enemigos por tu culpa, acaba en el hospital… Le cuentas toda una perorata de cosas escalofriantes. Vuelcas su mundo. Le dices la verdad sobre lo que eres… o la media verdad sobre lo que eres… ¿Y un par de días después decide irse de repente “de viaje” y no puede decirte a dónde?».
—¿Qué insinúas?
«Está claro que la has espantado. Te dijo palabras de aceptación y cariño porque era lo que querías oír. Hace más de un día que se marchó. ¿Te ha llamado, te ha escrito? ¿Ni siquiera para decir que está bien?».
—No habrá encontrado el momento aún… Estará ocupada…
«Otra persona más que te abandona. Lo sabes… y por eso has traído un puñado de gatos de la calle a casa. Estás desesperado por conservar la compañía de cualquier cosa a tu lado».
—No… Te equivocas… Hana no me ha abandonado. Si quisiera hacerlo, lo hablaría conmigo primero. Lo prometimos. Ser totalmente honestos en esta relación…
«¿Sabes quién más te quiere tener lejos? Kei Lian».
—¿Qué dices? Él siempre está conmigo, siempre lo ha estado, incluso en mis peores momentos… Está orgulloso de mí, lo sé…
«¿Y por qué se ha llevado a Yenkis?».
—¿Qué? —Neuval al fin levantó la cabeza. Se giró y se encontró con su reflejo en la pulida superficie de metal de una de sus máquinas—. Se… Se lo ha llevado para que yo pudiera trabajar tranquilo…
«“Trabajar” y “tranquilo” dista mucho de lo que está pasando aquí y ahora. Eres un hipócrita mentiroso… Se lo ha llevado para mantenerlo alejado de ti. De esta versión de ti que tanto le espanta…».
—No es verdad…
«¿No te fijaste en cómo te miraba antes, cuando conversabais en el jardín?».
—Era… Era una mirada preocupada. Porque se preocupa por mí…
«Le dabas miedo».
—No… ¡De eso nada!
«Y le daba miedo que Yenkis llegara a verte así. Comportándote como el puto demonio grillado que eres».
—¡Ya estoy harto de ti! —exclamó furioso, y fue hacia una de las mesas, donde había algunas botellas más de alcohol y cerveza, y abrió una nueva de vodka—. Pesimismo, palabras negativas, tergiversar recuerdos… ¿Crees que no he pasado ya mil veces por este juego tuyo? Sólo quieres hundirme…
«Incorrecto. Lo que llevo 45 años queriendo es que despiertes. Liberar lo que eres realmente. Que aceptes de una vez que no eres ese buen hombre que Kei Lian sacrificó tanto por forjar en ti. Que no eres como él. Eres como Jean, maldito, tóxico, condenado a arruinar lo que construyes…».
—¡Soy una versión mil veces mejor! Me convertí en iris. Tengo en mí una fuerza del bien por encima de cualquier humano. ¿Es que lo niegas?
«No lo niego. Pero sólo describes una mitad de ti».
—¿Mitad? ¿Y cuál es mi otra mitad?
«Soy yo. ¡Yo! ¡Tu verdadero ser! ¿Vas a negar tú mi existencia? Somos uno desde que nacimos. Me apartas, y en el proceso de apartarme te vuelves loco. Somos un león dormido en la jaula de un circo».
—¿¡Pero de qué hablas!?
«Lo sabes. ¡En el fondo lo sabes! ¡Siempre lo supiste! Hay algo que no nos han contado… algo que nos han estado ocultando…».
—¿¡Quién!?
«Lo viste incluso en él… en numerosas ocasiones… Sabes que a Jean le pasaban cosas que no eran normales. Que hacía cosas que no eran normales. Viste cosas inconcebibles…».
—Veía alucinaciones, delirios… la imaginación de un niño…
«¿También viste la imaginación de un niño cuando arrasaste Japón hace siete años con algo más que tu viento? ¿Cuando devoraste al señor Orlov, cuando despedazaste a esos doce hombres? ¿Cuando sobreviviste a una herida mortal en pleno corazón cuando tenías 17 años?».
—Pero eso era… sólo era…
«Te han metido en un hoyo de mentiras y tú mismo te vas echando más tierra encima».
—¿¡Quién me ha metido en ese hoyo según tú!? ¡Ni Alvion, ni Denzel, ni Agatha ni nadie de este mundo sabe qué mierda pasa conmigo!
«Ella lo sabía…».
—¿¡Quién!?
«Monique. Ella sabía algo…».
