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1º LIBRO - Realidad y Ficción __ PARTE 1: La Huida __









39.
Encuentro en la Torre Genki

Laaa donna e mobileee! Laaa, la, looo, lo, laaaa...!

En la azotea de la Torre Genki, desde donde podía verse casi toda la ciudad, había un hombre con la espalda apoyada contra una viga desnuda y las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. Cantaba ópera a todo pulmón para matar el tiempo. Desde allí nadie podía oírlo.

La Torre Genki era un rascacielos icónico de la ciudad, de los más altos, que hace poco sufrió un incendio y estaba en remodelación, especialmente las últimas plantas. Y sin presencia humana hoy en la tarde por ser día festivo. Estaba ubicado precisamente en las proximidades del río Ara, y desde ahí se podían ver sus puentes más cercanos a la bahía.

En la azotea, había una zona del suelo derrumbada, y algunas vigas descubiertas de la estructura interna, ademá de una grúa pequeña.

La nevada había cesado hace rato, pero el cielo estaba tan nublado y cerca de la puesta de sol que la ciudad ya empezaba a oscurecerse.

¡Looo, la, looo, la Virgen qué frío haceeee, laaa, la, looo, me estoy congelando las joyas realeees...! —canturreaba en español con su potente voz, sintiendo cómo su nariz se helaba por momentos.

Era un hombre robusto, más o menos alto. Su piel era clara y tenía el pelo castaño, medio largo y ondulado, con unas gafas de sol puestas ahora de diadema. Tenía los ojos avellana y una barba corta, además de una vieja y fina cicatriz dividiendo una de sus cejas hasta la esquina de la frente. Iba vestido con un simple jersey negro y unos vaqueros, y por encima un abrigo grueso de capucha peluda, y abrigado con guantes y bufanda.

Un minuto después, a unos trescientos metros bajo sus pies, Nakuru aterrizó desde otra parte en la solitaria calle que rodeaba el edificio en remodelación. Se coló en un recinto vallado que habían predispuesto los obreros para almacenar materiales, vigas y maquinaria. Dudó de dónde podría encontrarse Pipi, si por ahí abajo o en las alturas, hasta que oyó una voz muy lejana cantando ópera, o algo parecido, que venía de las alturas. Entonces, Nakuru subió hasta allá con su agilidad iris, saltando de cornisa a cornisa y de viga a viga.

—Pipi —lo llamó tras posarse en la cima.

El hombre se calló de inmediato y volvió la cabeza hacia la chica.

—¡Wuuhu, Suna-chan! —exclamó feliz, estrujándola entre sus brazos.

—Erk… egh… me ahogas…

—¡Cuánto tiempo sin verte, jovencita! —sonrió el hombre, apartándola un poco para verla bien—. Me dijeron que Sui-chan también vendría, ¿dónde anda?

—Eh... Bueno, Drasik no ha podido venir —contestó, recordando cómo Drasik se había ido a saber dónde todo cabreado—. En fin, la cosa está a punto de caldearse.

—Cuéntame.

—Hace rato que Kiyomaro dio el falso chivatazo a la policía, como ya te habrá explicado Raijin. Hemos confirmado que los elementos de los que tenéis que encargaros son la Radiación, Electricidad, Oscuridad, Viento y Arena. Y que están custodiando el río Ara —señaló hacia la dirección donde podían llegar a ver dicho río, no muy lejos de ahí.

—Hm… —caviló Pipi unos segundos—. Bien, ya sé a cuáles de mis chicos encargarles cada uno.

Una vez que Nakuru terminó de explicarle el plan completo, Pipi se subió al pretil de la azotea, ante pleno precipicio, y miró al horizonte. Su ojo izquierdo brilló un poco, de una luz color verde oscuro, propio de su elemento. De forma mental, concentró su energía iris en el tatuaje especial que, en su caso, tenía implantado en su muslo derecho. A través de este tatuaje, emitió señales sensoriales a sus subordinados, que tenían el mismo tipo de tatuaje, conectados entre ellos, entre los miembros de la misma RS. Los llamó a su ubicación.

—Mis chicos están de camino aquí —le dijo Pipi a Nakuru, volviendo con ella.

—¿Participáis todos?

—No, tres de ellos están indisponibles, así que somos cuatro. Conmigo, cinco.

—Los de la MRS que están aquí también son cinco, ¿podréis con ellos estando igualados?

—¿Igualados? ¡Ajajaj…! —se echó a reír con ganas—. Nak, podría encargarme de ellos yo solo. Pero aquí necesitamos tener cuidado con la discreción, con la policía vigilando toda la ciudad más de lo normal. Tranquila, con cinco somos suficientes para retener a esos cazurros de la MRS sin llamar demasiado la atención de la poli.

—¿Más de lo normal? ¿Por qué?

—No lo sé. Algo ha debido de suceder hace poco. Si Hatori Nonomiya ya era un neurótico de la seguridad, desde ayer ha aumentado la presencia policial en varias zonas.

—Ese tipo nunca descansa… —suspiró la joven—. Te apuesto lo que quieras a que es de esos que duermen con los párpados abiertos.

—Oh, ¡por cierto! —saltó Pipi, sonriéndole alegremente—. Ya me he enterado, ¿sabes? Tenía que decírtelo. Estoy muy contento de que Álex y tú os hayáis hecho buenas amigas.

—¿Eh? P… ¿qué? —Nakuru sacudió la cabeza y lo miró perpleja.

—Sí. Álex me ha hablado de una nueva amiga que ha hecho, y cuando me dijo tu nombre, me llevé una gran sorpresa, jeje...

—¿EH?

—La pobre estaba asustada, decía que temía no ser capaz de hacer amigos una vez viniese aquí Tokio a vivir conmigo. Y no me extraña, allí en España tenía muchos, es duro separarse de ellos, sí... Pero mira, sólo lleva aquí desde que comenzó el curso en el instituto y ya tiene varios, como tú.

—Heheh… ¿de qué conoces a Álex, Pipi? —preguntó con una sonrisa forzada, atónita.

—¿Que de qué? ¡Pues que es mi hija! —rio todo orgulloso, dándole una palmada en la espalda a Nakuru que casi la tira por el precipicio—. Verás, mi exmujer vive allí en España y yo llevo viviendo aquí desde el divorcio, hace 16 años, y desde entonces Álex ha estado viviendo con su madre. Pero hace un año decidió que quería venir aquí y vivir conmigo, entonces hicimos los preparativos y, ¡por fin!, se mudó aquí hace mes y medio, antes del comienzo del curso. No puedo estar más contento… Hey, ¿estás bien? —preguntó al verla paralizada.

—Álex… —musitó, sin borrar la sonrisa forzada—. Alejandra Suárez…

—Sí. ¿No habías caído? ¿Ya os habéis olvidado de que me llamo Nicolás Suárez, de tantos años llamándome por ese mote que me puso mi viejo amigo Fuujin? —negó con cierto reproche—. Oh, oye, pero… tienes cuidado con Álex, ¿verdad? Ella es humana, no sabe que soy iris. No quiero que sepa nada de la Asociación, por su seguridad, ¿vale?

