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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __









27.
Dos contra dos

Drasik y Nakuru estaban caminando por las calles de la ciudad en busca de algún miembro de la MRS. Eran aproximadamente las once de la noche, y como eran días festivos, había bastante gente por las calles yendo a lugares de ocio después de un duro lunes.

Siguiendo las sospechas de Raijin, habían revisado los puentes de los dos ríos casi paralelos que separaban Chiba de Tokio, pero no habían divisado a ningún miembro de la MRS rodando por ahí. Era algo de esperar. No tenían por qué estar ahí todo el tiempo, mientras sus otros compañeros no los avisasen de que su presa, Kyo, ya estaba cerca de pasar por ahí; a Kyo aún le quedaban algunas horas de camino. Pero sí que debían de andar cerca de la zona, para estar listos para cubrir los puentes si recibían de repente el aviso.

A Nakuru y a Drasik se les acababa el tiempo. Necesitaban confirmar sus posiciones y elementos. No sabían si custodiaban un río o el otro, así que decidieron quedarse por el distrito de Edogawa, el que estaba entre ambos ríos.

—Vale, fijo que deben de estar por este distrito —dijo Drasik, deteniéndose en medio de una acera—, pero ¿cómo vamos a averiguarlo? Hoy tenemos que dar con alguno definitivamente. Kyo estará a punto de llegar a Funabashi si no lo ha hecho ya, y el plasta de Raijin necesita la información de los elementos entre hoy y mañana. Y ya estamos a contrarreloj.

—Tenemos que hacer esto con prudencia, Dras —respondió Nakuru—. Recorremos las calles siguiendo una ruta ordenada hasta que veamos a algún miembro de la MRS. Por supuesto, tenemos que sospechar de cualquier persona que vaya encapuchada o con la cara tapada con cualquier prenda…

—Aaaagh… —Drasik soltó una especie de quejido, mirando hacia el cielo—. Típica actitud de “soldado ejemplar”, que encima es peor en los Suna.

—¡Oye! —protestó Nakuru.

—Te quiero, “hermana”, pero a veces tu forma de pensar de Suna es como la de un enorme pedrusco cuadrado.

—¿Te refieres a que tengo una forma de pensar fuerte y estable? —sonrió con sorna, cruzándose de brazos.

—Más bien aburrida e invariable. ¿Sabes qué le pasa al agua cuando se estanca?

—¿Que se está quieta y deja de molestar?

—No. Peor. Que se vuelve sucia y maloliente.

—¿Te vas a volver sucio y maloliente ahora?

—Acabaré así si seguimos llevando esto a tu manera. Y si algo has podido aprender de los Sui de tantos años que has vivido conmigo, ya debes de saber lo mucho que aborrecemos la suciedad. No vas a encontrar un cuerpo más limpio que el de un Sui —se señaló a sí mismo de arriba abajo varias veces—. Lo mismo pasa con nuestra mente, necesitamos fluir, avanzar…

—Creo que también tiene mucho que ver con tu condición sensible.

—Eh, sin faltar —refunfuñó el chico, levantando un dedo—. Los iris ejemplares como tú podríais aprender muchas cosas de los iris sensibles como yo.

—¿En qué te basas?

—En que nuestro propio Líder es uno de los iris más sensibles del mundo y aun así es el más poderoso de la Asociación.

—Ya, Drasik, pero recuerda que Neuval ha acabado sufriendo muchos problemas a lo largo de toda su vida debido a su condición sensible.

—Pero al menos terminaba el trabajo y cumplía las misiones con éxito. Sé que esto no entra dentro de la gran racionalidad de los iris ejemplares como tú, Lao, Sam o Kyo, y mucho menos dentro de la hipermegarracionalidad de Raijin, pero a veces hay que cagarla deliberadamente en algo para lograr el objetivo principal en el menor tiempo posible.

Nakuru respiró hondo y dejó salir un largo suspiro por la nariz. Drasik podía ser a veces un payaso escandaloso e infantil, pero también podía llegar a ser muy persuasivo.

—¿Qué propones?

—Que vengan ellos mismos a nosotros —sonrió Drasik.

—¿Cómo?

—Los de la MRS pueden ser unos grandes capullos —dijo mientras echaba a caminar calle abajo—. Pero siguen siendo iris.

Nakuru frunció el ceño y lo siguió por detrás. Mientras se metían por un callejón estrecho, Drasik se fue cubriendo la cabeza con la capucha, tapándose media cara hasta la nariz con una braga de nieve y sacando una pistola de debajo de su sudadera. Para cuando Nakuru quiso darse cuenta, nada más salir del callejón a una calle de comercio más transitada, empezó a disparar al aire.

—¡Arriba las manos, esto es un atraco!

—¡¡Sui-chaaan!! —le gritó Nakuru con los pelos de punta, alarmada, y se apresuró a ponerse la capucha también para ocultarse.

La gente de la calle empezó a gritar y a correr por todos lados.

—¡Eso es! ¡Os voy a robar a todos! —seguía el chico caminando entre ellos, y disparó de nuevo al aire—. ¡Soy un sucio criminal! ¡Mis padres no me daban suficientes abrazos!

—¡Te has vuelto loco! —Nakuru iba detrás de él, apurada.

—Tranqui, son balas de fogueo —le susurró Drasik, y se asomó al interior de una pequeña tienda de ropa—. ¡Atención, soy malvado y vengo a robaros! ¡Dadme todo vuestro dinero! ¡Que estoy muy loco!

Nakuru no se podía creer lo mal que interpretaba Drasik el papel de un humano criminal. Y aun así, los pocos clientes que había en la tienda gritaron con miedo y empezaron a sacar sus billeteras y cosas de valor para dárselas a Drasik.

—Ostras, si lo están haciendo de verdad… —se sorprendió el chico—. ¿Así de fácil se lo ponen los humanos inocentes a los criminales? No me extraña que los iris seamos tan imprescindibles en este mundo.

—¡Ahora mismo eres el peor iris, estás traumatizando a mucha gente! —le rugió Nakuru en voz baja, enfadada.

—¿Qui-qui-quiere también nuestros móviles, señor? —le preguntó tembloroso un chico endeble con gafas, tendiéndole su billetera y su teléfono.

