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3º LIBRO - Presente y Futuro __ PARTE 1: Identidad __









5.
La noche más larga (2/5)

Aquella debía de ser la primera vez que los seis gatitos dormían en un lugar seco, cálido y silencioso desde que nacieron. Tampoco es que llevasen mucho tiempo en el mundo.

Al menos, para Hélium, sí fue un cambio de vida radical. Siempre había sido callejera. Y desde luego no manifestaba ninguna queja o aversión ante ese lujo de tener al lado un plato lleno de agua fresca y otro lleno de pollo y pescado cocido, y también el gozo de poder tumbarse y estirar las cuatro patas todo lo que pudo sobre las suaves y limpias mantas y cojines que su salvador le había colocado en un acogedor rincón de una habitación de la planta baja, mientras amamantaba a sus seis crías.

Era una sala de estar que estaba en la parte posterior de la casa, por el pasillo junto a las escaleras, y frente al despacho habitual de Neuval. Tenía unos sofás y algunos muebles más, pero apenas se utilizaba, y era un lugar seguro donde mantenerlos encerrados hasta que pudieran ser desparasitados y bañados, y Hélium no tuviera que preocuparse de que sus crías se perdieran por alguna parte. La casa era muy grande. Cuando ya estuviesen limpios y más tranquilos en ese cambio de ambiente, Neuval ya dejaría la puerta abierta para que Hélium explorase todo lo que quisiera y fuera enseñando a sus cachorros a moverse también por el resto de la casa.

En esa medianoche, la casa estaba muy silenciosa. Tan vacía… oscura… Debería suponer un alivio para Neuval, poder tener total libertad y privacidad para hacer lo que muchas personas necesitaban que hiciera, usar su mente, su privilegiado cerebro, para maquinar planes, hipótesis, posibilidades, alternativas de emergencia y líneas de investigación para dar al menos con alguna pista sobre a dónde llevó Viernes a las dos hijas de Denzel raptadas y a dónde llevó Izan a Clover, si es que se trataba del mismo lugar o de diferentes ubicaciones para cada una.

Y de ese problema emergían otras líneas de investigación, porque cuando no se tenía pista alguna sobre el paradero de alguien secuestrado, solían ayudar las preguntas de por qué, cuándo o cómo fue secuestrado. Por ejemplo, si Izan quería a Clover por su don y su don permitía a la niña, entre otras cosas, ver espíritus y fantasmas, ¿la tendría retenida cerca de algún cementerio o zona especial de fantasmas? Y si este fuera el caso, ¿qué quería Izan de esos entes? ¿Y si no quería nada de los fantasmas y quería usar a Clover para predecir algún futuro, o leer la historia secreta de algún objeto, o ver algo que sólo ella podía ver? ¿La habría llevado a algún lugar donde hubiese objetos antiguos, secretos o especiales? ¿Y qué pintaba en todo esto ese intento de mandar a la nueva taimu a asesinar al Denzel de hace 200 años? Y los dioses del Yin, ¿qué demonios querían conseguir de todo esto, utilizando a Izan como agente en el mundo humano? ¿Tenían algún problema con Agatha o con Denzel que no podían resolver hablándolo con ellos en persona?

Además, ¿adónde se había marchado Agatha tan deprisa justo antes de terminar la reunión, advirtiendo a Denzel con severidad que no la siguiera?

Eran muchas cosas. Eran…

Eran demasiadas incógnitas.

Demasiadas… Tediosas… Frustrantes…

¿Es que el mundo no podía estarse quieto un día? ¿Es que la vida no podía dejar de traer una desgracia tras otra?

«Siempre lo mismo… una y otra vez…» se quejaba una voz.

¿Es que el trabajo de la Asociación no servía para nada? ¿No marcaba ninguna diferencia, no traía ningún cambio definitivo? Siempre aparecía algo o alguien, una vez más, para echar abajo todos los esfuerzos, para arrebatarle la vida a otro ser querido, para tallar más heridas y traumas incurables… La vida… ¿iba a ser así por siempre?

«Es inaguantable… insufrible… Este bucle, este aburrimiento… Este Equilibrio absurdo e irónicamente mal calibrado… Este confinamiento, detrás de estos barrotes de valores, moral y normas…».

«Daría lo que fuera por volver a salir… como aquella vez…».

«Me ahogo en este cuerpo… este cascarón…».


Si el silencio reinaba en toda la casa, era porque el despacho secreto del sótano estaba insonorizado. Era una estancia que nadie a simple vista podía encontrar, pues se hallaba tras una falsa pared en el fondo del sótano. Este tenía el aspecto de un sótano típico, donde había viejos muebles tapados, antiguos juguetes y triciclos de niños, cajas de ropa vieja, y la bonita vitrina que contenía todas las cosas relacionadas con los trabajos de Katya, sus libros, cuadernos, viejos laptops y discos…

Tras esa pared falsa sonaba una música de rock clásico de los 80 a todo volumen. En esa sala secreta de luminosas paredes blancas, Neuval tenía montado un pequeño laboratorio o taller, lleno de diversas máquinas pequeñas y medianas, herramientas, ordenadores y estantes. No era tan espectacular como los de Hoteitsuba ni tan grande como el que visitó Kyo en la casa de Xaviero, pero tenía lo necesario para crear cosas interesantes.

La música retumbaba por toda la sala, y aun así Neuval mantenía total concentración en esta nueva obra que estaba creando, con unas gafas protectoras negras puestas, manejando con manos de cirujano dos pistolas de láser de fibra que tenía instaladas en una mesa para grabar sobre una pequeña pieza de acero sujeta en un soporte.