«Pipi…» recapacitó la joven, estupefacta. «Pipi es el padre de Álex… Pipi es el padre de… ¿Ha dicho amigas? ¿Álex y yo? ¿Buenas amigas? ¿¡Pero es que no sabe que su hija ya ha salido del armario!?» empezó a ponerse pálida. «Me da la impresión de que, si le digo que es mi novia, se tira ahora mismo al vacío…».

En ese momento, Pipi parpadeó y miró a otra dirección. Se le movió un poco una oreja. Caminó hasta el borde de la azotea que apuntaba al este y Nakuru fue con él, sin entender.

—Parece que ya ha empezado la jarana —sonrió Pipi.

Nakuru observó que en varios puentes sobre el río Ara destelleaban las luces de la policía. Habían desplegado un coche y un furgón en la entrada de cada puente, y varios agentes estaban parando a cada vehículo que pasaba, sometiéndolos a un control.

Vale, ¿y ahora? Los de la MRS ya deben de haber huido de ahí y estarán yendo a esconderse por la zona. Miró a Pipi, que se había ido de nuevo al otro lado de la azotea para ver si divisaba a alguno de sus subordinados llegando. Mientras se encendía un pequeño puro entre los labios tranquilamente, Nakuru fue hasta él.

—¿Cómo vais a dar ahora con ellos? Tus chicos aún no han llegado…

—Naah, no hay problema —dio una calada y soltó el humo, y, sujetando el purillo entre los dientes, se fue quitando los guantes de las manos y la bufanda, para guardarlos en los grandes bolsillos de su abrigo, y estar más ligero—. Ya pueden irse a la otra punta del mundo, que yo los encontraré en un santiamén.

—¿Tu olfato es tan poderoso? —se asombró.

—¡Hahah! No, nadie puede captar un olor en la otra punta del planeta. Pero tengo algo más poderoso que eso. La Técnica de mi propio pergamino. Tenéis suerte de que sean los de la MRS. Mi Técnica me permite localizar a cualquier persona que ya conozca, y a esos cazurros ya los tengo bien conocidos.

—¡Oh! ¿Es esa que se llama la Técnica de Localización? Entonces esto va a ser más fácil de lo que creía, nos viene genial que…

—¿¡Ves!? —irrumpió la voz de un hombre por ahí cerca.

Pipi y Nakuru se giraron, y descubrieron que allá, al otro lado de la azotea, acababan de aparecer un hombre y una mujer vestidos de negro, con capuchas puestas, y estaban apoyados en el pretil, mirando desde ahí el río Ara como hace un minuto estaban haciendo Pipi y Nakuru.

—Te dije que desde aquí se podía ver todo… —decía el hombre.

—¡Están en todos los puentes que estábamos cubriendo! —exclamó la mujer—. Joder, eso ha estado cerca… Los demás también se habrán ido pitando.

—Qué repentino… ¿Qué coño pasa, han recibido un aviso terrorista o qué? Así no podemos…

—Cof… —tosió Pipi levemente.

El hombre y la mujer se dieron la vuelta con sobresalto al oírlo, poniéndose en alerta y guiñando sus ojos izquierdos. Descubrieron a Pipi y a Nakuru ahí a unos metros de ellos, mirándolos. Se produjo un silencio incómodo entre los cuatro. Nakuru estaba perpleja, eran el mismo hombre y la misma mujer a los que ella y Drasik se enfrentaron ayer, el Hosha y la Den, hasta que el viejo Lao intervino con su fuego.

—¿Pero qué…? —saltó la mujer—. ¿Pipi? ¿Qué haces tú aquí, cabrón?

—Pues… dándoos caza —contestó él, con una sonrisa divertida, dando otra calada a su puro.

—¡No jodas! —se cabreó el otro hombre—. ¿¡Eso es cosa tuya!? —señaló hacia el río, aludiendo al despliegue policial.

—Un momento… —la mujer señaló las zapatillas deportivas de Nakuru, reconociéndolas—. ¡Tú eres la cría de ayer! ¡Ahora te veo la cara, eres la Suna de la KRS! ¡Serás hija de perra, mira cómo me dejasteis! —se quitó la capucha, mostrando su cabello castaño, que solía tener largo, y ahora lo tenía corto, con las puntas chamuscadas.

—Jiji… —se le escapó a Pipi una risilla.

—¡Nada de “jiji”! —la mujer de repente se movió tan veloz que la luz amarilla de su ojo izquierdo dejó una estela. Volvió a aparecer junto a su compañero, pero con Nakuru aprisionada entre sus brazos.

—¡Suéltame! —gritó Nakuru, pero el otro hombre también la sujetó.

—Estate quieta o te electrocuto.

—¡Soy inmune a la electricidad, boba! —replicó Nakuru.

—Tú, quieto ahí —le advirtió el Hosha a Pipi—. Tengo una cuenta pendiente con esta cría, que me dejó ayer en ridículo, ¡enterrado en el suelo!

—¿En serio? —se sorprendió Pipi—. ¡Jaja, qué buena, Suna-chan! —felicitó a Nakuru, levantando el pulgar.

—Gracias… —contestó ella con sarcasmo, preguntándose si Pipi se había dado cuenta de que estaba en apuros.

—Esto nos ha venido en bandeja —le dijo la mujer a su compañero—. Han planeado este contraataque para evitar que cacemos al novato de la KRS, pero si nos llevamos de rehén a su compañera del alma, podemos hacer un intercambio por el pergamino…

—Eh, que sigo aquí —los llamó Pipi—. Sabéis que puedo oíros, ¿verdad?

—Mira si la KRS de hoy en día da pena que han tenido que pedirte ayuda —se burló el Hosha—. Tú, el Líder de la poderosa SRS, yendo a socorrerlos…

—Pero ¡por supuesto! —obvió Pipi, alzando los brazos—. Yo, por la KRS, iría hasta el fin del mundo. Siempre fuimos RS hermanas y lo seremos siempre. Esa de ahí es como una sobrina para mí. ¿Qué te hace pensar que vais a marcharos de esta azotea con ella?

—Que nadie en su sano juicio se acercaría a un Hosha —sonrió el otro hombre, poniéndose delante de las otras dos, haciendo frente a Pipi con una sonrisa arrogante, y sus puños apretados comenzaron a brillar de una energía roja.

—¿Acercarme? Zoquete, te voy a comer vivo —le sonrió Pipi con una mirada fiera, mostrando cuatro colmillos grandes en su boca. Su cara también empezó a cambiar, su cabello y cejas marrones se volvieron blancas, y le creció más pelo por el filo de su fuerte mandíbula. Sus ojos avellana se volvieron enteramente amarillos, con pupilas grandes. Al quitarse el puro de la boca, mostró sus manos, en cuyo dorso también había crecido un poco de pelaje blanco, y sus uñas se habían convertido en grandes garras negras—. ¿No sabes que me he criado rodeado de Hosha? Mi padre y mis hermanos menores te harían cagar el esqueleto.