—¿Qué cojones…? ¡No! —se enfadó Drasik—. ¿Qué pasa contigo, horchata en vena? Dije “dinero”, ¿y te me acercas voluntariamente para preguntarme si también me das tu móvil? ¿También vas a ofrecerme tu casa, tu vida o a tu madre? ¡Ten un poco de dignidad, pelotudo! ¡Eso de intentar hacerte el fiel servidor del atracador para ganarte su aprecio o su favor nunca funciona! “Mire qué bien me porto, así no me mata”. ¡Error! ¡Pedazo de forro! ¡Así sólo consigues que se aproveche de ti el triple y sales perdiendo más que si hubieses cerrado la boca y conservado un poco de dignidad! ¡Concha de la lora! ¡Humanos como tú nos hacen el trabajo más difícil…!

Nakuru se masajeaba el entrecejo, el resto de los clientes estaban muy confusos viendo al supuesto atracador echándole la bronca a ese pobre muchacho como si fuera su madre y no sabían qué hacer. Nakuru al final optó por agarrar a su compañero de los hombros y sacarlo de la tienda de nuevo a las calles, donde seguía habiendo gente alarmada.

¿¡Que no te llega agua al tanque!? ¡Repelotudísimo…! —seguía gritándole Drasik al otro chico, a pesar de que este ya no se enteraba de nada porque estaba vociferando en otro idioma.

—¡Sui-chan, céntrate! —le dijo Nakuru—. Ahora que has creado el caos en esta calle, ¿quién esperas que llegue primero, la poli o la MRS?

—¡Hah! —se rio, le dio unas palmadas entusiasmadas en el brazo y le señaló al final de la calle—. ¿Desde cuándo la poli llega antes que los iris?

Nakuru entonces se fijó donde señalaba, y entre el alboroto vio a un hombre, tapado con gorro, bufanda y gafas de sol a pesar de ser de noche, viniendo directamente hacia ellos a zancadas, intentando no chocarse con la gente, que huía de allí en dirección contraria.

—Hostia… —murmuró Nakuru, perpleja.

—¡Corre, Suna, correee…! —Drasik salió pitando felizmente, podría decirse que se lo estaba pasando en grande.

Nakuru se separó de él, huyendo por la callejuela de al lado antes de que el otro tipo la viera, el cual solamente tenía a Drasik por objetivo, pues era la única persona encapuchada y con pistola del lugar y saltaba a la vista que parecía el criminal que había disparado hace unos minutos al aire.

Drasik corrió unos metros más calle arriba y se desvió por una pequeña vía cortada por obras, saltando una valla que cercaba el perímetro de un edificio en construcción, a esas horas vacío y apenas iluminado por unos focos lejanos. Miró atrás para ver si el otro tipo lo había seguido, pero este de pronto aterrizó desde las alturas justo detrás de él, directamente abalanzándose hacia él. Pero Drasik tenía buenos reflejos y una gran agilidad, y lo esquivó dando una voltereta hacia atrás.

—Dame el arma, escoria —le ordenó el tipo, que debía de tener treinta y tantos, y era un poco bajito, pero tenía una ancha espalda.

—Relaja, pibe, es de fogueo —sonrió Drasik, manteniendo el ojo izquierdo guiñado para que esa penumbra no revelara el color de la luz de su ojo a su oponente.

—¿Te cachondeas de mí? Tenía que aparecer un crío jugando a gánster con una pistola de juguete justo cuando estoy ocupado con otra cosa…

—Nadie te ha pedido perseguirme.

—Limpiar el mundo de rufianes como tú es mi puto deber, criajo. Vamos, dame el arma para que pueda seguir con mis asuntos. Si vuelves a amenazar o a atacar a gente inocente te juro que te derrito la piel —fue dando pasos hacia él, con la mano extendida.

«¿Derretir la piel?» pensó Drasik, «¿Qué tipo de iris diría algo así? ¿Un Ka? No sé… Cuando el fuego quema la piel, ¿la derrite? O a lo mejor es un Hosha, y se refiere a su energía radiactiva… ¿Y si sólo ha usado ese verbo al azar para sonar desagradable? Agh… Tengo que hacer que me revele su elemento de alguna forma, pero sin que sepa el mío, ni que soy de la KRS».

—¡Bugh! —exclamó Drasik al recibir el placaje del otro, por haber bajado la guardia de tanto quedarse pensando.

Aplastado por él contra el suelo, Drasik intentó aprovechar ese instante para quitarle las gafas de sol de la cara, pero se dio cuenta de que él también quiso aprovechar ese momento para quitarle la pistola de la mano. Empezaron a forcejear, rodando por el suelo.

—¡No me jodas, niñato! —protestó el otro—. ¿¡Incluso en esta situación te pones a intentar robarme las gafas!?

—Usas una marca muy cara y muy cool —contestó Drasik, haciendo fuerza contra sus brazos—. Y eres demasiado feo para lucirlas… ¡Hazles un favor a todas las mujeres de este país y cédemelas a mí!

—¿¡Así que todo aquel alboroto en la tienda de ropa era para robar accesorios de moda para ligar con chicas!? ¡Te juro que los delincuentes juveniles de hoy en día me ponéis enfermo!

—¡Es una maldición con la que sólo los hombres guapos tenemos que cargar! ¡No podemos ponernos cualquier baratija! —dramatizó Drasik—. ¡Tú no lo entenderías, eres afortunado!

—¿Pero qué coño está pasando…? —murmuró el otro con sorpresa, sin entender por qué le estaba costando tanto contrarrestar la fuerza de alguien a quien él creía un simple delincuente humano—. Esto no es normal… ¡Tú no eres…! ¡Ugh!

Drasik por fin se lo quitó de encima, dándole una patada en el estómago tan fuerte que el otro salió despedido a varios metros de distancia hasta chocar con uno de los pilares de hormigón de la estructura del nuevo edificio, y cayó al suelo, levantando una nube de polvo. Drasik se puso en pie y en guardia. Su oponente no tardó en reponerse, ileso, pero se quedó muy quieto mirándolo, con una cara muy inexpresiva.

—Qué —le espetó Drasik.

De repente, el otro se giró y echó a andar sin más, marchándose.

—¡Oye! ¿¡Pero a dónde vas!? —se ofendió Drasik, y dio un gran salto, aterrizando delante de él, a una distancia prudente.

—A dejar de perder mi tiempo. Aparta.

—¡Soy un sucio criminal! ¡No puedes dejarme plantado!

