1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __
La tarde fue transcurriendo lentamente. Paseando por la arboleda del gran cementerio de Aoyama del distrito de Minato, vecino de Shibuya, comenzaban a caer copos de nieve que iban a desaparecer en el frío suelo de piedra. Era como si todo se hubiese calmado de repente, todo estaba silencioso, y se respiraba una paz inmensa. Cleven no supo si sólo era porque estaban ahí, o si el resto de la ciudad compartía esa tarde de armonía.
La verdad, ahora mismo debería estar yendo a la dirección que consiguió del instituto, para comprobar si su tío Brey seguía viviendo en ella y conocerlo de una vez por todas. Debería estar cumpliendo con el plan por el cual se había fugado de casa. Pero ¿cómo iba a rechazar una invitación del propio Raijin para acompañarlo a un lugar donde él tenía historia? Estar en el cementerio podía revelar nuevas cosas sobre él, y Cleven no podía resistirse.
Miró al frente, donde iba él en cabeza, en silencio. Todavía no podía creerse del todo que la hubiese invitado a acompañarlo a visitar a sus seres queridos, era como un extraño sueño. No lo de ver a los muertos, sino que él la quisiera a su lado para algo tan personal.
Cleven empezaba a ver en él nuevos aspectos que la desconcertaban tanto como la maravillaban. Se dio cuenta de que en el fondo él era una persona extraordinariamente buena, solo que el mundo había construido una coraza de soledad en su corazón, y por eso él tenía esa forma de ser con los demás. Puede que hiciera daño con sus palabras o su actitud, pero es porque no sabía cómo tratar con la gente normal, no lo hacía a sabiendas. Se protegía del colosal mar de sentimientos que inundaba al mundo, un mar que le superaba, que no alcanzaba a comprender y se había cansado de intentarlo.
Ella, llegada a este punto, sabía que ese chico había sufrido bastante y aún estaba cicatrizando. Empezó a pensar que tal vez sus palabras de la noche anterior, llenas de dureza, habían conseguido romper un poco esa coraza de hielo. Esperaba con todas sus fuerzas poder llegar a destruirla del todo algún día.
Entonces, se le vino la gran pregunta a la cabeza en ese momento. ¿Se estaba enamorando de él, o de su deseo de ayudarlo? ¿Se estaba enamorando de las pocas cosas que sabía de él, o de las muchas cosas que no sabía de él y aún eran un misterio? A estas cosas… ¿se las podía llamar “enamorarse”, para empezar? Por primera vez, Cleven se sintió confusa sobre sus propias intenciones con Raijin.
Tras varios minutos caminando, llegaron a la zona central del cementerio. Cleven observó aquello con admiración, era bastante acogedor. Cientos de blancas lápidas abarcaban las pequeñas colinas y llanos, hasta más allá. Había árboles por todas partes de hoja perenne que adornaban el lugar, acumulando en sus ramas mantos blancos, y varios mausoleos de lujo. Aún quedaban restos de las flores de los visitantes y había otras personas caminando por entre las lápidas.
—Oye... —la llamó Raijin con su tono apático, a unos metros por delante de ella.
Cleven se dio cuenta de que se había quedado atrás, y corrió apresurada hacia él, siguiéndolo hasta lo alto de una de las colinas.
—Creo que mi madre debe de estar por aquí —comentó Cleven, observando las lápidas al paso.
—¿Nunca la visitas?
—Yo... bueno... —se avergonzó—. No, desde hace varios años. Mi padre dejó de llevarnos a mí y a mis hermanos... mm...
—Ya, entiendo —dijo él.
—¿El qué entiendes? —preguntó Cleven.
—Que eso significa que tu padre no ha superado la muerte de tu madre, es evidente.
Cleven se quedó algo acongojada al oír eso. La verdad es que nunca había reparado en ello; la verdad, en todos esos años nunca había prestado atención suficiente a su padre como para saber cómo se sentía.
—Bueno, ya la superará —supuso Cleven.
—¿Hace mucho que tu madre murió? —preguntó Raijin—. ¿Por lo menos hace más de cinco años?
—Sí, ¿por qué? ¿Qué quiere decir eso?
—Que entonces tu padre no va a superar esa muerte jamás. Pero fue hace más de cinco años, así que lo que tu padre sí puede lograr, es fingir ante los demás que sí lo ha superado.