—Q-Quieto —le advirtió la mujer, dando un pequeño paso atrás y apretando más el cuello de Nakuru, sintiendo escalofríos al ver esa imagen animalesca de Pipi que recordaba a un lobo.

El compañero de la mujer se puso demasiado nervioso, y no tardó en elevar las manos, apuntando hacia su oponente para emitir una onda radiactiva.

—¡Espera! —intentó frenarlo la mujer—. ¡No te precipites!

Pipi reaccionó inmediatamente y corrió hacia el otro con las garras en alto y emitiendo un rugido de león. Justo cuando ambos hombres estaban a punto de embestirse, una nueva aparición les hizo pararse en seco.

—Guau… ¿Y esta fiesta? —dijo, casi riendo, una voz grave sobre ellos.

Los cuatro iris se quedaron inmóviles del susto. Alzaron la vista al mismo tiempo, y se les cortó la respiración al hallar ahí, sentado de piernas cruzadas sobre una viga horizontal a unos metros sobre ellos, a un hombre que todos reconocieron al instante. Vestía aún con el traje elegante de trabajo cubierto de sangre de doce personas diferentes, pero lo tapaba su largo chaquetón oscuro de tela. Su cabello castaño claro estaba desordenado. Y sus ojos grises, casi blancos, expresaban una mirada cansada y tranquila, como si acabara de toparse con unos niños jugando en un parque tras un día duro.

El único que le clavó una mirada malhumorada de perro fue Pipi. Nakuru estaba paralizada en parte por la sorpresa y en parte por los nervios. En cuanto a esos dos iris de la MRS, empezaron a entrar en pánico.

—E… ¡Es él! ¡Es él! —exclamó la mujer entrecortadamente, señalando con el dedo al hombre recién aparecido—. ¡Es Fuujin!

—¡Oh, mierda! ¡Ha vuelto! —se alarmó su compañero.

—Cuánto tiempo, Tsuyoko, Yuta —los saludó Neuval, apoyando la barbilla en una mano, aburrido—. ¿Qué tal os trata la vida? ¿Es esa mi Suna? —señaló un momento a Nakuru.

La mujer de la MRS soltó a Nakuru en una fracción de segundo, quedándose con las manos en alto, como suplicando piedad.

—Mierda, estamos muertos… Se ha enterado de lo del novato —tembló el Hosha de la MRS, caminando hacia atrás, pegándose a su compañera.

—¿Cómo íbamos a saberlo? —musitó esta—. Se ha pasado años en el exilio y ahora de repente…

—Oooh… Ya caigo, ya… —Neuval se puso en pie sobre la viga, y caminó un poco por ella, hasta llegar a la viga vertical de su extremo y colocarse en posición horizontal sobre esta, burlando la gravedad—. Sois vosotros los que estáis intentando robar mi pergamino, ¿no? Más importante… —añadió, y de pronto los miró con unos ojos siniestros, el izquierdo brillando de su luz blanca—. ¿Le habéis puesto la mano encima a mi sobrino?

—¡Mierda, mierda, mierda…! —gritó la mujer.

—¡Larguémonos de aquí! ¡Corre! —chilló su compañero, saltando velozmente hacia la lejanía, y su compañera lo siguió por detrás hasta que se perdieron de vista por completo, escapando.

A continuación, reinó un momento de silencio en lo alto de la torre.

—¡Aaargh! ¡Mecagüen! —protestó Pipi, dando una patada al suelo con rabia—. ¿¡Quién te manda, Neuval!? ¡Has espantado a mis presas!

—Oye, perdona, yo acabo de llegar —se encogió de hombros, volviendo a sentarse en la viga horizontal.

—¿¡Y se puede saber de dónde sales!? —siguió gritando Pipi, apuntándole con un dedo acusador—. ¡Hace siglos que no sé de ti, y apareces aquí, de repente, hala, tan tranquilo! ¡Me haces sufrir! ¿Sabes? ¡Eres cruel, no me has visitado ni llamado desde hace meses, y soy tu mejor amigo!

Aah, oui… bueno… perdona —musitó Neuval pasivamente, mirando hacia otro lado, rascándose la oreja—. ¿Qué tal todo?

—¡Pero bueno! —farfulló Pipi—. ¡Ahora no me vengas con esas! ¡Que te hayas exiliado no significa que dejamos de ser compinches! ¿¡Quién te acompañaba en los castigos de Alvion desde que teníamos 12 años!? ¡Yo, gabacho de mierda! ¡Te voy a dar una paliza, baja aquí ahora mismo! ¡Eh! ¿Me estás escuchando?

—¿Qué estaba pasando aquí? —preguntó Neuval, ignorando la bronca de Pipi—. ¿Eso de allá es la policía en los puentes?

—Forma parte del plan para que Kyo regrese a salvo con el pergamino —contestó Nakuru.

Neuval miró al otro lado de la plataforma, donde estaba la joven.

—Nak, Nak… qué bien que me cruzo contigo —dijo, frotándose la barbilla con interés.

—Ho… hola… Neuval —musitó con timidez.

—Pero ¿tú qué haces aquí, Neu? —intervino Pipi, recuperando el aliento—. ¿Has estado volando por ahí?

—Alvion ha venido a la ciudad —contestó—. Me anda buscando, el muy plasta.

Tanto Pipi como Nakuru abrieron los ojos como platos, y compartieron una mirada de alarma, y entonces Pipi comenzó a reír flojamente.

—Hehe... ¿Qué has hecho esta vez, gabacho? —le preguntó socarronamente—. ¿Estás huyendo de él por milésima vez?

—Me van a llevar a un juicio, lo demás no es asunto vuestro —suspiró—. Ha sido Denzel quien me ha dicho que Alvion está en la ciudad, ahora lo está buscando para hablar con él.

—¿Otra vez pidiendo a Denzel favores caprichosos? —bufó Pipi con ironía—. ¿Qué pretendes? ¿Por qué te quieren llevar a un juicio…? ¡Espera! —exclamó, dándole un vuelco el corazón—. ¡Echa el freno, Madaleno! ¿¡Vas a volver!? ¡Fuujin, dime que vas a volver!

—No —contestó Neuval, molesto—. Necesito aplazar el juicio. Ahora debo encargarme de otra cosa… Nakuru, ¿adónde vas?

La joven había estado a punto de escabullirse, pero se detuvo de sopetón, nerviosa. Neuval se dejó caer de la viga y flotó por el aire hasta ella, y posó los pies en el suelo frente a ella. Nakuru se estremeció un poco, entre lo alto que era y la seriedad que desprendía de sus ojos grises, en ese momento daba bastante miedo. No esperaba encontrarse con él tan pronto. Sabía lo que le iba a preguntar, y por eso se puso de los nervios.

—¿Dónde está Cleven? —le preguntó entonces.

—¿Cómo que dónde está? —vaciló la joven, intentado parecer lo más inocente que pudo.

—Se ha ido de casa, sé que tú sabes dónde anda.

—Yo no… Qué va… —titubeó—. Yo la vi en el instituto ayer, no sabía nada, no me dijo nada. ¿De verdad que se ha ido?