—Oye, mira… —le dijo el otro, con gestos tajantes—. Lamento mucho la falta de ácido fólico que tenía tu madre antes de parirte o el golpetazo en la cabeza que te diste de niño mientras te metías crayones por la nariz, pero esta bromita se pasa de estúpida.

—¡Eh! Se supone que aterrorizar a humanos inocentes no es ninguna broma. Incluso si es con balas de fogueo.

—Claramente, debes de ser un iris enfermo de majin en mitad de uno de sus brotes buscando pelea por diversión —farfulló el hombre—. Pero eso ya es problema de tu Líder o de Alvion. Yo me largo.

Obviamente, el iris de la MRS ignoraba el verdadero plan de su adversario y solamente estaba especulando el motivo por el que un iris desconocido lo estaba atacando, pero, aunque no debería en absoluto, Drasik se tomó su comentario de forma demasiado personal. Una rabia inesperada brotó de la nada y le nubló la mente durante unos pocos segundos. Por eso, el muchacho agarró la pesada máquina mezcladora de cemento que tenía al lado con una mano y se la lanzó.

—¡Yo no estoy enfermo de nada! —le espetó.

El otro hombre derribó la mezcladora de 120 kilos a un lado con un simple manotazo y se mostró indiferente.

—A lo mejor te viene bien que alguien te baje los humos —dijo mientras se arremangaba los brazos.

Sin embargo, justo cuando dio el primer paso para encararse con Drasik, dio un resbalón y se cayó de culo, soltando un gemido dolorido, pues no cayó sobre un terreno arenoso, sino sobre una dura y fría placa de hielo. Antes, en algún momento mientras hablaban, Drasik había estado dirigiendo agua bajo los pies de su adversario sin que se diera cuenta, formando un charco que después congeló.

En la caída, al hombre se le cayeron las gafas de sol, y cuando se incorporó y miró perplejo a Drasik, se pudo al fin vislumbrar la luz de color azul oscuro que emitía su ojo izquierdo.

—¡Ajá! ¡Eres un Hosha! —celebró Drasik, orgulloso de su pequeña jugarreta, pero luego, pensándolo bien, se le fue borrando la sonrisa, sobre todo al ver la cara furiosa que se le estaba poniendo al otro—. Mierda, eres un Hosha…

El hombre apretó los puños con fuerza y se le iluminaron de un rojo incandescente. Drasik le lanzó una barra de acero que encontró por el suelo, pero la barra se derritió en un segundo a medio metro antes de alcanzarlo. Esto al menos le sirvió al chico para saber que la distancia de seguridad para que su adversario no lo calcinase estaba en el medio metro. Tocarlo en ese estado era impensable. Por eso, Drasik se puso a huir despavorido de él, saltando hacia el edificio en construcción, que todavía era un esqueleto de pilares, columnas y vigas.

Drasik contaba con una agilidad sublime, pero el otro contaba con más velocidad. Se movían entre las estructuras de metal y hormigón a toda velocidad, hasta que volvieron a aterrizar en el suelo y Drasik se escondió detrás de una apisonadora entre varios montones de arena y grava.

—¡Criajo! —oyó que el otro lo llamaba unos metros más allá—. Alguien te está mandando mensajes sin parar preguntando dónde te has metido.

—O… ¡Oye! —se enfadó Drasik—. ¡No interceptes mis mensajes, cabrón, eso es privado!

Esa era una de las razones por las que usar móviles u otros aparatos como las radios para comunicarse cuando se estaba teniendo un enfrentamiento contra otra RS era desaconsejable. Los Hosha, que dominaban las energías radiantes, podían percibir las señales electromagnéticas o de radio que fluían por su entorno. En una ciudad, la cantidad de estas señales era abismal y continua. Los Hosha de nivel bajo no podían percibir una en concreto sin marearse. Pero este de aquí era uno de nivel medio, y estaba más acostumbrado.

A los pocos segundos de eso, Nakuru, que acababa de posarse en lo alto de una viga del edificio en construcción, por fin encontró a Drasik allá abajo, escondido tras la apisonadora, y al otro miembro de la MRS merodeando cerca. «Mierda… ¡Lo sabía!» resopló la chica con fastidio. «Ha terminado en medio de una pelea, ¡como siempre!».

—Con suerte, será alguien de tu RS que te venga a recoger y a darte un escarmiento por la cagada de tu majin —siguió el Hosha picando al muchacho.

Oír aquello volvió a molestar a Drasik sobremanera. Rabioso, enganchó las manos en la base de la apisonadora, con intención de levantarla, pero los Sui como él no alcanzaban a tener tanta fuerza como para levantar diez toneladas, como mucho solamente tres.

—¡Te he dicho… —hizo más fuerza, y terminó, al menos, volcando la pesada máquina—… que no estoy enfermo!

El otro apareció subido sobre el enorme vehículo volcado, mirándolo desde ahí arriba con una sonrisa condescendiente.

—Tranquilo, chaval. No eres el único aquí con esa carga. La diferencia es que, o bien yo lo disimulo mejor, o bien tú tienes más grados que yo.

El Hosha saltó hacia él más rápido de lo que Drasik pudo reaccionar, pero en medio del salto recibió el impacto repentino de un torbellino de arena, que lo empujó lejos de Drasik. Este miró sorprendido por todas partes, hasta encontrar allá en la cima del edificio la silueta negra de Nakuru, con el brillo de la luz naranja de su ojo.

—¡Muy buena, Suna-chan! —le dijo felizmente, pero desde ahí podía oír los dientes de su amiga rechinando—. Uy, ya está cabreada conmigo…

Con el poder de su iris, Nakuru removió las arenas del terreno y enterró a su adversario hasta la barbilla, volviendo a endurecer la tierra a su alrededor para aprisionarlo e inmovilizarlo.

—Mier… da… —gruñó el Hosha, haciendo esfuerzos por salir del suelo.

No podía hacer nada, porque no tenía la fuerza suficiente para contrarrestar la presión de la tierra. Lo único que podía hacer era usar su energía radiante para calentar la arena lo suficiente para convertirla en vidrio líquido, del cual le sería más fácil salir –aunque acabaría con la ropa chamuscada y él desnudo–. Pero para eso necesitaría bastante tiempo.

Mientras Drasik se reía de él, a Nakuru le mosqueaba algo. «No me cuadra que ese miembro de la MRS estuviera solo» pensó. «Si la mitad de la MRS está esperando a acorralar a Kyo en su regreso, si se alejan un rato de sus puestos para comer o descansar, lo hacen en grupo o en parejas. Antes de que Drasik armara el escándalo, ese tipo debía de estar al menos con uno de sus…».