—Eso es… un par de letras más… —decía, y paró un segundo para rascarse la frente rápidamente.

Tenía el cabello más despeinado que antes si cabe. Y la barba, del mismo color castaño claro, bastante desaliñada. Todavía vestía con el chándal negro, solo que ahora estaba en su camiseta blanca interior para trabajar más cómodo, bajo la cual asomaban varios de los trazos negros del tatuaje iris de su espalda y hombros.

—Sí… ¡Sí! ¡Esto va a mejorarlo todo! —celebró, sosteniendo entre sus dedos la pequeña pieza de acero, y la alzó hacia el techo—. ¡Lo hará todo más fácil!

No era sino una pequeña placa, tallada en forma de pez, con el nombre de Hélium grabado, diseñada para engancharse en los futuros collares que les iba a poner a los siete felinos. Esa era la última pieza. Las otras seis ya estaban terminadas, dentro de una cajita sobre la mesa con sus respectivos nombres ya grabados.

—¡Soy un genio! ¡Ahahah…! —rio victorioso.

«¿Un genio?» dijo una voz. «No me hagas reír… ¿Tú te estás viendo ahora?».

—Es que tú nunca te callas, ¿verdad? —protestó Neuval en voz alta, mientras guardaba las herramientas, pero seguía sonriendo contento—. ¿No está lo suficientemente alta? —fue al panel digital que había instalado en una pared y, sólo con deslizar un dedo hacia arriba, el volumen de la música aumentó mucho más.

«¿Crees que reventarte los tímpanos te hará dejar de oírme, idiota?».

—¡No te oigo! —exclamó Neuval, sin estar dispuesto a dejar que le estropeara el buen humor—. Fíjate qué espectáculo… —señaló con la mano lentamente a su alrededor—. Todas esas ondas de sonido chocando contra todos los cuerpos… Mira cómo se agitan el oxígeno y el nitrógeno de forma similar, es una vibración casi idéntica… Sin embargo, observa el CO2, con moléculas más pesadas, recibiendo la onda, absorbiendo más frecuencias que el nitrógeno y el oxígeno, convirtiendo parte de esa energía acústica en calor… Ça déchire ! ¿¡Puede haber algo en el universo más sexy que la física!? —exclamó de pronto con ímpetu—. Ah, bueno, sin duda está Katya muy por encima… ¡Pero sigue siendo fascinante! —sonrió eufórico, y se fue hacia otra mesa para agarrar la botella de whisky que tenía ya abierta y empezada, junto a otras dos ya vacías.

«Puto loco… Con razón Jean y Lilian te repudiaban. Y Monique… Hah… A Monique sólo le dabas pena».

—A ver si así te ahogas un rato… —comenzó a beberse la botella entera.

«Pero eras un constante estorbo para ella también… Siempre con tus problemas de conducta bipolar, tu explosiones de violencia… Tenía que ir a rescatarte todo el tiempo… o a frenarte… Justo cuando conseguía que las cosas le fueran bien, no podía ni salir con sus amigas, o estudiar tranquila para un examen o dar un paseo con Cédric sin estar temiendo a cada rato si su hermano seguiría cuerdo o metiéndose en algún lío…».

—No era todo el tiempo… —masculló Neuval, apoyándose con las manos sobre la mesa y cerrando los ojos, comenzando a sentir la fatiga.

«Y aun así mira cómo acabó. Asesinada por un monstruo. El mismo monstruo que tú llevas en la sangre…».

—No… Aunque lo lleve, lo repudio, lo controlo, elijo no serlo.

«Sólo cuando te apetece. ¿Acaso no me elegiste cuando encontraste el cadáver de Katya? ¿O cuando viste el de Song? ¿O hace unas semanas, cuando esos doce monos te rodearon?».

—Me provocaron…

«Estabas deseándolo… Estabas estresado, desde hace mucho tiempo. Aquella fue la excusa perfecta para explotar, por fin, una vez más… Hahh… sí… cómo lo disfruté… esa sensación cuando hundes las garras dentro las húmedas y cálidas tripas de esos humanos… el sonido del desgarro de sus vísceras… de sus gritos…».

—Cortarlos con mi viento… Quemarlos con mi fuego, congelar sus ojos con mi hielo, llenar sus tripas con mi arena, desintegrarlos con mis sombras…

«Y ahora está pasando lo mismo. Estoy asfixiándome, estoy de los nervios…».

—Estoy harto… cansado… furioso…

«Porque, una vez más, ves que el mundo sigue siendo una jaula de decepciones… Nada ha cambiado desde que estás en él. La humanidad sigue siendo un enjambre de moscas y parásitos revoloteando por esta pocilga de polución, basura, ríos y mares contaminados, bosques arrasados, todo hecho por ellos mismos, haciendo una triste pantomima que ellos llaman “vida”, esperando a que la realidad les explote un día en la cara, esperando la llegada de cualquier tragedia o trauma que los convertirá en nuevos asesinos, nuevos agresores, violadores, ladrones, corruptos o deprimidos y lloriqueantes…».

—Soy un iris. Existo para impedir todo eso, para combatir. No para quejarme de ello como un humano.

«Qué afortunada, toda la gente a la que has salvado y ayudado. Debe de ser maravillosa esa sensación, ¿verdad? La de sentirse a salvo, protegido… no temer por los suyos… ¿Cómo diablos será eso… lo de vivir sin miedo las 24 horas del día? ¿Entiendes cuál es tu problema? No es el hartazgo, los conflictos, los criminales, la lucha constante… Es el miedo. Te acompaña desde que naciste. No has dejado de tener miedo ni un puto segundo de tu vida. Y con razón».