Neuval la observó un momento, analizando la expresión de sus ojos. Nakuru oyó cómo le latía el corazón, conocía muy bien ese gesto de Neuval, y de antemano supo lo que iba a hacer. Neuval se inclinó hacia ella.

—Abre bien los ojos —le dijo, mirándola muy fijamente, alumbrándola con su luz blanca.

«Ya está, lo va a hacer» se derrumbó Nakuru, no tenía escapatoria, no tenía más remedio que abrir sus ojos ante él. «Pon la mente en blanco, pon la mente en blanco, no pienses en nada, fuera Cleven, fuera Yako, y sobre todo fuera Raijin...» se repitió una y otra vez, hasta que consiguió despejar su mente del todo.

—No voy a leerte la mente, Nakuru —le declaró Neuval.

—¿Eh? —se sorprendió—. ¿No?

—Sé que me mientes, te conozco desde que eras enana —sonrió suavemente—. Sé que sabes dónde está Cleven, y que no vas a decírmelo, pero tampoco voy a entrar en tu mente. Nunca haría eso con mis seres queridos sin su permiso.

—Maestro… —se apenó la joven. «Aún nos considera sus seres queridos, después de tantos años…» pensó.

—No quiero obligarte a traicionar a tu mejor amiga —continuó Neuval—. Y tampoco quiero implicar a nadie en mis problemas personales con ella. Sólo te pido, por favor, que me digas si Cleven está bien.

A Nakuru le entristecía la situación que su amiga tenía con su padre. Realmente no podía culpar a ninguno de los dos. Nakuru estaba en una posición complicada por obvias razones, estaba entre los dos. Desde que Neuval se exilió hasta la actualidad, Nakuru lo había visto esporádicamente, cuando iba invitada a casa de Cleven. No obstante, la relación que debían mantener ambos allí era casual, de mejor amiga de Cleven a padre de Cleven, después de haber estado tantos años antes trabajando codo con codo. Porque, para Nakuru, Neuval era mucho más que un conocido. Los Líderes eran llamados “maestros” por sus subordinados como título de respeto. En el caso de muchos, era un título bien merecido, en todos sus sentidos. Pipi y Neuval tenían eso en común con sus respectivos subordinados.

—Sí… Cleven se encuentra bien. Está perfectamente —contestó finalmente, mirando al suelo.

—De acuerdo —sonrió Neuval, conforme.

—Neu, ¿qué clase de padre eres tú, que se te van los hijos de casa? —se le arrimó Pipi, susurrándole al oído como una mosquita—. No tendrás otra vez problemas con las drog-… ¡Aaayyy…! —se tapó las orejas de repente.

Neuval había abierto la boca, aparentemente sin hacer nada, pero emitió unos fuertes ultrasonidos que sólo el fino oído animal de Pipi podía captar y, por ello, este notó ese dolor en los tímpanos. Nakuru no escuchó nada, para sus oídos normales era puro silencio. Al dominar el aire, los Fuu también podían dominar las ondas sonoras propagadas por él.

—¿¡Es que quieres dejarme sordo!? —protestó Pipi mientras Neuval le mostraba una sonrisilla burlona.

—¿Es entonces eso…? —murmuró Nakuru, y Neuval la miró con un interrogante—. Neuval, creo que ayer tu padre te andaba buscando muy preocupado. Es que anoche Drasik y yo estábamos en medio de una pelea, precisamente con esos dos miembros de la MRS que acaban de huir con los pantalones mojados, y apareció el viejo Lao y nos ayudó... pero parecía estar buscando a alguien muy preocupado, y nos preguntábamos a quién...

—Ya, no… tranquila —entendió, restándole importancia—. Lao ya me encontró esta mañana en la casa de Denzel, y ya aclaramos las cosas. En fin, me voy antes de que Alvion dé conmigo —se despidió Neuval, despegando los pies del suelo—. Suerte con lo de Kyo.

—¡Eh! ¿¡Adónde vas, gabacho!? —saltó Pipi—. ¡Todavía no te has disculpado por pasarte meses sin hacerme casito! ¡Pelea si tienes huevos!

—Tranquilo, Nico, ya te concederé ese honor —sonrió simpáticamente, y echó a volar.

—¡Más te vale! —le gritó cuando el otro se perdió de vista entre las nubes del cielo.

Nakuru y Pipi se quedaron un momento en silencio, mirando hacia el punto donde Neuval había dejado de verse. El Dobutsu se metió las manos en los bolsillos del abrigo, adoptando una expresión más apagada, y Nakuru lo acompañó.

—El maestro Fuujin está fatal —comentó ella con pesadumbre—. Se nota lo abatido que está por todo, aunque intente disimularlo. Y encima ya vuelve a tener problemas con Alvion. Me pregunto qué es lo que habrá pasado esta vez.

En ese momento, Nakuru captó cómo Pipi ponía una mueca contenida por un segundo, y miraba para otro lado. Él sabía algo. Y lo cierto es que, para Pipi, había sido imposible no notarlo, el olor de diferentes sangres impregnando las ropas de Neuval bajo el abrigo.

—¿Pipi?

—Naah, no pierdas el tiempo preocupándote por ese chiflado, Nak —sonrió este de repente, cambiando su semblante—. Tu maestro ha superado no pocas miserias de la vida. Siempre termina recuperándose. Ya verás. Nada puede con él. Solamente necesita… tomarse un descanso a veces.

—¿Y si Alvion lo está buscando porque ha vuelto a tener un brote grave de majin? —insistió—. No sería la primera vez…

—Que no te preocupes —posó una mano sobre su cabeza—. A Neuval se le da de fábula crear problemas. Pero se le da aún mejor arreglarlos. Nosotros ahora tenemos que centrarnos en Kyo, ¿vale? Esos palurdos de la MRS han salido huyendo, pero en vano. Puedo localizarlos enseguida con mi Técnica.

Pipi y la joven se giraron cuando divisaron en la lejanía varias lucecitas de colores acercándose hacia la Torre Genki, saltando de edificio en edificio.

—Bueno, ya vienen tus chicos —le dijo Nakuru—. Salúdalos de mi parte, yo ya he de marcharme. No tengo más tareas que cumplir. Buena suerte.

—Cuídate —le sonrió el hombre, despidiéndose con la mano, mientras Nakuru cogía todo el impulso que pudo y saltó al edificio más cercano, alejándose.









39.
Encuentro en la Torre Genki

Laaa donna e mobileee! Laaa, la, looo, lo, laaaa...!

En la azotea de la Torre Genki, desde donde podía verse casi toda la ciudad, había un hombre con la espalda apoyada contra una viga desnuda y las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. Cantaba ópera a todo pulmón para matar el tiempo. Desde allí nadie podía oírlo.

La Torre Genki era un rascacielos icónico de la ciudad, de los más altos, que hace poco sufrió un incendio y estaba en remodelación, especialmente las últimas plantas. Y sin presencia humana hoy en la tarde por ser día festivo. Estaba ubicado precisamente en las proximidades del río Ara, y desde ahí se podían ver sus puentes más cercanos a la bahía.

En la azotea, había una zona del suelo derrumbada, y algunas vigas descubiertas de la estructura interna, ademá de una grúa pequeña.