—¿De qué va esto? —una voz femenina a sus espaldas la sobresaltó.

Nakuru se giró de golpe, y en esa oscuridad vio la silueta negra de una mujer, vestida de negro y con la capucha de su chaqueta ocultando su cara. No se veía ninguna luz en ella. Igual que estaba haciendo Nakuru, la otra estaba manteniendo su ojo izquierdo guiñado para no revelar su luz y con ella su elemento así de primeras.

—¿Con qué propósito nos estáis atacando, mocosos? —preguntó la mujer—. ¿De qué RS sois?

Nakuru procuró no decir ni una palabra. Cuantos menos detalles diera de sí misma, mejor. Pero lo tenía crudo, porque estaba de cuclillas justo en el extremo de la viga, y la otra iris estaba agachada también de cuclillas en la mitad, impidiéndole el paso para huir por el edificio, por lo que Nakuru estaba en el borde del precipicio. Tenía que actuar rápido, porque estaba percibiendo claramente que esa mujer estaba preparada para atacarla.

Las dos se quedaron muy quietas, en tensión. Después de unos segundos, Nakuru hizo su intento de esquivarla saltando por encima de ella, pero la otra fue extremadamente veloz y le lanzó un rayo con su puño que sonó como un trueno. Nakuru recibió el impacto, aunque se protegió con el brazo en el último momento, y cayó del edificio 60 metros hasta el suelo, creando un pequeño cráter.

—Ay… —musitó.

—¡Suna! —gritó Drasik con horror, corriendo hasta ella, pensando que se había matado, y se arrodilló a su lado—. ¡Dios mío! ¡Dime algo! ¿¡Estás bien!?

—Sí, joder, no grites tanto —protestó ella, y se incorporó con un poco de dificultad, con el brazo derecho encogido contra su pecho—. Parece que hemos encontrado al Hosha y a la Den de la MRS.

—¿Qué te pasa en el brazo? —señaló Drasik, observando con sorpresa que, bajo la manga de su chaqueta, la mano reflejaba un poco la luz lejana de los focos, como si estuviera muy pulida.

—He frenado el rayo con mi brazo, pero como consecuencia parte de él se me ha convertido en vidrio. No te preocupes, volverá a la normalidad en unos minutos, pero mientras tanto no puedo mover el brazo y sobre todo no puedo dejar que se me parta.

Una ventaja con la que corrían los Suna, es que, al igual que la arena o la piedra, eran personas literalmente duras y resistentes, tanto como para sobrevivir grandes colisiones, golpes o caídas de mucha altura. Además, eran inmunes a la electricidad, si bien podían sufrir las consecuencias de sus impactos.

—No temas, yo te protegeré, Suna-chan —le dijo Drasik, ayudándola a ponerse en pie.

—¡Eres tú quien nos ha metido en este lío! —gruñó ella.

—¡Pero fíjate! ¡Ya hemos descubierto dos elementos, y sólo ha pasado media hora! —sonrió él.

Nakuru abrió la boca para replicar de nuevo, pero de pronto les cayó un estruendoso rayo a un metro de sus espaldas, haciéndoles saltar por los aires.

—¡Uaah…!

La otra iris aterrizó ahí mismo, generando descargas amenazantes por todo su cuerpo. Como ya había revelado su elemento, no había necesidad de seguir guiñando su ojo, por lo que dejó ver su luz amarilla bajo la sombra de la capucha.

—Si esto es un desafío de poder, he de avisaros que me gusta darlo todo —sonrió, dejando claras sus intenciones de freírlos a rayos hasta dejarlos fuera de juego.

—¡Denjin-san! ¡Sácame de aquí, joder! —le dijo su compañero Hosha, todavía enterrado en el suelo un poco más allá.

—Tú sigue descansando ahí. Yo me encargo de estos dos críos.

—¡Ja! —carcajeó Drasik, y se puso en postura de ataque—. Ven cuando quieras, mina, tengo manoplas de sobra para reparti-… ¡uay!

Nakuru lo había agarrado del cuello de su sudadera y lo obligó a echar a correr y huir del lugar a toda mecha.

—¡Jooo, Nak! —berreó como un niño pequeño, corriendo junto a ella por las calles de la ciudad.

—¿¡Por qué te cuesta tanto entender que “descubrir sus elementos sin llegar al enfrentamiento” significa “descubrir sus elementos sin llegar al enfrentamiento”!?

—¡Porque las órdenes de Raijin me dan urticaria!

—¡Madre mía, Drasik! ¡Cada vez te pareces más a nuestro ex-Líder a niveles alarmantes!

—¡Oh! —la miró sorprendido, y se le formó una cara enormemente conmovida y halagada—. Ay, gracias.

—¡No era un halago!

Al mirar atrás, sin dejar de correr, vieron a la mujer de la MRS persiguiéndolos de cerca, y, de hecho, no parecía estar esforzándose mucho. Más bien, parecía disfrutar.

—Oh, no… está jugando con nosotros —se temió Drasik.

—¿A qué te refieres?

—¿No lo oíste? Ese Hosha, su compañero, hace un momento la llamó Denjin-san. Así que no es una Den-chan. Si esa tipa es una Denjin-san, significa que puede moverse casi a la velocidad de la luz y alcanzarnos literalmente en medio segundo… Pero no lo hace.

—Mierda, nos va a joder en cuanto le apetezca —masculló la chica con fastidio—. En cualquier caso, no podemos estar así, llamando la atención de la gente de la calle. Vayamos por encima de los edificios.

Ambos se metieron enseguida por un callejón vacío, para saltar desde ahí hasta lo alto de los edificios sin ser vistos. Sin embargo, nada más llegar a la azotea, la Den de la MRS apareció de repente delante de ellos, cortándoles el paso. Lo primero que hizo Drasik fue poner a Nakuru detrás de él, sabiendo que tenía el brazo en un estado delicado, y le hizo frente a la otra, la cual se reía con burla.









27.
Dos contra dos

Drasik y Nakuru estaban caminando por las calles de la ciudad en busca de algún miembro de la MRS. Eran aproximadamente las once de la noche, y como eran días festivos, había bastante gente por las calles yendo a lugares de ocio después de un duro lunes.

