1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __
Había pasado media hora y los cuatro iris de la MRS seguían en el templo abandonado. El Dobutsu y el Sui estaban sentados sobre un grueso pilar de madera caído, comiendo unos sándwiches. El Líder estaba en pie, en el patio de baldosas rotas, intentando contactar con alguien con su teléfono móvil, mientras sostenía el pergamino en la otra mano.
Por otro lado, la chica estaba algo apartada de ellos, en las lindes del bosque, de brazos cruzados, mirando hacia la dirección por donde Kyo se había ido. Estaba intranquila.
—¿Cuándo podemos irnos? —preguntó el Dobutsu—. Si no responde, es que no va a venir aquí.
—Callad, no deis por saco —les dijo el Líder—. No hemos hecho esto sólo por nosotros, sino también por él. Hasta que él no me confirme si viene aquí a recoger el pergamino o no, de aquí no nos movemos.
—Algo me huele mal… —murmuró la chica.
—Tranquila, pronto podrás darte un baño —le dijo el Dobutsu con burla.
La chica chistó con la lengua, molesta, y se acercó a su Líder.
—Aquí hay algo que no me encaja, Akira.
—Tú dirás… —dijo desinteresadamente, atento a su móvil.
—Ha sido demasiado fácil quitarle el pergamino.
—Cuatro iris veteranos contra un novato agotado —repuso él—. No veo una definición mejor para “fácil”.
—No me cuadra —insistió ella—. No deberíamos haberle dejado ir así como así.
—Nuestro único objetivo era hacernos con esto —alzó el pergamino a la altura de sus ojos—. ¿Qué más querías hacer? ¿Pegarle? ¿Charlar con él para recordar viejos tiempos?
Ella volvió a hacer un gesto molesto. Seguía inquieta.
—¿Cómo sabemos que este pergamino no tiene nada raro o es de verdad?
—Escucha —le dijo el Dobutsu desde la distancia—. Ese es el mismo pergamino que llevo oliendo desde que iniciamos la persecución tras el chico. Y huele igual que el resto de pergaminos, incluso que el nuestro.
—Todos están hechos de la misma celulosa vegetal especial —añadió Akira—. Este la tiene.
—Y contiene el escrito de todo el proceso de la Técnica con la misma exacta caligrafía de Denzel, además del Sello —corroboró el Sui.
Miki entornó los ojos con suspicacia. Sin previo aviso, le arrebató el pergamino a su Líder de las manos y se puso a examinarlo por todos lados.
—¿¡Qué te crees que haces!? —se lo quitó él de vuelta—. No acerques tus manazas de fuego a esta reliquia.
—¿Has probado a ver si el Sello se activa? ¡Compruébalo!
—El Sello ha de activarse con intención de comenzar a aprender la Técnica, Miki, y no es momento ni lugar.
—¡Pon tu maldito pulgar unos segundos!
—Tú y tu manía de darme órdenes —negó Akira con la cabeza, pero se quedó unos segundos pensativo, mirando el pergamino. Suspiró de mala gana—. Yo no puedo activar el Sello cuando ya tengo una Técnica propia aprendida.
—Yo lo hago —fue a coger el pergamino de nuevo.
—Que apartes tus manazas, a ver si vas a calcinar algo con esos nervios —lo alejó de ella.
—¿Puedo hacerlo yo? —preguntó el Dobutsu.
—Tú has estado días restregando tus zarpas por dos ciudades enteras. Por suerte tenemos aquí las manos impecables de un Sui.
El Sui asintió y se acercó a ellos. Tomó el pergamino, lo abrió y colocó el pulgar sobre el símbolo que había plasmado en la esquina superior derecha. Pasaron unos segundos, y no sucedió nada. Akira cerró los ojos un momento, empezando a maldecir. El Sui lo intentó un par de veces más, y nada.
—Trae —se lo quitó Miki, y ella también probó a poner el pulgar.
Pero el Sello no desprendió ninguna luz, como debía hacer en apenas dos segundos cuando cualquier iris ponía su pulgar. Akira empezó a estrujar el pergamino entre sus dos manos lentamente, hasta apretar fuerte los puños, temblando de ira.
—Hijo de perra…
—¿¡Cómo!? —exclamó el Dobutsu, acercándose a ellos de un salto grande—. ¡No puede ser falso, no se puede hacer una copia tan perfecta!
—Si el Sello no brilla, ¡el pergamino no sirve! —repuso el Líder—. No sé si habrá anulado el Sello o si ha conseguido de algún modo fabricar un pergamino que parece de más de tres siglos, ¡pero de nada nos sirve si el Sello no brilla!
—¿¡Cómo va a poder anular el Sello un simple iris!? Sólo Denzel tiene ese poder.
—¿¡Y si el chico es uno de sus taimuki!? ¡Los taimuki también pueden manipular algunos de los poderes de Denzel!
—¡No seáis idiotas! —intervino Miki—. Kyo no es un descendiente de Denzel.
—¿¡Tú qué sabes!? Hay iris que lo son en otras partes del mundo, pero lo mantienen en secreto porque Denzel quiere protegerlos de posibles problemas con los dioses.
—¡Si lo fuera, su hermano también lo habría sido, y yo lo hubiera sabido! —replicó ella—. Espera… —abrió los ojos con sorpresa, cayendo en la cuenta de una posibilidad—. Esto es obra del maldito Replicador. ¡No tiene otra explicación!
—¿De qué coño hablas? —gruñó Akira.
—Es una máquina que inventaron Lao y Neuval, capaz de hacer copias de objetos con exactitud molecular.
—¿Tú sabías que esa máquina existe y que el chico la usaría? —siseó el Líder con recelo.
—Oí hablar de ella de pequeña, ¡pero ni me acordaba de que existía ni tenía idea de que él la usaría hasta ahora mismo, viendo este pergamino perfecto pero de Sello inútil! No se me ocurre otra posibilidad, es más, sé que es la única. Pero se supone que esa máquina debería estar en el edifico Hoteitsuba, y Kyo ni se ha acercado allí desde que comenzamos a perseguirlo.