Cleven se quedó callada y más abrumada, pensando en ello. Raijin tampoco dijo nada más. Los dos se detuvieron frente a una fila de lápidas en lo alto de la colina, bajo un enorme pino. Debía haber como unas dos docenas de lápidas, y varias de ellas estaban cubiertas por hiedras que tapaban los grabados del mármol y en su base reposaban flores ya marchitas.
—¿No traes flores? —preguntó Cleven, alzando la vista para mirarlo a los ojos.
—Me parece una estupidez. Los muertos no ven las flores, ni les importan. Además, acaban muriendo, marchitándose, es una ironía que no me agrada mucho.
—Pero no se trata de que los muertos las vean o las huelan, es un símbolo. Ya sabes, los humanos tenemos tradiciones y simbologías.
—Todas ellas carecen de lógica para mí, no hay un fin productivo o de utilidad en algo así —insistió Raijin sin variar lo más mínimo su tono impasible y serio.
—Vaya, cómo eres —musitó con sorna, y vio que Raijin se paraba frente a una lápida, se agachaba frente a ella y le quitó las hiedras que la cubrían.
Cleven se agachó a su lado y ambos se quedaron mirando en silencio la piedra grabada.
—¿Me vas a contar quiénes son? —le sonrió—. Si no te importa. Me gustaría saberlo.
Raijin cerró los ojos un momento y después los abrió, apoyando los codos en las rodillas, contemplando con infinita serenidad la lápida.
—Está todo escrito en chino en esta, ¿verdad? —descubrió la joven—. ¿Qué pone?
—Yue —pronunció él con voz firme—. "Yue Saitou. Amada hija de Joji y Norie. Nuestra luz en la oscuridad".
—Oh... —murmuró pensativa—. Joji... y Norie Saitou... Me suenan mucho esos nombres. ¿Joji Saitou y Norie Saitou no son...? Mmm... Se les menciona a veces en noticias de política.
—Así es. Yue era la hija adoptiva de Norie y Joji Saitou —le explicó—. Norie es la secretaria general del Ministerio de Interior, y Joji lo es del Ministerio de Defensa. Son dos personas importantes del Gobierno. Las manos derechas de sendos ministros de Interior y de Defensa.
—Ah, sí, eso... —hizo aspavientos, pues no le interesaba la política—. Alguna vez han salido en las noticias, y se los ve como un hombre y una mujer superserios.
—Sí, ellos son así.
—¿Conoces entonces a esas dos personas importantes del Gobierno? Dime, ¿quién era Yue?
Raijin tardó un poco en contestar, dubitativo.
—Era mi novia.
Ahí fue cuando Cleven se quedó muda. Miró con gran sorpresa al chico, luego apartó la vista a otro sitio y frunció el ceño. «Su novia...» pensó frustrada «Su novia... Tengo delante de mis narices a la novia de Raijin... Maldita sea, esto no es justo. No puede ser, no sabía que hubiese perdido a alguien así. ¿Qué estoy haciendo yo entonces? ¿He...? ¡He estado todo este tiempo intentando hacerme con Raijin sin importarme si hubo alguien más para él!, ¿qué clase de monstruo soy?».
Cleven no quería creerlo. Al parecer no tenía nada que hacer, había estado gastando su tiempo en vano. Observó de nuevo al chico, el cual seguía mirando la lápida con una expresión indescifrable en los ojos. Ahí lo supo. Supo que Raijin sólo tenía corazón para esa tal Yue, a pesar de que estaba muerta.
«¿Qué estoy haciendo?» se repitió, sintiéndose fatal. «Esa chica debió de ser una persona increíble como para haberse convertido en la novia de un chico así. No puedo competir con eso. Es como si me estuviese entrometiendo...». Realmente se sintió como un bicho, un insignificante bicho comparada con Yue. Podía ver en ese momento cómo Raijin observaba la lápida, como si estuviese viendo en su mente los viejos recuerdos. Nada más ver eso supo que esa chica fue única para él.
—Estás muy callada, qué raro —dijo Raijin.
Cleven pegó un brinco y lo miró con sobresalto, poniéndose roja.
—No, es que... yo... Me ha sorprendido, sólo eso.
—¿Que yo haya tenido novia hace tiempo? —preguntó, arqueando una ceja.
Cleven se encogió de hombros como respuesta. No era exactamente porque hubiese tenido una novia, sino porque esta hubiese fallecido, pero no quería comentarle eso.