Siguiendo las sospechas de Raijin, habían revisado los puentes de los dos ríos casi paralelos que separaban Chiba de Tokio, pero no habían divisado a ningún miembro de la MRS rodando por ahí. Era algo de esperar. No tenían por qué estar ahí todo el tiempo, mientras sus otros compañeros no los avisasen de que su presa, Kyo, ya estaba cerca de pasar por ahí; a Kyo aún le quedaban algunas horas de camino. Pero sí que debían de andar cerca de la zona, para estar listos para cubrir los puentes si recibían de repente el aviso.

A Nakuru y a Drasik se les acababa el tiempo. Necesitaban confirmar sus posiciones y elementos. No sabían si custodiaban un río o el otro, así que decidieron quedarse por el distrito de Edogawa, el que estaba entre ambos ríos.

—Vale, fijo que deben de estar por este distrito —dijo Drasik, deteniéndose en medio de una acera—, pero ¿cómo vamos a averiguarlo? Hoy tenemos que dar con alguno definitivamente. Kyo estará a punto de llegar a Funabashi si no lo ha hecho ya, y el plasta de Raijin necesita la información de los elementos entre hoy y mañana. Y ya estamos a contrarreloj.

—Tenemos que hacer esto con prudencia, Dras —respondió Nakuru—. Recorremos las calles siguiendo una ruta ordenada hasta que veamos a algún miembro de la MRS. Por supuesto, tenemos que sospechar de cualquier persona que vaya encapuchada o con la cara tapada con cualquier prenda…

—Aaaagh… —Drasik soltó una especie de quejido, mirando hacia el cielo—. Típica actitud de “soldado ejemplar”, que encima es peor en los Suna.

—¡Oye! —protestó Nakuru.

—Te quiero, “hermana”, pero a veces tu forma de pensar de Suna es como la de un enorme pedrusco cuadrado.

—¿Te refieres a que tengo una forma de pensar fuerte y estable? —sonrió con sorna, cruzándose de brazos.

—Más bien aburrida e invariable. ¿Sabes qué le pasa al agua cuando se estanca?

—¿Que se está quieta y deja de molestar?

—No. Peor. Que se vuelve sucia y maloliente.

—¿Te vas a volver sucio y maloliente ahora?

—Acabaré así si seguimos llevando esto a tu manera. Y si algo has podido aprender de los Sui de tantos años que has vivido conmigo, ya debes de saber lo mucho que aborrecemos la suciedad. No vas a encontrar un cuerpo más limpio que el de un Sui —se señaló a sí mismo de arriba abajo varias veces—. Lo mismo pasa con nuestra mente, necesitamos fluir, avanzar…

—Creo que también tiene mucho que ver con tu condición sensible.

—Eh, sin faltar —refunfuñó el chico, levantando un dedo—. Los iris ejemplares como tú podríais aprender muchas cosas de los iris sensibles como yo.

—¿En qué te basas?

—En que nuestro propio Líder es uno de los iris más sensibles del mundo y aun así es el más poderoso de la Asociación.

—Ya, Drasik, pero recuerda que Neuval ha acabado sufriendo muchos problemas a lo largo de toda su vida debido a su condición sensible.

—Pero al menos terminaba el trabajo y cumplía las misiones con éxito. Sé que esto no entra dentro de la gran racionalidad de los iris ejemplares como tú, Lao, Sam o Kyo, y mucho menos dentro de la hipermegarracionalidad de Raijin, pero a veces hay que cagarla deliberadamente en algo para lograr el objetivo principal en el menor tiempo posible.

Nakuru respiró hondo y dejó salir un largo suspiro por la nariz. Drasik podía ser a veces un payaso escandaloso e infantil, pero también podía llegar a ser muy persuasivo.

—¿Qué propones?

—Que vengan ellos mismos a nosotros —sonrió Drasik.

—¿Cómo?

—Los de la MRS pueden ser unos grandes capullos —dijo mientras echaba a caminar calle abajo—. Pero siguen siendo iris.

Nakuru frunció el ceño y lo siguió por detrás. Mientras se metían por un callejón estrecho, Drasik se fue cubriendo la cabeza con la capucha, tapándose media cara hasta la nariz con una braga de nieve y sacando una pistola de debajo de su sudadera. Para cuando Nakuru quiso darse cuenta, nada más salir del callejón a una calle de comercio más transitada, empezó a disparar al aire.

—¡Arriba las manos, esto es un atraco!

—¡¡Sui-chaaan!! —le gritó Nakuru con los pelos de punta, alarmada, y se apresuró a ponerse la capucha también para ocultarse.

La gente de la calle empezó a gritar y a correr por todos lados.

—¡Eso es! ¡Os voy a robar a todos! —seguía el chico caminando entre ellos, y disparó de nuevo al aire—. ¡Soy un sucio criminal! ¡Mis padres no me daban suficientes abrazos!

—¡Te has vuelto loco! —Nakuru iba detrás de él, apurada.

—Tranqui, son balas de fogueo —le susurró Drasik, y se asomó al interior de una pequeña tienda de ropa—. ¡Atención, soy malvado y vengo a robaros! ¡Dadme todo vuestro dinero! ¡Que estoy muy loco!

Nakuru no se podía creer lo mal que interpretaba Drasik el papel de un humano criminal. Y aun así, los pocos clientes que había en la tienda gritaron con miedo y empezaron a sacar sus billeteras y cosas de valor para dárselas a Drasik.

—Ostras, si lo están haciendo de verdad… —se sorprendió el chico—. ¿Así de fácil se lo ponen los humanos inocentes a los criminales? No me extraña que los iris seamos tan imprescindibles en este mundo.

—¡Ahora mismo eres el peor iris, estás traumatizando a mucha gente! —le rugió Nakuru en voz baja, enfadada.

—¿Qui-qui-quiere también nuestros móviles, señor? —le preguntó tembloroso un chico endeble con gafas, tendiéndole su billetera y su teléfono.

—¿Qué cojones…? ¡No! —se enfadó Drasik—. ¿Qué pasa contigo, horchata en vena? Dije “dinero”, ¿y te me acercas voluntariamente para preguntarme si también me das tu móvil? ¿También vas a ofrecerme tu casa, tu vida o a tu madre? ¡Ten un poco de dignidad, pelotudo! ¡Eso de intentar hacerte el fiel servidor del atracador para ganarte su aprecio o su favor nunca funciona! “Mire qué bien me porto, así no me mata”. ¡Error! ¡Pedazo de forro! ¡Así sólo consigues que se aproveche de ti el triple y sales perdiendo más que si hubieses cerrado la boca y conservado un poco de dignidad! ¡Concha de la lora! ¡Humanos como tú nos hacen el trabajo más difícil…!