—Hostia puta… —blasfemó el Dobutsu, indicando que había caído en algo, y todos lo miraron—. La tenía Massimiliano…
—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó Akira.
—¡Por eso el novato se ha ido hasta Chiba! Massimiliano tenía por ahí una de sus guaridas. Si alguien puede custodiar de manera segura máquinas o armas ilegales de Hoteitsuba, es él. ¡Ya decía yo, quién coño podría tener un robot cuadrúpedo con una Hoti individual en un barrio tan mediocre!
Akira dio unos pasos lejos de ellos, restregándose las manos por la cabeza.
—¡Joder! —gritó rabioso—. Esto puede salirnos caro…
—¡Desde el principio te dije que no lo subestimaras! —le dijo Miki—. Os la ha jugado.
—¿“Os”? —repitió el Líder, y la chica se cruzó de brazos, callada, mirando a otra parte—. Llevas un año entero en mi MRS, Miki. Tú viniste a mí. Y juraste que no guardabas sentimientos por tu anterior RS y… sus aliados.
—¡No los guardo! —se enfadó ella.
—O estás con nosotros, o estás fuera.
—¡Joder, basta de cháchara! ¡Si nos damos prisa, lo alcanzaremos! —interrumpió el Sui.
Cuando los cuatro estuvieron a punto de despegar un pie del suelo, Raijin hizo presencia delante de todos ellos, aterrizando desde la nada como un rayo. Estos pegaron un brinco de la sorpresa, pero cuando reconocieron quién era, manifestaron un claro gesto de fastidio, comprendiendo, pues, toda la situación, toda la trampa.
—Vaya, vaya… un “dios iris” nos honra con su presencia, un mismísimo Denjin-sama. El famoso Raijin merodeaba por aquí después de todo, protegiendo a su compañero como un buen Guardián —le sonrió el Líder con calma—. Has crecido algo más en el último par de años. Niñito.
—Elogiando mi nivel máximo de poder, pero tratando de ofenderme por mi joven edad… Detecto algo de envidia de alguien que ya empieza a tener canas y sigue en el nivel -san, Akira —le espetó Raijin.
—Sí, ¿qué podemos hacer los iris comunes contra un prodigio innato como tú? No sé qué es peor. No haber sido nunca humano y ser diferente a todos, o ser iris “normales” sin problemas de entender y socializar con los demás.
—Yo no me he divorciado tres veces en diez años —dijo Raijin.
—¡Jaj! —al Dobutsu se le escapó una carcajada, pero se tapó la boca corriendo.
—¿Quieres hablar de familias, criajo? —dijo Akira, sin embargo, manteniendo esa sonrisa calmada—. Sabemos lo que te pasó cuando tenías 15 años. ¿Vas diciendo por ahí que tienes unos hermanitos pequeños?
—Cuidado —le advirtió Raijin, alterándose enseguida.
Pero él también debía tener cuidado de no caer en esas provocaciones. Lo único que debía hacer era ganar tiempo y esperar a que Yako y Sam llegasen, y se puso a analizar la situación. El Suijin-san de la MRS tenía parte de ventaja, sabía que había un lago y un arroyo cerca del templo y seguro que iba a usar su agua. Luego, el Líder se encontraba completamente en su propio campo de batalla, rodeado de tantos árboles y vegetación. Al menos, Yako estaría en la misma situación favorable que él, al ser del mismo elemento y del mismo nivel. El Dobutsujin-san no necesitaba nada de su alrededor, todo lo que precisaba era su propio cuerpo, igual que Sam. Y, por último, la chica Ka-chan y su fuego no parecía ser una amenaza, a juzgar por lo callada y quieta que estaba, pero Raijin había aprendido a no subestimar a la gente.
Respecto a los apodos, para cada elemento se ponía uno, siguiendo con los términos lingüísticos japoneses y chinos, y tenían una terminación diferente según el nivel de poder sobre el elemento. Era un medio simple de identificación. Había tres niveles, el bajo, el medio y el alto. El bajo tenía la terminación -chan. Para el Viento, era Fuu-chan; para la Electricidad, era Den-chan; para el Agua, era Sui-chan; el Fuego, Ka-chan; la Radiación, Hosha-chan; la Planta, Shokubutsu-chan; el Animal, Dobutsu-chan; la Oscuridad, Yami-chan, y para la Arena, Suna-chan.
El nivel medio tenía la terminación -san, y el nivel alto la terminación -sama, y en estos dos casos a la palabra del elemento se le añadía la partícula jin, referido a “persona”. Así, para el Viento era Fuujin-san y Fuujin-sama; para la Electricidad era Denjin-san y Denjin-sama; para el Agua era Suijin-san y Suijin-sama; el Fuego, Kajin-san y Kajin-sama; la Radiación, Hoshajin-san y Hoshajin-sama; la Planta, Shokubutsujin-san y Shokubutusjin-sama; el Animal, Dobutsujin-san y Dobutsujin-sama; la Oscuridad, Yamijin-san y Yamijin-sama; y la Arena, Sunajin-san y Sunajin-sama.
A pesar de que Raijin era un Denjin-sama, cuando llegó a este nivel máximo, la gente de su entorno comenzó a llamarlo Raijin porque así es como se denomina al Dios del Trueno de la mitología japonesa, de modo que Raijin era un apodo no oficial, simplemente dado por los demás como un guiño a esta deidad mitológica, porque, al fin y al cabo, el rubio había sido el primer y único iris Den en llegar al máximo nivel, y el segundo iris en alcanzar este último nivel de su elemento después de Fuujin, quien, igualmente, debía poseer el apodo oficial de Fuujin-sama, pero todos lo llamaban Fuujin siendo este el nombre del Dios del Viento de la mitología japonesa.
Si algún otro iris de la Electricidad o del Viento llegara a alcanzar el nivel alto como ellos, estos iris sí serían apodados como Denjin-sama y Fuujin-sama, los apodos oficiales.