La nevada había cesado hace rato, pero el cielo estaba tan nublado y cerca de la puesta de sol que la ciudad ya empezaba a oscurecerse.

¡Looo, la, looo, la Virgen qué frío haceeee, laaa, la, looo, me estoy congelando las joyas realeees...! —canturreaba en español con su potente voz, sintiendo cómo su nariz se helaba por momentos.

Era un hombre robusto, más o menos alto. Su piel era clara y tenía el pelo castaño, medio largo y ondulado, con unas gafas de sol puestas ahora de diadema. Tenía los ojos avellana y una barba corta, además de una vieja y fina cicatriz dividiendo una de sus cejas hasta la esquina de la frente. Iba vestido con un simple jersey negro y unos vaqueros, y por encima un abrigo grueso de capucha peluda, y abrigado con guantes y bufanda.

Un minuto después, a unos trescientos metros bajo sus pies, Nakuru aterrizó desde otra parte en la solitaria calle que rodeaba el edificio en remodelación. Se coló en un recinto vallado que habían predispuesto los obreros para almacenar materiales, vigas y maquinaria. Dudó de dónde podría encontrarse Pipi, si por ahí abajo o en las alturas, hasta que oyó una voz muy lejana cantando ópera, o algo parecido, que venía de las alturas. Entonces, Nakuru subió hasta allá con su agilidad iris, saltando de cornisa a cornisa y de viga a viga.

—Pipi —lo llamó tras posarse en la cima.

El hombre se calló de inmediato y volvió la cabeza hacia la chica.

—¡Wuuhu, Suna-chan! —exclamó feliz, estrujándola entre sus brazos.

—Erk… egh… me ahogas…

—¡Cuánto tiempo sin verte, jovencita! —sonrió el hombre, apartándola un poco para verla bien—. Me dijeron que Sui-chan también vendría, ¿dónde anda?

—Eh... Bueno, Drasik no ha podido venir —contestó, recordando cómo Drasik se había ido a saber dónde todo cabreado—. En fin, la cosa está a punto de caldearse.

—Cuéntame.

—Hace rato que Kiyomaro dio el falso chivatazo a la policía, como ya te habrá explicado Raijin. Hemos confirmado que los elementos de los que tenéis que encargaros son la Radiación, Electricidad, Oscuridad, Viento y Arena. Y que están custodiando el río Ara —señaló hacia la dirección donde podían llegar a ver dicho río, no muy lejos de ahí.

—Hm… —caviló Pipi unos segundos—. Bien, ya sé a cuáles de mis chicos encargarles cada uno.

Una vez que Nakuru terminó de explicarle el plan completo, Pipi se subió al pretil de la azotea, ante pleno precipicio, y miró al horizonte. Su ojo izquierdo brilló un poco, de una luz color verde oscuro, propio de su elemento. De forma mental, concentró su energía iris en el tatuaje especial que, en su caso, tenía implantado en su muslo derecho. A través de este tatuaje, emitió señales sensoriales a sus subordinados, que tenían el mismo tipo de tatuaje, conectados entre ellos, entre los miembros de la misma RS. Los llamó a su ubicación.

—Mis chicos están de camino aquí —le dijo Pipi a Nakuru, volviendo con ella.

—¿Participáis todos?

—No, tres de ellos están indisponibles, así que somos cuatro. Conmigo, cinco.

—Los de la MRS que están aquí también son cinco, ¿podréis con ellos estando igualados?

—¿Igualados? ¡Ajajaj…! —se echó a reír con ganas—. Nak, podría encargarme de ellos yo solo. Pero aquí necesitamos tener cuidado con la discreción, con la policía vigilando toda la ciudad más de lo normal. Tranquila, con cinco somos suficientes para retener a esos cazurros de la MRS sin llamar demasiado la atención de la poli.

—¿Más de lo normal? ¿Por qué?

—No lo sé. Algo ha debido de suceder hace poco. Si Hatori Nonomiya ya era un neurótico de la seguridad, desde ayer ha aumentado la presencia policial en varias zonas.

—Ese tipo nunca descansa… —suspiró la joven—. Te apuesto lo que quieras a que es de esos que duermen con los párpados abiertos.

—Oh, ¡por cierto! —saltó Pipi, sonriéndole alegremente—. Ya me he enterado, ¿sabes? Tenía que decírtelo. Estoy muy contento de que Álex y tú os hayáis hecho buenas amigas.

—¿Eh? P… ¿qué? —Nakuru sacudió la cabeza y lo miró perpleja.

—Sí. Álex me ha hablado de una nueva amiga que ha hecho, y cuando me dijo tu nombre, me llevé una gran sorpresa, jeje...

—¿EH?

—La pobre estaba asustada, decía que temía no ser capaz de hacer amigos una vez viniese aquí Tokio a vivir conmigo. Y no me extraña, allí en España tenía muchos, es duro separarse de ellos, sí... Pero mira, sólo lleva aquí desde que comenzó el curso en el instituto y ya tiene varios, como tú.

—Heheh… ¿de qué conoces a Álex, Pipi? —preguntó con una sonrisa forzada, atónita.

—¿Que de qué? ¡Pues que es mi hija! —rio todo orgulloso, dándole una palmada en la espalda a Nakuru que casi la tira por el precipicio—. Verás, mi exmujer vive allí en España y yo llevo viviendo aquí desde el divorcio, hace 16 años, y desde entonces Álex ha estado viviendo con su madre. Pero hace un año decidió que quería venir aquí y vivir conmigo, entonces hicimos los preparativos y, ¡por fin!, se mudó aquí hace mes y medio, antes del comienzo del curso. No puedo estar más contento… Hey, ¿estás bien? —preguntó al verla paralizada.

—Álex… —musitó, sin borrar la sonrisa forzada—. Alejandra Suárez…

—Sí. ¿No habías caído? ¿Ya os habéis olvidado de que me llamo Nicolás Suárez, de tantos años llamándome por ese mote que me puso mi viejo amigo Fuujin? —negó con cierto reproche—. Oh, oye, pero… tienes cuidado con Álex, ¿verdad? Ella es humana, no sabe que soy iris. No quiero que sepa nada de la Asociación, por su seguridad, ¿vale?

«Pipi…» recapacitó la joven, estupefacta. «Pipi es el padre de Álex… Pipi es el padre de… ¿Ha dicho amigas? ¿Álex y yo? ¿Buenas amigas? ¿¡Pero es que no sabe que su hija ya ha salido del armario!?» empezó a ponerse pálida. «Me da la impresión de que, si le digo que es mi novia, se tira ahora mismo al vacío…».

En ese momento, Pipi parpadeó y miró a otra dirección. Se le movió un poco una oreja. Caminó hasta el borde de la azotea que apuntaba al este y Nakuru fue con él, sin entender.

—Parece que ya ha empezado la jarana —sonrió Pipi.

Nakuru observó que en varios puentes sobre el río Ara destelleaban las luces de la policía. Habían desplegado un coche y un furgón en la entrada de cada puente, y varios agentes estaban parando a cada vehículo que pasaba, sometiéndolos a un control.

