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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __









41.
El Señor de los Iris

Pasaron unos segundos de tenso silencio, hasta que el anciano habló, con una voz prominente y autoritaria, capaz de espantar a todo bicho viviente.

—Podéis levantaros.

Yako cruzó una mirada con Raijin y con Sam, y los tres obedecieron. Volvieron a erguirse, poniéndose rectos y en silencio.

—Denjin-sama… —dijo el anciano, mirando a Raijin, llamándolo por su apodo iris oficial.

—Mi Señor —contestó él, firme y serio.

—Dobutsujin-san… —continuó, mirando a Sam.

—Mi Señor —contestó él de la misma manera.

—Y… —vaciló el anciano, entornando los ojos hacia el que quedaba—. Yako.

—Mi Señor —respondió sin levantar la vista del suelo.

—Ahem… —carraspeó Alvion, indicando que no era la contestación que quería oír de él.

Yako suspiró resignado.

—Abuelo —dijo finalmente.

—Ya decía yo que detectaba vuestros iris por aquí cerca —prosiguió Alvion—. Pero es un lugar inusual. ¿A qué se debe?

—Nos dirigimos a Funabashi para proteger el pergamino de nuestra RS de manos rivales, mi Señor —respondió Raijin, ya que era el superior de los otros dos—. Nuestro compañero Ka-chan espera nuestra ayuda.

—Oh, sí… Mis monjes ya me han contado este asunto —dijo, meciéndose la barba—. Otra vez, una RS peleándose con otra, esta vez porque una quiere quitarle su pergamino a la otra y aprender una nueva Técnica de Denzel. Hm… Como niños —negó con la cabeza, y miró a Yako—. Seguramente esto no habría pasado si el pergamino hubiese estado a tu cargo desde un principio.

—Ahm… —titubeó Yako, nervioso—. Con el debido respeto… en nuestra RS es costumbre repartir tareas de responsabilidad para reforzar nuestra confianza y habilidades de equipo, sobre todo si integramos a un nuevo miembro. A Kyosuke le ha tocado lidiar con el capricho de una RS rival. Tampoco es tan grave.

—Es una total falta respeto contra vuestra RS —interrumpió el anciano—. Antaño, nadie se habría atrevido ni a poneros una mala mueca. ¿Cómo puedes permitir eso, Yako?

—¿Yo? —lo miró a los ojos por fin, contrariado.

—Ahm… disculpad, Señor —intervino Raijin—. El culpable soy yo. Soy responsable de mi RS.

—Eres responsable de protegerla, muchacho, no de cargarla entera a tus espaldas como llevas haciendo siete años —le corrigió—. Y te está haciendo mella en la salud.

—¿Qué? No… Yo estoy bien… —dijo Raijin, extrañado de que le dijera eso.

—Me tienes preocupado desde hace tiempo, Raijin, tienes mucho cansancio encima. Sé que Kei Lian intenta llevar el peso contigo, pero él también carga con sus problemas y riesgos. La fuerza de una RS recae en que cada miembro muestre ser la mejor versión de sí mismo en el puesto que ocupa. Todos en vuestra RS cumplen con eso, incluso Drasik acaba logrando buenos resultados pese a sus pequeños y eventuales brotes de majin. Excepto tú —volvió a mirar a Yako.

Yako no pudo esconderlo. Por primera vez en mucho tiempo, su cara expresó enfado.

—Mi RS aún no tiene un sucesor de Líder porque eso es decisión del anterior, pero ya tiene un Sublíder y un Guardián elegidos. Yo ocupo un rango medio en la KRS igual al resto.

—No hablo de rangos, niño.

—La tiene tomada conmigo, admítalo.

—No seas impertinente —le advirtió Alvion, mientras Sam y Raijin miraban muy callados a uno y a otro, notando la tensión—. Elegiste este camino, ¿no? ¿Qué versión de ti mismo estás siendo en ese “rango medio” que ocupas? ¿La mejor de todas? Una RS rival decide que puede burlarse de vosotros e intentar robaros algo de vuestra propiedad, no porque Kei Lian esté en una situación complicada que lo obliga a estar más al margen, ni porque Raijin esté dando más energías de las que tiene para mantener la KRS a flote, ni porque vuestro ex-Líder esté exiliado. El simple hecho de que tú estés en esta RS, ocupando cualquiera de sus rangos sin importar cuál sea, debería ser motivo suficiente para que ninguna otra RS ose faltaros al respeto así.

—No soy diferente, soy un iris igual a los demás —replicó Yako.

—Sabes que no. Sabes perfectamente lo que eres.

—La única diferencia que hay entre usted y yo es que yo presencié con mis ojos la muerte de mi padre y por eso una parte de mí adquirió el trastorno del iris —le contestó Yako, de una forma tan directa e inesperada que Raijin y Sam se lo quedaron mirando con la boca abierta, y muy nerviosos.

Pero es que Yako llevaba casi 20 años escuchando los mismos reproches una y otra vez. Solo que esta era la primera vez que no se quedó callado. Por eso Raijin y Sam estaban incrédulos.

—Si usted también hubiese visto morir a mi padre, también se hubiese convertido en iris como yo —añadió Yako seriamente, aunque no dejó de mostrar una postura firme y respetuosa, con las manos cogidas por detrás—. Y así entendería, por una vez, cómo me siento.

Raijin podía ser la persona más racional y poco emocional del mundo, pero en ese momento estaba sudando de la tensión, igual que Sam, porque nadie, absolutamente nadie en la faz de la Tierra le hablaba a Alvion con la más mínima insolencia. Excepto Neuval, que era un caso especial.

Por un momento, Raijin y Sam se temieron que las palabras de Yako hubiesen enfurecido al anciano. El temperamento de Alvion era aterrador cuando se trataba del respeto, las normas y el orden. No obstante, el anciano simplemente miraba a Yako en silencio, y parpadeó una vez suavemente. Inspiró aire por la nariz, muy hondo, y contempló la lejanía mientras echaba el aire serenamente. Sólo Raijin se dio cuenta de que Alvion acababa de exhalar una enorme cantidad de enojo para no crear una escena familiar terrorífica.

—¿Alguno de vosotros sabe dónde se encuentra el insufrible, irritante e insoportable Fuujin-sama en este momento? —preguntó con naturalidad.

Esta vez, los tres chicos levantaron la vista con sorpresa, y se miraron con perplejidad.

—No, Señor —contestaron Raijin y Sam—. ¿Por qué preguntáis por él? —quiso saber Raijin—. Ya lleva siete años exiliado.