—Por favor, cállate…

«Mira lo poderoso que eres… lo inteligente que eres… Y, aun así, mira cómo mataron a Monique ante tus ojos… Mira cómo unos criminales que debisteis haber eliminado hace años mataron a tus maestros… y luego a Sai… y luego a Yousuke… Mira cómo sostienes a Katya entre tus brazos, con sus ojos abiertos y vacíos llenos de polvo, la sangre seca saliendo de su boca…».

—¡Basta!

«Hace tiempo dejaste de preguntarte cómo ibas a seguir protegiendo a los que te quedan, y comenzaste a preguntarte cuál sería el siguiente cadáver que sostendrías en tus manos… ¿El de Kei Lian? ¿El de Ming Jie? ¿El de cualquiera de tus hijos?».

Neuval soltó un gruñido rabioso y lanzó la botella ya vacía contra una pared, haciéndola añicos. La música se apagó y reinó el silencio.


* * * * * *


—¿Venías de la casa de la abuela? —le preguntó Mei Ling a su abuelo, sorprendida, señalando la tomatera.

—Eh… Sí, bueno… —Lao se rascó la nuca, mirando a otro lado como con vergüenza, y se dirigió al mueble-bar que tenía en una pared entre el salón y el comedor.

—¿Y eso? ¿Qué habéis estado haciendo? —quiso saber Lex.

—No penséis cosas raras. Sólo he ido allí a dejar a alguien a su cuidado. Y me ha regalado esos tomates. Ming es siempre muy detallista, y sabe lo mucho que me gustan unos buenos tomates frescos con un buen filete de carne… y luego pasé por el súper de 24 horas para comprar algunas cosas más…

—A ver, abuelo, que te desvías. ¿A quién has dejado en su casa? —preguntó Mei Ling.

—A Yenkis.

Esa respuesta creó un silencio súbito. Mei Ling estaba algo confusa por esa noticia, pero a Lex de repente le cambió el semblante y su mirada se volvió extremadamente seria y sombría.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó con un tono tan grave que Mei Ling se estremeció un poco a su lado.

—Tranquilo —se giró Lao hacia ellos, portando una pequeña bandeja con una jarra de sake y tres copas; les hizo un gesto para que se sentaran en el sofá del salón, y él se sentó en una butaca frente a ellos tras dejar la bandeja sobre la mesilla, y comenzó a servirles—. Es sólo por precaución.

—¿Le ha hecho algo mi padre? —insistió Lex—. Su majin, me refiero.

—No. Nada de eso. Más bien, ha sido al revés. Yenkis se ha metido en un lío que todavía no sé de qué se trata. Pero tiene pinta de haber sido algo gordo. Nunca había visto a Neu tan decepcionado.

—¿Con Yen? ¿En serio? —intentó entender Lex.

—Tu padre me ha dicho que sólo es un asunto entre ellos dos y no ha querido decirme nada. Pero parece que ya lo ha arreglado, o, al menos, lo tiene bajo control.

—¿Entonces? ¿Por qué te lo has llevado a la casa de la abuela?

Lao se quedó un rato mirando su copa de sake sobre la mesilla, haciéndola girar distraídamente entre sus dedos. Entonces Lex vio en sus ojos algo que no veía desde hacía muchos años. Miedo.

—Tu padre está… —titubeó Lao—. Sólo está un poco estresado últimamente. Y he considerado buena idea quitarle un poco de las cargas que lo rodean. Porque ahora… tenemos un gran problema encima. Y… creo que tu padre necesita algo de espacio y tranquilidad, aprovechando también que Hana está de viaje. Para que pueda centrarse totalmente en este nuevo problema. Su inteligencia no sirve de nada si tiene demasiadas cargas emocionales alrededor. Ya sabes cómo funciona su cerebro. Por no hablar de que… —hizo un gesto dubitativo, y luego exhaló un suspiro alicaído, cerrando los ojos.

—¿Qué?

—Escucha, Lex —volvió a mirarlo—. Tu padre se ve incapaz de decírtelo él mismo. Se siente culpable por ello, ya sabes cómo es, siempre se culpa a sí mismo de todo lo malo que pasa con otras personas. Así que mejor que lo sepas por mí.

El viejo hizo una pausa, observando las caras estáticas y preocupadas de sus nietos.

—En la reunión, han terminado descubriendo quién se ha llevado a Clover.

—¿Q…? ¿¡Quién!? —exclamó Mei Ling enseguida.

—Es… un arki —intentó explicarles Lao, y ahora miró a Lex—. Tenéis que entender que eso significa que ya no es la misma persona. No es el de antes, ahora es como otra persona, por lo que no debemos verlo como el que conocíamos…

—Oh, Dios… —Lex se levantó de repente del sofá, para él esas palabras eran suficientes para saber de quién hablaba, y no pudo contener la inmediata y desgarradora tristeza de esa noticia. Dio unos pasos angustiados y nerviosos, agarrándose el pelo, bajo la mirada horripilada de Mei Ling, quien sospechaba también de quién se trataba—. ¿Estás seguro? ¿Estáis seguros? —le preguntó Lex a su abuelo, respirando rápido—. ¿Cuándo…? No, no puede ser… ¿Dónde ha…?