Nakuru se masajeaba el entrecejo, el resto de los clientes estaban muy confusos viendo al supuesto atracador echándole la bronca a ese pobre muchacho como si fuera su madre y no sabían qué hacer. Nakuru al final optó por agarrar a su compañero de los hombros y sacarlo de la tienda de nuevo a las calles, donde seguía habiendo gente alarmada.

¿¡Que no te llega agua al tanque!? ¡Repelotudísimo…! —seguía gritándole Drasik al otro chico, a pesar de que este ya no se enteraba de nada porque estaba vociferando en otro idioma.

—¡Sui-chan, céntrate! —le dijo Nakuru—. Ahora que has creado el caos en esta calle, ¿quién esperas que llegue primero, la poli o la MRS?

—¡Hah! —se rio, le dio unas palmadas entusiasmadas en el brazo y le señaló al final de la calle—. ¿Desde cuándo la poli llega antes que los iris?

Nakuru entonces se fijó donde señalaba, y entre el alboroto vio a un hombre, tapado con gorro, bufanda y gafas de sol a pesar de ser de noche, viniendo directamente hacia ellos a zancadas, intentando no chocarse con la gente, que huía de allí en dirección contraria.

—Hostia… —murmuró Nakuru, perpleja.

—¡Corre, Suna, correee…! —Drasik salió pitando felizmente, podría decirse que se lo estaba pasando en grande.

Nakuru se separó de él, huyendo por la callejuela de al lado antes de que el otro tipo la viera, el cual solamente tenía a Drasik por objetivo, pues era la única persona encapuchada y con pistola del lugar y saltaba a la vista que parecía el criminal que había disparado hace unos minutos al aire.

Drasik corrió unos metros más calle arriba y se desvió por una pequeña vía cortada por obras, saltando una valla que cercaba el perímetro de un edificio en construcción, a esas horas vacío y apenas iluminado por unos focos lejanos. Miró atrás para ver si el otro tipo lo había seguido, pero este de pronto aterrizó desde las alturas justo detrás de él, directamente abalanzándose hacia él. Pero Drasik tenía buenos reflejos y una gran agilidad, y lo esquivó dando una voltereta hacia atrás.

—Dame el arma, escoria —le ordenó el tipo, que debía de tener treinta y tantos, y era un poco bajito, pero tenía una ancha espalda.

—Relaja, pibe, es de fogueo —sonrió Drasik, manteniendo el ojo izquierdo guiñado para que esa penumbra no revelara el color de la luz de su ojo a su oponente.

—¿Te cachondeas de mí? Tenía que aparecer un crío jugando a gánster con una pistola de juguete justo cuando estoy ocupado con otra cosa…

—Nadie te ha pedido perseguirme.

—Limpiar el mundo de rufianes como tú es mi puto deber, criajo. Vamos, dame el arma para que pueda seguir con mis asuntos. Si vuelves a amenazar o a atacar a gente inocente te juro que te derrito la piel —fue dando pasos hacia él, con la mano extendida.

«¿Derretir la piel?» pensó Drasik, «¿Qué tipo de iris diría algo así? ¿Un Ka? No sé… Cuando el fuego quema la piel, ¿la derrite? O a lo mejor es un Hosha, y se refiere a su energía radiactiva… ¿Y si sólo ha usado ese verbo al azar para sonar desagradable? Agh… Tengo que hacer que me revele su elemento de alguna forma, pero sin que sepa el mío, ni que soy de la KRS».

—¡Bugh! —exclamó Drasik al recibir el placaje del otro, por haber bajado la guardia de tanto quedarse pensando.

Aplastado por él contra el suelo, Drasik intentó aprovechar ese instante para quitarle las gafas de sol de la cara, pero se dio cuenta de que él también quiso aprovechar ese momento para quitarle la pistola de la mano. Empezaron a forcejear, rodando por el suelo.

—¡No me jodas, niñato! —protestó el otro—. ¿¡Incluso en esta situación te pones a intentar robarme las gafas!?

—Usas una marca muy cara y muy cool —contestó Drasik, haciendo fuerza contra sus brazos—. Y eres demasiado feo para lucirlas… ¡Hazles un favor a todas las mujeres de este país y cédemelas a mí!

—¿¡Así que todo aquel alboroto en la tienda de ropa era para robar accesorios de moda para ligar con chicas!? ¡Te juro que los delincuentes juveniles de hoy en día me ponéis enfermo!

—¡Es una maldición con la que sólo los hombres guapos tenemos que cargar! ¡No podemos ponernos cualquier baratija! —dramatizó Drasik—. ¡Tú no lo entenderías, eres afortunado!

—¿Pero qué coño está pasando…? —murmuró el otro con sorpresa, sin entender por qué le estaba costando tanto contrarrestar la fuerza de alguien a quien él creía un simple delincuente humano—. Esto no es normal… ¡Tú no eres…! ¡Ugh!

Drasik por fin se lo quitó de encima, dándole una patada en el estómago tan fuerte que el otro salió despedido a varios metros de distancia hasta chocar con uno de los pilares de hormigón de la estructura del nuevo edificio, y cayó al suelo, levantando una nube de polvo. Drasik se puso en pie y en guardia. Su oponente no tardó en reponerse, ileso, pero se quedó muy quieto mirándolo, con una cara muy inexpresiva.

—Qué —le espetó Drasik.

De repente, el otro se giró y echó a andar sin más, marchándose.

—¡Oye! ¿¡Pero a dónde vas!? —se ofendió Drasik, y dio un gran salto, aterrizando delante de él, a una distancia prudente.

—A dejar de perder mi tiempo. Aparta.

—¡Soy un sucio criminal! ¡No puedes dejarme plantado!

—Oye, mira… —le dijo el otro, con gestos tajantes—. Lamento mucho la falta de ácido fólico que tenía tu madre antes de parirte o el golpetazo en la cabeza que te diste de niño mientras te metías crayones por la nariz, pero esta bromita se pasa de estúpida.