El nivel de poder más alto sólo lo habían conseguido cuatro iris en toda la Asociación de cuatro elementos distintos, y se les denominaba “dioses iris”. Una de ellos era una Suijin-sama, en Estados Unidos; otro era un Shokubutsujin-sama, en Europa; y Raijin y Neuval, un Denjin-sama y un Fuujin-sama respectivamente, en Japón.
Como después de salir del Monte Zou el iris podía ir aumentando su poder, se subía de nivel y la terminación de su apodo cambiaba. Se sabía cuándo uno subía de nivel cuando aprendía determinadas nuevas técnicas a emplear de su elemento. Por ejemplo, el elemento Electricidad de la MRS, la mujer con la que se enfrentaron Nakuru y Drasik, este supo que ella podía desplazarse a la velocidad de la luz cuando oyó que su compañero la llamó Denjin-san, ya que esta capacidad entraba en el nivel medio del elemento Electricidad.
—¿Sabes? —continuó hablando el Dobutsujin-san con su compañero Suijin-san, burlón—. Me acuerdo de que hace unos años veía a este chico rondar por las calles de vez en cuando con una humana paliducha.
Raijin despertó de sus pensamientos de golpe.
—Oh, sí... —recordó el Suijin-san, poniendo el mismo tono—. Yo sé quién era, la hija adoptiva de dos altos cargos del Gobierno —miró a Raijin con una sonrisa socarrona—. Dime, ¿te la acabaste tirando? Lástima que muriera. No sabía que te gustasen tanto las niñas snob como esa... ¡Ngh!
Raijin lo había agarrado bruscamente del cuello con una mano, en una fracción de segundo, y le clavó una mirada temible. Los otros tres se sobresaltaron.
—¡Eh! —saltó el Líder, agarrando el brazo de Raijin—. Cuidado con lo que haces, no estás en un buen momento a tu favor.
Aun así, él siguió apretando el cuello del Suijin-san. Esto no era propio de Raijin. Él nunca mostraba una reacción impulsiva y emocional. Al menos, no hacia la mayoría de las cosas. Pero había ciertas cosas que él no podía tolerar, unas pocas personas en específico de su vida que le tocaban una fibra muy sensible en su mente tan racional. Oír a otros hablar mal de Yue despertaba en él una reacción muy humana.
Dado que Raijin era el único iris conocido hasta ahora que había nacido siéndolo, su forma de funcionar todavía era algo nuevo para Asociación, incluso para él mismo, ya que él no tenía la referencia de nadie que hubiese nacido como él. Por eso Raijin, no sólo tenía problemas para comprender al resto de la gente que funcionaba diferente, sino también para entenderse a sí mismo.
Él era diferente al resto de iris. Al resto del mundo. Su mente funcionaba de otro modo, y por muy perfecta que fuera a la hora de ejercer la razón y la lógica, seguía padeciendo un pequeño defecto que sólo él tenía, el contagio. No podía dejarse contagiar por las emociones de terceros. Poder contagiarse de los sentimientos de otros significaba que también le podían contagiar un majin, la enfermedad que padecían algunos iris. Y sabía que varios de la MRS la padecían, si bien la mantenían en bajos grados.
Raijin nunca había desarrollado esta enfermedad por sí mismo porque, siendo iris de nacimiento y, por tanto, un iris puro sin parte humana alguna, no era posible que su mente la generara. Pero sí que había sido contagiado de ella por parte de otro iris una vez en el pasado, y fue devastador.
Los brotes o los episodios de majin eran temporales, según el grado de la enfermedad podían durar segundos, o minutos, horas, días, meses, o ser permanente en el último y peor grado, pero, en cualquier caso, al terminar dicho episodio, el iris no sabía ni recordaba nada de lo que hubiese podido hacer durante el mismo.
La chica y el Dobutsu se habían puesto en guardia, mientras su Líder seguía agarrando el brazo de Raijin con advertencia, con el que todavía apretaba el cuello del Sui.
—¿Qué ha sido esa reacción? —le susurró el Sui, sonriendo—. ¿Te estamos contagiando? Mira si eres un bicho raro… No eres como nosotros, Raijin. A diferencia de nosotros, naciste directamente siendo un iris. Careces de la capacidad de generar sentimientos naturales por ti mismo. Apenas manifiestas estos prontos emocionales sólo cuando otros atacan o hablan mal de ciertas personas que te importan. Pero tú no sabes lo que es ser humano, ni lo que es sufrir una tragedia como humano. No encajas con nosotros ni con nadie. Eres el ser más racional que existe. Y por eso… tú nunca podrás comprender a nadie. Por eso estás solo, y siempre lo estarás.
De una sola sacudida, Raijin lo lanzó con gran fuerza contra la estatua del komainu como si de un muñeco se tratase. La escultura se hizo pedazos y se levantó una nube de polvo, al mismo tiempo que los otros dos hombres se le echaban encima, amordazándole cuello, brazos y piernas, ya que Raijin tenía intenciones de volver a por el Suijin-san.
—Jajaja... —se oyó reír a este, poniéndose en pie entre la polvareda con escombros a su alrededor, y se limpió la sangre que le caía del labio partido—. Eres tronchante, bicho raro.
—Cabrón de mierda... —masculló Raijin, intentando librarse de los otros dos para ir hacia él.
—Quietecito —le susurró el Líder a su oído, apretándole el cuello con el brazo.
No era la primera vez que un rival o alguien que no le tenía en estima le provocaba con las mismas palabras de siempre. Siempre le echaban en cara no ser como ellos.