—Debió de ser una gran persona —le dijo Cleven—. Si sigues recordándola así y visitándola.
—Sí. Lo fue.
—Esto... ¿Cuánto hace... que murió?
—Hace cinco años. Teníamos 14 años cuando nos conocimos. Ella era una niña adoptada en una familia importante. Sus padres, ambos trabajan en la seguridad del país, así que a ella la controlaban mucho y la sobreprotegían, como sería de esperar. Por si fuera poco, Yue además tenía una salud frágil. Nuestra relación nunca fue fácil, porque por supuesto sus padres no iban a dejar que ella se relacionara con un chico de la calle sin casa y sin nada. Siempre teníamos que vernos a escondidas.
—¿Sin casa y sin nada? —se sorprendió—. Raijin, ¿cómo es eso?
—Me quedé huérfano a los 4 años —le contó, mientras arrancaba hierbitas de donde estaba sentado—. Estuve hasta los 10 años al cuidado de mi hermana, pero ella ya estaba casada y con hijos, y había otras circunstancias por medio que nos dificultaba la vida. No quería seguir siendo una carga ni ver a mi hermana sobresaturada. Por eso, la convencí para que me dejara irme a una casa de acogida. Pensaba que era lo mejor para ella y para mí. Al principio estuve bien. Pero a los dos o tres años, tuve que largarme de ese lugar.
—¿Por qué?
—Al final resultó no ser un buen lugar —Raijin se encogió de hombros, acortando toda la historia en esa respuesta—. Le mentía a mi hermana para que siguiese creyendo que vivía allí y sin problema. Estuve arreglándomelas solo desde los 13 años, y trabajé en varias cosas para ganar dinero. Y por esas fechas... mi hermana murió de forma inesperada.
Cleven escuchaba embelesaba todo lo que le contaba, no podía ni parpadear. Se le encogió el estómago al oír que aparte de sus padres, también acabó perdiendo a su hermana.
—Ya a los 14, una anciana que conocía desde pequeño, Agatha, estuvo ayudándome y dándome cobijo cada vez que lo necesitaba. Me obligaba a ir al colegio, pero no solía ir casi nunca. Fue en esa época cuando la conocí, a Yue. Jamás fui tan feliz —dijo, mirando a Cleven a los ojos—. A pesar de que nuestros encuentros eran difíciles y escasos —añadió—. Su padre intentó atraparme en numerosas ocasiones, pero Yue siempre conseguía escaparse para encontrarme. Todo se acabó un año después, cuando ella murió. Ella también —suspiró, y miró hacia el cielo nublado—. Todos, uno tras otro...
Cleven permaneció un largo rato en silencio, recapacitando. Todo lo que había escuchado no era más que un resumen muy corto de la historia real, pero para ella fue suficiente.
—¿Cómo murió? —musitó, evitando mirar a Raijin, pues se sentía incómoda.
—Preferiría no contestar a eso.
—Hm... —asintió—. Entonces, estos últimos cinco años, ¿te las has arreglado tú solo para llegar hasta donde has llegado? Parece que ahora te va todo bien.
—He tenido alguna que otra ayuda. Después de la muerte de Yue, Agatha consiguió convencerme para hacer el instituto. Lo acabé y entré en la universidad.
«Vaya...» se lamentó Cleven, «Hace cinco años. Me pregunto si Raijin ya habrá superado la muerte de Yue, si su teoría que me mencionó antes es cierta».
—¿Por qué me has contado todo esto?
—¿Que por qué? —casi se sorprendió Raijin por la pregunta—. Porque no has parado de preguntarme acerca de mi vida, poniéndote muy pesada. Ahora que ya lo sabes, podré respirar un poco de paz.
—Oye —se mosqueó, pero después sonrió—. Gracias por hacer el sacrificio.
—¿Por qué te intereso tanto? Siempre me encuentro contigo, y después no te despegas de mí, lapa.
—Ah, eh... no, es que... —se sonrojó con vergüenza, por supuesto no le iba a decir lo que sentía por él, no en ese momento, así que cambió de tema descaradamente—. ¿Cómo es que... has querido que te acompañase a este lugar?
—No me gusta venir solo —contestó sin más, mientras se encendía un cigarrillo tranquilamente.
«Esa respuesta contradice muchas cosas» pensó la joven, frunciendo el ceño con extrañeza, pero no le dio más vueltas. Se sentía afortunada.