—¿Exiliado? Parcialmente —le aseguró Alvion, casi con una risa irónica—. Parece mentira, Raijin, tú conoces a Neuval lo suficientemente bien para saber que ese anarquista chiflado ha nacido única y exclusivamente para hincharme las narices.

Yako y Sam tuvieron que hacer un esfuerzo sobrehumano para reprimir una sonrisa y mirar para otro lado con disimulo.

—Dios, ¿qué ha hecho Neuval esta vez? —suspiró Raijin—. ¿Destruir alguna ciudad? ¿Provocar el caos en otro país?

—No te preocupes, muchacho. Puedes seguir cumpliendo con tu impecable trabajo en la KRS tranquilamente. Al igual que tus admirables padres, eres un iris que sabe muy bien cómo y dónde usar su máximo potencial. Ojalá otros pudieran seguir tu ejemplo en ese sentido —concluyó, lanzándole una última mirada seria a Yako.

El anciano dio media vuelta. Así sin más, regresó hacia la limusina poniendo punto y final, seguido de sus dos guardianes. Yako, Raijin y Sam vieron cómo el vehículo arrancaba y pasaba por su lado, hasta perderse de vista.

—No me gusta cuando Alvion viene en persona a buscar a Fuujin —comentó Sam, dando media vuelta para seguir andando—. Espero que no haya tenido problemas graves…

—Normalmente, Fuujin no es quien los tiene, es quien los causa. De todas formas, ya no es asunto nuestro —desdeñó Raijin, caminando a su lado, pero se paró de nuevo al percatarse de que Yako seguía ahí quieto—. Hey, vamos.

—Ah, sí… —saltó, reuniéndose con ellos y continuaron su camino.

Raijin y Sam lo observaron de reojo. El propio Yako parecía no darse cuenta, pero tenía una cara inundada de tristeza, caminando con la mirada vacía en el suelo y en silencio. Lo de los reproches que Alvion solía hacerle a Yako no era nada nuevo para ellos. Las pocas veces que este se encontraba con su abuelo, él siempre dejaba caer esos comentarios sobre quién era o quién debía ser.

Normalmente, Yako siempre reaccionaba de la misma manera, quedándose callado y guardando respeto. Pero lo que ni Raijin, ni Sam ni los demás sabían, era que Yako solamente se quedaba callado cuando ellos u otros iris estaban delante, porque no quería crear una escena familiar y exponer ante los demás sus problemas personales con su abuelo. Eso daría muy mala imagen de ellos, lo cual sería comprensible, teniendo en cuenta que eran seres supremos y uno de ellos dominaba medio mundo con la actividad de la Asociación.

Sin embargo, esta vez, Yako pareció hacer una excepción, quizá porque solamente estaban Sam y Raijin y con ellos tenía plena confianza, o quizá porque después de 20 años se le estaba agotando la paciencia de tener que escuchar siempre lo mismo.

—Yako… —lo llamó Raijin.

—Qué vergüenza… —dijo este de repente, parándose un momento, y se tapó la cara con las manos. Sam y el otro rubio lo miraron con un interrogante—. Perdonadme, Sam, Raijin. No debería haber abierto la boca. No deberíais haber presenciado algo así.

—¿Te estás disculpando por haber defendido tu postura por primera vez ante Alvion? —le dijo Sam, incrédulo.

—Por haberlo hecho por primera vez delante de vosotros —le corrigió—. Da muy mala imagen. Estas cosas se hacen en privado.

—Si él te saca el tema delante de nosotros, ¿por qué no puedes tú también?

—Os he visto vuestras caras de incomodidad a la legua. No debe de ser agradable para vosotros que alguien le hable mal a Alvion, o le contradiga o le haga sentir mal. Si en algo se diferencian todos los demás iris de mí, es en lo que sentimos por él. Vuestra gratitud por Alvion es infinita. En mi caso, es todo lo contrario.

—Yako —lo llamó Raijin una vez más, acercándose a él—. Si viéramos u oyéramos a cualquier otro iris hablarle mal a Alvion o intentando hacerle daño, obviamente nos cabrearía y saltaríamos en defensa de Alvion. Pero si se trata de ti, es algo totalmente distinto. Ambos sufristeis una misma tragedia injusta, a ti te tocó la peor parte, y a él también le jodió muchas cosas. Tomasteis las decisiones que necesitabais tomar cada uno en ese momento caótico y no coincidisteis. Tú tienes tus razones para estar molesto o enfadado con él. Pero el resto de los iris del mundo, no.

Yako se quedó callado un momento, mirando a Sam y a Raijin a los ojos. Después suspiró taciturno.

—No sé ni cómo podéis seguir mirándome a la cara. Todos los iris del mundo deberíais estar furiosos conmigo y odiarm-…

¡PAM! Raijin le pegó un manotazo a Yako en toda la cara y este se dio de bruces contra el suelo. Se incorporó un poco, con la mano en la mejilla, mirando perplejo a su amigo.

—Quería hacerlo yo —le dijo Sam a Raijin, observando a Yako con la misma expresión severa.

—Yo soy más rápido.

—¡Desalmados! —sollozó Yako con una de sus caras de exagerada pena y ojos llorosos.

—¿Contento? Ahora sí que nos has cabreado de verdad, ¡por decir estupideces! —le reprimió Raijin.

—¡Questo è più che passare il segno, Raijin, casi me vuelves la cabeza del revés! —gruñó Yako, poniéndose en pie, con la mitad de la cara roja.

—¿¡No se supone que eres el tipo de ser más inteligente del planeta!? ¡Pues deja de repetir la misma sandez cada vez que hablamos de este tema!

Yako se quedó mirando a Raijin perplejo otra vez. De verdad parecía muy afectado, y no de manera artificial ni por contagio, sino de forma genuina y natural. Cuando se trataba de las personas que Raijin más quería, su capacidad de sentir funcionaba como la de cualquier humano o iris común, y esto Yako ya lo sabía, pero no sabía que le molestase tanto cuando mencionaba lo culpable que se sentía y que debería merecerse el odio de los demás iris. A Sam tampoco le gustaba que Yako dijera cosas así, pero a Raijin le dolía más porque era su más íntimo amigo, casi como un hermano de toda la vida.

Al final, Yako le sonrió a su amigo con inocencia, moviendo las manos como gesto de rendición, pero no dijo nada. Raijin se conformó, y los tres volvieron a emprender la marcha.

Yako comprendía que ellos pensasen así porque eran buenos amigos que se preocupaban por él y lo apoyaban en cualquier cosa. Pero la cruda verdad es que el sentimiento de culpabilidad con el que Yako llevaba cargando toda su vida tenía una irrefutable razón de ser. Él había desertado de un linaje que era el único que podía mantener la Asociación viva. Y mantener la Asociación viva no sólo se trataba de mandar misiones a los iris del mundo para que luchasen contra el crimen, las injusticias o el mal y salvasen a miles de humanos cada día; se trataba de salvar también a los propios iris, a todo aquel humano que se convertía en ello tras presenciar una tragedia.