—Hace unas semanas tuvimos noticia de su primera señal de vida en siete años —le explicó—. Kyo lo vio en persona, en Chiba, en mitad de su pequeño viaje protegiendo el pergamino de nuestra RS de otra RS rival.

—Espera, ¿qué? —brincó Mei Ling, desconcertada.

—¿Kyo lo vio? ¿Cómo fue? —se sorprendió Lex también, pero luego su cara se tornó más precavida—. ¿Le… le hizo algo malo?

—Yo a Kyo lo he notado bien todo este tiempo. ¿Sufrió algún ataque por parte de él? —corroboró Mei Ling—. ¿¡Y para qué demonios querría llevarse a Clover!?

—Os lo contaré todo, parte por parte, ¿de acuerdo? —apaciguó Lao, y miró a Lex una vez más—. Sólo quería que supieras…

—No, no, espera… —lo frenó este, sin poder ocultar su disgusto, y se tomó unos segundos para tratar de gestionar sus emociones—. Yo… vale… entiendo que ha vuelto, después de todos estos años. Era una posibilidad que siempre había estado en nuestras cabezas… y… entiendo que penséis que es un arki, ya que ha hecho algo terrible…

—Lex…

—Pero en eso tenéis que estar equivocados, abuelo. Ichi nunca habría sucumbido del todo a ese grado. Jamás podría haberse permitido a sí mismo llegar a ese punto de no retorno…

—Lex…

—¡Está enfermo! ¡Sólo eso! ¡Está muy enfermo, pero no está muerto! ¡Mi tío sigue ahí, en alguna parte, en algún rincón diminuto de su mente, doblegado y aplastado bajo esa energía Yin que le ha estado invadiendo tantos años…!

Mei Ling se levantó del sofá al ver que los ojos azules rabiosos de Lex se empañaban y se enrojecían. Le posó una mano en el brazo, intentando consolarlo. Lao no dijo nada, tan sólo miraba cabizbajo su copa de sake todavía llena.

—Y Brey… ¿Mi tío Brey lo sabe ya? —quiso saber Lex, recuperando el aliento. Lao asintió con la cabeza—. ¿Cómo ha reaccionado?

—Exactamente igual que tú. Al parecer los dos sois los únicos que os aferráis a la misma esperanza sobre Izan. O sea, sobre Ichi.

—¡Pues claro que sí! Yo conozco a mi tío Ichi. Nacimos el mismo día y en el mismo hospital. Desde entonces estuvimos juntos cada día durante 18 años. Nadie lo conocía mejor que yo. Y si el tío Brey siente lo mismo que yo sobre este tema, es porque él también sabe lo que la energía Yang del iris de su hermano era realmente capaz de resistir y aguantar.

—Pero Lex… —dijo Mei Ling—. Si Alvion ya no pudo mantener la conexión con su iris, significa…

—No tiene por qué —objetó él—. ¡Puede haber otros motivos!

En ese momento, Lao desvió la mirada a un lado, vacilante. La verdad es que sí podría haber otros motivos, y dos de ellos se habían mencionado en la reunión. El menos probable es que Alvion dejara de captar el iris de Ichi por su estado de salud, ya que su salud estaba bien hace siete años cuando perdió la conexión con él. Así que, una de dos: o perdió la conexión con Ichi porque se convirtió definitivamente en arki y ya no tenía ápice de energía Yang a la que poder conectarse, o perdió la conexión porque Ichi empleó la Técnica de Desvío que Neuval le enseñó en el pasado.

—Abuelo —lo llamó Mei Ling—. Cuéntanoslo todo.

Lao lo hizo. Sólo en veinte minutos les explicó todas las conclusiones a las que la KRS y la SRS habían llegado en la reunión a raíz de los acontecimientos que habían estado sucediendo en las últimas semas.

Y lo de Izan había acabado siendo una pequeña parte al lado de lo demás: el salto en el tiempo de los hijos de Denzel, la existencia de una tercera taimu actuando libre y sin supervisión, la traición de Viernes para unirse a Izan, la posible implicación de los dioses del Yin tras las acciones de este, ya que ellos y Denzel eran los únicos sabedores del dato más importante y secreto de todos, el poder que poseían los mellizos, sus dones.

Lex y Mei Ling se quedaron con las mismas dudas que los demás: si Izan se había llevado a Clover por su don, ¿para qué exactamente quería usarlo? ¿Y por qué la nueva taimu que trabajaba para Izan atacó al Denzel del pasado en lugar de hacerlo con el del presente? ¿Y por qué Izan quería retener a los hijos de Denzel en esta época, obligando así a mantener el nudo latente entre ambas épocas?

—Clover y Daisuke… ¿son descendientes de…? —intentaba asimilar Mei Ling tras unos minutos de silencio.

Lex también estuvo recapacitando sobre todo aquello. No quería creer que Izan hubiese estado creando todo ese caos en las últimas semanas. Mucho menos, que estuviera actuando bajo el mando de lo que él llamaba “unos nuevos Señores”, los cuales debían de ser, sin otra posibilidad, los dioses del Yin.

Esto no habría alarmado mucho a Lex si no fuera porque Lao les había revelado que Alvion ya estaba perdiendo su poder junto con su salud. Si la persona más poderosa del mundo no podía hacer nada contra la amenaza más poderosa, ¿qué esperanza había, que se podía hacer?

Lex lamentaba esta noticia sobre Alvion. Puede que tuviera algunos sentimientos encontrados sobre la Asociación y sus métodos radicales de combatir el mal, pero Lex siempre había tenido a Alvion en muy alta estima y lo admiraba desde siempre, precisamente por ser el primer Zou en intentar ir por un camino diferente.