Y era cierto. A diferencia de Raijin, todos los demás iris tenían el mismo comienzo: una persona cualquiera del planeta veía a un ser querido ser asesinado injustamente, y desarrollaba un trauma especial, y con él, nacía una energía nueva, el iris. Se manifestaba a través de la luz en un ojo, y en un principio es una luz gris, anónima, triste, sin personalidad. Esta persona se volvía loca, agresiva y peligrosa. Entonces Alvion –o el Zou que gobernaba en cada época–, que captaba el nacimiento de un nuevo iris a distancia, informaba de su paradero ya bien a Agatha o a Denzel para recogerlo, es decir, ir hasta donde estaba esa persona, explicarle todo lo que tenía que hacer por su propio bien, y llevarla al Monte Zou. Para los taimu no suponía apenas esfuerzo, ya que podían teletransportarse y teletransportar cosas con ellos.
El poder que manejaban Agatha y Denzel era una historia diferente. No era un elemento, sino una Ley Divina. Más bien, eran dos leyes que funcionaban juntas: el espacio y el tiempo. Sólo ellos tenían el dominio sobre ambas, nadie más, ni humanos, ni iris, ni siquiera los poderosísimos Zou. Para acortarlo, lo llaman el don del Tiempo, o don taimu en lenguaje de los dioses adaptado.
A pesar de eso, Agatha y Denzel no eran considerados seres superiores. De hecho, para los dioses no eran más que “instrumentos”, pues crearon a Agatha con ese propósito, usarla para que hiciera determinadas tareas en el mundo humano. Dado que ella fue creada originalmente por un dios Yin, tanto ella como Denzel eran clasificados en la categoría de “demonios”. Debido a esto y a la peligrosidad de su poder, ambos estaban atados a las correas de los dioses, y obligados a estar bajo la continua supervisión de cada generación Zou. Por eso, los dos trabajaban al servicio de la Asociación desde hacía algunos siglos, aunque esto también era deseo de ellos.
Una importante característica de este don era que se nacía con él por herencia genética, no se obtenía de otra forma. Al menos, es lo que se sabía por la única prueba existente hasta ahora: Denzel. Agatha fue creada por los dioses allá por el siglo XIII, no era una persona o un ser natural, pero funcionaba como uno. Desde su fase de bebé, creció y se crio en Inglaterra bajo el cuidado de una madre adoptiva. De adulta, pudo gestar descendencia humana, y, tras varias generaciones y siglos, solamente un descendiente nació con su mismo don.
Denzel sí era hijo de humanos, solo que heredó el poder de Agatha y su biología distinta, y esto hacía que él no fuera humano. Destacaban dos rasgos biológicos en los taimu: nacían ciegos, con ojos diferentes, y podían vivir varios siglos, teniendo un crecimiento y un envejecimiento del cuerpo diez veces más lento que el de los humanos. Por eso, se estimaba que podrían vivir aproximadamente hasta los 800 u 850 años.
La principal misión de Agatha y Denzel en la Asociación era recoger a los iris recién convertidos en cualquier parte del mundo después de que Alvion captase su nacimiento, y traerlos al Monte Zou mediante teletransporte para ser entrenados. Sin embargo, Denzel era, además, el segundo al mando de la Asociación desde que conoció al hijo del fundador hace tres siglos y medio, pues Denzel aportó grandes mejoras, entre ellas, sus Técnicas Espaciotemporales, que eran poderes extra que los iris, con su mente superior y con mayores habilidades energéticas, eran capaces de aprender siguiendo las directrices escritas en sus pergaminos y protegidas por un Sello especial.
Técnicas que creó Denzel podían ser la telepatía, poder borrar la memoria, poder hacerse invisible, poder atravesar muros, poder localizar cosas a distancia con la mente... Por norma general, cada RS sólo podía poseer un pergamino, una Técnica, y sólo el Líder podía aprenderla y efectuarla.
Así, el iris nuevo pasaba un año entero en el Monte Zou, un año de entrenamiento. En los primeros seis meses, se le llamaba iris tohum, que significaba “semilla”, y era entrenado por los monjes, y aprendía artes de lucha, manejo de armas y vehículos, habilidades físicas extraordinarias, control del dolor, concentración bajo crisis, desarrollo de los cinco sentidos, conocimientos sobre todo lo relacionado con el espionaje y los sistemas de gobierno, y sobre todos los tipos de enemigos que existían en el mundo… discreción, apariencia, cabeza fría…
En los otros seis meses, era llamado iris filiz, que significaba “brote”, y pasaba a ser entrenado por Alvion, el cual ya le enseñaba a dominar ese elemento, esa materia primaria con la que la mente superdesarrollada del iris se había compatibilizado, y la luz del ojo dejaba de ser gris para relucir el vivo color del elemento.
El hecho de dominar un elemento era la clave para mantener controlado el peligroso trauma que encerraba el iris, ayudaba a canalizar la energía y a mantener la mente fuerte.
Después de acabar el entrenamiento, se le daba a conocer al nuevo iris oficial los variados principios y objetivos que tenía cada RS del mundo, por lo que así el iris elegía dónde meterse si el Líder lo aprobaba. Empezaba así una doble vida, ocultando su verdadera y nueva identidad ante los humanos, aquello que él fue una vez, y por supuesto, ante el Gobierno.
—Deberíamos dejarnos de estupideces e ir detrás de Kyo ya —protestó Miki, ansiosa.
—Cierra la boca, Ka-chan —le espetó su Líder—. Intento recibir alguna señal de los demás.
Akira aguardó unos segundos. Con esta intervención de Raijin y la trampa de Kyo, necesitaba saber en qué situación se encontraban sus otros cinco compañeros que estaban en Tokio, pero, al parecer, estos estaban demasiado ocupados para responder a sus señales energéticas del tatuaje. Algo le decía que ellos también estaban en problemas.
Había pasado media hora y los cuatro iris de la MRS seguían en el templo abandonado. El Dobutsu y el Sui estaban sentados sobre un grueso pilar de madera caído, comiendo unos sándwiches. El Líder estaba en pie, en el patio de baldosas rotas, intentando contactar con alguien con su teléfono móvil, mientras sostenía el pergamino en la otra mano.
Por otro lado, la chica estaba algo apartada de ellos, en las lindes del bosque, de brazos cruzados, mirando hacia la dirección por donde Kyo se había ido. Estaba intranquila.