—¡Eh! Se supone que aterrorizar a humanos inocentes no es ninguna broma. Incluso si es con balas de fogueo.

—Claramente, debes de ser un iris enfermo de majin en mitad de uno de sus brotes buscando pelea por diversión —farfulló el hombre—. Pero eso ya es problema de tu Líder o de Alvion. Yo me largo.

Obviamente, el iris de la MRS ignoraba el verdadero plan de su adversario y solamente estaba especulando el motivo por el que un iris desconocido lo estaba atacando, pero, aunque no debería en absoluto, Drasik se tomó su comentario de forma demasiado personal. Una rabia inesperada brotó de la nada y le nubló la mente durante unos pocos segundos. Por eso, el muchacho agarró la pesada máquina mezcladora de cemento que tenía al lado con una mano y se la lanzó.

—¡Yo no estoy enfermo de nada! —le espetó.

El otro hombre derribó la mezcladora de 120 kilos a un lado con un simple manotazo y se mostró indiferente.

—A lo mejor te viene bien que alguien te baje los humos —dijo mientras se arremangaba los brazos.

Sin embargo, justo cuando dio el primer paso para encararse con Drasik, dio un resbalón y se cayó de culo, soltando un gemido dolorido, pues no cayó sobre un terreno arenoso, sino sobre una dura y fría placa de hielo. Antes, en algún momento mientras hablaban, Drasik había estado dirigiendo agua bajo los pies de su adversario sin que se diera cuenta, formando un charco que después congeló.

En la caída, al hombre se le cayeron las gafas de sol, y cuando se incorporó y miró perplejo a Drasik, se pudo al fin vislumbrar la luz de color azul oscuro que emitía su ojo izquierdo.

—¡Ajá! ¡Eres un Hosha! —celebró Drasik, orgulloso de su pequeña jugarreta, pero luego, pensándolo bien, se le fue borrando la sonrisa, sobre todo al ver la cara furiosa que se le estaba poniendo al otro—. Mierda, eres un Hosha…

El hombre apretó los puños con fuerza y se le iluminaron de un rojo incandescente. Drasik le lanzó una barra de acero que encontró por el suelo, pero la barra se derritió en un segundo a medio metro antes de alcanzarlo. Esto al menos le sirvió al chico para saber que la distancia de seguridad para que su adversario no lo calcinase estaba en el medio metro. Tocarlo en ese estado era impensable. Por eso, Drasik se puso a huir despavorido de él, saltando hacia el edificio en construcción, que todavía era un esqueleto de pilares, columnas y vigas.

Drasik contaba con una agilidad sublime, pero el otro contaba con más velocidad. Se movían entre las estructuras de metal y hormigón a toda velocidad, hasta que volvieron a aterrizar en el suelo y Drasik se escondió detrás de una apisonadora entre varios montones de arena y grava.

—¡Criajo! —oyó que el otro lo llamaba unos metros más allá—. Alguien te está mandando mensajes sin parar preguntando dónde te has metido.

—O… ¡Oye! —se enfadó Drasik—. ¡No interceptes mis mensajes, cabrón, eso es privado!

Esa era una de las razones por las que usar móviles u otros aparatos como las radios para comunicarse cuando se estaba teniendo un enfrentamiento contra otra RS era desaconsejable. Los Hosha, que dominaban las energías radiantes, podían percibir las señales electromagnéticas o de radio que fluían por su entorno. En una ciudad, la cantidad de estas señales era abismal y continua. Los Hosha de nivel bajo no podían percibir una en concreto sin marearse. Pero este de aquí era uno de nivel medio, y estaba más acostumbrado.

A los pocos segundos de eso, Nakuru, que acababa de posarse en lo alto de una viga del edificio en construcción, por fin encontró a Drasik allá abajo, escondido tras la apisonadora, y al otro miembro de la MRS merodeando cerca. «Mierda… ¡Lo sabía!» resopló la chica con fastidio. «Ha terminado en medio de una pelea, ¡como siempre!».

—Con suerte, será alguien de tu RS que te venga a recoger y a darte un escarmiento por la cagada de tu majin —siguió el Hosha picando al muchacho.

Oír aquello volvió a molestar a Drasik sobremanera. Rabioso, enganchó las manos en la base de la apisonadora, con intención de levantarla, pero los Sui como él no alcanzaban a tener tanta fuerza como para levantar diez toneladas, como mucho solamente tres.

—¡Te he dicho… —hizo más fuerza, y terminó, al menos, volcando la pesada máquina—… que no estoy enfermo!

El otro apareció subido sobre el enorme vehículo volcado, mirándolo desde ahí arriba con una sonrisa condescendiente.

—Tranquilo, chaval. No eres el único aquí con esa carga. La diferencia es que, o bien yo lo disimulo mejor, o bien tú tienes más grados que yo.

El Hosha saltó hacia él más rápido de lo que Drasik pudo reaccionar, pero en medio del salto recibió el impacto repentino de un torbellino de arena, que lo empujó lejos de Drasik. Este miró sorprendido por todas partes, hasta encontrar allá en la cima del edificio la silueta negra de Nakuru, con el brillo de la luz naranja de su ojo.

—¡Muy buena, Suna-chan! —le dijo felizmente, pero desde ahí podía oír los dientes de su amiga rechinando—. Uy, ya está cabreada conmigo…

Con el poder de su iris, Nakuru removió las arenas del terreno y enterró a su adversario hasta la barbilla, volviendo a endurecer la tierra a su alrededor para aprisionarlo e inmovilizarlo.

—Mier… da… —gruñó el Hosha, haciendo esfuerzos por salir del suelo.

No podía hacer nada, porque no tenía la fuerza suficiente para contrarrestar la presión de la tierra. Lo único que podía hacer era usar su energía radiante para calentar la arena lo suficiente para convertirla en vidrio líquido, del cual le sería más fácil salir –aunque acabaría con la ropa chamuscada y él desnudo–. Pero para eso necesitaría bastante tiempo.

Mientras Drasik se reía de él, a Nakuru le mosqueaba algo. «No me cuadra que ese miembro de la MRS estuviera solo» pensó. «Si la mitad de la MRS está esperando a acorralar a Kyo en su regreso, si se alejan un rato de sus puestos para comer o descansar, lo hacen en grupo o en parejas. Antes de que Drasik armara el escándalo, ese tipo debía de estar al menos con uno de sus…».

—¿De qué va esto? —una voz femenina a sus espaldas la sobresaltó.