—¿No vas a visitar a tus padres y a tu hermana también? —le preguntó.
El rubio fue a contestar, pero una voz familiar los sorprendió a sus espaldas.
—¡Raijin! —exclamó Sam, corriendo colina arriba hacia ellos.
Los dos se pusieron en pie de un salto, y Sam fue aminorando la marcha hasta detenerse a unos metros de ellos. Primero miró a Cleven, confuso, y luego a Raijin.
—Uy... —murmuró, frunciendo el ceño.
—No es lo que piensas —masculló el rubio con mosqueo—. ¿Qué pasa?
Sam se abstuvo de responder, y Raijin se dio cuenta de que miraba a Cleven por ello, entonces entendió. Kyo ya estaba preparado para realizar su plan del engaño, pero hablar de los asuntos de los iris no era algo que debieran hacer delante de humanos como Cleven.
La tarde fue transcurriendo lentamente. Paseando por la arboleda del gran cementerio de Aoyama del distrito de Minato, vecino de Shibuya, comenzaban a caer copos de nieve que iban a desaparecer en el frío suelo de piedra. Era como si todo se hubiese calmado de repente, todo estaba silencioso, y se respiraba una paz inmensa. Cleven no supo si sólo era porque estaban ahí, o si el resto de la ciudad compartía esa tarde de armonía.
La verdad, ahora mismo debería estar yendo a la dirección que consiguió del instituto, para comprobar si su tío Brey seguía viviendo en ella y conocerlo de una vez por todas. Debería estar cumpliendo con el plan por el cual se había fugado de casa. Pero ¿cómo iba a rechazar una invitación del propio Raijin para acompañarlo a un lugar donde él tenía historia? Estar en el cementerio podía revelar nuevas cosas sobre él, y Cleven no podía resistirse.
Miró al frente, donde iba él en cabeza, en silencio. Todavía no podía creerse del todo que la hubiese invitado a acompañarlo a visitar a sus seres queridos, era como un extraño sueño. No lo de ver a los muertos, sino que él la quisiera a su lado para algo tan personal.
Cleven empezaba a ver en él nuevos aspectos que la desconcertaban tanto como la maravillaban. Se dio cuenta de que en el fondo él era una persona extraordinariamente buena, solo que el mundo había construido una coraza de soledad en su corazón, y por eso él tenía esa forma de ser con los demás. Puede que hiciera daño con sus palabras o su actitud, pero es porque no sabía cómo tratar con la gente normal, no lo hacía a sabiendas. Se protegía del colosal mar de sentimientos que inundaba al mundo, un mar que le superaba, que no alcanzaba a comprender y se había cansado de intentarlo.
Ella, llegada a este punto, sabía que ese chico había sufrido bastante y aún estaba cicatrizando. Empezó a pensar que tal vez sus palabras de la noche anterior, llenas de dureza, habían conseguido romper un poco esa coraza de hielo. Esperaba con todas sus fuerzas poder llegar a destruirla del todo algún día.
Entonces, se le vino la gran pregunta a la cabeza en ese momento. ¿Se estaba enamorando de él, o de su deseo de ayudarlo? ¿Se estaba enamorando de las pocas cosas que sabía de él, o de las muchas cosas que no sabía de él y aún eran un misterio? A estas cosas… ¿se las podía llamar “enamorarse”, para empezar? Por primera vez, Cleven se sintió confusa sobre sus propias intenciones con Raijin.
Tras varios minutos caminando, llegaron a la zona central del cementerio. Cleven observó aquello con admiración, era bastante acogedor. Cientos de blancas lápidas abarcaban las pequeñas colinas y llanos, hasta más allá. Había árboles por todas partes de hoja perenne que adornaban el lugar, acumulando en sus ramas mantos blancos, y varios mausoleos de lujo. Aún quedaban restos de las flores de los visitantes y había otras personas caminando por entre las lápidas.
—Oye... —la llamó Raijin con su tono apático, a unos metros por delante de ella.
Cleven se dio cuenta de que se había quedado atrás, y corrió apresurada hacia él, siguiéndolo hasta lo alto de una de las colinas.
—Creo que mi madre debe de estar por aquí —comentó Cleven, observando las lápidas al paso.
—¿Nunca la visitas?
—Yo... bueno... —se avergonzó—. No, desde hace varios años. Mi padre dejó de llevarnos a mí y a mis hermanos... mm...
—Ya, entiendo —dijo él.