Si no fuera por los Zou, los iris serían personas enloquecidas, furiosas y descontroladas destruyendo todo a su paso por el mundo, con tanto dolor físico y emocional que la única manera de sentirse mejor era suicidándose. Pero era mucho mejor la otra manera: someterse al tratamiento de los Zou, que curaban el trastorno, devolvían la calma, la cordura y un objetivo en la vida, y entrenaban a los iris para que pudieran cumplir con él, por el que merecía la pena seguir viviendo.

Y todo eso, que existía desde hace cuatro siglos... se desmoronaría y desaparecía cuando Alvion falleciese. Porque el único Zou que había después de él, era Yako.

Se supone que los Zou podían llegar a vivir perfectamente hasta los 110 años. Alvion ya había cumplido 110, y seguía aguantando todo lo que podía, mientras Yako siguiera negándose a coger las riendas. Pero, también, había que entender a Yako. Era el único Zou que se había convertido en iris, que había sufrido el trastorno, y eso era nuevo, inexplorado. No se le podía culpar por pedirle a Alvion un poco de empatía.

Mientras caminaban, Yako se dio cuenta de que Sam le lanzaba de vez en cuando miradas de reojillo. Cada vez que Yako lo veía, él disimulaba rápidamente mirando a otro lado. Esto era algo que Sam siempre hacía. Desde pequeño, ya había presenciado al menos media docena de veces estos breves y tensos encuentros entre Yako y Alvion. Siempre se quedaba callado guardando respeto mientras oía a Alvion insistir una y otra vez con el tema y a Yako respondiendo obedientemente o no respondiendo nada.

Muchas veces, Alvion le hablaba a Yako en otros idiomas, en coreano, en árabe, en italiano o en alemán, para que las personas que estaban cerca no entendieran y no supieran nada. Pero, delante de los miembros de la KRS como Sam y Raijin, hablaba en un idioma que ellos también entendían, y Yako ya sospechaba que esto el anciano lo hacía a propósito para que, precisamente, sus compañeros le comentasen el tema después, le hablaran sobre ello. Yako pensaba que Alvion pensaba que quizás así sus amigos conseguirían decirle algo que le hiciera cambiar de opinión.

Con Raijin no funcionaba, porque Raijin, aunque era 100 % leal a Alvion, era un 101 % leal a Yako y jamás le hacía hablar del tema si le incomodaba lo más mínimo. Pero Sam… otra vez le estaba lanzando esas miradas contenidas como cuando era pequeño. Yako sabía perfectamente lo que significaban. Sam se moría de curiosidad por este tema, le había intrigado desde siempre, pero jamás se había atrevido a preguntarle a Yako directamente, no sólo porque sabía que era un tema delicado, sino también porque Sam era un chico que difícilmente se metía en los asuntos de los demás y era muy respetuoso con el territorio privado de cada persona.

La verdad, esto le enternecía a Yako. Quizás, en el pasado, lo habría ignorado porque realmente no quería hablar de ello, pero ahora Yako no sentía tanta inseguridad como antes y pensó que podría aliviar al pobre Sam de su eterna curiosidad.

—Sammy. ¿Tal vez me quieres preguntar algo?

—¿Yo? No —respondió el ugandés enseguida, mirando a otro lado.

—¿Estás seguro?

—No sé qué quieres que te pregunte. No sé de qué hablas.

—Si tienes alguna curiosidad sobre algo...

—No es asunto mío —dijo rápidamente otra vez.

—De hecho, lo es.

—¿Eh?

—Todo lo que concierne a los Zou, concierne a los iris.

—No es bueno meterse en los asuntos personales de los jefes.

—Pero si yo no soy tu Señor.

—Eres mi jefe en la cafetería, ¿no?

—Creo que, por encima de eso, soy tu amigo y tu "hermano mayor" desde hace algo más de una década. ¿No crees? —apuntó Yako, arqueando una ceja.

Sam se sonrojó un poco, mirando al suelo. Raijin, que caminaba un poco más delante, soltó una bocanada de humo de su cigarrillo con un suspiro.

—Te está dando vía libre, Sam, pregúntale de una vez lo que llevas años preguntándote —le dijo el rubio.

—¿Cómo sabes…? —brincó Sam, pero luego pensó que después de tantos años ya había sido muy evidente con sus miraditas, y, además, cosas así saltaban a la vista para iris expertos—. Hmm… Bueno… Yo es que simplemente… nada más me preguntaba…

—Por qué deserté —terminó Yako la frase.

—¿Cómo sabes…? —brincó Sam otra vez.

—Es la maldita pregunta que se hacen todos los iris del mundo, por favor… —se rio.

—Oh… claro —cayó en la cuenta Sam—. Vale, pero… Sé por qué… pero no sé por qué exactamente. Es decir… Sí, te convertiste en iris a los 4 años. Perdiste a la persona que más querías, tu padre. Entonces pensé: "quizá es que quiso huir, alejarse de ese recuerdo, y el mejor modo de hacerlo era alejarse del propio Monte Zou y de todo lo que tuviera que ver con su familia, su abuelo, su posición, su deber…". Pero luego no me cuadraba una cosa. Si lo que más ansía un iris es dar con el asesino o asesinos de su ser querido y darle muerte y cumplir la venganza… ¿No tenías muchísimas más posibilidades de lograrlo quedándote en el Monte Zou, con toda la fuente de información global que allí se maneja, y convirtiéndote en un Señor, con acceso a todas las cosas, con dominio del mundo entero, con control sobre millones de iris…?

Yako se quedó callado largos segundos tras escuchar esa pregunta. Raijin miró de reojo a su amigo. Tenía curiosidad por su respuesta, y parecía que Yako se la estaba pensando a fondo, mirando hacia el cielo.

—Mmm… nop.

Sam y Raijin se pararon de golpe al mismo tiempo, clavándole una mirada incrédula y pasmada.

—¿¡Qué!? —gritaron los dos rubios.

—A ver… —sonrió Yako con inocencia, haciendo gestos apaciguadores—. Lo que dices puede ser lo más lógico, Sam, sin duda. Pero… no en mi caso.

—¿Por qué no en tu caso? —insistió el africano.

—Ah… —recordó Raijin, pues era algo que Yako ya le había contado en el pasado—. Es por esa loca teoría.

—¿Qué teoría? —preguntó Sam.