5.
La noche más larga (2/5)

Aquella debía de ser la primera vez que los seis gatitos dormían en un lugar seco, cálido y silencioso desde que nacieron. Tampoco es que llevasen mucho tiempo en el mundo.

Al menos, para Hélium, sí fue un cambio de vida radical. Siempre había sido callejera. Y desde luego no manifestaba ninguna queja o aversión ante ese lujo de tener al lado un plato lleno de agua fresca y otro lleno de pollo y pescado cocido, y también el gozo de poder tumbarse y estirar las cuatro patas todo lo que pudo sobre las suaves y limpias mantas y cojines que su salvador le había colocado en un acogedor rincón de una habitación de la planta baja, mientras amamantaba a sus seis crías.

Era una sala de estar que estaba en la parte posterior de la casa, por el pasillo junto a las escaleras, y frente al despacho habitual de Neuval. Tenía unos sofás y algunos muebles más, pero apenas se utilizaba, y era un lugar seguro donde mantenerlos encerrados hasta que pudieran ser desparasitados y bañados, y Hélium no tuviera que preocuparse de que sus crías se perdieran por alguna parte. La casa era muy grande. Cuando ya estuviesen limpios y más tranquilos en ese cambio de ambiente, Neuval ya dejaría la puerta abierta para que Hélium explorase todo lo que quisiera y fuera enseñando a sus cachorros a moverse también por el resto de la casa.

En esa medianoche, la casa estaba muy silenciosa. Tan vacía… oscura… Debería suponer un alivio para Neuval, poder tener total libertad y privacidad para hacer lo que muchas personas necesitaban que hiciera, usar su mente, su privilegiado cerebro, para maquinar planes, hipótesis, posibilidades, alternativas de emergencia y líneas de investigación para dar al menos con alguna pista sobre a dónde llevó Viernes a las dos hijas de Denzel raptadas y a dónde llevó Izan a Clover, si es que se trataba del mismo lugar o de diferentes ubicaciones para cada una.

Y de ese problema emergían otras líneas de investigación, porque cuando no se tenía pista alguna sobre el paradero de alguien secuestrado, solían ayudar las preguntas de por qué, cuándo o cómo fue secuestrado. Por ejemplo, si Izan quería a Clover por su don y su don permitía a la niña, entre otras cosas, ver espíritus y fantasmas, ¿la tendría retenida cerca de algún cementerio o zona especial de fantasmas? Y si este fuera el caso, ¿qué quería Izan de esos entes? ¿Y si no quería nada de los fantasmas y quería usar a Clover para predecir algún futuro, o leer la historia secreta de algún objeto, o ver algo que sólo ella podía ver? ¿La habría llevado a algún lugar donde hubiese objetos antiguos, secretos o especiales? ¿Y qué pintaba en todo esto ese intento de mandar a la nueva taimu a asesinar al Denzel de hace 200 años? Y los dioses del Yin, ¿qué demonios querían conseguir de todo esto, utilizando a Izan como agente en el mundo humano? ¿Tenían algún problema con Agatha o con Denzel que no podían resolver hablándolo con ellos en persona?

Además, ¿adónde se había marchado Agatha tan deprisa justo antes de terminar la reunión, advirtiendo a Denzel con severidad que no la siguiera?

Eran muchas cosas. Eran…

Eran demasiadas incógnitas.

Demasiadas… Tediosas… Frustrantes…

¿Es que el mundo no podía estarse quieto un día? ¿Es que la vida no podía dejar de traer una desgracia tras otra?

«Siempre lo mismo… una y otra vez…» se quejaba una voz.

¿Es que el trabajo de la Asociación no servía para nada? ¿No marcaba ninguna diferencia, no traía ningún cambio definitivo? Siempre aparecía algo o alguien, una vez más, para echar abajo todos los esfuerzos, para arrebatarle la vida a otro ser querido, para tallar más heridas y traumas incurables… La vida… ¿iba a ser así por siempre?

«Es inaguantable… insufrible… Este bucle, este aburrimiento… Este Equilibrio absurdo e irónicamente mal calibrado… Este confinamiento, detrás de estos barrotes de valores, moral y normas…».

«Daría lo que fuera por volver a salir… como aquella vez…».

«Me ahogo en este cuerpo… este cascarón…».


Si el silencio reinaba en toda la casa, era porque el despacho secreto del sótano estaba insonorizado. Era una estancia que nadie a simple vista podía encontrar, pues se hallaba tras una falsa pared en el fondo del sótano. Este tenía el aspecto de un sótano típico, donde había viejos muebles tapados, antiguos juguetes y triciclos de niños, cajas de ropa vieja, y la bonita vitrina que contenía todas las cosas relacionadas con los trabajos de Katya, sus libros, cuadernos, viejos laptops y discos…

Tras esa pared falsa sonaba una música de rock clásico de los 80 a todo volumen. En esa sala secreta de luminosas paredes blancas, Neuval tenía montado un pequeño laboratorio o taller, lleno de diversas máquinas pequeñas y medianas, herramientas, ordenadores y estantes. No era tan espectacular como los de Hoteitsuba ni tan grande como el que visitó Kyo en la casa de Xaviero, pero tenía lo necesario para crear cosas interesantes.

La música retumbaba por toda la sala, y aun así Neuval mantenía total concentración en esta nueva obra que estaba creando, con unas gafas protectoras negras puestas, manejando con manos de cirujano dos pistolas de láser de fibra que tenía instaladas en una mesa para grabar sobre una pequeña pieza de acero sujeta en un soporte.