—¿El qué entiendes? —preguntó Cleven.
—Que eso significa que tu padre no ha superado la muerte de tu madre, es evidente.
Cleven se quedó algo acongojada al oír eso. La verdad es que nunca había reparado en ello; la verdad, en todos esos años nunca había prestado atención suficiente a su padre como para saber cómo se sentía.
—Bueno, ya la superará —supuso Cleven.
—¿Hace mucho que tu madre murió? —preguntó Raijin—. ¿Por lo menos hace más de cinco años?
—Sí, ¿por qué? ¿Qué quiere decir eso?
—Que entonces tu padre no va a superar esa muerte jamás. Pero fue hace más de cinco años, así que lo que tu padre sí puede lograr, es fingir ante los demás que sí lo ha superado.
Cleven se quedó callada y más abrumada, pensando en ello. Raijin tampoco dijo nada más. Los dos se detuvieron frente a una fila de lápidas en lo alto de la colina, bajo un enorme pino. Debía haber como unas dos docenas de lápidas, y varias de ellas estaban cubiertas por hiedras que tapaban los grabados del mármol y en su base reposaban flores ya marchitas.
—¿No traes flores? —preguntó Cleven, alzando la vista para mirarlo a los ojos.
—Me parece una estupidez. Los muertos no ven las flores, ni les importan. Además, acaban muriendo, marchitándose, es una ironía que no me agrada mucho.
—Pero no se trata de que los muertos las vean o las huelan, es un símbolo. Ya sabes, los humanos tenemos tradiciones y simbologías.
—Todas ellas carecen de lógica para mí, no hay un fin productivo o de utilidad en algo así —insistió Raijin sin variar lo más mínimo su tono impasible y serio.
—Vaya, cómo eres —musitó con sorna, y vio que Raijin se paraba frente a una lápida, se agachaba frente a ella y le quitó las hiedras que la cubrían.
Cleven se agachó a su lado y ambos se quedaron mirando en silencio la piedra grabada.
—¿Me vas a contar quiénes son? —le sonrió—. Si no te importa. Me gustaría saberlo.
Raijin cerró los ojos un momento y después los abrió, apoyando los codos en las rodillas, contemplando con infinita serenidad la lápida.
—Está todo escrito en chino en esta, ¿verdad? —descubrió la joven—. ¿Qué pone?
—Yue —pronunció él con voz firme—. "Yue Saitou. Amada hija de Joji y Norie. Nuestra luz en la oscuridad".
—Oh... —murmuró pensativa—. Joji... y Norie Saitou... Me suenan mucho esos nombres. ¿Joji Saitou y Norie Saitou no son...? Mmm... Se les menciona a veces en noticias de política.
—Así es. Yue era la hija adoptiva de Norie y Joji Saitou —le explicó—. Norie es la secretaria general del Ministerio de Interior, y Joji lo es del Ministerio de Defensa. Son dos personas importantes del Gobierno. Las manos derechas de sendos ministros de Interior y de Defensa.
—Ah, sí, eso... —hizo aspavientos, pues no le interesaba la política—. Alguna vez han salido en las noticias, y se los ve como un hombre y una mujer superserios.
—Sí, ellos son así.
—¿Conoces entonces a esas dos personas importantes del Gobierno? Dime, ¿quién era Yue?
Raijin tardó un poco en contestar, dubitativo.
—Era mi novia.
Ahí fue cuando Cleven se quedó muda. Miró con gran sorpresa al chico, luego apartó la vista a otro sitio y frunció el ceño. «Su novia...» pensó frustrada «Su novia... Tengo delante de mis narices a la novia de Raijin... Maldita sea, esto no es justo. No puede ser, no sabía que hubiese perdido a alguien así. ¿Qué estoy haciendo yo entonces? ¿He...? ¡He estado todo este tiempo intentando hacerme con Raijin sin importarme si hubo alguien más para él!, ¿qué clase de monstruo soy?».
Cleven no quería creerlo. Al parecer no tenía nada que hacer, había estado gastando su tiempo en vano. Observó de nuevo al chico, el cual seguía mirando la lápida con una expresión indescifrable en los ojos. Ahí lo supo. Supo que Raijin sólo tenía corazón para esa tal Yue, a pesar de que estaba muerta.