—¿Y qué? —sollozó exasperado, apoyándose contra la mesa, y bebió un trago de vodka—. Ella ya está muerta… junto con las respuestas…
«Jean sigue vivo».
—No me lo menciones. Él también está muerto para mí.
«Entonces no esperes hallar ninguna respuesta nunca. Sigue llorando sobre mí, negándome, llamándome sólo cuando te apetece, para después seguir negándome… Todo lo malo que te pasa… es tu culpa… Lo de Izan es culpa tuya. Si Clover y los taimuki de Denzel mueren en sus manos, será por tu culpa».
* * * * * *
Lex se lo olía. Este asunto de Izan no era un simple plan criminal o terrorista, o un simple golpe contra la Asociación. Algo malo se acercaba, algo terrible para el mundo entero. Y esto despertaba en él una dolorosa preocupación aparte. Por eso, cuando Mei Ling se marchó por el pasillo para ir al baño un momento, aprovechó que se quedó a solas con Lao.
—Abuelo Lian. Antes no fuiste del todo preciso, ¿verdad? —le preguntó con tono reservado, mirando la mesa. Luego miró al viejo, el cual le expresaba su confusión—. Dijiste “un poco estresado”. Sé completamente honesto conmigo, por favor. ¿Hasta qué punto lo notaste mal?
—Lex… escucha… —balbució Lao, entendiendo a qué se refería, y se movió incómodo sobre la butaca, gesticulando, buscando las palabras—. No es… No es sólo por lo que ha pasado hoy. Creo que lleva acumulando algo desde que… bueno, desde que regresó a la Asociación.
—¿Qué quieres decir? —intuyó que había algo más ahí, y como vio que Lao desviaba los ojos a un lado, reacio, se temió algo—. Abuelo. ¿Por qué decidió volver a la Asociación en realidad? Sé que no es porque ya estuviese aburrido del exilio, ni porque Alvion lo obligara tirando de su oreja, ni porque tú o alguno de sus iris lograra convencerlo. Conozco a mi padre. Sé que él no habría regresado si no hubiera un motivo concreto. Y ese motivo es la existencia de un miedo que supera todos sus caprichos, su tozudez y su soberbia. Ocurrió algo, ¿verdad?
—Bueno. Sí. Fue…
—¿Cómo de grave? —se adelantó Lex.
—Hahh… —suspiró Lao—. Un brote intenso de varios minutos. Fue provocado por doce criminales, ellos lo acorralaron y lo atacaron primero…
—Dios… —masculló Lex, quitándose las gafas y cerrando los ojos para frotárselos.
—¡Pero tuvo suerte! Ninguno era un humano inocente —intentó suavizarlo Lao—. Por eso no tuvo un castigo. Sólo la condición de regresar y volver a estar conectado a Alvion.
—¿Y dices que desde entonces ha ido empeorando?
—No lo noté hasta hace poco. Él realmente estaba feliz de haber vuelto, y de haber reconectado con los demás, y de tener ya de primeras una misión de clase S contra una actividad terrorista.
—¿Aquí? ¿En Tokio?
—No te preocupes. No dejaremos que pase.
—¿Qué lo ha empeorado?
—Bueno… Supongo que varios de los acontecimientos no tan agradables que han estado sucediendo. El ataque en su despacho por parte de los ex-almaati de Viernes, el daño que sufrió Hana por culpa de aquello… enfrentarse a ti en el hospital… —lo señaló brevemente, y Lex miró un momento a un lado con una mueca incómoda—. El incidente con el iris de tu hermano, y que este descubriera la verdad sobre su pasado y nuestra familia…
—Pero eso al final le quitó un peso de encima, ¿no? Ya no tiene que ocultaros ante Yen. ¡Si hasta lo llevó al cementerio el otro día con vosotros! ¿No?
—Es cierto que eso le supuso un alivio. Igual que el hecho de decidir contarle la verdad a Hana también. Pero entonces llegó el viernes, y… no salió de Hoteitsuba en dos días. Pasó horas en los laboratorios, solo, sin interaccionar con nadie. Dormitando en su despacho, atiborrándose de sustancias dulces… Creo que ha estado otra vez visualizando fotos y vídeos de tu madre en bucle.
Lex agachó la mirada la oír eso. No era una novedad, pero tampoco era algo alegre.
—Creo que el sábado, la visita de Pipi lo animó un poco —continuó Lao—. Y, sin duda, la de Cleven.
—¿Cleven lo visitó a su despacho? —frunció el ceño—. ¿Para pedirle dinero o algo?