—Ninguna —contestó Yako—. Porque no es una teoría. Es un hecho. Que a Raijin le cuesta mucho aceptar, porque como ha nacido iris y su mente es puramente racional, no puede abrir la mente a esta posibilidad, y, a pesar de eso, le sigo queriendo con toda mi alma —abrazó a Raijin con exagerado drama, y el rubio se puso a refunfuñar con vergüenza, intentando ignorarlo.

—Yako —lo llamó Sam, con tono ya cansado, buscando una respuesta.

—Lo que quiera o quien quiera que matase a mi padre aquella noche dentro del propio Templo Zou no era de este mundo —le explicó Yako finalmente.

—¿Qué? —se quedó desconcertado—. ¿Cómo que no era de este mundo? ¿De cuál sino iba a ser? Sólo existe este mundo.

—Existen tres —le corrigió Yako.

—Pero en las otras dos dimensiones sólo están los dioses y los espíritus de los muertos. ¿Insinúas que quien mató a tu padre era un espíritu? ¿O un dios?

—Imposible —impugnó Raijin—. Los dioses tienen absoluta incapacidad de quitarle la vida a alguien. Además de absoluta carencia de motivo, ya que los dioses son seres equilibristas y carecen de emociones o motivos personales. Y que haya sido un espíritu es aún más imposible. No hay prácticamente nada ni nadie que sea capaz de matar a un mismísimo Zou, y encima dentro de su propio templo.

—Aayy... —suspiró Yako largamente.

—¿Quién o qué pudo ser sino? —se intrigó Sam—. No hay más opciones.

—Esa es la gran pregunta que atormenta a Yako y a Alvion y a toda la Asociación desde hace 17 años —dijo Raijin.

—¿No se baraja alguna teoría? —quiso saber Sam.

—Denzel aboga por la teoría de un arki —respondió el rubio.

—¿En serio? Pero un arki es como nosotros, sigue siendo un ser sumamente inferior y más débil que un Zou.

—Podría haber engañado a Yeilang de algún modo, hacerle confiar… —indagó Raijin.

—¿¡Cómo puede existir alguien capaz de engañar a un Zou!? —refutó Sam—. Si son los seres más inteligentes de este mundo, especialmente expertos en la mente, las emociones, la psicología y el comportamiento humano…

—¡Ajem! —carraspeó Yako, interrumpiéndolos.

Los otros dos se callaron, dándose cuenta de que se habían olvidado de que estaba ahí entre ellos.

—Hay una respuesta lógica para todas esas preguntas que os carcomen —les dijo Yako con tono sencillo.

—¿¡Cuál!? —brincaron.

—¡Que no era una criatura de este mundo! —exclamó de repente, volviendo a defender su creencia, y Raijin y Sam se asustaron un poco por ese ímpetu.

—Espera, ¿por qué dices "criatura"? —se dio cuenta Sam.

—Mira —el tono de Yako empezó a sonar alterado, e hizo un gesto tajante con la mano—. Yo sé lo que vi. La puerta de aquella sala estaba medio cerrada, yo me asomé por la rendija, oí a mi padre conversando con alguien. Alguien había justo delante de él, pero yo no podía verlo desde ese ángulo desde la puerta. Estaban hablando, y... —le tembló un poco la voz—... y apareció una garra. Blanca. Una mano de piel blanca como la nieve. Con largas y afiladas garras... con las que atravesó a mi padre. Y se esfumó.

Sam y Raijin se quedaron en completo silencio. Sobre todo Sam, que hasta ahora no había oído la versión completa de Yako. Y entonces, se percató de algo. Ese podía ser perfectamente todo el motivo de la deserción de Yako. Ahí estaba la razón. Porque, si de verdad Yako estaba en lo cierto sobre su teoría o sobre lo que él creía que vio, era motivo más que suficiente para cualquier persona del mundo para estar total y absolutamente aterrorizado. Que exista algo así como lo que Yako describía, capaz de matar a un mismísimo Zou en su propia casa sin que nadie se diera cuenta ni saltaran las alarmas... debía de tratarse como mínimo del ser más poderoso, peligroso y letal que existía en el universo.

Sam podía verlo con claridad ahora, en las mejillas sonrojadas de Yako, sonrojadas de una silenciosa vergüenza, y en sus ojos dorados temblorosos, mirando al suelo, cargando con el peso del miedo y del dolor. ¿Por qué demonios se avergonzaba?, se preguntó Sam en ese momento, pues le fastidiaba que Yako se sintiera así de mal por tomar una decisión crítica para la Asociación pero con el más sólido de los motivos. Cualquiera habría hecho lo mismo. Cualquiera.

—Así que... yo... —intentó Yako continuar con el tema y responder de algún modo la pregunta principal de Sam—... es complicado, pero...

Sam le agarró un hombro y Yako lo miró.

—No tienes que explicarme más —le dijo el africano.

Yako se sintió algo aliviado. Vio que Sam, al final, no tenía para él ni una sola mirada de escepticismo, ni ninguna palabra para juzgarlo. Le sorprendió ver que Sam lo comprendía, a pesar de lo disparatado que podía sonar todo. Pero luego recordó que él, al igual que Raijin, no eran sus compañeros de la KRS sólo porque el ex-Líder los eligiera y los contratara, sino también por el tipo de personas que eran. Todos los miembros de la KRS, Nakuru, Drasik, Kyo, Raijin, Yako, Sam, Lao... podían tener diferencias, pero guardaban algo en común, algo irrompible. Para Yako, era lo más parecido a una familia auténtica que había tenido.

—¡Hey, mirad quién viene! —les señaló Sam de nuevo, apuntando hacia delante.

Yako y Raijin miraron, pero no vieron a nadie, solamente la autopista perdiéndose en el fondo bajo la luz de las farolas. No tenían una capacidad de visión tan alta como Sam, por eso tuvieron que esperar un minuto hasta divisar a alguien familiar corriendo por el arcén hacia ellos.









41.
El Señor de los Iris

Pasaron unos segundos de tenso silencio, hasta que el anciano habló, con una voz prominente y autoritaria, capaz de espantar a todo bicho viviente.

—Podéis levantaros.

Yako cruzó una mirada con Raijin y con Sam, y los tres obedecieron. Volvieron a erguirse, poniéndose rectos y en silencio.

—Denjin-sama… —dijo el anciano, mirando a Raijin, llamándolo por su apodo iris oficial.

—Mi Señor —contestó él, firme y serio.

—Dobutsujin-san… —continuó, mirando a Sam.

—Mi Señor —contestó él de la misma manera.

—Y… —vaciló el anciano, entornando los ojos hacia el que quedaba—. Yako.