Vale, ¿y ahora? Los de la MRS ya deben de haber huido de ahí y estarán yendo a esconderse por la zona. Miró a Pipi, que se había ido de nuevo al otro lado de la azotea para ver si divisaba a alguno de sus subordinados llegando. Mientras se encendía un pequeño puro entre los labios tranquilamente, Nakuru fue hasta él.

—¿Cómo vais a dar ahora con ellos? Tus chicos aún no han llegado…

—Naah, no hay problema —dio una calada y soltó el humo, y, sujetando el purillo entre los dientes, se fue quitando los guantes de las manos y la bufanda, para guardarlos en los grandes bolsillos de su abrigo, y estar más ligero—. Ya pueden irse a la otra punta del mundo, que yo los encontraré en un santiamén.

—¿Tu olfato es tan poderoso? —se asombró.

—¡Hahah! No, nadie puede captar un olor en la otra punta del planeta. Pero tengo algo más poderoso que eso. La Técnica de mi propio pergamino. Tenéis suerte de que sean los de la MRS. Mi Técnica me permite localizar a cualquier persona que ya conozca, y a esos cazurros ya los tengo bien conocidos.

—¡Oh! ¿Es esa que se llama la Técnica de Localización? Entonces esto va a ser más fácil de lo que creía, nos viene genial que…

—¿¡Ves!? —irrumpió la voz de un hombre por ahí cerca.

Pipi y Nakuru se giraron, y descubrieron que allá, al otro lado de la azotea, acababan de aparecer un hombre y una mujer vestidos de negro, con capuchas puestas, y estaban apoyados en el pretil, mirando desde ahí el río Ara como hace un minuto estaban haciendo Pipi y Nakuru.

—Te dije que desde aquí se podía ver todo… —decía el hombre.

—¡Están en todos los puentes que estábamos cubriendo! —exclamó la mujer—. Joder, eso ha estado cerca… Los demás también se habrán ido pitando.

—Qué repentino… ¿Qué coño pasa, han recibido un aviso terrorista o qué? Así no podemos…

—Cof… —tosió Pipi levemente.

El hombre y la mujer se dieron la vuelta con sobresalto al oírlo, poniéndose en alerta y guiñando sus ojos izquierdos. Descubrieron a Pipi y a Nakuru ahí a unos metros de ellos, mirándolos. Se produjo un silencio incómodo entre los cuatro. Nakuru estaba perpleja, eran el mismo hombre y la misma mujer a los que ella y Drasik se enfrentaron ayer, el Hosha y la Den, hasta que el viejo Lao intervino con su fuego.

—¿Pero qué…? —saltó la mujer—. ¿Pipi? ¿Qué haces tú aquí, cabrón?

—Pues… dándoos caza —contestó él, con una sonrisa divertida, dando otra calada a su puro.

—¡No jodas! —se cabreó el otro hombre—. ¿¡Eso es cosa tuya!? —señaló hacia el río, aludiendo al despliegue policial.

—Un momento… —la mujer señaló las zapatillas deportivas de Nakuru, reconociéndolas—. ¡Tú eres la cría de ayer! ¡Ahora te veo la cara, eres la Suna de la KRS! ¡Serás hija de perra, mira cómo me dejasteis! —se quitó la capucha, mostrando su cabello castaño, que solía tener largo, y ahora lo tenía corto, con las puntas chamuscadas.

—Jiji… —se le escapó a Pipi una risilla.

—¡Nada de “jiji”! —la mujer de repente se movió tan veloz que la luz amarilla de su ojo izquierdo dejó una estela. Volvió a aparecer junto a su compañero, pero con Nakuru aprisionada entre sus brazos.

—¡Suéltame! —gritó Nakuru, pero el otro hombre también la sujetó.

—Estate quieta o te electrocuto.

—¡Soy inmune a la electricidad, boba! —replicó Nakuru.

—Tú, quieto ahí —le advirtió el Hosha a Pipi—. Tengo una cuenta pendiente con esta cría, que me dejó ayer en ridículo, ¡enterrado en el suelo!

—¿En serio? —se sorprendió Pipi—. ¡Jaja, qué buena, Suna-chan! —felicitó a Nakuru, levantando el pulgar.

—Gracias… —contestó ella con sarcasmo, preguntándose si Pipi se había dado cuenta de que estaba en apuros.

—Esto nos ha venido en bandeja —le dijo la mujer a su compañero—. Han planeado este contraataque para evitar que cacemos al novato de la KRS, pero si nos llevamos de rehén a su compañera del alma, podemos hacer un intercambio por el pergamino…

—Eh, que sigo aquí —los llamó Pipi—. Sabéis que puedo oíros, ¿verdad?

—Mira si la KRS de hoy en día da pena que han tenido que pedirte ayuda —se burló el Hosha—. Tú, el Líder de la poderosa SRS, yendo a socorrerlos…

—Pero ¡por supuesto! —obvió Pipi, alzando los brazos—. Yo, por la KRS, iría hasta el fin del mundo. Siempre fuimos RS hermanas y lo seremos siempre. Esa de ahí es como una sobrina para mí. ¿Qué te hace pensar que vais a marcharos de esta azotea con ella?

—Que nadie en su sano juicio se acercaría a un Hosha —sonrió el otro hombre, poniéndose delante de las otras dos, haciendo frente a Pipi con una sonrisa arrogante, y sus puños apretados comenzaron a brillar de una energía roja.

—¿Acercarme? Zoquete, te voy a comer vivo —le sonrió Pipi con una mirada fiera, mostrando cuatro colmillos grandes en su boca. Su cara también empezó a cambiar, su cabello y cejas marrones se volvieron blancas, y le creció más pelo por el filo de su fuerte mandíbula. Sus ojos avellana se volvieron enteramente amarillos, con pupilas grandes. Al quitarse el puro de la boca, mostró sus manos, en cuyo dorso también había crecido un poco de pelaje blanco, y sus uñas se habían convertido en grandes garras negras—. ¿No sabes que me he criado rodeado de Hosha? Mi padre y mis hermanos menores te harían cagar el esqueleto.

—Q-Quieto —le advirtió la mujer, dando un pequeño paso atrás y apretando más el cuello de Nakuru, sintiendo escalofríos al ver esa imagen animalesca de Pipi que recordaba a un lobo.

El compañero de la mujer se puso demasiado nervioso, y no tardó en elevar las manos, apuntando hacia su oponente para emitir una onda radiactiva.

—¡Espera! —intentó frenarlo la mujer—. ¡No te precipites!

Pipi reaccionó inmediatamente y corrió hacia el otro con las garras en alto y emitiendo un rugido de león. Justo cuando ambos hombres estaban a punto de embestirse, una nueva aparición les hizo pararse en seco.

—Guau… ¿Y esta fiesta? —dijo, casi riendo, una voz grave sobre ellos.