—¿Cuándo podemos irnos? —preguntó el Dobutsu—. Si no responde, es que no va a venir aquí.
—Callad, no deis por saco —les dijo el Líder—. No hemos hecho esto sólo por nosotros, sino también por él. Hasta que él no me confirme si viene aquí a recoger el pergamino o no, de aquí no nos movemos.
—Algo me huele mal… —murmuró la chica.
—Tranquila, pronto podrás darte un baño —le dijo el Dobutsu con burla.
La chica chistó con la lengua, molesta, y se acercó a su Líder.
—Aquí hay algo que no me encaja, Akira.
—Tú dirás… —dijo desinteresadamente, atento a su móvil.
—Ha sido demasiado fácil quitarle el pergamino.
—Cuatro iris veteranos contra un novato agotado —repuso él—. No veo una definición mejor para “fácil”.
—No me cuadra —insistió ella—. No deberíamos haberle dejado ir así como así.
—Nuestro único objetivo era hacernos con esto —alzó el pergamino a la altura de sus ojos—. ¿Qué más querías hacer? ¿Pegarle? ¿Charlar con él para recordar viejos tiempos?
Ella volvió a hacer un gesto molesto. Seguía inquieta.
—¿Cómo sabemos que este pergamino no tiene nada raro o es de verdad?
—Escucha —le dijo el Dobutsu desde la distancia—. Ese es el mismo pergamino que llevo oliendo desde que iniciamos la persecución tras el chico. Y huele igual que el resto de pergaminos, incluso que el nuestro.
—Todos están hechos de la misma celulosa vegetal especial —añadió Akira—. Este la tiene.
—Y contiene el escrito de todo el proceso de la Técnica con la misma exacta caligrafía de Denzel, además del Sello —corroboró el Sui.
Miki entornó los ojos con suspicacia. Sin previo aviso, le arrebató el pergamino a su Líder de las manos y se puso a examinarlo por todos lados.
—¿¡Qué te crees que haces!? —se lo quitó él de vuelta—. No acerques tus manazas de fuego a esta reliquia.
—¿Has probado a ver si el Sello se activa? ¡Compruébalo!
—El Sello ha de activarse con intención de comenzar a aprender la Técnica, Miki, y no es momento ni lugar.
—¡Pon tu maldito pulgar unos segundos!
—Tú y tu manía de darme órdenes —negó Akira con la cabeza, pero se quedó unos segundos pensativo, mirando el pergamino. Suspiró de mala gana—. Yo no puedo activar el Sello cuando ya tengo una Técnica propia aprendida.
—Yo lo hago —fue a coger el pergamino de nuevo.
—Que apartes tus manazas, a ver si vas a calcinar algo con esos nervios —lo alejó de ella.
—¿Puedo hacerlo yo? —preguntó el Dobutsu.
—Tú has estado días restregando tus zarpas por dos ciudades enteras. Por suerte tenemos aquí las manos impecables de un Sui.
El Sui asintió y se acercó a ellos. Tomó el pergamino, lo abrió y colocó el pulgar sobre el símbolo que había plasmado en la esquina superior derecha. Pasaron unos segundos, y no sucedió nada. Akira cerró los ojos un momento, empezando a maldecir. El Sui lo intentó un par de veces más, y nada.
—Trae —se lo quitó Miki, y ella también probó a poner el pulgar.
Pero el Sello no desprendió ninguna luz, como debía hacer en apenas dos segundos cuando cualquier iris ponía su pulgar. Akira empezó a estrujar el pergamino entre sus dos manos lentamente, hasta apretar fuerte los puños, temblando de ira.
—Hijo de perra…
—¿¡Cómo!? —exclamó el Dobutsu, acercándose a ellos de un salto grande—. ¡No puede ser falso, no se puede hacer una copia tan perfecta!
—Si el Sello no brilla, ¡el pergamino no sirve! —repuso el Líder—. No sé si habrá anulado el Sello o si ha conseguido de algún modo fabricar un pergamino que parece de más de tres siglos, ¡pero de nada nos sirve si el Sello no brilla!
—¿¡Cómo va a poder anular el Sello un simple iris!? Sólo Denzel tiene ese poder.
—¿¡Y si el chico es uno de sus taimuki!? ¡Los taimuki también pueden manipular algunos de los poderes de Denzel!
—¡No seáis idiotas! —intervino Miki—. Kyo no es un descendiente de Denzel.
—¿¡Tú qué sabes!? Hay iris que lo son en otras partes del mundo, pero lo mantienen en secreto porque Denzel quiere protegerlos de posibles problemas con los dioses.
—¡Si lo fuera, su hermano también lo habría sido, y yo lo hubiera sabido! —replicó ella—. Espera… —abrió los ojos con sorpresa, cayendo en la cuenta de una posibilidad—. Esto es obra del maldito Replicador. ¡No tiene otra explicación!
—¿De qué coño hablas? —gruñó Akira.
—Es una máquina que inventaron Lao y Neuval, capaz de hacer copias de objetos con exactitud molecular.
—¿Tú sabías que esa máquina existe y que el chico la usaría? —siseó el Líder con recelo.
—Oí hablar de ella de pequeña, ¡pero ni me acordaba de que existía ni tenía idea de que él la usaría hasta ahora mismo, viendo este pergamino perfecto pero de Sello inútil! No se me ocurre otra posibilidad, es más, sé que es la única. Pero se supone que esa máquina debería estar en el edifico Hoteitsuba, y Kyo ni se ha acercado allí desde que comenzamos a perseguirlo.
—Hostia puta… —blasfemó el Dobutsu, indicando que había caído en algo, y todos lo miraron—. La tenía Massimiliano…
—¿Qué te hace pensar eso? —preguntó Akira.
—¡Por eso el novato se ha ido hasta Chiba! Massimiliano tenía por ahí una de sus guaridas. Si alguien puede custodiar de manera segura máquinas o armas ilegales de Hoteitsuba, es él. ¡Ya decía yo, quién coño podría tener un robot cuadrúpedo con una Hoti individual en un barrio tan mediocre!