—Mi Señor —respondió sin levantar la vista del suelo.

—Ahem… —carraspeó Alvion, indicando que no era la contestación que quería oír de él.

Yako suspiró resignado.

—Abuelo —dijo finalmente.

—Ya decía yo que detectaba vuestros iris por aquí cerca —prosiguió Alvion—. Pero es un lugar inusual. ¿A qué se debe?

—Nos dirigimos a Funabashi para proteger el pergamino de nuestra RS de manos rivales, mi Señor —respondió Raijin, ya que era el superior de los otros dos—. Nuestro compañero Ka-chan espera nuestra ayuda.

—Oh, sí… Mis monjes ya me han contado este asunto —dijo, meciéndose la barba—. Otra vez, una RS peleándose con otra, esta vez porque una quiere quitarle su pergamino a la otra y aprender una nueva Técnica de Denzel. Hm… Como niños —negó con la cabeza, y miró a Yako—. Seguramente esto no habría pasado si el pergamino hubiese estado a tu cargo desde un principio.

—Ahm… —titubeó Yako, nervioso—. Con el debido respeto… en nuestra RS es costumbre repartir tareas de responsabilidad para reforzar nuestra confianza y habilidades de equipo, sobre todo si integramos a un nuevo miembro. A Kyosuke le ha tocado lidiar con el capricho de una RS rival. Tampoco es tan grave.

—Es una total falta respeto contra vuestra RS —interrumpió el anciano—. Antaño, nadie se habría atrevido ni a poneros una mala mueca. ¿Cómo puedes permitir eso, Yako?

—¿Yo? —lo miró a los ojos por fin, contrariado.

—Ahm… disculpad, Señor —intervino Raijin—. El culpable soy yo. Soy responsable de mi RS.

—Eres responsable de protegerla, muchacho, no de cargarla entera a tus espaldas como llevas haciendo siete años —le corrigió—. Y te está haciendo mella en la salud.

—¿Qué? No… Yo estoy bien… —dijo Raijin, extrañado de que le dijera eso.

—Me tienes preocupado desde hace tiempo, Raijin, tienes mucho cansancio encima. Sé que Kei Lian intenta llevar el peso contigo, pero él también carga con sus problemas y riesgos. La fuerza de una RS recae en que cada miembro muestre ser la mejor versión de sí mismo en el puesto que ocupa. Todos en vuestra RS cumplen con eso, incluso Drasik acaba logrando buenos resultados pese a sus pequeños y eventuales brotes de majin. Excepto tú —volvió a mirar a Yako.

Yako no pudo esconderlo. Por primera vez en mucho tiempo, su cara expresó enfado.

—Mi RS aún no tiene un sucesor de Líder porque eso es decisión del anterior, pero ya tiene un Sublíder y un Guardián elegidos. Yo ocupo un rango medio en la KRS igual al resto.

—No hablo de rangos, niño.

—La tiene tomada conmigo, admítalo.

—No seas impertinente —le advirtió Alvion, mientras Sam y Raijin miraban muy callados a uno y a otro, notando la tensión—. Elegiste este camino, ¿no? ¿Qué versión de ti mismo estás siendo en ese “rango medio” que ocupas? ¿La mejor de todas? Una RS rival decide que puede burlarse de vosotros e intentar robaros algo de vuestra propiedad, no porque Kei Lian esté en una situación complicada que lo obliga a estar más al margen, ni porque Raijin esté dando más energías de las que tiene para mantener la KRS a flote, ni porque vuestro ex-Líder esté exiliado. El simple hecho de que tú estés en esta RS, ocupando cualquiera de sus rangos sin importar cuál sea, debería ser motivo suficiente para que ninguna otra RS ose faltaros al respeto así.

—No soy diferente, soy un iris igual a los demás —replicó Yako.

—Sabes que no. Sabes perfectamente lo que eres.

—La única diferencia que hay entre usted y yo es que yo presencié con mis ojos la muerte de mi padre y por eso una parte de mí adquirió el trastorno del iris —le contestó Yako, de una forma tan directa e inesperada que Raijin y Sam se lo quedaron mirando con la boca abierta, y muy nerviosos.

Pero es que Yako llevaba casi 20 años escuchando los mismos reproches una y otra vez. Solo que esta era la primera vez que no se quedó callado. Por eso Raijin y Sam estaban incrédulos.

—Si usted también hubiese visto morir a mi padre, también se hubiese convertido en iris como yo —añadió Yako seriamente, aunque no dejó de mostrar una postura firme y respetuosa, con las manos cogidas por detrás—. Y así entendería, por una vez, cómo me siento.

Raijin podía ser la persona más racional y poco emocional del mundo, pero en ese momento estaba sudando de la tensión, igual que Sam, porque nadie, absolutamente nadie en la faz de la Tierra le hablaba a Alvion con la más mínima insolencia. Excepto Neuval, que era un caso especial.

Por un momento, Raijin y Sam se temieron que las palabras de Yako hubiesen enfurecido al anciano. El temperamento de Alvion era aterrador cuando se trataba del respeto, las normas y el orden. No obstante, el anciano simplemente miraba a Yako en silencio, y parpadeó una vez suavemente. Inspiró aire por la nariz, muy hondo, y contempló la lejanía mientras echaba el aire serenamente. Sólo Raijin se dio cuenta de que Alvion acababa de exhalar una enorme cantidad de enojo para no crear una escena familiar terrorífica.

—¿Alguno de vosotros sabe dónde se encuentra el insufrible, irritante e insoportable Fuujin-sama en este momento? —preguntó con naturalidad.

Esta vez, los tres chicos levantaron la vista con sorpresa, y se miraron con perplejidad.

—No, Señor —contestaron Raijin y Sam—. ¿Por qué preguntáis por él? —quiso saber Raijin—. Ya lleva siete años exiliado.

—¿Exiliado? Parcialmente —le aseguró Alvion, casi con una risa irónica—. Parece mentira, Raijin, tú conoces a Neuval lo suficientemente bien para saber que ese anarquista chiflado ha nacido única y exclusivamente para hincharme las narices.

Yako y Sam tuvieron que hacer un esfuerzo sobrehumano para reprimir una sonrisa y mirar para otro lado con disimulo.

—Dios, ¿qué ha hecho Neuval esta vez? —suspiró Raijin—. ¿Destruir alguna ciudad? ¿Provocar el caos en otro país?

—No te preocupes, muchacho. Puedes seguir cumpliendo con tu impecable trabajo en la KRS tranquilamente. Al igual que tus admirables padres, eres un iris que sabe muy bien cómo y dónde usar su máximo potencial. Ojalá otros pudieran seguir tu ejemplo en ese sentido —concluyó, lanzándole una última mirada seria a Yako.