—Eso es… un par de letras más… —decía, y paró un segundo para rascarse la frente rápidamente.

Tenía el cabello más despeinado que antes si cabe. Y la barba, del mismo color castaño claro, bastante desaliñada. Todavía vestía con el chándal negro, solo que ahora estaba en su camiseta blanca interior para trabajar más cómodo, bajo la cual asomaban varios de los trazos negros del tatuaje iris de su espalda y hombros.

—Sí… ¡Sí! ¡Esto va a mejorarlo todo! —celebró, sosteniendo entre sus dedos la pequeña pieza de acero, y la alzó hacia el techo—. ¡Lo hará todo más fácil!

No era sino una pequeña placa, tallada en forma de pez, con el nombre de Hélium grabado, diseñada para engancharse en los futuros collares que les iba a poner a los siete felinos. Esa era la última pieza. Las otras seis ya estaban terminadas, dentro de una cajita sobre la mesa con sus respectivos nombres ya grabados.

—¡Soy un genio! ¡Ahahah…! —rio victorioso.

«¿Un genio?» dijo una voz. «No me hagas reír… ¿Tú te estás viendo ahora?».

—Es que tú nunca te callas, ¿verdad? —protestó Neuval en voz alta, mientras guardaba las herramientas, pero seguía sonriendo contento—. ¿No está lo suficientemente alta? —fue al panel digital que había instalado en una pared y, sólo con deslizar un dedo hacia arriba, el volumen de la música aumentó mucho más.

«¿Crees que reventarte los tímpanos te hará dejar de oírme, idiota?».

—¡No te oigo! —exclamó Neuval, sin estar dispuesto a dejar que le estropeara el buen humor—. Fíjate qué espectáculo… —señaló con la mano lentamente a su alrededor—. Todas esas ondas de sonido chocando contra todos los cuerpos… Mira cómo se agitan el oxígeno y el nitrógeno de forma similar, es una vibración casi idéntica… Sin embargo, observa el CO2, con moléculas más pesadas, recibiendo la onda, absorbiendo más frecuencias que el nitrógeno y el oxígeno, convirtiendo parte de esa energía acústica en calor… Ça déchire ! ¿¡Puede haber algo en el universo más sexy que la física!? —exclamó de pronto con ímpetu—. Ah, bueno, sin duda está Katya muy por encima… ¡Pero sigue siendo fascinante! —sonrió eufórico, y se fue hacia otra mesa para agarrar la botella de whisky que tenía ya abierta y empezada, junto a otras dos ya vacías.

«Puto loco… Con razón Jean y Lilian te repudiaban. Y Monique… Hah… A Monique sólo le dabas pena».

—A ver si así te ahogas un rato… —comenzó a beberse la botella entera.

«Pero eras un constante estorbo para ella también… Siempre con tus problemas de conducta bipolar, tu explosiones de violencia… Tenía que ir a rescatarte todo el tiempo… o a frenarte… Justo cuando conseguía que las cosas le fueran bien, no podía ni salir con sus amigas, o estudiar tranquila para un examen o dar un paseo con Cédric sin estar temiendo a cada rato si su hermano seguiría cuerdo o metiéndose en algún lío…».

—No era todo el tiempo… —masculló Neuval, apoyándose con las manos sobre la mesa y cerrando los ojos, comenzando a sentir la fatiga.

«Y aun así mira cómo acabó. Asesinada por un monstruo. El mismo monstruo que tú llevas en la sangre…».

—No… Aunque lo lleve, lo repudio, lo controlo, elijo no serlo.

«Sólo cuando te apetece. ¿Acaso no me elegiste cuando encontraste el cadáver de Katya? ¿O cuando viste el de Song? ¿O hace unas semanas, cuando esos doce monos te rodearon?».

—Me provocaron…

«Estabas deseándolo… Estabas estresado, desde hace mucho tiempo. Aquella fue la excusa perfecta para explotar, por fin, una vez más… Hahh… sí… cómo lo disfruté… esa sensación cuando hundes las garras dentro las húmedas y cálidas tripas de esos humanos… el sonido del desgarro de sus vísceras… de sus gritos…».

—Cortarlos con mi viento… Quemarlos con mi fuego, congelar sus ojos con mi hielo, llenar sus tripas con mi arena, desintegrarlos con mis sombras…

«Y ahora está pasando lo mismo. Estoy asfixiándome, estoy de los nervios…».

—Estoy harto… cansado… furioso…

«Porque, una vez más, ves que el mundo sigue siendo una jaula de decepciones… Nada ha cambiado desde que estás en él. La humanidad sigue siendo un enjambre de moscas y parásitos revoloteando por esta pocilga de polución, basura, ríos y mares contaminados, bosques arrasados, todo hecho por ellos mismos, haciendo una triste pantomima que ellos llaman “vida”, esperando a que la realidad les explote un día en la cara, esperando la llegada de cualquier tragedia o trauma que los convertirá en nuevos asesinos, nuevos agresores, violadores, ladrones, corruptos o deprimidos y lloriqueantes…».

—Soy un iris. Existo para impedir todo eso, para combatir. No para quejarme de ello como un humano.

«Qué afortunada, toda la gente a la que has salvado y ayudado. Debe de ser maravillosa esa sensación, ¿verdad? La de sentirse a salvo, protegido… no temer por los suyos… ¿Cómo diablos será eso… lo de vivir sin miedo las 24 horas del día? ¿Entiendes cuál es tu problema? No es el hartazgo, los conflictos, los criminales, la lucha constante… Es el miedo. Te acompaña desde que naciste. No has dejado de tener miedo ni un puto segundo de tu vida. Y con razón».