Los cuatro iris se quedaron inmóviles del susto. Alzaron la vista al mismo tiempo, y se les cortó la respiración al hallar ahí, sentado de piernas cruzadas sobre una viga horizontal a unos metros sobre ellos, a un hombre que todos reconocieron al instante. Vestía aún con el traje elegante de trabajo cubierto de sangre de doce personas diferentes, pero lo tapaba su largo chaquetón oscuro de tela. Su cabello castaño claro estaba desordenado. Y sus ojos grises, casi blancos, expresaban una mirada cansada y tranquila, como si acabara de toparse con unos niños jugando en un parque tras un día duro.

El único que le clavó una mirada malhumorada de perro fue Pipi. Nakuru estaba paralizada en parte por la sorpresa y en parte por los nervios. En cuanto a esos dos iris de la MRS, empezaron a entrar en pánico.

—E… ¡Es él! ¡Es él! —exclamó la mujer entrecortadamente, señalando con el dedo al hombre recién aparecido—. ¡Es Fuujin!

—¡Oh, mierda! ¡Ha vuelto! —se alarmó su compañero.

—Cuánto tiempo, Tsuyoko, Yuta —los saludó Neuval, apoyando la barbilla en una mano, aburrido—. ¿Qué tal os trata la vida? ¿Es esa mi Suna? —señaló un momento a Nakuru.

La mujer de la MRS soltó a Nakuru en una fracción de segundo, quedándose con las manos en alto, como suplicando piedad.

—Mierda, estamos muertos… Se ha enterado de lo del novato —tembló el Hosha de la MRS, caminando hacia atrás, pegándose a su compañera.

—¿Cómo íbamos a saberlo? —musitó esta—. Se ha pasado años en el exilio y ahora de repente…

—Oooh… Ya caigo, ya… —Neuval se puso en pie sobre la viga, y caminó un poco por ella, hasta llegar a la viga vertical de su extremo y colocarse en posición horizontal sobre esta, burlando la gravedad—. Sois vosotros los que estáis intentando robar mi pergamino, ¿no? Más importante… —añadió, y de pronto los miró con unos ojos siniestros, el izquierdo brillando de su luz blanca—. ¿Le habéis puesto la mano encima a mi sobrino?

—¡Mierda, mierda, mierda…! —gritó la mujer.

—¡Larguémonos de aquí! ¡Corre! —chilló su compañero, saltando velozmente hacia la lejanía, y su compañera lo siguió por detrás hasta que se perdieron de vista por completo, escapando.

A continuación, reinó un momento de silencio en lo alto de la torre.

—¡Aaargh! ¡Mecagüen! —protestó Pipi, dando una patada al suelo con rabia—. ¿¡Quién te manda, Neuval!? ¡Has espantado a mis presas!

—Oye, perdona, yo acabo de llegar —se encogió de hombros, volviendo a sentarse en la viga horizontal.

—¿¡Y se puede saber de dónde sales!? —siguió gritando Pipi, apuntándole con un dedo acusador—. ¡Hace siglos que no sé de ti, y apareces aquí, de repente, hala, tan tranquilo! ¡Me haces sufrir! ¿Sabes? ¡Eres cruel, no me has visitado ni llamado desde hace meses, y soy tu mejor amigo!

Aah, oui… bueno… perdona —musitó Neuval pasivamente, mirando hacia otro lado, rascándose la oreja—. ¿Qué tal todo?

—¡Pero bueno! —farfulló Pipi—. ¡Ahora no me vengas con esas! ¡Que te hayas exiliado no significa que dejamos de ser compinches! ¿¡Quién te acompañaba en los castigos de Alvion desde que teníamos 12 años!? ¡Yo, gabacho de mierda! ¡Te voy a dar una paliza, baja aquí ahora mismo! ¡Eh! ¿Me estás escuchando?

—¿Qué estaba pasando aquí? —preguntó Neuval, ignorando la bronca de Pipi—. ¿Eso de allá es la policía en los puentes?

—Forma parte del plan para que Kyo regrese a salvo con el pergamino —contestó Nakuru.

Neuval miró al otro lado de la plataforma, donde estaba la joven.

—Nak, Nak… qué bien que me cruzo contigo —dijo, frotándose la barbilla con interés.

—Ho… hola… Neuval —musitó con timidez.

—Pero ¿tú qué haces aquí, Neu? —intervino Pipi, recuperando el aliento—. ¿Has estado volando por ahí?

—Alvion ha venido a la ciudad —contestó—. Me anda buscando, el muy plasta.

Tanto Pipi como Nakuru abrieron los ojos como platos, y compartieron una mirada de alarma, y entonces Pipi comenzó a reír flojamente.

—Hehe... ¿Qué has hecho esta vez, gabacho? —le preguntó socarronamente—. ¿Estás huyendo de él por milésima vez?

—Me van a llevar a un juicio, lo demás no es asunto vuestro —suspiró—. Ha sido Denzel quien me ha dicho que Alvion está en la ciudad, ahora lo está buscando para hablar con él.

—¿Otra vez pidiendo a Denzel favores caprichosos? —bufó Pipi con ironía—. ¿Qué pretendes? ¿Por qué te quieren llevar a un juicio…? ¡Espera! —exclamó, dándole un vuelco el corazón—. ¡Echa el freno, Madaleno! ¿¡Vas a volver!? ¡Fuujin, dime que vas a volver!

—No —contestó Neuval, molesto—. Necesito aplazar el juicio. Ahora debo encargarme de otra cosa… Nakuru, ¿adónde vas?

La joven había estado a punto de escabullirse, pero se detuvo de sopetón, nerviosa. Neuval se dejó caer de la viga y flotó por el aire hasta ella, y posó los pies en el suelo frente a ella. Nakuru se estremeció un poco, entre lo alto que era y la seriedad que desprendía de sus ojos grises, en ese momento daba bastante miedo. No esperaba encontrarse con él tan pronto. Sabía lo que le iba a preguntar, y por eso se puso de los nervios.

—¿Dónde está Cleven? —le preguntó entonces.

—¿Cómo que dónde está? —vaciló la joven, intentado parecer lo más inocente que pudo.

—Se ha ido de casa, sé que tú sabes dónde anda.

—Yo no… Qué va… —titubeó—. Yo la vi en el instituto ayer, no sabía nada, no me dijo nada. ¿De verdad que se ha ido?

Neuval la observó un momento, analizando la expresión de sus ojos. Nakuru oyó cómo le latía el corazón, conocía muy bien ese gesto de Neuval, y de antemano supo lo que iba a hacer. Neuval se inclinó hacia ella.

—Abre bien los ojos —le dijo, mirándola muy fijamente, alumbrándola con su luz blanca.

«Ya está, lo va a hacer» se derrumbó Nakuru, no tenía escapatoria, no tenía más remedio que abrir sus ojos ante él. «Pon la mente en blanco, pon la mente en blanco, no pienses en nada, fuera Cleven, fuera Yako, y sobre todo fuera Raijin...» se repitió una y otra vez, hasta que consiguió despejar su mente del todo.

—No voy a leerte la mente, Nakuru —le declaró Neuval.

—¿Eh? —se sorprendió—. ¿No?

—Sé que me mientes, te conozco desde que eras enana —sonrió suavemente—. Sé que sabes dónde está Cleven, y que no vas a decírmelo, pero tampoco voy a entrar en tu mente. Nunca haría eso con mis seres queridos sin su permiso.