El anciano dio media vuelta. Así sin más, regresó hacia la limusina poniendo punto y final, seguido de sus dos guardianes. Yako, Raijin y Sam vieron cómo el vehículo arrancaba y pasaba por su lado, hasta perderse de vista.

—No me gusta cuando Alvion viene en persona a buscar a Fuujin —comentó Sam, dando media vuelta para seguir andando—. Espero que no haya tenido problemas graves…

—Normalmente, Fuujin no es quien los tiene, es quien los causa. De todas formas, ya no es asunto nuestro —desdeñó Raijin, caminando a su lado, pero se paró de nuevo al percatarse de que Yako seguía ahí quieto—. Hey, vamos.

—Ah, sí… —saltó, reuniéndose con ellos y continuaron su camino.

Raijin y Sam lo observaron de reojo. El propio Yako parecía no darse cuenta, pero tenía una cara inundada de tristeza, caminando con la mirada vacía en el suelo y en silencio. Lo de los reproches que Alvion solía hacerle a Yako no era nada nuevo para ellos. Las pocas veces que este se encontraba con su abuelo, él siempre dejaba caer esos comentarios sobre quién era o quién debía ser.

Normalmente, Yako siempre reaccionaba de la misma manera, quedándose callado y guardando respeto. Pero lo que ni Raijin, ni Sam ni los demás sabían, era que Yako solamente se quedaba callado cuando ellos u otros iris estaban delante, porque no quería crear una escena familiar y exponer ante los demás sus problemas personales con su abuelo. Eso daría muy mala imagen de ellos, lo cual sería comprensible, teniendo en cuenta que eran seres supremos y uno de ellos dominaba medio mundo con la actividad de la Asociación.

Sin embargo, esta vez, Yako pareció hacer una excepción, quizá porque solamente estaban Sam y Raijin y con ellos tenía plena confianza, o quizá porque después de 20 años se le estaba agotando la paciencia de tener que escuchar siempre lo mismo.

—Yako… —lo llamó Raijin.

—Qué vergüenza… —dijo este de repente, parándose un momento, y se tapó la cara con las manos. Sam y el otro rubio lo miraron con un interrogante—. Perdonadme, Sam, Raijin. No debería haber abierto la boca. No deberíais haber presenciado algo así.

—¿Te estás disculpando por haber defendido tu postura por primera vez ante Alvion? —le dijo Sam, incrédulo.

—Por haberlo hecho por primera vez delante de vosotros —le corrigió—. Da muy mala imagen. Estas cosas se hacen en privado.

—Si él te saca el tema delante de nosotros, ¿por qué no puedes tú también?

—Os he visto vuestras caras de incomodidad a la legua. No debe de ser agradable para vosotros que alguien le hable mal a Alvion, o le contradiga o le haga sentir mal. Si en algo se diferencian todos los demás iris de mí, es en lo que sentimos por él. Vuestra gratitud por Alvion es infinita. En mi caso, es todo lo contrario.

—Yako —lo llamó Raijin una vez más, acercándose a él—. Si viéramos u oyéramos a cualquier otro iris hablarle mal a Alvion o intentando hacerle daño, obviamente nos cabrearía y saltaríamos en defensa de Alvion. Pero si se trata de ti, es algo totalmente distinto. Ambos sufristeis una misma tragedia injusta, a ti te tocó la peor parte, y a él también le jodió muchas cosas. Tomasteis las decisiones que necesitabais tomar cada uno en ese momento caótico y no coincidisteis. Tú tienes tus razones para estar molesto o enfadado con él. Pero el resto de los iris del mundo, no.

Yako se quedó callado un momento, mirando a Sam y a Raijin a los ojos. Después suspiró taciturno.

—No sé ni cómo podéis seguir mirándome a la cara. Todos los iris del mundo deberíais estar furiosos conmigo y odiarm-…

¡PAM! Raijin le pegó un manotazo a Yako en toda la cara y este se dio de bruces contra el suelo. Se incorporó un poco, con la mano en la mejilla, mirando perplejo a su amigo.

—Quería hacerlo yo —le dijo Sam a Raijin, observando a Yako con la misma expresión severa.

—Yo soy más rápido.

—¡Desalmados! —sollozó Yako con una de sus caras de exagerada pena y ojos llorosos.

—¿Contento? Ahora sí que nos has cabreado de verdad, ¡por decir estupideces! —le reprimió Raijin.

—¡Questo è più che passare il segno, Raijin, casi me vuelves la cabeza del revés! —gruñó Yako, poniéndose en pie, con la mitad de la cara roja.

—¿¡No se supone que eres el tipo de ser más inteligente del planeta!? ¡Pues deja de repetir la misma sandez cada vez que hablamos de este tema!

Yako se quedó mirando a Raijin perplejo otra vez. De verdad parecía muy afectado, y no de manera artificial ni por contagio, sino de forma genuina y natural. Cuando se trataba de las personas que Raijin más quería, su capacidad de sentir funcionaba como la de cualquier humano o iris común, y esto Yako ya lo sabía, pero no sabía que le molestase tanto cuando mencionaba lo culpable que se sentía y que debería merecerse el odio de los demás iris. A Sam tampoco le gustaba que Yako dijera cosas así, pero a Raijin le dolía más porque era su más íntimo amigo, casi como un hermano de toda la vida.

Al final, Yako le sonrió a su amigo con inocencia, moviendo las manos como gesto de rendición, pero no dijo nada. Raijin se conformó, y los tres volvieron a emprender la marcha.

Yako comprendía que ellos pensasen así porque eran buenos amigos que se preocupaban por él y lo apoyaban en cualquier cosa. Pero la cruda verdad es que el sentimiento de culpabilidad con el que Yako llevaba cargando toda su vida tenía una irrefutable razón de ser. Él había desertado de un linaje que era el único que podía mantener la Asociación viva. Y mantener la Asociación viva no sólo se trataba de mandar misiones a los iris del mundo para que luchasen contra el crimen, las injusticias o el mal y salvasen a miles de humanos cada día; se trataba de salvar también a los propios iris, a todo aquel humano que se convertía en ello tras presenciar una tragedia.

Si no fuera por los Zou, los iris serían personas enloquecidas, furiosas y descontroladas destruyendo todo a su paso por el mundo, con tanto dolor físico y emocional que la única manera de sentirse mejor era suicidándose. Pero era mucho mejor la otra manera: someterse al tratamiento de los Zou, que curaban el trastorno, devolvían la calma, la cordura y un objetivo en la vida, y entrenaban a los iris para que pudieran cumplir con él, por el que merecía la pena seguir viviendo.