Akira dio unos pasos lejos de ellos, restregándose las manos por la cabeza.
—¡Joder! —gritó rabioso—. Esto puede salirnos caro…
—¡Desde el principio te dije que no lo subestimaras! —le dijo Miki—. Os la ha jugado.
—¿“Os”? —repitió el Líder, y la chica se cruzó de brazos, callada, mirando a otra parte—. Llevas un año entero en mi MRS, Miki. Tú viniste a mí. Y juraste que no guardabas sentimientos por tu anterior RS y… sus aliados.
—¡No los guardo! —se enfadó ella.
—O estás con nosotros, o estás fuera.
—¡Joder, basta de cháchara! ¡Si nos damos prisa, lo alcanzaremos! —interrumpió el Sui.
Cuando los cuatro estuvieron a punto de despegar un pie del suelo, Raijin hizo presencia delante de todos ellos, aterrizando desde la nada como un rayo. Estos pegaron un brinco de la sorpresa, pero cuando reconocieron quién era, manifestaron un claro gesto de fastidio, comprendiendo, pues, toda la situación, toda la trampa.
—Vaya, vaya… un “dios iris” nos honra con su presencia, un mismísimo Denjin-sama. El famoso Raijin merodeaba por aquí después de todo, protegiendo a su compañero como un buen Guardián —le sonrió el Líder con calma—. Has crecido algo más en el último par de años. Niñito.
—Elogiando mi nivel máximo de poder, pero tratando de ofenderme por mi joven edad… Detecto algo de envidia de alguien que ya empieza a tener canas y sigue en el nivel -san, Akira —le espetó Raijin.
—Sí, ¿qué podemos hacer los iris comunes contra un prodigio innato como tú? No sé qué es peor. No haber sido nunca humano y ser diferente a todos, o ser iris “normales” sin problemas de entender y socializar con los demás.
—Yo no me he divorciado tres veces en diez años —dijo Raijin.
—¡Jaj! —al Dobutsu se le escapó una carcajada, pero se tapó la boca corriendo.
—¿Quieres hablar de familias, criajo? —dijo Akira, sin embargo, manteniendo esa sonrisa calmada—. Sabemos lo que te pasó cuando tenías 15 años. ¿Vas diciendo por ahí que tienes unos hermanitos pequeños?
—Cuidado —le advirtió Raijin, alterándose enseguida.
Pero él también debía tener cuidado de no caer en esas provocaciones. Lo único que debía hacer era ganar tiempo y esperar a que Yako y Sam llegasen, y se puso a analizar la situación. El Suijin-san de la MRS tenía parte de ventaja, sabía que había un lago y un arroyo cerca del templo y seguro que iba a usar su agua. Luego, el Líder se encontraba completamente en su propio campo de batalla, rodeado de tantos árboles y vegetación. Al menos, Yako estaría en la misma situación favorable que él, al ser del mismo elemento y del mismo nivel. El Dobutsujin-san no necesitaba nada de su alrededor, todo lo que precisaba era su propio cuerpo, igual que Sam. Y, por último, la chica Ka-chan y su fuego no parecía ser una amenaza, a juzgar por lo callada y quieta que estaba, pero Raijin había aprendido a no subestimar a la gente.
Respecto a los apodos, para cada elemento se ponía uno, siguiendo con los términos lingüísticos japoneses y chinos, y tenían una terminación diferente según el nivel de poder sobre el elemento. Era un medio simple de identificación. Había tres niveles, el bajo, el medio y el alto. El bajo tenía la terminación -chan. Para el Viento, era Fuu-chan; para la Electricidad, era Den-chan; para el Agua, era Sui-chan; el Fuego, Ka-chan; la Radiación, Hosha-chan; la Planta, Shokubutsu-chan; el Animal, Dobutsu-chan; la Oscuridad, Yami-chan, y para la Arena, Suna-chan.
El nivel medio tenía la terminación -san, y el nivel alto la terminación -sama, y en estos dos casos a la palabra del elemento se le añadía la partícula jin, referido a “persona”. Así, para el Viento era Fuujin-san y Fuujin-sama; para la Electricidad era Denjin-san y Denjin-sama; para el Agua era Suijin-san y Suijin-sama; el Fuego, Kajin-san y Kajin-sama; la Radiación, Hoshajin-san y Hoshajin-sama; la Planta, Shokubutsujin-san y Shokubutusjin-sama; el Animal, Dobutsujin-san y Dobutsujin-sama; la Oscuridad, Yamijin-san y Yamijin-sama; y la Arena, Sunajin-san y Sunajin-sama.
A pesar de que Raijin era un Denjin-sama, cuando llegó a este nivel máximo, la gente de su entorno comenzó a llamarlo Raijin porque así es como se denomina al Dios del Trueno de la mitología japonesa, de modo que Raijin era un apodo no oficial, simplemente dado por los demás como un guiño a esta deidad mitológica, porque, al fin y al cabo, el rubio había sido el primer y único iris Den en llegar al máximo nivel, y el segundo iris en alcanzar este último nivel de su elemento después de Fuujin, quien, igualmente, debía poseer el apodo oficial de Fuujin-sama, pero todos lo llamaban Fuujin siendo este el nombre del Dios del Viento de la mitología japonesa.
Si algún otro iris de la Electricidad o del Viento llegara a alcanzar el nivel alto como ellos, estos iris sí serían apodados como Denjin-sama y Fuujin-sama, los apodos oficiales.
El nivel de poder más alto sólo lo habían conseguido cuatro iris en toda la Asociación de cuatro elementos distintos, y se les denominaba “dioses iris”. Una de ellos era una Suijin-sama, en Estados Unidos; otro era un Shokubutsujin-sama, en Europa; y Raijin y Neuval, un Denjin-sama y un Fuujin-sama respectivamente, en Japón.