«¿Qué estoy haciendo?» se repitió, sintiéndose fatal. «Esa chica debió de ser una persona increíble como para haberse convertido en la novia de un chico así. No puedo competir con eso. Es como si me estuviese entrometiendo...». Realmente se sintió como un bicho, un insignificante bicho comparada con Yue. Podía ver en ese momento cómo Raijin observaba la lápida, como si estuviese viendo en su mente los viejos recuerdos. Nada más ver eso supo que esa chica fue única para él.
—Estás muy callada, qué raro —dijo Raijin.
Cleven pegó un brinco y lo miró con sobresalto, poniéndose roja.
—No, es que... yo... Me ha sorprendido, sólo eso.
—¿Que yo haya tenido novia hace tiempo? —preguntó, arqueando una ceja.
Cleven se encogió de hombros como respuesta. No era exactamente porque hubiese tenido una novia, sino porque esta hubiese fallecido, pero no quería comentarle eso.
—Debió de ser una gran persona —le dijo Cleven—. Si sigues recordándola así y visitándola.
—Sí. Lo fue.
—Esto... ¿Cuánto hace... que murió?
—Hace cinco años. Teníamos 14 años cuando nos conocimos. Ella era una niña adoptada en una familia importante. Sus padres, ambos trabajan en la seguridad del país, así que a ella la controlaban mucho y la sobreprotegían, como sería de esperar. Por si fuera poco, Yue además tenía una salud frágil. Nuestra relación nunca fue fácil, porque por supuesto sus padres no iban a dejar que ella se relacionara con un chico de la calle sin casa y sin nada. Siempre teníamos que vernos a escondidas.
—¿Sin casa y sin nada? —se sorprendió—. Raijin, ¿cómo es eso?
—Me quedé huérfano a los 4 años —le contó, mientras arrancaba hierbitas de donde estaba sentado—. Estuve hasta los 10 años al cuidado de mi hermana, pero ella ya estaba casada y con hijos, y había otras circunstancias por medio que nos dificultaba la vida. No quería seguir siendo una carga ni ver a mi hermana sobresaturada. Por eso, la convencí para que me dejara irme a una casa de acogida. Pensaba que era lo mejor para ella y para mí. Al principio estuve bien. Pero a los dos o tres años, tuve que largarme de ese lugar.
—¿Por qué?
—Al final resultó no ser un buen lugar —Raijin se encogió de hombros, acortando toda la historia en esa respuesta—. Le mentía a mi hermana para que siguiese creyendo que vivía allí y sin problema. Estuve arreglándomelas solo desde los 13 años, y trabajé en varias cosas para ganar dinero. Y por esas fechas... mi hermana murió de forma inesperada.
Cleven escuchaba embelesaba todo lo que le contaba, no podía ni parpadear. Se le encogió el estómago al oír que aparte de sus padres, también acabó perdiendo a su hermana.
—Ya a los 14, una anciana que conocía desde pequeño, Agatha, estuvo ayudándome y dándome cobijo cada vez que lo necesitaba. Me obligaba a ir al colegio, pero no solía ir casi nunca. Fue en esa época cuando la conocí, a Yue. Jamás fui tan feliz —dijo, mirando a Cleven a los ojos—. A pesar de que nuestros encuentros eran difíciles y escasos —añadió—. Su padre intentó atraparme en numerosas ocasiones, pero Yue siempre conseguía escaparse para encontrarme. Todo se acabó un año después, cuando ella murió. Ella también —suspiró, y miró hacia el cielo nublado—. Todos, uno tras otro...
Cleven permaneció un largo rato en silencio, recapacitando. Todo lo que había escuchado no era más que un resumen muy corto de la historia real, pero para ella fue suficiente.
—¿Cómo murió? —musitó, evitando mirar a Raijin, pues se sentía incómoda.
—Preferiría no contestar a eso.
—Hm... —asintió—. Entonces, estos últimos cinco años, ¿te las has arreglado tú solo para llegar hasta donde has llegado? Parece que ahora te va todo bien.
—He tenido alguna que otra ayuda. Después de la muerte de Yue, Agatha consiguió convencerme para hacer el instituto. Lo acabé y entré en la universidad.
«Vaya...» se lamentó Cleven, «Hace cinco años. Me pregunto si Raijin ya habrá superado la muerte de Yue, si su teoría que me mencionó antes es cierta».
—¿Por qué me has contado todo esto?