Y todo eso, que existía desde hace cuatro siglos... se desmoronaría y desaparecía cuando Alvion falleciese. Porque el único Zou que había después de él, era Yako.

Se supone que los Zou podían llegar a vivir perfectamente hasta los 110 años. Alvion ya había cumplido 110, y seguía aguantando todo lo que podía, mientras Yako siguiera negándose a coger las riendas. Pero, también, había que entender a Yako. Era el único Zou que se había convertido en iris, que había sufrido el trastorno, y eso era nuevo, inexplorado. No se le podía culpar por pedirle a Alvion un poco de empatía.

Mientras caminaban, Yako se dio cuenta de que Sam le lanzaba de vez en cuando miradas de reojillo. Cada vez que Yako lo veía, él disimulaba rápidamente mirando a otro lado. Esto era algo que Sam siempre hacía. Desde pequeño, ya había presenciado al menos media docena de veces estos breves y tensos encuentros entre Yako y Alvion. Siempre se quedaba callado guardando respeto mientras oía a Alvion insistir una y otra vez con el tema y a Yako respondiendo obedientemente o no respondiendo nada.

Muchas veces, Alvion le hablaba a Yako en otros idiomas, en coreano, en árabe, en italiano o en alemán, para que las personas que estaban cerca no entendieran y no supieran nada. Pero, delante de los miembros de la KRS como Sam y Raijin, hablaba en un idioma que ellos también entendían, y Yako ya sospechaba que esto el anciano lo hacía a propósito para que, precisamente, sus compañeros le comentasen el tema después, le hablaran sobre ello. Yako pensaba que Alvion pensaba que quizás así sus amigos conseguirían decirle algo que le hiciera cambiar de opinión.

Con Raijin no funcionaba, porque Raijin, aunque era 100 % leal a Alvion, era un 101 % leal a Yako y jamás le hacía hablar del tema si le incomodaba lo más mínimo. Pero Sam… otra vez le estaba lanzando esas miradas contenidas como cuando era pequeño. Yako sabía perfectamente lo que significaban. Sam se moría de curiosidad por este tema, le había intrigado desde siempre, pero jamás se había atrevido a preguntarle a Yako directamente, no sólo porque sabía que era un tema delicado, sino también porque Sam era un chico que difícilmente se metía en los asuntos de los demás y era muy respetuoso con el territorio privado de cada persona.

La verdad, esto le enternecía a Yako. Quizás, en el pasado, lo habría ignorado porque realmente no quería hablar de ello, pero ahora Yako no sentía tanta inseguridad como antes y pensó que podría aliviar al pobre Sam de su eterna curiosidad.

—Sammy. ¿Tal vez me quieres preguntar algo?

—¿Yo? No —respondió el ugandés enseguida, mirando a otro lado.

—¿Estás seguro?

—No sé qué quieres que te pregunte. No sé de qué hablas.

—Si tienes alguna curiosidad sobre algo...

—No es asunto mío —dijo rápidamente otra vez.

—De hecho, lo es.

—¿Eh?

—Todo lo que concierne a los Zou, concierne a los iris.

—No es bueno meterse en los asuntos personales de los jefes.

—Pero si yo no soy tu Señor.

—Eres mi jefe en la cafetería, ¿no?

—Creo que, por encima de eso, soy tu amigo y tu "hermano mayor" desde hace algo más de una década. ¿No crees? —apuntó Yako, arqueando una ceja.

Sam se sonrojó un poco, mirando al suelo. Raijin, que caminaba un poco más delante, soltó una bocanada de humo de su cigarrillo con un suspiro.

—Te está dando vía libre, Sam, pregúntale de una vez lo que llevas años preguntándote —le dijo el rubio.

—¿Cómo sabes…? —brincó Sam, pero luego pensó que después de tantos años ya había sido muy evidente con sus miraditas, y, además, cosas así saltaban a la vista para iris expertos—. Hmm… Bueno… Yo es que simplemente… nada más me preguntaba…

—Por qué deserté —terminó Yako la frase.

—¿Cómo sabes…? —brincó Sam otra vez.

—Es la maldita pregunta que se hacen todos los iris del mundo, por favor… —se rio.

—Oh… claro —cayó en la cuenta Sam—. Vale, pero… Sé por qué… pero no sé por qué exactamente. Es decir… Sí, te convertiste en iris a los 4 años. Perdiste a la persona que más querías, tu padre. Entonces pensé: "quizá es que quiso huir, alejarse de ese recuerdo, y el mejor modo de hacerlo era alejarse del propio Monte Zou y de todo lo que tuviera que ver con su familia, su abuelo, su posición, su deber…". Pero luego no me cuadraba una cosa. Si lo que más ansía un iris es dar con el asesino o asesinos de su ser querido y darle muerte y cumplir la venganza… ¿No tenías muchísimas más posibilidades de lograrlo quedándote en el Monte Zou, con toda la fuente de información global que allí se maneja, y convirtiéndote en un Señor, con acceso a todas las cosas, con dominio del mundo entero, con control sobre millones de iris…?

Yako se quedó callado largos segundos tras escuchar esa pregunta. Raijin miró de reojo a su amigo. Tenía curiosidad por su respuesta, y parecía que Yako se la estaba pensando a fondo, mirando hacia el cielo.

—Mmm… nop.

Sam y Raijin se pararon de golpe al mismo tiempo, clavándole una mirada incrédula y pasmada.

—¿¡Qué!? —gritaron los dos rubios.

—A ver… —sonrió Yako con inocencia, haciendo gestos apaciguadores—. Lo que dices puede ser lo más lógico, Sam, sin duda. Pero… no en mi caso.

—¿Por qué no en tu caso? —insistió el africano.

—Ah… —recordó Raijin, pues era algo que Yako ya le había contado en el pasado—. Es por esa loca teoría.

—¿Qué teoría? —preguntó Sam.

—Ninguna —contestó Yako—. Porque no es una teoría. Es un hecho. Que a Raijin le cuesta mucho aceptar, porque como ha nacido iris y su mente es puramente racional, no puede abrir la mente a esta posibilidad, y, a pesar de eso, le sigo queriendo con toda mi alma —abrazó a Raijin con exagerado drama, y el rubio se puso a refunfuñar con vergüenza, intentando ignorarlo.

—Yako —lo llamó Sam, con tono ya cansado, buscando una respuesta.

—Lo que quiera o quien quiera que matase a mi padre aquella noche dentro del propio Templo Zou no era de este mundo —le explicó Yako finalmente.

—¿Qué? —se quedó desconcertado—. ¿Cómo que no era de este mundo? ¿De cuál sino iba a ser? Sólo existe este mundo.