—Por favor, cállate…

«Mira lo poderoso que eres… lo inteligente que eres… Y, aun así, mira cómo mataron a Monique ante tus ojos… Mira cómo unos criminales que debisteis haber eliminado hace años mataron a tus maestros… y luego a Sai… y luego a Yousuke… Mira cómo sostienes a Katya entre tus brazos, con sus ojos abiertos y vacíos llenos de polvo, la sangre seca saliendo de su boca…».

—¡Basta!

«Hace tiempo dejaste de preguntarte cómo ibas a seguir protegiendo a los que te quedan, y comenzaste a preguntarte cuál sería el siguiente cadáver que sostendrías en tus manos… ¿El de Kei Lian? ¿El de Ming Jie? ¿El de cualquiera de tus hijos?».

Neuval soltó un gruñido rabioso y lanzó la botella ya vacía contra una pared, haciéndola añicos. La música se apagó y reinó el silencio.


* * * * * *


—¿Venías de la casa de la abuela? —le preguntó Mei Ling a su abuelo, sorprendida, señalando la tomatera.

—Eh… Sí, bueno… —Lao se rascó la nuca, mirando a otro lado como con vergüenza, y se dirigió al mueble-bar que tenía en una pared entre el salón y el comedor.

—¿Y eso? ¿Qué habéis estado haciendo? —quiso saber Lex.

—No penséis cosas raras. Sólo he ido allí a dejar a alguien a su cuidado. Y me ha regalado esos tomates. Ming es siempre muy detallista, y sabe lo mucho que me gustan unos buenos tomates frescos con un buen filete de carne… y luego pasé por el súper de 24 horas para comprar algunas cosas más…

—A ver, abuelo, que te desvías. ¿A quién has dejado en su casa? —preguntó Mei Ling.

—A Yenkis.

Esa respuesta creó un silencio súbito. Mei Ling estaba algo confusa por esa noticia, pero a Lex de repente le cambió el semblante y su mirada se volvió extremadamente seria y sombría.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó con un tono tan grave que Mei Ling se estremeció un poco a su lado.

—Tranquilo —se giró Lao hacia ellos, portando una pequeña bandeja con una jarra de sake y tres copas; les hizo un gesto para que se sentaran en el sofá del salón, y él se sentó en una butaca frente a ellos tras dejar la bandeja sobre la mesilla, y comenzó a servirles—. Es sólo por precaución.

—¿Le ha hecho algo mi padre? —insistió Lex—. Su majin, me refiero.

—No. Nada de eso. Más bien, ha sido al revés. Yenkis se ha metido en un lío que todavía no sé de qué se trata. Pero tiene pinta de haber sido algo gordo. Nunca había visto a Neu tan decepcionado.

—¿Con Yen? ¿En serio? —intentó entender Lex.

—Tu padre me ha dicho que sólo es un asunto entre ellos dos y no ha querido decirme nada. Pero parece que ya lo ha arreglado, o, al menos, lo tiene bajo control.

—¿Entonces? ¿Por qué te lo has llevado a la casa de la abuela?

Lao se quedó un rato mirando su copa de sake sobre la mesilla, haciéndola girar distraídamente entre sus dedos. Entonces Lex vio en sus ojos algo que no veía desde hacía muchos años. Miedo.

—Tu padre está… —titubeó Lao—. Sólo está un poco estresado últimamente. Y he considerado buena idea quitarle un poco de las cargas que lo rodean. Porque ahora… tenemos un gran problema encima. Y… creo que tu padre necesita algo de espacio y tranquilidad, aprovechando también que Hana está de viaje. Para que pueda centrarse totalmente en este nuevo problema. Su inteligencia no sirve de nada si tiene demasiadas cargas emocionales alrededor. Ya sabes cómo funciona su cerebro. Por no hablar de que… —hizo un gesto dubitativo, y luego exhaló un suspiro alicaído, cerrando los ojos.

—¿Qué?

—Escucha, Lex —volvió a mirarlo—. Tu padre se ve incapaz de decírtelo él mismo. Se siente culpable por ello, ya sabes cómo es, siempre se culpa a sí mismo de todo lo malo que pasa con otras personas. Así que mejor que lo sepas por mí.

El viejo hizo una pausa, observando las caras estáticas y preocupadas de sus nietos.

—En la reunión, han terminado descubriendo quién se ha llevado a Clover.

—¿Q…? ¿¡Quién!? —exclamó Mei Ling enseguida.

—Es… un arki —intentó explicarles Lao, y ahora miró a Lex—. Tenéis que entender que eso significa que ya no es la misma persona. No es el de antes, ahora es como otra persona, por lo que no debemos verlo como el que conocíamos…

—Oh, Dios… —Lex se levantó de repente del sofá, para él esas palabras eran suficientes para saber de quién hablaba, y no pudo contener la inmediata y desgarradora tristeza de esa noticia. Dio unos pasos angustiados y nerviosos, agarrándose el pelo, bajo la mirada horripilada de Mei Ling, quien sospechaba también de quién se trataba—. ¿Estás seguro? ¿Estáis seguros? —le preguntó Lex a su abuelo, respirando rápido—. ¿Cuándo…? No, no puede ser… ¿Dónde ha…?

—Hace unas semanas tuvimos noticia de su primera señal de vida en siete años —le explicó—. Kyo lo vio en persona, en Chiba, en mitad de su pequeño viaje protegiendo el pergamino de nuestra RS de otra RS rival.