Como después de salir del Monte Zou el iris podía ir aumentando su poder, se subía de nivel y la terminación de su apodo cambiaba. Se sabía cuándo uno subía de nivel cuando aprendía determinadas nuevas técnicas a emplear de su elemento. Por ejemplo, el elemento Electricidad de la MRS, la mujer con la que se enfrentaron Nakuru y Drasik, este supo que ella podía desplazarse a la velocidad de la luz cuando oyó que su compañero la llamó Denjin-san, ya que esta capacidad entraba en el nivel medio del elemento Electricidad.
—¿Sabes? —continuó hablando el Dobutsujin-san con su compañero Suijin-san, burlón—. Me acuerdo de que hace unos años veía a este chico rondar por las calles de vez en cuando con una humana paliducha.
Raijin despertó de sus pensamientos de golpe.
—Oh, sí... —recordó el Suijin-san, poniendo el mismo tono—. Yo sé quién era, la hija adoptiva de dos altos cargos del Gobierno —miró a Raijin con una sonrisa socarrona—. Dime, ¿te la acabaste tirando? Lástima que muriera. No sabía que te gustasen tanto las niñas snob como esa... ¡Ngh!
Raijin lo había agarrado bruscamente del cuello con una mano, en una fracción de segundo, y le clavó una mirada temible. Los otros tres se sobresaltaron.
—¡Eh! —saltó el Líder, agarrando el brazo de Raijin—. Cuidado con lo que haces, no estás en un buen momento a tu favor.
Aun así, él siguió apretando el cuello del Suijin-san. Esto no era propio de Raijin. Él nunca mostraba una reacción impulsiva y emocional. Al menos, no hacia la mayoría de las cosas. Pero había ciertas cosas que él no podía tolerar, unas pocas personas en específico de su vida que le tocaban una fibra muy sensible en su mente tan racional. Oír a otros hablar mal de Yue despertaba en él una reacción muy humana.
Dado que Raijin era el único iris conocido hasta ahora que había nacido siéndolo, su forma de funcionar todavía era algo nuevo para Asociación, incluso para él mismo, ya que él no tenía la referencia de nadie que hubiese nacido como él. Por eso Raijin, no sólo tenía problemas para comprender al resto de la gente que funcionaba diferente, sino también para entenderse a sí mismo.
Él era diferente al resto de iris. Al resto del mundo. Su mente funcionaba de otro modo, y por muy perfecta que fuera a la hora de ejercer la razón y la lógica, seguía padeciendo un pequeño defecto que sólo él tenía, el contagio. No podía dejarse contagiar por las emociones de terceros. Poder contagiarse de los sentimientos de otros significaba que también le podían contagiar un majin, la enfermedad que padecían algunos iris. Y sabía que varios de la MRS la padecían, si bien la mantenían en bajos grados.
Raijin nunca había desarrollado esta enfermedad por sí mismo porque, siendo iris de nacimiento y, por tanto, un iris puro sin parte humana alguna, no era posible que su mente la generara. Pero sí que había sido contagiado de ella por parte de otro iris una vez en el pasado, y fue devastador.
Los brotes o los episodios de majin eran temporales, según el grado de la enfermedad podían durar segundos, o minutos, horas, días, meses, o ser permanente en el último y peor grado, pero, en cualquier caso, al terminar dicho episodio, el iris no sabía ni recordaba nada de lo que hubiese podido hacer durante el mismo.
La chica y el Dobutsu se habían puesto en guardia, mientras su Líder seguía agarrando el brazo de Raijin con advertencia, con el que todavía apretaba el cuello del Sui.
—¿Qué ha sido esa reacción? —le susurró el Sui, sonriendo—. ¿Te estamos contagiando? Mira si eres un bicho raro… No eres como nosotros, Raijin. A diferencia de nosotros, naciste directamente siendo un iris. Careces de la capacidad de generar sentimientos naturales por ti mismo. Apenas manifiestas estos prontos emocionales sólo cuando otros atacan o hablan mal de ciertas personas que te importan. Pero tú no sabes lo que es ser humano, ni lo que es sufrir una tragedia como humano. No encajas con nosotros ni con nadie. Eres el ser más racional que existe. Y por eso… tú nunca podrás comprender a nadie. Por eso estás solo, y siempre lo estarás.
De una sola sacudida, Raijin lo lanzó con gran fuerza contra la estatua del komainu como si de un muñeco se tratase. La escultura se hizo pedazos y se levantó una nube de polvo, al mismo tiempo que los otros dos hombres se le echaban encima, amordazándole cuello, brazos y piernas, ya que Raijin tenía intenciones de volver a por el Suijin-san.
—Jajaja... —se oyó reír a este, poniéndose en pie entre la polvareda con escombros a su alrededor, y se limpió la sangre que le caía del labio partido—. Eres tronchante, bicho raro.
—Cabrón de mierda... —masculló Raijin, intentando librarse de los otros dos para ir hacia él.
—Quietecito —le susurró el Líder a su oído, apretándole el cuello con el brazo.
No era la primera vez que un rival o alguien que no le tenía en estima le provocaba con las mismas palabras de siempre. Siempre le echaban en cara no ser como ellos.
Y era cierto. A diferencia de Raijin, todos los demás iris tenían el mismo comienzo: una persona cualquiera del planeta veía a un ser querido ser asesinado injustamente, y desarrollaba un trauma especial, y con él, nacía una energía nueva, el iris. Se manifestaba a través de la luz en un ojo, y en un principio es una luz gris, anónima, triste, sin personalidad. Esta persona se volvía loca, agresiva y peligrosa. Entonces Alvion –o el Zou que gobernaba en cada época–, que captaba el nacimiento de un nuevo iris a distancia, informaba de su paradero ya bien a Agatha o a Denzel para recogerlo, es decir, ir hasta donde estaba esa persona, explicarle todo lo que tenía que hacer por su propio bien, y llevarla al Monte Zou. Para los taimu no suponía apenas esfuerzo, ya que podían teletransportarse y teletransportar cosas con ellos.