—Maestro… —se apenó la joven. «Aún nos considera sus seres queridos, después de tantos años…» pensó.

—No quiero obligarte a traicionar a tu mejor amiga —continuó Neuval—. Y tampoco quiero implicar a nadie en mis problemas personales con ella. Sólo te pido, por favor, que me digas si Cleven está bien.

A Nakuru le entristecía la situación que su amiga tenía con su padre. Realmente no podía culpar a ninguno de los dos. Nakuru estaba en una posición complicada por obvias razones, estaba entre los dos. Desde que Neuval se exilió hasta la actualidad, Nakuru lo había visto esporádicamente, cuando iba invitada a casa de Cleven. No obstante, la relación que debían mantener ambos allí era casual, de mejor amiga de Cleven a padre de Cleven, después de haber estado tantos años antes trabajando codo con codo. Porque, para Nakuru, Neuval era mucho más que un conocido. Los Líderes eran llamados “maestros” por sus subordinados como título de respeto. En el caso de muchos, era un título bien merecido, en todos sus sentidos. Pipi y Neuval tenían eso en común con sus respectivos subordinados.

—Sí… Cleven se encuentra bien. Está perfectamente —contestó finalmente, mirando al suelo.

—De acuerdo —sonrió Neuval, conforme.

—Neu, ¿qué clase de padre eres tú, que se te van los hijos de casa? —se le arrimó Pipi, susurrándole al oído como una mosquita—. No tendrás otra vez problemas con las drog-… ¡Aaayyy…! —se tapó las orejas de repente.

Neuval había abierto la boca, aparentemente sin hacer nada, pero emitió unos fuertes ultrasonidos que sólo el fino oído animal de Pipi podía captar y, por ello, este notó ese dolor en los tímpanos. Nakuru no escuchó nada, para sus oídos normales era puro silencio. Al dominar el aire, los Fuu también podían dominar las ondas sonoras propagadas por él.

—¿¡Es que quieres dejarme sordo!? —protestó Pipi mientras Neuval le mostraba una sonrisilla burlona.

—¿Es entonces eso…? —murmuró Nakuru, y Neuval la miró con un interrogante—. Neuval, creo que ayer tu padre te andaba buscando muy preocupado. Es que anoche Drasik y yo estábamos en medio de una pelea, precisamente con esos dos miembros de la MRS que acaban de huir con los pantalones mojados, y apareció el viejo Lao y nos ayudó... pero parecía estar buscando a alguien muy preocupado, y nos preguntábamos a quién...

—Ya, no… tranquila —entendió, restándole importancia—. Lao ya me encontró esta mañana en la casa de Denzel, y ya aclaramos las cosas. En fin, me voy antes de que Alvion dé conmigo —se despidió Neuval, despegando los pies del suelo—. Suerte con lo de Kyo.

—¡Eh! ¿¡Adónde vas, gabacho!? —saltó Pipi—. ¡Todavía no te has disculpado por pasarte meses sin hacerme casito! ¡Pelea si tienes huevos!

—Tranquilo, Nico, ya te concederé ese honor —sonrió simpáticamente, y echó a volar.

—¡Más te vale! —le gritó cuando el otro se perdió de vista entre las nubes del cielo.

Nakuru y Pipi se quedaron un momento en silencio, mirando hacia el punto donde Neuval había dejado de verse. El Dobutsu se metió las manos en los bolsillos del abrigo, adoptando una expresión más apagada, y Nakuru lo acompañó.

—El maestro Fuujin está fatal —comentó ella con pesadumbre—. Se nota lo abatido que está por todo, aunque intente disimularlo. Y encima ya vuelve a tener problemas con Alvion. Me pregunto qué es lo que habrá pasado esta vez.

En ese momento, Nakuru captó cómo Pipi ponía una mueca contenida por un segundo, y miraba para otro lado. Él sabía algo. Y lo cierto es que, para Pipi, había sido imposible no notarlo, el olor de diferentes sangres impregnando las ropas de Neuval bajo el abrigo.

—¿Pipi?

—Naah, no pierdas el tiempo preocupándote por ese chiflado, Nak —sonrió este de repente, cambiando su semblante—. Tu maestro ha superado no pocas miserias de la vida. Siempre termina recuperándose. Ya verás. Nada puede con él. Solamente necesita… tomarse un descanso a veces.

—¿Y si Alvion lo está buscando porque ha vuelto a tener un brote grave de majin? —insistió—. No sería la primera vez…

—Que no te preocupes —posó una mano sobre su cabeza—. A Neuval se le da de fábula crear problemas. Pero se le da aún mejor arreglarlos. Nosotros ahora tenemos que centrarnos en Kyo, ¿vale? Esos palurdos de la MRS han salido huyendo, pero en vano. Puedo localizarlos enseguida con mi Técnica.

Pipi y la joven se giraron cuando divisaron en la lejanía varias lucecitas de colores acercándose hacia la Torre Genki, saltando de edificio en edificio.

—Bueno, ya vienen tus chicos —le dijo Nakuru—. Salúdalos de mi parte, yo ya he de marcharme. No tengo más tareas que cumplir. Buena suerte.

—Cuídate —le sonrió el hombre, despidiéndose con la mano, mientras Nakuru cogía todo el impulso que pudo y saltó al edificio más cercano, alejándose.





Comentarios

  1. ¿AHora me siento confundida? Es que llegaron a intimar hasta el final o es que se quedaron muertos y completamente K.O por el aocohol a medias? Supongo que se aclara mas adelante pero como ando escribiendo el comentario conforme leo me he quedado desconcertadisima con el inicio.

    Ay dios que se lo ha contado a Nakuru. Como matar a un iris con solo una frase, made in Cleven.
    Ay dios x 2 que ahora se esta enterando Yako por el otro lado, otro que han matado, pobres mejores amigos. ¡Es que normal, eso pasa por no ser claros! asdnmasbjdba

    Es que en serio, Cleven y Raijin sin tene ni pajolera idea del asunto no tienen culpa, obvio se ven como dos personas sin ningun tipo de relacion, se han acercado de las mas absoluta falta de de conocimiento. Uno no se acuerda de como luce ni es capaz de relacionar su nombre con familia y la otra directamente no tiene ni diea de como se ve Brey. Obvio la confusión.

    AL final aunque la cosa no vaya a ir por el camino que ellos creian ciertamente el vinculo que obtendran sera bastante fuerte en otros sentidos no romanticos. proque al final Cleven esta dandole bases apra que el sea capaz de abrirse a las emociones y darse oportundiades futuras tambien.

    Dios, vaya forma de enterarse Raijin de la verda,d jsuto cuandod ecian de darse una oportundiad, tras lo de la noche anterior enterarse asi de la TREMENDISIMA LIADA, que tiene ahora en medio. ¿Hola el trauma?¿Hola el estoy muerto como cierta persona se entere.

    Ha eprdido completament elos nervios a recordar todo de golpe mas todo lo que ha pasado recientemente. Acaba de romper al ser mas racional del mundo.

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