—No… —casi rio—. No. Fue a enseñarle su primer examen del curso. Sacó muy buena nota. Resulta que tu hermana ha decidido esforzarse este año. Desde que ambos se reconciliaron y ella empezó a vivir con Brey, la relación entre tu padre y ella ha estado recuperando esa preciosa luz que solía tener antaño.
—Oh… —murmuró Lex, sorprendido—. Eso… no lo sabía.
—Pero entonces… creo que en la noche de ayer sucedió algo bastante grave. Y no relacionado con el secuestro de Clover. Creo que tiene que ver con algo que hizo Yenkis y que tu padre no ha querido contarme.
—¿Qué ha podido ser?
* * * * * *
«Y lo que Yenkis hizo anoche… culpa tuya totalmente, sin duda».
—No me hizo caso, me desobedeció…
«Porque está harto y cansado de esperar a que le cuentes la verdad. Lleva toda su vida sabiendo que le rodean los secretos. Un niño con esa inteligencia, tu misma inteligencia, es un insulto para él que trates de ocultarle tantas cosas. Y por eso ha acabado cometiendo esa tremenda estupidez, por la desesperación que tú le causas. Esa estupidez que por poco acaba con su vida, o con Hatori atrapándolo, torturándolo, experimentando con él…».
—Pero al final no ha pasado nada… Yenkis está sano y salvo, llegué a tiempo…
«Seguirá cometiendo estupideces para seguir averiguando más cosas… Un día llegarás hasta él y ya lo encontrarás muerto. Como a su madre… Como todos a los que has perdido…».
Neuval dejó la botella de vodka a un lado y se volvió a rascar la frente con fuerza, notando en ella un picor extraño incesante, una palpitación molesta. Se dejó la piel roja.
* * * * * *
—¿Sabes, Lex? Ese es el eterno problema que tiene tu padre. No sé a qué bruja cabreó, no sé a qué dios injurió, pero desde que lo conocí, me di cuenta de que el universo la tiene tomada con él. Y tiene este modo de machacarlo. Le pasan cosas buenas y al día siguiente cosas malas, luego otra vez buenas y después malas de nuevo. Lo somete a esta montaña rusa de emociones, una alternancia de eventos buenos y malos que nadie se explica por qué, ¡por qué a él!
Lex no dijo nada. Le pareció inesperada esta sincera queja de su abuelo. Pero en realidad lo entendía, que algo así le frustrase, ver sufrir así a un ser querido.
—Esta noche estaba… —titubeó Lao, y por primera vez en esa conversación su voz empezó a desmoronarse—. No estaba bien, Lex. Lo parecía, pero… no… —resopló angustiado, pasándose las manos por el pelo—. Creo que está perdiendo la cabeza, y obsesionándose otra vez con… con problemas internos imaginarios. Está otra vez con esa paranoia de que no es su majin, que es otra cosa, pero ¿qué otra cosa va a ser? El majin es el único mal que le pesa por dentro. Y Alvion por ahora lo contiene. Neu también sabe contenerlo, de tantos años de experiencia, pero no podrá contenerlo si se obceca con la creencia de que el problema es otro. Intenté razonar con él, calmarlo… Estaba más tranquilo cuando me marché con Yenkis. Pero no sé… Sigo preocupado por él.
—¿Entonces lo dejaste solo? —preguntó Lex.
—Pensé que era lo mejor. Estaba angustiado y culpándose sobre lo de Izan sin parar. Y se estaba estresando más con mi presencia ahí. Ya sabes cómo es el majin, tienes que ir calibrando cada gesto, cada palabra, como la llave de agua fría y la llave de agua caliente. Unas veces funciona la compañía y las palabras de ánimo, otras veces estas cosas lo empeoran más… Estaba planteándome ir a hacerle otra visita mañana por la mañana, pero… no sé qué hacer.
* * * * * *
«El sufrimiento de toda tu vida se basa en esto, no querer aceptar que eres algo diferente… Tu eterno sentimiento de confusión y falta de identidad es lo que te conduce a esto, ¡esto de ahora! Otro brote de…».
—¡De majin!
«¡Basta de esa mentira! Es una crisis psicótica, la misma que llevas padeciendo desde antes de tener ese iris y su enfermedad correspondiente. ¿Ves la diferencia entre esto y el brote de majin que tuviste ayer por la noche después de que Hatori te disparara? No recuerdas nada durante ese episodio, porque el majin no es sino el puente que une tu actual ego con tu alter ego. Iris y arki, Yin y Yang, extremo blanco y extremo negro; si eres un iris, el majin te acerca hacia el otro extremo grado a grado, hacia tu versión arki, esa versión de ti mismo que resultaría en un mundo alternativo si tomases las decisiones contrarias a las que tomas como iris, el camino contrario. Por eso el estado iris y el estado de un brote de majin no comparten memoria. Es sólo un juego de energías asentado en tu parte humana. ¡Y ya me aburre!».