—Espera, ¿qué? —brincó Mei Ling, desconcertada.

—¿Kyo lo vio? ¿Cómo fue? —se sorprendió Lex también, pero luego su cara se tornó más precavida—. ¿Le… le hizo algo malo?

—Yo a Kyo lo he notado bien todo este tiempo. ¿Sufrió algún ataque por parte de él? —corroboró Mei Ling—. ¿¡Y para qué demonios querría llevarse a Clover!?

—Os lo contaré todo, parte por parte, ¿de acuerdo? —apaciguó Lao, y miró a Lex una vez más—. Sólo quería que supieras…

—No, no, espera… —lo frenó este, sin poder ocultar su disgusto, y se tomó unos segundos para tratar de gestionar sus emociones—. Yo… vale… entiendo que ha vuelto, después de todos estos años. Era una posibilidad que siempre había estado en nuestras cabezas… y… entiendo que penséis que es un arki, ya que ha hecho algo terrible…

—Lex…

—Pero en eso tenéis que estar equivocados, abuelo. Ichi nunca habría sucumbido del todo a ese grado. Jamás podría haberse permitido a sí mismo llegar a ese punto de no retorno…

—Lex…

—¡Está enfermo! ¡Sólo eso! ¡Está muy enfermo, pero no está muerto! ¡Mi tío sigue ahí, en alguna parte, en algún rincón diminuto de su mente, doblegado y aplastado bajo esa energía Yin que le ha estado invadiendo tantos años…!

Mei Ling se levantó del sofá al ver que los ojos azules rabiosos de Lex se empañaban y se enrojecían. Le posó una mano en el brazo, intentando consolarlo. Lao no dijo nada, tan sólo miraba cabizbajo su copa de sake todavía llena.

—Y Brey… ¿Mi tío Brey lo sabe ya? —quiso saber Lex, recuperando el aliento. Lao asintió con la cabeza—. ¿Cómo ha reaccionado?

—Exactamente igual que tú. Al parecer los dos sois los únicos que os aferráis a la misma esperanza sobre Izan. O sea, sobre Ichi.

—¡Pues claro que sí! Yo conozco a mi tío Ichi. Nacimos el mismo día y en el mismo hospital. Desde entonces estuvimos juntos cada día durante 18 años. Nadie lo conocía mejor que yo. Y si el tío Brey siente lo mismo que yo sobre este tema, es porque él también sabe lo que la energía Yang del iris de su hermano era realmente capaz de resistir y aguantar.

—Pero Lex… —dijo Mei Ling—. Si Alvion ya no pudo mantener la conexión con su iris, significa…

—No tiene por qué —objetó él—. ¡Puede haber otros motivos!

En ese momento, Lao desvió la mirada a un lado, vacilante. La verdad es que sí podría haber otros motivos, y dos de ellos se habían mencionado en la reunión. El menos probable es que Alvion dejara de captar el iris de Ichi por su estado de salud, ya que su salud estaba bien hace siete años cuando perdió la conexión con él. Así que, una de dos: o perdió la conexión con Ichi porque se convirtió definitivamente en arki y ya no tenía ápice de energía Yang a la que poder conectarse, o perdió la conexión porque Ichi empleó la Técnica de Desvío que Neuval le enseñó en el pasado.

—Abuelo —lo llamó Mei Ling—. Cuéntanoslo todo.

Lao lo hizo. Sólo en veinte minutos les explicó todas las conclusiones a las que la KRS y la SRS habían llegado en la reunión a raíz de los acontecimientos que habían estado sucediendo en las últimas semas.

Y lo de Izan había acabado siendo una pequeña parte al lado de lo demás: el salto en el tiempo de los hijos de Denzel, la existencia de una tercera taimu actuando libre y sin supervisión, la traición de Viernes para unirse a Izan, la posible implicación de los dioses del Yin tras las acciones de este, ya que ellos y Denzel eran los únicos sabedores del dato más importante y secreto de todos, el poder que poseían los mellizos, sus dones.

Lex y Mei Ling se quedaron con las mismas dudas que los demás: si Izan se había llevado a Clover por su don, ¿para qué exactamente quería usarlo? ¿Y por qué la nueva taimu que trabajaba para Izan atacó al Denzel del pasado en lugar de hacerlo con el del presente? ¿Y por qué Izan quería retener a los hijos de Denzel en esta época, obligando así a mantener el nudo latente entre ambas épocas?

—Clover y Daisuke… ¿son descendientes de…? —intentaba asimilar Mei Ling tras unos minutos de silencio.

Lex también estuvo recapacitando sobre todo aquello. No quería creer que Izan hubiese estado creando todo ese caos en las últimas semanas. Mucho menos, que estuviera actuando bajo el mando de lo que él llamaba “unos nuevos Señores”, los cuales debían de ser, sin otra posibilidad, los dioses del Yin.

Esto no habría alarmado mucho a Lex si no fuera porque Lao les había revelado que Alvion ya estaba perdiendo su poder junto con su salud. Si la persona más poderosa del mundo no podía hacer nada contra la amenaza más poderosa, ¿qué esperanza había, que se podía hacer?

Lex lamentaba esta noticia sobre Alvion. Puede que tuviera algunos sentimientos encontrados sobre la Asociación y sus métodos radicales de combatir el mal, pero Lex siempre había tenido a Alvion en muy alta estima y lo admiraba desde siempre, precisamente por ser el primer Zou en intentar ir por un camino diferente.





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