El poder que manejaban Agatha y Denzel era una historia diferente. No era un elemento, sino una Ley Divina. Más bien, eran dos leyes que funcionaban juntas: el espacio y el tiempo. Sólo ellos tenían el dominio sobre ambas, nadie más, ni humanos, ni iris, ni siquiera los poderosísimos Zou. Para acortarlo, lo llaman el don del Tiempo, o don taimu en lenguaje de los dioses adaptado.
A pesar de eso, Agatha y Denzel no eran considerados seres superiores. De hecho, para los dioses no eran más que “instrumentos”, pues crearon a Agatha con ese propósito, usarla para que hiciera determinadas tareas en el mundo humano. Dado que ella fue creada originalmente por un dios Yin, tanto ella como Denzel eran clasificados en la categoría de “demonios”. Debido a esto y a la peligrosidad de su poder, ambos estaban atados a las correas de los dioses, y obligados a estar bajo la continua supervisión de cada generación Zou. Por eso, los dos trabajaban al servicio de la Asociación desde hacía algunos siglos, aunque esto también era deseo de ellos.
Una importante característica de este don era que se nacía con él por herencia genética, no se obtenía de otra forma. Al menos, es lo que se sabía por la única prueba existente hasta ahora: Denzel. Agatha fue creada por los dioses allá por el siglo XIII, no era una persona o un ser natural, pero funcionaba como uno. Desde su fase de bebé, creció y se crio en Inglaterra bajo el cuidado de una madre adoptiva. De adulta, pudo gestar descendencia humana, y, tras varias generaciones y siglos, solamente un descendiente nació con su mismo don.
Denzel sí era hijo de humanos, solo que heredó el poder de Agatha y su biología distinta, y esto hacía que él no fuera humano. Destacaban dos rasgos biológicos en los taimu: nacían ciegos, con ojos diferentes, y podían vivir varios siglos, teniendo un crecimiento y un envejecimiento del cuerpo diez veces más lento que el de los humanos. Por eso, se estimaba que podrían vivir aproximadamente hasta los 800 u 850 años.
La principal misión de Agatha y Denzel en la Asociación era recoger a los iris recién convertidos en cualquier parte del mundo después de que Alvion captase su nacimiento, y traerlos al Monte Zou mediante teletransporte para ser entrenados. Sin embargo, Denzel era, además, el segundo al mando de la Asociación desde que conoció al hijo del fundador hace tres siglos y medio, pues Denzel aportó grandes mejoras, entre ellas, sus Técnicas Espaciotemporales, que eran poderes extra que los iris, con su mente superior y con mayores habilidades energéticas, eran capaces de aprender siguiendo las directrices escritas en sus pergaminos y protegidas por un Sello especial.
Técnicas que creó Denzel podían ser la telepatía, poder borrar la memoria, poder hacerse invisible, poder atravesar muros, poder localizar cosas a distancia con la mente... Por norma general, cada RS sólo podía poseer un pergamino, una Técnica, y sólo el Líder podía aprenderla y efectuarla.
Así, el iris nuevo pasaba un año entero en el Monte Zou, un año de entrenamiento. En los primeros seis meses, se le llamaba iris tohum, que significaba “semilla”, y era entrenado por los monjes, y aprendía artes de lucha, manejo de armas y vehículos, habilidades físicas extraordinarias, control del dolor, concentración bajo crisis, desarrollo de los cinco sentidos, conocimientos sobre todo lo relacionado con el espionaje y los sistemas de gobierno, y sobre todos los tipos de enemigos que existían en el mundo… discreción, apariencia, cabeza fría…
En los otros seis meses, era llamado iris filiz, que significaba “brote”, y pasaba a ser entrenado por Alvion, el cual ya le enseñaba a dominar ese elemento, esa materia primaria con la que la mente superdesarrollada del iris se había compatibilizado, y la luz del ojo dejaba de ser gris para relucir el vivo color del elemento.
El hecho de dominar un elemento era la clave para mantener controlado el peligroso trauma que encerraba el iris, ayudaba a canalizar la energía y a mantener la mente fuerte.
Después de acabar el entrenamiento, se le daba a conocer al nuevo iris oficial los variados principios y objetivos que tenía cada RS del mundo, por lo que así el iris elegía dónde meterse si el Líder lo aprobaba. Empezaba así una doble vida, ocultando su verdadera y nueva identidad ante los humanos, aquello que él fue una vez, y por supuesto, ante el Gobierno.
—Deberíamos dejarnos de estupideces e ir detrás de Kyo ya —protestó Miki, ansiosa.
—Cierra la boca, Ka-chan —le espetó su Líder—. Intento recibir alguna señal de los demás.
Akira aguardó unos segundos. Con esta intervención de Raijin y la trampa de Kyo, necesitaba saber en qué situación se encontraban sus otros cinco compañeros que estaban en Tokio, pero, al parecer, estos estaban demasiado ocupados para responder a sus señales energéticas del tatuaje. Algo le decía que ellos también estaban en problemas.
ResponderEliminarLa forma de pensar de Albion es completamente de pensamiento gris, es decir sin extremos, castigar lo malo sí pero también dales la oportunidad de cambiar su vidas, del perdón, de redimirse y no simplemente eliminar todo lo que es considerado malo de una forma extremista.
Si ese anciano no tuviera ese tipo de pensamiento de grises y de dar oportunidades, Neuval ni siquiera estaría ya allí por muy iris que fuese, porque muchas de las cosas que ha hecho se pueden catalogar como acciones tanto muy buenas como muy malas y de excesiva crueldad. Al menos desde el punto de vista de uno de los Zou antiguos por lo que se da a entender al menos.
El caso de Yenkis aparece distinto al de Brey, pero no termino de entender el por qué de esto ¿O sea él nació siendo iris pero no es lo mismo que Brey? Porque Yenkis claramente no es racional y sí muy emocional, en sí no parece haber nada inusual en él al nivel de movidas de emociones, salvo su inteligencia, como se exalta y lo del ojo.