Nakuru se giró de golpe, y en esa oscuridad vio la silueta negra de una mujer, vestida de negro y con la capucha de su chaqueta ocultando su cara. No se veía ninguna luz en ella. Igual que estaba haciendo Nakuru, la otra estaba manteniendo su ojo izquierdo guiñado para no revelar su luz y con ella su elemento así de primeras.

—¿Con qué propósito nos estáis atacando, mocosos? —preguntó la mujer—. ¿De qué RS sois?

Nakuru procuró no decir ni una palabra. Cuantos menos detalles diera de sí misma, mejor. Pero lo tenía crudo, porque estaba de cuclillas justo en el extremo de la viga, y la otra iris estaba agachada también de cuclillas en la mitad, impidiéndole el paso para huir por el edificio, por lo que Nakuru estaba en el borde del precipicio. Tenía que actuar rápido, porque estaba percibiendo claramente que esa mujer estaba preparada para atacarla.

Las dos se quedaron muy quietas, en tensión. Después de unos segundos, Nakuru hizo su intento de esquivarla saltando por encima de ella, pero la otra fue extremadamente veloz y le lanzó un rayo con su puño que sonó como un trueno. Nakuru recibió el impacto, aunque se protegió con el brazo en el último momento, y cayó del edificio 60 metros hasta el suelo, creando un pequeño cráter.

—Ay… —musitó.

—¡Suna! —gritó Drasik con horror, corriendo hasta ella, pensando que se había matado, y se arrodilló a su lado—. ¡Dios mío! ¡Dime algo! ¿¡Estás bien!?

—Sí, joder, no grites tanto —protestó ella, y se incorporó con un poco de dificultad, con el brazo derecho encogido contra su pecho—. Parece que hemos encontrado al Hosha y a la Den de la MRS.

—¿Qué te pasa en el brazo? —señaló Drasik, observando con sorpresa que, bajo la manga de su chaqueta, la mano reflejaba un poco la luz lejana de los focos, como si estuviera muy pulida.

—He frenado el rayo con mi brazo, pero como consecuencia parte de él se me ha convertido en vidrio. No te preocupes, volverá a la normalidad en unos minutos, pero mientras tanto no puedo mover el brazo y sobre todo no puedo dejar que se me parta.

Una ventaja con la que corrían los Suna, es que, al igual que la arena o la piedra, eran personas literalmente duras y resistentes, tanto como para sobrevivir grandes colisiones, golpes o caídas de mucha altura. Además, eran inmunes a la electricidad, si bien podían sufrir las consecuencias de sus impactos.

—No temas, yo te protegeré, Suna-chan —le dijo Drasik, ayudándola a ponerse en pie.

—¡Eres tú quien nos ha metido en este lío! —gruñó ella.

—¡Pero fíjate! ¡Ya hemos descubierto dos elementos, y sólo ha pasado media hora! —sonrió él.

Nakuru abrió la boca para replicar de nuevo, pero de pronto les cayó un estruendoso rayo a un metro de sus espaldas, haciéndoles saltar por los aires.

—¡Uaah…!

La otra iris aterrizó ahí mismo, generando descargas amenazantes por todo su cuerpo. Como ya había revelado su elemento, no había necesidad de seguir guiñando su ojo, por lo que dejó ver su luz amarilla bajo la sombra de la capucha.

—Si esto es un desafío de poder, he de avisaros que me gusta darlo todo —sonrió, dejando claras sus intenciones de freírlos a rayos hasta dejarlos fuera de juego.

—¡Denjin-san! ¡Sácame de aquí, joder! —le dijo su compañero Hosha, todavía enterrado en el suelo un poco más allá.

—Tú sigue descansando ahí. Yo me encargo de estos dos críos.

—¡Ja! —carcajeó Drasik, y se puso en postura de ataque—. Ven cuando quieras, mina, tengo manoplas de sobra para reparti-… ¡uay!

Nakuru lo había agarrado del cuello de su sudadera y lo obligó a echar a correr y huir del lugar a toda mecha.

—¡Jooo, Nak! —berreó como un niño pequeño, corriendo junto a ella por las calles de la ciudad.

—¿¡Por qué te cuesta tanto entender que “descubrir sus elementos sin llegar al enfrentamiento” significa “descubrir sus elementos sin llegar al enfrentamiento”!?

—¡Porque las órdenes de Raijin me dan urticaria!

—¡Madre mía, Drasik! ¡Cada vez te pareces más a nuestro ex-Líder a niveles alarmantes!

—¡Oh! —la miró sorprendido, y se le formó una cara enormemente conmovida y halagada—. Ay, gracias.

—¡No era un halago!

Al mirar atrás, sin dejar de correr, vieron a la mujer de la MRS persiguiéndolos de cerca, y, de hecho, no parecía estar esforzándose mucho. Más bien, parecía disfrutar.

—Oh, no… está jugando con nosotros —se temió Drasik.

—¿A qué te refieres?

—¿No lo oíste? Ese Hosha, su compañero, hace un momento la llamó Denjin-san. Así que no es una Den-chan. Si esa tipa es una Denjin-san, significa que puede moverse casi a la velocidad de la luz y alcanzarnos literalmente en medio segundo… Pero no lo hace.

—Mierda, nos va a joder en cuanto le apetezca —masculló la chica con fastidio—. En cualquier caso, no podemos estar así, llamando la atención de la gente de la calle. Vayamos por encima de los edificios.

Ambos se metieron enseguida por un callejón vacío, para saltar desde ahí hasta lo alto de los edificios sin ser vistos. Sin embargo, nada más llegar a la azotea, la Den de la MRS apareció de repente delante de ellos, cortándoles el paso. Lo primero que hizo Drasik fue poner a Nakuru detrás de él, sabiendo que tenía el brazo en un estado delicado, y le hizo frente a la otra, la cual se reía con burla.





Comentarios

  1. Es super triste empezar a leer como fue la infancia de Neuval y todo lo que sufrio siendo apenas un niño.

    Es normal que luego su mayor deseo fuese rescatar a cada niño y darles consuelo y ganas de luchar.

    Dar ese voto de confianza Lei Lian tuvo que ser dificil, hay realmente muchas personas en el mundo traicioneras que no dudaria en abusar de un niño. Por suerte para él, Kei Lian es un pan de dios.

    Literalmente le enviaron un angel a ese callejón para salvarlo.

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