—¿Que por qué? —casi se sorprendió Raijin por la pregunta—. Porque no has parado de preguntarme acerca de mi vida, poniéndote muy pesada. Ahora que ya lo sabes, podré respirar un poco de paz.
—Oye —se mosqueó, pero después sonrió—. Gracias por hacer el sacrificio.
—¿Por qué te intereso tanto? Siempre me encuentro contigo, y después no te despegas de mí, lapa.
—Ah, eh... no, es que... —se sonrojó con vergüenza, por supuesto no le iba a decir lo que sentía por él, no en ese momento, así que cambió de tema descaradamente—. ¿Cómo es que... has querido que te acompañase a este lugar?
—No me gusta venir solo —contestó sin más, mientras se encendía un cigarrillo tranquilamente.
«Esa respuesta contradice muchas cosas» pensó la joven, frunciendo el ceño con extrañeza, pero no le dio más vueltas. Se sentía afortunada.
—¿No vas a visitar a tus padres y a tu hermana también? —le preguntó.
El rubio fue a contestar, pero una voz familiar los sorprendió a sus espaldas.
—¡Raijin! —exclamó Sam, corriendo colina arriba hacia ellos.
Los dos se pusieron en pie de un salto, y Sam fue aminorando la marcha hasta detenerse a unos metros de ellos. Primero miró a Cleven, confuso, y luego a Raijin.
—Uy... —murmuró, frunciendo el ceño.
—No es lo que piensas —masculló el rubio con mosqueo—. ¿Qué pasa?
Sam se abstuvo de responder, y Raijin se dio cuenta de que miraba a Cleven por ello, entonces entendió. Kyo ya estaba preparado para realizar su plan del engaño, pero hablar de los asuntos de los iris no era algo que debieran hacer delante de humanos como Cleven.
Me fascina ese momento donde Cleven por un momento recuerda el pasado en el Monte Zou, debia resulta muy peculiar para todos escucharla hablar de forma tan mistica y misteriosa, sin tener idea de a que se refiere. Como aun asi Alvion ya notaba algo en ella que no podiá tampoco describir sobre que era.
ResponderEliminarMe pregunto hasta que punto era consciente Cleven en ese entonces de lo que podia o no hacer y de su forma de pensar, es decir que tan consciente era entonces de si misma, teniendo en cuenta que claramente todos los hijo de Neuval como vien dice Alvion, son especialitos cada cual a su modo peculiar.
Claramente Cleven el estar exponiendo a todo eso que ya no tiene, esta provocandole como esas algunas en sus recuerdos, que no terminan de atravesar la nube que le hizo borrar todo lo que recordaba, o peor todo lo que sentia por toda esa personas. AL final Neuval no solo borro sus recuerdos, sino que eliminó los sentimientos que se tenian de cierta forma y claramente eso a afectado profundamente a muchos.
me gusta tambien ver como de alguna forma Raijin pocoa poco va bajando la barrera con Cleven tras lo que ella le dijo y als cosas que le ha hehco pensar, al final el pobre con todod eso de ser la persona mas racional que existe, que se contagia de emociones ajenas y solo puede sentir emociones propias con personas muy cercanas, el estar empezando a sentir emociones con una aparente desconocida para el en tan poco tiempo, debe ser enormemente desconcertante y con razon.
De alguna forma el hecho de que Cleven decidiera salir de su burbuja hizo que las ruedas empezaran a girar de neuvo, ya lo ahcian ,e sto solo loa celero´, que emepzarna asurgir esos cambios en la vida, que era necesarios para tantos. La vida de todos empezoa ponerse en movimiento en cierta forma, en el momento que Cleven decidio moverse tambien. Ironico pero entendible y no lo digo proque sea la prota, sino por ella en si mismo xD
Neuval decidió hacer que la rueda de su vida continue ¡PORFIN!
La aparicion de Izan tras tantos años es un marcador importante, porque es considerado un peligro real para todo iris o humanos, indistintamente.
Lo que sino me acuerdo bien era como funcionaba lo del tema del majin, ya que fue hace mucho. Si recuerdo lo de los grados, pero no exactamente como era que funcionaba y como era que lo obtenias, ni como era que podia evolucionar.
Por cierto por mera curiosidad, ¿tienes lo diseños de los tatuajes de KRS y de la SRS? O visuals de como son, porque aunque imagino se ira viendo donde lo tienen cada uno, como ya se menciono el de Neuval, Kei Lian, Kyo o Drasik, me intriga sobretodo el como lucen.