—¿¡Entonces qué eres tú!? ¿¡Qué haces en mi mente!? ¿Eres algo que me ha poseído? ¿¡Quién eres!?
«¡Yo debería preguntarte eso a ti! ¿Tú quién dices que eres, un iris? ¿Desde cuándo? Apareciste cuando yo ya existía. ¡Y sin permiso! Tú, Fuujin, Neuval Vernoux el iris, eres el intruso aquí dentro… Yo soy, y siempre he sido, Neuval Vernoux».
* * * * * *
Lao nunca se mostraba tan vulnerable delante de la gente. Pero, cuando se trataba de Neuval, Lex era el único con el que se atrevía a ser honesto. En el pasado, Ming Jie había sido esa persona en la que se apoyaba totalmente sin complejos ni miedos. Pero todo cambió cuando murió Sai, y Lao ya no se sentía capaz de hablar con ella sobre las cosas que le preocupaban de Neuval. También, antes solía tener a Hideki y a Emiliya, iris tan sabios y expertos como él en solucionar problemas así. Neuval siempre había sido un tema de conversación entre los tres desde que lo rescataron de aquel lugar terrible de Hong Kong.
Sin embargo, Lao tampoco se sentía mejor al poner ahora a Lex en esta posición. De hecho, se sentía culpable de exponer a Lex bajo esta presión y esta cruda honestidad que, sin duda, ningún hijo querría oír sobre su padre.
Pero es que Lex lo hacía fácil. No es que fuera insensible. Las cosas le afectaban, pero no le derrumbaban, nunca. Tenía esa sorprendente fortaleza ante las crisis o los problemas de los demás. Y eso a Lao le recordaba mucho a Hideki. Tenía esa parte de él, sin duda.
Aun así, Lao notó al joven médico un poco raro. Más callado y rígido de lo que ya solía ser en estas conversaciones.
—Lex, no te preocupes. Me encargaré de él, lo mantendré vigilado. Como siempre…
—¿Te ha contado algo más? —le interrumpió, serio.
—¿Qué?
—Cuando estuviste con él hace unas horas. Dices que estaba obsesionándose otra vez con “problemas internos imaginarios”. ¿Qué te ha dicho para hacerte pensar eso?
—Pues… que hace un par de días volvió a tener ese sueño. Ese de su infancia con su hermana, en el que ella le cantaba aquella nana de las brisas… y los gritos de su propia voz interrumpiendo, diciendo ese sinsentido de las “alas negras” y “despertar” y “destruir” y todo eso. No sé por qué, después de tantos años, esa pesadilla recurrente lo sigue teniendo tan atemorizado, o por qué sigue tomándosela tan en serio.
»Soy consciente de que hay muchas cosas que él nunca me ha contado sobre aquel pasado suyo. Joder, estoy seguro de que no me ha contado ni la mitad de la mitad. Por eso intento entenderlo, intento imaginarlo, qué malditas atrocidades o terrores llegó a ver de pequeño, qué tipo de cosas presenciaba en esa casa, qué demonios pasaba realmente en esa familia… A veces tengo esta incomprensible sensación de que… no sé… de que la muerte de Monique fue algo más que una simple disputa doméstica.
* * * * * *
—No… Mientes… Eres lo que odio… Yo elijo lo que soy, ¡yo! ¡No tú! Y te repudio…
«¿Por qué? ¿Porque es lo que los demás te dicen que hagas, lo que los demás quieren que seas? Das pena… Le das pena a toda la gente buena que te rodea. Te dicen que eres bueno como ellos, porque has ayudado a muchos, has hecho muchas buenas acciones… que sólo estás enfermo, que no es tu culpa… Pero todo eso no importará absolutamente nada cuando sepan lo que realmente eres. Alvion, Ming Jie y Kei Lian, Hana, Pipi… creen que te aprecian y te quieren, pero eso es porque aún no han conocido la jodida y diabólica verdad que tienes dentro… Eres un demonio».
—¡Eso eres tú! —le gritó a su propio reflejo.
«¡¡Eres tú!!» exclamó mucho más fuerte su reflejo.