—Existen tres —le corrigió Yako.

—Pero en las otras dos dimensiones sólo están los dioses y los espíritus de los muertos. ¿Insinúas que quien mató a tu padre era un espíritu? ¿O un dios?

—Imposible —impugnó Raijin—. Los dioses tienen absoluta incapacidad de quitarle la vida a alguien. Además de absoluta carencia de motivo, ya que los dioses son seres equilibristas y carecen de emociones o motivos personales. Y que haya sido un espíritu es aún más imposible. No hay prácticamente nada ni nadie que sea capaz de matar a un mismísimo Zou, y encima dentro de su propio templo.

—Aayy... —suspiró Yako largamente.

—¿Quién o qué pudo ser sino? —se intrigó Sam—. No hay más opciones.

—Esa es la gran pregunta que atormenta a Yako y a Alvion y a toda la Asociación desde hace 17 años —dijo Raijin.

—¿No se baraja alguna teoría? —quiso saber Sam.

—Denzel aboga por la teoría de un arki —respondió el rubio.

—¿En serio? Pero un arki es como nosotros, sigue siendo un ser sumamente inferior y más débil que un Zou.

—Podría haber engañado a Yeilang de algún modo, hacerle confiar… —indagó Raijin.

—¿¡Cómo puede existir alguien capaz de engañar a un Zou!? —refutó Sam—. Si son los seres más inteligentes de este mundo, especialmente expertos en la mente, las emociones, la psicología y el comportamiento humano…

—¡Ajem! —carraspeó Yako, interrumpiéndolos.

Los otros dos se callaron, dándose cuenta de que se habían olvidado de que estaba ahí entre ellos.

—Hay una respuesta lógica para todas esas preguntas que os carcomen —les dijo Yako con tono sencillo.

—¿¡Cuál!? —brincaron.

—¡Que no era una criatura de este mundo! —exclamó de repente, volviendo a defender su creencia, y Raijin y Sam se asustaron un poco por ese ímpetu.

—Espera, ¿por qué dices "criatura"? —se dio cuenta Sam.

—Mira —el tono de Yako empezó a sonar alterado, e hizo un gesto tajante con la mano—. Yo sé lo que vi. La puerta de aquella sala estaba medio cerrada, yo me asomé por la rendija, oí a mi padre conversando con alguien. Alguien había justo delante de él, pero yo no podía verlo desde ese ángulo desde la puerta. Estaban hablando, y... —le tembló un poco la voz—... y apareció una garra. Blanca. Una mano de piel blanca como la nieve. Con largas y afiladas garras... con las que atravesó a mi padre. Y se esfumó.

Sam y Raijin se quedaron en completo silencio. Sobre todo Sam, que hasta ahora no había oído la versión completa de Yako. Y entonces, se percató de algo. Ese podía ser perfectamente todo el motivo de la deserción de Yako. Ahí estaba la razón. Porque, si de verdad Yako estaba en lo cierto sobre su teoría o sobre lo que él creía que vio, era motivo más que suficiente para cualquier persona del mundo para estar total y absolutamente aterrorizado. Que exista algo así como lo que Yako describía, capaz de matar a un mismísimo Zou en su propia casa sin que nadie se diera cuenta ni saltaran las alarmas... debía de tratarse como mínimo del ser más poderoso, peligroso y letal que existía en el universo.

Sam podía verlo con claridad ahora, en las mejillas sonrojadas de Yako, sonrojadas de una silenciosa vergüenza, y en sus ojos dorados temblorosos, mirando al suelo, cargando con el peso del miedo y del dolor. ¿Por qué demonios se avergonzaba?, se preguntó Sam en ese momento, pues le fastidiaba que Yako se sintiera así de mal por tomar una decisión crítica para la Asociación pero con el más sólido de los motivos. Cualquiera habría hecho lo mismo. Cualquiera.

—Así que... yo... —intentó Yako continuar con el tema y responder de algún modo la pregunta principal de Sam—... es complicado, pero...

Sam le agarró un hombro y Yako lo miró.

—No tienes que explicarme más —le dijo el africano.

Yako se sintió algo aliviado. Vio que Sam, al final, no tenía para él ni una sola mirada de escepticismo, ni ninguna palabra para juzgarlo. Le sorprendió ver que Sam lo comprendía, a pesar de lo disparatado que podía sonar todo. Pero luego recordó que él, al igual que Raijin, no eran sus compañeros de la KRS sólo porque el ex-Líder los eligiera y los contratara, sino también por el tipo de personas que eran. Todos los miembros de la KRS, Nakuru, Drasik, Kyo, Raijin, Yako, Sam, Lao... podían tener diferencias, pero guardaban algo en común, algo irrompible. Para Yako, era lo más parecido a una familia auténtica que había tenido.

—¡Hey, mirad quién viene! —les señaló Sam de nuevo, apuntando hacia delante.

Yako y Raijin miraron, pero no vieron a nadie, solamente la autopista perdiéndose en el fondo bajo la luz de las farolas. No tenían una capacidad de visión tan alta como Sam, por eso tuvieron que esperar un minuto hasta divisar a alguien familiar corriendo por el arcén hacia ellos.





Comentarios


  1. Al menos todo acabó bien con Cleven y Riajin, ahora se vienen problemas mayores. Recuerdo un poco como el Hatori de la versión anterior y si algo era, era incansable en su búsqueda de acabar con los iris; incansable, inteligente y sobradamente astuto a pesar de ser humano (al menos que yo recuerde xD)

    Así que sé que ahora vienen tremendos dolores de cabeza, sobre todo si ahora mismo encima está trabajando con Izan, que es problemático de por sí y extremadamente peligroso.

    Aunque la inteligencia de Hatori es la que me inquieta por como une cabos el maldito, más toda la información que posee de los iris y de cómo cazarlos. Tiene obsesión con los iris, pero especialmente la tiene con Fuujin de alguna forma.

    Iza me gusta mucho en su verizon psicópata, también en la otra pero el hecho de que incluso llegue a asustar a Hatori dice mucho de él. También pienso que el trato que pidió era pequeño, quiero decir le beneficiaba también que hattori no obtuvieron a el dé por porque igual podría hacer lo que quisiera sin que este pudiese hacer nada de todos modos. Es más le beneficiaba que no tuviera poder alguno porque asi puede hacer lo que quiera sin que intente cazarlo y por tanto si salte su propio trato, porque nadie impide a Hatori el hacerlo una vez obtenga lo que quiere.

    Creo que aquí Izan peco de orgullo despedido y de creerse invencible, supongo un problema que tiene el creerse un dios.

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