Neuval se quedó estremecido por unos segundos. Empezó a dudar de si esa respuesta fue de verdad el eco de su propia voz. Le temblaron los ojos. Quizá es que todo el alcohol que había bebido al fin estaba afectándole, o este brote de lo que fuera estaba empeorando.
—No es suficiente… —murmuró, y agarró las botellas de alcohol una a una para revisarlas, desesperado, encontrando apenas contenido en ellas. Se rascó la frente otra vez con fuerza.
«Adelante. Busca algo más fuerte».
—Calla…
«Siempre haces lo mismo…».
—¡Que te calles! —gritó, agarrándose las orejas y optando por salir de allí—. No te aguanto más…
Cruzó el sótano y subió las escaleras, sin apartar las manos de sus orejas.
—“Neuval” —se oyó la voz de Hoti, de la Hoti doméstica, pues en el laboratorio tenía otro tipo de Hoti más acorde a las actividades científicas y a esa ya la había apagado antes—. “Tu ritmo cardiaco requiere atención médica.”
—No… cállate… —masculló él, metiéndose por el pasillo junto a las escaleras para ir a su despacho habitual.
—“Se requiere llamar a emergencias. ¿Quieres que…?”
—¡No! ¡Apágate! —ordenó, mientras iba hacia su escritorio y rebuscaba en los cajones con manos torpes y nerviosas.
«De esto no te salva ni Alvion… porque no soy un majin».
Neuval volvió a rascarse la frente con furia y abandonó los cajones de su escritorio. Al salir de nuevo al pasillo, vio brevemente su reflejo en un espejo que había colgado en la pared mientras pasaba, y mostraba sus dos ojos brillando de luz plateada.
«Voy a salir…».
—No voy a dejarte…
«Voy a ser yo…».
—Ni siquiera sabes quién eres…
«Sé que existo, y sé lo que quiero. Soy una verdad oprimida y las verdades tienen un instinto primordial, escarbar y escarbar hasta llegar a su hábitat natural, la superficie… Por eso las mentiras y los secretos nunca son eternos».
«Sigue rascando».
Neuval fue a la entrada, agarró un abrigo y sus llaves y salió de casa.
* * * * * *
Lao dejó de hablar y tomó aire, negando con la cabeza, lamentándose. Lex no dijo nada más. Sé quedó unos segundos muy quieto, con la mirada clavada en la mesa, sumergido en sus pensamientos. Lao frunció el ceño, preguntándose cuáles serían. De repente, el joven Vernoux cogió su móvil y su mascarilla de la mesa y se levantó del sofá; se guardó las cosas en los bolsillos y volvió a colocarse las gafas.
—¿Lex? —se extrañó el viejo, al ver que se iba hacia la puerta—. ¿Adónde vas?
—Tengo que irme. Ya hablamos mañana —dijo sin más, saliendo por la puerta y cerrando tras él.
Lao se quedó confuso ante esa rápida despedida. Aunque no le preocupó demasiado. Lex siempre había sido alguien muy prudente y correcto con todo, siempre era de fiar. Lao supuso que, al ver la hora, no quería volver a casa demasiado tarde y preocupar a su novia.
Mei Ling dio unos pasos desde el pasillo y se paró junto a la mesa del comedor, mirando hacia la puerta. Había estado ahí al margen bastante rato, escuchando esa última conversación, y no se había atrevido a interrumpirlos. Luego miró a su abuelo, un poco intranquila y triste por lo que había estado oyendo sobre su tío.
—¿Quieres que te lleve a casa? —le preguntó Lao.
Mei Ling se quedó observándolo unos minutos en silencio. Ver a su abuelo derrumbarse o sentirse tan preocupado o impotente cuando se trataba de un miembro de la familia no era desconocido para ella, pero sí chocante. Su abuelo era un iris ejemplar, el más ejemplar de la Asociación para ser exactos, el más fuerte física y mentalmente. No importaban las malas emociones que sintiera o cuán intensas, nunca estas le dominaban o doblegaban, podía gestionarlas y dominarlas, habilidad propia e impecable de los iris sin majin. Pero incluso las personas más fuertes del mundo necesitaban un poco de apoyo, de la simple presencia de alguien al lado.
Por eso, Mei Ling se acercó a él y se agachó junto a la butaca, y se agarró a su brazo y se apoyó en él.
—Me quedo aquí esta noche. Necesito pensar en muchas cosas antes de regresar ahí con Kyo y Brey y los demás. Si no te importa que te haga compañía.
—Gracias —contestó Lao, cerrando los ojos, apoyando la cabeza sobre la de ella.
Comentarios
Publicar un comentario